Ogbe Yono
Ogbe Ogunda · Ogbe Oligun, Ogbe Suru
«Quien rescata al mundo de las garras de Eshu, quien hizo elogio de la paciencia, el que proclamó cómo obtener una buena cabeza. Se lanzó Ifá para Ájala».
Rezo de Ogbe Yono
Ogbe Yono Aya Adé mowaye ereni laye adifafun Oduduwa wayeni efa ewaye Oduduwa Ikú seguere, Arun seguere, ofo seguere, Eyó seguere, Ogu seguere, Onilú seguere, Ashelú seguere, ona seguere.
Traición y Repercusión.
En este odu nace
- El ebó Shiré.
- El porqué se le ofrece chivo capón a Oshún.
- El collar de mazo de Ifá (Iñafá).
- Los ganchos de la carnicería.
- Las muelas.
- Ayalá, Obatalá constructor de las cabezas, que recibe ofrendas en los sacrificios.
- La unificación del mundo y la unión de los seres humanos.
- El empaste de los dientes.
- El poner el hueso de Egun a Elegba.
- Las alteraciones del páncreas.
- El coger de la plaza Ekobi Enyobi Abakuá.
- Que aquí es donde no se enterraban los muertos.
- Que se toque la cabeza con el ókpele y los Inkines para adivinar a las personas.
- Que le hicieran Ifá a Babalú Ayé y se le llamara Oluwo Popo.
- Asentar Osha por primera vez.
- El nacimiento de Ogún Shiro Shero.
- El embalse de agua (la presa).
Señala
- Tres operaciones y dificultades en el ojo.
Aquí hablan Shangó, Oduduwa, Oluwo Popó y Oshún
- Habla de alteración del páncreas.
- De que la persona se puede quedar impotente y pasar un bochorno por flojedad sexual.
- De falta de respeto y ofensas en el matrimonio de ambas partes, ya que a ella su marido no le interesa como hombre.
- Del gran ladrón: vive y disfruta de los bienes del Estado, es el gran malversador del erario público.
- De bochorno y de que usted, por soberbia, puede usar un arma y tener una desgracia.
- De que existe oposición en las relaciones amorosas.
- De embolias, virus, colitis, operaciones, la presión y el corazón.
- De que la persona está caída y los enemigos se ríen.
- De problemas en el estómago producto de padecimientos en la boca.
- Del desbarate de un altar, y por eso tienen atraso.
- De separación y de alejamiento: se resuelve con dos gallos blancos (camino de la unificación de las tierras).
- De gandición y glotonerías, por lo que debe respetar al caimán.
- De tragedia y bronca donde se han empleado armas, y están presos o lo estarán.
- De quedarse tuerto o enfermo de un ojo.
- De la muerte de un niño.
Este odu prohíbe
- El hijo de este Ifá no debe comer palomas más nunca en su vida.
- No se pueden ingerir bebidas alcohólicas.
- No levante la mano a ninguna mujer.
Este odu recomienda
- Cuídese las piezas de la boca y del estómago y vaya al médico.
- Recibir a Brosia.
- Cuando el Awó se ve este signo, ese día no se sienta a la mesa.
- Haga ebó para evitar futuros problemas de impotencia.
- Haga ebó para que pueda salir hacia otro lugar y no vaya preso.
- Cuidado con embolias, colitis, virus, operaciones, la presión y el corazón.
- Cuidado no se convierta en esclavo de los que hoy son sus esclavos.
- Cuide su casa y no pelee con su cónyuge para que alcance la suerte.
- Reciba primero a Elegba y después complete el resto.
- Respete el caimán y no sea glotón ni gandido.
- No pelee con su mujer ni la bote, porque le puede pesar.
Refranes de Ogbe Yono
- Abre la boca, habla fañoso, calma vuestra hambre.
- Las ovejas todavía están vistiendo su lana del año pasado.
- La mejor fortuna: el tener, el poder y el saber.
- El gandido agranda el vientre y achica su cabeza.
- Chivo que rompe tambor con su pellejo paga.
- Según los cocodrilos vivan en el río, así Ogbe Yono será eterno.
- La oveja que se asocie a un perro comerá excremento.
- El que lleve candela en las manos no puede esperar.
- El que cometa adulterio con la esposa de un hombre siempre será su enemigo.
- El dinero en el mundo lo encontramos, y en el mundo lo dejamos.
- El hombre hace de un joven un viejo; un vientre lleno hace a un joven viejo.
- El ojo no mata al pájaro.
- Cuando el chivo jíbaro está vivo, el cuerpo no se puede usar para tambor; pero cuando muere, nadie vacila en usar su piel como tambor.
- Yo recorro todo el mundo: esto fue lo que le dijo Olofin a Oduduwa.
Hierbas del odu
- Jobo
- Olobotuye
- Atiponlá
- Sigüaraya
Eshu del odu: Eshu Agelo
Este Eshu se monta en un caimán disecado que cuida la casa de Ogbe Yono. Vive sembrado en una ikokó con: tierra del cementerio, tierra arada, 4 Inkines, tierra de cangrejo, tierra de una laguna, del río, del mar, de un matadero, de una cárcel, un mata y un lamí-lamí (caballito de mar), corazón, ojos y cabeza de gallo, 3 colmillos de caimán, erú, obí, kolá, osun, cuero de caimán, 21 pimientas de guinea, 21 piedras chiquitas chinas pelonas, 21 piedras chiquitas de la costa o playa, prodigiosa, hierba fina, bledo colorado, pata de gallina, helecho macho, raíz de Ceiba, de mangle rojo, de jagüey, amansa guapo, vencedor, vence guerra, vence batalla, paramí, yamao, cambia voz, tres azabaches, tres corales, tres ámbar, oro y plata.
Se le ponen ojos y boca de caracoles y cuchillas con plumas de loro y de hueso de muerto. Se le pone un collarcito con semillas de piñón y se le hace un asheré de semillas de mamey, que se rellenan con huesitos de caimán, para tocarlo. Va rodeado de una cadena.
Relación de obras del odu Ogbe Yono
Cabeza de guineo de Azojuano (se pregunta cuántas), un aguoná, codorniz, corojos (se pregunta cuántos), tierra de bibijagüera, Iyefá de Ogbe Yono rezado, y se pregunta cuántos palos fuertes y cuáles son.
Se le da un chivo a Elegba y se reparte la carne en la manigua. Con la piel se forra un taburete para sentar un muñequito; de la piel se coge un pedazo para forrar un Inshé-Osanyin, y el resto se pone de alfombra de Elegba. Los tarros se cargan para ponerlos a Ogún.
Tomar tisana de mangle rojo, mastuerzo y médula de cobo como agua común.
Polvo de cabeza de gallo y de gallina, tierra de distintos colores, pelo de tigre o leopardo, muchos palos, obi motiguao, obi, edún, orogbo, eru, airá, jutía ahumada, manteca de corojo, maíz tostado.
Tomar cocimiento de ewe Yini (cundeamor) con agua de la sopera de Oshún y un huevo.
A Orúnmila se le pone un plato con 16 ramas de albahaca del santísimo, y el viernes antes de las 12 del día se prepara un Ebó-misi con esa albahaca, cascarilla, carne de res cruda, ero e Iyefá del odu para bañarse. Después de haber dado las 6 de la tarde, una jutía y dos guineos a Azojuano.
Se coge un palito largo de guayaba con una punta afilada; en un plato se pintan Oshe-Tura, Ogbe-Yono y Otura-She, encima se pone el palito y se le da comida con Elegba y se canta:
Afafa Bokino Fatawao Made.
Después los dientes se limpian con ese palito.
Yamao, paramí, abre camino, resedá, sacu-sacu, dormidera, no me olvides, pega pollo, vencedor, canela, oñí y agua de río y de lluvia.
Se necesitan 16 palomas blancas y 8 Awoses; cada uno coge dos palomas y con ellas, al unirse, cubren la cabeza de Ogbe Yono, y cada uno de los Awoses reza dos odus Mejis de Ifá. Después le hacen Sarayeye con todas las palomas y se le da a Obatalá.
Se coge una jícara con agua, se le echa un pedacito de ñame y se pone detrás de la puerta de entrada de la casa; también se le echa un pedacito de cepa de plátano e Iyefá. Con un pollito pequeño se limpia a todos los presentes y se mata junto a la jícara, echándole sangre dentro. Después el contenido de la jícara se rocía por toda la casa, machacando antes el contenido de la jícara y el cuerpo del pollito y echándole manteca de corojo. Posteriormente se recoge todo y se hace una bola que se lleva al pie de una mata de cardón llamando a Azojuano.
Oduduwa.
Se tomará uno de los dilogunes de Oshún y agua de la sopera, se le untará manteca de cacao y se le pasará por el ombligo a todos los presentes rezando el odu.
Patakíes del odu Ogbe Yono
1.Las 460 divinidades y el rescate del mundo de las garras de Eshu
En los tiempos de la segunda habitación de la Tierra, Olodumare había creado 460 divinidades subordinadas. La Tierra crecía y prosperaba con vigor, pero al Cielo llegaban noticias de que se había convertido virtualmente en el reino de Eshu. Fue Ogbe Oligun quien reveló cómo las 460 divinidades fueron por adivinación para saber qué hacer para rescatar al mundo de las garras de Eshu.
En la adivinación les aconsejaron dar un chivo a Eshu y servir todas sus cabezas juntas con un carnero padre, para evitar que anduvieran contradiciéndose y peleando unas con otras. Se alegraron de rogar sus cabezas con el carnero padre, pero se negaron a ofrecerle el chivo a Eshu, porque aquel era el gran enemigo al que venían a combatir en la Tierra. El lugar donde rogaron sus cabezas fue la calle Kolanut del Cielo, un sitio llamado Igun. Después de comer el alimento del sacrificio, cada una decidió tomar un nombre antes de salir al mundo; y antes de terminar aquel ejercicio, Eshu ya había influenciado las mentes de algunas de ellas.
No obstante, decidieron ir a matar a la cabeza de la casa de Igun. Sanpana, la deidad de la epidemia, las retó a justificar la acción que se proponían; sobrevino una pelea, y al final la mitad rehusó acompañar a las demás al mundo. Así fue como la mitad de las divinidades subordinadas permaneció en el Cielo mientras la otra mitad vino a la Tierra. Aun antes de dejar el Cielo para cumplir su objetivo contra Eshu, ya estaban siendo tomadas por Eshu. De este modo Ogbe Ogunda ganó el nombre de «Ogbe Oligun».
Cuando este odu aparece en Igbodun, la persona debe servir inmediatamente a Otalerun-Imale (Osagbaye en Benín) fuera de la casa, dar un carnero padre a su Ifá y un macho cabrío a Eshu, para evitar contraer una enfermedad infecciosa.
2.Los tres amigos que venían al mundo y las cabezas de Ajala
Estos fueron los nombres de los dos Awoses que adivinaron para tres hermanos antes de que salieran del Cielo para la Tierra: Orisekuo, el hijo de Ogún; Orile Imere, el hijo de Osanyin; y Afuwakpe, el hijo de Orúnmila. Tras decidir visitar el mundo, fueron por adivinación para saber cómo prosperar en la Tierra, y a cada uno se le aconsejó hacer sacrificio. Ninguno estuvo de acuerdo en hacerlo.
La tradición del Cielo manda que todo el que viene al mundo pase por el moldeador de cabezas del Cielo, llamado Ajala, a comprar una cabeza. Quien hace sacrificio antes de elegir tiene la suerte de escoger la cabeza afortunada; quien no lo hace, tiene la desdicha de elegir la cabeza de la mala suerte. Como ellos rehusaron el sacrificio, sufrieron estos destinos: Orisekuo, el mayor, escogió una cabeza de pobreza; Orile Imere escogió la cabeza de un Fae (Igbakhuan en Benín e Imere en yoruba); y Afuwakpe, el más joven, escogió una de sufrimiento. Al llegar al mundo, sus experiencias transcurrieron a la luz de las cabezas escogidas: tras luchar en vano por avanzar, cada uno murió a edad temprana y regresó al Cielo a escoger una nueva cabeza.
Una vez más fueron por adivinación, y se les aconsejó sacrificar tres bolsas de dinero —hoy el equivalente de N 1.50— y sal a la divinidad del Obstáculo (Elinini o Idobuo), y dar un macho cabrío a Eshu. De nuevo rehusaron. El hijo de Ogún prefirió confiar en la fuerza de su padre, que lo equipó con todos los instrumentos de la fuerza física; el hijo de Osanyin confió en la fuerza diabólica del suyo, que le preparó todo tipo de hechizos; el hijo de Orúnmila confió en la sabiduría de su padre, que le aconsejó no escoger cabeza ni regresar a la Tierra sin hacer el sacrificio: sirvió a Eshu con un chivo y obtuvo los materiales para servir a Elinini.
Orisekuo y Orile Imere volvieron al molino de Ajala y escogieron cabezas hermosas sin el consejo del moldeador, pues en ese momento Ajala estaba preso por la divinidad del Obstáculo, con quien estaba endeudado, y Elenini juró retenerlo hasta que pagara sus deudas. Ajala solo pudo decirles a los visitantes que fueran a su fábrica y escogieran; así tomaron las que consideraron mejores y salieron hacia el mundo. En el camino se encontraron con Afuwakpe, que les admiró las cabezas nuevas. Cuando este llegó a la fábrica y halló preso al fabricante, rehusó escoger por sí mismo, diciendo que no sabía distinguir una buena de una mala. Preguntó cuánto debía Ajala, y eran tres bolsas de dinero: metió la mano en su bolsa y sacó el dinero del sacrificio, que era la cantidad exacta que hacía falta. Elenini soltó a Ajala. Cuando Ajala recordó que no tenía sal para la sopa y debía ir al mercado, Afuwakpe le dijo que no se molestara: él tenía la sal que necesitaba.
Agradecido, Ajala le dijo que escogiera su cabeza. Afuwakpe tomó la más llamativa y mejor parecida del grupo, pero Ajala le advirtió que los objetos más atractivos no eran los mejores: él mismo le escogió una cabeza fuerte, tolerante y próspera, y se la dio al hijo de Orúnmila, que regresó a la Tierra después de darle las gracias. En cambio, antes de que los hijos de Ogún y de Osanyin llegaran a la última colina, llovió con fuerza y las hermosas cabezas se rompieron. Tuvieron que volver al Cielo por un tercer par, decididos esta vez a hacer el sacrificio señalado, y en el camino de regreso se cruzaron con el hijo de Orúnmila, que iba hacia la Tierra con su nueva cabeza sostenida firmemente sobre los hombros.
Cuando vieron a Ajala, este les preguntó por las cabezas anteriores, y al saber que se habían roto les ordenó pagarlas primero. El hijo de Ogún tenía dinero suficiente para pagar la anterior y una nueva; el hijo de Osanyin alcanzó a pagar la anterior, pero no la nueva, y Ajala le permitió escogerla a crédito. Este incidente explica por qué las imágenes que están sobre el santuario de Orúnmila y de Ogún son muy fuertes y duraderas, mientras que las demás imágenes y los recipientes son propensos a romperse con facilidad.
Cuando este odu sale en el cuarto de Igbodun, se le aconseja a la persona pagar una deuda que debía en el Cielo si desea prosperar en la Tierra, y preparar su santuario de Eshu con un chivo, para evitar cualquier error que pueda repetir en su ceremonia de Ifá.
3.Erumen, el ñame, cuando venía al mundo
Erumen (omí bebi) es un tipo de ñame. Ella fue por adivinación a Ogbe Oligun antes de venir al mundo, y el Awó que adivinó para ella en su casa se llamaba:
El Awó le aconsejó hacer sacrificio con una esponja, un palo afilado y puntiagudo y un machete, para no sufrir en manos de sus compatriotas mujeres en la Tierra; también servir a Eshu con un macho cabrío y desmelenar una gallina, para tener honor y respeto. Ella no hizo lo ordenado.
Al llegar al mundo creció y se puso muy bonita, dotada de un rico follaje que despertaba admiración general. Cuando quedó embarazada dio a luz un hermoso tubérculo, y cuando este maduró y estuvo listo para la siega, su esposo, el campesino, la arrancó de cuajo con una estaca afilada y puntiaguda; después lavó su cuerpo con una esponja y peló su piel, y aquello la hizo enfermar. De ese modo, los materiales con los que debió hacer el sacrificio en el Cielo se convirtieron en su ruina en la Tierra.
Al ver el cambio de su cuerpo, el campesino la vendió en el mercado; eso explica por qué el ñame blanco (Erumen u Omí) no siempre se guarda en el granero: se cocina y se vende cuando se cosecha. Las mujeres lo compran para cocinarlo, y al llegar a casa sacan el machete y lo usan sobre su cuerpo. Cuando ella recordó que el machete era el tercer instrumento con que le aconsejaron sacrificar en el Cielo para evitar enfermedades y sufrimientos en manos de las mujeres, gritó: Moo Juuya, que significa «he sufrido». Ese es el ruido que produce Erumen, el ñame, cuando el machete se usa sobre él hasta nuestros días.
Después de cocinado, sus pedazos se ponían dentro del mortero mientras el pisón lo golpeaba. En ese punto ella recordó y gritó los nombres del Awó que adivinó para ella en el Cielo:
4.Adivinó para la Luna
La Luna, el Sol y las estrellas son los tres hijos de la divinidad de la Luz. El Sol brilla con fuerza desde que amanece hasta el anochecer; las estrellas brillan con belleza durante la noche. ¿Por qué razón la Luna ostenta lozanía y frescura, y también decadencia?
Esos fueron los Awoses que adivinaron para la Luna, aconsejándole hacer sacrificio para que su suerte no anduviera ondulando en zigzag: debía servir a Eshu con un macho cabrío, gallo, ekó y pan. Después de la adivinación pensó que sería superfluo sacrificar, puesto que estaba dotada de todo lo que alguien pudiera desear: encanto, tranquilidad, popularidad y fama.
No mucho después apareció en el horizonte, y todo el mundo se alegró por su belleza y esplendor; le llevó 28 días desarrollarse hasta su tamaño completo. Eshu se levantó y preguntó quién era aquella a quien se le dijo que hiciera sacrificio y se negó, y sus seguidores contestaron que la Luna no lo realizó. Entonces Eshu empezó a soplarla y a reducir su tamaño, hasta que se puso tan pálida y anémica que ya nadie se preocupó por mirarla; eventualmente palideció y se volvió insignificante. Esa es la razón por la que, después de florecer en toda su plenitud, la Luna comienza a deteriorarse: por causa del sacrificio que rehusó hacer al comienzo de los tiempos.
Cuando este odu sale en adivinación para un niño recién nacido, se les aconseja a los padres hacer sacrificio para evitar el riesgo de enfermedad en la sangre o deficiencia sanguínea durante su vida. Si se manifiesta para un adulto, se le aconseja sacrificar para poder evitar la anemia o la leucemia.
5.Ogbe Oligun revela la gran perseverancia de Orúnmila
Fue Ogbe Suru, el apodo de Ogbe Oligun en la Tierra, el que reveló la inagotable paciencia de Orúnmila. Orúnmila declaró que, aunque parece débil y enclenque, cuando decide moverse puede ser rápido como el relámpago. Cuando es ofendido, le toma tres años reaccionar, dejándole así suficiente tiempo al ofensor para arrepentirse y buscar el acercamiento; y aun cuando decide tomar la ofensa, su reacción es tan lenta como el movimiento del caracol. Aunque dotado de cien pares de pies, se mueve lentamente. Y continúa diciendo Orúnmila: cuando su movimiento es obstruido por una roca del camino, se enrolla como el cienpiés y espera a que madure el follaje de los árboles y caiga al piso, para formar un puente que le facilite pasar por encima de la roca; y si su movimiento lo obstruye un árbol caído, espera a que el árbol se eche a perder antes de continuar.
Tiene que ser verdaderamente una ira horrible la que pueda sobrevivir el tiempo que toma corroerse y deteriorarse un árbol caído, o el que tarda el follaje en amontonarse sobre la roca. Así es como Orúnmila enseña y encarga a todos sus hijos y partidarios a desarrollar una disposición de paciencia inagotable cuando alguien los ofenda. El dictamen de Orúnmila es este: las medicinas y los hechizos pueden fallar como remedio, pero la eficacia de la paciencia nunca falla.
6.Orúnmila hace elogio de la paciencia: Ewure, la chiva
Orúnmila dice que, para poder seguir sus caminos, hay que aprender el arte y la eficiencia de la perseverancia. Las medicinas y los preparados diabólicos pueden fallar, pero la paciencia es tan constante como la existencia del Cielo y la Tierra. La paciencia requiere dominio sobre uno mismo y habilidad para resistir la tentación de vengar la maldad: si uno es ofendido por la acción determinada de los demás, no se espera que reaccione con venganza, sino que deje el juicio a las divinidades, que seguramente intervendrán a favor de la justicia. La gente está expuesta a incomodarse a menudo, pero no se debe permitir que el carácter irascible se extienda por más de una noche, porque el calor del agua hervida no dura desde el anochecer hasta el amanecer.
Aunque Orúnmila nunca perdona a los que seducen a su esposa, es estoico en su actitud frente a la seducción: cualquiera que seduzca a su esposa, así como la esposa que se deja seducir, paga costosamente al final por su transgresión. Ewure, la chiva, esposa de Orúnmila, gustaba de decirle que tenía muchos admiradores más atractivos que él. Un día lo desafió diciéndole que un admirador llevaba tiempo coqueteándole, y que si él no le permitía cohabitar con aquel hombre, lo abandonaría para casarse con él.
Confrontado con el ultimátum, Orúnmila le dijo que era libre de invitar a su amante a la casa, en vez de correr el peligro de poner en riesgo su vida comprometiéndose en infidelidades secretas. La esposa preguntó si existía algún hombre capaz de desafiar la rojura de los ojos de él para seducirla; entonces se vistió, fue a casa de su amante y lo invitó a su hogar matrimonial. El hombre nunca pensó que Akpetebi fuera la esposa de Orúnmila. Al llegar, el amante fue invitado por Orúnmila a disfrutar de la comida que él mismo había preparado; Orúnmila vistió su cama y le hizo señas a su esposa para que se acostara con el amante, mientras él dormía en otro cuarto. Ya acostados, la mujer acarició a su amante para hacer el amor, pero este, después de vacilar, rehusó tener sexo con ella, argumentando que no conocía las intenciones del marido. Antes del amanecer el amante salió huyendo, no sin que antes Orúnmila hubiera ido a buscar agua al río para que su esposa y su amante se dieran un baño. Después de eso, él salió a visitar a sus amigos.
Cuando Akpetebi comprendió que fue por temor a Orúnmila que su amante se negó, salió por la mañana a trenzarse el pelo con un peinado llamado Shuuku, que tiene dos tejidos perpendiculares, y abandonó la casa para instalarse con el amante. Pasó tres años con él, y Orúnmila no mostró ninguna ira. El seductor resultó ser Sakpana, la divinidad de la epidemia. Entretanto, las otras deidades comenzaron a ridiculizar a Orúnmila por su falta de valor para luchar contra el amante. En el tercer aniversario de la seducción vino Ogún y lo acusó de ser un idiota. Orúnmila replicó preguntándole si él estaba molesto por la acción de su esposa; Ogún dijo que si alguna deidad lo ofendiera así, reaccionaría con la fiereza de un león. Orúnmila le pidió que peleara en nombre suyo, si sentía que su cólera era irresistible, y le prometió como recompensa un gallo.
A la noche siguiente, Ogún esperó a que la mujer se durmiera, se trasladó a su dormitorio y la golpeó en la cabeza. Al instante le comenzó un dolor de cabeza tan agudo que cayó en coma. Sakpana fue por adivinación y le dijeron que presentara un gallo al anterior esposo de su mujer; a la mañana siguiente llevó el gallo a casa de Orúnmila, quien se lo dio a Ogún como recompensa. La mujer mejoró, pero no regresó con Orúnmila.
Pocos días después vino Shangó a amonestar a Orúnmila por no usar sus poderes para hacerla volver. Orúnmila le respondió lo mismo: que hiciera lo que pudiera para demostrar su ira, y le prometió un gallo. Shangó salió hacia la casa de Sakpana; por la noche se congregaron las nubes y Oyá, la mujer de Shangó, convirtió la luz en relámpago para que Shangó pudiera ver a la esposa de Orúnmila. Shangó entró y rugió por todo el techo de la mujer: a ella le dio un infarto y quedó inconsciente. Otra vez Sakpana fue por adivinación, y le dijeron que enviara un segundo gallo al esposo anterior; lo llevó a Orúnmila, que a su vez se lo dio a Shangó. La mujer se mejoró, pero tampoco volvió.
Las deidades estaban feroces por haber agotado sus capacidades en vano: era el momento de que Orúnmila reaccionara por poderes. Entonces mandó a Eshu, su árbitro favorito, lo recompensó con un gallo para que trajera de vuelta a Akpetebi y salvara así su dignidad divina, prometiéndole un macho cabrío después de que regresara la infiel. Eshu fue al dormitorio de la mujer por la mañana, le amarró las manos, los pies, la garganta y el pecho, y la golpeó en la cabeza. Sakpana la vio aparentemente dormida, pero bien entrado el día aún no despertaba; al ir a verla la encontró inconsciente e hizo todo lo posible por despertarla sin que se moviera. Comprendió que libraba una batalla sin ninguna posibilidad de vencer y decidió escapar de la casa: fue a ver a la madre de Akpetebi, le dijo que recogiera el cadáver de su hija y entró corriendo al bosque, donde permanece hasta el día de hoy.
La madre llevó a Akpetebi donde Orúnmila para pedirle que salvara la vida de su hija, y Orúnmila le indicó darle un chivo a Eshu. Después del sacrificio, Akpetebi recobró el sentido y se arrodilló a pedirle disculpas. Mientras lo hacía, Orúnmila la apuntó con su vara de autoridad, el Irukere, y sentenció que había deshonrado su masculinidad y su dignidad divina retando su autoridad de esposo; que le tomó tres años arrepentirse, y solo cuando se hallaba entre la vida y la muerte; que de ahí en adelante pisaría el suelo en la posición en que estaba, con las manos y los pies; y que el peinado que llevaba cuando lo abandonó por otro hombre se convertiría en tarros sobre su cabeza.
Así imploró perdón Ewuree, y luego se transfiguró en la cabra que los yorubas llaman Ewuree, por el nombre de la infiel esposa de Orúnmila. Su llanto es el mismo de la cabra de hoy en día.
Si este odu sale en la adivinación para la esposa de un Sacerdote de Ifá, se le aconseja no lanzarse por el sendero de la coquetería con otro hombre, no sea que muera como consecuencia de esto; en el mejor de los casos, saldrá de ello con un fuerte ataque.
7.La recompensa de la perseverancia: los tres príncipes
Cuando Olofin murió en Ifé tenía tres hijos, llamados Ashikpagale, Afuwagale y Oshikpeletu, que vivían más allá del río. Muerto el padre, los coronadores de reyes fueron en busca de Ashikpagale, el hijo mayor, para que comenzara las ceremonias y tomara el cetro. Antes de partir, este fue por adivinación con Ogbe Suru, que le aconsejó dar un carnero padre a su Ifá, un chivo a Eshu y servir a su entendimiento (espíritu, inteligencia) con sal y tiza, para soportar el pequeño sufrimiento al que estaba destinado antes de ocupar la corona. Le aconsejó ser muy paciente con un embarazoso ultimátum que le sería dado en su camino a casa, que agobiaría su paciencia y podía costarle la vida y la corona.
Ashikpagale se incomodó con la adivinación y juró no realizar el sacrificio: habiendo sido invitado por los coronadores, solo sería cuestión de tiempo llegar a ser el nuevo rey, siendo el hijo mayor de su padre. Invitó a su esposa y partieron enseguida para Ifé. Al llegar al río Omo tuvieron que tomar una canoa. En medio de la travesía, el remero le dijo al príncipe que lo transportaba hacia la gloria y no sabía qué recompensa recibiría por ello. Ashikpagale respondió que se la daría después de ser coronado; el remero insistió, y al preguntarle qué quería, contestó que quería hacerle el amor a su esposa. Ashikpagale reaccionó acusándolo de blasfemia, que se paga con la vida. Entonces el remero viró la canoa, tratando de ahogarlos a todos en medio del río; luego nadó, rescató a la esposa del príncipe heredero y se la llevó a su casa para hacerla su esposa.
Llegaron a Ifé noticias de que el príncipe heredero había muerto en el río Omo, y rápidamente mandaron a buscar a su hermano Afuwagale, quien, sin saber cómo había muerto su hermano, murió de la misma forma, por no hacer el sacrificio ni tener la paciencia requerida.
Por último, los coronadores mandaron a buscar al hijo menor, Oshikpeletu, que se preguntaba qué habría sucedido a sus hermanos. Los mensajeros fueron por él sin decirle el motivo. Él los invitó a comer, y mientras comían fue a casa de Ogbe Suru por adivinación. Ogbe Suru le dijo que sus hermanos ya no existían y que lo mandaban a buscar para ocupar el trono que ellos no pudieron ocupar. Le aconsejó hacer sacrificio con dos esteras (ejiko en yoruba o aghen en Benín), 2 gallos, 2 palomas, un arma de fuego, un cuchillo, un machete y maíz frito. Lo hizo rápidamente. Después, Ogbe Suru le dio la mitad del maíz frito y una de las esteras para el viaje, y le aconsejó aguantarse ante cualquier posible maltrato mientras cruzaba el río: que fuera paciente y no permitiera que ninguna sugerencia vulgar lo pusiera fuera de control. Regresó a la casa y, después de comer los invitados, entraron en la canoa y partieron.
En medio del camino, el remero le pidió que le dejara tener relaciones sexuales con su esposa. Él estuvo de acuerdo al momento. Mientras realizaban el acto, los tapó con la estera que llevaba en sus manos y masticó el maíz, recordando el refrán que dice: «El que mastica maíz no escucha lo que sucede a su alrededor». Los dos navegantes le hicieron el amor a su esposa turnándose antes de que el viaje terminara. Al bajarse de la canoa, les agradeció a los marineros, no mostró ningún enfado y no le mencionó el incidente a nadie.
Después de llegar fue coronado, y ya coronado invitó a los marinos al palacio. Los jefes del Obá se reunieron para mostrarle sus respetos al rey, como mandaba la tradición, y una vez reunidos todos, el rey preguntó: ¿cuál es la recompensa que tradicionalmente se da en respuesta a un buen gesto o acción? Los consejeros y jefes dijeron: «Mi señor, la bondad produce gratitud, así como bien con bien se paga». Entonces el rey informó que fue la magnanimidad y bondad de los marinos lo que había posibilitado su coronación, y los nombró jefes para agradecerles. Luego les hizo una petición más: nombró a dos candidatos para que los marinos los entrenaran en la natación y el buceo, para que fueran capaces de llevar a cabo operaciones de búsqueda y rescate dentro del río. Los marinos agradecieron y aceptaron la misión.
Antes del primer aniversario de la coronación, los dos candidatos se habían convertido en grandes expertos buzos y fueron nombrados en el palacio marineros reales. Al año, se volvieron a reunir los jefes y consejeros para rendir los tradicionales respetos al rey; los dos marinos, ya con títulos de jefatura, también estaban presentes. El Obá hizo entonces otra pregunta inofensiva: ¿con qué hecho se debe retribuir a una persona que ha hecho algo perverso contra otra? Los consejeros dijeron unánimemente: «Larga vida tenga el rey; esto merece un castigo, así como un mal con un mal se paga». Entonces el rey pidió a los dos marineros jefes que contaran lo que les habían hecho a él y a su esposa en el último viaje antes de la coronación; estos solo pudieron pedir clemencia y perdón. El Obá contó cómo habían abusado de él cuando se encontraba entre la espada y la pared, añadió que sus hermanos mayores habían perdido la vida por la misma razón, y pidió a los jefes que pronunciaran el castigo adecuado para aquel acto perverso: decidieron que era la pena de muerte.
En cuanto se pronunció el veredicto, los dos marineros hicieron como que avanzaban para arrepentirse y rendirse, pero huyeron lanzándose al río. El Obá ordenó a los marinos adiestrados que los persiguieran, pues aquel era el motivo del entrenamiento recibido: secuestraron a los malhechores y los decapitaron en cuanto subieron a la superficie, para sacrificio de la madre Tierra y de Ogún, la divinidad del hierro. Concluidas las ceremonias, los jefes se dieron cuenta de la causa de la muerte de los hermanos del rey, suponiendo que habían muerto porque no permitieron que sus esposas fueran deshonradas.
Cuando este odu sale en la adivinación para una persona que aspira a lograr altos objetivos, se le aconseja cultivar la paciencia y el dominio propio, porque cualquiera que sea el sufrimiento humano al que esté expuesta, es probable que no dure más que la hora más oscura de la noche, que es justamente la anterior al amanecer del nuevo día. Debe hacer el mismo sacrificio que Oshikpeletu. Cuando el odu sale en Igbodun, se le aconseja no caer en tentaciones de mujeres, o por medio de ellas, si desea vivir mucho tiempo, y no beber ningún tipo de vino de palma.
8.Ogbe Oligun hace sacrificio contra la pobreza: los sueños de Ajala
Su Ángel de la Guarda le contestó que, a menos que hiciera sacrificio, el dinero no le llegaría: el sueño expresaba la expectativa de la prosperidad que estaba a su alrededor. En la adivinación se le dijo a Ajala que sacrificara una cabra de 3 años, un carnero grande que tuviera testículos sobresalientes, 16 palomas y 16 cauries. No hizo el sacrificio.
Al día siguiente, Ajala tuvo otro sueño del que despertó muy contento: veía muchos niños entrando en su casa. Su Ángel de la Guarda le explicó que el sueño no se manifestaría porque él no había pagado por los niños del Cielo, y que los niños solo llegarían si hacía sacrificio a Ifá con una cabra, gallina y caracoles, con lo cual pagaría por los niños que están en el Cielo. Esa fue la forma en que su Ángel de la Guarda le planteó que no había efectuado el sacrificio.
La tercera noche, Ajala soñó que se había vuelto tan rico que era rey. Mientras se regocijaba, su Ángel Guardián le dijo que había visto una aparición de la suerte que le esperaba, pero que la lograría haciendo sacrificio a Ifá con una vaca, gallina, caracoles y 14 clases de animales, y dando un macho cabrío a Eshu. Ajala contestó que, cuando a un pobre se le dice en adivinación que sacrifique una vaca, este finge estar sordo, porque no puede imaginar cómo adquirirla. Levantó las manos en señal de desacuerdo con los sacrificios recomendados, y vivió en la penuria hasta el fin de su vida.
Como breve explicación: Ajala no necesitaba hacer todos los sacrificios al mismo tiempo. Debió empezar por el sacrificio indicado para que el dinero entrara en su vida; después de entrar en dinero, hacer el siguiente, y así sucesivamente. Eso lo hubiera transformado de por vida con prosperidad y abundancia.
En adivinación se le debe preguntar a la persona si ha tenido sueños como los de Ajala. Esta parte de la revelación de Ogbe Oligun está indicada para interpretarse con todo aquel que sueña con riqueza y prosperidad: en ese caso se le aconseja hacer los sacrificios en orden cronológico, si el odu que se manifiesta en la adivinación del sueño es Ogbe Oligun.
9.Aiye, el hombre ciego
En un posterior intento por demostrar la eficacia de la paciencia, Orúnmila reveló cómo cuatro hermanos y una hermana, nacidos de los mismos padres, intentaron molestar a su hermano mayor, Aiye; el sacrificio que él realizó y la paciencia lo libraron de las perversas maquinaciones de sus hermanos.
Estos fueron los Awoses que adivinaron para Aiye y sus hermanos menores y su hermana, llamados Keeke, Reere, Olugboi y Keke. Aiye era ciego y el mayor de cinco hermanos de los mismos padres. Por eso, cuando este odu aparece en Igbodun, se le pregunta a la persona si es el mayor de cinco hijos nacidos de los mismos padres; si lo confirma, se le dice que debe hacer un sacrificio especial para evitar ser víctima de sus hermanos. En la adivinación se le dice que debe tener su propio Ifá para evitar quedar ciego, y se le aconseja a la luz de la posición que ocupa entre sus hermanos.
Como Aiye era ciego, sus movimientos dependían de su perro, llamado Ere, que lo acompañaba a todas partes y le buscaba comida en el bosque; a pesar de su impedimento físico, el perro lo proveía de abundante carne y alimento. Sus hermanos conspiraron para hacerlo sufrir privándolo del perro, que llevaba en el cuello una cadena con campanas. Le rogaron que se los prestara para una cacería; él dudaba de que el animal les obedeciera en su ausencia, pero ellos le aseguraron que lo harían operar de todas formas. Entonces le quitó la cadena con campanas y lo soltó para que fuera con ellos al bosque. Viajaron por el bosque, pero el perro no tuvo deseos de perseguir ninguna presa y regresaron a casa. Después persuadieron a Aiye de que los acompañara con su perro, y él aceptó con gusto.
Antes de la mañana siguiente, Aiye tuvo un sueño en el que su Ángel de la Guarda le aconsejaba sacrificar sin tardar: ofrecer una guinea a su cabeza y un pollo para Eshu, con el hueso de un conejo y nuez de kolá, para poder regresar a salvo del bosque. Hizo los dos sacrificios aquella noche. A la mañana siguiente salieron todos, incluidos Aiye y su perro, en una segunda expedición de caza. Al llegar, le pidieron que esperara al pie de un árbol mientras el perro entraba con ellos a las profundidades del bosque. El perro cazó animales suficientes para que los cuatro hermanos los llevaran a casa; llevaron la carne y le pidieron a Aiye que esperara en el bosque. Poco sabía él que no tenían intención de regresar por él ni por su perro. Después de avanzar algo en el camino de regreso, se detuvieron a felicitarse por el éxito de la burla; la hermana insistió en volver por Aiye, pero los demás dijeron que lo dejarían morir en el bosque.
Cuando los hermanos partieron, el perro entró en el bosque y regresó con un fruto de nuez de kolá sin partir, que entregó a su dueño; Aiye lo guardó. Hizo un segundo viaje y volvió con un conejo, que Aiye también guardó. En el Cielo, uno de los niños de la casa de Dios estaba muy enfermo, y los Awoses celestiales invitados a adivinar recomendaron un sacrificio con una nuez de kolá sin partir y un conejo; Dios envió mensajeros a buscarlos por el Cielo, sin éxito. Y es que, después de que Aiye realizó su sacrificio para Eshu, este fue al Cielo, provocó la enfermedad del niño, conjuró a todos los árboles de nuez de kolá a guardar sus frutos y a todos los conejos a enterrarse en lo profundo de la tierra. Este acto de Eshu era una manifestación de la proclamación que hizo durante la creación del Universo llevada a cabo por Dios: que aunque él no disponía de capacidad creativa, tenía todos los medios de mutilar todo lo creado por Dios.
Los mensajeros divinos, llamados Ángeles de Dios, se colocaron en los confines del Cielo y la Tierra y escudriñaron todos los rincones, hasta encontrar al ciego sentado al pie de un árbol con su fruto fresco y un conejo vivo. Le preguntaron qué hacía solo en el bosque, y él contó que sus hermanos menores lo habían abandonado allí aprovechando su ceguera. Los ángeles censuraron la acción de los hermanos, pero lamentaron que, por la urgencia de su misión, no podían sacarlo de apuros. Aiye quiso saber cuál era esa misión, y al conocerla les entregó lo que tenía, mientras ellos arrancaban hojas con la mano izquierda y se las daban, diciéndole que cuando ya solo escuchara su voz y sus pasos, estrujara las hojas y se limpiara los ojos. Le dieron la bendición y se marcharon.
Aiye esperó a que el bosque estuviera tranquilo, se arrodilló para dar gracias a Dios, a su cabeza y a su Ángel de la Guarda, y limpió sus ojos como le indicaron: los abrió y por primera vez vio el bosque que lo rodeaba. Su perro fue el primero en notar el cambio de su amo. Tomó a su perro y regresó rumbo a casa. En el camino recogió una estaca, se dirigió a casa de Keeke y lo golpeó con ella hasta matarlo; después le prendió fuego a la casa. Lo mismo hizo con Reere y con Olugboi. Finalmente fue a casa de su hermana; cuando esta lo vio, salió corriendo por detrás de la casa, y Keke entró en casa de Orúnmila pidiendo protección y refugio. Al llegar a la puerta de Orúnmila, Aiye se detuvo, porque está prohibido pelear en la casa de Orúnmila; pidió que sacaran a Keke para matarla, pero Orúnmila le suplicó que tuviera misericordia. Aiye contó lo que sus hermanos le habían hecho y, por petición de Orúnmila, le perdonó la vida a Keke. Ella se puso contenta y cantó:
Así fue como, de los cuatro hermanos y la hermana, solo sobrevivieron dos.
Cuando este odu aparece en adivinación, se le dice a la persona que es uno de cinco hermanos y hermanas de los mismos padres. Si la madre está viva, debe hacer sacrificio para evitar la pérdida de tres de ellos. A la persona se le aconseja advertir a sus hermanos que no ofendan a su hermano mayor, para que su cabeza no les traiga la muerte prematura.
10.La disputa de cinco hermanos por una mujer soltera
Ellos eran cinco amigos que, sin saberlo, cortejaban a la misma mujer. La mujer dividió sus visitas de tal manera que nunca coincidieran dos amantes al mismo tiempo. Entre tanto, tres de ellos —el campesino, el viñador y el cazador— fueron por adivinación, y les dijeron que hicieran sacrificio para evitar perder la vida en una contienda: solamente el campesino lo hizo. Por otra parte, el mercader siempre estaba viajando y visitaba pocas veces a la amante, y el curandero había recibido la advertencia, por un presentimiento, de que su amante era un agente del Rey de la muerte, y se había retirado tranquilamente.
Un día, el cazador y el viñador decidieron visitar a su amante, y mientras seguían su camino cada uno descubrió que se dirigían al mismo sitio: terminaron visitando a la misma mujer. Tan pronto se dieron cuenta de que cortejaban a la misma, sobrevino una disputa y regresaron a casa peleando. Al llegar le contaron el incidente al campesino, quien descubrió que también se referían a su amante. Los tres decidieron ir a casa de la mujer; en cuanto ella los vio acercarse, escapó por la puerta trasera. Ellos empezaron a pelear, y la pelea llevó a la muerte al cazador y al viñador. Los únicos sobrevivientes fueron el campesino, que hizo el sacrificio; el curandero, que no participó en la pelea; y el mercader, que había ido lejos al mercado.
Cuando este odu sale en adivinación, se le dice a la persona que recuerde cualquier disputa que tenga con cuatro personas. Si lo confirma, debe hacer sacrificio y, si es posible, retirarse de la contienda, a pesar de que, si hace el sacrificio, tiene la posibilidad de ganar la disputa.
11.Ogbe Oligun deja el Cielo para venir a la Tierra
Cuando Ogbe Oligun estaba en el Cielo era muy vil y pugnaz, y muchísima gente le temía. Cuando decidió salir hacia la Tierra, fue a pedir sus deseos al altar divino de Dios y después fue a su Ángel de la Guarda, quien le dijo que no viviría mucho tiempo en la Tierra a menos que cultivara el hábito de la perseverancia y la humildad, y le aconsejó ir por adivinación. Le dijeron que libraría muchas batallas en la Tierra y que encontraría pruebas y tribulaciones, pero que sobreviviría si hacía sacrificios al Rey de la Muerte, a Ogún y a Shangó, así como a Eshu, antes de salir. Tenía que sacrificar a esas deidades con 7 jutías, 7 cocos, 7 perros, 7 peces, 7 gallos, 7 pimientas de lagarto, 7 botellas de manteca de corojo y torta de madera roja de Angola, y los sacrificios debían hacerse en 7 días antes de salir. Dio el chivo a Eshu y realizó lo demás antes de partir.
Vino al mundo para convertirse en herrero. Ogún le había dado una vara que fue encastrada en su cabeza, lo que le permitía sobrevivir a todas las batallas terrenales; la vara estaba preparada con la cabeza y la sangre de los perros del sacrificio. Preparó además un hacha con la cabeza de un carnero, que era la fuente de su fuerza al llegar al mundo. Esa es la razón por la que se les prohíbe a los hijos de Ogbe Ogunda comer carne de perro y de carnero durante su vida: si son capaces de prohibirse los dos animales, ninguna dificultad podrá contra ellos.
12.El Cielo le hace la guerra al mundo pecaminoso: Orere y Ogogo
Durante mucho tiempo llegaron al Cielo noticias de los excesos de los hombres en la Tierra. Se convocó al Consejo Divino para considerar qué hacer, y el Consejo decidió enviar dos pájaros divinos, llamados Orere y Ogogo, conocidos de otra manera como las reinas de las brujas. Hicieron un viaje de reconocimiento y, de regreso, informaron que no pudieron encontrar justicia en ningún lugar de la Tierra. El Consejo se enojó y dictó un veredicto de condenación total sobre los habitantes del mundo: a los dos pájaros se les autorizó a saquear y hacer que todos regresaran al Cielo. A Orere se le autorizó a arrancar la cabeza a todos los que encontrara y llevarlas al Cielo, mientras que a Ogogo se le facultó para tomar posesión de un cruce de caminos adecuado en la Tierra y abrir su ano a todos los caminos que condujeran a la bifurcación, para que quien tomara por ellos entrara en sus entrañas y regresara al Cielo. Después de recibir las órdenes, los pájaros hicieron varios viajes a la Tierra, dejando tras de sí rastros de bajas humanas: esposos perdidos o decapitados, esposas e hijos perdidos. Hubo un cataclismo general.
Un día, el pozo fue a casa de Orúnmila en busca de adivinación para sobrevivir a la tribulación inminente de la muerte. Le dijeron que hiciera sacrificio para que las batallas no pudieran alcanzarlo, con un gorro, caracoles, jutía y pescado, y que diera un chivo a Eshu. Realizó el sacrificio en casa de Orúnmila, pero sin añadir su gorro y fallando en dar el chivo a Eshu, y se le dijo que lo llevara a un cruce de caminos. Tan pronto depositó el sacrificio en el cruce, el misterioso pájaro se encontraba haciendo uno de sus mórbidos viajes a la Tierra: en cuanto Orere vio al pozo, le arrancó la cabeza. Por eso, hasta el día de hoy, los pozos no tienen cabeza. Ogogo, por su parte, se había colocado en una estratégica bifurcación del camino por donde todo el mundo tenía que pasar; abrió sus piernas traseras y su ano de tal manera que todo el que pasaba iba a parar a su estómago, y en cuanto se llenó, regresó al Cielo.
A medida que la población era aniquilada, sus 16 reyes se reunieron en Ifé e invitaron a Orúnmila a hacer adivinación. Por esa época, Ogbe Oligun era el Awó prominente en Ifé, y tenía tres sustitutos llamados:
Ogbe Oligun y sus sustitutos se lanzaron a la adivinación para ver la causa de la calamidad y cómo eliminarla. Descubrieron que tenía que haberse hecho un sacrificio con un gorro, jutía, pescado y caracoles: todos los materiales del sacrificio y el polvo de adivinación de Ogbe Oligun tenían que introducirse en el gorro y llevarse hasta el último cruce de caminos del pueblo, y debía dársele un macho cabrío a Eshu. El segundo sacrificio tenía que hacerse cargando toda materia comestible dentro de una calabaza, con un puñal afilado de dos filos amarrado en la parte de atrás del güiro, y depositarlo en el cruce de Orita Ijaloko. Preparados los sacrificios, llegó la hora de averiguar quién los llevaría a la bifurcación del camino.
Ogbe Oligun fue nombrado para usar el gorro que contenía el primer sacrificio y llevarlo al camino que estaba antes del pueblo. Se pidió un voluntario para llevar el otro a Orita Ijaloko, pero nadie estaba dispuesto a caer en las garras de Ogogo. Ogbe Oligun se puso la gorra con el primer sacrificio y fue hasta la bifurcación; cuando se acercaba para depositarlo, Orere se encontraba en su camino de regreso al Cielo y, pensando que le cortaba la cabeza, le quitó el gorro y voló. Él regresó a su casa con la cabeza intacta. La tortuga se había brindado para llevar el segundo sacrificio a Orita Ijaloko: se lo amarraron a la parte trasera y se dirigió al lugar indicado. De pronto se vio atrapada y empezó a luchar en los intestinos del misterioso pájaro; mientras luchaba, el puñal de doble filo cortaba todo lo que obstruía su camino: cortó en pedazos los intestinos y el hígado del pájaro hasta llegar a su corazón. El pájaro rugió, sacudió la Tierra como un terremoto y entregó su espíritu. La tortuga cortó las costillas del pájaro, cayó al suelo para su seguridad y regresó a casa: el sacrificio había sido enclavado dentro del estómago de Ogogo.
Mientras tanto, Orere aterrizó en el Cielo con lo que creía que era una cabeza; cuando tiró la gorra al suelo, los miembros del Consejo vieron que era un sacrificio. Orere, desilusionado, decidió regresar, pero el Consejo Divino le ordenó no hacerlo, porque las gentes del mundo habían hecho sacrificio de expiación, y decretó que nunca más Orere debía volver al mundo a cortar cabezas, porque el Cielo nunca mata después de que la víctima hace sacrificio.
De regreso en casa de Orúnmila habían esperado mucho tiempo a la tortuga, y entonces Ogbe Oligun empezó a cantar:
La tortuga oyó la canción de Orúnmila y replicó:
Así fue como la tortuga anunció el fallecimiento de la reina de las brujas. Cuando regresó, explicó las severas pruebas que pasó en el estómago de Ogogo y cómo el cuchillo del sacrificio terminó con su amenaza. Ogbe Oligun fue coronado Araba de Ifé: así fue como empezó el título de este nombre.
Cuando este odu aparece en adivinación durante una crisis general, se recomienda hacer los sacrificios anteriores para poner fin a la causa de los problemas. (Este era el sacrificio que debía hacerse en Cuba en el año 1994, puesto que la letra del año era Ogbe Yono.)
13.Consejo dado a los hijos de Ogbe Oligun
Ogbe Oligun vivió hasta una edad madura y llevó una vida no violenta con el pasar de los años: la paciencia y la perseverancia fueron sus consignas. Sin embargo, algunos enemigos confundieron su mansedumbre con debilidad y empezaron a desafiarle, y él demostró lo que era capaz de hacer.
Así se llamaba el sacerdote de Ifá visitante que adivinó para Orúnmila cuando sus enemigos lo retaron en una pelea a muerte, e intentó tener cualquier tipo de combate con cualquiera cuando su precaución fue confundida con cobardía. El sacerdote de Ifá le aconsejó hacer sacrificio con la pata de una cabra de manigua, la cual se usaba para preparar una vara especial. Con ella desafió a cualquiera que se le enfrentara, pero nadie lo hizo, porque nunca se le vio enojado. Esta vara especial se les prepara a los hijos de Ogbe Oligun, y con ella pueden destruir a sus enemigos, sin importar cuán poderosos sean.
Cuando nadie aceptó su desafío, él cantó:
14.Cómo Ogbe Oligun resolvió el problema de sus hermanos parásitos
Él tenía tres hermanos que dependían de él, llamados Ishe, Osi y Uya. Le molestaban tanto que no podía tener tranquilidad. Cuando se le hicieron insoportables, fue donde un sacerdote de Ifá llamado Arandele Awonle para que le adivinara. Le aconsejó hacer sacrificio con 4 palomas: debía lavarse con tres de ellas y utilizar la cuarta para rogar su cabeza, rezando para eliminar la amenaza de sus hermanos. Después tenía que soltar las tres palomas con que se había lavado, para que volaran hacia cada uno de sus tres hermanos, y soltarlas temprano, antes de que sus hermanos hicieran sus acostumbradas llamadas matutinas a su casa. Hizo el sacrificio por la noche y, por la mañana, antes de que saliera el Sol, soltó las palomas para que volaran hacia donde sus hermanos.
Ishe fue el primero en salir: al acercarse a la casa de su hermano vio una paloma y corrió tras ella; la persiguió hasta que se perdió con ella en el proceso. Lo mismo le sucedió a cada uno de los otros, Osi y Uya. Al final de aquel día llegaron noticias a Ogbe Oligun de que sus hermanos no se encontraban por ninguna parte: pasaron al olvido a espaldas de él, y se acabaron los peligros de pobreza que le acechaban. Ishe, Osi y Uya significan, respectivamente, necesidad, pobreza y sufrimiento.
Cuando se manifiesta en Igbodun, se le dice a la persona que haga sacrificio para evitar el peligro de hacer las cosas a la mitad (Amubo en yoruba u Osobonomasunu en Beni).
15.Ogbe Oligun adivinó para la mujer estéril
El sacerdote de Ifá irascible, el sacerdote genio vivo y el sacerdote de Ifá tolerante —que era de temperamento plácido porque creía que solamente perseverando podían los padres tener muchos hijos— fueron los Awoses que adivinaron para la mujer estéril, ansiosa de tener hijos. Le aconsejaron amarrar un conejo a la espalda de alguien que ella no conociera, para servir a Eshu. Ella viajó a Alara con el conejo, al santuario de Eshu que pertenecía al rey de Alara.
Cuando rezaba en el santuario, los oficiales del palacio la arrestaron y fue acusada ante el mismo Alara. Estuvo presa unos días y la soltaron después de un juicio simulado. A la mañana siguiente quedó embarazada y dio a luz un varón. El incidente fue informado al rey, que se puso muy alegre; pero como ella rehusó casarse con Alara, no quedó más embarazada. Regresó al sacerdote de Ifá, que le aconsejó repetir el sacrificio. Esta vez, sin saberlo, lo hizo en el santuario de Eshu de Ajero de Ijero, y como si la historia se repitiera, fue arrestada y llevada ante el rey, que quedó fascinado: tuvo relaciones, quedó embarazada y parió otro varón. Se le informó al rey, pero por más que insistió no pudo internarla en el harem.
Convencida de que era capaz de tener otro hijo, regresó a los sacerdotes, y le aconsejaron repetir el sacrificio. Viajó hacia Orangun a hacerlo; nuevamente fue arrestada y llevada ante el rey, que le hizo el amor y la pidió en matrimonio, sin que ella estuviera de acuerdo. Tuvo otro varón, y le informaron al rey de inmediato. Después se retiró a su hogar, en Ifé, donde vivió el resto de su vida. Algunos años más tarde, sus hijos se convirtieron en el Alara de Alara, el Ajero de Ijero y el Orangun de Lla, y ella les presentó a sus tres hijos los sacerdotes que adivinaron para ella.
Siendo ya una mujer mayor, decidió enviar regalos a sus hijos: preparó tres marmitas con perlas, pero las cubrió con cocoyan en la parte de arriba. Cuando el mensajero llegó a Alara, su hijo se puso contento, pero al destapar el recipiente quedó sorprendido al ver que contenía cocoyan, preguntándose si su madre pensaría que él pasaba hambre, y decidió enviar el regalo al hermano que le seguía, el de Ajero. El Ajero de Ijero trató su regalo de forma similar, enviándolo al Orangun de Lla. El adivino de Orangun le aconsejó no subestimar ningún regalo que le enviara su madre, aunque no pareciera muy atractivo. En ese momento llegó el primer recipiente; él se puso muy contento y ordenó a sus esposas cocinar el cocoyan para comerlo. Cuando la esposa quitó el cocoyan de la parte de arriba, se dio cuenta de que el fondo estaba lleno de perlas y se lo comunicó a su esposo. A los dos días, él recibió con alegría los regalos de sus hermanos.
Como las perlas eran muy escasas en esos tiempos, las utilizó para coser coronas, vestidos y zapatos. Después de confeccionarlos, envió a cada uno de sus hermanos un equipo completo de corona, bata y un par de zapatos, por el precio de diez esclavos cada uno. Los hermanos se pusieron muy contentos al pagar por ello, lo cual hizo más rico al Orangun de Lla que a sus hermanos.
En la adivinación se le dice a la persona que debe evitar el peligro de tener un temperamento cambiante y no subestimar ningún regalo que le envíen sus familiares. Debe hacer sacrificio para no perder su fortuna por causa de la ira, el enojo y el desdén ante otra persona.
16.Los dos hermanos: el campesino y el comerciante
Estos fueron los Awoses que adivinaron para dos hermanos, a los que les dijeron que hicieran sacrificio, y ellos lo hicieron. El mayor se dedicó a la agricultura e hizo su granja en el valle; el menor se dedicó al comercio y empezó a recibir beneficios de su negocio desde el inicio. El mayor se lamentaba porque pensaba que había cometido un error al dedicarse a la agricultura, pues no era probable que sus cosechas produjeran frutos hasta la segunda mitad del año. Antes de la temporada de siembra del ñame regresó al sacerdote de Ifá, quien le volvió a asegurar que, si volvía a hacer sacrificio, le llegaría otra opinión en 14 días. Hizo el sacrificio con un macho cabrío a Eshu.
Mientras cavaba la tierra, golpeó una caja de madera que resultó ser un ataúd enterrado hacía varias décadas. Pensando que contenía un cadáver, excavó alrededor sin abrirlo. En la noche soñó con su madre, que le aconsejaba desenterrar el ataúd, abrirlo y ofrecerle la sangre de una paloma y tela blanca. A la mañana siguiente llevó una paloma y un pedazo de tela blanca, abrió el ataúd y encontró perlas, plomo y corales. Extrajo el contenido, lo sustituyó con la paloma y la tela, y lo volvió a cerrar. El hallazgo lo transformó en un hombre de abundancia y opulencia, y fue convertido en el Obá de Itoko. Después de esto, su labranza la hicieron sus esclavos, y él recompensó primorosamente al sacerdote de Ifá.
Cuando este odu sale en adivinación para una persona ansiosa por averiguar qué profesión debe adoptar en su vida, se le debe decir que su prosperidad está en la agricultura o la labranza.
17.Cuando adivinó para el rey de Itoko
Estos son los Awoses que adivinaron para el rey de Itoko cuando compró las personificaciones de la boa, la pitón y el maíz entre sus esclavos. Los esclavos empezaron a pelear entre ellos, porque los recién llegados eran agresivos para vivir en armonía. El rey se puso inquieto, y aconteció que el problema entre sus esclavos solo estaba destinado a sorprenderlo y llevarlo a creer en la realidad de las cosas: su meteórico éxito lo había hecho ablandarse a su propia satisfacción, y sin la disputa que se desencadenó entre sus esclavos, él pudo haber dado por sentada su vida como un jardín de rosas. En la adivinación, Orúnmila le dijo que el éxito que se manifiesta temprano en la vida es seguido a menudo por la repentina desdicha o por la muerte, y que la muerte que asolaba a los miembros de su familia estaba ya tocando a su puerta. Se le dijo que hiciera sacrificio con un pitón y maíz; lo hizo, y prosperó hasta su vejez.
Cuando este odu viene en la adivinación para una persona que está en el apogeo de su prosperidad, se le dice que la muerte, que tradicionalmente ataca a los miembros de su familia, la está acechando. Debe sacrificar para escapar de ella y evitar comprometerse en disputas que tengan que ver con la repartición de herencias.
18.La disputa entre Hero y Unassuming
Hero, hijo del rey; Unassuming, hijo del rey. Hero estaba luchando contra Unassuming y le arrancó su pene. Después, cuando hicieron a Hero rey, le dio caza a Unassuming en el campo, lo desterró y le envió una mujer con la vagina constreñida. Ambos vivían en el bosque, trabajando y comiendo de las cosechas.
Un día, el Dios de la Pureza estaba viajando desde Iranje y tenía hambre. Como iba caminando solo, oyó la conversación entre Unassuming y la mujer, que estaban preparando ñame machacado. El Dios de la Pureza aplaudió con sus manos; al oír el ruido, ellos miraron hacia atrás, lo vieron y mantuvieron sus bocas cerradas hasta que terminaron de machacar los ñames. De esta forma, lo que el Dios de la Pureza tuvo para comer fue ñame hablado (es un tabú para Obatalá comer ñame que no se haya preparado en silencio).
Cuando terminaron de machacar el ñame, se lo dieron al Dios de la Pureza y él comió hasta que estuvo satisfecho. Entonces les preguntó qué hacían en medio del bosque, y Unassuming le explicó que su hermano más joven, cuando estaban peleando, le arrancó su pene, lo desterró al bosque y le envió aquella mujer con la vagina constreñida. El Dios de la Pureza les dijo que seguiría su camino, pero que cada uno debía buscar una babosa y mantenerla hasta que él regresara.
Cuando el Dios de la Pureza regresó, le dijo al hombre que se quitara sus ropas y abriera las piernas. Cuando lo hubo hecho, tomó la babosa y le dijo «¡Ha!»: la babosa salió de su concha y la lanzó contra la ingle del hombre. Hizo lo mismo con la mujer, y la babosa se pegó en su ingle. Les dijo que durmieran juntos, como habían hecho antes. Cuando cayó la noche y estaban dormidos, la babosa de la ingle del hombre se lanzó rápidamente hacia la babosa de la mujer, que tenía su boca abierta, y entraron en el vientre de la mujer. Al poco tiempo, el vientre comenzó a crecer: estaba embarazada.
La gente que vio lo que pasaba le dijo al rey que la mujer estaba embarazada, pero él los contradijo diciendo que eso no podía ser. Cuando ella parió, se lo dijeron al rey y no les creyó. Cuando la mujer salió embarazada por segunda vez, fueron de nuevo a decírselo, y él replicó que, si con sus propios ojos veía que eso estaba sucediendo, podían expulsarlo de su trono y cortarle la cabeza. La gente del pueblo les dijo a Unassuming y a la mujer que fueran al pueblo, y cuando llegaron, todo el pueblo se reunió ante el rey. Cuando el rey se percató de que la mujer realmente estaba embarazada, se levantó y trató de correr hacia la casa, pero el pueblo lo tiró al suelo y le cortó la cabeza.
Ifá dice que no debemos pelear. Un hombre debe hacer sacrificio para que no sea injuriado durante la pelea por sus parientes. El pene de alguien está marcando sus días, y tiene problemas porque no tiene hijos: debe sacrificarle a una deidad para que esta le dé hijos. El sacrificio para el hombre es un chivo grande y un gallo, y una chiva y dinero para la mujer.
19.Oluogodo, el Señor de los Ñames
«Ñame petenleki, cierta cantidad de maíz, 800 pepitas de maíz» era el que adivinó Ifá para Oluogodo, el hijo de «Ekunlempe, quien le dio caza al extranjero dentro del río Níger», hijo de «El que usa la otra punta de la lanza como bastón moraganniganni». Le dijeron que debía hacer sacrificio: dijeron que su cuerpo no tenía salud y que tenía un año para recuperarla. El sacrificio era de 6 gallos y dinero. Oluogodo hizo el sacrificio.
Ifá dice que el cuerpo de alguien recuperará la salud si puede hacer el sacrificio.
Nota: cuando decimos Oluogodom significa «el Señor de los Ñames», y se refiere a Boromun, la Diosa de los Ñames. Ekunlempe significa «el Leopardo de Empe», refiriéndose a Azojuano, el Dios de la Viruela, cuya aldea se llamaba Empe.
20.Se adivinó cómo tener dinero
«Yo voy a través del mundo», el adivino de Egba, y «Yo camino y camino y camino a lo largo del camino y llego al remoto Ijebu con mi ancha espada» fueron los que adivinaron Ifá para los que lloraban todos los días porque no tenían dinero. Les dijeron que tendrían dinero. El sacrificio era cuatro palomas, mucha cascarilla y dinero. Hicieron el sacrificio y comenzaron a tener dinero.
Ifá dice que la persona tendrá mucho dinero: el dinero está llegando, pero debe hacer sacrificio.
21.La unificación del mundo y la unión de los seres humanos
Antes, los seres humanos y las tierras vivían separados unos de otros. Olofin vivía por eso muy triste y acomplejado, viendo la desunión que existía entre los hombres: el que no tenía qué comer se quedaba sin comer, porque nadie le daba ni un pedazo de pan ni lo ayudaba. Obatalá, que también estaba muy triste por eso, fue a ver a Olofin; se pusieron a conversar sobre la situación y llegaron a una conclusión: era necesario mandar a buscar a Shangó para que la arreglara. Obatalá salió en busca de Shangó, pero a quien se encontró fue a Orúnmila. Luego de contarle lo disgustado que estaba Olofin y el acuerdo tomado, Orúnmila sacó el ókpuele, vio este odu y le dijo: no solo hay que buscar a Shangó, sino también a Ogún; pero antes de ir a buscarlos es necesario poner detrás de la puerta de Olofin carnes y velas de Ogún. Después de hecho, salieron en su busca e iban cantando:
Ogún y Shangó vivían uno frente al otro, cada uno en su tierra. Al ver quiénes se acercaban, salieron corriendo a su encuentro y se abrazaron. Entonces les dijeron: esta unión que ustedes han hecho es la que necesitamos en el mundo, para que la vida sea más grata y mejor compartida entre todos, y para que así Olofin viva un poco más tranquilo y contento. Al oír esto, la respuesta no tardó. Shangó dijo: nosotros trataremos por todos los medios, y con la ayuda de todas las fuerzas, que las distintas tierras se unan y que los seres humanos vivan más tranquilos; pero siempre existirán dificultades, la envidia, la ambición y la guerra entre unos y otros. En el mundo —continuó Shangó— no puede ser como ustedes, porque de esa forma se terminan los seres humanos. Ogún y yo haremos que exista alguna unión y buscaremos que algunos seres humanos compartan sus cosas con otros.
Así se dispusieron a regresar a casa de Olofin. Por el camino iban recogiendo un poco de tierra de cada una de ellas, así como de las cosas y productos que había en cada una. Mientras caminaban, Obatalá le decía a Orúnmila que, a su juicio, faltaba algo; en ese momento Orúnmila vio que había un gallo blanco y lo cogió. Al llegar a la casa de Olofin, Orúnmila se sentó e hizo rogación; a Shangó y a Ogún les dio de comer gallo blanco, y después, contentos, fueron a buscar a algunos humanos para enseñarles el bien. Así, Shangó con su palabra y Ogún con su fuerza lo lograron con algunas gentes.
22.Cuando vaya a viajar, consulte con Orúnmila (los tres hermanos)
Había un hombre que murió dejando tres hijos, y ellos tenían que ir a recoger la herencia a una tierra que estaba separada de esta por el mar, haciendo el viaje en barco.
El primero fue a casa de Orúnmila, y este le hizo osode y le marcó ebó, pero no quiso hacerlo y decidió embarcar con su esposa. Se embarcó en un barco cuyo capitán gustaba de quitarles la mujer a los viajeros, y tan pronto el capitán vio a la mujer de Okakan, la cogió y la deshonró; entonces Okakan le reclamó al capitán, y este lo mató. El segundo también fue a casa de Orúnmila y se le dijo lo mismo, pero tampoco quiso hacer el ebó, y cuando embarcó le sucedió lo mismo que a su hermano.
El tercero fue donde Orúnmila, que le marcó el ebó, y él lo hizo. Además, Orúnmila le recomendó que, cuando se embarcara con su mujer, llevara a la criada con la ropa de su mujer y a la mujer con la ropa de la criada, y que cuando pasara algo no reclamara nada. El muchacho hizo el ebó con un gallo, 3 pesos, un real y un medio, y los demás ingredientes, y luego se embarcó. Sucedió lo mismo, solo que, en vez de pasarle a la mujer, le sucedió a la criada, y como no hubo reclamación, él pudo llegar a su destino.
Cuando Ayodogui llegó a su destino lo coronaron rey de esas tierras, y la corte le preguntó si deseaba algo más después de la coronación; le preguntaron si no tenía enemigos, si nadie lo había ofendido. Él respondió que el único enemigo que tenía era el capitán del barco que lo había conducido hacia aquellas tierras y que lo había ofendido moralmente, contándoles lo sucedido a sus hermanos y la suerte que habían corrido. Entonces ordenó que le trajeran al capitán a su presencia; tan pronto llegó, reconoció inmediatamente a su expasajero y se asustó mucho. En el interrogatorio dijo dónde estaban las dos mujeres, que eran princesas de la corte y estaban en su barco. Mandaron a buscar a las dos princesas, y el rey dijo al capitán: tú serás muerto y luego quemado, y tus cenizas serán esparcidas por el mar, para que todos los que son como tú aprendan la lección. Las dos princesas fueron recibidas con todas las ceremonias y toda la grandeza que se merecían, y se quedaron a vivir en el palacio al lado de su cuñado.
Cuando vaya a viajar, mírese con Orúnmila y haga las obras que le marque, para que pueda llegar bien a su destino.
23.La paciencia se hace rey
Aya era una bella serpiente que hacía toda clase de milagros. Ella se cambió en mujer y se casó con el Vodún Anjaca. Un día este se ausentó y le pidió a su mujer que le preparara la comida; al quedarse sola, ella cogió el bastón, el sombrero y sus cosas, y le dijo: «Lo que tú me dejaste tuve que tomarlo para hacer el fuego para cocer». Convencido Anjaca de que más nunca recuperaría sus prendas, repudió a su mujer. Ella se marchó, se encontró con Komoso y se puso a vivir con él; le sucedió lo mismo que con Anjaca, y este la botó.
Ifá estaba preparando las ceremonias anuales y registraba cuando vino el signo Ogbe Yono, donde Elegba anuncia: este año será bueno para todos; tú te casarás, mas para conservar a tu mujer contigo tendrás que armarte de mucha paciencia. Treinta y dos días después entró en su casa una bella y coqueta mujer, y él le preguntó: ¿a qué vienes? A ser tu mujer, dijo ella. Él le dijo: eres tú, y se casó con ella.
Ifá nunca se había casado, y Aja fue su primera mujer. Un día le pidió de comer, pues él saldría; ella cogió el até de su esposo, lo partió en pedazos e hizo fuego con él. Ifá vino, comió y no dejó nada, y salió de nuevo; ella quemó todas las pertenencias de Ifá y mató a todos sus animales. A los 15 días de la ceremonia, ella le dijo a Ifá: todo está distinto, ¿cómo harás? Él le dijo: no te preocupes; mandó a tallar un tablero y compró los animales de nuevo. Entonces Aja pensó: le he hecho daño a este hombre y él me hace bien; y le dijo: voy a defecar, llévame a la tumba de tu padre. Allí defecó mucho oro; ella, que con los otros maridos no defecó. Ocho días después le dijo en la noche: Ifá, voy a defecar. Él le dijo: ya conoces el camino. Sí, dijo ella, pero esta vez será en la tumba de tu madre. Ella fue y defecó plata y piedras preciosas.
Una noche, cuando estaba junto a ella, le dijo: no quería engañarte; yo tuve dos maridos antes y por mi maldad me dejaron; te quemé tu tablero, maté a tus animales y ni peleaste; por eso me defequé en la tumba de tu padre, y nada. Yo te daré hijos que llevo en mi vientre; ve a las tumbas de tus padres y coge todo lo que ahí te pertenece. Ella le dio como hijos a Amosun, Raka y Alughakevo.
Por eso a Ifá le dan sus riquezas sus esposas.
24.Ogbe Yono e Orí Oní Ikokó
Nota: el ebó va en la canasta, pero esta antes se lava con omiero y se les da el pollito chiquito y las gallinas a Orúnmila. Se echa la sangre al ebó y al omiero. El gallo se le da a Elegba, e igualmente se le da sangre al ebó y al omiero; la persona se baña con el omiero y después la cazuela la guarda. Las hierbas sobrantes se llevan junto con el pollito al mar.
Awó Onikokó, que era hijo de Ogbe Yono, vivía en la tierra Awó Bonu y vivía cómodo; siempre estaba dándole de comer a Olokun. Él le llevaba la comida cocinada en una cazuela grande, y cruda en una canasta, y le cantaba:
Entonces salía Olokun y le echaba su bendición. En aquella tierra la gente se dedicaba a hacer cazuelas de barro, y hacía mucho tiempo que no se consagraba a nadie en Ifá. Awó Onikokó se estaba poniendo viejo y siempre le decía a la gente de Awó Bonu que, para adorar a Olokun, había que tener consagración de Ifá. Un día Olokun le dijo: ya tú no estás para estos trajines; vete buscando uno para que lo consagres en Ifá. Awó Onikokó empezó a buscarlo, pero como la gente de aquella tierra no andaba con Ifá y solo estaba para fabricar ikokó, no encontró ninguno que él pensara que sirviera, y en eso se puso en camino a casa de Olokun para llevarle su comida.
Por el camino se encontró con el hijo de Olokun y se dijo: este mismo será el que me servirá para consagrarlo, para que la gente de esta tierra piense un poco más en Ifá. Entonces le dijo al hijo de Olokun: te voy a consagrar en Ifá para que me ayudes a mantener esta tierra próspera como ahora y para que piensen más en Ifá. Olokun se puso muy contento y le dio de todo a Ogbe Yono (Awó Onikokó) para que consagrara a su hijo. Awó Onikokó empezó a prepararlo todo, y cuando iba para la plaza a comprar algunas cosas de comer, se encontró con Elegba y Oluwo Popo. Elegba llevaba dos ikokó grandes y nuevas, y Oluwo Popo una awan muy grande y mucha sangre. Ellos le dieron Moforibale a Awó Onikokó y le dijeron: te estábamos esperando para darte esto que te hace falta para consagrar al hijo de Olokun. Entonces Oluwo Popo le entregó la canasta (awan) y le dijo: mete aquí todo lo que hace falta, pero antes tienes que consagrarte; coge muchas hierbas de Ifá y lava la canasta por dentro y por fuera, matas el pollito chiquito dándole la sangre por fuera y dices:
Entonces él se hincó delante de Elegba, y este le dio las dos cazuelas de barro y le dijo: estas son, una, la de la cabeza tuya, y la otra, la de la cabeza del hijo de Olokun, tu hijo que va a nacer; y se las dio y le rezó:
Y le dijo: haz el omiero y, cuando lo prepares, dale una paloma y canta:
Y le enciendes una vela; la otra ikokó la metes dentro de la canasta junto con todo lo demás, la tapas con tela blanca y rezas:
Ya todo estaba preparado para la consagración; sacaron la canasta para fuera y empezaron a cantar:
Entonces Elegba, Oluwo Popo, Awó Onikokó y todos los awoses cantaron:
Y lo llevaron para Igbodun, donde fue consagrado y sacó Ogbe Yono. Elegba le dijo: guarda esa cazuela, que es la que estaba en la canasta, para otro secreto que le falta a esa tierra, que es el kakuanardo (Obé-Fun), para que todo le marche bien a él y a ti. Entonces llegó mucha gente de Awó Bonu para que Awó Onikokó y el awó hijo de Olokun los consagraran en Ifá. Olokun se ponía muy contento y les mandaba riquezas a los dos; su hijo era Ogbe Yono Ifá Bonu. La gente pensó más en Ifá y utilizó las cazuelas en cosas sagradas, porque eran las cabezas de esa tierra de Awó Bonu Ifá Bonu.
Nota: las cazuelas de Untefá deben ser siempre nuevas, pues se presentan en la cabeza del padrino y el ahijado. La cazuela que se entrega al ahijado es la de la canasta, que este cogerá para trabajar hasta que coja kakuanardo, ya que esta es la que se rompe en el kutún.
Desde entonces, Ogbe Yono es Orí Oní Ikokó.
25.Donde se montó el chivo
En su trayecto hacia la tierra de Dahomey, Omolú demoraba mucho en llegar, atravesando el agreste y largo camino. Entonces, en el pueblo de Shaki se encontró con una Ayaba de esa ciudad llamada Ottanogoso, que tenía muchos chivos grandes y barbudos que servían de cabalgadura en aquellos parajes. Ella, al verlo tan cansado, le ofreció a Ogbe Yono, que era el guía de Omolú, un chivo para que continuara el viaje, y le dio una insignia para que, dondequiera que llegara, sus servidores le ofrecieran presentes y un chivo fresco. Esas cuentas de su ileke en el ja, y cuan hermosas piedras de su reino, que la identificaban como Ayaba de Shaki, conformaban la insignia que le diera.
Cinco días demoró el viaje desde Shaki hasta Saye; cinco postas pasaron, y en cada una de ellas, al mostrar la insignia, recibió de los servidores de Ottanogoso grandes regalos de frutas y caracoles junto con Ogbe Yono. Desde entonces, y hasta su coronación en Dahomey, cada día fue más grande la fama y el poder de Omolú, que después se tituló Azojuano. Por esto, el secreto de Ogbe Yono es darle cinco chivos a Oshún para ser grande.
Por eso los vodeunsi de Azojuano montan el chivo en su ceremonia, en memoria de la cabalgadura que este hizo desde Shaki hasta Saye; y el Awó le da el chivo montado por el vodeunsi, dando cinco vueltas alrededor de yardua antes de montarlo, en recuerdo de las cinco jornadas que rindieron Ogbe Yono y Azojuano, uno como guía y el otro como jinete, desde Shaki a Saye.
26.La suerte de Oshún
Cuando Oshún fue a casa de Orúnmila a registrarse, Orúnmila le hizo osode, viéndole este Ifá, y le marcó ebó con: 5 gallos, gallina, calabaza y demás ingredientes, y, para el caso de que ella se mudara, un gallo. Ahí fue donde le vino la suerte, y Orúnmila se casó con ella.
27.El porqué Oshún come chivo capón
Resulta que cuando la gallina vivía junto a Orúnmila y a Oshún como esposa, este le había prometido a su esposa que, si ella moría, él no tendría mujeres y se castraría. Al poco tiempo de ellos hablar esto, Oshún murió, convirtiéndose en río. Pasaba el tiempo y Orúnmila no cumplía su compromiso. Un día, Osanyin le cantaba a Orúnmila:
Y este le recordó el juramento a Oshún. Entonces se hizo osode y se vio este Ifá, donde Oshún le reclamaba su deuda. Ifá le marcó que se comprara un chivo, lo castrara y envolviera los testículos en un calzoncillo suyo, y se lo llevara al Alakaso para que este se lo llevara a Olofin como prueba del cumplimiento de su promesa; que promulgara a los cuatro vientos que él, Orúnmila, estaba enfermo; y que después cogiera el chivo, lo vistiera con sus ropas y se lo entregara al río, para que Oshún lo recibiera.
Así lo hizo Orúnmila, y Oshún quedó conforme. Desde entonces se le ofrenda a Oshún el chivo capón.
28.La impotencia (Yumurí)
Era un reino en el que el Obá tenía a todos sus súbditos sojuzgados y pensaba que, mientras más súbditos tuviera, más fácil le sería mantenerse como soberano. Un día ordenó que castraran a todos los súbditos hombres. Había un matrimonio cuyo hombre se llamaba Yumurí y vivía en una cueva, y hasta allí llegaron los soldados del rey; como este se negó a ser castrado, los soldados, en venganza, le cortaron el pene, quedando emasculado.
Un día Orúnmila llegó a aquella tierra y se encontró con Yumurí, que le contó lo que le habían hecho los soldados del rey. Orúnmila le hizo osode y le vio este Ifá; cogió un caracol y con el bicho del mismo le formó el pene a Yumurí, y con ashé se lo pegó; después le puso los testículos de chivo, y la baba del bicho cobo le dio a tomar para que se transformara en semen. Así Yumurí volvió a tener relaciones sexuales con su mujer, con la que poco después tuvo un hijo.
Un día el rey se enteró de que Yumurí tenía un hijo y contestó que eso no podía ser, «ya que yo mismo vi cuando mis soldados lo emascularon y lo castraron». Ante la persistencia de tal rumor, el rey un día dijo: vamos a ver a Yumurí, y si es verdad que su mujer tiene un hijo, yo pago con mi cabeza. Cuando el rey estuvo ante Yumurí comprobaron la verdad, y los que lo acompañaban le recordaron su juramento, y el Obá se mató.
Nota: la persona tiene un defecto en su sistema genital que lo lleva a la impotencia.
29.Donde no se enterraban los muertos
En la tierra Arará había una gran mortandad y se estaba diezmando la tribu. Orúnmila fue a ese lugar y el rey le contó el caso, y este le hizo ebó con: pico, guataca, pala, saco de cascarilla y gallo. Después de terminado el ebó, indicó que con esas herramientas abriera una gran zanja, enterrando a todos los muertos (porque allí no se enterraban los muertos). Después se ordenó que con la cascarilla se pintaran todas las casas de blanco.
Terminada esta operación cayeron grandes aguaceros, y él había recomendado que nadie se mojara. Y así desapareció la epidemia de ese lugar. En tal virtud, el Arará realizará todos sus trabajos al pie de Orúnmila.
Otros versos de Ifá en Ogbe Yono
Ifá dice que, en cualquier situación en que nos encontremos, no debemos perder la esperanza: le ha sucedido a otros antes. Sobre eso debemos ser fuertes.
Ifá dice que es la paciencia lo que un hombre tiene para administrar su casa, y por eso nos aconseja que quien quiera tener una larga y estable relación debe ser paciente. Aquel al que le gustan las peleas no es lo suficientemente maduro para casarse; pero el hombre que aguanta, tolera y se coloca al nivel que debe estar, es un hombre maduro. Todo esto puede ser encontrado en el verso de Ogbe Ogunda:
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.
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