Kariosha: qué pasa en los siete días de hacer santo

Kariosha: los siete días de hacer santo (ilustración de Ofún Oshé)

Es una de las preguntas que más me hacen los que ya tienen guerreros y mano de Orula, cuando Ifá les marca santo: ¿qué pasa de verdad dentro del cuarto durante esos siete días? Se entra con los ojos tapados y se sale con una corona que no se ve, pero que se lleva toda la vida. Entre una cosa y la otra hay un orden y unos responsables, y eso sí se puede contar. La mecánica de cada paso se aprende en la estera, con el oriaté y la madrina.

Qué es el Kariosha y de quién es el cuarto

Kariosha significa poner el Orisha en la cabeza; por eso también se habla de asiento, de coronación o de yoko Osha. Es la consagración mayor de la Osha, y abarca mucho más que el cuarto: semanas de preparativos, siete días de encierro y un año de iyaworaje.

Antes de nada tiene que estar resuelto quién es el dueño de esa cabeza. No lo elige la madrina ni el oriaté, y no lo dice el caracol: lo determina Ifá en la mano de Orula, y esa facultad nace en Osa Iroso. Al santo se llega con el ángel ya marcado.

Yo escribo desde el lugar de un babalawo, y por eso lo aclaro de entrada: el Kariosha le compete al oriaté, que lleva el cuarto, el asiento y la navaja. Ifá tiene funciones en ese cuarto, y pesan, pero cuando el oriaté dirige, el cuarto es suyo.

La primera vez que se hizo santo

Cuentan que en una tierra poblada de Orishas nunca se le había hecho santo a nadie. Obatalá tenía allí un hijo, Alaboni, criado por Oshún, que no paraba de hacer travesuras. Por consejo de Oyá, Oshún lo llevó a la tierra de un awó llamado Otura Obara. El awó se miró, limpió al muchacho, y Orunmila sentenció que había que consagrarlo en Osha. Le dio a Oshún una paloma para Obatalá y las hierbas de la consagración. Changó se les unió con lo necesario para el ashé. Alaboni tocó la puerta, Obatalá le dio una paloma en los pies, lo bañaron en la batea y fue Changó quien le puso el ashé en la cabeza.

Mira lo que enseña este patakí. Sin el awó no hay santo: él registra, limpia, entrega las hierbas y manda la paloma. Pero el awó no entra: recibe Obatalá, bañan los Orishas y Changó pone el ashé. Cada uno en su sitio, y esa sigue siendo la regla del cuarto.

Dónde nace

En Otura Obara nacen tocar la puerta del cuarto de Osha y la paloma que recibe el iyawó en los pies. Taparle los ojos para llevarlo al cuarto viene de Iroso Meyi. El porqué del río está en Oyekun Ika, y Oshe Obara manda bañar en el río al que se va a coronar.

Antes de abrir la puerta

El dinero de un santo se le presenta a Eleguá y se le da cuenta al ángel de quien va a parir. Las otá, las piedras, no se compran: se buscan en el lugar de cada Orisha con el padrino o la madrina, y se les pregunta si son Orisha, de cuál y, lo que más importa, si comen con esa cabeza. Nadie te puede dar un Orisha que no tiene. La oyubona tampoco se escoge por amistad: la madrina se lo pregunta con coco a su ángel, y la elegida será la segunda madre del iyawó.

Siete días antes del santo empieza mi parte: la oyubona lleva al iyawó delante del babalawo, se le abre un registro de entrada y el Odu que salga marca su ebó; a la oyubona también, porque va a cargar con esa cabeza. En muchas casas se juran ahí mismo ante Ifá las cuatro pinturas del santo, cuya preparación nace en Oyekun Okana. Después se les acompaña al río.

En la víspera del asiento vuelven al río, delante del babalawo, y se llena una tinajita con su agua. Fíjate bien en esa tinajita: acompañará al iyawó hasta su muerte, su agua va al omiero, y guardarla dentro de la sopera del ángel es un error. El iyawó regresa con ella en la cabeza y se le hace una rogación de cabeza, aunque sea hijo de Eleguá, porque el santo aún no está coronado. Desde ese momento está preso para el santo.

En el canal de Ofún Oshé: Yoko Osha: la guía definitiva para coronarse santo

El primer día: nacen los Orishas

Eggun, Osain y el omiero

Antes de los Orishas, los muertos: coco a los Eggun y su oro. Luego se hace el omiero: el oriaté tiende la estera de hierbas, con una cazuela por cada Orisha que va a nacer, se rezan, se despalillan cantando a Osain y se sazona con el agua del río. El último ingrediente es el iyefá, el ashé de Orula: hasta en el omiero de Osha entra Ifá.

El lavatorio

Ahora nacen los Orishas. Los de la madrina, los que van a parir, se enjuagan en omiero; los que van a nacer se lavan en el orden en que el oriaté los canta, de Eleguá a Oshún, y al final Orula, aunque no nace en Osha. En un plato quedan los collares, las manillas y el Idé del Orisha tutelar. Vienen las cuatro aguas y los caracoles se tiran al suelo: ese es el signo del lavatorio.

Error frecuente

Dejar el lavatorio, o parte de él, para después. Nada en nuestra tradición autoriza a ponerle pausa a un nacimiento: el lavatorio no se interrumpe.

La puerta

Tapado con una sábana blanca, la madrina lleva al iyawó de la mano hasta la puerta, donde la oyubona vierte agua fresca: nadie entra caliente a donde va a nacer un Orisha. Desde dentro, el oriaté le pregunta quién es y qué busca; el iyawó responde que busca Osha y nombra uno a uno los Orishas que van a nacer. Pide permiso, se lo conceden y, al poner el pie dentro, recibe una paloma en los pies, como Alaboni.

Dentro: la cabeza

Le lavan la cabeza, se le rompe la ropa, que es la vida de antes, y se le viste de blanco. Sentado en el pilón, con sus collares y su Idé, la madrina le corta una trencita con la tijera que le presenta el oriaté, y después cortan el pelo todos: se desbroza el terreno para que los Orishas bajen a esa cabeza.

En mi casa, antes del raspado, el babalawo le presenta al iyawó la tijera y la navaja en la cabeza: le transmite el ashé de Orunmila y la entrega a su padrino o madrina de Osha. Hay que ser claros: presentar la navaja no es raspar. Raspa el oriaté, porque la navaja es suya. Mientras raspa nombra a las fuerzas que habitan una cabeza, y en la coronilla deja un círculo de pelo: ahí se llama al ángel de la guarda, porque solo ahí reina.

Sin la pintura del santo no se asienta nada. Son cuatro colores en círculos, blanco, rojo, azul y amarillo, cada uno con su significado, y la madrina cierra el centro con el color del ángel que se corona: esa corona pintada es el cielo. Encima va el ashé de lerí, una corona de fuerzas vegetales que despierta lo que esa cabeza ya trae; cómo se prepara lo enseña el oriaté.

Después el oriaté pone en la cabeza del iyawó, uno a uno, los Orishas, y viene la llamada, donde tiene que dar todo lo que sabe. Al terminar, el iyawó pasa al trono, se le abren los ojos y se tira ante todos los olorishas de la casa, por su orden: no saluda a personas, saluda al Orisha que cada una lleva en la cabeza.

La matanza y los días que siguen

En el cuarto mata el babalawo o el olorisha con derecho de cuchillo, según la casa, y las dos formas se respetan. Cada Orisha que nace come su animal de cuatro patas; sin eso, su caracol no habla el día del Itá. El sentido lo explico en por qué se da sangre a los Orishas. Al terminar viene el Fifeto: coco a Ogún y al cuchillo, dándoles cuenta de lo que comió cada Orisha.

En mi casa

El primero que come es Ogún: el cuchillo es suyo y no hay sacrificio sin su metal. La primera gota cae a la tierra, así que el segundo es Orisha Oko. Después come Eleguá, y el ángel de la guarda come siempre el último. Muchas libretas ponen a Eleguá a la cabeza porque es el primero al que se llama, pero invocar primero no es comer primero. Lo explica Ogunda Irete, también llamado Ogunda Kete: Olofin le confirma a Ogún que el cuchillo sigue siendo suyo aunque lo empuñe el awó.

El segundo día es el día del medio: el iyawó está en su trono y la familia religiosa viene a saludarlo, tirándose primero al trono. El tercer día trae el Ñangareo, el Itá y el ebó de estera: habla cada Orisha por su caracol, el iyawó recibe el nombre de santo y escucha su camino, y si una letra cae del trece al dieciséis, pasa a Ifá.

Del cuarto al sexto día sigue en el trono, come en el suelo sobre su estera y lleva la cabeza cubierta. El séptimo día se cierra con la plaza, la ofrenda de viandas y frutas que cada casa arma a su modo. El iyawó sale consagrado, pero no suelto: sus Orishas pasan tres meses en el piso de su casa, y él empieza su año de blanco.

Lo que no se hace

Que le competa al oriaté no significa que solo él pueda llevarlo: un babalawo que haya estudiado Osha de verdad puede llevar un cuarto, porque aquí manda el estudio; quien no sabe no dirige un cuarto, por muchos títulos que tenga. Te lo digo como hermano: si el babalawo ve algo mal hecho, se lo dice al oriaté aparte, nunca delante del iyawó.

El santo lavado, con las piedras al hombro, solo procede en mi casa cuando un Odu prohíbe asentar, y se lava entero. El medio asiento no existe: o se asienta, o se lava. Changó no se lava: corona Changó y luego haz Ifá. Los Orishas que no se coronan directos en la cabeza, como Inle, Yewá, Obá u Olokun, se coronan con oro sobre uno de los cuatro pilares: Obatalá, Yemayá, Oshún y Changó. Ozun no se corona, porque es de Ifá. Y hay Orishas que no nacen juntos: al hijo de Changó no se le da Oyá en su asiento, al hijo de Oyá no se le da ni Changó ni Yemayá, y el hijo de Babalú Ayé no sale del cuarto sin Aggayú ni sin Orisha Oko.

Preguntas frecuentes

Si ya recibí los guerreros, ¿me los vuelven a dar en el santo?

No es repetir la entrega: es otra cosa. En el asiento completo nacen tu Eleguá, tu Ogún y tu Ochosi de Osha, con su caracol, junto a los cuatro pilares, los Orishas que acompañan según el caso y tu ángel de la guarda. Los guerreros que recibiste antes siguen siendo tuyos; los que nacen en el cuarto son los que hablan en tu Itá.

¿Puede un babalawo dirigir un Kariosha?

Le compete al oriaté, que lleva el cuarto, el asiento y la navaja. Pero un babalawo que haya estudiado Osha a fondo y conozca el cuarto paso a paso puede llevarlo, porque lo que manda es el conocimiento. Lo que no tiene fundamento es sacar del cuarto a un babalawo que pasó directo a Ifá porque su Odu lo marcó así: es sacerdote con todas las de la ley.

¿Una mujer embarazada puede hacer santo?

No hay una norma general: se pregunta, y la respuesta la dan su oráculo y el oriaté que va a llevar el cuarto. Si se hace, el santo se hace en la cabeza de ella. La criatura no tiene santo: nadie le determinó ángel ni le hizo ebó de entrada, ni se la raspó ni se la pintó. Cuando tenga edad irá al pie de Ifá y recibirá sus ceremonias completas. No hay santos dos por uno.

Siete días. Suena a poco, y aun así siempre hay quien quiere recortarlos: el santo en un fin de semana, el río que se salta, el padrino con prisa por cobrar. Un nacimiento no se apura, y por eso el Kariosha dura lo que dura. Cada uno en su sitio, cada paso a su hora y cada canto en su momento. Quien aprende a esperar sentado en ese trono empieza a entender lo que significa llevar una corona.

Dice Ifá en Obara Meyi: El hombre paciente se hace rey del mundo.

Si quieres seguir aprendiendo con orden, el camino completo está en la guía Camino a la Regla de Osha e Ifá y en las secciones de este sitio.

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