El Itá: el día que se lee una vida

El Itá: el día que se lee una vida (ilustración de Ofún Oshé)

«¿Qué me van a decir en el Itá?». Es la pregunta del que está a punto de entrar al cuarto, y la respuesta corta es esta: ese día nadie viene a adivinarte nada. Al tercer día del Kariosha, cuando todavía no sabes qué piensan de ti los Orishas que se acaban de sentar en tu cabeza, los mayores se reúnen en la estera para escucharlos. En lucumí, itá quiere decir camino, calle, esquina. Eso es el Itá: cada Orisha le muestra al recién nacido el camino que le toca andar.

Por qué se hace al tercer día

Ese día tiene tres partes, siempre en este orden: Ñangareo, Itá y ebó de estera. En el Ñangareo se saluda a Olorun, la cara de Olodumare que nos mira desde el sol, para avisarle de que habrá Itá y pedirle su bendición. Es el mismo que se hace en la mano de Orula, y nace en Otura Meyi. Ese Odu pone además una regla que muchos olvidan: ese día nadie le da coco a Eggun al lado del caño, porque a Olofin y a los muertos ya se les dio cuenta en el Ñangareo.

¿Por qué el tercer día? Porque, menos en Eleguá, el caracol de un Orisha no habla hasta que ese Orisha ha comido cuatro patas; después de comer reposa, y a los tres días tiene voz. Ifá lo cuenta igual en Okana Oyekun: un awó le dio sus gallinas a la Oshún de su apetebí y, pasados tres días, Oshún le dijo en el Itá lo que tenía que hacer.

Dónde nace

Ifá sitúa el origen del Itá del santo en Eyiogbe, el Odu que encabeza a todos los demás, y de ese mismo signo viene la costumbre de colocar un trozo de coco bajo el pie izquierdo de quien recibe su Itá. El oriaté nace en Ojuani Iroso, también llamado Ojuani Hermoso, y su nombre lo explica: orí es cabeza y até es estera. La cabeza de la estera.

Quién lee y quién escucha

Lee el oriaté o, en las casas que usan ese nombre, el italero; muchas veces son la misma persona. A su lado se sienta el iyawó con su madrina o su padrino, y en círculo los olorishas invitados, testigos de lo que se habla.

Fíjate bien en esto. En cada Orisha, la primera tirada no es del oriaté: la hace el iyawó con su propia mano y los caracoles de ese Orisha, y esa letra le pertenece. Luego tira el oriaté para abrir más la conversación. De ahí que en el Diloggún se hable de dos letras que van juntas, y no de un Odu compuesto como en Ifá: el caracol usa el idioma de Ifá, pero no habla en nombre de Ifá. Lo que significa cada una lo tienes en las letras del Diloggún.

¿Y el babalawo? Puede sentarse en la estera, pero no es él quien explica el Itá de Osha: eso corresponde al oriaté y a los padrinos. Su parte empezó antes, con el ebó de entrada y la determinación del ángel. Nuestros mayores lo llamaban lerí kuín, el consultor y el testigo. Ese es su lugar, porque el babalawo no tira caracol.

El orden y el peso de las letras

Hablan los Orishas que comieron cuatro patas, cada cual con sus caracoles. Abre Eleguá, porque en el Diloggún la primera pregunta y la última son suyas: él abre y cierra los caminos. La ronda de los Orishas la termina el ángel de la guarda, el que se coronó. Pero importa más el peso de cada letra que su turno:

  • La letra de Eleguá marca el tránsito: el camino que vas a recorrer, con tus errores, tus virtudes y tus pruebas. Eleguá es el maestro del olorisha.
  • La letra del ángel de la guarda marca la psicología: cómo piensas y cómo vas a reaccionar cuando llegue la prueba.
  • La letra de Obatalá es la sentencia, el consejo de más peso del Itá, y se escucha con la cabeza baja.
  • Las letras de los demás Orishas son adelé, testigos: no abren temas nuevos, sostienen lo ya dicho. Por eso oirás que Oshún viene repitiendo lo de Obatalá.

Hay letras calientes que reclaman una obra en el acto, como Ojuani, el once, la letra en que hablan los muertos: si cae en una ceremonia de Osha, el oriaté hace lo que esa letra exige antes de seguir. Y si un Orisha se niega a hablar, eso se llama opira: no es una letra, es una negativa, y no se le deja a ningún iyawó en su Itá. Se averigua la causa y se atiende al Orisha antes de continuar.

Pata y cabeza

El signo de más peso del Itá no lo da un Orisha solo. Se arma uniendo la primera letra de Eleguá con la primera del ángel, las dos tiradas por la mano del iyawó. A esa pareja se le llama pata y cabeza, y en ella va resumida tu predestinación: tu principio y tu fin. Es lo que no se cambia, aunque sí se mejora con ebó y con buena conducta. Pasan los años y siempre le encuentras algo nuevo.

Con el Odu de la mano de Orula pasa algo parecido: no cambia, y solo avanza cuando el hombre hace Ifá. Lo explico en el vídeo que sigue.

En el canal de Ofún Oshé: ¿Tu signo de mano de Orula puede cambiar?

El ebó de estera, el camino y el nombre

Cuando termina de hablar el último Orisha, nadie se pone de pie: todo lo dicho en la estera se junta en un ebó. Para abrirlo, el oriaté refresca con la misma fórmula de agua fresca que abre la Moyugba, y que los mayores resumen así:

Con agua fresca no hay mal.

Luego recorre las letras una a una hasta Eyilá. En cada una nombra a los muertos de esa casa que pertenecieron a la línea del Orisha, reza la letra, le canta su súyere y pregunta quién se lleva el ebó. Al final pregunta si llegó al pie de Olofin y qué se va y qué se queda, y se le entrega a Eshu todo lo malo, llamándolo por su nombre: los enemigos, la enfermedad, la muerte. El oriaté sale cantando hacia la puerta bogbo osogbo unlo, que se vaya todo lo malo, y mientras otro bota el ebó, el iyawó espera sentado en la puerta.

Lo que se aprende en la estera

Te he contado cómo se abre y cómo se cierra este ebó, no cada rezo de por medio. El rezo y el súyere de cada letra se aprenden junto al oriaté, y más todavía los muertos que se nombran en cada una: los súyeres se cantan igual en todas partes; los muertos, en cambio, varían de una casa a otra. Sacados de un libro, serían los muertos de otra familia.

Camino, madre o padre, y el nombre de santo

Con el iyawó de nuevo en la estera, el oriaté pregunta tres cosas: con qué camino se asentó cada Orisha, porque una Yemayá no se atiende igual que otra; quién es la madre o el padre, el Orisha que va junto al ángel; y el nombre de santo. Ese nombre lleva la marca del Orisha coronado, y por eso es tan común que los hijos de Yemayá tengan omi, el agua, dentro del suyo. Dicho el nombre, todos se ponen de pie; el oriaté, el iyawó, el que botó el ebó y los santeros dan vueltas en rueda mientras canta el oriaté, y la madrina espera en el trono, adonde sube luego el iyawó entre ella y su oyubona.

Error frecuente

Pensar que en el Itá el Diloggún te revela quién es tu ángel de la guarda. No funciona así. Al ángel lo determina solo Ifá, por Osa Iroso, y lo hace antes del Kariosha. Lo que se hace en el Itá es escuchar a los Orishas que ya tienes asentados y recibir su consejo. Ese día al ángel se le escucha; no se le busca.

Tu nombre de santo no es ningún secreto que pueda dañarte si otro lo escucha: lo dirás en la Moyugba y en cada ceremonia. Pero tampoco es para ir publicándolo. Te lo digo como hermano: una cosa es tu identidad en la ceremonia, otra lo que tú eliges contar fuera, y otra lo íntimo de tu Itá, que no le pertenece a nadie más. Conocer el signo de alguien no te convierte en su juez.

Lo que te llevas a casa: prohibiciones y libreta

Cada letra trae lo suyo: comidas, colores, lugares, costumbres. Esas prohibiciones no terminan cuando acaba el año de iyawó, y forman parte del sacrificio, porque hacer ebó es dar y también es dejar de hacer. Quien se hace todas las obras pero sigue comiendo lo que su Itá le prohibió tiene el ebó a medias. Ese día se pregunta además por los oficios que chocan con las reglas del año del iyawó.

Y una advertencia para los que leen: el Itá no está para meter miedo. Hay quien convierte la estera en una lista de desgracias para que el iyawó salga corriendo a pagar obras. Eso no es leer una vida. Eso es vender.

Mientras se habla, alguien va apuntando, porque lo que ahí se dice no se deja a la memoria; quién escribe y quién te guarda la libreta hasta entregártela lo decide cada casa. En esas páginas queda todo: las letras de cada Orisha y la pata y cabeza, lo que sentenció Obatalá, los caminos con que se asentaron tus santos, tu madre o tu padre, tu nombre, lo que tienes prohibido, los ebós marcados y quiénes fueron testigos. Es el acta de tu nacimiento en Osha, y es íntima: ni se presta ni se le hace una foto para mandarla a un grupo. Lo que tu padrino de Ifá diga sobre ella se anota en la misma libreta. Y léela cada año, no una sola vez: lo que hoy no entiendes lo vas a vivir dentro de unos años.

Cómo se cumple un Itá

Igual que un tratamiento: entero y a su tiempo. El ebó que te marcaron tiene su momento, y hacerlo un año más tarde es como tomarte hoy el jarabe de la gripe del invierno pasado. Un ebó a medias no es un ebó más chico: sencillamente no llegó. Y se hace con quien te asentó, no a escondidas con el que te lo ofrezca más barato, ni hablando mal del sacerdote que te lo hace: el que desprecia al que le hace el ebó lo deshace con la misma mano. El Itá se cumple también en lo bueno: el iré que marcó un Orisha se asegura con lo que ese mismo Orisha pidió.

Itá de Osha, Itá de Ifá y las letras que pasan a Orula

Son dos conversaciones distintas, y una no reemplaza a la otra. En el Itá de Osha habla cada Orisha por su caracol, lo dirige el oriaté, las letras llegan hasta Eyilá y al ángel se le escucha. En el Itá de Ifá habla Orunmila por los ikines, lo llevan varios babalawos, nunca uno solo, hablan los doscientos cincuenta y seis Odu y el ángel se determina. Ifá lo dejó claro en Oshe Meyi: cuando llegó la hora de asentar Orisha en la cabeza de un hijo, Orunmila reconoció que eso no se hacía con ikines y envió a Oshún a buscar el caracol de Yemayá. Y lo que habla el caracol se cumple pronto, porque Olodumare le dio ese ashé: un Itá de Osha no se archiva.

El olorisha lee el Diloggún hasta Eyilá, el doce. Del trece al dieciséis la palabra pasa a Ifá, y no por capricho de los babalawos: esas cuatro letras traen peligros propios, y es la tradición del propio caracol la que manda llevar a la persona al pie de Orula. Por eso son dieciséis los caracoles del juego, aunque la lectura se pare en el doce: así puede avisar cuándo hay que ir a Ifá.

¿Y si una de esas letras cae en pleno Itá? En mi casa se hace así. Quien domina el Diloggún sabe por qué esa letra envía a la persona a Orula y qué obras pide la letra misma, y esas obras se hacen. Si el babalawo está en la estera, complementa en el momento. Pero la última palabra es de Ifá: el iyawó acude al pie de Orula, y lo que allí se diga queda apuntado en su misma libreta. Mientras, el ebó de estera sigue rezándose hasta Eyilá, como siempre. Nuestros mayores admiten una sola excepción: el oriaté que ha recibido Irete Kután, ceremonia que pertenece a Ifá, puede hablar esas letras dentro de una consagración de Osha, y aun ahí con el babalawo complementando. En una consulta, ni con esa ceremonia.

Preguntas frecuentes

¿Todavía se corona pata y cabeza?

Ahí se juntan dos cosas que conviene separar. Pata y cabeza es el signo que forman la primera letra de Eleguá y la primera del ángel, y todo iyawó lo tiene en su Itá. Pero así se llamaba también un modo antiguo de consagración en el que únicamente hablaban Eleguá y el ángel. Ese signo ya lo tienes, y es el primero que te toca estudiar.

¿Puede el babalawo leer el Itá de Osha con los ikines?

No. Ya viste lo que cuenta Oshe Meyi: fue el propio Orunmila quien mandó a buscar el caracol, porque con los ikines no se podía asentar Orisha. El babalawo puede estar en la estera como consultor y testigo, pero no tira caracol. Y al revés tampoco vale: el caracol no determina el ángel de la guarda.

¿Qué pasa si no cumplo lo que me marcaron en el Itá?

No va a caerte un rayo encima. En nuestra casa lo decimos claro: no hay castigo divino, hay consecuencias. El Itá te mostró el camino con los baches señalados; si eliges no mirarlos, vas a caer en ellos. Cuando ocurra, regresas a tu casa religiosa, se revisa qué quedó pendiente y se repara junto a tu padrino. Para eso existe la familia religiosa.

Cuando el oriaté se levanta de la estera, tu Itá no se acaba: empieza. Esa mañana te entregaron las letras, y te queda la vida entera para entenderlas. El olorisha que vuelve a su libreta y cumple lo que le marcaron llega a viejo con unos santos que le siguen hablando. El que la deja en una gaveta tiene unos santos que le hablaron una sola vez. Te dejo con un refrán que el tratado de Ifá guarda así, palabra por palabra.

Dice Ifá en Oyekun Ika: Más vale hacer Itá que Ituto.

Si quieres seguir aprendiendo con orden, el Itá y el Kariosha están explicados a fondo en la guía Camino a la Regla de Osha e Ifá, y en las secciones de Osha e Ifá de este sitio tienes el resto de las ceremonias.

Scroll al inicio