¿Puede una mujer ser babalawo? Me lo preguntan mucho, y casi siempre esa pregunta esconde otra: si la mujer, en esta religión, vale menos. Te respondo con lo que pasa en el cuarto de Ifá. Cuando un hombre se consagra, su tablero lo levanta una mujer, no él ni su padrino. En la mano de Orula no nace un Awofakan sin que a la vez nazca un Ikofá, porque es la mujer la que toca la puerta. Y el día del Itá se empieza por las mujeres, de la mayor a la menor. Sin una mujer no nace un babalawo.
Eso no es cortesía. Es fundamento. Ifá es un sacerdocio de hombres, pero no se sostiene sin la mujer, y la Osha, que sí tiene sacerdotisas plenas, se mantuvo viva en Cuba en buena parte gracias a mujeres que tiraban caracol y dirigían ceremonias cuando todo estaba en contra. Vamos a poner cada cosa en su sitio, con el Odu delante.
En Osha, la mujer es sacerdotisa completa
La mujer que hace santo es olorisha con todas las de la ley. Como iyalosha puede ser madrina, tener ahijados, entregar Orishas y parir santo. Puede ser oyubona, la segunda madrina que acompaña al iyawó. Tira caracol y lee el Diloggún con el mismo límite que tiene cualquiera: hasta Eyilá, el doce, y del trece al dieciséis se remite a Ifá. Ese límite no tiene sexo. Y puede ser oriaté, porque el oriaté es un cargo de conocimiento, no un grado que se gane por ser hombre.
Decir que la mujer que tira caracol se enferma, o que no puede llevar un cuarto de santo. No hay un solo Odu que se lo prohíba. Que en alguna casa decidieran no enseñarles no convierte esa costumbre en ley de Osha.
En la cultura que heredamos, la mujer mayor es venerada: se la llama iyá agbá, madre anciana. Por eso un babalawo, aunque tenga Olofin, le debe respeto a la iyalosha mayor de su casa. Irete Iwori, también llamado Irete Yero, le reconoce a esa mujer un lugar hasta delante de los muertos. En mi casa, el coco a Eggun lo da un hombre; si no hay ninguno, lo da una iyalosha mayor, de espaldas y con la cara virada, como manda ese Odu.
La menstruación: bendición, no suciedad
Sobre esto se han dicho tantas barbaridades que prefiero empezar por los patakíes. Eyiogbe cuenta que, al principio del mundo, al hombre y a la mujer se les mandó hacer ebó para que la envidia no trajera la guerra. La mujer hizo el suyo; el hombre no, y cuando volvió a casa de Orunmila ya era tarde. Desde entonces el hombre derrama su sangre en la guerra y la mujer da la suya cada mes. En Iwori Meyi, las mujeres de una tierra enfermaban de la cabeza y se apagaban; Changó le pidió a Orunmila un ebó para que las mujeres del mundo tuvieran su menstruación, Eshu lo llevó, y desde ese día menstruaron y sanaron.
Mira lo que enseñan estas historias. La sangre de la mujer nace de un ebó bien hecho, llega como salud y es la señal de que ella puede dar vida. En el mismo Eyiogbe, una mujer que llevaba años sin hijos hizo su sacrificio, le vino la regla antes del amanecer y poco después quedó embarazada. Por ningún lado aparece la palabra suciedad. Y en Ogunda Oshe, Olofin le pone al ciclo de la mujer el ritmo de la luna y manda al hombre a respetarla esos días.
Entonces, ¿por qué la mujer no toca lo sagrado cuando tiene la regla? Porque ese mes no hubo fecundación. Esa sangre dice que esta vez no hubo vida, y si ella pone las manos sobre sus Orishas en esos días, les pone un «no» de fertilidad, cuando lo sagrado es, antes que nada, lo que hace nacer. No es que el santo te vaya a hacer daño. Es que tú, sin querer, le restas fuerza. La norma se apoya en una bendición, no en una maldición. Por eso la mujer que llega a la menopausia queda libre de ella: su vientre cumplió su ciclo. Y por eso a la mujer joven que no puede tener hijos no se la aparta de los Orishas, porque lo suyo no es el «no» de un mes, sino una condición que viene justamente a pedirles que la remedien. Lo demás son mitos: que está sucia, que el santo se la va a comer, que se va a morir si lo toca.
Qué se hace en la práctica
- En la consulta de Ifá. Antes de empezar, el babalawo le pregunta con discreción si tiene su período. Si lo tiene, no toca el ékuele ni los igbos ni se sienta en la estera; si es una emergencia, el babalawo le pregunta a Orunmila qué puede hacer por ella mientras tanto.
- La olorisha y la iyawó. Esos días no toca sus Orishas ni participa en consagraciones ni consultas; vale igual para la iyawó en su año. Quién le atiende sus Orishas lo dispone cada casa y lo enseña la madrina.
- Si llega en medio de una ceremonia. Se aparta enseguida y avisa en voz baja a quien dirige. Lo que estaba haciendo no se continúa con sus manos.
«Si nadie se entera, ¿qué más da?» La norma no trata de lo que ven los demás, sino de lo que tú pones en lo sagrado, y nuestros mayores enseñan que un tabú se cuida solo. Tu Orisha no se aleja por unos días de espera; lo que sí lo daña es tocarlo sabiendo que no debías.
La embarazada y el Kariosha
Si una embarazada pasa por el Kariosha, ¿qué recibe la criatura? Nada. El santo se hace sobre la cabeza de quien se consagra, y a la criatura nadie la lavó, ni la pintó, ni le determinó ángel. El que cobra un santo dos en uno cobra una ceremonia que no hizo. Si le conviene hacer santo en estado o esperar, se pregunta. Ifá, en cambio, sí protege a la embarazada: Odi Ogbe manda entregarle su Ikofá enseguida, para que ni ella ni la criatura peligren en el parto.
En Ifá: la apetebí y su Ikofá
La mujer que recibe Ikofá es apetebí, sea o no esposa de babalawo. El Ikofá nace en Odi Meyi, y la primera que lo tuvo fue Oshún. Ikú cuidaba el Ifá de Oduduwa y, enamorado de Oshún, le regaló dos ikines de ese Ifá. Ella no le correspondió, porque su amor era Orunmila, y Ikú juró llevársela. Oshún esperaba un hijo de Orunmila y temía por él. Su amiga Yewá vino con una canasta forrada con las cuentas de Orunmila y la acompañó a casa de él. Orunmila la miró, le salió Odi Meyi y dijo que, para que el niño naciera, había que darle a Oshún su Ikofá con los dos ikines que ya tenía. La arrodillaron detrás de la puerta, tres hijos de Orunmila que eran awó consagraron el Ikofá, y el día del Itá Oshún fue atrapando los ikines que se movían en la canasta hasta sacar su Odu. Así se salvaron ella y su hijo, y desde entonces se salvan las mujeres y los hijos que traen al mundo.
El Ikofá es, por tanto, un pacto de vida frente a Ikú, igual que el Awofakan. Y fíjate en un detalle: a Oshún la arrodillaron detrás de la puerta. Hoy, en la mano de Orula, la mujer toca la puerta del cuarto, y sin ella no hay ceremonia.
En nuestra tradición el Ikofá lleva un solo ikin; dos si el Odu es Meyi, y hay Odu que piden tres o cinco. Ese ikin no es un Orunmila a medias: un solo ikin es Orunmila, igual que un solo babalawo es Ifá. Los dieciséis se guardan para el día en que esa mujer, si su camino lo pide, se consagre como apetebí ayafá; dárselos en el Ikofá es hacerla ayafá sin ceremonia. Hay Odu, como Oyekun Ojuani, que mandan a la mujer a recibir su Ikofá sin demora.
La apetebí tiene además su ceremonia en la mesa de Ifá. Ofun Meyi establece que solo en el Itá y en el Iyoyé ella lleva la palangana: los awó se lavan las manos y dejan en ella su dinero, ella la lleva a que se rece y bebe de esa agua. Dice el Odu que así gana dieciséis años de vida, y que ese dinero debe emplearlo solo en Osha. Su canto nace en Oshe Iroso, también llamado Oshe Lezo. El deber va en las dos direcciones: Obara Yekun le advierte a la apetebí que Orunmila se enoja si ella desacredita a su marido o a Ifá, y al hombre que maltrata a una mujer le advierte que el ángel de la guarda de ella peleará con él.
La apetebí ayafá: la mujer que levanta el tablero
Levantar el tablero de un babalawo no convierte a una mujer en apetebí ayafá. Para serlo hace falta su propia consagración, que nace también en Odi Meyi y emula lo que hizo Yewá: una canasta consagrada, los ikines que el padrino sacude y la mujer atrapa en el aire, y un Odu que se va marcando hasta completar su Toyale. Así recibe la mano de dieciséis ikines que llamamos Adelewanifá, y se le retira el ikin de su Ikofá. Lo que no está escrito aquí se aprende al lado del padrino. Muchas casas piden que la mujer sea olorisha, conozca bien la Osha y haya levantado el Ifá de un babalawo.
La ayafá organiza las ceremonias de la casa de Ifá, ayuda a su esposo en las consultas y guarda sus libretas. Debe aprender Ifá, para explicarle al aleyo lo que pasa en la estera. Y como olorisha entrega Orishas, consagra en Osha y trabaja el Diloggún cuando hace falta, porque su esposo no lo tira por mucho babalawo que sea. Hay quien ha querido pintar esto como el trabajo de una sirvienta. Es lo contrario: dos sacerdocios que llevan juntos una casa. Y el poder que ella tiene sobre el tablero que levantó no se pierde ni con un divorcio.
¿La madre o la esposa?
Es un debate viejo, y los que defienden a la madre no son gente inexperta: a Ifá no le agrada pasar de mano en mano, y la madre dio a luz a un babalawo. La nota de Odi Meyi dice que el Adelewanifá se le prepara a la madre del awó o a una mujer de mucha confianza, y Odi Oshe aconseja una obra previa si es la esposa la que levanta el Ifá. Pero lo que hacemos en Ifá emula el patakí, y el patakí es claro: ayafá quiere decir esposa de Ifá. En Odi Meyi la que recibe es la mujer de Orunmila, embarazada de él, y su madre no aparece. En nuestra religión los poderes de un Orisha se complementan con los de sus esposas, no con los de sus madres.
La apetebí ayafá del awó es su esposa, si cumple los requisitos y Ifá la aprueba. A la madre, por haber dado a luz a un babalawo, también se le puede hacer la ceremonia como deferencia. Si el awó enviuda o se divorcia, puede consagrar a una nueva esposa. Hay casas que solo consagran a la madre, para que el Ifá del awó no cambie de manos; cada una se respeta donde se practica.
Lo que la mujer no ve, y el debate de la Iyanifá
Hay cosas de Ifá que la mujer no ve, y conviene saber por qué, para no confundir un límite con un desprecio.
Odu. Ofun Meyi enseña que ninguna mujer ve a Odu ni prepara su comida. Irete Ogbe, también llamado Irete Untelu, lo dice con palabras de la propia Odu: ninguna mujer debe mirar su forma, y no hay babalawo completo sin ella.
Las ceremonias de Eggun. Al coco a Eggun la mujer vira la cara. Irete Iwori cuenta la historia de Yokan, una hija de Oshún que entró por curiosidad en la casa de los Eggun mayores y pasó nueve días sin sentido, hasta que Oduduwa la despertó y sentenció que ninguna mujer vería esas ceremonias. Primero el susto, después la regla: la norma nació para protegerla.
Orun. La mujer no lo recibe. Lo que sí puede tener, aunque muchos lo nieguen, es su teja; de eso hablo en el artículo sobre Eggun para el sacerdote.
Los límites no son solo para ella. El babalawo no tira caracol. El Kariosha no le compete, porque es oficio del oriaté, aunque el que ha estudiado Osha está preparado para llevarlo. Y después de hacer Ifá no raya ni consagra en el Palo. Cada sacerdocio tiene sus puertas cerradas. Un límite no es un rango.
Y ahora, la Iyanifá, que sería la mujer consagrada como sacerdotisa de Ifá. Mi postura es breve: en nuestra tradición no existe, porque en los Odu de Ifá que hemos heredado no está representada. No es un juicio sobre ninguna mujer ni sobre lo que se practique en otra tierra; es el límite de lo que nos dejaron nuestros mayores, y yo no voy a inventar lo que ellos no me dieron. Otra cosa son los inventos que se le venden a la mujer para compensar, como ese «acercamiento a Ikú» que sería la parte de Orun que se le puede entregar. No existe. La mano de Orula se recibe precisamente para alejar a Ikú.
La dignidad de la mujer en Ifá
Ifá no es machista, aunque haya machistas que trabajan Ifá.
Ogbe Yono lo dice sin rodeos: no se le levanta la mano a ninguna mujer. Ojuani Pokon añade: y mucho menos a una hija de Oshún. Ogbe Ojuani cuenta de un hombre que enamoraba a todas sin respetar a ninguna; se burló de una hija de Oshún, que murió de pena, y como no hizo el ebó que Orunmila le mandó, murió del mismo mal que había causado. Odi Meyi recuerda que Oshún sufrió mucho, y por eso siempre ayuda a la mujer que sufre. Y Okana Irete, que muchos tratados llaman Okana Wete, sentencia al awó que abusa de sus ahijadas.
Una cosa es una prohibición ritual, con su Odu y su porqué. Otra muy distinta es una frase contra la mujer que alguien copió un día en una libreta y que se repite como si fuera palabra de Orunmila. La primera se respeta. La segunda se deja donde estaba.
Preguntas frecuentes
¿Puede una mujer tirar caracol y ser oriaté?
Sí a las dos cosas. La mujer lee el Diloggún igual que el hombre y con el mismo límite: hasta Eyilá, y del trece al dieciséis se remite a Ifá. Y puede ser oriaté, porque es un cargo de conocimiento, no un grado reservado a los hombres. No existe un solo Odu que le prohíba lanzar el caracol ni dirigir un cuarto de santo.
¿La mujer con la menstruación está «sucia» para los Orishas?
No. Los patakíes de Eyiogbe e Iwori Meyi cuentan que la menstruación nació de un ebó y llegó como salud y señal de fertilidad. Esos días la mujer no toca lo sagrado porque esa sangre dice que ese mes no hubo vida, y lo sagrado es lo que hace nacer. Con la menopausia la norma deja de aplicarse. Humillar a una mujer por esto es faltarle el respeto a una bendición.
¿Existe la Iyanifá en la tradición afrocubana?
En nuestra tradición no, porque en los Odu de Ifá que heredamos no está representada. No es un juicio sobre ninguna mujer ni sobre lo que se practique en otros lugares; es el límite de lo que nos dejaron nuestros mayores. Lo que sí existe, con su Odu y su ceremonia, es la apetebí y la apetebí ayafá, que levanta el tablero y lleva con el awó la casa de Ifá.
Quédate con esto: en nuestra religión la mujer no está en un escalón más bajo. Está en su sitio, con su fundamento y con su poder. La iyalosha que lee el caracol, la oyubona que cuida al iyawó, la apetebí que toca la puerta y la ayafá que levanta el tablero sostienen una casa tanto como el hombre que se sienta detrás del opón. Te lo digo como hermano: terminamos por donde empezamos, porque sin una mujer no nace un babalawo.
Dice Ifá en Irete Iwori: No ha nacido en el mundo la humanidad para dividir en siervos y tiranos, sino para amarse y servirse.
Si quieres seguir aprendiendo con orden, en la guía Camino a la Regla de Osha e Ifá explico estos temas a fondo, y en la sección de Osha e Ifá del sitio tienes el resto de artículos sobre el oficio del sacerdote.



