Odi Fumbo
Odi Ofun
«La humildad y la obediencia, me salvará».
Rezo de Odi Fumbo
ODI FUMBO ARA ARA OSHANLA ARA INLE AYE MOERANI ODOGUN AGBA OGU ARA.
Súyere de Odi Fumbo
OBA YERUREO OYAWA AGUEMA IKU YERUREO.
En este odu nace
- El que las nalgas siempre tengan olor a mierda.
- La desesperación del asmático.
- La profanación religiosa.
- El porqué cuando se termina el ebó se le pone a Eshu.
- Que después de rezar Odi Fumbo se pase el ebó por el fondo del tablero y se le den 3 golpes.
- Aquí la mujer reniega de ser mujer.
- Aquí fue donde Eshu saca de casa del Awo a todos los falsos y traidores.
- Aquí Olofin le dio la potestad de botar todo lo malo.
- Es un Ifá de separación.
- No se come ni berenjena, guayaba ni sal.
- Aquí fue donde Eshu salvó a Odi de la muerte por causa de la mancha y el bochorno.
- Hay que cuidarse, pues el ahijado mata al padrino de disgusto.
- Aquí Eshu lleva 3 plumas de loro en la cuchilla y muchas cuentas.
- Aquí se padece de hemorroides, fístulas y problemas estomacales y renales, impotencia y asma.
- Es un Ifá de confusión.
- Se le da de comer a Obatalá.
- Si sale en Awafakan la persona no puede hacer Ifá (la persona quiere ser Awo).
- Cuando se muere, la persona apestará a sangre.
- Los padres son la desgracia de los hijos.
- La persona es ladina, tramposa, mentirosa, charlatana, impresionista, traidora y tiene delirio de superioridad.
- La persona tiende a darse a la bebida.
- Se le da de comer a Eshu, Egun, Shangó y la tierra.
- Hay que ser obediente y vestirse de blanco.
- En Atefá, el Alawo tiene que darle de comer a los Santos.
- Orunmila come chivo castrado en el Igbodun de Ifá.
- Habla Turugbeye, deidad que se le sacrifica y no se recibe.
- El hombre es débil a las mujeres.
- Surge la leptospirosis.
- Las hierbas del odu son: algodón, guara, cabuya.
Descripción del odu Odi Fumbo
Odi Fumbo ocupa el lugar número 76 dentro del orden señorial de Ifá. Es un signo que trata de la eliminación de los impedimentos y anuncia viajes que llegan sin esperarse. Advierte que los negocios no van a caminar bien y que conviene tomar un rumbo distinto.
Quien trae este odu suele ser una persona ladina, tramposa, mentirosa, charlatana, impresionista y traidora, con delirio de superioridad y un exceso de autosuficiencia. Sin embargo, es también el signo donde Eshu se encarga de sacar de la casa del Awo a todos los falsos y traidores, y a este odu Olofin le entregó la potestad de botar todo lo malo.
Es un Ifá de separación: la persona desea marcharse del lugar donde está. Aquí los hijos no reconocen los sacrificios que los padres hacen por ellos, y los padres, llenos de bochorno, terminan abandonando la casa. En este signo no se come berenjena ni guayaba, y la sal se usa muy poca. La salvación de la persona está en la humildad y la obediencia; el capricho la pierde.
El padrino de un hijo de este odu tiene que cuidarse, porque el ahijado lo puede matar de un disgusto. Cuando este signo aparece en Untefá, el Awo debe darle de comer a todos los Santos y ofrecerle un chivo castrado a su Ifá dentro del Igbodun. Aquí nacieron el que las nalgas siempre tengan olor a mierda y la desesperación del asmático. El Eshu de este odu debe llevar tres plumas de loro en la cuchilla y muchas cuentas.
En este odu fue el ratón quien trajo a las personas la leptospirosis, enfermedad causada por la leptospira, un microorganismo espiral diminuto, parásito común de los vertebrados, de gran flexibilidad en su porción terminal y con muchas especies que parasitan al hombre y a los animales. Puede presentarse como una meningitis aguda o como una simple fiebre, y sus formas leves o inaparentes son bastante frecuentes: en los oficios expuestos al contagio se encuentran anticuerpos elevados en muchas personas sin antecedentes de la enfermedad. Se comprueba por examen directo o por cultivo, buscándola en la sangre y en el líquido cefalorraquídeo antes del quinto día, y en la orina pasados los quince días.
Por salud, en este signo no se comen comidas muy saladas, picantes ni condimentadas, para no padecer de hemorroides, que son dilataciones varicosas de las últimas raíces de las venas hemorroidales y pueden provocar sangramiento anal. También se puede sufrir de fístulas, trayectos anormales que se abren tras una ulceración y comunican el foco enfermo con otro órgano o con el exterior, dejando salir pus u otro líquido desviado de su camino, además de problemas estomacales y renales. Por este odu se echa sangre por el ano y se padece de impotencia.
La persona desea ser Awo de Orunmila, pero no puede llegar, porque el muerto que sí lo fue ya se le apartó; y si llegara a serlo, tropezaría con la miseria. Aquí la persona quiere irse al extranjero o salir de la casa del padre o del padrino, y no le conviene: quedaría cerca de sus enemigos y se perdería, pues al faltarle esa protección las malas compañías la destruirían.
Es un Ifá de confusión. Habla de una persona desordenada que, por causa de los hijos o de la familia, deja de serlo y se vuelve honrada, ordenada y decente. Este odu es el Bailarín. No se pueden usar pañuelos regalados ni recogidos en la calle, aunque estén nuevos. El signo avisa que hay que cuidar mucho lo que se tiene para no perderlo. Un viejo pedirá un favor: hay que ayudarlo, porque detrás vendrá una recompensa de un Santo o de una entidad. Cuando no se está seguro de algo, no se hace ni se comenta; contra lo imposible no se puede luchar.
La persona de este odu es bastante majadera y no debe celar tanto a su cónyuge, para que no peleen y pueda entrar en la casa la suerte que Obatalá tiene en sus manos para dársela. Por eso aquí se le da de comer a Obatalá, se le pregunta a Orunmila a qué Santo hay que rogarle para el bien de la persona, y se hace ebó para Ogún, para tener la fuerza que él tuvo y vencer enemigos y obstáculos.
En este odu hablan: Obatalá, Oshosi, Orunmila, Yemayá, los Ibeyis, Oshún, Ode, Turugbeye, Olordumare, Shangó, Olofin, Ikú, Inle Oguere, Egun y Ogún.
Aquí el padre o la madre es el culpable de la desgracia del hijo, porque cree que la felicidad de los hijos se logra solamente con cosas materiales. A los hijos hay que darles también amor, cariño y comprensión, y ocuparse de sus problemas, para que se sientan amados y respetados por sus padres. Y hay que tener mucho cuidado con entregarles todo lo de valor, no sea que lo malgasten y la persona se quede sin nada.
En este signo la mujer reniega de ser mujer. Por eso hay que pensar bien qué se desea antes de pedírselo a los Santos, no sea que después de obtenerlo se reniegue de haberlo adquirido.
Aquí nació que, al terminarse el ebó, se le ponga a Eshu, y también que después de rezar Odi Fumbo el ebó se pase por el fondo del tablero y se le den tres golpes, porque ahí es donde vive Fun Di, que es el culo, y por eso no se pone en el tablero. El Awo de este odu tiene que llevarse siempre bien con su Olowo, su padrino.
Aquí nació la profanación religiosa: la persona comete irreverencias contra las cosas de la religión. En este odu Obatalá vivía con sus hijos, que eran borrachos, desordenados y vagos. Y aquí fue donde al hijo de Obatalá le pusieron los ikines ofó en su Awokafan, Elegbá lo recogió y le dijo: «Ten fe, que yo te voy a ayudar», y Obatalá lo condenó a ser botador del ebó.
Relación de obras del odu Odi Fumbo
El interesado arrancará con sus dos manos un poco de hierbas de Ifá, se lo presentará a Obatalá; después las llevará en el bolsillo y las va desbaratando, entra en tres ocasiones en donde desea vencer y disimuladamente las deja caer. Si puede darse tres baños con esas hierbas, mejor aún.
Hierba algodón y shewerekuekue (farolito), y al bañarse canta:
«SHEWEREKUEKUE EWE MOFIN YANLAO, LERI MOFIN YANLAO».
Baños de asiento de hojas de hierba pendejera y salvia de castilla.
Dice Ifá en Odi Fumbo
- Que Ud. quiere ir a un punto lejos, que le conviene, pues su casa está caliente.
- Ud. quiere mudarse lejos de sus enemigos, hágalo que le conviene.
- Ud. es hijo de Obatalá.
- Ud. amaneció sin un centavo.
- Ud. está escaso de todo.
- Ud. no puede faltarle a los mayores.
- Ud. tiene que vestirse de blanco.
- Un viejo le ha de pedir un favor, hágaselo.
- Ud. no puede mojarse con agua de lluvia y menos que le caiga en la cabeza.
- Pinte su casa de blanco, deberá organizar la casa y tenerla siempre limpia.
- En su casa no puede existir gritería y menos fiestas y borracheras.
- Ud. no le puede hacer mal a nadie.
- Ud. salió para la calle para ver si encontraba algo.
- Sus mayores muertos quieren mandarle una suerte, atiéndalos.
- A Ud. le gusta montar caballo blanco.
- Ud. tiene que oír bien los consejos que le den los Santos y amigos.
- Tenga cuidado con un pañuelo que le van a regalar o se lo encontrará en la calle.
- Para una mujer que se mira: ella quiere separarse de su marido, porque él la ultraja y es demasiado exigente y celoso.
- Ud. vive al lado de un Mayombero.
- Tenga cuidado con una enfermedad.
- Ud. tiene que recibir a Eshu, que es quien la salvará.
- Ud. piensa que sus mayores quieren engañarlo, es un bien que ellos le quieren hacer.
- Ud. tiene la cabeza muy dura, por eso tiene muchas pérdidas.
- Dele de comer a su cabeza, para que no se vaya a enfermar.
- Ud. padece de fístula o granos en el cuerpo.
- Tenga cuidado con la vista.
- A Ud. lo están maldiciendo y le quieren quitar algo.
- Ud. tiene que pensar bien en las cosas antes de pedírselo a los Santos, no sea cosa que después que lo obtenga, reniegue de haberlo adquirido.
- Ud. tiene que tener cuidado en entregarle todo lo que tenga de valor a sus hijos, no sea cosa que ellos lo malgasten y Ud. se quede sin nada.
- Ud. tiene que darle de comer a Obatalá.
- Tenga cuidado con separación y de no matar de un disgusto a uno de sus mayores.
- Ud. no puede ser desobediente.
- Ud. deberá arreglar su vida y organizarse.
- Sus hijos no reconocerán los sacrificios que Ud. hace por ellos.
- Ud. deberá ser humilde, obediente y no caprichoso.
- Cuidado con los hermanos.
- Ud. no puede comer guayaba, berenjena, ni comidas con picante ni muy condimentadas.
Refranes de Odi Fumbo
- Cuanto más lejos mejor.
- La humildad y la obediencia, me salvará.
- Cuando los negocios no marchen bien, debo coger otro rumbo.
- Cuando la mente está confusa, la miseria puede llegar.
Eshu-Elegba del odu Odi Fumbo
Este Eshu acompaña a Oluo Popo (San Lázaro) en el carretón, para buscar a los muertos.
Patakíes del odu Odi Fumbo
1.Adivinó para el sol
Mucho antes de que el sol se dejara ver por primera vez sobre la tierra, acudió a la adivinación y se le aconsejó sacrificar con rata, pez, akara, eko, tela blanca, escoba y una paloma blanca. Cumplió con el sacrificio: la tela blanca le fue preparada para que se vistiera de blanco cuando bajara al mundo, y se le entregó además una escoba para llevarla en la mano. Hizo todo aquello con el fin de ganarse el honor, el respeto y el temor de todos en la tierra.
Cuando llegó al mundo, cubierto con la tela blanca y con su escoba en la mano, todos lo admiraban; pero en cuanto alguien intentaba mirarlo fijamente, él alargaba la escoba y esa persona apartaba enseguida la vista. La tela blanca representa el brillo de la cara del sol, y sus rayos son los palos de la escoba, que él extiende para que a nadie le sea posible mirarle el rostro.
Cuando este odu aparece en la adivinación, a la persona se le aconseja hacer sacrificio para inspirar el respeto y el temor de todos.
2.Adivinó para el mercado, la granja y la vivienda
A cada uno de ellos les aconsejó agasajar a su cabeza con una gallina de guinea, a Eshu con un chivo, y ofrecer conejo y huevos a los ancianos de la noche, para que el fruto de sus esfuerzos no lo disfrutaran otros. El mercado agasajó solamente a su cabeza, pero no atendió a Eshu ni a la noche. La canoa, que representaba a todos los medios de transporte, no hizo sacrificio alguno. La granja también atendió solo a su cabeza. Únicamente la vivienda cumplió con todos los sacrificios completos. El cuchillo, que también fue a la adivinación, agasajó a Eshu tal como se le indicó.
Las semillas se compraban en el mercado, pasaban por la casa y terminaban sembradas en la granja, y esta se regocijaba de lo completa que era su vida aun sin haber sacrificado. Pero al llegar la cosecha, todo fue recogido y llevado a la casa, y desde allí transportado de nuevo al mercado. De la mañana a la tarde el mercado se llenaba y también se sentía feliz, pero Eshu mandaba a la gente de vuelta a sus casas con el producto de las ventas. Y el cuchillo fue siempre el primero en probar cualquier cosecha que entrara en la casa, viniera de la granja o del mercado.
Por eso, hasta hoy, todos los esfuerzos de la granja, de los medios de transporte y del mercado terminan encontrando su camino hacia la casa, porque solo ella hizo el sacrificio completo.
3.Hizo adivinación para el conejo
Adivinó para el conejo cuando este preparaba todo para construirse una casa dotada de la máxima seguridad contra las agresiones de afuera. Se le mandó a sacrificar con una paloma, y después del sacrificio se le aconsejó hacer una entrada principal y una o más salidas ocultas adicionales, que solo él pudiera usar en caso de emergencia, tomando esa precaución por los problemas que la gente habría de causarle. Así edificó su casa, con una entrada y dos salidas secretas de emergencia.
Cuando los seres humanos lanzaron el ataque contra su casa, comenzaron a cavar sobre la entrada principal; y en cuanto el conejo escuchó los golpes, escapó por una de sus salidas secretas.
Cuando este odu le aparece a alguien que está a punto de fabricar una casa, se le debe aconsejar que prevea una o más salidas de emergencia en la parte trasera.
4.Adivinó para una mujer cuyo embarazo no se desarrollaba
Orúmila dice que se unan y yo digo que permanezcan unidos. Él reiteró que las ratas, peces, corderos y pájaros se agarrasen los unos a los otros y se resintieran de ser separados de sus madres, tal como hacen los bebés humanos, que se agarran a sus madres para que no los separen.
Con este encantamiento adivinó Orúmila para una mujer embarazada cuyo embarazo llevaba tiempo sin desarrollarse, y le hizo sacrificio con una babosa y un pedazo de tela blanca. Añadió otros materiales, los ató con el paño blanco y enterró el paquete al pie de un árbol llamado Igi-ofun durante siete días. Pasado ese plazo lo desenterró, peló la corteza del árbol y lo quemó todo junto en un recipiente de arcilla hasta reducirlo a polvo, aconsejándole a la mujer comer de aquel polvo por las mañanas y frotarse la barriga con él.
Al poco tiempo el embarazo comenzó a desarrollarse y, a su debido momento, ella dio a luz un muchacho robusto. Ese mismo preparado se utiliza también para tratar a quien lleva mucho tiempo aquejado de una enfermedad: la enfermedad desaparece y la persona recupera la salud.
5.Adivinó para el horno del herrero
Adivinó para el horno del herrero (eku en Benin), que era la esposa de Ogún, cuando ella estaba a punto de lanzarse a unos amores ilícitos con el martillo (owu en yoruba y umorno en Benin), que era un criado de su esposo. Se le aconsejó no hacerlo, porque sufriría enormemente las consecuencias, pero decidió desafiar el consejo y siguió adelante con su propósito.
Aprovechando una ausencia de su esposo, concertó una cita con el martillo para un día y una hora señalados. Esa noche, antes de acostarse, dejó la puerta abierta a propósito, y mientras dormía el amante entró, se deslizó hasta su cama y le hizo el amor en las primeras horas de la madrugada. Después de aquello, ella misma le advirtió al martillo que su esposo terminaría enterándose de todo.
Al día siguiente Ogún regresó de su viaje y encontró a su esposa enferma. Al preguntarle qué sucedía, ella respondió que no había hecho nada malo. Como la enfermedad empeoraba, Ogún le advirtió que no se curaría mientras no confesara lo que había hecho. Aunque el martillo era uno de sus criados, sin su esposa, el horno, Ogún no podía manejar su fragua, y por eso no quería que ella muriera; así que logró persuadirla para que hablara. Ella entonces rompió a llorar cantando: «Nikutu kutu ni hei hei, nikutu kutu hei hei», lo que Ogún entendió como que el martillo la había forzado al sexo en las primeras horas de la mañana. Cuando Ogún hizo llamar al martillo para que se explicara, este se disculpó por lo sucedido, diciendo que había sido vencido por la tentación.
Ogún le exigió al martillo traer un perro como reparación del daño, y después proclamó que, a partir de aquel día, el martillo no hablaría nunca más.
Cuando este odu aparece en la adivinación para una mujer, se le dice que su esposo tiene una relación, o que hay algún sirviente aguardando la oportunidad de violarla, y se le aconseja cerrar con llave la puerta de su dormitorio antes de dormirse. Si sale para un hombre, se le dice que su hermano menor o un sirviente doméstico que vive con él forzará al sexo a una de sus esposas, a menos que sacrifique un chivo a Eshu; y que si la mujer se presta al juego, la enfermedad la obligará a confesar el acto.
6.Adivinó para Orisa Turugbeye
Edi fun no tenía seguidores. Es la multitud con la cual me encontré casualmente y a la que hice algunas averiguaciones que me condujeron a saber el camino que yo tomaba. Estos fueron los awoses que adivinaron para Orisa Turugbeye, el esposo de Yeyemuwo. Se le aconsejó sacrificar para triunfar sobre sus enemigos, que a toda hora le causaban problemas: un gallo blanco, muchos asheses, muchas hojas de papel de lija (ewe eripe en yoruba y ebe amensen en Benin) y palo de ardilla (opa-atori en yoruba y uwenriontan en Benin). Él hizo los sacrificios.
Cuando sus enemigos volvieron a reunirse para tramar nuevos problemas contra él, Eshu se convirtió en una gran máscara y usó el garrote de ardilla para golpearlos a todos y dispersarlos. Según los iba golpeando, les embadurnaba el cuerpo con las hojas de papel de lija mientras los frotaba con los asheses. Así fue como Eshu utilizó el viento seco y caliente para vencer a todos los enemigos de Orisa Turugbeye, y por eso la piel de las personas se blanquea durante el viento seco y caliente, a no ser que se froten con pomada.
Cuando este odu aparece en la adivinación, a la persona se le indica hacer sacrificio para vencer a sus enemigos.
7.Adivinó para el Oliki de Akure
Estos fueron los awoses que adivinaron para el Oliki cuando apareció en Akure, en el estado de Ondo, Nigeria. Ya en el cielo se le había aconsejado sacrificar un chivo castrado, ofrecido por las mujeres y por su reina, para evitar los problemas de su casa cuando llegara a la tierra. Hizo los sacrificios y salió para Akure. Fue un sacerdote de Ifá que se fortaleció diabólicamente.
Al llegar al mundo, muy pronto empezó a confrontar problemas en su casa, y se le indicó sacrificar la reina de los comejenes, comején y un chivo castrado, para que pudiera ver el final de sus enemigos, además de darle un chivo a Eshu. Él cumplió con todos los sacrificios.
Entretanto, Eshu promovió en Akure una sublevación de la que sus enemigos resultaron responsables, y uno tras otro fueron todos a verlo por adivinación. Él les pidió un chivo grande para Eshu, junto con eje, machete, tela blanca y dinero, y les hizo el sacrificio; después de eso volvieron la paz y la tranquilidad a Akure, la gente dejó de molestarlo y él llegó a ser muy próspero.
Cuando este odu aparece en el ogbodu, la persona debe darle un chivo a Eshu y agasajar su cabeza, dando a su trono de Ifá un chivo castrado, la reina de los comejenes y comején, para sobrevivir a los problemas que aparezcan más adelante.
8.Cuando el hijo de Obatalá le robó
Obatalá se encontraba enfermo y mandó a un hijo suyo, llamado Aruñiña, a casa de Orunmila para que le hiciera osode. Orunmila le vio este odu, Odi Fumbo, y le dijo que Ifá señalaba que la culpa de la enfermedad de su padre la tenía él, y que para que Obatalá se curara tenía que marcharse de la casa paterna, pero irse solo, para no tener problemas en el mundo.
El hijo decidió marcharse, pero al hacerlo robó todos los ahorros de su padre y se fue a una tierra lejana. Allí conoció a Eyo, se hicieron grandes amigos y con él empezó a derrochar el dinero robado. Al poco tiempo comenzaron los problemas, y un día cayó en manos de la justicia.
Mientras tanto Obatalá se recuperó de su mal y quiso ir a casa de Orunmila a darle las gracias. Cuando llegó y explicó el motivo de su visita, Orunmila le respondió que no era necesario, pues él no le había mandado nada, y le preguntó: «Babá, ¿qué es de la vida de su hijo? ¿Se marchó solo?». Obatalá contestó que sí. Entonces Orunmila le dijo: «Babá, cuando regrese a su casa, registre sus pertenencias a ver si están completas. Y le diré además que cuando su hijo vuelva, volverá con serios problemas: no lo deje entrar en su casa, porque si lo hace le costará la vida».
Al regresar, Obatalá comprobó que le faltaban todos sus ahorros. Pocos días después volvió el hijo, y Obatalá, con el dolor de su alma, lo botó de allí maldiciéndolo de esta forma: «Mientras el mundo sea mundo, tú siempre estarás en cárceles y presidios». To Iban Eshu.
9.Por qué al terminarse el ebó se le pone a Eshu
En la tierra Bayeku Niwe Inle vivía Eshu Banire Lawo, que la regía como Awo y la mantenía siempre en completa calma, porque era un hijo de Elegbara muy obediente a su padre y a Ifá. En esa misma tierra vivía su hermano, Karako Awo, cuyo odu de Ifá era Ofun Di, el contra abure de Eshu Banire Lawo, que era Odi Fumbo.
Karako Awo trabajaba siempre junto a su hermano, pero le tenía una gran envidia: cada vez que Eshu Banire Lawo hacía algún ebó, mientras este se preparaba para botarlo, Karako le echaba maldición al ebó para que no resultara. Así, a cada uno de los de aquella tierra que iba a verse con Odi Fumbo, el ebó le salía al revés, y la gente empezó a perder la fe en él. Por las patrañas de Karako Awo, Eshu Banire fue perdiendo popularidad, su tierra fue perdiendo la tranquilidad, se decía que Odi Fumbo ya no tenía ashé para hacer ebó, y quedó en el último lugar de la jerarquía de los awoses.
Karako Awo, que era un intrigante, proclamó a los cuatro vientos: «Si Odi Fumbo no sirve, yo seré quien lo reemplace, que soy Ofun Di». Y muy astuto, le dijo a su hermano: «Hermano, descansa, que yo haré tu trabajo; lo que te pasa es que has trabajado mucho. Quédate tú cerrando y botando el ebó, que yo haré todo el otro trabajo». Todo esto lo hacía para ganar popularidad, pues sabía que su hermano no le echaba maldiciones al ebó. Pero con el tiempo la gente empezó a quejarse de que el ebó que Ofun Di Karako Awo tocaba con sus manos tenía peste: resolvían, pero se iban disgustados, y Odi Fumbo seguía preocupado por el descontento de su tierra.
Entonces Odi Fumbo se miró, se vio su propio odu, y vio que tenía que recurrir al secreto del ebó Obalu que su padrino, Awo Toniyi, le había entregado al consagrarlo, con dos botellas y las cadenas, y que él había dejado al cuidado de su secreto, que era Ogún. Buscó un perro, llamó a Ogún y se lo dio junto con las botellas con agua y las cadenas, y a los tres días Ogún lo llevó al pie de la yagruma, que era la insignia de su tierra. Después, cuando enterraba al perro en la línea férrea con siete cintas de distintos colores, vio a su hermano indisponiéndolo ocultamente con todos los de aquella tierra, diciéndoles: «¿No ven que ni aun estando en el último lugar sirve, pues da peste?».
Entonces se dio cuenta de todo y de la gran traición de su hermano Ofun Di, y se echó a llorar, comprendiendo que había perdido su posición por confiar en su propia sangre, y recordando que Odi Fumbo Kandefumbo decía que no se podía confiar en nadie, ni en la misma sangre, pues no tenía amigos. Llorando, llamó a su padre:
Baralayiki, que así se llamaba su padre, se le presentó y le dijo: «Llévame para tu casa, que yo te voy a ayudar a que resuelvas en algo tu problema». Al llegar a la casa de Odi Fumbo encontraron a Ofun Di terminando un ebó. Cuando Baralayiki entró, Ofun Di se le tiró y le dio moforibale, pero Baralayiki le dijo: «Tú eres un traidor y ya no puedes estar nunca más en esta tierra, ni aun para hacer ebó; por eso siempre tendrás peste, pues eres Ofun Di, el que siempre da peste».
Después el padre le dijo a Odi Fumbo: «Ya no podrás ser el primero, porque la maldición que tu hermano les echó a los eboses cuando los hacía contigo te ha alcanzado; pero aun siendo el último, tendrán que contar contigo para botarlo». Y para que nunca más los eboses llevaran maldición, dispuso que se pusieran delante de él, para cuidarlos, echarles la bendición y que llegaran a buen término. Y como era padre de los dos, y Ofun Di quedaba botado de aquella tierra en el fondo, ordenó que siempre, antes de despedir el ebó y de ponérselo a él, se limpiara primero a Ofun Di, dándole tres palos, para que recordara que se limpia, pero que está ahí por su deslealtad con su hermano. To Iban Eshu.
Aquí nació que, después de rezar Odi Fumbo, se pase el ebó por el fondo del tablero y se le den tres golpes al atepón Ifá, pues ahí es donde vive Ofun Di, que representa el ano, y por eso no se pone en el tablero. Además, nació que cuando se termina el ebó se le ponga a Eshu antes de darle camino.
10.Nació la profanación religiosa
Aguema, el camaleón, era hijo de Obatalá, y este le había entregado todos sus secretos. A cada rato, a escondidas de Obatalá, Aguema iba al pie de todos los árboles, hablaba con ellos y les decía que Obatalá lo había mandado, y todos los árboles le entregaban sus secretos, menos el algodón. Un día salió escondido, fue a la casa de Yewá y se puso a hablar con los muertos, quienes lo único que le dijeron fue que, al salir de allí, se encontraría un ratón (ekute).
Aguema salió corriendo y encontró al ratón en la playa. Le dijo que Obatalá estaba buscando un criado para sus mandados, pero que tenía que jurar con él que probaría todas las comidas y que le entregaría todos los mandados. El ratón aceptó, y Aguema le dijo que ese juramento debía hacerse delante de un árbol o de todos los árboles. Mientras lo hacían, Aguema cantaba:
Después del juramento salieron para la casa de Obatalá, en Ile Aye, y al llegar Aguema le dijo: «Babá, aquí le traigo a mi hermano, que será tan buen hijo con usted como lo he sido yo». Obatalá lo acogió con amistad y le pidió a Aguema que le entregara todos los secretos. Aguema le enseñó todo al ratón y le anunció a Obatalá que se marchaba para Arayare, la tierra donde vivía el secreto, y se puso a cantar:
Un día el ratón corrió hasta donde estaba Aguema y le dijo: «Estoy probando todas las comidas y todo el mundo está enfermo; hasta Obatalá está enfermo, pues le duele mucho la cabeza». Obatalá hacía sarayeye, eboses y rogación de cabeza todos los días para quitarse a la muerte de encima, pero el ratón se lo llevaba todo a Aguema, y este lo enterraba al pie de la mata de guao, por lo que en la tierra de Obatalá los enfermos aumentaban. Aguema, además, no dejaba de andar en su secreto, porque quería ser el dueño del mundo.
Orunmila mandó a buscar a Eshu y a Shangó y les preguntó si hacía mucho que no sabían de Obatalá. Como no sabían de él, Orunmila decidió mirar a ver si estaba bien de salud, y en el osode salió Odi Fumbo. Al ver este odu, Orunmila mandó a Eshu a que cogiera tres plumas de loro, se las pusiera en la cabeza y saliera con Shangó hacia donde vivía Obatalá.
Cuando llegaron a la tierra de Obatalá vieron que lo que había allí era una gran epidemia, y le dieron moforibale a Obatalá. Al momento, Shangó se le tiró al ratón y le entregó su cabeza a Obatalá; después salió corriendo con Eshu hasta donde estaba el secreto de Obatalá. Shangó empezó a echar candela por todos aquellos alrededores, mientras Eshu se tapaba la cara con las plumas de loro y se envolvía el cuerpo con cuentas de collares. Aguema, al verlo disfrazado de esa forma, creyó que era una hembra y, enamorado, se le acercó; esa fue la oportunidad que Eshu y Shangó aprovecharon para tirársele, apresarlo y llevarlo ante Obatalá.
Eshu fue a darle cuenta a Orunmila de lo sucedido, y ambos vinieron a casa de Obatalá para hacerle ebó. Cuando Orunmila envolvía el ebó, decía:
Y al entregarle el ebó a Eshu cantaba:
Eshu salió corriendo con el ebó y Orunmila cantaba:
Cuando Eshu fue a poner el ebó al pie de la mata de algodón, empezó a llover, y él mismo cantaba junto con Shangó:
Nota: aquí surge la leptospirosis.
11.Cuando Obatalá quiso que Orunmila secara el mar
En cierta ocasión, en un pueblo, los habitantes no hacían más que comentar de Orunmila, de que era adivino y milagroso. Todos esos comentarios llegaron a oídos de Obatalá, y como ya estaba cansado de oír a todas horas lo mismo, mandó a buscar a Orunmila, reunió a todos los Santos a su alrededor y delante de ellos Orunmila declaró: «Yo humildemente cumplo las orientaciones de Olofin y hago lo que él me ordena». Obatalá le respondió: «Yo quiero que usted me demuestre su poder secando el mar».
Orunmila, después de meditar un instante, contestó: «Sí, yo acepto, pero con la condición de que usted cocine, pues según yo vaya trabajando, iré comiendo». Obatalá aceptó, y Orunmila añadió: «La comida que usted tiene que cocinar se la daré yo». Entonces sacó de una bolsa cinco piedras y se las entregó para que se las cocinara, junto con tres abanicos para soplar la candela.
Orunmila comenzó a sacar agua del mar con un cubo, y Obatalá a preparar la comida con las piedras que le había dado. Pasadas varias horas, Obatalá, ya cansado de estar agachado echándole fresco a la candela para cocinar aquellas piedras, le dijo: «Compadre, es imposible preparar la comida, porque estas piedras no se ablandan». Ese era el momento que Orunmila esperaba para responderle que el mar no se podía secar, y Obatalá reconoció: «También es imposible ablandar las piedras». To Iban Eshu.
12.Cuando Orunmila le hacía ebó a Obatalá
Una vez Orunmila le estaba haciendo ebó a Obatalá, un domingo, en la cima de una loma. Al concluir, Orunmila preguntó para dónde iría el ebó, e Ifá marcó un lugar distante, con lo cual surgió la dificultad de que no había quién lo llevara hasta ese punto.
Odi Fumbo, que andaba en un caballo moro, sin saber por qué se dirigió a la casa de Orunmila, que estaba en la cima de la loma. Al llegar, Orunmila lo llamó, lo hizo arrodillarse y le preguntó si estaba dispuesto a llevar el ebó que le había hecho a Obatalá. Él respondió que sí, muy gustosamente, y Orunmila le pidió que, cuando botara el ebó, regresara, que le iba a dar una cosa.
Odi Fumbo salió hacia el lugar donde debía botar el ebó y así lo hizo. Al poco rato regresó, y Orunmila, que lo estaba esperando, lo arrodilló y le dijo: «Desde ahora ningún Awo podrá sacar el ebó del tablero sin que tú estés presente, y también al que toques se levantará».
13.El bateador del ebó
En este camino, Eshu se había encontrado con Mayele Nifa, que era huérfano. Su padre lo había consagrado delante de Obatalá con dos palomas blancas al pie de una mata de algodón, y durante aquella consagración decía:
Terminada la consagración, le advirtió: «Nunca te puedes separar de Obatalá», y que cuando tuviera alguna dificultad llamara a Shangó, que era el padre de Awo Mayele Nifa. El padre se llamaba Omo Nifa, y al morir, el hijo quedó huérfano, pasando muchas dificultades y esclavizado, pues había abandonado el secreto que su padre había hecho con Shangó al pie de Obatalá.
Un día salió al camino llevando en la mano dos palomas blancas vivas para comer; le entró sueño y se recostó a dormir al pie de una mata de algodón, rodeada toda de shewerekuekue y albahaca morada. Soñó que tenía que hacer ebomisi con algodón y shewerekuekue, darse después la sangre de las dos palomas y cantar mientras se bañaba:
Se bañó con esas hierbas, recogió todo lo del baño y lo llevó al río; al salir del río dijo: «Yo hice todas las cosas y me he quedado sin comer». Eshu, que lo estaba escuchando, se dijo: «Si este me llama, lo voy a ayudar en la vida». En eso, el joven fue a llamar a Eshu a Lakamako. Eshu, que lo oyó, salió y le preguntó quién era su padre, y él contestó que su padre estaba muerto. Le preguntó cómo se llamaba, y respondió que Omo Nifa. Eshu le dijo: «Pero tú no eres Awo». «No, señor», contestó. Y Eshu dijo: «Vamos a camino». Omo Nifa llevaba mucha hambre; vio tres pollitos y se los empezó a comer junto con Eshu, y este le dijo: «Tú vas a quedar bien en el mundo; lo que me juran a mí, hay que cumplirlo».
Eshu le anunció: «Te llevaré a casa de Orunmila, pero es un poco difícil de llegar; antes tienes que pasar un poco de trabajo». Omo Nifa respondió: «Donde usted me lleve, iré». En el camino se encontraron con Obatalá, pero Omo Nifa no lo saludó, y Eshu se fijó en esa actitud, siendo Obatalá quien le había puesto la cabeza. Obatalá le dijo a Eshu: «Cuando vayas camino a casa, pasa por el río, coge una gallina blanca y me llamas, y verás que encontrarás una piedra; con esa piedra llegas a donde está Orunmila, que él sabe lo que va a hacer con ella».
Eshu hizo la operación, cogió la piedra y fue a casa de Orunmila. Este lo miró y dijo que Omo Nifa tenía que ir con esa piedra a casa de Obatalá, pero antes le hizo ebó. Orunmila preparó la piedra con obi, ero, kola, osun naború, cascarilla e iyefá, la envolvió en hierba algodón, le dio dilogún para que hiciera yoko osha y dijo: «ESHU OBA OSHA OSHANLA», poniéndole la piedra en la cabeza junto con Eshu. Eshu salió con él, le indicó el camino donde vivía Obatalá y siguió por otro camino.
Orunmila mandó a buscar a Odi Fumbo y le advirtió: «Cuando tú le vayas a hacer Ifá a Omo Nifa, él no te puede engañar ni a ti ni a mí, pues él va a tener problemas con Eshu; los adele nifa tienen que estar ofó». Orunmila y Odi Fumbo prepararon el Igbodun, y los awoses acudieron e hicieron el secreto antes de que llegara. Pero Omo Nifa no había ido a casa de Obatalá como se le indicó, engañando así a Obatalá y a Eshu Alakamako.
Eshu y Shangó iban caminando con un pollo jabado y un muñeco de trapo y fango con ikines, cantando:
En eso se encontraron con Omo Nifa, que los saludó y les dijo: «Vengo de casa de Obatalá, que me acaba de hacer Osha». Shangó replicó: «Eso es mentira; tú tienes que hacer Ifá, pero antes tienes que hacer Osha». Omo Nifa se molestó, y Eshu le dijo: «No te molestes: por no cumplir con el secreto que te dio tu padre, el espíritu de tu padre está detrás de ti, y por eso tu camino está mal». Con aquel muñeco, el pollo, hierba algodón, shewerekuekue y palo eran, Eshu y Shangó le hicieron paraldo cantando:
El pollo lo mandaron para la manigua y el muñeco fue al pie de una mata. A Omo Nifa le hicieron yoko osha, y a los 16 días le hicieron Ifá. Orunmila llamó a Odi Fumbo y le dijo que aquel se iba a pelear con Eshu, que era quien lo había salvado. En el itá de Ifá le advirtieron que nunca se peleara con Eshu ni con Obatalá, y que le hiciera algo a su padre para que sus cosas anduvieran bien. A los 7 días de Ifá le dieron de comer a Egun junto con Eshu y Shangó, y a la tierra, con 3 gallos y 3 palomas; le dieron 1 gallina a la tierra y a su Ifá, y después lavaron el Ifá con hierba algodón y shewerekuekue.
Omo Nifa prosperó, pero al poco tiempo ya ni usaba el collar de Obatalá. Obatalá mandó a buscar a Shangó y le dio las quejas de que ya no lo atendía; Shangó buscó a Eshu y lo llevó ante Obatalá explicándole lo que pasaba, y Eshu empezó a descomponerle todas las cosas a Omo Nifa. Este fue entonces a casa de Obatalá, quien le contó que Eshu decía que su Ifá tenía problemas, y a partir de ese momento Omo Nifa empezó a tener problemas con su padrino y dejó de visitarlo.
Obatalá le indicó que buscara a Eshu para que lo llevara a la tierra de Fabewea, donde vivía un Awo viejo llamado Iwori Olanla, para que viera qué tenía su Ifá. Salieron al camino Omo Nifa, Eshu y Ogún, y al llegar, Iwori Olanla lo miró, le vio este odu de Ifá y le dijo: «Tienes que traerme dos cazuelas de agua de lluvia, 2 gallinas negras y 1 chivo, para dárselo a la entrada de la población, para Ogún y Eshu, y traer tu Ifá».
Omo Nifa trajo su Ifá, y cuando lo probaron, sus adeles estaban ofó, y él empezó a maldecir a su padrino. Le pusieron adele nifa buenos, y fue a casa de Obatalá para que estuviera en su ceremonia. Entonces Obatalá maldijo a Odi Fumbo y dijo: «Mientras el mundo sea mundo, nada más serás el bateador del ebó».
14.Oshún, la hija de Obatalá
Obatalá tenía una hija muy linda y muy hermosa, que era Oshún. La tenía a su lado, y ella pasaba mucho trabajo lavándole la ropa, cocinándole los alimentos y limpiándole la casa. Ella se quejaba de tanto trabajo, y Obatalá le decía: «Hija mía, yo te recompensaré», pero no hacía nada por aliviarla, pues pensaba que ella era su esclava.
Oshún tenía amigos que la visitaban y le decían que no fuera boba: que con su belleza y hermosura no tenía por qué pasar tantos trabajos, que en el llano había príncipes y reyes, y que se fuera con ellos a disfrutar de la vida, que obtendría riqueza y dinero. Cansada de trabajar tanto en la casa de su padre, un día oyó los malos consejos de sus amigos y se marchó con ellos; y fue tanto el uso que hicieron de ella en los palacios de los llanos, que se enfermó de cuidado.
Cuando regresó a casa de su padre estaba tuberculosa y tan desmejorada que Obatalá, al verla, le dijo: «Te aconsejé que no te fueras de mi lado, pues aunque es verdad que trabajabas bastante, tenías tranquilidad, comida y casa donde vivir; pero ya es demasiado tarde para ti».
15.La hija de Ikú
La hija de Ikú, la muerte, quería saber si algún día llegaría a tener tantos poderes como su madre, y cada día se limpiaba con una cosa distinta. Morefa, que así se llamaba, salía todos los días temprano de la casa, saludaba a Olorun y le rogaba que le concediera algo que no tuviera su madre, para tener más poder que ella.
Un día, Olorun se apiadó de Morefa, le concedió tener la menstruación (ashupua) y la mandó a vivir al monte. Al verse con aquella cosa extraña, Morefa quedó preocupada; pero según pasaban los días aquello se le fue quitando, y quedó tranquila. Pasaron los días y, cuando le volvió, se puso molesta hasta que se le retiró de nuevo. Volvieron a pasar los días y aquello regresó otra vez; entonces comenzó a maldecirse, porque todos los meses tenía la menstruación.
Aquí es donde la mujer reniega de ser mujer.
16.Oleguere y la carga de leña
Un día Oleguere fue a casa de Orunmila, y este le vio este odu de Ifá. Oleguere vivía en la tierra Eguado haciendo toda clase de trabajos: lo mismo cargaba leña que una canasta de ropa, o cualquier otra labor que se le presentara, para ganarse el sustento suyo y el de sus familiares; ayudaba a hacer de todo. Pero su suerte cambió un día a causa de las malas influencias que recibía y de las maldades de sus enemigos, que se dedicaban a los mismos trabajos que él.
Orunmila, después del registro, le marcó una rogación y le dijo que tenía que llevarla a Inle de Oke, y el hombre realizó todo lo mandado por Ifá. Eshu había sido enviado por Obatalá para ponerle la suerte en su camino, y el hombre quedó como mandadero de los Oshas y de Orunmila, quienes le aconsejaron ir guardando dinero de lo que le daban para asentar a su Ángel de la Guarda, y que después tenía que llegar a Ifá.
El hombre cumplió todo lo que le ordenaron los Santos, y al poco tiempo logró cuanto quería: alcanzó la paz, la tranquilidad y la prosperidad que deseaba, llegó incluso a tener propiedades propias y fue muy querido por todo el pueblo. Tenía entonces un muchacho a su abrigo, al que le impartía sus conocimientos, y este corrió la misma suerte que él, porque obedeció en todo lo que le ordenaba.
17.El hombre que era débil con las mujeres
Había un hombre que tenía que recorrer su territorio, y su trayecto era subiendo lomas. Por eso le dieron el caballo blanco, el mágico de Obatalá, que tenía dotes increíbles para escalar, entre otras. Pero el caballo, al ver a las yeguas, se enamoraba, se les iba encima para ofikale trupon y tumbaba al hombre.
Por eso se dice que aquí el hombre es débil a las mujeres, un gil.
18.El bailarín
Era un hombre bailarín que andaba siempre de fiesta en fiesta, y su vida era un desorden. Todo el mundo lo criticaba y le decía que tenía que cambiar, a lo que él respondía que así, como él vivía, era como mejor se vivía la vida.
En una fiesta se encontró con una mujer buena y responsable, de la que llegó a enamorarse hasta el punto de casarse con ella; al poco tiempo tuvo hijos, y su vida cambió.
19.Los pescadores
Los pescadores echaban los peces en la poceta de los arrecifes, y estos se pudrían con el salitre y apestaban. Así no obtenían frutos de su trabajo, pues se demoraban demasiado queriendo pescar más.
20.La mujer y el Mayombero
Era una mujer que tenía dos hijos con un Mayombero. Él la castigaba, la ultrajaba y la engañaba, y ella le planteó la separación.
21.Cuando los hijos de Obatalá querían ser iguales a los de Orunmila
Los hijos de Obatalá vivían en el palacio, donde este los colmaba de riquezas; pero ellos querían ser iguales a los hijos de Orunmila, pues no estaban contentos ni conformes con Obatalá. Este los dejó pasar para Ifá, y después los condenó a vivir en la miseria.
Aquí la persona quiere ser Awo, pero no puede: su muerto sí fue Awo, pero la persona no.
22.Eshu salvó a Odi
Aquí fue donde Eshu salvó a Odi de la muerte, por causa de la mancha y el bochorno.
23.El hijo borracho de Obatalá
Aquí fue donde Obatalá vivía con su hijo, que se volvió borracho, desorganizado y vago. Obatalá luchaba porque su hijo se regenerara, pero no lo lograba.
24.Ojijifiri adivinó para Odi y Ofun
A ellos les dijo que darían un viaje inesperado, y se les pidió que sacrificaran para que el viaje fuera exitoso.
25.Edidi los mantiene en la casa y Ofun los asedia en el monte
¿Quién los salvará? Solamente Orunmila los desatará. Esto se le adivinó a la gente de Ife-Ooye el día que fueron rodeados y sitiados. «Si el pelo se riza, solo un peine puede alisarlo».
26.El árbol sagrado
En una llanura fértil, del lado del oriente, Olordumare plantó un huerto conocido universalmente como el jardín de las hierbas de Osanyin, y en él puso a Obatalá, como hombre, para que viviera allí, lo cuidara y se alimentara de aquel huerto. Olordumare hizo nacer todo árbol delicioso a la vista y bueno para comer, y también el árbol de la vida, en el centro del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal. De allí salía un río que regaba el huerto y se repartía en cuatro brazos: el primero, llamado Pesón, rodeaba toda la tierra de Evila, donde hay oro fino, piedras preciosas y aromas; el segundo se llamaba Guijón y rodeaba la tierra de Cus; el tercero es el Tigris, que corre al oriente de Asiria; y el cuarto río es el Éufrates.
Olordumare puso a Olofin a gobernar la tierra, y este dijo: «El hombre, para alimentarse, comerá de todos los árboles que aquí hay, excepto del árbol de la ciencia del bien y del mal, ya que el día que de ese árbol comiera, morirá sin remedio».
Pasado algún tiempo, Olordumare pensó que no era bueno que el hombre estuviera solo en la tierra: debía tener alguna compañía, y además había que darle nombre a todo lo que existía sobre la tierra, las plantas, los animales, los pájaros y las bestias. Entonces Olofin, por mandato de Olordumare, hizo caer al hombre, Obatalá, en un sueño profundo, y de una de sus costillas formó a la mujer. Obatalá dijo que debía llamarse Varona, porque del varón había sido tomada, y que por lo tanto, en el futuro, el hombre dejaría a sus padres para unirse a la mujer y serían una sola carne. Y resultó que Obatalá y su mujer estaban desnudos y no se avergonzaban.
Sucedió que un día llegó la serpiente hasta donde estaba la mujer y le dijo: «Para que nunca mueras, tienes que comer del árbol del que Olofin les ha prohibido comer». La mujer, tentada y picada por la curiosidad, fue hasta el árbol, tomó una de aquellas frutas, comió de ella y le dio de comer a su hombre. Enseguida a ambos se les abrieron los ojos y sintieron vergüenza de estar desnudos, y tomando hojas de la higuereta se taparon sus partes con taparrabos.
Cuando Olofin se aparecía por allí, ambos se ocultaban lejos de su vista, entre los ramajes del bosque. Pero el hombre fue llamado y se presentó, y cuando le preguntaron dónde estaba, respondió: «Estaba en el huerto y tuve miedo, ya que estoy desnudo, y por eso me escondí». Olofin le preguntó: «¿Quién te enseñó que tú estabas desnudo?», y el hombre respondió que la mujer. Entonces Olofin le dijo: «Has comido del árbol del que se les ordenó no comer». Obatalá fue condenado por Olofin cargando la culpa: «Higos y espinas recogerás, tendrás que trabajar y serás mortal». Y a la mujer le dijo: «Por haber oído los consejos de la serpiente, que te convidó a comer de esos frutos prohibidos, parirás con dolor y vivirás en incesante lucha con el hombre, y después permanecerás bajo su imperio y dominio».
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.
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