Obara Meji (Babá Obara Meji) – Odu de Ifá

Odu de Ifá · Nº 7 del Orden Señorial

Obara Meji

Babá Obara Meji

«BABA OBARA MEJI ONIBARA OLABARA EYEBARA KIKATE KOMOKATE ARAYE KOMOKATE ARA ORUN LODAFUN GBOGBO EYE OKO OREFE LORUGBO GBOGBO TENUYEN KEKERE MEJI».
I I · II II · II II · II II
Palabra sagrada

Rezos y súyere de Obara Meji

Rezo

BABA OBARA MEJI ONIBARA OLABARA EYEBARA KIKATE KOMOKATE ARAYE KOMOKATE ARA ORUN LODAFUN GBOGBO EYE OKO OREFE LORUGBO GBOGBO TENUYEN KEKERE MEJI.

Súyere

OMI GEGERE OMI GEGERE SHAKUA LUMA LAPEO IBI ABUDU YAYA LAE OTI.

Fundamento

En este odu nace

  • El color azul y el collar azul clarito.
  • Los uréteres y las trompas de Falopio.
  • El herpe y la seca.
  • Los testículos.
  • La falsificación monetaria.
  • El porqué el Awó pacta y baila con Ikú (la muerte) en el baile de la Atena.
  • El succionar en las relaciones sexuales.
  • El espíritu de Oduduwa llamado Kapaya.
  • El sismo.
  • Las trompas de arena.
  • Las pirámides y las murallas.
  • La sabiduría, la lengua y las señales de humo.
  • El Paoyé de Oduduwa y Orisha-Nla.
  • Los maestros y las cadenas de las enseñanzas.
  • Las revelaciones a través de los sueños.
  • Los niños.
  • Las riquezas; se conocieron las joyas.
  • El reino de Adifa (el reino de los adivinadores o adivinos).
  • El aire, la genealogía, las buenas familias y los cuatreros.
  • La codorniz.
  • La horqueta.

Aquí

  • Se debe recibir la deidad Oduduwa.
  • La persona puede ser objeto de calumnias y debe cuidarse al hablar.
  • Shangó derrotó a los árboles.
  • Oshún hizo la primera lámpara de calabaza y bailó con ella en la cabeza.
  • Oshún hizo milagros al curar con la calabaza el vientre a la orilla del río.
  • Habla desengaño en la casa (traición en el matrimonio).
  • No se come coco, carnero, rana, melón, conejo, chivo, palomas, harina de maíz en ninguna forma.
  • Lo que no se hace en la casa se hace en la calle.
  • Marca separación matrimonial.
  • Marca llantos y penas, grandes tragedias.
  • Se le sacrifica perro a Osanyin.
  • Se le ofrece carnero a Ogún junto con Shangó.
  • Las plantas son: lirio, llantén, mamoncillo, calabaza, curujey, hojas de Ikín, melón, flor de agua, lino de río, meloncillo, yagruma, caimito y jobo.
  • Las enfermedades son: esterilidad, dificultades en el parto, alcoholismo y afección en la garganta (amigdalitis).
  • Shangó hizo Santo, pero lloró sangre por pena, hastío y mal comportamiento de la humanidad, y fue a hacer Ifá en Ika-Ogunda.
  • Shangó reprochó a los Orishas.
  • Obara Meji dio la Atena de Olofin. Equilibrio entre la vida y la muerte.
  • Se desbarata la letra con ekó y agua en la casa.
  • Es un Odu de la mentira y la traición.
Estudio del signo

Descripción del odu Babá Obara Meji

Obara Meji ocupa el séptimo lugar del Orden Señorial de Ifá. Es un signo que denota incertidumbre y suspenso: la persona regida por él vive en la duda y le cuesta mucho tomar decisiones. Sus hijos son impulsivos, con frecuencia caen víctimas de sus propios deseos, y cuando deciden algo en medio de la ansiedad, después se arrepienten de lo que hicieron. Para prosperar en la vida, quien nace bajo este odu necesita alimentar su cabeza de vez en cuando. Al que tiene un negocio y aspira a rodearse de clientes y amistades, este signo le pide sacrificio y seguir a Orúnmila. Y cuando Obara Meji se le adivina a alguien, además de las dificultades de dinero revela que la persona está cercada por enemigos que buscan destruirla con un ataque por sorpresa contra su casa o contra su vida; todo eso se elimina con el sacrificio, y al final la persona descubrirá quiénes son sus enemigos y quiénes le crearon los problemas.

Es un odu femenino, hijo de Olofin y de Amashe. Obara Meji significa «dos Reyes, dos Coronas». Su metal es el cobre; su día de la semana, el viernes (oye-oti); y su planeta regente, Venus.

Es un Ifá difícil de explicar por las transformaciones y la conversación dura que trae consigo. Habla de traiciones, de desconciertos y de inseguridad; es un signo de desprestigios y de desgobierno, y su conversación resulta incómoda e infausta. Aquí se manifiestan los engaños dentro de la casa: la persona no tiene amigos ni debe creer que sus asuntos se resuelven fácil, porque en Obara Meji se funden lo bueno y lo malo de esta vida.

En este odu se miente en lo que respecta a la sexualidad: con seguridad el cónyuge engaña a la persona, y en la pareja se han hecho cosas aberrantes en el terreno sexual; lo que la persona no hace con su cónyuge, lo realiza con el amante o con la amante. Aquí se sueña con lo que no se ha alcanzado: la mujer, estando con su marido, sueña con otro hombre; es demasiado fogosa y se hace la que no siente con el esposo. Si es hombre, se hace el frío con la mujer, y en definitiva terminan separándose.

Obara Meji es un odu de llanto y de penas, un signo de grandes tragedias. Sus hijos son personas resentidas por lo que les ha tocado vivir; por lo regular son tramposos, no son francos con nadie y tratan a los demás con reservas.

En este Ifá se conoció el aire y se creó el Paoyé de Obatalá. Nacieron las riquezas y se crearon las joyas. Aquí, si no se hace Ebó, no se resuelve nada. Nacieron el color azul y el collar azul clarito, los uréteres y las trompas de Falopio del organismo femenino, el herpe, los testículos en descenso y las lomas. Es el reino de Adifá, el reino de los adivinos y adivinadores. Aquí los hombres se hicieron cuatreros (ladrones) y se edificaron las Pirámides Egipcias. En este odu hablan las siguientes deidades: los Abikues, Oyá, Obatalá, Dadá Igbañe, Orúnmila, Shangó, Oshún, los Ibejis, Olokun, Olodumare, Eshu, los Ancianos de la Noche, Eziza, Osanyin, Iyami Oshoolonga, Egun, Orisha-Nla, Ikú y Oshosi.

Obara Meji es la cabeza de la Tierra, es la sabiduría. Aquí fue donde los Egba fueron a la tierra de los Congos en busca de la brujería de la prenda de Egun. Habla de un Egun que dejó una prenda enterrada en el campo y desea que la persona la saque y la reactive.

Aquí la mujer es enferma a succionar en las relaciones sexuales (mamú okó). No se come coco, carnero, rana, melón, conejo, chivo, paloma ni harina de maíz en ninguna forma. Aquí Shangó venció a los enemigos: este odu expresa la fuerza y la rudeza masculina. De Obara Meji dependen las bifurcaciones y los árboles bifurcados; nacieron las horquetas. Aquí se le da perro a Osanyin.

La casa de Obara Meji es pobre, pero con una calabaza y una pluma de loro se hace rica. Si el Awó tiene dinero, deberá rogarse la cabeza con un pez pega (guaicán) para no perder lo que tiene. A quien le salga este odu en Atefá y viva en casa de Orúnmila con otro Babalawo, será desconocido como Awó. Este signo castiga con la muerte a la Apeterbí infiel.

Aquí hay que atender a Orúnmila, a los Santos y a los Eguns. Fue en este Ifá donde el gato se hizo servidor de Orúnmila y de Obatalá. Los muertos que hablan en este odu son Eguns del campo: hay que hacerles fiestas a los Eguns ancestrales y familiares, y hay un Egun que tiene una prenda enterrada en el campo y desea que usted la saque.

Nacieron los maestros y la cadena de las enseñanzas. Aquí los compromisos contraídos se vuelven contra la persona, y las obras que se marquen hay que hacerlas rápido. Nació la falsificación de la moneda.

Aquí fue donde Oshún hizo con la calabaza la primera lámpara y bailó con ella sobre su cabeza; también comenzó a hacer milagros curando en el río, con la calabaza y el millo, a las mujeres que no parían. Aquí los Ibejis le hicieron Oro a Oshún —le cantaron— con veinticinco campanitas y se la llevaron a una siembra de calabazas.

En este odu se crearon los paraguas y las banderas, y estas últimas quedaron como emblemas por haber hecho Ebó. El Awó de este signo no debe creerse superior a los demás. Aquí fue donde, por vez primera, el Egun se valió del vivo para manifestarse y salvar al mundo, y nació el porqué el Awó baila y pacta con la muerte en el baile de la Atena de Ifá.

En Obara Meji se hacen bien las cosas que no son verdaderas y las mentiras que no lo son. En este odu, para resolver problemas, se le dan dos gallinas negras a Orúnmila y se le sopla aguardiente; las gallinas se abren por el medio y se le ponen cocinadas.

La voz del oráculo

Predicciones del odu Obara Meji

Cuando este odu aparece en adivinación de ókpele o de Ikín (en adivinación ordinaria), se le debe aconsejar a la persona:

  • Si la muerte lo está merodeando, debe sacrificar un chivo, una escalera y telas blancas a Eshu-Elegba, y otro animal de cuatro patas al ángel de la guarda, con una escalera y tela blanca.
  • Si sale a una mujer embarazada, se le puede decir con certeza que tendrá un parto de Jimaguas.
  • Se le debe servir a Ogún y a Eziza (la divinidad del viento) con un gallo a cada uno, y no meterse en ninguna transacción.
  • Debe estar alerta de no frecuentar de forma permanente clubes, reuniones o sociedades, ya que puede encontrar la muerte.

Cuando Obara Meji se presenta en la ceremonia de iniciación de Igbodun, se le debe decir al iniciado:

  • Antes de ofrecerle comida a una deidad, el que la ofrece debe rogarle de rodillas para que acepte el sacrificio.
  • Debe ofrecer un chivo a Eshu-Elegba, una chiva a su Ifá y un saco de semillas de kolá para lograr prosperidad.
  • Se le debe preguntar primero si su padre vive todavía, porque si no, su fin está cercano.
  • No puede tomar vino ni otro tipo de bebida alcohólica, y debe evitar compartir el legado de un fallecido.
  • Tres días después de que el odu haya salido en el Igbodun, tiene que preparar el altar de Eshu-Elegba para su Ifá.
  • Luego tiene que comprar una guinea para su madre, si está viva, y hacerle rogación de cabeza; pero si su madre está muerta, tiene que usarla en la tumba de esta o en su dedo gordo del pie izquierdo.
  • También debe rogar su cabeza con dos guineas y prepararse para recibir a Ogún y a Eziza.
  • Contra la envidia y la enemistad debe ofrecer un gallo, una gallina y un chivo a Eshu-Elegba, además de una chiva a su Ifá.
Para vivir largo tiempo en la Tierra (Ono-Ifá)

Debe hacer un sacrificio especial, que consiste en tomar a diario el Omiero de tres plantas (curujey, mata de Ikín y flor de agua), las cuales se recogen con el siguiente encantamiento:

«Mi padre me dijo antes de morir que había ido al Cielo para responder por mí, ya que me habían llamado demasiado temprano para que saliera de este mundo. También me dijo que no debía abandonarlo hasta que un árbol llamado aro en Yoruba y uruari en Beni (flor de agua) no produjera hojas; hasta que las raíces de una planta llamada ose en Beni y afuma en Yoruba (curujey), que crece en la cima de los árboles, no tocara el suelo y, hasta que ela (mata de Ikín) no soltara sus hojas».

Así, Obara Meji vivió doscientos sesenta años.

Aquí no se debe maltratar ni acusar de coqueta a la madre, y se debe evitar comer conejo.

Encantamiento especial para rogar la cabeza

WONI KI OBA BORI OLOFEN, KORI OLOFEN FIN, KI OBARA BO AYA OLOFEN KAYA LOFEN GBA, KO FOWO KAN ALA, KODI DUDU, OBARA BORI OLOFEN, ORI OLOFEN FIN, OBARA BOAYA OLOFEN, AYA OLOFEN GBA, OBARA FOWO KAN ALA, ALA DIDUN DUN.

  • Para adquirir una gran riqueza debe ofrecer una chiva a su Ifá, nuez de kolá, melón, tela blanca, puré de ñame, un chivo a Eshu-Elegba, y ofrecer un banquete con chivo. Ese día no podrá salir de la casa.
  • Para que la riqueza le perdure debe ofrecer una vaca negra, una carmelita y una blanca, una chiva con los mismos colores a su Ifá y un chivo a Eshu-Elegba.
  • Si este odu viene en una ceremonia de Awafakan o Ikofafun, tiene que servir su cabeza rápidamente con una paloma o una gallina.
  • Para no morir envenenado debe ofrecer un gallo y un conejo en un cruce de caminos, puré de ñame y un chivo a Eshu-Elegba.
  • Para que sus hijos no mueran al nacer debe hacer el siguiente sacrificio: un jabón, agregarle las tres hojas sagradas de aro (flor de agua), afuma (curujey) y ela (mata de Ikín), y tener todos estos materiales un día al sereno en el altar de Eshu-Elegba, para después bañar al niño.
  • Aquí se puede perder la vida como consecuencia de un complot en su contra. Por ello debe sacrificar un chivo a Eshu-Elegba, un carnero a Egun y una rana a la tierra (Otá Olé). El día del sacrificio debe buscar un perro y darle de comer panes fríos de rasuró de fríjol. Además debe sacrificar tres platos de sopa y tres gruesos ñames, bañarse y pedir por sus hijos.
  • Aquí se recibe a Oduduwa. La persona debe servir a Oduduwa y a Orisha-Nla para poder vencer la guerra que tiene con sus enemigos.
  • En este odu no se hacen favores; pero si el favorecido es usted, debe mostrarse agradecido para evitar una maldición.
  • Usted debe cuidar por sí mismo sus propiedades o pertenencias y no depender de los demás para que lo hagan: su destino y su prosperidad dependen de su esfuerzo personal.
  • Aquí la persona puede ser objeto de calumnias, pero también tiene que cuidarse muy bien de lo que habla. Puede ser propuesta para un cargo, título o responsabilidad.
  • El adivinado con este odu deberá iniciarse en el culto de los Orishas, y se le aconseja procurarse su propio Ifá para que Orúnmila lo ayude a encontrar su verdadero camino. Orúnmila y Eshu-Elegba lo protegen.
  • Para resolver un peligro de guerra inminente contra enemigos que pueden llegar a desear su muerte, la persona debe ponerle una piedra de rayo (Odú-Ará) a Shangó y servirle además con el sacrificio que Orúnmila le indique.
  • Para alcanzar la prosperidad debe sacrificar a Orúnmila y a Eshu-Elegba lo que prescribe este odu.
  • Su verdad puede convertirse en mentira, o viceversa. En este odu se alcanza la riqueza a edad madura.
  • En este odu tres hombres pueden enamorar a su mujer, y para evitar que corra la sangre debe sacrificar un chivo y un machete a Ogún. Si es mujer la adivinada, debe hacer el mismo sacrificio para que su esposo no la vaya a matar por su coquetería. Aquí nació el espíritu de Oduduwa llamado Kapaya, quien mata a las adúlteras.
  • Aquí se usa en el collar de Orúnmila y en el idé una bola de cristal.
  • No salte huecos: pise firme, con una vara o bastón. Aquí nace la revelación a través de los sueños.
  • No se puede ser presuntuoso ni fanfarrón, ni creerse superior a nadie.
  • El día que se le sacrifica a una deidad no se sale a la calle, y hay que vestirse de blanco.
  • El sacerdote de Ifá de este odu debe mirar en el suelo, sobre la estera.
  • Marca la caída de un rey (el padre) y príncipe coronado (el hijo).
  • No se matan buitres: el buitre es un ave de suma importancia en el sacrificio del Ifismo. Aquí el buitre anuncia la muerte cuando se posa en su puerta; entonces hay que sacrificar un chivo a Eshu-Elegba.
  • Este odu marca separación matrimonial. Es un signo de llantos y penas, de grandes tragedias.
  • Hay que tener cuidado para que las hormigas no caigan en sus oídos y lo vuelvan loco. Puede incluso perder la vida por dormir en lugares inapropiados.
  • Hay que ser obediente en el cumplimiento de los sacrificios.
  • Aquí la persona no tiene ningún lugar fijo: busque asiento y tranquilidad.
  • Aquí se le sacrifica perro a Ogún, y también se le ofrece carnero a Ogún junto con Shangó.
Trabajos del signo

Relación de obras del odu Obara Meji

Para evitar lo malo

Este odu, aun cuando marque Iré, no lo tiene, pues aquí, aunque habla todo lo bueno, también se manifiesta todo lo malo del mundo; y para evitar esto último, se coge un ekó y se desbarata en agua, se marca Babá Ejiogbe en el centro del Atepón de Ifá, a la derecha se marca Babá Obara Meji y a la izquierda Obara-Bogbe; se rezan esos Odus y el Iyefá se echa en el ekó con agua y se riega por toda la casa; después se riega harina cruda con quimbombó por sobre lo anterior, se sigue el Ebó o el Itá y después se barre todo hacia la calle.

Para desamarrar

Por este odu, para desamarrar a un hombre o mujer, se busca enredadera de hierba cundeamor, un jabón, seis hierbas de Shangó, 5 velas, una calabaza, seis varas de tela blanca, 3 gallos, coco, jutía y pescado ahumado, manteca de corojo, vino seco, mucho dinero. De los gallos, dos deben ser indios. Se lleva al interesado al monte; allí se le manda a desnudarse y a pisar las ropas, se le enreda el cundeamor por todo el cuerpo, se le encienden a Egun dos velas y después se le hace sarayeye con los gallos indios, y con ellos se le van quitando las enredaderas de cundeamor de encima llamando a Shangó. Se le manda a pisar la enredadera sobre la ropa.

Después se baña con Omiero preparado con las seis hierbas de Shangó y jabón, y se seca con la tela blanca. La calabaza se cubre con la ropa y la enredadera de cundeamor y después con la tela blanca, y se pone con el jabón sobrante delante de Eshu-Elegba durante tres días y se le pregunta dónde va.

Los gallos indios con los que se le hizo sarayeye en el monte se le dan a Shangó en la casa de la siguiente forma: se hace un mazo de mariwó seco, se le da candela y se pasa en cruz por debajo y por encima de la batea de Shangó, y después se echa ardiendo dentro de la batea; se apaga echándole vino seco, y cuando empiece a salir humo se dan los dos gallos abriéndolos por la boca o pico, y el interesado, después, con sus dientes les sacará las lenguas, que echará dentro de la batea de Shangó. Los cuerpos de esos gallos van donde diga Shangó. El otro gallo es para Eshu-Elegba.

Llamada al Egun de este Ifá

EGUN MARARIN MAWA IKU ORUN MARARIN AWA IFA EGUN LODO EGUN AWA OLUBEKAN MAWA NAÑIRE EGUN MORAKUN EGUN MAOYERE EGUN.

Secreto del odu

1 gallo blanco, 1 paloma, 7 babosas, 3 piedras, 1 porrón con agua de río, arena de río, 3 pescados frescos chiquitos, 3 anzuelos, 1 tinajita con jutía y pescado ahumado, manteca de corojo, miel de abejas, aguardiente, mucho dinero.

Con el corazón del gallo y de la paloma, arena, tierra de la casa, cascarilla, una babosa grande, manteca de cacao, una hoja de guanina y bledo blanco, se prepara un Inshe-Osanyin para resolver situaciones. Se llama Ogaman.

En Obara Meji, Shangó habla, manda y ordena; pero es un odu de la mentira y de la traición.

Ebó del odu

Aquí se hace Ebó con: tela negra, yagruma, caimito, 1 gallo, una lengua de res, 1 pollo, 1 guinea, 1 paloma.

Las lenguas del gallo y del pollo, después de dárselos al Santo que los haya cogido, se entierran al pie de una mata de jobo con harina y quimbombó. Se hace Omiero con las hierbas yagruma y caimito y se le da sangre de la guinea y de la paloma; se le echa un poco a Obatalá, se lava la cabeza del interesado, y el resto de la hierba va para el Ebó.

Para ascender en posición

Un jabón blanco, al que se le abre un hueco y se rellena con: mariwó, obi, kolá, hierba meloncillo e Iyefá rezado del odu. Se le dan dos palomas, se tapa, y con eso se baña hasta que se gaste el jabón.

Cuando sale este odu dos veces

Cuando este odu sale dos veces seguidas, habla todo lo bueno y todo lo malo. Se desbarata un ekó en agua y se riega por toda la casa, y encima se le echa harina con quimbombó. A Ogún se le da un carnero o, en su defecto, una jicotea macho.

Comida a Shangó

Cuando Shangó va a comer, se le echa dentro: jutía y pescado ahumado, maíz tostado y las hierbas meloncillo, coralillo, zarzaparrilla y curujey, y encima de esto se sacrifica el animal. Además se cogen doce calabazas y se le ponen a Shangó, encendiendo una vela cada cuatro calabazas, que hacen tres velas.

Cuando el Oní Shangó desea conseguir dinero, coge las semillas de la calabaza y las pone a secar, las hace polvo y las liga con jutía y pescado ahumado, manteca de corojo y maíz tostado, lo echa en una bolsita y la usa encima.

Para que las mujeres no lo olviden

Lavarse el pene con aguardiente y canela en rama; antes de usarlo se reza Obara Meji.

Para vencer dificultades

Siempre se le pone lirio al Ebó, y se le dedica una cabeza de puerco en ajiaco a Olofin y a Egun. Después se lleva al pie de una Ceiba.

Detrás de la puerta

Detrás de la puerta de la casa se ponen tres tinajitas: una con agua potable con azufre o pólvora, una con agua fangosa y carbón vegetal, y una con agua potable y salitre.

Para Eshu-Elegba

Se le pone una campana grande, que se lava con cohollos de cocotero.

Para un bien de dinero

Se corta un ñame al medio, se le pone una moneda de plata, se unen las mitades y con cascarilla y osun naború se le pintan 16 rayitas circulares; se pone en una fuente y se le presenta a Olofin tres días. Al término de esos días se pica en pedacitos, se pone a secar al sol y se hace polvo, que se sopla en la puerta. La moneda se le pone a Eshu-Elegba.

Para resolver situaciones

Una lengua de res cocinada con quimbombó, y se pone encima de Shangó. Se le preguntan los días y el camino.

Otra: una lengua de res con manteca de corojo, agujas y alfileres; después se entierra al pie de una mata de palma o Ceiba. Se le ponen a Shangó calabaza y plátanos, junto con Oshún. En su puerta se cuelgan, como corona, veinticuatro quimbomboes.

Para Yemajá

A Yemajá se le ponen dieciséis yemas de huevos de gallina dedicadas a todos los Orishas. A los tres días se le lleva una a Obatalá a una loma, una a Oshún al río, una a Oshosi cerca de una cárcel, una a Ogún en una línea férrea, una a Yemajá en el mar, una a Oyá en una plaza, una a Eshu-Elegba en la manigua, una a Orúnmila en un río, una a Yewá en el cementerio, una a Inle en el río, una a Oke en la loma y una a Shangó al pie de una palma.

Obra de Obara Meji (Inshe)

A Shangó se le dan 2 gallos y se les cogen las patas, alas, rabadillas, uñas, corazones, las mollejas, los cuellos y las cabezas tostadas hechas polvo, con jutía y pescado ahumado, maíz tostado, pimientas, eru, obi, kolá, osun naború, hojas de álamo y pata de gallina; envuelto en tela blanca y forrado con cuentas de Shangó y Oshún. Se le rocía vino seco.

Ebó

Gallo, pollo, guineo, 3 flechas, trampa, ropa sudada, 2 cabezas de pescado, tierra de tres esquinas, muñeco, harina y quimbombó, jutía y pescado ahumado, mucho dinero.

Cuando sale el signo

Dice Ifá

  • Que usted no para en ningún lado ni tiene paradero fijo.
  • Usted piensa ir a un lugar: no se tarde mucho tiempo, porque allí le han de ofrecer una cosa mala.
  • Usted es hijo de Obatalá; él está detrás de usted.
  • Usted está muy pobre: no siga diciendo más mentiras para que sus cosas le marchen bien.
  • Usted está muy atrasado, escaso de ropa, a tal extremo que ya nada más tiene la que tiene puesta, y no quiere realizar el viaje con esa ropa.
  • No se ponga triste: usted ha de tener de todo.
  • A su casa ha de ir una persona pidiéndole de comer; no se ponga bravo y dele de comer, que el ángel de la guarda de esa persona lo favorecerá.
  • Cuide a su mujer, y si está peleado con ella trate de hacer las paces, que le conviene.
  • Oiga los consejos que le den.
  • A usted le viene una suerte grande y lo van a mandar a buscar del campo.
  • No tome bebidas, porque lo quieren volver un borracho.
  • Allá en su casa nada de lo que usted dice se lo creen.
  • Sus amigos dicen que usted es muy mentiroso.
  • A usted lo critican porque no tiene ropa que ponerse.
  • Tiene un negocio con tres personas y uno de ellos se guarda la mayor parte del negocio: tenga cuidado con el reparto.
  • Dele de comer dos gallinas a Orúnmila, que tiene hambre.
  • A usted la enamoran tres hombres; uno vive en un balcón, es ladrón y gana dinero con más facilidad que los demás.
  • Mujer: tiene dos maridos. Hombre: tiene dos mujeres.
  • Tenga cuidado con problemas de justicia.
  • Hay engaños conyugales: el marido puede matar a la mujer o al amante de ella. La mujer engaña y le va a buscar tragedias con su rival, y en ambos casos tendrán tragedias.
  • Usted comenzará un negocio y, si hace Ebó, se hará rico.
  • Tiene que rogarse la cabeza y darle de comer a Orúnmila.
Sabiduría del signo

Refranes de Obara Meji

  • El tiempo es muy lento para los que esperan, muy veloz para los que temen, muy largo para los que sufren, muy corto para los que regocijan; pero para los que aman, el tiempo es eternidad.
  • La muerte lo odiará tanto, que no le querrá de vuelta al Cielo.
  • Este es el abanico que levanta el calor.
  • Rey muerto, príncipe coronado.
  • Sin una madre veladora, sería imposible la vida de un niño.
  • La bebida pone a riesgo el secreto de una conversación peligrosa.
  • Debe cuidar el dedo gordo del pie izquierdo como el corazón de su madre.
  • El músculo más odiado es el que siempre se utiliza para la conversación, pues de él dependen sus riquezas o sus penas.
  • El que sabe no muere como el que no sabe.
  • No hables y no te morderás la lengua; tu lengua es tu león: si la dejas, te devora.
  • El hombre paciente se hace rey del mundo.
  • La mujer que come de dos manos pierde su posición.
  • El que da el mal, solo eso recibe a cambio.
  • Déjeme sentarme tranquilo e inofensivamente.
  • La lengua habla mucho bien, mucho mal.
  • El bien que se obtiene en el mar, el pargo guachinango lo coge y lo retiene en la superficie.
  • El puerco espín corteja a la mujer del leopardo y este no puede evitarlo.
  • Gallo muerto habla en el camino.
  • Lo que no es hoy será mañana.
  • El hombre nace sincero y muere mentiroso.
  • Cuando habla el loro, el hombre enmudece.
  • El abanico que se mueve no se detiene jamás sin encontrarse con el aire.
  • El ojo del amo engorda al caballo.
  • No hay pobreza que no llegue a su fin.
Los guardieros del signo

Eshu-Elegba del odu Obara Meji

El tratado de este odu no tiene especificado un Eshu-Elegba propio para Obara Meji. Como obra del signo, a Eshu-Elegba se le pone una campana grande, que se lava con cohollos de cocotero.

Las historias del signo

Patakíes del odu Obara Meji

1.El nacimiento de Obara Meji

Antes de abandonar el Cielo, Obara Meji mandó a buscar a sus Sacerdotes de Ifá para que le hicieran adivinación. Aquellos Sacerdotes se llamaban:

WOSEMI KPELEMBE KPELEMBE CROMI MIMI MIMI LAKE ORI UDI KOKO NI KPA ERON LEMBE LEMBE AABE BE OUNI MO JU OLOJA TITU RIN RIN RIN.

Le dijeron que, para poder llevar la prosperidad al mundo, debía sacrificar una chiva a su Ifá, agregar un saco de semillas de kolá y hacerle sacrificio a Eshu-Elegba. Cumplió con todo y partió hacia la Tierra. Vino a nacer de un padre que solo tenía la mano izquierda y de una madre ciega de un ojo, y a pesar de aquellas limitaciones físicas, los dos tenían muchos enemigos. Fue Obara Meji quien indujo los sueños en el mundo: desde el vientre de su madre ya les revelaba a sus padres los peligros que se les acercaban. Por eso, cuando los Ancianos de la Noche supieron que iba a nacer un niño que traería la prosperidad a la Tierra, determinaron que no naciera vivo.

Una noche, el niño le habló a su padre en un sueño: debía preparar una medicina en un jabón que costara treinta y cinco cauries, para que ambos padres se bañaran con él y quedaran protegidos del ataque de las Brujas. Le indicó que, al recolectar las hojas, las dejara toda la noche en el lugar sagrado de Eshu-Elegba, y que a la mañana siguiente las moliera y las mezclara con el jabón. Así se hizo, Obara Meji nació sin dificultad y sus padres no volvieron a tener problemas con las Brujas. Al nacer, los padres fueron por adivinación por el día de su nacimiento ante un Sacerdote de Ifá llamado:

AFENJU OMO OMO ARE KII KON FENE FENE KPOBI GBITE GBITE YA ALUMEN ITE ONAYE MAGBA NIO NI GBITE ORUN.

Obara Meji fue hijo único y creció rápido para convertirse en un pillo: andaba siempre adivinándole la fortuna a los demás, cosa que molestaba a los Sacerdotes de Ifá mayores de Ife, y desde muy joven acudía a las reuniones de los mayores, donde con frecuencia se convertía en el centro de atención. Cada diecisiete días se celebraba en el palacio del rey de Ife una reunión de Sacerdotes de Ifá, y después de ella solía jugarse el juego de Ayo —el equivalente en occidente al ajedrez—, aunque muchas veces aquella partida terminaba con la muerte de uno de los hijos del rey. En la primera reunión a la que asistió, Obara Meji bebió demasiado y, ya borracho, se vanaglorió de que en la próxima revelaría los nombres de los responsables de aquellas muertes periódicas. Había un alto jefe llamado Oshin, que de manera clandestina venía realizando todas las atrocidades. Tras la proclamación del joven, la reunión se dispersó con el acuerdo tácito de que, si no cumplía su promesa, sería ejecutado.

Convencidos de que jamás podría revelar sus nombres, los conspiradores fraguaron un plan para matarlo, y se sentaron a tramarlo en el camino de los arbustos. La madre de Obara Meji, a quien ellos no conocían, regresaba de la granja y los oyó organizar el plan contra su hijo. Después de escuchar los detalles, corrió a consultar a sus Sacerdotes de Ifá —los ya mencionados— sobre cómo salvar la vida de su único hijo. Le aconsejaron preparar tres gruesos ñames machacados y tres platos de sopa y llevarlo todo a la orilla del río; debía usar en el pecho un collar de cuentas e internarse a bañarse en el agua: mientras se bañara, descubriría lo que tenía que hacer.

Así lo hizo. Mientras se bañaba llegó un hombre llamado Okpolo, que se bañó muy rápido y salió apurado: se preparaba para asistir a la reunión del día en el palacio del rey. Ella lo invitó a comer de la comida que había dejado en la orilla, y como en aquellas largas reuniones del palacio no se servía comida, Okpolo aceptó encantado. Mientras comía, contó que ese día ocurriría algo importante: iban a matar al locuaz e insolente Obara Meji, pues jamás sabría qué sección de los jugadores de Ayo era la responsable de las muertes de los hijos del rey. Terminó revelándole que él mismo, Okpolo, era uno de los conspiradores, y que el rey era tan mezquino que nunca servía merienda ni comida en las reuniones.

El siguiente en pasar fue Obuko, el chivo, que se comportó casi de la misma manera. Después de comer el ñame machacado, contó los detalles de su misión y agregó que él era de los que estaban matando a los hijos del rey por su mezquindad. Se presentó ante la mujer como Obuko-Omo lubebere tube, y dijo que los otros eran Agbo-Omo jojoguole, el carnero padre, y Okpolo-Ami sosu run, la rana: los tres confabulados que mataban a los hijos del rey después del juego de Ayo. Reveló además que Obara Meji había prometido, alardoso, señalar a Oshin como único conspirador, cuando en realidad Oshin no ocuparía su asiento ese día: en su lugar se sentaría su hijo mayor, llamado Aremo. Contó también que se preparaba un asiento especial para Obara Meji, bajo el cual había un hoyo cubierto con una estera, y que la única forma de salvarse era llegar con un perro y un bulto de panes fríos de maíz y rasuro de fríjol, para tirarlo sobre la estera bajo la silla reservada y que el perro fuera a buscarlo. La mujer, para no delatarse, comentó que sería un buen libramiento que Obara Meji muriera, pues el pueblo quedaría más pacífico sin él, y Obuko partió hacia el palacio. Agbo, el carnero, fue el último en llegar al río, y después de comer su parte de ñame machacado confirmó todo lo que Okpolo y Obuko habían revelado, confesó por qué y cómo pensaban matar a Obara Meji, y siguió su camino hacia la conferencia.

La madre corrió entonces a su casa a informar a su esposo y a su hijo, y le indicó a Obara Meji lo que debía hacer: ir con su perro, llamado Boghoye Aje-ejobi, tirar los panes fríos de maíz y el rasuro de fríjol debajo del asiento preparado para él y llamar al perro para que los cogiera. Si el perro caía en el hoyo, debía ponerse de pie y preguntar por la persona llamada Obuko, y en cuanto se identificara, ordenar que fuera ofrecida en sacrificio a Eshu-Elegba. Después preguntaría por Agbo, para que fuera ofrecido en el lugar sagrado público de los antepasados del pueblo. Finalmente preguntaría por Okpolo, y en cuanto se identificara, ordenaría que una flecha le fuera enterrada a través de la boca y el ano, y que fuera ofrecido a la divinidad del suelo (Otá Olé u Oriolé). Cuando le preguntaran la razón de las ejecuciones, revelaría que ellos eran los conspiradores responsables de las muertes de los hijos del rey después de jugar con ellos al Ayo. Pasado ese episodio, debía ordenar que el hombre sentado en el trono bajara de él, por impostor, y le diera paso a su padre Oshin, que en ese momento estaría fumando una larga pipa llamada ekitibe por el costado del salón.

Obara Meji salió hacia la conferencia con el traje de su padre, llamado gbariyee, y su gorro, llamado labagaden, acompañado de su perro —al que el tratado nombra también Boghoye atoju ma oko—. Al llegar a la entrada del salón, los espectadores comenzaron a cantar su alabanza con gritos de «Obara Meji afenju-Omo». Adentro lo llevaron a la silla reservada; se mantuvo quieto, sacó sus bultos de panes fríos de maíz y rasuro de fríjol, los tiró bajo el asiento marcado y ordenó a su perro cogerlos: el animal fue derecho a buscarlos y cayó a través de la estera en el profundo hoyo, cuyo fondo estaba cubierto de garfios y pinchos. Invirtiendo el orden de las tareas de ese día, comenzó por mandar que el hombre del trono se retirara de inmediato para darle paso al jefe Oshin, su padre; el impostor se levantó enseguida y Oshin ocupó su asiento. Entonces llamó a Obuko, a Okpolo y a Agbo para que se levantaran y se identificaran, y todos lo hicieron. Ordenó que Obuko fuera sacrificado a Eshu-Elegba, Agbo al lugar sagrado público de los antepasados, y Okpolo a la madre tierra. Cuando Oshin le preguntó por el delito cometido, Obara Meji le recordó la promesa hecha en la reunión anterior y confirmó que los tres eran los culpables. Los tres fueron utilizados en sacrificio: eran, en realidad, el macho cabrío, el carnero padre y la rana.

Todos los presentes se alzaron, aplaudieron de forma ensordecedora y ovacionaron a Obara Meji, que fue cargado en hombros y llevado afuera en procesión abierta. Sus padres, antes de que saliera de la casa, habían jurado suicidarse si su único hijo perdía la vida en aquel encuentro. Tan pronto el padre escuchó los gritos, concluyó que su hijo estaba muerto y se quitó la vida. La madre, en cambio, alcanzó a ver que a su hijo lo llevaban en hombros en procesión triunfal, sacó la cabeza del dogal de soga que tenía preparado para ahorcarse, y utilizó esa soga para darle las gracias a su propia madre. Esa es la soga que las personas amarran en el lugar sagrado de sus madres fallecidas en sitios de la tierra Yoruba y Beni hasta el día de hoy. Por esto se dice que la madre de Obara Meji fue quien lo salvó de las frías manos de la muerte.

De este camino quedaron las indicaciones que ya recoge este odu: cuando Obara Meji sale en el Igbodun, se le pregunta primero a la persona si su padre vive todavía, se le prohíbe el vino y compartir el legado de un fallecido, a los tres días prepara el altar de Eshu-Elegba para su Ifá, compra una guinea para la cabeza de su madre —o para su tumba o el dedo gordo del pie izquierdo, si ya murió—, ruega su cabeza con dos guineas y se prepara para recibir a Ogún y a Eziza. Si sale en adivinación de Ikín, sirve su cabeza rápidamente con una paloma o una gallina, y a la embarazada se le anuncia parto de Jimaguas; si sale por ókpele, se sirve a Ogún y a Eziza con un gallo a cada uno, no se hacen transacciones y no se visitan de forma permanente clubes ni reuniones, porque allí se puede encontrar la muerte.

2.Surgió la rogación de rodillas ante la deidad

Fue Obara Meji quien dispuso que, antes de ofrecerle sacrificio a cualquier deidad, el ofertante tenía que rogarle para que lo aceptara. Si lo que se ofrece es un chivo, una chiva, un pollo o una gallina, hay que rogarle antes de rodillas a la divinidad que acepte la comida que se le está brindando. Por esta razón se dice que no es difícil rogar por un favor de la divinidad que es nuestro patrón.

3.Se adivinó para el cocotero, la palma y la rana

Cuando el cocotero y su hermana mayor, la palma real, decidieron abandonar el Cielo por la Tierra, fueron por adivinación ante Obara Meji, que en el Cielo se llamó Jeemfidihee —que significa «déjenme sentarme tranquila e inofensivamente»—, y este les recomendó los consabidos sacrificios. Al entrar en el mundo, ambas hermanas se casaron con Ode, el de afuera, el exterior. El cocotero produjo toda clase de frutos que lo hicieron el favorito del pueblo; la palma real, en cambio, aunque era más hermosa, quedó como un objeto decorativo para su esposo, carente de importancia para los demás.

También fue Obara Meji quien adivinó para la rana cuando esta entró en el mundo: le recomendó la misma ofrenda que a las dos palmas, la rana la hizo, y empezó a multiplicarse tan pronto pisó la Tierra. Después de haber ayudado a muchos otros en el Cielo, y al ver la prosperidad que estos traían a la Tierra, Obara Meji decidió venir también al mundo para seguir ayudándolos.

4.La difícil transferencia de la prosperidad al mundo

Cuando el rey de la Muerte supo que un Sacerdote de Ifá se había ido para la Tierra en compañía de la riqueza y la prosperidad, decidió detenerlo de cualquier forma; y como no sabía exactamente quién había sido, resolvió castigar con severidad, con pena de muerte, a todos los Sacerdotes de Ifá del Cielo. Lo acompañaban catorce consejeros. El rey de la Muerte se vistió de enfermo para encubrirse —su esposa es la enfermedad, Arún—, y se puso tan enfermo que su cuerpo llegó a despedir un olor muy desagradable. Preparó para los Sacerdotes de Ifá celestiales, uno por uno, cierta cantidad de bebida de kolá que en realidad eran huevos, y barrilitos de vino, para que fueran a verlo y a curarlo. A cada uno le dio siete días de plazo: si no lo curaban, no podían regresar a sus casas.

Tan pronto llegaba el Sacerdote de turno, la Muerte le daba la bebida de kolá, y este tenía que adivinar de qué se trataba para probar su clarividencia. Muchos no pasaban la prueba y les ponían cadenas; los pocos que lograban decir lo que en realidad contenía —un huevo— tampoco triunfaban en la práctica, porque cuanto más trataban de darle la medicina al rey, más enfermo se ponía. Cuando ya tenía a varios Sacerdotes celestiales en su celda, le llegó el turno a Obara Meji.

Al recibir la invitación del rey de la Muerte, Obara Meji consultó con su Ifá, que le aconsejó ofrendar un chivo a Eshu-Elegba y otro a su ángel de la guarda. Hizo los sacrificios enseguida, y también le puso una escalera a su ángel de la guarda y a Eshu-Elegba, como se le había recomendado. Salió llevando su collar mágico (udé), su principal instrumento de autoridad. Al llegar a la casa de la Muerte tocó la puerta, y antes de dejarlo entrar le exigieron adivinar cuántas personas había dentro y qué estaban haciendo en aquel momento. Miró por la bola de cristal de su collar y reveló que había catorce personas en la habitación, bebiendo con una copa en la mano. Así se le permitió entrar, de espaldas a la puerta.

El rey de la Muerte apareció con aspecto de hallarse gravemente enfermo y ordenó que le dieran la bebida de kolá y el vino. Cuando la sirvieron, Obara Meji anunció a los demás que la kolá había llegado y los retó a adivinar qué era. Utilizando un encantamiento especial con el que las invocaba por sus verdaderos nombres celestiales, conjuró a la bebida de kolá y al vino: si eran verdaderos, tal como los creó Olodumare, debían mantenerse así; de lo contrario, recuperarían ante sus ojos sus verdaderas identidades. De manera instantánea, las sustancias venenosas que contenía el vino subieron a la superficie y el orine de oveja se quedó en el fondo, al tiempo que las semillas de kolá se convertían en huevos. Obara Meji protestó entonces ante el rey de la Muerte por su falta de hospitalidad; la Muerte se disculpó y lo apaciguó brindándole semillas de kolá y vino verdaderos, pero le advirtió que, pese a su mal comportamiento inicial, nadie había logrado curarlo. Él respondió que antes tenía que comer y beber, pues estaba hambriento por el largo viaje.

Mientras le servían la comida, Eshu-Elegba se transfiguró en un niño afectado por una erupción de la piel y se presentó de pie en la entrada. Antes de comenzar a comer, Obara Meji sacó su instrumento de adivinación, el ókpele, y apareció su propio Ifá; eso lo hizo dudar de si la comida que le servían estaba en buen estado, y por eso invitó al niño a comer. El muchacho lo engulló todo, incluyendo el recipiente, y a cambio le pidió que le preparara el recipiente donde él realmente trataba las pústulas de su piel. Cuando el otro se marchó a prepararlo, el niño le aconsejó que accediera a curar al rey de la Muerte, y Obara Meji, de regreso en la habitación del enfermo, se ofreció voluntariamente a hacer lo posible por sanarlo.

El rey de la Muerte tenía el hábito de quitarse el vestido de la enfermedad cuando se acostaba y de ponérselo de nuevo a primera hora de la mañana. Esa misma noche, en cuanto se acostó, Eshu-Elegba utilizó la escalera del sacrificio de Obara Meji para subir a la habitación de la Muerte, y mientras lo hacía la conjuró para que durmiera profundamente. Dormido el rey, Eshu-Elegba, en su figura de niño de las pústulas, invitó a Obara Meji a comprobar cuán saludable lucía el viejo y cuán flexible era su cuerpo sin el vestido de enfermo. Al día siguiente la Muerte lo invitó a empezar sus trabajos de curación: recolectó todas las hojas disponibles, les añadió su polvo de adivinación y preparó baños para siete días; la Muerte, sin embargo, no se bañó con los preparados. Obara Meji, entretanto, siguió compartiendo con el niño llagado cualquier comida que le ofrecieran.

Al sexto día, el rey de la Muerte le dijo que no estaba mejorando y que no podía dormir. Esa noche Eshu-Elegba volvió a conjurarlo para que se tomara una elevada dosis de miel y dormitara, y catapultó a Obara Meji y al niño de las llagas por la escalera invisible hasta la habitación de la Muerte. Allí el niño le indicó cargar la vasija con el vestido de la enfermedad. Una vez afuera, Eshu-Elegba conjuró el camino hacia el río para que quedara libre de seres vivientes, porque nadie podía verlos llevando aquella vasija; la arrojaron al río y, de vuelta, se acostaron a dormir.

Amaneció y llegó el día señalado. Los invitados fueron llegando para presenciar la suerte que le tocaría correr a Obara Meji. La Muerte se bañó, buscó la vasija donde debía estar su ropa de enfermo y, al no hallarla, se encerró en la habitación. Después de esperar en vano, Obara Meji lo mandó a buscar, ansioso por conocer su suerte, y tras tocar incesantemente a la puerta, el viejo salió vestido y tomó asiento en el trono con el cuerpo brillante, radiante, transparente y saludable. A pedido de Obara Meji, anunció el resultado: su tratamiento había dado resultado.

La Muerte entró de nuevo para dividir su tesoro en dos y entregárselo, pero el niño de las llagas le advirtió a Obara Meji que el rey se estaba retractando de su promesa y que debía protestar. Obara Meji gritó, y su alarido fue amplificado y repetido por Eshu-Elegba, de manera que el sonido hizo estremecer los cimientos del Cielo. El incidente hizo temblar al rey de la Muerte, que entró a colocar la mitad de todas sus pertenencias en un saco de nuez de kolá que puso afuera. El niño ya le había aconsejado aceptar solamente un saco de nuez de kolá; y cuando la Muerte salió con dos recipientes —una caja de bronce que contenía desperdicios y un barril de nueces de kolá— y le pidió escoger uno, Obara Meji escogió el saco de nuez de kolá y partió hacia su casa.

Eshu-Elegba, transformado en un viejo, lo esperaba en el camino. Obara Meji había buscado al niño para despedirse y, al no hallarlo, dejó algunos de los regalos con su propio ángel de la guarda y continuó el viaje. Antes de llegar a su casa se encontró con aquel viejo de la choza que había visto cuando iba a cumplir su misión, y este le pidió que le mostrara el premio obtenido. Obara Meji empezó a preguntarse si no sería Eshu-Elegba jugando de nuevo; para salir de dudas sacó su vara de autoridad y lo conjuró a transformarse en su verdadero ser: el viejo se convirtió al instante, primero en el niño llagado y después en Eshu-Elegba en todo su esplendor. Obara Meji le dio las gracias por toda la ayuda prestada durante su imposible misión, sacó el saco de nueces de kolá y le dijo que tomara las que quisiera. En respuesta, Eshu-Elegba le pidió que lo llevara adondequiera que fuera y que compartiera con él lo que comiera, tal como lo había hecho durante el viaje.

Al llegar a su hogar, Obara Meji le dio un chivo a Eshu-Elegba y un chivo a su ángel de la guarda, e invitó a sus amigos a una comida de agradecimiento, pues había sido el único Sacerdote de Ifá capaz de frustrar las malvadas maquinaciones del rey de la Muerte. Por esa razón, cuando Obara Meji sale en adivinación para una persona a la que la muerte le está tocando a la puerta, se le debe aconsejar que haga el mismo sacrificio que hizo Obara Meji antes de la prueba que la Muerte le puso. Fue en ese momento cuando Obara Meji decidió que había llegado la hora de partir hacia la Tierra.

5.El encuentro de Obara Meji con los enemigos

Tras ese incidente, Obara Meji se volvió famoso, y pronto su gloria y su popularidad le granjearon enemigos: se dio cuenta de que el éxito provoca envidia, y de que esta engendra animosidad y enemistades, porque por lo general las personas no suelen amar a quien las supera. Los Sacerdotes divinos más viejos, a quienes les robaba la audiencia, no perdieron tiempo en planear su caída. Entretanto, el ángel de la guarda de Obara Meji se le apareció en sueños y lo previno de las maquinaciones de sus competidores. Al despertar, confundido, hizo que dos Sacerdotes de Ifá adivinaran para él; sus nombres eran:

ONI BARA, OLA BARA ESHINSHIN BARA. EEKU OOKII SO OTIN EYE BARA, KI KU SI ASI Traducción: La mosca que no es voraz jamás muere dentro de un contenedor de vino. La mosca que vuela alto y no se deja tentar por el cebo del piso, jamás caerá en una trampa de goma.

Le aconsejaron ofrecer un gallo y una gallina. Esos sacrificios explican por qué triunfó sobre sus enemigos cuando estos intentaron venir a la Tierra, y también por qué informaron de él a sus ancestros en el Cielo. Un Sacerdote de Ifá que estaba de paso para visitar Ifé se detuvo en casa de Obara Meji, quien lo recibió con grandes muestras de hospitalidad; aquel Sacerdote se llamaba Eroke Ule Abiditirigi, y cuando hizo la libación para la adivinación, le advirtió que habían enviado desde el Cielo un mensajero para perjudicarlo. Le aconsejó ofrendar un chivo a Eshu-Elegba y una chiva a Ifá. El Sacerdote no solo hizo los sacrificios por él, sino que le brindó su tradicional clarividencia —Ono de Ifá en Yoruba, Odija en Benin— y le preparó la medicina necesaria, que debía tomarse cada día.

Cinco días después vino del Cielo un Teokan a arrestar a Obara Meji. Cuando voló sobre el techo de su casa, lo llamó para que se preparara para ir al Cielo. En una respuesta de encantamiento, Obara Meji le dijo que su padre, antes de morir, le había dicho que había ido al Cielo para responder por él, ya que lo habían llamado demasiado temprano para que saliera del mundo; y que también le dijo que no debía abandonar el mundo hasta que un árbol llamado Aro en Yoruba y Ururai en Benin no tuviera hojas; hasta que las raíces de una planta parásita —Ose en Benin y Afuma en Yoruba, que crece en la cima de los árboles— no tocaran el suelo; y hasta que Ela no soltara sus hojas.

Obara Meji recolectó las tres plantas y se las dio al Teokan para que se las llevara al rey de la Muerte, que lo había mandado a buscar desde el Cielo. Cuando el Teokan entregó el mensaje, el rey de la Muerte dispuso que Obara Meji se perdiera en la Tierra y jamás pudiera encontrar el camino del Cielo. Por eso se dice que Obara Meji vivió en la Tierra unos doscientos setenta años, y que al final tuvo que rogarle a Olodumare que lo aceptara de regreso en el Cielo. Si los hijos de Obara Meji pueden preparar ese Ono de Ifá, vivirán hasta que sean muy viejos.

6.Obara Meji pone lo negro blanco

La prueba más importante que pasó Obara Meji antes de ver la luz fue cuando sus compañeros Sacerdotes de Ifá lo mortificaron por emborracharse en una fiesta en el palacio del rey; eso explica por qué a los hijos de Obara Meji se les prohíbe tomar cualquier tipo de bebida alcohólica. Después de embriagarse, empezó a hacer declaraciones sobre cosas de las que no debía hablar: entre ellas, que podía rogar la cabeza del Olofen cuando ningún Sacerdote de Ifá podía hacerlo, y apostó, además, que era capaz de lavar una ropa negra hasta ponerla blanca. Sus palabras llegaron a oídos del rey, que le dio siete días de plazo para realizar todo lo que había dicho, o de lo contrario sería ejecutado.

Al llegar a la casa, contó a su madre lo sucedido en el palacio. Ella se levantó disgustada por el atrevimiento de formular alardes sin base alguna sobre cuestiones que nadie había podido realizar antes, y él le explicó que estaba ebrio cuando lo dijo. La única persona que solía servir la cabeza del Olofen era un hombre llamado Okete, y había otro, llamado Aro, el único capaz de convertir lo negro en blanco. La madre de Obara Meji fue a buscar a ambos.

Al séptimo día, el Olofen sacó una pieza de diez yardas de tela negra y se la dio a Obara Meji para que la lavara en el río y la volviera blanca. Antes de que él llegara al río, ya su madre lo esperaba allí, y el rey envió mensajeros que verificaran la operación. Cuando el grupo arribó, la madre estaba cantando, invocando la aparición de Aro; y cuando el pez Aro escuchó el canto, nadó hasta donde Obara Meji lavaba la tela negra, se la quitó, se la tragó y la vomitó blanca como la nieve. Obara Meji sacó la tela y se la mostró a los dos testigos enviados por el rey, que corrieron de regreso al palacio; todos, incluso el rey, se asombraron del milagro.

La siguiente operación era la ceremonia de servir la cabeza del Olofen. El hombre que la servía todos los años se llamaba Ewu Okete, y tradicionalmente iba en busca de adivinación y realizaba su sacrificio antes de hacer el del Olofen. Aquel año en particular se le dijo que ofreciera un macho cabrío a Eshu-Elegba, y no hizo el sacrificio. En el momento de servir la cabeza, como era de esperar, la ceremonia no se manifestó: el instante más importante de la fiesta se le dedicaba invariablemente a la tela con la cual se realizaba la ceremonia, para que se convirtiera en blanca, y en vista del sacrificio que Ewu Okete rehusó hacerle a Eshu-Elegba, la tela negra se negó a cambiar su color. Quedó claro que la fiesta era un fracaso y que el sacrificio a la cabeza no se había manifestado.

Lo normal era que, después de la fiesta de la cabeza del Olofen, siguiera un tiempo de paz, prosperidad y progreso para el rey y sus dominios; pero tras la ceremonia fracasada de aquel año, las cosas se hicieron difíciles para el rey y para el país: los hijos del rey morían después de jugar Ayo con sus visitantes, no había lluvia ni comida, las cosechas se quemaron y hubo varios casos de niños que nacían muertos y de abortos. Ese era el estado de cosas en Ife cuando llegó el momento de celebrar otra fiesta. Al comenzar la búsqueda de una persona nueva para servir la cabeza del Olofen, Obara Meji se vanaglorió de que él podía hacerlo.

Ante todo, la madre fue a consultarse, y le dijeron que tenía que hacer una ofrenda de un chivo a Eshu-Elegba; así lo hizo. Después invitó a Ewu Okete para que le enseñara a su hijo el encantamiento adecuado para rogar la cabeza del Olofen, que es como sigue:

WONI KI OBA BORI OLOFEN KORI OLOFEN FIN KI OBARA BO AYA OLOFEN KAYA OLOFEN GBA KO FOWO KAN ALA KODI DUDU OBARA BORI OLOFEN ORI OLOFEN FIN OBARA BOAYA OLOFEN AYA OLOFEN GBA OBARA FOWOKAN ALA ALA DIDUN DUN.

Cuando llegó el momento de rogar la cabeza del rey, Obara Meji lo hizo sin vacilación, sirviéndose de la tela blanca que había sacado del río y con la ayuda invisible de Eshu-Elegba. Tan pronto como la tocó, la tela se volvió de nuevo negra, y eso fue suficiente para indicar que los días de infortunio habían terminado. El año que siguió fue, definitivamente, próspero para el rey y el país, y Obara Meji fue muy bien recompensado.

7.Obara Meji muestra ingratitud a su madre

Después de haberlo ayudado a atravesar todas aquellas pruebas y tribulaciones, Obara Meji acusó a su madre de ser coqueta. Ella, avergonzada, proclamó su muerte; y antes de entregar la vida dijo que, desde ese momento en adelante, la mano con la que Okete rogó la cabeza del Olofen tendría que servir para cavar la tierra —que es lo que el conejo hace hoy en día—, y proclamó también que la ropa blanca que el pez Aro proporcionó sería en el futuro utilizada como mortaja para los cadáveres de las personas. El encantamiento de Obara Meji se usaría para provocar ruina en el altar de Eshu-Elegba cuando viniera al caso; de esto, la tradición no permite dar más detalles.

8.Obara Meji gana el título de Jefe

Cuando su madre murió, tuvo que aprender a cuidar de sí mismo. Había dejado de beber, de manera que ya no hacía las declaraciones y anuncios que tantos problemas le habían causado, y de su madre había aprendido las virtudes de la adivinación y del sacrificio. Al darse cuenta de que, pese a todos sus logros, seguía siendo muy pobre, decidió ir al fondo del problema e invitó a un Sacerdote de Ifá llamado Ishe Toon Shemi Ko Ni Sha Alarin Ni Ogun —«no hay pobreza que no llegue a su fin»—, quien le aconsejó hacer una ofrenda a su Ifá con una chiva, semillas de kolá, melón y sus ropas, y organizar una fiesta con ñame y carne de chivo. También tenía que ofrendar un chivo a Eshu-Elegba y no salir a ninguna parte el día que realizara el sacrificio.

Enterado el rey, lo mandó a buscar a palacio junto a otros Sacerdotes de Ifá para un concurso de adivinación especial que tendría lugar aquel día. Su Sacerdote le indicó que debía realizar el sacrificio ese mismo día y no responder a la invitación del rey. Hizo el sacrificio para su Ifá, aunque no pudo encontrar ni la kolá ni el melón, y ofrendó el chivo a Eshu-Elegba.

Cuando los Sacerdotes de Ifá llegaron al palacio, el Olofen les pidió a todos que revelaran lo que había en una habitación cerrada del palacio. Uno tras otro trataron de adivinar y ninguno pudo, hasta que le llegó el turno a un Sacerdote llamado Ogueda, que dijo que en el cuarto había doscientas una personas: era la respuesta correcta. El rey entró y dio a cada uno un regalo de kolá y melón, y también se le envió su parte a Obara Meji, pese a su ausencia.

Los Sacerdotes habían pasado mucho rato en palacio sin comer ni beber, y todos tenían hambre; de regreso decidieron visitar a Obara Meji, que entretanto había puesto la mesa de su banquete con el ñame y el chivo. Como si aquello hubiera sido preparado para ellos, se sentaron, comieron y bebieron con gran alegría. Cuando Obara Meji les preguntó qué les había dado el rey, todos respondieron que kolá y melón —y le entregaron su parte—, lo que lo hizo muy feliz, pues era precisamente lo que le faltaba para completar la ofrenda a su Ifá. Al preguntarle los demás por qué estaba tan ostensiblemente contento, respondió que le habían traído lo que necesitaba para el sacrificio a su ángel de la guarda; y debido a esa observación, los Sacerdotes le regalaron también sus propios obsequios de kolá y melón, de manera que pudo hacer un buen acopio. Antes de irse, le informaron que el Olofen quería que todos lo visitaran de nuevo dentro de ocho días.

Cuando se fueron, rogó su cabeza y su Ifá con algunos melones y kolá; pero cuando los fue a cortar con su cuchillo, se percató de que, lejos de contener semillas, cada fruta estaba atiborrada de toda clase de tesoros, joyas y dinero. Con las joyas acopiadas pudo obtener una túnica, un par de zapatos, un sombrero y un arreo para el caballo que, además, compró para su uso.

Al octavo día fue a ver al Olofen, asegurándose de ser el último en llegar. Antes de la reunión, el rey había mandado a adornar un trono similar al suyo, en el que se invitaría a sentarse al hombre mejor vestido de la ocasión. Cuando los Sacerdotes de Ifá empezaron a llegar, ninguno tuvo el valor de ocupar el trono y todos se sentaron a los lados de la sala; cuando llegó Ogueda, el ganador del último concurso, con su traje andrajoso, se sentó en el suelo, que es el lugar donde se realizan las adivinaciones hasta nuestros días. Finalmente llegó Obara Meji con una sarta de acólitos que lo acompañaban; luego de presentar su saludo tradicional al Olofen, miró a su alrededor, vio el trono decorado al lado del rey y fue derecho a sentarse en él.

Cuando todos estuvieron sentados, el Olofen les preguntó qué habían hecho con el melón y la kolá que les había dado al terminar la reunión anterior. Uno tras otro respondieron que, como no comían tales cosas, se las habían dado a Obara Meji, a cuyo banquete habían ido. El Olofen comprendió entonces cómo Obara Meji había podido llegar tan regiamente vestido. Sacó su instrumento de autoridad real y le dijo a Ogueda que, pese a haber sido el ganador de la prueba de ocho días antes, él y los suyos seguían siendo pobres, y por eso tenían que sentarse en el suelo. Concluyó que Ogueda permanecería siempre en la pobreza, y finalmente dispuso que Obara Meji sobresaldría siempre por encima de sus colegas y compartiría tronos y prosperidad.

9.Cómo Obara Meji sienta las bases de su prosperidad

Habiendo logrado todo cuanto quería y más, un día recibió la visita de Efun Yeni Awori Bebele, quien le aconsejó hacer sacrificio para que la prosperidad alcanzada le durase hasta el fin de sus días: debía sacrificarle a su Ifá una vaca negra, una carmelita y una chiva, y un macho cabrío a Eshu-Elegba, con los mismos colores de los animales mencionados. Así lo hizo, y por esta razón Obara Meji vivió en la abundancia hasta la vejez, al igual que sus hijos. Las canas de su cabeza y de su cuerpo se volvieron tan blancas como el algodón, y mantuvo una buena salud hasta el fin de sus días. Ese fue el último de los sacrificios importantes que realizó (Ono de Ifá), y es el que cada persona nacida en el Igbodun por Obara Meji debe realizar para tener larga vida y prosperidad.

10.El último milagro importante que hizo Obara Meji

Había en el Cielo tres duendes que eran el terror de las dieciséis ciudades principales de la tierra Yoruba. Se llamaban Obuko Omo Lubebe (el chivo), Ejo Omoni Rongo (la serpiente) y Ekuku Ale, Omonimene Ota Loon Ba Aye Ati Orun Jaa (la paloma), y fueron enviados por las Brujas del Cielo para arrasar la Tierra: causaron la muerte de muchos hombres y mujeres en varios lugares y sembraron el terror en todas partes. Los tres malvados celestes cobraban sus víctimas en circunstancias misteriosas, y siempre se trataba de importantes personalidades y de ciudadanos útiles del pueblo. Al parecer, traían además la encomienda de propiciar el regreso de Obara Meji al Cielo. Cuando por fin encontraron su rastro, el ángel de la guarda se le apareció a Obara Meji para prevenirlo del inminente peligro de muerte.

Aunque ya no le temía a la muerte, todavía estaba disfrutando de los goces de su prosperidad, y decidió tocar a su Ifá con adivinación de Ikín. Sus ayudantes domésticos, llamados Uroke y Oroke, le aconsejaron hacer sacrificio lo más rápido posible con un gallo, un conejo y un ñame machacado, el cual tenía que depositar personalmente en un cruce de caminos, y ofrecer además un chivo a Eshu-Elegba. Obara Meji realizó los sacrificios cuanto antes.

Cuando se encontraba en el cruce de caminos, Eshu-Elegba se levantó y les dijo a los tres malvados mensajeros del Cielo dónde podían encontrar a Obara Meji, a quien habían estado buscando en vano, y los tres fueron enseguida a buscarlo. Mientras este hacía sus plegarias, después de depositar los sacrificios en los sitios indicados, Eshu-Elegba le advirtió de la proximidad de los malvados asesinos del Cielo, y con esa advertencia Obara Meji se movilizó de inmediato y corrió a su casa.

Incidentalmente, Obuko Omo Lubebe, el chivo, tenía prohibido el gallo; Ejo Omoni Rongo, la serpiente, tenía prohibido el ñame aplastado; y Ekuku Ale Omoni Mene, la paloma, tenía prohibido el conejo: exactamente los materiales con los que Obara Meji realizó los sacrificios en el cruce de caminos. Cuando los tres llegaron a ese lugar, Eshu-Elegba se les apareció de nuevo y les dijo que la comida que veían en el suelo era un banquete que Obara Meji enviaba a las doscientas deidades, y los convenció de que se lo comieran, pues Obara Meji había tenido que abandonar la comida al verlos acercarse.

Después de comer decidieron seguir persiguiéndolo y partieron hacia su casa para atraparlo allí. Por el camino, el veneno que aquella comida contenía para ellos empezó a surtir efecto, y cuando se iban acercando a la casa de Obara Meji fueron cayendo muertos uno detrás del otro. Sucedió de noche, y a la mañana siguiente Obara Meji salió y descubrió a los tres malvados muertos en el trayecto hacia su casa. Entonces envió un mensaje a los dieciséis monarcas de las ciudades que habían sufrido las amenazas de los terroristas celestes, y tan pronto se reunieron todos en el palacio del Olofen, les contó cómo había logrado eliminar a aquellos hombres malvados. Todos se sintieron muy alegres y agradecidos con Obara Meji por haberlos protegido de las amenazas.

11.Cuando Obara Meji se hizo Rey: nacimiento de las señales de humo

Obara Meji se encontraba en una pésima situación y fue a casa de Orúnmila para que le hiciera un Osode, saliéndole su propio odu. Orúnmila le indicó que tenía que hacer Ebó con la ropa que tenía puesta y que, luego de hecho el Ebó, llevara la ropa al monte y la quemara.

Obara Meji hizo todo lo que le indicó Orúnmila, y cuando quemó la ropa en el monte, por el humo, la gente del otro mundo se dirigió a él y lo encontró completamente desnudo. Al verlo le dijeron que ellos no conocían de este mundo, que con esa señal de humo se habían percatado de él, y que querían que fuera su práctico, su guía. Obara Meji se negó al principio, alegando el mal estado en que se encontraba; entonces el que le hablaba le ofreció un traje de rey y un hermoso caballo.

Ya con sus ropas de rey y su vistoso caballo, Obara Meji se puso en marcha con la gran comitiva hacia la ciudad. Cuando estaban próximos a la entrada, el gobernador fue alertado del gran ejército que se acercaba a invadir su pueblo, con Obara Meji al frente; y estimando que perdería la guerra, le entregó todo lo que poseía y el gobierno de la ciudad. Así Obara Meji se hizo rey de todas aquellas tierras.

12.La Lengua

Olofin mandó a Orúnmila a que fuera a la plaza y le preparara la mejor comida del mundo para sus hijos. Orúnmila salió, vio una lengua de vaca y la compró; al llegar al palacio la sazonó con todos los condimentos y la cocinó al punto. Cuando llegaron los convidados y se sentaron a comer, todo fue regocijo. En eso llegó Olofin, preguntó por su comida y Orúnmila le presentó la lengua. Olofin, reconociendo el manjar, le preguntó por qué esa era la mejor comida del mundo, y Orúnmila respondió que porque con una lengua buena se salva un hombre, un pueblo o una nación, y además con ella se da ashé. Con esa respuesta, Olofin quedó satisfecho.

Al poco tiempo, Olofin le pidió que le preparara la comida más mala del mundo para que sus hijos la probaran. Orúnmila fue a la plaza y buscó otra lengua, que preparó sin condimento, sin sal y mal cocinada. Cuando los hijos de Olofin se sentaron a comer, ninguno quedó conforme; y cuando Olofin vio la comida, llamó a Orúnmila y le pidió que le explicara por qué la primera lengua le había quedado tan sabrosa y esta otra, siendo la misma, sabía tan mal. Orúnmila le dijo que, así como con una buena lengua se pueden hacer cosas buenas, con una lengua mala se puede perder el mundo. Olofin quedó convencido de la gran lección que les había dado a sus hijos, y como recompensa le entregó a Orúnmila el régimen de Ifá.

13.Cuando Obara Meji se hizo rico (La calabaza)

Olofin mandó a buscar a todos los Babalawos, y todos acudieron menos Obara Meji. Cuando llegaron al palacio, Olofin les tenía preparada una gran fiesta en la que todos se divirtieron muchísimo; y ya terminada, les regaló a cada uno una calabaza, que tenía virtud. Los Babalawos se retiraron, y al pasar por delante de la casa de Obara Meji —que ese día le había dado de comer a Orúnmila—, este los convidó a pasar a comer. Ellos dudaron de que tuviera comida, porque decían que Obara Meji era mentiroso; pero uno se decidió a entrar, comprobó que era verdad y llamó a los demás. Entraron todos y, como tenían hambre —pues en la fiesta no habían dado comida—, se sentaron y se comieron todo lo que Obara Meji tenía. Al retirarse, cada uno le regaló la calabaza que le había dado Olofin, para no tener el trabajo de cargar con ella. Así, todos dejaron su suerte en casa de Obara Meji.

A los pocos días, Olofin mandó a buscar a todos los Babalawos, y cuando estuvieron en su presencia les preguntó por las calabazas y por la alegría de la riqueza que les había dado. Ellos le contestaron que se las habían regalado a Obara Meji el día de la fiesta, pues este los había invitado a comer. Entonces Olofin les hizo saber que todas aquellas calabazas contenían riquezas. Ahí fue donde Obara Meji se hizo rico por mérito de Olofin.

14.Cuando Shangó tuvo que contar con Obatalá

Hubo una época en que Shangó estaba pasando una mala situación económica. Se encontró con Eshu-Elegba, que al verlo en aquel estado le preguntó qué le sucedía; Shangó se lo contó, y Eshu-Elegba le dijo que lo iba a ayudar y que iría enseguida a ver a Obatalá para que lo ayudara a vencer sus dificultades. Cuando Eshu-Elegba llegó a casa de Obatalá y le explicó la mala situación de Shangó, Obatalá le pidió que se lo trajera a su presencia.

Cuando Shangó llegó, Obatalá le anunció que lo ayudaría a encaminarse: se quitó una capa bicolor, blanca y roja, sus sandalias y la corona que tenía puesta, que era de dieciséis quimbombó; le prestó su caballo, le entregó un tarro lleno de manteca de cacao y le dijo que fuera a recorrer los pueblos con su bendición. Así lo hizo Shangó: salió montado en el blanco corcel de Obatalá, vendiendo manteca de cacao por los distintos pueblos, y en su recorrido llegó a un pueblo situado en la tierra Yesá, gobernado por una joven extremadamente bella y hermosa. Al entrar Shangó tan vistosamente vestido, con la capa bicolor de Obatalá, su caballo blanco, las sandalias relucientes y la corona de quimbombó puesta, todos los residentes creyeron estar en presencia de un gran rey, y cuando los rumores llegaron a oídos de la reina, también ella fue a recibir al visitante.

Shangó, al ver a aquella mujer tan bella y graciosa, quedó profundamente impresionado por su hermosura; y ella, al notar cómo la miraba tan fijamente, se arrodilló delante de él. Shangó bajó de inmediato de su caballo y le dijo que eso no podía ser: el que tenía que arrodillarse delante de ella era él. Al arrodillarse ante la reina se le cayó su corona, y la reina —que era Oshún— se quitó la suya y se la puso a Shangó; él, ante ese gesto, le puso su corona de quimbombó, y de este modo quedó sellado su matrimonio con Oshún. Shangó se instaló en el palacio de Oshún y comenzó a gobernar en aquel pueblo.

Pasado un tiempo, Obatalá atravesaba una situación un poco precaria y, acordándose del beneficio que le había proporcionado a Shangó, llamó a Eshu-Elegba y lo mandó a contarle la situación, a ver si lo ayudaba. Así lo hizo Eshu-Elegba; pero Shangó, después de oírlo, contestó que tenía muchos problemas en su reino, que Obatalá sabía las preocupaciones que eso traía y que, por lo tanto, no podía atender a nadie en esos instantes.

Cuando Eshu-Elegba le repitió a Obatalá lo dicho por Shangó, este se enfureció y, lleno de soberbia, se fue para el pueblo donde Shangó gobernaba e irrumpió en el palacio cantando:

AYAGUNA WARIO, AYAGUNA WARIO, AYAGUNA WALETU LETU WARIO PA MI OLORO KE AYAGUNA WARIO ASHO.

Y después de cantarlo y de decirle malagradecido, sentenció: «Shangó, mientras el mundo sea mundo, todos tus hijos tendrán que contar conmigo».

15.Nadie cuida lo suyo mejor que uno mismo

Oshosi tenía una cría de venados, y entre ellos uno predilecto, de grandes tarros, que se distinguía de los demás y por el que sentía gran predilección. Los criados cuidaban la manada con sumo interés, principalmente por ser aquel el preferido de Oshosi, y todos los días contaban las cabezas de los animales y le entregaban la cuenta. Un día desapareció el venado predilecto; los criados lo buscaron sin hallarlo e informaron a Oshosi de lo ocurrido. Este, muy disgustado, ordenó organizar grupos de búsqueda por el llano y por el bosque, pero la búsqueda fue en vano. Entonces Oshosi salió a buscarlo personalmente, y empezó por la casa, ya que allí nadie lo había buscado: comenzó por el establo y vio al venado que salía de entre el pasto que estaba en el pesebre, donde las tablas habían trabado sus tarros. Oshosi lo soltó, el venado salió airoso, y Oshosi les llamó la atención a sus criados.

16.Nació el Pahoyé

Hace muchos años, Oduduwa realizó muchos viajes desde Ife hacia otras regiones al frente de un ejército. Sus generales predilectos eran Oshagriñán, Ayaguna y Asho. En uno de esos viajes llegaron a Sudán, donde conocieron a un rey llamado Serimi, que era vasallo de Yomorondo, el rey de la Meca. Yomorondo se enteró por Serimi de la presencia de aquellos ejércitos y decidió lanzarse a la conquista de Ife; para ello les dio mucho dinero y oro a los Alufa —Duaranga negros de origen Haussa— para que atacaran a los Yoruba. Estos lo hicieron, y la guerra azotó el norte de la tierra Yoruba.

Oduduwa fue a mirarse con Orúnmila, que le vio este Ifá y le dijo que en las pirámides habitaba el espíritu del viejo, y que en las guerras vencería a todos sus enemigos, pues hacía años le habían preparado un cetro con la insignia de Oyá, el espíritu del viento, que se llamaba Pahoyé. Le indicó entonces que él y sus generales, al frente del ejército, se colocaran a la orilla del desierto, y que al caer la noche elevara el Pahoyé en dirección a la Meca cantando el siguiente súyere:

OYE NISOKE OYA OO OYE NISOKE OYA EE AEE ODUDUWA, OYENISO ME OYA OO.

Al terminar el canto, vieron cómo se levantaba un viento temible, con grandes olas de arena que se internaban en el desierto arrasando los pueblos de los Alufa y los campamentos de los guerreros de Serimi y Yomorondo. Al amanecer, después de la tormenta, Oduduwa y sus generales se internaron en el desierto y mataron a los sobrevivientes, reafirmándose una vez más el poder de Oduduwa y de Obatalá en Ife y sobre toda la Tierra.

Nota

Por eso es el origen por el cual el Simún o tropa de arena viaja desde el mar hasta dentro de la tierra firme, y se explica el poder de ponerle a Obatalá y a Oduduwa el Pahoyé.

17.El pacto de Shangó, Osanyin y Eshu-Elegba (El colmillo de elefante)

REZO: OBARA MEJI ONI BARA OLOBARA OYEBARA KIKATE AWO ADIFAFUN OROPO TOSHE ILE FAYA ESHU ERIN OKE OMO OBA ARUN ESHINSHIN AWO ODARA IFA KAFEREFUN SHANGO.
Ebó

Chivo, gallo, jicotea, todo lo que se come, mucho dinero.

Una vez se enfermó la hija de un Obá, y los adivinos del país dijeron que para salvarla tenían que hacerle Ebó con colmillo de elefante. Shangó se levantó muy temprano y vio una proclama en el pueblo donde el Obá ofrecía dos sacos llenos de onzas de oro a quien trajera un colmillo de elefante. Se dirigió al palacio y se presentó como el hombre que se comprometía a traerlo, pero quiso que le enseñaran el dinero; cuando comprobó que era real, fue a su casa, se armó de una soga y salió para el campo en busca del colmillo. Obatalá, que vivía en las afueras del pueblo, al verlo pasar deprisa le preguntó a dónde iba; Shangó le relató la necesidad del colmillo de elefante y el dinero de recompensa, y Obatalá le advirtió que hacía años que a muchas millas de allí no se veía un elefante. Shangó respondió que necesitaba ese dinero y que lo conseguiría.

Ya dentro del monte, Shangó se encontró con un hombre tuerto y cojo que silbaba, y le preguntó dónde podía encontrar un elefante. Aquel hombre le contestó que sabía de uno, pero que tendría que darle algo. Shangó aceptó, y entonces el cojo, que era Osanyin, lo llevó a ver a un hombre que tenía dos jorobas, que era Eshu-Elegba. Osanyin le explicó lo que Shangó quería; los dos se pusieron de acuerdo y llevaron a Shangó hasta unos cujes muy grandes y largos, y cuando los apartaron, detrás había un elefante grande y hermoso, con unos colmillos inmensos. Shangó, loco de contento, dijo que ese era el que necesitaba, pero que solo quería los colmillos. Ellos le dijeron que aquello tenía un precio: un chivo, una jicotea y un gallo, con sus ingredientes. Shangó se los ofreció y les pidió que lo esperaran hasta que volviera.

Al llegar al pueblo fue ante Obatalá y le dijo que ya tenía el elefante, pero no mencionó nada del pacto con Osanyin y Eshu-Elegba. Obatalá, que lo conocía, le advirtió que no anduviera con mentiras y que tuviera juicio en lo que hacía, pues le podía costar la vida. Shangó no le hizo caso y se dirigió al palacio, donde ordenó a los soldados prepararse para ir a buscar al elefante; no pensaba cumplir con el pacto contraído con Osanyin y Eshu-Elegba, pues el dinero era su obsesión. El Obá le advirtió que se fijara bien en lo que decía, pues aquel era el país de los tratos serios, de las buenas costumbres y de las buenas palabras.

Cuando llegaron al monte, mandó a los soldados a preparar las sogas; pero por más que buscaron, el elefante no aparecía, y tampoco Osanyin ni Eshu-Elegba. Los soldados lo iban a prender por mentiroso y por hacerles perder el tiempo, aunque dentro de ellos había indecisión, porque había huellas del elefante y de tres personas que recientemente habían estado allí. En medio de la confusión, Shangó se tiró al río y pudo escapar. Los soldados lo buscaban por todas partes sin dar con él. De noche, Shangó llegó a casa de Obatalá, y este le dijo que lo estaban buscando y que si lo encontraban lo iban a matar. Shangó le suplicó: que no lo abandonara, que le hiciera algo. Obatalá lo llevó a casa de Orúnmila, que le hizo Osode y le vio este odu; Ifá le dijo que había trampas y que tenía que darles de comer a Eshu-Elegba y a Osanyin para poder triunfar.

Obatalá lo ayudó y le dieron de comer lo pactado. Shangó fue para el monte con la idea de esconderse, y fue grande su asombro al encontrarse con el elefante, que lo acogió con la trompa y se dejó conducir hasta el pueblo. Cuando lo vieron llegar, todo el pueblo le rindió Mo-Foribale. El rey le pidió disculpas por haber dudado de su palabra y le dijo que pidiera lo que quisiera, aparte del dinero. Shangó pidió un caballo y la mano de la princesa, y todo le fue concedido, ya que un hombre capaz de traer él solo un elefante también es capaz de gobernar un reinado. Desde ese momento se alió con Eshu-Elegba y Osanyin, para que Eshu-Elegba le cuidara la ciudad y Osanyin el monte, y dictó que para su saludo y su gobierno había que llamarlo: «BABA ASHE OLUEKO ASHE OSANYIN».

18.Donde Shangó se hizo Osha e Ifá

Al comienzo del mundo, Olodumare, Olofin, Olokun y Orúnmila andaban juntos. Un día Olodumare le dijo a Orúnmila que sus hijos estaban pasando muchos trabajos, y le propuso reunirse y acordar hacer algo para mejorarlos; Orúnmila estuvo de acuerdo. Efectuaron la reunión y acordaron que, a medida que fueran llegando de sus trabajos, se le iría entregando a cada uno lo siguiente: primero le darían Eshu-Elegba, luego Ogún y después Oshosi, y cuando ya tuvieran los Santos guerreros, les harían Santo (Yoko-Osha). En eso tomó la palabra Oke y dijo que él quería el suyo diferente: que se hiciera en Leri Oke, en la loma, para así cuidar al Obá. Ellos lo aceptaron.

Según iban llegando, les fueron dando a todos como se había acordado en la reunión, menos a Shangó, porque le habían hecho trampa: habían mandado a buscar a un Awó viejo, y cuando Shangó llegó, el Awó propuso entretenerlo para no hacerle saber lo acordado y no hacerle Santo. Pero resultó que Shangó se había mirado con Orúnmila, que le vio este Odu de Ifá y le había hecho Ebó al pie de Eshu-Elegba con: 1 gallo, jutía y pescado ahumado, manteca de corojo, maíz tostado, aguardiente, tabaco, un tambor y un cuero de carnero; y el Ebó cogió el camino de llevarlo para el monte.

Shangó, al llevar el Ebó al monte, se encontró con una mujer que no conocía, que era Yemajá, la cual había tenido problemas con Inle. Al verla se enamoró de ella y le propuso vivir juntos, pues estaba solo en aquel lugar; Yemajá aceptó, y entonces Shangó enterró el Ebó, y a partir de ese momento las personas de aquel lugar sintieron miedo.

Un día Shangó llegó corriendo, le tocó la puerta a Yemajá y se acostó a dormir. Yemajá se dijo que iba a ver qué era el miedo: se asomó a la puerta y vio a Egun y a Orun; entonces se acercó a Shangó y le dijo que parecía mentira que un hombre tan fuerte y valiente le tuviera miedo a aquello, que era una cosa tan chiquita. Al oírla, Shangó se levantó y le preguntó qué había visto, y Yemajá le contestó que aquello a lo que él le tenía miedo no era más que huesos. Entonces Shangó salió a donde se encontraba Ogún y le pidió un machete; Ogún le preguntó el objetivo, y él le explicó que era para terminar su trabajo. Ogún se lo dio, y Shangó se retiró enseguida rumbo a la casa y mató a Yemajá.

Enseguida tomó rumbo a casa de Olodumare, y en el camino se encontró con Orúnmila y lo interrogó, preguntándole cuándo le iban a hacer Santo e Ifá; Orúnmila le contestó que era casi imposible. Shangó continuó su camino y se encontró con Eshu-Elegba, que le preguntó a dónde iba, y él le contó todo lo que le estaba pasando. Pero Eshu-Elegba, que todo lo sabía, le dijo que tomara aquello: le dio una Odu-Ará, un juego de ashé, un asheré, un juego de herramientas y todo lo que se come, y le indicó que se apareciera a la puerta de donde hacían Santo y entrara con todo lo que le había dado.

Shangó hizo lo que se le indicó. Cuando nadie lo esperaba, entró, y al ver al Awó viejo le dijo: «Iború, Iboya, Ibosheshe», y el súyere «Osha Yimi»; entonces puso todos los objetos dentro, y no hubo más remedio que hacerle Santo a Shangó. Después del Santo, en la habitación que estaba al lado, le hicieron Ifá. Cuando Shangó salió del cuarto de Santo, dijo este canto:

IBORU FUMEKO YAKAWE TO FAMI LOKETE FUMEKO.

19.Donde se hacen bien las cosas

REZO: OBARA NI AWO OBARA BARA NI IFA ONIBARANIREGUN AWO ABO ASHE ORIBAWE ORUNMILA AKUALOSIÑA ANAGUEDE ODUDUWA ONI BARANIRE GUN ORUMALE WUAMALE ISOTA ORI NI BARA ORI BUTO ARIKOTA ONI BABALAWO LODAFUN OLOFIN.
Ebó

Gallo, 3 hojas de caimito, 1 de yagruma, tela negra, 9 pollos, 3 codornices, hierbas de Ifá, palos, 2 cabezas de pescado fresco, jutía y pescado ahumado, manteca de corojo, tierra de cuatro esquinas, tierra de cangrejo, muñeco, harina y quimbombó, un mamey, lengua, prodigiosa, aguardiente y mucho dinero.

En la tierra de Obayenifá vivía Osanyin, y tenía una mujer que se llamaba Aguaniré. Ella se sentía muy disgustada porque Osanyin no la atendía: no se ocupaba más que de su trabajo, que era con Egun y con Oshún, y cada vez que ella le llamaba la atención por algo, este la castigaba, siendo la suya una vida muy sufrida. Un día, Osanyin se puso a hacer su llamada y a tomar aguardiente, y cantaba:

EGUN MATERIN NAGUA IKU OSANYIN MATERIN NAGUA IKU EGUN LODE EGUN AGUA OLUBOKAN MAGUA BANIRE EGUN NORAGUN EGUN MAYERE EGUN.

Osanyin se había limpiado con tela negra y la había puesto a su secreto con tres hojas de caimito y una de yagruma. Su mujer Aguaniré se la robó y se la escondió, y le puso otras telas usadas: se limpió con ellas y con una hoja de yagruma. Osanyin, que estaba dormido, se despertó molesto, y a los tres días botó toda su limpieza. Su mujer la recogió y se puso a cantar:

OSANYIN TOGUO MAGUE TOGUOE DUN DUN OSANYIN OTAGUO ADO OSANYIN MAGUE TOGUO NIRE EWE YAGRUMA EGUN ONIBARE.

En ese momento, Aguaniré sintió que se apoderaba de ella algo extraño: un Egun, que le dijo que en su camino tenía su felicidad y lo que ella quería. Ella se puso muy contenta. El Egun le pidió también lo que había recogido y un gallo; Aguaniré se lo entregó todo, y el Egun le indicó que guardara todo aquello para cuando se presentara una dificultad y se lo pidieran. Así lo hizo y lo guardó todo; entonces el Egun se marchó. Osanyin, que estaba ausente, regresó a su casa y preguntó quién había estado allí, y ella le dijo que nadie.

Shangó tenía un hijo que era Awó y se llamaba Awó Obashé. Era joven, y todo lo que hacía en su tierra Shangó lo colmaba de bendiciones y lo quería mucho, porque su Olúo, Obanoyenifa, siempre lo estaba aconsejando, y él siempre le daba dos gallinas negras al Ifá de su padrino. Un día, Awó Obashé le dijo a su padrino que iría a visitar a Osanyin, y su padrino le respondió que aquellas dos gallinas se las iban a guardar, pues quizás a su regreso le harían falta para salvar a alguien o a él mismo. Awó Obashé salió para la tierra de Osanyin cantando:

EWE ORISHA ENE GAGUE OSANYIN NARE ENE GAGUE.

Iba recogiendo hierbas, y cuando llegó a la casa de Osanyin las quemó. La mujer de Osanyin sintió aquella voz tan bonita, y Osanyin también la sintió. Aguaniré se enamoró de la voz del Awó; y cuando este llegó y empezó a rezarle a Osanyin, dándole Mo-Foribale, lo vio tan correcto que se enamoró mucho más. Osanyin, que era muy egoísta, para que el Awó no conociera su secreto se marchó, dejándolo solo en la casa con Aguaniré; y ella, viendo que el Awó era cariñoso, tuvo con él Ofikale trupon, quedando en estado del Awó.

Osanyin regresó contento cuando supo que el Awó se había ido, y tuvo contacto con su mujer; pero Aguaniré ya estaba en estado del Awó. A los tres meses se le veía la barriga, y se lo contó todo a Osanyin, que le respondió: está bien, vamos a ver cuando des a luz. Aguaniré y el Awó hablaron sobre qué harían ante tal situación, mientras el vientre le crecía por día y el Awó estaba preocupado. Osanyin tuvo que irse a hacer un trabajo a la tierra de Awadó, y el Awó aprovechó para llevar a Aguaniré a casa de su Olúo. Cuando llegaron, él le contó todo; el Olúo los miró y les vio Obara Meji, y les dijo que ellos traían algo que los iba a salvar. Aguaniré no se acordaba de lo que el Egun le había mandado a guardar; pero en su búsqueda, cuando abrió la cartera, vio aquello, y el Olúo dijo: eso mismo; vamos a cambiar el color para que Osanyin crea que ese niño es su propio hijo.

Le hizo Ebó con la tela negra y la hoja de yagruma, caimito y un gallo, y la limpió con la lengua de res. El Olúo entonces llamó a Shangó, preparó la lengua, le hizo Ebó y le dio nueve pollos; les sacó las lenguas a los pollos y las enterraron al pie de una mata de jobo con harina y quimbombó. Hicieron un Omiero y le dieron sangre a Babá, a la cabeza de la mujer y al Omiero, y después le dieron un baño; lo que quedó del baño lo echó en el Ebó, cerró el Ebó, y le dieron a Ifá las dos gallinas que el Olúo le había guardado, les soplaron aguardiente por el medio y se las pusieron a Ifá.

Aguaniré regresó a su casa, y a los nueve meses, en el momento de dar a luz, Osanyin invitó a todas sus amistades para desprestigiarla, ya que ese no era su hijo. Pero al nacer el niño, todo el mundo quedó conforme, por la virtud del Olúo y el gran secreto de Ifá. El Awó Obashé siempre iba a visitar a Aguaniré y a ver a su hijo, ya que ella le hizo saber que el Awó era su verdadero padre.

20.Donde Shangó era panadero

Shangó era panadero, pero estaba atravesando una situación muy mala, pues no tenía ni trabajo ni con qué hacer nada. Tenía cinco amigos que se dedicaban a beber, y después de emborracharse, Shangó llegaba a su casa y formaba líos con su mujer. Ella siempre le decía que tuviera paciencia y fe, que poco a poco llegaría a conseguir trabajo; pero él era incrédulo. Un día sus amigos le propusieron ir a ver a Olofin, a ver si les arreglaba aquella situación. Shangó mostró pruebas de inconformidad, pero al fin cedió, y fueron a ver a Olofin.

Cuando llegaron, Olofin les dijo que cogieran una calabaza cada uno y la llevaran para su casa. Los amigos empezaron a murmurar: tanto lío para esto, como si hubiéramos venido a buscar calabazas. Al salir, todos le dijeron a Shangó que no las querían, que se las cogiera todas. Shangó llegó a su casa, y cuando la mujer le preguntó qué le había dicho Olofin, él contestó: nos dio esta basura de calabazas; bótalas por ahí, que eso no sirve de nada.

Al otro día, Shangó salió a buscar trabajo, y como la mujer no tenía nada que poner en la mesa, decidió abrir las calabazas para cocinarlas. Cuando estaba abriéndolas, se encontró con que estaban llenas de monedas de oro. En esos momentos llegaron los amigos de Shangó, que iban a buscarlo para beber; la mujer tapó con el delantal todas las monedas de oro que había en la mesa, abrió la puerta y, cuando le preguntaron por su esposo, dijo que no estaba, que había ido a buscar trabajo. Los amigos respondieron que lo esperarían en la esquina y que mientras se tomarían unos tragos.

Shangó venía con hambre y le dijo a su mujer que no le dijera nada, que venía hambriento, que no había encontrado trabajo, que no encontraba nada y que ya estaba cansado de todo. Entonces la mujer le dijo: «Mira», y le destapó las calabazas que estaban en la mesa, enseñándole toda aquella fortuna que Olofin le había dado. Shangó se puso contentísimo y decidió que no les diría nada a sus amigos ni les daría nada.

Con el dinero, Shangó se compró un caballo y una banda de música, y salió con su mujer cantando:

OBARA JUN JUN, OBARA JUN JUN BAN.

Todo el pueblo salió a mirar a Shangó, extrañado del cambio que dio de la noche a la mañana, y los amigos se rompían la cabeza preguntándose cómo Shangó tenía aquella carroza con tantos músicos y aquel caballo tan lindo. Entonces Olofin se paró, lo bendijo y le dijo: «Hasta donde camine tu caballo, todo será tuyo». To Iban Eshu.

21.El hombre que se durmió

Era un hombre que fue a mirarse con Orúnmila y le salió este odu, Obara Meji. Ifá le mandó hacer Ebó con un gallo y mucha miel de abejas, pues con eso iba a resolver sus problemas. El hombre salió en busca de la miel de abejas y regresaba con ella a casa de Orúnmila para hacer el Ebó; pero como era muy despreocupado para todas sus cosas, se recostó a un árbol en la floresta y se quedó dormido: la miel se le derramó por encima y las hormigas se lo comieron.

Nota

Aquí la persona no se puede dormir para hacer las cosas, pues cuando desea realizarlas puede ser muy tarde, y le puede costar la vida.

22.Cuando el gobernador enamoró a la mujer de Obara Meji

Obara Meji tenía su mujer, que vendía frutas en la plaza, y el gobernador de la ciudad estaba enamorado de ella. Un día el gobernador la llamó para comprarle frutas, la enamoró y le dijo que, si ella lo quería, le regalaría tres fortunas, que eran tres cuartos: el primero lleno de oro; el segundo, de plata, brillantes y perlas; y en el tercero, un esclavo con un machete para cortarle la cabeza a quien él lo ordenara.

Cuando la mujer de Obara Meji regresó a su casa, se lo contó todo. Entonces Obara Meji se hizo Osode, se vio su mismo odu, se hizo Ebó y se fue para la plaza. Al llegar vio al gobernador y se puso a hablar con él; este le preguntó si conocía a algún adivino, pues deseaba saber una cosa. Obara Meji le dijo que él era adivino, y añadió: usted está enamorado de una vendedora de frutas y le ha ofrecido tres suertes por su amor. El gobernador le contestó que todo eso era verdad, y que si le adivinaba qué cosas le había ofrecido, se las daría a él. Obara Meji le dijo al gobernador exactamente lo que le había ofrecido a la vendedora de frutas por su amor, y el gobernador tuvo que entregarle a Obara Meji aquellas riquezas.

23.Se adivinó para el árbol Awun

Otunwesin es la mano derecha que lava la izquierda, y Osinwetun es la mano izquierda que lava la derecha; eso es lo que lava las manos. Ellos fueron los Sacerdotes de Ifá que adivinaron para el árbol Awun cuando fue a lavar la cabeza de Ondero. Le dijeron que sería próspero y que debía sacrificar una carnera, una paloma y cuentas de coral. Hizo el sacrificio, y se le dijo que atara las cuentas a la esponja que utilizaba para bañarse.

24.Se le adivinó a Ondero

Otunwesin y Osinwetun, eso es lo que limpia las manos, fueron también los Sacerdotes de Ifá que adivinaron para Ondero cuando el árbol de Awun venía de lavar su cabeza. A él se le pidió que hiciera sacrificio para que escogiera una buena persona que le lavara la cabeza; el sacrificio: tela blanca y una paloma. Él lo realizó. Por lo tanto, todos los que tengan este odu deberán sacrificar a su cabeza y usar tela blanca.

25.Se adivinó para Obara Meji para evitar la enfermedad

Ojikutukutu Baragendengenden bi igba elepo fue el Sacerdote de Ifá que le adivinó a Obara Meji cuando iba en camino para Ife. Le aconsejó que sacrificara una carnera para evitar la enfermedad, y él rehusó hacer el sacrificio. Cuando Obara Meji llegó a Ife, se le dio carne de carnera, se la comió y se enfermó tan horriblemente que, al final, su pecho creció.

Nota

Los nacidos en este Odu no deben comer carne de carnera.

26.Se adivinó para que la hija de Olofin tuviera hijos

Ogigif oju iran wo le fue el Sacerdote de Ifá que adivinó para la hija de Owa Olofin. Se le pidió que hiciera sacrificio de manteca de cacao (ogi-ori), lana de algodón y una carnera, y ella lo hizo. Estaba segura de que iba a tener muchos hijos, y tenía 600 hijos diarios después de haberse comido la medicina de Ifá hecha por el Sacerdote: hojas de Ifá (biyenme, clavo e Irugba), manteca de cacao y demás ingredientes, que se sazonaron y con los que se hizo una sopa.

27.Las 16 codornices de Olofin

Estando un Rey muy aburrido, decidió salir a cazar. Cuando llegó al monte, seguido por sus monteros y criados, vio un jabalí y, empeñado en capturarlo, se separó de sus súbditos internándose en el monte. En su afán de cazarlo, sin darse cuenta le sobrevino la noche, tormentosa y oscura, y comenzó un gran aguacero. Decidió regresar, y fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba solo y perdido. Se dirigió a un camino y pudo ver las señas de una luz, que le sirvió de guía en aquella profunda oscuridad.

Al acercarse a la luz, descubrió que era la casa de Orúnmila, y dirigiéndose a ella lo encontró en el portal. Le anunció que tendría un huésped, y que no quería otro cuidado sino que le hicieran una buena cama, por el frío que traía, y que le asaran una perdiz, porque no sabía comer otra cosa. Orúnmila, de inmediato, se puso en función de lo que había pedido el Rey.

Como el Rey reconocía la imaginación de Orúnmila, lo llamó para entretenerse con él, y estando ya de buen humor le dijo que quería ver si le adivinaba tres cosas que tenía en su pensamiento. Orúnmila accedió y, tomando la palabra, le dijo: lo primero que usted piensa es en la intranquilidad que tendrá la Reina, su señora, hasta saber de su paradero; pero esto lo sabrá pronto, porque ya ha salido un criado mío con la noticia de que usted está hospedado en mi humilde casa. El segundo pensamiento es que está preocupado por si la perdiz que le traerán estará bien cocinada y tierna. El Rey, haciendo halago a sus palabras, le confirmó que en esos dos pensamientos había acertado, y le pidió la tercera. Orúnmila le respondió: esta es más fácil; usted, Majestad, piensa en el reino que está vacante, y piensa dárselo al que tuvo la dicha de ver honrada su presencia en su casa en momentos duros, y lo hizo con gran regocijo; que aunque él sabe que usted es incrédulo, lo ha atendido como usted se merece.

Entonces el Rey respondió: eres un gran astrólogo, y veo que no has errado; has acertado y, cumpliendo con la dignidad de Rey, tú lo serás aquí.

Nota

El Rey era Olofin. Orúnmila en esta tierra era Obara Meji, y lo que estaba vacante en el reino era lo que había dejado Shangó; y el secreto era darle de comer 16 codornices a Olofin. Por este Odu se le dan 16 codornices a Olofin con este canto:

AIYERE AKUARO AIYERE AKUARO AIYERE AKUARO BAKIO AIYERE OLOFIN AIYERE AKUARO BAKIO AIYERE SHANGO AIYERE AKUARO BAKIO AIYERE.

28.Los enemigos de Shangó

REZO: ONIBARA BABARA EYEBARA KIKATE ADIFAFUN KAFU ARUN TINSHE EROYA EYE AFINYU OBE KIKATE.
Ebó

1 chiva, 2 gallinas, 16 calabazas, la sábana que tiene puesta en la cama de la casa, 2 botellas de aguardiente, demás ingredientes, mucho dinero.

Shangó tenía que ir a una tierra para resolver un problema, pero tenía muchos enemigos en esa tierra, y aun así tenía que ir. Cuando llegó, se encontró a todos sus enemigos apostados por dondequiera, y tuvo que regresar rápidamente. Al llegar a su pueblo, lo primero que hizo fue ir a casa de Orúnmila, el cual le hizo Osode y le vio este odu, Obara Meji, diciéndole que tenía que hacer Ebó con un gato negro y demás ingredientes. Shangó realizó el sacrificio.

Después de hecho el sacrificio, Orúnmila le indicó que, cuando se encontrara cerca de esa tierra, buscara por los alrededores una loma, procurara llegar de noche y pusiera el gato delante de él. Shangó partió para su destino, y cuando llegó a la otra tierra hacía una noche muy oscura. Subió a lo alto de la loma que dominaba todo el pueblo, y en la oscuridad de la noche los ojos del gato resplandecían enormemente. Entonces los enemigos de Shangó, que no descansaban, al ver aquello se aterrorizaron y huyeron, y en el pueblo todo el mundo se recogió, por considerar aquello cosa del otro mundo. Así Shangó pudo entrar y resolver su problema.

Nota

Hay que tener cuidado con viajes a lugares donde puede haber venganza por problemas pasados.

Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.

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