Los collares o elekes: qué son, cómo se consagran y cómo se cuidan

Los collares son, para mucha gente, lo primero que reciben en la religión. Y precisamente por eso se explican mal: se entregan, se ponen, y el que los recibe se va a la casa sin saber muy bien qué acaba de pasar. Este artículo cuenta qué son, cómo se hacen, qué ceremonia llevan y cómo se cuidan después.

Qué son

Se llaman elekes o ilekes. Hoy lo más común es que se hagan de chaquira, aunque se han hecho de muchos materiales. Cada collar es la representación cromática de un orisha: los colores y la forma en que se combinan no son decorativos, cumplen una función en relación con el orisha que representan.

De qué deben estar hechos

Aquí hay dos detalles que se pasan por alto y que importan.

  • El hilo no puede ser de nylon ni sintético. Tiene que ser algodón, oú, u otro material natural que absorba. La razón es litúrgica: el hilo debe impregnarse de la sangre del sacrificio y del agua del omiero, y un hilo sintético no absorbe nada.
  • Las cuentas no deben ser plásticas. Cerámica, vidrio o incluso semillas. Todo lo más natural que se pueda.

Los cinco collares de fundamento

A los primeros que se reciben se les llama genéricos, porque son los representativos de cada orisha y no están todavía ajustados a tu camino.

  • Elegguá: cuentas rojas y negras intercaladas.
  • Obatalá: todas blancas.
  • Changó: rojas y blancas intercaladas.
  • Yemayá: azules y blancas intercaladas.
  • Ochún: amarillas y blancas intercaladas.

Cuando la persona se consagra en Ocha, los elekes que usará ya no son genéricos: van de acuerdo al camino de sus orishas.

Por qué se entregan

La necesidad de recibirlos se ve normalmente en los oráculos. Pueden entregarse por salud y estabilidad, para cuidar a la persona en su camino, para suavizar la letra de cara a una consagración futura, o sencillamente porque la religión está en el camino de esa persona.

Lo que sí conviene tener claro es que no son adornos. Identifican públicamente a quien cree. A los no creyentes, aberikulá, no se les entregan por ninguna excusa.

Los collares están vivos

Antes de que te los pongan, esos collares pasaron por una serie de ceremonias que se consideran su iniciación a la vida. De ahí que se diga que cobran vida y que hay que tratarlos con respeto.

Todos los elekes deben haber nacido, haber sido curados y haber comido, unyén, es decir, haber recibido sacrificio.

Dos cosas que indican que algo no se hizo bien

Lavarlos solo en omiero. Hay quien se ahorra el sacrificio y se limita a lavar los collares en omiero de Ozaín. Litúrgicamente, hacerlo así equivale a no haber hecho nada. Y se cobra igual.

Hacerlo una sola persona. La consagración de los collares lleva ceremonias en las que participan varios olorishas, que lavan ritualmente los collares de cada orisha uno por uno. Con un solo olorisha no se puede. Si ves que alguien te lo ofrece en solitario, ya sabes.

La ceremonia, paso a paso

El aleyo suele recibir cinco elekes: el imprescindible y los cuatro pilares.

  1. Se lleva una muda de ropa blanca de pies a cabeza. La ropa que llevas puesta será rasgada con unas tijeras nuevas. Todo debe ser nuevo menos esa ropa que llevas al llegar.
  2. Primero, el baño ritual: ebbó misí con omiero de Ozaín preparado para ese fin.
  3. Ya bañado y vestido, se hace una rogación de cabeza, koborí, para limpiar y dar paz a la cabeza.
  4. Se dispone una estera. La persona se arrodilla y va recibiendo los collares de uno en uno, cada uno con sus rezos y sus cantos.
  5. Mientras se colocan, los olorishas presentes van pidiendo por el neófito: salud, prosperidad, estabilidad, paz, desenvolvimiento.

Sobre el orden hay variantes. Algunas casas ponen primero el de Elegguá, porque Elegguá va primero en todo. Muchas otras ponen primero el de Obatalá, por ser el creador y el dueño de las cabezas. Depende de la casa.

También hay dos formas de entregarlos. En unas casas los colocan el padrino y la oyugbona. En otras se ponen sobre la estera y es el aleyo quien los va recogiendo uno a uno con el dedo meñique, en señal de respeto, y se los entrega a su padrino.

Un detalle que sorprende a algunos: el babalawo puede estar presente, pero solo como observador. En la ceremonia de collares no interviene.

¿Antes o después de Mano de Orula?

Depende de la casa, y las tres posturas existen: hay casas donde los collares son la primera ceremonia, casas donde no se entregan hasta haber recibido Mano de Orula y Guerreros, y casas donde el orden da igual. Hay también casas que entregan solo cuatro collares, porque el de Elegguá se entrega con los Guerreros.

El orden no está estipulado en Ifá, es tradición de cada rama. Lo que sí conviene es que, si recibes collares primero, no dejes pasar mucho tiempo para recibir Mano de Orula y Guerreros.

Cómo se cuidan

  • Se usan. Si te los vas a llevar en el bolsillo envueltos en un paño, mejor déjalos en casa. No son llaveros.
  • Se quitan para dormir.
  • Se guardan en un paño blanco, extendidos, sin hacer una pelota con ellos.
  • Se refrescan cada cierto tiempo.
  • Si se rompe uno, se le comunica al padrino o la madrina y a la oyugbona. No se arregla por cuenta propia.

Y un dato para más adelante: al consagrarse en Ocha, esos collares no comen en ese momento. Lo hacen en el sacrificio de los tres meses posteriores, el ebbó meta.

A quien recibe los elekes se le llama en algunas casas omo eleke. Ese es el sentido de todo esto: un vínculo nuevo, que empieza el día que te los ponen y que se sostiene con lo que hagas después.

Como siempre, esto es lo más común, no lo único. Cuando en tu casa se haga distinto, manda tu casa.

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