«¿Me puedes pasar la Moyugba por escrito?» Es una de las preguntas que más se repiten entre los que acaban de recibir sus guerreros o su mano de Orula, y la respuesta tiene dos partes. El modelo, sí: el orden y el sentido de cada tramo se pueden explicar, y eso es lo que vas a leer aquí. Los nombres que van dentro, no: una Moyugba copiada entera trae los muertos de otra familia, y en la boca tienes que llevar a los tuyos.
En nuestra religión nada empieza sin Moyugba. No se da coco ni se consulta, no se hace ebó ni se le habla a un Orisha sin haber moyugbado antes. Nuestros mayores lo resumen en una frase.
El que no sabe rezar no sabe trabajar.
Qué quiere decir Moyugba
La palabra viene del yoruba júbà o ijúbà: saludo reverente, imploración. El «mo» del principio es el mismo «yo» de modupé y de moforibale, así que Moyugba es «yo rindo homenaje», «yo pido licencia». En la estera es la invocación con la que el sacerdote abre cualquier trabajo.
Esa invocación cumple tres funciones. Saluda a quienes tienen autoridad sobre lo que vas a hacer, empezando por el Ser Supremo y acabando en tus mayores. Te presenta, porque al nombrar la cadena de muertos y de vivos que te consagró dice de quién vienes. Y da cuenta de qué se va a hacer, para quién y qué se pide. Es lo que hace una persona bien criada cuando llega a una casa donde no la conocen: saluda desde la puerta, dice de quién es hija y a qué viene, y solo entonces le abren.
La Moyugba nace en Osa Ogunda, al que muchos tratados llaman Osa Kuleya. Ese Odu estableció que toda ceremonia, sea de Osha o de Ifá, empiece moyugbando, y que antes de nada se levante hacia lo alto la jícara de agua fresca. El saludo a todos los Eggun como primer paso de la Moyugba nace en Irete Osa, también llamado Irete Ansa.
El orden de la Moyugba y su lógica
Los detalles cambian de una casa a otra, pero el orden de fondo es parecido en todas y responde a una lógica: quien la entiende no se salta pasos.
Primero, el agua
Antes de la primera palabra va el agua. La jícara se levanta hacia Olofin y Olodumare y después se echa a la tierra; en muchas casas, tres veces. Se refresca la tierra para que reciba en paz lo que se haga encima. Con el agua va la fórmula de refrescar, la de omi tuto: que nada llegue caliente.
Todos los Eggun, antes que nadie
Después del agua, y antes de nombrar a nadie en concreto, se pide el ashé de todos los muertos: padres, madres y oluwos que están firmes en el cielo. Es la fórmula de Irete Osa, y abarca a los que no conociste y a los que ya nadie recuerda. Si Eggun va tan arriba es porque los muertos son la raíz de todo: el gran poder de Eggun y el de Ifá nacieron juntos en Irete Ogbe, y la fuerza que acompaña a los awó vivos baja de los babalawos difuntos.
El saludo de Irete Osa a todos los Eggun se dice nada más echar el agua, antes de nombrar a Olodumare, a Olofin y a Olorun, porque el propio Odu manda que eso se diga primero. Muchas casas saludan a los muertos más adelante, cuando toca nombrarlos uno a uno. Es la Moyugba que recibieron, y cada casa responde por lo suyo.
El Ser Supremo y los Orishas
Luego se pide licencia a lo alto: moyugba Olofin, moyugba Olorun, moyugba Olodumare. Olodumare es el Ser Supremo, dueño de todo; Olorun, su presencia en el cielo; Olofin gobierna sobre la tierra, y es el primero al que se le pide permiso, porque todo permiso viene de él. En otras casas los tres nombres van en otro orden, pero siempre antes que cualquier vivo o muerto con nombre propio. Quién es cada uno lo tienes en los fundamentos básicos. Detrás va moyugba Osha, la licencia de todos los Orishas juntos.
Tus muertos y tus vivos
Ahora sí se nombra a los tuyos. Para los muertos la fórmula es ibae bayen tonu, y detrás van, uno por uno, los mayores difuntos de tu línea: padrinos, madrinas, oyubonas y ojugbonas, cada uno por su nombre de santo o, si era babalawo, por su Odu. Tus padres de sangre, si ya se fueron, también van aquí.
Para los vivos la fórmula es kinkamashé, que nada malo les toque: los padres si viven, la madrina o el padrino, la oyubona o el ojugbona, tu propia cabeza y todos los hermanos de la casa. Ibae es para los muertos, kinkamashé para los vivos, y no se confunden. Cuando fallece alguien de tu casa, lo primero que se cambia es la Moyugba.
El Orisha, la cuenta y el cierre
Con los mayores saludados llega el turno del Orisha al que va dirigido el trabajo, con su saludo propio: a Changó, kawo kabiesile; a Orula, Iború, Iboyá, Iboshishé. Se da cuenta de quién habla, qué se va a hacer y para quién; en una consulta, con el nombre completo y la fecha de nacimiento de la persona. Después se aleja lo malo con la palabra unlo, que se vaya: la muerte, la enfermedad, la tragedia, la pérdida. Se piden los iré y se cierra con to iban Eshu, «si así lo quiere Eshu», porque el camino está en sus manos. El awó moyugba igual, pero se presenta por su Odu y nombra por su Odu a los babalawos de su línea.
La Moyugba se hereda, no se copia
La Moyugba pasa del padrino al ahijado, generación tras generación. El día que te consagras, tu padrino te enseña la de su casa y tú la recibes entera, con todos sus muertos dentro; con los años irás añadiendo los nombres de los que se vayan. Cada sacerdote que moyugba está diciendo de quién viene, y por eso la relación entre padrino y ahijado no se improvisa.
El modelo se estudia, pero el linaje de otra casa no se copia. Es como pretender abrir tu puerta con la llave del vecino: las cerraduras se parecen, pero esa llave no es tuya y los que están dentro no te esperan. Quien copia una Moyugba ajena está nombrando a muertos que no lo conocen y callando a los suyos, que son los que tienen que responder por él. Te lo digo como hermano: el que te vende una Moyugba completa por internet te está vendiendo una familia ajena.
Foribale, dobale e yinkan: saludar con el cuerpo
La Moyugba va con la boca; el cuerpo tiene su propio saludo. Moforibale es tocar el suelo con la cabeza: el saludo de humildad ante el Orisha y ante el mayor. Tiene dos formas, y la que te toca la decide el Orisha que tienes coronado.
- Dobale: el de los hijos de Orisha masculino. Se tienden boca abajo sobre la estera, con los brazos estirados hacia atrás.
- Yinkan: el de los hijos de Orisha femenino. Se tienden de costado, una mano en la cintura, y después se viran hacia el otro lado.
Quien saluda no se levanta solo: espera a que el mayor le toque los hombros y lo levante con su bendición, donde vas a oír la palabra didé, levántate. Así se saluda a los Orishas al entrar en una casa de santo, al padrino y a la madrina, y a los mayores según su mayoría, que son años de consagración, no años de vida.
El babalawo saluda de otra manera. Los mayores enseñan, con fundamento en Oshe Meyi, que no se tiende del todo: pone una rodilla en tierra y espera a que lo levanten. Para saludar a un babalawo o a Orunmila, uno se inclina hacia el suelo, lo toca con la punta de los dedos y dice el Iború, Iboyá, Iboshishé entero: el saludo que aprendes al recibir tu mano de Orula.
Elegir el saludo según el sexo de quien saluda. Ni el dobale ni el yinkan dependen de que seas hombre o mujer: dependen del Orisha que tienes coronado. Un hijo de Oshún se tiende de costado aunque sea hombre; una hija de Changó, boca abajo aunque sea mujer. Desde el suelo no se saluda a la persona, se saluda al Orisha que lleva en la cabeza.
Súyeres y el oro a Eggun
Súyere viene de «decir un canto». Es el canto corto que acompaña una acción: echar el agua, encender las velas, presentar los animales, despedir un ebó. En Osha lo levanta el oriaté o el akpwon y responde el coro; en Ifá cada Odu trae el suyo. Sirve para que nada se haga en silencio: el canto va contando lo que se hace, para que la deidad sepa qué se le ofrece y con qué fin.
Muchos súyeres salen de los rezos de los propios Odu. El que despide el ebó por medio de Eshu viene de Osa Ogbe: cuenta que la gente le cargaba a Eshu sus problemas en la cabeza sin darle nada a cambio, hasta que Orunmila le marcó un ebó con la punta de una navaja para llevarla en la cabeza. Desde entonces Eshu lleva las cargas ensartadas en su flecha, y el canto le pide que lleve el ebó a los pies de Olodumare sin que el mal se le quede encima.
Conviene distinguir tres palabras. El rezo se dice; el súyere se canta; y el oro, que en yoruba es la conversación, es la tanda entera de cantos o de toques dirigida a una deidad o a los muertos. Si los tambores tocan sin voz, es oro seco.
El oro a Eggun es el mejor ejemplo. Antes de entrar al cuarto de un Kariosha hay que cumplir con los muertos, y lo dirige el oriaté: se moyugba, se les da coco dándoles cuenta de los muertos del que se va a consagrar, y vienen los cantos de su comida, los que los llaman, una larga serie de cantos de muertos y la limpieza de todos, de mayor a menor. Antes de que el iyawó nazca en Osha, sus muertos tienen que enterarse, comer y quedar conformes. La letra se estudia; la melodía y la respuesta del coro se aprenden en la estera, al lado de tu padrino.
Preguntas frecuentes
¿Puedo usar la Moyugba de otra casa si es más completa que la mía?
No. El modelo general se estudia y sirve para entender cada tramo, pero los nombres que van dentro solo te los puede dar tu padrino. Una Moyugba ajena nombra a muertos que no te conocen y deja fuera a los tuyos, que son los que tienen que responder por ti. Tampoco se acorta ni se le cambian palabras: se conserva como llegó a tu casa.
¿Qué cambia en la Moyugba cuando muere un mayor de mi casa?
Su nombre pasa del tramo de los vivos al de los muertos: deja de ir con kinkamashé y pasa a ir con ibae bayen tonu, por su nombre de santo o, si era babalawo, por su Odu. Es lo primero que se cambia cuando alguien fallece. Seguir nombrándolo entre los vivos por costumbre, o ponerle ibae a alguien que vive, son errores más comunes de lo que parece.
¿Cómo saluda un babalawo a sus mayores de Osha?
Con una rodilla en tierra, esperando a que lo levanten; así lo enseñan los mayores con fundamento en Oshe Meyi. El babalawo no se tiende completo en el suelo, pero si tiene santo hecho, ser awó no lo exime de saludar a sus mayores de Osha. A un babalawo o a Orunmila se les saluda inclinándose, tocando el suelo con la punta de los dedos y diciendo Iború, Iboyá, Iboshishé completo.
La Moyugba casi nadie la ve. Se dice de rodillas, muchas veces en voz baja, y sin embargo decide si lo que viene después tiene permiso. Un verso antiguo del Odu Obara del Diloggún lo dice así: a la lombriz le hicieron Ifá; ella rendía homenaje a su padre nada más despertar, hizo su ebó, y desde entonces, cada vez que lo saluda, la tierra se le abre para dejarla pasar. Fuerza para romper la tierra, la lombriz no tiene; lo que tiene es la costumbre de saludar antes a quien llegó antes. Haz tú lo mismo. Nómbralos a todos sin olvidar a ninguno, y verás cómo la tierra se te abre.
Dice Ifá en Oyekun Okana: La vida de los muertos está en la memoria de Ifá.
Si quieres seguir aprendiendo con orden, en la guía Camino a la Regla de Osha e Ifá tienes este tema y los que vienen detrás, y en la sección de Osha e Ifá del sitio, el resto de los artículos para ir paso a paso.



