Iwori Odi
Iwori Wode
«Lo negro no se vuelve blanco».
Rezo de Iwori Odi
IWORI WODE IWORI IFA IWORI OMO YEBE GONGO LAYEGBE SHANLA, ABERE NI IFA OLOKUN NORE BORE IFA WOLODE FI ALAGUEMA EYERE IFA OSHANLA LORUGBO.
Súyere de Iwori Odi
IWORI WODE IFA LEYELE IWORI WODE IFA LEYELE IWORI WODE BELOKUN
En este odu nace
- Nació la sentencia de Olokun de que siempre alguien se ahogará en el mar.
- Nació el refrán: Lo negro no se vuelve blanco.
- Aquí existen grandes guerras con paleros.
- Aquí no se matan lagartijas.
- Es un Ifá de pérdidas.
- Habla el egoísmo de los hijos que desean gobernar a los Padres.
- Se prohíbe bañarse en el mar.
- Marca fenómenos marinos.
- Habla de guerra entre Obatalá y Olokun.
- Habla de vida libertina.
- Habla la corrida de toros, el toro y el torero.
- Habla Odi Bayá, que era adivino.
- Este odu es el Isalayé de Orisha-Oko.
Descripción del odu Iwori Odi
Iwori Odi, también llamado Iwori Wode, ocupa el lugar número cuarenta y nueve dentro del orden señorial de Ifá.
En este Ifá nació la sentencia de Olokun de que siempre alguien se ahogará en el mar. Por esa razón, el Awó de este signo no debe bañarse en el mar, mucho menos nadar donde no dé pie, ni salir de excursión en embarcaciones marinas, porque podría perder la vida ahogado. Por este mismo camino habla de un familiar o de un amigo que murió ahogado en el mar, y el signo marca fenómenos marítimos como ras de mar, tormentas marinas intensas o mar de leva.
Por este Ifá no se matan lagartijas, pues ellas serán la salvación de la persona. Tampoco se come quimbombó.
La persona deberá recibir a Osanyin para poder vencer las guerras que tendrá que afrontar en su vida, por la seguridad y la felicidad de sus hijos, y también tiene que recibir a Olokun. Este odu marca una guerra grande con paleros, y hay que cuidarse además de los hijos y las hijas de Olokun. Se pone bandera blanca en la casa para ganar la guerra, y aquí se les tiene que dar de comer a los Santos Guerreros y a Oshún.
El Awó de Iwori Wode tendrá que estar haciendo ebbó constantemente para vencer a los enemigos y a las dificultades que se le presentan en la vida, porque aquí los enemigos le brindan la amistad y lo trabajan por la espalda. Tiene que cuidar mucho sus Santos y sus collares, no puede vivir con los ojos cerrados y debe desconfiar de todos. Por este Ifá hay que tomar cocimiento de paja o pelusas de maíz, pues el odu habla de problemas en la sangre, que de un momento a otro pierde o adquiere fuerza, y se padece de los riñones. También hay que cuidarse de quemaduras y de la vista.
Es un Ifá de pérdidas: aunque el cuerpo de la persona esté fuerte, tendrá pérdidas. No debe menospreciar a nadie, por insignificante o ingenuo que le parezca, para que no pierda, pues la inteligencia y la maña pueden vencer al más fuerte. Este es el Ifá del toro y el pajarito: el débil pajarito, con su maña, hizo que el toro se desnucara.
En este Ifá no hay felicidad completa, porque siempre surgirán distintos problemas con la familia y engaños conyugales de ambas partes. Cuando se le ve este Ifá a una mujer que tiene hijos mayores, ellos se opondrán a que trate de ser feliz con otro hombre, pues aquí habla el egoísmo de los hijos que desean gobernar a los padres. La persona, en su juventud, pudo haber llevado una vida libertina. Este Ifá habla además de alguien que desea destruir al Awó o a la Apetebí de Iwori Wode; y si viene osobo, hay personas que le quieren quitar todo lo suyo.
Aquí «lo negro no se vuelve blanco»: lo malo que la persona haga y se le descubra la golpeará para toda la vida. Hay que aceptar las cosas como son y vivir con los pies en la tierra para tratar de ser feliz, sin vivir de quimeras.
A la mujer, este signo le advierte que se cuide de paleros que aspiran a obtenerla por malas artes, y que hay una mujer palera interesada en ella. Ha tenido varios maridos o enamorados y ninguno de ellos es el que tiene ahora. Aquí fue la guerra de Olokun y Obatalá. Es un Ifá osobo, un Ifá duro: habla malo y de muerto. Hay que darle de comer a Ogún para que la persona no se quede muerta de repente, como le sucedió a uno de sus maridos. Su marido está delicado de salud y se puede morir: hay que llevarlo al pie de Ifá para ver si se puede salvar.
Aquí hay que evitar a toda costa las tragedias. Hay que tener cuidado con robar corazones, pues lo van a sorprender, y no se recogen pañuelos que se encuentren en la calle.
Dice Ifá en Iwori Odi
Que Ud. tenga cuidado con los ladrones y gentes del otro mundo. Ud. está embarazada. Ud. trabaja mucho y no ve los resultados o el producto de su trabajo. Ud. está con los ojos cerrados y ya es hora que los abra para que no lo engañen más porque es menos que Ud. Su cuerpo está bien pero va a tener pérdidas. Ud. va a tener una suerte muy grande, donde lo van a querer embrujar, tenga cuidado con un hombre pardo que le está haciendo una trampa y si no anda rápido, tendrá pérdidas. No vaya a hacer ningún negocio, que perderá. Ud. soñó con cosa blanca en su cabeza. Para que no tenga tantos tropiezos, ande siempre solo y evite las soberbias. Si su madre está muerta, ella ruega por Ud. desde allá arriba. Averigüe lo que tiene que hacer para que pueda vencer sus grandes problemas. Ud. tiene que quitarse los malos ojos de encima. Ud., por muy grande y poderoso que sea, no abuse de los débiles, pues uno de ellos, por su habilidad, lo puede matar. Si Ud. tropieza en la calle con alguna persona, no trate de discutir con la misma, pues aunque se vea grande y robusto físicamente, puede ser más débil que Ud., y por tratar de golpearlo lo puede matar e ir preso. Ud. debe de recibir Osanyin o un Inshé para resolver problemas. Ud. tiene una gran guerra con un palero que posee una prenda poderosa. Ud. debe recibir a Orunmila y atender bien los consejos que él le dará. Cuidado no se enamore de una mujer de vida libertina, se case y pase un bochorno. Su enemigo usa cartera y lo trabaja por la espalda. Cuidado no se le queme la casa. Ud. tiene que cuidarse la vista, pues puede quedarse ciego. Ud. le hizo un trabajo de amarre a su marido. La mujer, desde que tuvo contacto con su marido, se enfermó, tuvo hemorragias y la volverá a tener; tendrá dificultad en la orina. Ud. tiene que tener cuidado con asuntos de Osha, ojo con los collares. Ud. tiene que tomar cocimiento de pelusa de maíz.
Refranes de Iwori Odi
- Lo negro no se vuelve blanco.
- Más vale maña que fuerza.
- El que mucho abarca, poco aprieta.
- La libertad no es el libertinaje.
- Ayer fuí libre, hoy soy esclava.
Eshu-Elegba del odu Iwori Odi
Este odu no tiene un Eshu en específico. No obstante, en el camino del Isalayé de Orisha-Oko el tratado señala que el Eshu que acompañó a Orisha-Oko desde el cielo hasta la tierra es Eshu Iwori Wodi.
Patakíes del odu Iwori Odi
1.La guerra de Olokun y Obatalá
En la tierra Aborini Ifá vivían los hijos de Obatalá, que eran Omo Aguema, y llevaban una vida tranquila y feliz. En cambio, los hijos de Olokun, que habitaban la tierra Iwori Woyobo, se quejaban constantemente ante su padre: decían que los hijos de Obatalá los tenían intranquilos y no los dejaban vivir. Olokun no les prestaba atención, porque presumía de un monstruo que tenía a su servicio y vivía orgulloso del poder de aquella criatura.
Un día, Olokun quiso comprobar por sí mismo lo que contaban sus hijos y decidió visitar la tierra Aborini Ifá. Al salir, iba cantando:
Obatalá, que en ese momento andaba pescando por aquel lugar, al escuchar a Olokun comprendió que venía muy bravo y con mucha fuerza, y pensó que quizás llegaba dispuesto a acabar con sus hijos. En ese instante, todos los camaleones (aguemas) comenzaron a saltar mientras rezaban:
Obatalá, al oír el rezo de sus hijos, se alegró mucho y les contestó:
Olokun escuchó aquello, se llenó de rabia y fue directamente hasta Obatalá para amenazarlo: no solo iba a acabar con los hijos que tenía en esa tierra, sino con todos sus hijos, hasta dejarlo solo en el mundo. Obatalá entendió entonces que estaba perdido, pues no podía luchar contra una fuerza tan grande como la del monstruo de Olokun, y de tanta soberbia que cogió se echó a llorar, pensando que iba a perder a todos sus hijos. Tomó su agogo y salió al camino, tocándolo y haciendo llamadas:
Así llegó Obatalá a casa de Osanyin, quien al verlo y conocer su problema prometió ayudarlo: le entregó hierbas y le indicó que fuera a casa de Orunmila y que hiciera todo lo que este le señalara, pues él también, con su poder, lo ayudaría a vencer aquella dificultad.
Obatalá llegó a casa de Orunmila y le contó cuanto estaba ocurriendo, incluidas las amenazas de Olokun de exterminar a todos sus hijos. Orunmila le hizo osode, le salió este Ifá, Iwori Wode, y le marcó ebbó, asegurándole que vería cómo Olokun se tranquilizaba. Terminado el ebbó, Orunmila lo mandó a botarlo en Enifa, es decir, a regar su contenido, y dentro del ebbó había maíz.
Enseguida el maíz comenzó a germinar por la virtud de Osanyin y en poco tiempo echó espigas. Los hijos de Obatalá, los alaguema, comenzaron a chocar unos con otros dentro del maizal, provocando un gran ruido. Olokun, que ya tenía a su monstruo preparado para la guerra, se asomó, miró hacia Onika y la vio toda cubierta de maíz: creyó que aquello era un gran ejército con sus armas. Asustado, llamó a su monstruo y le dijo que contra aquello no podían luchar, que tenían que hacer las paces con Obatalá y dejar que sus hijos siguieran viviendo en el mundo como hasta entonces.
Y así fue como este Ifá se volvió iré ashegún otá.
2.Los consejos de Orunmila
En este camino existía una mujer que había vivido una vida de hombres a su manera y que tenía dos hijos, ya hombres, con relaciones formales para casarse. Esta mujer conoció a un hombre, se enamoró y se casó con él, y de esa unión tuvo dos hijos más. Con el tiempo, el marido se buscó una querida cerca de la casa, y aquello hizo que ella se aburriera de él, hasta el punto de no querer tener contacto alguno con su esposo.
Ella tomó entonces un querido, pero como el marido era violento, temía que la matara, y llegó a pensar que él le echaba brujería. Sabía que el marido, a pesar de todo lo que hacía, no quería pelearse. Le pasaron por la mente ideas de sacarlo de la casa de la querida y de golpearlos a él y a la amante, pero por sus hijos no hacía nada, aun cuando había vivido desenfrenos matrimoniales violentos.
Al final determinó marcharse, pero antes fue a casa de Orunmila, quien le marcó ebbó y le dio unos consejos, y así se resolvió la situación que tenía.
3.La libertad de vida
Había una mujer sumamente bella que trabajaba en un bar. Todos los hombres que iban allí la admiraban, la enamoraban y le hacían proposiciones de casamiento, pero ella no quería compromisos y no aceptaba a ninguno.
Comenzó a frecuentar el bar un hombre distinto: se tomaba dos o tres tragos, pagaba la cuenta y se marchaba dejando el vuelto, sin demostrar jamás que estaba enamorado de ella. Su manera de actuar la tenía intrigada, pues era el único que no le decía nada ni le hacía proposiciones. Un día ella lo esperó con un vuelto de cinco pesos y, cuando él pagó, se lo entregó. Él no lo tomó y, al entrar en conversación, ella le confesó que le extrañaba que nunca le hubiera dicho nada; él le respondió que sí estaba enamorado de ella, pero que procedía de un modo distinto, y le explicó su manera de ser.
Se enamoraron y se unieron en pareja. Pasado un tiempo, ella se sentía encerrada: la vida que llevaba no le gustaba y quería su libertad. Fue a casa de un Awó, que la registró y le vio este Ifá. Le indicó que tenía que hacer ebbó y dar una fiesta, diciéndole a su marido que era para los Jimaguas, pero invitando en realidad a sus amigos; que anunciara la fiesta para las ocho de la noche y la hiciera a las seis de la tarde.
Ella lo hizo tal como dijo el Awó y contrató una orquesta. Cuando el marido llegó y vio que aquello no era una fiesta de niños, sino de los hombres que frecuentaban el bar, pensó: «¿Qué papel he hecho yo?». Y, abochornado, se fue y no regresó más a la casa.
4.El buey y el pajarito
En este camino, el buey menospreciaba al pajarito, que siempre venía a importunarlo revoloteando sobre su cabeza. El buey se incomodaba, lo embestía y trataba de matarlo.
Un día, cansado de tanto desprecio, el pajarito comenzó a mortificarlo como de costumbre, pero esta vez fue volando hacia un terreno rocoso, hasta donde logró llevar al buey, que lo perseguía para matarlo. Allí el pajarito arreció su revoloteo sobre la cabeza del animal, y este lo embistió con tanta furia que perdió el equilibrio, dio con sus astas en las rocas y se desnucó.
5.El toro y el gorrión
Encontrándose el gorrión con el toro, lo instó a concertar una apuesta para determinar cuál de los dos tenía más valor: quién se atrevería a matar a sus propios hijos. El toro, a duras penas, accedió a la pretensión del gorrión.
Al comenzar la apuesta, el gorrión, viendo la actitud vacilante del toro, le dijo que él empezaría primero. El gorrión se había puesto de acuerdo con sus hijos: hacía como si les arrancara la cabeza en el aire y ellos se dejaban caer, uno a uno. Entonces el gorrión se volvió hacia el toro, y este comenzó a matar de verdad a sus hijos.
Cerca de allí pasaba una vaca que, al observar aquello, pensó que todo era anormal y fue a casa de Orunmila. Orunmila le vio este Ifá, le hizo ebbó y la aconsejó. Entonces la vaca fue a donde estaba su esposo y le dijo: «Parece mentira que usted, tan grande y tan fuerte, se deje engañar tan miserablemente. ¿No ve que todo era una trampa para exterminarlo, ya que usted representa la fuerza?».
El toro comprendió el consejo de la vaca, dejó de matar a sus hijos y volvió a su vida normal.
6.Cuando Orishaoko vivía con Yemajá
En este camino, Orishaoko era el marido de Yemajá. Un día, a Yemajá se le presentó un gran problema, y Orishaoko la mandó a registrarse con su amigo Shangó, quien trabajaba con prenda de palo, es decir, era palero.
Cuando Yemajá llegó a donde estaba Shangó, este la registró, pero después la enamoró y se la durmió. Al enterarse, Orishaoko le declaró la guerra a Shangó.
7.El odu Isalayé de Orisha-Oko
En este camino, Orisha-Oko vivía entre los pueblos yorubá del norte. Esta divinidad es adorada bajo el nombre de Orisha-Oko y posee un templo en Rawo, cerca de Ojo, cuyos sacerdotes reciben el nombre de Ja Osa. Orisha-Oko fue un hombre de la ciudad de Rawo que, a causa de una serie de errores, se vio en la necesidad de hipotecar todos sus bienes: no tenía dónde vivir ni con qué cubrirse, carecía de alimento y, encima de todo, estaba lleno de deudas. No le quedaba más que un pico y un cuchillo de desyerbar, y con eso se internó en la selva, cada vez más profundo.
Al llegar a cierto lugar comenzó a desyerbar el terreno, hasta que en el centro no quedó más que un nido de termitas de chapinó, de esos que levanta un tipo de termitas. Ahí fue donde se quedó a vivir. Llegada la noche se acostó a dormir y, cuando se estaba durmiendo, escuchó una voz que preguntaba quién era aquel hombre. Se levantó, buscó a su alrededor y no vio a nadie. Poco después el nido volvió a hablar, y la voz que salía de él le ordenó acercarse.
El hombre se aproximó y el nido le preguntó quién era. Él respondió que era un hombre de la ciudad, cargado de deudas, sin nada con qué cubrirse, con todos sus bienes hipotecados, sin dónde vivir ni qué comer, y con solo un pico y un cuchillo, por lo que había venido a trabajar allí. El nido de termitas le respondió: «Tú serás rico». El hombre miró el nido y pensó cómo podía ofrecerle algo quien carecía de manos, y el nido le dijo: «Yo adivino lo que tú piensas. Yo te transformaré en un hombre rico, pero es necesario que no cuentes esto a persona alguna». El hombre prometió no contarlo a nadie, y el nido le indicó que limpiara el lugar y le comenzaría a ir mejor.
A la mañana siguiente, el hombre limpió el lugar cuidadosamente, y al hacerlo se encontró un hueso cortado como un pito de hacer señales, que tenía grabado un rostro. Al mediodía halló sobre el nido de termitas un plato de comida y comió sin averiguar de dónde salían los alimentos. Por la noche, al terminar de trabajar, encontró otro plato, y así fueron sucediéndose los días, cada vez mejores para él. Trabajó de ese modo durante tres años y se hizo de un dominio alrededor del nido de termitas.
Un día tomó el hueso y se marchó a otra ciudad, donde buscó a un sacerdote de Ifá, un Babalawo, y le mostró el hueso, pues no sabía qué pensar de él. El Babalawo lanzó su ókpuele y le dijo: «El pequeño hueso pertenecía al dueño de tu finca. Debe haber un nido de termitas. Pon el hueso sobre el nido y siembra en sus tierras todas las clases de plantas que conozcas. Todo te irá bien, con tal de que cultives bien tus tierras, y con la ayuda de este hueso tú serás rico». Asombrado, el hombre preguntó a quién pertenecía aquel hueso, y el Babalawo le respondió que era de un Orisha llamado Orisha-Oko. El odu que se había revelado en la bandeja de adivinación fue Iwori Odi.
El hombre regresó a sus tierras y las cultivó con gran amor. Al año siguiente todos los hombres pasaron hambre, pues en la mayoría de las tierras nada había brotado y la mayor parte de las personas no tenía qué comer. Pero los ñames que él había sembrado crecieron bien. Se dirigió entonces al nido de termitas, donde siempre hablaba con el Orisha, le contó que todo lo plantado se había dado bien y le rogó que le dijera qué debía hacer. El Orisha le respondió que tomara sus ñames y los llevara a la ciudad, donde buscara a quién vendérselos, pues allí el hambre era mucha.
Al día siguiente el hombre hizo un paquete con sus productos y salió hacia la ciudad. Al llegar pregonó que tenía ñames para vender, y rápidamente las personas salieron de sus casas y compraron su mercancía a muy buen precio. Le propusieron además que, si tenía más ñames, irían ellos mismos a comprarlos a la finca. Todos salieron con él desde la ciudad hasta la finca y se maravillaron de la fertilidad de aquellas tierras, que pertenecían a Orisha-Oko, y manifestaron el deseo de quedarse en aquel lugar. Después de aquel día muchos abandonaron la ciudad y se trasladaron a las cercanías de la finca, y el hombre empezó a venderles semillas y plantas a sus nuevos vecinos. Con esas ventas se hizo riquísimo: pudo pagar sus deudas, comprar ricas vestimentas y tomar por esposa a una bella joven, quien pasado un tiempo le dio un hijo varón.
Pero cuando llegó el tiempo en que el niño debía empezar a caminar, no podía mantenerse en pie. El hombre volvió entonces a donde el Babalawo que lo había atendido la vez anterior, en busca de adivinación por la invalidez de su hijo. El Babalawo lanzó su ókpuele y le dijo que debía mandarse a hacer un bastón de hierro, llamado Okova Osoko, y con ese bastón preguntarle a Orisha-Oko por qué razón su hijo no caminaba. De vuelta, el hombre mandó al herrero a forjar el bastón y con él se dirigió a Ayedejennov, donde se hallaba el nido de termitas, para preguntarle al Orisha qué debía hacer. El Orisha le respondió que pusiera el bastón en manos de su hijo y que, pasados 8 días, el niño podría caminar. Así lo hizo, y a los 8 días dichos por el Orisha el niño comenzó a caminar.
El hombre volvió de nuevo al nido de termitas y le dijo a Ayedejennov: «Tú me has convertido en un hombre rico, pero yo quisiera volver de nuevo a la ciudad». El Orisha le respondió que estaba bien, pero que le entregaría algo para que no lo olvidara nunca. Le dio entonces kolá amarga y le indicó cómo cortarla: cortar primero las dos extremidades perpendiculares al gran eje, de modo que el resto de la nuez quedara dividido en dos partes, tomando así cuatro pedazos. «Cuando tú me quieras decir algo, siempre me hallarás en esta forma y en cualquier momento. Pero yo no quiero que tú me veneres como Ayedjennov: llámame por mi nombre, Osoko».
El hombre tomó el hueso en forma de pito, el bastón de hierro y los cuatro pedazos de nuez de kolá, y se fue a la ciudad. Ya en ella organizó su casa, llamó a Osoko y le preguntó qué debía hacer. El Orisha le respondió que atara al hueso largas guirnaldas de osarios y lo colocara contra la pared, de forma que las guirnaldas quedaran pendientes; que pusiera los cuatro pedazos de kolá dentro de una calabaza y, en la pared, el bastón de hierro. Y le dijo además que, cuando quisiera saber algo, lanzara los cuatro pedazos de kolá.
El Orisha le dejó también sus mandamientos: después de cada época de madurez de los ñames, iría al bosque a seguir una pintada, la gallina africana parecida a la guinea, y se la llevaría junto con aceite de palma y un paquete de ñame. Él no debía comer en ninguna circunstancia el ñame de la primera siembra antes de que quienes no pertenecían al clan del Orisha hubieran comido durante tres meses de los ñames de la nueva siembra; pasados esos tres meses, él y sus descendientes deberían comer de la nueva cosecha. En cuanto a los sacrificios (eboses), debía cortar la raíz del ñame tal como había hecho con el Orisha, tomar las dos nueces de kolá amarga, cortarles la punta superior e inferior y partir el resto a lo largo en dos mitades, de manera que hicieran cuatro pedazos; tomar las dos partes del medio junto con aceite de palma y ponerlo todo dentro de la calabaza donde estaban los cuatro pedazos de kolá, pidiéndole entonces lo que deseara en el año nuevo y lo que creyera necesario en ese año. Hecho esto, tomaría los dos pedazos que forman la punta del ñame, los cortados en los extremos superior e inferior, y los cocinaría en aceite.
«Tú serás en el futuro mi Ja Osa», le dijo el Orisha, «y después de ti lo serán tus hijos». Todo hombre que quisiera practicar su culto y colocarse entre sus descendientes, formando parte del clan de Oko, debería ofrendar ñame y llevar a la casa del Ja Osa las dos puntas de las raíces impregnadas en aceite. El Ja Osa pondría una parte de la ofrenda en la tapa de la calabaza donde ya estarían los cuatro pedazos de kolá, y otra parte de esa ofrenda de ñames, que no debía ser de recogida reciente, sería comida por la familia del Ja Osa. Todos los que quisieran consagrarse a su culto no deberían comer ñames de la cosecha nueva sino hasta tres meses después de haberlos llevado a la casa del Ja Osa y su familia. El primer día de la ofrenda de las primicias, el Ja Osa sacrificaría la pintada sobre la calabaza donde se halla la kolá, haría correr la sangre sobre la calabaza y la mezclaría con los pedazos de nuez de kolá; arrancaría una pluma de la pintada y la pondría en la figura esculpida en el hueso del que penden las conchas de cauríes. Después de esto, todos tocarían tambor y bailarían.
Todos aquellos de sus descendientes que desearan tener hijos deberían acudir con ofrendas a casa del Ja Osa de Rawo e implorarle durante esa época, para que todo niño nacido después de esas ofrendas y plegarias le llevara cada año un sacrificio, porque sería hijo suyo aunque sus padres pertenecieran ya a su clan.
Así termina la relación de esta tradición, pero es necesario añadir lo que sigue al relato de este hombre, el Ja Osa de entonces: a quienes se dirigen a Rawo para llevar las ofrendas se les vendan los ojos con un feulard, una bufanda o pedazo de cinta ancha que se puede usar en el cuello o amarrada en la cintura.
Su animal predilecto es el Panguelin, que es un mamífero desdentado, parecido al lagarto, cubierto de escamas duras y puntiagudas, que el animal puede erizar particularmente cuando se arrolla en la cola para defenderse. Se conocen varias especies propias del África Central y del Asia Meridional. Abundante miel de abejas y agua. Propiedades: cura todas las enfermedades de la piel, incluyendo la lepra. Es asociado con el éxito del trabajo agrícola y la fertilidad de las tierras. Es árbitro en la solución de las disputas, especialmente en lo que se refiere a las acusaciones de brujerías. Es representado por un bastón de hierro, cubierto de cauríes, y tiene a las abejas como sus sirvientas. Animales que come: Panguelin, chivo, pescado (EJA ABERI) y estofado de melón (EBO EGUSI), ñame machacado (IYANO), el vino de maíz de guinea (ETIL-SHEKETE), distintos tipos de viandas, guinea. En Cuba se ofrece carnero a esta divinidad y le hacen hablar por el Dilogún de Yemajá.
- Bastón de hierro, forrado en cauríes.
- Hueso con cuatro guirnaldas de cauríes, tallado en él un rostro con las plumas de guinea.
- Cuatro instrumentos de nuez de kolá, su medio de adivinación.
- Una hoz de desyerbar.
- Una pica.
- Una marca.
- Okutas (piedras).
- Guía de ñame iniciales y terminales.
- Recipiente de madera e igba.
- Esfinge tallada en madera de un agricultor.
- Un nido de termitas.
- Una muñeca de madera simbolizando la mujer de Orisha-Oko.
Collar: lleva 7 cuentas rosadas o lilas, 7 azul turquesa pálido; se adorna con corales y cuentas blancas rayadas en rojo. A los que reciben esta deidad se les prohíbe comer ñame durante tres meses. Esta deidad la reciben tanto los hombres como las mujeres, siendo estas sus más fervientes adoradoras y a las cuales la deidad posee para dar sus presagios o augurios. El iniciado en Orisha-Oko deberá tener una marca en su frente, pintada una con azul y otra con blanco. Olokun constituye la deidad de la prosperidad del mar, mientras Orisha-Oko de la tierra. Ambas trajeron riquezas de forma tan culta y misteriosa al mundo, capaces de convertir a un hombre pobre en rico. Como todo culto a Olokun comienza ofrendándole tributos a Orisha-Oko, el culto a este comienza por Olokun. El ceremonial de Orisha-Oko debe comenzar por la tierra y su culminación debe también terminar ahí, en una gran fiesta. El odu Isalayé que acompaña a Orisha-Oko (Olosa-Oko) desde el cielo hasta la tierra fue Iwori Odi, y su Eshu es Eshu Iwori Wodi.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.
↑Sigue estudiando
Los 16 odù de la familia de Iwori
Iwori Ika (Iwori Boka) · Iwori Irete (Iwori Rote) · Iwori Iroso (Iwori Koso) · Iwori Kana (Iwori Ni Kana) · Iwori Meji (Eji-Wori) · Iwori Obara (Iwori Obere) · Iwori Ofun (Iwori Bofun) · Iwori Ogbe (Iwori Bogbe) · Iwori Ogunda · Iwori Ojuani (Iwori Wani) · Iwori Osa (Iwori Bosa) · Iwori Oshe (Iwori Boshe) · Iwori Otrupon (Iwori Batrupon) · Iwori Otura (Iwori Tuanilara) · Iwori Oyeku (Iwori Yeku)
