Odi Yeku
Odi Yekutu Yekete
«Si todos mis hijos fueran iguales, yo no tendría disgusto en el Mundo».
Rezo de Odi Yeku
Odi Yeku Diyeku Olordofun Barabaniregun oun ruku Oloya umbo oun deiese ayarelo Idi Kulu eye ruku Adifafun Oya Abagugu Malabeji.
Súyere de Odi Yeku
«Tele mishe telemishe mofishe Odi Yeku Aña Amojo Oquara».
En este odu nace
- Nació el comercio.
- Nació la consagración del primer Omofá.
- Aquí fue donde se hicieron las máscaras y caretas para hacerles fiestas y ceremonias a Olokun y a Egun.
- Habla de doble cara.
- No se le hace nada al enfermo, porque el Awó se puede morir, y el enfermo se salva.
- Viene la riqueza.
- Este odu tiene dos significados muy trascendentales porque habla Ikú y la sepultura.
- Orunmila maldice de forma respetuosa pero elocuente.
- Es donde el desobediente reincide y Orunmila se lo entrega a la muerte (Ikú).
Descripción del odu Odi Yeku
Odi Yeku ocupa el lugar número 63 en el orden señorial de Ifá. Es un signo que anuncia prosperidad económica alcanzada por medio del aplacamiento de la cabeza (Orí); cuando la suerte anda torcida, señala sacrificio para apartar la muerte. Pide además mantener viva la comunicación con los ancestros, pues de ellos llega el alivio para las presiones del día a día, del negocio o del trabajo.
En este odu se tallaron las máscaras y caretas con las que se celebran fiestas y ceremonias a Olokun y a Egun, y por eso es el signo que se emplea en los Atenas de Olokun y de Egun para darles de comer. De ahí también que hable de personas de dos caras: es un Ifá de caretas.
Cuando este odu se le ve a un enfermo, al enfermo no se le hace nada, porque el Awó se puede morir mientras el enfermo se salva; aquí el enfermo se cura. Es un Ifá Fore Ayé: viene la riqueza y nace el comercio. Hay que atender mucho a Oyá, a quien se le dan dos gallinas coloradas. Si el signo viene Iré, todo resulta inmejorable y anuncia la llegada de un hijo varón; si viene Osobo, un difunto está pidiendo misa, y si viene Osobo ini Ikú, se toma un abanico y se echa fresco. Es muy posible que la persona sea hijo de Shangó y deba respetar a Oyá.
El signo advierte que no debe burlarse de nadie, y menos de los borrachos, porque a la propia persona también le gusta la bebida. Habla de una casa desarreglada. La persona debe cumplir lo que ofrece y no olvidarse del Babalawo ni distanciarse de él, pues llegará a decirle palabras que después le pesará haber pronunciado. Aquí no se le puede desear mal a nadie ni maldecir, porque eso trae atraso; a la vez, hay que cuidarse de que no lo maldigan a uno. Indica que recibirá un dinero que había perdido.
Por este odu se le ruega a Obatalá con dos cocos, manteca de cacao, cascarilla y dos platos blancos nuevos, pidiéndole perdón por todo lo malo que se ha hecho. El signo manda vestirse de blanco y hacer Santo, y ordena cuidarse de las enfermedades del sistema respiratorio y del sistema vascular. Cuando a la persona todo le sale mal, es porque ella misma lo quiere: debe hacer ebó y después cumplir con lo que ofrezca.
Si quien se mira es hombre: soñó que no tenía mujer; después consiguió una y se le fue; hizo ebó, encontró otra, y cuando la primera supo que él estaba bien quiso regresar, pero él no lo permitió. Si es mujer: la enamora un hombre que no le conviene y no debe aceptarlo, porque por el camino viene otro que sí le conviene y no debe despreciarlo.
Este odu encierra dos significados muy trascendentales, porque en él hablan la muerte y la sepultura. En este Ifá Orunmila perdona y salva, pues él dice: «Si todos mis hijos fueran iguales, yo no tendría disgusto en el Mundo». Pero aquí también es donde el desobediente reincide y Orunmila se lo entrega a la muerte (Ikú). En este odu Orunmila maldice de forma respetuosa pero elocuente: «Váyase lejos espíritu malo, no oíste los consejos, aléjate sombra mala».
Aquí se consagró el primer Omofá, que recibió una mano de 16 ikines de los 32 que representaban a Orunmila en aquella época.
La persona de este signo se cree fuerte y poderosa porque alguien le cogió miedo por alguna circunstancia, y vive atenida a esa guapería; pero cuando se sepa que en realidad es cobarde, la destruirán. Habla también de quien, por tener cierto desenvolvimiento económico, se ha separado de su familia: cuando caiga en desgracia y acuda abochornado al seno familiar, tardarán en decidirse a ayudarlo, si es que lo ayudan. Por eso este odu sentencia que el que renuncia a su familia y a sus amigos y hace amistad con extraños morirá como el Chacal, despreciado por los suyos.
El signo prohíbe ingerir bebidas alcohólicas, para que las personas bajo su mando no le pierdan el respeto ni lo dejen de considerar; si lo hace, perderá su posición. Aquí la persona, con tal de salvarse, es capaz de decir mentiras y hasta de inmiscuirse en asuntos que desconoce o que no son de su competencia. Ifá dice que la persona está cuidando cosas ajenas y no cuida las suyas: debe cuidar lo suyo en mejor forma para no perderlo.
Hierbas del odu
- Caña de castilla
- Dagáme
- Ateje
- Acebo de la Tierra
Relación de obras del odu Odi Yeku
Se le rogará a Obatalá con 2 cocos, manteca de cacao, cascarilla y 2 platos blancos nuevos, pidiéndole perdón por todo lo malo que ha hecho.
Dice Ifá en Odi Yeku
- Que Ud. está enamorada de un hombre que no le conviene, y que no lo acepte; por el camino le viene otro que es el que le va a convenir.
- No se burle de nadie ni de imperfectos ni de borrachos, porque a Ud. también le gusta beber.
- Ud. soñó con una fiesta, todos en esa fiesta eran muertos, y fue un hombre colorado quien lo sacó de esa fiesta.
- Ud. es hija o hijo de Shangó.
- Su casa está desarreglada.
- Ud. siempre cumpla lo que ha de decir.
- Ud. ha de decir una palabra mala y se desgraciará. No le desee mal a nadie, ni eche maldiciones.
- Ud. ha pedido un dinero y se lo han de dar; ruéguele a Obatalá.
- Si en su casa hay un enfermo, se curará.
- Ud. está enfermo del pecho.
- Si es hombre el que se registra, se le dice: que él estaba soñando que no tenía mujer y la que tenía se le fue; él hizo ebó y encontró a otra mujer, y cuando la que se le fue supo que estaba bien, quiso volver y Ud. la despreció.
- Atender a Oyá y darle de comer.
- Ud. tiene que vestirse de blanco y hacer Santo.
- Ud. deberá cumplir con todo para que no sea maldecido.
- Ud. tiene que cuidar su casa para que no la pierda.
- Atienda a sus ancestros y dele misas y ofrendas, para que sus cosas mejoren.
Refranes de Odi Yeku
- Nadie muere cuando nadie quiere, sino cuando le toca.
- El perro tiene un hueso en la boca, no puede aullar.
- Todo aquel que encuentra la belleza y no la mira, pronto será pobre.
- Donde el perro orina, también orina su hermano.
- Si todos mis hijos fueran iguales, no habría disgusto en el Mundo.
- El que renuncia a su familia y amigos y traba amistad con los extraños morirá como un Chacal.
Eshu-Elegba del odu Odi Yeku
El Eshu de este odu no está especificado en el tratado.
Patakíes del odu Odi Yeku
1.El adivino de Ogogo y de los talladores de Ibara
Odi Yeku adivinó para la planta efímera, esa que brota por la mañana y ya se ha marchitado antes del mediodía, y también para los insectos que abren pequeños huecos en la tierra con su ano. A los dos les aconsejó sacrificar para no engendrar un hijo que muriera apenas naciera, un abikú. Ambos cumplieron con el sacrificio. Cuando este odu aparece en la adivinación, a la persona se le indica sacrificio para no perder una criatura; ese sacrificio se hace con un chivo y un gallo.
Este mismo Awó adivinó para los talladores o carpinteros de Ibara, a quienes dijo que hicieran sacrificio agasajando a Egungun con un gallo, por causa de sus hijos y para que vivieran con tranquilidad.
2.El anciano perseguido por la mala suerte
El adivino consultó para el mayor de las personas, un anciano marcado por la desventura: no lograba terminar ninguna tarea que emprendía, porque la mala suerte lo perseguía. Se le indicó sacrificar por causa de su esposa, de sus hijos o de su riqueza, para que ninguno de ellos lo abandonara, y él cumplió. Cuando este odu sale en la adivinación, a la persona se le dice que sacrifique para librarse de la desdicha de meterse en empleos que no dan fruto.
3.El pueblo que se quedó vacío
Los habitantes de un antiguo pueblo notaron que perdían vecinos y fortuna frente a un asentamiento rival, y acudieron a Orunmila para que les adivinara. Él les aconsejó sacrificar para que la población volviera a prosperar: un chivo para Eshu, y agasajar a la divinidad de la tierra con una tortuga, una jícara de agua y una cuchara de madera con aceite de palma. No cumplieron con el sacrificio.
Mientras tanto, las autoridades decidieron construir un camino nuevo que desvió el tráfico y a los visitantes lejos del viejo poblado. Quienes pensaban levantar un negocio industrial cerca de allí prefirieron instalarse en el pueblo nuevo, junto a la carretera, y al final los propios vecinos del poblado viejo empacaron sus cosas y se mudaron también. Aquello significó la muerte definitiva del viejo pueblo. En la adivinación, a la persona se le dice que haga sacrificio para no verse forzada por las circunstancias a cambiar de trabajo o de residencia.
4.El ashé que bajó del cielo
Mientras vivió en el cielo fue un sacerdote de Ifá de mucho éxito, porque estaba dotado de un poderoso instrumento de autoridad: el ashé. Cuando decidió venir a la tierra, fue a consultarse, y se le indicó agasajar a Eshu con un chivo y a Shangó con un gallo, para que el ashé lo siguiera en su bajada. Hizo los sacrificios, bajó al mundo y se convirtió en un sacerdote de Ifá muy aventajado: todo cuanto profetizaba sucedía, sus predicciones eran siempre acertadas y llegó a reunir una amplia clientela.
Cuando este odu sale en Igbodu o en la adivinación, a la persona se le dice que vuelva a sus raíces, a los cimientos de su hogar (Idile o Ajule en yoruba, Igiogbe en Benin), que sacrifique con un gallo y una tortuga, y que pida a las personas allí presentes que revoquen el juramento que se le hizo en una reencarnación anterior. La tortuga se utiliza para agasajar a la tierra y el gallo para obsequiar a Ogún. También se le dirá que hay un vertedero de desechos públicos (Akitan en yoruba, Oliku en Benin) en el pueblo o la ciudad natal donde está situada la casa de su familia, y que debe ir allí a hacer los sacrificios.
5.Oro y Ojigbo, los dos amigos
Oro y Ojigbo eran amigos íntimos. Un día Ojigbo fue de visita a casa de Oro, quien compartió con él una comida con carne de un animal del bosque. Al terminar, Oro le preguntó si sabía de qué animal era la pata que acababa de comer; Ojigbo respondió que no, y Oro lo asustó al revelarle que había comido el pernil de una babosa. Lejos de mostrar espanto, Ojigbo respondió invitándolo a su propia casa al día siguiente, y Oro aceptó.
Cuando Oro llegó a casa de Ojigbo, le sirvieron una cena preparada con la mano de un animal del bosque. Después de comer, Ojigbo le preguntó si sabía de qué animal era aquella carne; Oro dijo que no, y Ojigbo le reveló que la mano que se había comido era de un lagarto. Sin darse cuenta de que su amigo le había pagado con la misma moneda, Oro se puso fuera de sí y le preguntó si estaba loco, exigiéndole que probara cómo era posible que un lagarto tuviera manos. Para calmarlo, Ojigbo le explicó que el mundo había cambiado tanto que empezaba a producir babosas y lagartos con manos y pies. Oro, todavía confundido, quiso saber si lo había invitado solo para burlarse de él, y Ojigbo tuvo que recordarle que apenas el día anterior él mismo le había servido la pata de una babosa: de qué se asombraba entonces por la mano de un lagarto.
El recordatorio no bastó: Oro se enfureció y comenzó una pelea. Cuando la gente intervino para separarlos, la insistencia de Oro terminó llevando a los dos amigos ante el Rey del pueblo. El Rey zanjó el asunto ordenando que no volvieran a verse jamás: Oro quedó limitado a las tareas nocturnas y Ojigbo a las diurnas. Orunmila, presente en el palacio, emitió su propio decreto: desde entonces Oro no comería lagartos ni serpientes, y Ojigbo no volvería a comer babosas.
Cuando este odu sale en la adivinación, a la persona se le dice que no coma babosa ni serpiente y que se cuide de los amigos: su ruina siempre vendrá por los amigos, así que debe evitarlos. Debe agasajar a Eshu con todo tipo de comestibles y un chivo empacado en un cesto tejido (Ago en yoruba, agban en Benin). Si sale en una adivinación ordinaria, se le dirá que agasaje a Eshu urgentemente para evitar un problema inminente causado por un amigo, que podría incluir el riesgo de ser envenenado con la comida.
6.La mañana y la noche
Estos fueron los sacerdotes de Ifá que adivinaron para la mañana (Aro) y para la noche (Ale). A ambas se les advirtió que sacrificaran para tener paz y prosperidad: el sacrificio llevaba aceite de palma, babosa y un carnero de tres años, y debían añadir 200 nueces de cola blanca amargas y 5 jabas de dinero. Solo la noche cumplió; la mañana se negó. Por eso la gente trabaja desde la mañana hasta la tarde, y por la noche va a su casa a descansar. Cuando alguien no tiene una vida pacífica en las mañanas de su vida, ruega por tener una noche próspera; y cuando la gente tiene dinero en las mañanas, lo gasta con mucho cuidado y sabiduría para poder tener abundancia durante la noche.
7.Abinuku, el Chacal azul
Sucedió una vez que un Chacal llegó a una ciudad situada al borde de la selva. En cuanto los perros del lugar lo descubrieron, se lanzaron sobre él. Tan asustado iba, huyendo ciego de terror, que se metió de un salto en la casa de un tintorero y fue a caer dentro de una gran cuba llena de azul índigo que el tintorero tenía preparada. Con muchas fatigas logró salir de la cuba y, temblando de angustia, se dispuso a esperar su fin frente a los perros. Pero los perros retrocedieron: aquello que veían ya no era el Chacal que perseguían, sino algo desconcertante. «Un Chacal azul», dijeron, y metiendo el rabo entre las patas se marcharon.
El Chacal aprovechó para huir a la selva, y de aquella aventura quedó convertido en un Chacal azul, pues el tinte de índigo se le había fijado bien en el cuerpo. Desde entonces, todos los animales de la selva retrocedían espantados al verlo pasar; hasta el tigre, las panteras, los osos y los lobos huían diciéndose: «Ay de nosotros, ¿de dónde vendrá ese ser desconocido? No sabemos lo fuerte y poderoso que podrá ser; quién sabe si nos matará a todos».
El Chacal, que hasta entonces había huido de todos, al ver que ahora todos le temían pensó en cómo sacar partido de aquello. Llamó a los animales que huían desconcertados y les dijo que no huyeran ni le temieran: que el Dios de los animales lo había llamado esa noche ante su presencia y le había hablado así: «Puesto que los animales no tienen Rey, te he elegido a ti para que reines sobre tus hermanos. Quedas por mí como Rey de todos los animales y tu nombre será Abinuku. Ve a la tierra y ejerce tu soberanía sobre ellos». Por eso, dijo, estaba entre ellos: para ser su soberano y protegerlos.
Los animales se le acercaron, y el tigre de piel rayada habló humildemente en nombre de todos: «Señor y Soberano, danos órdenes y te obedeceremos». El Chacal repartió un cargo a cada animal, excepto a los de su propia especie: con esos no quiso ni hablar, y los desterró al rincón más lejano de su reino. Así vivía Abinuku sin preocupaciones, en medio de la abundancia: el tigre y las demás fieras salían de caza y le ponían las presas a sus pies, y él las repartía como conviene a un soberano, dando su parte a cada animal de su corte.
Un día, estando en el Consejo de Estado, oyó a lo lejos el aullido quejumbroso de unos Chacales. Abinuku se quedó inmóvil, se le erizó toda la piel azul, los ojos se le llenaron de lágrimas y, antes de darse cuenta de lo que hacía, se le escapó un estridente aullido en respuesta a los Chacales lejanos. El tigre y todos los demás animales se estremecieron. «Es el aullido de un Chacal —dijo el tigre—; un miserable Chacal nos ha engañado». Y todos repitieron lo mismo. Abinuku, asustado, quiso huir, pero el tigre y los que hasta entonces habían sido sus súbditos lo atacaron furiosos, lo mataron y lo devoraron.
8.Las máscaras
Cuando los árboles llegaron al mundo, fueron a ver a Orunmila para saber de qué forma podían ganarse la consideración de la vida. Orunmila les hizo Osode, les vio este odu Odi Yeku y les marcó el ebó indicado arriba. Ninguno de los árboles lo hizo. A Iki Amojo, Orunmila le explicó que después debía hacer otro ebó con los dos gallos y mucho dinero, para proteger su cuerpo contra la brujería y los peligros de los enemigos, y que esos gallos debía dárselos a Eshu. Iki Amojo respondió que lo que él buscaba era la consideración, y que como ya la había conseguido, no necesitaba proteger su cuerpo.
Orunmila tuvo que ir a ver a Olofin, que lo había mandado llamar porque la tierra se estaba secando, los niños morían y las mujeres no parían; los árboles ignoraban esta situación. Orunmila le hizo Osode a Olofin, le vio este mismo Ifá y le marcó darle dos chivos y dos gallos a Eshu, y rogarse la cabeza con 16 palomas. Olofin llamó a Ogún para pedirle consejo, pues quería que todo le saliera lo más barato posible, e hizo llamar también a Eshu.
Ogún fue a donde estaba Iki Amojo y le cortó el tronco, la boca, la nariz y las orejas. Con ello preparó muchas caretas y regresó ante Olofin, diciéndole que dentro de siete días le daría respuesta a lo planteado. Ese día sonaron los tambores de Ifá llamando a todos los Babalawos y a los hombres poderosos de la corte de Olofin. Cuando estuvieron reunidos, Olofin entregó a cada uno las máscaras hechas por Ogún y les dijo: «Esto es Aguara, es el espíritu Adamu-Orisha, y ustedes deben bailar al ritmo del tambor para consagrar las máscaras».
Y los hombres enmascarados danzaron de la mañana a la noche. Por la noche, Eshu fue a ver a Ogún y le contó que Orunmila le había marcado ebó a Iki Amojo y este no lo había hecho. Entonces Ogún exclamó: «Pues peor para él; cogeremos todas las máscaras y las meteremos en sacos que colgaremos de las paredes, para dejar que el comején le coma los ojos y la nariz a Iki Amojo. Cuando eso suceda, la enfermedad devorará su cuerpo y este se partirá en pedazos, y entonces se esculpirán caretas nuevas. Como él hizo ebó para su honor, tendrá el honor de que lo usen para tallar las máscaras; pero como no hizo ebó para su cuerpo, esas máscaras serán devoradas por el comején». Y con eso volvió la felicidad a la tierra, pues las máscaras tranquilizaron a los Egun.
9.Los tres espíritus hechiceros
En la tierra de Hebio gobernaba un Rey llamado Dijisu Dada, que tenía un hermano jimagua hechicero: un brujo terrible llamado Ajuanguan, que se alimentaba de sangre humana y con ella alimentaba también sus cazuelas de brujo (prenda). Cuando el Rey se enteró de las maldades de su hermano, abrió un gran agujero en la tierra, metió dentro a Ajuanguan con toda clase de comida y lo tapó; de esta forma lo consagró como Bodun (Orisha), para que no hiciera más daño.
Cuando Dijisu Dada creyó que su hermano ya estaba regenerado, se paró de noche sobre el lugar donde lo había enterrado y dijo: «Bitese Dokpo Mayi Ajuanguan Koko» (nadie puede captar a Ajuanguan, yo lo defiendo). A la mañana siguiente, Ajuanguan resurgió convertido en un hombre más hechicero y violento que antes, se cambió el nombre por Akpedji Bodun Kombokumkun Mabo (el que no tiene miedo) y siguió matando gente. Entonces abrieron otro agujero en la tierra y metieron raíces secas de árboles, pero tampoco eso eliminó su temperamento destructivo, y renació con más violencia. Ante estos hechos, el jefe de los guerreros de aquella tierra cortó un tronco de palma, lo abrió por el centro, mató a Ajuanguan, lo metió dentro y lo enterró bien profundo; pero tampoco resultó: Ajuanguan salió con más fuerza y más destructivo que nunca.
Incapaz de someterlo, el Rey mandó a buscar a Orunmila, quien al llegar le hizo Osode y le vio este odu. E Ifá dijo: Ajuanguan tiene dos espíritus hechiceros, y para que pueda servir de protección y no de destrucción, hay que coger una tinaja, encerrarlo dentro y darle de comer chivo, gallo y manteca de corojo; después se cubre todo con una tapa de Ajaraka y se entierra, sembrando sobre la tumba una mata de Cardón (Sokpo), y ahí siempre se le dará de comer cantándole:
10.Las canas
Una vez los jóvenes se reunieron y acordaron que quienes tuvieran canas no gobernaran más en el mundo. Enterado Orunmila de aquellas pretensiones, se hizo Osode, se vio este odu, se marcó el ebó indicado arriba y convidó a los jóvenes a una comida en su casa. Después de realizar el ebó, cortó el cuero del carnero blanco en tiritas y las colgó en el dintel de su puerta.
El día de la comida, según iban entrando los invitados, sus cabezas tropezaban con las tiras de cuero del carnero blanco, y los pelos blancos de esas tiras iban cayendo sobre sus cabezas. Cuando terminó el banquete, Orunmila les dijo: «Según ustedes, todos los que tenemos canas debemos morir. Entonces no habrá quien gobierne el mundo, pues todos los aquí presentes tendremos que morir, porque todos tenemos canas». Ante aquella sentencia, los jóvenes asombrados se miraron unos a otros: todos tenían canas en la cabeza. Al unísono revocaron su petición y aceptaron que cada cual muriese cuando le tocara, por la voluntad de Olofin. Y así Orunmila se libró de sus enemigos y continuó gobernando el mundo.
11.Cuando le robaron a Oyá la caña de castilla
Oyá tenía una gran siembra de caña de castilla que vendía en el mercado. Un día notó que le faltaban cañas y decidió ir a ver a Orunmila, quien le hizo Osode, le vio este odu y le marcó el ebó indicado arriba. Oyá lo hizo y lo llevó al sembrado. La lechuza, que era quien le robaba, fue a meterse en la siembra y cayó en la trampa. Oyá la cogió y la castigó.
12.La lechuza bailadora y cantante
Había una lechuza que era la que mejor cantaba y bailaba, y por eso todos la afamaban. Andaba con un gallo, el único que sabía que ella era muy fea y que no veía de día. El gallo le cogió envidia y mala voluntad por la destreza con que bailaba. Una noche, en una fiesta, le dio a la lechuza un poco más de bebida y ella se quedó distraída; el gallo, entonces, no le avisó del amanecer. Cuando la lechuza se dio cuenta, ya era de mañana y todo el mundo vio que era fea y que no veía de día. La botaron de allí y se burlaron de ella, y el gallo se quedó en aquel lugar.
13.La riqueza
Orunmila le pidió permiso a Olofin para venir a arreglar el mundo, y Olofin se lo concedió con la condición de que después regresara al cielo. Cuando Orunmila llegó a la tierra, todo estaba destruido. Entonces realizó Osode y sacrificio, y se abrieron las puertas de las aguas: los ríos se llenaron, las mujeres, los animales y las plantas comenzaron a parir, y la tierra empezó a prosperar. Después comenzó el comercio, y con él, la riqueza.
14.El hombre que no tenía mujer
Era un hombre que soñó que no tenía mujer. Después, con mucho trabajo, consiguió una, pero esta se le fue. Ante aquella situación fue a mirarse con un Awó, quien le mandó a hacer ebó. El hombre realizó el ebó señalado y en poco tiempo encontró otra mujer. Cuando la que se había ido supo que aquel hombre estaba bien, quiso regresar, pero él no se lo permitió.
15.El hijo de Obatalá
Había un comerciante, hijo de Obatalá, que vivía cometiendo delitos secretos, y por causa de ello estaba en peligro. Obatalá, al ver la situación de su hijo y para salvarlo de las demás tentaciones, le rogó a Orunmila que le entregara Awafakan. Orunmila se lo entregó, y el hijo de Obatalá se salvó.
16.Olori Oga rechazó el sacrificio
Idi Yekuyekete adivinó Ifá para Olori Oga. Le pidió ofrecer una prenda de vestir blanca que tuviera en su casa, un carnero y 32.000 cauríes, para que no viera la muerte ese año. Él oyó el consejo y se rehusó al sacrificio.
17.El Babalawo que llegó de noche a Ifé
Se le aconsejó llegar a la ciudad de noche, después de haber hecho el ebó. Ifá dijo que tendría mucho éxito en Ifé.
Llegando a la ciudad de Ifé por la noche, Eshu empezó a visitar todas las casas para anunciar la llegada de Okun Kunsun y avisar que un Babalawo acababa de llegar a la ciudad, pero que él nunca iría a casa de nadie: las personas debían esforzarse en ir a verlo donde él estaba, porque cualquier cosa que ese Babalawo les hiciera les iría bien, aunque su personalidad no fuera muy buena. Eso fue lo que hizo Eshu para llevarle a las personas. Okun Kunsun regresó a su casa con mucho dinero y posiciones.
18.La caña brava, el ñame y el avaricioso
En la tierra Guerefe hubo un tiempo en que no se conocía bien para cuántas cosas servían el ñame (Ishu) y la caña brava: la caña brava se cogía para hacer viguetas para las casas y otras cosas de utilidad, y el ñame se usaba menos, porque se preferían las dos clases de malanga. Pero llegó el día en que la gente de aquel lugar le dio una gran fiesta a Oyá; el Santo vino y les dijo el valor que tenía cada una de esas matas y para qué servían.
En esa fiesta había un hombre muy avaro al que le decían Suguokun. Oyendo lo que el Santo había dicho, se fue a su casa y planeó apoderarse de todo lo que pudiera de aquellas matas tan beneficiosas que Oyá había recomendado. Como tenía a su familia dentro del pueblo, por las noches salía a los alrededores llevando una lechuza que tenía y que era su Osanyin: la usaba de vigía para que le avisara si alguien venía. Así se estaba llevando toda la caña brava que podía, amontonándola y sembrándola, hasta la de la propia Oyá, y la vendía.
Viendo Oyá que sus hijos se estaban quedando sin nada, fue a casa de uno de ellos, al que ella ayudaba, y le dijo que fuera a mirarse a casa de un Awó, porque le estaban haciendo muchas maldades y se iba a quedar pobre mientras los enemigos se aprovechaban de las plantas; para entonces ya se cogía mucho ñame, por lo que Oyá había explicado del ñame y el Santo. La persona fue a mirarse, le salió este odu y el Awó le indicó el ebó señalado arriba. Así lo hizo, y por la noche, cuando el hombre fue con su lechuza a robarse la caña brava, ambos cayeron en la trampa puesta en el cañaveral. Oyá, que estaba vigilando lo que ella defendía, cogió a los ladrones. Ante el juez, se mandó que el hombre devolviera todo; fue preso, y cuando salió se marchó del lugar por la pena. La lechuza quedó con Oyá para servirle.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.
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Los 16 odù de la familia de Odi
Odi Bara (Odi Obara) · Odi Fumbo (Odi Ofun) · Odi Iwori (Odi Oro) · Odi Ka (Odi Ika) · Odi Kana (Odi Okonron) · Odi Meji (Babá Odi Meji) · Odi Ogbe (Odigbere) · Odi Ogunda (Idi Ogunrere) · Odi Ojuani (Odi Omoni) · Odi Rete (Odi Leke) · Odi Roso (Odi Iroso) · Odi Sa (Odi Osa) · Odi She (Odi Oshe) · Odi Trupon (Odi Batuto) · Odi Tura (Odi Atakofeño)
