Cuando muere un sacerdote: Itutu, honras y qué pasa con sus Orishas

Cuando muere un sacerdote: Itutu y honras (ilustración de Ofún Oshé)

Me lo preguntan casi siempre con las mismas palabras: «Murió mi madrina. ¿Qué hago ahora con sus santos?». A veces es el padrino, a veces el hermano de religión de tantas esteras. Lo que una casa responde en esas horas dice mucho de ella: hay familias que despiden a su mayor con orden y respeto, y otras que, entre el llanto y la prisa, botan fundamentos sin preguntar, reparten soperas como si fueran muebles o las ponen a la venta.

A un religioso no se le despide como a cualquiera, porque no se va como cualquiera. Se va con un pacto encima: el día de su consagración se comprometió con sus Orishas, y ese compromiso no se deshace solo porque el cuerpo se haya parado. Hace falta una ceremonia que lo cierre. Esa ceremonia es el Itutu.

Para qué sirve el Itutu

En la palabra Itutu está «tutu», que significa fresco: el Itutu refresca al muerto. Nuestros mayores lo resumían en una frase lucumí que viene a decir: vete tranquilo y fresco, que se hará tu voluntad. Ahí están las tres cosas que hace: refrescar, despedir y preguntar.

Una parte se le hace al cuerpo, en la cabeza, donde se deshace lo que se le puso el día que lo consagraron. La otra se les hace a sus Orishas. Solo entonces el alma queda libre para tomar su camino; si no, se queda confundida, vagando, con frío y con hambre. Por eso entre nosotros no hacerle el Itutu a un religioso es una abominación. Nuestros mayores enseñan que Babalú Ayé lleva el alma al cementerio, Obba la recibe en la puerta, Yewá la acompaña en la tumba y Oyá la escolta al cielo. Ese viaje lo explico en vida y muerte en la religión yoruba.

Al religioso se le entierra con la ropa de su consagración: con ella te coronaron y con ella te despiden. Y fíjate en esto: el Itutu tiene la misma forma que una consagración, con su primer día, su lectura y su séptimo día.

Dónde nace

Sobre el Odu del Itutu hay debate. En Iroso Meyi nace el rito. En Oyekun Ika, también llamado Oyekun Bika, nace la ceremonia, porque ese Odu ayuda a su madre, Oyekun Meyi, que se ocupa de los cultos fúnebres. Mi lectura: Oyekun Meyi gobierna los ritos de la muerte, Oyekun Ika le da forma a la ceremonia e Iroso Meyi recoge el rito. Las honras fúnebres nacen en Irete Iwori, también llamado Irete Yero, y en Oyekun Iroso, donde nace además pasar el iruké por el cuerpo del religioso para sacarle la muerte de adentro.

El Itutu de Osha: la pregunta que lo decide todo

Lo dirige el oriaté, que habla con los Orishas a través del Diloggún. Se prepara un omiero y se tiran al suelo hojas de álamo: las que caen boca arriba se leen como los caracoles, hasta completar nueve letras que se les explican a los deudos.

Los Orishas del difunto se ponen en sus soperas, sin agua, y con el Diloggún se le da cuenta a cada uno de que su hijo murió, sin moyugbar a nadie. Después viene la pregunta central, la que nuestros mayores traducen como «¿usted se va con su hijo?».

Si el Orisha se va, su sopera, sus platos y su collar se rompen y van al caño; sus otá van al río, y su Diloggún se va con el difunto. Ofun Yemilo, también llamado Ofun Oyekun, explica por qué las otá van al río cuando muere su dueño. Si se queda, se pasa por el omiero y se deja así hasta el día en que se le refresca.

Mientras tanto se junta en una jícara un resumen de su consagración, que va bajo el féretro, a la altura de la cabeza. Fíjate bien: se desanda la consagración. Lo que se le hizo en vida se le devuelve, pieza por pieza, para que se lo lleve.

No todos se van. Hay fundamentos que, según nuestros mayores, nunca se retiran con el difunto y pasan de familia en familia: Olokun, Oduduwa, Orisha Oko, Yewá o Nana Burukú. Cuando muere un hijo de Changó, los Ibeyi se van con él. Y Ogbe Bara enseña que Ochosi hace lo que haga Ogún.

Los que se quedan no pasan a otras manos tal cual. Primero se les quitan las lágrimas: se le da conocimiento al difunto, con su nombre de santo, se lavan y se les da de comer. Después se refrescan, dándole coco a Eggun antes que a nadie, y al final se le pregunta a cada uno adónde quiere ir. El nuevo dueño no se escoge por cercanía. Lo dice el Orisha.

Error frecuente

Hacerles «quitar las lágrimas» a los Orishas de todos los ahijados del difunto, como si estuvieran de luto. Esa ceremonia es para los Orishas del difunto que se quedan, porque el que murió era su protegido. Los de los ahijados están con una persona viva, que eres tú, y no tienen por qué llorar. Es una costumbre, no algo escrito en Ifá, y los castigos que se anuncian a quien no la hace no aparecen en ninguna parte.

El Itutu de Ifá y el aponá

La parte de Ifá la dirigen los babalawos. Si el difunto solo tenía mano de Orula, se le hace el Itutu de su Eshu y de su mano; si era babalawo, de todo lo suyo de Ifá.

En el canal de Ofún Oshé: ¿Qué pasa al morir? La verdad yoruba sobre la vida y la muerte

Al babalawo que dirige los ritos fúnebres y las honras se le llama aponá. No es un cargo de adorno: antes del Itutu se presenta ante Changó y se ruega la cabeza, y al terminar se limpia para no quedarse metido dentro de Eggun. Los vivos también tienen que salir limpios de una despedida.

Los Itutu de Ifá se hacen sobre el tablero Tetewó, el de media luna, que es de Eggun y cuyos secretos están en Oyekun Meyi. Allí se atefa al revés y con ceniza; por eso la ceniza en Ifá es cosa de Itutu y de nada más. También se marca Oyekun Oshe, que representa a todos los difuntos.

En el Itutu de un Awofakan, que es el más frecuente, se rompe el Ozun del difunto, se atefa, entran los dolientes y se habla Ifá: Orunmila dice si se va con su hijo o se queda. Si se va, los ikines, uno a uno, se van con él al río mientras se les canta. Los guerreros van al monte. Y si sale Osa Lofobeyo, que es Osa Ogbe, Ifá manda un omiero de espanta muerto con el que se lavan todos los presentes y se riega la casa.

Si el que muere es un awó, en sus honras no falta la comida del pargo a Eggun, que nace en Oyekun Meyi. Y hay excepciones: en Oyekun Iroso se lee que, por ese Odu, al awó no se le hace Itutu. Eso lo tiene que saber el que dirige.

Lo que se aprende en la estera

Aquí va la estructura y el sentido, no la liturgia entera. Los rezos de cada Meyi a Eggun y los súyeres de elevación se aprenden de boca, al lado de los mayores. Lo que se le deshace en la cabeza al difunto, nuestros mayores lo callan, y ese silencio se respeta. Tampoco van las cargas de los atributos de Eggun.

El Olofin del difunto y el levantamiento del plato

Si el difunto era olofista, su Olofin no se reparte ni se vende: lo recibe el hijo mayor si es babalawo, y si no, el ahijado mayor. Ifá confirma al heredero durante el Itutu, y el que hereda un Olofin hereda también una deuda con el muerto: le debe sus honras.

Del levantamiento del plato habla un patakí de Ofun Yemilo. Cuando murió Akambi, hijo de Oduduwa y rey de la tierra Kumakú, mandaron a buscar a un awó entendido en Eggun, que se miró con Ifá, se hizo su paraldo y llevó a Osain. En el palacio encontró una mesa con nueve asientos y nueve platos: en una cabecera, Ikú, vestida de negro y con corona; en la otra, Olofin. Comieron todos juntos, y al terminar cada uno agarró una punta del mantel, lo llevaron con platos y todo hasta un hueco, lo echaron dentro cantando y lo cerraron. Solo entonces aquella tierra pudo tener un rey nuevo.

Mira lo que enseña este patakí. El muerto come por última vez con los suyos, y a esa mesa se sientan Olofin y la muerte. Lo que se levanta no vuelve a ponerse. Hasta que no se cierra lo viejo, no llega lo nuevo.

El levantamiento no se le hace a todo el que tiene santo, sino al olorisha que «puso mesa»: el que hizo santo a otros o recibió Pinaldo. Los mayores africanos lo hacían al año; muchas casas lo adelantaron a los tres meses. Se cuelga una sábana, que es la gloria del muerto santero; sobre un mantel largo se ponen platos nuevos, los olorishas levantan las puntas y los platos se rompen mientras se dice que el muerto ya se va. Los Orishas que bajan ese día vienen a llorar: no consultan a nadie.

El plato roto dice con su ruido lo que las palabras no alcanzan: esto no tiene arreglo, ya nada te pertenece aquí, sigue tu camino. Romper el plato nace en Osa Otura, también llamado Osa Ure; por eso al cielo malo le dicen el cielo de los añicos.

Las honras: nueve días, tres meses, un año

Las honras siguen el calendario del iyawó: la plaza del séptimo día tiene su espejo en la misa de los nueve días; el ebó de los tres meses, en la mesa de los tres meses; el ebó del año, en la misa del año, con su animal de cuatro patas y tambor a Eggun. Si conoces el año del iyawó, ya conoces la lógica: la religión acompaña igual al que nace que al que se va.

A los nueve días se le da coco y agua fresca, se le pone de lo que desayunaron los presentes y se le canta oro; ese día, se dice, el difunto recibe su nombre de Eggun, como el recién nacido recibe el suyo. A los tres meses se le pone la mesa con sus adimús, cantando primero a Eggun y después a Osha; Osa Meyi enseña cómo se prepara. Al año se repite con tambor, y a los siete años se visita la tumba con flores, frutas, coco y cantos.

Las honras no son opcionales. En Oyekun Meyi, el hijo de un gran babalawo quiso hacerle las honras a su padre en el aniversario. Orunmila le marcó lo que tenía que dar, y el muchacho decidió que la herencia era para él y no hizo el ebó. El día de la fiesta el padre bajó en un Eggun, y el que acabó yéndose al reino de los muertos fue el hijo. No fue un castigo: fue la consecuencia de negarle al muerto lo que le tocaba.

Lo que le toca a la familia religiosa

El ahijado mayor del difunto es el padre de las ceremonias fúnebres, y los demás ahijados, los hijos del muerto en la religión. Les toca avisar al oriaté, a los babalawos y a la oyubona; entenderse con la familia de sangre; estar en el Itutu y en las honras, y seguir nombrando al difunto con su Ibae en la Moyugba. Cómo se atiende después a ese Eggun lo explico en Eggun para el sacerdote.

Y hay cosas que no se hacen nunca. No se venden los Orishas de un difunto. No se desmantela su casa sin preguntar. Nada se decide a ojo: todo se pregunta, al Diloggún o a Ifá, porque a veces la persona se va y sus Orishas se quedan, y el que bota un santo que quería quedarse se lleva un problema que no era suyo. Si la familia de sangre no es religiosa y quiere vaciar la casa pronto, explícales con paciencia, hermano. Están de duelo, y tienen derecho a no entender.

Preguntas frecuentes

¿La ceremonia del plato se le hace a todo santero que muere?

No. El Itutu sí se le hace a todo religioso, pero el levantamiento del plato solo al que puso mesa: al que hizo santo a otros o al que recibió platos en su Pinaldo, que es señal de mayoría. Es una misa a la manera de los africanos y el tributo que se le paga a la tierra por las ceremonias que se le hicieron en vida.

¿Se puede incinerar a un religioso?

Nuestros mayores en Cuba decían que no, porque el cuerpo se le devuelve a la tierra como pago por todo lo que nos dio: Ikú tiene que compartir con ella lo que se lleva. Ningún Odu que yo conozca lo prohíbe con todas las letras; hay una lectura de Irete Kután, y por respeto se evita. Cuando el cuerpo no aparece, se cumple con los Orishas y se despide el alma, que es lo que sube al cielo.

¿Qué pasa si el difunto solo tenía mano de Orula?

Se le hace igualmente su Itutu, aunque más sencillo: el de su Eshu y el de su mano, dirigido por los babalawos. Orunmila dice en el tablero si se va con su hijo o se queda, y de esa respuesta depende adónde van los ikines y los guerreros. Nadie los bota ni los vende sin haber preguntado. Quien recibió mano de Orula también hizo un pacto, y un pacto se cierra con ceremonia.

La muerte de un sacerdote pone a prueba a su casa. En esos días se ve quién sabe, quién pregunta antes de actuar y quién se aprovecha del desorden. Y a los que quedamos nos deja una enseñanza: el funeral no arregla lo que no se cumplió en vida. Atiende a tus Orishas mientras respiras, y cuando te toque despedir a un mayor, despídelo completo, con su Itutu y con sus honras.

Dice Ifá en Iroso Meyi: Las cosas de este mundo son reguladas cuando cada una de ellas llega a su fin.

Si quieres seguir aprendiendo con orden, desde Eggun hasta las consagraciones, tienes la guía Camino a la Regla de Osha e Ifá y las secciones de este sitio, como la de espiritismo, donde explico la bóveda, la misa y la atención a los muertos.

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