Ojuani Alakentu
Ojuani Otura
«Cuando se está preparado, no lo cogen de sorpresa».
Rezo de Ojuani Alakentu
OJUANI ALAKENTU SHAKITI MEBO ELU ARA ADIFAFUN ORUNMILA TINSHAWO ILE OLOKUN LODAFUN OBANLA.
Súyere de Ojuani Alakentu
OLORUN YERE WERE AWO BABA LOREO.
En este odu nace
- La Quimbisa.
- El secreto de Eshu Alakentu.
- Cuando el pavo real se mira los pies, se abochorna.
- Cuando el pavo real se muere, hay que hacerle Ituto.
- Las huellas digitales.
- El vidrio.
- El chisme producto de la envidia.
- Que las ratas pueblen los muelles.
- La intranquilidad del mar.
- Aquí: Fue donde se descuartizó por primera vez una persona.
- Aquí: Es donde se impone el capricho sobre las costumbres.
- Aquí: Es un Ifá de amarre.
- Aquí: Se hizo pacto con un EGUN que pasaba.
- Aquí: Habla de matrimonio. Ifá de Tarros.
- Aquí: La persona se cree superior a los demás.
- Aquí: Es un Ifá de caprichos y trastornos mentales.
- Aquí: Habla del reconocimiento del delincuente por las huellas digitales.
- Aquí: Es el Odu Isalayé de Oshagriñan.
Descripción del odu Ojuani Alakentu
Ojuani Alakentu ocupa el número 103 en el Orden Señorial de Ifá. Fue el odu que acompañó a Oshagriñan cuando bajó a la Tierra: es su Odu Isalayé.
El signo aconseja no enfrentarse a rivales de más fuerza, de modo que la persona debe apartarse de los choques físicos y del deseo de desquitarse.
Es un odu de amarre. Aquí nació la Quimbisa y aquí se hizo un pacto con un EGUN que iba de paso: se le recibió y se le condujo a su destino. Habla de matrimonio y es Ifá de tarros; la persona es descarada y continuará siéndolo. En este odu se descuartizó por primera vez un cadáver humano.
El hijo de este signo no quiere admitir las virtudes ajenas y se tiene por el único virtuoso de la Tierra; cree saberlo todo y por eso piensa que todo le corresponde, sintiéndose superior a los demás. Suelen ser malos hijos, malos hermanos, malos amigos, malos padrinos y enemigos poderosos.
Cuando este Ifá se ve por el camino de Yemaja, el Awó o quien se registra queda obligado a escuchar los consejos de Yemaja para que sus enemigos no lo destruyan.
Ojuani Alakentu es un Ifá de caprichos y de trastornos mentales. Aquí se pretende poner el capricho por encima de las costumbres establecidas y de las normas que todos aceptan, porque la persona quiere hacer, o pretende que los demás hagan, lo que se le antoje, sin medir las consecuencias adversas que va a encontrar.
Este Ifá señala el dominio del padrino sobre el ahijado y, al mismo tiempo, el desquiciamiento de éste por los malos consejos del padrino. También señala el dominio de alguien sobre la persona a quien le salga este odu; para librarse de ese dominio hay que hacerse una obra.
Por este odu la persona puede estar impotente. Los hijos de este signo, para tener seguridad, tienen que recibir a Olokun, y así serán respetados por todos los demás. Por este Ifá, cuando el Awó se haga APAYERU tiene que echarle hueso y pluma de gallo y tres monedas.
El odu habla del reconocimiento del delincuente por sus huellas dactilares. Aquí nació el secreto de Eshu Alakentu, pues éste fue el Eshu que bajó a la Tierra con el odu Ojuani Otura.
Aquí nació que el pavo real se abochorne cuando se mira los pies. La persona siempre tendrá padecimientos en los pies, granos y problemas de huesos y de circulación. También nació que, al morir el pavo real, haya que hacerle Ituto, por ser un ave con corona.
Es un Ifá de complejos. Aquí se vive bien si se hace lo que Ifá indique; de lo contrario nunca será nadie. Debe respetarse a los mayores. Aquí no se tiene paradero fijo. Cuando el Awó de Ojuani Alakentu se va a casar, tiene que hacer Ebó para que todo le marche bien.
Hay que abrir los ojos para que no lo engañen: le enamoran la mujer, y quien lo hace es alguien que trabaja con usted. Ella no lo quiere, pero él piensa valerse de malas artes para conseguir su propósito. Este odu es de malas artes: chismes, calumnias, brujería. Aquí hay que evitar tragedias; déle gracias a Yemaja.
Aquí el hermano lo envidia a usted, o usted a su hermano; el envidioso va a necesitar muy pronto la ayuda del hermano envidiado. La persona siempre se siente mal. Hay que tener cuidado, porque la justicia lo persigue. Se padece de granos en las piernas: páguele a Azojuano (San Lázaro) lo que le debe.
Hay que cuidarse en los convites y guardar la boca en ellos. Habla de persona que desea casarse pero tiene dificultades. Cuidado con las caídas dentro de la casa. En la puerta de su casa hay una cosa mala. Usted tiene un estilete, daga o cuchillo: haga Ebó con ellos y póngaselo a Ogun. Aquí hay discusiones familiares frecuentes, con los hijos o con el cónyuge, y hay que cuidarse de los chismes que nacen por causa de la envidia.
Dice Ifá
Que Ud. abra bien los ojos, para que no lo engañen. A Ud. le enamoraron su mujer y es amigo al cual Ud. le da trabajos para que lo haga con Ud., ella no le va a corresponder, pero él se valdrá de polvos de Quimbisa, para así lograr su intento; ella es hija de OSHUN y OBATALA. Ud. tiene un hermano que es mayor que Ud., que le tiene envidia, pero no le haga caso, que su hermano tendrá que necesitarlo. Ud. hace tres días que se siente mal. Tenga cuidado, que la justicia lo está persiguiendo. En su casa hay una persona que tiene granos en las piernas. Tenga cuidado en un convite que van a dar, no vaya, porque sus enemigos le van a echar un daño en la comida o en la bebida.
Había un cazador que hacía tres días que no cazaba y a Ud. le pasa lo mismo. ¿A quién Ud. quiere cazar? Tenga cuidado no caiga en cama, porque Ud. está enfermo por dentro y tiene granos en el cuerpo, tome medidas para que no le cueste la vida. En su puerta echaron una cosa mala. Ud. tiene un estilete en su casa, tráigalo para hacerle Ebó. Ud. tiene tragedia en su casa y su cabeza está trastornada. Ud. tiene que darle gracias a OLOKUN y YEMAJA. Ud. desea casarse pero tiene dificultades. Atienda a AZOJUANO.
Tenga cuidado no lo culpen de algo por sus huellas digitales. Ud. tiene que tener cuidado con amarres. Ud. no desea reconocer las virtudes de los demás, Ud. no es el único virtuoso en la Tierra. Cuidado con engaños de mujer. Ud. no debe levantarle la mano a nadie, pues hay peligro de matar. Ud. tiene que cambiar de carácter y el descuido personal. Ud. deberá ser respetuoso y disciplinado, para lograr su poder. Ud. nació para tener corona. Ud. deberá recibir OLOKUN para su estabilidad y seguridad en la vida. Una mujer le proporciona su suerte, no la maltrate ni la ofenda, pues cuando ella lo deje, Ud. no levantará cabeza. Un amigo desea quitarle el puesto de trabajo o posición. Por causa de la bebida puede cometer un acto denigrante, que lo marcará mientras viva.
Refranes de Ojuani Alakentu
- Al mejor escribano se le va un borrón.
- El perro y el león entraron en porfía.
- El que tenga miedo, que se compre un perro.
- Cuando se está preparado, no lo cogen de sorpresa.
- Cuando se busca bien, las cosas aparecen.
Eshu-Elegba del odu Ojuani Alakentu
Éste fue el Eshu que bajó a la Tierra con este odu.
Patakíes del odu Ojuani Alakentu
1.Adivinó para la Palma y la Magnolia
Ésos eran los nombres de los Awoses de Ifá que adivinaron para la Palma y la Magnolia (odan en yoruba y Obadan en Benin) cuando ambas flirteaban con la mujer de Shangó. Se les aconsejó hacer sacrificio para adelantarse a la ira de Shangó, y ninguna de las dos lo hizo.
Cuando por fin Shangó supo de aquellos flirteos con su esposa, descendió para partirlas y matarlas con un hacha. Por eso los árboles son propensos a ser atacados por los rayos.
En la adivinación se advertirá a la persona que ignore a cualquier mujer que le profese amor durante ese período, para evitar el riesgo de una muerte súbita o de una enfermedad de larga duración. Si ya se encuentra en una relación con una mujer, deberá hacer sacrificio para prevenir cualquier consecuencia adversa. Si el asunto aparece con propósito matrimonial, al hombre se le dirá que abandone a esa mujer, porque ella terminará causándole su destrucción o la muerte.
2.Adivinó para 84 aves
Adivinó para 84 aves, para alejarles el problema del insomnio y de la discordia. Se les dijo de hacer sacrificio con maíz tostado, y todas lo hicieron menos el Pato.
Cuando las aves vinieron al Mundo, el Pato tuvo problemas en sus piernas y ya no pudo trabajar como las demás aves. Al enterarse Eshu de que el Pato había fallado en hacer sacrificio, decidió estarle haciendo cosquillas para impedirle que se quedara dormido: cada vez que quería dormirse, Eshu le hacía guiñar los ojos. Por eso las patas y los patos padecen de un perjudicial insomnio.
Cuando este odu aparece en adivinación, a la persona se le aconsejará hacer sacrificio sin demora, para alejar el riesgo de una enfermedad que pudiera afectar sus piernas y dar origen al insomnio.
3.El sacrificio que hizo para prosperar en la Tierra
Orúnmila se pronunció por la pérdida, y sus hijos le confirmaron que había pérdida por toda la tierra. Orúnmila observó que la falta de hijos, de dinero y de las cosas buenas de la vida resumía todas aquellas dificultades, y que por lo tanto se requería hacer sacrificio.
Mientras el sacrificio se estaba haciendo, Orúnmila cantó:
Cuando este odu aparece en la adivinación, a la persona se le dirá que está excesivamente preocupada por su futuro, ya que su vida es inestable. Deberá hacer sacrificio con el fin de tener una vida asentada y organizada, de paz, tranquilidad espiritual y prosperidad.
4.Adivinó para el vendedor de Akará
Adivinó para una vendedora de Akará llamada Aje Mgbele. Sankpana era el agente que le vendía el Akará, pero la Deidad de las epidemias tenía la costumbre de repartir el Akará gratis a todo el mundo, sin cobrarle un centavo a nadie. La mujer sentía demasiado temor para pedirle dinero a Sankpana o para dejar de hacerle el Akará. Fue entonces cuando decidió ir a ver a Orúnmila, quien le dijo que agasajara a Eshu con un chivo, 21 cauries y Akará. Ella hizo el sacrificio.
La vez siguiente que preparó el akará, Sankpana juntó toda la producción y la distribuyó entre los Sacerdotes divinos; después les pidió a todos que pagaran y, cobrado el dinero, fue a entregárselo a la mujer. La cantidad fue mucho mayor que todas sus pérdidas anteriores.
5.La adivinación hecha para él antes de abandonar el Cielo
Así adivinaron para este odu cuando iba a abandonar el Cielo. Él era un conciliador del bien, un pacificador resuelto a hacer el mundo mucho más habitable para sus habitantes. Al Cielo habían llegado noticias de que Eshu había incitado a las divinidades violentas para que calentaran por completo toda la Tierra, y Owanrin-Otura estaba decidido a ir y calmarla.
En la adivinación se le aconsejó hacer sacrificio a la deidad del viento con un abanico hecho de plumas (abebe en yoruba y ezuzu en Benin) y 2 palomas; a su Ángel de la Guardia con miel, sal, babosa y una chiva; y a Eshu con un chivo, añadiéndole todo tipo de productos comestibles. Después de hacer los sacrificios, su Ángel de la Guarda le ordenó que consiguiera la bendición de Dios antes de bajar a la Tierra. Fue ante el altar divino de Dios y allí recibió la bendición.
Al llegar al Mundo se hizo practicante de Ifá, como Sacerdote que era, e hizo el mayor esfuerzo posible por hacer la vida fácil en la Tierra; pero el lugar seguía caldeado a pesar de sus esfuerzos. Viendo que su empeño era como una gota insignificante de agua en un océano de iniquidades, decidió regresar al Cielo para investigar más. Apenas llegó al Cielo se encontró con Eshu, quien le dijo que la turbulencia de la Tierra era obra de las tendencias sanguinarias de las divinidades vengativas creadas por Dios. Eshu, sin embargo, le pidió y obtuvo un chivo de Owanrin-Otura.
Después de comerse su chivo, Eshu fue a reclamarle a la divinidad del viento por qué permitía que tanto calor abrumara al Mundo. Ella le contestó que había sido él, Eshu, quien había creado toda esa gran confusión. Eshu replicó que había olvidado que Owanrin-Otura había hecho sacrificio para él antes de bajar a la Tierra, para ser capaz de calmarla. Mientras Eshu retaba a la deidad del viento, Owanrin-Otura fue a ver a Dios para contarle al Todopoderoso su fallido intento de calmar la Tierra. Fue entonces cuando Dios hizo llamar a la divinidad del viento para que actuara sin demora y calmara la Tierra.
La deidad del Viento es una de las servidoras cercanas de Dios, a quien Él utiliza solo en encomiendas especiales, y le recordó que su lugar era estar a su lado en el Cielo. Sin embargo, Dios le dijo que visitara la Tierra a menudo, para tranquilizarla cada vez que reclamase por el calor. La Divinidad del Viento viajó a la Tierra con un abanico y con su hijo, a quien dejó en la Tierra para que trabajara cuando ella estuviera en el Cielo. Entretanto, Dios autorizó a Owanrin-Otura para que regresara a la Tierra y aguardara allí el arribo de la divinidad del Viento.
Cuando finalmente el viento llegó a la Tierra, utilizaba el abanico para llevarse a todos los agentes de la iniquidad y la maldad, obligando a la mayoría de ellos a volver al Cielo. De ahí en adelante el aire fresco retornó progresivamente a la Tierra.
Cuando el viento llegó a casa de Orúnmila, le dijo que ya se había llevado a todos los agentes responsables del calentamiento de la Tierra y que a partir de entonces iba a tener una atmósfera mucho mejor en la cual poder llevar a cabo su trabajo. Antes de regresar al Cielo, le aconsejó a Orúnmila que, si durante su ausencia alguien trataba de recalentar la Tierra, usara el abanico, utilizando nueces de kolá para rociar el agua sobre ellas, diciendo:
Éste es el ritual que los Sacerdotes de Ifá hacen actualmente cuando están sirviendo a Orúnmila. El Viento entonces le dio el abanico a Orúnmila y retornó al Cielo. Ésta es la razón por la cual ningún trono de Ifá estará completo sin un abanico, lo cual aportó mucha efectividad en su trabajo.
Cuando este Ifá aparece en el Igbodun, a la persona se le dirá que su prosperidad provendrá de la virtud y la honradez, y deberá suministrar de inmediato un abanico para su nuevo Ifá y servirlo con 16 babosas, miel y sal. Cuando aparece en la adivinación, se le aconsejará recibir Ifá para poder progresar en su trabajo: tiene muchos detractores que le causan muchos problemas en su vida, y Orúnmila lo ayudará a vencer todos los obstáculos que hay en su camino.
6.Nacen los chismes producto de la envidia
Sucedió una vez que Ogun estaba pasando trabajo y muchas necesidades: sus ropas estaban hechas trizas y se le caían del cuerpo. Yemaja, que veía aquella situación, sentía pena por él y, como tenía un negocio de dinero muy próspero, pensó en ayudarlo. Un día lo llamó y le dijo que su negocio no era muy grande, pero que podía darle la mano con lo que tenía. Así lo hizo, y Ogun, contento, cogía lo que Yemaja le daba, comía y se mantenía.
Pero los enemigos de Yemaja, que le envidiaban su capacidad para los negocios, fueron a ver a Shangó, que era quien proveía de hierbas a Yemaja, e hicieron negocios con él. Cuando Shangó iba a cobrarles, no podían pagarle, porque eran muchos para repartirse las ganancias, y le decían que Yemaja acaparaba todo el negocio de las hierbas porque vendía más barato. Entonces Shangó pensó quitarle el negocio a Yemaja y dárselo a ellos, ya que, siendo más, las ganancias serían mayores.
Aquellas personas tenían a Ogun de mandadero y empezaron a llevarle chismes: le decían que Yemaja lo tenía todo el día trabajando para ella y que le había dicho a Shangó que no hiciera negocios con él, porque no le pagaría y después lo denunciaría a Obatala por todos los desmanes que cometía en el pueblo.
Ogun, con su inteligencia limitada y acomplejado por tantos chismes, fue donde Shangó y le pidió que le vendiera hierbas. Shangó, que también había oído los chismes de los pobladores, le respondió que no podía darle nada, ya que Yemaja decía que él podía denunciarlo a Obatala. Ogun, furioso, sin decirle ni preguntarle nada a Yemaja si aquello era cierto, tomó su machete y trató de matarla, cosa que no pudo llevar a cabo por la intervención de Oshosi, quien aclaró todos los chismes, salvó a Yemaja y dejó todo en claro.
7.Los enemigos de Awó Alankentu
Había un Awó que tenía mucha suerte, pero llegó un tiempo en que, por su despreocupación, se vio muy mal de todo. Al verse así, resolvió salir a correr fortuna, y antes de partir se rogó la cabeza, pues no tenía para nada más.
Salió llevándose una jaba con los utensilios necesarios y fue a la tierra de Kentu, que es la de Eshu. Al llegar se pasó jutía y pescado ahumados y maíz tostado, y lo botó en una esquina donde había un viejo parado, que le preguntó si era de allí. El Awó le dijo que no y le contó lo que le había pasado. Entonces el viejo lo llevó a su casa y le dio albergue, diciéndole que, como le había puesto comida en la esquina y él tenía hambre, lo recompensaría y lo iba a ayudar; y le pidió un poquito más para estar más fuerte.
El Awó le dio todo el pescado y la jutía ahumada, el maíz tostado, ekó, manteca de corojo y aguardiente que llevaba en su jaba. Y el viejo, que era Eshu, le buscó gente y lo recomendó, aconsejándole que no fuera tan despreocupado y que se ocupara más de sus cosas, para no fracasar por cuenta de los Santos y para llegar a tener mucha nombradía en aquel lugar.
Y así fue. Al poco tiempo se reunió la mayoría de la gente, lo proclamaron hijo predilecto y le pusieron por nombre Omo Lakentu, que quiere decir hijo predilecto. Pero otras gentes que andaban allí con prendas y otras cosas que no eran el Santo no estaban de acuerdo con ese nombre, porque el Awó no era de allí y tenía tanta nombradía. Esas personas se juntaron para hacerle cosas malas y que se fuera de allí como fuera, pero Eshu y Obatala lo defendieron; entonces los enemigos acordaron seguirle los pasos por dondequiera que iba, para desacreditarlo y estorbarle.
Un día que lo siguieron, vieron que el Awó se arrodillaba al pie de una loma muy grande que había en un monte, miraba hacia arriba y hacía invocaciones, y después se iba para su casa. Los enemigos recogieron pedacitos de piedra y hierro y espinas de zarza, los echaron donde el Awó se arrodillaba y lo cubrieron con hojas de quimbaza y hierba fina.
Al día siguiente fue el Awó a hacer sus oraciones y peticiones y, al ponerse de rodillas, se hincó; y al poner las manos en el suelo para levantarse, también se cortó. Entonces recogió lo que pudo de aquellas cosas junto con las hierbas y se lo llevó para su casa, y con esas mismas hierbas se curó.
Se hizo Osode y le preguntó a Orunmila qué tenía que hacer para que no le pasaran más esas cosas malas y para alejar a sus enemigos. En el Ókpele salió Ojuani Alanketu, e Ifá le mandó hacer Ebó y botarlo al pie de la loma, con la trampa y las demás cosas regadas en los tres trillos que había dentro del monte y que iban hacia la loma. Así lo hizo el Awó.
Al oscurecer hizo su recorrido por un lugar distinto al de todos los días, para después dar la vuelta y venir a su casa por el otro lado. Como estaba oscuro, sus enemigos no pudieron ver bien por dónde se metía y entraron por los trillos, cortándose también los pies. Como era de noche y estaban en el monte, tardaron mucho en salir de aquella enredadera, y cuando encontraron el llano, algunos de ellos, que eran 304, no tuvieron tiempo de curarse: a unos les dio espasmo y se perdieron, y a otros, por las pérdidas de sangre y la anemia, les sucedió lo mismo.
Así fue como Omo Alakentu pudo quitarse a los enemigos, ayudado por el Ebó, Eshu y Obatala.
8.La piel de ratón
En este camino había un hombre sumamente pobre, llamado Tetelane. Ni siquiera tenía mujer; se alimentaba de ratones del campo y su capa y su pantalón estaban confeccionados con piel de ratón.
Un día que salió de su depauperada choza a cazar ratones al monte, se encontró un huevo de gallina y se dijo que se lo comería cuando soplara el viento de aquel lado. Lo guardó en su capa y siguió buscando ratones; al regresar, puso el huevo en un lugar seguro, para comérselo cuando el viento soplara del lugar que había señalado.
Al día siguiente salió al monte, como de costumbre, a cazar ratones, y al volver por la tarde se encontró un pedazo de pan recién cocinado y aguardiente recién preparado. Y así le ocurrió varios días seguidos, hasta que, asombrado, se preguntaba: «Si no tengo mujer, ¿quién que no sea una mujer va a cocer el pan y a preparar aguardiente?».
Por fin, un día salió misteriosamente del huevo una linda mujer, que le dijo a Tetelane que, cuando estuviera borracho de aguardiente, no la llamara nunca hija del huevo de gallina. Desde aquel instante, aquella joven fue la mujer de Tetelane.
Un día la joven le preguntó si le gustaría tener personas bajo su mando, y él le contestó que sí. La mujer salió de la choza y empezó a golpear con un palo el sitio donde estaban las cenizas. Al día siguiente, cuando Tetelane despertó, oyó una voz como de mucha gente: se había convertido en jefe, vestía con pieles de chacal, la choza se había transformado en una gran mansión y alrededor había una aldea llena de personas que acudían a él, muy solicitado, y de todas partes le gritaban: «¡Salud, jefe, salud, jefe!». Tetelane era el jefe de aquella inmensa aldea.
Tetelane comenzó a enorgullecerse; ya despreciaba sus antiguas ropas de piel de ratones y las mandó a quemar, pues quería únicamente ropas de piel de chacales, y por las noches se tapaba con buenas frazadas.
Un día se emborrachó con aguardiente hasta el punto de no poder moverse y comenzó a gritarle a su mujer: «Hija de huevo de gallina, ven aquí». Su mujer le preguntó si era él, Tetelane, quien la llamaba hija de huevo de gallina, y él replicó que sí, que así la llamaba, que era una hija de huevo de gallina.
Por la noche se acostó muy bien abrigado con las pieles de chacales y durmió profundamente por efecto de la bebida. A medianoche despertó porque sentía frío y, palpando, advirtió que estaba acostado en el duro suelo y cubierto con sus antiguos pellejos de ratones, que apenas le llegaban a la rodilla. Se dio cuenta de que su mujer no estaba a su lado y de que se encontraba dentro de su antigua choza. Se levantó muy asustado y comprobó que la aldea ya no existía. Entonces se acordó de todo y, entristecido, exclamó: «¡Ay, qué va a ser de mí! ¿Por qué le he gritado hija de huevo de gallina? ¿Por qué no supe guardar ese secreto?».
Tetelane volvió a ser un hombre totalmente pobre, sin mujer y sin hijos; envejeció y murió, teniendo por único alimento la carne de ratones y, por ropas, los pellejos secos de dichos animales.
9.Donde nacieron las huellas digitales
Olofin vivía en la cima de la montaña (Leri Oke), en medio de un monte, y Orunmila iba todos los días a verlo y a darle cuenta. Se arrodillaba, le rogaba a Olofin y éste lo bendecía, dándole ashé y todo lo que le pedía; por eso, todo lo que Orunmila hacía daba resultado.
Por esa razón sus enemigos le tenían envidia y se preguntaban qué sería lo que tenía aquel hombre, que todo le salía bien. Tanto los hombres como las mujeres le cogieron envidia y se pusieron al acecho. Los enemigos vieron que se internaba en el monte y que se arrodillaba a implorar, y dijeron que se fijaran bien en el lugar donde se arrodillaba, que al día siguiente lo iban a arreglar. Bien temprano prepararon dos ñames con piedrecillas de las que tienen filo y, poniéndolas dentro, las taparon con hierba pata de gallina, para que Orunmila no se diera cuenta y se cortara, con el propósito de que se desangrara mientras llegaba a la casa y muriera.
Ese día Orunmila se hizo Osode antes de salir de la casa y se vio este odu, que le marcaba Intori Araye; pero como se le hacía tarde y tenía que ir a casa de Olofin, se dijo que haría Ebó cuando regresara.
Salió a cumplir hacia el lugar indicado y, al llegar, se arrodilló y puso las palmas de las manos en la tierra; se levantó sorprendido al ver que sus manos y rodillas estaban echando sangre. Olofin, al verlo en ese estado, le dijo que no se asustara, que eso no era nada, que se frotara la hierba pata de gallina (Ewe Eran) y miel de abejas, que cogiera lo que estaba allí debajo de las hierbas, se lo llevara para la casa e hiciera Ebó con eso. Orunmila le repetía que allí no había nada, y Olofin le recalcaba que cogiera eso que había ahí y se lo llevara, para que se hiciera Ebó.
Entonces buscó bien, lo encontró, lo cogió y se lo llevó para su casa. Cuando llegó, sus manos y rodillas estaban cicatrizadas. Esas cicatrices son las marcas que tenemos en las manos y los dedos.
Orunmila se hizo el Ebó con lo antes indicado y lo mandó a poner en el monte, adonde iba todos los días. Al día siguiente aparecieron Ogun y Oshosi y, al encontrar aquellos ñames y el Ebó, se pusieron muy contentos y los cogieron para comérselos. Al ver lo que contenían, miraron hacia los lados y vieron a los enemigos de Orunmila, que estaban esperando a ver qué le sucedía. Ogun y Oshosi dijeron que aquellas gentes les habían hecho la maldad y que ahora verían. Oshosi cogió su flecha y Ogun su machete, y terminaron con los enemigos de Orunmila.
10.Cuando el cazador extendió su dominio
En los bosques azotados por el frío inclemente, bien poco podía encontrar Ojuani Alakentu para calmar su hambre, y comprendió que cada vez escaseaban más las pocas frutas y vegetales que recogía del suelo.
Ojuani Alakentu comenzó a buscar otras cosas para comer, pero el nuevo alimento que encontró no permanecía inmóvil, sino que se trasladaba de un lugar a otro huyendo de sus perseguidores. Ya desesperado, se hizo Osode y se vio este Ifá, su odu, que le mandó hacer Ebó.
Su nuevo alimento era la carne, que al ser consumida por él y por el resto de la tribu cada vez más a menudo, los hizo fuertes y les permitió dedicar más horas al trabajo. Pero la nieve, la tormenta y el frío dificultaban la caza en el bosque, y se hacía necesario tener reservas de carne para cuando llegara el invierno.
Esto hizo salir del bosque a Ojuani Alakentu y a su tribu, ya que tenían que perseguir a los animales. Así abandonó el lugar donde nació y extendió su dominio por llanuras y valles, lugares en los que jamás hubieran podido vivir si hubiesen seguido alimentándose de raíces y frutas recogidas. Una nueva transformación se había operado en Ojuani Alakentu, que al convertirse en cazador se estaba imponiendo nuevamente a los elementos naturales.
Sin embargo, llegó el momento preciso de buscar animales mayores, y en las llanuras había gran variedad de ellos: el gigantesco Mamut, que avanzaba despacio y sin hacer ruido, era una montaña en marcha. Su carne le gustaba mucho a Ojuani, que se decidió a perseguirlo, y la caza de éste y de otros animales se generalizó entre las tribus.
11.El hermano desobediente
Eran dos hermanos: uno era hijo de Yemaja y el otro de Obatala. El menor, que era hijo de Yemaja, se creía que sabía mucho y pensaba que podía resolver todos los problemas.
Un día se separó de su hermano mayor y formó su reino al otro lado del mar. Pasado un tiempo, al hijo de Yemaja se le formó una guerra con unos piratas, que llegaron y casi lo destruyen. Mandó a un grupo de sus seguidores a la tierra de su hermano mayor a pedirle ayuda, y éste mandó enseguida a sus soldados a socorrerlo.
Después de derrotar a los piratas, el hijo de Yemaja no sabía cómo presentarse ante su hermano mayor, y cuando ambos se encontraron y se saludaron, el hermano mayor le dijo: «Ves, tengo la experiencia que a ti te falta».
12.Olokun, la seguridad de Ojuani Alakentu
En este camino, Olokun gobernaba la tierra Yere Yere, y la vida de quienes vivían allí era imposible, llena de trastornos y dificultades. El único animal que habitaba aquel lugar era Otolo, pero no progresaba: lo único que hacía era maldecir. Olokun, viendo con qué dificultad se vivía en la tierra de Yere Yere, una vez, a las doce de la noche, llamó a Otolo porque estaba maldiciendo y la requirió. Otolo se abochornó y le pidió que la matara; Olokun le dijo que no, que él no podía comérsela (Otolo: la lechuza).
Ese día, a las cuatro de la mañana, Olokun encendió 12 velas y llamó a Olorun con este canto:
Olorun lo oyó y le preguntó qué le pasaba. Olokun le contó todo lo sucedido en la tierra Yere Yere, y Olorun le dijo que le iba a mandar al hombre de su confianza, el que lo cuidaba, y mandó a Osi. Olokun lo consagró y le dijo que le jurara que iba a cumplir con él como había cumplido con Olorun, que lo haría Rey sin corona y que, si sabía cumplir y guardar su secreto, le daría su corona (Osi es el ganso).
Osi se puso muy contento y siempre estaba con Olokun; éste le comunicaba sus secretos y lo llamaba así:
Pero Osi, como no entendía, se ponía muy contento. Osi empezó a enamorarse de Otolo e hizo una gran familia detrás del secreto de la tierra Yere Yere, donde vivía un hombre de confianza de Olokun llamado Osanyin. Éste vivía en una cazuela de barro y oía que Osi le contaba todos los secretos de Olokun a Otolo.
Un día Osanyin salió cantando:
Olokun, que oyó a Osanyin, se preguntó qué estaría diciendo aquél. Cuando Osanyin llegó adonde estaba Olokun, lo primero que hizo fue enseñarle 16 Ikines que tenía en la mano; en cada uno tenía escrito Okana Yeku. Olokun le dijo que caramba, que tanta falta que le hacía eso para el cumplimiento de su conocimiento. Osanyin le dijo que aquello no era nada, que le iba a contar: su hombre de confianza, Osi, le contaba todos sus secretos a su mujer Otolo. Entonces Olokun dijo: «Mira, viene para acá».
Cuando Osi llegó, Olokun le pasó la mano por la cabeza y el cuerpo. Osi no podía pronunciar palabra alguna: lo único que hizo fue gritar. Salió corriendo y llegó adonde estaban Tolo y Ofa; todos los hijos de Osi y Otolo se parecían a Osi, y fue degenerando la familia de Osi.
Osi volvió a pedirle perdón a Olokun y, cuando llegó, éste le dijo a Osanyin que lo matara y lo introdujera en su secreto, que viviría junto a él y que él se comería su sangre. Osanyin metió en su secreto la cabeza de Osi. Cuando Osanyin mató a Osi, lo que tenía en la mano era un pedazo de cristal, el cual también metió en el secreto.
Olokun dijo: «Vamos a dejar a los hijos de esta tierra, que con la forma de ellos todo el mundo se irá de aquí por su escándalo».
13.El hijo proscrito
Había un muchacho que, por su inteligencia y su interés por los estudios, hacía que su padre viviera orgulloso de él. Pasó el tiempo y un día el joven le comunicó a su padre que deseaba trabajar para alimentarse, vestirse y calzarse por su propio esfuerzo, pues quería conocer la vida por su propia experiencia.
Por mucho que se opuso, el padre no logró convencerlo; y desde el día en que el hijo salió de la casa para irse a trabajar y conocer la vida, el padre le negó la ayuda económica, moral y espiritual, al extremo de decirles a todas sus amistades, sin que ellas le preguntaran nada, que no deseaba saber más de su hijo. Después reunió a su esposa y a sus otros hijos y les dijo que desde ese día aquél no era su hijo y que, de todo lo que poseía, nada habría de pertenecerle a su muerte. Cuando su esposa y sus hijos le preguntaron la razón de esa actitud, les contestó furiosamente que él, con su conducta, menoscababa la moral de la familia. Fue tanto el maltrato que recibió el joven de su padre, que muy pronto dejó de visitar la casa, y poco tiempo después se hizo todo un hombre sin la tutela paterna.
Algunos años después, el padre se enfermó de cuidado y los que iban a verlo le contaban chismes del hijo; pero el padre ya había comprendido su error y a todos les pedía que sirvieran a su hijo. Enterado el hijo del estado en que se encontraba su padre, fue a verlo sin pérdida de tiempo. Al verlo, el padre le pidió perdón, diciéndole que había estado ciego y equivocado respecto a él, pues si él hubiese permanecido a su lado, no habría sido víctima de tantas insidias y traiciones.
Después, el hijo fue a casa de Orunmila para hacerle Osode al padre. Orunmila le vio este Ifá y le dijo que ya no había nada que hacer, pero que no se entristeciera, pues si su padre no hubiese sido así con él, no se habría hecho un hombre, ya que había sufrido y se había sacrificado solo para triunfar.
14.El Pavo Real
En este camino nació la tierra Alakentu, que era gobernada por Eshu-Elegba. Éste tenía un Agbeyami (Pavo Real) que era su secretario, y Elegba le había otorgado una gran confianza por todo lo que le contaba. Pero Agbeyami era complejista y no era sincero, a pesar de que en casa de Elegba lo tenía todo para vivir feliz y contento.
Elegba tenía un hijo llamado Yobi Ifa, que le decía que se cuidara de Abeyami, porque no era legal con él. Elegba nunca le creía nada de lo que su hijo le decía, por considerarlo muy chiquito en Ifá.
Agbeyami logró obtener gran poder y siempre levantaba su cola tan bonita, y Elegba se ponía a cantar:
Y la gente de la tierra de Alakentu iba a ver a Agbeyami, y Elegba empezaba a adivinarle, y todo el mundo respetaba lo que Elegba decía. Osanyin, que sabía que Agbeyami era el que iba a traicionar a Elegba, le llamó la atención, pero éste no le hizo caso.
Pasó el tiempo y Elegba siempre hacía la misma ceremonia. Pero Agbeyami, de vez en cuando, se aparecía, iba adonde estaba su secreto y cantaba:
Y recibía su porquería y la preparaba, y regaba sus plumas por aquella tierra Alakentu para que Elegba no viera las cosas que hacía. Pero el hijo, Yobi Ifa, que lo había visto todo, salió llorando y cantando por todo el camino:
Y así iba llorando hacia donde estaba Olokun, quien lo oyó y comenzó a cantar:
Elegba, que andaba por los alrededores con Osanyin, que lo estaba aconsejando, al oír el canto se dirigieron hacia esa dirección y vieron al hijo Yobi Ifa arrodillado delante de Olokun, dándole las quejas de lo que hacía Agbeyami. Elegba también se arrodilló delante de Olokun y le juró que iba a oír a su hijo. Entonces Olokun le dijo a Elegba que tenía que jurar a su hijo en el gran secreto de Alakentu y que había que buscar a Obatala y a Oduduwa para que lo consagraran; pero que antes había que quitarle todo el mando a Agbeyami. Olokun le dijo a Osanyin que él era quien tenía que ir adonde estaba el secreto de Agbeyami, romperlo y coger todo lo que allí había, y que verían lo que iba a suceder.
Agbeyami comenzó a andar con sus plumas levantadas y Osanyin comenzó a quemárselas. Y él, en un momento que miró para sus patas, comenzó a dar vueltas. Elegba aprovechó esa ocasión y le arrancó la corona; Agbeyami se abochornó, bajó sus plumas de la cola y se murió.
Le hicieron Ituto. Oduduwa y Obatala ensartaron un collar negro y blanco, cogieron las plumas de Agbeyami y consagraron al hijo Yobi Ifa. Osanyin le entregó un bastón y le dijo que allí estaba su gran secreto, para que fuera Rey de aquella tierra. Elegba, que estaba viendo todo, se puso muy contento, dio Moforibale a todos los Oshas y Orishas que estaban allí y comenzó a cantar:
Al primer Santo que se le puso Corona en el mundo fue a Eshu Alakentu, y fue de pluma de Agbeyami.
15.La suerte que dio Yemaja
Eran dos hermanos: uno se ocupaba de la madre y el otro no. Por esa causa la madre distinguía a uno más que al otro, y entre ellos había una guerra secreta. La madre estaba muy disgustada por esa situación, tanto que llegó a enfermarse y murió.
El despreocupado usurpó toda la fortuna y el bueno se quedó en la miseria, hasta el extremo de que fue a ver a Orunmila, quien le hizo Osode, le vio este odu, Ojuani Alakentu, le marcó Ebó y le indicó que lo llevara a la orilla del mar. Así lo hizo, y se fijó en que donde puso el Ebó se fue formando una cueva, que se fue agrandando hasta que cabía una persona. Fue a refugiarse allí y, con las tablas que flotaban en el mar, fabricó un refugio y se cubría del Sol. Con el tiempo fue haciendo un pueblo en aquel lugar.
El hermano que se había quedado con la fortuna le había declarado una guerra tan grande que tuvo que huir, y como no tenía adónde ir, fue a casa de su hermano para que lo amparara. Su hermano lo perdonó, cogió su pueblo y derrotó a aquellos que le habían declarado la guerra a su hermano; después volvió a su lugar, siendo ambos felices y protegiéndose el uno al otro.
16.Donde Oshagriñan vino a la Tierra a poner respeto. Odu Isalayé
Cuando se creó la Tierra (Ode Aiye), los primeros habitantes eran Orishas y todos eran andrógenos, y todo marchaba al revés en el mundo. Entonces fue cuando Olodumare encomendó a Orunmila que arreglara esa situación. Éste fue a visitar a los distintos Orishas blancos para que lo ayudaran en dicha tarea, pero todos se negaron alegando distintos pretextos. Sólo un viejo guerrero de estos Orishas, cuya costumbre era comer ñames desbaratados y que se llamaba Oshagriñan, aceptó la encomienda. Se ató a la cintura su cinturón de cuero, con su apero mágico y su espada, y fue a mirarse con Orunmila, que le vio este Ifá, Ojuani Alakentu. Orunmila le dijo que, si se comprometía a acompañarlo, tenía que llevar el Ebó señalado.
Él lo realizó todo al pie de la letra y partió con su preparado mágico hacia la Tierra. Al descender sobre la tierra de Eyigbo llamó a todos los que allí vivían y les dijo que lo que estaban haciendo no lo podían continuar en la tierra, pues la misma necesitaba hombres y mujeres que se unieran y la poblaran; que ellos, los Ebora, debían ir adonde estaba Olodumare para que les diera el poder de dirigir a los hombres y las mujeres que poblarían la Tierra.
Los Ebora, antes de tener su poder, se retiraron de la Tierra y fueron para el Cielo. Y entonces Oshagriñan, valiéndose de su poder, del ashé de Ojuani Alakentu, les dio potestad para procrear a una pareja de seres humanos que había en la Tierra, a la cual los Ebora no habían dejado procrear, y que se llamaban Idomierin el macho y Eyile la hembra, los que vinieron a ser el primer hombre y la primera mujer sobre la faz de la Tierra. Fue Oshagriñan quien trajo el asiento entre los Ebora y los seres humanos, y por eso desde entonces se le conoce con el nombre de «OSHAGRIÑAN OBA EYIGBE ORISHA NILE OLODUMARE ISOBO OJUANI ALAKENTU».
Por eso, en recuerdo de lo que la Tierra (Ode Laye) le debe a Oshagriñan Orisha, se le pone un cinturón de cuero de chiva con un güirito y una piedra de loma y una cadena de plata. A éste se le da un gallo blanco. Además, en recuerdo al poder entregado por Orunmila, lleva un muñeco, que se carga con cabeza de tiñosa y ojos de paloma. Se le ruega la cabeza con 2 guineos. El Osanyin de Ode Oshagriñan va dentro de un pozuelo de cedro, al que se le pone Ojuani Alakentu.
Él bajó a la Tierra con ese poder porque en el Cielo no tenía organización, y así, gracias a Obatala, se salvó y pudo adquirir el poder en la Tierra. El secreto y la posibilidad de Ojuani Alakentu es el respeto y la disciplina que con su poder también destruyó. Se deberá tener sembrada en el patio una mata de Peregún, porque en ella vive Oshagriñan.
17.Nació la intranquilidad del mar
Una vez, el mar vivía muy intranquilo porque Olokun todas las noches salía para el monte, iba hasta el cementerio y se pasaba las horas conversando en la puerta con Oya, que estaba embarazada de su hijo Eshu, y la entretenía cantando:
Al oírlo, ella se pasaba la mano por la barriga y se ponía muy contenta. Se veían de noche, porque ella no quería que nadie supiera que estaba embarazada de Olokun. Pero Osanyin, escondido en la manigua, lo oía y lo veía todo. Olokun se iba al amanecer para que nadie lo viera, y entonces Osanyin le contestaba cantando:
Y Olokun, creyendo que era Oya quien le cantaba, se ponía muy contento y se metía en el mar a dormir y a descansar.
Un día que estaban juntos Olokun y Oya, ella se sentía muy mal y le dijo que siguiera él, que ella iba a regresar. Entonces Osanyin se puso a cantar, pero quien lo oyó fue Oya, que lo llamó y le dijo que se sentía muy mal, cayéndose en la manigua. Osanyin, que la vio así, le pasó la mano, y en eso nació Elegba (Eshu Alakentu).
Osanyin fue entonces el padrino de Eshu Alakentu. Olokun mandó a llamar a Oya y ésta no quiso ir, y se disgustaron. Olokun nada más le mandaba comida para su hijo, e hizo un busto y se lo mandó. Cuando ella vio la figura, se desfiguró, y entonces la cara de Oya se convirtió en una careta.
18.El Guayabito
En este camino, en la tierra Omo Ekutele había un Awó llamado Ojuani Alakentu, que era capataz de un muelle por el cual salían y entraban todas las mercancías que en esa tierra servían para la alimentación y el comercio de sus habitantes. Ese cargo siempre pasaba de mano en mano, porque siempre sucedía algo imprevisto de pérdida de mercancía y sustituían al que lo ocupaba. Ojuani Alakentu tenía junto a él a un hermano, al cual le había dado la mano para que no pasara trabajos y le había dado trabajo a su lado.
Ojuani Alakentu, como era Awó de Orunmila, había visto que el problema que existía allí era que habían tenido conflicto con los espíritus que gobernaban aquella tierra a la orilla del muelle, que pugnaban por los muelles en forma de ratas y que, al no recibir ofrendas alimenticias, se dedicaban a acabar con las mercancías almacenadas. Al darse cuenta, decidió hacerles ofrendas de alimentos a esos seres. Y un día se le apareció Omo Ekute, el guayabito, que era la transfiguración de Elegba en esa tierra, y le dijo que, mientras cumpliera con él y con todos los que lo acompañaban, tendría el poder de esa dirección en la tierra de Etio Okun (el muelle) y no habría nadie que se lo pudiera quitar.
A partir de ese momento, Ojuani Alakentu siempre cumplía con las ratas y los ratones de aquel muelle, dándoles su comida ritual a los espíritus y a las deidades directivas de aquella tierra, que eran Olokun y Yemaja Ibu Ashaba. Producto de las ofrendas fue tan grande su prosperidad, que su hermano lo envidiaba y comenzó a dedicarse a atender los secretos de su hermano para ver cómo podía destruirlo, dándoles cada vez menos comida a las ratas y los ratones.
Un día que Omo Ekute fue a darle las quejas a Ojuani Alakentu, el hermano de éste se abalanzó con un palo para matar a Omo Ekute; y Ojuani Alakentu, en vez de impedirlo, como se creía seguro de su dominio, no lo impidió. Y Omo Ekute, entre chillidos, en su agonía, lo maldijo y le dijo que lo había perdido todo por creerse saber más que nadie, pues no sería más que un espíritu que caminaría por aquel muelle, y no dejaría de ser nada más que una rata.
Así fue como Ojuani Alakentu perdió toda su posición en el muelle, porque las ratas comenzaron de nuevo a comerse las mercancías de los almacenes y el Rey del pueblo le retiró la confianza. Se vio sin comida y sin casa, sin dónde comer ni dónde parar, pasando las mismas vicisitudes que la rata, cumpliéndose la maldición que le echó Eshu (Omo Ekute).
A la sazón, su hermano, por experiencia y capacidad, fue nombrado capataz de ese muelle y, como conocía el secreto de las ratas, preparó un veneno mortal que echó en las comidas naturales de las ratas, muriéndose así todas las del muelle. Un día, Ojuani Alakentu fue a ver a su hermano para recordarle cuánto lo había ayudado; vio aquella comida y, como tenía mucha hambre, comió de ella y murió envenenado. Su hermano, al verlo muerto, lo tiró al mar, encomendándolo a Olokun y a Yemaja Ibu Ashaba, y se lavó las manos en el agua de mar para quedar libre de compromiso y de culpa por la muerte de Ojuani Alakentu, quien lo perdió todo por la prepotencia y la desobediencia del conocimiento.
19.La roca y el río. El Príncipe loco
Sucedió una vez que en medio del río había una roca, y todos los días, cuando el agua chocaba contra ella, el río le decía que algún día la quitaría de su paso, ya que por su causa tenía que desviar sus aguas. La roca le contestaba que, si por ella fuera, se quitaría, pero que Olofin la había puesto allí para que el río supiera que tenían que vivir juntos y llevarse bien; y que, como el río era más grande, se creía con más derechos que ella. Ésa es la razón por la cual Olofin no permite que la destruya ni la avasalle, porque si no, qué sería de los pequeños si el grande utilizara su poder para pisotearlos.
En otra versión de este camino, en la tierra Odo vivía un Awó llamado Awó Odu, muy caprichoso y amigo de que todos hicieran lo que él quería; de no lograrlo, le entraba ataque de locura y ordenaba la muerte de los que no le obedecían. Él gobernaba el poder del río, pero en medio del río había una roca grande donde vivía Awó Okuta, que tenía el poder del Reino y era bien mirado por Olofin por su obediencia y su fortaleza. Todos los días, cuando el agua chocaba con aquella roca, Awó Odo le decía a Awó Okuta que algún día lo quitaría de su camino, ya que por su causa tenía que desviar sus poderes y no lograba dominar todo lo que quería. Awó Okuta le contestaba que, si por él fuera, se quitaría, pero que Olofin lo había puesto allí para que supiera que tenían que vivir juntos y llevarse bien: él con su corona en la tierra y Awó Okuta con su humilde Ifá; y que, como el otro era mayor en la tierra, se creía con más derecho, y ésa era la razón por la que Olofin no le permitía destruirlo ni avasallarlo, pues qué sería de los más pequeños si los mayores utilizaran su poder para pisotearlos.
Cansada de tanta lucha, la roca fue a casa de Orunmila, quien le hizo Osode y le vio este odu. E Ifá le dijo que su enemigo vivía con ella y que cada día sería más fuerte su odio, pero que no la podría vencer, porque Olofin la había creado para el ejemplo; que hay que cuidarse toda la vida, ya que cuando ven que es imposible imponerse, se recurre a la fuerza. Y le marcó Ebó.
En la segunda versión, Orunmila le recordó a Awó Okuta que aquélla era la tierra de Ojuani Alakentu, donde los enemigos viven siempre luchando unos contra otros y cada día es más fuerte su odio y su envidia; pero que no lo podrían vencer, siempre que estuviera dentro de los preceptos de Ifá, porque Olofin lo había creado como ejemplo que hay que seguir toda la vida, para que ayudara a todos los semejantes de esa tierra de envidia y destrucción, pues cuando el otro viera que era imposible imponer sus ideas, recurriría a la fuerza. Le marcó Ebó.
Cuando Orunmila terminó el Ebó, le dijo que sólo una vez al año, un día, una hora, pasaría por encima de él, y que eso sólo ocurriría cuando Olofin permitiera que creciera y se enfureciera; pero que él siguiera humilde en su puesto, pues después de ese tiempo, al llegar a él, pasaría mansamente y desviaría su curso, porque no lo podría vencer. También le recordó que su tierra estaba gobernada por un Rey que estaba loco, y que siempre que llamara a Ifá, a Okun y a Olofin no podría ser vencido, porque junto con Ifá vive Igui Amagara, que es el poder invencible de Orun Belekun Orun. Llamaría con una paloma negra al poder de Igui Amagara con este rezo:
Después de esto, cuando él llegara, tendría que amansarse y desviaría el curso de sus poderes, porque el poder de Ifá no hay corona en la Tierra que pueda vencerlo. Awó Okuta lo realizó todo al pie de la letra, y la gente comenzó a darse cuenta de que Awó Odo era un loco (Siwere), al igual que el Príncipe heredero. Y los que antes desviaban sus poderes, de la misma rabia y locura murió. Y así se cumple la palabra de este Ifá.
20.La obediencia salva
En este camino había un muchacho muy travieso pero noble: todo lo que tenía lo compartía con los demás. Sin embargo, los otros muchachos no compartían sus cosas con él de la misma forma, y cuando el muchacho protestaba por esa situación, a sus espaldas decían que, cuando fueran a jugar, no lo iban a convidar.
En ocasiones el muchacho, herido en sus sentimientos, se recogía en su casa, y la madre, al verlo en ese estado, le decía que no llorara, que algún día sería un hombre y ellos lo iban a necesitar, y que estudiara mucho para hacerse necesario y formarse. La situación no cambiaba, pero ella lo alentaba para que saliera a la calle a jugar.
Un día el muchacho tuvo un tropiezo con otro niño mayor que él y, con el palo con que jugaba, agredió al mayor y le causó heridas serias. La justicia reclamó al muchacho y la madre lo llevó a casa del Awó del pueblo, quien le hizo Osode, le vio este odu y le dijo que no se asustara, que no pasaría nada, pero que le trajera una cadena. Con ella le hizo un trabajo, diciéndole que no se la quitara nunca, pues correría su sangre, y que con el tiempo aquel muchacho haría lo que él estaba haciendo: consultar Ifá.
Pasó algún tiempo de aquello. Siendo ya mayor, el muchacho se quitó la cadena y, con una cazuela que llevaba, se cayó y se hirió. A partir de ese momento fue perseguido por la justicia: Ogun lo persiguió sin darle descanso, se fue de la casa y pasó tantos trabajos que fue a casa del Awó. Éste lo volvió a registrar y le dijo que tenía que hacer Santo y después hacer Ifá. El joven siguió el consejo de Orunmila y de esa manera se cumplió la profecía de aquel Awó, que le había dicho que su salvación y la de los demás estaban en Untefa. Cuando el muchacho hizo Ifá, sacó el odu Ojuani Otura.
21.Los dos capataces
Había un capataz muy querido por todos los trabajadores, pero tenía un enemigo que le hacía campaña diciendo que estaba muy viejo para dirigir y que había que sustituirlo. Ese hombre ordenó un paro para celebrar su triunfo, y todos estuvieron de fiesta y sin trabajar durante tres días.
El capataz desplazado, que era hijo de Yemaja, fue a mirarse con el Awó del pueblo y le salió este odu; el Awó le marcó Ebó con: 2 gallos y un lingote de hierro. Él hizo el Ebó y los gallos se los dieron a Yemaja y al Ebó. Después, el Awó le dijo que llevara el lingote al embarcadero y lo amarrara a la quilla de uno de los barcos más importantes que allí había. Así lo hizo el capataz despedido, pues como todos estaban de fiesta, no se percataron de lo que hacía en aquella embarcación.
Cuando terminó la fiesta, cada cual fue a ocupar su puesto de trabajo. Los que trabajaban en aquella barcaza no pudieron moverla, a pesar de todos los esfuerzos que hicieron, por lo que mandaron a buscar al nuevo capataz; pero éste tampoco pudo ponerla a navegar, y parte de aquel embarcadero quedó paralizado. Ante esa situación, el dueño del embarcadero mandó a buscar al capataz viejo, pues pensó que tenía más experiencia que el nuevo para resolver el problema.
Cuando el capataz viejo llegó a ocupar de nuevo su trabajo, Yemaja, con su virtud, soltó el lingote de aquella embarcación, por lo que la misma comenzó a navegar y se estabilizó el trabajo en el embarcadero. Entonces le volvieron a dar el puesto de capataz, y el capataz nuevo, al ver su fracaso, se fue despedido y abochornado.
22.Cuando el hijo destronó al padre
El Rey tenía un embarcadero llamado Ibu Nubu, donde todo el mundo, para poder pasar hacia la capital, tenía que pagarle tributo. Encontrándose ya viejo, le entregó el negocio al hijo mayor para que lo atendiera; pero éste un día empezó a maltratar a los esclavos de su padre, que eran los que transportaban a los moradores hacia la capital, donde estaba Oko Igba Igui, que era adorado por todos y para el cual ellos tenían sus días señalados para llevar sus ofrendas a sus antepasados.
Un día, sin la autorización de su padre, amarró a tres de los esclavos y les dio bárbaros azotes. Uno de ellos murió, a otro se le infestó un pie y el tercero, el más chico, le dijo: «Tú azotaste sin razón, pero tu castigo viene detrás. Tú eres hijo del Rey, pero tú no sabes de quién somos hijos nosotros». En eso llegó el hijo menor del Rey y evitó que su hermano continuara azotando a ese esclavo, diciéndole que ahora se lo diría a su padre.
Los hijos no sabían que su padre era Awó de Orunmila; y al oír el padre lo que le había dicho su hijo menor acerca del mayor, bajó su Ifá para ver el caso y le salió este odu, que le decía que ya era tarde para su hijo mayor, porque había maltratado a un hijo de Ogun, a uno de Eshu y a otro de Azojuano.
Ante esa situación, el padre le llamó la atención a su hijo mayor, pero éste no creía en Ifá. Entonces el padre le encargó a su hijo menor que cogiera Yarazo (soga) con: 1 chivo, gallo, un güiro, 3 flecha e hiciera Ebó. Este hijo lo hizo y después fue a ocupar el puesto que anteriormente su padre le había dado al mayor. Por su inteligencia y su buen trato, en poco tiempo se ganó la simpatía de los trabajadores del embarcadero y del pueblo. Ante esa situación, el hermano mayor comenzó a decirle al padre cosas inexactas sobre su hermano menor y hasta llegó a pedirle que lo quitara, pero el padre no accedió a ello; se violentó, y cuando mandó a prenderlo, el mayor se escapó y se internó en el bosque.
A poco de andar por el bosque se formó una tormenta de agua y viento, el río se desbordó y, al pasar por debajo de un árbol, le cayó una pesada rama encima y perdió el conocimiento, siendo arrastrado por el viento y llevado por las aguas.
Al enterarse el padre de la suerte corrida por su hijo mayor, desde ese día dejó de cobrar tributos por el pase del río, y pasó a ser Príncipe su hijo menor, a quien el padre consagró en Ifá, en la tierra Abe Okuta. Más tarde, este hijo del Rey tenía bajo su dominio la mayor parte de aquella tierra, por lo que el padre trató de destruirlo, pero no pudo lograrlo, porque él había nacido de su propio Ifá. Cuando el padre murió, el hijo menor vino a hacer en esa tierra lo que su progenitor no había hecho, que era trabajar Ifá.
23.Cuando Ijampa se preparó
Ijampa está siempre preparado. Se adivinó para la babosa Omeso cuando iba a tener una rápida lucha con el Leopardo. Dice: el Leopardo siempre está preparado y la babosa no debe arriesgarse; dejemos a quien es más poderoso que nosotros para Dios. Se le aconsejó que hiciera sacrificio, para que el destino pudiera luchar por él. La babosa sacrificó.
24.Se adivinó para Gbegbe
Buscamos y buscamos por esto, y lo encontramos. Se adivinó para la hoja de Gbegbe, a quien se le dijo que hiciera sacrificio para que pudiera confiar en la bendición. Hizo el sacrificio, y dijeron: la muerte no mataría a Gbegbe, la vejez no la envolverá, Gbegbe permanecerá siempre verde.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.
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Los 16 odù de la familia de Ojuani
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