La rogación de cabeza: qué es, cómo se hace y por qué no es lo mismo que refrescar

La rogación de cabeza es lo primero a lo que se echa mano en una casa de santo cuando alguien anda mal. Antes de pensar en obras grandes y en ceremonias caras, se le ruega la cabeza a la persona. Este artículo explica qué es, cuándo se hace, cómo se hace y en qué se diferencia de refrescar la cabeza, que no es lo mismo aunque mucha gente lo use como sinónimo.

Qué es

Rogar la cabeza es literalmente eso: rezarle a la cabeza. Se le llama ebbórí, y también koborí. Lo que se está haciendo es servir a Orí.

Y conviene subrayar dónde se le sirve: arriba de los hombros, en tu propia cabeza. Orí no vive en un objeto aparte. Vive donde lo tienes.

Cuándo se hace

  • Cuando hay tribulaciones y la cosa aprieta.
  • Cuando hay que meditar y tomar una decisión.
  • Cuando uno se ha enojado, o cuando necesita mantener la calma.
  • Simplemente para refrescarse y estar claro con lo que pasa alrededor.
  • Para no sufrir alteraciones nocivas después de algún suceso.
  • Y cuando el oráculo la aconseja. En ese caso no es opcional: hay que hacerla.

Con qué se hace

Los ingredientes varían según la necesidad o según lo que haya marcado el oráculo. Los más habituales son frutas, leche, palomas, eyelé, y el más delicado de todos, el pescado, eyá, generalmente pargo.

Además hacen falta dos platos blancos, dos velas, coco para tirar, coco rayado y un paño para tapar la cabeza.

El principio que ordena todo esto es sencillo: los ingredientes de una rogación están para refrescarte. Si algo no refresca, no pinta nada ahí.

Cómo se desarrolla

  1. El sacerdote coloca los materiales en los dos platos blancos.
  2. La persona se sienta en una silla, descalza.
  3. El sacerdote presenta los platos en ciertas partes del cuerpo y después se los entrega, uno en cada mano.
  4. Comienzan las invocaciones de rigor, la moyugba.
  5. Terminada la invocación, el sacerdote toma los platos y coloca uno delante y otro detrás de la persona. Enciende las dos velas igual: una delante y otra detrás.
  6. Tira coco, también detrás y delante.
  7. Trabaja sobre la cabeza y va colocando coco rayado y los demás ingredientes en la cabeza y en otros puntos del cuerpo: nuca, base del cuello, parte superior de los codos, manos, rodillas y pies. El material principal se coloca de último. Todo esto mientras reza y canta.
  8. Al terminar, tapa la cabeza con el paño.

Una regla durante la ceremonia: cuando te tiran el coco por detrás, no mires hacia atrás. Y mientras el sacerdote trabaja, tú reza y pide a los orishas. No eres un espectador.

Quitarse la rogación

Los materiales te los quitas tú, punto por punto, y los vas tirando en el plato que tienes delante.

Hay una excepción que no admite discusión: lo que está en los pies jamás se quita con las manos. Se quita con el dedo gordo del pie, tirándolo también dentro del plato de delante. La razón que da la tradición es que los pies fueron malditos por Obatalá.

La noche y el día siguiente

El sacerdote tapa un plato con el otro, con todo lo que sobró. Ese plato duerme debajo de la cama, y a los lados de la cabecera se dejan encendidas las velas. Así se duerme.

A la mañana siguiente se remueve la rogación hacia la nuca, se abren los platos, se coloca dentro y se lleva al destino que haya indicado el sacerdote, que normalmente se consulta antes con el coco. A veces no hace falta preguntarlo, porque ese destino ya salió en la adivinación que marcó la rogación.

Una discusión que conviene conocer

Sobre el coco que se tira por detrás hay dos posturas. En unas casas se sostiene que se le tira al muerto, a Eggun. En otras, que se le tira a Ipakó, Echu Ni Bakó.

El argumento de quienes defienden lo segundo es práctico: si el coco de atrás fuera para Eggun, una mujer no podría hacer rogación de cabeza, porque no puede ver lo que dice ese coco. Y además hay un motivo de fondo, y es que el Echu que acompaña al Orí sí tiene que ver con ese Orí, mientras que el muerto no tiene injerencia sobre él.

La consecuencia práctica de esto es concreta: en una casa que sostenga que es al muerto, una mujer no puede rogarte la cabeza. No hace falta entrar en polémica. Las tradiciones se respetan y ninguna casa tiene que cambiar la suya.

Rogar no es refrescar

Esto se confunde constantemente. A veces te mandarán a refrescar la cabeza, que se puede hacer con agua, con agua de coco o incluso con leche. Es otra cosa, mucho más sencilla, y no sustituye a una rogación.

Que sea más sencilla no la convierte en un invento. Refrescar la cabeza se hace y se ha hecho siempre. Solo que si el oráculo te marcó rogación, refrescar no cumple.

El orden de los pasos puede variar de una casa a otra, y eso no tiene nada de malo. Lo que está aquí es lo más extendido. Cuando en la tuya se haga distinto, manda la tuya.

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