Ogbe Ate
Ogbe Irete · Ogbe Si Lekun Ote · Ogbe Mata
«Se lanzó Ifá para la máscara de Egun: este es el que sanó a la prosperidad, el que desplegó y difundió por el mundo la adoración de Orúnmila y el que cargó bajo las axilas las botellas de bebida».
Rezo de Ogbe Ate
OGBE MATA ALAMATA, ALAMATA OMO AWOSHE MAFITARUN ADIFAFUN OMA OBANISHE AIKORDIE, ADIE, EKU, EJA, ILA, EFUN, OU, OBATALA OWO MESAN ELEBO.
En este odu nace
- Oshún.
- La peste.
- Todos los poderes del cerebro y del sistema craneoencefálico.
- La madre de Abita, Ará Unlá.
- Ogún Zarabanda.
- Osun.
- Parte de los secretos de Osanyin.
- El mal de San Vito.
- Elegba de caracol.
- Obokoyé, la sombra protectora de Ogbe-Ate; el padre de la sombra se llama Obe Ikun. Este camino es de la tierra Iyesá.
- Ode.
- La gonorrea.
- La tortura.
- La cadena del Mono.
- La ceremonia de Olokun, donde se llama al espíritu de Efe Akaro.
- Donde Osanyin vive con Shangó.
Este odu marca
- Un poco de impotencia.
Este odu señala
- Dislocación del cerebro.
- Que Ogbe-Ate ve la corona pero nunca podrá alcanzarla; aunque el Awó de este signo llegue a recibir Olofin, que es la cúspide de esta religión, es difícil que pueda trabajarlo él mismo y mucho menos aún ser reconocido como Obá, pues ese es su destino en la tierra.
Aquí habla
- De problema de justicia.
- De accidentes en vehículos.
- De que Ikú entra y sale de su casa.
- De que Oshún está impaciente esperando por usted.
- De que Orúnmila siempre hace algo por las mujeres.
- De poner dentro de Ogún un freno para el control de los hijos y de los ahijados.
- De ponerse una faja de cuero de toro en la cintura para resolver situaciones.
- Aquí se conocieron Oshún y Ogún.
- De tener cuidado con las mujeres.
- De que aquí botaron a Orúnmila al río.
- De chisme de mujeres.
- De contagio y enfermedades infecciosas.
- De pérdida del cerebro.
- De un viaje y de dificultades para realizarlo por causa de una mujer.
- De levantamiento de mano a una mujer que quiere gobernar a los hombres.
- De problemas de bronca por mujeres.
- De calumnias o falsos testimonios que le van a levantar; no le sucederá nada.
- De niño majadero y de persona que se está secando dentro de su casa.
- De que su mujer se le quiere ir y que debe hacerle santo a ella.
- De que usted mismo se desbarata sus cosas.
- De que pasó o va a pasar un gran susto, y de que tiene la boca dura.
- De un hijo que tendrá que hacer Ifá antes de los 7 años para afianzarlo en la Tierra y que no se muera.
Este odu prohíbe
- No se puede tener jaulas vacías en la casa.
- No se puede levantarle la mano a ninguna mujer ni faltarle el respeto.
- No se puede tirar piedras (fundamentalmente para niños y adolescentes).
- No se anda con Mayombe (por lo menos para el mundo).
Este odu recomienda
- Ponga en su Ifá un pedazo de palo Quiebra Hacha.
- El Awó de este Ifá debe tener un Ókpuele de metal para que Oshún sepa que está trabajando Ifá.
- Ponga trampas a Elegba y a Ogún.
- El Awó de este Ifá debe mirarse con otro Awó cuando está enfermo.
- Reciba a Orúnmila, a Oshún y a Ogún para que no vaya preso.
- Cuide a Elegba.
- No deje dormir a nadie en su casa para que no se busque problemas.
- Dé un pescado fresco a su cabeza, para que pueda salir bien de sus asuntos.
- Su mujer debe moderar su boca, pues habla mal y puede traerles problemas.
- Por Osobo: no tenga gallinas echadas en su casa.
- Hay que tener cuidado con los hijos: tenga 1 o 2, nunca 3, porque el tercero puede salir malo, enfermo, anormal o costarle la vida.
- Atienda a un Egun que es su sombra.
- Poner a su Ifá 21 piedras.
- Awó Ogbe-Ate no puede vivir con mujer hija de Oyá porque lo destruye.
- Se le da venado (Agbaní) a Orúnmila y con los sesos se ruega la cabeza.
Refranes de Ogbe Ate
- Es aplanado.
- Divisa la corona, pero no la alcanza.
- La comadre compra escoba nueva.
- La lengua perdió la cabeza.
- No hay lengua que en la vida Dios no castigue.
- Mientras la comida no está cocida, no se saca del fuego para comer.
- Un hombre trabajador rara vez está necesitado.
- El que puede hacer algo mejor que lo que hace y no lo hace, es el mayor de los vagos.
- El que tiene sus brazos y no los trabaja, es el padre de la haraganería.
Hierbas del odu
- Cardón
- Cabo de Hacha
- Gandul
- Hierba Fina
- Cuajaní
- Atiponlá
- Dagame
- Verbena Cimarrona
- Quita Maldición, conocida como hierba de Sapo (Shewerekuekue)
Relación de obras del odu Ogbe Ate
El Ókpuele de Ogbe-Ate es de palo Quiebra Hacha; se pone a comer gallo con Shangó y después un pescado con Ogún, para que nunca diga mentiras. También debe tener un Ókpuele de metal para que suene al ser tirado, para que Oshún sepa que está trabajando Ifá.
Excremento de perro callejero, cáscara de matas de Aguacate del naciente y del poniente, que se cocina y se muele. Todo se liga con ataré meta para tomar.
21 palos fuertes, cabeza de 2 majases, cabeza de jicotea, de jutía, huesos hechos polvo, piedra pequeña, cuentas de santos, calabaza, 3 peonías, arena de río, limallas, cabeza y colmillos de gato, tierra de Ceiba, 3 palomas, 7 pimienta de maravilla. Las 3 palomas se le dan a Egun. Después siempre comerá guineo; se forra en cuentas negras, verdes y amarillas; come paloma y pescado.
1 pollo y una gallina clueca: se mata el pollo y la gallina se suelta con los ingredientes.
Una copa de hígado de res y corazón de res ligado con otra parte igual de aceite de hígado de bacalao; se le echa una yema de huevo, se bate y se toma una vez al día.
Agua con corteza de Cuajaní de los 4 lados, corteza de mango y raíz de Dagame.
A Elegba se le dará un cerdo. Se abre una zanja o se le da al pie de un caño o desagüe al aire libre; se le da sangre a Elegba, a la zanja o al caño y a 5 jícaras que se ponen alrededor de Elegba. Se pone un recipiente con agua, se echa un poco de agua en cada jícara y se le sacrifica el cerdo a Elegba, a la zanja o al caño y a las 5 jícaras. El cerdo no se abre. Se viran las jícaras al revés y se ponen de mayor a menor, y con un palo de Yamao se toca el borde del recipiente de agua cantando súyeres de Elegba. Después se le da un gallo.
Cuando sale este odu hay que darle un gallo a Abedú, y si no se tiene este Orisha, se lleva a Shangó al pie de un Algarrobo a las 3 de la tarde y se le da un gallo.
Palos: Yagruma, Yaya, Guayacán, Jiquí, Ácana, Quiebra Hacha, Aroma; fuelle, yunque, cadena, 3 clavos de línea férrea, tres herraduras. A Ogún se le ponen 7 piezas mayores que las que tenga.
Se pone a Oshún a comer junto con Orúnmila, 2 gallinas negras; después se asan y se le pone una a Oshún y la otra a Orúnmila, y después se llevan a donde diga Ifá.
2 majá, cuentas de los santos, cabeza de pescado, de gato, limallas, jutía y pescado ahumado, manteca de corojo y cacao, maíz tostado, cascarilla, aira, anun, obi motiwao, eru, obi kolá, obi edun, osun naború.
21 palos fuertes, 2 cabezas de majá, de guineo, tiñosa, piedra chiquita, calabaza, 7 pimienta de guinea, 3 peonía, arena de río, tierra arada, limallas, 7 pimienta de maravilla, jutía y pescado ahumado, manteca de corojo, obi motiwao, obi edun. Come sangre de tres palomas con Ogún; después come guineo. Se forra en cuentas verdes, negras y amarillas. También come pescado fresco con Ogún.
Pescado fresco, gallina blanca, tres clases de albahacas, espanta muerto (Aberikunló) y algarrobo. En el piso, dentro del círculo, se pintan Oshe-Turá, Ogbe-Ate, Otura-Niko y Otura-She. En la tela negra se pone la atena del Egun correspondiente. Al comenzar se le pide la bendición a la mamá. Este Paraldo va para el río. Debe coger ropa sudada en tiras que se amarran a las patas de la gallina; se limpia con tela blanca y se deja aparte para envolver el Paraldo. A esa tela se le echa manteca de cacao y cascarilla, agua de coco tierno y aguardiente.
Después de que el interesado se bañe con un poco de omiero del Paraldo, se le echa por encima un poco de agua de coco tierno, y al pie del Ángel de la Guarda del interesado, o del Osha que salió a defenderlo en el osode, se le pone una lámpara.
Pollo negro, paloma negra, coco, 2 velas, cazuelita de barro, carne de res, aguardiente, miel de abejas, 2 gallinas, jutía y pescado ahumado, manteca de corojo, maíz tostado, telas rituales y hierbas: Algarrobo, espanta muerto (Aberikunló), Albahaca, Atiponlá y demás ingredientes de los Oparaldo. Va al pie de una mata de cardón o de una mata de Atiponlá, y ahí se le da una sangre al Oparaldo. Se prepara por separado omiero de hierba Atiponlá para que el interesado se lave las manos, la cara, la nuca y las articulaciones de los brazos y las piernas.
Se procede a hacer el Oparaldo como de costumbre; cuando llegue el turno de los animales, primero con el pollo negro y después con la paloma, se canta:
Cuando este Oparaldo se lleva a su destino, allí se le da una paloma y se canta:
Una gallina clueca, un coco, un pollo, 2 huevos de gallina, las telas rituales, una piedra; hierbas: Algarrobo, espanta muerto, albahaca, maravilla, hierba sapo, Atiponlá y demás ingredientes de los Oparaldo. Se pone dentro del círculo de cascarilla un lazo grande de soga y dentro de la casa se enciende una vela. Ese lazo, al comenzar el Oparaldo, se le pasa al interesado por la cabeza y se le saca por los pies, se corta en 4 pedazos y se echa dentro de la cazuela del Oparaldo.
Se toma cocimiento de corteza de mango y raíz de Dagame.
Se coge un huevo de gallina y se envuelve en tela amarilla, y a la mujer embarazada se le limpia la barriga al pie de Oshún y se dice: «Oshún, según la gallina pone huevos y saca sus pollos, que esta mujer tenga a su hijo sano y salvo».
Una jícara con oshinshín, una jícara con caldo de ñame y una tercera con caldo de quimbombó y calabaza. Se le dan tres palomas blancas, estas se cocinan y se le pone una encima de cada jícara. Cuando se llama, se canta el siguiente súyere:
Una piedra chiquita y una gallina se entierran al pie de una Ceiba y se les da sangre de pichón de tiñosa y de guineo. Todo esto se cocina con oshinshín y se pone al pie de la Ceiba (Aragba), y se llama a Orun Laye con un cencerro. Se le enciende una lámpara de varios tipos de aceites y palos con un poco de luz brillante, y tocando el cencerro se canta el siguiente súyere:
Cuando el Awó tenga un enemigo, prepara 9 candelabros de cepa de plátano y se los enciende con 9 velas a Ogún y a Orun Laye. También se preparan 9 candelabros de cepa de plátano y se le encienden con una vela a Egun y a Orun Laye.
Polvo (Iyé) de semilla de calabaza, de semillas de mamey colorado, canela y los adimuses que se le pusieron a Ogún.
A Ogún se le da un chivo y se reparte.
Se tomará hervido tabaco y un bejuco de cochinilla; también se puede usar para baños de despojo.
Se le ponen a Oshún cinco instrumentos o útiles de labranza confeccionados en metal amarillo, que se montan en una corona; antes de lavarlos con omiero se pasan por el tablero.
Se cogen tres pescados pequeños, se les sacan las tripas y se rellenan con bicarbonato y cenizas; se ponen en la puerta de afuera, en la acera. Al otro día, si están ahí, se lleva uno al río, a Oshún; otro a la manigua, a Ogún; y el otro para la cabeza.
Se untará su cuerpo con manteca de corojo y de cerdo, y se acuesta desnudo en la estera sobre hierba peonía (ewe Iwereyeye); después se baña al día siguiente con hierba prodigiosa y verdolaga (ewe dundun y papisami).
Awó Ogbe-Ate se tiene que preparar una faja de cuero: un cinto de cuero de res, una cadena y un pedazo de cáñamo; con esas tres cosas se teje una trenza. Se va a la manigua o al monte llevando la trenza, jutía y pescado ahumado, manteca de corojo, maíz tostado, miel de abejas, tres monedas de un centavo e Iyefá de Ogbe-Ate; se busca una piedra del tamaño aproximado de un huevo de gallina, la cual se ata a una de las puntas de la trenza.
A la trenza con la piedra se le echan esos ingredientes y se llama a su odu patrón de Ifá; después, haciéndola arrastrarse por la otra punta, se saca del monte o manigua, se lleva para la casa y se le pone a Ogún tres días, y se le da un gallo después de haberla lavado con omiero de Ogbe-Ate, Cabo de Hacha, Atiponlá y nieve fría. A los tres días se vuelve a lavar la faja para que Ogbe-Ate la use.
Se manda a hacer una cruz del tamaño de la persona, y en el entronque de los brazos se carga con: eru, obi kolá, osun naború, cerebro de muerto viejo, cerebro de Egun niño, cerebro de tiñosa, 16 ewe iga, raíz de Aragba y tierra de ilé Oke. La cruz se lava con omiero de Ifá y come 8 eyele funfun.
El primer domingo de cada mes se pinta en el patio la siguiente atena de Ifá: Oshe Tura, Ogbe Ate, Okana Sa, Otura She. Sobre esta atena se acuesta la cruz, y Awó Ogbe Ate, a las 12 del día, reza su odu de Ifá y se acuesta en short sobre la cruz; ese día no se sale a la calle. A las 6 de la tarde se ruega la lerí con lo que haya determinado Ifá. Esto se hace porque Awó Ogbe Ate nació un Domingo de Resurrección.
- Ebó: Akukó, osaidie meta, eyele meta, ayapá, eñí adié, eleguedé, bogbo ashé, inlé erita merin, adié meyi, abití, omí ati añarí ilé ibú, demás ingredientes, opolopo owo.
- Ebó: Akukó, osaidie meta, ekuté, eran agbaní (carne de venado), insu de tigre, ewefá, eku, eya, epo, asho araé, abití, opolopo owo.
- Ebó: Osaidie shashara, eya tuto, akordié, 16 okuá keké, asho araé, tierra de un caracol, omí ati inlé ibú, eku, eya, epo, awado, opolopo owo.
Jio-jio, eya tutu keké, quimbombó, inshu (ñame), epo, orí, efun, awado, opolopo owo.
Tres días antes de este ebó se hará lo siguiente: se toman los dos eya tutu keké y se le ruega a Shangó, y se van desbaratando, sacándoles la lengua, los ojos y las aletas; se toma el quimbombó, que se irá desbaratando también pidiéndole a Shangó, y se hará lo mismo con el ñame. Después, todo eso desbaratado se pone a cocinar, haciendo una pelota con epo, y se pone encima de Shangó con orí; se vuelve a rogar a Shangó, y a los tres días se hace el ebó dándole el jio-jio a Elegba y se le dan cuentas; ese jio-jio va dentro del ebó.
Este ebó va para la sabana, donde haya una mata, y se rezan los siguientes odu: Ogbe Ate, Odi Bara y Odi Yekun.
Eshu-Elegba del odu Ogbe Ate
Se confecciona con una piedra china pelona, tres caracoles o dilogunes (para la boca y los ojos), pluma de loro y una cuchilla; la pluma de loro se le pone a la cuchilla. En la carga lleva: tierra de cangrejo, de cuatro esquinas, tierra cogida en un remolino de viento, hierba fina y hierba garro, hierba muñequita, 13 pimienta de guinea, eru, obi, kolá, obi motiwao, orogbo, osun naború, aira.
Patakíes del odu Ogbe Ate
1.Abaketekete cura a la deidad de la prosperidad
Ogbe Ate fue un Awó famoso en el Cielo, donde lo llamaban Abaketekete. Su obra más grande fue sanar a la deidad de la prosperidad, llamada Ola Aje en yoruba y Uwa en beni. Ola Aje tenía muchos enemigos que de noche se convertían en ratones para morderlo mientras dormía. Todos los Awós del Cielo lo sabían y habían intentado curarlo, pero fracasaron: cuanto más lo trataban, más se enfermaba. Ola Aje poseía tres cuartos con las puertas cerradas con cerrojo: en el primero estaba encerrado el mensajero de la Muerte, con una porra en la mano para matar a golpes a quien osara entrar; en el segundo vivía Ogogohiahia, un agente de la divinidad de la hechicería capaz de tragarse a quien se atreviera a pasar; y el tercero guardaba todos los dones de la prosperidad, capaces de enriquecer a quien lograra entrar en él.
Como pago, a cada Awó que intentaba la curación se le ofrecía tocar en la puerta de cualquiera de las tres habitaciones. Casi todos escogieron la puerta equivocada y jamás volvieron a salir. Cuando ya no quedaban Awós, le llegó el turno a Abaketekete, oruko Ogbe Ate. Ola Aje le mandó recado de que la deidad de la prosperidad estaba gravemente enferma y necesitaba que fuera a curarla. Al recibir el mensaje, invitó a sus dos ayudantes favoritos, Uroke Mi Lawo Ligorin y Uroke Mi Lawo Leturuye, para que le adivinaran. Sonaron a Ifá y apareció Ogbe Ate: debía sacrificar un chivo a Eshu y conseguir una paloma, una rata, un pescado cabeza de gato y 50k en jabón para preparar un jabón especial de baño para el viaje. Hizo el sacrificio sin demora y se buscaron las hojas apropiadas.
Sus ayudantes le revelaron que lo que atormentaba a Ola Aje estaba dentro de su propia casa, y que si el enfermo se bañaba con aquel jabón vería en sueños la identidad de los culpables. Armado con el jabón, Abaketekete partió. Encontró a Ola Aje realmente enfermo, lo bañó con el preparado y le entregó una tela blanca especial para cubrirse al dormir. Esa noche Ola Aje soñó que una de sus esposas se transformaba en ratón y entraba en su cuarto; al instante salía un gato de la jabonera preparada por Abaketekete, perseguía al ratón y lo mataba. Luego su servidor favorito se convirtió en una rata gigante y el gato lo capturó. Uno tras otro, los seis miembros de la casa se transfiguraron en ratas para morderlo, y todos fueron eliminados por el gato. Ola Aje durmió en paz el resto de la noche.
Por la mañana agradeció al Awó su curación. Entonces se oyeron llantos: cinco de sus esposas y su servidor favorito no despertaban. Solo Ola Aje y el Awó supieron la causa de aquellas muertes misteriosas. Los cadáveres fueron arrojados lejos y enterrados, y a los 7 días Ola Aje estaba completamente sano, con el Awó todavía a su lado.
Al séptimo día el Awó pidió permiso para regresar a su casa. En agradecimiento, su anfitrión le dijo que abriera una de las tres puertas de su tesorería y cogiera lo que viera. Cuando se disponía a abrir, Eshu se transfiguró en un jovencito que le trajo agua de beber y le advirtió que no entrara en los dos primeros cuartos: debía tocar en las puertas y, tras oír el sonido de tres gongos, saludar a sus ocupantes diciendo que estaba de pasada, porque las cosas buenas estaban en la tercera habitación. Dicho esto, el muchacho se fue.
Abaketekete actuó como le indicó el joven. Al llegar a la tercera puerta quedó indignado por la aparente ingratitud de Ola Aje, pues comprendió que sin el aviso de Eshu probablemente estaría muerto. En lugar de abrir, decidió provocar un estrago en el Cielo para que Dios interviniera y juzgara la buena o mala fe de Ola Aje, y empezó a cantar:
Mientras cantaba, un niño que esperaba venir a la vida por medio de Abaketekete habló desde el interior de la tercera habitación: omiala kpeji. El Awó llamó a Alakpejio y el niño respondió: omi ro ni o. Abaketekete cambió el tono de su canción y le habló así:
Después tocó en la tercera puerta y una voz le pidió que abriera. Al hacerlo, un niño corrió a abrazarlo llevando una corona en la mano; se la entregó y le dijo que se la pusiera. Al ver aquello, Ola Aje reconoció la hazaña de haber abierto la puerta correcta; sin embargo, en cuanto Abaketekete estuvo dentro, conjuró la puerta y esta se cerró de golpe, dejándolo encarcelado. A los tres días, su ángel de la guarda le habló y le pidió que perseverara, porque la perseverancia engendra prosperidad.
Ola Aje decidió someterlo a una prueba final: lo dejaría regresar con toda la riqueza de la habitación si era capaz de mostrar un carnero padre, un pato y una paloma. Al instante, Eshu amarró a una soga los huesos de un carnero padre, de un pato y de una paloma, la sopló contra la pared, esta se abrió para dejarla pasar, y en cuanto los huesos entraron en la habitación se transformaron en animales vivos. Tras el milagro, Abaketekete respondió a Ola Aje que abriera la puerta y vería a los animales. Ola Aje abrió, tomó la soga para sacarlos y soltó a Abaketekete para que se fuera con todas las riquezas de la habitación. El niño le dijo que se le uniría en cuanto llegara a su casa. Llegó en medio de una gran alegría, su esposa quedó embarazada al mes siguiente y dio a luz un niño que fue llamado Alakpeji y Adeyemí.
Cuando este odu se manifiesta en Igbodun, se le dice a la persona que sirva al nuevo Ifá con un carnero padre, un pato y una paloma, y a Eshu con un chivo. Debe advertírsele que poco después de preparar el Ifá pudiera producirse un acontecimiento que lo lleve a su arresto; sin embargo, será puesto en libertad si los sacrificios se realizaron por adelantado, y el incidente marcará el comienzo de la prosperidad. Tendrá un hijo tras la culminación de la ceremonia de Ifá, que será llamado Adeyemí o Alakpeji. En adivinación debe decírsele a la persona que tenga cuidado al extender su bondad a la gente, para evitar el riesgo de perder la vida por la ingratitud de sus beneficiarios.
2.La adivinación para Olokun y sus hijos, los peces
Cuando Olokun se disponía a venir al mundo, fue a ver a Ogbe Ate en busca de adivinación. Le aconsejó hacer sacrificio con numerosos caracoles, cauríes y cascarilla, y darle a Eshu un gato. Le anunciaron que tendría muchos hijos en la Tierra, pero que debía sacrificar para no perderlos ante la traición y la falsedad del mundo.
Olokun realizó los sacrificios, pero olvidó servir a Eshu. Al llegar al mundo tuvo muchos hijos, y entonces Eshu invitó a los seres humanos a alimentarse de ellos, que son los peces del mar. Al ver que perdía a sus hijos, Olokun volvió por adivinación, y le dijeron que había fallado por no servir a Eshu antes de salir del Cielo: debía ofrecerle un macho cabrío y un gato, y añadir otro sacrificio.
Después de aquello, Eshu frotó los cuerpos de sus hijos con un líquido viscoso de oro que dificultaba atraparlos con las manos. Esa es la razón por la cual el cuerpo del pescado es resbaladizo al tacto. También se les advirtió a los hijos que no abandonaran la casa de sus padres, para no caer en manos de los numerosos enemigos de su padre; por eso los peces no salen del agua, pues ningún animal es capaz de capturarlos con las manos dentro de la casa paterna.
Cuando este camino se manifiesta en adivinación, la persona debe hacer un sacrificio similar para evitar perder a sus hijos por la iniquidad de la humanidad.
3.El Awó preso que salvó a Olokun
Cuando Ogbe Ate decidió salir hacia el mundo, fue por adivinación a casa de tres Awós, que eran:
Le indicaron sacrificio para que la prosperidad que había ganado en el Cielo lo acompañara en el mundo: debía servir a su Ángel con 50k de pescado, dar una paloma a la divinidad marina y un macho cabrío a Eshu. Cumplió los sacrificios, pero olvidó servir a Eshu. Cinco días después, mientras partía la nuez de kolá para servir a su Ifá, mandó a pedir otra rueda de pescado y sirvió a Ifá con ella. Pasados otros cinco días, Ifá pidió pescado de nuevo; esta vez se negó a comprarlo y decidió ir a pescarlo al río, saliendo con su bolsa y su vara de adivinación (Uranke y Akpominijekun).
Al llegar puso la bolsa en el suelo y sumergió su Uranke en el agua: al instante varios peces se pegaron a la vara, los subió y los metió en la bolsa, y al volver a meterla se pegaron nuevos peces. Mientras los sacaba, Eshu se transfiguró en un policía que salía del agua, lo saludó y le preguntó qué hacía; él explicó que pescaba, y el policía lo acusó de robo porque el agua no le pertenecía. En la discusión, el policía lo abofeteó y lo arrestó, llevando como prueba el pez capturado, y lo condujo ante el comandante de las fuerzas armadas de Olokun. Instruido de cargos, fue acusado de robo, atado con cadenas y arrojado a confinamiento solitario.
Al día siguiente, la esposa del comandante limpiaba la casa cuando vio la celda donde estaba Ogbe Ate. Ella lo saludó, y él le dijo que su esposo se preparaba para la guerra, pero que debía hacer sacrificio para no sufrir contratiempos tras su victoria: que sirviera a Eshu con un chivo antes de partir. La mujer corrió a contárselo, pero el comandante se negó a escuchar el consejo y juró que al regresar pisaría la sangre del prisionero. Cuando fue enviado a combatir contra un ejército rebelde, pasó ante Ogbe Ate y le repitió que lo pisotearía a su regreso. El prisionero cantó:
Es decir, que la profecía del sacerdote de Ifá se manifestaría con seguridad.
El comandante libró una gran batalla y salió victorioso; regresó con botines y prisioneros y fue directo al Palacio de Olokun a reportar su triunfo. Al terminar, Eshu se puso a trabajar e influenció al jefe concejal de Olokun para que insistiera en que no bastaba con narrar la victoria: había que demostrarla. El general pidió a su banda que tocara la melodía de su danza de guerra; a medida que el canto crecía, quedó como poseído, empezó a bailar y a mostrar cómo había usado su espada, lanzándola varias veces hacia arriba ante el asombro de los espectadores. En un momento, Olokun se levantó para abrazarlo y bailar junto a él, y al lanzar el general su espada, esta cayó sobre Olokun, atravesándole el cráneo y dejándolo en coma. El baile terminó de golpe y el consejero influenciado por Eshu ordenó encarcelar al general, acusado de intentar asesinar a su amo.
Antes de esto, la esposa había discutido con Ogbe Ate, todavía preso, diciéndole que si era capaz de profetizar para otros, por qué no se salvaba él mismo. Él le pidió que enviara un mensaje a su propia casa para que ofrecieran un chivo a Eshu, lo cual se hizo de inmediato, antes de la herida de Olokun. En ese momento fue invitado Osonjin (Osun en beni), la divinidad de la medicina, para curar a Olokun. Al llegar, Osonjin le dijo al general que atravesaba aquella situación por haber quebrantado la ley del Cielo al detener a un Awó, lo cual está prohibido, y proclamó que el Awó debía ser soltado, porque era el único que podía salvarle la vida a Olokun. El general admitió que tenía un Awó preso que había predicho lo sucedido y que él se había negado tercamente a escucharlo.
Cuando fueron a soltarlo, Ogbe Ate se negó a ser liberado descortésmente: exigió dos hombres, dos mujeres, dos cabras y dos chivos para tranquilizarse, no fuera a producirse un caos en el Cielo. Los presentes fueron traídos del Palacio de Olokun, y al salir ofreció uno de los chivos a Eshu. Aquí es pertinente señalar que Eshu puede ser servido en cualquier parte, poniendo en el suelo palos con ganchos o garfios e invocándolo para que acepte la ofrenda.
Al llegar al Palacio, sacó una hoja, la estrujó y la aplicó a la herida con el encantamiento especial para detener la sangre; aplicó el líquido a los ojos de Olokun y lo golpeó con su vara de adivinación. La sangre se detuvo y Olokun recobró el conocimiento. En agradecimiento por la rápida curación, Olokun le pidió que nombrara su recompensa, y el consejero, influenciado por Eshu, le aconsejó pedir todas las pertenencias del general y al propio general. Así lo hizo, Olokun lo aceptó y añadió algunos regalos. Amarró al general y se fue a su casa con todos sus efectos personales y sus seguidores.
Al llegar, sus seguidores insistieron en que el general debía ser ofrecido en sacrificio a su Ángel de la Guarda por el destino que él le había querido dar. Ogbe Ate invitó a sus tres Awós e insistió en actuar según la tradición del ifismo: «Errar es humano y perdonar es divino». Sacó una de las cabras entregadas por Olokun, tocó la cabeza del general con la de la cabra y lo soltó para que regresara a su casa. Mientras la cabra era sacrificada, los Awós cantaban:
Cuando este odu se manifiesta en adivinación, se le dice a la persona que se cuide de mantener un comportamiento despectivo e insolente, y que le ofrezca un chivo a Eshu para evitar el riesgo de arresto y encarcelamiento fortuito.
4.Los viajes de Ogbe Ate a la Tierra y la corona que rechazó
Antes de partir al mundo, Ogbe Ate fue a un adivino llamado Okonjajaja ejija a ja, quien le dijo que no le quedaba sacrificio por hacer: dondequiera que llegara sería hecho rey, por la corona que ya se había ganado durante sus pruebas. Viajó con su esposa hacia la Tierra, pero al llegar al río Ominokpo, el que separa el Cielo de la Tierra, cayeron al agua y se ahogaron. En las profundidades, los peces se alegraron y agradecieron a Dios por enviarles un rey. Cuando se disponían a coronarlo, él preguntó el nombre del lugar y le respondieron que era la tierra de los peces. Replicó que, como acostumbraba a servir su Ifá con peces, no podía convertirse en su rey; rehusó la corona y regresó al Cielo.
Allí consultó a otro adivino llamado Okan, quien le confirmó que no le quedaban sacrificios pendientes, porque la realeza lo esperaba en la Tierra, y que esta vez no tendría motivos para regresar prematuramente. Partió de nuevo con su esposa y llegó a la tierra de las ratas, que también celebraron la llegada de un rey. Al saber dónde estaba, se negó a ser coronado, alegando que acostumbraba a servir a su Ifá con ratas, y volvió al Cielo. Fue entonces a un tercer adivino, llamado Oke ranyin eji ranyin, que le repitió que regresara a la Tierra. Esta vez llegó a la tierra de los animales, y cuando iban a ponerle la corona le explicaron que en aquel pueblo, llamado Lleeron, estaba prohibido lavarse las manos antes de comer. Se negó a instalarse en una tierra donde la gente comía sin lavarse las manos y regresó nuevamente al Cielo.
Consultó por cuarta vez, ahora con el adivino Koko baba, quien le indicó rogarse la cabeza con cinco materiales diferentes y servir a su Ifá con otros cinco. Le aconsejó además que, en cuanto llegara a su destino, se negara a hablar durante los primeros cinco días; después de eso, sería servido por todos los habitantes del lugar. Finalmente llegó con su esposa a la tierra llamada Ibere Aiye (Eziagbon en beni). Su esposa trajo del Cielo una estera, y él un preparado medicinal llamado Agbede Gbeyo (Asekasedu en beni), que le enseñó el idioma del lugar durante los primeros cinco días y le informaba de cuanto sucedía. No habló con nadie en ese tiempo. El talismán le reveló que el hijo del rey estaba enfermo, que todos corrían desordenadamente, y que él solo debía presentarse en el Palacio pasados los cinco días.
Al sexto día guardó ayuno completo y esperó al anochecer para ir al Palacio con la estera de su esposa. Al llegar la extendió y se paró sobre ella, fuera de la puerta. Cuando el Obá le preguntó quién era, dijo ser un discípulo de Orúnmila venido del Cielo, un sacerdote de Ifá. El rey lo invitó a entrar, pero los médicos hechiceros tradicionales lo expulsaron, y él volvió a pararse sobre la estera. Al preguntarle el rey por qué seguía afuera, contestó que los médicos le habían impedido adivinar, y el rey lo hizo sentarse para que adivinara para él. Sacó su ikin y le dijo al rey que tenía un hijo enfermo que pronto sanaría si cumplía todo lo que él pidiera; y añadió que si el rey seguía su consejo y el niño no mejoraba, podía ejecutarlo a él.
Con la libertad concedida, empezó preguntando quién de los médicos del rey se llamaba Gbolojo Aja logo Ibini; el hombre se levantó, y Ogbe Ate indicó al rey ofrecerlo en sacrificio en el santuario de la divinidad de la puerta trasera del Palacio. Preguntó después por Otata Awó Aba Loran, que se identificó y fue ejecutado al frente del Palacio. Finalmente preguntó por Oja Mande Firi Sebo, quien también se identificó y fue ofrecido a los ancianos de la noche. El propio rey debía llevar el último sacrificio al cruce de caminos, a Awón Iya Mi Osoronga, es decir, al Rey de la Noche. Ogbe Ate proclamó que si al regresar el rey de ofrecer el sacrificio su hijo no se levantaba a abrazarlo, entonces él debía ser ejecutado. Se hicieron los sacrificios, y cuando el rey volvía al Palacio, su hijo, que llevaba tiempo inconsciente, lo esperaba en la puerta y lo abrazó. El rey exclamó que Orúnmila era realmente adivino y trató de convencerlo de quedarse en Ibere Aiye para siempre.
Los ejecutados eran los líderes de los médicos hechiceros del Palacio. Ogbe Ate le reveló al rey que aquellos tres hombres descendían de tres de los cuatro hechiceros más crueles y malvados que escaparon del Cielo para venir a saquear el mundo, y que la prosperidad y la longevidad tropezarían dondequiera que ellos vivieran. Lamentó que, para borrar sus malignas manos de la faz de la Tierra, habría sido necesario destruir a la parentela completa; como no era posible, haría falta un sacrificio para neutralizar sus tendencias destructivas y corregir el daño ya hecho. Ese sacrificio, que debía hacerse por cada calle, ciudad y pueblo del reino, nunca se llevó a cabo.
Con la esperanza de que sustituyera a los médicos muertos como Jefe de los Adivinos Reales, se le dio albergue en el Palacio. Pero Ogbe Ate descubrió el problema: no podía ayudar a los necesitados fuera de sus muros, pues se prohibía a los ciudadanos buscar la adivinación del adivino real, y a este atender a nadie fuera del Palacio. Declaró que no podía vivir en un medio donde veía a la gente sufrir sin poder ayudarla, sabiendo que podía hacerlo. El rey empezó a fraguar la manera de impedirle ayudar a los demás, y como él conocía lo que tramaba, le advirtió que no trazara ningún plan negativo, porque solo crearía una catástrofe en su reino. El rey le preguntó entonces si quería recompensa: no quiso nada, ni siquiera la mitad de la tierra que le ofreció dividir, pues respondió que no había venido del Cielo a adquirir predios en la Tierra, sino a traerle socorro a la humanidad, y que todo lo que quería era libertad para realizarlo.
El rey le permitió dejar el Palacio e instalarse en el pueblo. Al partir, le dijo que la única reverencia que debía ofrecerle a Orúnmila era esta: dondequiera que viera un santuario de Orúnmila, debía quitarse la corona y tocar el suelo con su frente en señal de respeto. El rey aceptó, sin sospechar lo difícil que le sería cumplirlo. Desde aquel día, dondequiera que el Obá ve a Orúnmila se arrodilla, se quita la corona y toca el piso con la frente para rendir respeto a la deidad de la sabiduría. Esta obligación explica por qué el Obá de Benin apenas visita a sus súbditos: si en alguna casa encuentra un santuario de Orúnmila, allí debe tocar el piso con su frente. Esa tradición se usa hasta el día de hoy. Fue Ogbe Ate quien desplegó y extendió la adoración de Orúnmila por todo el reino de Benin. Y como el rey mató una cabra y varios pollos para darle una fiesta de recepción tras su milagrosa hazaña, él proclamó agradecido que, a partir de aquel momento, todas las ocasiones importantes se marcarían con la matanza de vacas, cabras y aves en todo el reino; por eso los habitantes de Benin celebran sus nacimientos, coronaciones, festejos y muertes con la matanza de estos animales.
Sin embargo, observó que el pueblo de Eziagbon se relacionaba con más afecto con los visitantes que con sus propios parientes y amigos, y se decidió a averiguar por qué no se amaban los unos a los otros. En adivinación recomendó dos sacrificios: uno por el pueblo y otro por el mismo rey. Le explicó que tres de los cuatro brujos más malvados creados por Dios vinieron a vivir a Eziagbon como hijos naturales de los primeros seres humanos que existieron allí, cuyos padres se llamaban Tebite, el esposo, y Teghori, su esposa. Aquellos tres brujos sembraron la cizaña de la maldad en la Tierra y destruyeron la flor de la prosperidad. Aconsejó al rey buscar en el bosque un cerdo vivo para el sacrificio, y hacer una proclamación ordenando que cada calle, pueblo o aldea contribuyera con dinero para que cada comunidad comprara un chivo y sirviera a Eshu, único capaz de extinguir la llama de odio, maldad y divisiones fratricidas, abiertas o encubiertas, de Eziagbon.
Consiguieron un cerdo chico en el bosque y lo amarraron al árbol de la vida. Por la noche llovió con fuerza, y el cerdo excavó la tierra y se enterró a sí mismo en el hoyo. Al despertar, el rey fue a ver cómo había pasado la noche el animal y no lo encontró; al mirar el foso inundado lo vio durmiendo profundamente dentro, y junto a él tres potes. Ordenó a sus escuderos sacarlos: contenían abalorios, cauríes y ornamentos de bronce o latón. El rey mandó soltar al cerdo para que volviera al bosque y guardó los tesoros en la tesorería real.
Por la mañana llegó Ogbe Ate con las hojas apropiadas para el sacrificio, y al preguntar por el cerdo, el rey le contó lo ocurrido. Se enojó: lejos de atesorar aquellos hallazgos, lo que él pensaba hacer era añadirles la sangre y la carne del cerdo y distribuirlas en las 7 entradas principales del Palacio, como medio de recuperar las fortunas que los ancianos de la noche habían enterrado bajo tierra desde el comienzo de la morada humana. Aquel hecho habría desplegado riqueza infinita para el rey y para todo el pueblo, de generación en generación. Como el rey se negó a rectificar, Ogbe Ate le advirtió que su acción significaba que solamente prosperaría la gente que acumulara su riqueza fuera del reino, y que si cometían el error de traerla a sus hogares, tropezarían con toda clase de dificultades en manos de los descendientes de los tres brujos. Añadió que los visitantes de Eziagbon prosperarían sin estorbo para asombro de los nativos, por ser hijos de la sociedad, y que los propios nativos sentirían envidia si uno de sus hijos era visto en el umbral de la prosperidad. Y como el rey quiso atesorar los hallazgos de la fosa, solamente la realeza viviría mucho tiempo en modesta afluencia: de este modo, para poder vivir muchos años, la persona tendría que iniciarse en uno de los cultos practicados en el Palacio.
Esperó una semana a que los ciudadanos hicieran su sacrificio a Eshu, pero al quinto día los heraldos reales regresaron con la triste noticia de que ni una sola calle, pueblo o ciudad había logrado reunir la unidad necesaria para comprar un solo macho cabrío: solo lo hicieron las casas lo bastante acaudaladas para costearlo por sí mismas. Como resultado, declaró que determinadas familias tendrían chorros de prosperidad, pero que buena parte de la riqueza con que prosperaran tendría que utilizarse para salvar sus propias vidas. Esa es la razón por la cual el sacrificio a Eshu con el macho cabrío debía hacerse colectivamente y no individualmente.
Dos días después dejó aquella tierra sin ceremonia alguna, disgustado y sin decir adiós a nadie. Llegó a un lugar llamado Llu Omuo, donde descubrió la tierra habitada por el último de los cuatro crueles hechiceros creados por Dios. Allí lo trataron mal, ofreciéndole una fiesta con carne de perro, que le estaba prohibida. Abandonó el pueblo tres días después, al comprender que solo los hechiceros podían vivir felices en aquel lugar, y antes de partir proclamó que todos los acontecimientos de importancia de esa tierra tendrían que festejarse con la matanza de perros; esa es la razón por la cual en esa área, en el estado de Ondo en Nigeria, el perro es una carne popular dedicada al sacrificio. Luego se fue a Une, conocida ahora como Ilé Ife, donde se instaló por el resto de sus días.
5.La espada del Señor de la Guerra de Ife
Este relato ilustra cómo todo lo que uno experimenta en el Cielo se repite en la Tierra, como se vio en la adivinación que Ogbe Ate hizo para Akogun Oduru, el Señor de la Guerra de Ife, cuando se disponía a ir a la guerra. Le aconsejó ofrecer un macho cabrío a Eshu para que su éxito en la guerra durara hasta el final. El Señor de la Guerra respondió que la victoria lo había acompañado siempre sin hacer sacrificio alguno, y se negó a hacerlo.
En la batalla no tardó en alcanzar la victoria, y regresó con miles de prisioneros y con la cabeza del rey de la ciudad derrotada. En un punto del camino donde se detuvo a descansar, envió dos mensajeros para informar a Ogbe Ate de que había triunfado sin realizar los sacrificios de su «descarriada» adivinación. Ogbe Ate respondió que no tenía motivos para cambiar su palabra, porque aún no había regresado a su hogar y no había visto el final. Justo antes de llegar a Ife, mientras preparaba su procesión triunfal, Akogun envió otro mensajero para que el Awó se preparara a recibirlo; este le devolvió otra respuesta igual: todavía era demasiado temprano para cantar victoria, pues solo había visto la parte frontal de la batalla. Cuando la procesión entró en el pueblo, el amo de la guerra envió un mensaje final, y Ogbe Ate insistió en que el fin de la guerra estaba aún por llegar.
Al llegar la procesión al patio del Palacio, el guerrero empezó a cantar y, mientras reportaba el éxito de su misión, danzaba al ritmo del tambor. Cuando lanzó su espada hacia arriba, esta se desvió y cayó sobre la cabeza del rey, que se desplomó en un charco de sangre. El guerrero fue capturado en espera de juicio y ejecución; sin embargo, antes del juicio apeló: quería hacer un sacrificio antes de ser ejecutado. Lo soltaron temporalmente para que lo hiciera en casa de Orúnmila. Al llegar ante Ogbe Ate se disculpó por su terquedad y le rogó que le permitiera sacrificar. Ogbe Ate aceptó, pero advirtió que, como el sacrificio se había retrasado, Eshu lo había duplicado.
Rápidamente buscó dos machos cabríos para servir a Eshu, y Ogbe Ate le dio Iyerosun del sacrificio para aplicarlo en la herida del rey. Tan pronto el polvo fue aplicado, la herida se cerró y el rey se levantó recuperado. El rey proclamó que un súbdito fiel que había registrado tantas victorias no podía ser ejecutado por un error, y lo soltaron para que guiara a todos los jefes y ancianos en una victoriosa procesión por los alrededores del pueblo, después de darle el título de Baalogun de Ife. Después el guerrero regresó a donde Ogbe Ate y lo recompensó con diez prisioneros de guerra, diez cabras y diez bolsas de dinero.
6.Ogbere y el Olowu de Owu
Mientras estaba en Ife, la popularidad de Ogbe Ate atrajo a varias personas que quisieron aprender de él el arte de Ifá, y tras instruirlas, algunas se volvieron adeptas. Cuando el Olowu de Owu lo mandó a buscar para que adivinara para él, envió a Ogbere, uno de sus sustitutos, porque él estaba ocupado con el Olofen de Ife y no podía emprender el viaje. Antes de despedirlo, Ogbe Ate hizo una adivinación por el viaje y le dijo a Ogbere que fuera con una paloma para servir la cabeza del Olowu, y que el Olowu debía rogarle a él su cabeza con otra paloma: esa ceremonia marcaría el comienzo de la prosperidad para Ogbere y la realización de los deseos del Olowu.
Por su parte, los adivinos del Olowu le anunciaron que vendría a visitarlo un Awó con una paloma con la cual podría servir su cabeza; le aconsejaron no tener remordimientos con el sacrificio y servir también la cabeza del Awó con una paloma. El rey dejó todo dispuesto, anticipándose a la llegada del visitante.
Ogbere llegó a Owu y fue directo al Palacio, donde le dieron una habitación para alojarse. Tras descansar, se presentó ante el Olowu con su paloma y dos nueces de kolá, y le explicó que venía en lugar de Ogbe Ate, ocupado en algunas ceremonias; le transmitió el consejo de rogar su cabeza con la paloma, y el rey consintió con placer, respondiendo que a él también le habían aconsejado servir con una paloma y que estaba preparado para la ceremonia. El rey le confió sus problemas: la pobreza era el principal, y sus esposas no habían podido darle hijos. Ogbere le aseguró que sus esposas tendrían hijos. Después de rogar la cabeza del rey, utilizó la sangre y la molleja molida de la paloma para preparar medicina para las esposas, y al mes siguiente todas quedaron embarazadas.
El rey abrió la habitación de su tesorería y le pidió a Ogbere que recogiera todos los tesoros que encontrara. Abrumado con la recompensa, Ogbere solicitó permiso para instalarse toda la vida en Owu, y le fue otorgado: el rey ordenó construirle una casa por obra comunal y le confirió el título de adivino real. Vivieron tantos años que no tuvieron contratiempos al unirse con sus antepasados; antes de fallecer se preguntaron uno a otro cuál sería la forma de su regreso al Cielo, ya que la muerte había rehusado invitarlos. El rey prefirió vivir transfigurado en la roca conocida ahora como Oke Olumo, que con el pasar de los siglos llegó a llamarse solo Oluwo; y Ogbere tiene su origen dentro de los presentes de Abekuta. Ese fue el origen de la canción siguiente:
Significa:
Cuando este odu sale en adivinación, debe decírsele a la persona que un sacerdote de Ifá vendrá a visitarla; debe servir su cabeza con una paloma y dos nueces de kolá, mientras que, al mismo tiempo, el sacerdote deberá rogar su cabeza con los mismos materiales, de forma que puedan superar sus desventajas y obstáculos mutuos. Cuando se manifiesta en Igbodun, la ceremonia debe realizarse entre el iniciado y su patrón de Ifá. En cada caso, vivirán en prosperidad por tanto tiempo que sus nombres vivirán para siempre.
7.El matrimonio de Orúnmila con Ajiwenu
Ese es el nombre del Awó que adivinó para Orúnmila cuando quiso conquistar a una muchacha llamada Ajiwenu. Antes se le habían acercado varios admiradores y ella se negó a casarse con todos ellos. Orúnmila lo tomó como un desafío y se lanzó a la adivinación para saber qué hacer para ganarse su amor. Le dijeron que hiciera sacrificio, lo hizo, y con el tiempo la visitó, saludándola de la siguiente forma:
Significa:
Ella abrazó a Orúnmila y consintió en convertirse en su esposa.
Por lo tanto, cuando este odu se manifiesta para un hombre que trata de conquistar a una mujer terca, debe hacer este sacrificio y usar el encantamiento especial para solicitar su mano.
8.La máscara de Egun y los tres desterrados
Cuando Egun venía del Cielo no tenía alimento para comer, y llegó a un pueblo llamado Egbo Ona, donde había un árbol de la vida (igi Akoko u Okbinwin). Se agarró a un árbol que estaba en el cruce de caminos, justo a la entrada del pueblo, y gritó: Oohooo, Oohooo. Cuando la gritería llegó al pueblo, la gente informó al Obá de que un hombre estaba vociferando a la entrada y, como los gritos seguían, el Obá fue a ver qué sucedía. Al llegar vio que no tenía ropas: solo llevaba una malla sobre el rostro. Le preguntó qué pasaba, y él le dijo al Obá que no debía permitir que nadie lo viera y que solo andaba buscando a su hermano Oro. Añadió que venía del Cielo y que, cuando su hermano Oro viajaba hacia la Tierra, tomó prestada la única ropa que él llevaba puesta, y desde entonces no se la había devuelto.
El Obá le contestó que nadie llamado Oro había estado en su pueblo y, por falta de un nombre con el cual llamarlo, le puso Ara Onu, el hombre del Cielo, suplicándole que lo ayudara a hacer de su pueblo un lugar próspero y populoso. Egun dijo que debían buscarle ekó, akará, oshosho igbado, que es maíz cocido, y vino de palmera, que le fueron traídos rápidamente. Después de comer prometió regresar en tres meses, y que antes de eso habría prosperidad y la población aumentaría. Sin embargo, en los tres meses que estuvo fuera del pueblo hubo una epidemia general que llevó a la muerte a gran cantidad de pobladores. Al tiempo señalado regresó al mismo sitio y volvió a gritar varias veces. El Obá fue a verlo y le dijo que, en lugar de prosperidad, hubo epidemia, muerte y desolación en el pueblo. Él pidió lo mismo que la vez anterior y, después de comer, prometió regresar a los tres años, asegurando que la ciudad mejoraría. Antes de su regreso, la ciudad se había despoblado y el Obá había muerto.
A los tres años vino al mismo lugar y volvió a gritar. Los jefes de las tribus decidieron que había que matarlo, jurando que nunca le permitirían regresar vivo, y todos los hombres sanos y fornidos del pueblo fueron hacia él con palos en las manos para lincharlo. Cuando se dio cuenta de lo que le pasaría, los conjuró a que mantuvieran las manos en alto y a que nunca volvieran a bajar los palos y estacas con que pretendían atacarlo, porque cuando el mantis religiosa levanta sus manos para atacar, no las vuelve a bajar. Todas las manos quedaron traspasadas en el aire. Entonces les preguntó qué les sucedía, y ellos le contaron la desgracia que le había acontecido a su pueblo como resultado de sus visitas.
Él rió con alegría y les preguntó si era posible que alguien matara al aire o al agua. Les reveló que existían tres factores que eran las causas de los problemas del pueblo: habían expulsado a tres hombres y, a menos que estos regresaran, el pueblo nunca más recuperaría su prosperidad. Al preguntarle los nombres de esos hombres, contestó que eran Otin, Oguro y Oju, y explicó que Otin se había ido a Ilari, Oguro a Ilode y Oju a Ijarete. Les aconsejó que hicieran regresar a esos hombres sin demora, y después los conjuró para que bajaran las manos. Al volver al pueblo fueron a consultar a Orúnmila y apareció Ogbe Ate. Orúnmila les dijo que buscaran a Otin en la tierra de Sankpana, a Oguro en el hogar de Ogún y a Oju en la tierra de las abejas. Incidentalmente, estos tres lugares eran considerados zonas vedadas, en las que los mortales no se atrevían a poner los pies. Les aconsejó hacer sacrificio con un chivo, una chiva, una paloma y un pedazo de tela blanca, y los materiales fueron presentados rápidamente para realizarlo.
Orúnmila invitó a su propia esposa, Akpetebi, y le pidió que fuera con Iyerosun en la mano a Ilari, a encontrarse con una mujer llamada Keke, que era la base del poder de Sankpana. Al llegar al pueblo soplaría el polvo en el aire y, después de eso, todo lo que ella pidiera le sería concedido: tenía que pedirle a Keke que partiera hacia Egbo Ona, donde la habían invitado a convertirse en el Obá del pueblo, y luego debía preguntar dónde estaba la casa de Otin e invitarlo a que regresara a casa, pues Sankpana no le hubiera permitido a Otin dejar Ilari mientras Keke estuviera en el pueblo. Akpetebi hizo como le fue indicado y halagó a Keke para que dejara el pueblo de Ilari y se fuera a Egbo Ona. En cuanto ella se fue, Akpetebi se dirigió a casa de Otin y le pidió que saliera para Egbo Ona. Otin replicó que, como lo habían expulsado del pueblo y él se había ido con sus propios pies, no volvería nunca a menos que fuera transportado bajo la axila; y Akpetebi se lo llevó en su axila y regresó con él a Egbo Ona.
Al llegar, Orúnmila le dio otro Iyerosun y la envió a Ilode para que invitara a Oguro a regresar a su hogar. Le dijeron que soplara el Iyerosun en el pueblo, lo cual haría que Ogún se quedara dormido y le limpiaría el camino para establecer contacto con Oguro. Ella realizó todo según le dijo su esposo, y Oguro le dijo que solo regresaría sobre la cabeza de alguien; ella convenció a uno de sus hombres para que lo llevara montado de regreso en su cabeza. Finalmente realizó la misma hazaña en la tierra de las abejas, donde el Iyerosun hipnotizó a sus habitantes mientras ella procuraba el regreso de Oju, quien insistió en que regresaría si era llevado en las manos.
Esto explica la razón por la cual las botellas de bebidas alcohólicas se transportan tradicionalmente bajo las axilas, los recipientes de vino de palmera o jugo de palmera sobre la cabeza, y las calabazas de Oju se llevan a casa en las manos. Otin eran los zumos alcohólicos; Oguro era el vino ordinario extraído de las palmeras de la ciénaga; y Oju era el vino ordinario extraído de las palmeras taladas. A todos ellos les habían proscrito la entrada a Egbo Ona cuando su consumo fue prohibido por proclamación real, y ese fue el comienzo de los problemas del pueblo. Después de los sacrificios, la paz, la tranquilidad y la prosperidad regresaron a Egbo Ona.
Cuando este odu se manifiesta en la adivinación para un pueblo, debe aconsejarse que se hagan sacrificios para que sus habitantes que estaban en el exilio puedan regresar llenos de prosperidad. Si se manifiesta para un individuo en particular, debe aconsejársele que sirva a su cabeza y a su padre si es fallecido, o que le regale un sombrero y otros regalos, incluyendo bebida caliente, si aún está vivo. Cuando se manifiesta en Ugbodu, debe aconsejársele a la persona que no regale ninguna de sus ropas en uso y que no se case con una mujer de tez clara.
9.La sombra al pie de la barranca
Akukó, abiban, ibelesa, igui Quiebra Hacha, bogbo ashe, bogbo irin, bogbo tenuyen, obi, efun, oñí, opolopo owo.
Había una vez una tierra que era la tierra Ashete, mandada por un Egun de un poder muy grande que se llamaba Abekun. Era la tierra de Iyesá: allí todos vivían sin riquezas, pero tenían un poder muy grande; todos se vestían con pieles de venado y siempre había un olor fuerte. El Obá de aquella tierra deseaba tener cosas para vestirse mejor, pues veía que en la tierra vecina la gente tenía riquezas. Esa tierra vecina era la tierra Yebiye, y la separaba de la tierra Ashete una barranca donde había un árbol (igui) de Quiebra Hacha que servía de puente; pero había una sombra que no dejaba pasar a nadie.
El Obá de la tierra Ashete, que se llamaba Aweyere, fue a casa de Orúnmila, donde se vio Ogbe Ate, y Orúnmila le dijo que, para lograr lo que quería, tenía que hacer un pacto con aquella sombra de la barranca y hacer ebó, y con el gallo del ebó sellar el pacto. Se fue con el akukó, todo el ebó y bogbo tenuyen para la barranca, y cuando llegó comenzó a llamar a la sombra:
La sombra pactó con él: para no molestarlo más, él seguiría dándole de comer en aquel lugar, y los que llegaran tendrían que ponerse sus pieles y vivir la ley de su tierra.
Al poco tiempo, los habitantes de la tierra Yebiye veían cómo en la tierra Ashete la gente tenía un poder para adivinar, y quisieron ir a conocer ese secreto; pero cuando llegaban, veían a la orilla de la barranca, junto al palo de Quiebra Hacha, a la sombra, que les decía: «Para ir a la tierra Ashete hay que dejarlo todo aquí». Ellos se lo dejaban todo a la sombra al pie de la barranca y pasaban desnudos hacia los secretos de aquella tierra. Así el Obá Aweyere disfrutaba de los vestidos y las joyas que la gente de la tierra Yebiye le había dejado; pero la sombra le dijo: «Tú vivirás de todo lo que la gente lleve a tu tierra, por el poder del secreto de la barranca, de ganar y nunca perder, que el pacto que hiciste conmigo lo confirma. De la tierra Yebiye lo disfrutarás todo, menos la corona, que la verás pero nunca la alcanzarás, porque esta es mía, pues yo soy el verdadero Obá de la tierra Yebiye».
10.Osanyin pagó su traición a Orúnmila
Osanyin tenía una guerra con Orúnmila y le hizo una trampa con la cual le trajo grandes problemas. Al pasar los años, Osanyin, por conveniencia, hizo las paces con Orúnmila y lo ayudaba en sus cosas. Al cabo del tiempo se originó en una tierra vecina una guerra en la cual Ogún le estaba arrancando la cabeza a todo el que se acercara a sus dominios, y Olofin mandó urgente a que se fuera a dar fin a esa guerra que había ocasionado tantas muertes. Orúnmila, que sabía la distancia que había, llegaría pasadas unas semanas, y tenía necesidad de llegar urgente; entonces Osanyin se brindó para llevar a Orúnmila, ya que él conocía muchos caminos y lo llevaría mucho más rápido que si fuera con otro. En el fondo, Osanyin creyó que Ogún mataría a Orúnmila.
Orúnmila le preguntó cómo lo llevaría, y Osanyin le contestó que convirtiéndose en chivo. Así lo hizo, llevando a Orúnmila por caminos verdes y pasos hasta llegar a la tierra donde estaba Ogún, y este le dijo que, aunque viniera de parte de Olofin, él ya había sacado el machete y a alguien tenía que matar; a lo que Orúnmila respondió que matara al chivo, si ese era su deseo, con tal de que cesara la guerra. Osanyin, al oír esto, le rogó a Orúnmila, y este le respondió que, al igual que él había pasado mucho trabajo para resolver sus problemas años atrás, ahora Osanyin tendría que pagar por aquella falta que cometió con él. Y Ogún le arrancó la cabeza al chivo, en pago de la traición hecha a Orúnmila veinte años atrás.
Nota: la memoria del dueño de este Ifá es buena.
11.Aquí botaron a Orúnmila al río
Una gallina clueca, 16 piedras, gallo, paloma, 5 revoltillos con camarones y especias hechos con distintas hierbas.
Nota: aquí se le dan 2 gallinas a Oshún, se asan y van al río; se le ponen 16 cosas a Orúnmila, olelé y bollitos de caritas, y Ogbe Ate tiene que darse un pargo a la cabeza.
Orúnmila les pedía cosas a sus hijos todos los días para que lo sostuvieran en una guerra y no perderla. Un día Ogbe Ate estaba cansado de tantas peticiones, y ese día Orúnmila le pidió un pescado. Él le dijo: «Si quieres un pescado, búscalo tú», y con la misma botó a Orúnmila al río. Entonces Eshu calumnió a Ogbe Ate, diciéndole a la gente que Ogbe Ate le había echado una cosa al río para envenenarlo; esto llegó a oídos de los soldados, quienes se lo comunicaron al Rey, que ordenó prender a Ogbe Ate.
Estando preso recapacitó y atefó con 16 piedras que encontró, pidiéndole perdón a Orúnmila. Los custodios le comunicaron al Rey que Ogbe Ate era adivino; el Rey lo mandó a buscar, y él le hizo osode y le salió este Ifá, donde le dijo que el Rey brincaba en la cama y que tenía una gallina clueca con la que tenía que hacer ebó. De esta forma obtuvo Ogbe Ate su libertad.
El Rey después le preguntó por qué lo habían metido preso, y él dijo que le habían levantado un falso testimonio, ya que las mujeres se estaban lavando en el río y Babaluaye se estaba lavando las llagas en el mismo. Al salir de la prisión se enteró de que Babaluaye se había muerto de viejo, y no de brujería.
12.Ogbe Rekuntele, el rey leopardo
Gallo, colmillo de elefante, jutía y pescado ahumado, 3 pescados frescos, pelo de tigre, muchos palos, muchas cuentas de santo, 3 jutías, manteca de corojo, maíz tostado, coco, miel de abejas, vela y mucho dinero.
Nota: se cogen tres pescados frescos y se les sacan las tripas y las agallas; las tripas, un beberé, y los tres pescados se rellenan con bicarbonato y ceniza y se ponen en la puerta de la casa o en la parte de abajo de la acera; al otro día, si están ahí, se lleva uno para el río, a Oshún; otro para el monte, a Ogún; y el otro para la cabeza. Con las agallas, el colmillo y los pelos de tigre, clavo de ashá, hierba fina y Atiponlá, flor de agua, hierbas de Ifá, vence batalla, limallas de bronce, ero, obi kolá, osun, obi motiwao, jutía y pescado ahumado, manteca de corojo, coco, tres centavos y un Iyefá, se hace un trabajo (inshé-Osanyin) que va forrado con cuentas rojas y amarillas.
Ogberekuntele Awó significa que el Awó es un rey de la guerra del Leopardo. En este Ifá siempre hay un hijo que puede dar la pérdida de su padre y la destrucción de la familia, porque se aparta de los consejos que le den.
En la tierra Adifa vivía Ogberekuntele, que era un leopardo que tenía tres hijos, todos ellos jurados en los secretos de Osanyin, y todo transcurría con felicidad en aquella tierra. Ogberekuntele Awó, cuyo signo era Ogbe Dande, tenía de todo y poder, y siempre le hacía ceremonia a Ogún, donde le daba akukó a Osanyin y cantaba:
Entonces Osanyin y Ogún le daban vigor a su fuerza para seguir siendo siempre el Obá de aquella tierra; pero él tenía una gran preocupación por sus tres omo Ekun keké, pues dos de ellos lo seguían siempre a todas sus ceremonias, mientras que el mayor nunca lo seguía, porque decía que él también era Ekun y tenía colmillos, y siempre estaba separado de sus hermanos y de Ogberekuntele.
Esa era la gran preocupación de Ogberekuntele. Un día en que iba a hacer la ceremonia a Ogún y a Osanyin, llamó a sus omo Ekun keké para explicarles los secretos de cómo vivir en esa tierra. Él los juraba con eya tuto meta y jio-jio meta, y les cantaba:
Les decía que con ese poder de esa tierra, de Oshún y de Ogún, nadie podía sacarlos esclavos, y les dio libertad para que fueran por el mundo, pero que se acordaran de su consejo. Los dos omo Ekun que lo seguían siempre acordaron quedarse con él; pero el mayor, como siempre decía que él era Ekun, decidió irse por su lado y no oír los consejos de Ogberekuntele.
Pasado un tiempo, el Ekun tuvo guerra, y sus enemigos fueron a buscarlo para acabar con él: le hicieron una trampa, lo cogieron en una jaula y lo exhibieron por todo el mundo, para que vieran que las fieras también se trancaban. Enterado Ogberekuntele de lo que pasaba, fue a su secreto y le cantaba:
Entonces Ogún y Osanyin le dijeron que no fuera a ver a su hijo Ekun, porque ellos lo habían castigado; pero a pesar de aquello les dijo: «Es mi hijo y tengo que salvarlo». Salió Ogberekuntele, y con él fueron sus otros dos omo. Cuando llegaron empezó la guerra y, en medio de aquella, fueron matando muchos enemigos, pero no pudieron sacar a Ekun de su jaula. Ogberekuntele se puso muy triste y sokú; se retiró de aquella tierra y, como no entendía lo que pasaba, ya no quiso andar más con sus poderes, y cantaba:
Entonces Ogberekuntele se murió, y sus otros Ekun keké siguieron cada uno por su lado, guardando los consejos de Ogberekuntele, pero cuidándose siempre, porque desde entonces en la tierra Adifa los Ekun se cazaban para mantenerlos en jaulas y exhibirlos a la gente.
13.La guerra de la riqueza
1 adié clueca, 1 cadena, 1 tira de cuero, una tira de cáñamo fino, 1 otá, 3 hojas keké, inlé de ibú, odo losa, bogbo tenuyen, akofá meta, $16.80.
En la tierra Wayeni Inle Ifá vivía un Awó llamado Ogberekuntele Odande, el cual era Olokunkuará (chulo), y su tierra era una tierra pobre: vivían a la orilla del río y solo había animales de crianza, que criaban su Apetebí y sus hijos, y ellos adoraban a Oshún y a Orúnmila. Frente a ellos había una tierra que era la de Abó Bayé Inlé, adoradores de Shangó: era rica, sus hombres eran trabajadores y siempre hacían ofrendas a Osanyin, a Ogún y a Shangó.
Las dos tierras vivían en paz, pero resultó que un día Ogberekuntele Odande, que le tenía odio a la tierra rica porque esta lo maltrataba, fue a esa tierra a robar ciertos conocimientos que ellos tenían; y como no se había hecho osode, ignoró que para llegar a la tierra de Abó Bayé Inlé había que pagar tributos a Shangó y a Ogún, porque sin ellos no podían obtenerse los secretos de Osanyin. Ogberekuntele pudo robarse los secretos de Osanyin de esa tierra y llevarlos a la tierra Wayeni Inle Ifá, lo cual provocó que la gente de la otra tierra invocara a Shangó y a Ogún para declararle la guerra; entonces Ogún, al frente de numerosos guerreros, avanzó sobre la tierra Wayeni Inle Ifá, la ocuparon pronto y llegaron cerca de donde vivía Ogberekuntele Odande.
Este se había hecho osode, donde se vio Ogbe Ate, y Oshún lo amparaba. Al ver su tierra arrasada, y como había sido chulo y nunca se había ocupado de nada, tenía que darle una adié a Oshún para salvar su tierra y no sabía cómo hallarla. Entonces su Apetebí le dijo: «Yo traigo una». Ella se cansó de andar por todo el pueblo sin encontrar ninguna, pues los saqueadores se lo habían llevado todo, y se arrodilló implorando a Olofin:
Entonces vio que en un nidal había una adié clueca echada y, como no había otra, se la llevó a Ogberekuntele. Ambos fueron al río y él comenzó a llamar a Oshún con el canto:
Entonces él le dio la adié y llamó:
Orun y Oshún se embravecieron por la comida, y el río comenzó a crecer y arrasó con una gran corriente todas las tierras, muriendo muchos guerreros de la tierra Wayeni Inle Ifá y de la tierra Abó Bayé Inlé, por lo que Ogberekuntele tuvo que pactar con Ogún a la orilla del río. Allí Orúnmila fue el que les dijo que los había salvado Wada Apetebí, que había sido escuchada por Olofin en su petición, por lo que él siempre hace algo por las mujeres; y que Ogberekuntele Odande Ifá tenía que trabajar y dejar de ser ambicioso y de desear lo que no le pertenecía, pues no tendría nunca nada y lo perdería todo en un abrir y cerrar de ojos.
14.Aquí el Mono quedó encadenado
Akukó, una cadena de plata, eyele, bogbo tenuyen, eran eledé, eku, opolopo owo.
Nota: en este camino se le da eyele a Elegba.
En este camino el Mono era un rey bondadoso e inocente y, sin embargo, siempre estaba encadenado. El Mono y el Cochino eran grandes amigos, tanto que iban juntos al mercado a recoger comida. Un día el Mono fue a verse con Orunla y llevó $10.00 para que le dijeran qué tenía que hacer para recoger más golosinas que el Cochino; le salió este signo, marcándole ebó con una cadena de plata, y él no lo hizo. El Cochino, por su parte, fue a verse por lo mismo y le salió la misma letra, marcándole para su ebó osaidie merin, eyele y $8.00, pero tampoco lo hizo.
Ambos se encontraron en el mercado y, al recoger las golosinas, formaron tal disputa que llamaron la atención de Olofin, que los mandó a prender. Al interrogarlos, los dos expusieron sus argumentos, y entonces Olofin mandó a encadenar al Mono y al Cochino para los corrales. El Cochino se dio una enorme hartada y trajo a su familia. Al día siguiente el Rey mandó a buscar al Mono, que estaba amarrado, y vino solo el Cochino con sus hijos, por lo que Olofin dijo: «Cuando ellos sean grandes, los venderé».
Olofin fue visitado por un extraño llamado Eshu y, como no tenía nada que ofertarle, Ifá le aconsejó que cogiera uno de los cochinitos, lo asara y se lo ofreciera. Olofin después dijo: «Gracias al Cochino quedé bien con Eshu, y el Mono quedará encadenado». Por eso, a pesar de su inocencia, el Mono vive encadenado cuando está en cautiverio.
15.Orúnmila siempre hace algo por las mujeres
Había dos tierras divididas por un río: los de una eran guerreros, y los de la otra, gente pacífica. Los nativos de la tierra guerrera le pedían de comer al Obá del pueblo pacífico: le pedían sacos de arroz, frijoles, manteca y otras cosas. El rey les contestó que él no podía regalar esa comida, puesto que no era solo de él, sino de todo el pueblo; y el rey de la parte guerrera le respondió: «Si no me la das por las buenas, te declaro la guerra». Como este pueblo no tenía armas con qué defenderse, se alarmaron tanto que fueron a ver a Orúnmila; este venía por el camino y las mujeres lo acosaron, y les dijo que no tenía con qué mirarlas, a pesar de que él por las mujeres hacía cualquier cosa.
Ellas le rogaron que hiciera algo, pues estaban en peligro de morir o de ser hechas prisioneras por el enemigo. Orúnmila cogió rápidamente 21 piedrecitas y les pidió adié meyi para dárselas a Oshún en el río. Ellas le contestaron que no tenían ninguna a su alcance, pero una de ellas le dijo que tenía 2 adié en su casa, aunque estaban cluecas. Orúnmila dijo que trajeran esas mismas, y rápidamente se las dio a Oshún en el río.
Cuando los enemigos arremetieron en son de guerra, comenzó a llover tanto que el río se desbordó con furia; pero esos enemigos estaban en un terreno más bajo y, por lo tanto, en una difícil posición, y cuando intentaron cruzar el río muchos de ellos se ahogaron, y otros, cansados y en desorden, no sabían a dónde ir. Las mujeres aprovecharon esta situación y, armadas con palos, piedras e instrumentos de labranza, les pudieron ganar la guerra a los hombres.
Nota: por este camino se le ponen 5 aperos de labranza a Oshún, que tienen que ser de metal amarillo y van montados en una corona, pero antes hay que pasarlos por un até.
16.Cuando los hombres no trabajaban
Este Ifá es de cuando los hombres no trabajaban y eran akuararbaye. Orúnmila les dijo a los okuní que hicieran ebó para que las mujeres siguieran trabajando para ellos, pero no hicieron caso. Las mujeres estaban cansadas de trabajar y querían irse de su casa y del lado de su familia por el exceso de trabajo y por la esclavitud en que los hombres vivían de ellas; al poco tiempo, Orúnmila las mandó a buscar y les hizo ebó para que no pasaran trabajos.
A los tres días de esto, las mujeres se enfermaron de las piernas, de reuma y del lerí, y no podían caminar. Cuando vinieron los hombres, se quejaron de esto y les dijeron: «Eso fue que ustedes fueron a los pies de Orúnmila para enfermarse»; y ellas les contestaron que aquello era cosa de Olodumare. Mandaron a buscar a Oluosain, o sea, al onishegun, y este llegó a la casa y dijo: «No hay novedad, esto se cura». A los 7 días estaban peores, y al verlas los hombres y preguntarles, ellas les dijeron su mal estado, por lo que acordaron ponerse a trabajar de una vez y para siempre.
Así, de esta forma, pudieron las mujeres irse a pasear en coche y descansar.
17.El tirador de piedras
3 otá, akukó, adié meyi, cuero, cáñamo, mawa (cadena), orí, efun, eku, eya, awado, oñí, 3 pelos, opolopo owo.
Nota: se cogen la cadena, una tira de cuero y cáñamo fino, y con las tres cosas se hace una trenza y se lleva a la manigua con 3 eku, eya, orí, efun, oñí, awado, 3 centavos e Iyefá; se buscan 3 otá mayores que un huevo, se cogen y se amarran a la punta de la trenza, y se echa todo lo que lleva en ese mismo lugar, llamando su nombre, rezando Ogbe Ate y llamando a Ogún; entonces se tira de ella hacia uno, se saca del monte y se pone dentro de Ogún 3 días, y se hace ebó: las adié para Orunla y Oshún, y el akukó a Elegba y a Ogún.
Eran dos hijos de un Obá de esa tierra que andaban con otro joven de otra tierra; este era hijo de Ogbe Ate, era muy ocurrente y divertido, y andaban juntos con los hijos del Obá en casa de Orisha Ifá. Una vez el joven se fue a ver con Orunla, que le vio este Ifá, que era el de su padre, y le prohibió hacer lo que sus amigos le indicaran o le mandaran a hacer; pero, como joven al fin, se despreocupó.
Un día que iban de paseo, a los dos hijos del Obá se les ocurrió tirarle una piedra a un establecimiento, y él la tiró por complacer a sus amigos; sucedió que los daños y perjuicios se los achacaron a él, mientras que a los hijos del Obá no les hicieron nada, y tuvo que ir Ogún a sacarlo de la cárcel.
18.La lucha entre el cerebro y el cerebelo
Al principio todo marchaba bien en el cuerpo, pero un día surgió la envidia y, a causa de esto, la lucha por obtener la supremacía absoluta para dirigir el cuerpo entre el cerebro y el cerebelo; por esa causa el cuerpo se encontraba al garete, sufriendo terribles convulsiones.
Enterado Olofin de este problema, intervino en el asunto y mandó a Orúnmila para que revisara la obra de Ogbe Ate, y este así lo hizo, delimitando las funciones del cerebro y del cerebelo. Esto lo hizo Orúnmila marcando kofiborí con aboreo y eyembá meyi, los cueros de las patas delanteras del toro, para que se los colgara alrededor de la cintura, y medilogun akukó.
Y esto logró que el cuerpo marchara bien, debido a que el cerebro y el cerebelo se ajustaron a sus funciones.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.
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