Trabajos del signo
Relación de obras del odu Ejiogbe
Ebó del odu
Gallo, tierra de los zapatos, muchos palos, muchos asheses, muchas cuentas de los santos, jutía y pescado ahumado, maíz tostado, coco, miel de abejas, aguardiente, velas y mucho dinero.
Paraldo (se hacen tres el mismo día)
El primero, a las 6 AM, con: pollo, las telas y hierbas rituales, ciruela amarilla, mar pacífico, álamo, granada, almácigo, paraíso, algarrobo. Toda la ropa va al río y bañarse con omiero de estas hierbas.
El segundo, a las 12 M, con: pollo negro, las telas rituales, dos velas, aguardiente; hierbas: escoba amarga, rompe saragüey y paraíso; se marca Babá Ejiogbe.
El tercero, a las 7 PM, con: pollo, carne de res, 9 clases de telas; las carnes con las telas se amarran a la pata izquierda del pollo; se prepara omiero de algarrobo, granada y albahaca morada. Después del tercer paraldo el interesado se baña y se le ruega su cabeza con lo que diga Ifá.
Procedimiento: estos tres paraldos el mismo día tienen una variante: se comienza haciendo Ebó-paraldo, se comienza a hacer el Ebó y se rezan los Odus, Omoluos; a continuación se le hace el primer paraldo. Entra después a bañarse y cuando sale se termina el Ebó rezando los Mejis hasta terminarlos. Se le hace el tercer paraldo, se baña y sale a botar el Ebó y los tres paraldos. Esto se hace con 3 pollitos recién nacidos (jio-jio) y 3 palomas.
Para quitar hechicería o brujería (Ogú) del estómago
Tome infusiones de raíz de pomarrosa, raíz de peonía y abanico de mar.
Para que el Awó pueda hablar Ifá
Se prepara un Inshe-Osanyin con una monedita de plata de diez centavos.
Ejiogbe osobo enfermedad (Arun)
Problemas en la válvula Mitral. Se debe hacer la siguiente obra: marcar Ebó, Paraldo, Sarayeye, Ebó-Misí, Rogación de cabeza e infusiones.
Ejiogbe osobo pérdidas (Ofo)
(Aquí Obatalá creía que Oshosi no tenía padre ni madre). Marcar: Ebó, Sarayeye, Rogación de cabeza y baños con hierbas.
Ebó para alejar la muerte (Ikú unló)
Un animal podrido que se encuentre muerto en la calle, que se pone dentro de una canastita. Al interesado se le hace Sarayeye con dos gallinas blancas y se le echan las plumas de la gallina a la canastita; las dos gallinas blancas se le dan a Oduduwa; la canastita se pone en el portal de la casa los días que diga Ifá.
Ebó por enfermedad (Intorí Arun)
Cabeza de carnero, jícara con arena de mar, gallina, la ropa que tenga puesta, jutía y pescado ahumado. Se desnuda a la persona y se le echa la arena por encima para que corra por su cuerpo; se recoge y va para el Ebó.
Ebó para Awó Ejiogbe
1 gallo, guineo, paloma, tres palos distintos, un huevo de gallina, de guineo y de paloma, plumas de esas tres aves, ropa sudada, mucho ashé, mucho dinero.
Ebó para refrescar y preparar jabón (Oshe)
1 gallo, 2 gallinas, 3 jabones, canastita, 3 tipos de manteca, jutía y pescado ahumado, manteca de corojo, mucho dinero. Sarayeye al interesado con el gallo y se le da a Eshu-Elegba; las gallinas se le dan a Orúnmila. Los jabones se cargan con la sangre que tiene Eshu-Elegba y de Orúnmila, para que el interesado se bañe con ellos. La canastita, para el Ebó. Las mantecas se entierran en el patio de la casa.
Ebó para mantener el negocio
3 gallos, tierra de las esquinas del negocio, tierra de los zapatos, ropa sudada, pimienta de guinea, jutía y pescado ahumado, manteca de corojo, mucho dinero. Después de hecho el Ebó se le da uno de los gallos a Eshu-Elegba, el otro a Eshu-Elegba en la esquina de la casa, y el tercero a Eshu-Elegba en la puerta de la casa (Shilikun Ilé).
Tres Ebó el mismo día (camino de Eshu-Elegba y del Ideu)
Por este Ifá agarrarse de Eshu-Elegba y de Orúnmila, por lo que hay que hacer tres Ebó el mismo día.
Primer Ebó: 1 pollo directo a Eshu-Elegba, un güiro, jutía y pescado ahumado, manteca de corojo, 3 pescados frescos, 3 trampas, cuchillo, tierra de un camino y demás ingredientes, mucho dinero. El Ebó se lleva a un camino y se pone al lado de una casa vieja; regresar a la casa del Awó, saludar a Eshu-Elegba, tomar agua y descansar un rato.
Segundo Ebó: un pollito chiquito (jio-jio), un porrón (igbon) con agua, una calabaza, ropa sudada, tierra de un camino, tierra de la casa, de los zapatos, jutía y pescado ahumado, manteca de corojo. Llevarlo al mismo lugar que el anterior; regresar a la casa del Awó, saludar a Eshu-Elegba, tomar un poco de agua y descansar un rato.
Tercer Ebó: un gallo pequeño, una gallina, tela amarilla, una cazuelita de barro chiquita, un güiro, 16 palomas blancas, 16 varas de tela blanca, jutía y pescado ahumado, manteca de corojo. Llevarlo al mismo lugar de los anteriores y después regresar a su casa.
Nota: cuando Ejiogbe no coge Ebó
Se coloca una anguila dentro de una palangana con agua, se le presenta a Obatalá con 3 palomas blancas y se arrodilla delante de Obatalá hasta que la anguila muera. Entonces se coge la anguila, se abre y se le dan las tres palomas; las cabezas, las patas y los corazones de las palomas se hacen polvo (iyé) y se ligan con semillas de calabaza, hierba bledo blanco, manteca de cacao y cascarilla. Todo esto se reza en el tablero de Ifá por este Odu y se monta en un Inshe-Osanyin.
Obra para ascender en el gobierno o trabajo
Se hace una torre de algodón; dentro se le ponen las generales de los que tienen que ver con el asunto del ascenso, se le echa miel de abejas y cascarilla; se embarran dos velas en miel de abejas y azúcar blanca y se le encienden a Obatalá al lado de la torre, de jueves a jueves. Antes de ir a ese lugar se darán 8 Ebó-Misi con hierba Dormidera y 8 con Campana Blanca, y cada vez que vaya a ese lugar se untará en la cara el polvo de hierba Dormidera y cenizas de plumas de las palomas blancas. Cada vez que se termine una vela, se renuevan los jueves. Cuando se consiga el ascenso se cumplirá con Obatalá: se le enciende una lámpara para la casa en un plato blanco con un huevo de paloma, aceite de almendra, manteca de cacao, nombre y apellidos.
Por este Ifá
El Awó debe tener siempre ókpuele en el bolsillo.
Por osobo Ikú
Se hace Ashinimá con una paloma blanca; se le da la paloma al polvo de la granada con carbón de Osanyin.
Por enfermedad (Intorí Arun)
Se le da paloma detrás de Eshu-Elegba. Marca problemas en la válvula Mitral.
Para resolver situaciones
Cabeza de jutía, de pescado, ero, obi, kolá, osun naború, obi motiwao.
Para resolver situaciones o dificultades con las mujeres
Se le pone a Orúnmila una jutía ahumada amarrada por la cintura con un collar de bandera y se le dan dos gallinas negras a Orúnmila.
Obra para la impotencia
Se cogen dos clavos (insherí) de marco de puertas y se cortan a la medida del miembro viril; se lavan con omiero de hierba guenguere, y después esa hierba se come como ensalada. Se hace Ebó del Odu (Tenteború) y después uno de los clavos se pone como refuerzo de Ogún y el otro dentro de su Ifá.
Obra para evitar problemas con el ahijado
Se coge un gallo blanco, se limpia con el mismo, se le abre el pecho con el cuchillo del Kakuanardo y se carga con caracol de Osha lavado con Elegba, un papel con las generales y el Odu del ahijado y Ejiogbe. Se pone el cuerpo del gallo delante de Elegba y por la noche se lleva a enterrar a la orilla del mar y se dice: «cuando este gallo logre salir por sí mismo del hueco, entonces se romperá la amistad con mi ahijado».
Para vencer a los enemigos (Arayé) — I
Se pone un plato pintado de negro donde se pinta Ejiogbe; encima se coloca una jícara con 7 clases de bebidas; alrededor se ponen 16 pedazos de coco con una pimienta de guinea sobre cada uno. Acto seguido se le dan 2 gallinas a Orúnmila (una blanca y una negra); la gallina negra, que es la segunda que se sacrifica, solo se le da al plato y a los cocos. Se encienden 2 velas en el plato, que es donde se hace la obra. Al término de 16 días se recoge todo y se bota para la esquina; el plato y la jícara se guardan para usar en otra cosa.
Para vencer a los enemigos (Arayé) — II
Se cogen tres güiros de cuello largo: en uno se echa almagre, en el otro cascarilla y en el tercero polvo (iyé) de carbón de Osanyin de Ifá. Se pasan por el tablero y se les echa Iyefá rezado; se atan los güiros con tres hilos y se les dan tres gallinas: una amarilla al almagre, una blanca al de la cascarilla y una negra al del polvo de carbón de Osanyin. Después los tres güiros se le ponen a Eshu-Elegba.
Obra para levantar la salud
Con Iré Ashegun Ota (vencimiento de los enemigos) e Iré Aye (bien de dinero), se ruega la cabeza con dos guineos, uno blanco y uno jabado. Si la persona es hijo de Shangó, la rogación es con codornices y que la sangre caiga sobre Shangó.
Obra para Ejiogbe
En una cajita de madera se pone una tinajita con agua y arena del río y otra con agua y arena del mar; aparte se le pone cascarilla, jutía y pescado ahumado, manteca de cacao y maíz tostado. A esto se le sacrifican cinco palomas blancas y las cabezas se echan dentro de la cajita; sobre la tapa se ponen dos cocos pintados con cascarilla y se coloca la cajita debajo de la cama del interesado. Al cumplirse el año de haberse hecho la obra, se raspan los cocos en la calle, se rellenan las cazuelas con sus correspondientes aguas, a lo de adentro se le vuelven a dar 5 palomas blancas y se vuelve a sellar después de echarle las correspondientes cabezas; se cierra la cajita, se le ponen encima dos cocos nuevos pintados de blanco y se vuelve a colocar debajo de la cama, en la cabecera del interesado.
Obra para que Eshu-Elegba trabaje
Se coge una jícara con agua, se pican 16 quimbombós bien finitos y se les echa Iyefá; se revuelve con la punta del Irofá rezando Ejiogbe y se le echa por encima a Eshu-Elegba.
Inshe-Osanyin para que la suerte venga
Un peso plata, corazón de guineo, pelo de chiva, atare, Iyefá, obi motiwao, obi, kolá, osun naború, anun, aira, jutía ahumada, aguardiente, miel de abejas. Antes de cerrarlo se le echa agua bendita; se forra en pelo de leopardo o tigre y vive detrás de Orúnmila.
Para obtener la suerte
Se hace Ebó con: carnero, chivo, 4 gallos, Odu-Ará, cartera de piel, 16 matas, maíz, una piedra, dos tobilleras de piel con 8 cascabeles y 8 caracoles (dilogunes) cada una, o con dos cascabeles y dos dilogunes cada una, de acuerdo con lo que se ponga en las tobilleras: si se le ponen dilogunes, entonces dos cascabeles al Ebó, y viceversa. El chivo y un gallo a Eshu-Elegba; el carnero y dos gallos para Shangó; un gallo para Osanyin. La cartera se adorna con plumas de distintas aves vistosas, dentro de ella se echa todo lo demás y se le pone al Osha que haya determinado Ifá.
Para evitar el atraso
16 cocos, 16 peonías, 16 capullos de algodón, 16 pesos plata, un calzoncillo o camisón de 4 colores rituales que se usa 9 días y después se le presenta a Obatalá junto con una escalera de 16 pasos o escalones; los obi se ponen a la orilla del mar para que las olas se los lleven.
Obra a Oshosi
A Oshosi se le enciende una vela, se le sopla anisado o aguardiente, se le echa humo de tabaco y se le ruega que lo libere y le limpie el camino para triunfar en la vida.
Para prosperar
Se le dan a Obatalá 2 gallinas blancas, a Oshún dos palomas blancas, y después se darán 6 Ebó-Misi con albahaca cimarrona, piñón de rosas y prodigiosa, y con eso mismo se baldea la casa.
Para que la muerte (Ikú) siga su camino
Una cabeza de chivo; se queman pelos del chivo y se untan en la cara en la puerta de la casa; después, con la cabeza y lo demás que marque Ifá, se hace Ebó. Se abre un hueco en el piso de la cocina, se coloca una tela blanca donde se pintan con osun naború los Odus Oshe-Turá, Babá Ejiogbe y Otura-She; sobre esto se ponen las hojas de yaya mansa y encima limayas de hierro. El interesado con su cabeza toca tres veces la cabeza del chivo usada para esto, para que esa reemplace la suya delante de Ikú. Se pone a Eshu-Elegba al lado del hueco (kutún), se le da coco (obi omi tuto) a lo del hueco llamando a Ikú, se sacrifica el chivo echándole sangre a Eshu-Elegba y a lo que está dentro del hueco; la cabeza del chivo para el hueco, y el cuerpo del chivo se rellena y se manda al pie de una Ceiba. Se echa mucha manteca de corojo sobre la cabeza del chivo en el hueco, se cubre con una cazuela de barro en la que se pinta un Atena de Egun y se echa arena en el hueco hasta cubrir la cazuela. Entonces se ponen tres piedras, encima se pone una hornilla y se cocina durante 16 días, para que el calor de la candela lo mezcle todo dentro del hueco y así se recocine la cabeza del chivo, que representa a la Enfermedad y a la Muerte (Arun e Ikú), y dejen tranquilo al Awó Ejiogbe.
Secreto para relaciones sexuales exitosas (Ofikale trupon odara)
Resina de pino diluida en agua: con el dedo del medio se le unta a la mujer en el clítoris, y se reza Ejiogbe.
Pomada para el miembro viril
Pomada alcanforada, polvo de palos: no-me-olvides, espuela de caballero y paramí. Se rezan Ogbe-Tua, Iroso-Fun, Otura-Niko, Okana-Yekun, Okana-Sabilari y Ejiogbe; se unta en el glande antes de las relaciones sexuales (Ofikale Trupon).
Paraldo de Ejiogbe
Este se hace con Eshu-Elegba. Lleva todos los ingredientes de un Paraldo, una paloma blanca, las telas rituales y un pollito recién nacido (jio-jio). En las telas se pinta el Odu de Ifá Odi-Fumbo; se hace un círculo donde se pintan los Odus Otura-Niko, Ejiogbe y Okana-Yeku. Se para al interesado al lado del trazo de Ejiogbe con Elegba detrás y dos velas encendidas; se hace Paraldo con la paloma y las hierbas: algarrobo, albahaca morada, espanta muerto (Aberikonlo) y algunas más si las cogió. Terminado el Paraldo, todo se envuelve en la tela y después en papel cartucho llamando a Eshu-Elegba, y se le da un pollito recién nacido (jio-jio) que se bota en el monte con jutía y pescado ahumado, manteca de corojo, maíz tostado, miel de abejas, aguardiente, etcétera.
Ofrenda a Obatalá a través de Ejiogbe
Para hacerle una ofrenda a Obatalá a través de Ejiogbe, se prepara el plato como para Shangó, se escribe el signo Ejiogbe, se le da coco (obi omi tuto) para ver si lo recibe y se le pone la ofrenda en el plato.
Las historias del signo
Patakíes del odu Ejiogbe
1.La cabeza como una divinidad
El trabajo más importante de Ejiogbe en el Cielo fue revelar cómo la cabeza, que era en sí misma una Divinidad, llegó a ocupar un lugar permanente en el cuerpo. En el origen, las Divinidades fueron creadas sin cabeza, porque la cabeza misma era una de ellas. El Awó que hizo adivinación para la cabeza —Ori-Omo Atete Ni Iron, en adelante Orí— se llamaba Amure, Awó Eba Ono, y vivía en el Cielo.
Orúnmila invitó a Amure a que le hiciera adivinación sobre cómo llegar a tener una fisonomía física completa, porque ninguna Divinidad tenía entonces cabeza. El Awó le indicó frotar ambas palmas en alto y rogar por tener una cabeza, y hacer sacrificio con cuatro nueces de kolá, cazuela de barro, esponja y jabón, guardando las nueces sin partirlas en su lugar sagrado, porque más tarde vendría un visitante a hacerlo. Orí también consultó a Amure, quien le mandó servir a su Ángel Guardián con cuatro nueces de kolá que no podía costear, aclarándole que solo empezaría a prosperar después del sacrificio.
Hecho su sacrificio, Orúnmila dejó las nueces en su lugar sagrado, y Eshu-Elegba anunció en el Cielo que Orúnmila buscaba una Divinidad que las partiera. Encabezadas por Ogún, todas fueron pasando, y a cada una Orúnmila le dijo que no era lo suficientemente fuerte; se alejaron molestas. Hasta el propio Orishanlá lo visitó, pero Orúnmila lo obsequió con otras nueces mejores y frescas, señalando que aquellas no estaban destinadas a él; Orishanlá, que como Dios nunca pierde la calma, las aceptó y se marchó.
Finalmente Orí, la única Divinidad que no lo había intentado, fue rodando hasta la casa de Orúnmila. En cuanto lo vio acercarse, Orúnmila salió a su encuentro y lo entró cargado; llenó de agua la cazuela de barro y lo lavó con la esponja y el jabón. Después de secarlo, lo llevó a su lugar sagrado y le pidió que partiera las nueces, que hacía mucho le estaban reservadas. Orí agradeció el gesto, rezó por Orúnmila para que todo lo que hiciera tuviera cumplimiento y manifestación, y oró por sí mismo pidiendo residencia permanente y muchos seguidores. Entonces rodó hacia atrás, arremetió contra las nueces y las partió con una explosión que se escuchó por todo el Cielo.
Al oírla, las Divinidades comprendieron que las nueces habían sido partidas, y cuando Eshu-Elegba anunció que había sido Orí, todas concordaron en que la Cabeza era la Divinidad indicada. Casi de inmediato, la mano, los pies, el cuerpo, el estómago, el pecho y el cuello —que hasta entonces tenían identidad propia— decidieron irse a vivir con la cabeza, la levantaron sobre ellos, y allí, en el lugar sagrado de Orúnmila, la cabeza fue coronada rey del cuerpo. Por el papel que Orúnmila desempeñó en su fortuna, la cabeza toca el suelo en señal de respeto y reverencia a Orúnmila hasta el día de hoy; y por eso, a pesar de ser la más joven de las Divinidades, Orúnmila es la más importante y popular de todas.
Para que el hijo de Ejiogbe viva mucho tiempo en la Tierra, debe buscar Awoses inteligentes que le preparen un jabón de baño especial en el cráneo de cualquier animal. Ejiogbe es la Divinidad patrona de la cabeza, porque fue él quien realizó en el Cielo el sacrificio que convirtió a la cabeza en rey del cuerpo. Y aunque era de los más jóvenes, resultó ser el odu más importante de Orúnmila en la Tierra: pertenece a la segunda generación de profetas que se ofrecieron a venir a este mundo para hacerlo, con su ejemplo, un lugar mejor. Fue un Apóstol de Orúnmila muy caritativo, en el Cielo y en la Tierra.
2.Ejiogbe parte hacia la Tierra
Orishanlá ya estaba en la Tierra, casado con una mujer llamada Afín que, sin que él lo supiera, no tenía muchos deseos de tener un hijo; Orishanlá, en cambio, lo deseaba desesperadamente. Al mismo tiempo, en el Cielo, Omonighorogbo fue ante el altar de Olodumare a pedir venir a la Tierra como hijo de Afín y Orishanlá, determinado a mostrar al mundo lo que se necesita para ser benévolo y de noble corazón. El Padre Todopoderoso le concedió el deseo y, con el permiso de su Ángel Guardián, partió hacia la Tierra.
3.El nacimiento de Babá Ejiogbe
Afín quedó embarazada. Tradicionalmente, Orishanlá tenía prohibido el vino de palma y Afín tenía prohibida la sal (Orishanla koi mu emo. Afin koi je iyo). El embarazo no alivió la tensión de la pareja, y la mujer se volvió más belicosa con los meses. A los nueve meses nació un varón. Poco después del parto, Orishanlá notó que no había comida en la casa para la madre y partió a la granja por ñames, quimbombó y vegetales. Se demoró, y la esposa, furiosa, se convenció de que él no la amaba por dejarla pasar hambre el mismo día del parto, y decidió terminar el matrimonio poniendo fin a la vida de su esposo: sabiendo que el vino de palma podía matarlo, lo echó en la olla del agua de beber de Orishanlá, dejó al niño de un día de nacido en la cama y salió a visitar a los vecinos.
Orishanlá regresó y preparó la comida. Mientras el ñame se cocinaba, fue a sacar agua con su concha de caracol de la olla envenenada, y cuando iba a beber, su hijo de un día de nacido le habló desde la cama: «Padre, no tome de esa agua, porque mi madre echó vino de palma en ella». Sorprendido de que un recién nacido hablara, hizo caso. Terminó la comida, pero en represalia le echó sal a la sopa, sabiendo que la sal era el veneno de su esposa, y se fue a jugar una partida de Ayo con sus amigos. La esposa volvió, y cuando iba a comer, el niño habló de nuevo: «Madre, no coma de esa comida, porque mi padre le echó sal». Ella se puso histérica y gritó a los vecinos que la salvaran de su esposo, que quería matarla por haberle dado un hijo.
Se convocó una reunión de las Divinidades en casa de Orishanlá, presidida por Ogún, porque Orishanlá —el presidente tradicional— estaba esta vez en el banquillo. Afín narró lo de la sal, y al preguntársele cómo lo supo, explicó que se lo dijo su hijo de un día de nacido; las Divinidades pensaron que estaba loca. Orishanlá, invitado a defenderse, confirmó que sí había echado la sal, pero en castigo por una acción igual de ella: la acusó de haber echado vino de palma a su agua, y explicó que también a él lo había advertido el recién nacido.
Todos los ojos se volvieron hacia el niño, ya considerado una criatura misteriosa, y sin que nadie le preguntara, él completó el acertijo diciendo: «EJI MOGBE MI OGBE ENIKON» — que había venido a la Tierra para salvar las vidas de sus dos progenitores, y que por eso les dio a ambos el aviso que evitó su mutua destrucción. No sorprendió que, siete días más tarde, al ponerle nombre, sus padres decidieran llamarlo Ejiogbe: «doble salvación». Por este primer trabajo de Ejiogbe en la Tierra, cuando sale en el Igbodun todos los materiales del sacrificio deben ser dobles, y siempre se les echa sal y vino de palma, en conmemoración de los hechos del día de su nacimiento.
4.Las obras de Ejiogbe en la Tierra
El niño prodigio hizo muchas cosas misteriosas mientras crecía, pero su primer gran milagro lo realizó a los quince años, cuando su madre lo llevó a Oja-Ajigbomekon, el único mercado que existía en aquel tiempo, donde los comerciantes del Cielo y de la Tierra efectuaban toda clase de negocios, desde la venta de bienes hasta la adivinación. Allí iba todo el que tuviera mercancía, habilidad, arte o tecnología que vender.
5.El milagro del mercado
De camino al mercado, Ejiogbe se encontró con una mujer. La detuvo y le dijo que tenía un problema, y cuando ella se disponía a hablar, le dijo que no se molestara: él conocía sus problemas mejor que ella misma. Le reveló que estaba embarazada desde hacía tres años sin que el embarazo se desarrollara, y le mandó sacrificio con 16 caracoles, una gallina, una paloma, cinco nueces de kolá «risueñas» y miel, y asar un macho cabrío, akará (panecillos de frijol) y ekó para el sacrificio a Eshu-Elegba. La mujer trajo los materiales, y realizado el sacrificio, Ejiogbe le aseguró que sus problemas habían terminado. Le pidió que, después de dar a luz sin problemas, trajera una pequeña boa —la serpiente constrictora llamada Oka en yoruba— para ofrecérsela en agradecimiento a Orúnmila, agregando caracol y cualquier otra cosa que pudiera. La mujer hizo el sacrificio y siguió su camino.
6.Los milagros del lisiado y el ciego
La siguiente persona con quien se encontró fue un lisiado llamado Aro. Le dijo que tenía un problema, pero Aro respondió que él no tenía ninguno, que el problema lo tenía Ejiogbe. Entonces Ejiogbe sacó su Uroke (vara de adivinación) y apuntó hacia las manos y piernas del lisiado: de inmediato, este se puso de pie y caminó. Comprendiendo que no trataba con un muchacho sino con un Sacerdote, Aro se arrodilló a agradecerle por curarlo de una enfermedad con la que había nacido. Ejiogbe le aconsejó ir a servir a Orúnmila y abstenerse en el futuro de esconder sus problemas, porque así no sabría cuándo Olodumare daría respuesta a sus plegarias: quien esconde sus padecimientos, estos lo llevan a la tumba.
Después se encontró con un ciego y le preguntó si tenía un problema; el ciego respondió que no. Una vez más Ejiogbe apuntó con su Uroke a los ojos del hombre, y al instante recobró la visión. Inundado de dicha, el hombre recibió el consejo de prepararse para ser seguidor de Orúnmila, para minimizar sus dificultades con el género humano, y de servir su cabeza con un gallo al llegar a casa. Después de esto, Ejiogbe llegó al mercado. Todos estos milagros los realizó sin pedir recompensa alguna.
7.El resultado de ignorar el consejo de Ejiogbe
De regreso del mercado, su madre lo dejó atrás y Ejiogbe se encontró con una ardilla a la orilla del camino (Otan en Benín, Okere en yoruba). Le aconsejó sacrificar un macho cabrío a Eshu-Elegba para que las palabras de su boca no le ocasionaran la destrucción; la ardilla respondió que, si el joven quería carne, no la obtendría de ella. Muy cerca vio a la Boa (Oka en yoruba, Aru en Benín) y le advirtió que la muerte la rondaba y le llegaría por un vecino locuaz: para evitarlo, debía servir su cabeza en un lugar secreto con un caracol, sin permitir que nadie repitiera «amén» tras sus plegarias. Se encontró luego con el bosque espeso (Eti en Benín, Iyo en yoruba), a quien aconsejó ofrecer sacrificio a Eshu-Elegba para evitar problemas ajenos, y con la Palma, a quien mandó ofrecer un macho cabrío a Eshu-Elegba para que los problemas de otro no le rompieran el cuello. La Palma hizo el sacrificio sin demora; Iyo no lo hizo.
El viaje de ida y vuelta a Oja Ajigbomeken demoraba unos tres meses. Al llegar a casa, Ejiogbe recibió el mensaje de que la mujer del camino estaba de parto. Corrió a su casa y ella parió con la ayuda de un encantamiento que la tradición de Ifá no permite reproducir —uno de los encantamientos con que los Sacerdotes de Ifá ayudan a parir hasta el día de hoy—. Tuvo un varón. En cuanto la mujer descansó, el esposo tomó su bumerán de caza y partió al bosque en busca de la Boa y de carne para alimentarla.
Cuando la Boa supo que la mujer embarazada de tres años había dado a luz, comprendió que el esposo vendría por ella, y corrió a casa de Iyo, la parte más espesa del bosque, para servir allí su cabeza en privado. Iyo le dio permiso. Pero apenas Oka se sentó a orar, entró Okere la ardilla, repitiendo «Ashé, Ashé» a cada oración. Alterada, la Boa le dijo que no necesitaba el amén de nadie y se adentró más en el bosque. Entonces la ardilla cambió la tonada y se puso a cantar:
OKA, JOKOO KPEKPE RE KPE.
El hombre del bumerán, que buscaba a la Boa, oyó los gritos de la ardilla y rastreó su posición; como seguía gritando histérica, le disparó y acabó con su vida. Cortó una vara ahorquillada para abrir el bosque, y al limpiarlo vio junto a la Boa a la ardilla sin vida y el caracol con que la Boa iba a servir su cabeza. Lo recogió todo y partió a su casa. La espesura que el cazador cortó estaba sobre el cuerpo de una alta palma, que se alegró y respiró vida nueva al caer los arbustos que le impedían recibir el aire fresco: era la única del lote que hizo sacrificio a tiempo. Hasta hoy, es la boca de la ardilla la que le hace perder la vida, y es la ardilla quien dice dónde se esconde la Boa, atrayendo la muerte sobre ella.
Esto explica por qué la aparición de Ejiogbe para un hombre alto de tez oscura en el Igbodun significa prosperidad asegurada —por la alta talla de la Palma, la única que hizo sacrificio—, y por qué, si le sale a un hombre pequeño de tez clara, este no triunfará en la vida a no ser que haga sacrificio: el pequeño y oscuro Iyo, la ardilla y la Boa de colores claros no hicieron los sacrificios prescritos.
8.Cómo Ejiogbe sobrevivió a la ira de los mayores
La benevolencia del joven Ejiogbe lo hizo tan popular que su casa vivía llena de visitantes de día y de noche. Curó a los enfermos, hizo sacrificios para que los mendigos se volvieran ricos, ayudó a las mujeres infecundas a tener hijos y asistió los partos de todas las embarazadas que pidieron su ayuda. Eso le ganó la admiración de los beneficiados, pero también la enemistad de los Awoses de más edad, que no podían comparársele en altruismo. Una noche soñó que su Ángel Guardián le decía que algunos mayores conspiraban contra él, y al despertar, confundido, decidió ir por adivinación. Fue a ver a los Sacerdotes de Ifá siguientes:
AJOGODOLE EFO NI MO KPE IFA MI.
OSIGI SIGI LE EKPO
USEE MI OOJAGBA IGBO
ABU KELE KON LO OBE IDE.
Le aconsejaron sacrificar a su Ifá con una cesta de caracoles. Como ni siquiera tenía dinero para comprarlos, todos aquellos a quienes había ayudado le trajeron los que necesitaba. Los caracoles fueron partidos y se recolectó su líquido; los Awos machacaron hojas de Ero con ese líquido para que Ejiogbe se bañara con el preparado. Después del sacrificio comenzó a vivir en paz.
Por esto, cuando Ejiogbe aparece en la adivinación, a la persona se le aconseja ofrecer caracoles a Ifá. Y cuando sale en Igbodun, el chivo de la ceremonia no se ofrece hasta cinco días más tarde: ese día se ofrecen caracoles, rata seca y pescado seco.
Cuando recuperó la paz de espíritu, Ejiogbe se regocijó cantando:
UROKO IRO, ERERO LU UROKO ERERO.
9.Ejiogbe regresa al Cielo para ser juzgado
Antes de que hiciera el sacrificio, los mayores —que sentían que los milagros gratis de Ejiogbe les bloqueaban el sustento— empezaron a subir al Cielo uno tras otro a informar a Olodumare, acusándolo de estropear el mundo al introducir un código de conducta desconocido en la Tierra. Ejiogbe, por su parte, no tenía vida propia: curaba con encantamientos a los niños con convulsiones, ayudaba a parir a las embarazadas, arreglaba disputas y defendía a los oprimidos. Poco sabía que aquellas obras humanitarias habían molestado a los tradicionalmente injustos Awoses hasta el punto de confabularse para matarlo.
Olodumare ordenó buscarlo y envió a un Caballero del Cielo. El Caballero, con prudencia, se quitó el uniforme antes de llegar, lo guardó en su bolso y fingió ser un desempleado en busca de trabajo. Ejiogbe le explicó que no tenía trabajo que ofrecer, pues su propia ocupación era servir gratis a la gente, y lo invitó a desayunar con él; el visitante insistió en comer solo lo que sobrara. En eso llegaron visitantes pidiendo que reviviera al hijo único de una familia, presa de convulsiones. Sin probar alimento salió, seguido por el Caballero: puso la rodilla izquierda en el suelo, repitió un encantamiento, pronunció tres veces el nombre del niño, y el niño estornudó, abrió los ojos y pidió de comer. Al terminar, otros le rogaron ayudar a una mujer que llevaba toda la noche de parto y a la que quedaba un último aliento. Hizo una rápida adivinación, aseguró que pariría sin problema, le dio Iyerosun (polvo de adivinación) con agua para tragar, repitió un encantamiento, y el niño y la placenta salieron en el mismo momento. Hubo alegría general y, como siempre, él partió sin exigir compensación.
Volvieron a casa pasado el mediodía, sin que hubiera desayunado aún, y encontró una multitud con una gran disputa que resolvió poco a poco, hasta que la gente regresó reconciliada a sus casas. Cuando al fin se sentó a comer, el visitante pasó a la habitación contigua y se puso sus ropas de Caballero. Al verlo con las ropas celestiales, Ejiogbe supo que era un mensajero divino, dejó de comer y preguntó por el mensaje: Olodumare deseaba verlo enseguida en el Cielo. Se vistió y partió; apenas salieron del pueblo, el Caballero lo abrazó y casi al instante estuvieron en el Palacio de Olodumare.
La voz de Olodumare preguntó por Omonighorogbo —el nombre celestial de Ejiogbe— para que explicara la confusión creada en el mundo. Se puso de rodillas, pero antes de que hablara, el mensajero se ofreció a explicar por él: relató que ni el propio Padre Todopoderoso hubiera podido hacer lo que Omonighorogbo hacía en la Tierra; que desde la mañana no había tenido tiempo ni de comer por estar al servicio de la humanidad sin compensación alguna, y que era su intento de comportarse en la Tierra como se comportan en el Cielo lo que había molestado a las Divinidades amantes del dinero. Oído esto, Olodumare le ordenó ponerse de pie: estaba claro que las acusaciones eran producto de la envidia y los celos. Le ordenó regresar al mundo y continuar sus buenas obras, pero cobrando desde entonces honorarios razonables, sin dejar de ayudar a los necesitados. Recibió la bendición de Olodumare y abandonó el Palacio.
Antes de regresar, decidió ver a los Awos celestiales que le habían hecho adivinación la primera vez que dejó el Cielo:
EDUWE KOKO MEJINJA WON SARAWON KPELENJE KPELENJE
EJO-MEJINJA, WON SARAWON LOROKU LOROKU.
Cuando dos hojas de coco pelean entre sí, el viento las lleva de un lugar a otro.
Cuando dos serpientes están peleando, ellas se abrazan una a la otra.
Le aconsejaron ofrecer otro macho cabrío a Eshu-Elegba y le anunciaron que se cruzaría en la Tierra con una mujer de tez clara con quien se casaría; después de casarse debía ofrecer una vez más un macho cabrío grande a Eshu-Elegba, para que la mujer no lo dejara. Su matrimonio le traería fuerza y prosperidad, pero si permitía que ella lo dejara, volvería a la penuria. Hizo el sacrificio en el Cielo y regresó: en cuanto cerró los ojos, tal como dijo el Caballero celestial, despertó en la Tierra, donde los visitantes ya se preguntaban por qué dormía tanto esa mañana.
10.El matrimonio de Ejiogbe
La primera persona que vio esa mañana fue una mujer de tez clara llamada Eji-Alo, hija de un jefe muy rico de Ifé. Se enamoró en cuanto la vio, y ella le dijo que venía a ofrecérsele en matrimonio. Pero después de casarse olvidó darle el macho cabrío grande a Eshu-Elegba, como se le había dicho en el Cielo. Eji-Alo quedó embarazada y tuvo un varón que nació lisiado. El padre, capaz de curar a otros lisiados, no podía curar a su propio hijo: de ahí salió el dicho «un médico puede curar a otros, pero no a sí mismo». Frustrada, Eji-Alo se negó a quedarse a cuidar del niño y acabó marchándose de la casa, dejándolo atrás.
Eshu-Elegba, Ogún y Obalufón se reunieron con Ejiogbe para preguntarle por qué no se le veía, y él contó su situación. Eshu-Elegba se ofreció a hablar con un Awó en el Cielo: los Awos resultaron ser Eduwe Koko y Ejo Mejinja, los mismos que le habían hecho adivinación en su último viaje espiritual, y le recordaron el macho cabrío grande que debía a Eshu-Elegba. Después de dárselo, los dos Awos prepararon una medicina para lavar las piernas del niño, e inmediatamente la vida volvió a ellas. A pesar del sacrificio y de la curación, Eji-Alo no se reconcilió, porque ya se había casado con Oluweri.
Parte de la medicina usada para curar al hijo se preparó con un ashé para que Ejiogbe pudiera ordenarle a la esposa regresar, si así lo deseaba. Sabiendo que ella ya era de otro hombre, prefirió usarla para citar a Eji-Alo en un lugar alejado de los alrededores de Ifé, y con su ashé citó también a Oluweri, el que había seducido a su esposa, en el mismo lugar. En cuanto la pareja apareció, los conjuró para que cayeran al piso y los fusionó en un solo cuerpo, condenados a moverse hacia adelante para siempre sin mirar atrás: Eji-Alo y Oluweri se convirtieron en un río, que todavía hoy se llama Oluweri, en el estado de Ondo, en Nigeria.
Por eso, cuando Ejiogbe sale en adivinación para una mujer que piensa dejar a su esposo, se le aconseja no hacerlo, pues las consecuencias de seguro conducirán a la muerte, especialmente si es esposa de un Sacerdote de Ifá.
11.El segundo matrimonio de Ejiogbe
La primera esposa de un verdadero hijo de Ejiogbe no permanecerá mucho tiempo a su lado, a no ser que sea de tez clara. La siguiente mujer de Ejiogbe se llamaba Iwere Were, y era una bruja. Por más que traten de evitarlo, los hijos de Ejiogbe —aquellos para quienes este odu aparece en el Igbodun— se casan con frecuencia con mujeres del mundo de la brujería: si tienen tres esposas, al menos dos serán brujas.
Ejiogbe aún era muy pobre cuando volvió a casarse, y la pareja vivía por debajo del nivel de pobreza. Siempre que mataban una rata, él le daba la cabeza a la esposa; lo mismo con el pescado, la gallina y hasta el chivo. Con el tiempo prosperaron: construyeron casa, criaron hijos y él pudo tomar otras esposas. Decidió entonces hacer una comida de agradecimiento a su Ifá: compró una vaca e invitó a los Sacerdotes de la familia. Durante la fiesta, al repartirse la carne, la esposa más antigua esperaba recibir, como era habitual, la cabeza de la vaca; cansada de esperar, la tomó y la puso a su lado. Algunos Sacerdotes vengativos la regañaron diciendo que la cabeza no era parte adecuada para una mujer, y se la retiraron. Ella esperó la intervención de su esposo, y como no llegó, abandonó la comida y se encerró en su habitación. Tres días más tarde recogió sus cosas y se fue a vivir con su hermano, llamado Iroko, quien poco después le dio un santuario.
Terminadas las ceremonias, Ejiogbe salió a buscarla por todas partes hasta llegar a casa del hermano. Al verla, le preguntó por qué lo había abandonado tan descortésmente. Con lágrimas en los ojos, ella le recordó que cuando eran pobres él siempre le daba la cabeza de cualquier animal, y que entonces ningún Sacerdote ni pariente aparecía; ¿por qué solo ahora, que podían comer de una vaca, venían a negarle ese privilegio? ¿Por qué nadie vino a exigir las cabezas de la rata, el pescado o la gallina? Y exclamó en un encantamiento poético:
¿Qué hombre puede vanagloriarse de ser más grande que el elefante?
¿Quién puede reclamar que es más grande que el búfalo?
¿Quién puede vanagloriarse de ser más influyente que el Rey?
¡Ningún paño de cabeza puede ser más ancho que aquellos utilizados por los ancianos de la noche!
¡Ningún traje puede ser tan largo como el que usan las brujas!
¡Ningún gorro puede ser más famoso que una Corona!
¡En largo o en ancho, la mano no puede ser más alta que la cabeza!
¡La rama de la palma frecuentemente es más alta que las hojas que están en la cabeza de ésta!
¡Dondequiera que haya música, es el sonido de la campana el que se oye más alto que todos los otros instrumentos!
La Palma es más influyente que todos los otros árboles del bosque.
Al escuchar el poema, Ejiogbe también lloró y le pidió perdón. Ella sintió pena y accedió a regresar, con la condición de que la apaciguara con una pieza de tela blanca, algún dinero, y sirviera su cabeza con un chivo. Esto explica por qué quien nace mediante Ejiogbe en el Igbodun tiene que servir la cabeza de su esposa más antigua con un chivo cuando goce de prosperidad. En adivinación se le preguntará si ya lo hizo, y se le dirá que su esposa más antigua, si es amarilla, es una bruja benevolente que lo ayudará a prosperar siempre que evite despreciarla. Si sale para un hombre cuya esposa más antigua abandonó la casa, se le aconsejará rogarle la reconciliación sin demora, no sea que vuelva a vivir en la penuria.
12.Cómo Ejiogbe ayudó a un litigante a ganar el caso
En cuanto prosperó, pudo invitar a otros Awos a trabajar para él. Cuando Babá Jagba Loorun vino con un caso pendiente, Ejiogbe invitó a otro Awó llamado Ajagba Agbagba Ajagba Jagba, ni ira, Toon difa-fun Babá Jagba Jagba Loorun. El Awó le mandó al litigante sacrificio para quedar libre en ese caso: dos gallinas, hebra hilada a mano y bastante jengibre (Unien en Benín, Eruru en yoruba). El hombre trajo los materiales y el Awó preparó el sacrificio: las plumas de las gallinas y las semillas de jengibre fueron cosidas con la hebra formando un collar que llevó en el cuello, y que después le fue quitado con el Uroke en el lugar sagrado de Eshu-Elegba. Cuando el caso llegó a la corte y fue juzgado, Babá Ajagba ganó. Por eso, cuando Ejiogbe sale para una persona con un caso pendiente, se le aconseja hacer este sacrificio, que debe prepararlo un Awó que conozca el modo de realizarlo.
13.Cómo Ejiogbe hizo que una mujer infecunda tuviera un hijo
EBITI OKPALE LIGBE
OOWO LE KUURU KU
ADIFA-FUN OLOMO AGBUTI.
Estos fueron los nombres de los Awos invitados por Ejiogbe cuando hizo adivinación para Elerimoju, que vino a verlo porque no podía tener hijos. Le mandó sacrificio sin demora y, preparado este, le indicó llevar la ofrenda a un desagüe de agua corriente (Agbara en yoruba, Orogho en Benín). Ella obedeció. Eshu-Elegba, molesto por no recibir parte del sacrificio, escuchó de Elerimoju —también llamada Olomo Agbuti— que ella ya le había hecho muchos sacrificios en vano. Entonces invocó la lluvia para impedir que el desagüe disfrutara del sacrificio; llovió tan fuerte que la corriente llevó el sacrificio hasta el río, y de ahí a Olokun, la Divinidad del agua, quien a su vez lo llevó al Cielo.
En ese momento, el hijo de Olodumare estaba enfermo, y los Awos celestiales invitados a curarlo pidieron a Olodumare que fuera a la parte de atrás de su casa a recoger un sacrificio que venía de la Tierra, para usarlo en la cura. Olodumare encontró el sacrificio de Elerimoju y se lo llevó a los Awos, que le añadieron Iyerosun y tocaron con él la cabeza del niño: casi de inmediato el niño sanó. Olodumare preguntó entonces a Olokun qué buscaba con aquel sacrificio salvador; Olokun explicó que no sabía de dónde lo trajo el desagüe; el desagüe explicó que lo había hecho Elerimoju; y el Ángel Guardián de ella contó que Orúnmila le había aconsejado ese sacrificio porque había permanecido infecunda desde que llegó a la Tierra, y que Elerimoju se lamentaba de que los hijos de quienes vinieron al mundo con ella ya eran tan grandes que la enamoraban.
Olodumare sacó su maza de autoridad y proclamó que Elerimoju tendría un hijo, y que antes de morir vería con sus propios ojos los hijos de sus hijos y de sus nietos. Antes del amanecer, Elerimoju tuvo la menstruación; cuando esta pasó, tuvo relaciones con su esposo y quedó embarazada. Nueve meses después nació un varón, al que llamó Adeyoriju; tuvo más hijos, nietos y bisnietos antes de regresar al Cielo. Por eso, cuando Ejiogbe sale para una mujer ansiosa por tener un hijo, se le aconseja este sacrificio, e invariablemente tendrá hijos abundantes.
14.Cómo Ejiogbe ayudó a la montaña a resistir el ataque de sus enemigos
AJA KULO MO, AJAA KUULU MO.
ADIFAFUN OKE, OTA LE LU RUN OKOO.
EBO OKE SHOOTA, OTA LEGBEJE ADAA.
EBO OKE SHOOTA.
A Oke, la montaña, se le aconsejó hacer sacrificio a causa de los planes malvados de sus enemigos: el machete y la azada trataban de destruirla. Después de que la montaña hizo el sacrificio, la azada y el machete salieron a destruirla, pero no pudieron ni siquiera arañarle el cuerpo, y la montaña incluso creció más. Ella se regocijó y le dio las gracias a su adivinador.
15.Ejiogbe salva a su hijo de las manos de la Muerte
Ono Gbooro miti fewa fue el Sacerdote de Ifá que hizo adivinación para Abati, el hijo de Ejiogbe, cuando la Muerte había planificado llevárselo en un plazo de siete días. A Abati se le mandó sacrificio con un gallo, una gallina y caracoles, y darle un macho cabrío a Eshu-Elegba. La Muerte trató en vano tres veces de llevárselo, y después lo dejó completar su estancia sobre la Tierra. Entonces Abati cantó el poema siguiente:
UKU GBEMI, OTIMI;
TIRI ABATI, ABATI TIRI;
ARUN GBEMI, OTIMI;
TIRI ABATI, ABATI TIRI.
La Muerte me agarró y me soltó.
La enfermedad me tuvo y me dejó.
Nadie se come la tortuga junto con el carapacho.
Nadie se come un carnero junto con su cuerpo.
La concha del caracol se guarda después de comerse su carne.
Yo he sobrevivido los malvados planes de mis enemigos.
16.Cómo la madre de Ejiogbe lo salvó de sus enemigos
EFIFI NII SHOJA OMO TEEREE TE
OKPA TEERE BE EJO LEYIN
OSHUDI EEREKO
OSHUDI EREEKE.
Estos son los nombres de los Awos que hicieron adivinación para Olayori, la madre de Ejiogbe, cuando la gente hacía comentarios sarcásticos sobre los buenos trabajos de su hijo. Ella hizo sacrificio con 4 palomas y 4 bolsas de sal, y después del sacrificio, la misma gente que despreciaba sus obras comenzó a hacer comentarios favorables. Es así porque nadie se pone sal en la boca para después hablar mal de su sabor; y en cuanto la gallina se sienta a descansar sobre sus huevos, su voz cambia.
17.Cómo Ejiogbe se convirtió en el rey de los Olodus (Apóstoles)
Cuando los dieciséis Olodus hubieron llegado al mundo, llegó el momento de designar un jefe entre ellos. Ejiogbe no había sido el primero en venir: muchos lo hicieron antes, y Oyeku Meji, rey de la noche, reclamaba la antigüedad. Todos acudieron a Orishanlá para que designara al Rey de los Olodus. Orishanlá los invitó y les dio una rata para compartir: Oyeku Meji tomó una pata, Iwori Meji la otra, Odi Meji una mano y Obara Meji la restante; las demás partes se repartieron según el orden convencional de antigüedad, y a Ejiogbe, por ser muy joven, le tocó la cabeza de la rata. Luego Orishanlá les entregó, en secuencia, un pescado, una gallina, una guinea y finalmente un chivo, repartidos de la misma forma: en cada caso, Ejiogbe recibió la cabeza.
Orishanlá los citó a los tres días para conocer la decisión. Ejiogbe hizo adivinación y se le mandó dar un macho cabrío a Eshu-Elegba. Después de comérselo, Eshu-Elegba le dijo que el día señalado asara un tubérculo de ñame y lo guardara en su bolso con un güiro de agua, y que llegara tarde a la reunión. Ese día, los Olodus pasaron a invitarlo y él respondió que estaba asando un ñame para comérselo antes de ir. Cuando se marcharon, peló el ñame, lo guardó en su bolso divino con el güiro de agua, y en el camino se encontró —tal como Eshu-Elegba le anunció— con una anciana que llevaba un montón de leña y apenas podía caminar del cansancio. Le cargó la leña; la mujer, agradecida, se quejó de un hambre terrible, y él sacó el ñame y le dio de comer; luego le dio el güiro de agua. Siguió cargando la leña mientras la anciana caminaba a su lado, sin saber que era la madre de Orishanlá.
Viéndolo apurado, la mujer le preguntó a dónde iba, y él contó que llegaba tarde a la conferencia donde Orishanlá designaría un Rey entre los Olodus, aunque de todos modos iría con calma: era demasiado joven para aspirar al reinado. Ella le aseguró que él sería nombrado Rey de los Apóstoles. Al llegar a la casa, le pidió dejar la leña en la puerta de atrás, y al reconocer la casa de Orishanlá, Ejiogbe comprendió a quién había estado ayudando y suspiró con alivio. Adentro, ella sacó dos piezas de tela blanca y le ató una en cada hombro, le colocó una pluma roja de cotorra en la cabeza y le puso yeso blanco en la palma de la mano derecha. Le mostró las 1.460 piedras (ota legbeje) del frente de la casa y le orientó pararse encima de la piedra blanca del medio. Con sus nuevos vestidos, allí se paró, mientras los otros esperaban en la cámara exterior.
Pasado un tiempo, Orishanlá preguntó a los demás por quién esperaban aún; respondieron que por Ejiogbe. Entonces les pidió que le dijeran el nombre del hombre parado afuera, y no pudieron reconocerlo. Orishanlá les instruyó ir a mostrarle sus respetos, y uno tras otro fueron a postrarse tocando el suelo con la cabeza a los pies de Ejiogbe. Después, Orishanlá lo proclamó formalmente Rey de los Olodus de la casa de Orúnmila. Casi unánimemente, los demás murmuraron molestos por el nombramiento de un Olodu tan joven. Orishanlá les preguntó cómo habían compartido los animales del período de prueba, y quién había recibido las cabezas; confirmaron que en cada caso se las dieron a Ejiogbe. Entonces exclamó que ellos mismos, sin saberlo, lo habían designado su Rey: cuando la cabeza está separada del cuerpo, el resto ya no tiene vida. Con esto se dispersaron.
Al salir, los Olodus decidieron mantener a Ejiogbe a distancia: no reconocerlo y no servirlo. Antes de dispersarse, Ejiogbe compuso un poema que utilizó como encantamiento para neutralizar todas las maquinaciones perversas en su contra, empleando hojas especiales:
OJA NII KI OWO WON JAA
OWUWU ONI KOO WO WON WUU.
IKPE AKIKO KIIGA AKIKA DEENU
IKPE ORIRE KII GUN ORIRE DEENU
ETUU KII OLO WON NI MO
INU LO OTIN IRE EFO EBERI WAA
Después de aquel incidente, le manifestaron que, antes de aceptarlo como Rey, tenía que darles de comer a todos con: 200 güiros de ñames machacados, 200 ollas de sopa preparada con diferentes carnes, 200 güiros de vino, 200 cestas de nueces de kolá, etcétera, dándole siete días para preparar la comida. La tarea parecía imposible: sabían que Ejiogbe no podía costearla. Se sentó a lamentar su pobreza y la perspectiva de quedar como un pastor sin rebaño. Eshu-Elegba se le acercó, conoció la causa de su melancolía y respondió que el problema se resolvía si le daba otro macho cabrío. Ejiogbe no perdió tiempo en dárselo, y Eshu-Elegba le aconsejó preparar solo una unidad de cada cosa requerida y conseguir 199 recipientes adicionales de cada una, alineándolos en el recinto de la comida el día señalado.
Así lo hizo. Los Olodus se burlaban, y al séptimo día fueron llegando uno a uno a preguntar si la comida estaba lista; como de la cocina no salía el sonido de la mano del mortero, dieron por hecho que no habría comida. Entre tanto, alineados ya los recipientes vacíos, Eshu-Elegba entró al recinto y le ordenó al preparado único que se multiplicara: al instante, todos los güiros, ollas y cestas se llenaron con preparados frescos y la comida quedó lista. Oyeku Meji llegó primero y, sorprendido, se sentó a servirse sin esperar invitación formal; lo siguieron Iwori Meji, Odi Meji, Iroso Meji, Ojuani Meji, Obara Meji, Okana Meji, Ogunda Meji, Osa Meji, Ika Meji, Otrupon Meji, Otura Meji, Irete Meji, Oshe Meji y Ofun Meji. Antes de darse cuenta, todos habían comido y bebido hasta saciarse.
Después de la comida, todos cargaron a Ejiogbe por encima de sus cabezas y bailaron en procesión por el pueblo, cantando:
AGBEE GEEGE.
AGBEE BABAA.
AGBEE GEEGE.
AGBEE BABAA.
Al llegar a la orilla del mar, Ejiogbe pidió que lo bajaran y cantó en alabanza de los Awos que le hicieron adivinación y del sacrificio realizado. Fue coronado formalmente jefe de los Apóstoles de Orúnmila con el título de Akoko-Olokun. Allí sacrificó cuatro caracoles obtenidos de la orilla del mar: el último sacrificio que hizo antes de hacerse próspero, y su reinado comenzó a florecer.
18.Lucha entre Ejiogbe y Olofen
Como Rey de los Olodus, Ejiogbe se hizo muy famoso y rico. Preocupado por la presencia de un rey poderoso en su dominio, Olofen, el gobernante tradicional de Ifé, organizó un ejército para luchar contra él. Ejiogbe soñó con el ataque inminente e invitó a un Awó llamado Oole Jagida, Olupe Kperoja («un arreglo fácil termina en hostilidad») a hacerle adivinación. Se le mandó buscar un puercoespín (Okhaen en Benín, Urere en yoruba) para preparar una comida de la que él no debía comer; el resto de los presentes sí comió. Después de esto, la conspiración se deshizo.
Poco después, viendo Olofen que Ejiogbe seguía por los alrededores y era cada vez más popular que él, organizó a un grupo de ancianos de la noche para pelear en su contra. Ejiogbe volvió al mismo Awó, que le mandó buscar un erizo (Akika en yoruba, Ekhui en Benín) para otro sacrificio: el Sacerdote le agregó las hojas pertinentes y preparó otra comida, advirtiéndole de nuevo que no comiera. Después de la comida, los designados por Olofen sintieron demasiada vergüenza para darle la cara a Ejiogbe. Tras cada comida, el Awó recolectó las cabezas, pieles y huesos de los dos animales.
Cuando Olofen descubrió que Ejiogbe seguía en el pueblo tan popular como siempre, exhortó a la gente a expulsarlo abiertamente. Ejiogbe invitó otra vez al Sacerdote, que le indicó obtener un macho cabrío y un antílope completo para un sacrificio especial a Eshu-Elegba. Con la carne, el Awó preparó otra comida de la que Ejiogbe tampoco comió. La gente, incluso después de disfrutar la comida, insistió en expulsarlo de Ifé; por mucho que lo intentaron, no se materializó.
Olofen cambió entonces de estrategia: lo invitó a una reunión en su propio Palacio a los tres días, y ordenó a sus verdugos reales prepararle una emboscada y asesinarlo a la ida o al regreso. Antes de salir, Ejiogbe fue al lugar sagrado de Eshu-Elegba con nuez de kolá, una cucharada de aceite de palma y un caracol, invocándolo con un encantamiento para que lo acompañara en el trayecto, pues no sabía qué conspiración lo aguardaba; también hizo su propio Odu en el suelo y repitió otro encantamiento. Atravesó todas las emboscadas sin incidente y llegó al Palacio. Olofen, sorprendido de verlo, no tenía nada tangible que discutir, y la reunión terminó tal como empezó; pero estaba seguro de que la emboscada lo alcanzaría al regreso.
Cuando los asesinos esperaban para asestar el golpe, intervino Eshu-Elegba: llamó al antílope del sacrificio para que volviera a estar entero, y el animal saltó en medio de la emboscada. Los asesinos abandonaron la vigilia y lo persiguieron hasta el Palacio de Olofen; al entrar el antílope, se produjo una confusión general y una lucha comunal en el pueblo de Ifé. En medio de la conmoción, Ejiogbe caminó tranquilo y en paz hasta su casa. Olofen acusó a sus asesinos de incumplir las instrucciones y los encerró a todos. Fue Ejiogbe quien después acudió al Palacio a apaciguar la confusión creada por el misterioso antílope, usando su bandeja de adivinación y otro encantamiento para devolver la paz a Ifé.
Después invitó a todos los Sacerdotes de Ifá, jefes y mayores del pueblo a una comida con una vaca, chivos y gallinas en agradecimiento a Orúnmila, y decidió no hermanarse nunca más con Olofen. Cantó en alabanza del Awó que lo acompañó y de Eshu-Elegba, que dispersó a sus enemigos con el antílope. Por esta razón, todos los hijos de Ejiogbe en Igbodun tienen prohibidos hasta hoy el puercoespín, el erizo y el antílope —los animales con que aplastó los planes malvados de Olofen—, y por eso los hijos de Ejiogbe no se llevan muy bien con ningún Obá o Rey en sus dominios.
19.Ejiogbe lucha con la Muerte
Ejiogbe sufrió a manos de todos los enemigos imaginables por dedicarse a defender el bien: tuvo problemas con los laicos y con los Sacerdotes, con sus familiares, con sus divinidades hermanas y con el Rey. Le llegó el turno a la Muerte de enfrentarlo en combate. El Awó que le hizo adivinación en esta ocasión se llamaba Iku kii nille Olodumare, Aron kii ja nille Olodumare («la Muerte y la enfermedad no hacen la guerra en la casa de Dios»). Se le dijo que moriría antes de terminar el año a no ser que hiciera sacrificio con 200 campanas y un macho cabrío a Eshu-Elegba: la campana siempre sonará, porque ella no muere. Dos Awos le prepararon la campana para que la sonara cada mañana, y así sobrevivió hasta el final de ese año y más. Este es el sacrificio que se hace cuando Ejiogbe aparece en la adivinación y predice la muerte del solicitante.
Viendo que Ejiogbe lo había sobrevivido, la Muerte ideó otro plan para acabar con él en siete días. Esa misma noche Ejiogbe soñó con la Muerte revoloteando a su alrededor e invitó a uno de sus sustitutos a hacerle adivinación. El Awó, llamado Una Oke rorora moota, le confirmó que la Muerte lo había marcado para siete días, y le mandó sacrificio con un macho cabrío, un gallo y 20 nueces de kolá: el macho cabrío y el gallo para Eshu-Elegba, y romperle a Ifá una de las 20 nueces de kolá cada día durante 20 días, apretando las nueces partidas sobre las semillas de Ifá (Ikin) mientras recitaba:
«Permítame vivir para partir nuez de kolá para Ifá al día siguiente;
quienquiera que apriete nueces de kolá para Ikin nunca morirá».
Al final, vivió durante los cincuenta años siguientes.
20.Rasgos notables de Ejiogbe
En un poema especial, Ejiogbe revela que si aparece en Igbodun para una persona de tez clara, la paternidad de esa persona deberá revisarse minuciosamente, porque puede haber dudas al respecto. Insiste en que, si no se examina la verdad sobre el origen del neófito, el riesgo de muerte prematura es muy real, y que nadie deberá culpar a Orúnmila de la muerte a destiempo del iniciado si no se dice la verdad sobre la duplicidad de su paternidad; no hay manera de que esa persona, especialmente si es de baja talla, prospere en la vida. Por otro lado, proclama enfáticamente que si aparece para una persona de tez oscura y alta, será un verdadero hijo de Ejiogbe: no solo prosperará, sino que será famoso y popular, y seguramente se le conferirá un título tradicional o estatal más adelante en la vida, siempre que limpie el camino para que Ifá lo ayude; no será dado a juegos sucios ni a la ambivalencia. El indicado de Ejiogbe de baja talla y tez clara es el que se dedica a la traición y la mala fe. En general, los hijos de Ejiogbe tienen muchos obstáculos difíciles que cruzar antes de ver la luz.
Todos los hijos de Ejiogbe deben abstenerse de comer antílope, erizo y puercoespín, y evitar el plátano y el ñame rojo, para obviar el riesgo de dolor de estómago. Cuando Ejiogbe ayuda a alguien, lo hace de manera sincera; si se le provoca hasta la violencia, destruye de manera irreparable. Sus hijos son, además, muy perversos e indulgentes. Al mismo tiempo, es bien capaz de cambiar fortunas, ya que Orúnmila no cree en imposibles, como puede verse en el siguiente poema:
Las personas sensatas no escuchan al pájaro cantar cantos de dolor.
Las dificultades y los problemas le sacan al hombre lo mejor de sí.
La paciencia y el sacrificio hacen que lo imposible sea posible.
Denme un problema difícil para resolver de manera que los que dudan puedan creer.
Denme una guerra para pelear para que los mortales puedan comprender la fuerza de las divinidades.
Aprender de desgracias pasadas es de sabio.
No aprender de errores pasados es de tonto.
La persona que no hace sacrificio vindica al adivinador.
Tal y como el que ignora el consejo convierte al consejero en vidente.
21.La tierra de las desavenencias
«El hombre que aprende de las desavenencias» y «el hombre que no aprende de las desavenencias» fueron los dos sustitutos de Ejiogbe que hicieron adivinación para la tierra de las desavenencias. Aconsejaron a la gente sacrificar 7 perros, 7 tortugas y 7 caracoles para librarse de las querellas constantes, y el pueblo se reunió e hizo el sacrificio. Dos de cada material se ofrecieron a Ogún, quien junto a Osanyin siempre andaba fermentando querellas para el pueblo; dos de cada víctima —excluyendo los caracoles, que Osanyin prohíbe— se le dieron a Osanyin; cuatro caracoles se ofrecieron a la divinidad del suelo; y los tres perros restantes se prepararon y se soltaron por el pueblo. Por este sacrificio, a algunos hijos de Ejiogbe se les aconseja criar perros.
Los perros pronto se reprodujeron y multiplicaron. Cada vez que Ogún empezaba a crear problemas en el pueblo, los perros le ladraban; molesto, Ogún se ponía a perseguir a uno para matarlo y comérselo, abandonando así su misión. Y cada vez que Osanyin se acercaba a crear caos, el suelo liberaba gran cantidad de caracoles que siempre lo molestaban, y se iba corriendo.
22.El acertijo de los Awos
Después de escuchar tanto sobre las actividades de Orúnmila en los días de Ejiogbe, el Rey de Ifé decidió probarlo junto con los otros Awos, esperando reducir su creciente popularidad. Tomó un güiro e insertó en él la esponja y el jabón usados por una recién casada, agregó madera roja y tejido de indiana de color negro (asho etu), amarró el güiro con una pieza de tela y lo depositó en su lugar sagrado de Ifá. Entonces invitó a los Awos a revelar el contenido del güiro. Todos trataron y fracasaron, hasta que llegó el turno de un Awó llamado Adaro seku, ashawo kookuta, oke olobitun ofiyi she okpe, ogbo ogbo ogbo, uno de los sustitutos de Ejiogbe. En cuanto se sentó, llamó con su vara de adivinación (Uroke) en la bandeja (Akpako) y apareció Ejiogbe. Dijo entonces que los materiales del sacrificio eran esponja y jabón usados para bañar a una novia, madera roja e indiana negra. El Rey obtuvo la respuesta que quería, quedó satisfecho y compensó al Awó con un título de jefatura y cuatro esposas: dos de tez clara y dos de tez oscura.
23.Poema de Ejiogbe para el progreso y la prosperidad
ENI- Shee inoo ni moo.
EJI- Jiji le ekpon agbo oji-eejaa.
ETA- Maa taaku nu, Maa Taarun daanu.
ERIN- Bi a baarin, adifo ooye la agbo.
ERUN- Maarun kaasha, maada mi.
EFA- Efa ule, efa ono ouniti erukoo.
EJE- Bi aghoro ba tii shoro, aakiije.
EJO- Uwaami aajo, eyin mi aajo.
ESON- Uwaami aasuon, Eyinmi aasuon.
ENO- Inco wale ayo, Kuroiita.
OKONLA- Elereni eleno diiro Alara, Eleno diiro Ajero, eleno odiro Oba ado, Ooni Oka siru Eleno diiru re. Osemowo aamu udu ghaaran eleno diirure, Orúnmila ome kikan eekekun ro raba eleno diiru re. Ta ago, Teeru niiso ni ile oloja Gbeleni soomi eeton ni nuule Alade Aasofun oloware yi aalesio.
UNO- Una persona agrega a lo que ya tiene.
DOS- No importa cuánto se muevan los testículos del carnero, ellos no se le separan del cuerpo.
TRES- Yo sobreviviré a las frías manos de la muerte.
CUATRO- Una larga discusión lo lleva a uno tan lejos como Ife.
CINCO- Cuando yo coma fuego, me lo tragaré.
SEIS- La azada trae al hogar regalos de dentro y de fuera de la casa.
SIETE- Cuando un Sacerdote sirve a su Divinidad, esto dura siete días.
OCHO- Yo prosperaré en la vida al igual que en el más allá.
NUEVE- Yo tendré éxito en la vida y en el tiempo venidero.
DIEZ- El Ayo solamente puede jugarse en su recipiente.
ONCE- A los reyes de Ara, Ijero y Benin solo se les obsequian cajas de regalo respetables. Los regalos al Ooni de Ife, Osemawe de Ondo y Orúnmila también son presentados en múltiplos. Las uñas de un tigre no se utilizan como cuchillos para arañar el cuerpo humano. El portador de obsequios descarga su equipaje ante el mayor a quien están consignados. La carga y la descarga, al igual que las idas y las venidas, nunca terminan en la casa de las hormigas / comejenes.
A la persona se le deberá decir, después de la ceremonia especial que acompaña este poema, que el progreso y los logros siempre la acompañarán. Se requiere de mucha persuasión antes de que los Awos accedan a realizar esta ceremonia especial para los hijos de Ejiogbe.
24.Akpetebi molesta a Ejiogbe
Ejiogbe era conocido por su paciencia y tolerancia. Un día, una de sus esposas lo irritó tanto que abandonó la casa molesto. En el camino se encontró, uno tras otro, con los agentes de destrucción: Eshu-Elegba, la Hechicería, el Duende, la Enfermedad y la Muerte, que le preguntaron a dónde iba con semejante cólera. Respondió que se iba de la casa por culpa de su esposa, que no le permitía tener paz de espíritu. Cada uno prometió regresar con él para ocuparse de la esposa que lo había ofendido.
Esa noche, la esposa tuvo un sueño que le dio tanto miedo que a la mañana siguiente fue por adivinación. Se le dijo que la desgracia, la enfermedad y la muerte súbita seguían su rastro, porque Orúnmila había informado del asunto a sus altos poderes. Debía barrer y limpiar la casa, lavar las ropas de Ejiogbe y preparar una comida en cinco múltiplos —sopa, ñame machacado, carne, vinos, nueces de kolá, agua, etcétera— por el regreso del esposo, y presentársela de rodillas en cuanto volviera.
Ejiogbe estuvo cinco días fuera. Al quinto día regresó acompañado por las cinco Divinidades; al llegar a la entrada principal les pidió que esperaran y entró por la puerta de atrás. Llorando, la esposa se arrodilló a abrazarlo y pedirle perdón, y le entregó la comida múltiple, una por cada día de ausencia. Por su buen corazón, Ejiogbe tomó la comida y se la dio a las cinco Divinidades que esperaban afuera. Después de comer, ellas se movieron para atacar a la mujer, pero Ejiogbe les dijo que ella había expiado sus transgresiones, pues era quien había preparado la comida que acababan de disfrutar, y les recordó la regla divina de que uno no mata a quien lo alimenta. Así salvó a su esposa de la destrucción. Por lo tanto, cuando Ejiogbe sale en adivinación para una mujer casada, se le dirá que prepare la comida mencionada en múltiplos de cinco, porque ha ofendido tanto a su esposo que las divinidades destructoras están influidas por la cólera.
25.Orúnmila adivinó para lo más importante
Orúnmila ni o di iherehere, mi iherehere la jori eku, iherehere ni a jori eja, a tokun tosa la gbori erinla ki kere nIfe o daiye, a ki igba du-du terin a ki se yekete tefon. Oja ki itoja i-gba-le, elu-kelu ki itOni, okun ki itokun. Yemideregbe, Yemideregbe loruko a pOlokun.
Orúnmila ni ka won nibu ka won niro gbogborogbo lowo yo jori gbogborogbo ni moriwo ope yo jogomo igbo ki-di ki iroko ki o ma yo, a ki ik-ere jo, ki t-agogo ki o ma yo, t-emi yo t-emi yo, l-ako ke.
Nje ti yesi ni o yo-ri ju?
Dedere oran ope ni o yo-ri ju, dedere.
B-okan yo a ja-na; Dedere oran ope ni o yo-ri ju, dedere.
B-ogan yo a ja-na; Dedere oran ope ni o yo-ri ju, dedere.
T-emi yo t-emi yo l-ako ke; Dedere oran ope ni o yo-ri ju, dedere.
A ki ik-ere jo ki t-agogo ki o ma yo; Dedere oran ope ni o yo-ri ju dedere.
Orúnmila dice que todo debe realizarse poco a poco. Yo digo que poco a poco debemos comer la cabeza de la jutía; poco a poco debemos comernos la cabeza del pescado. El cual viene del mar, el que viene del lago a recibir la cabeza de la vaca que fue importante en Ife hace tiempo. Nosotros no somos tan grandes como el elefante ni tan corpulentos como el búfalo. La banda que se usó por debajo no es tan fina como la que se ató encima. Ningún rey es tan grande como El Oní. Ninguna sarta de caracoles es tan larga como la de Yemideregbe; Yemideregbe es como nosotros llamamos a la Reina de los Mares.
Orúnmila dice que debemos medir la longitud y medir el ancho. La mano alcanza mucho más alto que la cabeza. Las ramas de las palmas jóvenes llegan más alto que las ramas de las palmas viejas. Ningún bosque es tan denso como para que no se vea la Ceiba. Ninguna música es tan alta como para que el sonido del gong no sea escuchado. Lo mío es importante, lo mío es importante, es el grito de Heron el Canoso.
«Entonces, ¿el problema de quién es más importante?»
«El problema de las palmas claras es más importante, evidentemente.»
«Los retoños de Okan, ellos alcanzan el camino; el problema de las palmas claras es más importante, evidentemente.»
«Los retoños de Ogan, ellos alcanzan el camino; el problema de las palmas claras es más importante, evidentemente.»
«Lo mío es importante, lo mío es importante, es el grito de Heron el Canoso; el problema de las palmas claras es más importante, evidentemente.»
«Ninguna música es tan alta como para que el sonido del gong no sea escuchado: el problema de las palmas claras es más importante, evidentemente.»
26.Orúnmila adivinó para la organización
Orúnmila ni o di e-lese m-ese mo ni o di e-lese m-ese o ni oko m-ese ti-re ko ba ja.
Orúnmila ni o di e-lese m-ese, mo ni o di e-lese m-ese, o ni ogbon-wo m-ese ti-re ko ba ja.
Orúnmila ni o di e-lese m-ese, mo ni o di e-lese m-ese, o ni ogoji m-ese ti-re ko ba ja.
Mo ni nje baba mi Agbonnire ta-ni i ba ese ti-re ja? O ni ewadota ni-kan ni o ba ese ti-re ja nitori-ti a ki ka-wo-ka-wo k-a gbagbe ewadota.
Ifa ni o ko ni je-ki a gbagbe eni-ti o da Ifa-yi, oluware si nfe se ahun kan yio ba ese ja ni ohun ti o nfe se na yi.
Orúnmila dice que cada uno debe tomar su propia línea; yo digo que cada uno debe tomar su propia línea; Él dice que veinte cauris toman su línea pero no pueden llegar al final.
Orúnmila dice que cada uno debe tomar su propia línea; yo digo que cada uno debe tomar su propia línea; Él dice que treinta cauris toman su línea pero no pueden llegar al final.
Orúnmila dice que cada uno debe tomar su propia línea; yo digo que cada uno debe tomar su propia línea; Él dice que cuarenta cauris toman su línea pero no pueden llegar al final.
Yo digo: «Entonces, Agbonire, padre mío, ¿quién puede completar su línea?». Él dice: solo cincuenta cauris pueden completar su línea, porque no podemos contar dinero y olvidar a cincuenta cauris.
Ifá dice que Él no permitirá que la persona que indica esta figura sea olvidada. Esta persona quiere hacer algo, y completará su línea en la medida en que quiera hacerlo.
27.Se adivinó Ifá para Olomoagbiti
Ebiti pa-le n-gbe wo-le n-gbe tu-rutu a da fun Olomoagbiti ti o tori omo d-Ifa, nwon ni ki o ru-bo kojo merin, eku merin, ati eja merin. Olomoagbiti ni oruko ti a pe ogede. O gbo o si ru-bo.
Olomoagbiti wa omo titi ko ri, o mu eji k-eta o lo s-odo babalawo o si bere bi on o ti se ni omo? Nwon ni ki o ru-bo, o su ru-bo, o fi awon n-kan ti a da-ruko nwon yi ru-bo; o si wa di o-l-omo pupo. Lati igba-na ni a ko ti fe omo were ku ni-di ogede. Omo ki itan owo yeye, omo were ko ni tan l-ese ogede.
Ifá ni nitori omo ni e-l-eyi se d-Ifá bi o ba ru-bo omo ko ni tan no odede e-l-eyi lai-lai.
«La muerte castigó a la tierra sorprendiéndola al traerle el polvo» fue el que adivinó Ifá para Olomoagbiti, cuando ella fue al pie de Ifá porque deseaba tener hijos. Ellos le dijeron que debía sacrificar cuatro ollas, cuatro jutías y cuatro pescados. Olomoagbiti es lo que llamamos plátano. Ella escuchó y ofreció el sacrificio.
Olomoagbiti había estado tratando y tratando de tener hijos, pero no había tenido ninguno; tomó cinco cauris y fue donde los adivinadores a preguntar qué debía hacer para tener hijos. Le dijeron que debía hacer sacrificio y lo hizo: sacrificó las cosas mencionadas y se convirtió en madre de muchos hijos. Desde entonces se observa que la mata de plátano siempre tiene hijos jóvenes. Los hijos nunca faltarán de la mano de la madre; los hijos jóvenes nunca faltarán al pie del plátano.
Ifá dice que por causa de los niños es que la persona fue a verse con Ifá; si hace el sacrificio, nunca faltarán los hijos en su puerta.
28.Adivinaron para Orúnmila para la medicina contra los Abikú
Igbo ni-gbo-na Odan l-odan orun a da fun Orúnmila ni-jo t-Ifa nlo ki owo a-bi-ku bo-le ni koto atitan. Ni-gba-ti Orúnmila nse a-bi-ku, o to awon babalawo Igbo-ni-gbo-na ati Odan-l-odan orun lo, nwon si so fun pe ki o ru-bo o si ru-bo, lati igba-na ni a-bi-ku ti da-wo-duro ni ara awon obinrin re.
Ifa ni a-bi-ku nba e-l-eyi ja, bi o ba si le ru-bo yio da-wo-duro.
«Bosque es el bosque del fuego» y «Manigua es la manigua del sol» fueron los que adivinaron para Orúnmila el día que él fue buscando una medicina contra los Abikús, por el atolladero en que estaba en su cabaña. Cuando Orúnmila tuvo problemas por causa de los Abikús fue donde los adivinos «Bosque es el bosque del fuego» y «Manigua es la manigua del sol»; le dijeron que debía hacer un sacrificio y él sacrificó. Desde entonces sus esposas dejaron de parir Abikús.
Ifá dice que la persona tiene guerra con los Abikús; si es capaz de sacrificar, esa guerra parará.
29.Se adivinó para el Buitre
Orogbo Osugbo Aja-ni-moro-tipe-tipe a da fungun omo Olojongboloro a-l-afin ba won gb-ode Ora; a ki ri-opepe Igun l-atan, orogbo kange kangere kangere n-Ife, orogbo kangere. Ifa ni e-l-eyi yio di arugbo o ni bi a ki iti ri omode Igun, be-ni e-l-eyi yio di arugbo.
Igun ni kin-ni on yio se ti on yio fi di arugbo? O lo si odo awon babalawo, nwon ni ki o ru-bo, ki o si bu iye re le ori, ni-gba-ti Igun ru-bo ti o si bu iye re le ori, ori re si bere si funfun bi eni-pe o wu iwu ati igba-na ni ori Igun ti ma nfunfun ti o si dabi iwu; a ki si mo omode Igun ati agba yato nitori-ti ori gbogbo won ni o pa.
«Kolá amarga de la sociedad Ogboni, techo muy impermeable de la herrería» fue el que adivinó Ifá para el Buitre, el hijo de Olojongboloro, quien golpeó el tambor de afin con los que vivían en el pueblo de Ora. Los hijos del buitre nunca se ven en la casa. Débil, débil la kolá amarga, débil en el pueblo de Ife, débil la kolá amarga. Ifá dice que esta persona vivirá hasta ser muy vieja: como nunca se ven los buitres jóvenes, así mismo esta persona vivirá muchos años.
El buitre preguntó qué debía hacer para vivir hasta edades bien mayores. Fue donde los adivinos y le dijeron que debía hacer sacrificio y rociar sobre su cabeza polvo divino. Cuando el buitre sacrificó y roció sobre su cabeza el polvo divino, esta se puso blanca como una persona a la que el pelo se le puso canoso. Desde entonces la cabeza del buitre siempre está blanca y parece tener el pelo canoso; no se puede notar la diferencia entre un buitre joven y uno viejo, pues las cabezas de ambos están calvas.
30.Se adivinó para uno ampliamente conocido
Ina tin l-egbe orun, Agunmola tin l-ehin osu a da f-A-mo-ka oruko ti a pe ojo. Ifa ni e-l-eyi yio ni oruko ni ohun ti o da Ifa si yi, yio si ni oruko sugbon ki o ru-ebo eku kan eja kan, akiko ti o ni ogbe l-ori kan ati adegbeta ati epo. A-o mu ori eku ati eja na, a-o ge die ni-nu ogbe akiko na a-o ko si-nu ewe ela kan; A-o lo won po; a-o fi sin gbere ejilelogun si ori eni-ti o wa da Ifa yi.
«El tenue fuego a un lado del cielo, la clara estrella de la tarde en el cuarto creciente de la luna» fue el que adivinó Ifá para «Uno que es ampliamente conocido», el nombre que usamos para el sol. Ifá dice que esta persona tendrá renombre por ella misma, pero debe sacrificar una jutía, un pescado, un gallo con mucha cresta, dinero y manteca de corojo. Tomaremos las cabezas de la jutía y el pescado y un pedazo de la cresta del gallo; pondremos todo en una hoja de orquídea y lo maceramos junto. Después le haremos a la persona veintidós pequeñas incisiones en la cabeza y le imponemos esta mezcla a modo de rogación de cabeza.
31.Se adivinó para Ore, la esposa de Agbonniregun
Iro-fa a b-enu ginginni a da f-Ore ti ise obinrin Agbonniregun. Ifa ni obinrin kan wa ti o nya-ju si oko re, ki o ma to-ju oko re gidi-gidi nitori-ti ori oko na nfe ba ja nitori-na ki o ni igba iyan mefa, ki o fo aso oko re, ki o si ma pa-le oko re ki o si ni amu oti sekete kan ki o gbe si idi Ifa oko re l-oni.
«Las campanas de Ifá tienen una boca afilada» fue el que adivinó Ifá para Ore, la esposa de Agbonniregun. Ifá dice que hay una mujer que es insolente con su esposo; debe ser muy considerada con él, pues él está planeando un castigo para ella. Por lo tanto, debe hacer seis panes de ñame triturado, lavar la ropa de su esposo, limpiar las paredes y el piso de su casa y poner una vasija con cerveza de maíz donde está el Ifá de su esposo.
En esos tiempos, Ore era la única esposa de Agbonniregun, pero no lo amaba plenamente: cuando él salía en público, ella lo insultaba y rehusaba prepararle comida. Cuando Agbonniregun vio el verdadero carácter de su esposa, le preparó y le dio una medicina mala para provocarle la muerte, la enfermedad, la pérdida, la pobreza y el castigo. En esos días Ore se acostó y tuvo un sueño; al levantarse, cogió cinco cauris y fue donde los adivinadores para que la examinaran. Le dijeron que había tenido un mal sueño porque su esposo le había dado una medicina para provocarle la muerte, la enfermedad, la pérdida, la pobreza y el castigo. Después de esto, ella tomó la ropa del esposo y la lavó, limpió la casa dos veces, preparó seis panes de ñame triturado y se los puso en el Ifá de su esposo.
Cuando Ore hizo todas estas cosas, Agbonniregun regresó a la casa, y al ver la ropa lavada, la casa limpia y los seis panes de ñame molido en su Ifá, dijo:
«Oh shoko»; ellos respondieron «Bani».
Que la muerte no le cause más problemas a Ore, oh;
Ore hizo ñame triturado, Ore hizo un estofado, Ore.
Que la epidemia no le cause más problemas a Ore, oh;
Ore hizo ñame triturado, Ore hizo un estofado, Ore.
Que la pérdida no le cause más problemas a Ore, oh;
Ore hizo ñame triturado, Ore hizo un estofado, Ore.
Que el castigo no le cause más problemas a Ore, oh;
Ore hizo ñame triturado, Ore hizo un estofado, Ore.
Fue de esta forma que Ore escapó de las cosas que Agbonniregun había hecho en su contra para castigarla.
32.Orúnmila adivinó para que tuvieran un respiro y honor
Orúnmila ni o di hin; mo ni o di imi sin-sin o ni eni-ti o ba fi omi ru-bo ise ni sin-mi.
Orúnmila ni o di hin; mo ni o di imi sin-sin o ni eni-ti o ba fi ila ru-bo ise ni ini ola.
Orúnmila ni o di hin, mo ni o di imi sin-sin, o ni eni-ti o ba fi iyo ru-bo ise ni oran re dun.
Orúnmila dice que nosotros debemos suspirar «hin» (sonido del suspiro); yo digo que debemos tomar un respiro y descansar. Él dice que aquel que ofrezca agua tendrá un respiro; que aquel que ofrezca quimbombó tendrá honor; que aquel que ofrezca sal encontrará satisfacción en sus negocios.
Se requiere una jícara con agua fría; se le agrega sal y rodajas de quimbombó, marcamos Ejiogbe en el tablero y le echamos de ese Iyefá al agua. La persona a la que se le vio el signo debe tomar de esa agua, y todo aquel que desee tomar puede hacerlo. Después derramamos lo que quede al pie de Eshu-Elegba. Ifá dice que la persona a la que se le vio este Odu quiere tener un respiro y lo tendrá, además de obtener honor.
33.Se adivinó para Orúnmila cuando iba a hacer amistad con Eshu-Elegba
Ponripon sigidi ni ise awo inu igbo, Ogogoro l-awo Ijamo, b-ore ba dun l-a-dun-ju a dabi iye-kan a da fun Orúnmila t-o nlo ba Eshu-Elegba d-oluku.
«A ki ba Eshu-Elegba d-oluku k-oju owo pon-ni / Eshu-Elegba se ni mo wa ba o d-oluku
A ki ba Eshu-Elegba d-oluku k-oju aya pon-ni / Eshu-Elegba se ni mo wa ba o d-oluku
A ki ba Eshu-Elegba d-oluku k-oju omo pon-ni / Eshu-Elegba se ni mo wa ba o d-oluku»
Ponripon shigidi, el adivinador del bosque, Ogogoro, el adivinador de Ijamo, y «Si un amigo es extremadamente cariñoso, él quiere a los niños como la propia madre» fueron quienes adivinaron Ifá para Orúnmila cuando iba a hacer amistad con Eshu-Elegba.
«Aquellos que se amigan con Eshu-Elegba no tienen problemas monetarios. Eshu-Elegba, tú eres el primero y yo quiero ser tu amigo. Aquellos que se amigan con Eshu-Elegba no tienen problemas con las esposas. Eshu-Elegba, tú eres el primero y yo quiero ser tu amigo. Aquellos que se amigan con Eshu-Elegba no tienen problemas con tener hijos. Eshu-Elegba, tú eres el primero y yo quiero ser tu amigo.»
Mataremos un gallo, desgarrándolo y abriéndolo hasta la pechuga. Romperemos un caracol con babosa y lo ponemos con manteca de corojo dentro del gallo, y lo ponemos al pie de Eshu-Elegba. Ifá dice que la persona desea tener una nueva amistad y que este nuevo amigo será de su beneficio.
34.Se adivinó para Orúnmila cuando enamoraba a la Tierra
Omo-wo tori iyan o yo-ke, ataparako se ehin kokoko pa-bi a da fun Orúnmila ti o ma fe Aiye omo E-l-ewu emure, nwon ni ki Orúnmila ru-bo ki o ba ri aya na fe, eku kan, egbedogbon, ati ayebo adie meji. A-lo so ileke-k-ileke mo eku na ni idi a-lo lo fi gun-le si-nu igbe, Orúnmila ru-bo.
«Por triturar los ñames los dedos se encorvan; el pulgar se endurece por partir las nueces de kolá» fue el que adivinó para Orúnmila cuando estaba enamorado de la Tierra, hija de «La que tiene el vestido agradable». Le dijeron a Orúnmila que debía sacrificar una jutía, dinero y dos gallinas para poder casarse con ella; que atara algunos tipos de cuentas a la cintura de la jutía y la empalara dentro de la tierra en el monte. Orúnmila sacrificó.
La Tierra era la hija del Rey. Vestía doscientas ropas alrededor de su cintura y dijo que se casaría con aquel que le viera las nalgas desnudas. En la mañana del día siguiente, la Tierra entró al bosque a defecar; Eshu-Elegba aplaudió, la jutía cobró vida y las cuentas que Orúnmila había atado a su cintura se convirtieron en perlas. Cuando la Tierra vio la jutía con las perlas, comenzó a perseguirla, y según la perseguía, sus doscientos vestidos fueron cayendo de su cintura hasta quedar desnuda. En ese momento llegaba Orúnmila a revisar su sacrificio y se encontró con la Tierra corriendo desnuda. Al verlo, la Tierra dijo que era suficiente: se casaría con el que le había visto las nalgas desnudas. Así la Tierra se convirtió en esposa de Orúnmila; él llevó todas las pertenencias de ella a su casa, donde ella se instaló. Cuando Orúnmila se casó con la Tierra, comenzó a cantar y bailar regocijado:
«Capturamos a La Tierra.
Nunca la abandonaremos, oh, ay, ay.»
Ifá dice que la persona encontrará una mujer para casarse y que a través de ella recibirá una bendición: la mujer le traerá muchos tipos de beneficios.
35.Se adivinó para Orúnmila cuando se iba a casar con Nwon, la hija de la Diosa del Mar Olokun
Ejinrin fa gburu-gburu wo-lu a da fun Orúnmila ti o nlo fe eyi Toro omo O-l-okun. Nwon ni ki Orúnmila ru-bo ki o ba le fe, akiko meji, ayebo kan, eku, eja oke meji, ati egbafa; o ru-bo.
«Ejinrin se extiende y se extiende antes de entrar al pueblo» fue el que adivinó por Ifá para Orúnmila cuando se iba a casar con Nwon, hija de la Diosa del Mar Olokun. Le dijeron que debía sacrificar dos gallos, una gallina, una jutía, un pescado y dinero para poder casarse con ella, y él hizo el sacrificio. Cuando fue a la casa de la Diosa del Mar llevó dos bolsas de dinero, y al llegar, Eshu-Elegba le guiñó los ojos convirtiéndolo en alguien buen mozo. Cuando Nwon lo vio, dijo que ese sería con quien le gustaría casarse. La Diosa del Mar contó que las cuatrocientas deidades habían querido casarse con Nwon y ella las había rechazado: ¿a dónde podría llevarla Orúnmila para escapar de la ira de ellas? Orúnmila dijo que él se la llevaría, y la Diosa del Mar comenzó a ser hospitalaria con él, pues su hija al fin había encontrado al hombre que deseaba.
Cuando las cuatrocientas deidades supieron que Nwon amaba a Orúnmila, se enojaron muchísimo: cavaron un hueco a la derecha, un abismo a la izquierda y, al frente, un hoyo tan profundo como la altura del cielo. Al ver esto, Eshu-Elegba tomó los dos gallos que Orúnmila había sacrificado: tiró uno en el hueco de la derecha y lo tapó, el otro en el de la izquierda y lo tapó, y tiró la gallina en el hoyo del frente y también lo tapó. Las deidades habían advertido a los barqueros del río que Orúnmila debía cruzar que, si un adivino llegaba con una mujer, no lo cruzaran. Al acercarse al río, Orúnmila metió a su esposa en una bolsa, le tapó la cabeza con otra, la ató fuertemente y la cargó; los barqueros no reconocieron en él al hombre anunciado y lo cruzaron. Al llegar al mercado de Ifé, puso la bolsa en el piso, la desató y salió su esposa. Las cuatrocientas deidades se desilusionaron y se molestaron mucho, pero Orúnmila bailaba y decía regocijado:
«Ooooooh Shoko, Bani.
Ejinrin se extiende y se extiende antes de entrar al pueblo, oh,
fue el que adivinó Ifá para mí, Orúnmila,
cuando me iba a casar con Nwon, la hija de la Diosa del Mar.
Las Cuatrocientas Deidades cavaron un hueco a la derecha;
las Cuatrocientas Deidades cavaron un abismo a la izquierda;
al frente cavaron un hoyo tan profundo como la altura del cielo.
Pudieron cavar un hueco a la derecha, oh;
pudieron cavar un abismo a la izquierda;
pudieron cavar un hoyo tan profundo como la altura del cielo;
nunca dijeron que alguien no pudiera llegar a su casa, gbain.
Orúnmila me llevó en su jaba, me llevó en su bolso,
por lo tanto podemos estar juntos;
por lo que dondequiera que vayamos, podremos estar juntos.»
Ifá dice que nos casaremos. Todo el mundo tratará de enrollarnos, de cambiarnos y conspirará contra nosotros; pero no debemos temer: nos casaremos.
36.Se adivinó para él, para escaparse de las Brujas
O ku gbe ohun oro, m-a rin dodo ohun ojingbin; ologbo ni fi odun se ara a da fun omo a-r-ese sansa tu-rupe nwon ni aya sansa kan l-o gba? Nwon ni afi-bi o ba ru obi merindinlogun, abo adie meta, awo dudu tun-tun igba-de-mu tun-tun egbeta; ko ru-bo.
«Él está perdido de nosotros por la muerte, es un grito lleno de dolor; caminaré hablando conmigo en muy baja voz; el gato es el único que viste con tela de rafia» fue quien adivinó Ifá para «Él esparce el lodo con el pie grande». Preguntaron: ¿va a tomar como esposa a una mujer debilucha? Dijeron que sería malo para él si no sacrificaba dieciséis nueces de kolá, tres gallinas, un plato negro y nuevo, una jícara nueva para las bebidas y dinero. Él no hizo el sacrificio.
Tomó a la mujer como esposa; después las llagas lo confinaron en la casa y murió. Ifá dice que si la persona a la que le salga este signo no realiza el sacrificio, las brujas le destruirán algo que tiene.
37.Se adivinó para la madre de Agbonniregun
Owo t’ara / Ese t’ara / Otaratara lo difa f’Eleremoju ti ese Iya Agbonniregun / Won ni ki o ru / Abo adiye meji eyele meji ati / Alesan egberidelogun owo / Kiofibo Ifa omo re / Won ni: Uwa re a s’ure / O gbo o ru
Las manos pertenecen al cuerpo.
Los pies pertenecen al cuerpo.
Otarara adivinó el oráculo de Ifá para Eleremojú,
la madre de Agbonniregun.
Se le pidió que sacrificara:
2 gallinas, 2 palomas y 32.000 cauris
para aliviar el nacimiento del hijo.
Dijeron que su vida sería próspera.
Ella realizó el sacrificio.
Owo Tara, Ese Tara y Otaratara son los nombres de los Awos que adivinaron y consultaron el oráculo de Ifá para Eleremojú, la madre de Agbonniregun —uno de los títulos de alabanza de Orúnmila—. Eleremojú estuvo de acuerdo en hacer el sacrificio para aliviar a su hijo, y tuvo prosperidad, pues en el sacrificio Ifá lo pronosticó.
38.Se adivinó Ifá para Eleremojú, la madre de Agbonniregun
Otitol Omifi-nte le isa adivinó Ifá para Eleremojú, la madre de Agbonniregun. Ifá dijo que los Ikines del hijo la podrían ayudar, y se le pidió sacrificar 1 jutía, 1 gallina, 1 chivo y hojas de Ifá (egbee, 16 de ese tipo), con las que se hace omiero para lavarse la cabeza. Ella obedeció e hizo el sacrificio. Otro adivinador, Otitol Omifi-nte le esa, también adivinó para ella, e Ifá confirmó que los Ikines la ayudarían si continuaba haciendo los sacrificios.
Los adivinadores de Ifá son osainistas o médicos de la vegetación, duchos en la medicina tradicional: se cree que todas las hierbas y hojas del mundo pertenecen a Ifá, y el conocimiento de sus valores espirituales se encuentra en sus enseñanzas; en muchas ocasiones los adivinadores prescriben hierbas y plantas para curar o prevenir enfermedades. En este Odu, las hojas de egbee se recomendaron para la cabeza de las personas regidas por este Ifá: alimentando a Orí, que se considera la deidad más importante en el ser humano, pues se encuentra en la cabeza y es quien controla nuestro destino.
39.Se adivinó para Ogbonniregun
Separadamente comieron maní.
Separadamente comen Imumu (nuez especial).
Tenemos la cabeza sobre los pies al enamorarnos de Oba Makin.
Se adivinó para Ogbonniregun.
Se le dijo que sacrificara para poder tener hijos: no podía imaginarse la cantidad de hijos que podría llegar a tener. Se le mandó sacrificar 1 chiva y hojas de Ifá; si hacía el sacrificio, debía cocinar las hojas de Ifá para sus mujeres. Él lo realizó. Hojas de Ifá: moler yenmeyenme (agbonyin) con condimentos, clavos y otros más, y las trompas de Falopio de la chiva; se coloca la sopera de sopa frente al trono de Ifá y se hace que se la coman sus mujeres. Cuando terminaran de comer esto, de seguro comenzarían a tener hijos. Las mujeres de Agbonniregun pensaban que era difícil quedar embarazadas; los adivinadores hicieron hincapié en el sacrificio.
40.Se adivinó Ifá para el campesino y el plátano
Okunkun-birimubirimu adivinó Ifá para Eniunkokunjú; dijo que nadie le había hecho una delicadeza que él no respondiera con una maldad. Se le dijo que sacrificara un machete y una escalera, y no quiso sacrificar. Eniunkokunjú es el nombre del campesino: todas las cosas buenas que Oguede (el plátano) le facilitaba, el campesino no las apreciaba, y le cortó la cabeza al plátano. Ifá a menudo habla en parábolas: esta historia refleja la relación entre el plátano, que significa la verdad, y el campesino, la ingratitud. De las personas con este Odu se considera que tienen la cabeza suelta y que pagan un alto costo por su forma de ser.
41.Se adivinó para conseguir algo bueno en la vida
K´á má fi kánjúkánjú j´ayé.
K´á m´fi wàràwàrà n´okùn orò.
Ohun a bá fi s´àgbá,
K´á má fi sè´bínú.
Bí a bá dé´bi t´ó tútù,
K´á simi-simi.
K´á wò´wajú ojó lo títí.
K´á tún bò wá r´èhìn òràn wò.
Nítorí àti sùn ara eni ni.
No nos dejes ocupar el mundo a la carrera.
No nos dejes sujetar la cuerda de la riqueza impacientemente.
Que lo que debería ser tratado con un juicio maduro,
no nos dejes tratarlo con un estado incontrolado de pasión.
Cuando lleguemos a un lugar frío,
déjanos descansar plenamente.
Déjanos dar atención constante al futuro.
Déjanos dar profunda consideración a las consecuencias de las cosas,
y esto a causa de nuestro eventual paso.
Esta enseñanza habla de la medida con que debemos buscar lo bueno de la vida: el hincapié del Odu está en la virtud del ìwòn (equilibrio) y en el amúwòn (la persona equilibrada). No ocupamos la tierra apresuradamente ni buscamos las ganancias materiales con impaciencia. Aunque la ética del Odu tiene la riqueza como una de las bendiciones principales de la vida —condición para vivirla con plenitud y para ayudar y compartir con los otros—, los asuntos importantes deben tratarse con razonabilidad y calma; hay que saber cuándo y cómo descansar, pues el descanso es condición esencial de la buena vida y de la reflexión seria; y hay que dar atención plena al futuro y a las consecuencias de nuestras acciones, no solo sobre la vida presente sino sobre el mundo y las generaciones venideras, incluida la integridad del medio ambiente. Vivir así deja un legado de bondad que promete respeto a la memoria en este mundo y la vida eterna en el próximo.
42.Adivinó Ifá para la moderación
Òrúnmìla ní ó di kérékéré.
Èmi ní kérékéré l´àá j´orí eja.
Akí igbà tobi t´erin, a kí se yèkètè t´éfòn.
Òjá kí it´ója igba lé.
Elú k´élú kí it´Óni Ife.
Okùn owó eyo kí it´ókùn Yemideregbe.
Yemideregbe l´orúko a p´ólókun.
Òrúnmìlà ni k´á wòn n´ìbú k´á wòn n´ìró.
Gbogborogbo l´owó yo j´orí.
Gbogborogbo ni màrìwò òpe yo j´ogomo.
Igbó kí´dí kí ìrókò kí ó má yo.
A kí ik´eré jo kí t´agogo kí ó má yo.
Orúnmila dice que debería ser hecho poco a poco.
Yo dije que poco a poco nosotros comemos la cabeza del pescado.
No somos tan largos como el elefante ni tan robustos como el búfalo.
La faja gastada por debajo no es igual a la faja gastada en la superficie.
Ningún noble es tan grande como el Oni de Ife.
Ninguna cuerda de caracoles es tan larga como la de Yemideregbe.
Yemideregbe es lo que nosotros llamamos el dueño del mar.
Orúnmila dice que deberíamos medir la longitud y la anchura de las cosas.
La mano alcanza más alto que la cabeza.
Y la joven y frondosa palmera se extiende más alto que la vieja palmera frondosa.
Pero ningún bosque es tan denso que el árbol de Iroko no pueda ser visto.
Y ninguna celebración es tan alta que el gong no pueda ser oído.
Es una enseñanza sobre la moderación al considerar la vida y al evaluar con verdad nuestras habilidades, fuerzas y posibilidades. Las cosas deben hacerse «poco a poco», «paso a paso»: cada medida considerada permite evaluar bien nuestros compromisos, y el examen de cada situación requiere ir por debajo de la superficie, con reflexión profunda. No debemos sobreestimarnos, pero sí reconocer nuestras propias fuerzas y hacer nuestra contribución al conjunto: no somos el Rey de Ifé ni tenemos las riquezas del mar, pero tenemos realeza en la rectitud y riqueza en el buen carácter. Hay ventajas en ser joven y en ser anciano: la vieja palmera definió y reforzó el árbol, y la joven, construida sobre esa base, debe hallar su sentido llegando más lejos y más alto. Y en medio de todo, lo distinto destaca por definición: por denso que sea el bosque, el iroko sobresale; por alta que sea la celebración, el gong se hace oír. No debemos inmovilizarnos ni desanimarnos por lo que no podemos ser o hacer, sino descubrir y limpiar nuestros propios senderos de posibilidades y perseguirlos.
43.Se adivinó Ifá para saber esperar y encontrar lo bueno
Mo dé re.
Mo rín rere.
Èmi nìkan ni mo mò rin àrìnkòórìn.
À sèsè ´nkóhun orò sìlè,
Ni mo wolé wéré bí omo olóhun.
Èmi èé s´omo olóhun.
Ìrìn àrìnkò ni mo mòó rìn.
Llegó bien.
Viajo bien.
Yo soy uno que normalmente viaja y encuentra fortuna.
Como ellos estuvieron fijando riquezas,
yo entré sin vacilación como la descendencia de un propietario.
Pero yo no soy descendencia de un propietario.
Yo soy solo uno que sabe cómo viajar y encuentra buena fortuna.
Este Odu enseña la virtud de esperar y encontrar lo bueno dondequiera que vayamos. Viajar bien y llegar bien permite encontrar la buena fortuna, y la clave está en una actitud positiva: esperar y hallar lo bueno en el mundo, y cuando lo encontramos, tender la mano con audacia y confianza para abrazarlo y participar de ello. Ese es el sentido de la línea «entré sin vacilación como la descendencia de un propietario»: la persona no era descendencia del propietario, solo alguien que sabe viajar y encontrar buena fortuna. Encontrar la bondad en el mundo empieza con un sentido de posibilidad que culmina en la autoafirmación audaz y confiada en el momento correcto —una reafirmación del protagonismo humano que es clave en la ética del Odu y su espiritualidad.
44.Se adivinó Ifá para la enseñanza de Odu, Obarisa y Ogún
A dífá fún Odù, Òbàrìsà àti Ógún
Nijó ti àwòn nti´kole òrun bò wá ilé ayé.
Odù ní: Ìwo Olódumarè; ó ní, ilé ayé l´àwon nlo yìí.
¿Ó ní, nígbàtí àwon bá dé òh´n nkó?
Olódùmare ní kí wón ó lo máa se ilé ayé kí ilé ayé ó dára. […]
E kúnlè o; e kúnlè f´óbìnrin, o.
Obìnrin l´ó bí wa
K´áwa tó d´ènìyàn.
Ogbón ayé t´óbìnrin ni.
E kúnlè f´óbìnrin.
Obìnrin l´ó bí wa
K´áwa tó d´ènìyàn.
Esta es la enseñanza de Ifá para Odu, Obarisa y Ogún cuando venían del Cielo a la Tierra. Odu preguntó: «Oh Olodumare, Señor del Cielo: esta tierra a donde vamos, ¿qué sucederá cuando lleguemos?». Olodumare les dijo que iban a hacer el mundo para que el mundo fuera bueno, y que a todo lo que fueran a hacer allí Él les daría el ashé —poder y autoridad— para realizarlo bien. Odu dijo: «Oh Olodumare: en esta tierra a donde vamos, Ogún tiene el poder de emprender la guerra y Obarisa tiene el ashé para hacer todo lo que desea. ¿Cuál es mi poder?». Olodumare respondió: «Tú serás su Madre por siempre, y tú también sustentarás el mundo». Y le dio el poder: el poder del espíritu del pájaro. Fue entonces cuando dio a las mujeres el poder y la autoridad, de modo que nada de lo que los hombres desearan hacer podría lograrse sin las mujeres.
Odu dice que todo lo que la gente desee hacer, si no incluye a las mujeres, no será posible. Obarisa dice que la gente debería respetar siempre y sumamente a las mujeres, y que si así lo hace, el mundo estará en recto orden: «Rendid homenaje, dad respeto a las mujeres; efectivamente, fue una mujer la que nos llevó dentro antes de que llegásemos a ser reconocidos como seres humanos. La sabiduría del mundo pertenece a las mujeres».
Este verso enseña la cooperación en la creación del mundo y establece el principio de la igualdad femenina y masculina en su estructura y funcionamiento. A la mujer se le asignan dos papeles principales: madre y sustento del mundo —creadora y guardiana de la cultura, la enseñanza y el florecimiento humano—, como también se reafirma en el odu Oshe-Turá, donde Oshún encarna la cultura y acompaña a Orúnmila a hacer el mundo. La obligación moral es respetar a las mujeres de manera especial: ellas nos dan el nacimiento psíquico y cultural —nos moldean a imagen de la sociedad humana en el período en que el niño aún no tiene nombre ni estatus, antes de ser «reconocido como ser humano»— y poseen la sabiduría del mundo, simbolizada por el poder del pájaro que Olodumare les dio al principio de la creación.
La tradición en Cuba
Historias criollas de Ejiogbe
45.Cuando Olofin invitó a los 16 Odus Mejis
Olofin invitó a los 16 Mejis a una cena, y Ejiogbe llegó tarde porque vivía muy lejos, viéndose en la necesidad de comer cabeza de pescado en la basura. Los Mejis, por envidia, convencieron a Olofin de empezar la cena sin Ejiogbe, y a pesar de comprometerse a ello, no le guardaron su parte. Al regresar Olofin de su paseo de costumbre después de la comida y ver a Ejiogbe comiendo en la basura, lo hizo cabeza: «si comes cabeza, cabeza serás». Aquí fue donde Ejiogbe pasó a ser el primer rey.
46.Cuando había dos poderosos pueblos
Dos poderosos pueblos vivían en continua guerra, y Olofin, cansado, mandó a diferentes Orishas a lograr la paz, pero solo conseguían treguas temporales. Envió entonces a su hija predilecta, Oshún, con el encargo de lograr la paz permanente a cualquier precio, y Oshún tuvo que convivir con jefes y soldados de ambos ejércitos para lograrla. Maltrecha y asqueada de los hombres, se retiró a un río apartado —ahí nace el avatar de Oshún Yemú—, donde Yemajá fue a buscarla para darle atención y cuidados en su casa. Ya algo recuperada, y sin adaptarse a lo salado de las aguas, decidió regresar a su río. Orúnmila, que se enteró de todo, fue al río con el pretexto de hacer Ebó, fingió caerse y se dejó salvar por Oshún, que acudió a su pedido de auxilio. Orúnmila insistió en regalarle su sortija —grabada con su Odu de Ifá— y por ella la reclamó después como su legítima esposa (aquí nace la sortija de compromiso). Actuando con inteligencia y ternura hizo feliz a Oshún, y por eso Oshún es la Apetebí Ayafá.
47.Las cuatro hijas solteronas de Oduduwa
A Orúnmila le entró la nostalgia de ver de nuevo su tierra —la misma de Olokun, Oduduwa y Orishaoko—, llamada Ife-Bo. Cuando llegó, estaban apresando a todos los extranjeros, y en la redada cayó también Orúnmila, que se preguntó cómo era posible que le pasara aquello después de tanto tiempo fuera; pero se había visto este Ifá antes de salir y había hecho Ebó con 2 gallos, palomas y demás ingredientes. Orúnmila preguntó a un hombre la razón de la redada, y este contestó que el gobernador del lugar, llamado Oduduwa, estaba bravo porque sus hijas no se habían podido casar. En una oportunidad, Orúnmila se acercó al gobernador y le dijo: «Usted nos ha apresado porque otros que lo han mirado no le han dicho la verdad de por qué sus hijas no se han casado. Pero yo se lo diré: la primera es ciega, la segunda está enferma del vientre, la tercera está enferma de los pulmones y a la cuarta le gustan las mujeres». Entonces Oduduwa mandó soltar a todos los extranjeros, y Orúnmila de esta manera salvó a su pueblo.
48.Cuando Orúnmila vivía en la tierra de Oshas
Orúnmila vivía en la tierra de Oshas, pero alejado de ellos, porque los Oshas no creían en él. Eshu-Elegba, a quien Orúnmila trataba muy bien, veía por una rendija todo lo que hacían en la tierra de Oshas y se lo comunicaba. Cierta vez los Oshas retaron a Orúnmila a demostrar sus conocimientos, y este, que había estudiado todo lo que Eshu-Elegba le contaba, les dijo lo que hacían sin que él estuviera presente; desde ese momento los Oshas le rindieron Mo-Foribale. Al ver Eshu-Elegba lo que Orúnmila había alcanzado, le pidió que le hiciera Ifá. Orúnmila le dijo que sí, que le trajera las hierbas, y Eshu-Elegba lo trajo todo, faltándole dos chivas. Orúnmila le dijo: «está bien, te voy a hacer Ifá», pero Eshu-Elegba aclaró que faltaban dos hierbas, orozuz y coralillo. Orúnmila comprobó que era cierto y le dijo: «a partir de este momento, de cada registro que haga, los cinco centavos son para ti, porque no se puede ser tan avaricioso».
49.Cuando Orúnmila se encontró perseguido
Orúnmila era perseguido por una tribu de incrédulos y estaba ya perdido. Sacó su Ifá, que llevaba en una faja alrededor de la cintura, y lo puso a la orilla de una cueva —que resultó ser del cangrejo— para evitar que los incrédulos cogieran su secreto. Siguió corriendo, y al verse acorralado en la punta de un despeñadero se tiró al agua; un pulpo regó su tinta, y los incrédulos, al ver aquello, lo dieron por muerto. Pasado el tiempo, Orúnmila regresó por su Ifá, y cuál fue su sorpresa al no encontrarlo donde lo había dejado. Comenzó a Mo-Jubar, y apareció el cangrejo, que con sus tenazas fue entregándole su Ifá. Por esta actitud Orúnmila le dijo: «Ni a ti, ni a tus hijos, ni a tu descendencia jamás me los comeré».
50.Cuando había un hombre con muchos animales en su casa
Existió un hombre que tenía muchos animales en su casa y muchos familiares que vivían con él. Un día se enfermó una de las familiares y se puso en estado de muerte; todos estaban tristes menos el quiquiriquí, que no le tenía miedo a la muerte que rondaba. El dueño de la casa tampoco estaba triste, porque conocía el lenguaje de los animales y comprendió la actitud del quiquiriquí. Un día el perro le dijo al gato: «no corras, no te voy a hacer nada, la señora del amo está enferma y no deberíamos estar correteando», y el quiquiriquí sonreía diciendo: «qué cobardes son todos; en el momento en que el señor los necesita, ninguno le sirve». Llegó el día en que la muerte vino a buscar a la señora del amo, y todos los animales, asustados, formaron tremendo alboroto gritando, pero huían de la muerte. El quiquiriquí, riéndose, se enfrentó a ella, y en uno de sus revuelos al atacarla se le enganchó una de sus plumas. La muerte, que no sabía lo que era, se asustó y echó a correr, y cada vez que volvía la cara veía la pluma y corría más: así se ahuyentó la muerte y la esposa del amo se curó. El dueño se dio cuenta de que el animal más inteligente de la casa era el quiquiriquí, que conocía también el lenguaje de los santos.
51.Cuando Olofin quiso crear la Tierra
Cuando Olofin quiso crear la tierra, tiró una semilla de nuez de kolá que cayó en el mar; de ella surgió una palma, y de su cogollo se posesionaron los siete príncipes, entre ellos Oramniyan y Shangó, que era el más pequeño. De las provisiones que Olofin les dio, los demás se repartieron todas las buenas, dejándole a Shangó una tierra con tela y veintiuna barras de hierro, creyendo que se habían quedado con lo mejor. Shangó sacudió la tierra formando un montículo en el mar, soltó la gallina, que se puso a excavar, y la tierra fue creciendo sobre el mar; después saltó a ella y tomó posesión. Los príncipes, al ver que lo de Shangó era más efectivo —pues sin tierras no podían gobernar—, trataron de arrebatárselas, pero las veintiuna barras de hierro se convirtieron en barras defensivas, y Shangó, tomando una espada, avanzó decidido sobre ellos. Los príncipes le plantearon que tenía que compartir la tierra, y Shangó contestó: «está bien, compartiré, pero seré yo quien gobierne». Así repartió las tierras y formó la ciudad de Oyo, donde asentó su primera dinastía.
52.La guerra entre el hijo del cuchillo (Obe) y el cuerpo (Ará)
El hijo de Obe y el de Ará habían combatido varias veces, y el de Obe siempre perdía: se sabía que a Ará, siempre que combatía, la tierra le daba poderes sobrenaturales. Por consejo de su padre, Obe fue a ver a Orúnmila, que le vio este Ifá y le aconsejó hacer Ebó con un carretel de hilo blanco y uno negro, cien piedras, tres guabinas, ocho babosas y una jujú de coidé. Orúnmila le dijo que tendría un sueño con una doncella muy linda que después conocería y que lo ayudaría a ganar la guerra de tantos años; para esa empresa tenía que buscar un barco, usar la cabeza y oír todos los consejos. Le advirtió que Ará vivía en un laberinto del que quien entraba no salía.
El hijo de Obe hizo el Ebó, soñó con la doncella, la conoció, y ella prometió ayudarlo. Pidió el barco prestado a su padre; iba al combate decisivo con una bandera negra, pero si ganaba, debía regresar con una blanca. Partió con la doncella, y al llegar a la entrada de la cueva, ella se sacó un hilo de la saya y le dijo que se lo amarrara a la cintura para poder guiarlo y que encontrara la salida del laberinto. Entró, y como había hecho Ebó, encontró a Ará dormido; aprovechando, lo suspendió en el aire y lo estranguló, pues Ará en el aire no tenía ninguna fuerza. La doncella recogió el hilo y el hijo de Obe pudo salir, pero ella se había quedado completamente desnuda; al verla, Obe quedó extasiado y se pusieron a hacer el sexo. Al regresar, por el exceso de alegría, olvidó cambiar la bandera negra. El padre, al ver la bandera negra, se volvió loco y se arrojó al mar. Cuando el hijo desembarcó loco de contento, la gente le contó lo sucedido, y recordó que Orúnmila le había dicho que usara la cabeza. En honor a su padre, desde ese día todos se visten de negro: naciendo el Luto.
53.Principio y fin de todas las cosas
Hubo un tiempo en que los santos, las personas y los animales se odiaban unos a otros; se tiraban entre familiares, madres e hijos. Todavía no había una creencia con dirección, y los santos se enfrentaban entre sí. Existían religiones como Abakuá y Mayombe, pero no había cabeza ni profeta para gobernar. Ante esta situación se le dio cuenta a Olodumare, que viendo que el mundo iba camino de su destrucción, llamó a las personas que entendió que tenían destino y responsabilidad para gobernar, entre ellas Olofin, santo de respeto. Olodumare los reunió a todos y les preguntó qué traían para gobernar. Entre todas las respuestas, Olofin solo dijo: «traigo cabezas», y ante esta respuesta Olodumare le entregó el mando del mundo entero.
Olofin le dijo a Olodumare que para gobernar necesitaba el mando de los astros —principalmente el sol, el mar, el aire y la tierra— y una persona de confianza que estuviera en la tierra. (Estos lugares son los 16 Mejis, las 16 tierras que fundó y recorrió, y los compuestos son los términos; cada uno tiene 16 lugares distintos.) En el último recorrido, Olofin se dio cuenta de que lo perseguía un muchacho que se transformaba en distintas formas; lo llamó y le preguntó quién era, y este respondió: «yo soy Elegba». Olofin le respondió: «no, tú eres Eshu-Elegba». El muchacho le dijo que lo que buscaba estaba debajo de la tierra, en el primer pueblo por el que había pasado, y Olofin comprendió que ese era el lugar más odiado, donde la gente andaba sin cabeza dando tumbos. Como el último lugar donde estaban anunciaba santos amarrados o presos y desobediencia al santo, Olofin partió con el muchacho, que por el camino le decía mentiras, pero dijo una verdad: había visto el lugar que Olofin buscaba. Cuando lo encontró, le dio la potestad y le puso el nombre para que fuera junto con él a resolver los asuntos del mundo, y le dijo que mientras el mundo fuera mundo, él sería el guía de todas las cuestiones del pueblo y el comienzo de todas las futuras poblaciones: «Orúnmila no será nadie sin ti, y tú no serás nadie sin Orúnmila». Maferefun Olofin, Eshu-Elegba, Egun y Orúnmila.
54.Cuando Inle indisponía a sus hijos
Ebó2 palomas, akerebé, agua, pluma de tiñosa, mucho dinero.
Cuando Inle se encontró a Olofin, indisponía a sus hijos de tal forma que en vez de darles buenos consejos les daba mal ejemplo; y si bien no es posible que haya hijos sin madre, él demostraría que sin padre tampoco podía haberlos. Olofin retiró el agua del cielo, por lo que empezaron a secarse las plantas, a rajarse la tierra y a morir los animales y las personas. Los hijos de Inle comenzaron a llorar por las calamidades, se presentaron ante Inle y tomaron el acuerdo de ver quién se comprometía a llevarle un mensaje a Olofin.
El primero en comprometerse fue Agayú, el gavilán, pero al pasar de este planeta al otro, las variaciones y el calor lo hicieron descender muy abatido. Se comprometió entonces el Águila (Ashaá), pero le pasó lo mismo, diciendo que prefería morir en la tierra antes que subir arriba. Entonces se decidió la Tiñosa (Alakaso): subió con el Ebó y venció todas las dificultades, aunque perdió en el viaje todas las plumas de la cabeza. Al fin llegó al cielo, encontró la puerta abierta, entró, y con la sed que tenía se tiró de cabeza a beber de unos depósitos de agua. El Padre le preguntó qué hacía allí, y contestó que traía un mensaje de Inle y sus hijos para Olofin: Inle pedía perdón para ella y sus hijos, que ya estaba convencida. Olofin dijo a la Tiñosa: «has venido tú, y por esa causa están perdonados; vete, y tras de ti caerán unas lloviznas y el agua suficiente para todos» —este es el motivo por el que Alakaso tiene poder para anunciar cuándo va a llover—. Antes de salir, Olofin le preguntó por qué tenía la cabeza sin plumas, y ella contó que las perdió en el viaje por las dificultades. Olofin la bendijo diciéndole que encontraría la comida antes de salir de su casa y que sería respetada por todos los gobiernos del mundo. Por eso ella, antes de salir, encuentra su comida.
55.Los pájaros quieren imitar
El Halcón y el Águila son dos aves que causan la envidia de los demás pájaros, porque pueden volar muy alto. Cierto día, los otros pájaros, impulsados por la envidia, se reunieron y acordaron concertar una apuesta con el Águila y el Halcón: saber quién llegaba primero al pico de una montaña. El tramo era corto, y como el Águila pesa más que ellos, pensaron que era fácil ganarle. Llegó el día de la carrera y todos partieron; las aves chicas lograron enseguida una gran ventaja, pero muy cansadas. Al rato llegaron el Águila y el Halcón y se comieron a todos los pájaros más pequeños, sin que estos pudieran evitarlo por el cansancio y la poca resistencia que pudieron oponer. Aquí, el que imita fracasa.
56.El bochorno de Ejiogbe
Aconteció una vez que Orúnmila estaba enfermo de los pulmones y la gallina lo atendía y lo cuidaba con esmero; pero Orúnmila todos los días le robaba los huevos, y llegó el momento en que la gallina comenzó a notar la falta de sus posturas y se puso en vela. Una mañana, en el justo momento en que cometía su fechoría diaria, Orúnmila fue sorprendido por la gallina, que le dijo: «parece mentira que me hagas eso; yo, que te he cuidado con tanto esmero y desinterés, y me robas». Al oír esto, Orúnmila se fue de la casa de la gallina abochornado. De ahí que Ejiogbe tenga que pasar un gran bochorno.
57.La cabeza sin cuerpo: solo Orúnmila la salva
La cabeza estaba sin cuerpo en la plaza y tenía delante muchos cocos con los que comerciaba. Llegó Shangó, y la cabeza le dijo que no podía coger los cocos: para tomarlos, tenía que remediar su situación, porque ella solo podía hablar, no podía hacer nada más, y estaba aburrida y cansada. Shangó cogió los cocos y no le remedió nada, y la cabeza lo mandó a paseo. Después llegó Orúnmila a la plaza, vio los cocos y se los pidió; la cabeza le dijo: «se los entrego todos a cambio de que me remedie mi situación». Orúnmila aceptó y le indicó: «tienes que hacer rogación con animales, viandas, 2 cocos y mucho dinero; tu cabeza debe estar comiendo coco durante los 16 días que durará esta situación». Así lo hizo la cabeza, y transcurridos los días señalados le fue saliendo el pecho, después los brazos y demás extremidades, hasta completarse todo el cuerpo al término de los 16 días. La cabeza, agradecida, le dijo a Orúnmila: «usted es mi padre», y él contestó: «pues has venido al mundo para gobernar, pero era necesario que te pasara todo lo ocurrido para que todo fuera completo». Desde ese instante Ejiogbe gobierna el mundo y todos tienen que ir a sus pies.
58.Aquí nacen los ríos
En este Odu, Yemajá y Oshún tuvieron un problema y se separaron, pasando Oshún muchos trabajos. Fue precisamente entonces cuando comenzaron a formarse los ríos, pues dondequiera que Oshún pernoctaba, al levantarse se formaba un río. Por eso hay tantos ríos y un solo mar, y todos los ríos desembocan en el mar.
59.La traición de Ejiogbe a Oragun
Olofin se encontraba ciego, y Oragun fue a visitarlo. Oragun siempre usaba una chaqueta de cuero, y Olofin lo conocía porque le pasaba la mano. Al llegar, Oragun tocó a la puerta; Olofin preguntó quién era y Oragun contestó: «yo, su hijo, padre». Lo hizo pasar y le preguntó qué quería: «vengo por lo que me dijo que me va a dar». «Ven otro día», contestó Olofin. Pero Ejiogbe, que lo estaba oyendo y viendo, se presentó al día siguiente con una chaqueta de cuero igual a la de Oragun, tocó a la puerta y contestó como lo hacía Oragun. Olofin lo mandó pasar, le preguntó qué quería, y el falso Oragun respondió: «lo que usted me va a dar». «Te concedo el gobierno y serás el primero, por tu buena conducta y conocimiento.» Ejiogbe se marchó, y al poco tiempo se presentó el verdadero Oragun; cuando pidió lo prometido, Olofin, colérico, le dijo: «pero si te acabo de dar el gobierno del mundo y no estás conforme». Oragun contestó: «padre, pero si usted no me ha dado nada», y Olofin lo maldijo y lo botó de la casa.
Oragun se retiró avergonzado y lloroso, y por el camino se encontró con San Lázaro, que le preguntó por qué lloraba; Oragun le contó todo, y San Lázaro le dijo: «vamos a casa de Olofin». Oragun se negaba, pero San Lázaro logró convencerlo. Al llegar, Olofin preguntó como de costumbre quién era: «Azojuano, tu buen amigo». Lo mandó pasar y le preguntó qué quería. «No, no quiero nada para mí, estoy bien; vengo para que repares una injusticia cometida con tu hijo Oragun», y le contó todo lo ocurrido. Olofin contestó: «ya no puedo hacer nada, pues ya di mi palabra; pero desde hoy tú, Oragun, siempre estarás detrás de Ejiogbe».
60.Yemajá crea los remolinos (recibir Olokun)
Aquí fue donde Yemajá creó los remolinos en el agua. Continuamente los cazadores iban y se llevaban gran cantidad de gansos, sin dejar ninguno para la procreación. Yemajá les advirtió que no se los llevaran todos, que dejaran algunos para que se reprodujeran, pero no hacían caso. Para llegar a la isla de los gansos había que cruzar el mar; Yemajá esperó a que regresaran, y cuando venían en sus botes creó los remolinos, que se tragaron los botes con los cazadores dentro.
61.El cuerpo se cansó de llevar la cabeza
Una vez el cuerpo se cansó de llevar la cabeza y los pies a la cabeza, hasta que el cuerpo dijo: «hagan lo que ustedes quieran», y cada uno se preparó para hacer su voluntad. La cabeza, como más inteligente, empezó a aconsejar al cuerpo cuantos vicios y locuras pudo hacerle ver como goce y triunfo, para que por ese medio se fuera debilitando y tuviera que sentarse en un lugar a pensar a dónde más podía ir; y el cuerpo empezó a hacer de las suyas, hasta que la pérdida entre los dos fue tomando tal cariz que Olofin dijo: «yo los he hecho a los dos para que el uno sea para el otro, y no pueden seguir más así». Desde entonces se unieron por mandato de Olofin. A pesar de este arreglo, debemos percatarnos de que existen seres en el mundo que por darle gusto al cuerpo se pierden, y lo mismo pasa con la cabeza. Usted tiene una enfermedad en su cuerpo por descuido; tiene que rogarse la cabeza con ocho cosas distintas. Nota: aquí lo único que sirve es la cabeza, no la pierda.
62.Los tres poderes de la sombra
La sombra estaba cansada de ser la menos considerada de la casa de Olofin: vivía por debajo de todo el mundo, y ni los animales ni los hombres la llamaban para nada. Cuando se quejaba de esa diferencia, le contestaban: «¡ay!, si para verte a ti hay que hacerte honores como a Obatalá». Llena de ira, la sombra fue a casa de Obatalá a contárselo todo, y este le dijo que hiciera Ebó con un chivo, agua, tierra, gallo, tres cujes, género blanco, jutía y pescado ahumado, cascarilla y mucho dinero, y que cogiera una palangana con ekó, hiciera ashé y lo soplara a los cuatro vientos, para que todo el mundo la viera después del sol. La sombra hizo Ebó, y por eso todo lo que está en la tierra la sombra lo ve, porque desde entonces adquirió los tres poderes: consiguió ser amiga de la muerte, ser amiga del enemigo y ser salvadora del inocente. Por estos tres poderes es por lo que la sombra descubre, tapa y mata.
63.Los dos hermanos
Eran dos hermanos, uno más viejo que el otro, y era este el que gobernaba el pueblo. El otro hermano, aunque no lo demostraba, le tenía envidia por el cargo y le hacía mala propaganda a sus espaldas. Cierto día reunió a todo el mundo del lugar para decir que el hermano no podía seguir gobernando porque ya estaba muy viejo y las cosas andaban muy mal, y así se lo hizo saber también a su propio hermano, que le contestó: «tú sí puedes hacerlo mejor que yo», le entregó el mando y se retiró al campo para estar tranquilo. El hermano menor comenzó su gobierno, y fue un desastre tan grande que el pueblo acordó buscar al antiguo jefe, el cual puso como condición que, si querían que él volviera a ser el jefe, tenían que darle el gobierno completo.
64.El día y su rival la noche
Antes, el Día tenía más poderes que hoy, y la noche fue siempre su rival. La Lechuza, como más inteligente, era la secretaria del Día, que le confiaba todos sus secretos; el Mono era amigo fiel de la Lechuza. En aquellos tiempos el Mono hablaba y la Lechuza veía de día. Un día, el Día llamó a la Lechuza para preparar un trabajo para quitarle la luz a la noche y que esta tuviera que pagarle tributos por tener la luz del sol, ya que el Día tenía de su parte a todos los astros menos a la Luna, que era la más orgullosa. El Día encomendó a la Lechuza escribir una carta invitándola a una fiesta; las letras tenían que escribirse con ácido, para que la Luna, al leerla, perdiera la vista por el resplandor. La Lechuza, al hacer la carta, tenía que ponerse una careta, y el Día y la Lechuza se encerraron para que nadie se enterara de lo que se tramaba.
Cuando la Lechuza iba a entregar la carta a la Luna, se encontró con su amigo el Mono y le dijo: «mira, a propósito quería verte: qué te parece lo que quiere hacer el Día», y se lo contó todo. Pero la Tiñosa, que lo estaba oyendo, salió volando y se lo contó a la Luna, que enseguida salió en defensa de la noche lanzando toda su luz fría. Salió el Sol en defensa del Día, empezó una lucha tremenda y todo fue discordia. El Día se enteró de que el Mono y la Lechuza lo habían hablado todo y comprendió que aquello le estaba bien empleado, porque nada que se vaya a hacer debe confiarse a nadie. Llamó a la Lechuza y le dijo que mientras el mundo fuera mundo no volvería a ver la luz del día, y la Lechuza, al leer la carta, quedó ciega. El Mono, al ver eso, pegó un grito de susto y se quedó sin habla para siempre, al darle a beber el Día el líquido que había preparado. Por conversadores, uno se quedó sin la luz del día y el otro sin hablar más.
65.Cuando la desobediencia se cansó
Orúnmila, obedeciendo a su padre la naturaleza, negó todos los movimientos necesarios a la vida. Pasaba el tiempo y se acababa la comida, los animales morían, las plantas y los ríos se secaban, no llovía, el viento permanecía en calma y no impulsaba la circulación de los astros: la situación era espantosa. Entonces la Tiñosa, la más atrevida de todas las aves y mandadera de Olofin, dijo: «así, pensando, nos moriremos sin defensa alguna; yo me decido, pase lo que pase». Alzó el vuelo y se remontó hasta llegar a un desierto. Cansada de volar, bajó hasta donde estaba un hombre que se llamaba «Todo lo tengo», al que le faltaba una pierna, un ojo, una oreja y una mano. Al saber su nombre, la Tiñosa se burló: «chico, a ti te falta lo que todos tenemos». El hombre contestó que eso no era de él, que solo era un cajero que guardaba el secreto.
La Tiñosa logró que el hombre le enseñara los secretos que estaban dentro de los güiros: el aire, el agua, el sol, el viento, y en el último la candela; le dijo lo que contenía, que era lo que escaseaba, y probando un poco de tierra dijo «Hot Ashé to» y salió el contenido. La Tiñosa le hizo elogios, labró al momento una buena amistad y se puso a contarle una serie de mentiras hasta que el hombre se quedó profundamente dormido, momento que aprovechó para robarle sus secretos. Emprendió el vuelo y empezó a tocar el viento, después el sol y el agua, y cuando fue a tocar la candela, esta la quemó: la Tiñosa perdió las plumas de su corona y se quedó sin plumas en la cabeza. Cuando el hombre despertó, notó el robo y fue a contárselo a Olofin, que de castigo le dijo: «desde ahora, y mientras el mundo sea mundo, tú estarás en la tierra, tendrás de amigas a las plantas y serán tu alimento; y la Tiñosa, por atrevida, le costará no tener paradero fijo, no se alimentará más que de animales muertos, y el agua la ahogará».
66.La Tierra era hija de un Rey
Rezo
IFÁ NI KAFEREFUN ESHU-ELEGBA, KAFEREFUN OSANYIN, LODAFUN ILAGUERÉ ADIFAFUN ORÚNMILA.
Ebó2 pollos, 2 gallinas, una rata con un collar de cuentas alrededor de la cintura, conchas, una muñeca con pañuelos alrededor de la cintura, trampa, jutía y pescado ahumado, maíz tostado, coco, vela, miel de abejas, aguardiente, cascarilla, mucho dinero. Distribución: un pollo con sus ingredientes para Eshu-Elegba; un pollo con sus ingredientes para Osanyin, en el monte de ser posible; dos gallinas con sus ingredientes para Orúnmila. Nota: se le da sangre al Ebó, enviando este para el monte junto con el resto de los artículos; la rata con sus cuentas y conchas se suelta en el monte.
En este camino, la Tierra era hija de un rey y acostumbraba a usar alrededor de su cintura 200 pañuelos, y decía que se casaría con el que le viera sus nalgas desnudas; la noticia se propagó por todo el territorio. A la mañana siguiente, Orúnmila, que vivía en aquel lugar, se hizo osode viéndose este Ifá y enseguida se acordó de las frases dichas por la Tierra. Se hizo el Ebó y las ceremonias mencionadas, y al soltar la rata con todas esas cuentas se armó un alboroto: la gente trataba de ver a la rata que huía hacia el monte. La Tierra, al oír el comentario, salió a ver la rata y emprendió una tensa persecución entre matojos y arbustos, y a cada paso por el intrincado camino iba perdiendo sus pañuelos, hasta quedar completamente desnuda. Orúnmila, que andaba por las cercanías, al verla se quedó estupefacto, pero reaccionando fue a su encuentro. Cuando ella lo vio, le dijo: «¿qué haces aquí?», y él le recordó que ella decía que se casaría con quien le viera sus nalgas desnudas. La mujer comprendió que era cierto, fue a buscar sus pertenencias y se quedó viviendo con Orúnmila, que al casarse con la Tierra comenzó a cantar y bailar alegremente diciendo: «Hemos capturado a la Tierra y nunca la abandonaremos».
67.El camino de los Pigmeos
Rezo
ADIFAFUN ORÚNMILA, UMBATI UNLO, OBÁ ASHE LOWO OLODUMARE ORUBO SIWA FI ASHÉ OKUNI, KEKERE OKUNI, UMBATI GBOGBO AIYE GERGOKUE OTIACRASHE, LOWO OLORDUMARE NIWO SI NIWO OTO GBOGBO EYITE OWO SHINSHE DATIGBA A NAWA NI OUN IFE ASHE LODAFUN OBATALÁ BABÁ FURUKU OSHALOFUN.
EbóAkukó funfun, ileke funfun, obé de caña brava, adofá malú, eye ni malú, ekú, ejá, orí, awadó, obí, oñí, itaná, owó medilogun.
En la tierra de Siguainle vivía un Awó de Orúnmila llamado Geokue Awó, que era del Odu Babá Ejiogbe. Este Awó solo recibía de sus semejantes malos agradecimientos: nadie le agradecía los favores y obras que realizaba, por lo que decidió emigrar y caminar las distintas tierras de los alrededores, y en todas le sucedió lo mismo. Después de mucho peregrinar llegó a una tierra donde los hombres eran de muy pequeña estatura, eran Pigmeos; lo acogieron muy bien y enseguida le dieron trabajo. Se puso a trabajar en un matadero del pueblo, compartiendo ese trabajo con sus labores de Awó; pronto tuvo muchos ahijados y parecía que la felicidad le sonreía. Pero un día en que se vio su signo, Babá Ejiogbe, la duda sobre sus semejantes volvió a surgir en su mente y se dijo: «tengo que probar a mis ahijados y a todas las personas que me deben favores». Se embarró con sangre del matadero y salió a recorrer las casas de sus ahijados; tocaba, y al verlo lleno de sangre le preguntaban qué le pasaba, y él, fingiendo, decía: «he matado al hijo del rey». Todos, llenos de miedo, le decían: «por favor, siga su camino, que usted me perjudica». Geokue Awó, con el corazón acongojado al ver que todos sus afectos eran falsos, cogió muy triste rumbo a las lomas, donde había una casita solitaria pintada de blanco a la que nunca había ido. Tocó la puerta y le abrió un anciano canoso que, al verlo lleno de sangre, le preguntó qué le sucedía, y Ejiogbe le dijo lo mismo que a los demás. El viejo lo invitó a pasar, hizo que lavara sus ropas y lo alimentó, y todos los días le decía: «no se mueva, hijo, que yo voy a salir al pueblo a ver cómo anda la situación y traerle noticias».
Pasaron 16 días, y la conciencia de Ejiogbe le remordía porque su falta estaba afectando al viejo que se esmeraba en atenderlo, hasta que le confesó la verdad. El anciano respondió: «yo lo sabía todo, pero necesitaba darte una prueba de que no estás solo y de que me tienes a mí, que soy Babá Furuku Oshalofun, el verdadero dueño de estas tierras y el que te va a consagrar en la cabeza lo que tú necesitas». Le dijo: «arrodíllate», sacó de su bolsa 16 iño y los machacó con erú, obí, kolá y obí motiwao, y se los puso en la cabeza; le dijo: «pon tu Ifá en el suelo, pero primero escribe Babá Ejiogbe», y cogió un gallo blanco. Antes tomó un Ejá Bimbé untado de mucha manteca de cacao, lo puso sobre el Ifá de Ejiogbe, le puso el gallo en la cabeza y rezó:
«BABÁ EJIOGBE BOSHE ADIFAFUN EJÁ TUTU YOMILO BABÁ ORORO BABÁ OTO TO MOKANEYI ADELE NI IFÁ OLORUN OTOTO KOLA YEKUN OTOTO MOLAYEIFAN BABÁ ELERI-IPIN ONO BALERI MOLA EFUN ADELENIFA ERI ODARA».
Entonces cogió un cuchillo de caña brava que tenía forrado de fleques de Obatalá y Shangó, y mató al gallo en su cabeza, dejando que fuera cayendo en el Ejá Bimbé y el Ifá, mientras le cantaba:
«ERI EYENI AKUKO FOKUN IFÁ NIFA MOKUAYE».
Le echó mucha miel de abejas y omiero de hierbas: aragba de Iroko, bledo fino, prodigiosa, Atiponlá, hierba sapo, guengueré y algodón; le puso tela blanca en la cabeza, lo metió en el Ejá Bimbé y lo mandó al mar, diciéndole: «hoy todo el día tienes que estar dándote baños con este omiero», y trajo arena de allí. Al tercer día, omo Ejiogbe se hizo osode con su Ifá y se vio su signo, donde Obatalá le dijo: «coge esa arena, el gallo y la tela blanca que tenías en la cabeza, hazte Ebó-Igbin y llévalo a esa aragba», y le cantó: «ERUPINTEBO MEYIRO EJIOGBE OBANI IKÚ ASHEGUN OLÚO INDIRI OLOFIN». Así Ejiogbe recuperó las ganas de vivir y el gran poder de la estabilidad y la organización de la tierra, y desde entonces vivió feliz, aunque sabía que eran falsos con él.
68.La justicia divina
Había un individuo que por mucho tiempo creyó en la justicia divina de Dios, pero fijándose en cosas que a su juicio acontecían sin motivo justificado, comenzó a dudar de ella. Un buen día recogió sus cosas y, preguntando, llegó hasta el mismo Olofin. Como Dios es el que todo lo guía, se ocupó de que el individuo pudiera llegar hasta donde Él estaba; tras preguntarle a qué venía —cosa que ya sabía de sobra—, le propuso regresar al mundo de la verdad, y le proporcionó comida para algún tiempo y una montura nueva (una mula equipada). El individuo salió a cabalgar.
Después de presenciar algunas cosas que según su criterio no tenían motivo, llegó a una arboleda conservada al parecer para el descanso de los viajeros. Escogió el lugar que le pareció más propicio, acampó, le quitó la montura a la mula y se dispuso a preparar su comida. Mientras lo hacía, vio llegar a otro viajero que, tras desmontar, se puso a contar una gran cantidad de dinero; detrás llegó otro hombre que, sacando un cuchillo, se lo clavó despiadadamente, recogió el dinero y partió al galope. Al presenciar aquello tan cruel, empezó a recoger su equipaje con idea de volver donde Olofin a decirle que definitivamente no creía en Él ni en su justicia mientras se cometieran tales hechos. En eso se presentó otro individuo que, al comprobar que el agredido tenía un cuchillo clavado en la espalda, trató de quitárselo; llegó la policía, lo detuvo, y tras conversar un rato entre ellos, sacaron una cuerda y lo ahorcaron. Esto colmó la copa del incrédulo.
Ensillando la mula se fue a ver a Dios, que ya lo esperaba con una serie de documentos, y después de escucharlo le dijo: «mira, hijo, la justicia divina siempre llega», y le mostró cómo el herido había matado en su casa al padre del que lo apuñaleó, robándole su dinero; y el que trató de sacarle el cuchillo había sido socio en aquel asalto, por lo que se acordó con las leyes divinas la pena del matador, que tenía que ser la muerte. Y así se cumplía la justicia.
69.Obatalá condenó a morir en la horca al gallo
Rezo
ADIFAFUN AKUKÓ KAY KAY ABELE BELE ADIE, OUNKO WA AKUKÓ ELELE KIN TE LESE ONÍ BARABANIREGÚN AGBA NILOYÉ IBEJI NENU AWO YENI OKETE FOYA OLURO BOSHE OBELE ADIE OUNKO WA AKUKÓ LODAFUN EGUN.
IBEJI, IBEJI LORUN ETI EWE NI MOSALA IBEJI EYIRE MIWA SHANGÓ MOSAILA IBEJI LORUN.
EbóGallo, tierra de los zapatos, muchos palos, mucho ashé, muchas cuentas de Santo, jutía y pescado ahumado, maíz tostado, coco, miel de abejas, velas, mucho dinero.
En la tierra Adie Miyeren, que gobernaba Obatalá, estaba terminantemente prohibido matar ratones: vivían en una cueva que era un santuario, y quien los mataba pagaba con su vida por decreto de Obatalá. En esta tierra vivía el gallo, hombre importante y de mucho prestigio, muy estimado por Obatalá. El gallo siempre estaba en casa de Orúnmila, que en esa tierra se llamaba Awó Orun, y cuando un día Orúnmila le hizo osode por primera vez, le vio Babá Ejiogbe y le dijo: «tienes tres cosas de las que debes cuidarte para no perderte: la ostentación y el culto a la personalidad, las mujeres y el dinero».
En esa tierra vivían los Ibejis, que jugaban cerca de la cueva de los ratones, y sin querer mataron a unos ratoncitos chiquitos. Horrorizados, salieron corriendo y llorando, porque sabían que aquello les costaría la vida, y se encontraron con el gallo, que al verlos llorar les preguntó qué había pasado. Ellos se lo contaron todo, y el gallo les dijo que no se preocuparan: «cuando se descubra, diré que fui yo quien los mató sin querer, y como tengo tantas influencias delante de Obatalá, no me pasará nada y él me perdonará; así ustedes quedarán limpios de culpa». Cuando Obatalá se enteró de lo sucedido y de que el gallo decía haber sido él, dijo: «el gallo es mi amigo, pero ha quebrantado mi ley, por lo tanto tiene que pagar su culpa: el gallo tiene que morir». Lo prendieron y lo condenaron a morir en la horca, en una mata de aragba que había en las afueras del pueblo. El gallo había desobedecido lo primero que Orúnmila le había advertido.
El día de la ejecución, todo el pueblo estaba reunido alrededor de la aragba. Cuando traían al gallo, este miró a Obatalá y a Orúnmila y comenzó a llorar, y con sus lágrimas se formó un manantial que mojó los pies de todos los presentes. Entonces ahorcaron al gallo. Orúnmila dijo a todos los Oshas presentes, que sabían de la inocencia del gallo: «de ahora en adelante, a todo el que vaya a morir para ustedes tienen que lavarle las patas, en recordación al gallo». Orúnmila cogió de esa agua y rezó: «ABELLE BELLE ADIE NIYERO, ESE WEMO OMÍ YE SOKUN AKUKÓ». Osanyin y Egun no estaban presentes y quedaron exentos de las predicciones de Orúnmila. Desde entonces nació que para matar gallo, gallina, guineo, paloma, codorniz, etcétera, ya sea para Osha o para Orúnmila, hay que lavarles las patas con rezos para borrar la culpa y que todo sea fresco. Nota: no se lavan los animales para Egun y Osanyin.
70.La pelea entre el majá y el cangrejo
Un día la paloma le prestó dinero al cangrejo, y desde entonces todos los días quería cobrar, pero el cangrejo no se lo devolvía porque no tenía. El majá, por ganar la amistad de la paloma, se brindó a cobrar y fue directamente a la casa del cangrejo; metió su cabeza dentro de la cueva y comenzó a buscarlo. El cangrejo, al verlo, comenzó a defenderse con sus tenazas y pudo atrapar la cabeza del majá, que al sentir la presión y no poder zafarse comenzó a hacer fuerza con sus patas y el rabo. La paloma veía esto y creyó que era el majá quien ganaba la pelea, por los latigazos que daba con su rabo fuera de la cueva. Al fin el majá logró sacar la cabeza y la paloma observó que la tenía ensangrentada y con profundas heridas. El majá dijo: «por tu culpa, mira cómo el cangrejo me ha puesto la cabeza», y la paloma respondió: «chico, cuando vi los latigazos que estabas dando fuera de la cueva pensé que eras tú el que estaba ganando la pelea. Si tú no podías, ¿para qué te metes?».
Dice Ifá: que usted no se meta en problemas ajenos y no cobre ni lleve recados. Usted no se puede meter en ninguna casa por mucha confianza que tenga. No puede entrar en casas oscuras. Dé comida o pague la deuda con Obatalá. No deje que los niños arrastren cosas en su casa.
71.No matar animales sin consultar con Orúnmila
Había un pueblo en la tierra Takua donde vivían tres Awó; uno era de más clara inteligencia que los demás y trabajaba para el gobernador, por lo cual los otros dos luchaban y porfiaban contra él por envidia. Un día, mandado por Eshu-Elegba, se le presentó un individuo a cada uno de los Awó para que se acabara la lucha; al hacerles osode, les salió este Odu osobo a cada uno de los aleyos. Dos de los Awos, después de hacerles Ebó, mataron los animales sin consultar con Orúnmila. El otro Awó, que se llamaba Ifá Shuré, no los mató ese día, sino que le preguntó a Orúnmila, y este le orientó el día en que debía hacerlo para no tener dificultades ni él ni la persona que atendía. En cambio, a los Awós que sacrificaron los animales ese mismo día les fue mal: uno se enfermó por mucho tiempo y el otro murió. Eso pasó porque la muerte iba cada tres o siete días a la casa de los Iworos y de los Awós que vivían allí. Nota: el Awó no debe matar animales por gusto en este Odu, y por este camino se pregunta si se mata a los siete días.
72.Olofin y los niños
Olofin un día se llevó a los niños para el cielo, porque aquí en la Tierra los maltrataban, y en castigo le suspendió el agua a la tierra, poniendo a Eshu-Elegba de guardián. Cuando se terminó el agua en la tierra, pues no llovía, la situación se puso desesperada en poco tiempo para los habitantes, y los santos se reunieron y decidieron ir al cielo a pedirle a Olofin que perdonara a sus hijos, pero era imposible llegar hasta él. Yemajá se transformó en tiñosa aquí en la tierra y fue directamente al cielo a ver a Olofin. Cuando llegó estaba sumamente fatigada y sedienta, y se puso a beber agua en un charco pestilente que encontró. Olofin, al verla, se compadeció de ella, se acordó de sus hijos que estaban en la tierra y decidió perdonarlos, y de inmediato mandó el agua, pero poco a poco, para que no hubiera desgracia. Por eso es que cuando los santos vienen se les da agua, porque vienen sedientos.
73.Peregrinaje de Ejiogbe: donde se le dio la vuelta al mundo
Rezo
BABÁ AFOFÓ BABÁ ARORÓ ADIFAFUN OSHÚN LORDAFUN ORÚNMILA KAFEREFUN OLOKUN LODAFUN OLOFIN, SHANGÓ, OLÚO POPO, OWO PIPO, ESHU-ELEGBA, OLOKUN, OLUOPOPO, ALAFIA, ORÚNMILA UNYEN OGÚ.
Nota: los hijos de Ejiogbe son muy adictos a robar de vez en cuando y a mirar.
Este era un Awó hijo de Ejiogbe que tenía muchos enemigos que le echaban hechicería en cualquier tierra que iba, y tenía que salir enseguida por la brujería que le enseñaban los enemigos, que no lo dejaban tranquilo. Este Awó siempre se hacía osode, pero nunca hacía el Ebó completo; Eshu-Elegba siempre le pedía algo y no se lo daba, e igual le pasaba con Obatalá. Se vio tan mal que tenía que ir a la plaza a robar para poder comer, y la policía hacía tiempo que lo perseguía porque los enemigos daban parte. Una noche, durmiendo, soñó con Olofin, que le decía que diera 2 cocos junto con Eshu-Elegba, que luego se hiciera osode, y que lo que Ifá le dijera lo hiciera completo. Al despertar, se dio los dos cocos a su cabeza, se hizo osode y se vio Ejiogbe, que le marcó Ebó con 3 palomas blancas, 3 cabezas de jutía, 3 cabezas de pescado y flecha; Ifá le marcó llevarlo a tres puntos distintos del mar, y al regresar hacerse sarayeye con 3 huevos, echando uno en la plaza, otro en el río y el tercero en la loma, y a los 7 días irse de esa tierra. Al irse, se fue enterando de que sus enemigos poco a poco se morían.
En la nueva tierra mejoró un poco de suerte. A los 16 días tuvo un sueño con Orúnmila, donde este le indicó todo lo que le pasaba —el trabajo, que todo le salía mal, que la policía lo perseguía—, y al pasar el sueño se dio cuenta de que todo era cierto, pues todavía iba a cada rato a la plaza a robar. Se hizo osode y se vio Ejiogbe: tragedia con la justicia a través de los enemigos (Eyo intori ashelú lese arayé). Ifá le marcó Ebó con 5 plumas de tiñosa, 25 pimientas de guinea, 25 agujas, jutía y pescado ahumado, 5 gallinas, tela negra y blanca, 5 caracoles ayé, corazón de tiñosa, todo lo que se come y mucho dinero; el Ebó iría al río. Además tenía que hacer dos Inshe-Osanyin: uno con 5 plumas de tiñosa —a cada pluma 5 agujas, 5 pimientas de guinea y pluma de cada gallina—, más un ayé, hilo negro y blanco e Iyefá, para ir al pie de Eshu-Elegba y Oshún o detrás de la puerta de la casa; el otro, para llevarlo encima, con corazón de tiñosa, hilo blanco y negro, palos fuertes y una güira. Las 5 gallinas eran para Oshún en el río, llamándola con agogo, y el agogo iba en el Ebó junto con lo demás.
Cuando hizo el Ebó no cerraba, y cansado de preguntar se puso el Osun en la cabeza; entonces Ifá le dijo que a los 3 días se hiciera osode y se fuera para otra tierra. Obedeció, y al hacer osode vio Ejiogbe, Osalo-Forbeyó y Ogbe-Tua: pérdida a través de aleyos (intorí ofo lese aleyo). Se sentía enfermo de su cabeza y se fue a dormir sin terminar el osode; soñó con Eshu-Elegba, un sueño duro, y despertó asustado a continuar el registro. Ifá le marcó Ebó con 1 pollo, 21 pimientas de guinea, 3 agujas, 3 vainas de ejese, un pashán (cuje) de hierba aroma y 1 vela; antes de hacer el Ebó debía encenderle la vela a Eshu-Elegba, y llevar además otro cuje de almácigo y álamo. Al terminar, cogió el ókpele y se lo puso a Eshu-Elegba, y tomó el pollo para dárselo como Ifá había dicho: le metió las agujas por el ano con los nombres de los enemigos, las 21 atare por detrás, y con el cuje de hierba aroma los ejecutó, poniéndole las tres vainitas de ejese a Eshu-Elegba. La sangre del pollo, al matarlo con el cuje, se le da a Eshu-Elegba; el pollo se mete en el Ebó y se lleva al monte, y así lo hizo. Ifá le dijo que al regresar se bañara con hierbas, y de ese modo se fueron acabando los enemigos antes del año. El Awó, asustado, cogió un huevo de gallina, un pollo y una vela; se hizo sarayeye con el huevo y se lo dio a Oke, con el jio-jio se hizo también sarayeye, lo abrió y se lo puso a Eshu-Elegba junto con una vela, y luego se hizo rogación de cabeza (Ko-Borí) con dos palomas blancas, 2 cocos, dos velas, cascarilla, hierbas —algodón, bledo blanco, frescura—, agogo y 16 eru. Después se fue a dormir y soñó con Eshu-Elegba, Olokun, Shangó, Orúnmila y el Egun de su padre, que le decían que había vencido a sus enemigos, pero que tenía que dar una chiva a Orúnmila y darle de comer a Osha y a Egun.
Al día siguiente dio Mo-Foribale a Orúnmila y a Osha bien temprano, encendió 2 velas al Egun de su padre rogándole que le ayudara a cumplir con todos, se hizo osode y se vio Ejiogbe: Ifá le marcó lo mismo del sueño, añadiendo que debía darle de comer a Eshu-Elegba un chivo y a los Eguns carnero y carnera antes de irse para la nueva tierra; y que al llegar hiciera Ebó con 2 gallos, 6 gallinas, 5 palomas, guineo, pato, 3 pollos, Sara-Ekó, jutía y pescado ahumado, quimbombó, harina de maíz, frijoles, miel de abejas, 2 codornices, harina a Shangó, pollo a Eshu-Elegba y pollo para Paraldo. Todos los animales del orugbo eran para Osha y Orúnmila, pollo para Eshu-Elegba en Itá meta, y todos los animales debían llevarse a su destino. Las 2 codornices y la harina con quimbombó se le darían a Shangó llevándolas a una palma y hablando allí con él; una pollona a Inle Aafokan Yeri; al salir el sol, hacer Nangareo; un gallo a Eshu-Elegba, Ogún, Oshosi y Osun; a Osanyin, gallo; a Oduduwa, 4 palomas. Cuando llegó a la palma y puso el encargo de Shangó, se le presentaron 2 hombres, le dieron Mo-Foribale y le contaron lo que pasaba en aquellas tierras: había muerte, enfermedad, pérdida y luto. Le dijeron que lo llevarían ante el Obá de allí, y como era muy tarde, tuvo un sueño con Eshu-Elegba y Shangó, que le decían que fuera a cada rato a hacer osode y ver a Ejiogbe; Ifá le dijo que lo vendrían a buscar, pero que antes tenía que ponerle Sara-Ekó a todos los Orishas y a Orúnmila.
Así lo hizo, y llegaron los Orishas a buscarlo y fue donde estaba el Obá ofo eleda, pero Ifá habló con su omó (ikú). El Awó le dijo al Obá que antes de dos días tenía que hacerle Ebó a su hijo para que no se muriera, y le significó que todas las cosas andaban con pérdidas (ofo), que habían ido la muerte (ikú), la enfermedad (arun), la pérdida (ofo) y la tragedia (eyó); el Ebó de su hijo era con 1 paloma. Aquel día llegaron a casa del Awó los tres Oshas para darle las gracias por la comida y saber cómo estaba; él les contó lo del Obá ofo eleda, y estos le dijeron que se lo dejara de su cuenta: antes de 7 días el hijo del Obá moriría. Visto esto, el Obá mandó a los hombres viejos a buscar al Awó, que se había rogado la cabeza y había soñado con Shangó, Eshu-Elegba y Oluo-Popo, donde le decían lo que ellos habían hecho. Tanto le rogaron los viejos que accedió; querían que aconsejara al Obá hacer Yoko Osha y después Untefá con Orúnmila, para que no muriera como su hijo. Cuando le hizo osode al Obá le salió: ona lese Osha y Untefá Orúnmila; le dijo que primero hiciera Ebó con 16 palomas para Olofin, jutía y pescado ahumado, cascarilla, manteca de cacao y tela blanca, y que después fuera para la tierra de Ifá. Salieron para ese lugar, y el Obá hizo Yoko-Osha y Untefá a los 7 días. Al acabar el Untefá, el Obá recibió el mensaje de que en su tierra las cosas marchaban de lo mejor, pero que Shangó, Eshu-Elegba y Oluo-Popo se habían quedado allí arreglando todo. El Obá le pidió al Awó ir con él, y al llegar lo nombró jefe de aquel lugar, después de dar una fiesta en extremo espléndida. El Awó mandó a buscar a Eshu-Elegba y le dijo: «para empezar a Ifá hay que darle de comer, pero a ti primero»; mandó a buscar a Shangó y le dijo: «a ti también hay que darte comida antes de empezar cualquier Ifá»; y a Oluo-Popo: «usted es el jefe de la enfermedad; para cualquier motivo de esa índole hay que contar contigo». Y a cada uno de los viejos le dio un puesto para cuidar Ilekan, surgiendo así dan imole de ogbeni. Nota: este camino es de Ejiogbe, pero se puede aplicar por otro signo si lo coge Orúnmila. Se coge un plato llano y otro hondo y un pedazo de tela roja; se desbarata la letra con gallo blanco y demás; se mata el gallo en el plato poniendo el nombre de la persona dentro; se le pone manteca de corojo y miel de abejas a las dos alas, patas y cabeza. Se le da el plato a la persona y se le dice que ponga un ala y una pata en cada esquina de su casa, y la cabeza del gallo la meta en una jarra con agua y por la noche la bote para la calle llamando el nombre de la persona, en nombre de Shangó y otros Santos. Al otro día por la mañana lleva el plato con la tela al monte y allí lo pone, llamando a la persona y pidiendo lo que desea. El plato hondo lo pone debajo de la cama del interesado con el nombre del que desea y una flor rosada debajo, y lo deja ahí más de dos días si hace falta.
74.Aquí Orúnmila le enamoró la mujer al gallo
Rezo
ORUNMILA SHOKOFOBAE INLE ADIE ERU OTERKOKO BOKORO LA ADIE ERU DADA DEL OLOAKEYEBI ORÚNMILA YIO ADIE ERU ORÚNMILA TROFA ABANÍ KOTO TOSHEGUN ODA ABANI IFÁ LASHE ADIFAFUN OLOFIN.
Ebó1 gallo, 2 gallinas negras, jutía y pescado ahumado, maíz tostado, aguardiente, velas, muñeco hembra y macho, mucho dinero.
Aconteció que Orúnmila estaba mal de situación y decidió ir a otro pueblo a buscar desenvolvimiento. Llegó a un pueblo y se encontró a un Leoncito; le preguntó cómo se llamaba y este respondió: «Leoncito; mi padre se llama León y mi madre Leona». Orúnmila se dijo: «esta tierra no me conviene», y siguió su camino. Llegó a otro pueblo y se encontró a un Leopardito, que le dijo: «me llamo Leopardito, mi madre se llama Leoparda y mi padre Leopardo», y Orúnmila se dijo que ese pueblo tampoco le convenía. Siguió hasta otro pueblo, donde se encontró a un pollito y le preguntó su nombre: «mi madre se llama gallina negra y mi padre gallo; mis hermanos, el mayor pollo y mi hermana pollona». «¿Y dónde vives, pollito?» «Yo, en la loma.» «¿Me puedes llevar a tu casa?» «Sí, cómo no, sígame.» Y Orúnmila, siguiendo al pollito, echó a andar hasta la casa donde esperaba la gallina.
Al ver aquella mujer tan hermosa y atractiva, Orúnmila quedó impresionado y le dijo: «señora, si usted me permitiera pasar un momento para asearme y comer algo, pues llevo días sin hacerlo»; y ella respondió: «para eso tiene que ver al gallo, mi esposo, para que lo autorice; así que espere afuera». Esto le cayó mal a Orúnmila, que presumía de que las mujeres no se le resistían, pero ignoraba que la gallina era una mujer de orden, y decidió esperar. Al rato vio venir a una persona por el camino y se dijo: «este debe ser el gallo, pues camina igual que el pollito»; le salió al paso y le contó lo hablado con la gallina, y el gallo le dijo que bien podía quedarse. A la gallina no le agradó, pero luciendo como gran señora de su casa no puso reparos. Orúnmila, profundamente impresionado por la gallina, después de bañarse se sentó a la mesa y comenzó a hacer chistes sin que ella pusiera el más mínimo interés; después de tomar café, la gallina y el gallo se retiraron a descansar, pues el gallo era trabajador y se levantaba muy temprano.
El gallo se levantó al alba, y Orúnmila, muy disgustado por la indiferencia de la gallina, aprovechó que se había ido a trabajar y entró en el cuarto de la gallina tratando de besarla, pero esta se resistió y amenazó con llamar al gallo. Cuando el gallo vino, desayunaron, y le dijo: «bueno, amigo, yo me voy para el trabajo y no lo puedo dejar aquí; le enseñaré dónde puede conseguir trabajo y dónde puede dormir». Así lo hicieron, pero Orúnmila no quedó conforme, puesto que ninguna mujer se le había resistido, y para vengar su dignidad herida se trazó un plan: se fue al pueblo semisalvaje, sacó su ókpuele, se hizo osode y salió Babá Ejiogbe. Cuando la gente vio aquello, empezó a proclamar al adivino; Orúnmila les habló, les dijo que los sacaría adelante y empezó a hacer Ebó, y todo el pueblo adquirió mucho desenvolvimiento; pero Orúnmila no dejaba de pensar en la gallina.
Un día mandó a reunir a todos y les dijo: «ustedes tienen que ir al pueblo de al lado y matar a todo el mundo, menos a la mujer que vive en la loma: a esa la traen viva». Al jefe de aquel pueblo Orúnmila le había consagrado un Ifá y se llamaba Ofun-Susu, y fue al frente de los guerreros; acabaron, cogieron a la gallina negra y se la llevaron a Orúnmila. Cuando esta lo tuvo delante comenzó a ofenderlo, y Orúnmila le dijo: «tanto que me hiciste sufrir y ahora te tengo»; la gallina siguió negándose a sus caricias, escupiéndolo y abofeteándolo, y entonces mandó a Ofun-Susu que la amarrara, y se la comió.
Olofin, que sabía lo que estaba pasando, le dijo a Orúnmila: «por el abuso que has cometido, mientras el mundo sea mundo tú solo comerás gallinas negras; y a ti, Ofun-Susu, te perseguirá la maldición de gallina negra, y solo podrás comer, para tranquilidad de tu pueblo, gallina blanca». Ofun-Susu se puso bravo, como loco, y hubo que darle urgente gallina blanca en su cabeza para aplacar la tierra de Babá Ejiogbe y Ofun-Susu. Entonces Olofin le dijo a Orúnmila: «para recordarte tu compromiso con las mujeres, ponle a cada una plumas de gallina en su cabeza y dile: juju lerí adie apeteví abana»; y añadió: «para que Ifá no se ponga ofo, coge manteca de corojo, lígala con grasa de gallina y pásale la mano a tu Ifá con todo esto». Nota: se desean todas las mujeres, aun las que tienen compromiso; se violan las mujeres. Nace que Orúnmila solo coma gallina negra por sentencia de Olofin, y el pasarle la mano a Ifá con manteca de corojo y grasa de gallina ligadas para que no se ponga ofo, en recordación del abuso que cometió con la gallina negra, la mujer del gallo.
75.La rosa roja y el sacrificio en vano de Ejiogbe
Había una vez un hombre que se enamoró perdidamente de una princesa, y tanto la asedió que un día le declaró su amor. Ella le dijo que él no era de su altura, que era inferior porque ella era una princesa, y que solo la obtendría cuando fuera lo suficientemente rico para hacerla feliz. El hombre se fue a tierras lejanas, donde pasando trabajos y sinsabores se fue haciendo rico; un día se adentró en el bosque para aumentar su fortuna con la riqueza de este, y allí terminó de hacerse inmensamente rico. Cada vez que se acordaba de su amada lo embargaba una gran tristeza y se ponía a cantar una extraña melodía, que fue escuchada por un ruiseñor que vivía en aquellos parajes y que, arrobado por ella, entabló amistad con el hombre. El hombre le contó sus penas, el ruiseñor le pidió que le enseñara la melodía, y se hicieron grandes amigos. Pero un buen día el hombre desapareció, y el ruiseñor se puso muy triste.
Al llegar a su tierra, el hombre se presentó ante su amada, le contó todo y le dijo que ya era muy rico y venía a casarse con ella. Entonces ella le pidió una rosa roja para formalizar el matrimonio, sabiendo muy bien que en todas aquellas tierras no había ninguna rosa roja; se lo dijo para demorar el matrimonio, y el pobre hombre no se daba cuenta de que aquello era una burla y de que ella no lo amaba. Salió a buscar la rosa roja creyendo que la conseguiría fácil, pero por mucho que andaba no la encontraba. Desconsolado y abatido, se dirigió al bosque, y al llegar se puso a silbar aquella extraña melodía, que al instante fue oída por el ruiseñor, que salió muy contento a su encuentro y, con solo verlo, comprendió su estado de angustia. El ruiseñor le contó que desde su partida estaba muy triste sin oír su melodía, y el hombre le explicó el verdadero problema que lo llevaba al bosque. El ruiseñor tomó una rosa blanca y le dijo: «mira, llévale esta rosa, y si ella te ama, la encontrará muy bella»; pero él contestó que no, que tenía que ser una rosa roja. El ruiseñor le dijo: «ve a descansar, que voy a rogar para que mañana encuentres una rosa roja». Cuando el hombre, cansado y abatido por la fatiga, se quedó dormido, el ruiseñor se encaramó encima de una flor blanca y con su espina se traspasó el corazón, tiñendo con su sangre la rosa blanca, que quedó completamente roja.
Por la mañana, el hombre despertó, y lo primero que vio fue aquella rosa roja bellísima; la arrancó y salió corriendo para el palacio, sin percatarse de que a los pies del rosal estaba su amigo el ruiseñor, tendido en el suelo, muerto. Solo pensó que se había hecho un milagro por los ruegos de su amigo. Se presentó a los pies de su amada con aquella bella rosa roja, y ella le dijo: «nunca te quise; solo te puse esta condición pensando que nunca llegarías a alcanzarla, pero la realidad es que no te amo y por lo tanto no puedo casarme contigo». Cuando el hombre oyó esto, comprendió que todos sus sacrificios habían sido en vano. A la persona que le salga este Ifá se le dice que todo el sacrificio que haga por los demás será en vano; puede hasta perder la vida sin percatarse de que los demás, por mucho que él se sacrifique, nunca lo tendrán en cuenta.
76.Los súbditos de Olofin
Los súbditos de Olofin tenían por costumbre ir todas las mañanas a sus pies a pedirle la bendición; le besaban las manos, los pies y la túnica sagrada, demostrando una verdadera y mística adoración al padre, a tal extremo que este creía que aquel afecto nacía de lo más profundo del corazón y que eran fieles sinceros y abnegados. Ejiogbe, que a menudo frecuentaba las fiestas, los lugares de reunión y hasta los hogares de muchos de ellos, llegó a comprender que eran egoístas, soberbios, envidiosos e hipócritas, y que cada cual trataba de vivir lo mejor posible aunque tuviera que perjudicar a los demás. Una mañana, cuando los súbditos rendían la acostumbrada pleitesía, Ejiogbe le dijo: «Papá, ¿usted no sabe que esa muestra de afecto y cariño es pura hipocresía?». Olofin respondió: «observa con qué devoción me rinden homenaje; es prueba fehaciente de que acatan con alegría los preceptos morales que les he dictado para su felicidad y la de sus descendientes. Si fueran malos e hipócritas como tú dices, no podrían ofrecerme esas pruebas de gratitud». Ejiogbe no quedó conforme, y cada mañana le hacía parecidas insinuaciones al padre, que no creyéndole se hacía el desentendido.
Una mañana, Olofin, ya cansado, esperó a que los súbditos le rindieran Mo-Foribale, los detuvo y en presencia de Ejiogbe les preguntó: «súbditos míos, deseo saber si ustedes me aman y obedecen los mandatos que para vuestra felicidad y la de los suyos os he enseñado». Los súbditos, poniéndose de rodillas, respondieron: «Papá, nosotros los amamos y respetamos; aceptamos y obedecemos sus mandatos, pues bien sabemos que son para nuestra felicidad». Cuando se retiraron, Ejiogbe dijo: «Papá, no estoy de acuerdo con nada de eso; toda esta demostración es pura hipocresía, pues si ellos son malos los unos con los otros, no pueden amarlo a usted como expresan. Con su permiso, mañana le demostraré de una vez y para siempre que tengo toda la razón». Al día siguiente, a la hora de la adoración, Ejiogbe preparó una canasta llena de monedas de oro y se puso a la derecha de Olofin. Cuando los súbditos iban a arrodillarse, Ejiogbe dio un paso al frente, levantó la canasta sobre su cabeza y la lanzó hacia atrás: al ver la cantidad de monedas de oro en el piso, los súbditos se abalanzaron, y Ejiogbe tuvo que apartar rápidamente a Olofin para que en su apuro no lo tumbaran o le dieran un mal golpe. En ese momento Olofin comprendió las razones de Ejiogbe y sentenció: «Ejiogbe, es verdad que son malos, que no se aman los unos a los otros, y han demostrado que son falsos e hipócritas».
77.Olofin subió a Oke a las cuatro de la mañana
Rezo
EMI TOBALE BOKUN OGUGUBELE BUI GUI AKOOLA AKOLOKO KOMIKOKO QUE ADAFUN, IBETINE OMO AYALORUN AGUERE ELEBO EYELE NI ORI, EFU ABERE EMYO AKUKO FIFESHU-ELEGBA EBEDILOGUN OWO.
Tres personas distintas mandaron a Orúnmila al mundo con la orden de engañar a los primeros hijos que Olofin había mandado a la Tierra. Orúnmila cumplió la orden y comenzó a predicar la doctrina a los primeros hijos de Olofin; estos, con diferente y verdadera fe, se arrodillaron delante de Orúnmila, y todos los días le hacían los honores que precisaba. Orúnmila en su prédica les decía que un día lo verían llegar, pero que para ello primero tendrían que construirle una casa, y acto seguido les explicó qué cosa era la casa.
Entonces Orúnmila subió al Cielo (Ayiguo) y le dijo a Olofin que sus hijos lo querían ver y conocer. Olofin le dijo que el Padre Eterno sí podía bajar, pero que tenía que hacer Ebó para poder hacerlo: manteca de cacao, cascarilla, 8 agujas, jutía y pescado ahumado, gallo para Eshu-Elegba. Hizo el Ebó y lo llevó a los 4 caminos. En un punto estaba un ciego escondido dentro del monte, y cuando Olofin estaba poniendo el Ebó, el ciego se hincó un pie y llamaba a alguien que le quitara lo que le hacía daño, ofreciendo dar lo que le pidieran. Cuando salió el ciego, Olofin le preguntó qué le pasaba, y este respondió que se le había enterrado una espina en un pie. Olofin le sacó la espina y le dijo: «yo necesito saber de mis hijos», y el ciego le preguntó dónde estaba parado; Olofin respondió que en los 4 caminos. Entonces el ciego le dijo que subiera encima de Oke y mirara para el otro lado. Olofin subió a las 4 de la mañana.
78.Adán y Eva
Adán y Eva eran compañeros, y se les ordenó hacer Ebó para que, con la multiplicación de los humanos al nacer, la envidia y la ambición no hicieran surgir la guerra. Eva hizo su Ebó, pero Adán no. Cuando empezó a crecer la humanidad, surgieron la envidia y la ambición y nació la lucha de unos con otros; y cuando Adán volvió a casa de Orúnmila, ya era tarde para él. Desde entonces el hombre derrama su sangre en la guerra, mientras la mujer la da mensualmente.
79.Cuando Orúnmila no tenía donde vivir
Orúnmila no tenía donde vivir: de todas partes lo botaban. Un día salió con Oshún a ver dónde podía vivir, y estando ambos parados a la orilla del mar, Oshún observó cómo una ballena quería comerse a unos macaos; cogió sus cinco adanes, se los tiró a la ballena y la mató. Los macaos, en agradecimiento, largaron sus carapachos y se los dieron a Orúnmila para que viviera con Oshún. Nota: el Awó de este Ifá lleva dos carapachos de macaos cargados con tierra de la casa, eru, obi, kolá, obi motiwao, oro, plata, jutía y pescado ahumado, maíz tostado, muchas hierbas y arena. Después de cargados, viven dentro del Ifá del Awó. Se pregunta de qué color se forran en cuentas de este trabajo.
80.Un respeto a la naranja
En este camino se narra que Atandá fue el primer esclavo Awó con el Odu de Ejiogbe que vino a Cuba, y por su inteligencia y capacidad fue el primer esclavo al que le dieron la libertad. Uno de los terratenientes más ricos de la región conoció al esclavo Atandá, lo compró y se lo llevó a su hacienda, le quitó los grillos y lo puso a abrir y cerrar la puerta de la mansión. En cierta ocasión hubo una gran recepción a la que concurrieron los más ricos terratenientes de la región, y Atandá fue el encargado de servir la mesa; fue tanto el asombro que causó entre los hacendados su compostura, que fue la admiración de todos. El dueño de la hacienda, delante de todos, le mostró a Atandá el salvoconducto que firmaba su libertad y la de todos los suyos, y le hizo ver que si leía ese salvoconducto le daban la libertad; pero como Atandá no conocía la lengua castellana, se lo hizo saber al terrateniente, y se le ocurrió hacer un ókpuele con 8 cáscaras de naranja que habían sido servidas en la mesa, con el que podía leerles el presente, el pasado y el futuro a todos los presentes. Lo realizó con gran sabiduría, y asombrados quedaron todos, llegando a la conclusión y mutuo acuerdo de que por su sabiduría era correcto entregarle el salvoconducto de su libertad, quedándose Atandá al frente de la finca y de toda la servidumbre.
81.Ojos y Cabeza: «mi Cabeza es buena»
Alguien dijo: «mis Ojos son buenos». Otro dijo: «mi Cabeza es buena». Cuando Ojos y Cabeza vinieron al mundo, Ojos era el mayor y Cabeza el menor. Un día su padre, el creador de todas las cosas, llenó una calabaza de carne de carnero y de pasta roja hecha con aceite de palma (epó), y la envolvió en una preciosa tela de seda. La segunda calabaza la llenó de oro, dinero y algunas perlas preciosas; la cubrió con arena y después con trapos sucios. Entonces invitó a sus dos hijos a escoger una calabaza cada uno, a su voluntad. Ojos escogió la calabaza envuelta en la bella seda, y Cabeza prefirió la otra. Ojos abrió la suya, encontró la carne y la pasta e invitó a sus amigos a comer juntos. Cabeza desempaquetó la suya y, al abrirla, encontró arena: «¿cómo Papá pudo ponerme arena en esta calabaza? ¿No puso nada de comida que pueda comer? ¿Este es el trato que me da mi padre? ¡Sin embargo, debe haber algo bueno! ¡No obstante, voy a guardarla!». Y se la llevó con esmero a su casa. Una vez allí, intrigado, se preguntó si la calabaza solo contenía arena; la abrió de nuevo y encontró, bajo la arena, el dinero; bajo el dinero, el oro; y bajo el oro, algunas perlas preciosas. Y dijo: «¡mi calabaza vale infinitamente más que la de mi hermano!». Y Cabeza se volvió rico.
Algún tiempo después, el Creador llamó a sus hijos a preguntarles qué habían encontrado en sus calabazas. Ojos contestó: «yo, el mayor, encontré la carne de carnero y la pasta de epó». Cabeza respondió: «en mi calabaza hay todo lo que representa la riqueza». Entonces su padre dijo: «Ojos, eres demasiado ávido: la vista de la belleza te atrajo y querías tenerla. Cabeza, que reflexionó, supo que la calabaza estaba rodeada de trapos, pero que en el interior estaba escondida una riqueza. Cabeza, de aquí en adelante, será el mayor, y tú, Ojos, serás su segundo. De aquí en adelante, la Cabeza se nombrará primero». Desde entonces, cuando uno tiene suerte se dice «mi Cabeza es buena», y nunca se dice «mis ojos son buenos».
TA-CE DOKPO WE NO WA NU,
BO TA YI VO.
OLI GBO GE, GBO GE, GBO GE!
OLI EE!… OLI TA DOKPO,
O GBO GE, GBO GE, GBO GE!
Tengo una sola Cabeza que piensa,
y vinieron diez cabezas más.
Mi cabeza es fuerte y pensante,
¡oh! Cabeza. Tengo una sola cabeza,
¡pero fuerte y pensante!
Refrán — GBETO WE WELE WE GA: dos personas toman su defensa.
82.La doble salvación (Obeji)
Ejiogbe tenía una mujer que le dio dos gemelos en su primera maternidad. Dos meses después del nacimiento, la madre tuvo relaciones con otro hombre que quería tomarlo todo y quedarse con la mujer. Ella determinó, por consejo de su seductor, poner en la comida un veneno que podría matar a su marido. Al día siguiente preparó la comida, y al momento de colocar la salsa envenenada le dijo al marido que fuera al campo. Hizo dos porciones en dos recipientes diferentes de salsa: en el primero echó el veneno, destinado al marido, y reservó el segundo para ella, guardándolo en otro lugar. El marido volvió con hambre, y ella le indicó el lugar del recipiente con la salsa envenenada (akassa). Pero en el momento en que envenenó la salsa, Zisu, el mayor de los gemelos, se había dado cuenta del hecho. La mujer salió afuera y el marido entró a tomar el recipiente; Zisu entonces se paró y le dijo a su padre: «la salsa ha sido envenenada por mi madre», y agregó que estaba obligado a denunciar el hecho, para que nadie dijera en el país que por culpa de él el infortunio entró en su familia. Le indicó cuál era la salsa comestible, y el padre cambió los dos recipientes. Al momento del cambio, el segundo niño, llamado Sagbo, se dio cuenta del hecho.
La madre volvió del jardín y entró a comer. Sagbo, el segundo gemelo, se paró y dijo lo que pasaba. La mujer llamó a todo el mundo gritando: «¡mi marido quiere envenenarme!». Los vecinos se reunieron, la mujer habló bastante, y el caso fue ante Olofin. El marido fue emplazado; el Obá le preguntó sobre los hechos que decía su esposa y le ordenó traer a sus niños —aunque tenían dos meses de edad— para comparecer ante palacio y hacer justicia. Olofin ordenó la subida de los niños, que contestaran las preguntas y estuvieran calmados. Zisu, interrogado primero, dijo que su madre le había puesto la salsa envenenada a su padre; que tuvo en consideración su nacimiento y el de su hermano, y no le gustaba un infortunio en la casa: si su viejo padre moría cuando apenas tenían dos meses, sería una pena muy grande; esa fue la razón que lo llevó a decirle el hecho a su padre. El segundo niño declaró que su padre había envenenado la salsa de su madre: después de comer la salsa comestible, el padre, con la intención de matar a su esposa, había cambiado las dos salsas; si por casualidad su mamá hubiera muerto, alguien habría dicho que su nacimiento llevó el infortunio a la casa.
Olofin le dijo al padre de los gemelos que ellos son los prohibidos por dos pueblos, y que se llamarían de ahí en adelante Obeji. Si el consultado es víctima de cualquier trampa, tendrá tiempo para desbaratarla.
83.Ashinimá: cuando Ifá era de color rojo
Una vez, Ifá era un personaje de color rojo. Obatalá, un día, ordenó a la Muerte traer las cabezas de todas las personas cuya piel fuera roja. Entonces Ifá, para evitar este infortunio a sus personas queridas y a toda su familia, hizo una consulta, saliendo Ejiogbe osobo Ikú, y se recomendó un sacrificio compuesto de Dagbla Hoza (granada), tierra con agua, dos chivos, dos gallinas, dos palomas y dos pedazos de tela. Toda la familia de Ifá se lavó con el agua de Ashinimá. Al día siguiente, la Muerte se presentó ante ellos: estaban todos negros. Es de esta forma como la familia de Ifá escapó de la matanza de Ikú mandada por Obatalá.
84.Una cosa pequeña puede volverse grande (Titigoti y Ajinaku)
NU MASO ATE NA DO YA NU ME: una cosa pequeña podría hacerse muy grande.
Titigoti, el pájaro pequeño hablador de plumas grises, declaró un día a Ajinaku, el elefante, que lo derrotaría en un combate singular. Ajinaku se asombró: «¿Qué? ¿Tan pequeño como eres? ¡Nada puedes contra mí!». «¡Sí!», dijo Titigoti: «te pegaré y te derrotaré». Pero Ajinaku comenzó a reírse y se negó a ir al combate. Titigoti fue por unas piedras rojas (ze), las pulverizó con agua e hizo una crema parecida a la sangre, que vertió en una calabaza pequeña en forma de botella (atakugwe). Con cascarilla (efun) mezclada en agua hizo una pasta que vertió en otra botella pequeña. Finalmente amasó carbón en agua y vertió el oscuro líquido en una tercera botella. El Obá del país se llamaba Oduduwa, y se acompañó de todos los animales del bosque para ver cómo Titigoti pelearía con Ajinaku.
El pájaro pequeño desafió a Ajinaku: «estoy listo. ¡Vamos a combatir!». Con sus tres botellas pequeñas se subió a la cabeza del elefante, que comenzó a reír y lanzó sus colmillos para cogerlo; pero Titigoti hacía piruetas abruptas y el elefante no podía encontrarlo. Se escondió en la oreja de Ajinaku, haciéndole cosquillas, y se posó también en sus ojos. Ajinaku se puso nervioso, pues no podía agarrarlo. Titigoti, rápidamente, vertió el líquido rojo en lo alto de su cabeza, voló hacia Oduduwa y le pidió enviar a un médico a examinar a Ajinaku; este dijo: «tiene una lesión sangrienta en la cabeza». Ajinaku comenzó a reírse; Oduduwa le pidió que se acercara y vio la sangre: «¡qué vergüenza! ¿Cómo permitiste llegar a tal estado por un pájaro tan pequeño?». Ajinaku lloró, porque no sentía ningún dolor —¡era falso!—, y tocó su cabeza con su trompa, que se manchó toda de rojo.
Entonces el enojo tomó a Ajinaku, y decidió matar a Titigoti, que hacía acrobacias en su cabeza. «¡Déjame alcanzarte!» Oduduwa lo miró a la cara: «¡qué vergüenza!», y todos los animales miraban. Titigoti exclamó de súbito: «Ajinaku, si no pones atención, ahora te voy a romper la cabeza y tu cerebro saldrá». «¡Nunca!», dijo Ajinaku, y redobló la lucha. En ese momento Titigoti vertió la calabaza de agua blanquecina en la cabeza de Ajinaku; mandaron a alguien a ver su cabeza: el cerebro estaba fuera. Oduduwa llamó a Ajinaku, vio la pasta blanca, y Ajinaku pasó su trompa por su cabeza, que vino manchada de blanco; entró en furia y protestó que no tenía ningún dolor. En su excitación, se negó a permitir que Titigoti volviera a su hogar y juró matarlo ya. Titigoti le dijo: «cuando quieras; es solo un niño, no es bueno cuando piensa». Ajinaku retomó la lucha sin lograr alcanzar al rápido pájaro, que volvió otra vez a su cabeza. Después de un momento, Titigoti decidió verter el líquido negro en la frente del elefante. Fue a verlo Oduduwa y dijo: «ya está bueno, no puede continuar así», y Titigoti dijo: «no lucho con una persona agonizante». Todos vieron el líquido oscuro y pastoso que caía de la frente de Ajinaku, y Ajinaku pensó que se moría. Estaba demasiado avergonzado, y se martilló la cabeza contra los árboles hasta que se mató. Por esto se dice que las cosas pequeñas pueden volverse grandes.
TITIGOTI I MA SO ATE BO HU AJINAKU
N BU AGBANGBA!…
AGETE, AGETE, DU DO AGETE!
N BU AGBANGBA!
AGETE!
Titigoti tiene que matar a Ajinaku.
Tengo que matar algo grande como la ¡Tierra!
¡Alegría, alegría, el signo dijo que tendría alegría!
Tengo que matar algo grande como la ¡Tierra!
¡Alegría!
85.El Ashibatá
Hay en la albufera (lago) una planta pequeña flotante que se nombra Afutu (Ashibatá). Afutu nunca tuvo hijos: quedaba sola en la superficie del agua, marchando siempre para atrás. Cansada de sufrimiento, fue a buscar al Oluwo Alufi para consultar su destino, y le habló de sus dolores y sufrimientos, que eran en extremo pesados. Este le mandó los elementos del sacrificio, y Afutu lo hizo. Después del sacrificio comenzó a ver a sus niños: tomó hilo y se los asió a su cuerpo, constituyendo una madeja con ellos. Por eso, cuando uno tira de un Afutu (Ashibatá) del agua, viene un hilo largo, es difícil sacarla y nunca se voltea.
Canción de Afutu:
Mi sacrificio tuvo éxito. ¡Bien!
Si el viento quiere voltearme, mis niños me tiran y me sostienen.
86.La disputa entre el agua, la plaza y la tierra
Aquí pelean tres caminos —tierra, plaza y agua— porque los tres deseaban ser el primero, y nació la discusión entre ellos. El ajá (el perro), que los oyó, les dijo: «ustedes pelean por gusto, porque ninguno puede jamás ser el primero: los tres tienen el mismo derecho, por lo que deben vivir unidos». Ellos, al oírlo, le dijeron: «pues explícanos mejor», y el perro les dijo: «los tres tienen el mismo derecho, porque si el agua no cae sobre la tierra, esta no produce y no habría nada que vender en la plaza; si no hubiera tierra, el agua no podría caer sobre ella para que produzca; y si no hay plaza, no se pueden vender los frutos, productos de la tierra y del agua que la fertiliza». Así los tres caminos quedaron conformes y convencidos. La tierra le dijo al perro: «por muy lejos que tú vayas, nunca te perderás». La plaza le dijo: «cuando no tengas nada que comer, ven a mí; aunque sea un hueso encontrarás». El agua le dijo: «si caes al agua, nunca te ahogarás». Y así todos fueron amigos del perro.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.