Odi Ogbe
Odigbere
«La voz de Odigbere llena todo Igbodun de Ifá».
Rezo de Odi Ogbe
Odigbere omo korin inu iya Ifá soro inu iya adifafun Omi Tiro Wa.
Súyere de Odi Ogbe
Ifá Odigbere minima Ifá Odigbere wagboni.
En este odu nace
- La caja de los tambores Baatá.
- El vómito en los humanos.
- El añejamiento de las bebidas.
- El hijo del dinero y de la suerte.
- El acuñamiento del dinero (fue Shangó).
- Ebiri: el veneno que entra por las heridas.
- La transmisión del sonido.
- Que todo se anote (la agenda).
- Las Siete Potencias Africanas.
- El nacimiento en zurrón.
- El Itá de Yewá, que se hace por Ifá.
- Que aunque el Babalawo tenga hecho Shangó pueda recibir Yewá.
- La pérdida de la memoria.
- Nacieron las Entidades Malévolas.
- Aquí: las tenazas del cangrejo.
- Aquí hablan Shangó y Azojuano.
- Las hierbas son: jagüey, cerezo y ruda.
- Marca contagio, fenómeno espiritual.
- Es la adoración del Igbodun de la viruela.
- Se conoció la viruela en el mundo.
- Habla Ifá de ceguera.
- Es un Ifá de vigilancia e investigación.
- Habla de músico que logra sacarle al instrumento sonidos especiales.
- No se matan ratones.
- Awó Odigbere es el padrino de su madre.
- Aquí fue la traición de Osanyin a Orishaoko y a Yemajá.
- Habla Aina Yogun, el espíritu guía de los Ibejis.
- Es donde Baatá es la verdadera mujer de Shangó.
Descripción del odu Odi Ogbe
Odigbere ocupa el lugar número 62 dentro del orden señorial de Ifá. Es un signo que anuncia dificultades presentes o que están por llegar, y la necesidad de ofrecer el sacrificio indicado para vencerlas. La persona suele padecer temores pasajeros ligados al trabajo o al dinero, y con frecuencia sus relaciones afectivas le producen desasosiego y desequilibrio.
En este odu nació la caja de los tambores Baatá: en aquel tiempo se labraban en tronco de palma y se forraban con piel humana, por lo que no daban un sonido audible sino un sonido sordo. Aquí hablan Shangó y las Siete Potencias Africanas, y también habla Azojuano (San Lázaro). Las hierbas del signo son jagüey, cerezo, ruda y tapa camino.
Por este odu se cometen injusticias y las personas pueden ser injustas. Marca contagio y fenómenos espirituales; es la adoración del Igbodun de la viruela entre los Arará, pues aquí se conoció la viruela en el mundo. Nació el vómito de los humanos y nacieron las Entidades Malévolas. Habla de violencia y de que aquí se tienen dos mujeres. Nació el añejamiento de las bebidas y las heces del vino. Es un signo de bailes y de lujos exagerados.
El secreto de este odu es ponerle tres tambores y tres botellas de aguardiente. Es un Ifá de ceguera: aquí la ceguera se curó con la mata reseda. En este signo se busca la unión de la familia y la cooperación de todos para alcanzar una vida mejor. Por este odu la persona debe recibir un Inshe de Osanyin de manos de su padrino.
Habla de enfermedades de la piel, posiblemente lepra; de persona egoísta y de discordia en general. Es un Ifá de vigilancia e investigación frente a enemigos solapados que no descansan hasta destruir a la persona. Habla también de problemas de justicia, donde la persona es señalada por otras o resulta testigo de un hecho. Habla de persona rencorosa y de quien, por disfrutar los placeres de la vida, abandona sus obligaciones materiales o morales.
Este odu prohíbe mojarse con agua de lluvia y manda cuidarse la vista y la piel. Es un signo de robos, de malversación y de infidelidad en el cuidado o la custodia de cosas o bienes a cargo de la persona. Aquí se mantienen relaciones íntimas con personas ya comprometidas: hay que tener cuidado, porque hay quien vigila y no parará hasta sorprender a la persona. Es un odu de luchar por la subsistencia de la vida. Aquí hay que darle tambor a Osha, a Orisha y a Egun.
Habla de lucha entre delincuentes, donde unos acusan a otros para destruirlos o hacer que carguen con la culpa; de persona que disfruta de algo que no ayudó a construir ni por lo que se sacrificó; de traiciones entre compañeros de trabajo; de músico capaz de sacarle a su instrumento un sonido especial que los demás no logran; de persona a la que por malas artes le dominan el pensamiento; de persona que se puede ahogar en el mar; de quien lucha en la vida por llegar a ser grande; de persona envidiada hasta por su propia familia; y de persona que se asusta y ve muertos: debe cuidarse de eso, pues puede acarrearle una muerte prematura.
Quien tiene este odu es el hijo de la suerte y el hijo del dinero, porque aquí Shangó acuñó el dinero. Por este Ifá no se matan ratones y se debe comer bajo de sal. Este odu es el principio de la creación.
Cuando este signo se le ve a una mujer en estado de gestación, con la criatura en formación, hay que entregarle Ifá inmediatamente para que no perezcan la madre o el hijo a la hora del parto, como enseña el camino de Yewá. Aquí Shangó, en uno de sus caminos, se llama Ogire Oyu: el que vigila al Rey.
Aquí nació Ebiri, el veneno que entra por las heridas; por eso en este odu hay que cuidarse la piel y las enfermedades que pueden contraerse por heridas, y es necesario tener Aroní. Aquí fue la traición de Osanyin a Orishaoko y a Yemajá: hay que cuidarse de que por brujerías quieran separar el matrimonio. Por este odu el Idefá se pone con el número de hilos según el número de hijos que tenga la persona.
En este odu habla Aina Yogun, espíritu guardián de los Ibejis en este Ifá, que se simboliza por un muñeco al que se le da de comer un gallo y se lava con hierba de los Ibejis.
Por este signo la persona tiene que anotar todo lo que oiga para que no se le olvide: aquí nació que los Awoses escriban las historias de Ifá. Hay que cuidarse de no hablar mal de los santos, y menos de los Awoses. Las enfermedades que aquejan a este odu son las del aparato digestivo, la lepra, las erupciones, el sistema respiratorio, los problemas cardiovasculares y las enfermedades del sistema nervioso.
El Awó de este signo debe cuidar muy bien su Ifá, pues puede perder los ikines o se le pueden poner ofo. Debe ponerle tres tamborcitos Baatá y tres botellas de aguardiente al lado de su Ifá y al lado de Shangó, y sembrar cuatro matas en la casa. El Iyefá de este odu se hace con polvo de tronco de palma real y azufre.
Cuando este odu sale en el cuarto de Igbodun, Ifá dice que el iniciado viajará a lugares importantes, incluso al extranjero, y que expiar le haría un buen cambio; que debería sacrificarle un chivo a Eshu y darle de comer a los ancianos de la noche y a la muerte; que será víctima de acusaciones falsas a menos que haga el sacrificio: lavarse la cabeza con las hojas apropiadas en el altar de Eshu y después darle un chivo; preparar su Ogún con dos gallos, un machete y una piedra de rayo, y regalarles calabazas a los Awós; y darle tambor a los Orishas para espantar la muerte y la enfermedad. Cuando se le ve en adivinación a una mujer, se le debe decir que ha cometido adulterio y que hay un testigo vivo sobre el hecho.
Relación de obras del odu Odi Ogbe
Se invitará a 7 médium que pasen congos. Se le pondrá a cada uno 1 jícara con aguardiente y 1 tabaco. En la bóveda se ponen 7 vasos de agua, cada uno con 1 príncipe negro. Se regará antes de empezar la misa mucho maíz tostado por toda la casa. El que da la misa se sentará frente a la bóveda con los 7 médium a su alrededor. Cuando se termine la misa, se barre todo desde el fondo hasta la puerta de la calle y se bota todo para afuera.
Se enciende un carbón de Osanyin, se le echan hierbas secas de Osanyin, se escribe este odu y después la ceniza se sopla en las cuatro esquinas de la casa.
Dice Ifá en el odu Odi Ogbe
Cuando este odu viene en adivinación se le debe aconsejar a la persona:
- Hombre o mujer que busca tener esposa o esposo: se les debe decir que son una pareja perfecta, siempre que ambos realicen el sacrificio; el hombre, 1 chiva y comestibles; la mujer, chivo y comestibles, para ser depositados en la ribera de un río.
- Para una mujer deseosa de tener hijos, debe sacrificar 1 gallina y 8 huevos.
- Hay una rata rondando su casa: si es Iré no debe matarla, pero si es Osobo debe matarla.
- Si el adivinado es hombre, él conocerá una mujer divorciada en casa del padre de ella; él la hará su compañera para darle nacimiento a una niña. Ella es esposa de Orunmila. Debe ser amable con los visitantes y ser capaz de entretenerlos durante la visita.
- Usted debe servir su cabeza con un coco, paloma y kolanut.
- La mujer no debe coquetear; debe mirar bien para no caer en persecuciones eróticas y perder su vida.
- Para una mujer: ella ha cometido adulterio y hay un testigo vivo sobre el hecho. Servir a Eshu con chivo viejo para evitar llegar a ser la víctima de un engaño sobre una mujer.
- Para casarse debe sacrificar vianda seca, amalá (pudín de harina de ñame), kolá amarga, vino de palma y espíritu alcohólico al lado de un camino a su casa.
- Cuando este odu viene en el cuarto Igbodun: se le dice al iniciado que viajará a importantes lugares, incluso al extranjero, y que expiar le haría a él un buen camino. Siempre usted será víctima de acusaciones falsas a menos que realice el sacrificio apropiado.
- Como el Ifá está siendo preparado, un lugar sagrado debe ser preparado para la persona sin demora; él debe lavarse la cabeza en el lugar sagrado de Eshu antes de 7 días para evitar llegar a ser víctima de falsas acusaciones.
- El lugar sagrado de Ogún debe ser preparado con 2 gallos, un machete y piedra de fuego (Odu-Ará).
- Hay una calabaza pequeña sin cortar en su casa, la cual debe ser entregada a los sacerdotes.
- Hay que ofrecer tambor a los Orishas para espantar la guerra y la enfermedad.
- Obatalá lo acompaña; no pelee con su mujer.
- Usted estuvo con otra mujer que se le fue. Ahora, cuando ella sepa que usted tiene otra mujer y que está bien, va a querer volver y es para vengarse; pero no vuelva más con ella.
- En su casa hay una persona que está mala de la cabeza; tenga cuidado no se vuelva loca.
- En su casa hay muchos ratones, no vaya a matar ninguno.
- Ogún está bravo con usted.
- Hay uno que lo quiere trabajar con una cosa en las bebidas.
- Cuidado no se vaya a amarrar él mismo; dele de comer a Ogún.
- Usted es causante de una muerte, ha intervenido en ella; esa es la sombra que tiene detrás.
- Usted ha de tener un hijo que será muy divertido.
- En su casa hay una mujer embarazada que tiene que hacer santo.
- Usted tiene vómitos.
- Usted siente ruidos en su casa como de gente.
- Usted tiene que tratar a los Babalawos.
- Usted tiene una guerra con 3 personas que le quieren hacer daño.
- Van a cometer un robo y lo van a querer meter en la cárcel o perjudicarlo, pero la justicia ha de encontrar el robo en la casa de su enemigo.
- Usted tiene dos mujeres embarazadas; una ha de parir un varón que se llamará Obikú, y si usted tiene una hija, cuidado que la están desacreditando.
- Usted piensa ir a un lugar acompañado de otra persona donde va a ganar mucho dinero, pero procure repartir bien las ganancias o utilidades.
- Usted se va a sacar la lotería.
- Hay una persona que habla mal de usted; usted es el único que puede salvar a esa persona.
- Tenga cuidado no lo vayan a botar de donde usted vive o de donde usted trabaja.
- A usted le gustan los estudios de la ciencia; usted va a ser inventor.
- Tenga cuidado no lo amarre una mujer.
- Evite que se le pierda el dinero del bolsillo.
- Si usted no toma medidas no va a ser feliz en su matrimonio y puede perder su capital.
- Saque los burujones que hay en su casa.
- Cuídese de una mujer leprosa.
- Usted tiene que recibir los Guerreros y a Orunmila, porque de no recibirlos será su desgracia.
- A usted no le conviene pelear.
- Usted tiene una ropa nueva con la que tendrá que hacer ebó.
- Cuando usted sea grande cuídese de la viruela; en su casa han de perder una doncella, ella es gordita y bajita y muy incrédula.
- Puede haber desbarate y destrucción como consecuencia de la deshonra.
Refranes de Odi Ogbe
- No vuelva con lo que tuvo.
- La voz de Odigbere llena todo Igbodun de Ifá.
- Si una madre pare un niño, puede volver a nacer de su hijo.
- Orunmila dijo: «Traer el Cielo a la Tierra y la Tierra al Cielo».
- El niño que habló en el vientre de la madre.
- Ifá habló en el vientre de la madre.
- El Awó lo escribe todo, para estudiarlo después.
- No hay mujer preñada que no pueda parir un Babalawo.
- No hay mujer preñada que no pueda parir a Orunmila mismo.
- Si un padre ha olvidado al hijo, no importa cuánto tiempo tome, el hijo puede todavía implorarle al padre.
Eshu-Elegba del odu Odi Ogbe
Este Eshu es el custodio de los tambores Baatá.
Patakíes del odu Odi Ogbe
1.Cómo Orunmila espió al Todopoderoso
Orunmila se preguntaba por qué las divinidades de la hechicería, la Muerte, la Noche y el Día gozaban de tanta autoridad, de tanto ashé. Sentía celos de ellas y ansiaba poderes semejantes, así que acudió a sus Awós celestiales, llamados:
Ellos le revelaron que esas cuatro divinidades eran las únicas autorizadas a vigilar mientras el Dios Todopoderoso tomaba su baño: el primer canto del gallo, temprano en la mañana, marca el momento en que Dios comienza a bañarse, y el segundo canto anuncia que ha terminado. Le dijeron que si se atrevía a espiar a Dios y verlo bañarse, quedaría dotado del mismo ashé que aquellas cuatro divinidades; pero debía darle un chivo a Eshu, que lo ayudaría, ofrecerle un conejo a la Noche y una cabra a la Muerte, y obtener después la autorización de su propio Ángel de la Guarda. Orunmila hizo los sacrificios.
Luego vistió la prenda que lo hacía invisible y se apostó en lo alto del cuarto de baño de Dios. Cuando Dios se disponía a bañarse, tomó su tazón de calabaza para coger agua, pero se le cayó de las manos; lo intentó por segunda vez y volvió a caérsele. De inmediato comprendió que había un espía rondando. Las divinidades de la hechicería y la Muerte, sobornadas de antemano con los sacrificios de Orunmila, se negaron a delatarlo aun cuando lo veían espiar, y le aseguraron al Padre Todopoderoso que no había ningún espía en los alrededores. Para entonces Orunmila ya había visto la desnudez de Dios y había adquirido el poder y la autoridad que deseaba.
Convencido de que alguien lo espiaba, Dios terminó su baño, entró en su cámara interior y miró en el espejo con el que exploraba el Cielo y la Tierra: allí vio a Orunmila espiándolo, y ordenó a la Muerte perseguirlo y apresarlo. Cuando Orunmila descubrió que la Muerte le seguía la pista en una persecución enérgica, usó sus poderes recién adquiridos para conjurar a los arbustos y esconderse entre ellos; la Muerte pasó de largo sin verlo. Al regresar, la Muerte lo divisó y reanudó la cacería; Orunmila corrió hacia el río y pidió a los peces que lo ocultaran, y así lo hicieron. Cuando la Muerte llegó al río comprendió que su persecución había terminado y volvió a informarle a Dios el incumplimiento de la misión.
Desde ese día Orunmila obtuvo el poder de hacer y deshacer las cosas. Cuando este odu aparece en Igbodun, se le dice a la persona que viajará a lugares importantes, incluso al extranjero, y que espiar le traería un buen cambio.
2.La adivinación para Baatá y Shangó
El Awó realizó adivinación para Baatá cuando ella estaba ansiosa de tener un esposo, y también para Shangó cuando él ansiaba una esposa. Aconsejó a ambos, por separado, hacer sacrificio, y los dos lo hicieron. A Baatá le indicó llevar el suyo al río más cercano al mercado, y a Shangó, llevarlo a la ribera del río.
Mientras rezaban con sus ofrendas en las manos, se vieron y se oyeron por casualidad. Tras depositar los sacrificios, Shangó llamó a Baatá para que se le uniera y ella lo hizo. Se preguntaron uno al otro por qué sacrificaban, y ambos confesaron que buscaban pareja para el matrimonio: Shangó había sacrificado una cabra y Baatá un chivo. Conversando sobre sus mutuos deseos se enamoraron, se abrazaron y acordaron allí mismo casarse, y vivieron felices desde entonces. Por eso Shangó y Baatá viven como esposo y esposa hasta hoy.
Cuando este odu aparece en adivinación para alguien que trata de encontrar la esposa o el esposo correcto, se le debe decir que son una pareja perfecta, siempre que realicen el sacrificio.
3.Ekutele, la rata que deseaba hijos
Kpala Kpala, Aberi Upa Giri Gbengbe, Oju Muna y Otili Awo Oke Aja fueron los cuatro Awós que adivinaron para la rata, Ekutele, cuando ella estaba ansiosa por tener hijos. Le fue dicho que sacrificara 1 gallina y 8 huevos; ella realizó el sacrificio y lo hizo patente. Al mes siguiente salió preñada y tuvo gemelos, y en la siguiente ocasión tuvo cuádruples.
Los primeros dos Awós le habían dicho que estaba pasada de edad para tener hijos, pero los dos últimos le aseguraron que los tendría si sacrificaba. Ekutele decidió entonces darles una lección a los dos primeros, que eran Uba-Ogiri y Kpala Awo, la piel de animal usada para coser la escobilla voladora: comenzó a comérselos, que es lo que la rata de casa hace hasta estos días, y empezó a cantar en alabanza de los otros dos.
En adivinación para una mujer, se le debe asegurar que tendrá hijos siempre que realice el sacrificio correspondiente.
4.El Oshemawe de Ondó y los tres visitantes
Estos fueron los tres Awós que adivinaron para el Oshemawe de Ondó cuando iba a recibir a tres visitantes. Le fue dicho que hiciera sacrificio y lo hizo. Ogún, Oyá y Olokun venían a visitarlo, y habían hecho el voto de quedarse con cualquier Obá que pudiera pronunciar sus nombres.
El Oshemawe los atendió con gran hospitalidad, y antes de retirarse a dormir los visitantes le advirtieron que a la mañana siguiente debía revelar sus nombres. El Obá reunió a sus consejeros para deliberar cómo conocerlos. Entonces la rata se ofreció voluntariamente a averiguarlos si se le daban 201 paquetes de pastel de melón; el Oshemawe le entregó 200, prometiendo el último después de conocer los nombres.
Recibidos los pasteles, la rata perforó un hueco en el cuarto de los visitantes y se ocultó cerca de las perchas donde colgaban sus ropas. Al primer canto del gallo entró en la bolsa de Ogún y comenzó a sacudirla con ruido; los visitantes llamaron a Ogún para que oyera el ruido que venía de su bolsa. Un rato después la rata pasó a la bolsa de Oyá, y Ogún llamó a Oyá para que oyera el ruido que salía de la suya. De ahí, la rata se subió a la bandeja de Olokun y comenzó a rasgarla. Así la rata le reveló al Obá los nombres de Ogún y de Oyá, y en ese momento le pidió el pastel de melón que faltaba. El Oshemawe le respondió: «Piérdete de mi vista».
A la mañana siguiente los visitantes le pidieron al Obá que dijera sus nombres. Mencionó a Ogún y a Oyá, pero no pudo decir el nombre del tercero. Olokun, muy disgustado de que su anfitrión no supiera su nombre, decidió abandonarlo, mientras los otros dos se quedaron con él. Por más que se le rogó, se negó a quedarse; cuando Ogún sugirió que se le diera una paloma, solo accedió a visitarlos una vez al año. Olokun partió cerca de Igbuye y luego se estableció en Iberi-Okun, la parte del mar del estado de Ondó. Si el Oshemawe hubiera sabido los tres nombres, Ondó, y no Lagos, hubiera sido el puerto principal de Nigeria en el Atlántico.
Cuando este odu aparece en adivinación se le debe decir a la persona que hay una rata rondando su casa: si es Osobo (Ayeo) debe matarla. Si el adivinado es hombre, conocerá una mujer divorciada en la casa del padre de ella; la hará su compañera para darle nacimiento a una niña, y ella es la esposa de Orunmila. Se le debe decir a la persona que sea amable con los visitantes y que esté siempre preparada, capaz y deseosa de atenderlos tanto como pueda.
5.La cabeza, única divinidad que mejora la vida
Orunmila reveló que había llegado la divinidad capaz de hacerle fácil la vida a la gente, y preguntó a sus Awós cuál era. Respondieron que era Ogún, pero Orunmila replicó que no podía ser, porque a Ogún se le daba para cortarle la cabeza a la gente, y una persona degollada no ha mejorado su vida. Preguntó una segunda vez y los Awós respondieron que era Dios. Orunmila volvió a negarlo: Dios abandonaba a las gentes a sus propios recursos, a merced de Eshu, de las divinidades y de la humanidad, pues después de crear a una persona no se molestaba por lo que el mundo le hiciera.
Insistió Orunmila en que aquel que podía mejorar y reparar la vida de la gente había venido, y pidió de nuevo a los Awós que lo revelaran. Dijeron entonces que era el propio Orunmila. Él se rió y contestó que tampoco podía ser, porque cuando la gente venía a consultarlo, él solía hablarles en parábolas y verdades a medias. Lo ilustró así: cuando hay una serpiente escondida en los arbustos del patio trasero de una persona, él solo aconseja no ir de noche al patio porque hay peligro; y si a pesar del consejo la persona ve la serpiente y corre de regreso, entonces es cuando exclama que Orunmila le había advertido no hacerlo.
Cuando finalmente planteó la pregunta, los Awós reconocieron que no sabían, pues habían llegado al final de sus conocimientos. Fue entonces cuando Orunmila declaró que la cabeza de una persona es la única divinidad que la guía desde el Cielo, a través de este mundo, y que mejora su vida determinando lo que la persona llegará a ser. Si alguien quiere ser rey, hombre rico, famoso o padre, es su cabeza la que lo hace por él; y es solamente la cabeza, y no otra divinidad, la que lo sigue de regreso al Cielo.
En adivinación se le debe aconsejar a la persona servir su cabeza con una paloma, un coco y kolanut.
6.Ogún y el amante de su madre en la ciudad de Iré
Este odu vino al mundo y se casó con una mujer que dio nacimiento a Ogún. La mujer abandonó a su esposo después de nacer Ogún y se hizo vendedora de akara, el gazapo de judía, que preparaba en su pueblo y llevaba a vender, cruzando el agua, a la ciudad de Iré. Entre su pueblo e Iré corría un río llamado Ilumikpefun, que es donde nació Ogún.
No mucho después, la mujer comenzó a pasar la noche en Iré tras la venta. Por indagaciones, a Ogún le dijeron que su madre tenía un amante allí. Intentó muchas veces caer sobre Iré, pero no lograba cruzar el río, aunque su madre lo cruzaba sin dificultad. Tras muchos intentos fallidos fue a que Orunmila lo adivinara, y apareció Odigbere. Le fue indicado sacrificar una gallina con una soga entrelazada en la pata, de modo que pudiera caminar pero no correr; debía llevarla a la ciudad de Ighehi, a la orilla del río Okun, de donde la gente abordaba las canoas hacia Iré, soltarla allí e invitar a la gente a ayudarlo a atraparla. El ave correría al río, y así conocería el punto por donde la gente cruzaba a pie hacia Iré: de esta forma Orunmila le demostró a Ogún que el río se vadeaba normalmente porque no era profundo, cosa que Ogún ignoraba.
Ogún llegó a Ighehi con la gallina, la soltó y rogó a la gente que lo ayudara a capturarla. Cuando el ave corrió al río, la gente la siguió a pie y Ogún los siguió de cerca hasta la orilla de Iré; allí les dijo que la dejaran ir. Al entrar en la ciudad estaba muy hambriento; fue a una butakería donde bebían vino de palma, pero halló todos los güiros vacíos. Al tocarlos con los pies fingió encolerizarse, pues buscaba un pretexto para lanzar un ataque.
En ese tiempo reinaba en Iré el Obá Obalifón Jegbere, que era el amante de la madre de Ogún. Ogún comenzó su ataque desde la butakería y mató a muchas personas. Al elevarse el número de bajas, llegó al Obá la noticia de que Ogún había lanzado una agresión sin provocación sobre Iré, y ordenó apresarlo y llevarlo encadenado ante él. Ogún había encajado su espada de doble filo en señal de lucha hasta el final. Se le informó al Obá que nadie podía arrestar al agresor, a menos que él mismo estuviera dispuesto a enfrentarlo. Cuando el Obá lo encaró personalmente, iba acompañado de Dagba, la madre de Ogún.
Ogún no tardó en decapitar al Obá, y entonces su madre lo reconoció y lo llamó por su apodo: Nyanka bi Ogbe, una sorpresa como una espina o úlcera. Ogún se volvió para ver quién lo conocía por su apodo, y al ver que era su madre bajó su espada. El punto donde la bajó es un lugar sagrado en Iré, donde a Ogún se le ofrenda anualmente hasta este día. Tras doblegar toda resistencia en la ciudad se proclamó rey del lugar, y así ganó el título de «Ogún Onire Agbaduma Akpire Bire Do»: Ogún, el que usó una espada de doble filo para derrotar a Iré y proclamarse rey.
Cuando este odu aparece en adivinación, se le debe advertir a la persona no coquetear indiscriminadamente: debe mirar profundamente antes de caer en persecuciones eróticas, para evitar perder la vida.
7.Nomasheyu en la tierra de los caníbales
Odigbere tenía un hijo llamado Nomasheyu. Muertos sus padres, Nomasheyu fue enviado bajo la tutela de su tío paterno a Igbo, la tierra de los caníbales. Nadie iba a la tierra de Igbo y regresaba vivo: los visitantes que se atrevían a ir eran asesinados y comidos. El único extranjero que fue allí y volvió vivo a casa fue Nomasheyu.
Mientras vivía con su tío, la esposa de este, llamada Lobireo Odombire, trató muchas veces de engatusarlo para que le hiciera el amor, pero él permaneció indomable. Al descubrir su firmeza, la mujer tramó una estrategia para atraerle la muerte: lo envió a comprar pescado a la esposa del jefe principal de la tierra de Igbo, pensando que ella lo mataría. Pero en vez de matarlo, a aquella mujer le agradó tanto que le aconsejó hacer cualquier cosa que la esposa de su tío quisiera, para poder vivir y prosperar. Él prefirió morir pobre antes que ser desleal a su tío; compró el pescado y regresó a casa sano y salvo.
El pescado tenía el estómago protuberante, y al picarlo se descubrió una corona en su interior. La esposa del tío volvió a tentarlo, ofreciéndole la corona si accedía a tener sexo con ella; él siguió negándose a insultar el orgullo de su tío. Nomasheyu llevaba un talismán atado al cuello desde su infancia, puesto por su padre. Lobire lo amenazó entonces de muerte si rehusaba darle lo que pedía, y él respondió que prefería morir.
Entre tanto, Lobire preparó una sopa con el pescado y se la dio a su esposo, quien enfermó tras comerla. Los Awós fueron llamados y confirmaron que el pescado había sido la causa. Invitada a explicarse, la mujer informó enseguida que había sido Nomasheyu quien compró el pescado. Llamado a declarar, él respondió con una canción:
Cuando los Awós le pidieron explicar la canción, narró cómo la mujer lo había enviado a comprar el pescado con la esperanza de que la gente de Igbo lo matara, después de haberlo tentado sin fruto para que durmiera con ella. Quienes decidían el coro eran Orieti Bori, Ore Kpu Te Lehun y Areko Gun-gun Dure si. Consideradas las declaraciones, hallaron a Nomasheyu inocente y quedó libre; la mujer fue hallada culpable, retenida y sentenciada a muerte por mandamiento judicial.
Después, uno de los Awós le pidió a Nomasheyu que se quitara el talismán del cuello, y él se negó rotundamente porque se lo había dado su padre. Cuando trataron de quitárselo por la fuerza, comenzó a repetir esta encantación:
Un rato después, el hombre que trató de quitarle el talismán del cuello se convirtió en una esfera de Ifá, el resguardo se convirtió en una pluma de papagayo y el tercero se convirtió en un petate, la esterilla de palma en la que se duerme en los países cálidos. Estos son los tres materiales usados para la iniciación dentro del Ifismo.
Si este odu aparece en Igbodun, la persona será víctima de acusaciones falsas a menos que realice el sacrificio apropiado. Como el Ifá está siendo preparado, un lugar sagrado de Ogún debe prepararse para la persona sin demora, y debe lavarse la cabeza en el lugar sagrado de Eshu antes de 7 días. Para evitar ser víctima de falsa acusación, debe preparar el lugar sagrado de su Ogún con 2 gallos, un machete y un arma de fuego. Se le debe decir que tiene sus problemas de la servidumbre antes de preparar su Ifá. Hay una calabaza pequeña sin cortar en su casa, la cual debe ser entregada a los sacerdotes de Ifá. En adivinación para una mujer, se le debe decir que ha cometido adulterio y que hay un testigo vivo sobre el hecho; servir a Eshu con un chivo viejo para evitar llegar a ser víctima de un engaño sobre una mujer.
8.Arata y las esposas de Shangó
Realizó adivinación para Arata cuando este sedujo a dos esposas de Shangó, llamadas Arugba y Omelegbe. Shangó reaccionó preparándose para hacerle la guerra. Consciente de lo que se le venía encima, Arata decidió ir a Odigbere para adivinación, y fue aconsejado sacrificar viandas secas, amalá (pudín de harina con ñame), kolá amarga, vino de palma y espíritus alcohólicos. Arata hizo el sacrificio y le fue dicho que lo llevara a un lado del camino a su casa, y que además se escondiera cerca para ver quién iba a comerlo.
Justo ese día Shangó pensaba eliminar a Arata y recuperar a sus esposas. La noche anterior, Eshu le había causado a Shangó una leve diarrea que lo dejó con mucha hambre a la mañana siguiente. Camino de la casa de Arata, Shangó vio todos sus alimentos favoritos agrupados a la orilla del camino: se sentó a disfrutar la comida, bebió el vino de palma y se apropió también de la kolá amarga.
Mientras bebía el licor, Arata se le acercó y lo acusó de robo, gritando que Shangó le había robado, una ofensa que merecía la pena de muerte. Incapaz de soportar la vergüenza de ser llamado ladrón, Shangó le suplicó hacer un trato: estaba dispuesto a entregarle sus dos esposas si retiraba el cargo de robo. Arata aceptó, pero Shangó puso la condición de que Arata y las dos mujeres se le unieran cada vez que él celebrara una ceremonia. Después, cuando Shangó estaba ejecutando, Arata vino con las dos esposas y cantó:
Shangó se irritó y disparó alto en el cielo.
Cuando este odu aparece en adivinación, se le dirá a la persona que si él o cualquiera de sus parientes está proponiendo matrimonio, debe estar alertado de que está rodeado de una familia fuerte; sin embargo, si realiza el sacrificio mencionado, se casará con la mujer exitosamente.
9.Las tres virtudes olvidadas
En la tierra Osokumba vivía un hijo de Shangó llamado Awó Oleona, que era Odigbere. Tenía el secreto de Shangó en esa tierra, que era una estrella a la que daba de comer y que le permitía vaticinar lo que pasaba en la tierra Osokumba. Pero siempre tenía problemas con la gente de su casa.
Olofin, viendo su comportamiento, lo llamó para darle tres virtudes y le dijo: «Donde quiera que llegues, para que te atiendan y te consideren, tienes que decir estas tres virtudes que te doy: tengo tranquilidad, tengo felicidad, tengo estabilidad. Esto es para que venzas el arrastre que tienes, porque no naciste en esta tierra de Ifé, sino en la tierra de Ibibio, que es tierra de Ara-Oko, donde se comen los unos a los otros; por eso tu familia es así contigo». Acto seguido Olofin le dijo a Awó Oleona que lo escribiera para que no se le olvidara, pero él respondió: «No hace falta, Babá, a mí no se me olvida».
Pasado el tiempo vino la guerra a la tierra Osokumba, y Awó Oleona tuvo que emigrar por culpa de los mismos de su casa, que se confabularon con sus enemigos y se lo quisieron comer. Caminó por otras tierras queriendo ganarse la vida como Awó de Orunmila, pero cada vez que llegaba a un lugar y tocaba la puerta le preguntaban qué traía para esa tierra, y él explicaba al revés lo que Olofin le había enseñado: por no haberlo anotado, con lo mucho que había pasado, se le habían olvidado las tres virtudes, y respondía: «Tengo y traigo intranquilidad, infelicidad, inestabilidad». Así fue pasando mucho trabajo, a pesar de las tres virtudes que Olofin le había dado.
Un tiempo después supo que ya había paz en Osokumba, su tierra, y regresó. Al llegar vio a Olofin, se arrodilló, le dio Mo-Foribale y le dijo: «Babá, las virtudes que usted me dio no me sirvieron». Olofin le contestó que no era posible, y Awó Oleona explicó: «Donde quiera que yo llegaba decía las tres virtudes: tengo intranquilidad, tengo infelicidad, tengo inestabilidad». Y Olofin le dijo: «Hijo, te has equivocado, todo lo has dicho al revés, pues las virtudes que te di fueron tranquilidad, felicidad y estabilidad. Esto te pasó porque no anotaste y se te olvidó. Por eso esta es la tierra de Mowawe, donde para recordar las cosas hay que apuntarlas. De ahora en adelante, para que triunfes y te consideren, acuérdate de que la tierra de Osokumba es además la tierra Mowawe, donde hay que escribirlo todo para triunfar y no hablar ni hacer una cosa por otra». To Iban Eshu.
10.El camino de la lepra
Aquí fue donde Orunmila, en una de sus salidas, bajando de tierra en tierra, se metió en una tierra que no conocía, donde había una enfermedad producida por las hierbas que se daban en aquella selva. Orunmila contrajo la enfermedad, al extremo de no poder caminar. Al cabo de andar por la selva se encontró con un mono, que era el jefe de ella.
Entró en conversación con el mono, porque Orunmila sabía el lenguaje de esos animales, y le explicó la enfermedad que había contraído. El mono lo llevó a su casa, que estaba en una mata de ikines (Ewé Ilefá), y se puso a curarlo con esa mata, con hojas frescas y manteca de cacao que tenía la mona. Allí estuvo unos días hasta que sanó.
Desde entonces, cada vez que al mono le entra la picazón se acuerda de Orunmila, que fue quien trajo la lepra en su peregrinaje a la tierra de Osokumba, que era la tierra de los monos. Por eso este signo se llama desde entonces Babá Onidete: Padre del Leproso.
Nota: No se puede comer nada que no conozca, ni beber tampoco. Adifafun Igí.
11.Las Siete Potencias Africanas
Hace muchos años Odigbere era un rey yoruba que pensó ir a conquistar Djalow (Senegal), y fue a mirarse con su padrino, el Babalawo Babariwo Baba Irete Meji. Este le dijo que antes de bajar Orunmila a la Tierra, trabajaban Ifá por voluntad de Olofin las Namenialabo, cuyos secretos eran 21 espíritus que trabajaban en tres grupos: Cielo, Mar y Tierra. Debía dirigirse a los 21 Eguns para poder ganar esa guerra, y darles de comer a las Siete Potencias Africanas, que trabajaban en tres grupos:
Con todo se hace un trono y después se enciende el trono con una lámpara de mecha, que se hace en una cazuela de barro. Se ponen 7 camaleones, 7 piedras, 7 flechas, aceite y los demás ingredientes del ebó que tiene que hacer. A los 7 días debía salir con el ejército a la conquista, llevando las lámparas encendidas y dejándolas en el monte cerca del territorio enemigo.
Odigbere así lo hizo, y resultó que al dejar las lámparas en el monte los senegaleses se acercaron y, al verlas, aquello resultó para ellos un fenómeno. Esa ocasión la aprovecharon los soldados de Odigbere para entrar en Kjunda, la capital, y apoderarse del reino, perdiéndose los enemigos en el bosque y ganando Odigbere la guerra gracias a las Siete Potencias Africanas.
Nota: Baba Irete Meji es el padrino de Odigbere.
12.Cuando Ifá habló en el vientre de su madre
En este camino, cuando Ifá estaba en el vientre de su madre, le dijo a su padre Olofin: «Padre, coja un toro blanco y sacrifíqueselo a Alufina (Shangó); si no, la guerra va a arrasar la Tierra antes de 3 años. Yo llegaré a la Tierra el día que muera mi padre». Olofin no hizo caso a aquella voz que cantaba en el vientre de su esposa:
Llegó el día en que Odigbere vino a la Tierra, y ese mismo día comenzó la guerra y Olofin tuvo que ir. Odigbere le dijo a su madre: «Introdúzcame en una jícara y escóndame en el cuarto; procure que la jícara esté bien tapada». Cuando llegaron los guerreros no lo vieron, y se llevaron a su madre esclavizada.
A todo el que pasaba por allí él le adivinaba y lo curaba desde aquella habitación. Había una anciana que cuidaba con cariño aquella maravilla de jícara. Un día la jícara le dijo a la mujer: «Abre». Ella obedeció y de adentro salió un humo que se transformó en un joven bello y fuerte, que le dijo: «Soy Ifá Odigbere, el adivino del mundo. Mi voz llena toda la casa de Ifá». Le pidió a la anciana que lo llevara a la plaza para comprar con 41 caracoles una esclava: «La primera mujer que nos encontremos será mi madre».
Llegaron al mercado y vieron a una mujer esclava que molía maíz y decía que era la que le hacía la comida al Obá de los congos. Ella cantaba:
La esclava vio a su hijo, lo reconoció y le cantó:
«Te llamas Odigbere, haz algo por mí». Él dijo: «Haga ebó con todo lo del mercado 7 días y verá el poder de mi jícara». Odigbere cogió su jícara, que nunca había abierto, tomó el abanico y dijo:
Y abanicando la prenda cantó:
Rezó a su Ifá su signo, y se murió el rey de los congos. Él liberó a los esclavos y les dijo a todos: «Este es el secreto de mi Ifá, que los protegerá mientras lo adoren y lo alimenten». Junto a Ifá es:
Entonces mostró a su madre al pueblo y dijo: «Cuando yo estaba en su vientre le dije a mi padre Olofin que le diera un toro blanco a Olofina (Shangó) y no lo hizo, y la guerra y la desgracia azotaron nuestro pueblo».
Nota ritual del camino: Ahí se pone el Odu-Ará y al lado las dos sandalias. Los 7 muñequitos cargados con las tierras, las lerí, todos los asheses, Egun keké y 7 ataré; se ponen las 7 piedras y sobre estas los muñequitos. Se le da pólvora y aguardiente al chivo y, cuando estornude, de esa baba se le echa un poco al ebó y lo otro a la jícara. Y se le sacrifica el chivo cantando:
Se le da el chivo y los dos gallos. A Orunmila se le dan dos gallinas negras. La cabeza del chivo se deja monda y lironda, se siembra en tierra de cangrejo y sobre ella se pone el abanico. La jícara vive en el espíchelo de tres patas, al lado de Orunmila, y cuando se va a trabajar se abanica cantando:
13.Ilú Batá, el tamborero del Rey
Había un individuo llamado Ilú Batá, tocador de tambor, que por sus habilidades en la ejecución del instrumento era objeto de múltiples halagos, tanto del pueblo como del propio Rey. Fueron tantos los halagos que llegó a causar envidia en unos cuantos que querían el mismo privilegio. Los envidiosos se reunieron y proyectaron una calumnia insidiosa en su contra: decirle al Rey que Ilú Batá lo estaba traicionando.
El Rey, sin meditar ni analizar, lo mandó a buscar y le dijo: «Te he mandado a buscar porque estoy enterado de tu traición, por lo que te sentencio a que tumbes todos los árboles que hay en el monte. Pero tienes que hacerlo en tres días y con tus manos como instrumento, o de lo contrario perderás la vida». Ilú Batá fue a protestar por tan infame calumnia, pero el Rey no lo quiso escuchar.
Triste y seguro de que todo era una calumnia para eliminarlo, se encaminó al monte, se sentó en una piedra, resignado a su suerte, y ensimismado en sus pensamientos se le apareció Ikú, que le dijo: «Si me das tu vida, te ayudaré». Ilú Batá respondió: «Bueno, si de todas maneras voy a morir, qué más da que yo te dé mi vida». Ikú contestó: «To Iban Eshu. Te voy a ayudar, espérame aquí», y desapareció.
Ilú Batá quedó pensativo y preocupado, cuando nuevamente se le apareció Ikú. Empezaron a desmontar el monte, realizando la operación en una fracción de tiempo ante sus ojos atónitos. Terminada la tala, Ikú le dijo: «Ahora ve al palacio y dile al Rey que ya terminaste de tumbar el monte». Cuando Ilú Batá se encaminó al palacio, Ikú, en unión de su séquito de espíritus, se retiró en la misma forma misteriosa en que llegó.
Ilú Batá comunicó al Rey que había terminado la labor encomendada. El Rey y sus colaboradores no le creyeron y lo tildaron de mentiroso, pero él insistió en que lo comprobaran por sí mismos. El Rey decidió ir a verlo, y al comprobar que era verdad lo que Ilú Batá decía, de la impresión recibida quedó muerto.
Al instante Ikú se le apareció a Ilú Batá y le dijo: «Ya me pagaste por tu vida. Ahora ve al pueblo y dame una comida, tócame un tambor, para que puedas reinar en paz y gobernar a los que te querían destruir». Y así pudo Ilú Batá, con la ayuda de Ikú, ser el rey de su tierra natal.
14.El ratón condenado a las garras del gato
Un grupo de animales de los que habitan en los bosques de África decidió un día unirse para formar un pueblo, vivir con más desahogo y ayudarse unos a otros. Constituida la comunidad, pensaron construir un tambor que les sirviera de aviso y para amenizar las fiestas. Reunidos en el lugar destinado a sus asambleas, discutían cuál sería la piel de animal que más conviniera, y decidieron que Ekuté, el ratón, diera su pellejo lustroso y fino para hacer el tambor y sus sonidos.
El ratón, inconforme al oír la proposición, chilló, protestó y se negó a aceptar la propuesta de la mayoría, gritando: «¿Cómo puedo darles mi piel sin quedarme desnudo?». Disgustados, los animales lo sentenciaron: la condena se promulgó rápida y el ratón fue expulsado de la sociedad. Dispuestos a no quedarse sin tambor, le pidieron al elefante que los sacara del apuro, ya que a él no le sería difícil desprenderse de la piel necesaria sin que apenas se notara. El elefante aceptó complacido y entregó un pedazo de su piel, suficiente para construir el tambor.
Construido el tambor con el ritual del signo, lo dejaron en la plaza para que el sol lo secara y la piel se estirara, es decir, se afinara. Pero una lluvia de tornado, rápida, mojó la piel de tal modo que, al intentar probar su sonido al día siguiente, quedaron estupefactos al ver que habían fallado en el delicado trabajo: el tambor apenas sonaba, y lo abandonaron junto a un árbol, marchándose todos al bosque en busca de comida. El sol fue secando la piel mojada hasta dejarla tensa y en condiciones sanas.
El ratón, ajeno a cuanto había pasado durante su ausencia, sintió curiosidad de dar una vuelta por el poblado, y lo hizo cuando sabía que sus antiguos amigos estaban ausentes. Grande fue su sorpresa al ver el enorme tambor, que lo tentaba a hacerlo sonar, cosa que hizo con menuda maestría: sus sonidos fueron melódicos y fuertes. Los animales, que estaban en el bosque recogiendo frutas, al oír la misteriosa música olvidaron sus trabajos y se pusieron a bailar llenos de satisfacción. Volvieron rápido al poblado para comprobar quién sería el diestro animal que arrancaba tan agradable sonido al tambor, y se quedaron sorprendidos al encontrar la plaza vacía: Ekuté, al oír la algarabía, había huido sin ser visto a refugiarse en el agujero de un árbol. Como el tambor no fue probado de nuevo por los animales, siguió mudo, arrimado al pie del árbol.
A la mañana siguiente, antes de partir a la selva, dejaron de guardia a la pequeña jicotea para descubrir al misterioso tocador. Ekuté, arrastrándose para no ser visto, consiguió acercarse al tambor y lo hizo sonar con mucha habilidad; y ahora no solo bailaban los animales ausentes, sino también la jicotea, echando al olvido su misión. Al regresar los animales y pedirle explicaciones, ella, para no descubrir su falta de celo, respondió: «Ay, amigos, quien arrancó tan grande y maravilloso sonido a nuestro tambor fue un gran animal a quien me fue imposible detener».
Al otro día quedó de guardia el majá y le sucedió lo mismo; llegó el ratón, tocó, y el misterioso sonido siguió oculto para los animales, cada vez más preocupados. Uno y otro día se fueron relevando en la vigilancia el león, el tigre, el mono, el elefante y muchos más, sin que ninguno resistiera la tentación de bailar al oír los sones que el ratón sacaba al tambor.
Así continuaron las cosas hasta que le tocó el turno al astuto gato. Este, con su olfato exquisito y sus dotes admirables de paciencia y vigilancia, se agazapó debajo del tambor de modo que pudiera ver sin ser visto. A la hora de costumbre llegó el ratón, presuntuoso, con la intención de repetir su jugarreta cotidiana; y al intentar tocar el tambor se llevó la desagradable sorpresa de encontrarse con las afiladas garras de su antiguo amigo el gato, que lo agarró por su delicado lomo. El gato, conocedor de su oficio, no se había dejado fascinar por las notas musicales.
Entregado el ratón a los animales del bosque, estos, avergonzados por su falta de experiencia, lo condenaron a morir, y fue el bocado suculento de su eterno enemigo, el astuto gato.
15.Cuando Obatalá abandonó a sus hijos
Obatalá vivía con sus hijos y no tenía tranquilidad: eran muy escandalosos, abandonados en su aseo personal y no se ocupaban de la limpieza de la casa. Ante esa vida desordenada, y cansado de llamarles la atención, decidió abandonarlos y se fue.
Al pasar el tiempo los hijos empezaron a tener problemas: unos murieron, otros enfermaron y otros cayeron en un atraso total. El más chico decidió ir a ver a Orunmila, le salió este Ifá y le dijo: «Ustedes tienen problemas con el Ángel de su Guarda. Él los abandonó, ya no vive con ustedes. Tienen que cambiar su manera de ser y hacer una vida nueva, y bañarse con algarrobo, salvadera, prodigiosa y algodón».
Obatalá, por su parte, se encontró solo y decidió buscar un lugar donde vivir, pues la vida en soledad era mala. Vio una casa hermosa y blanca, y al entrar se asombró de encontrar a sus hijos. Ellos lo abrazaron y le dijeron: «Babá, no nos abandones, nosotros ya hemos cambiado de vida. Mira la casa con tus propios ojos». Obatalá, al ver la tranquilidad que reinaba, el aseo y el orden, retornó al lado de sus hijos.
16.El tambor con piel humana
Obatalá tenía una mujer y pasaba los días feliz con ella, pero ignoraba los sentimientos de la mujer, que lo estaba traicionando. Él vivía ajeno a lo que pasaba a su alrededor.
Como en la vida todo llega a saberse, un día Obatalá salió a recorrer sus inmensas tierras y regresó más pronto de lo acostumbrado: siempre pasaba fuera varios días, pero esa vez se sintió enfermo y volvió de improviso a su palacio. Cuál no sería su sorpresa al ver que su mujer le era infiel con uno de sus criados. En un principio quiso actuar con violencia, pero recapacitó y procedió en forma mesurada: pensó en la manera de hacer un tambor de un tronco, y como parche le puso la piel de su mujer, pues Obatalá le pidió un pedazo.
Obatalá tocaba el tambor todos los días, y de esa forma se vengó de su infiel mujer, que murió a causa de los golpes recibidos al tocar Obatalá el tambor, pues sus vibraciones hacían que el sistema nervioso de la mujer se fuera deteriorando.
Nota: en aquella época el tambor forrado con piel humana no tenía sonido audible, sino un sonido sordo.
17.El nacimiento de las Entidades Malévolas
Los antiguos hombres de Nigeria, en la región de África del territorio yoruba, creían en las entidades tenidas por malas, a las cuales se les daba el nombre genérico de Anyonu, que quiere decir espíritu malo, genio del mal. Eshu es, por excelencia, la personificación de todo lo malo.
En ese territorio africano se reunieron los 7 grandes sacerdotes, y cada uno trajo un gran secreto. El de la tierra de Oyó trajo una grandiosa imagen de madera que se llamaba Obalonke. El de la tierra Yebú trajo un caracol. El de la tierra Gualdu trajo una piedra, que se llamaba Ibalonk. El de la tierra Abeokuta trajo un coco (obi). De la tierra Ifé vino uno que se llamaba Adubere, que trajo un muñeco de dos caras y un solo cuerpo; y como lo trajo tan bonito y con una combinación de dos colores, fue el más admirado. El de la tierra Arson trajo una cabeza nada más, sin extremidades, que se llamó Okuboro. Esos Eshus, por las malas desobediencias, dominan las cosas urgentemente.
Acabada la reunión, los 7 sacerdotes acordaron que mientras el mundo fuera mundo, ellos serían los llamados a entregar los Eshus. Esa es la razón por la cual los Babalawos, cuando terminan de entregar o hacer un Eshu, deben decir «Maferefun Eshu Baitiye», que es la confirmación de los sacerdotes de Ifá de que el Eshu que se entrega será bien fortificado si se reconoce su admiración (Bati-Eye), y no ayuda si se traiciona al Babalawo.
18.Inayogun, el espíritu guardián de los Ibejis
Yemajá vivía en su casa acompañada de Odigbere, que era su hijo, y de la mujer de este, que se llamaba Kuelenibo. Un día Odigbere hizo un largo viaje, se perdió en el camino y no encontraba la forma de dar con la casa, marchando lo mismo hacia atrás que hacia adelante.
Desorientado, se sentó a la orilla del mar y comenzó a llamar a su madre Yemajá. Ella salió a su llamado y le dijo que su enemigo estaba en su propia casa y era su propia mujer, que le estaba haciendo brujo de congo. Le indicó que les diera de comer a los Ibejis y a su cabeza, que se hiciera ebó, que diera un pargo grande y que después se rogara la cabeza.
Al hacer lo que su madre le mandó, se le apareció un espíritu, Inayogun, el cual lo guió hasta su casa; y al llegar vio a su mujer haciéndole brujo en su caldero. Entonces Inayogun se paró sobre el caldero y comenzó a cantar:
Así se desbarató la brujería que su propia mujer le había hecho a Odigbere, y este la botó de su casa porque andaba en sus cosas.
Nota: Inayogun es un espíritu guardián de este Ifá, que se simboliza por el muñeco, al que se le da de comer un gallo.
19.El Águila
El águila era un personaje que vivía de lo ajeno, pero lo que más le preocupaba era arrebatar a las criaturas, porque no quería que en ese pueblo nadie más que él tuviera dominio, pues era el único que se comunicaba con Olofin.
Un día Olofin lo mandó adonde estaba Orunmila, y este le vio este Ifá y le marcó ebó, pero el águila no lo quiso hacer. Cuando la hija de Olofin estaba embarazada, lo llamó para que le regalara una de sus plumas, y el águila se negó.
Olofin, muy disgustado porque no había hecho el ebó que le marcó Orunmila y por no haber complacido a su hija, fue y se hizo Osode, y le salió que su nieto iba a desaparecer por causa del águila. Olofin llamó a Orunmila y a todos los santos y ordenó que le hicieran santo a su nieto en la barriga de su hija; y cuando nació le dieron una mano de Ifá, porque era varón.
Cuando el águila, que no sabía que Olofin todo lo sabe, llegó con la mala intención de robar la criatura, se encontró con que todos los santos lo estaban esperando, y lo mataron.
20.El hombre a quien la bebida se le hacía vinagre
Había un hombre que se dedicaba a fabricar bebidas y las añejaba en un tonel madre que tenía, para venderlas en el mercado del pueblo cuando estuvieran bien añejadas; allí tenían gran aceptación y era reconocido como buen añejador. Después de tener la bebida un tiempo en la pipa madre, la iba pasando a otros toneles más pequeños hasta tenerla lista para la venta. Para fabricar el licor tenía una gran plantación de árboles frutales que cuidaba con gran esmero.
Había otro hombre al que le gustaba la buena bebida, que también era añejador y tenía árboles frutales, pero no tenía el conocimiento ni la voluntad del vecino, y lo envidiaba. Decidió entrar sin ser visto, a pesar de que las ventanas del local donde el cosechero tenía sus pipas eran enrejadas: quitaba el tapón de un pequeño agujero que él mismo había hecho en la parte inferior de la pipa madre y saciaba su inagotable sed. Fueron tantas las incursiones que la pipa madre se vació.
El cosechero tenía la costumbre de abrir cada cierto tiempo la llave de la pipa madre y tomar un poco de licor para comprobar el añejamiento. Cierto día, al abrir la llave, vio que estaba vacía sin encontrar razón para ello. Fue a ver al Awó del pueblo, que le hizo Osode y le vio este Ifá: pérdida por la mano de un enemigo hombre (ofo lowo arayé intori okuní). El Awó le dijo: «Tienes que hacer ebó y vigilar escondido para dar con la causa de la pérdida de tu bebida».
El cosechero siguió los consejos y realizó el ebó. Para no tener más pérdidas, escondido en un barril en un rincón, esperó con paciencia, con la vista fija en la pipa madre, y a través de la luz de la ventana vio una figura que le resultaba conocida y familiar: era el vecino de la finca cercana, y observó cómo vaciaba la pipa. Así descubrió el motivo de sus pérdidas.
21.La siembra de calabazas y el Rey
El Rey mandó a buscar a Odigbere y le dio semillas de calabaza (eleguede) para que las sembrara en la playa. Al otro día el mar botó las calabazas hacia la orilla, y Odigbere se las llevó al Rey para que se las comiera y matara sus deseos de comer calabaza. Esto lo había logrado porque tenía un Egun que lo ayudaba mucho, y fue quien cambió las semillas por calabazas; así pudo resolver.
Con el tiempo, el Rey que le había hecho tal cosa a Odigbere tuvo una guerra y perdió la batalla. Al verse derrotado salió huyendo y fue a parar a un pueblo donde gobernaba Odigbere, porque a través del tiempo un Egun lo había ayudado a prosperar. Al enterarse, Odigbere lo mandó a prender y, acordándose de lo que el Rey le había hecho años atrás, le puso como castigo y pena lo mismo que él le había impuesto; y como este no tenía un Egun que lo ayudara como Odigbere, perdió y pagó con su cabeza.
22.Los cinco hermanos
Eran cinco hermanos y todos querían tener jerarquía. El mayor fue a casa de Orunmila e hizo Osode, y Orunmila le dijo que tenía que hacer Ifá. Lo hizo, y sucedió que los demás hermanos tuvieron que obedecerle, por ser el mayor y por ser Awó de Orunmila. Pero, a pesar de todo, era muy envidiado por sus hermanos.
23.Elegbá, el tamborero de Shangó, y la traición
Aquí Shangó estaba casado con Oshún, y esta le era infiel con el tamborero, que era Elegbá. Obatalá, que lo estaba vigilando y veía todo lo que pasaba, no perdonaba que, habiéndole enseñado Shangó a Elegbá el secreto de Aña, este cometiera tal infamia. Entonces fue adonde estaba Shangó y le dijo que Oshún le era infiel con Elegbá; y Shangó, de soberbia, fue y mató a Oshún por la infamia que estaba haciendo, y con la piel de Oshún hizo un tambor.
Cuando ya estaba terminado, llamó al tamborero, que era Elegbá, y le dijo: «De estos tres tambores, ¿cuál te gusta más para tocar?». Y Elegbá respondió: «Me gusta más este», y era el de la piel de Oshún. Cuando Elegbá empezó a tocar se dio cuenta de que era la piel de la mujer de Shangó, porque la mujer tenía una mancha en el cuerpo, en la parte izquierda, entre la cintura y la cadera, por la cual Elegbá la reconoció. Y dándose cuenta Shangó de que la había reconocido, le dijo: «Sí, esa es mi mujer, con la que estabas engañándome; por eso la maté e hice un tambor de su piel, para que tú sigas tocando para toda la vida. Y desde hoy los tambores serán de cuero».
24.El poder del Egun
En una tierra había tres hermanos, príncipes, y uno de ellos era Odigbere. Salieron a recorrer fortuna y el único que fue a mirarse con Orunmila fue Odigbere: le salió rogación de cabeza (koborí eledá). Los otros hermanos hicieron ebó, pero no se rogaron la cabeza.
Caminando cruzaron por una tierra donde el Obá los hizo prisioneros, y tomó a Odigbere para que estuviera a su lado, utilizándolo para que hiciera cosas imposibles. El primer día lo mandó a sembrar una semilla de calabaza, y a las dos horas quería comer calabazas. Odigbere fue a la loma y, cuando abrió un hueco, cogió una paloma y se la dio a Egun y a Oke. Se quedó dormido, y muchos muertos que lo acompañaban hicieron el trabajo. Cuando despertó, la mata ya tenía calabazas; cogió una y se la llevó al Obá, que quedó asombrado.
Al otro día lo mandó a hacer candela sobre el agua, y Odigbere lo hizo por el poder de Egun que tenía. Esto hizo que el Obá pensara en matarlo. Al día siguiente Odigbere se hizo koborí eledá con 16 ekrú y las dos palomas restantes. El Obá, al saberlo, dijo: «¿Cómo un esclavo se va a rogar la cabeza?». Mandó a coger un tronco hueco de dagame, metieron a Odigbere dentro, lo cerraron por ambos lados y lo mandó a tirar al río.
A unos pescadores les cayó el tronco en sus redes, y vieron con asombro que el tronco cantaba:
Cogieron el tronco, trataron de ver qué era, y descubrieron que era lo que ellos buscaban: eran los pescadores del reino del padre de Odigbere, que había muerto; y como él era el primer príncipe, era quien debía ocupar el trono. Lo llevaron a su pueblo, y al llegar le preguntaron qué le había pasado. Él contó la historia, y su pueblo quería cobrarle la cuenta al Obá de la tierra cercana, del cual Odigbere fue cautivo. Pero Odigbere mandó que nadie lo hiciera: que lo convidaran a la ceremonia de coronación.
El Obá de la tierra cercana vino a la coronación por la invitación; pero cuando se iba a retirar lo hicieron prisionero y lo mandaron a sembrar semillas de calabaza, y al ir a hacer el hueco se quedó muerto. Murió porque no tenía quien le hiciera las cosas, como tenía Odigbere: el poder de Egun. Así Odigbere prosperó y llegó a ser un gran Obá.
Nota: un muñeco y el nombre de los enemigos en una cajita. Se le pone a Orunmila un Batá keké.
25.La guerra de los mayomberos
Orunmila vivía en un desierto, un lugar inhóspito, pero aun así tenía gran clientela que iba a consultarse con él. Alrededor vivía una gran cantidad de mayomberos, y al ver que hasta sus propios ahijados de prenda iban a mirarse con Orunmila, determinaron buscar la forma de eliminarlo.
Viendo que no podían, optaron por coger una gran cantidad de ratones, que hechizaron al pie de un caldero; cuando estuvieron bien hechizados, los soltaron para que fueran a casa de Orunmila y lo destruyeran. Orunmila tenía en el patio una mata de ikines, que era su suerte, pues cada vez que iba a dar Ikofafun, Awofakan o hacer Ifá, cogía los ikines de su mata.
Los ratones se dirigieron a esa mata, la empezaron a roer e incluso se comieron sus frutos. A partir de ese momento Orunmila empezó a sentir los efectos de la brujería que los ratones habían llevado a su casa. Un día necesitó ikines para unos Ikofafun; fue a su mata a recoger unos cuantos, y cuál fue su sorpresa: al probarlos estaban malos (ofo). Volvió al pie de la mata, recogió otros y al probarlos notó que también estaban ofo, y su mata estaba al borde de secarse.
Al ver las condiciones de su mata se hizo Osode y le salió este Ifá, que le mandó hacer ebó y hacérselo también a la mata. Cuando Orunmila terminó de hacerse el ebó, salió y lo puso al pie de la mata. Al otro día los mayomberos volvieron a mandar los ratones embrujados, pero cuando llegaron al pie de la mata se pusieron en loca carrera, dando vueltas alrededor de ella, y enfilaron hacia el interior del desierto para nunca más volver.
De esta forma la mata empezó a retoñar, volvió la prosperidad de Orunmila y reinó la felicidad en su casa; no así en casa de los mayomberos, porque ellos mismos se destruyeron: los ratones estaban dirigidos por los Egun de sus cazuelas, y al irse aquellos, los Egun también se liberaron, recibiendo la luz que les faltaba.
Nota: la persona a la que le salga este Ifá no puede matar ratones, porque al matarlos estos dejan en la casa las malas influencias que traían; se deben coger vivos y soltarlos en la manigua.
26.Cuando los congos estaban atrasados
Los congos estaban muy atrasados y fueron a casa de Orunmila. Este les hizo Osode y les mandó cortar todos los palos o árboles menos la fresa, y amontonarlos a un lado cuando terminaran. Así lo hicieron y le avisaron a Orunmila; este les pidió una jícara de sara ekó, le echó ashé, la viró sobre los palos y los tapó con la jícara. Al poco tiempo vino una nueva generación de esas plantas, y con ella la prosperidad.
Nota: esa persona ha nacido en zurrón o es jimagua. Tiene mucha suerte y todo lo que se propone lo logra. Tiene que recibir Ifá.
27.La Pipa
La Pipa era muy rebelde: no solo no creía en los santos, sino que hablaba mal de ellos. Y en castigo le abrieron un agujero para que se vaciara.
28.El cocinero de Obatalá
Odigbere era un hombre de gran mentalidad y era el cocinero de Obatalá. Siempre terminaba muy temprano sus quehaceres y se retiraba a divertirse, porque era muy amante del baile, la música y las mujeres. Por todo eso los demás de la casa lo envidiaban: decían que no trabajaba, que era muy haragán, al extremo de que llegaron a convencer a Obatalá, y este lo botó de la casa.
Odigbere comenzó a pasar trabajos, llegando a verse sin tener para comer, hasta que llegó a los pies de Orunmila. Este lo miró, le salió este signo y le dijo: «La gente te tiene envidia. Te han trabajado por el aire para perjudicarte. Tú no cargas nunca la canasta para ir a la plaza y, apoyándose en ese motivo, han convencido a Babá de que eres un haragán y un orgulloso. Tienes que hacer ebó con una jaba que tienes y que está rota. Después del ebó tienes que llevar la jaba a todos los lados que vayas».
Odigbere logró obtener la jaba de la casa de Obatalá y con ella se hizo ebó. Empezó a ir a la plaza siempre con la jaba. Como no tenía nada que hacer, y apretaba la necesidad, se vio obligado a vender hierbas, aun cuando había sido el cocinero de Obatalá. Cuando Obatalá salía a la calle, en todos lados veía a Odigbere y, con él, la jaba: en la calle, en la plaza, en los paseos, donde quiera. Esto lo asombró y lo convenció de que Odigbere no era un haragán ni un orgulloso.
Obatalá puso un anuncio de que necesitaba un hombre, sin decir para qué. Según iba llegando la gente, los rechazaba porque no eran cocineros. Hasta que Odigbere vio el anuncio y la necesidad lo obligó a acudir ante Babá a pedirle empleo, diciéndole que tenía necesidad de trabajar y se ocuparía de todo lo que se le mandara. Entonces Babá se convenció de la mentira que habían dicho y descubrió a los enemigos de Odigbere, y lo hizo el jefe de la casa.
29.Cuando Osanyin trabajaba Regla de Palo
Osanyin trabajaba su Regla de Palo Monte, con bebidas malas y aguardiente. No tenía sosiego y andaba muy sucio y estropeado. No veía el resultado definitivo de nada, a pesar de trabajar sus cosas con mucha rapidez, aunque no era para lo malo.
Él veía que los yorubas estaban siempre bien vestidos, decentemente, y tenían dinero y tranquilidad. Por eso fue a ver a Shangó para que lo aconsejara. Este le dijo que él antes había sido palero y conocía aquello perfectamente, pero que después que conoció la Regla Osha e Ifá estaba perfectamente, vestía de colorado, andaba limpio y era poderoso. Shangó convenció a Osanyin, hasta que lo llevó al pie de Orunmila, redimiéndolo.
30.La guerra con los congos
Los yorubas fueron a la guerra con los congos, y Odigbere fue llamado para que dirigiera la contienda. Antes, él fue a casa de Orunmila, y este le mandó que no peleara: que hiciera ebó con tres tambores y tres botellas de aguardiente, y que fuera detrás del ejército yoruba tocando los tambores.
Así lo hizo. Entonces los congos, a quienes les gustaba mucho el baile, al oír la música empezaron a bailar, y Odigbere los invitaba con el aguardiente hasta que los emborrachó, y fueron vencidos.
31.Los tres enemigos de Orunmila
Orunmila tenía tres enemigos y no los conocía, porque estaban disfrazados y vivían en el mismo lugar que él. Se hizo Osode y le salió este odu, donde venía hablando Eshu. Hizo ebó con ratones y demás cosas.
Cuando se acostó a dormir, los ratones empezaron a hacer ruido en uno de los paquetes, y el dueño dijo: «¿Eres tú, Shangó, quien registra?». Y Orunmila conoció a ese enemigo. Después hicieron ruido en otro paquete y el dueño dijo: «¿Eres tú, Ogún, quien registra?». Y así Orunmila conoció a los enemigos, y a la mañana siguiente los saludó por sus verdaderos nombres.
32.Cuando botaron a Orunmila
Orunmila fue a un reino y sus enemigos lo botaron, y tuvo que huir rápidamente. Entonces preparó tambores y organizó una gran fiesta. Empezó a tocar a la entrada del reino, y a todas las gentes que oyeron la música les gustó, fueron acercándose y le abrieron las puertas del reino. Y por la música reinó en aquel lugar.
33.El camino de Yewá
Por este camino, Awó Yagadá era el nombre de Orunmila en la tierra de Osha Lakueré Inle, que era tierra de Yewá. Allí Orunmila siempre tenía grandes problemas con Ikú, que tenía un gran poder en aquella tierra y la dominaba completamente con sus poderes.
En una ocasión Ikú fue con sus hijos en busca de Orunmila para matarlo; pero este, que se había hecho koborí eledá con ejá tuto, estaba dormido, y durante el sueño soñó que Ikú iba a buscarlo para terminar con él en la tierra Osha Lakueré. Cuando despertó se hizo Osode, viéndose Odigbere de odu toyale. Se hizo ebó, y en esto llegó la rata, que cantaba:
El ratón acostumbraba a llevarse los ikines (adelé) que Orunmila tenía preparados para sus consagraciones, y los introducía en un túnel que tenía debajo del piso de la casa de Orunmila. Cuando Ikú llegó, Orunmila se escapó por el túnel que el ratón había hecho y salió pegado a la playa (Onika), donde desembocaba el río, que era tierra de Iya Orí Igí, la tierra de Otura Sa. Allí se encontró con Yewá, que estaba lavando sus ropas. Orunmila la saludó; ella, al verlo, lo reconoció y le contestó el saludo. Orunmila le contó lo que estaba sucediendo, y Yewá le dijo: «Escóndete debajo de la canasta». Lo cubrió con la canasta y con el paño que llevaba encima, que era la ropa que ella usaba, de color rosado y adornada con muchos caracoles.
Cuando Ikú llegó ante Yewá, le preguntó por Orunmila. Ella lo invitó a comer akara bibo, olelé y aguidí; después le señaló a Ikú uno de los caminos o trillos y le dijo: «Por ahí se fue corriendo». Cuando Ikú tomó el camino señalado, Yewá quitó el paño y la canasta y llevó a Orunmila a su casa. Allí le dijo: «Lo único que yo como es chiva señorita (aké), ganso y mucho aguidí, akara, olelé y ñame». Orunmila le dijo: «Yo comeré todo menos ganso», y comió con Yewá.
Después de darle las gracias por haberlo salvado de Ikú y por la comida, Yewá le dijo: «Yo solo tengo este cuarto, así que usted dormirá en la puerta». Por la noche Orunmila se alteró sexualmente y, como Yewá era una mujer de buen cuerpo, tuvo relaciones sexuales (ofikale trupon) con ella, pues hacía mucho tiempo que Yewá no tenía un hombre.
Pasados varios días, cuando Ikú había perdido la pista de Orunmila y, lleno con la comida que Yewá le había dado, no lo perseguía con tanto afán, Orunmila pudo regresar a su casa en la tierra Osha Lakueré por el mismo túnel secreto por el que había escapado. Al no verse perseguido por Ikú, le daba las gracias a Yewá y todos los días cantaba:
Pasado cierto tiempo, Yewá estaba embarazada (oboñú) de Orunmila, y cuando tuvo la certeza de esta situación se encaminó a la tierra Osha Lakueré en busca de Awó Yagadá. Cuando llegó a casa de Orunmila y este se enteró del problema, le hizo Osode, le vio Odigbere y le dijo: «Tú vas a parir un hijo de Ifá, pero a este hijo tuyo no puedes hacerle lo que les hiciste a los anteriores, que se los entregaste a Ikú; o sea, no puedes abortarlo, lo tienes que parir». Y Awó Yagadá dijo: «Hay que prepararle Awofakan al feto (omotitun), para que pueda nacer y llegar a ser grande en la Tierra».
Entonces le dieron Awofakan al feto en el vientre de Yewá, y sacó de odu toyale Otura Sa, que era la tierra de Yewá. Allí Odigbere y Otura Sa hicieron un pacto para siempre: salvar a todos los hijos de Odigbere, aunque fueran hijos de Shangó, por medio de Yewá; y que siempre que en un Osode se le viera Odigbere a una mujer embarazada, se le diera Awofakan al feto para que se salvara. Desde entonces Odigbere se salva por Otura Sa, y Otura Sa se salva por Odigbere. Y cuando le daban de comer a Yewá cantaban:
Orunmila y Yewá comían de la chiva señorita (aké), y Yewá juró que todo lo que ella hablara sería por boca de Orunmila.
Notas del camino: Aquí nació que el Babalawo, aunque tenga hecho Shangó, si es Awó Odigbere puede recibir Yewá. Nace que el Itá de Yewá se haga por Ifá. El Ifá de Awó Odigbere, después que este reciba Yewá, no comerá más nunca chiva parida, solo comerá aké (chiva doncella), y de vez en cuando su Ifá vivirá en un awan (canasta o cesta). El collar de Orunmila de Awó Odigbere lleva 9 caracoles en honor a Yewá.
Modo de proceder cuando la mujer está embarazada, para entregarle Ifá al feto (omotitun): Se preparan y lavan solamente 16 adelé de Ifá (ikines) y se les da de comer junto con el Ikofafun de la madre, pero no se saca letra. Esos 16 adelé viven en el Ikofafun de la madre hasta que esta dé a luz. Cuando nazca la criatura, durante su primer mes de vida, sea varón o hembra, se le confeccionarán sus Guerreros.
Al cumplir los 41 días de nacido, si se trata de varón, a esos adelé se les agregan 3 o 5 adelé más, según la costumbre del Awó padrino, y se les da de comer 2 gallinas negras junto con el Ifá del padrino, haciendo la ceremonia completa de Awofakan con su comida a los Guerreros. Al tercer día se hace Itá con ese Awofakan, sacándole la letra, el Iré u Osobo, y determinándole el Ángel de la Guarda.
Si la criatura es hembra: durante el primer mes de vida se le preparan los Guerreros. Al cumplir los 41 días de nacida, el padrino coge los 16 adelé que comieron con el Ikofafun de la madre y les agrega 5 adelé de su mano mayor, que marcará para después del Itá recuperarlos a su Ifá, y así conformará una mano de Ifá de 21 adelé. Obi omi tuto a Egun y a los Guerreros, y se les sacrifican los animales; obi omi tuto a Orunmila del padrino, al que se le sacrificará una chiva señorita (aké) junto con la mano de Ifá antes confeccionada y dos gallinas negras. Si el padrino tiene Yewá, esta también comerá en esta ceremonia junto con Orunmila. Al tercer día, Atefá con la mano de Ifá confeccionada con los 16 adelé que comieron con el Ikofafun de la madre y los 5 adelé de la mano mayor del padrino. Al terminar el Itá, el padrino sacará los 5 ikines o adelé de su mano mayor y los pondrá con los otros de su Ifá. Si el odu toyale es Meji, sacará dos adelé de los 16 que primeramente comieron con el Ikofafun de la madre; si es un odu omolú, entonces sacará solo un adelé, y este, con su piedra correspondiente, es el Ikofafun de esa niña.
34.La esclavitud de Odigbere por un Egun
En la tierra Malagun vivía un cazador llamado Odigbere, que tenía deudas con Oluo Popo (Shakuana), porque hacía tiempo lo había visitado y no le había dado guineo, que era su comida preferida.
Un día, Odigbere tenía que salir a cazar a la tierra de los ratones. Se hizo Osode y salió su Ifá; se le marcó ebó para no ser esclavo, pero no lo hizo. Resultó que, al salir a la cacería, se presentó una tormenta y, no teniendo dónde guarecerse, encontró un hueco en un árbol y se metió. En ese hueco vivía un Egun que se llamaba Kueleni Osa Kuleya y era aleto (leproso). Al entrar Odigbere, el Egun salió y tapó la entrada del hueco, dejándolo encerrado. Partió con el tronco para casa de Shakuana, que vivía en Okute Lewo. Era lejos, y pasaba por distintos pueblos exhibiendo el tronco que hablaba; así fue ganando dinero con Odigbere esclavizado.
Un día estaban Oyá y Shangó en el camino y oyeron el canto de Odigbere desde dentro de su prisión de madera:
Ellos se dijeron: «Ese es Odigbere, el que está dentro del tronco». Oyá se volvió viento (afefé) y Shangó, trueno. Entonces el Egun Kueleni Osa Kuleya se asustó y dejó el tronco abandonado en el camino. Oyá y Shangó sacaron a Odigbere, que al salir les dio Mo-Foribale; se hizo Osode y se hizo ebó. Salió con 2 guineos, acompañado de Oyá y Shangó, hacia la tierra Okute Lowe, donde vivía Shakuana.
Le dio los guineos a Oluo Popo al pie de un cardón, los asó y los puso debajo de su cama. Por la noche vino Shakuana y, guiado por el olor tan sabroso que despedían, llegó, cogió los guineos y se los comió. Cuando Odigbere despertó, Shakuana le había dejado de regalo un bien de salud (iré arikú), y pudo volver a su tierra gracias a Shangó y Oyá, con el poder de que en su tierra no hubiera más lepra. Shangó le hizo el otro ebó con 1 pescado grande, y después le rogó la cabeza con el pescado para que no fuera más esclavo, porque podía morir en esa prisión.
Nota: este Ifá es de lepra y esclavitud, por abandono y descuido. Se puede vivir esclavizado por un Egun de fuerte poder.
35.Las hierbas olvidadas
En este camino había un Rey que estaba enfermo y era atendido por los Babalawos de la comarca, menos por Odigbere, que nunca entraba y se quedaba sentado en la puerta. Un día el Rey se agravó y los criados fueron a buscar a los Babalawos, pero no los encontraron, porque estaban en un concilio que se celebraba. Al decírselo al Rey, este, en su desesperación, hizo pasar a aquel que siempre estaba en la puerta para que lo mirara.
Odigbere entró, le hizo Osode al Rey y salió para el monte, de donde se apareció con varias hierbas; las preparó y se las dio a tomar, notándose al momento la mejoría.
Al otro día llegaron los Babalawos al palacio y vieron al Rey en sus trajines diarios. Sorprendidos, le preguntaron cómo había mejorado, y el Rey contó que, como se había agravado el día anterior y ninguno de ellos se encontraba, tuvo que llamar al que siempre estaba en la puerta. Los Babalawos llamaron a Odigbere para preguntarle qué hierbas había traído para curar al Rey, y este les contestó que no podía decirlo, porque se le había olvidado.
Nota: tenga cuidado con su memoria, porque a usted a veces le falla.
36.Cuando envidiaban a Shangó en su tierra
A Shangó lo envidiaban mucho en su tierra. Él se había visto este Ifá y estaba haciéndose koborí eledá con un ejá tuto en la playa cuando lo atacaron. En el atentado le dieron un golpe en la cabeza, pero como tenía el ejá tuto sobre ella, solo lo aturdieron y no lo pudieron matar. Entonces lo metieron en una caja y la tiraron al agua para que no quedara rastro de él.
Yemajá gobernaba la tierra Eyo Tolokun, que quedaba cerca del lugar de los hechos. Su marido se le había muerto, pero ella lo ocultaba y decía que estaba de viaje, porque todos querían quitarle el reino alegando que una mujer no podía gobernar. Yemajá se había mirado con Orunmila, que le vio este Ifá y le dijo: «Haz ebó para el mar, que por ahí te viene una suerte grande».
Los pescadores cogieron la caja en la que estaba Shangó y la llevaron al muelle, justo cuando Yemajá estaba botando el ebó en el mar. Al abrir la caja, todos vieron a Shangó con el pescado en la cabeza y se formó mucha algarabía. Yemajá fue a ver y, cuando vio el Odu-Ará y el collar de Orunmila, dijo: «Esta es la suerte que Orunmila me dijo». Se puso contenta, se echó a bailar y dijo: «Ese que está ahí es mi marido, que ha regresado»; le puso su corona y lo sacó de la caja. Entonces los dos gobernaron en la tierra Owo Eyo Tolokun, pues Shangó había perdido la memoria por culpa del golpe que le dieron en la cabeza en su tierra, y así comenzó una vida nueva.
Nota: el pargo, después del ebó, se le ruega la cabeza a la persona, y cuando se le quita la rogación se le da de comer las dos palomas junto con Shangó y Yemajá.
37.El nacimiento de la tenaza del cangrejo
En este camino, Akan, el cangrejo, se llamaba Alakasha y tenía una deuda enorme con Eiye, la tojosa, y no podía pagarla, pues los intereses eran muchos y, por más que quería liberarse, no podía hacerlo. Entonces fue a mirarse con Orunmila, le salió este Ifá y se le dijo que para pagar sus deudas tenía que hacer ebó con lo arriba descrito. Alakasha Akan hizo el ebó, y después del ebó Orunmila le dio un par de tenazas.
El acreedor de Alakasha era la tojosa macho (Agoiyé), que, cansada de pedirle el pago al cangrejo, fue a ver a la víbora (Ejó Burú) y le dijo que si lograba hacer que el cangrejo pagara la deuda, partiría el dinero con ella. La víbora aceptó y prometió que, si en siete días no pagaba, iría a cobrarle. Al séptimo día, como el cangrejo no pagó, se presentaron ambos a cobrar.
Alakasha Akan, que estaba en la puerta de su cueva, los vio venir, corrió hacia el interior y se puso las dos tenazas. La víbora llegó a la puerta de la cueva junto con la tojosa y llamaron al cangrejo para que pagara sus deudas, pero este no salía. Entonces la víbora entró en la cueva; el cangrejo la cogió por el cuello con sus dos tenazas, la mató y comenzó a comérsela. Agoiyé, que esperaba en vano el retorno de la víbora, se cansó y le dijo al cangrejo: «Bien, quédate con el dinero, que yo me voy».
Así, por obediente, el cangrejo venció, y Orunmila le dio las dos tenazas para que siempre le sirvieran de defensa.
38.Baba Akikibiti y los guardieros de la puerta
Baba Akikibiti adivinó para Orunmila (Odigbere) cuando Arun, la enfermedad, e Ikú, la muerte, amenazaron con visitar su casa. Ifá le aconsejó preparar dos Seguidi Anonu, una forma de Eshu, con 200 hojas de distintos tipos de hierba pegadas a ellos; ponerles un machete de madera para que lo sostuvieran en las manos y una pieza de kolá en sus bocas. Se les daría un chivo a estos muñecos, y después colocaría uno en la puerta delantera y el otro en la puerta trasera de la casa. Odigbere hizo el sacrificio siguiendo las instrucciones de Ifá.
La Muerte llegó a la puerta delantera de la casa de Odigbere y saludó al muñeco así:
Seguidi no respondió. La Muerte dio la vuelta, fue por la puerta trasera, hizo lo mismo, obtuvo el mismo resultado y se fue. La Enfermedad vino después y repitió las palabras que antes había dicho la Muerte; Seguidi tampoco respondió, y también se fue. Esto fue lo que hizo Odigbere para prevenir la llegada de la Muerte y la Enfermedad a su casa.
39.La victoria de Shangó sobre sus enemigos
Una vez Shangó estaba rodeado de enemigos y fue a ver a Orunmila, quien lo miró y le salió este odu: Odigbere Ikan Arayé. Ifá le aseguró la victoria sobre sus enemigos si sacrificaba 1 carnero padre y 6600 cauríes. Shangó realizó el sacrificio y fue victorioso.
40.El Ogún familiar del Obá Oniresambe
El buen entrenamiento, la honestidad y la habilidad para interpretar correctamente los mensajes codificados de Ifá salvaron la vida del Babalawo Ehoro, el conejo.
La historia de este verso involucra principalmente a cuatro personajes: un rey y tres Babalawos. Un Ogún real había sido enterrado en el palacio un siglo antes de que el Obá Oniresambe ascendiera al trono, y los esfuerzos anteriores por encontrarlo, hechos por los Obás que lo precedieron, habían resultado infructuosos.
Como nuevo rey, Oniresambe estaba muy preocupado por mantener vivo su Ogún familiar. Investigó todos los posibles puntos dentro del palacio donde pensaba que el Ogún podía estar enterrado, pero sus búsquedas fracasaron. Consultó a todos los mayores de su familia y del pueblo, pero nadie sabía dónde estaba enterrado. Al fin, decidió consultar a Ifá en busca de ayuda.
El primer Babalawo al que mandó buscar fue Aja, el perro personificado. Cuando el perro llegó al palacio, el Obá hizo su aniyan a Ifá, susurrándole su preocupación. Tras la Mo-juba, la reverencia necesaria, el perro consultó a Ifá y salió Idin Ogbe. El perro descifró muchos mensajes de Ifá para el Obá, pero omitió un punto vital: no dijo nada sobre la búsqueda del Ogún perdido de la familia, que era la razón principal de la consulta. El Obá le dijo al perro que no había hecho el ja’fa, que no había dado con el motivo principal de su consulta y, para sorpresa del perro, ordenó ponerlo en la cárcel.
Decidido a encontrar el Ogún a toda costa, el Obá mandó buscar a otro Babalawo, cuyo nombre era Akuko, el gallo personificado. Cuando el gallo llegó al palacio, el Obá hizo su aniyan a Ifá; el gallo consultó y salió Idin Ogbe. Igual que el perro, el gallo no hizo el ja’fa. Cuando terminó sus mensajes, el Obá le preguntó qué recomendaba Ifá para el ebó. El gallo y el perro eran enemigos, y el gallo vio en la pregunta una gran oportunidad de librarse de su enemigo: respondió que el perro era lo requerido para el ebó. En lugar de tomar al perro para el ebó, el Obá ordenó encerrar también al gallo.
Sin arredrarse por los fracasos del perro y del gallo, y preguntándose qué hacer para encontrar su Ogún familiar, el Obá mandó buscar a un tercer Babalawo: Ehoro, el conejo personificado. Antes de ir al palacio, el conejo fue a su propio Babalawo por adivinación, porque sabía instintivamente que una gran tarea lo esperaba; consultar antes de responder a la llamada real era su manera de reforzarse espiritualmente. El nombre del Babalawo que consultó era Orere-tanun-tanun. Este lo adivinó, le ordenó hacer el ebó necesario y realizó para él el trabajo espiritual requerido. Al final, Orere-tanun-tanun le dijo al conejo que el Obá Oniresambe buscaba su Ogún familiar, enterrado profundamente durante mucho tiempo, y que el punto donde estaba enterrado se hallaría a 16 pasos de dondequiera que el Obá estuviera de pie o sentado cuando él llegara al palacio.
El conejo salió para el palacio. Cuando llegó, el Obá hizo su aniyan a Ifá; el conejo consultó y salió Idin Ogbe. Le dijo al Obá que estaba buscando algo muy importante para la familia real; que sus esfuerzos pasados por encontrarlo habían sido infructuosos; que la cosa se encontraría haciendo ebó; y que lo que buscaba no estaba lejos: se hallaba bajo tierra, a 16 pasos de donde el Obá estaba en ese momento. El Obá le preguntó qué se necesitaba para el ebó, y el conejo respondió que los requisitos eran el perro y el gallo.
Era un hecho que el Obá buscaba su Ogún familiar, y también era verdad que hasta ese momento nadie se había acercado a conocer las razones reales de su consulta. Por eso, cuando el conejo dio en el punto, el Obá quedó muy impresionado y se convenció de la verdad de la adivinación: era un buen Babalawo. Con confianza plena en que su Ogún familiar por fin aparecería, el Obá realizó rápidamente el ebó: el perro y el gallo fueron sacrificados inmediatamente a Ogún y a Eshu. El conejo suspiró con un profundo alivio, doble además: primero, estaba feliz de haber descifrado con precisión los mensajes de Ifá para el Obá; segundo, ya no tendría que temer por su vida a manos del perro y el gallo, que habían sido una gran amenaza para él.
Realizado el ebó, el Obá contó 16 pasos y marcó el punto; los mensajeros del palacio fueron convocados para excavar. Como predijo Ifá, encontraron el Ogún tras un par de semanas de excavación. El descubrimiento causó una celebración en el palacio, y en medio de la alegría las personas empezaron a agradecer a Olodumare y a Orunmila, y cantaron en alabanza del conejo:
Idin Ogbe dice que el consultado, o alguien cercano a él, está buscando un tesoro familiar. Ifá revela que la persona había consultado a otros dos Babalawos antes de llamar al presente. Además, dice que lo que se busca es particularmente un Orisha familiar, de Ogún, o una cosa antigua; también podría ser que la persona busque información sobre el Orisha Ogún, o sobre la pérdida de una valiosa propiedad o tesoro familiar. Ifá advierte al Babalawo que en esta adivinación debe hacer los ebós para su propia seguridad, porque los otros dos Babalawos que la persona consultó antes se encontraban en problemas, probablemente en la cárcel, a causa de sus mensajes espirituales inexactos.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.
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Los 16 odù de la familia de Odi
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