Pasa más de lo que debería. A alguien le sale en la consulta un Odu donde habla un muerto oscuro, le marcan paraldo sin averiguar más y a los meses vuelve con el mismo problema. Le dicen entonces que ese muerto cuesta mucho quitarlo. No, hermano: no cuesta, es imposible, porque es suyo. Le estaban haciendo la guerra a un espíritu que venía con esa persona desde el cielo. De eso quiero hablarte: de qué muertos vienen con uno, con cuál se negocia y cuál se aparta, y de la teja, que no lleva carga.
Eggun va primero
Nuestros mayores lo resumieron así.
Ikú lobi Osha: el muerto pare al santo.
Primero fue el muerto y después el Orisha. Detrás de tu padrino está el suyo, y más atrás alguien que atravesó el mar con los rezos aprendidos de memoria. A nosotros la religión nos vino de mano en mano, a través de los que ya murieron, y por eso ninguna ceremonia arranca sin ellos.
Eggun es el muerto, y sobre todo el ancestro, de sangre o de religión: abuelos, padres, el padrino, la oyubona, los mayores de la casa que partieron. No es Orisha, porque ninguna cabeza lo corona. Que vaya primero significa que, sea la ceremonia de Osha o de Ifá, los muertos son los primeros en enterarse, reciben su parte de la comida y dan su bendición antes de seguir. Si eso se olvida, se nota: las cosas se tuercen y aparecen discordias.
Los Orishas comen en su orden, Ogún, Orisha Oko y Eleguá, y Eggun no entra en esa fila: no es Orisha ni come donde ellos. Se le atiende aparte, afuera, antes de la obra de los santos. Su sangre va al suelo, ya que Osa Oshe enseña que lo que se le da pasa por Iya Inle, la madre tierra. Se le atiende en el patio, al pie de un árbol o en el caño; en un apartamento, en el balcón o en un rincón de la cocina. En el baño nunca, porque lo prohíbe Irete Iwori, también llamado Irete Yero, y tampoco al lado de los Orishas.
Orunmila manda sobre todo y aun así respeta a Eggun. En Irete Ogbe nacieron a la par el poder de Eggun y el de Ifá; de ahí que en la Moyugba nombremos a los babalawos difuntos. Todo babalawo tiene que ser algo «eggunólogo»; el que les huye a los muertos tiene el oficio a medio hacer.
Ogbe Ate lo cuenta. Orunmila quiso averiguar si lo alcanzarían la enfermedad y la muerte. Ifá le marcó ebó y le mandó acercarse a Eggun, y él se metió en el cuarto donde la gente de Eggun prepara sus ropas, adonde la muerte no entra. Ikú lo buscó en la casa y en el cielo sin encontrarlo, hasta que Eshu le aconsejó dejarlo, no fuera a ser ella la que no volviera. Mira lo que enseña: quien tiene a sus muertos atendidos se vuelve invisible para la desgracia.
Los tres que vienen contigo
Nadie baja solo del cielo. Otura Oshe es el Odu donde nace Alaigborán, reflejo de los tres que van con cada uno de nosotros mientras vivimos: Ajaka, el guía, nuestro ángel de la guarda; Oku, el Eggun que nos protege; y Ogbona Isin, el obsesor.
Detente en el tercero. Olodumare conoce el mundo al que nos manda, y por eso nos da tanto luz como sombra. Ese muerto atrasado también es nuestro: se le da luz, no se le echa. Su lado dañino, nacido en Iroso Oshe, se trabaja. Lo que Olodumare te asignó arriba nadie te lo arranca aquí abajo.
Estos son los muertos que el sacerdote se encuentra en la estera, y si cabe paraldo con cada uno:
- Elemi, el principal de los guías protectores. No: a veces se le alinea con ceremonia, y con él se negocia.
- Orí, que en la consulta conduce el pensamiento y es la voz de los protectores. No.
- Shebo, los otros protectores del cuadro, con nosotros desde que nacimos. No.
- Ogbona Isin o Igondo, los obsesores atrasados del cuadro de uno. Tampoco: a ellos, luz.
- Epin, el que encabeza a los familiares. No.
- Arae, los difuntos de la familia. Con cuidado: la sangre no garantiza buena voluntad.
- Ore, los amigos que se fueron, que pueden ayudar, molestar o recordarnos una promesa. Hay que investigar.
- Aiwa, el que se nos pegó en el camino. Solo si se vuelve majadero.
- Ni Inle, los que habitan la casa. Si molestan, se le hace paraldo a la casa.
- Burukú, el oscuro que perturba. Se investiga, porque puede pertenecer al cuadro y estar ofendido.
- Motilawo, el enviado. Este sí lleva paraldo; es el caso claro.
- Merinlaye, los que vienen de los cuatro puntos cardinales. No: obras para calmarlos.
- Awó, los babalawos que murieron. No; se averigua quién es.
- Ará Onú, difuntos de mucha luz. Tampoco.
También pueden presentarse difuntos de cualquier nación y otros mandados desde una prenda. La lista orienta; la última palabra la tiene el oráculo.
El paraldo responsable
Otura Niko, también llamado Otura Ogbe, es donde nace el paraldo. Su nombre se traduce como «matar detrás del cuerpo», y con él se aparta de una persona un muerto concreto que va detrás de ella. Es una herramienta seria y, precisamente por eso, muy abusada. Usarla contra un muerto del propio cuadro es como echar al perro de casa porque ladra por las noches. Quizá ladraba porque había alguien en el patio.
El paraldo se decide en el registro. Si el osogbo viene por Eggun, se coge el hueso como igbo y se pregunta con calma quién es ese muerto, qué quiere y si es del cuadro o llegó de fuera. Eggun también trae el bien: en Oyekun Meyi hay iré por mano de Eggun aunque no se diga. En Ika Ogbe habla un familiar resentido, y antes que nada se le pregunta qué desea. Algunos Odu, como Eyiogbe, Odi Meyi o el propio Otura Niko, tienen su paraldo particular, y ahí el común no sirve. Y si molestan los muertos de la casa, toca el paraldo de la casa, que tiene su origen en Osa Ogbe, también llamado Osa Lofobeyo.
Ver un muerto oscuro en el Odu y correr a marcar paraldo. Si ese muerto es del cuadro de quien se consulta, no se marcha: el cuadro se desordena y la persona acaba peor. Con los propios, diplomacia y no guerra. Si tras investigar el caso sigue oscuro y la persona sufre, primero se la protege y la negociación viene después; los pactos con Eggun descansan en Otura Obara.
El coco a Eggun: por qué las mujeres viran la cara
En el coco a Eggun, las mujeres presentes se ponen de espaldas. Nace en Irete Iwori, y la razón la guarda un patakí.
En Eru Eggun cada pueblo tenía una casa de ofrendas para los Eggun mayores, cuidada por iworos varones, y lo que había dentro asustaba a las mujeres. Yokan, hija de Oshún, se moría por saber qué guardaban allí, y un día entró. Del espanto cayó y estuvo nueve días sin sentido; solo el aliento decía que seguía viva. Al noveno día llegó Oduduwa montado sobre un iworo mayor, la envolvió en tela blanca, le dio a su cabeza dos palomas blancas junto a la tierra, y Yokan volvió en sí. Oduduwa dispuso entonces que, mientras exista el mundo, ninguna mujer verá las ceremonias de Eggun ni las de él, y a los iworos los hizo jurar sobre los secretos de Orun para cuidar de los muertos sin riesgo.
La norma, entonces, no nace de un desprecio: nace del daño que el secreto le hizo a una mujer. Ella atiende a sus muertos como cualquiera; lo que tiene vedado es ver el secreto de Eggun.
Aquí el coco a Eggun lo da un varón: el awó o un olorisha hombre. Si no hay ninguno, el mismo Odu deja una puerta abierta: lo da una iyalosha mayor, de espaldas y con la cara virada, como pide Irete Iwori. Cuando hay mujeres, quien oficia, al acabar la Moyugba y antes de presentarse a Eggun, les pide en voz alta que se den la vuelta. Es una cortesía, y nadie tiene por qué sentirse humillada.
A Eggun se le ponen pedacitos de coco untados en manteca de corojo, con pimienta; los de preguntar van en el piso, delante de la teja, alineados y boca abajo. Cómo se tira el coco y qué dicen sus cinco letras lo tienes en el artículo sobre el Obi.
La teja de Eggun: solo Odu y consagración, sin carga
La teja tiene su origen en Ogbe Ojuani, que también se conoce como Ogbe Wale. Por esa razón ese Odu va escrito en la atena de Eggun y también en el paraldo. Las dos firmas de más peso son de dos Odu que mandan sobre los muertos: Otura Niko, capataz de los Eggun y su mensajero ante Olofin, e Irete Yero, a cargo de los Eggun mujeres.
La teja la inventaron en Cuba. Los viejos creían que al morir el alma se va al cielo y el cuerpo vuelve a ser barro, y para atender a Eggun escogieron una pieza hecha de ese mismo barro. Allá, en tierra yoruba, Eggun come en un hueco abierto en el suelo; aquí los mayores muchas veces no tenían tierra propia, y la teja hizo de hueco. Al fin y al cabo, el barro también es tierra.
La prepara el babalawo: una teja sola, de pie, o dos, una de pie y otra acostada. Se le trazan con cascarilla y carbón los Odu que hablan de Eggun y se consagra con su ceremonia. Sus dos caras se llaman lomo y canal, y cuál se pinta depende del sexo del difunto: el lomo para el muerto hombre, la canal para la difunta. De ahí que a la mujer se le coloque normalmente la teja con la canal hacia fuera, que es el lado de sus muertas.
Y lo más importante: la teja no lleva carga de ningún tipo. Ni un alfiler. Sus Odu pintados, su consagración, y nada más; mercurio o restos humanos, jamás. No existe la «teja especial» para hijos de Obatalá, ni hay calderos de muerto ni monos. Sé que en otras casas la arman en una cazuela con tierras y carga; en la mía no, y cada casa responde por lo suyo. Eso sí: una teja con mercurio o restos humanos ya no es de Eggun, y lo mejor es no tenerla en casa.
Su sitio es afuera, junto al caño o en el patio. Cuando come, el babalawo la pinta, le da coco y hace el sacrificio por la cara que corresponde a ese difunto. Los cantos a Eggun, la consagración de la teja y la preparación del bastón de Eggun, nacido en Oyekun Ogbe, se aprenden en la estera, al lado del padrino.
Orun, Ikú y la tierra no son Eggun
Orun y Eggun son hermanos y bajaron juntos del cielo, pero son cosas distintas. Para nosotros Orun es Orisha: el primer hombre, el primer antepasado varón, elevado a deidad. Llegó a la tierra por Ojuani Osa, el Odu al que llaman verdugo de las injusticias, cuando los hombres se mataban entre sí; Olofin lo nombró juez de los criminales y le encargó conducir a los Eggun a su bosque. Adoramos al juez, no al criminal. Su culto es de hombres, lo da el babalawo para atender y controlar a los Eggun, y su fundamento vive bajo tierra.
Fíjate bien: alimentar a Orun no es alimentar a Eggun. Eggun come en la teja, en un plato, en un hueco o en el caño, sin necesitar a Orun. Orun come en su fundamento, y ponerle delante la comida de Eggun está mal, salvo que Ifá lo ordene.
Ikú tampoco es Eggun. Eggun tuvo vida y ya cruzó; Ikú es quien la quita. A los antepasados se les festeja; con Ikú no hay fiesta: con ella se trata. Y sí recibe ofrenda. En Osa Meyi come carnero, y en Iroso Oyekun, cuando se alimentaba de personas, admitió por primera vez animales en su lugar, de donde nace el cambio de vida. Sus pactos con Orunmila, en Ofun Meyi, Irete Meyi y Ogbe Ofun, sostienen la protección que da la mano de Orula. Pero con Ikú no se juega. Lo advierte Oyekun Iroso: «quítale la muerte y quítatela tú».
Queda la tierra. Alimentarla es potestad de Ifá. Es una deidad sin fundamento de Osha y sin caracol: en Irete Ogunda Olofin la dejó sin habla y solo Orunmila conoce lo que pide. El olorisha la alcanza por medio de Orisha Oko, porque al alimentarlo a él la tierra también recibe, como enseña Ogunda Ika. En ese mismo Irete Ogunda, Ikú no sabía dónde dejar a los que se llevaba, y la Tierra aceptó recibirlos a cambio de un tributo de todo lo que se come. De ahí que coma una vez al año.
Preguntas frecuentes
¿Puede una mujer tener teja de Eggun?
Sí. La teja no es el traje de Eggun ni guarda su secreto; es el sitio donde se atiende a los ancestros, y toda mujer tiene ancestros. No le toca ver el coco de Eggun, sacrificar sobre la teja ni hacer allí obras de registro: eso lo hace su padrino babalawo. Ella le pone agua, flores, café y comida, sin mover la teja. El «acercamiento a Ikú» que algunos venden como requisito es un invento.
¿La bóveda espiritual sustituye a la teja?
No, ni al revés. La bóveda es para los guías y los espíritus de luz: una mesa vestida de blanco con copas de agua, y la mayor en medio, que es la del guía principal. Nunca va en el piso ni se sacrifica en ella, porque es espiritual, y la primera vez la monta un consagrado. La teja, en cambio, vive fuera y recibe sangre. Del espiritismo hablo en su propia sección.
¿Un aleyo puede recibir Orun?
Si es hombre, sí, aun antes de hacer Ifá. Lo entrega el babalawo, pero el aleyo no lo trabaja: solo lo atiende con sus ofrendas. A las mujeres no les toca verlo ni recibirlo. Y Orun no lleva mono por fundamento, ni Itá, ni golpes con machete, aunque se lo hayan colgado.
Hay awó que atienden los Eggun de medio barrio con su propia teja reseca y la cascarilla vieja: alumbran la casa del vecino y dejan la suya a oscuras. Te lo digo como hermano: el sacerdote empieza por los suyos, que son su sangre, su casa de religión y los babalawos que lo consagraron. Llegaron antes que nosotros, y si hoy seguimos en pie es gracias a ellos.
Dice Ifá en Ogbe Ojuani: Usted es candil de la calle y oscuridad de su casa.
Si quieres seguir aprendiendo con orden, tienes la guía Camino a la Regla de Osha e Ifá y las secciones de este sitio sobre Osha e Ifá y espiritismo.



