Iwori Ojuani
Iwori Wani
«El que canta, sus males espantan».
Rezo de Iwori Ojuani
IWORI OJUANI LALE ARIKU LAYE KOYIWO ILU BALENDI IFA KOYIWO ILU BALEMBERE EGUN DEÑIGO AYE INA OKAKA FIWO TIKU EGUN TOTO BITAN LAWAYI ODOFUN KAWAYERI ODO ADUSHU ISHU WAYUWO KODIDE TOKOSO KUTUN OYUTO IWORI OJUANI LODAFUN ORUNMILA KAFEREFUN SHANGO ATI ESHU.
Súyere de Iwori Ojuani
“WARA WARA MI MORO, WARA WARA MI MORO, KASHEITA KASHEMINI, WARA WARA MI MORO.”
En este odu nace
- Nació el guardián del Kutún.
- Aquí se pasa el ebó por la espalda y por dentro de su ropa.
- Obatalá se fue molesto de la casa por causa de los hijos.
- Se le da gallo a Eshu y se hace un plumero.
- Habla la tusa de maíz.
- Se le da tambor al Ángel de la Guarda o Santo que lo pida y atenderlos.
- El Awó usará gorra mitad blanca, mitad roja y el centro de la copa verde.
- Se le da gallo a Eshu en Año Nuevo.
- El Awó le ofrenda a los marcos de la puerta y ventanas todos los meses.
- Hay que cuidarse la cara y los ojos de golpes.
- El orgullo pierde a la persona.
- Habla de los trabajos del hombre por la existencia.
- Se le ruega la cabeza a su guía espiritual.
- Se le hace promesa a Oshún y hay que cumplirla.
- Hay que cuidarse de bochornos.
- Se preparan Oyedogun y Oyedoma.
Descripción del odu Iwori Ojuani
Iwori Ojuani ocupa el lugar número 51 dentro del orden señorial de Ifá. Es el guardián del Kutún, y por eso no puede faltar en las atenas de Egun ni en las de los Paraldos: cada vez que un Awó abre un Kutún tiene que rezar este odu. También es indispensable dentro del ebó, donde se coloca después de los dieciséis Mejis, acompañando a Iroso Umbo. Para que el ebó de este signo surta efecto, hay que pasárselo al interesado por la espalda y por dentro de la ropa. Este odu es, además, el encargado de cuidar las fosas de los cementerios.
Cuando este Ifá se le ve a una persona y viene intori Arún, es decir por enfermedad, al interesado se le entrega un bastón para que todos los días camine hasta la puerta. Aquí Obatalá se marchó disgustado de la casa de sus hijos, y fue Eshu quien lo trajo de nuevo junto con la suerte. Por eso a Eshu se le da un gallo, y con las plumas de las alas y de la cola, más una pluma de tiñosa colocada en el centro, se confecciona un plumero al que se le sopla iyefá rezado del odu; se forra con tela negra y blanca y se cuelga sobre Eshu. Cada Año Nuevo, el Awó de este signo también debe sacrificarle un gallo a Eshu.
En Iwori Ojuani se preparan dos muñecos de palo abrecamino que reciben los nombres de Oyedogun y Oyedoma, y que viven al lado del Ifá del Awó. A este secreto se le dan dos gallinas negras junto con el Orunmila del Awó, y come cada vez que come Orunmila. Aquí habla la tusa de maíz: por osobo, la persona está muy mal y se encuentra pelada como una tusa. A quien le salga este Ifá se le manda a no llorar tanto y a cantar, a mantenerse contento y riéndose para que Olofin y el Ángel de la Guarda lo ayuden; llorar miseria atrasa. El osobo de este Ifá es el orgullo, y por él se pierde Iwori Ojuani. Igualmente hay que cuidarse de un bochorno que puede costar la vida.
Aquí se le da tambor a Obatalá o al Ángel de la Guarda, se les hace sacrificio a los ancestros y se le pone un tamborcito a Oke. El Awó Iwori Ojuani tiene que rogarse la cabeza ante su Egun Alagbo en su Igbo Egun, usando para esa ceremonia un coco cargado que va pintado de blanco y lleva pintada una atena de Egun; ese coco se cambia cada tres meses, y al montar el nuevo, el viejo se lleva al pie de una ceiba. El Awó también echa en una jícara ekó con vino seco y se lo ofrenda a los marcos de la puerta y de las ventanas, a los que una vez al mes les hace una cruz con manteca de cacao. Usará asimismo una bola de marfil, a la que se le da de comer una paloma negra, y una gorra mitad blanca y mitad roja con el centro de la copa verde.
El Awó de este odu deberá preparar un tablero de Ifá en forma de hígado humano, que solo él usará para hacerse ebó. Este signo manda a no pelear con el cónyuge para no perder la suerte, y a cuidarse de recibir golpes en la cara o en los ojos con palos mal puestos en la casa. Aquí se le debe algo a Yemajá y hay que pagárselo. Por este odu se le pide a Oshún y se le hace promesa, y para que ella la conceda hay que cumplirla. A Obatalá se le dan palomas para que dé salud.
Iwori Ojuani quiso conocer la miseria, el hambre y las necesidades que pasaban los hombres por la existencia, y Orunmila se las enseñó. La persona de este signo tiene que cuidarse de brujerías de paleros que quieren destruirla, echándoselas en la puerta y ventanas de su casa. Aquí se tiene que atender a Shangó, que posiblemente sea su Ángel de la Guarda. Cuando la persona toma posesión de riquezas no debe despreciar a los pobres, para que su suerte no se le vaya. Hay que tener mucho cuidado con la salud. Por este Ifá se les da de comer a Orishaoko y a la Tierra, y se prepara un inshé que vive junto con Oshún. El Awó Iwori Ojuani deberá recibir Oduduwa y Osanyin, jurarse en Orún y recibir Olokun. Por último, la persona debe tener cuidado con la navegación por los ríos, pues puede perder la vida, y deberá sacrificar para que no le suceda nada.
Dice Ifá en Iwori Ojuani
- Que no pelee con su mujer para que la suerte no se le vaya.
- En su casa hay un palo encajado en el gallinero o en el patio; ese palo tropieza con la cabeza de los que pasan por debajo de él; quítelo, no vaya a desgraciarse con él.
- A usted le falta poco para sacarse la lotería. Usted soñó con un hombre, que era Orunmila, o soñó con Oshún y Obatalá.
- Usted le debe una promesa a Yemajá, páguela.
- Aunque usted sea rico y todo le sobre, no desprecie a los pobres para que su suerte no se le vaya para atrás.
- En su casa hay un pichón de paloma, déselo a Obatalá. Y si no hay cerca de donde vive, trate de buscarlo o comprarlo.
- Usted está muy mal y se encuentra pelado como una tusa de maíz.
- Cuidado con recibir golpes en la cara o en los ojos con palos mal puestos.
- Usted siempre está contento y cantando, para que Olofin y su Ángel de la Guarda lo ayuden.
- Usted no puede llorar miseria, pues eso lo atrasa.
- Usted no puede ser orgulloso, eso lo perderá en la vida.
- Usted deberá darle un tambor al Ángel de su Guarda.
- Usted debe de cuidarse de un bochorno que le puede costar la vida.
- Dele de comer a sus ancestros, para que velen por usted.
- Usted debe darle un gallo todos los años a Eshu.
- Dele fiesta a los Santos, que ellos le ayudarán a buscar la estabilidad y la tranquilidad en la vida.
- Si le hace promesa a Oshún, debe cumplir con ella, para que le dé lo que usted desea.
Refranes de Iwori Ojuani
- El que canta, sus males espantan.
- Olokun no abre su puerta a aquel que no se las abrió a su hermano.
- El ojo del amo engorda al caballo.
- El orgullo destruye el alma.
- Está pelado, como una tusa de maíz.
Eshu-Elegba del odu Iwori Ojuani
El tratado de este odu no especifica un Eshu propio para Iwori Ojuani.
Patakíes del odu Iwori Ojuani
1.Los dos príncipes que quisieron conocer la miseria
Dos príncipes escuchaban a los pobres hablar de las miserias y necesidades que padecían, y quisieron saber qué cosa eran la miseria, el hambre y el atraso. Fueron a casa de Orunmila a pedirle que se los enseñara. Al oírlos, Orunmila se echó a reír y les dijo que estaban locos, que aquello era algo malo; que esas cosas ni siquiera se miran. Pero los muchachos, encaprichados, insistieron: tenían dinero, y por eso mismo querían conocerlo. Orunmila les hizo osode, les vio este Ifá, Iwori Ojuani, y les hizo ebó. Al terminar se los entregó para que lo botaran, explicándoles que debían hacerlo después de caminar bastante.
Así lo hicieron, y de tanto andar por el monte se perdieron y no supieron salir. Pasaron días sin comer, con la ropa sucia, y hasta tomar agua les costaba trabajo. A los varios días encontraron una jicotea y se la comieron cruda, hallándola muy sabrosa. Siguieron caminando perdidos y sin comer hasta que se les apareció Osanyin, a quien preguntaron por dónde podían salir de allí. «Ustedes querían saber qué era la miseria, el hambre y la necesidad», les recordó él. No obstante, ellos le pidieron que los sacara de aquel lugar. Osanyin se internó en el monte, y ellos pensaron que no volvería más; pero regresó, les entregó dos palitos de abrecamino y les dijo que los botaran cuando salieran. Le dieron las gracias, caminaron un poco y, al botar los palitos, vieron un trillo y a unos labradores sembrando. Siguieron hasta llegar al pueblo, y entonces dijo uno de ellos que fueran a contarle a Orunmila que ya sabían los trabajos que pasa el hombre en su lucha por la existencia.
2.Cuando se dejó de atender al Ángel de la Guarda
Había un personaje llamado Omo Laye que todo lo recibía de su Ángel de la Guarda y de los demás Santos, pero jamás se ocupaba de ellos: ni siquiera les ponía adimú, y mucho menos les hacía fiesta. Comenzó a pasar trabajos y a perderlo todo, hasta la tranquilidad de su casa. Por eso fue a casa de Orunmila, quien le hizo osode, le vio este Ifá, Iwori Ojuani, le marcó ebó y le indicó darle un tambor a Osha.
Omo Laye realizó el ebó y le dio el tambor al Ángel de su Guarda. Después de hacerlo empezó a prosperar y a tener tranquilidad, y nunca más dejó de atender a su Ángel de la Guarda ni a los demás Santos: todos los años les hacía fiestas y cumplía con ellos.
3.Cuando Iwori Ojuani acabó con sus enemigos
Por mandato de Olofin, Iwori Ojuani bajó a la tierra Ike, donde vivían animales feroces. Con la fuerza de su espada se hizo respetar, los dominó a todos y los civilizó, convirtiéndose en rey de aquella tierra. El que era jefe de los caníbales del lugar, que era brujo, huyó al bosque con sus cazuelas y desde allí comenzó a enviarle brujerías a Iwori Ojuani. Entre las brujerías enviadas había un conjuro puesto en una de las patas del marco de la puerta de su casa: cada vez que él entraba, tropezaba con una astilla o puya de ese marco, se le caía la corona y se enfermaba, y así los animales aprovechaban para coger fuerza de nuevo. Con aquel estado de cosas, Iwori Ojuani se creó un complejo tan grande que se encerró en su casa y ya no se levantaba de la cama.
Los guerreros de su ejército fueron a ver a Orunmila, quien hizo osode y vio este Ifá, que era el odu del nacimiento del rey. Le marcó hacer rogación a sus ancestros y el ebó. Entonces su Bode Egun llamó a su espíritu central y, a través de él, a su Oba Ashe Egun; valiéndose de un coco le rogó la cabeza al guía protector de Iwori Ojuani y le mandó a usar un gorro mitad rojo y mitad blanco, con una mota verde, del tamaño de su cabeza. Además, Orunmila le consagró a Iwori Ojuani su tablero, con el cual solo podía hacerse rogaciones para salvarse él mismo. Iwori Ojuani se curó, se levantó y, con su obi layen y su espada, salió a perseguir al brujo. Cuando lo vio, le lanzó su coco de marfil y lo dejó privado, y le cortó la cabeza con la espada. Con esto regresó triunfador, acabando con todos sus enemigos.
4.La tusa de maíz
Iwori Ojuani era un agricultor, que además era guerrero, y quería que sus tierras produjeran mucho maíz sin lograrlo. Llegaba incluso a sacrificar a sus esclavos y a regar el campo con sangre, pero las mazorcas que se daban eran muy pobres. Al ver esa situación decidió ir a ver al Awó de aquella zona, que era Orunmila, para triunfar en sus cosechas. Este le hizo osode y le dijo que fuera al campo, llamara a Oshún e hiciera un pacto con ella. Rápidamente así lo hizo: empezó a llamarla, ella se presentó y le dijo que lo ayudaría, pero que con el producto de su trabajo tenía que darle una gran fiesta. Él aceptó.
Iwori Ojuani sembró el maíz y logró una enorme cosecha de grandes mazorcas bien rellenas. Pero a Oshún solo le ofreció las tusas: vendió todo el maíz e hizo mucho shekete, la bebida de maíz, para embriagarse. Al año siguiente sembró y, a la hora de recoger, solo había tusas, y se vio arruinado. Volvió entonces a casa de Orunmila, quien le dijo que Ifá ya le había advertido que la única que solucionaba sus problemas era Oshún. Regresó al campo y la llamó. Ella se presentó vestida con piel de leopardo y le preguntó qué quería. «¡Tu ayuda!», respondió él. «¡Para tomar shekete! Tú no has cumplido con el pacto», le replicó ella. Entonces él le rogó, pidiéndole fiedenu, es decir, perdón, y ella le advirtió: si le daba la gran fiesta que le debía, lo ayudaría; si faltaba esta vez, le costaría la vida. Y le mostró las zarpas de leopardo de su disfraz. Iwori Ojuani hizo un juramento delante de Oshún y, de los pocos granos que tenían sus mazorcas, sembró y logró una gran cosecha. Lo primero que hizo entonces fue darle a Oshún un chivo castrado, dos gallinas y una gran fiesta, logrando así la bendición de Iyaloshún, que desde entonces lo colmó de honores y riquezas.
5.El comerciante y el viejito
Había un comerciante que siempre le daba café a un viejito, y este siempre le echaba la bendición; sus negocios marchaban de lo mejor, con prosperidad y progreso. Pero al verse engrandecido y prepotente, al comerciante le faltaba el tiempo para atender al viejito; en una palabra, lo fue relegando con desprecio. Frente a su establecimiento se instaló otro comerciante, a cuya casa empezó a ir el viejito. Aquel siempre le tendía la mano, como antes lo hacía el primero, y también a él le fueron dedicadas las atenciones del anciano, con lo que prosperó.
Al poco tiempo, el primer comerciante notó que sus negocios decrecían mientras los del segundo progresaban cada día más. Al ver esto pretendió que el viejito regresara a su negocio, pero recibió de él una respuesta categórica: puesto que ya no tenía tiempo de atenderlo, no quería causarle perjuicios con su presencia. Y su comercio siguió decayendo hasta consumirse en la miseria.
6.El guardián del Kutún
Laye era un rey de la tierra de Oya. Era muy orgulloso, y así fue dejando la costumbre de hacerle fiestas a Shangó, que era el Ángel de su Guarda, y a sus ancestros, por lo que comenzó a sentirse muy mal de salud y las cosas de su reino empezaron a andar mal. Un día fue a mirarse con Orunmila y en el osode le salió este Ifá. Orunmila le dijo que ya no atendía a sus Eguns ancestrales y protectores ni a su Ángel de la Guarda, Shangó, y que por eso estaba mal de salud y las cosas de su tierra andaban mal; por esa misma causa tenía que hacer ebó, dándoles de comer a Shangó y a sus Eguns ancestrales.
El rey Laye no hizo el sacrificio a los Eguns. Poco después se consagró en Ifá y sacó este mismo odu, pero tampoco entonces se ocupó de atender a Shangó ni a sus Eguns. Al comprender que su situación no mejoraba, por fin se hizo el ebó que principalmente Orunmila le había marcado, y fue a llevarlo al joro-joro, donde llamó a sus ancestros. Estos se presentaron muy contentos y le dijeron que, como ellos vivían en el joro-joro y necesitaban un guardián, él mismo lo sería. El rey Laye, Awó Iwori Ojuani, se asustó: él les traía comidas y se las seguiría trayendo, pero ¿cómo iba a quedarse ahora a vivir allí con ellos? Tanto les suplicó que los Eguns se apiadaron de él y le permitieron regresar a vivir con los suyos, con la condición de que siempre se acordara de ellos y fuera el guardián del joro-joro, que es su casa. Y desde entonces, Iwori Ojuani es el guardián del joro-joro de Igbo Egun, por mandato de Shangó, que era el padre de Obá Laye.
7.El camino de Oke
Oke estaba pasando mucho trabajo y se encontró con Eshu, a quien le contó todo lo que le sucedía. Eshu le dijo que fuera a ver a Orunmila. Oke fue a verlo, le hizo osode y le salió este Ifá, Iwori Ojuani, con su ebó marcado. Oke lo hizo. Entonces Orunmila le indicó que le pidiera a su amo un pedazo de su tierra y lo sembrara de frijoles carita. El amo se lo dio; Oke lo aró y lo sembró de frijoles. Su cosecha fue un éxito, mientras que la de su amo resultó menos abundante, y por ello el amo comenzó a robarle a Oke su siembra. Oke se dio cuenta de lo que pasaba, se puso al acecho y sorprendió al amo robándole.
Se lo contó a Orunmila, y este le dijo que cogiera el tambor con que había hecho el ebó y se pusiera a tocar y a cantar:
Cuando el Obá oyó el canto de Oke, lo mandó a buscar y le regaló la tierra que estaba trabajando, con la idea de que se callara. Oke tomó posesión de la tierra y continuó tocando su tambor y cantando lo mismo. El Obá lo mandó a llamar nuevamente y le regaló otro pedazo de tierra, pero Oke continuaba igual. Entonces el Obá lo mandó a buscar de nuevo y le entregó su corona, para luego morir de bochorno, pues no quería que la gente supiera que él había robado al criado.
8.En la tierra de Oduduwa
Orofin y Orofe eran hijos de Oduduwa y vivían en la tierra Ife Oyelagbo, donde existía la tradición de celebrar un festival en el aniversario de su rey, Oduduwa. Esas fiestas las preparaba el propio Oduduwa, ayudado por sus hijos Orofin y Orofe. Aquel año, al ver a su padre en los preparativos de la fiesta y no poder ayudarlo, ambos se internaron avergonzados en la manigua: fue la falta de lo que su padre iba a usar en el festival anual lo que los forzó a esconderse por vergüenza. Cuando Oduduwa se enteró de que sus hijos estaban perdidos, rehusó realizar el festival. La gente del pueblo los buscó, pero no pudo encontrarlos, y todos estaban afligidos por lo ocurrido.
Después de mucho pesar de la gente, los hijos de Oduduwa se acercaron al pueblo y pudieron escuchar las conversaciones, en las que se decía que, si eran encontrados, sería la gran alegría de su rey y de todo el pueblo. La gente del pueblo fue por adivinación a donde estaba Iwori Ojuani, quien representaba a Orunmila en la tierra Ife Oyelagbo. Él realizó adivinación y dijo que ese problema no merecía ocupar tanto la atención, porque una vez que realizaran el sacrificio, ellos los encontrarían. Y sacrificaron. Después de retirarse de la casa de Iwori Ojuani, los hijos de Oduduwa fueron vistos por un niño, quien lo reportó a los mayores. Estos fueron por ellos y los trajeron de regreso a su casa. El pueblo se llenó de júbilo por la recuperación y celebró el festival, cantando y bailando canciones así:
9.Cuando Joworo iba a salir de viaje
Olugbemiro, adivino de Oke-Ile, y Emibajo, adivino de Oju-Omi, fueron quienes adivinaron para Joworo cuando este iba a salir de viaje por el río. Se le aconsejó que sacrificara edé, es decir camarones, una carnera y 44000 cauries, los caracoles. Joworo sacrificó, y se le aseguró que no moriría en el río: podría existir un naufragio, pero él flotaría.
De acuerdo con el verso de este odu, fue Orunmila, la deidad de la adivinación, quien escoltó a los Edan desde el cielo hasta Ile Ife, para ayudar a poner la ciudad en orden después de haber caído en un estado de anarquía. Todos los habitantes de Ile Ife fueron entonces llamados a comparecer ante Edan y a jurar que llevarían una buena conducta. Ella tiene una fuerte voluntad; es una mujer sin tonterías:
Este verso describe a Edan como la Madre de la Tierra, presente siempre en Aké, en Òkò y en la casa de Òràngún, y con relaciones más directas con los seres humanos que Ilè. Ella es guardiana de la moralidad humana y de los actos que los Ògbóni realizan en su nombre.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.
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