Ojuani Shobe
Ojuani Ogbe
«El mal y el bien siempre andaban juntos».
Rezo de Ojuani Shobe
OJUANI SHOBE TOBAYAKU BAIN BAIN IKI BAIN BAIN LOBATI ADIFAFUN OUN BABA LAWO MERINDILOGUN TINLODIFA ILE OLOFIN.
OJUANI SHOBE ESHU GBA O ESHU BA LOHUN, ESHU BA LODE.
Súyere de Ojuani Shobe
OJUANI SHOBE ESHU GBA O OJUANI SHOBE ESHU GBA O OJUANI SHOBE ESHU GBA O IRUN MOLE ASHETO, ASHEBO.
En este odu nace
- Nació: El pinado de Iworo de Santero.
- Nació: Los cristales de los espejuelos.
- Aquí: Lo bueno vive con lo malo.
- Aquí: El dinero no es todo en la vida.
- Aquí: Eshu-Elegba quería que todos hicieran su voluntad.
- Aquí: Se prohíbe guardar cosas ajenas, prestar pertenencias y reclamar en mala forma.
- Aquí: Es un Ifá de avaros.
- Aquí: No se come frijoles negros.
- Aquí: Hay que cuidarse de la garganta, la sangre, la vista y los huesos.
- Aquí: A Eshu-Elegba un gorro negro y rojo cuando es Osobo y blanco y rojo cuando es Iré.
Descripción del odu Ojuani Shobe
Ojuani-Shobe trata de brujería y de vibraciones negativas que interfieren en la paz de la mente. Con frecuencia la persona se ve envuelta en una relación emocional que le oscurece el juicio; no tiene sosiego mental y sufre la oposición de la gente.
Es el Odu número 92 del Orden Señorial de Ifá. Su primera pata representa a Ojuani y la segunda a Ogbe.
En este Ifá se conoció el cristal en el mundo. Aquí lo bueno vivió junto con lo malo y se aconseja que el dinero no lo es todo en la vida. Por este Ifá hay que recibir otro Obatalá.
Cuando este Odu sale en adivinación se le dará con urgencia un gallo a Eshu, para que no destruya la casa en un instante: algo malo va a pasar. Quien tenga este Odu, sea Awó, Apetebí o Ikofafun, no deberá bautizar a nadie.
Aquí nació el Pinado de Iworo (Santero). También se prohíbe guardar cosas ajenas y prestar toda clase de pertenencias, así como hacer reclamaciones en malas formas, para evitar tragedias. Hay además un compromiso contraído que se desea terminar.
Este es un Ifá de avaros y de mala paga: cuanto más tiene la persona, más desea tener. Por lo regular es egoísta y no le gusta ayudar a nadie, pero sí quiere que todo el mundo la ayude.
El mayor Osobo de este Odu es la soberbia, porque conduce a la violencia y puede provocar daños irreparables o imprevisibles. Cuando el signo sale se pronostica que puede haber robo, por lo que se tomarán medidas. El nacido bajo este Odu no es amigo de nadie, pues es capaz de enamorar a la mujer de su mejor amigo.
El Odu avisa que hay que cuidarse de accidentes, pues los golpes serán en la cabeza y de cuidado o gravedad. Cuando la persona se ofusca puede llegar incluso a matar a gente de su íntima confianza, de modo que tiene que evitar la violencia y la soberbia para no perderse. Necesita paciencia y ser persuasiva y legal con los demás, para resolver de forma inteligente los problemas que surjan en su camino.
Habla de grandes problemas en la vista, que tendrá que chequearse constantemente, además de usar espejuelos oscuros. Aquí hay que respetar mucho a Oyá, porque ella castiga cegando y volviendo loca a la persona.
Aquí Eshu-Elegba quería que todos hicieran su voluntad; no sea usted igual que él. Se prohíbe ayudar a levantar nada a nadie, porque usted se atrasa y el otro sube. Quien padezca de artritis o de la columna vertebral debe cuidarse, pues puede quedar baldado. Se padece de miopía o de otra afección visual que, de no atenderse rápido, lo puede dejar ciego. También se padece de la sangre y de problemas en el sistema reproductor.
En este Ifá, las palomas y todo es para Olofin.
Por Iré, a Eshu-Elegba se le pone un gorro blanco y rojo; por Osobo, el gorro es rojo y negro. A Azojuano (San Lázaro) se le pone un pescado asado con manteca de corojo y maíz tostado.
Por este Ifá se toma cocimiento de mejorana, comino, pellejo de molleja (de las gallinas de Orúnmila), aceite, vino seco y sal, en ayunas. Después, cocimiento de ruda y raíz de cebolla durante 7 días. Después, omiero de fosforito (shewerekuekue) con un poquito de aceite, durante 7 días. Y durante un tiempo, cocimiento de romerillo.
Por este Odu se le dan 2 gallinas rojizas a Oyá, echándoles arena de mar y manteca de corojo, y se llevan al mar. A Obatalá y a Eshu-Elegba se les pone ñame salcochado.
Se prohíbe comer frijoles negros. Hay que cuidarse la garganta, la sangre y la vista, y cuidar a los hijos para que no sufran en la vida por causa de la violencia de la persona.
Aquí a Eshu-Elegba se le pone una navaja entizada con los nombres de los enemigos, con hilo blanco y negro. Cuando se hace Ebó por este Odu, al terminar el Awó coge un poco de Iyefá para bañarse y lo que quede en el tablero lo sopla en la puerta de la calle y lo reza. Se bañará con Imo de Oshún.
El Awó Ojuani-Shobe siempre tendrá que estar dándole de comer a Eshu-Elegba y a la esquina de su casa. Por este Odu se deberá recibir con urgencia Osanyin, Olokun y Oduduwa. A Olokun se le pondrá Aladimú y se lo llevará al mar.
Si es hombre, tiene una mujer que no lo deja tranquilo; tiene un hijo con ella que será su suerte. Por este Odu no se debe pelear con la mujer, porque si ella se va se enamorará de otro hombre más fuerte que usted y después, por mucho que haga, no se la podrá quitar. Usted se va a entender con una mujer que está muy cerca y se van a querer mucho: hagan Ebó juntos para que tengan felicidad. Aquí se le pone aguardiente al Egun de su padre.
Este es un Ifá duro. Marca tragedia con cuchillo por causa de una mujer que tiene un amante, con tapa por parte de la familia; el querido es más fuerte que el marido. Cuidado, cuando lo descubra, con matarla e ir preso muchos años.
En este Ifá hablan los siguientes Orishas: ESHU-ELEGBA, ORUNMILA, OYA, OBATALA, OSHUN, AZOJUANO y OSANYIN.
Por este Odu el Awó es Osainista y practicará la brujería, pues Ojuani-Shobe nació para eso. El signo habla también de separación de dos grandes amigos. El Awó tendrá que tener cuidado con el dinero, pues éste le traerá grandes tragedias: dele de comer al dinero.
Este Odu dice que nunca exija a otro lo que usted no pueda hacer, y que la persona deberá hacer el bien aunque no se lo agradezcan. Predice que en todo lo que piense, diga y haga tenga en cuenta a Eshu-Elegba. Predice también que la persona deberá limpiar su casa con hierbas, darle un chivo a Eshu y llevarlo todo al monte, para dejar allí lo malo y regresar con lo bueno. Por este Odu se deberá sacrificar para cambiar el carácter y ser menos amargo.
Es un Odu muy importante en el Ebó y también cuando se van a hacer Atenas de Ogú (hechicería), pues tiene una gran fuerza y vibraciones negativas que pueden interferir en la paz de las personas.
La miopía, o cortedad de vista, es un estado de refracción en el que, con la acomodación completamente relajada, los rayos paralelos se enfocan delante de la retina. Esos rayos se cruzan en el cuerpo vítreo y, al llegar a la retina, han adquirido una dirección divergente, de modo que forman un círculo de difusión y, por lo tanto, una imagen confusa. Casi siempre depende de un aumento del diámetro ante-posterior del ojo.
Para frenar cualquier aumento de la miopía hay que observar una higiene rígida, tanto local como general: restringir el trabajo de cerca, no leer demasiado tiempo seguido, mantener el libro a una distancia prudencial, usar los lentes correctores totales para el trabajo de cerca y evitar la lectura con iluminación insuficiente.
También hay que tener cuidado con los ejercicios en los que puedan darse golpes en la cabeza, por el riesgo de desprendimiento de la retina. Existen miopías que se pueden atender mediante operaciones y otras que se detienen con lentes de contacto.
Relación de obras del odu Ojuani Shobe
Cuando se termina de hacer el Ebó, coge un poco de Iyefá rezado para bañarse y lo que quede en el tablero lo echa en la puerta hacia la calle y reza:
OJUANI SHOBE BASHOWANI OUN SHEMISHE NI BODE AGADA AFOSHE YANTARA ODI DANI LOGUN DAMIRE EFUN LENI
Después, para el baño, el Awó coge Imo Oshún (helecho de río), lo machaca bien y lo desbarata en el agua, le echa el Iyefá y un poco de agua bendita.
Con ekru y se riega alrededor de la casa.
Se coge hierba «no te avergüences» y se hace un cal hambrón para que la persona se acueste sobre esa hierba los días necesarios hasta que la misma se marchite. Después se entierra esa hierba con la ropa usada.
Dice Ifá
- Que Ud. no tome venganza, que con él y Eshu-Elegba bastan.
- No porfíe con nadie y con sus enemigos mucho menos.
- Ud. tiene que atender a Eshu.
- Ud. se está acostando con la mujer de su amigo, tenga cuidado, pues Ud. anda con él.
- Una persona le ha de prestar un dinero, que no le cobrará porque se le olvidará.
- A Ud. le quieren hacer un daño por venganza; tenga cuidado no se vea en líos de justicia.
- Hay una mujer investigando por Ud.
- Ud. tuvo un hijo con ella, regálele algo, para así evite un mal que le viene.
- A Ud. le gusta echar a su familia y amigos a la candela.
- Ud. tiene un amigo, que la gente quiere que se peleen; ellos dicen que Uds. se llevan bien y quieren verlos pelear.
- Ud. tiene que hacer Ebó con dos jicoteas, hilo blanco y negro, una navaja y el nombre de sus enemigos.
- A Ud. le han prestado unas ropas, pero a Ud. no le gusta prestar las suyas.
- Ud. tuvo una tragedia y por eso usa un cuchillo o navaja encima.
- Ud. ha tenido un disgusto por causa de un hijo.
- No salga a la calle por espacio de siete días por la noche.
- El cuarto donde Ud. vive es muy húmedo, al otro lado de su cuarto hay una pila de agua.
- Ud., cuando termine de hacer rogación, tiene que lavarse los pies con agua.
- No vaya a pisar sangre, ni porfíe, ni reclame nada a nadie; y si en su casa hay tragedia, no se meta.
- Si le regalan un collar amarillo o una manilla, no se la ponga.
- Ud. tiene tres enemigos, abra la pila de la casa para que corra el agua y no la tranque.
- Allá en su casa hay un Babalawo y un niño enfermo.
- Nunca ayude a levantar a nadie peso, porque Ud. se atrasa y él adelanta.
- A Ud. le gusta el chisme y habla mal de todo el mundo.
- A Ud. le gusta trabajar el brujo, pues dice que nació para eso.
- Ud. tiene un compromiso contraído que desea acabar.
- No pelee tanto con su mujer, pues ella es su suerte.
- Ud. está con una mujer que sólo hace tres días se fue de la casa de su marido; él la está buscando y Ud. va a tener una tragedia con ese hombre.
- Su cabeza es muy dura, no oye consejos.
- Ud. va a ser capataz o cabeza de algo.
- Dele de comer un gallo a su Eshu-Elegba y póngale un gorro.
- Ud. deberá rogarse la cabeza periódicamente.
Refranes de Ojuani Shobe
- Sacar agua con canasta.
- El que come el huevo, no piensa en el dolor que le costó a la gallina.
- Lo malo sin maestro se aprende.
- El mal y el bien siempre andaban juntos.
- Las malas vibraciones interfieren la paz de la mente.
- El dinero no lo es todo en la vida.
Eshu-Elegba del odu Ojuani Shobe
Eshu FEKUN y ESHU NI. No están especificados.
El Awó con este Odu deberá tenerlo, para realizar todo tipo de trabajos, para pollerías, dejando el Eshu del Awó para otras obras más benignas.
La historia de Eshu Fekun en la tierra Boshele Iña Ifá se narra entre los patakíes de este odu.
Patakíes del odu Ojuani Shobe
1.Adivinación hecha para Ogún y Orúnmila cuando bajaban del Cielo
Cuando sale este Odu en la adivinación, el adivino pediría una pequeña porción de manteca de corojo para echar en el suelo antes de interpretarlo.
Estos fueron los cinco Awoses que adivinaron para Orúnmila y Ogún cuando bajaban del Cielo. Dios había advertido a ambos que no mataran a ninguna divinidad ni a ningún ser humano, porque él no había creado a las divinidades, a la humanidad ni a los animales para que destruyeran su propia especie. Dejó bien claro que quien se empeñara en matar lo estaría haciendo únicamente como agente de Eshu.
Antes de abandonar el Cielo, ambos fueron por adivinación y se les aconsejó agasajar a Eshu y hacer sacrificio. Ogún, que tradicionalmente miraba a Eshu con desprecio, se negó a hacerlo; Orúnmila, cuya fortaleza reside precisamente en hacer los sacrificios, lo cumplió. Los Awoses le hicieron los sacrificios y le prepararon una medicina para que la tomara y para que mezclara parte de ella con el jabón con el que debía bañarse. Ogún y Orúnmila partieron para la Tierra al mismo tiempo.
Entretanto, Eshu, a quien Ogún no había apaciguado, estaba decidido a darle una lección al Dios del Hierro. Fue a incitarlo a la irritabilidad para que reaccionara con violencia ante cualquier daño. Fue Eshu quien encolerizó a Ogún hasta convertirlo en la furiosa deidad que resultó ser: en cuanto quedó enfurecido, procedió a matar a 200 seres humanos. Eshu también intentó estimular a Orúnmila, pero éste le recordó los sacrificios que le había hecho en el Cielo y subrayó que Dios lo había enviado para salvar a las deidades y a los seres humanos, no para destruirlos. Aun así le dio otro chivo a Eshu, y después de comerlo Eshu prometió vengar todos los daños que se le habían hecho. Mientras tanto, Orúnmila utilizaba la medicina que le habían preparado.
El crimen al que Ogún quedó asociado hizo que la gente huyera despavorida de él y comenzara a acudir a Orúnmila para que la salvara. Orúnmila le recordó a Ogún el mandato de Dios que prohibía matar, y Ogún le replicó que ese no era su problema y que, si no era cauteloso, él también sería una víctima de su inclinación al crimen. Cuando Ogún levantó su martillo para golpearlo, Orúnmila le contestó que estaba jugando, porque Ihuawa emite humo pero no fuego; la babosa sube al árbol pero no tiene dientes para morderlo; y el aceite, cuando ve el fuego, se derrite enseguida.
Ante ese encantamiento, Ogún le dijo en tono jocoso a Orúnmila que, para que una deidad fuese temida, de vez en cuando tenía que violentarse. Después de aquello, Ogún y Orúnmila se hicieron amigos.
2.Adivinó para Olofin cuando construía una casa nueva
Los tres Awoses de Egba, Ijesha e Ilashakun fueron los que adivinaron para Olofin cuando iba a adquirir tierras para construir su residencia permanente. Se le aconsejó hacer sacrificio con una chiva. Él lo hizo, levantó la casa y vivió tranquilo en ella con su familia hasta una edad avanzada.
Si este Ifá aparece en la adivinación para alguien que va a adquirir un terreno para construir una casa, se le aconsejará realizar el mismo sacrificio.
3.Adivinó para el conejo
Owanrin-so-ogbe K’ Eshu gba adivinó para el Conejo cuando éste robó algunos ñames del granero de Eshu. Cuando Orúnmila vio tantos ñames en la casa del conejo, le preguntó de dónde los había sacado y él respondió que los había tomado de una granja cercana a su casa; ignoraba que esa granja era propiedad de Eshu.
Orúnmila le aconsejó que la única forma posible de reducir la inevitable ira de Eshu era recibiendo su propio Ifá: la estrategia consistía en asegurarse de tener a Eshu dominado por lo de los ñames robados. El Conejo preparó de inmediato todo para recibir su propio Ifá.
Cuando Eshu le preguntó a Orúnmila quién estaba recibiendo Ifá, éste le contestó que se trataba del Conejo. Eshu le advirtió que el Conejo era un ingrato que estaba destinado a pagarle con ingratitud. Fue entonces cuando Eshu le confirmó a Owanrin-so-ogbe que sabía que los ñames machacados para la ceremonia de Ifá del Conejo habían sido robados de su granja, y aseguró que el culpable sería capturado en otro acto de hurto y deshonrado, y así lo maldijo. Eshu observaba que, al robarle al hombre que le había preparado su Ifá, su maldición se había manifestado sobre el Conejo. Entre Eshu y Owanrin-so-ogbe, el Conejo fue condenado a la estupidez eterna.
Ésta es la razón por la cual él usa semillas de Ifá (ikin o Kernels) para bloquear su hueco, en el presente.
Cuando este Ifá aparece en Igbodun, la persona resultará ser un ingrato con su padrino de Ifá. En la adivinación, la persona agasajaría a Eshu con un chivo y a Ogún con un gallo, para evitar ser sorprendida robando o para anticiparse al riesgo de ser acusada falsamente de robo.
4.Él adivinó para el Ijimire (el Mono)
«La verdad siempre es amarga» era el nombre del Awó que adivinó para Ijimire (el Mono) cuando éste fue a ayudar al León (Ikoko), que había caído en una trampa; mientras que Gban owo po po fue el Awó que adivinó para la tortuga cuando ésta acudió a arreglar la desavenencia que surgió entre ellos.
A Ikoko, el león, se le había aconsejado hacer sacrificio para evitar caer en una trampa preparada por los seres humanos, y se negó a realizarlo. A Ijemire también se le aconsejó sacrificar para no convertirse en víctima de su propia benevolencia: se le dijo que hiciera sacrificio con un gallo para la cabeza de su madre, y él lo hizo.
Tiempo después, Ijimere se paseaba de un lado a otro en lo alto de un árbol cuando escuchó que alguien pedía ayuda abajo. Al bajar a comprobar qué sucedía, vio que el León había quedado atrapado en un hoyo profundo. El León le rogó que lo ayudara, pero él se negó, pues había sido advertido de cuidarse para no perder la vida por una magnanimidad. El León le prometió que nunca le sería ingrato y, finalmente, el Mono bajó su cola para que el León se agarrara, mientras él se sujetaba del tronco de un árbol.
Tan pronto como el León salió del hueco, se negó a soltar la cola del Mono. Cuando estaba a punto de matarlo, apareció la Tortuga vestida con un traje de caballero celestial. La Tortuga le pidió al León que expusiera primero su caso y, después de narrarlo, éste soltó la cola del Mono, que se subió rápidamente a lo alto del árbol. Ya en completa libertad, el Mono comenzó a cantar en alabanza a Ifá:
Significado: Los ojos que presenciaron la amargura de la verdad, ese era el Awó que adivinó para el mono, cuando fue a rescatar al León, que había caído en un hueco. Fue el sacrificio que él escuchó e hizo, que lo hicieron sobrevivir a la ingratitud de su beneficiario.
Cuando aparece en la adivinación, se le aconsejará a la persona que se cuide de sus amistades. También se le dirá que haga sacrificio para no ser víctima de su propia magnanimidad, y se le prevendrá sobre una inminente disputa por asunto de unos terrenos o que afecte su trabajo. Si hace el sacrificio, alguien aparecerá en el momento crítico para sacarla del inevitable problema.
5.Los mismos Awoses adivinaron para Orúnmila cuando iba para la ciudad de Akosi
«El agresor dio un ligero golpe, mientras que el oponente repostó con un golpe mucho más fuerte»: éstos fueron los dos Awoses que adivinaron para Orúnmila cuando iba a la ciudad de Akosi. Viajó allá con las 200 aves que estaba criando.
Al llegar decidió soltarlas para que se movieran a su antojo. La ciudad tenía una extensión de matorrales divinos cuya entrada estaba prohibida a los no iniciados. Un día las aves se extraviaron dentro de ese matorral divino (igbo-umale en Yoruba y Ugbo-ebo en Benin). Cuando la gente las vio vagando dentro del bosque sagrado, informó rápidamente al Obá, quien ordenó que las recogieran y las llevaran a palacio.
En cuanto Orúnmila supo lo ocurrido, se presentó en el Palacio para disculparse ante el Obá, explicándole que, como recién llegado a la ciudad, desconocía que aquel matorral fuera sagrado, y le recordó el adagio común de que «los visitantes no conocen bosques sagrados». Aun así, el Obá se negó francamente a liberar las aves, que quedaron confiscadas.
Al llegar a casa, Orúnmila trabajó con Ifá, que le indicó usar un pollo para que todo quedara en manos de Eshu. Permaneció en la ciudad ejerciendo sus prácticas de Ifá y pronto se hizo muy conocido, hasta el punto de que el propio Obá advirtió su importancia.
El Obá tenía rebaños de 201 ovejas que pastaban libremente en la comunidad bajo la supervisión de cuatro pastores, dos hombres y dos mujeres. Un día, cuando el rebaño pasaba frente a la casa de Orúnmila, Eshu dirigió algunas ovejas para que se extraviaran dentro de la sala; mientras los pastores las sacaban, tropezaron con el altar de Ifá y regaron por el suelo todos los Ikines. Al mismo tiempo, Eshu se transfiguró en un jefe para aconsejarle a Orúnmila que cerrara la puerta de su domicilio. Después, Orúnmila arrestó a todas las ovejas y a sus pastores bajo el cargo de que estaba prohibido regar por el suelo sus semillas de Ifá.
Al Obá se le informó del suceso y envió una delegación para que Orúnmila liberara al rebaño y a los pastores, pero él se negó de forma directa. Al mismo tiempo, Eshu, disfrazado de jefe de visita, fue a ver al Obá para preguntarle cómo podía resolverse el problema de las aves de Orúnmila. El Obá contestó que se negaba a devolvérselas, y Eshu respondió entonces que la situación de las ovejas y sus pastores debía resolverse de mutuo acuerdo.
Orúnmila aprovechó la oportunidad: vendió el rebaño completo, se casó con las dos pastoras y mantuvo a los otros dos pastores como criados. Así obtuvo una ganancia mayor que su pérdida anterior.
Cuando sale en la adivinación para alguien que se propone realizar un viaje, se le dirá que aguante y tolere cualquier daño que se le haga en el lugar, porque al final recogerá una gran recompensa.
6.El agricultor y Eshu-Elegba
Había un agricultor que tenía una gran siembra de acelgas, coles y malanga que todo el mundo le envidiaba. Un día llegó Eshu y le pidió algunas de esas viandas para comer. Como el agricultor no lo conocía, le contestó que él no tenía su siembra para regalarla, y Eshu se retiró.
Al día siguiente Eshu volvió disfrazado con la ropa de la corte del Rey y empezó a pregonar que el Rey había ordenado destruir todas las siembras porque estaban haciendo daño a la salud. Al oírlo, el agricultor se enfureció de tal manera que, sin encomendarse a nadie, dijo: «El Rey dijo eso. Bueno, yo no espero que él desbarate mi siembra». Cogió el machete y acabó con ella.
Al otro día pensó que no debía haber hecho aquello sin haber visto antes al Rey. Fue de inmediato a contárselo y el Rey le respondió que él no había ordenado semejante barbaridad, y que eso era una maldad de Eshu, que tenía hambre.
7.Cuando Eshu echó a pelear a dos amigos
Una vez Eshu se propuso poner a pelear a dos amigos para que se disgustaran. Para lograrlo se vistió con una ropa cuya parte derecha estaba limpia, planchada y sin parches, mientras que el lado izquierdo estaba estrujado, sucio y con parches. También se peinó bien por el lado derecho y dejó la parte izquierda sin peinar, toda desgreñada.
Se encaminó hacia donde estaban los dos amigos conversando en la esquina y, sin dirigirse a ninguno de ellos, pasó entre los dos. Al ver la imprudencia cometida, los amigos empezaron a hacer comentarios: uno decía que iba muy bien vestido y peinado, y el otro sostenía que iba muy mal peinado y vestido.
Aquello produjo una discusión tan grande que llegaron a las manos y riñeron, quedando los amigos separados.
8.Cuando le robaban a Ojuani-Shobe
Orúnmila era cazador y, cuando salía a su labor, nunca llevaba saco para recoger las piezas cazadas: las dejaba al pie de una mata y seguía cazando. Se dio cuenta de que, mientras cazaba, se las sustraían.
Por esa razón decidió mirarse con Ifá y le salió este Odu, que le indicó hacer Ebó (las palomas para rogación de cabeza). Él lo realizó.
Cuando salió a su trabajo habitual, Ifá lo iluminó y, al llegar al pie del árbol, miró hacia arriba y vio a tres monos, que eran los que le robaban. Rápidamente cogió su flecha y disparó, matando a dos de ellos; el otro pudo escapar. Así se liberó de los ladrones, que a su vez eran sus enemigos.
9.El brazo de mar
En la tierra de Ifón había un brazo de mar y existía un Orisha del que nadie se ocupaba: éste era Olokun. Todo el mundo pasaba por allí y nunca le ofrendaban nada en el mar.
Un día Olokun se molestó y a todos los que pasaban por allí las olas se los tragaban. Fueron tantos que Obatalá notó la falta de sus hijos y fue a casa de Orúnmila para saber qué ocurría. Éste lo miró con Ifá, le vio este Odu y le dijo que todos sus hijos tenían que hacer Ebó con todo lo que se come (Gbogbo Tenuyen) y llevarlo al mar para darle de comer; al hacerlo, Olokun se iría retirando. Además, le dijo a Obatalá que todos sus hijos tenían que hacer Santo (Yoko Osha).
Cuando los hijos de Obatalá cumplieron lo indicado por Ifá, el brazo de mar se fue retirando hasta sus límites y las personas pudieron pasar de nuevo por allí.
10.Ojuani y su amigo Ejiogbe
En un pueblo llamado Ogbeshabanisan vivía un hombre nombrado Ojuani Shobe, muy amigo de Ejiogbe. La mujer de Ojuani estaba en estado y dio a luz un niño muy lindo y hermoso, y Ojuani fue a ver a su amigo Ejiogbe para que se lo bautizara.
Ejiogbe aceptó, ya que se llevaban muy bien, y en prenda de esa amistad le puso una cadena al pequeño. Ojuani, al ver aquel gesto, le regaló una cazuela a su amigo, quien sembró en ella una mata de plátano y dijo que, según fuera creciendo la mata, así iría progresando el hijo.
Con el tiempo, el pequeño estaba de lo más grande y la amistad entre los dos era intachable. Pero a ciertas gentes no les convenía aquella gran amistad y comenzaron a llevarle a Ojuani chismes de Ejiogbe. Cuando éste se enteró de lo que sucedía, se hizo Osode e Ifá le dijo que hiciera Ebó con un gallo y se lo diera a Eshu.
Un día Ojuani, cansado de lo que le decían de Ejiogbe, decidió romper esa amistad: al llegar a casa de su amigo discutió con él y, de la soberbia, le exigió que le devolviera su cazuela sin romperla. Ejiogbe accedió, cortó con cuidado las raíces de la mata y le entregó la cazuela sana; pero a su vez le pidió que le entregara, sin romperla, la cadena que él le había regalado a su hijo.
Ojuani, furioso, regresó a su casa y trató de sacarle la cadena del cuello al niño, pero era imposible, porque el hijo había crecido mucho. Encolerizado, cogió un machete y le cortó la cabeza a su hijo, y después se volvió loco por lo que había hecho.
11.Las tres dificultades
Orúnmila vivía con Yemajá. Un día se le presentaron en su casa Elegba, Ogún y Shangó, pidiéndole que les hiciera Ifá. Orúnmila les dijo que eso costaba dinero y les preguntó si lo tenían; ellos respondieron que no y se marcharon. Pero Elegba se dijo: «A éste no le gusta más que el dinero, vamos a ver si me hace Ifá o no».
Elegba se fue para el cementerio y allí preparó tres carretitas: en una puso a la muerte (Ikú), en otra tierra de las fosas y en la tercera el dinero, y regresó a casa de Orúnmila. Al llegar, Yemajá, la mujer (Apetebí), le dijo a su esposo que ahí estaba Elegba para que le hiciera Ifá, pero que traía tres carretas y que junto a él venía la muerte. Orúnmila mandó a cerrar la puerta y ordenó que no lo dejaran entrar, pero la muerte se coló por una hendija de la puerta trasera.
Orúnmila enfermó de gravedad y Yemajá le dijo que aquello era obra de Elegba y que por qué no lo llamaba. Orúnmila lo mandó a buscar y, cuando llegó, le dijo que si se llevaba a la muerte de allí, le haría Ifá. Elegba se llevó la muerte, Orúnmila se puso bien y le hizo Ifá. Al irse, Elegba le dijo que le dejaba dos carretas: una con tiestos y la otra con el dinero.
Enterado Ogún de lo de Elegba, se dijo que él también lo sería. Se dirigió al camino y puso talanqueras por todas partes, de modo que los aleyos no podían llegar a casa de Orúnmila, que empezó a pasar calamidades. Entonces Yemajá le recordó que allí habían estado Elegba, Ogún y Shangó, y que él solamente le había hecho Ifá a Elegba, y que lo que estaba pasando era obra de Ogún. Orúnmila reaccionó, mandó a buscar a Ogún y le hizo Ifá; cuando Ogún salió, quitó todas las talanqueras que cerraban los caminos.
Al enterarse Shangó de que Elegba y Ogún eran Awoses, fue a verlos y les preguntó cómo lo habían conseguido. Ellos le contaron sus respectivas historias y Shangó dijo que él también iba a hacerse adivino. Se subió a lo alto de una palma y desde ese momento comenzó a llover, a tronar y a caer centellas. Así estuvo durante meses, y Orúnmila volvió a pasar necesidades porque a su casa no iba nadie. Yemajá le dijo que aquello era obra de Shangó y Orúnmila respondió que lo mandara a buscar para hacerle Ifá.
Cuando le hizo Ifá a Shangó, las aguas, los rayos y las centellas cesaron, y la prosperidad regresó a casa de Orúnmila.
12.Cuando lo bueno vivía con lo malo
En este camino, Olofin estaba preocupado porque lo bueno vivía junto con lo malo en la Tierra. Olokun, que lo sabía, estaba muy de acuerdo y muy contento de que las cosas fueran así.
Una vez Obatalá se encontró con Olokun y comenzaron a hablar. Obatalá le dijo que lo malo no debía vivir junto con lo bueno, y Olokun le contestó en mala forma que él nunca estaba conforme con nada. Obatalá se marchó muy disgustado.
Olokun, por su parte, mandó a buscar a Eshu y le entregó una careta, e hizo lo mismo con Oyá y Yewá. Después mandó a buscar a Shangó, pero cuando éste se presentó le rechazó la careta y siguió su camino. Al poco rato Shangó se tropezó con Eshu, que llevaba puesta la careta, y aun así lo reconoció al instante por las piernas y por sus uñas largas. Empezó a hablarle y Eshu, al verse descubierto, se quitó la careta.
Shangó llevaba un gallo al que le había pintado la cabeza por un lado de rojo y por el otro de blanco. Cuando se lo mostró a Eshu, éste se asustó, pero después dijo que quisiera comérselo. Shangó le contestó que se lo daría con la condición de que le quitara a Oyá y a Yewá las caretas que Olokun les había dado, y también todas las que Olokun tenía. Elegba aceptó y Shangó le indicó que primero fuera a casa de Olokun con aquel gallo, antes de comérselo.
Elegba hizo lo que Shangó le dijo. Cogió su gallo y se fue para casa de Olokun. Al llegar tocó fuertemente la puerta y, cuando Olokun salió a ver quién era y vio el gallo que llevaba Eshu, se asustó y se escondió, y Eshu aprovechó para entrar y llevarse todas las caretas que allí encontró. Al salir de la casa estaban Shangó y Oduduwa, que le quitaron las caretas, le arrancaron la cabeza al gallo y se lo dieron a Eshu; la cabeza del gallo la tiraron para el mar.
Cuando Olokun se dio cuenta de que Eshu le había robado las caretas, salió corriendo tras él, pero se encontró con la cabeza del gallo, se volvió a asustar y regresó a su casa, abandonando la persecución. Shangó y Oduduwa se encontraron con la muerte (Ikú) y le entregaron las caretas, diciéndole que Eshu tenía todavía dos caretas más para entregarle.
Olokun fue entonces donde estaba Olofin para contarle lo que le había sucedido con Eshu. Mientras tanto, la muerte, advertida por Shangó y Oduduwa, esperó a Eshu en el camino y, cuando lo vio venir con las dos caretas que faltaban, se escondió detrás de una mata de ciguaraya, a la que le arrancó tres gajos. Cuando Eshu pasaba, le dio con los tres gajos en la cara y le arrebató las caretas. Él, asustado, salió corriendo para casa de Olofin, quien al verlo llegar sofocado le dijo: «No me cuentes lo sucedido pues lo sé todo, y te voy a premiar dándote este ashé. Eshu, desde hoy te llevarás para el mundo todo lo malo y sólo harás el bien cuando SHANGO te lo ordene». Olofin le regaló a Eshu una gorra mitad roja y mitad blanca, diciéndole: «Siempre la llevarás puesta».
Eshu volvió a la Tierra trayendo todo lo malo y todo se comenzó a pudrir. Cuando Oduduwa lo vio, corrió a donde estaba Olofin y le dijo que el único que podía resolver el problema era Shangó. Olofin lo llamó y le ordenó que llevara lo bueno a la Tierra, y él le contestó: «Padre, en la Tierra debe haber mitad bueno y mitad malo». Olofin le dio ashé y sentenció: «TO IBAN ESHU» (Así será).
Por su parte, cuando Eshu llegó a la Tierra a hacer el mal, se encontró con la muerte y enseguida se aliaron, siendo la gorra blanca y roja la identificación para que la muerte no le hiciera daño a Eshu.
13.El inteligente
Hace muchos años había un hombre que tenía una hija de singular hermosura. Sin descanso llegaban a su casa o choza viejos y jóvenes de otros poblados hasta donde había llegado la fama de su belleza, solicitando casarse con ella.
Su padre, que era un fatuo, sometía a los pretendientes a pruebas de las que nadie podía salir bien: por ejemplo, mandaba a traer un cesto lleno de agua para que pudieran casarse con ella.
Un día, la historia llegó a oídos de un hombre de larga vida, mucha experiencia y no poca picardía, que se encaminó al poblado de Yabale —así se llamaba el padre de la muchacha— dispuesto a pedirle la mano de su hija. A él, como a todos, le puso la misma prueba, ante lo cual aquel hombre pidió que le trajeran un cesto grande lleno de agua con el cual poder fabricar y que le pusiera pelos para sujetarlo por las asas.
Al ver su actitud, los vecinos del pueblo, riéndose, le pusieron el nombre de Hombre Tonto, y decían: «¿Cómo es posible llenar un cesto de agua?». Pero el Hombre Tonto se encaminó al río, donde sumergió el gran cesto previamente atado, y mandó a los hombres que estaban en la orilla que tiraran de él por los pelos que sujetaban las asas.
El cesto no salía de la profundidad y los pelos se rompían. Entonces dijo el Hombre Tonto que fueran a decirle a Yabale que el cesto estaba lleno de agua, pero que los pelos eran los que no resistían y se rompían, y que si quería que se lo llevara a su casa le enviase dos hilos del humo que él echaba por la pipa cuando fumaba.
Yabale encendió su pipa y se puso a fumar, pero por más que intentaba coger los hilos de humo que echaba, no podía. Entonces el padre de la hermosa muchacha le mandó a decir que lo que pedía era imposible. Al oír la respuesta, el Hombre Tonto contestó que, si no enviaba los hilos de humo, él no podría llevarle el cesto de agua que había pedido.
Avergonzado Yabale de su conducta al conocer la nueva respuesta, le dio al Hombre Tonto por mujer a su hija legítima y no le pidió ninguna otra prueba.
14.El origen de los cristales de los espejuelos
En este camino, Elegba vivía en la tierra Bonu Kele Kele y no tenía voz ni mando. Llevaba una vida disgustada y triste, porque sabía que no representaba nada en el mundo ni era nadie, y por eso se pasaba la vida llorando (Sokun).
Un día Oyá, que vivía en la tierra Obari Oda, donde todo el mundo vivía bien, y que desde esa misma tierra podía divisar a Elegba, que era su hijo, llegó y lo encontró triste. Cogió un gallo y lo limpió, haciéndole Sarayeye, y mientras lo limpiaba cantaba:
Después de la limpieza, Elegba le pidió la bendición a su madre Oyá, pero por dentro estaba roñoso y molesto al ver la virtud tan grande que ella tenía. Elegba salió caminando y dijo que iba a casa de Olofin, porque él no podía seguir así: tenía que tener mando y hacer lo que le diera la gana, porque más que él, nadie; el mundo tenía que vivir ciego y hacer lo que él quisiera y mandara.
Elegba llegó a casa de Olofin haciéndose el humilde y muy triste. Lloraba y decía: «Papá OLOFIN, écheme la bendición, porque yo no soy nadie en el mundo». Olofin lo sentó y le dijo que, si quería ser alguien, lo sería más para hacer el mal (Ikan Araye) y no para el bien (Iré). Elegba respondió: «Papá, ¡qué va!, mándame para un lugar donde yo pueda tener mando». Olofin, que lo conocía bien y sabía de lo que era capaz porque nunca había sido nadie, lo tuvo tres días con él dándole consejos y diciéndole lo que iba a hacer. Después le preguntó si lo había escuchado y, al responderle Elegba que sí, le advirtió: «Si tú no haces lo que yo te dije, por momento perderás la vista y la razón».
Al cabo de los tres días, Olofin lo mandó a la tierra Obai Nile. Elegba pensó que en esa tierra no podía triunfar y que, para triunfar en el mundo, debía ir primero a la tierra Obari Oda. Sabía que en esos momentos su madre Oyá estaba visitando esa tierra, que tenía mucha arena, y que con su virtud y con la hierba que él llevaba dejaría a todos ciegos (Intori Arun Oyu), mandaría y sería dueño de todos, porque esa enfermedad sería como una epidemia que quedaría regada por el mundo entero.
Elegba llegó a la tierra Obari Oda, llamó a toda la gente de aquel lugar y empezó a lavarle la cabeza y a hacerle ceremonias, con lo que toda la gente de esa tierra perdía la memoria y la vista (Leri Ofo y Oyu Ofo). Sin embargo, había allí uno llamado Oyu Obate Odu Ojuani Shobe, que era Awó de Orúnmila, quien al ver aquello salió corriendo en busca de Oyá. Por el camino iba tocando un cencerro y una vaina de Flamboyán que llevaba, y cantando:
Oyá escuchó aquel canto y salió corriendo enseguida de la tierra Obai Nile. Cuando se encontró con el Awó Oyu Obate Odu Ojuani Shobe, le preguntó qué pasaba, y éste le contó lo que Elegba había hecho con todo el mundo, que todos habían perdido la memoria y la vista.
Oyá salió corriendo y, en la jaba que llevaba, tenía huevos de gallina. Llegó a la tierra Obani Oda y empezó a coger arena y a envolverla con la clara de huevo que llevaba, refrescando bien la masa. Después reunió a todos sus hijos para que se lavaran con aquello que ella llevaba. En ese momento Olofin mandó una centella, salieron los rayos del Sol y aquella masa que había hecho Oyá se cocinó, surgiendo los cristales con que se fabricaron los espejuelos, que devolvieron la visión y la memoria a todo el mundo, incluso al propio Elegba, que se había quedado falto de vista.
De esa forma tuvo lugar el nacimiento de los cristales con que se fabrican los espejuelos. Los espejuelos de Elegba estaban representados por los caracoles que se le ponen, y a partir de ahí significaron que él ve todo lo que pasa en el mundo y se lo cuenta a Orúnmila y a Olofin.
Entonces Olofin le dijo: «Aquí tienes el poder que tú querías, tú no tienes necesidad de hacer lo que hiciste, me lo hubieras dicho. Ahora, aunque eres joven, tendrás que usar espejuelos para ver y, en esta tierra, llegará el tiempo en que mayores y menores tendrán que usar espejuelos para ver. Esta es mi maldición por lo que has hecho». Y de esta forma Elegba cogió el mando de lo que quería.
15.El pacto con el Diablo
Había un hombre que tenía un hijo muy enfermizo, por cuya causa sufría. Al ver a su hijo en aquella condición, quería que estuviera lo mejor posible.
Un día, mientras pensaba en la enfermedad de su hijo, se le presentó el Diablo y le preguntó qué le daría si le curaba al muchacho. Asustado, aquel hombre le respondió que lo que quisiera, con tal de que su hijo sanara. El Diablo le dijo que después de curarlo le cobraría.
A partir de ese momento el muchacho empezó a ponerse bien de salud, y el padre se sentía satisfecho al verlo así. De esa forma pasaron los años. Un día, cuando menos lo esperaba, apareció el Diablo diciéndole que venía a cobrar la deuda contraída por haberle curado al hijo. El hombre, contento con él porque había cumplido su palabra, le contestó que pidiera lo que quisiera.
El Diablo le dijo que quería la mitad de su hijo, es decir, partirlo desde la cabeza hasta los pies. Al oírlo, el hombre tuvo un momento de vacilación, pero en un arranque de honestidad le dijo que cuando uno empeña su palabra debe cumplirla, y que por lo tanto partirían al muchacho y les quedaría una mitad a cada uno.
Cuando el Diablo vio que el hombre iba a dividir al muchacho con una espada, le aguantó la mano y le dijo que no lo partiera: el muchacho le pertenecía a él por ser un hombre de palabra, y habría sido distinto si se hubiera negado a su requerimiento.
16.Cumpla con lo que promete
Ojuani era un hombre de más de treinta años que fracasaba en todas sus empresas. Era el eje central de las críticas de amigos y parientes, que lo culpaban de tener poca inteligencia para triunfar en el difícil juego de la vida.
Cansado ya de tanto luchar, un día, temprano en la mañana, se dispuso a terminar con todas aquellas amarguras y se dirigió al campo con la intención de acabar con su vida. Adentrándose en un espeso bosque, se le ocurrió decir en alta voz que haría cualquier cosa por triunfar en la vida, para demostrar a todos que no era tan bruto como imaginaban.
Para su sorpresa, una voz que parecía venir de otro mundo le respondió preguntándole si de verdad sentía lo que estaba diciendo. Él contestó rápidamente que sí, que era cierto que haría cualquier cosa por triunfar, aunque fuera una sola vez.
«Pues bien, he tomado tu palabra», dijo la voz. Le anunció que se haría rico y poderoso, que tendría los mejores y más ricos manjares, pero que siempre debería darle de comer a él antes de comer, y le repitió que lo escuchara bien: siempre tendría que darle de comer antes de comer él. Mientras lo hiciera, nunca tendría dificultades; debía caminar en dirección hacia donde sale el Sol, sin desesperarse, y continuar así hasta que llegara su triunfo.
Ojuani aceptó la proposición rápidamente y comenzó a caminar en dirección a la puesta del Sol. Caminó muchos días y, ya perdida la esperanza en la promesa de aquella voz, se detuvo a descansar y se quedó dormido. La misma voz le habló en sueños y le dijo que más adelante en el camino encontraría una piedra que lo dividía en dos, que se detuviera frente a ella y tomara el camino más difícil.
Cuando Ojuani despertó estaba algo alegre y se dispuso a continuar. Casi al caer la noche encontró la piedra, que se erguía majestuosamente en medio de los dos caminos: uno parecía limpio y sin estorbos, y el otro estaba lleno de piedras y matojos; ése era en realidad el más difícil, y por ése se encaminó, siguiendo las instrucciones de la voz misteriosa.
Lo que no sabía era que el camino tomado lo llevaba a un pueblo que estaba en serias dificultades, pues su Rey había muerto sin dejar herederos y, después de meses de disputas, no se llegaba a un acuerdo sobre quién sería el nuevo Rey. El Consejo de Ancianos se reunió y decidió con máxima autoridad que, como los pobladores no se ponían de acuerdo, el primero que pasara por allí sería el nuevo Rey.
El día de la ceremonia se celebraron grandes fiestas en nombre de quien sería el nuevo Rey, y llegaban invitados de todas partes del pueblo. Hizo su entrada Ojuani y se dictaminó que quien entraba era el nuevo Rey. Fue llevado y presentado al pueblo y, a la vez, coronado.
Pasada la sorpresa, ya coronado como Rey, se le acercó un invitado y le dijo que había cumplido su promesa y que esperaba que él cumpliera la suya. Ojuani respondió que así lo haría y le preguntó quién era, que tenía tanto poder. Elegba, que no quería ser identificado por Ojuani, le contestó que se preocupara de darle la orden al cocinero para que le dieran a él la comida primero que a todos. Así lo hizo Ojuani, ordenando al cocinero que siempre le diera a su amigo el primer plato de la comida, sin importar de qué clase fuera.
Pasó el tiempo. Ojuani, el Rey, se casó con una de las mujeres más bellas del pueblo y mandó a buscar a toda su familia y amigos para la boda. Cuando llegaron, se sorprendieron al ver lo mucho que había progresado y todos, uno por uno, le pidieron perdón por los incidentes del pasado. Él los perdonó a todos y los invitó a quedarse en el pueblo, cosa que unos aceptaron y otros no.
El tiempo pasaba y el pueblo prosperaba bajo su dirección. El matrimonio real tenía una hija bella y hermosa y todo marchaba a las mil maravillas, por lo que Ojuani se fue poniendo algo engreído. Además, algunos que él creía amigos le aconsejaron que no le diera más comida al protector que nunca veía.
Una mañana Ojuani decidió decirle al cocinero que no le diera más comida a su protector, Elegba. Ese mismo día, como era costumbre, Elegba llegó a la cocina a la hora de la comida y se encontró con la nueva orden del Rey. Sólo preguntó si era una orden del Rey, ya que si era así había que aceptarla, y se retiró callado y tranquilo. Nadie supo lo que llevaba en mente ni lo que iba a hacer, pues nadie sabía quién era él.
Pasaron varios días y todo siguió normalmente. Un día llegó al pueblo la caravana de un mercader nuevo en la zona, a pagar los impuestos y rendirle tributo al Rey, como era usual: todos los mercaderes le pagaban el derecho de paso con lo que él prefiriera de las mercancías.
Así fue como el Rey Ojuani y su familia se acercaron a la cabaña para coger su obsequio. Uno de los que guiaban la caravana estaba comiendo un pedazo de coco y ellos quisieron probarlo, encontrándolo delicioso. El dueño de la cabaña llevaba por casualidad una mata de esa fruta para otro pueblo y Ojuani, al enterarse, se la pidió como pago del derecho a pasar por allí, además de un collar de azabaches que llevaba puesto el mercader y que también le gustó a la niña. Como era de esperar, las dos peticiones fueron concedidas.
El Rey se marchó con su familia para el Palacio y la caravana siguió su viaje. No pasaron muchos días después de sembrar la mata de coco para que ésta empezara a producir la exquisita fruta. La niña comía con mucha frecuencia aquel delicioso fruto, que la hacía engordar mucho, y nadie la detenía en su afición.
Un día la niña fue llorando junto a su madre y le dijo que el collar le molestaba mucho en el cuello, pidiéndole que se lo quitara. Muchos trataron de quitárselo, pero resultaba imposible: con la gordura el collar se había incrustado en el cuello y sólo podía sacarse cortándole la cabeza a la niña. Ésa fue la sentencia que dio el curandero del pueblo, que también sugirió ir a casa de Orúnmila a consultar para averiguar si se trataba de una cosa de hechicería.
Después de las fatales palabras del curandero, fueron a casa de Orúnmila y le explicaron el problema. Él consultó con Ifá, le vio a la niña este Odu y les dijo que todo era obra de Elegba, que quería castigar a su padre Ojuani por no haber cumplido su palabra. Orúnmila le expuso a Ojuani todo lo dicho por Elegba en este Ifá y le recomendó que tratara de llegar a un acuerdo con él, porque ésa era la única forma de salvar a la niña. Ojuani respondió rápidamente que haría todo lo que hubiera que hacer por salvar a su hija.
Cuando pudo comunicarse con Elegba, éste sólo le pidió que se marchara de aquel pueblo con su familia y que no volviera más. Al principio el Rey Ojuani dijo que era mucho lo que pedía, y Orúnmila le respondió que Elegba decía que él había olvidado que todo lo que tenía era a cambio de la promesa de darle de comer todos los días, y que al no cumplirla tenía que abandonar todos los beneficios concedidos por él.
Después de un rato de consulta con su esposa, ambos decidieron, para salvar a la niña, abandonar el reinado y también el pueblo, sabiendo todo lo concerniente al castigo. Recogieron algunas de sus pertenencias y se marcharon. Al momento el collar se rompió y la niña volvió a la normalidad.
17.Eshu Fekun. La tragedia
En la tierra Boshele Iña Ifá vivía Elegbara, que se llamaba Eshu Fekun. Vivía siempre con muchas fuerzas y malos deseos, pues nunca estaba contento con nada de lo que pasaba en esa tierra. Se vestía con piel de tigre, salía por las noches y mataba a todo el que se encontraba en el camino, porque tenía encima la sombra de Osha Guidi, que era quien lo tenía así. Y tenía que estar masticando carne de res para calmarse un poco, y rezaba:
Después de masticarla, la regaba por toda la tierra y todo el mundo se ponía furioso, y nacía la tragedia entre todos.
En aquella tierra vivía un Obá llamado Oniyekun, cuya mujer estaba celosa por las muchas mujeres que él tenía. Al encontrarse ella con Eshu Fekun, éste le dijo: «Si tú me consigues pelos de tu marido, yo te lo voy a asegurar».
Eshu Fekun fue y le dijo al Obá Oniyekun que su mujer quería matarlo. Cuando ella, dormido su marido, fue con un cuchillo a cortarle el pelo, él despertó, creyó que iba a matarlo y se formó tremendo problema entre ellos.
Ella tenía un hijo llamado Ibelario, que creía mucho en Orúnmila. Al ver el problema entre sus padres, se puso en camino a la casa de Awó Alaobe Larinifa, y por el camino iba limpiándose con un pollo y cantando:
Cuando Ibelario llegó, Awó Alaobe Larinifa se había hecho Osode y le había salido este Odu, por lo que le dijo que él venía por los grandes problemas que había en su tierra, donde todos peleaban y nadie se comprendía, y que eso era porque Eshu Fekun tenía mucha brujería en esa tierra y había que atajarlo. Le dijo: «Vamos para esa tierra, pero tenemos que enterrar un secreto cuando lleguemos». Cogieron un gallo Shashara, osun y carbón, y se pusieron en camino.
Cuando llegaron a la tierra Boshele Iña Enifa, Awó Alaobe Lanirifa le dijo a Ibelario que cogiera 3 piedras de esa tierra: a una la pintara con osun naború, a otra con carbón y a la tercera le pintara Ojuani Shobe; que las metiera en una jícara, cogieran muchos palos y se los echara a la jícara. Entonces, con el gallo Shashara, se limpiaron y cantaron:
Le dieron sangre a la jícara, la cubrieron con hierba vergonzosa y yamao y la enterraron a la entrada de aquella tierra. Ibelario le dijo al Awó que ya podían buscar a Eshu Fekun para que se terminara la gran tragedia de esa tierra, pues él, siempre que hacía sus fechorías, iba a la orilla del mar a refrescarse. Entonces Awó Alaobe cogió un Agogó (campana) y se puso en camino con Ibelario hacia la orilla del mar, y cantaban:
Lo vieron recostado a una mata de uva caleta. Cuando llegaron junto a él no le dieron tiempo de moverse, lo taparon con uva caleta, lo hincaron y Awó Alaobe Larinifa le rezaba así:
Entonces a Eshu Fekun se le cayó la piel de tigre que tenía encima. Cogieron un carnero, lo bañaron, lo mataron y lo bañaron con esa sangre de carnero, mientras cantaban:
Después le dieron una guinea y cantaban:
Así Eshu Fekun fue perdiendo las fuerzas malas y entonces lo llevaron a la casa de Oniyekun. Allí lo bañaron con hierbas de Ifá y le dieron de comer un chivo y un gallo. Eshu Fekun se hincó y pidió perdón, jurando que nunca más haría esas maldades.
Entonces Eshu Fekun salió a recoger toda la carne de res que había regado, y con él iban Ibelario y Awó Alaobe, y cantaban:
Entonces cogieron toda la carne de res junto con el carnero, la guinea y todas las hierbas, y le dieron un pollo, haciéndose Sarayeye, y cantaban:
Lo metieron todo en tela blanca y roja y lo enterraron a la orilla del mar. Entonces Eshu Fekun quedó limpio de todo lo malo y comenzó a salvar a todos los de aquella tierra.
18.La tinaja y el collar prestado
Ojuani y Solene eran amigos afables y trabajaban juntos. Ambos fumaban de la misma pipa y se contaban sus secretos, y ninguno de los dos pensó que Eshu Elegba les jugaría una mala pasada.
Ojuani sembró una mata de coco y las gallinas se la comieron. Cuando Solene se enteró, le dijo que tenía una tinaja desfondada que le llevaría para que sembrara la mata de cocotero y las gallinas no se la comieran. Dicho y hecho: Ojuani sembró el coco en el suelo y puso la tinaja como brocal. El cocotero creció y dio tantos cocos que el pueblo tomaba toda el agua que quería, y así Ojuani ganaba mucho dinero.
Viendo lo bien que se llevaban los dos amigos, Eshu Elegba se propuso darles una lección. Un día Solene le dijo a Ojuani que necesitaba la tinaja que le había prestado para sembrar una mata de cocos. Ojuani le respondió que él se la había dado, y Solene replicó que no se la había dado, que se la había pedido prestada y que ahora la quería. Ojuani le contestó que si se la devolvía tendría que tumbar su mata de cocos.
Ambos fueron a juicio y la justicia determinó que Ojuani devolviera la tinaja a Solene, pero sin romperla. Ojuani tuvo que tumbar la mata de cocos y devolver la tinaja.
Ojuani se dijo a sí mismo que consultaría con los viejos, que saben más que los jóvenes. Los viejos (Orubo) le aconsejaron que continuara la amistad con Solene como si no hubiera pasado nada.
Solene tenía una hija de poca edad a quien Ojuani le regaló un lindo collar. Pasó el tiempo y llegó el momento de casar a la linda muchacha, pero cuando Ojuani fue a casa de Solene le dijo que quería el collar que le había prestado a su hija. Solene le respondió cómo quería que se lo devolviera, si él se lo había regalado a la muchacha, y Ojuani replicó: «Yo se lo presté».
Fueron a juicio nuevamente y la justicia determinó que Solene le devolviera a Ojuani el collar prestado, pero sin romperlo. Solene alegó que tendría que matar a su hija para devolverlo sin romperlo. La justicia exigió que, de la misma manera que él le había exigido la tinaja a Ojuani, éste tenía derecho a exigir el collar. Solene le pidió piedad, pues era la única hija que tenía, y Ojuani exclamó: «¡Acaso tuviste tú piedad de mí cuando me exigiste la devolución de la tinaja! Arráncale la cabeza a tu hija y dame mi collar».
19.Las vibraciones maléficas
Éstos eran los Awoses que adivinaron Ifá para la Reina Obeleja, cuando ella dormía y despertaba con vibraciones maléficas.
A la Reina se le dijo que fuera y barriera el piso de su casa y sus alrededores con hojas, que matara un chivo y lo llevara todo al bosque. Le dijeron que si una persona lleva lo malo al bosque, regresará a su casa con lo bueno.
20.La paz de la mente
Olu Oge, que era extremadamente amargo, como las hojas de Jogbo, fue por adivinación y le dijeron que sacrificara: 3 gallos, 2600 cauries y hojas de Jogbo (amarga).
Se le dijo que cogiera las hojas y las estrujara en agua, le añadiera Iyerosun (ashé) rezado de este Odu y que tomara esa solución.
Olu Oge hizo el sacrificio y tomó la solución, y empezó a tener paz en la mente, y dejó de tener oposición de la gente.
21.Okelege-Geregemaya adivinó para Orúnmila
Okelege-Geregemaya adivinó Ifá para Orúnmila cuando vino a la Tierra procedente del Cielo. Se le dijo que él no moriría en la Tierra. Se le aconsejó que sacrificara un chivo. Él hizo el sacrificio.
22.Imodun, Imodagba, Awó Iparomofe adivinó para la gente de Ipadomofe
Imodun, Imodagba, Awó Iparomofe adivinó Ifá para la gente de Ipadomofe. Él les dijo que se podían reproducir fácilmente si sacrificaban una chiva. Ellos sacrificaron.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.
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Los 16 odù de la familia de Ojuani
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