Odi Ika fue quien rogó la primera cabeza en la tierra, y esa cabeza fue la de Eyiogbe. Desde aquel día, rogar una cabeza es uno de los sacrificios de más peso que guarda nuestra religión, y por desgracia también uno de los que hoy se hacen con más descuido. Por eso quiero hablarte de Orí desde el oficio: qué es, quién vive con él, para qué se le ruega y cuándo no hay que tocarlo.
Lo primero: Orí no se recibe. Ya lo llevas sobre los hombros, y es ahí, en tu propia cabeza, donde se le atiende. Cuando digo que es tu primer Orisha, lo digo en ese sentido: antes que cualquier Orisha que recibas, Orí ya estaba contigo, y no hay ceremonia que te lo entregue, porque nunca te faltó.
Orí, Emí y Ará: la persona entera
Nuestros mayores enseñan que la persona es tres cosas a la vez. Orí es la cabeza, la que eligió su camino delante de Olodumare. Emí es el aliento de vida, un regalo de Olodumare para que podamos vivir, y lo representamos en el corazón y en la sangre. Ará es el cuerpo. Cuando un sacerdote ruega una cabeza, trabaja sobre Ará para llegar hasta Orí, y por eso la rogación no se queda arriba: baja por el cuerpo hasta los pies.
Ogunda Meyi lo resume sin adornos: la cabeza de cada uno es su destino. Dónde encaja Orí junto a Eggun y los Orishas ya lo expliqué en los tres pilares de la Regla; aquí me quedo con lo que el sacerdote toca con las manos.
Esa cabeza, además, no recuerda lo que pidió. Elenini, la divinidad del obstáculo, custodia la cámara de Olodumare y hace que olvidemos nuestros deseos al cruzar a la tierra. En Cuba no se le ofrece sacrificio de forma directa: se le sale al paso con el ebó que marca cada Odu, porque detrás de cada tropiezo que anuncia un Odu está Elenini con otra cara.
Para nosotros, Orí nace en Ogunda Meyi, y la ceremonia de rogarlo nace en Oyekun Ika. Por eso el awó, cuando ruega, a Orí le habla por Ogunda Meyi, el Odu donde nació.
Los que viven con tu cabeza
Orí no está solo. En la nuca tiene su sitio Eshu Ni Bakó, del que habla Otura Meyi: el Eshu que acompaña a tu cabeza, el que puede ayudarla o confundirla, el que te presenta como bueno lo que te daña y como malo lo que te conviene. Si la rogación no cuenta con él, queda abierta la puerta de atrás.
Abajo, en el dedo gordo del pie izquierdo, vive Iponri, el que te enlaza con tu doble espiritual, ese que se quedó en Orun. Ogunda Meyi lo pone entre los tres espíritus que Olodumare dio al ser humano como compañía, y Eyiogbe enseña que lo que lo une con lo sagrado es el coco. Por eso, durante el Itá de Ifá, la persona tiene ese dedo apoyado sobre un pedazo de coco preparado, el Afi Opa, mientras dura la lectura.
A los lados de la cabeza viven además dos guardianes, de los que habla Oyekun Otura, y que tampoco se reciben. Por ellos, durante la rogación, la persona sostiene un plato en cada sien.
Delante, Orí; a la espalda, Eshu Ni Bakó; en el pie, Iponri. Quien ruega bien no deja a ninguno de los tres fuera.
Para qué se ruega una cabeza
Muchos creen que la rogación solo sirve para refrescar. Es verdad que ese es su uso más común: a la persona ofuscada, o que tiene que decidir algo grande sin serenidad, le devuelve el sosiego. Pero no se queda ahí.
Se ruega la cabeza para la memoria. También para no ser despreciado, rogación que nace en Ogbe Obara, y para librarse de enemigos, en Ogbe Okana. Otras se hacen para quitar atraso, para poder viajar, para expiar una culpa o para apartar la enfermedad y la muerte. Unas llevan coco, otras frutas, flores, pan y leche o ñame; hay Odu que piden palomas blancas y otros que piden pescado. La de pargo, que se asocia a Iwori Obara, se tiene por la mayor de todas, porque pone la cabeza en contacto con Olofin. Y aquí está la clave: quien marca cuál te corresponde es el Odu de tu registro, y ese mismo Odu dice cómo se hace. Los pasos básicos los tienes en la guía sobre la rogación de cabeza.
La rogación aparece también dentro de las grandes ceremonias. Al iyawó se le ruega la cabeza la víspera de su asiento y otra vez ya dentro del cuarto; y en la mano de Orula, el día del medio se dedica a las rogaciones. Existe además una limpieza honda de la cabeza, que nace en Iwori Ofun, contra los grandes arrastres y las maldiciones. Pertenece a un secreto de consagración de Ifá, no se hace a la ligera y se guarda para cuando, en el registro, no se consigue ver qué quiere la cabeza de la persona.
Creer que un hijo de Yemayá no puede rogarse la cabeza con pescado. Lo que le está prohibido es el pargo, que en Iwori Obara traicionó a Yemayá; con cualquier otro pescado, sí puede. La confusión viene de lejos: «eyá bo» significa pescado grande, y como en Cuba el pescado grande que más se conseguía era el pargo, una palabra terminó pegada a la otra.
Cómo es una rogación, vista desde el oficio
Te cuento la rogación por Ifá en su estructura. La de Osha tiene sus diferencias, empezando por los rezos, porque el olorisha no reza Odu de Ifá.
Lo que no puede faltar son dos platos blancos y dos velas, coco rayado bien blanco, cascarilla, manteca de cacao, algodón, miel y un paño o un gorro blanco, más lo que el Odu haya marcado. La persona se sienta en una silla sobre una estera, descalza, sin metal encima, y se concentra en lo que va a pedir.
Delante de la persona se enciende una vela, que es de Orí, y detrás otra, que es de Eshu Ni Bakó. Ella sostiene un plato en cada sien y va pidiendo. El awó moyugba, le reza a Orí por Ogunda Meyi, reza Oshe Irete, también llamado Oshe Bile, y le da coco a Orí. Si la cabeza dice que no, se revisa: puede que falte algo, que la hora no sea propicia o que esa cabeza no acepte tus manos. Nunca se fuerza. Después, a la espalda, se le da coco a Eshu Ni Bakó, y la persona no mira hacia atrás.
En la cabeza se marca primero con agua, luego con cascarilla y por último con manteca de cacao. Se trazan dos rayas paralelas, que representan a Eyiogbe, y alrededor de la cabeza un círculo, que es Ogbe Irete y que encierra a los dos guardianes de los lados. Eyiogbe se marca, pero no se le reza, porque el hueso de la frente es de Orunmila. Cada material va a la cabeza con su rezo, y el paño cierra.
Otura Ojuani manda rogar también los puntos vitales del cuerpo, desde la nuca y el cuello hasta las rodillas y los pies. Luego se vuelve a dar coco para saber si Orí quedó conforme; si responde que no, se averigua qué quiere, y a veces lo que pide es otra rogación. Al retirar, lo que se puso en los pies no se toca con las manos: la persona misma se lo quita frotando con los dedos gordos, como enseña Ogbe Ogunda, porque según nuestros mayores Obatalá maldijo los pies. Los platos duermen donde duerme la persona, con sus dos velas, y al día siguiente ella se quita lo que lleva en la cabeza echándolo hacia atrás, hacia la nuca.
Los rezos que acompañan cada material, el canto a Ozun para levantar a la persona y cómo se hace la limpieza de Iwori Ofun no te los voy a escribir aquí. Eso se aprende en la estera, mirando muchas veces y haciéndolo al lado del padrino, porque lo que vas a sostener es la cabeza de otro.
El coco que se da detrás va para Eshu Ni Bakó y no para Eggun. Es la costumbre afrocubana: se le da cuenta al Eshu de la nuca. Rogar una cabeza no es hacer un paraldo; lo que se trabaja es el Orí de la persona, y un muerto no tiene parte en eso. Fíjate en la consecuencia: si ese coco fuera de Eggun, ninguna mujer podría rogar cabezas, porque ante el coco de Eggun la mujer vuelve el rostro, como enseña Irete Iwori, y así no vería lo que responde. En otras casas sí se le da a Eggun; lo respeto, y allí, por coherencia, quien ruega no es una mujer.
Cuándo no se toca una cabeza
Saber cuándo no rogar importa tanto como saber rogar. Tienes en las manos la parte más delicada de un ser humano: ahí está su conciencia y, para nosotros, ahí vive su ángel de la guarda.
Lo que se sabe no se pregunta.
Así lo dice Okana Ogbe en su refrán, y aquí se aplica al pie de la letra: cuando el ángel de la guarda le tiene prohibido algo a la persona, eso no se marca. Antes de rogar, revisa sus tabúes y los de su ángel.
Hay Odu que advierten al que ruega, no al que recibe. Obara Iwori pide que los hijos de Yemayá no le rueguen la cabeza para la memoria a quien tenga ese Odu: la persona recobra la memoria y ellos la pierden. Con Irete Ogunda el peligro también es para el sacerdote: la maldición que arrastra quien trae ese signo puede pasar a las manos que trabajan su cabeza. A veces Ifá dice incluso quién debe hacerla: cuando en Otura Ojuani a un aleyo se le marca la rogación de cabeza, la tiene que hacer un olorisha.
Existen además signos que le dicen al babalawo o al olorisha que no se meta, porque si intenta salvar a esa persona, el que paga es él. A eso le decimos cambio de cabeza, y no es cosa de juego.
Si el coco dice que no, no se insiste. Y si lo que hace falta es otra cosa, se hace la otra cosa: un muerto oscuro pegado a la persona es asunto de paraldo, que es del babalawo; una enfermedad es asunto del médico. La rogación acompaña; no reemplaza nada. Una rogación mal hecha, además, no es un error pequeño: entre nuestros mayores se recuerda a un awó al que, en un trabajo para la memoria, le cambiaron el pato por ganso, y desde entonces no pudo volver a trabajar Ifá.
Cuando el destino quedó lejos
Hay cabezas que no se enderezan con una rogación, y tampoco con diez seguidas. Prefiero decírtelo claro, de hermano a hermano, para que nadie engañe a otro ni se engañe a sí mismo.
La mayoría de la gente llega a nosotros ya adulta, con el agua al cuello y después de muchos años viviendo lejos del destino que escogió. Si Ifá le dice a alguien de veinte años que su camino es el mar, a esa persona le alcanza con encaminar sus estudios hacia allí. Si se lo dice a alguien de cincuenta, con una familia que sostener y una profesión hecha, ya nadie lo va a devolver a la orilla. Con él toca reparar, a base de ebós y de consejos, para que su vida quede todo lo estable y digna que se pueda. Le pasa lo que al sastre que recibe un traje cortado para otro cuerpo: puede dejarlo presentable, pero nunca a la medida. Reparar no es alinear, y un sacerdote serio sabe ver la diferencia.
En Okana Meyi, Otrupon Osa, Osa Odi e Ika Osa el mensaje de Ifá es de resignación: aprender a conformarse con lo que hay. Osa Okana, por su parte, habla de quien tendrá conocimiento pero no brillará. Eso no quiere decir que esa persona no pueda aspirar a nada: quiere decir que su tarea es otra.
Al sacerdote le acecha otra tentación, la de prometer milagros, y ahí Ojuani Odi frena en seco: un babalawo no ofrece lo que no está en su mano cumplir. Ojuani Oyekun recuerda, además, que Olofin pone a prueba la bondad del babalawo justamente con estas personas. El que las mira como una alcancía ya suspendió el examen.
Y la llave, muchas veces, la tiene la propia persona. Si Ifá le revela su destino y no lo acepta, se aleja todavía más; aceptar lo que le dijo el Itá es el primer paso para volver a acercarse.
Preguntas frecuentes
¿Rogar la cabeza y refrescarla es lo mismo?
No. Refrescarse la cabeza con agua, agua de coco o leche es una atención sencilla, y no tiene nada de malo, pero es otra cosa. La rogación es un ebó completo, con su Moyugba, sus rezos y sus cocos a Orí y a Eshu Ni Bakó, y con el material que marca el Odu de la persona; en la de Ifá, el awó le reza a Orí por Ogunda Meyi.
¿Puedo rogarle la cabeza a mi madre o a mi esposa?
Lo normal es que de los padres y de la esposa se ocupe otro sacerdote, porque uno no debe ser juez y parte. Ifá, sin embargo, hace sus excepciones. En Ojuani Ogunda, si ese es el Odu que le sale al awó, marido y mujer se dan de comer la cabeza el uno al otro. En Obara Meyi, Ifá manda al hijo a rogarle la cabeza a su madre si vive. Si el Odu lo manda, se cumple con el corazón limpio, sin buscar nada para ti; si no lo manda, se busca a otro sacerdote, y buscarlo también es cuidar de tu familia.
¿La rogación es «un coco al pie del santo»?
No, aunque se oiga mucho. La rogación no se hace al pie de ningún Orisha, sino sobre la cabeza de la persona, porque ahí vive Orí: con sus dos platos, sus velas, sus rezos y su coco para Orí y para Eshu Ni Bakó. Lo de darle coco a un Orisha es una ceremonia aparte, con su propia forma de hacerse; de eso hablo en la guía sobre cómo se da el coco.
Rogar no le cambia a nadie la cabeza que eligió: la calma para que pueda escuchar. Para nosotros, el buen Orí no es el que llegó perfecto, sino el que hace caso a Orunmila y a su ángel y cumple los ebós que le marcan. Ese Orí se cultiva la vida entera, y el sacerdote que ayuda a cultivárselo a otro tiene que llegar con el coco en la mano, sin apuro y sabiendo en qué momento retirarse.
Dice Ifá en Ogunda Meyi: El llanto se vuelve risa y lo perdido aparece.
Si quieres seguir aprendiendo con fundamento, tienes la guía Camino a la Regla de Osha e Ifá y el resto de las secciones del sitio.



