Quién es quién en la Regla de Osha e Ifá: olorisha, oriaté, babalawo y apetebí

Quién es quién en la Regla de Osha e Ifá (ilustración de Ofún Oshé)

Entras por primera vez en un plante y oyes de todo. A uno le dicen padrino; a otro, oluwo; a una señora la llaman madrina sin haber parido en la religión a nadie de los presentes; y un hombre de sesenta años le pide la bendición a un muchacho de veinticinco. Al que llega, aquello le parece un enredo. Y te lo digo como hermano: a más de uno que lleva años también, aunque no lo confiese.

Por eso la pregunta que más me hacen es cuál es el grado más alto de la religión. Mi respuesta es que la pregunta está mal planteada. Aquí no hay rangos de ejército. Hay tres cosas distintas que la gente mezcla, y mientras las mezcles no entenderás nada de lo que ves en una casa.

Tres cosas que no son lo mismo

La primera es la consagración: lo que recibiste. Collares, guerreros, mano de Orula, santo, Ifá. Te convierte en iyawó, en olorisha o en babalawo, pero por sí sola no te pone por encima de nadie ni te enseña el oficio.

La segunda es el cargo: lo que haces porque aprendiste a hacerlo y porque tus mayores te reconocen para ello. Oriaté, italero, akpwon, ashogún, aponá. Un cargo se ejerce; nadie nace con él ni lo compra pagando una ceremonia.

La tercera es la mayoría: cuánto tiempo llevas consagrado. Ni tu edad, ni lo que sabes, ni lo que tienes. Tu antigüedad.

Fíjate bien, porque las tres van por caminos separados. Hay olorishas con treinta años de santo que nunca ejercieron un cargo, y oriatés muy capaces con menos años de santo que la iyalosha a la que saludan. Cuando alguien te habla de «grados», casi siempre está mezclando las tres cosas para ponerse por encima de alguien.

Los de Osha: del aleyo al oriaté

El aleyo

Aleyo quiere decir transeúnte: el que está de paso por la casa, el que no está consagrado. Y conviene repetirlo aunque moleste: el que tiene sus collares, sus guerreros y hasta su mano de Orula sigue siendo aleyo. Un aleyo con atributos, que no es poco, pero no un sacerdote. Atiende lo que recibió como le enseñó su padrino, no da coco, no sacrifica nada a ningún Orisha, ni un pollito, y no baila delante del tambor de fundamento en el espacio de los consagrados, porque todavía no ha sido presentado. No es desprecio: es orden.

El iyawó

Iyawó significa esposa del Orisha, y así se llama al que acaba de coronar santo, sea hombre o mujer, tenga veinte años o setenta. Su primer año tiene reglas propias: viste de blanco y saluda a todos los consagrados, porque todos son mayores que él. De ese tiempo hablo en el año del iyawó.

El olorisha: iyalosha y babalosha

Olorisha es el que tiene Orisha asentado; también se le dice olosha o iworo. Al hombre se le llama babalosha, padre de santo, y a la mujer iyalosha, madre de santo. Lo mínimo que se le pide es conocer a sus Orishas: lo que comen, lo que no pueden comer, sus tabúes y los de su propia cabeza. Lo que no está obligado a hacer es ejercer. Muchos olorishas tienen su santo para atenderlo en casa y vivir con sus consejos, y eso merece todo el respeto; hay incluso letras del Diloggún que le dicen a alguien que su santo es solo para adorarlo, sin tirar caracol ni hacer santo. Adorar sin estudiar no es lo malo. Lo malo es trabajar religión sin estudio.

Padrino, madrina y oyubona

El padrino o la madrina de Osha es quien te hace el santo: quien te pare en la religión. La oyubona es la segunda madrina o el segundo padrino: acompaña al iyawó paso a paso, al río, al trono, en los días del cuarto, y responde por él. Su nombre suele explicarse como «la que vigila el camino». En Ifá esa figura se llama ojugbona. De lo que se le debe a cada uno hablo en la casa religiosa.

El oriaté

Oriaté significa cabeza de la estera: el que se sienta en la cabecera, donde se tira el caracol, y dirige los rezos y los cantos. También se le dice obá, rey. En nuestra casa el Kariosha le compete a él: el cuarto, el asiento, la navaja y la lectura del Itá. Para eso necesita dominar el caracol, los cantos de cada Orisha, el omiero, el orden de todos los pasos y la salida cuando algo se tuerce. Eso no se aprende en un año ni en cinco. Antes, a quien iba a ejercer de oriaté lo examinaban los oriatés viejos y los babalawos mayores, porque en sus manos iba a estar la cabeza de un iyawó.

Por eso digo que el de oriaté es un cargo de conocimiento, no un grado. Hay casas que hacen una ceremonia para quien va a ejercerlo, y en Irete Ogunda se habla de esa consagración, pero a oriaté no te hace ninguna ceremonia: te hacen el estudio, los años junto a otros oriatés y el reconocimiento de tus mayores. La mujer también puede ser oriaté. Y un babalawo que ha estudiado Osha a fondo está preparado para llevar un Kariosha: no es lo que le compete, pero puede, porque aquí manda el conocimiento.

Error frecuente

Pensar que el oriaté es «el grado más alto» de un olorisha. El oriaté ejerce un cargo de conocimiento: no está en la cima de ninguna escalera ni es más sacerdote que los demás por dirigir un cuarto. Dentro del cuarto manda él; fuera, una iyalosha con más años de santo sigue siendo su mayor.

Italero, akpwon, alashé y ashogún

El italero es quien sabe leer el caracol y contar sus historias; su oficio luce sobre todo en el Itá, el día en que el Diloggún le lee su vida al iyawó. En el Kariosha esa lectura la hace el oriaté, pero no todo el que lee caracol dirige un cuarto. Recuerda que el olorisha lee hasta Eyilá, la letra doce, y del trece en adelante se manda a Ifá; lo explico en qué es la consulta con caracoles.

El akpwon es el cantador: lanza el canto y el coro le contesta. Su voz llama a los Orishas en el tambor, así que cantar bonito no alcanza; tiene que saber qué se le canta a cada uno, en qué orden y en qué momento.

La alashé es la cocinera de Osha, y me gustaría que se recuperara ese nombre, porque el cargo lo merece. Sabe qué come cada Orisha y cómo, qué lleva sal y qué no, qué pide corojo y qué manteca de cacao, y jamás mezcla los utensilios de un Orisha con los de otro. La cocina es su territorio, y nadie destapa una cazuela suya, aunque sea el dueño de la casa.

El ashogún es el que sacrifica. El vocabulario lucumí llama así a los hijos de Ogún, sus sacerdotes, y Ogún es el dueño del cuchillo. En Osha ese derecho se recibe en una ceremonia propia, el Pinaldo.

Los omo Añá

Añá es el Orisha que vive en los tambores batá consagrados. A través de Añá se le hace saber a Olodumare que una persona fue iniciada en Osha, y por eso el iyawó se presenta al tambor. Los hombres consagrados a Añá son los omo Añá. Es un sacerdocio de hombres que no caen en trance: lo consagrado en ellos son las manos, y sin esa ceremonia nadie toca un tambor de fundamento. A Añá se le saluda con la frente en el tambor, y los tambores no tocan de gracia: el que da el tambor paga su derecho y el que baila pone lo que pueda en la jícara.

Los de Ifá: de la mano de Orula al olofista

Aquí cambia el terreno. Osha e Ifá son dos reglas de una misma religión, cada una con sus consagraciones y sus oficios, y buena parte del enredo viene de llamar a los de una con los nombres de la otra.

En el canal de Ofún Oshé: Por qué Ifá no es lo mismo que Osha: explicación real

El que tiene Awofakan o Ikofá

El hombre que recibe la mano de Orula recibe su Awofakan; la mujer, su Ikofá. Es una consagración muy importante: en ella Ifá determina el ángel de la guarda y entrega un Odu de mano que no cambia. Pero quien tiene su mano de Orula no es sacerdote de Ifá. No consulta ni tira ékuele, no da coco ni sacrifica. Atiende a su Orula en Meyi, como le enseñó su padrino, y cuando necesita algo acude a su babalawo. Tener a Orula en casa ya es una bendición; no hace falta inventarse un título para que lo sea.

La apetebí y la apetebí ayafá

La mujer que tiene su Ikofá es apetebí, y así se la saluda: apetebí Iború, apetebí Iboyá, apetebí Iboshishé. En los plantes de Ifá la mesa la sirven las apetebís, y delante de una apetebí nadie se sirve solo, porque la mesa es suya.

La apetebí ayafá es otra cosa: una consagración propia, que nace en Odi Meyi y se hace con una canasta consagrada para ese fin. Con ella la mujer recibe dieciséis ikines y queda al lado del babalawo con funciones concretas: organiza las ceremonias de la casa, ayuda en las consultas, custodia los archivos y tiene que estudiar Ifá, porque atiende al que llega mientras el babalawo consulta. Hay un debate antiguo sobre si debe ser su madre o su esposa; lo trato en la mujer en el sacerdocio.

El alawó y el babalawo

Babalawo quiere decir padre del secreto. Pero el hombre que acaba de hacer Ifá todavía no lo es del todo: es alawó, y su oficio es estudiar junto a su padrino y su ojugbona. Hasta que no recibe su cuchillo no sacrifica animales de cuatro patas ni entrega mano de Orula: en esos plantes ayuda y aprende. El cuchillo no se recibe antes de un año, como manda Obara Okana, y los viejos solo se lo daban al que ya sabía marcar y rezar de memoria el ebó de tablero. Con el cuchillo, el alawó pasa a ser babalawo.

El oluwo: un mito que hay que deshacer

Desde hace años se repite que el babalawo sin santo hecho es «awó» y el que tiene santo hecho es «oluwo», como si fuera un escalón más. Nadie sabe de dónde salió esa idea, y no tiene fundamento ni en los Odu ni en nuestra tradición. Awó, awó ni Orunmila y oluwo son maneras de llamar al babalawo; el vocabulario lucumí traduce olúo como sacerdote de Orula. Por eso a cualquier babalawo se le saluda «Iború, Iboyá, Iboshishé, oluwo», tenga santo coronado, lavado o ninguno. Que haya coronado su Orisha o lo haya lavado lo mandaron su Odu y su ángel de la guarda. Lo que lo hace buen babalawo es lo que sabe de Ifá. Puedes tener todos los Orishas en la cabeza y ser un babalawo incompetente si no estudias.

Ojugbona, aponá y olofista

El ojugbona es en Ifá lo que la oyubona en Osha: el segundo padrino. Custodia al alawó, vigila su camino e impide que nadie abuse de él. Si el padrino muere, es el ojugbona quien tiene derecho a continuar su obra, y puede ser él quien entregue el cuchillo.

El aponá es el babalawo que dirige los ritos fúnebres de Ifá: el Itutu, el levantamiento del plato, las honras. Es una especialidad seria y difícil, que exige prepararse antes para no quedar atrapado en aquello que se despide. Se aprende mirando, al lado de quien sabe.

El olofista es el babalawo que ha recibido Olofin: la consagración más alta a la que llega un babalawo y la carga más pesada, porque sin Olofin no se puede consagrar a nadie en Ifá, y sobre el Olofin de un olofista nacen nuevos babalawos. Para recibirlo, antes hay que haber recibido Oduduwa.

La mayoría: quién saluda a quién

La mayoría es la antigüedad de consagración, no la edad. Alguien de veinticinco años con diez de santo es mayor que alguien de cincuenta con ocho. Por eso un hombre canoso le pide la bendición a quien podría ser su hijo, y no hay nada raro en ello. En Osha se cuenta por los años de santo y en Ifá por los años de Ifá, pero el que pasa a Ifá no deja de deberles respeto a sus mayores de Osha. Un babalawo, por alto que llegue, sigue rindiendo moforibale a su padrino, a su ojugbona y a sus mayores, como enseña Irete Ogbe. Y en Ogbe Otura nace que los jóvenes, cuando ven a un viejo, le piden la mano y la bendición.

Me preguntan

¿Tengo que pedirle la bendición y tirarme delante de una madrina más joven que yo? Sí, y no por ella. Cuando te tiras delante de tu madrina no saludas a la muchacha que conociste: saludas al Orisha que lleva en la cabeza y que te parió en la religión. La mayoría no mide inteligencia ni años vividos; mide quién llegó antes a la estera, y eso ni se compra ni se adelanta.

El orden del moforibale

Moforibale es el saludo de respeto a los Orishas y a los mayores. La forma del saludo se aprende en la casa; aquí me interesa el orden, porque en el orden se ve quién es quién. El momento más claro es el Kariosha. Cuando el iyawó está en el trono, después de la llamada de los Orishas, se tira delante de todos los santeros de la casa, en este orden:

  1. el oriaté;
  2. sus propios padres, si están consagrados y presentes;
  3. su padrino o su madrina, y su oyubona;
  4. los babalawos que tienen santo hecho;
  5. todos los olorishas por orden de mayoría, desde los que trabajaron dentro del cuarto hasta los que están fuera.

Y antes de que el iyawó se le tire, cada santero se tira primero delante del trono, porque en ese cuarto el mayor de todos es el trono donde se hizo la consagración.

En el trono no se saluda a la persona: se saluda a la corona que lleva en la cabeza.

Cuando un iyawó apenas le rinde moforibale a nadie y los mayores lo consienten, se le falta al respeto a Olofin y a todas las coronas presentes, y el propio iyawó carga con el osogbo.

En mi casa

También la mesa tiene su orden. El primero en sentarse es el babalawo mayor; detrás, los demás babalawos, después los olorishas y por último los aleyos. Así mismo se sirve, y entre los que tienen mano de Orula, las mujeres primero. Hasta que el mayor no empieza, nadie come; nadie se sirve por su cuenta, porque eso lo hacen las apetebís; y nadie se levanta hasta que el mayor da los toques en la mesa. Quien llega de fuera entiende en un minuto dónde está cada uno.

La mayoría no es una licencia

El respeto va en las dos direcciones. Tus mayores lo merecen por ser mayores, pero eso no los convierte en dueños de tu vida, ni a ti en su sirviente. El mayor que grita, que amenaza, que usa al ahijado como una escoba, está demostrando que no supo enseñar. Y el respeto del mayor hacia el menor empieza por no engañarlo: el que engaña a su ahijado pierde el derecho a exigirle nada.

Títulos que no existen en nuestra tradición

En tierra yoruba cada culto tiene sus jefaturas, con nombres propios que se otorgan dentro de un pueblo y de un templo, y allí tienen sentido. En Cuba la religión se organizó de otro modo, y esas jefaturas no se convirtieron en cargos de nuestras casas. Por eso, si alguien llega con un título que nadie en tu casa reconoce, traído de un viaje de dos semanas o nacido en un perfil de internet, pregúntale con calma quién se lo dio, sobre qué consagración y para qué sirve aquí. Con la respuesta suele bastar.

Tampoco existen entre nosotros los «grandes maestros», los «sumos sacerdotes» ni los «grados» que algunos se cuelgan a sí mismos. Existen consagraciones que se reciben, cargos que se ejercen porque se sabe y una mayoría que solo da el tiempo. El resto es adorno. Sobre la iyanifá basta una línea: en nuestra tradición no existe, porque en los Odu de Ifá que hemos heredado no está representada.

Preguntas frecuentes

¿Quien tiene mano de Orula es sacerdote de Ifá?

No. El Awofakan y el Ikofá son consagraciones importantes, porque en ellas Ifá determina el ángel de la guarda y entrega un Odu que no cambia, pero no hacen sacerdote a nadie. Quien tiene su mano de Orula sigue siendo aleyo: no consulta, no tira ékuele, no da coco y no sacrifica. Atiende a su Orula en Meyi, como le enseñó su padrino, y para lo demás acude a su babalawo.

¿Un babalawo con santo hecho es oluwo y uno sin santo es awó?

No. Esa idea no tiene fundamento en ningún Odu ni en nuestra tradición, y nadie sabe de dónde salió. Awó, awó ni Orunmila y oluwo son formas de nombrar al babalawo, y a todos se les saluda igual: Iború, Iboyá, Iboshishé, oluwo. Que tenga santo coronado o lavado lo decidieron su Odu y su ángel de la guarda; lo que lo hace buen babalawo es lo que sabe de Ifá.

¿Puede un babalawo dirigir un Kariosha?

En nuestra casa el Kariosha le compete al oriaté: él lleva el cuarto, el asiento, la navaja y el Itá. Pero un babalawo que haya estudiado Osha a fondo está preparado para llevarlo. No es lo que le corresponde por oficio, pero puede hacerlo, porque lo que manda es el conocimiento. Lo que ningún babalawo hace es tirar caracol: el Diloggún es cosa del olorisha.

Quédate con esto: a un sacerdote no lo hace ningún título. Lo que recibiste te abre el camino, lo que sabes hacer te lo reconocen tus mayores cuando lo demuestras, y el tiempo te va dando mayoría aunque no la busques. El respeto de verdad, el que nadie puede exigir porque solo se gana, nace de cómo tratas a los que vienen detrás de ti. Hay mayores a los que se saluda por obligación y mayores a los que se saluda con gusto, y la diferencia no la dan los años de santo.

Dice Ifá en Ogbe Otura: Un mayor que se propasa en exceso, pierde todo el respeto y prestigio.

Si quieres seguir aprendiendo con orden, en la guía Camino a la Regla de Osha e Ifá y en la sección de Osha e Ifá de esta web encontrarás, paso a paso, lo que trae cada consagración y lo que exige cada oficio.

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