Ogbe Tumako
Ogbe Otrupon · Ogbe Etrukpon · Ogbe Tomokpon
«Aquel que llegó a la adivinación solo por curiosidad, el que se apartó de todo acto de maldad, el que tuvo que marcharse a otra tierra en busca de prosperidad. Se lanzó Ifá para recibir el favor de Shangó».
Rezo de Ogbe Tumako
Ogbe Tumako kukuyé Ayá kukuyé Ayá Arun atamá yubara kumisa ya adlewá Orúnmila abuani lebo, abo lebo orun Iré nira kilodafun Eshu.
Ogbe Tumako es un Ifá de
- Maferefun Oshosi.
En este odu nace
- El Carbón de Osanyin.
- El Pacto de Orúnmila y Aroní, el esclavo de Osanyin.
- El Iré del Cielo.
- El coliseo.
- El Niño Prodigio.
Este odu señala
- Abandono de domicilio.
- La posibilidad de que cada cierto tiempo entre un afeminado en Ifá.
Este odu marca
- Justicia en la puerta de la casa.
Aquí habla
- Aquí tuvo lugar la degollación de los santos inocentes.
- De que tiene o tendrá un hijo varón. De niño enfermo. De barriga malograda y se mueren criaturas; si nace, será grande y más inteligente que los padres.
- De la muerte del padre de la persona sin estar cumplida, por problemas astrales.
- De guerra muy grande.
- De situaciones familiares por asunto de herencia de terreno u otras propiedades.
- De que el padrino debe hacerle todas las obras que le marque al ahijado.
- De que a veces usted se siente invencible y vive poseída de usted, de sus dominios, pero debe pensar que siempre hay gente que tiene más y vive mejor y no debe molestarse por ello.
- De intoxicación y úlceras en la piel.
- La Mula: vivía en el establo con los demás animales y era la más maltratada; un día se cansó y se fue del establo.
- De disgusto con tres mujeres por chismes, y cuyos maridos se unirán contra usted.
- De tragedia por algo que se compra en la Plaza o sus alrededores.
- De falta de consideración, donde la persona sufre porque no se le considera.
- De que hubo dudas en su nacimiento o después que usted nació, algo amenazó su vida o esta se vio en peligro.
- De que la persona vive flotando en el aire, con ideas no realizables, y piensa hacer cosas que están lejos de alcanzar.
- De vida corta.
- De nostalgia.
Este odu prohíbe
- No tener losas ni tinajas rajadas en su casa.
- No haga favores.
- No haga negocios ilícitos, porque puede venir la justicia a la puerta de su casa.
- No hacerse abortos: hijos que caiga, hijos que tiene que parir.
- No puede aplicarse remedios caseros indiscriminadamente; puede intoxicarse y enfermarse de la sangre o la piel de por vida.
- No debe usar, y si lo hace en muy poca cantidad, Aminofilina y Adrenalina, porque en este odu habla de intoxicación de la que no se sale jamás.
Este odu recomienda
- Hacerle ebó al padre del que se registra para que el hijo no lo destrone, y por cuestiones astrales no muera antes de tiempo.
- Reciba a los guerreros para ganar las grandes guerras que se le avecinan.
- Poner siempre a Ogún una botella de aguardiente.
- El padrino debe hacerle todas las obras al ahijado para no perjudicarse.
- El Awó de este Ifá debe poner Flecha de Moruro en las dos manos de su Ifá.
- Cuídese de tragedia y en estos días no vaya a la Plaza.
- Haga rogación cuando nazca ese hijo varón para que no se lleve al resto de la familia.
- Llevar siempre atributos a San Lázaro.
- No debe esforzarse por tener hijos, pues no sabe si el día de mañana uno de ellos le ocasione un gran disgusto, o malos ratos, y hasta causarle la muerte.
- Hacer algo a su padre para cuando usted se corone él no se pierda.
- Controlar su carácter impulsivo, porque en una discusión usted puede hasta matar.
- A usted hay que ayudarla para que ponga los pies en la tierra y afianzarla en la misma.
- No debe molestarse porque haya personas que vivan mejor que usted.
- Debe dulcificar un poco su carácter para que viva más feliz y viva más años.
- Debe tener un Canario.
- Recibir Olokun de Babalawo con carnero blanco.
Hierbas del odu
- Cagadilla de Gallina
- Hierba de la Virgen de la Caridad
- Hierba Nitro
- Frescura
- Peregún
- Verdolaga
- Atiponlá
- Bledo Blanco
Refranes de Ogbe Tumako
- Cuando un niño llora, hace llorar a la madre.
- Alguien pudo hacer ñame más que dios mismo.
- Quien pisa con suavidad va lejos.
- Sujeta al hijo a la espalda.
- Explica la muerte.
- Pon a tu hijo sobre la espalda, y atiéndelo al instante.
Osobo e Iré del odu Ogbe Tumako
- La soberbia y los celos la pueden hacer cometer una barbaridad.
- Cuídese de la muerte, enfermedad y tragedia (Ikú, Arún y Eyó), porque los puede encontrar juntos.
- No practicarse abortos, porque su vida peligra.
- Cuidado con intoxicaciones; su piel puede ser manchada o marcada por la enfermedad.
- Cuídese de enfermedades de la piel tales como úlceras, arañazos y picadas de insectos, que se curan con un emplasto de hojas de Guacamaya Francesa, Corona de Espinas, aceite y sal.
- La enfermedad estará siempre amenazando su vida; cuando brota es porque es muy avanzada.
- Realizar chequeos médicos periódicos, pues este Ifá habla de vida corta.
- Lleve ofrendas a San Lázaro.
- Marca pérdida de domicilio por abandono.
- Habla de guerra grande que se vence con los guerreros.
- De comida a los Egun y póngale machete y garabato.
- Ponga una flecha detrás de la puerta.
- Evite discutir, pues en un impulso puede hasta matar.
- No tomar un arma ni un objeto cortante en sus manos, porque en un momento lo puede proyectar y buscarse una desgracia.
- Cuide su soberbia para que no haga una barbaridad.
- Maferefun Oshosi.
- Dulcificarse para que viva feliz y más años.
- Debe Yoko Osha, porque este es un Ifá de vida corta.
- Cuídese de intoxicación y su salud en general; visite a su médico regularmente.
- Reciba Oshosi y los guerreros para que pueda vencer las guerras.
- Ponga una botella de aguardiente a Ogún.
- Dar de comer a los Egun.
- Ponga una flecha detrás de la puerta de su casa.
- Evite tragedias; no vaya a la Plaza en estos días.
- Lleve atributos a San Lázaro.
Relación de obras del odu Ogbe Tumako
Se coge un pañuelo azul y se le ensartan alfileres, todos con las puntas que queden para dentro, y se le echan cocos en pedazos sin separarlos de las cáscaras, maíz tostado, manteca de corojo, bollos de maíz, tamal de maíz, jutía y pescado ahumado, y se le pone una piedra para que pese; se cierra y se echa al mar para que se hunda hasta el fondo.
Se le pone a Ogún ñame con manteca de cacao, cubierto de tela blanca, durante 7 días, y se lleva después al pie de una Ceiba.
2 pollos, 1 porrón, 1 tizón de carbón prendido, 1 coco, hierba Peregún, Verdolaga, Bledo blanco, Atiponlá, coco, velas, jutía y pescado ahumado, maíz tostado, mucho dinero.
Nota: 2 pollos a Eshu en el monte; con las hierbas se hace limpieza (Sarayeye) y baños, y Sarayeye a la casa; con el tizón de carbón prendido su poder pasa a polvo para la policía y enemigos en general. Después usted dará un gallo a Osanyin llamando a Aroní para que coma con él. Hay que recibir a Osanyin.
Se queman plumas de tiñosa, 3 pimientas de guinea y guano (hojas de palma real secas); ese polvo se utiliza en medio de la frente y la cabeza, y detrás de la puerta de la casa se traza una línea con ese polvo.
Cuando se sospecha que un enemigo le está tirando hechicerías, se coge un poco de agua y a las 12 del día se calienta un pedazo de hierro al rojo vivo, se introduce en el recipiente con agua y se dice:
Después usted se baña con esa agua; esto le hace perder el efecto a la hechicería que le lancen sus enemigos y a la vez es una coraza protectora. Esto se puede aplicar en cualquier odu de Ifá, pero es de este odu.
Se machacan hojas de Zapote, se secan y se hacen polvo con hojas de croto; se rezan en el tablero este odu y los odus de rigor, y después se soplan.
Se limpiará con tres cocos delante de Elegba, tenerlos tres días y después tirarlos al mar; rogarse la cabeza con dos pichones de palomas y después con dos codornices.
- Ebó: Tres pelotas de carne, una tinaja rajada, un collar que llegue a su persona; las pelotas de carne son para las esquinas, la puerta de su casa y la otra para la manigua.
- Ebó: Gallo, collar que le llegue a la barriga, una piedra de amolar, jutía y pescado ahumado, maíz tostado, manteca de corojo, mucho dinero.
- Ebó: 3 gallos, carne de res, 3 pedazos de pan, 3 plumas de loro, telas de colores, muñeco, siete flechas, jutía y pescado ahumado, maíz tostado, manteca de corojo, mucho dinero.
Patakíes del odu Ogbe Tumako
1.El sacrificio antes de partir al mundo y la envidia del hermano
Antes de bajar al mundo, a Ogbe Tumako se le aconsejó en el Cielo que hiciera sacrificio para poder sobrevivir a los problemas a los que estaba destinado, pues tendría que enfrentarse con el hermano que iba a nacer antes que él. Los sacerdotes de Ifá que le adivinaron se llamaban:
Le indicaron servir a Eshu con un macho cabrío y un pescado, cultivar un carácter benigno y apacible, y apartarse de todo acto de maldad. Le advirtieron que uno de sus hermanos le crearía muchos problemas, pero que si resistía el impulso de devolver mal por mal, de aplicar ojo por ojo y diente por diente, alcanzaría más prosperidad que ese hermano. Él cumplió el sacrificio, y el Awó reunió las hojas apropiadas, les añadió cabezas de tortuga, de rata y de pescado, y lo preparó todo junto. Aquella medicina se amarró al mango de un hacha muy pequeña y se le escondió en la cabeza, con este encantamiento: «Es con un solo extremo o cuerpo que el hacha derriba 201 árboles en el bosque».
Al llegar al mundo se convirtió en un sacerdote de Ifá famoso y en un agricultor afortunado. Prosperó muy pronto, y su riqueza y popularidad despertaron la enemistad de su hermano mayor, que comenzó a conspirar contra él. Con el tiempo tropezó con grandes dificultades y su suerte empezó a decaer. Se consultó, e Ifá le recordó el mandato celestial: no vengar ninguna iniquidad que le hicieran ni actuar en estado de cólera. Así fue apartado de devolverle el golpe a su hermano. Con ese recordatorio decidió ablandarse y se dedicó con calma a sus asuntos. El hermano hizo cuanto pudo por arruinarlo y, aunque él anduvo tambaleándose de la ceca a la meca, se mantuvo en pie.
Frustrados todos sus planes, el hermano incitó al pueblo entero en su contra, y algunas personas comenzaron a predisponerse contra él. Entonces llamó a estos Awó para que le adivinaran:
Le dijeron que perseverara, porque el niño que sale a jugar afuera nunca se olvida de regresar a casa, y que hiciera sacrificio para evitar que alguien pudiera matarlo. Ofreció una cabra negra a su Ifá e hizo fiesta con ella; rogó su cabeza con un gallo para invocar la varita de virtudes escondida dentro de ella antes de dejar el Cielo, y sirvió a Ogún con un perro, una tortuga y un gallo.
Poco después murió el hermano que lo andaba buscando para matarlo. La gente comenzó a regresar a su lado con la excusa de que había sido el difunto quien los incitó contra él. Le dieron esposas con palabra de casamiento y llegó a tener varios hijos. Dieciséis años más tarde tenía una familia muy grande, con varias esposas e hijos, y en la cumbre de su prosperidad preparó una fiesta de acción de gracias a su Ifá, a la que invitó a los Awó que le adivinaron e hicieron sacrificio por él, cantando loas a los Awó celestiales y terrenales que lo ayudaron a sobrevivir a las severas pruebas.
Cuando este odu se manifiesta en adivinación, se le dice a la persona que haga sacrificio para evitar los problemas que su hermano mayor le ha creado, si viene con Iré. Si viene con Osobo, debe decírsele que sirva a su Ifá con una cabra negra, a su cabeza con un gallo y a Ogún con un perro, un gallo y una jicotea, para que su hermano, que le había preparado peso de muerte, cargue con él.
2.La tortuga y la calabaza
Ogbe Onle Ahun Maja fue el nombre del Awó que adivinó para la tortuga en el Cielo, cuando iba a empezar su labranza. La tradición de aquellos tiempos era que los habitantes del Cielo acudían a Dios para recoger las semillas que deseaban plantar en sus fincas durante la temporada de siembra. Después de limpiar su terreno, tarea en la que demoró bastante, la tortuga fue a pedir sus semillas, y Dios le dijo que había llegado tarde, porque los demás ya habían recogido las disponibles para el año. Como Dios no le niega a nadie ningún pedido, le explicó que solo quedaban semillas de calabaza o melón (Ugba en yoruba y Okpan en beni), y que lo único que debía hacer para sembrarlas era no hablar con la calabaza, advirtiéndole que tendría problemas con ella si no controlaba su disposición locuaz.
Hay que recordar que el Awó que le adivinó ya le había advertido que, si no hacía sacrificio, recogería unas simientes que serían una carga colgada de su cuello. A pesar de la advertencia, la tortuga no hizo el sacrificio antes de ir ante Dios; aun así recibió las semillas y prometió mantener la boca cerrada.
Sembró las semillas y, al volver a la finca al día siguiente, descubrió que habían germinado. Lleno de emoción gritó: «¡Mi calabaza ha germinado!», y quedó asombrado al oír la respuesta: «Mi tortuga ha germinado». Aquello era indicio suficiente del resultado inevitable de su lengua, pero la tortuga no comprendió el presagio. Tres días después regresó y vio que la calabaza había dado frutos. Exclamó alegre: «Mi calabaza ha dado frutos», y la calabaza replicó: «Mi tortuga está embarazada». Cuando la tortuga tocó los frutos, la calabaza respondió golpeándola; ni siquiera entonces captó el mensaje de lo que le esperaba, y se fue a casa contento de que pronto habría cosecha.
Dos días más tarde volvió y encontró los frutos ya secos para la recogida. Sacó su machete y cortó el primer fruto; al instante la calabaza se apoderó de su alfanje y, cuando intentó cortarle el cuello, la tortuga salió huyendo con la calabaza detrás. Mientras la calabaza corría en enérgica persecución, la tortuga cantaba:
Ese era el llanto de angustia de la tortuga, llamando a la gente para que viniera a salvarla de aquella calabaza desmembrada, que no tenía manos ni pies. Pero cada persona que acudía a intentar salvarla se asustaba y se alejaba al ver a la misteriosa calabaza. Ya agotada, la tortuga se encontró con el carnero padre, que le dijo que se escondiera en la esquina de su casa mientras él tomaba posición de ataque. Cuando al fin vio a la calabaza, la detuvo y la golpeó con sus cuernos; en el combate, la calabaza se rompió en pedazos y la tortuga quedó libre de su ira.
Cuando este odu se manifiesta en adivinación, debe decírsele a la persona que solo vino a adivinarse por curiosidad, porque no tiene hábito de hacer sacrificios; que es muy conversadora, pero debe refrenar la lengua para que las palabras de su boca no la pongan en un dilema, y que debe realizar sacrificio para evitar una catástrofe inminente.
3.El primer Olu de Iwere: el destino no se detiene
Iginua era un hombre muy pobre, aunque era príncipe del reino de los Edos. Escapó de su casa al perder el amparo de su padre, el rey Olua, y porque los Edos habían dejado claro que no aceptarían al hijo mayor como rey. Tan desalentado quedó que se marchó al exilio, donde languideció en una vida de abyecta penuria. Para borrar toda relación con Benin cambió su nombre de Iginua por el de Ogbomodu y terminó estableciéndose en la tierra de Akoko, donde encontró a un sacerdote de Ifá llamado:
Su apodo se convirtió luego en el del que alimenta a las aves en cautiverio. Le aconsejaron rogarse la cabeza con un guineo, vestirse como un cacique antes del sacrificio y servir a Eshu con un chivo. Hizo los sacrificios, pero siguió siendo pobre. Entre tanto estalló la guerra entre Akoko, donde vivía, y la colindante Ekiti. Akoko fue derrotada y Ogbomodu fue uno de los prisioneros que las fuerzas vencedoras se llevaron a Ekiti, donde fue vendido como esclavo. Cuando el Ewi de Ado pidió comprar un esclavo para su festival anual de la cabeza, Ogbomodu fue llevado a la casa real de Ado; pero el Obá observó que aquel esclavo parecía demasiado bueno para usarlo en el sacrificio, le quitaron las cadenas y lo dejaron servir como criado. Tan satisfecho quedó el Obá con su lealtad, inteligencia y elocuencia, que lo nombró para servir a la cabeza del rey en los festivales anuales.
Llegada la hora, Ogbomodu se vistió de cacique y ofició con gran diligencia. Después de rogar la cabeza del Obá, le dijeron que se sentara y rogara la suya propia. En sus oraciones imploró a su cabeza que lo condujera a su meta en la vida. Al oírlo, el Obá se preguntaba a qué otro lugar querría que su cabeza lo llevara, más allá de la enaltecida posición que ocupaba en su corte; y al día siguiente ordenó amarrarlo y revenderlo como esclavo, pues la tradición le impedía ejecutar al hombre que había servido su cabeza. Fue llevado al mercado de Ekue, hoy llamado Akure, donde lo compraron para rogar la cabeza del Odezu (Deji de Ekue). Otra vez sirvió de manera intachable, fue liberado para atender la cabeza del Obá y, al rogar la suya, volvió a pedir que lo condujera a la realización de su destino. El Obá no pudo esconder su furor, le preguntó qué otro destino esperaba, y de nuevo fue encadenado y vendido.
Tal como el destino lo quiso, repitió la misma experiencia en la casa real de otros trece Obá, incluyendo las de Ijero, Ilara, Orogun, Ife, Abeokuta, Owu, Owo, Ijebu, Ijesha y Ondo, hasta que finalmente fue vendido al palacio real del Obá Ado Ajuwaleke: había cerrado el círculo, regresando encadenado a la tierra a la que juró no volver. Al llegar a Benin, justo antes del festival Igue, nadie reconoció en él al príncipe heredero que se había marchado con el nombre de Iginua. Fiel a su destino, volvió a ser nombrado el hombre que servía la cabeza del Obá, y al rogar la suya pidió una vez más llegar a su destino final, oración que enojó al Obá de Benin.
A la mañana siguiente, el Obá hizo venir a los herreros para que midieran la altura de Ogbomodu y fundieran un ataúd de bronce a su tamaño, y ordenó a los ferreteros (Owina) producir pernos en forma de U, afilados y puntiagudos, para clavarlos en el ataúd. Lo fabricaron y decoraron con ornamentos, forraron el interior con tela blanca y le ordenaron acostarse dentro. Lo envolvieron con otra tela y taparon el ataúd; un perno fue clavado a la altura de la cabeza y los demás sobre el pecho, el abdomen y los pies. Iba a ser ofrecido en sacrificio a la divinidad marina, que se suponía muerta. Pero era la hora de que Eshu actuara, a causa de su macho cabrío: mientras clavaban los pernos, Eshu insertó una membrana pedregosa entre la piel de Ogbomodu y la tela que lo envolvía, que doblaba las puntas agudas antes de que tocaran su cuerpo. Por esa intervención ningún perno lo alcanzó, y el Obá ordenó arrojar el ataúd al mar de Olokun.
Mientras tanto, los Iweres o Ighan (hoy Itsekiris) suplicaban con ansias tener su propio rey. En una adivinación anterior se les había dicho que les llegaría un rey a través del agua, porque tenían prohibido nombrar rey a un hijo de Ighan. Habían hecho varios sacrificios a su gran río para que la divinidad del agua les enviara un rey, ofrendando 14 animales diferentes y 201 materiales inanimados. Cuatro días después del sacrificio, los ancianos realizaban un ritual a orillas del gran río cuando vieron un enorme objeto flotando. Lo sacaron y lo abrieron con un hacha; mientras lo hacían, oyeron una voz que pedía romper la caja con cuidado. Al quitar la tapa vieron el rostro de un hombre joven y apuesto que pestañeaba y, comprobando que era un adulto, agradecieron al mar la manifestación de sus deseos.
Fue llevado en hombros, en procesión de danza por el pueblo, anunciando que había llegado un rey acuático (Ogiamen). En la ceremonia de coronación escogió personalmente el título de rey del agua u Ogiamen, y decidió retomar su nombre original de Iginua o Iginuwa, el que su padre le dio al nacer, antes del exilio voluntario. Tres años después de su coronación decidió rendir homenaje a su padre, el rey Olua de Benin. Antes envió como regalo dos gallos, dos gallinas y 6 bolsas de canutillos para el rey de Benin; cuando dieron maíz a las aves, estas se negaron a tragarlo, y los mensajeros explicaron que esas aves se alimentaban de canutillos, por lo cual enviaban las 6 bolsas. Los mensajeros notificaron al Obá de Benin el nombramiento del nuevo Ogiamen de los Iweres; el Obá dio su bendición, rechazó las aves y aceptó los canutillos.
Después, el rey de los Iweres se vistió con un traje adornado de abalorios y una corona igual de adornada para visitar al Obá de Benin. Al verlo, los beníes se preguntaban qué rey era aquel que vestía con un lujo nunca visto. Se presentó como el Ogiamen de Ighan y preguntó al Obá si podía reconocerlo; le contestó que no. Entonces se quitó la corona y se identificó como Ogbomodu, que quiere decir «si la cabeza no llega a su destino, no se detiene». El Obá recordó que aquel era el hombre clavado dentro del ataúd y lanzado al gran río, tocó su cabeza con la suya y exclamó que verdaderamente «no hay coraza contra el destino y ninguna nube puede borrar la huella del destino». La conmoción final llegó cuando el Ogiamen se presentó además como su hijo mayor, el que se impuso el exilio años atrás, y le contó las hazañas que lo llevaron por los palacios de los quince reyes del mundo conocido antes de llegar al de su padre, donde al fin realizó su destino en una nueva tierra más allá de las aguas.
Mientras narraba su historia, el Obá lloraba abrazándolo, dando gracias a Dios y a sus antepasados por estar vivo para ser testigo de aquel día. Entró al palacio y le entregó la vara de autoridad real o isemwen righo, la que usan todos los reyes de Warri hasta hoy. Reunidos todos sus jefes, su padre le pidió ponerse de pie y le entregó formalmente el título de Olua Namen o Rey Olua de Agua, cuyo alcance era darle jurisdicción sobre el área ribereña llamada Iwere. De este modo Iginua quedó reconocido como el Olu de Iwere y su destino se cumplió. Con los años, Olua se abrevió quedando el Olu o Iwere, nombre que los exploradores cambiaron por Warri. El tambor que anunció su entrada al palacio sonaba tan melodioso que, a pedido del rey Olua de Benin, intercambiaron tambores: son los dos que los beníes llaman emedo Emighan neguegbero, que se tocan en las ceremonias de Benin hasta el día de hoy.
Cuando este odu se manifiesta en Ugbodu, debe decírsele a la persona que su destino se realizará después de sufrir por largo tiempo, y que su prosperidad no está en su tierra natal sino muy lejos de su hogar; debe servir a Eshu y a su cabeza para acelerar la realización de sus aspiraciones. En la adivinación, debe decírsele que ruegue su cabeza con un gallo para perseverar hasta recibir la suerte que ha de venir, y que no reaccione con violencia ante ningún revés transitorio.
4.Le revela su destino a Ajija, la divinidad del viento
Ogbe Tumako era un hombre muy pobre. Vino al mundo con la divinidad del viento (Ajija o Eziza) y era experto en la tecnología del follaje, es decir, la ciencia de las hojas de las plantas y sus usos. De joven le encargaron limpiar la finca de Ajija. En el primer viaje que hizo para desbrozar los matorrales, se quedaba deslumbrado con el machete en la mano, aparentemente distraído, sin cortar ni un pedazo de césped; y cuando al fin se decidía, cortaba un trozo y lo sostenía admirado, porque sabía para qué podía servir. Los transeúntes que lo veían informaron a Ajija de que, en lugar de quitar las hierbas nocivas, siempre estaba contemplando las hojas de los árboles.
Ajija fue a verlo a la finca y le preguntó por aquella costumbre de contemplar las hojas en vez de cortarlas. Él respondió que, si las mirara de cerca, tampoco estaría de acuerdo en cortar ninguna, y le fue señalando las hojas que utilizaba cada una de las deidades: Ogún, Shangó, Olokun, Ake, Obalufon, Sankpana y hasta el mismo Ajija. Lo amonestó diciéndole que la agricultura no era su profesión adecuada, porque al implicar el corte de las hojas significaría el asesinato de sus benefactores, lo cual, según las leyes del Cielo, conduciría a la ingratitud. Por eso el dictamen del Cielo es que nadie debe mostrar ingratitud hacia los objetos animados o inanimados que su ángel de la guarda utilizó para preparar sus instrumentos de autoridad antes de abandonar el Cielo; esto explica por qué a algunas personas se les prohíbe el consumo o uso de ciertos animales y materiales.
Le reveló a Ajija que su destino era ser cazador o herbario. Entonces Ajija le suplicó que le enseñara el arte y la ciencia del uso de las hojas, y él le enseñó el empleo de todos los tipos de hojas de plantas que había en el bosque. La primera fue Ewe gha ghoha, utilizada para curar la mortalidad infantil que la esposa de Ajija venía sufriendo todos los años. Le mostró un instrumento especial que debía cocinar con 201 de aquellas hojas y preparar en forma de cinturón (akpalode) para que su esposa lo usara durante el embarazo, y también un collar hecho de él para que lo llevara el niño en cuanto naciera; así se detenía el peligro de muerte prematura de los infantes. Ajija lo hizo todo como se le indicó y, cuando su esposa dio a luz al siguiente hijo, en lugar de ponerle nombre al octavo día se lo pusieron a los tres meses: Ifafeyi, que significa «Orúnmila me ayudó a salvar a este».
A Ajija le tomó tres años aprender los nombres y usos de la mayoría de las plantas del bosque. Esa es la razón por la que los descendientes de Ajija son propensos a desaparecer en el bosque por largos períodos sin dejar rastro: están aprendiendo el uso de las plantas, y cuando al fin reaparecen resultan ser maravillosos botánicos y médicos.
Cuando este odu aparece en Igbodun, debe decírsele a la persona que terminará siendo un doctor nativo, pero que debe hacer sacrificio para no perderse antes de dedicarse a la profesión. En la adivinación, debe decírsele que hay gran probabilidad de que sea víctima de una mentira malintencionada y de muestras de ingratitud, y que haga sacrificio para evitarlas.
5.La obra terrenal: la calabaza que aplacó a Shangó
Antes de dejar el Cielo, Ogbe Tumako consultó a su ángel de la guarda, que le aconsejó hacer sacrificio con calabazas (Unwenkhen en beni o Eroku en yoruba), y lo hizo. Nació en una casa de la Tierra que no tenía niños, porque los que nacían antes que él nunca se quedaban: en cuanto crecían, se marchaban a instalarse en otros lugares. Los padres no sabían que era Shangó, la deidad del trueno, quien acostumbraba a ahuyentar de la casa a los niños. Se había hecho tradición de Shangó golpear todos los años, sin fallar, la palmera que estaba frente a la casa, porque el dueño original de aquella vivienda, que se la vendió al dueño actual, lo había ofendido tiempo atrás. Por ese motivo Shangó peleaba anualmente con la casa, y aquel incidente hacía que los niños, asustados, emigraran en cuanto crecían.
Cuando Ogbe Tumako creció, aconsejó a su padre hacer un sacrificio para detener el ataque anual de Shangó. Le pidió semillas crudas o poco maduras de calabaza y un recipiente de aceite de palma. Cuando su padre las presentó, sembró las semillas alrededor de la casa y roció el aceite también alrededor. Pronto germinó la calabaza y formó una sombra de follaje sobre la vivienda. En el siguiente aniversario de su ataque, Shangó descubrió la casa rodeada de calabazas: anduvo canturreando por fuera y regresó sin lanzar ningún misil. Al día siguiente se transfiguró en hombre y volvió; se encontró con el propietario e intercambiaron saludos.
Al ver el traje rojo, el dueño de la casa tomó al visitante por un sacerdote de Shangó y le dio la bienvenida con un recipiente de aceite, nuez de kolá y kolá amarga. El visitante partió la nuez de kolá y rezó por él. Luego le preguntó en qué año había construido la casa, y el hombre explicó que se la había comprado a su anterior dueño. Shangó preguntó dónde vivía aquel, y le respondió que la última vez lo había visto en el mercado. Shangó insistió en encontrarse con el hombre, alegando que eran amigos íntimos, y el dueño de la casa prometió seguirle la pista el próximo día de mercado, pues no sabía dónde vivía.
Al otro día llevó a Shangó al mercado y, cuando el hombre vio juntos al comprador de su casa y a Shangó, salió huyendo despavorido. Shangó dijo al dueño de la casa que regresara a su hogar, pues ya había visto a su amigo y lo seguiría a cualquier refugio. Después de aquella cita, Shangó evitó encontrarse con el hombre. Pasó mucho tiempo antes de que el ofensor se llenara de valor para volver al mercado, llevado por la euforia de creer que Shangó le había perdido la pista. Un día fue, se sentó a vender sus mercancías y, poco después, se encontró la nube: Oyá, la esposa de Shangó, iluminó la sombría nube con un relámpago, Shangó apuntó a su víctima y lo hirió con su hacha (el trueno) en el pecho, y el hombre murió al instante. Shangó dejó sobre su pecho el recipiente de aceite que el inocente dueño de la casa había usado para recibirlo en su visita. El furor de aquel incidente causó gran alboroto y terror en el mercado, que se dispersó espontáneamente.
Al día siguiente, Shangó volvió a transformarse en hombre y visitó de nuevo al dueño de la casa. En esa ocasión se identificó como el que había peleado en el mercado el día anterior y le dio las gracias por conducirlo hasta el hombre que fue víctima de la pelea. Proclamó que desde aquel día no pelearía más en ninguna casa donde viera calabaza, y le aconsejó que, cada vez que oyera su grito de guerra en alguna parte, derramara inmediatamente aceite de palma en el suelo, para que él supiera que esa casa pertenecía a su amigo. Antes de partir, Shangó prometió a Dios que enviaría un favor especial al propietario de la casa, y se fue.
No mucho después, la esposa del hombre quedó embarazada y dio a luz un niño que vino arrojado en una bolsa. Mientras se preguntaban qué harían con él, Shangó se transfiguró en hombre y fue a verlos. Les aconsejó buscar aceite de palma, un gallo y un cuchillo. Cortó la bolsa con el cuchillo y, cuando el niño salió, sostenía una belemnita o piedra de rayo en la mano derecha y un hacha en la izquierda. Entonces les pidió derramar aceite de palma sobre el niño para bañarlo, les dijo que guardaran los instrumentos que traía del Cielo y que un visitante vendría a ponerle nombre dentro de 7 días; también les aconsejó guardar el gallo para una ceremonia del séptimo día. Ese día Shangó regresó como un mortal, preguntó por el gallo y lo mató sobre la piedra de rayo y el hacha. Recordó al padre que el niño era el regalo que había prometido a Dios enviarle, y dijo que debía llamarse Oke y que era discípulo de Shangó en la Tierra. Antes de partir, aconsejó al padre comprar un carnero padre y un mortero para un sacrificio que él realizaría a los tres meses. Pasado ese tiempo, Shangó ofreció el carnero sobre el hacha y la piedra de rayo colocadas sobre el mortero: ese fue el primer santuario de Shangó en la Tierra. El niño creció y fue el primer sacerdote de Shangó en la Tierra, lo que explica por qué Oke es su discípulo mayor. La paz y la tranquilidad reinaron por siempre en aquella casa.
Cuando este odu se manifiesta, se le aconseja a la persona que haga sacrificio con calabaza y aceite de palma, para evitar la carga de otra persona y poder recibir el favor que viene de parte de Shangó.
6.Adivinó para una mujer estéril
Este odu adivinó para una mujer estéril que rezaba desesperadamente por tener un hijo. Se le indicó sacrificar una gallina para Ifá, un carnero padre para Shangó, nuez de kolá blanca, una gallina blanca para su cabeza y un macho cabrío para Eshu. Tras cumplirlo, comenzó a tener hijos: el primero se llamó Ere y el segundo Eeyadehin. En total tuvo 7, y uno de ellos se llamó Owo miman (Dada), que tenía los cabellos encrespados y fue el segundo discípulo de Shangó en la Tierra.
Ese es el motivo por el cual, al principio, los hijos de este odu tienen dificultades para tener hijos, pero llegarán a tener como máximo 7.
7.Cuando Olofin le mandó lo imposible
Olofin ordenó a Ogbe Tumako que en una sola noche desmochara un gran tramo de tierra, cosa imposible. Al ver lo que se le había ordenado, se hizo osode y salió su mismo odu, donde Ifá le mandó ponerles comida a los muertos, machete y garabatos, e implorar por ellos. Mientras hacía la imploración a sus muertos, vio cómo estos se levantaban, tomaban todo lo que les había puesto y acometían el trabajo que Olofin había ordenado.
Al día siguiente, Ogbe Tumako le dijo a Olofin que ya había cumplido, y fue recompensado por Olofin.
8.La muerte, la enfermedad y la tragedia
La mujer de Ogbe Tumako fue a la plaza, donde también estaban la mujer de la muerte, la mujer de la enfermedad y la mujer de la tragedia. El carnicero, por atención a Ogbe Tumako, la despachó primero, cosa que molestó a las demás mujeres, que por envidia se marcharon disgustadas y dijeron a sus maridos que ellos no servían para nada, y que por eso no podían conseguir carne.
Cuando la mujer de Ogbe Tumako (Orúnmila) llegó a la casa, este se estaba mirando, y en el osode se vio su signo, Ogbe Tumako. Le pidió a su mujer que, si traía carne, se la diera. Hizo ebó con la carne y la distribuyó en tres partes: una la puso en la puerta de su casa, otra en la esquina de la casa y la otra en la manigua.
A raíz de lo que habían dicho sus mujeres, la muerte, la enfermedad y la tragedia salieron a reclamarle la carne a Ogbe Tumako. La primera en llegar fue la muerte, que se encontró la carne en la puerta de la calle; la tragedia la encontró en la esquina; y la enfermedad, como tenía que atravesar la manigua, la encontró también. Así se libró Ogbe Tumako de esos personajes.
9.La nostalgia de Ogbe Tumako
En una ocasión, Ogbe Tumako (Orúnmila) comenzó a sentir nostalgia por las cosas pasadas en la trayectoria de su vida. Cuando aquellos pasajes vividos pasaban por su mente, se ponía triste y se quedaba extasiado, pensando en el olvido y las traiciones de la vida, algo que no concebía: tanto luchar por los hombres de la tierra, y ellos solo pagaban con olvido. Y así permanecía, oyendo el trinar de sus canarios.
Nota: La persona tiene un Egun que le habla al oído. Se recomienda tener canarios.
10.Los niños del Cielo y el ashé de Orúnmila
Olofin dijo a los Orishas: «Vengan, yo tengo muchos niños en el Cielo. Digamos cómo hacemos para mandarlos a la Tierra». Cada Orisha le prometió: «Yo seré el que los descenderá a todos». Pero había un agujero enorme entre el Cielo y la Tierra. Shangó fue el primero en lanzarse con una gran cantidad de niños, pero cayó en el agujero y todos murieron. A Shakuata le pasó lo mismo, y de igual forma a todos los Orishas.
Orúnmila fue a ver a Olofin y le dijo: «Yo mismo seré el que descenderé», y le fijó cinco días de plazo. Olofin le preguntó: «¿Tú crees que en cinco días lo puedes hacer?». Entonces Orúnmila se hizo osode, viéndose este Ifá, y se marcó ebó.
Dos chivas, dos gallinas, dos palomas, dos paños de mujer, dos bandas de hilo, mariwó y mucho dinero.
Al quinto día fue a ver a Olofin y le dijo: «Ya estoy listo». Olofin le preguntó cómo se las arreglaría: «Yo creía que habías hablado por gusto; por lo tanto, serás el más fuerte de los Orishas», y le mostró los niños. Orúnmila cogió a uno de los niños, fijó uno a su espalda y otro sobre el pecho, se acercó al borde del agujero, hizo un esfuerzo y saltó al otro borde; puso a los niños en la tierra y volvió al Cielo, y así transportó de dos en dos a todos los niños del Cielo.
Terminado esto, Olofin felicitó a Orúnmila y le dijo: «Gracias a tu inteligencia, yo te voy a dar ashé; dame tus manos, te daré todos los derechos sobre este mundo. Todos los Orishas que quieran hacer algo tendrán que pedirte permiso y todos dependerán de ti». Olofin escupió un poco de saliva en las manos de Orúnmila, las juntó y dijo:
11.La degollación de los santos inocentes
En un reinado, los mensajeros del rey le anunciaron que iba a nacer un niño que habría de sucederle, y que aquello no tenía remedio porque era cosa de la naturaleza. El rey no lo creyó y, después, dispuso la degollación de todos los recién nacidos varones.
Pero una señora fue a ver a Orúnmila y le salió este Ifá, donde Orúnmila le indicó hacer ebó con flechas. La mujer hizo la rogación y quedó muy triste, pensando que su hijo moriría, porque era un hermosísimo varón, y toda la familia estaba apenada. Mas, con gran sorpresa, el recién nacido hablaba perfectamente y les dijo: «No se asusten por mí. Lo que quiero es que pongan la cuna delante de la puerta y que le avisen al rey». La familia se resistió, porque querían tenerlo vivo algún tiempo, pero él volvió a ordenarlo, y cuando se lo comunicaron al rey, este mandó a los guerreros necesarios para degollarlo.
Eran siete. Al primero que entró lo mató con una flecha que el niño le tiró, y así hasta llegar al último, al que dijo: «A ti te perdono la vida para que vayas donde está el rey y le des la noticia». Cuando el guerrero llegó ante el rey, este no lo creyó, y mandó a otros siete guerreros, a los que les sucedió lo mismo que a los anteriores; el último llegó con la misma noticia y se la comunicó al rey.
Entonces el rey partió personalmente con su escolta hacia aquel lugar y comprobó la derrota de su ejército. Y pactó con el niño para entregarle el gobierno.
12.El pacto de Aroní y Orúnmila
En este odu, en la tierra Iloban Inlé, que estaba en medio del monte, habitaba un ser monstruoso que, cada vez que alguien iba en busca de las distintas hierbas, lo cegaba y lo enfermaba con una hechicería que contenía un tizón de carbón encendido que siempre lo acompañaba. Ese personaje era Aroní, el espíritu de los bosques, un ser contrahecho y deforme que conocía el secreto de todas las hierbas y era el criado de Osanyin. Su deformación se debía a las distintas guerras en que había participado, siempre a favor y por mandato de Osanyin. Internado en el bosque, su deformidad inspiraba terror a todo el que lo veía, y él, a su vez, tomó un odio terrible a la humanidad, de la que ya llevaba bastantes víctimas.
Un día se enfermó el Obá de aquella tierra y, debido a su estado de gravedad, hubo que hacer un concilio de Awoses para consultar a Ifá, saliendo Ogbe Tumako, que marcaba Ateba Ifá Oba. Aquello era un gran problema, pues hacía tiempo que esa consagración no podía hacerse: nadie quería aventurarse a buscar las hierbas al monte por miedo a Aroní. Uno de los Oluwos presentes, que tenía este odu, dijo: «Yo me brindo a ir al monte y traer las hierbas». En vista de que los demás estaban temerosos, cogió un porrón con agua y una cazuela y se marchó al monte. Al llegar llamó a Eshu y le dio de comer pollo; al rato ya tenía las hierbas que necesitaba, las ripió y con el agua hizo un omiero en la cazuela, a la vez que cantaba.
Atraído por el canto llegó Aroní con su tizón de carbón y, al ver al Awó, lo increpó: «¿Cómo te has atrevido a entrar en mis dominios? Tu vida ya no vale nada, date por muerto», mientras lo atacaba con su tizón mágico. Entonces Ogbe Tumako cambió de posición y empezó a cantar de nuevo este súyere:
En ese momento, sorpresivamente, el tizón cayó dentro de la cazuela de omiero, donde el agua apagó la candela, acabándose el poder de Aroní sobre los Babalawos. Al ver esto, Aroní le dijo a Ogbe Tumako: «Eres grande y poderoso, y desde ahora pacto contigo». Ogbe Tumako respondió: «Yo no soy poderoso ni grande; el poderoso es Ela, mi padre y señor por voluntad de Olodumare, del que soy su fiel sirviente». Aroní contestó: «Bueno, con él quiero aliarme, a nombre tuyo y mío. Sellemos un pacto para toda la vida en bien de la humanidad: ustedes me darán su ayuda y yo les brindaré la mía cada vez que ustedes me necesiten». Y Aroní le entregó los secretos de las hierbas a Ogbe Tumako, dándole las hierbas Bledo blanco, Peregún, Atiponlá y Verdolaga, que son las que abren el camino para todas las obras y consagraciones de Ifá.
Ogbe Tumako le contestó: «Como prueba de nuestro pacto, me llevo el tizón de carbón encendido en el omiero, para que los demás vean nuestra amistad». «Está bien», dijo Aroní, «pero siempre, para recuerdo de esto, cada vez que se ripien hierbas se llevará su tizón de carbón encendido, recordando el pacto establecido entre Aroní y la humanidad, para que la maldad cese y el bien perdure». Y así ha sido hasta nuestros días: donde el agua apaga la candela.
13.Cuando Orúnmila les hizo Ifá a los delincuentes
Orúnmila, en su recorrido por el mundo, llegó a una tierra donde el rey había ordenado ejecutar a un grupo de prisioneros. Orúnmila se presentó ante el rey y pidió clemencia para aquellos hombres, alegando que, si morían, quedarían hijos huérfanos, viudas y madres sin hijos. El rey le contestó: «Por culpa de esos malhechores, ya en esta tierra hay huérfanos, mujeres viudas y madres sin hijos, hasta hombres sin mujeres y sin dinero, ¿y usted viene a pedirme clemencia para ellos?».
Orúnmila insistió ante el rey por el perdón de aquellos hombres, y tanto fue su empeño que el rey le dijo: «Está bien, los voy a perdonar a todos, pero usted se los tiene que llevar de esta tierra, y al que se atreva a regresar lo mando a matar, pues dudo mucho que usted los pueda regenerar como hombres de bien, como afirma». Y Orúnmila salió de aquella tierra comandando aquel grupo de delincuentes, entre los que había ladrones, estafadores, mujeriegos, asesinos y demás. Entre aquel grupo había también viciosos de todo tipo, víctimas de las aberraciones sexuales, y a estos últimos Orúnmila no los pudo detectar, por lo que les hizo Ifá a todos.
Después, Orúnmila les dijo: «Ya ustedes están redimidos y, como Awoses que son, tienen que olvidarse de sus vidas anteriores y dedicarse solo a hacer el bien trabajando Ifá; cada uno de ustedes se irá a trabajar Ifá a una tierra distinta». Ellos le preguntaron: «Señor, nosotros no sabemos Ifá y, si nos vamos de su lado, no podremos aprenderlo». Orúnmila les contestó: «Ya ustedes son Awoses de Ifá y sobre la marcha aprenderán». Y aquellos Awoses se fueron a vivir a distintas tierras.
Nota: Este Ifá señala que, más temprano que tarde, los ahijados se separarán del padrino y aprenderán Ifá separados del mismo. Señala también que cada once años un afeminado por vicio se introduce en Ifá.
14.Se adivinó para la vaca y el caballo
Aquí se adivinó para la vaca (eranla) y para el caballo (eshin). A la vaca se le aconsejó realizar los sacrificios secretos necesarios con Eshu para que pudiera dársele el estatus del caballo. La vaca escuchó la adivinación, pero se negó a hacer el sacrificio. El caballo, en cambio, estaba cerca y siempre lo escuchaba todo, por lo que rápidamente sí realizó con Eshu el sacrificio que se le aconsejaba a la vaca en su adivinación.
Resulta que, antiguamente, la vaca era muy superior en estatus al caballo. Entonces ocurrió que Eshu persuadió a todos en aquel pueblo para que trataran al caballo como a un buen compañero, porque Eshu siempre favorecerá a los que le hagan los debidos sacrificios aconsejados en adivinación.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.
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