Ogbe Sa
Ogbe Osa · Ogbe Rukusa
«Se lanzó Ifá para aquel que iba a librar la guerra en la tierra de las mujeres, y no era un belicista, sino un pacifista, y fue para demandar paz y tranquilidad».
Rezo del odu Ogbe Sa
OGBE SA YEYEMATERO AFEFE SALÚ AYÉ AFEFE SALÚ OLORUN ADIFAFUN EWE BANA AWAYENI ABO, AWAYENI ORÚNMILA AFEFELONA SHANGÓ ADIFAFUN EWE BANA.
En este odu nace
- La Anuria Renal (riñón que no trabaja).
- La caza de Ikú y el fundamento de Yewá.
- Aquí se creó la Luna (Oshupa).
- Aquí nació la cabeza de Osanyin.
- Aquí nació la cazuela o tinaja de Osanyin.
- Que el que tenga Oduduwa nunca debe de comer carnero.
- Que en este Odu se consagren los tres Egun Reyes: Egun Oba Erun, Egun Oba Oyigbo y Egun Oba Kukunduku.
- En este Odu se consagró la Atemoleta.
- Que se prepara la corona de Olodumare.
- Aquí se le quitó el poder a Ogbe-Sa de despertar a Orúnmila, sustituyéndolo Ogbe-Di.
Este odu marca
- Traición de amigos.
- Hay trampas.
- Pérdidas siempre.
- Traiciones.
En este odu habla
- El Trono de Ikú, donde hay que arrodillarse para darle de comer a Egun.
- De personas que no son amigas y antes lo eran.
- De padecimientos del Corazón, del empeine y del cuello.
- De que tiene una hija o mujer muy bonita y vistosa, de que todos la miran.
- Hay que hacer obras completas para evitar pérdidas.
- Siempre que este signo sale se le da Adié a Oyá y al Ebó.
- Hay que recibir Kakuanardo para borrar este Ifá.
- Hay que preparar el estómago para cuando coma hechicería por este Ifá.
- De enfermedades de los testículos.
- De cuidarse la vista porque puede quedarse ciego. También ciego del alma.
- De cosas malas que se han hecho y que pueden descubrirse en cualquier momento.
- De problemas con la justicia.
- De tener casa o establecimiento y que le irá bien en los negocios.
- De un disgusto que tiene la persona.
- De chisme, de envidia que le pueden hacer mal para verlo pasando trabajos.
- De que su padre está enfermo (si es vivo) y de atenciones espirituales (si es muerto).
- De caídas y de dolencias en las piernas.
- De enfermedades de los nervios.
Prohibiciones de Ogbe Sa
- No se come coco.
- El día que el Awó se ve este Ifá no se camina con nadie.
- Si hace ebó con carnero, la persona en cuestión no lo come.
- No se fíe de nadie.
Recomendaciones de Ogbe Sa
- Reciba Ifá, Awofakan o Ikofafun.
- Reciba a Oshosi a la carrera.
- Durante 7 días no visite enfermo, puede haber cambio de cabezas.
- Rogación de cabeza con Pargo (Ejá-Bo) y Cerveza.
- Su dinero póngaselo a Shangó para que él sepa lo que Ud. tiene.
- La persona posee una gracia espiritual.
- Las Obras o cualquier otra cosa que vaya a realizar hágalas completas para que no haya pérdidas.
- De comida a Egun.
- Ponga manillas de plata a Orúnmila dentro, e igualmente al Ikofafun o Awofakan; si es Awó, dos en cada mano.
- Haga ebó para que se evite una desgracia o tenga pérdidas en la casa.
- De un Carnero a Shangó y gallo a Yemajá para que pueda vencer su dificultad.
- Que todos hagan ebó en la familia.
- No corra y no se meta en cuestiones que no le atañen.
- De una misa a su padre si es muerto.
- No responda por nadie para que no tenga que pagar por otros.
- De gracias a Oshún y a Shangó que lo han salvado de muchas situaciones.
- Cuídese de los vientos malos.
- Cuídese la vista y los testículos.
- Agárrese de Orúnmila.
Refranes de Ogbe Sa
- Obtiene la fanfarronería.
- El que traiciona a su hijo, merece la misma forma que el carnero.
- Aquel que desea la muerte de otro, es porque está muerto.
- Lo malo que hizo una vez no lo vuelva a hacer.
- La luz de la luna aclara, como los ojos de Olofin dan claridad a todos.
- Árbol que nace torcido jamás su tronco endereza.
- Dos amigos no admiten un tercero.
- Asusta pero no mata.
- Cerramos el puño para darnos en el pecho.
- Cuando un padre de familia muere, en el hogar hay desolación.
- Se puede ser más astuto que otro, pero no más astuto que los demás.
- Si te comiste la salsa, te comerás el pescado.
- Todos los animales no se amarran por el pescuezo.
- Donde no hay mayores, no hay gobierno; por eso cuando no hay mayores las cosas no andan bien.
Hierbas del odu
- Ewe Bana (Jaboncillo)
- Ceiba
- Bejuco Jimaguas
Osobo e Iré del odu Ogbe Sa
- Donde murió mucha gente que no pudo curar al Oba de sus padecimientos (camino del ewe Jaboncillo).
- Cuídese de sus enemigos y de una trampa para matarlo (camino del tigre y el Venado).
- Aquí nació la casa de Ikú.
- Haga ebó con adié, donde se le dé eyé a Oyá y al ebó.
- Nace la Anuria renal (que el riñón no funciona).
- Enfermedad en los testículos.
- Cuídese de enfermedades en la vista, pues puede quedarse ciego.
- Padecimientos del Corazón, el Empeine y el cuello.
- Habla de enfermedad en el padre de la persona.
- Habla de caídas y de dolencias en las piernas.
- De enfermedad de los nervios.
- Hacer ebó con gallina, dándole sangre a Oyá y al ebó.
- Rogación con pargo.
- Durante 7 días no visite enfermo para que no haya cambio de cabezas.
- Este Odu habla siempre de pérdidas.
- Todo lo que haga, realícelo completo para que evite pérdidas.
- Haga ebó para que no pierda.
- Habla de traición de Amigo.
- Hay trampas.
- Se han hecho cosas malas y pueden descubrirse.
- Cuídese de problemas con la justicia.
- Habla de un disgusto que tiene la persona.
- Habla de chismes y enredos, de envidia que le tienen, por lo que le pueden hacer un mal.
- El día que se ve este Ifá la persona no camina con nadie.
- Haga ebó para que se evite una tragedia; si lo hace con carnero, la persona es la única que no lo come.
- No se fíe de nadie y no responda por nadie para que no pague por otro.
- Cuidado, que hay trampas.
- Habla de tener preparado el estómago, puede haber hechicería.
- Cuide a su hija o a su mujer de los malos ojos.
- Aquí se le otorgan cargos a la persona. Se dice que tendrá cargos, casa y dinero.
- Habla de mucha prosperidad.
- De comida a los Eguns, fundamentalmente a su padre si está muerto.
- De gracias a Oshún y a Shangó.
- Reciba Ifá, Ikofafun o Awofakan para que pueda resolver.
- De comida a Shangó para que pueda vencer las dificultades.
Relación de obras del odu Ogbe Sa
Hacer Apayerú con los nombres y apellidos de los enemigos escritos en el papel, que se unta de manteca de cacao, que se ponen en el paquete del Apayerú con siete cucarachas de cuevas y se bota en el monte. Cuando las cucarachas empiecen a caminar y a comerse el Apayerú con el papel con los nombres de los enemigos, la intranquilidad se apoderará de esas personas.
Se coge un pedazo de palo cocuyo, cambia voz, raíz de eyero, pimienta de guinea, mate, hilo blanco y negro, 5 ctvs., tierra de Agujero, un poco de Iyefá de este Odu, tela del color que coja; se forra con hilo de 5 ó 4 colores, se pregunta a Orúnmila qué come y los días que son, y qué toma: si aguardiente, vino seco o rocío de la noche.
Lleva, en una bolsita de cuero de mono: Iyefá del signo, arena del mar, cabeza de tiñosa, de Gavilán, de Cao, juego de ashé (eru, obi, kolá, olelé) y un Idé de Orúnmila. Come junto con Orúnmila.
El ewe Bana es el jaboncillo. Primero hay que darle dos pájaros a Osanyin, dándole cuentas de la obra que se va a hacer; luego se colocan las hojas del jaboncillo encima de Osanyin y se le da coco. Luego estas hojas se recogen y se hace un omiero con ellas. Se le ruega la cabeza al interesado con 2 palomas blancas y luego se comienza a aplicar el fomento en las partes dañadas. También curan las hemorroides, haciendo fomento.
Un juego de herramientas de Oyá, un gallo, 2 palomas, añil, ropa sudada, telas de 9 colores, tierra de la casa, jutía y pescado ahumado, manteca de corojo, trampa, maíz tostado, mucho dinero.
Nota: se pregunta si con esas cosas está bien el Ebó; de lo contrario se le agrega lo que coja, y las herramientas, el camino que cojan.
En un plato blanco se pintan Oshe-Tura, Ogbe-Sa y Otura-She; encima se ponen las herramientas, manteca de cacao y cascarilla; al plato después se le echa un poco de agua con añil y se le pregunta a Olorun. Después se le hace Sarayeye al interesado con el gallo y se le da a la tierra; ahí mismo se entierra y encima se le pone el ebó y el plato. Esto se hace a espaldas del interesado.
Omiero de hierba Pasiflora, hierba Mora, Bledo blanco, Canutillo, agua de mar y de río; se reza Ogbe-Sa y se le echa Iyefá rezado, se le da coco (obi omí tuto) a Osanyin y a Shangó preguntándoles si no les falta nada, y a Shangó cuántos días tiene que estar a sus pies y cuántos días la persona tiene que estar lavándose la vista.
Una caja con 9 manillas, gallo, 1 coco entero, hierba yarako, una estaca, pelos de carneros, ropa sudada, trampa, tierra de la casa, tela de los colores de santo, tierra de los zapatos, jutía y pescado ahumado, manteca de corojo, maíz tostado, mucho dinero.
Gallo, 2 gallinas, 10 pesos en medios, 101 piedrecillas de Mármol, ropa sudada, medida del cuerpo, de la cabeza, instrumentos quirúrgicos, tela de colores, demás ingredientes, mucho dinero.
- Ebó: 3 Gallos, 1 pato, ñame, bandera, mucho dinero.
- Ebó: Gallo directo a Eshu-Elegba, 2 palomas blancas, 10 manillas, manteca de cacao, cascarilla, flecha, ñame, tela de colores, demás ingredientes, mucho dinero.
- Ebó: Gallo, gallina, shaguro, Idefá, hilo negro, demás ingredientes, mucho dinero.
- Ebó: Gallo, Ekuekueye (no se mata, se le lleva a Yemayá al mar), un Asia azul y blanca (que se le entrega a la persona), inshe meyi, eyele meyi, un saquito de frijoles Caritas, awado, demás ingredientes, opolopo owo.
- Ebó: Gallo, adié, eñí adié, asho funfun, pupua, dundun, Ogue de nitiwado, demás ingredientes, opolopo owo.
- Ebó: Gallo, adié meyi, etu meyi, eyele marun, ido mesan, apontepotika (cajón), demás ingredientes, owo la mesan.
- Ebó: Gallo, adié, eyele, ileke, ori, apontepotika, demás ingredientes, owo la meyo.
- Ebó: Gallo fifeshu, eyele meyi funfun, cinco cuentas de Oshún, ocho cuentas de Obatalá, akofá, Ishu, karakoa, asho timbelera, apontepotika, demás ingredientes, owo la meyo.
- Ebó: Gallo, abo, Abeboadié, eñí adié, asho funfun, dundun y pupua, demás ingredientes, owo mesan (el owo no se gasta, se pone encima de Shangó para saber qué se hace con él).
Un pedacito de palo cocuyo, cambia voz, raíz de oyu oro, rocío de la noche, atare meta, ou dundun y funfun, una moneda de 5 centavos con agujeros, Iyefá, asho del color que coja; se envuelve y se forra en el hilo de cuatro colores, se le pregunta a Orúnmila lo que come y los días que son, y si toma oti, vino seco, oyu oro (agua de lluvia) o rocío de la noche.
Se retira el Okpele, se coge un Aye de igbin y se le pone eku, eya, epo e Iyefá del oddun, y todo esto se le pone a Elegba.
De: Euré a Orúnmila y Obatalá.
Nota: Intori ikú (a los tres días se puede morir).
Cuando hay guerra fuerte, se le da un abo a Shangó con un gallo viejo; el gallo se lleva al pie de Iwí ope (palma).
Este Ozain es de Ogbe Sa, para triunfar en la vida.
Leri de Ekuekueye, de ekuté, de Ayandono, las uñas del gallo, de Ogún, basura del ilé, raspadura de dos Ikines de Ifá (uno de cada mano), raíz de Ikines, de quiebra hacha quemada, limalla de acero, Iyefá, raspadura del Elegba, 101 atare, cadena, una vara de gamuza. Este come eyele y gallo; vive colgado de la cadena, detrás de la puerta de la calle.
Eshu-Elegba del odu Ogbe Sa
El Eshu-Elegba de Ogbe-Sa se monta en una piedra que tenga cara de carabela, se cementa en una cazuelita de barro y se le empotra un peso macho. A este Eshu-Elegba se le pone un Mono de juguete. Al montarlo se le echan pelos y huesos de Mono, y se cubre con mucha hierba (pata de gallina) y hierba fina y 7 flores de mar pacífico.
Se hace de masa. Además de los elementos fundamentales, lleva tierra de cementerio, dos Inkines, lerí de Owunko, de Aya, de Agbibo (Cao) y mucho Azogue. Va forrado en cuentas de Elegua y de Orúnmila.
Este Elegua se hace de masa. Además de los ingredientes fundamentales lleva: Ileakan, tres centavos prietos, 3 granos de agbadó mora, hierba garro, picapica, pendejera, ekú, eyá, epó, otí, erú, kolá, osun, 13 ataré. La cuchilla va suelta en el ikokó.
Patakíes del odu Ogbe Sa
1.La inmunidad de Orúnmila ante sus cuatro enemigos
Como Orúnmila, Ogbe Osa tuvo numerosos enemigos en el Cielo; fue por causa de los Ancianos de la Noche que se apresuró en buscar refugio en la Tierra. Este camino revela lo que hizo Orúnmila para obtener inmunidad de las malignas maquinaciones de sus cuatro enemigos mortales, que eran el Sol Brillante, la Luna, el Agua y el Fuego, cuyos nombres celestiales son:
Ellos conspiraban contra Orúnmila. Entonces, él hizo una adivinación temprana en la mañana, en la que Ifá le indicaba el complot de sus cuatro enemigos. Por consiguiente, se le aconsejó que hiciera sacrificio con una gallina y que preparara sopa en tres marmitas de arcilla, a la vez que dejara una cuarta marmita vacía, sin sopa. También debía preparar cuatro platos de ñame machacado, hechos de calabaza o güiro, conseguir un güiro sin cortar y un montón de estacas, y depositar el sacrificio en el último cruce de camino antes de llegar a su casa. Él hizo sacrificio sin demora alguna.
Al día siguiente, el Sol, el Fuego, la Luna y el Agua partieron para combatir a Orúnmila en su casa. Cuando iban de camino vieron el sacrificio en el cruce y se detuvieron para comer de él. El Fuego tomó un plato de ñame machacado y una marmita de sopa; el Sol y la Luna cogieron los otros dos platos. Entre tanto, la divinidad del Obstáculo (Elinini o Idoboo) había cogido y se había llevado lejos el güiro vacío, pensando que tenía alimento. El Agua, la más joven de todos, cogió el plato de ñame machacado que quedaba, pero ya no quedaba sopa para él. Entonces le pidió al Fuego que le diera parte de su sopa para comer su ñame machacado, y el Fuego rehusó el pedido con el pretexto de que él, por tradición, no compartía su alimento con nadie más. Apeló también al Sol y a la Luna, y ellos también se negaron a darle parte de su comida.
Encolerizado, el Agua acusó a los otros tres de subestimarle por ser el más joven. Reaccionó lanzando lejos su ñame machacado y empezó a cantar una canción de guerra. Golpeó al Fuego con la estaca, que consistió en gotas de lluvia que extinguieron el Fuego, y también golpeó al Sol y a la Luna hasta aniquilarlos con pesadas gotas de lluvia.
Así fue como los enemigos de Orúnmila se destruyeron a sí mismos, y él quedó solo, con paz y tranquilidad. Por lo tanto, cuando este odu se manifiesta en adivinación para una persona, debe decírsele que tiene cuatro enemigos mortales que le andan buscando para matarlo, y que debe hacer sacrificio para quitárselos de la espalda.
2.Epikpayemi y sus cuatro pretendientes
Adivinó para una mujer, Epikpayemi, cuando ella tenía cuatro pretendientes:
El Sol, la Luna, el Fuego y la Lluvia estaban enamorando a Epikpayemi. Sin saberlo unos de otros, cada uno quería casarse con ella. Por su parte, la mujer alentó a los cuatro para que la visitaran, sin tener relación íntima con ninguno. Cuando ellos empezaron a desesperarse, Epikpayemi decidió ir a Orúnmila por adivinación, para ver cuál de sus admiradores era el esposo adecuado.
Le dijeron que hiciera sacrificio con un gallo, una gallina, una paloma y un pedazo de tela negra, y ella lo hizo. Orúnmila le dijo también que preparara tres platos de ñame machacado y dejara un cuarto plato vacío; debía además usar la carne del gallo, la gallina y la paloma para preparar tres marmitas de sopa, junto con una cuarta marmita que se debía dejar vacía. Sin embargo, Orúnmila le aconsejó que se cuidara de la coquetería, porque su pretendiente favorito podía no ser su esposo.
En cuanto llegó a su casa, preparó la comida, la dejó lista para comer y salió a trenzarse el pelo. El Fuego fue el primero en encontrársela y le preguntó si le había preparado comida; ella le contestó que fuera y comiera una porción de la que había dejado en su casa. El Sol fue el siguiente en venir, y lo mandó a comer a su casa; la Luna vino, y le dijo que hiciera lo mismo. La Lluvia fue el último en venir, pero solo encontró la marmita vacía. Entonces regresó a ella para averiguar qué comida le había preparado. Ella le confirmó que había preparado cuatro platos de ñame machacado y cuatro cazuelas de sopa ricamente condimentadas con carne, y le preguntó cuál de sus rivales se habría comido la cuarta porción destinada para él. Al oír aquello, la Lluvia se enojó y salió furioso a averiguar quién se había atrevido a comerse su alimento; la mujer le dijo que no era culpa suya, porque ella había preparado comida para los cuatro adecuadamente.
En el momento en que la Lluvia se enojó, las nubes empezaron a reunirse y la lluvia empezó a amenazar. Pronto comenzó un fuerte aguacero: metió al Sol y a la Luna en el Cielo a marcha martillo, y el Fuego salió corriendo, buscando refugio dentro de la piedra. Es por eso que el Sol y la Luna buscan refugio en el Cielo cada vez que amenaza lluvia. De la misma manera, el hombre empezó a usar pedernal para extraer el fuego de la piedra durante la edad de piedra, porque allí era donde el Fuego buscaba refugio cuando era confrontado por la arremetida de la Lluvia, la cual golpea por igual a una deidad, a los reyes y a los ciudadanos comunes.
Después de que la Lluvia venció a sus tres rivales, Ekpikpayemi corrió a abrazarlo, alegrándose de haber descubierto al fin a su verdadero esposo. Entonces ella cantó:
Cuando este Odu aparece en la adivinación, si es hombre, se le debe decir que está disputando por algo con otros tres; debe hacer sacrificio para salir victorioso, si es Iré. Si sale Osobo, debe decírsele que olvide eso. Si se manifiesta para una mujer, debe recomendársele que haga sacrificio para que uno de los cuatro admiradores que tendrá pueda llegar a convertirse en su esposo. Sin embargo, ella deberá resistir la tentación de sacar provecho de su belleza por medio del coqueteo.
3.Ekpikpayemi paga un alto precio por coquetear
Debe recordarse que, en la adivinación, Orúnmila advirtió a Ekipkpayemi —una mujer muy atractiva, de tez clara— que evitara el riesgo de andar coqueteando. Como dejaba ver la canción triunfante cantada antes por la mujer, ella prefería al más apuesto, el Sol, por encima de sus otros admiradores; no obstante, la manifestación del sacrificio proclamó a la Lluvia como el esposo correcto para ella. Sin embargo, ella seguía secretamente al Sol, y el invencible Sol no estaba preparado para aceptar la derrota con calma.
Cada vez que él se asomaba de entre las nubes a las cuales estaba consignado, seguía haciéndole declaraciones amorosas a Ekpikpayemi, que hizo todo lo posible por resistir sus insinuaciones. Cuando el Sol estuvo convencido de que no iba a tener éxito en ganarse a la mujer para sí, la castigó: fue al Fuego y le invocó que saliera de la piedra. Este salió y le dio al Sol su vara de autoridad (Ashé) para que la usara contra Ekpikpayemi.
Con la vara de autoridad del fuego en la mano, el Sol decidió visitar a Ekpikpayemi cuando su esposo se encontraba lejos de la casa. En cuanto ella lo vio, se acordó de la admiración que en otro tiempo había sentido por él, lo abrazó apasionadamente y, antes de darse cuenta de lo que había hecho, se volvió a enamorar del Sol. Pero, advertida de que no podía traicionar a su esposo, decidió que aquello quedara como algo platónico.
El Sol no estaba preparado para quedar satisfecho con ningún gesto que no fuera seducirla. Después de tratar de convencerla en vano, decidió salir de la casa, y la convenció de que lo escoltara hasta el césped del Cielo, donde los arbustos estaban muy secos. Al llegar, el Sol se detuvo y le dijo que escogiera entre la muerte o escapar con él. Ella permaneció inquebrantable.
Desdichadamente, Ekpikpayemi no alertó a su esposo de las insinuaciones amorosas del Sol, ni regresó a Orúnmila por adivinación para saber qué hacer, pues disfrutaba con toda esta situación. Sin embargo, cuando el Sol la enfrentó con el ultimátum de vida o muerte, ella prefirió morir antes que traicionar a su esposo. El Sol sacó su vara de fuego, encendió el bosque y desapareció, dejando a la mujer quemándose hasta quedar muerta. Mientras el Fuego la envolvía, ella llamó a su esposo para que la salvara de esta forma:
Tan pronto como la Lluvia la oyó, se reunió en nubes. Inmediatamente cayó una tormenta de lluvia que extinguió el fuego, y ella se sintió feliz. Pero antes de extinguirse, el Fuego se atrevió a entrar por los alrededores del bosque: cuando ella se dirigía a casa, el fuego había atacado la raíz de un árbol seco y la había quemado, introduciéndose en la tierra. Ella pisó en el hueco y cayó en el fuego que se escondía en su interior, quemándose las manos y las piernas. Sin embargo, la lluvia siguió cayendo y terminó con el fuego. Cuando al fin quedó liberada, ya había perdido sus miembros, y tuvo que arrastrarse a casa apoyándose en su abdomen.
Cuando su esposo la vio, no la reconocía, y se preguntaba quién era esa mujer que se arrastraba para entrar a su casa. Al acercarse, descubrió con horror que era su mujer. Ella le contó todos los sucesos, y él la abrazó agradeciéndole su lealtad y fidelidad, y juró que no la abandonaría a pesar de su deformidad. La rebautizó con el nombre de «Ekolo» en yoruba e «Ikolo» en Benin, que significa: «La Fiel». Ekolo o Ikolo es la lombriz de tierra, y en lealtad a su esposo aparece sobre la superficie solamente cuando llueve, mientras que se entierra para evitar el peligro ante el fuego y el calor del Sol.
Cuando se manifiesta este odu para una mujer que no está casada todavía o que busca esposo, se le dirá que tiene cuatro pretendientes y que tendrá que hacer sacrificio para conocer cuál es el adecuado. Debe aconsejársele que sea fiel al esposo después del casamiento, porque cualquier acto de traición la haría morir o sufrir una deformación física que la privaría de sus miembros.
Si se manifiesta para un hombre, se le dirá que está rivalizando por la mano de una mujer con otros tres, y que debe hacer sacrificio para evitar perder la vida en el proceso, porque algunos de los rivales son agresivos y vengativos. Si se trata de un hombre de tez oscura, se le dirá que la mujer prefiere a uno de los otros, principalmente al de tez clara, pero que si hace sacrificio ganará su mano. Si el indagador es de tez clara, debe decírsele que abandone a la mujer, porque ella no está destinada a él, no sea que sufra inmensamente en el proceso de intentar imponerle su amor.
4.Cómo Orúnmila libró a un amigo del otro
Obini bababa nimerun okpokpo adivinó para Okiki (Ekhi en Benin) cuando el carnero padre (Agbo), su amigo íntimo, conspiró para traicionarle durante el festival del ñame en el Cielo. Okiki había incurrido en el desagrado de sus contemporáneos, negándose habitualmente a participar en tareas públicas.
Una noche tuvo un sueño que presagiaba que un asociado cercano iba a entregarlo para que lo ejecutaran. A la mañana siguiente fue por adivinación y le dijeron que hiciera sacrificio, ofrendando un chivo a Eshu, gallo a Ogún y gallo a Shangó. Los realizó rápidamente. Después se le aconsejó que no acompañara a ningún visitante lejos de su casa. Él alertó a su esposa para que le advirtiera en caso de que fuera a cometer el error de olvidar alguna de las dos advertencias.
Mientras tanto, sus enemigos fraguaban el plan de ejecutarlo durante el festival venidero. Sin embargo, era de común conocimiento en el Cielo que Okiki era muy fuerte diabólicamente y que no iba a ser fácil prenderlo. Su mejor amigo, el carnero padre (Agbo), se presentó voluntariamente para capturarlo y entregarlo vivo para la ejecución. Un día, el carnero salió a casa de Okiki y, al llegar, gritó su nombre desde afuera. Su esposa le recordó al instante que no respondiera; pero, reconociendo la voz de su amigo el carnero, él le dijo a su esposa que ningún peligro podría acontecerle, respondió al llamado, acomodó al carnero en su casa y lo entretuvo.
Cuando el carnero se retiraba para su casa, le pidió a Okiki que lo acompañara. Una vez más la esposa le advirtió el peligro, y él ignoró la advertencia.
En cuanto los dos amigos llegaron al bosque, el carnero le dijo a Okiki que quería enseñarle un juego nuevo, que consistía en trepar a la copa de un árbol y saltar hacia un ataúd de madera abierto. El carnero demostró con éxito cómo funcionaba el juego y le pidió a Okiki que lo intentara. Sacó una nuez de kolá de su bolsa y se la dio a su amigo para que la comiera: el efecto de la nuez era hipnotizar a Okiki para que aceptara sus sugerencias, y el carnero sabía que no rehusaría esa oferta, su comida favorita.
Okiki acostumbraba llevar puesta una ajorca de bronce sin costura, llamada Abagun, que tenía la capacidad de ver a través de todos los peligros reales o aparentes. Al comerse la nuez de kolá se neutralizó el poder de su ajorca de bronce. Esa es la razón por la que, cuando este Odu aparece en una ceremonia de iniciación en Ugbodu, se le debe decir a la persona que prohíba la nuez de kolá por el resto de su vida; y si aparece en adivinación ordinaria, debe advertírsele a la persona que no coma nuez de kolá por un período mínimo de siete días.
En conformidad con el deseo de su amigo, Okiki trepó a la copa del árbol. Mientras se lanzaba hacia el ataúd que estaba en el piso, el carnero lo cubrió inmediatamente con una red preparada especialmente para llevar a cabo su malvado designio, construida de perlas de Shangó de múltiples colores, llamada Etutu-Okpon en yoruba. Tan pronto como Okiki cayó dentro, quedó amarrado en el lugar. Rápidamente el carnero cerró el ataúd y salió a entregar a Okiki a sus enemigos. Antes de lanzarse a la aventura, el carnero se había ofrecido para ser sacrificado si fallaba en su misión.
Viendo que había sido engañado por su amigo, Okiki recordó las advertencias de Orúnmila, aunque nunca esperó que se fueran a manifestar. Viendo cuán desamparado se encontraba, empezó a llorar pidiendo ayuda a las deidades a las cuales había hecho sacrificio, mediante el siguiente canto:
Fue un llamado de aflicción a Eshu, Shangó y Ogún, pidiéndoles ayuda. Shangó respondió con un ventarrón fuerte, seguido por una tormenta eléctrica y un fuerte aguacero. Ogún reaccionó tumbando todos los árboles y sogas o cordeles que se encontraban a lo largo del camino del carnero. Entonces Eshu se movió sobre las copas de los árboles derribados y desató la red que amarraba a Okiki. Al encontrarse libre, este abrió el ataúd y se agarró a la rama de un árbol, trepando en busca de seguridad y dejando su ajorca de bronce y el pedazo de nuez de kolá dentro del ataúd. Cuando llegó a su casa le narró a su esposa lo sucedido, y ella lo amonestó diciéndole que ese fue el precio que pagó por ignorar las advertencias que le habían hecho.
Cuando se calmaron el viento y la lluvia, el carnero sacudió el ataúd y algo hizo ruido dentro de él, sin saber que solo eran la ajorca y la nuez. Llegó a su destino, puso el ataúd en el piso y dijo que había cumplido su promesa de entregarles a Okiki. Eshu, que sabía lo sucedido, aplaudió despreciativamente al carnero y convocó a una conferencia de todas las mujeres del Cielo para que vinieran a aclamarlo.
Cuando abrieron el ataúd vieron que estaba vacío: solamente encontraron la nuez y la ajorca. Al preguntarle por el paradero de Okiki, el carnero respondió solamente «Meeeh», que es su llanto hasta el día de hoy.
Las mujeres insistieron en que no podían esperar más y pidieron la ejecución del carnero, en conformidad con su promesa, antes de que dispusiera escaparse. Abrumado por la derrota y la vergüenza, el carnero se entregó a las mujeres, quienes lo llevaron al ejecutor divino, y fue decapitado. Esto explica por qué, cuando el carnero padre es amarrado con una soga, sigue de buena gana a las mujeres, por causa de la vergüenza que lo abrumó aquel día en el Cielo: un hombre tiene que arrastrar o ir tirando del carnero para que lo siga, mientras que él no ofrece resistencia cuando una mujer coge la cuerda que está atada a su cuello. Tampoco ofreció resistencia cuando estaba siendo ejecutado, lo cual permanece como tradición hasta nuestros días.
Cuando se manifiesta en adivinación, se le debe aconsejar a la persona que haga sacrificio con un chivo a Eshu, gallo a Ogún y gallo también a Shangó, para poder evitar el peligro de ser engañado por un amigo cercano.
5.Ogbe Osa se prepara para venir al mundo
Después de tomar su decisión de venir al mundo, Ogbe Osa fue en busca de adivinación al cabecilla de los Médicos hechiceros (Agbanmuere, Olori Awo Orun) en el Cielo, para saber qué hacer y asegurarse una estancia exitosa en la Tierra. El Médico hechicero le aconsejó que hiciera sacrificio con un carnero padre, un perro y una cesta de ñame machacado, para que su Ángel de la Guarda hiciera banquete a los altos poderes del Cielo. También debería dar un gallo, un perro y una jicotea a Ogún; 4 palomas, cascarilla y cauríes a Olokun, la divinidad del agua; así como darle un macho cabrío a Eshu. Tenía además que hacer fiesta a los Ancianos de la Noche con una paloma, un conejo y un manojo de ñames.
Él hizo los sacrificios, pero falló en añadir un perro a las ofrendas que se le aconsejó dar a su Ángel de la Guarda, lo cual fue una señal inequívoca para Yeyemuwo, la esposa de la Divinidad del Obstáculo. Después de eso partió hacia el mundo. Al llegar se dedicó al comercio, además de practicar el arte de Ifá como actividad suplementaria; le iba muy bien en las dos ocupaciones, que lo hicieron muy popular en el pueblo.
Por causa del sacrificio que hizo a Olokun en el Cielo, la deidad del agua le envió a su hija para que se encontrara con él en el mundo. La muchacha se llamaba Iwa; pronto se encontró con ella en la Tierra y se casó. Fue la estrella de la esposa la que le trajo éxito y prosperidad en su trabajo. Desdichadamente, ella no tuvo hijos, lo que le preocupaba en gran manera, porque él necesitaba desesperadamente que ella le diera un hijo.
Entre tanto, Yeyemuwo, que estaba enojada en el Cielo porque Ogbe Osa omitió hacer el sacrificio que le correspondía a ella, decidió enviarle una hermosa hija para que se casara con él, con el propósito de frustrar sus esfuerzos y hacer pedazos sus actividades en la Tierra. No mucho tiempo después, él fue de viaje al mercado de Oja Ajigbe-mekon, donde se encontró con una muchacha bonita de tez clara y se enamoró de ella inmediatamente. La muchacha le correspondió y estuvo de acuerdo en casarse con él, y él la trajo a su casa para que vivieran como marido y mujer. No sabía que se había casado con el agente del infortunio, la hija de la Divinidad del Obstáculo; estaba perdidamente enamorado de ella.
Apenas hubo entrado la nueva esposa a su casa, su suerte empezó a declinar por causa de la actitud intransigente e inhospitalaria de ella. Los clientes de Ogbe Osa dejaron de apoyarle, porque ella era siempre muy austera e insolente con sus visitantes. Por otra parte, la aparición de la mujer creó considerable discordia en su casa, porque siempre peleaba con su compañera principal, Iwa. Las tribulaciones de la casa, especialmente entre las dos mujeres, se hicieron tan intolerables que Iwa, la esposa superior, empaquetó sus pertenencias y se fue de la casa de Ogbe Osa.
Cuando él descubrió que Iwa, quien era el arquitecto de su suerte y fortuna, había dejado su casa, también decidió salir a buscarla, abandonando a la esposa inferior. Tan pronto como dejó la casa, la mujer, agente de la desdicha y la adversidad, decidió que ningún escondite podría acomodar jamás a Ogbe Osa: adonde quiera que él fuera, pronto la mujer le daba alcance. Después de refugiarse en pilares y postes, decidió asentarse en un escondite en el cruce de caminos que está entre el Cielo y la Tierra. Al llegar allí renunció al llano y construyó una cabaña en la cima de la última montaña antes de llegar al Cielo, llamada Oke-Alubode, con la esperanza de que la mujer no lo descubriera. Mientras estaba allí, su Ángel de la Guarda se le apareció en sueños y le dijo que el problema que tenía con su segunda esposa provenía de haber omitido ofrecerle un perro a Yeyemuwo antes de dejar el Cielo.
Rápidamente envió a sus sirvientes a que buscaran un perro, que fue presentado inmediatamente; además sirvió a su cabeza y a su Ángel de la Guarda. Después del sacrificio, arrojó el cuerpo partido y la cabeza del perro a la base de la colina donde se encontraba. No mucho después, la mujer siguió el rastro de sus pasos hasta la base de la montaña Oke-Alubode, donde vio la cabeza y el cuerpo del perro. Quedó satisfecha de que el sacrificio hubiera sido destinado para ella, pero se preguntaba quién lo había hecho. Cuando levantó la cabeza vio a Orúnmila en la cima de la montaña; mientras intentaba subir para encontrarse con él, Ogbe Osa desapareció. Sin embargo, ella quedó satisfecha de que la deuda de sacrificio al fin había sido pagada, y se llevó el perro y la cabeza, dejando solo a Ogbe Osa. Poco después, él regresó a su casa.
Al llegar fue saludado por una casa vacía, porque Iwa, su esposa que provenía de Olokun, hacía mucho tiempo que se había ido. Inmediatamente decidió salir a buscarla. Por su parte, Iwa había intentado en vano refugiarse con varios hombres, pero todos temían darle albergue por temor a la reacción de Orúnmila. Eventualmente, como no encontró alojamiento, emprendió un viaje por tierra y por mar al país del hombre blanco. Fue así como Ogbe Osa fue al país del hombre blanco en busca de Iwa. Mientras viajaba cantaba así:
Después de buscarla en vano por la casa de los hijos de las deidades, estos le dijeron que ella había ido más allá del mar. Casualmente, el nombre de Iwa significa buen comportamiento.
Al llegar a la tierra del hombre blanco, la disposición humana de Iwa fue apreciada por la gente, que le dio hospitalidad. Tiempo después ella murió, y la gente blanca pensó que fue por el desprecio de ciertas personas por el color de su piel; algunos decían que murió de soledad y nostalgia. De cualquier forma, le dieron un entierro digno, ya que ella había sido quien informó a la gente blanca de que existían personas negras al otro lado del mar.
Después de que Ogbe Osa se enteró de que su mujer estaba en ultramar, decidió seguirla. Al llegar a Europa preguntando por ella, se deshizo en lágrimas al enterarse de que había muerto 3 días antes de su llegada. Decidió entonces volver a su casa, para asentarse en Okejeti, en Ife, y empezar una nueva vida.
6.La primera prueba de Ogbe Osa en la Tierra
Ogbe Osa provenía de la tierra de Ife, cuyo rey había invitado a todos los sacerdotes y adivinos para una prueba. Había una gran piedra llamada Ota-kugbin, y el rey de Ife quería que la levantaran del suelo. Todos los Obás lo habían intentado, pero sin buenos resultados, llegándole el turno a los adivinos de la sabiduría.
Los grandes reyes habían intentado levantar la piedra, pero tampoco podían. Ogbe Osa, que solo era un futuro sacerdote de Ifá, también fue invitado. Él recolectó lana de algodón encrespada (Ele Owu en yoruba e Ititi-Orun en Beni) y la insertó sobre la piedra, diciendo entonces el siguiente encantamiento:
Con estas palabras conjuró la piedra para que se levantara sola, la agarró, la levantó y se la llevó al rey de Ifé. Todos le aplaudieron; la hazaña lo llevó a la fama, pero le ganó la enemistad de sus amigos awoses.
Cuando este Odu se manifiesta en Ugbodu, se le aconseja a la persona no robarse el show de sus contemporáneos, para evitar convertirse en el blanco de ataque.
7.Cómo Ogbe Osa terminó con la rebelión femenina en Ife
Antes de que Ogbe Osa regresara de Europa, las mujeres de Ifé se rebelaron contra los hombres y el rey, y se cerraron con barricadas en el pueblo de Ilu-Eleye o Ilu-Omuo. Fue Yeye-Omuo, que era bruja, la que condujo a las mujeres a la rebelión. El rey de Ifé convocó una asamblea de jefes para deliberar sobre lo ocurrido.
Los hombres decidieron despachar parte de las fuerzas armadas para terminar con la rebelión. El ejército marchó sobre las mujeres, pero la bruja Yeye-Omuo los convirtió a todos en mujeres, y ellos se asentaron en el pueblo. Todas las mujeres, que eran brujas confesas y desterradas, en venganza por el trato recibido decidieron usar sus métodos esotéricos para eliminar a los hombres de Ife. Después de eso, los hombres de Ife comenzaron a morir de forma misteriosa. El rey invitó a los awoses del reino y les encargó hacer algo para acabar con la calamidad. Los awoses dijeron que solo había un awó capaz de acabar con aquella tragedia, llamado Ogbe Osa, pero que no se encontraba en el pueblo.
Al llegar Ogbe Osa de Europa y enterarse el rey, lo mandó a buscar. Le contó que, en adivinación, él había sido escogido como el único capaz de acabar con la rebelión, y Ogbe Osa aceptó.
Inmediatamente fue a ver a un awó llamado Isa Wele Oawele para que adivinara. Se le dijo que vencería si hacía el sacrificio correspondiente a Eshu con un chivo, y que preparara instrumentos musicales especiales —maracas, bongoes y tambores—, añadiendo peine y espejo para insertarlos en su santuario de Ifá, y que ofreciera una gallina a Ifá. También le dijeron que buscara un conejo, un pescado, una jutía y un ñame machacado (Ewo u Obobo), que debían ser preparados especialmente y guardados en la bolsa de adivinación (Akpo mini jekun o Agba-vboko) con la cual debía viajar. Isa Wele Oawele le dijo que la única guerra que podía tener éxito contra las mujeres de Omuo era la paz y no el combate; por lo tanto, se le aconsejó que guiara una procesión musical de baile y canto desde Ifé hasta Ilu-Omuo, sin armas de combate de ninguna clase.
Había 4 mujeres fuertes que constituían la espina dorsal de la rebelión de Ilu-Omuo. Cada una de ellas tenía prohibida una cosa u otra, incluyendo el conejo, el pescado, la jutía y el ñame machacado. El sacerdote de Ifá también le aconsejó que fuera con 4 ajorcas o pulsos hechos de abalorios especiales, llamados Tutu Opón.
Ogbe Osa se dispuso a trabajar rápidamente para hacer todos los sacrificios y preparativos. El día señalado mandó una partida de avanzada de tropas armadas para que rodearan el pueblo completo de Omuo, con instrucciones de atacar solamente si él gritaba las palabras «Kpaye gbaa». Después de esto se puso en camino con unos cuantos de sus seguidores. Iba primorosamente vestido con el traje de un alto jefe, mientras sus seguidores bailaban y cantaban a la melodiosa música de maracas y tambores. Él guió la procesión con la danza apropiada a la melodía de la música, sosteniendo con sus propias manos el espejo y el peine preparados, a la vez que bailaba. No le dejó dudas a nadie de que no había venido a pelear, sino a danzar por la paz, puesto que no estaba vestido para operaciones de combate: no iba vestido como guerrero, sino como jefe tradicional. Mientras bailaba sostuvo el espejo con su mano izquierda y el peine con la derecha, y usó el espejo como observador de cristal mesmérico para ver el movimiento de las mujeres. Él cantaba:
Dirigió la procesión directamente al pueblo. Cuando las mujeres oyeron la canción, comprendieron que el intruso no venía a pelear, acudieron con sus instrumentos musicales y se incorporaron al baile. Las 4 líderes, con sus poderes visionarios extraperceptivos, habían advertido lo que quedaba detrás de la estrategia de Ogbe Osa, y habían tomado posición en los puntos cardinales del pueblo, observándolo, mientras él las miraba a través del espejo. Tan pronto se encontró con ellas, sacó el conejo y se lo arrojó a Yeye-Omuo, la líder; le lanzó la jutía a la segunda, el pescado a la siguiente al mando y el ñame machacado a la cuarta, a la vez que seguía bailando. A través del espejo pudo reconocer a cada fornida mujer en su orden de precedencia y discernir así lo que debía darle a cada una.
En cuanto ellas vieron lo que les estaba prohibido, quedaron neutralizadas, y comprendieron que la base del poder de las mujeres de Omuo había sido mutilada. Ogbe Osa dio la señal de «Kpaye gbaa» y sus soldados salieron. Las mujeres le dijeron que sabían que él había venido para recogerlas y llevarlas de regreso a Ife, pero se preguntaban si él no las ridiculizaría llamándolas brujas a su regreso.
En aquel instante sacó sus brazaletes (Tutu Opón) y los fijó y amarró a las muñecas de las 4 forzudas, convirtiéndolas en esposas al instante. Esa es la razón por la cual todas las esposas de una persona para quien Ogbe Osa se manifiesta en Ugbodu están destinadas a ser brujas, si él realiza los sacrificios (Ono Ifa u Odiha); ellas también usarán su hechicería si él toma Ifá y limpia los obstáculos con sacrificios tempranos en su vida.
Cuando terminó la ceremonia de casamiento, las mujeres hicieron señas a las demás para que acompañaran a las tropas en su regreso a Ifé. Al llegar a casa con ellos, le dieron las gracias a Ogbe Osa, que fue alabado por el rey y todo el pueblo de Ife. Mientras los hombres de Ife se preparaban para escoger esposas, Ogbe Osa dijo que, antes de repartirlas, no debían tocar a las que llevaban puesto el Tutu Opón en las muñecas, pues esas eran sus escogidas. Su deseo fue respetado. Después de eso, la paz y la tranquilidad regresaron a Ifé.
8.El primer complot contra Ogbe Osa en Ifé
Siguiendo el éxito obtenido con el levantamiento de la piedra, Ogbe Osa fue nombrado por el rey para que sirviera a su cabeza durante el festival anual, y esto hizo que sus detractores conspiraran para destruirlo. Durante un sueño, su Ángel de la Guarda le mostró el complot contra él. A la mañana siguiente, 4 sacerdotes celestiales tocaron a su puerta. Se llamaban:
Esos eran los hijos del viento, la espesura, los árboles y las sogas. Adivinaron para Ogbe Osa como el único para servir a la cabeza de Olofin, lo cual le ganó la envidia de sus enemigos. Debía hacer sacrificio con un carnero padre a Ifá y un chivo a Eshu. Lo hizo, y antes de partir le aconsejaron que no respondiera si lo llamaban desde atrás de la pared alguien a quien él no pudiera ver. Alertó a su esposa para que le recordara esto cada vez que fuera llamado de esa forma.
Una mañana, sin decírselo a Olofin, fue a la granja. Sus enemigos presentaron a un médico hechicero, llamado Ogbologbo, para que visitara al Olofen. Al llegar a su Palacio adivinó para él, diciéndole que tenía un sacerdote de Ifá en sus dominios que era el responsable del sufrimiento humano y de las privaciones del reino, y le aconsejó que usara a Ogbe Osa para servir su cabeza, con lo que los problemas disminuirían.
Olofen replicó que Ogbe Osa era tan fuerte que nadie podía capturarlo para propósitos de sacrificio. Ogbologbo se ofreció voluntariamente. Ogbologbo era amigo íntimo de Ogbe Osa, y sabía que este llevaba un pulso de bronce que podía hacerlo invisible o desaparecer ante el peligro. Preguntó por el contenedor de madera con el cual Olofen acostumbraba a rogar su cabeza, y pidió nuez de kolá. Tradicionalmente, a Olofen le era prohibido ver el bronce, y no sabía que este era usado por Ogbe Osa en la muñeca izquierda.
Sabiendo que Ogbe Osa había ido a la granja, Ogbologbo fue a encontrarse con él con el contenedor de madera. Cuando llegó, dijo así:
Después de esto, llamó a Ogbe Osa por su nombre celestial. Este respondió, porque sabía que solo Ogbologbo podría llamarle así. Su esposa no pudo prevenirle, porque no lo conocía por ese nombre. Él corrió a abrazar a Ogbologbo y lo invitó a la cabaña. Después de comer y beber, Ogbologbo le dijo que había adivinado en el Cielo y que debían encontrarse para rogar cabeza juntos; declaró que vino a la Tierra sin demora porque no podía ver a su amigo en peligro. Ogbe Osa recordó que acostumbraban a rogar cabezas juntos y le dijo que él había soñado con el peligro.
Para mostrarle cómo debían rogar cabeza juntos, Ogbologbo se metió en el contenedor y con la nuez de kolá rezó por él y por su amigo; después la partió y le dio a su amigo. Ogbe Osa hizo lo mismo, y mientras rezaba, Ogbologbo dijo:
El contenedor se cerró, y Ogbe Osa le preguntó a su amigo qué era aquel juego. Este le respondió que lo enviaría a Olofen. Ogbe Osa llamó a los 4 awoses celestiales que habían hecho sacrificio y adivinado para él:
Los adivinos respondieron y le preguntaron por qué había olvidado el consejo dado. El hijo del viento empezó a soplar y causó oscuridad total; el hijo de las plantas ordenó a los árboles pesados que rompieran sus ramas para bloquear el camino; el hijo de la espesura puso un clavo en las piernas de Ogbologbo y este cayó al piso; y el hijo de las sogas puso sus manos en la tapa del contenedor de madera y la abrió, quitó la ajorca de bronce de las manos de Ogbe Osa y la depositó en el contenedor, se lo llevó lejos y desapareció.
La esposa de Ogbe Osa corrió a pedir ayuda y se sorprendió al encontrárselo esperándola. Mientras tanto, la tranquilidad regresó al bosque. Ogbologbo sacudió el contenedor y, como pesaba, creyó que su amigo aún estaba ahí. Al llegar al Palacio, Olofen lo recibió, y le dijeron que se bañara y se vistiera, que sería nombrado servidor de la cabeza del rey.
Apareció en traje ceremonial y abrió el contenedor. Viendo la ajorca de bronce, Olofen quitó los ojos de ella y concentró su atención en otro lugar, pues le estaba prohibido mirar bronce. Como Ogbologbo se había ofrecido para ser ejecutado en caso de no presentar a Ogbe Osa, el ejecutor real fue invitado para llevar a cabo su misión. Ogbe Osa siguió siendo el adivino de la cabeza real.
Cuando Ogbe Osa aparece en Ugbodu, se le dice a la persona que evite confiar demasiado en amigos íntimos. Podrá sobresalir en cualquier empresa, pero debe cuidarse de robar el show a sus colegas. Antes de lanzarse a alguna contienda debe ir por adivinación, o servir a su Ifá o a su Eshu, y siempre debe escuchar los consejos de los adivinos y de Ifá. Orúnmila le aconsejará a través de los sueños: debe tomarlos seriamente y no lanzarse a ningún proyecto importante sin consultar su Ifá.
9.El regreso de Ogbe Osa al Palacio de Olofen
Cuando Ogbologbo venía del Cielo, vino con su amigo Oro, el cual esperó en la frontera para saber cómo le iba a Ogbologbo. Cuando se enteró de su ejecución, decidió lanzarse a una venganza personal. Oro tenía dos varas (ashé) mágicas: sacó la vara que estaba clavada en dos cuernos, los tomó y fue al Palacio de Olofen. Esto fue después de conjurar al viento para que soplara fuertemente y derribara los árboles, haciendo que los animales corrieran del bosque al pueblo. En el pueblo hubo total confusión, y el Consejo de Dios decidió reunirse para ver qué hacer con Oro.
Dios le pidió a Osere-Igbo (Orisanla), su representante en la Tierra, que llamara a Orúnmila para que hiciera adivinación. Como en aquel tiempo Ogbe Osa era el sacerdote de Ifá en la Tierra, lo fueron a buscar. Al llegar los mensajeros a su casa, se lo encontraron preparando una visita al rey. Partió hacia el Palacio y se sorprendió mucho al ver la cabeza de Ogbologbo cortada. No dijo nada, solo le preguntó al rey de qué se trataba aquello. El rey, muy contento, le dijo que estaba alegre por su regreso, y que en cuanto al hombre cuya cabeza yacía en el suelo, había muerto en una trampa preparada por él mismo.
El rey le dijo que lo llamó para darle solución al estado infernal en que se encontraba el pueblo. Ogbe Osa le dijo que seguro esa era la misma razón por la cual Osere-Igbo lo había mandado llamar, y prometió ir a ver a Olofen a su regreso.
Se dirigió a donde Osere-Igbo. Este le dijo que lanzara una adivinación para ver qué hacer para calmar el estado en que se encontraba el pueblo, causado por Oro en venganza por la muerte de su amigo Ogbologbo. Ogbe Osa le dijo que Oro estaba haciendo todo aquello con dos cuernos mágicos, y que lo único que se podía hacer era quitárselos. Para esto le aconsejó a Orisanlá hacer sacrificio con 4 platos de ñame machacado, 4 marmitas de sopa, 4 recipientes de vino y 4 nueces de kolá. Después de hecho el sacrificio, Ogbe Osa le aconsejó a Orisanla no llevarlo al santuario de Eshu, sino dejarlo en la puerta de su casa y sentarse a su lado. Y Ogbe Osa se fue a su casa.
Oro pasaba por el pueblo para verificar lo que estaba haciendo. Cuando vio a Orisanla, le preguntó acerca del contenido del paquete, y Orisanla le dijo que si deseaba podía abrirlo. Oro lo abrió, se comió los 4 platos de ñame y la sopa, puso las nueces de kolá en sus bolsillos y pidió una taza para sacar una muestra del vino. Luego de probarlo, le dijo a Orisanla que lo probara. Este se negó, pues tenía prohibido el vino por tradición. Oro lo amenazó con las varas mágicas y Orisanla bebió a regañadientes. Oro se marchó llevándose dos recipientes de vino, después de haberse tomado los otros dos.
Orisanla se enfadó con Ogbe Osa por haber marcado un sacrificio que al final lo obligó a tomarse el vino por la fuerza, pero Eshu se posesionó de uno de sus sirvientes, diciéndole que no se preocupara, ya que el día era joven y todavía podían pasar muchas cosas.
Antes de llegar a su casa, el Iyerosun con el que se había preparado el vino comenzó a hacer el efecto de intoxicado en Oro. Se bebió los dos recipientes de vino y los colgó junto a sus varas mágicas; luego comenzó a delirar, quedándose dormido muy pronto. Mientras, Orisanla envió a uno de sus hijos a buscar los recipientes a donde Oro. El muchacho se los pidió a Oro y los tomó junto con los cuernos mágicos.
Al llegar donde su padre, el muchacho le entregó las dos cosas. Orisanla, con los cuernos mágicos, devolvió todo a su tranquilidad habitual y luego escondió el arma con que Oro hacía estragos.
Al despertar Oro y no ver sus cuernos, los buscó. Entonces recordó la visita de alguien durante su delirium tremen. Al no ver tampoco los recipientes de vino, presumió que el mismo que envió Orisanla se debió llevar sus varas. Entonces fue hasta casa de Orisanla, el cual, al verlo, le ordenó que se detuviera y, después de reprenderlo por su actitud, lo maldijo para que desarrollara una hernia (Ukpa o Eve) con el siguiente encantamiento:
Entonces Orisanla le ordenó que se retirara al bosque y nunca más saliera al aire libre. Desde entonces, Oro vive en el bosque y grita:
Es Orudu rudu el llanto de Oro.
10.Ogbe Osa detiene la amenaza de la hechicería en contra de Ifé
El éxito con el cual Ogbe Osa abordó los problemas de Ifé le dio el título de Ojugbona, lo que lo hacía adivino real.
El cabecilla del culto de hechicería Beni, llamado Ogongo hiyo (Ogongo hiahia en Beni), había estado asolando al pueblo de Ifé por mucho tiempo. Las 200 divinidades a la derecha y a la izquierda habían tratado de vencer a los brujos, pero sin éxito. Entonces el pueblo de Ifé llamó a Ogbe Osa para que se hiciera cargo.
En la adivinación se le dijo a Ogbe Osa que hiciera sacrificio con una tortuga, un chivo, un cuchillo (Obeke en yoruba o Abe-Osiwu en Beni), un gallo, una paloma y 21 cauríes. Él hizo el sacrificio, recogió las hojas apropiadas, las preparó y ató el sacrificio a la parte trasera de la tortuga. La tortuga, con la carga de sacrificio en su espalda, fue llevada a la cocina y tapada en el piso con un mortero. Aquella noche, Ogongo Hiyo fue a Ife y voló sobre la casa de Ogbe Osa. Parándose sobre la azotea, gritó:
La tortuga que estaba debajo del mortero replicó:
Ogongo Hiyo dijo que venía a llevarse algunas víctimas, y la tortuga le contestó que le daría la batalla de su vida. Ogongo Hiyo se preguntó quién sería la tortuga que osaba responderle así. Cuando comprendió que estaba en casa de Ogbe Osa, hizo pedazos el techo y entró. Ya dentro, repitió el reto y la tortuga le respondió igual. En la cocina sucedió lo mismo, y la tortuga contestó con igual fiereza desde abajo del mortero.
Luego él despedazó el mortero y rugió; la tortuga le contestó con igual ferocidad. La miró con desprecio y se la tragó. Cuando la tortuga entró en su estómago, el cuchillo que tenía en su espalda le destrozó los intestinos a Ogongo Hiyo, causándole dolores. Al llegar al cruce del camino, la tortuga cayó por su ano y este murió. Entonces la tortuga comenzó a bailar alrededor de él.
El primer grupo de mujeres que vio el cadáver fue el de las de senos grandes; el segundo grupo fue el de las de busto mediano, y el último fue el de las de senos pequeños. No obstante, la maldición de Ogongo Hiyo se terminó.
A la mañana siguiente, Ogbe Osa fue invitado a ver el cadáver. Mientras caminaba hacia el cruce cantaba:
Así fue como él anunció la muerte del rey de los brujos de Beni. En la adivinación se le dice a la persona que está siendo víctima de brujería mortal, y que si realiza el sacrificio anterior, vencerá al hechicero.
11.Ogbe Osa adivinó para el Ezomo
La fama de Ogbe Osa se había extendido por todo el mundo, y lo buscaban por adivinación desde lugares lejanos. El Ezomo de Beni era uno de los pocos aristócratas bastante ricos como para llamar a Ogbe Osa. En su viaje a Beni fue acompañado por sus sustitutos; uno de ellos se llamaba Awo Kajuco, apodado El espejo redondo. Este camino revela, además, la razón por la cual los hijos de Ezomo no le sirven como escuderos al Obá de Benin.
El jefe Ezomo había obligado por escrito a uno de sus hijos para que sirviera como escudero (Omuada) en la corte real del Obá de Beni. El jefe Ezomo había llegado a ser tan rico que se consideraba más rico que el mismo Obá. Se volvió arrogante, y un día retó al Obá para ver cuál era más rico. El jefe Ezomo hizo un recuento de sus riquezas, las cuales lo colocaban aparentemente sobre el Obá. Después de que el jefe Ezomo hubo enumerado sus pertenencias humanas y materiales, le llegó el turno al Obá, que empezó nombrando al jefe Ezomo y a todas sus cosas de valor, principio este que era incontestable tradicionalmente. Aquel fue el fin del concurso: el Obá había ganado fácilmente.
No obstante, el hecho de que el jefe Ezomo fuera lo suficientemente audaz como para desafiar a su rey y dueño trazó líneas de batalla entre ellos, aunque fue un combate secreto. Entretanto, el Obá ideaba eliminar al orgulloso jefe Ezomo para confiscarle sus riquezas. Dio órdenes para que se cavara una gran zanja en la cámara del Palacio y en el fondo le pusieran espinas envenenadas. Se extendió una hermosa estera sobre el hoyo, después de reforzarlo con tablones flexibles que se desplomarían, y se colocó una silla de bronce arriba de la estera, junto a la silla tradicionalmente ocupada por el rey.
El Obá hizo que el hijo de Ezomo, que era escudero de la corte, hiciera un juramento especial, con el efecto de manifestarse dentro de 24 horas, de que no revelaría la conspiración contra su padre. El joven fue sometido posteriormente a una agonizante prueba cuando fue invitado por el Obá a que llamara a su padre para una consulta urgente.
Atrapado entre la lealtad al rey y a su padre, el hijo de Ezomo se puso su gorra de pensar e ideó un cuidadoso compromiso que no le haría desleal a su rey y dueño, ni tampoco traicionaría a su padre. Se preparó una trompeta (Ukpe en yoruba y Eziken/Ekpere en Beni) para llevarla a casa de su padre y llamarlo. Le dijo a su padre que el Obá quería verlo dentro de 7 días. Después de entregarle el mensaje real no estaba librado aún de su obligación, y se puso a tocar la trompeta en la casa de su padre. Era la siguiente:
Al principio, Ojomo solo admiró la melodía de la música de su hijo, y a veces bailó al ritmo de ella, porque su hijo seguía cantando incesantemente. Al cuarto día su hijo cambió el tono de la música de la manera siguiente:
Cuando el consejero de Ezomo (Umenwaen) oyó el estribillo, le aconsejó a su monarca que dejara de bailar y prestara atención al contenido de la canción. El concejal le dijo a Ezomo que la canción del hijo le estaba enviando un mensaje codificado. Con esto, Ezomo se sentó a escuchar la música con atención y se dio cuenta de que era un mensaje. Invitó al Awo Kajuko, sacerdote de Ifá, para que adivinara para él antes de partir para el Palacio. El Ifá que apareció en adivinación fue Ogbe-Rukusa, y le aconsejó que su viaje al Palacio presagiaba muerte y que debía hacer urgente sacrificio para poder regresar vivo a su casa. Se le dijo que diera un chivo a Eshu y presentara dos perros para sacrificio: uno para Ogún y el otro para que estuviera con él. El Awo Kajuko le preparó un bastón especial. El sacrificio para su Eshu debía incluir Eko y Akara (frijol, torta o especie de buñuelo, y potaje). Después del sacrificio, su hijo regresó al Palacio sin confirmar o negar las revelaciones de la adivinación.
Dos días después, Ezomo salió al Palacio. El Obá colocó a un batallón de tropas de forma que se ocultaran de la vista del Palacio de Ezomo, con el mandato real de saquear y confiscar todas las pertenencias de Ezomo y traerlas al Palacio en cuanto su muerte se anunciara.
Cuando Ezomo llegó al Palacio, el Obá le propuso que se sentara en la silla de bronce que estaba a su lado. En cuanto Ezomo fue a tomar asiento, su perro, que viajaba con él, empezó a caminar delante de él. Mientras iba hacia la silla, golpeaba el piso con el bastón especial. Cuando llegó a la estera sobre la cual se encontraba la silla, su bastón le indicó que en el suelo había una depresión. Ezomo se quedó tranquilo al lado de su perro y sacó un pañuelo para frotarse la cara. Mientras secaba su cara, Eshu soltó el Akara y el Eko con los cuales Ezomo había hecho sacrificio, y fueron a parar debajo de la silla de bronce. Al instante su perro salió corriendo para comerse el alimento, y de pronto todos se hundieron en el hoyo. Ezomo se quedó asombrado, miró al Obá y preguntó si aquella era la trampa de muerte que le tenía preparada.
Indignado, Ezomo tiró de su espada para golpear al Obá, que salió corriendo hacia el interior del Palacio. Sus seguidores declararon la guerra en el Palacio, y todos fueron a buscar protección siguiendo al Obá.
Así fue como en este Odu, Ogbe Osa se ganó el apoyo de Ogbe-Rukusa, es decir: El que escapó a la faz de la muerte.
Al ver que todos habían escapado, Ezomo regresó a su Palacio y decretó que ningún hijo de Ezomo debía ir al Palacio del Obá como escudero u Omuada, por respeto al perro que salvó su vida. Ezomo decretó que, a partir de ese momento, todos sus descendientes debían eliminar el comer carne de perro. Esa es la razón por la cual, hasta nuestros días, los miembros de la familia de Ezomo no comen perro. La única vez que Ezomo comió perro o bebió su sangre fue justamente antes de salir de casa para ir a la guerra: después de ponerse su traje de batalla, decapitó al perro, bebió su sangre y procedió al combate. No se conoce que haya perdido ninguna batalla en su capacidad como comandante en jefe de las fuerzas armadas del imperio de Beni.
Cuando este Odu se manifiesta en la adivinación en Ugbodu, debe decírsele a la persona que no entregue a ninguno de sus hijos como sirviente; si ya lo tiene en ese estado, debe retirarlo para evitar una maldición. Debe evitar el uso de espejos redondos para evitar problemas en los ojos.
12.Ogbe Osa adivinó para Oliha y su hermano Oruoni
Entre los sustitutos que acompañaron a Ogbe Osa a Beni estaba un awó llamado Akirajo Akirajo Gbam Gbam. Él adivinó para Oliha, uno de los coronadores de reyes del trono de Beni, y para su hermano Oruoni. Este tenía un apodo que significaba: «cualquier cosa que se haga para arruinarme no me dolerá». Oliha siempre discutía con su hermano que el cuerpo no podía soportar todos los dolores, y prometió demostrarle su argumento en un momento apropiado. Mientras su padre vivía, Oliha no pudo llevar a cabo sus mórbidas intenciones contra su hermano mayor. Mientras tanto, el padre de ellos murió y se le hizo entierro real, en conformidad con la tradición en Beni.
Después del entierro, Oliha se apoderó de una parte de la herencia que había sido destinada para su hermano; también tomó las esposas y los hijos de su padre. Finalmente, le ordenó a su hermano que se cortara sus propias manos y piernas y las metiera en un paquete para él. El hermano le replicó que no podía hacer eso. Para demostrar que él intentaba hacer lo que dijo, Oliha envió a sus guardaespaldas a que realizaran la amputación al hermano, le arrancaran también los ojos y le enviaran las partes extraídas. Después de efectuada la operación, abandonaron al desvalido Oruoni para que muriera al pie de un árbol, Iroko.
La cima del árbol resultó ser el salón de sesiones nocturnas del culto de brujos. Al caer la noche, después de que se reunieron los brujos, el jefe preguntó por qué el Ajero de Ijero estaba ausente, y un miembro de Ijero contestó que él se encontraba postrado en cama con un problema en un ojo. El jefe arrancó una hoja del árbol y lamentó que, si él hubiera estado disponible, ellos hubieran apretado la hoja contra sus ojos para hacerle recuperar la vista. Como la hoja no podía ser enviada, se dejó que cayera al piso. Incidentalmente, cayó en el ojo de Oruoni, que estaba debajo, y este recuperó la vista.
El rey preguntó por el Obá de Iakpa, quien también estaba ausente. Se le informó que había perdido sus manos y sus piernas. Una vez más, el rey de los brujos lamentó que, si el Obá hubiera estado presente, ellos hubieran usado otra hoja para frotar su cuerpo, lo que le hubiera ayudado a recuperar el uso de sus manos y piernas. Al dejar caer la hoja al piso, la misma cayó sobre Oruoni y este recuperó sus miembros.
Finalmente, el rey preguntó por el Owa de Ijesha, y se le informó que estaba con hernia. Una vez más, el rey indicó el uso de otra hoja para curar al Obá. Al caer al piso la hoja, Oruoni la amarró en tres grupos.
Al primer cantío del gallo, la asamblea de brujos se dispersó. Cuando todo se aclaró, Oruoni se levantó, sano y fuerte, y se encaminó hacia Ijero. Al llegar al Palacio anunció que venía a curar al Ajero que se reportaba enfermo. La princesa lo recibió con un regalo de un hombre y una mujer, y le prometió que, si curaba a su padre, ellos dividirían su reino en dos y le darían a él una parte. Fue llevado a la cámara interior del Obá, donde solicitó que pusieran cerrojo a la puerta; sacó la primera hoja, la comprimió y administró la solución sobre los ojos del Obá. Inmediatamente, este abrió los ojos y se regocijó en gran medida cuando descubrió que podía ver. El Obá miró a aquel que le había curado los ojos, observando que vestía como andrajoso, y recorrió su harén abrazando a sus esposas e hijos. Después llamó a Oruoni para que se quitara los harapos. Este rehusó, porque tenía el otro grupo de hojas amarrado a la ropa, y aclaró que tenía otros compromisos antes de instalarse. Se realizó la promesa hecha a Oruoni: le dieron la mitad del reino y lo nombraron Shashere (Iyasere en Beni), Primer Ministro.
El próximo punto de llamado fue Iakpa, donde se encontró con el Obá. Usando la segunda hoja, lo ayudó a recuperar sus manos y piernas. Después de su cura, el Obá extendió sus manos y saltó sobre sus piernas, agradeciendo a Oruoni el milagro realizado. En conformidad, se le entregó un centenar de tesoros valiosos: hombres, mujeres, vacas, cabras, dinero, joyas. Todo esto se transportó a Ijero, que era su nueva residencia.
Finalmente partió al Palacio de Ijesha, llevando puesta todavía su andrajosa vestimenta. Al llegar le hicieron promesas si curaba al Obá de Ijesha. Al encontrarse con el enfermo pidió una marmita, con la cual coció el tercer grupo de hojas. Tomó una taza de esta poción y se la dio al Obá. El Obá empezó a orinar y la hernia desapareció. Cada una de las esposas le entregó regalos a Oruoni. En menos de una semana se había convertido en el doctor más famoso y en una de las personas más acaudaladas.
Su hermano Oliha comenzaba a oír las noticias sobre las actividades de un Awo llamado Oruoni al occidente de Beni. No lo relacionó con su hermano, pues pensaba que estaba muerto. Al darse cuenta de que en realidad podía ser su hermano, partió para Ijero. Al verificar que realmente era su hermano, comprobó que era fiel a su apodo, sobreviviendo a todas las tribulaciones a que lo sometieron. Oliha le dijo que le entregaría la parte de la herencia que le correspondía. Oruoni se negó a aceptarla y le dijo que le daría parte de las riquezas obtenidas. Oliha le dijo que no lo mencionara, y que si insistía en eso, era que no quería que él llegara a ser tan rico como él.
Oliha regresó a Beni e hizo una proclamación en la cual decía que transfería todas sus pertenencias terrenales a su hermano Oruoni. Convenció a uno de sus sirvientes para que le cortara las manos y las piernas y le arrancara los ojos, con las instrucciones de que lo llevaran debajo del árbol donde habían dejado a su hermano, y así pasar las pruebas y llegar a ser tan rico como su hermano. Así se hizo: fue mutilado y abandonado bajo el árbol, como anteriormente le hicieron al hermano.
A la noche se reunieron los brujos en la cima del árbol. Estaban asombrados con la noticia de que un doctor había ido a curar a los reyes de Ijero, Iakpa e Ijesha, y de que los tres fueron completamente curados de sus males y estaban preparados para asistir a la reunión de esa noche. Todos comenzaron a indagar quién sería el doctor, pues solamente uno de ellos conocía de tales milagros. Sospechaban que allí había un traidor, y en la pelea que sobrevino después, dos de los brujos cayeron al piso, viendo a Oliha. Cuando le vieron, le acusaron de intruso y de espiar, y lo arrastraron hasta la cima del árbol, diciéndole a sus compañeros que dejaran de pelear, que ellos traían al espía. Oliha fue ejecutado, dispersándose los integrantes de la asamblea.
Finalmente, Oruoni agradeció a su Ifá la transformación que le dio, de la nada a la fama; hizo una gran fiesta con vacas y cabras y cantó en alabanzas al sacerdote de Ifá que adivinó para él.
Si este odu aparece en adivinación para poner nombre a un niño, se le debe llamar Modukpe en yoruba o Ikponmwenhi en Beni, y deberá decírseles a los padres que el niño prosperará en la vida gracias a la ayuda de Dios y del Ángel de la Guarda. Cuando se manifiesta en Ugbodu, se le debe decir al iniciado que haga sacrificio especial para su Ifá, para que pueda sobrevivir a un complot futuro ideado por su hermano mayor para arruinarle. Si efectúa el sacrificio, su ruina se convertirá en su dicha. Su prosperidad vendrá de afuera y no de su lugar de nacimiento.
13.Ogbe Osa adivinó para Alaakpa
Alaakpa era el nombre de un Obá de Benin que fue abandonado por su pueblo a orillas del mar, haciéndose pobre y desamparado. En este estado se encontró con Orúnmila:
El Awó recibió el apodo de Afijagberu, es decir, el Awó que pelea con aquellos que se niegan a hacer los sacrificios que él señala en la adivinación. Tenía la costumbre de forzar a los indagadores a hacer los sacrificios señalados, aunque eso no se hiciera necesariamente a través de él o por él. Alaakpa, que era demasiado pobre para costear los gastos del sacrificio señalado, levantó sus brazos desesperado.
El Awó le dijo que no se atreviera a negarse a hacer el sacrificio, insistiendo en que debía hacerse ese mismo día. Por su parte, el Awó estaba preparado para garantizar que el sacrificio se manifestaría tan rápidamente como él lo hiciera: aquel día iba a marcar el regreso de Alaakpa a la prosperidad. Finalmente, Alaakpa hizo todo cuanto pudo para tomar dinero prestado para el sacrificio, que incluía el hecho de levantar o izar un pedazo de tela blanca, o una bandera blanca, sobre su casa.
En la adivinación le dijeron a Alaakpa que hiciera sacrificio con un cesto de gallinas y huevos, abundante maní frito, plátanos, cocos y piñas, los cuales debía guardar a la orilla del mar, como si estuvieran exhibiéndose para venderlos. Se le aconsejó que construyera una cabaña temporal al costado del sacrificio y que permaneciera allí, para que viera cómo se manifestaría su sacrificio.
El primer barco de exploradores blancos venía en camino desde Europa en busca de la tierra del hombre negro, desde donde Ogbe Osa vino a Europa. Mientras permanecían en el mar, el barco donde viajaban quedó sin provisiones y la tripulación moría de hambre. Así estaban cuando avistaron humo que salía de una cabaña que se encontraba a orillas del mar, y allí se dirigieron. Al desembarcar vieron plátanos, cocos, huevos, gallinas y maní. Como no se veía a nadie, dedujeron que esas provisiones eran regalos o dádivas de Dios en contestación a sus rezos, y se sentaron a servirse los alimentos.
Comieron hasta la saciedad, llevando los restos hacia el barco. En ese instante, Alaakpa salió de su cabaña. Llevaba puestas las insignias reales de un Obá (Ebuluku en Benin, Ebante en yoruba). Desafió a los hombres blancos y les dijo que si esa era la manera en que acostumbraban a robar las provisiones a los demás; pero ellos no comprendían su idioma.
Mientras el Obá gritaba, sus seguidores salían y rodeaban a los blancos. Un hombre pudo interpretarle al Obá que los extranjeros pagarían por lo que habían tomado. Los blancos preguntaron a cuánto ascendía el precio de la comida, y el Obá contestó que 100 hombres y 100 mujeres. Ellos no tenían forma de pagar con seres humanos, y entonces ofrecieron pagar con el contenido de uno de los barcos de su flotilla. El Obá respondió que el contenido de cada barco de la flotilla sería el precio de cada una de las provisiones por separado, o sea, un barco por los plátanos, uno por los huevos, y así respectivamente. Los blancos estuvieron de acuerdo: descargaron el contenido de tres de los barcos y escaparon de regreso.
Entre las mercancías descargadas había sal, ropa, porcelana, tabaco y dinero, lo cual hizo que Alaakpa se hiciera muy rico. Alaakpa envió mensajes a los suyos para que lo ayudaran a transportar las cosas hasta su casa. Este hecho ocurrió en el siglo XVI en Eko (campamento de guerra), conocido ahora como Lagos. Alaakpa era conocido por otra parte como el Rey Orhogbua en Benin, quien fundó Lagos aproximadamente en 1540 AD. Su consignación de sal fue el primer contacto que el hombre de Benin tuvo con la sal de refino. En la historia de Benin se refiere al rey Orhogbua (Orogun en yoruba) como Olague, variación o descomposición del nombre de Alaakpa, el hombre que introdujo la sal del hombre blanco en Benin. Así fue como el rey Orhogbua recuperó la aceptación y lealtad de sus súbditos en Benin.
Cuando este odu aparece en la adivinación para una persona que ha caído en desgracia, debe aconsejársele que haga sacrificio con una gallina, huevos y varias frutas (plátanos, cocos y piñas) y lo deposite al lado del mar. Debe decírsele que ciertos acontecimientos le harán llevar a cabo transacciones comerciales con extranjeros y blancos que le harán regresar a la silla de la prosperidad.
14.Ogbe Osa adivinó para dos amigos
Había dos amigos que tenían nombres retadores: uno llamado Abashemi-Koodumi (Shemi) y el otro Emiase-Ojue-aja (Emi).
Un día, los dos amigos fueron al bosque, y Emi le pidió a Shemi que pusiera su espalda contra un roble; Emi enclavó los dos ojos de Shemi al árbol y lo abandonó allí. El significado del nombre de Shemi era: «Todo lo que hagan para arruinarme, cualquier daño que me hiciereis, no podrá impedir la manifestación de mi destino». Por otra parte, el nombre de Emi quería decir: «Si logro abatirte, te lo sentirás». Cuando Emi se iba, le dijo a Shemi que, como su nombre connotaba que todo lo que se le hiciera no impediría la manifestación de su destino, él quería ver de qué manera Shemi podía salir del árbol de roble. Evidentemente, Shemi estaba padeciendo, y comenzó a llorarle amargamente a Dios y a su Ángel de la Guarda para que lo rescatara.
Mientras esto sucedía, oyó una voz a la distancia que le enseñó el idioma de los animales, los pájaros y los reptiles. La voz terminó diciéndole que un pájaro estaba en camino para entregarle un preparado especial que le curaría su ceguera. No mucho tiempo después, un pájaro llamado Elulu en yoruba y Erimohi en Benin dejó caer algo en sus manos, que él se aplicó con rapidez en los ojos. Al instante, el clavo que apretaba su cabeza al roble cedió, su dolor desapareció y recuperó la visión.
Cuando abrió sus ojos, vio que debajo de sus pies había una serpiente Boa. Rápidamente dio un salto para librarse de ella, pero luego oyó que la serpiente chillaba y decía: «Tonto, se aleja de mí, cuando fui enviada a venir a salvarlo». Como ya comprendía el lenguaje del reptil, cesó de correr. Entonces la Boa se trasladó al pie del roble y arrancó una hoja, diciendo: «Esta es la hoja con la cual yo me lavo mis dientes todas las mañanas, para que la comida que yo me coma para ese día pueda venir a mi descansadero». Después de usar la hoja, la Boa se fue arrastrándose. Entonces Shemi fue a donde estaba la planta para reconocerla; arrancó una hoja de esta y la guardó en su bolso.
Cuando se disponía a regresar a casa, se encontró con una cobra gargajeante que removía algunas sustancias de un charco de agua al pie de un árbol y que decía: «Todo aquel que pueda triturar estas sustancias junto con las hojas de estas plantas y marque en su cabeza 201 incisiones, con esto dispondrá del temor y respeto de todos los animales, incluyendo los seres humanos». Cuando fue en dirección a donde se encontraba la cobra, la serpiente se alejó, pero Shemi recogió las sustancias que dejó atrás, arrancó algunas de las hojas y las guardó en su bolso.
Cuando salió de allí ya tenía mucha hambre. En primer lugar, recordó las hojas usadas por la boa para conjurar al alimento: se lavó sus dientes con una de las hojas y, al instante, llegaron a él alimentos y frutas de todo tipo desde varias direcciones. Luego, como se encontraba solo en el bosque, quiso disponer del respeto de todos: trajo todas las hojas de honor y las empleó para inscribir 201 marcas en su frente. Entonces empezó a trasladarse en dirección a su hogar. Cuando llegó a una callejuela, se encontró un racimo de plátano maduro y se sentó a comer de él. Cuando se sentó a comer, se apareció la mujer dueña de los plátanos, quien, incidentalmente, había sido expulsada de su pueblo.
Ella lo acusó de robo, y él confesó el robo, proclamando que era una persona sin valor, que no tenía ni misión ni idea de adónde iba o de dónde venía. La mujer se apiadó de él y lo justificó para que tomara todos los plátanos que pudiera llevarse.
La mujer venía de un pueblo en que el rey acababa de reunirse con sus antepasados, y estaban buscando a un extranjero para que le sucediera, como era tradición en el lugar. La ciudad se llamaba Llu Ajoji. La mujer le dijo que la suerte le iba a sonreír y que, a partir de aquel día, iba a personificar honor y respeto. Ella le aseguró que iba a ser coronado como el próximo rey de Llu Ajoji. Él se quedó sin habla, mientras la mujer le decía que la siguiera. Cuando llegaron al pueblo, la mujer le dijo que había tres árboles de vida (Igi Akoko en yoruba e Ikhinwin en Benin) a la entrada principal del pueblo, y que cualquier extranjero que abrazara el árbol de vida que estaba en el medio sería reconocido por el pueblo y coronado como su próximo rey. Luego ella reveló que, tan pronto como su dignidad real fuera reconocida y confirmada, los ancianos o jefes de familia reunirían automáticamente a todas las solteronas que estuvieran disponibles para él, para escoger una como su reina. La mujer añadió que él estaba obligado, por tradición, a tomar a la muchacha como esposa para que su reino pudiera durar. Él le dio las gracias y estuvo de acuerdo en obrar conforme al consejo, si sus predicciones se llegaban a manifestar.
En cuanto llegaron al pueblo, divisó los tres árboles de vida, se dirigió al que estaba en el medio y lo abrazó. Al instante, los ciudadanos del pueblo lo vieron y comenzaron a cantar en alabanzas, dando gracias a Dios y a sus antepasados por haberles traído a su nuevo rey. Se reunió todo el pueblo, lo pusieron en un caballo y lo llevaron en procesión hasta el edificio del ayuntamiento, donde lo vistieron apropiadamente y coronaron como el Obá de Llu Ajoji. Se reunieron todas las jóvenes y se le pidió que escogiera una esposa. Él escogió a la misma mujer que lo llevó a la fortuna. Se llamaba Amukla, porque sus piernas cojeaban. Todos se asombraron pero, de todas formas, aclamaron.
Todos los viñeros de ese pueblo estaban obligados a traerle un recipiente de vino de palma todas las mañanas. Emi, el amigo que le había enclavado al árbol en el bosque y que lo había dejado languideciendo de penuria, se había dedicado durante ese tiempo al empleo que consistía en hacer incisiones a un árbol para extraer el jugo, que en este caso se trataba del vino de palma. Anteriormente, los dos amigos habían vivido en el pueblo de Lleto. Pronto llegaron noticias al rey de que había un extractor de vino especial, cuyo producto era considerado una golosina por su dulzura. Sin saber que se trataba de su amigo, el rey lo mandó a buscar. Shemi, el rey, lo reconoció enseguida; pero el segundo no pudo reconocerlo como aquel que él había consignado y mortificado en el corazón del bosque.
Cuando Emi fue traído al Palacio, el rey pidió a sus heraldos que solicitaran la reunión de los ancianos jefes de familia. Cuando se reunieron, el rey proclamó que todo aquel que hubiera cometido un daño mortal en el pasado debía hacer una confesión abierta; en caso contrario, cualquiera que fuera acusado por tal ofensa sería ejecutado mediante crucifixión, es decir, clavado a un árbol. Inmediatamente, Emi se arrodilló y le imploró al rey que no lo ejecutara, porque él era un miserable.
Confesó que su último acto de maldad lo había cometido contra su amigo de toda la vida, al cual clavó a un árbol y lo dejó abandonado para que muriera y fuera comido por los buitres. El rey se apiadó de él y le dijo que se parara firme, preguntándole si podía reconocer a su amigo. Él le contestó que eso era imposible, porque su amigo había muerto por su culpa.
Entonces el rey ordenó que le quitaran al extractor de vino las ropas sucias que llevaba puestas y que lo vistieran adecuadamente. Tan pronto lo vistieron, el rey se identificó a sí mismo como su gran amigo Shemi y le dijo que, conforme al significado de sus nombres, se había manifestado su destino, pues todo lo que se había hecho para arruinarle no lo disuadió ni lo angustió. El rey le aconsejó que, a partir de ese día, se abstuviera de hacer algún mal, siendo nombrado el allegado del rey.
Cuando este Odu se manifiesta en adivinación, debe decírsele a la persona que tiene un amigo de mucho tiempo que le hará una mala acción, que se convertirá luego en una bendición. Debe decírsele que haga sacrificio con una boa, una cobra gargajeante y las hojas apropiadas, que serán preparadas por el sacerdote de Ifá después de añadir el Iyerosun de este Odu y después de haber marcado 201 marcas en su cabeza. Él será un hombre poderoso.
15.Ogbe Osa adivinó para el cazador y para el ciervo
Estos fueron los Awos que adivinaron para el cazador y el ciervo. El cazador tenía una finca donde el ciervo se alimentaba. Temiendo que el dueño de la finca pudiera reaccionar de forma negativa a su intrusión, el ciervo fue a Orúnmila en busca de adivinación, para saber qué hacer para evitar la ira del dueño de la granja.
Se le dijo que hiciera sacrificio con 80 cauríes, los cuales presentó rápidamente. Luego, Orúnmila le aconsejó que cogiera 40 de los 80 cauríes para dárselos a la anciana que tenía la casa por el camino que conducía a la granja. Le pidió además que pusiera la rama de un árbol a la entrada de la finca antes de entrar cuando fuera a comer.
Poco después vino el cazador a Orúnmila en busca de adivinación, para saber qué hacer para capturar al venado. Le dijo que hiciera sacrificio con 80 cauríes, los que él mostró al instante. De nuevo, Orúnmila le dio 40 de los 80 cauríes para que se los diera a la mujer que vivía en la última casa que se encontraba en el camino que conducía a su finca. El cazador se marchó.
A la mañana siguiente, el ciervo salió con su pequeño en dirección a la finca. Cuando llegó a la última casa que estaba antes de la granja, tocó la puerta y le salió una anciana. El ciervo le preguntó si el cazador había pasado a su finca. La mujer, molesta, le preguntó a su vez si él creía que ella era su guardián. Entonces el ciervo le entregó los 40 cauríes, lo cual la hizo cambiar de actitud, y ella reveló que el cazador no había pasado aún para su finca. Después del diálogo, el ciervo salió en dirección a la granja, donde empezó a alimentarse de golpe con su pequeño, después de haber colocado la rama del árbol a la entrada de la finca.
Al rato vino el cazador a la casa de la anciana y le preguntó si el ciervo había pasado por allí; la mujer le dijo que ella no era su informante. Él le dio los 40 cauríes y ella replicó ahora de forma positiva, diciéndole que el ciervo acababa de pasar.
Al llegar a la entrada de la granja, el cazador vio en el piso la rama de un árbol y la quitó del camino; el sonido alertó al ciervo, que vio al cazador apuntándole y escapó rumbo al bosque. El bebé ciervo se preguntaba qué había ocurrido, que debían huir. Mientras indagaba, extrañado, si debía continuar comiendo o huir, el cazador apuntó y lo mató.
Cuando el ciervo llegó a la casa, fue deprisa a preguntarle a Orúnmila por qué razón había perdido a su hijo a pesar del sacrificio. Orúnmila le contestó que ella solamente hizo sacrificio para él y no para su hijo. El ciervo quedó perplejo ante la respuesta y regresó a casa. Luego el cazador fue a donde Orúnmila a preguntar por qué, a pesar del sacrificio, pudo matar solamente al hijo del ciervo. Orúnmila le contestó que él no mencionó a ningún ciervo en especial, ni a dos ciervos, cuando hizo sacrificio. Terminado esto, el cazador dejó a Orúnmila para irse a casa.
En la adivinación debe decírsele a la persona que haga sacrificio para que la muerte que estaba destinada para él o ella no alcance al hijo o hija, si se le manifiesta como Osobo (Ayeo). Si es Iré (Ure), para alguien que esté buscando lograr un objetivo deseado, debe decírsele que sea específico y claro al rezar y al hacer sacrificio, para evitar que el objetivo se manifieste a la mitad.
16.Cuando la gente desconocida le declaró la guerra a Orúnmila
En Ogbè-sòó tó (Ogbè-Òsá) dice:
17.Donde no consideraban a Awó Ogbe Sa
Etu meyi, akuaro meyi, eya, bogbo igui, bogbo ewe, eyele, obi pintados de 4 colores, obi con ori y efun, un agboran que se viste con tiras de todos los colores y come con Shangó, etu, eya, awado, epo, oti, tierra de distintos lugares, tarro, cebo, flecha, opolopo owo.
Antes de hacer el ebó se hace una ceremonia, que es una circunferencia, y se pone a comer a Shangó con Oggún y se escribe: «Dundun Eobon sé Lefh Efun Yori Epo», y se ponen los oddun Ejiogbe, Ogbe Sa y Oshe Tura.
Se presenta la Ayapá llamando bien a Olorun, Shangó y Oggún, se le da Oshe Tura y se le canta el Suyere:
Se cogen las dos palomas y se presentan bien, llamando a todos los santos, y se les da Ejiogbe cantando el Suyere:
Se coge la Etu y se habla bien a Shangó y se llama a Oggún en esta forma:
Se mata el guineo y se dice:
En este camino, Ogbe Sa nació en la tierra de Eleni Laye, y su mamá se llamaba Ayanao Orun. Estaba muy disgustada porque en la tierra no le querían hacer caso y no miraban a su hijo Ogbe Sa; los hijos de Omo Ejiogbe presumían de hacer y de ser sabios. Ella se ponía triste y se preguntaba por qué no lo ponían en el tablero; lo bendecía todos los días y siempre le daba de comer Ayapá Tiroco, Amalá e Ilá, y siempre llamaban a Shangó.
Los omo Ejiogbe eran los que veían, se comían la Etu y se bañaban con ciruelas amarillas. Y la madre, que se llamaba Ayani Laye, cogió a su hijo omo Alara, lo vistió de negro y lo llevó donde estaba Orúnmila; este le vio Ogbe Sa y le marcó el ebó anterior, y se lo hizo. Terminando el ebó se aparecieron distintas figuras, y todas hablaban de sus poderes. En esos momentos apareció Shangó, envuelto en candela y cantando:
Orúnmila, que vio esto, salió en su compañía dando Moforibale a Shangó y decía:
Shangó se hincó delante de Orúnmila y le rindió Moforibale; le pidió una jícara grande con Laguer, metió una Edun y empezó a mojugbar llamando a Oshe Tura, y decía:
Se apareció Oshe Tura y le dijo: «Vámonos»; cargó a Ogbe Sa y lo llevó al secreto de Abo Kulambe Boku Oti Lorun, junto con Shangó y su Iyá. Shangó, antes de salir, le dijo a Orúnmila: «Cuando yo llegue a consagrar a Ogbe Sa, hay que quitarle el poder que tiene Ejiogbe para que lo reparta con Ogbe Sa», y Orúnmila le dijo:
Shangó se puso contento delante de Orúnmila y salió de camino y llegó a la tierra de Eleni Laye, y los hijos de Ejiogbe que lo vieron se asustaron y fueron donde estaba su padre. Shangó entró cantando:
Puso a Ogbe Sa junto con Ejiogbe y les dio Etu meyi a las dos cabezas. Shangó comió Akuaro y le dijo: «Ejiogbe tiene más poder que tú». Y Ejiogbe le dijo: «Nunca me llevaré con él».
18.Ewe Bana, el jaboncillo
Eyele meyi, dos pájaros que se hayan cazado, hojas de jaboncillo, bogbo tenuyen, demás ingredientes y opolopo owo.
Orúnmila andaba recorriendo el mundo y llegó a una tierra donde estaban Epon Aro y Ofojude: el oba se encontraba con los testículos inflamados y casi ciego, y Olofin había ofrecido recompensa a quien lograra curarlo, pero al que no, le ofreció otokú.
Orúnmila, llamado en esta historia Ogbe Sa, estaba debajo de un árbol, cansado, y se estaba quedando casi dormido después de una larga caminata, cuando oyó la voz de dos pájaros que hablaban entre sí. Orúnmila entendía el habla de los pájaros, y uno de ellos le decía al otro: tanta gente que ha muerto por curar al rey, y no saben que con las hojas de este árbol se puede curar al oba de sus enfermedades.
Cuando los pájaros se hubieron ido, Ogbe Sa cogió ramas de aquel árbol y se presentó ante la corte pidiendo permiso para curar al oba. Olofin, que estaba allí, le dijo: «Orunla, tú sabes que si no lo curas, tu muerte es cierta».
Ogbe Sa hizo las ceremonias correspondientes y precisas y le aplicó el fomento de aquel Omiero en los ojos y en los testículos del oba. A las pocas horas se notó enseguida la mejoría, y al otro día ya estaba casi bien el oba. Olofin, al ver aquello, le concedió toda la riqueza a Orúnmila y le dijo: «Con Ud. no hay quien pueda».
19.La trampa del tigre al venado
En este camino, el Tigre era enemigo acérrimo del Venado, y a toda costa quería comérselo. Para su sueño, ideó el Tigre una trampa con los demás animales feroces del bosque, que consistía en hacerse el muerto; todos los demás animales tenían que correr la voz de que el Tigre se había muerto, para que los animales débiles fueran a su entierro y así poder cazarlos.
Se preparó el entierro y corrieron la voz de la muerte del Tigre. La voz corrió por todo el bosque hasta que llegó al Venado. Ya en la tumba que habían preparado para el Tigre, se percataron de que el Venado no había acudido al entierro y se quedaron medio desorientados. Todos se alejaron del Tigre e hicieron un ruedo a su alrededor, para de esa forma caer sobre los animales menores cuando aparecieran.
Pero resulta que el Venado se había olido que algo andaba mal y no dejó que los demás animales fueran al entierro: fue solo él, y llegó a toda carrera, sorprendiendo a todos, que no lo esperaban. De esa forma se acercó al supuesto cadáver del Tigre, poniendo la pata delantera izquierda sobre el pecho —esa pata es la más sensible—, y así detectó las vibraciones del corazón del Tigre. Rápidamente partió como una tromba, dándole la voz a los demás animales.
Las fieras, al ver esto, se olvidaron de los demás animales y le cayeron encima al Tigre; al Venado no pudieron alcanzarlo. Y así se quedaron sin presa, se quedaron sin festín, y el Tigre sin realizar sus propósitos.
20.Nació la casa de Ikú
Etu meta, Osadie meta, eyele meta, aworin meta, árbol iyá tatu okan, asho oshe boilete, eko, eku, eya, awado, opolopo owo.
Albahaca morada, Llantén, Hojas de Álamo, Hojas de Guacalote.
En la tierra Oba Bori Bokun no se podía soportar la fetidez que había de Egun, se estaban regando por el mundo las distintas epidemias y la mayoría de las personas estaban enfermas de los nervios.
Awo Ifa Oba Guirere vivía con su Iyare, que se llamaba Oba Oni Osha, la cual estaba criando a una niña que se llamaba Oriyeye, y Awo Ifa Oba Guirere vivía enamorado de Oriyeye desde niña. La Iyare del Awo, de cierta forma, siempre le estaba llamando la atención a Awo Ifa Oba Guirere, y este le contestaba que él la quería como una hermana. Hasta que un día su Iyare, Oba Oni Oshe, fue a visitar a Oduduwa; este se molestó y le dijo: «¿Por qué tú has venido sola? Tú sabes el peligro que tú tienes arriba, y lo que te voy a volver, para que tú le sirvas al mundo y hagas un gran fundamento de Orisha». Oduduwa empezó a cantar y a rezar:
Oba Oni Oshe se fue transformando e iba cantando por el camino:
Cuando llegó a su tierra, que es la tierra de Oba Bori Bokun, encuentra a su hijo con la falta que estaba cometiendo, el error; pero Oriyeye se echó la culpa. Se abrió un hueco en la tierra y los dos cayeron dentro, y le dijeron a Awo Ifa Oba Guirere: «Tendrás siempre que venir a rezar y a pedir a este fundamento, que se va a fomentar de Leri Osha, pero tienes que darle cuentas a Olofin». Este se asustó y empezó a llorar, pero el Egun de ellas empezó a cantar:
Y empezaron a salir caracoles de la tierra y a hacer cosas, pero no quería que Olofin supiera nada de lo que pasaba, y Olofin lo estaba viendo. Ya Oduduwa había llegado a donde estaba Olofin y estaba hablando con él, y Olofin estaba contento porque se iba a conocer un gran secreto dentro de la religión.
Olofin, viendo que Awo Ifa Oba Guirere no había llegado a donde estaba él a darle cuentas del gran secreto que le dio su Iyare, lo maldijo, y empezó a pasar trabajo; ya iba a pedirle a su Iyare y no lo entendía. Hasta que se vio tan desesperado que tuvo que llegar donde estaba Olofin, y este le dijo: «Tú serás el que hará Ilé Egun, para que todo el mundo sepa dónde está el gran fundamento de los grandes Orishas», y empezó a cantar y a rezar:
Y al tiempo este se volvió Abbo Obariafo, se volvió chiva, y vino el gran contento para el fundamento de Yewá.
21.Los tres reyes
Adié (negra, blanca y jabada), 3 malaguidí Okuni, Oro, Plata, Cobre, Oka, Akara, Ishú okan, Ikokó, Kalalú, Ajiaco y opolopo owo.
Nota: en este Oddun se le dan 3 Adié a Olofin, una cada día: primero se le da la blanca, 2do la negra y 3ro la Jabada. El ebó de Ogbe Sa lleva siempre los tres metales. Siempre debe tener Ogbe Sa una cazuela de Ajiaco a Egun; para obtener algo importante se consagran 3 malaguidí: uno negro, uno blanco y uno mestizo.
En la tierra Ayebi Inlé vivía un Awó llamado Adebi, el cual tenía siempre problemas en su pueblo, pues era una tierra de envidia y de guerra, donde él estaba cansado de aconsejar que vivieran en paz.
Un día, como no le hicieron caso, se formó una guerra muy grande y hubo una gran mortandad en el pueblo, por lo que Adebi Awó Ogbe Sa abandonó el pueblo y se refugió en el monte. Después de caminar mucho llegó al pie de una loma, y vio en aquella loma un agujero que era la entrada de una cueva. Él entró y vio que aquello parecía una casa y tenía tres pasillos que llevaban cada uno a una habitación. La primera tenía la puerta de oro, la segunda de plata y la tercera de cobre, y de cada habitación llegaban olores a comida. Adebi Awó Ogbe Sa decidió ir a la habitación que tenía la puerta de cobre, por el aroma tan rico que salía de allí. Lo que no sabía Adebi Awó Ogbe Sa era que todo lo que pasaba llegaba a la mente de los tres habitantes al instante. Cuando Adebi Awó Ogbe Sa se dirigía para aquella puerta, se abrieron las tres, y él quedó maravillado cuando vio salir de ellas a tres hombres que vestían ropas y joyas según el metal de aquella habitación. Aquellos hombres tenían cada uno una Adé que los identificaba como Reyes, y cada uno deseaba que Adebi Awó Ogbe Sa fuera su esclavo.
Entonces ellos comenzaron a influenciar la mente de Adebi Awó Ogbe Sa, y era tan grande la influencia que este se ponía turbado. Al fin, Adebi Awó Ogbe Sa se decidió por el Oba del cobre. Pero aquellos otros dos Oba Egun no quedaron conformes y decidieron acabar con Adebi Awó Ogbe Sa; pero entonces él se hizo osode y se vio su Ifá, hizo el ebó, y al ponerlo al pie de un árbol de Moruro se le presentó Azojano, el cual le dijo: «Ahora, cuando haya lucha entre esos tres Oba Egun, tú me llamas y así yo te ayudaré».
Cuando la lucha era más grande, Adebi Awó Ogbe Sa llamó a Azojano, el cual llegó donde estaban los tres Oba Egun y los llamó. Él les preguntó qué era lo que pasaba, y estos le respondieron que querían tener a Adebi Awó Ogbe Sa como esclavo, para que este les sirviera como intérprete en la tierra. Entonces Azojano les dijo: «Uds. tres podrán protegerle, pero a él solo lo rijo yo y Shangó, por lo tanto Uds. tienen que respetar eso». Y entonces los tres Oba Egun quedaron custodiando a Adebi Awó Ogbe Sa y se turnaban su corona con él, gracias a Azojano.
22.La sombra de un Egun burukú
Gallo, Ikodié, adié meyi, eyele meyi, ewe Akikan, ewe Oya-ko, ewe Tete Nifa, Igba Omí Okun, eku, eya, awado, obi, opolopo owo.
Ogbe Sa era un hombre al cual le gustaba mucho tomar Aguardiente, y cuando tomaba se daba golpes él mismo en los lugares públicos, hacía papelazos y maltrataba a los seres más queridos. Todo esto era producto de un Egun muy malo que lo cubría con su sombra cuando bebía.
Ogbe Sa, al ver que no podía seguir en esa situación, determinó ir a casa de Orúnmila, que le hizo osode, viéndole Ogbe Yono, donde Orúnmila le dijo que tenía que hacer ebó, que fuera al pie de una mata de Jobo con una igba de omí y obí y se diera dos eyele. Después de que Ogbe Sa hizo todo lo que Orúnmila le marcó, pudo quitarse la sombra de ese Egun, y tuvo que dejar el vicio de la bebida.
Nota: cuando a Awó Ogbe Sa se le ve Ogbe Yono, se debe de hacer esta obra o ceremonia.
Awó Ogbe Sa debe de usar sandalias de cuero de Venado.
23.Haga las cosas completas
Había un cazador que hacía varios días que no cazaba, y por lo tanto se preguntaba la razón de esto; haciendo reflexión, decidió ir a casa de Orúnmila, que le hizo osode y le mandó ebó.
El cazador fue al otro día a casa de Orúnmila para hacer el ebó, pero solo llevaba la mitad de lo necesario. Después llegó el Venado y le dijo a Orúnmila que no tenía un momento de descanso por causa del cazador; Orúnmila le hizo osode y le mandó la misma rogación, y este le llevó la mitad.
A los pocos días se apareció el Venado muy triste, y le dijo a Orúnmila que el cazador le había matado a su hijo. Orúnmila le contestó que se alegrara, porque la rogación se había hecho a medias y no había alcanzado para él.
Después se apareció el cazador quejándose de que, entre los Venados que vio, cazó el más chico. Orúnmila le contestó: alégrate, porque el ebó que hiciste lo realizaste a medias; confórmate con lo que cazaste.
Nota: haga las cosas completas.
24.La traición del carnero al mono
El Gato y el Perro estaban juntos en la casa, pero llegó el momento en que el Perro se comía la comida del Gato, y este no podía parar en la casa, porque ya antes el Gato había arañado al Perro para quitarle la comida.
El Gato decidió ir al monte para ver al Tigre, para darle cuentas de lo que había hecho el Perro. El Tigre llamó al León para decirle lo del Perro, y ambas fieras acordaron dar una gran fiesta y una comida, adonde convidaron a todos los animales, entre ellos al Carnero y al Mono, que eran grandes amigos. Pero ninguno de los dos asistió, porque el Carnero decía que los animales mayores los perseguían para comérselos, y el Mono dijo que a él le tenían ganas porque se trepaba en los árboles y se comía todas las frutas maduras.
El día de la comida, la rama del León llegó primero y se pusieron en la mejor parte, y al llegar la rama del Tigre empezó la guerra entre todos los animales, excepto el Elefante, que como venía con mucha calma llegó último. En estas condiciones, Olofin preguntó por qué peleaban, y ellos contestaron que estaban muy quejosos, y que la lucha se debía a la gran escasez de alimentos, porque los Monos se comían todo de las Matas y ellos no alcanzaban.
Entonces Olofin mandó a traer al Mono y, sabiendo que el Carnero era amigo del Mono, le prometieron que no lo molestarían más si lograba traerlo. El Carnero se comprometió a traerlo, y se hizo de una trampa, una cadena y un bozal, una soga y cocos.
Pero ya el Mono se había mirado con Orúnmila, y este le había ordenado rogarse la cabeza tres días seguidos y no salir a la calle, porque había una trampa y traición.
Cuando el Carnero llegó a la casa del Mono, la mujer de este no lo dejó entrar y le dijo que no estaba, que se fuera, porque el Mono no se encontraba en la casa y no se sabía cuándo regresaría. Pero el Carnero preparó la trampa en la puerta, y al saber el Mono que su amigo el Carnero estaba allí, salió a la puerta para verlo, y el Carnero le dijo: «Vine a verte para traerte estos cocos». Al irlos a coger, el Mono cayó dentro de la trampa, donde lo amarró y lo amordazó, llevándoselo.
Ya cuando iba caminando, al pasar por las lomas, el Mono evocó las regiones de lo alto y de los bajos, implorando por Yanzán. Entonces se abrió la tierra y salió un volcán con mucha candela, que quemó la soga del amarre y salvó al Mono. Al presentarse el Carnero ante Olofin, le dijo a este que iba a dejar la búsqueda del Mono; pero como ya Olofin sabía la verdad, mandó a Ogún a que le cortara la cabeza al Carnero.
25.El hombre que compitió con el caballo
Un gallo directo a Eshu-Elegba, 2 palomas blancas, diez manillas, un pato (que no se mata y se lleva a Yemajá al mar), ropa azul y blanca, 7 ñames, un saquito de frijoles carita, jutía y pescado ahumado, melado, miel de abejas, maíz tostado, mucho dinero.
Nota: aquí la persona debe hacer Santo. Es muy posible que sea hijo de Obatalá, Olokun o Azojuano, Yemajá o Shangó.
Era una persona que estaba muy mal de todo y aburrida de sus males. Se sentó en la puerta de su casa a pensar cosas malas. Pasó un viejo que era Azojuano (Babalú-Ayé) y le preguntó qué le daba si él lo ayudaba a salir de sus apuros. La persona le ofreció su casa (Ilé). El viejo lo mandó a casa de Orúnmila, y este le hizo osode viéndole este Ifá, y le dijo que tenía que hacer ebó para que fuera a gobernar a un lugar y consiguiera lo que él deseaba.
En este tiempo, el Oba de esa tierra organizó un concurso a caballo, y el que ganara sería el gobernador de ese lugar. Cuando la persona se hubo hecho el ebó, se enteró por los papeles que le trajeron, salió y se presentó a Yemajá. Esta le dijo que se presentara al concurso y que le dijera al Oba que él correría a pie. Así lo hizo el hombre, y al decirle al Oba la situación, este se echó a reír, pero de todas formas lo admitió en el concurso.
Cuando todos fueron a buscar la bandera azul, él salió y fue a casa de Yemajá; esta le presentó un pato (ekuekueye) y le dijo: «Monta ahí, que yo soy tu madre (iyare) y te ayudaré». El hombre (okuni) se montó, y según iba caminando, el pato iba creciendo, y cuando hubo tomado el tamaño de un caballo (eshi), ya él había llegado al lugar primero que los demás; los otros se habían quedado en el camino como estropeados, porque el hombre iba como volando.
Cuando el hombre cogió el asta y oroko y viró para atrás, hacia donde estaba el Oba, el pato se iba poniendo chiquito, y cuando llegó al lado de la casa de Olokun, Yemajá lo estaba esperando; el hombre le dio las gracias y le devolvió el pato, y le ofreció una buena recompensa.
Cuando el hombre le entregó la bandera (asia) al Oba, este se puso muy contento al ver que él, siendo más chico y a pie, había ganado, y le puso su corona. Cuando el hombre tomó posesión de su cargo, se llevó al viejo a su lado, y Olokun iba constantemente a su casa. De esta forma llega el estado de tranquilidad y prosperidad para el Awó.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.
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