Oshe Meji
Babá Oshe Meji
«MULU EULUSHE KULUSHE OSIWE OSHUN IBO NENILE ARUN OMOLODE IKU OSHA DERENI WAYE OKO ADIFA YOKO ORUNMILA, KAFEREFUN OSUN, OSHUN A TI ELEGBA BOGOLATE OLUOPOPO».
Rezos y súyeres de Oshe Meji
MULU EULUSHE KULUSHE OSIWE OSHUN IBO NENILE ARUN OMOLODE IKU OSHA DERENI WAYE OKO ADIFA YOKO ORUNMILA, KAFEREFUN OSUN, OSHUN A TI ELEGBA BOGOLATE OLUOPOPO.
IKU IWA ILE KALEBO ADUN IWA ILE KALEBO EGGUN IWA ILE KALEBO.
OSUN WERE WERE ODO LOGUN OSHUN KANIKA.
BABADA BESHE AYE BABA BESHE RE OSHUN KANIKA LONI DALO BESHE LILU KERE LUERE TIO LONI LOWO LODA ALBI LORUBO, AKUKO, ADIE MEYI, EYELE MARUN, IGBA LODA KIKAN EKO LODA KIKAN UNYEN LODA KIKAN OTI LODA KIKAN OWO MARUN.
En este odu nace
- Que no se mira sin pagar por este odu.
- El osario, y preside las inhumaciones.
- El ungüento oloroso y el perfume.
- El pelado.
- El hacer Osha, donde Yemajá entregó el Dilogún.
- El estancamiento de la sangre.
- El cáncer de la piel.
- El grillete.
- Las coyunturas de las articulaciones de los seres humanos.
- La gangrena, todo lo putrefacto.
- La trata de negros esclavos y el cambio por caracoles.
- El dejar de comerciar con el Dilogún.
- Usar pluma de cotorra para adornar el sombrero.
- Pensar cuidadosamente antes de hacer sus promesas, ya que una vez hechas son irrevocables.
- La prohibición de lanzar el caracol.
- Los instrumentos musicales de cuerda.
- Los genios.
- La repartición de los animales que come cada Osha.
- La esclavitud y la mudanza.
Aquí habla
- Los hijos de este odu no pueden utilizar la planta de Ruda, es tabú para ellos.
- Habla de impotencia sexual.
- La mujer sufre de complejos por sus senos.
- La persona se enamora de sí misma.
- Cuando la ropa se lava no se tuerce, porque es atraso para la persona.
- Habla una divinidad llamada Olugbode (Orisha patrono de los niños y los infantes), que no tiene piernas, es lisiado.
- Se formó la plata, la apariencia celeste.
- Se le da Carey a Oshún.
- Los padres no lo criaron, o sea, es huérfano.
- Habla de abandono de madres e hijos.
- Los idiomas se repartieron por la humanidad.
- La mujer sacerdotisa debe utilizar la visión suprasensible para adivinar después de pactar con los Ancianos de la Noche.
- Hay que mantener el corte de cabello corto.
- Olofin maldice por creerse la persona tener dotes superiores.
- Olofin dio ashé.
- Ante Olordumare tanto hombres como mujeres son iguales.
- La persona es adivino antes y después de muerto.
- La persona tiene que mudarse varias veces.
- Eshu-Elegba se alimentaba en los basureros.
- Nace ponerle a los Santos la Cruz, el caracol y la cabeza de la gallina a Orúnmila.
- Un hermano engaña a otro.
- Se le dan 25 palomas a Oshún.
- Oshún se tuvo que volver prostituta.
- Fue donde por primera vez se tiró el ókpele al suelo para la consulta, y tienen que pagar.
- Se le da de comer jutía a Azojuano (San Lázaro).
Hierbas del odu
- Botón de Oro
- Tulipán
- Romerillo
- Hoja de Ikín
- Pica Pica
- Curujey
- Hojas de ñame
- Hierba la sangre
- Mangle rojo
- Ceiba
- Lino
- Jagüey
- Cebolla
- Álamo
- Orquídea
- Palo pimienta
- Ewe awedó
Descripción del odu Babá Oshe Meji
Oshe Meji ocupa el decimoquinto lugar del Orden Señorial de Ifá. Es un signo de larga vida: de todos los odu, fue el que más tiempo vivió sobre la Tierra. Mantiene una guerra permanente con Irete Meji, a quien acusa de ladrón, y es, ante todo, el signo de la sangre, del trabajo, del llanto y de la tristeza, que son sus grandes compañeros.
Solo los hijos de este odu saben lo que quieren, pues no hay nadie en el mundo que los entienda. Son de carácter impulsivo y rencoroso; no creen en nada ni en nadie: unos salen bien agradecidos, pero otros no agradecen nada. Su convencimiento es lo que ellos creen; son jactanciosos y faltones, sentimentales y fuertes. Les gusta el chisme y la averiguación de las cosas, aunque no les interesen, y son amigos de problemas con la justicia, pues ellos mismos se los buscan y sufren por otra persona que no son ellos. Les gustan la alegría, las fiestas y la bebida, cosa esta última que no pueden practicar.
Deben tener mucho cuidado con la sangre, pues es fácil que enfermen por esta causa. Sufren dolores en los huesos, muy especialmente en las coyunturas. Padecen de la sangre, el corazón, las piernas, el vientre, el cerebro, de anemia, de la garganta y de locura transitoria, por lo que deben chequearse la hemoglobina con el médico sistemáticamente. El odu habla de los problemas circulatorios —se aconseja la Sábila como depurativo—, enuncia erupciones y picazón en la piel, y en él habla y nace el cáncer de la piel. Existe impotencia sexual; habla de derrames cerebrales, de ceguera y trastornos visuales, de obstrucción de las venas y de infarto, y presagia el nacimiento de la gangrena. Oshe Meji son los conductos de la sangre.
Los hijos de este signo son adivinos y, por lo regular, buenos espiritistas: tienen un Egun que les habla y les dice las cosas que necesitan, aunque su fuerza está en Orúnmila y en Oshún, y con los ojos ven más allá de lo que pueden. Son los más chiquitos en la religión y por eso Olofin les dio el ashé de la adivinación. Son dichosos al máximo y no se les puede engañar con facilidad, pues son perspicaces y consistentes. Deben adorar a Obatalá, que se lo da todo. Su secreto es la arena del río.
Oshe Meji es repudiado en el seno de su familia: lo desmeritan y no lo consideran, y su mejor amigo lo puede traicionar. La mujer de este odu no puede tirar el caracol; debe atender el campo espiritual y atender por medio de la baraja, y debe engordar por el complejo de los senos. Oshún nació en tres tierras: Ijesa, Magino e Ife. El signo prevé distanciamiento entre hermanos, hechicerías y amarres, donde la persona tiene que recibir a Ifá. La persona tiene que hacer Santo (Yoko Osha) y, si es hombre, recibir a Ifá para evitar la impotencia.
Hay que tratar bien a las mujeres y ver cómo se les dicen las cosas para evitar malos entendidos; evitar que sean corrompidas y no forzarlas en el acto sexual cuando no tengan deseos; hay que escuchar sus consejos, que harán bien. A la obiní se le regala un collar o una sortija de color ámbar. Se usan cinco clases de perfumes, entre ellos el ámbar, que será para el pañuelo nada más y se pone delante de Oshún. Olofin y Oduduwa están pegados a la persona. No debe cortarse el pelo; usará jabón, toalla y estropajo solo para él, y el jabón debe botarlo antes de que se termine. Shangó es el protector de la persona y le gusta el rojo. A Eshu se le pone cabeza de pescado y de ratón. Oshagriñán y Oshún se asociaron para comer por dentro, sin que nadie los viera.
Cuando el odu Babá Oshe Meji se presenta en la iniciación de Igbodun, se le debe decir al iniciado que nunca busque el dinero con avaricia; debe ser frenado y discreto, con una enorme paciencia, de manera que el dinero no lo sepulte. Debe sacrificar dos palomas, dos escaleras y cuatro pernos: clavar los pernos en forma de U en las cuatro esquinas del círculo y servir las dos palomas y ñame machacado, ya que el ñame y la paloma son la comida principal del dinero.
Debe sacrificar un chivo y la columna vertebral de una serpiente a Eshu, una chiva a su cabeza y un carnero a Ifá, el cual debe matarse antes de ofrecerlo. Su cabeza debe ser lavada con la cabeza del carnero, adicionando doscientas una hojas y pronunciando el siguiente encantamiento:
Este odu recomienda y advierte
- Con este odu como patrón, no debe comer carne de serpiente.
- Dele de comer un chivo a Eshu y al Ángel de la Guarda para no perder en una pelea.
- La tirada del ókpele sobre la estera o tablero significa la caída en combate de Oshe Meji; en memoria a ese hecho hay que pagar dinero durante una consulta de adivinación.
- Si este odu viene para una persona enferma, debe sacrificar un chivo a Eshu para evitar morir por las fuerzas del mal, debido a sus maneras tozudas.
- Para evitar ser acusado y enjuiciado, debe sacrificar un chivo a Eshu, un cerdo a Ifá, una chiva a su cabeza, un gallo a Ogún y un chivo castrado a los Dignatarios de la Noche.
- Sacrificio para la prosperidad: en el río se le ofrece un chivo a Eshu y la persona se da tres zambullidas en el mismo. 1: pez seco en la mano izquierda y pez fresco en la derecha. 2: tela blanca en la izquierda y tela negra en la derecha. 3: doscientos cauries en la mano izquierda y cuentas en la derecha.
- Vencimiento de enemigos a lo largo de toda la vida; éstos a veces comen con usted en su propia casa.
- Habla de un ancestro protector que aconseja que haga sacrificios para Egun.
- Recibir a Oduduwa e Igba-Odu.
- Una mujer embarazada debe efectuar sacrificio a Oshún y a Orishanlá para salir airosa del parto.
- Abra bien los ojos, no se cometa incesto.
- Su gran arma es la discreción.
- Ofrendar sacrificios para la deidad Olugbode (Orisha patrono de los niños).
- Nunca asuma tener deudas.
- Cuando este odu aparece en adivinación ordinaria, se le aconsejará a la persona propiciarse su propio Ifá, ya que se convertirá en un futuro sacerdote de Orúnmila.
- Este odu habla de que para tener hijos debe ofrendar sacrificios a Ifá.
- Se recomienda tambor a Oshún, después de ofrecerle sacrificio.
- Este odu representa la mitad del mundo, del oriente.
- Se prohíbe vestir en combinación de tres colores.
- Con la columna vertebral de la serpiente a Eshu, madura su fuerza.
- Persona de constitución fuerte y luchador invencible.
- Dar vaca grande, cabra grande y carneros al Ángel de la Guarda.
- La buena fortuna y la muerte lo acechan, pero si realiza el sacrificio necesario, la fortuna viene a su alcance y evita la muerte prematura.
- Olordumare salva la vida de un accidente, sobre todo en épocas de lluvia.
- El odu habla de fortuna enterrada por sus antecesores; escuche o analice sus sueños.
- Las actividades comerciales se hacen prolíferas. La estrella de la mujer esparce riquezas y prosperidad sobre el esposo.
- La esposa de Oshe Meji puede ser una bruja pero, a pesar de esto, al final de la vida viven felices.
- Debe bañarse en el río para lavar las señales de vejez.
- En este odu Eshu castiga por malos comportamientos, tal como le hizo al sapo.
- Oshún y Orúnmila salvan de la muerte: flores y hojas de calabaza a ambos, incluida la calabaza también; preguntar a Ifá. No debe comer calabaza.
- El muerto quiere acabar con todo y llega a postrarlo: hacer Eguiri, que lo previene de Ikú.
- La mujer debe tener extremo cuidado al albergar un hombre a su lado, pues son incomprendidas.
- Para el hombre: un espíritu lo aleja de las mujeres. Poner agua con azúcar prieta y Mar Pacífico al mismo.
- A los hombres les gusta que las mujeres trabajen para ellos, pero esto termina en guerra y pierde el explotador, pues la mujer no se deja gobernar por nadie y es capaz de utilizar todos sus recursos a su favor.
- Evitar el triángulo amoroso. Dos mujeres pueden enfrentarse a muerte por un hombre.
- Los hijos, por mandato de la madre, le hacen trampa y le roban a los padres. Los padres le echan brujería y enviaciones a los hijos. Los hijos pueden morir por accidente.
- El hombre triunfa Fe con Fe y evitando los vicios y las parrandas.
- La mujer puede convertirse en homosexual (Alakuata).
- Los enemigos trabajan de noche.
- Siempre cumpla lo que promete a los Santos y en la vida; no esquive al acreedor.
- Las consecuencias del mal actuar de uno se ven reflejadas en su familia e hijos.
- La persona tiene un olor peculiar y penetrante. Un parásito puede alojarse en la garganta u orificio del cuerpo.
- La mujer, por prostituta e irresponsable, abandona a sus hijos.
- Los hombres, por ambición, venden a sus propios hermanos, incluso por baratijas, y deviene una maldición a la familia y a ellos mismos. Sus actuaciones le salen caras: evitar los negocios con otros y atender mucho a Eshu.
- Por jergas y fiestas se queda sin dinero y puede llegar a cometer incesto, lo que implicará maldición de la familia y enfermedades a la postre.
Relación de obras del odu Oshe Meji
El chivo a Oshún debe ser capón de tiempo, para que no tenga peste. En la boca se le pone una hoja de ciruela y en la cabeza se le ponen hojas de ciguaraya y achibatá. En caso de tener que castrarlo al momento, lleva un rezo que hay que decir antes de entregarlo. Nunca se debe castrar en la puerta del Igbodun Orisha o cuarto del Santo.
Con los testículos se hace una ceremonia con: jutía y pescado ahumado, maíz tostado y tela blanca, y se lleva al río.
Este secreto es del odu Oshe Meji. Se le da a Oshún para ganar una guerra y se necesita lo siguiente: 1 Carey, 2 gallinas, jutía y pescado ahumado, manteca de corojo, pimienta y 5 babosas.
Se hace una Atena en el piso con los siguientes odu: Oshe-Turá, Oshe Meji y Otura Shé. Sobre esto se echa arena de río y encima se pone a Oshún. A su lado se pone una jícara a la que se le pinta adentro Oshe-Turá, y se le pone una piedra adentro. Se le da obi omi tuto a Eshu y a Oshún, dándoles cuenta de todo lo que se va a hacer.
Se coge el Carey, se le dobla la cabeza y con la piedra de la jícara se va golpeando en el cuello, mientras se canta:
Se le arranca la cabeza al Carey y primero se echa la sangre sobre la piedra y después dentro de la sopera de Oshún, a posteriori de echar en la arena. Enseguida se dan las 2 gallinas y se le echa miel. Se da obi omi tuto, para ver si Eboada, y se encienden las velas.
Se le saca la carne al Carey y se prepara un guiso con los Iñales y la carne del Carey, manteca de corojo, obi motiwao, 16 pimientas, sal, ero, kolá; se le echa Iyefá y babosa. Esto se llama Iguiri. Se le pone delante a Oshún, y a los lados los platos con los Iñales de las gallinas, los días que Oshún quiera. Después se lleva para la desembocadura del río y el mar.
En la arena del río: 16 piedras de río, un gallo, dos gallinas, dos canarios, un chivo castrado, una pluma de loro, cinco caracoles (dilogunes), agua de río, una vara de tela blanca y una vara de tela amarilla.
Un güirito cargado con todos los pájaros, distintas tierras y hierbas, cochinillas, lino y helecho de río. Se le da un gallo blanco y 2 gallinas al pie de Oshún y Orúnmila, cinco plumas de tiñosa.
Se darán 7 baños con cocimientos de Ceiba, guanábana, mango, piñón y anamú. Después se hará cocimiento de Rompe Saraguey y Zargazo y, cuando esté fresco, se le echan ramitas de Itamorreal machacado y cogidas por la mañana en la parte del naciente, y se agrega incienso de la Iglesia. Se lava la cabeza los días que marque Orúnmila con esto y jabón de Castilla. Después se le unta manteca de cacao en las sienes y la nuca. Por último, se tapa la cabeza con tela blanca.
Gallina, 3 cocos, 3 palomas (1 blanca, 1 carmelita, 1 negra), 1 huevo de gallina, tripa de pescado y de calabaza, tela amarilla, ekó, pescado ahumado, manteca de corojo, maíz, aguardiente, miel, 4 pimientas. La gallina a Oshún, y las tripas y la cabeza para el Ebó. Se limpia a la persona con las palomas carmelita y negra, y la blanca es para el baño. Se prepara un omiero con espanta muerto para baños. Se le da obi omi tuto a Oshún y se le encienden 2 velas, rogándole por su ayuda. En las telas del Paraldo se ponen los odu Irete Yero, Oshe Meji y Otura Niko, en ese orden. Todo se pregunta.
Hierba La Niña, canela en polvo, agua bendita, incienso de la Iglesia, 1 huevo de gallina. Todo se batirá y después se unta en las manos, la cara y la cabeza. Si quiere, se lo puede hacer en todo el cuerpo.
2 guabinas (Ejá-Oro), canela; todo hecho polvo y seco al sol, y se escribe Oshe Meji.
Cáscara de almendras, ristra de cebollas, álamo. Azúcar prieta al Egun.
Se le pone a Oshún un carapacho pequeño de Carey, cargado con ero, obi, kolá, osun naború, oro, coral, ámbar y hierbas de Oshún. Come con Oshún.
Se pinta este odu en la pared con cascarilla y osun naború, se le sopla coco mascado y se reza Oshe Meji para evitar la enfermedad.
Gallo a Shangó. Se pone a cocinar harina y se pone el nombre de la persona debajo de una piedra en la batea de Shangó. Se da el gallo y después se cubre con harina bien caliente; a posteriori se tapa con jobo y se pide lo que se desea. La obra se deja por seis días. Se hacen tres patéticos, que van para la palma, la Ceiba y para una mata de jagüey, poniendo uno en cada lugar.
Se coge una cabeza de cerdo con el nombre del enemigo dentro y se carga con afoshé Ogú. Se toma un ñame de agua, se le abre un hueco y se le introduce dentro el nombre del enemigo; se le echa pólvora y mariwó, y se introduce en la boca del cerdo. Esto se pone al Osha que lo coja y se llama al enemigo. Se toma un carbón encendido, que se pone encima del ñame que está en la boca de la cabeza del cerdo, se llama al enemigo y, cuando la pólvora suene, se piden los osobos (Intori Arún, Ofo, Eyo) para el enemigo. A continuación se da al Osha el animal que haya pedido (pollo, gallina, gallo, paloma, etc.). Se le echa sangre al Osha y a la cabeza del cerdo, se tapa con tela negra la cabeza del cerdo y se deja ahí los días que marque. Después se lleva a enterrar al cementerio.
2 guabinas (Ejá-Oro) secas al Sol, canela; hacerlo polvo, pasarlo por el tablero y rezarlo con Oshe Meji.
5 rogaciones, una cada cinco días, un pomo de perfume, un pájaro cazado, un guineo y demás ingredientes.
Cabeza de jicotea, babosa, piedra chiquita del río, eru, obi, kolá, obi motiwao, Iyefá. Todo forrado con cuentas de Oshún. Come gallinuela con Osanyin.
Enfermedades del odu Oshe Meji
El tratado de este odu dedica un estudio a las enfermedades que le pertenecen —las de la sangre y sus conductos—, porque comprenderlas es comprender el talón de Aquiles del signo: la anemia, las enfermedades de los vasos, la gangrena y los tumores malignos de la piel.
Las anemias
Se llama anemia —con más exactitud, oligohemia— a un síntoma común a muchas enfermedades que consiste en la disminución del caudal hemoglobínico o de los eritrocitos del organismo. Esa disminución debe ser absoluta y no relativa: se juzgan anémicos los pacientes con valores hemoglobínicos inferiores al 75 %, o cuando la concentración de hemoglobina de la sangre resulta inferior a 13 g por 100 cc. La anemia más frecuente es la ferropénica, por falta de hierro. Sus consecuencias clínicas estriban en la palidez de la piel y las mucosas, la astenia, la disnea fácil, las palpitaciones, la cefalea, la somnolencia y la frialdad.
Según su origen, las anemias se clasifican en cuatro grandes grupos. Primero, las posthemorrágicas, por pérdidas de sangre hacia el exterior: agudas cuando dependen de pérdidas cuantiosas y rápidas —grandes heridas, roturas de várices, úlceras gástricas o duodenales, estallido de aneurismas; una pérdida brusca superior a la mitad de la sangre conduce al colapso y a la muerte—, y crónicas cuando son consecutivas a pequeñas pérdidas reiteradas, ocultas o evidentes, que agotan las reservas de hierro y plasma: hemorroides mantenidas por decenios, pequeñas epistaxis frecuentes, reglas hemorrágicas, ulceraciones y neoplasias del tubo digestivo.
Segundo, las anemias carenciales, por falta de los materiales o biocatalizadores que intervienen en la formación de la hemoglobina y de los eritrocitos. Entre las ferropénicas están la clorosis, propia de la mujer en la pubertad, con palidez verdosa, tristeza y disturbios menstruales; la cloroanemia crónica de la mujer, con laxitud, zumbidos de oídos, vértigos, uñas y cabellos quebradizos; las anemias de las infecciones crónicas —sífilis, reumatismo, tuberculosis, paludismo—; la de los tumores malignos, que consumen el hierro en su rápido crecimiento; y las refractarias al hierro, como la anemia saturnina de la intoxicación por plomo. A este grupo pertenece también la anemia perniciosa, por carencia del principio madurador de los hematíes —la vitamina B12 y el factor intrínseco que segrega el estómago—, que da color amarillo rojizo a la piel, lengua ardiente, hormigueos, vértigos y piernas débiles; es propia de la presenilidad y la vejez, se asocia al carcinoma gástrico y se compensa con hígado, ácido fólico y vitamina B12. Hay además anemias hipotiróticas, por carencia de hormona tiroidea, e hipogonadales, que curan con testosterona.
Tercero, las anemias hemolíticas, constitucionales o adquiridas, cuya característica es la enorme destrucción de los eritrocitos en la sangre periférica: su vida media, en vez de unos 120 días, se reduce a entre 8 y 25. Y cuarto, las anemias aplásticas o hipoplásticas, por destrucción o inhibición de la médula ósea: tóxicas, infecciosas, mecánicas o leucémicas, por invasión de la médula.
Las enfermedades de los vasos: arteriosclerosis
La arteriosclerosis es una enfermedad degenerativa y por desgaste de las arterias, casi fisiológica con el aumento de la edad —el cambio se hace notable a los 55 años y es máximo a los 65—, pero que también se desarrolla en condiciones patológicas y en gran extensión durante la juventud. En los diabéticos se implanta antes. Es más frecuente en el varón que en la mujer, en quien empieza después del climaterio; los occidentales están más dispuestos a sufrirla que los asiáticos y los negros, así como los individuos de vida agitada y cargos de responsabilidad, el exceso de tabaco y las comidas ricas en lípidos y proteínas en personas de vida sedentaria. La arteriosclerosis conlleva infarto del miocardio, trombosis coronarias, apoplejías cerebrales y gangrena.
Anatómicamente se trata de lesiones —en parte productivas, en parte degenerativas— de la pared arterial: engrosamiento de la túnica íntima, infiltrados de colesterina y, secundariamente, necrosis y calcificación. Sus formas van desde el ateroma de los vasos anchos (aorta, coronarias) hasta la esclerosis con calcificación de las arterias de las extremidades, que se palpan duras y anilladas como la tráquea de un ganso. La causan los excesos funcionales de los vasos —la elevación y las grandes variaciones de la presión—, las lesiones previas por infecciones como la sífilis y el reumatismo, las intoxicaciones y las enfermedades del metabolismo, en especial la obesidad y la Diabetes, y la ingesta excesiva de leche, huevos, mantequilla y carne de cerdo con carencia de vitaminas C y B6.
La consecuencia es la pérdida de elasticidad del vaso, con dificultad de la circulación: gangrena de las extremidades, degeneración de las fibras del miocardio y reblandecimiento del encéfalo, pues la fragilidad de las paredes degeneradas facilita las roturas y hemorragias. El 95 % de las muertes coronarias son por ateroma, el 75 % de los ictus cerebrales por arteriosclerosis y cerca del 50 % de las uremias por lesiones arterioscleróticas del riñón. En la forma periférica, frecuente en la vejez y en la diabetes, la arteriosclerosis obliterante produce la isquemia crónica de la extremidad: el miembro se torna pálido y frío, más tarde azul negruzco, las arterias del pie carecen de pulso y sobreviene la gangrena; de no prevenirla con antibióticos y no amputar oportunamente, sobreviene la sepsis. Debe hacerse reposo, con dieta de cereales, verduras y pescado, evitando leche entera, mantequilla, grasas, huevos, cremas, dulces, vísceras, los excesos de líquidos, la sal y el alcohol. Cuando la oclusión es hipogástrica bilateral se produce impotencia sexual, y la Diabetes también trae aparejada la impotencia sexual entre sus secuelas.
La gangrena
La gangrena es un proceso en que el tejido necrótico es invadido por bacterias saprofíticas que causan putrefacción; como muchas de esas bacterias forman gases, el tejido gangrenado puede tener burbujas. Existen dos clases: la gangrena húmeda —la más frecuente, en tejidos con buen riego sanguíneo al iniciarse la necrosis— muestra tumefacción, reblandecimiento, consistencia pastosa, color negro u oscuro y olor de putrefacción, con la parte insensible al tacto y al dolor; la gangrena seca aparece en tejidos con limitada cantidad de sangre y líquido, con aspecto de cuero, arrugado y de color claro. Las áreas gangrenadas quedan separadas del tejido vivo por una línea de demarcación azul o rojiza, tumefacta. Las causas son las mismas de la necrosis más la exposición a las bacterias del aire; en los miembros y el intestino, la interferencia en la circulación sanguínea es la más importante. En la descomposición se producen toxinas altamente venenosas que la sangre absorbe con consecuencias desastrosas para el paciente: por eso se hace necesario amputar la extremidad. Nota: las células necróticas suelen ser muertas, pero las células muertas no son obligatoriamente necróticas.
Tumores malignos de la piel
Los tumores cutáneos malignos pueden proceder de la epidermis (epiteliomas) o de la dermis (sarcomas). Un tumor es una masa de tejido de nueva formación, de crecimiento autónomo, sin función fisiológica y de carácter irreversible; son atributos de su malignidad crecer por infiltración, dar metástasis y tender al crecimiento sin límites. Hay lesiones precancerosas de la piel —queratosis senil, leucoplasia, cicatrices de lupus y quemaduras, cuerno cutáneo, dermatosis por aceites y breas— que solo en un cierto porcentaje de casos degeneran.
El epitelioma basal es de relativa malignidad, frecuente entre la quinta y la séptima década de la vida, localizado en cara, sienes, frente y nariz. Sus variedades incluyen la noduloulcerativa —un pequeño nódulo semitraslúcido que recuerda una perlita y que después se ulcera—, la nódulo globulosa, el pigmentado —frecuente en nuestro medio, de amarillento a completamente negro—, el plano múltiple superficial y el névico, presente desde la niñez. En todas las formas la tendencia es al crecimiento progresivo, con destrucción de las partes vecinas, hasta producir enormes mutilaciones y la muerte.
El epitelioma espinocelular es el verdadero carcinoma: se origina en la epidermis, infiltra hacia la profundidad y luego se disemina por metástasis, primero a los ganglios regionales y por vía sanguínea a las vísceras. Es mucho más frecuente en las partes expuestas: el 75 % entre el cuello y el cuero cabelludo, un 20 % adicional en el dorso de las manos, y también en labios, glande, dedos, pezones, ano y extremidades inferiores. Sus variedades son la nóduloulcerosa, la papilomatosa o vegetante, en coliflor, y la ulcerosa, de curso más maligno y metástasis más precoz. El objetivo del tratamiento es la destrucción o eliminación completa de todas las células tumorales mediante cirugía, diatermia quirúrgica, radioterapia y radiumterapia.
Comentario del tratado: analice la piel del sapo y verá la semejanza.
Dice Ifá
- La Caridad del Cobre lo persigue, al igual que la traición y la tragedia.
- Tiene que hacerle una misa a un familiar muerto.
- Donde piensa ir hay una persona que se los quiere llevar a todos.
- Hay una mujer que está embarazada: dígale que haga Ebó si quiere salvar al hijo de la muerte.
- Con el tiempo usted ha de tener dinero y dicha, pero siga los consejos; de lo contrario se desgraciará.
- La muerte quiere ir a su casa.
- Cuidado donde se sienta.
- No dé un paso sin dinero.
- Usted tiene que hacer Ifá.
- Evite el disgusto con otra persona por causa de un dinero que ya usted pagó.
- Enciéndale dos velas a su padre.
- Debe refrenarse de hacer demostraciones de fuerza.
- No está prosperando en la vida y no lo logrará a menos que cambie sus formas, recurriendo al cuidado y la discreción en todas sus actividades.
- Debe hacer sacrificios para que los obstáculos lo lleven a su prosperidad y a reducir las dificultades.
- Debe ofrecer chivo a Eshu.
- Si se propone salir de viaje, debe ofrendar chivo a Eshu para no perder sus propiedades frente a una persona vengativa, sin tener que pelear de nuevo.
- Si la mujer desea casarse, debe sacrificar chivo a Eshu, una bolsa de dinero, ropa blanca para el mercado, un pato, un gallo y hojas de Ewe Iwo, para prepararle un baño a causa de los primogénitos de la noche.
- Tiene un hijo obstinado, que no escucha consejos, y debe preparar Ifá para ese hijo si quiere que viva por largo tiempo. Si la persona no tiene hijos, que prepare Ifá para el primer hijo que tenga.
- No debe andar tanto detrás de las mujeres, porque sufrirá un bochorno.
- Sacrifíquele a Shangó para eliminar posibles obstáculos en su vida.
- No se vista de rojo.
- Nunca se deshaga de sus atributos religiosos.
- No siempre usted sale victorioso en todas las cosas; a veces perdiendo se ganan otras cosas necesarias.
- Debe evitar ser rencoroso, oír consejos y no ser caprichoso y testarudo.
- Se habla de retorcijos de estómago: mantenga una dieta ligera y balanceada.
- No efectuar abortos del embarazo, porque sufrirá males mayores en el futuro, ya que su salud se verá quebrantada.
- Puede ser sustituido de un cargo o posición por sus enemigos; para ello debe sacrificar un chivo a Eshu, dos gallinas a Ifá y tela blanca.
- Cuídese sus extremidades, porque debido a un accidente usted puede perder uno de sus miembros.
- Sea cauteloso y menos alocado.
- Oshún reprime por malas actuaciones con sus semejantes.
- No crea lo que todo el mundo le diga: sea desconfiado y no coma ni beba nada sin antes saber su procedencia.
- No puede abandonar las cosas de Ifá, pues de hacerlo será su ruina completa y le costará la vida.
- A usted le han echado polvos que lo tienen atontado, y Eshu-Elegba es quien lo salva.
- Si es mujer: uno de sus hermanos varones trató de poseerla o tener vida con ella, y su madre no la defenderá.
- El esposo es tan celoso que no puede salir a la calle ni recibir visitas, y esto la tiene abrumada; tiene que hacer Osha.
- Su casa se puede ver afectada por caníbales sociales, y la esposa, del susto, se enferma y puede abortar; deben mudarse de donde viven.
- El que está preso, cuando lo suelten, que se bañe para quitarse el olor a cárcel.
- En los basureros y lugares sin importancia encontrará su suerte.
- Si usted en un viaje recibe honores y distinciones, y además lo demuestra, ocupará lugares cimeros en su profesión.
- Tiene que hacer Ebó y los animales repartirlos por diferentes lugares.
- Termine el disgusto que lo tiene agriado, pues al parecer había acabado, pero para usted no.
- Atienda a los muertos, hágales misa y despójese.
Refranes de Oshe Meji
- Del Cielo me cae dinero y, si no tengo cautela, me sepultará.
- Este no es el momento de demostrar luchas.
- Perdiendo, se gana.
- Bañarme en el río me rejuvenece.
- La aurora del día es visible para todos.
- Más vale la inteligencia que la fuerza.
- El hijo del gato caza ratones.
- La aguja lleva al hilo.
- El gusto por la libertad, si no va acompañado del respeto a Olordumare y al prójimo, es un camino que fácilmente lleva a una u otra forma de esclavitud.
- Mono ve, mono hace.
- El ñame tostado le dijo al hombre: «Si tú me vas a comer, detrás vendrá Ikú a comer».
- La palma se cree que por tener algunas pencas le da derecho a creerse Rey.
- Un pescado no puede, sin peligro de muerte, insultar al caimán.
- Sangre que corre por las venas.
- No hay mañana que deje de convertirse en ayer.
- El consentimiento es alegría al hijo del rico.
- No espere que los que derrote en la lucha lo recompensen con un regalo.
- No busque dinero con apuro y avaricia, porque servirá para su propio entierro.
- La mano es más larga que la cabeza cuando es extendida hacia arriba.
- La rodilla del lisiado no se dobla.
- Nadie mata al ofrendado de comida para él.
- El que sabe esperar, que vengan los vendavales.
- El que persevera, triunfa.
- Viene la suerte por una ofensa.
- No hagas alarde de tus méritos.
- Lo verdaderamente tuyo nadie te lo puede quitar, pero te lo pueden interrumpir.
- Unos ganan con buenas artes y otros con malas.
- Entre tus amigos y familiares hay envidiosos.
Eshu-Elegba del odu Oshe Meji
En el tratado de este odu, el Eshu-Elegba propio del signo no aparece definido.
Se le pone a Eshu cabeza de pescado y de ratón, y se le pone bisutería. Atender mucho a Eshu, porque en este signo es él quien castiga los malos comportamientos y quien salva a la persona de los polvos que la tienen atontada.
Patakíes del odu Oshe Meji
1.El nacimiento del odu Babá Oshe Meji
Oshe Meji abandonó el Cielo para venir a la Tierra sin decírselo a nadie: no hizo adivinación ni sacrificio alguno. Nació de padres envejecidos que ya habían perdido la esperanza de tener hijos, y vino al mundo con el pelo gris sobre la cabeza. Vivió en la Tierra hasta una edad muy avanzada, pero solo después de haber regresado al Cielo a realizar el sacrificio que debía. Mientras crecía probó ser el terror entre los de su edad; sus padres murieron cuando aún era un niño y desde entonces vivió de sus propias estratagemas. No practicó la vocación de Ifá ni ninguna profesión respetable: era un luchador errante que escasamente ganaba para alimentarse, porque nada de lo que hacía era capaz de brindarle sustento.
Un día salió a buscar competencias de lucha, la única profesión que conocía. Fue al palacio del Alara y lo retó; lo derrotó, pero no le dieron recompensa alguna por su victoria. Marchó a Ijero, donde venció al Ajero, y tampoco recibió compensación. Fue a Owo y derrotó al Olowo; después a Benin, donde derrotó al rey Ado, y así hizo lo mismo con los dieciséis reyes conocidos en el mundo en aquel tiempo. De todas sus luchas regresaba a casa con las manos vacías. Fue entonces cuando, en el camino entre Ado e Ife, lo detuvieron tres Sacerdotes de Ifá, que se llamaban:
Después de la adivinación le dijeron que pasaba hambre porque no estaba ejerciendo la profesión que se suponía había venido a ejercer en la Tierra. Le aseguraron que prosperaría al final de la carrera que eligiera como profesión, pero solo después de realizar un sacrificio que tenía que hacer en el Cielo. Él no los tomó en serio, porque no podía imaginar cómo iba a viajar al Cielo para sacrificar: por aquel tiempo, Eshu había cerrado la ruta entre el Cielo y la Tierra. Los sacerdotes le advirtieron además que no podía esperar que aquellos a quienes derrotaba en la lucha lo recompensaran con regalo alguno, y le aconsejaron ofrendar lo que pudiera procurarse a su padre, que era quien lo salvaría de su empeño. Al llegar a casa, ofrendó un gallo a su padre y le rogó que lo ayudara a hallar el camino de su destino.
Entretanto, su padre fue ante el Ángel de la Guarda de su hijo en el Cielo y se quejó de que a Oshe Meji no le iba bien en la Tierra. El Ángel de la Guarda respondió que era porque él era muy belicoso, y entre ambos decidieron persuadir a las cosas buenas del Cielo para que lo visitaran. Tradicionalmente, tan pronto como el gallo canta por la mañana, es señal de que todas las cosas buenas de la vida están abandonando el Cielo en sus visitas diarias a la Tierra: los niños, la paz, la riqueza, la morada, el dinero, la salud y la prosperidad. Antes de partir, todas ellas pasan por el cuarto del Cielo habitado por los Ángeles Guardianes de todos los que viven en la Tierra. El padre pasó la noche allí y, a la mañana siguiente, cuando las cosas buenas preguntaron si había algún mensaje para sus custodiados, el Ángel de la Guarda les rogó que visitaran a su protegido. Todas respondieron unánimemente que no se atrevían, porque las destruiría: le recordaron cuán belicoso fue en el Cielo y la conmoción que causó antes de escapar a la Tierra. Insistieron en que el bien y el mal no viven juntos, excepto como combatientes; que el calor y la frialdad no pueden convivir, como tampoco la luz y la oscuridad comparten el mismo ambiente al mismo tiempo. Y como Oshe Meji insistía en antagonizar y desgraciar a quienes lo hubieran beneficiado, jamás irían en esa dirección. Dicho esto, el bien partió del Cielo hacia la Tierra.
El padre comenzó a sollozar por la desesperanza de la situación de su hijo. El Ángel de la Guarda le reveló que le había hecho pasar la noche con él precisamente para que fuera testigo: llevaba años persuadiendo al bien del Cielo para que visitara a Oshe Meji, y siempre se habían negado por esas mismas razones. Ante la persistencia del padre, tramó entonces una nueva estrategia: le dijo que regresara a su casa, que vería a su hijo antes del canto del gallo de la próxima mañana. En cuanto el padre partió, el Ángel de la Guarda fue a ver a la Enfermedad, que es la esposa del Rey de la Muerte, y le dio regalos de nuez de kolá. Así como el bien del Cielo visita a diario la Tierra, también la Enfermedad la visita como mensajera errante que la Muerte envía. El Ángel de la Guarda la persuadió de que fuera al encuentro de su protegido en la Tierra y lo invitara al Cielo, porque tenía algo importante que hacer por él; la anciana acordó entregar el mensaje ese mismo día.
Mientras tanto, en la Tierra, Oshe Meji enfermó de repente, lo cual era una novedad, pues nunca antes había estado indispuesto. Avanzada la noche la enfermedad se agravó y cayó en coma; como nadie lo quería, no tuvo quien lo atendiera, y de hecho las personas se divertían al encontrarlo así. Justo antes de la medianoche entregó su alma, y nadie supo que estaba muerto porque no tenía ni esposa ni hijos propios. Tan pronto la vida salió de él, apareció instantáneamente en el Cielo ante su Ángel de la Guarda, donde su padre ya estaba presente: ambos le dieron la bienvenida antes de que el gallo cantara aquella mañana, y comprendió entonces el padre lo que el Ángel había querido decirle. El Ángel de la Guarda le indicó a Oshe Meji que se escondiera detrás del parabán que había preparado para la ocasión.
Poco después del canto del gallo, las bondades del Cielo pasaron visitando la casa de cada Ángel Guardián. Cuando llegaron a su entrada, el Ángel las llamó a cada una por su nombre —niños, amistad, riqueza, prosperidad, dinero— y les rogó una vez más que visitaran a su custodiado en la Tierra, porque estaba sufriendo. Ellas contestaron que no acostumbraban a cantar la misma canción el día de entrar y el día de salir: que aquel luchador era demasiado vengativo para ofrecer una recepción decorosa a ninguna de ellas, que habían jurado solemnemente no acercarse nunca a la calle donde vivía, y que quien se atrevía a tumbar por igual a reyes, príncipes y divinidades en competencias de lucha las aplastaría fácilmente entre sus dedos. El padre gritó entonces que el hombre que estaba detrás del parabán debía escuchar lo que los agentes de la divinidad de la fortuna decían sobre él. En efecto, escondido allí, Oshe Meji se dio cuenta al fin de que había estado persiguiendo los fines equivocados en la vida.
Cuando los anfitriones de la beneficencia pasaron de largo, salió a preguntar a su Ángel de la Guarda y a su padre qué debía hacer. Le dijeron que realizara el sacrificio que no hizo antes de abandonar el Cielo y le aconsejaron dar un chivo a Eshu, quien lavaría su cabeza y su espalda para reducir su fortaleza física y diabólica. Lo hizo enseguida, porque las cabras que había dejado atrás en el Cielo se habían multiplicado de manera numerosa, y además ofrendó la vaca más grande a la policía celestial para un banquete. Poco después, su Ángel de la Guarda le indicó un sendero especial para regresar: tan pronto puso el pie en la vereda, parpadeó en la Tierra y al instante recobró la conciencia.
Tres años más tarde llegó a ser bueno y, aunque recordaba vivamente lo ocurrido en el Cielo, comenzó de nuevo a preparar sus rondas de lucha. Antes trajo una de sus cabras y la preparó para su padre, le dio un carnero a su Ifá —que es la representación terrenal del Ángel Guardián— y celebró con ellos una gran fiesta; las personas a su alrededor se preguntaban qué le había cambiado la apariencia, pues no se le conocía sacrificio previo. También le dio un chivo a Eshu. Dos días después partió hacia el palacio del Alara, y en el camino encontró a un viejo Sacerdote de Ifá, que era una transformación de Eshu y resultó ser adivino. El anciano le dijo que iba a una competencia de lucha y que, aunque podía derrotar a sus oponentes, debía fingir caer a tierra tan pronto como los agarrara, y observar los resultados siguientes, de los cuales no se arrepentiría: en cuanto gritara «GDIGBO, GDIGBO» —que es la tonada para un encuentro de lucha— debía simular la caída.
Comenzó en el palacio del Alara: gritó «GDIGBO, GDIGBO» y la señal hizo salir al rey. Tan pronto se agarraron, Oshe Meji lanzó al Alara, pero con gran rapidez se dejó caer a tierra antes de que el rey cayera sobre él, y permaneció en el suelo sin levantarse, conforme al consejo recibido. Entretanto, Eshu creó en el pueblo una conmoción sin precedentes: todo quedó cubierto por una oscuridad total y la tierra comenzó a temblar; los gallos empezaron a poner huevos y las gallinas a cantar como los gallos; las mujeres preñadas tuvieron fatigas falsas, los animales del bosque entraron a comer atropelladamente dentro del pueblo y los animales domésticos escaparon hacia el bosque. Cuando el Alara vio lo que pasaba, le rogó a Oshe Meji que se levantara. Una vez más el anciano sacerdote apareció de la nada e intervino: dijo al Alara que estaba prohibido para él, hijo de Orúnmila, caer en tierra, y que para que se incorporara era necesario apaciguarlo con cien hombres corpulentos, mujeres jóvenes y solteras, vacas, cabras, gallos, gallinas, bolsas de dinero y más. Sin vacilar, el Alara ordenó a cada casa del pueblo entregar la reparación requerida. Reunida toda la compensación, Oshe Meji se incorporó; el anciano preparó polvo de adivinación, lo sopló al aire, y la luz, la paz y la tranquilidad reemplazaron enseguida a la oscuridad, la conmoción y la confusión. Oshe Meji ordenó que los regalos humanos fueran llevados a su casa en Ife y que comenzaran a construir nuevas moradas antes de su regreso.
A la mañana siguiente fue al palacio del Ajero Kin Osa, donde ocurrió lo mismo, y siguieron visitas semejantes al Oragun, al Olowo, al Ooni, al Ado y a los demás, con retribuciones similares. Al final de su misión llegó a ser un hombre extremadamente rico: la prosperidad al fin había venido a su camino. Este incidente marcó el comienzo de pagar con dinero por las adivinaciones, porque lanzar el instrumento de adivinación, el ókpele, a la tierra significa la caída que Oshe Meji tuvo en las manos de los reyes, por la cual ellos pagaron las reparaciones.
Por eso, cuando Oshe Meji aparece en adivinación, se le aconseja a la persona refrenarse de hacer cosas que la lleven a demostraciones de fuerza. Se le debe decir que no está prosperando en la vida y que no lo logrará a menos que cambie sus formas, recurriendo al cuidado y la discreción en todas sus actividades.
2.Oshe Meji revela cómo el dinero vino del Cielo a la Tierra
No se conoce que Oshe Meji haya hecho un trabajo espectacular en el Cielo: fue notorio solamente por su pugnacidad. Sin embargo, fue quien reveló cómo el dinero vino del Cielo a la Tierra. Él descubrió cómo un Sacerdote de Ifá llamado Orokun Aro Koose Munukun —cuyo nombre significa «la rodilla del lisiado no se dobla»— hizo adivinación para el dinero cuando este se preparaba para abandonar el Cielo, y también para las divinidades, sobre lo que había que hacer para poder disfrutar de los beneficios que el dinero puede conferir.
A cada una de las divinidades se le dijo que realizara sacrificio con dieciséis palomas, dieciséis gallinas, dieciséis jutías, dieciséis peces, dieciséis panecillos de frijol y dieciséis panecillos de maíz. En vez de sacrificar individualmente, como se les aconsejó, decidieron unir fuerzas y hacer un solo sacrificio entre todas. Después de eso, el dinero partió para la Tierra en forma de cauries, creciendo desde el Cielo hasta tocar el suelo. Tan pronto divisaron el impacto del dinero sobre la Tierra, las divinidades se juntaron a deliberar sobre cómo llevarlo a sus casas para gastarlo. Orúnmila les advirtió que no extrajeran el dinero hasta hacer una adivinación y un sacrificio nuevos, pero Ogún lo retó a quedarse en casa con sus adivinaciones mientras los demás iban a excavar: se preguntaba qué necesidad había de adivinar y sacrificar antes de comer el alimento servido en la mesa. Orúnmila aceptó el reto y les dijo que no tenía intención de unirse a la excavación en ese momento, y que eran libres de continuar sin él.
Ogún cogió las guatacas y los picos que había hecho para ese propósito y partió hacia la pila de dinero. Al llegar excavó hasta hallar un montón, apartando cuanto era capaz de extraer; pero al cavar más profundo, la cima de la tonga cayó sobre él, lo enterró vivo bajo los escombros y dejó cuatro pedazos de cauries sobre su pecho. Sankpana fue el próximo en ir a la pila y terminó de la misma forma, con dieciséis cauries sobre el pecho. Todas las otras divinidades tuvieron experiencias similares, incluyendo a Shangó y a Olokun. Como no regresaban, Orúnmila reflexionó sobre lo que les habría ocurrido y decidió ir a verificar por sí mismo: los encontró muertos, y reunió en parcelas separadas el número de cauries hallado sobre el pecho de cada uno.
Por eso se dice que fue la avaricia la que envió de regreso al Cielo a la primera generación de divinidades que habitaron la Tierra. Oshe Meji aconsejó que, si la búsqueda de dinero no es frenada con discreción y paciencia, este vendrá en avalancha sobre el buscador y lo destruirá: he ahí por qué todos los que buscan dinero con codicia y avaricia son enterrados prematuramente bajo el propio dinero.
Orúnmila, entretanto, decidió que no tenía sentido acercarse al dinero de la manera en que los otros lo hicieron, y abordó la situación de manera diferente, a partir de su percepción característica. Al llegar a casa consultó a Ifá, y este le indicó realizar sacrificio con dos palomas, dos escaleras y cuatro cerrojos: debía clavar los cerrojos en forma de U en cada una de las cuatro esquinas de la pila y ofrendarle las dos palomas después de clavarlos; debía lanzar ñame machacado —Obobo en Benin y Ewo en yoruba— alrededor de la pila, ya que la paloma y el ñame machacado son la comida principal del dinero; y debía apoyar las escaleras sobre la pila y excavar desde la cúspide en lugar de hacerlo desde la base. Así lo hizo, y mientras ofrendaba recitó un encantamiento al dinero que decía que nadie mata al que le ofrenda comida, y le rogó que no lo matara como hizo con los otros, ya que él le ofrecía su alimento. Después subió con la escalera y excavó pequeñas cantidades hasta llevarlo todo a su casa.
Fue desde ese día que Orúnmila comenzó a sentarse en la cima del dinero, motivo por el cual su altar está en ocasiones decorado con un trono de cauries; para consultarlo en adivinación seria, el Sacerdote de Ifá tiene que sentarlo primero sobre un trono de cauries. Después de obtener la pila, Orúnmila invitó a los hijos mayores de las divinidades muertas y dio a cada uno la cantidad de cauries que encontró sobre el pecho de sus padres: ese es el número que ellos usan para la adivinación hasta hoy. Los hijos de Ogún usan cuatro cauries, mientras que los hijos de Sankpana y de Shangó usan dieciséis. Esa es la razón por la cual, cuando Oshe Meji viene en adivinación para cualquier persona, se le aconseja buscar el dinero con cuidado y discreción, para que este no la destruya.
3.Las actividades de Oshe Meji en el Cielo
Originalmente, Oshe Meji fue uno de los cuatro apóstoles mayores de Orúnmila, por lo cual se le llama Arugbo Ifá, el apóstol mayor de Orúnmila. Sin embargo, fue muy poderoso y pérfido. Sus padres acostumbraban a dejar a sus hermanos menores bajo su cuidado cuando salían a la granja o al mercado, y él tenía el hábito de invitar a los niños a pelear entre ellos: los niños se decían injurias durante la pelea y se lesionaban entre sí. Una vez que los dos hermanos más pequeños, Olugbodo (Akobie) y Fefe (Ehoho), quedaron bajo su custodia, invitó a Fefe, el más pequeño, a pelear contra Olugbodo. Durante la pelea, Fefe usó un machete para cortarle las piernas a Olugbodo, que quedó lisiado: por eso este último no tiene piernas para caminar, y se convirtió en la divinidad de los infantes, que es servida por los niños pequeños hasta hoy.
Él nunca hizo el bien, y cuando creció fue solamente notorio por llevar peleas a las cuatro esquinas del Cielo. Todos le temían; su nombre era Ajakadi. Sus padres, preocupados porque viviría para causar daño, le aconsejaron ir por adivinación, y fue a un anciano Sacerdote de Ifá que le indicó sacrificar un chivo pequeño y la columna vertebral de una serpiente a Eshu, una cabra por su cabeza y un carnero para Ifá, que debía atar antes de ofrecerlo. Su cabeza debía ser lavada con la cabeza del carnero, adicionando doscientas una hojas, y mientras le lavaban la cabeza debía cantar el siguiente encantamiento:
A costa de su total confianza en su fortaleza, no se molestó en hacer el sacrificio. Creció hasta ser un hombre de constitución muy fuerte y un luchador invencible: cada mañana salía de su casa en el Cielo a retar a cada una de las divinidades a una competencia de lucha, en la cual era invariablemente victorioso. Ese fue el motivo por el cual debía adicionar la columna vertebral de la serpiente al sacrificio a Eshu, para madurar su fuerza, y eso explica también por qué a los hijos de Oshe Meji se les aconseja evitar la carne de serpiente. Recuérdese que, cuando nació, su padre preparó medicinas con un hacha y la corona de un gallo y las encajó en su cabeza: por eso creció para ser un luchador invencible. Comenzó las competencias con Ogún, a quien derrotó con facilidad, y continuó con cada una de las otras divinidades, victorioso frente a todas. Pero le era escasamente posible procurarse alimento, ya que todas las divinidades buenas del Cielo le tenían miedo.
Un día su Ángel de la Guarda, que no era feliz con ese empeño, decidió hacer algo para debilitarlo y que pudiera prosperar: fue a rogarle a Eshu con un chivo y la columna vertebral de una serpiente para subyugar a Ajakadi. Eshu se comió el chivo y tramó una estratagema. Cuando llegó de nuevo el momento de la competencia de lucha anual del Cielo, todos los anfitriones celestiales se reunieron y las divinidades tomaron sus posiciones respectivas en orden de ancianidad. Una vez más, Ajakadi fue el primero en presentarse para ser retado; se plantó por largo tiempo y nadie se atrevió. Como era la tradición, si nadie reta al luchador, este queda libre de escoger a cualquiera: señaló en dirección a Ogún, la divinidad de la guerra, el más anciano y fuerte de todos, y lo retó para el encuentro de apertura.
Ogún no tuvo otra opción que aceptar. Tan pronto se dirigió a la arena, Ajakadi lo agarró con rapidez y lo lanzó al aire con todas sus fuerzas; pero mientras lo dejaba caer, Eshu enfocó sobre él su mirada misteriosa y, milagrosamente, Ajakadi cayó a tierra antes de que Ogún cayera sobre él. Ni el propio Ogún supo cómo su retador fue el primero en caer. Ya en el suelo, Ajakadi llamó a Ogún para que lo decapitara con su espada: lamentaba no haber caído nunca antes en una competencia, y no podía soportar la indignidad de volver a pararse sobre sus piernas. Mientras Ogún sacaba la espada, Eshu intervino y anunció que, si alguien se atrevía a decapitar a Ajakadi, habría tribulación y cataclismo interminables en todo el Cielo. Para demostrar lo que decía, hizo temblar la tierra del Cielo: el cielo y el suelo comenzaron a acercarse el uno al otro, e instantáneamente hubo una oscuridad total.
Olordumare vio la confusión generada y gritó preguntando quién perturbaba la paz del Cielo. Le fue dicho que Ogún había tumbado a Ajakadi, el luchador invencible, en la competencia anual. De inmediato ordenó que se hiciera algo para apaciguarlo, pues la tranquilidad debía regresar al Cielo. Eshu intervino de nuevo y anunció que estaba prohibido para Ajakadi caer en tierra, y que para apaciguarlo debían presentarse las siguientes expiaciones: doscientos hombres, doscientas mujeres, doscientas vacas, doscientas cabras, doscientos carneros, doscientos perros, doscientas bolsas de dinero y doscientos artículos de la riqueza que poseyera cada uno. Las reparaciones fueron entregadas rápidamente y Eshu susurró al oído de Ajakadi que aceptara las ofrendas. Tan pronto se puso de pie, la tierra y el cielo volvieron a su lugar: hubo luz de nuevo y la calma retornó al Cielo por los cuatro vientos.
Al llegar a casa con su recién adquirida riqueza, dio un chivo fuerte a Eshu para agradecerle por venir a su rescate, y también dio la más grande de sus vacas, la más grande de sus cabras y carneros a su Ángel de la Guarda. Fue en ese momento cuando Oshe Meji se dio cuenta de que sus días de lucha en el Cielo habían acabado y que era el momento de irse a la Tierra. Sin embargo, prometió solemnemente que, mientras estuviera en la Tierra, continuaría con sus competencias de lucha.
4.Oshe Meji se dedica al arte de Ifá
Tan pronto llegó a ser una persona rica, Oshe Meji decidió abandonar la lucha. Como no conocía otra profesión, decidió emplear a varios Sacerdotes de Ifá por contrato de aprendizaje para que vivieran con él: reunió a su alrededor a algunos de los más prominentes sacerdotes del mundo, ya fuera para vivir en su casa o para realizar visitas de adivinación a ella. Uno de esos Sacerdotes de Ifá fue Ose Kele Baba Laro Ile Orúnmila.
5.La adivinación para Akinyele de Iwere
Akinyele fue un jefe famoso del pueblo de Iwere. Una noche tuvo un sueño en el cual vio a un hombre con un cuerno, que llevaba un arma de fuego al hombro y cuidaba la entrada de una casa llena de tesoros que no tenía cuartos. En el sueño, otro espectador le aconsejó que tratara de abrir la casa, porque su riqueza estaba almacenada en ella; pero cuando se movía hacia la entrada, el hombre le apuntaba con el arma y él se detenía. Trató de persuadir al guardián de la puerta para que lo dejara entrar, mas el hombre era indomable. Despertó con la respiración jadeante.
A la mañana siguiente fue a la casa de Ose Kele, donde le dijeron que debía ir a Ife a visitar al luchador Oshe Meji. Al llegar contó su sueño y se hizo la adivinación. Le fue dicho que la buena fortuna y la muerte lo estaban acechando, pero que si realizaba el sacrificio necesario la fortuna vendría a su alcance y evitaría la muerte prematura. Le aconsejaron sacrificar diez ratas, diez peces, diez palomos, cinco gallinas y cinco gallos, diez guineas domésticas, dos cabras, tres chivos, un cochino hembra y uno macho y un carnero, y él realizó el sacrificio. Le dijeron, además, que quien estaba sentado en la cima de su fortuna en el sueño era Eshu; por lo tanto, debía servir a Eshu derramando la sangre del chivo no en su lugar sagrado, sino a corta distancia, sobre la tierra vacía, alejado del santuario. Después del sacrificio, cuando Eshu salió de su altar para comer el chivo, bajó sin darse cuenta de la fortuna de Akinyele sobre la cual había estado sentado, y el Ángel de la Guarda de Akinyele arrastró por el suelo esa fortuna hasta su casa. Al poco tiempo, las cosas comenzaron a tomar mejor curso para él.
Una noche de fuerte tormenta sintió deseos de orinar y fue a la letrina, en la parte trasera de su casa. Llovía fuerte cuando escuchó de pronto un gran ruido y salió a averiguar qué pasaba: vio cómo el techo de la letrina caía aplastado por un árbol, cuando él ya estaba fuera. Agradeció a Olordumare por salvarle la vida de aquel accidente. A la mañana siguiente descubrió que un árbol joven de nuez de kolá había sido arrancado de raíz en la parte de atrás de la casa por el ventarrón que acompañó a la lluvia. Al inspeccionar la raíz del árbol caído, vio que debajo había un cofre de latón que contenía gran cantidad de cuentas, dinero y una corona, enterrado allí por sus antecesores. Llevó el cofre a su casa y su contenido lo hizo excesivamente rico: pudo vestirse como correspondía a su rango y más tarde fue coronado Rey de Iwere. Con el sueño real que tuvo pudo triunfar, obtener su gran fortuna y evadir la incidencia de la muerte.
Por lo tanto, cuando este odu venga en adivinación, se le debe aconsejar a la persona realizar sacrificio para que los obstáculos eleven su prosperidad y pueda reducir las dificultades.
6.El cuento de la mala suerte de Olokose
Olokose era uno de los Sacerdotes de Ifá que vivían con Oshe Meji. Un día decidió ir de gira para la práctica de Ifá, acompañado por su esposa Omude. Antes de partir, Oshe Meji insistió en que pidiera a sus colegas que le hicieran adivinación, y fueron reunidos para adivinarle los siguientes Sacerdotes de Ifá, que también vivían con Oshe Meji:
Los cuatro Sacerdotes de Ifá aconsejaron a Olokose ofrendar un chivo a Eshu antes del viaje, para que no perdiera todas las ganancias de la gira ni a su esposa frente a un hombre más poderoso. Él se negó a realizar el sacrificio porque confiaba en su competencia y capacidades, y partió de gira con su esposa. Era, por otro lado, un sacerdote muy proficiente: dondequiera que iba triunfaba e impresionaba a sus anfitriones, lo cual le daba gran cantidad de ganancias y compensaciones.
Finalmente llegó ante un hombre llamado Agufan, que era muy poderoso y un luchador omnipotente. Cuando Agufan vio a Olokose, lo tomó entre sus manos en una lucha, le quitó todas sus pertenencias y a su esposa, y después lo expulsó del pueblo. Así regresó a casa con las manos vacías y sin esposa.
Es por eso que, cuando este odu aparezca en adivinación para una persona que se propone salir de viaje, se le debe decir que realice sacrificio contra el riesgo de perder sus propiedades frente a una persona vengativa, sin tener que pelear de nuevo.
7.La adivinación para el Olubadan de Ibadan
El Rey de Ibadan tenía un hijo testarudo, llamado Okoko Muriko, que siempre estaba causando problemas en los dominios de su padre. Al oír de la fama de Oshe Meji en Ife, el Rey envió mensajeros a su casa en busca de adivinación. Debido a la importancia del mensaje, Oshe Meji reunió para hacer la adivinación a los Sacerdotes de Ifá llamados:
Ellos aconsejaron ofrendar enseguida un chivo a Eshu, para que el muchacho pudiera salvarse de morir en manos de las fuerzas del mal, que habían determinado alejarlo de la Tierra. El sacrificio fue realizado rápidamente y, antes de que los mensajeros regresaran a Ibadan, Okoko Muriko ya estaba comenzando a mejorar.
Cuando este odu venga por una persona enferma, se le debe decir que realice sacrificio debido a sus maneras tozudas. Se le debe decir también que tiene un hijo obstinado que no escucha los consejos, y que debe preparar Ifá para ese hijo si quiere que viva por largo tiempo. Si la persona aún no tiene hijos, se le debe decir que prepare Ifá para el primer hijo que tenga.
8.Oshe Meji hizo adivinación para Olokun
Cuando Olokun llegó al mundo era tan bella que no se molestó en indagar acerca de su destino. Estaba sufriendo y los hombres temían acercarse a ella. Entonces se enteró de la existencia de Oshe Meji y fue a él en busca de adivinación. Oshe Meji invitó a uno de sus Sacerdotes de Ifá, llamado Eje Jeje Muje, para que adivinara para ella. Se le aconsejó hacer sacrificio con un chivo a su Ángel de la Guarda, otro chivo para Eshu, y un saco de dinero y tela blanca al mercado; ella hizo rápidamente todos los sacrificios. También se le dijo la razón por la cual no se podía casar ni tener hijos: los Ancianos de la Noche tenían sus ojos puestos en ella y habían envuelto todo su mirar en un velo que hacía su imagen repugnante para los hombres, a pesar de su belleza.
Para lavar el hechizo del velo, el Sacerdote de Ifá le dijo que buscara una olla y un gallo, y recolectó las hojas llamadas Ewe Iwo (Ebe Asivgogo en Benin) para que se bañara con ellas. Se le aseguró que, tan pronto comenzara a bañarse, todos sus enemigos empezarían a morir uno tras otro, y se le enseñó el encantamiento que debía repetir siempre que se estuviera bañando.
Poco después, los hombres y mujeres que eran sus confidentes y asociados cercanos comenzaron a morir uno tras otro. Luego el Rey del pueblo le pidió que fuera su esposa y ella accedió. En breve tiempo quedó embarazada y tuvo varios hijos; sus actividades comerciales se hicieron prolíferas y su estrella esparció riquezas y prosperidad sobre su esposo y su imperio.
9.La experiencia personal de Oshe Meji
Oshe Meji llegó a ser muy famoso y próspero. No sabía que una de sus esposas era una bruja y que estaba planeando destruir su fama y su riqueza. Una noche tuvo un sueño temeroso en el cual era encadenado, y entonces invitó a dos de sus más eficientes Sacerdotes de Ifá, llamados Eshi Suure y Eshi Joson, para que le hicieran adivinación. Ellos le dijeron que realizara sacrificios enseguida para evitar el peligro de ser enjuiciado y puesto en prisión: debía darle un chivo a Eshu, un cerdo a Ifá y una cabra a su cabeza.
Entretanto, su joven esposa fue al mercado y alertó a los vendedores de sombreros, de gallinas, de cabras, de telas, de cerdos y de toda mercancía imaginable para que tuvieran cuidado con sus mercaderías, porque un ladrón —de quien dio una descripción igual a la de su esposo— estaba en el pueblo planificando un atraco. Las personas del mercado comenzaron a preguntarse de dónde venía esa mujer, y les fue dicho que venía de Oke Tase, en Ife, donde vivía su esposo. La noticia fue informada al Rey de Ife, quien ordenó a los ejecutores reales prepararse para la ejecución sumaria del ladrón, después de posicionar a la policía local para prenderlo tan pronto saliera a realizar sus fechorías.
Ya Oshe Meji había realizado los sacrificios a Eshu, a Ifá, a su cabeza, a Ogún y a la Noche cuando se dio la orden. Después del sacrificio, la mujer —que era, por otra parte, la esposa desterrada de Eshu en el Cielo, de donde escapó a la Tierra— robó varias mercancías del mercado y las escondió en la casa de su esposo. Los dueños de las mercancías robadas buscaban la casa del ladrón con la descripción dada por la mujer; pero Eshu, que ya se había comido su chivo, instaló rápidamente un velo misterioso alrededor de la casa de Oshe Meji, que hacía difícil para todos identificar su apariencia exterior con aquella descripción.
El problema se disipó y, sin saber que había sido su esposa quien lo inició todo, Oshe Meji continuó viviendo con ella y tuvieron cinco hijos. Después de tramar muchos mecanismos malignos, ella desistió y vivió felizmente con su esposo, a pesar de todo.
10.Oshe Meji vivió más tiempo que ningún otro odu
Los Olodus —los dieciséis apóstoles principales de Orúnmila— tenían el hábito de ir al río a lavar las señales de vejez de sus cuerpos, y después de cada baño salían luciendo mucho más jóvenes de la edad que en realidad tenían. En una de sus reuniones semanales, los dieciséis Olodus acordaron la fecha en que irían al río para su sesión anual de limpieza de señas. Al llegar el acuerdo, Oshe Meji invitó a uno de sus Sacerdotes de Ifá, llamado Gere Gere Shelu Gere, a realizar adivinación para el prometedor viaje al río. Fue aconsejado ofrendar un chivo a Eshu, debido a los beneficios que le esperaban, y realizó el sacrificio sin ninguna demora.
En el día señalado, todos los Olodus se reunieron en el río y comenzaron a tomar sus zambullidas por orden de antigüedad: cada uno tenía que zambullirse tres veces. Cuando llegó el turno de Oshe Meji, que es el decimoquinto Olodu, se sumergió la primera vez y salió del río con un pez seco en su mano izquierda y un pez fresco en la derecha. Realizó la segunda zambullida y emergió con una tela blanca en la mano izquierda y una tela negra en la derecha. En su tercera y final zambullida salió con doscientos cauries en la mano izquierda y cuentas en la derecha. Los otros Olodus lo acusaron de hacer magia, pero él lo negó, diciendo que no sabía cómo realizar adivinación y mucho menos magia.
Al llegar a su casa reunió a todos sus Sacerdotes de Ifá vicarios y les pidió que interpretaran sus hallazgos en el río. Ellos le dijeron que los peces indicaban que viviría lo suficiente para disfrutar de todas las cosas buenas de la vida; que las telas querían decir que viviría en paz y concordia hasta el fin de sus días, que serían muy largos; y que los últimos hallazgos significaban que viviría una vida de prosperidad y abundancia. Realmente, vivió una vida plena y más larga que la de ningún otro Olodu en la Tierra.
11.El esclavo que tiró el ókpele recibió una bofetada
Había un rico que tenía un esclavo. Un día el hacendado fue a ver cómo marchaba su hacienda y, cuando llegó, encontró al esclavo tirando el ókpele. El dueño lo requirió, preguntándole si así era como trabajaba, y con la misma le tiró una bofetada, obligándolo a decir qué hacía. El esclavo le contestó que él estaba mirando a las tres mujeres del Rey: que si era verdad que el Rey tenía tres mujeres embarazadas.
El Rey dijo que sí y mandó a buscar al esclavo. Este le adivinó al Rey y les hizo Ebó a las tres mujeres, que salieron bien de su parto. Desde entonces lo tuvieron como adivino, y le vinieron la suerte y la felicidad.
Nota: Por primera vez se tiró el ókpele al piso, y tiene que pagar el Aleyo.
Nota: Mujer en estado en su casa: tiene que hacer Ebó.
Nota: La tirada del ókpele sobre la estera o tablero significa la caída en combate de Oshe Meji, y en memoria a este hecho hay que pagar dinero por la consulta.
12.Se tiró por primera vez el caracol
Oshún estaba muy grave y su hermana Oyá fue a buscar a Shangó, y este le tiró el caracol.
Nota: La mujer no tira caracoles; adivina por barajas.
Nota: Comprar muñeca y juego de barajas a Oshún, y copa llena de licores y bebidas dulces.
13.La trata de negros esclavos y el cambio por caracoles
Cierta vez que un barco de mercaderes egipcios atracó en las costas de África, mientras los esclavos del Rey esperaban para cargar el barco, los egipcios aprovecharon el lapso y echaron al agua grandes cantidades de caracoles que traían para hacerle contrapeso a la nave. Los esclavos, al ver tantos caracolitos, peleaban unos con otros por recoger la mayor parte de ellos. Los mercaderes, que vieron cómo peleaban por eso, idearon la trata de negros esclavos, a los que cambiaban por caracoles en su mismo país.
Así, una tribu atacaba a la otra para robarle los hombres y cambiarlos por caracoles dentro de su misma tierra, no solamente por medio de la guerra, sino también por medio de trabajos de brujo. Pero ocurrió que algunos de los esclavos vendidos eran hijos de jefes de tribu, y en Egipto aprendieron a adivinar por medio del caracol, llegándose a leer hasta el 16.
Nota: Esta letra predice distanciamiento entre hermanos, hechicería y amarre y, fundamentalmente, el uso del caracol en el Santo.
14.Ekuté salvó al mundo
En la tierra de Shalunga Kete Niwa, las caravanas cargadas de mercancías atravesaban el territorio, y todo el mundo atesoraba muchos Ayé (caracoles) con el objetivo de hacerse ricos y, de esa forma, garantizar el negocio y el intercambio y asegurar la prosperidad, sin tener medida ni escrúpulos en qué hacer para lograrlo. Ya nadie se ocupaba de nadie: solo de enriquecerse a costa de los caracoles. Entonces los problemas empezaron a apoderarse de aquellos habitantes —la envidia, la guerra, las enfermedades—, por lo que todos decidieron ir a ver a Orúnmila con el objetivo de resolver la situación.
Después de que Orúnmila les hizo Osode y marcó Ebó, cuál no sería la consternación de todos al percatarse de que no había con qué hacerlo. Decidieron coger el ratón y se lo dieron a aguantar a Eshu-Elegba. Y cuando todos discutían, el ratón se le fue de las manos a Eshu-Elegba y pasó por encima del tablero, marcando Oshe Meji. Entonces todos se echaron al piso y Oshún habló, diciendo a través de Orúnmila: para el bien de todos, hay que dejar el comercio con el caracol y solo dejarlo para salvar a la Humanidad. Iboru, Iboya, Iboshishé.
Todos besaron el piso, y de esa forma quedó plasmado que en esa tierra se deja el uso del caracol y el comercio del Santo.
15.El Sapo y la Luciérnaga
Oshún vivía en una laguna rodeada de güin de caña brava, en compañía del Sapo y del pez limpia pecera. Pero el Sapo se creía superior a los demás, y Oshún siempre lo reprimía y le llamaba la atención por su actuación con sus semejantes: le decía que era malo, orgulloso y, sobre todo, envidioso; que Olofin lo iba a castigar y que después no serviría nada más que para lo malo, o sea, para afoshé. «Si tú no le demuestras envidia a nadie, no te maldecirán —le advirtió—; pero si haces lo contrario, se acaba tu virtud, y las virtudes que posees se hincharán juntamente con tus defectos». El Sapo hacía caso omiso: «De eso nada, yo no le tengo envidia a nadie, porque cuando todo el mundo duerme, yo salgo por las noches y veo».
Transcurrido un tiempo, cierto día, en el silencio de la noche, salió el Sapo de su escondite, torpe y feo, con el propósito de ejercitar sus músculos adormecidos por el largo reposo del día. Hacía una buena brisa: el fresco de la noche agitaba la caña brava de la laguna y producía un leve rumor que le daba una grata sensación de bienestar. Al encontrarse solo y fuerte se consideró un ser superior, creyéndose el único capaz de andar alrededor de la laguna y pensando que todo aquello había sido hecho por él. Eshu-Elegba, que sabía lo que pasaba, se dispuso a castigarlo: al poco rato el Sapo notó un suave resplandor entre las cañas bravas, el brillo espléndido de una Luciérnaga.
El Sapo, incapaz de brillar, se llenó de ira y de envidia: se acercó a la Luciérnaga y la escupió, tratando de opacar su brillo con la saliva que le arrojaba de su inmunda boca. Ante aquel ataque inesperado, la Luciérnaga, llena de angustia, le preguntó: «¿Por qué me escupes?». Y el Sapo, colérico, respondió: «Porque brillas». «Envidioso», replicó la Luciérnaga, y al momento se transformó en Eshu-Elegba. El Sapo, al verlo, se echó a llorar pidiéndole perdón y clemencia; pero fue maldecido: mientras el mundo sea mundo viviría debajo de las piedras por creerse con poder superior, condenado a huir de las guerras de Olokun y de la guerra que Olorun desataría sobre él, adorando y llorándole a Olofin diariamente y rogándole a Olordumare; cuando alguien muriera, él sería el único en llorar los males que hizo en la Tierra; y después de muerto, cuando las lanzas de Olorun lo desecaran, su cuerpo serviría para lo malo y el dolor de la humanidad, haciéndolo afoshé. Eshu-Elegba dijo: «ASHE TO IBAN ESHU», y el Sapo se empezó a hinchar hasta que reventó.
El tratado añade el estudio del animal para que se comprenda la semejanza con el signo. El sapo es un anfibio anuro de cuerpo ventrudo y cubierto de verrugas de donde mana un humor fétido; sin dientes, con el tímpano visible, la lengua en forma de cinta que lanza como catapulta para atrapar insectos, gusanos y moluscos pequeños, y las patas traseras cortas, por lo que no salta como las ranas sino que anda con bastante ligereza. Es noctámbulo y crepuscular: de día permanece oculto debajo de las piedras, en sótanos y cuevas o en galerías subterráneas que él mismo cava con las palas naturales de sus patas traseras, ensanchándolas mediante el mecanismo neumático de sus pulmones, pues tiene la propiedad de inflarse. Busca las aguas en primavera para reproducirse: los huevos salen de la hembra como dos largos rosarios, y las relaciones de las parejas son promiscuas, con el abrazo o amplexus en el que el macho se agarra con un callo de los dedos que se colorea de negro en la época de nupcias, agarre tan fuerte que a veces aparecen hembras muertas flotando. Antes de mudar la piel esta se seca y palidece; el animal se la retira con las patas, forma una bolita y se la traga, invariablemente. Posee dos grandes glándulas a cada lado del cuello que descargan violentamente un líquido lechoso con un veneno muy fuerte —si un perro muerde a un sapo, es probable que muera el perro—, del cual se han obtenido medicamentos útiles contra enfermedades crónicas; por eso en algunos lugares se le compra solo para que preste servicio devorando insectos y parásitos nocivos. Contra el majá se infla como medida preventiva y, cuando este lo rodea para matarlo de un apretón, se desinfla bruscamente y sale saltando rápido. Se decía que la erisipela desaparecía al frotarla con un sapo atado por la cabeza a la cintura del enfermo: cuando el sapo moría, la enfermedad desaparecía. Y hay un detalle esencial: sus pulmones son sacos de paredes tan poco eficientes que el animal respira además por la piel y la mucosa bucal, y el aire solo pasa a los pulmones a largos intervalos.
Esto se aclara porque en Oshe Meji su talón de Aquiles es la sangre y sus conductos: si observamos al sapo, notamos la deficiencia del transporte de oxígeno, y si vemos la cucaracha, también carece de pigmentos portadores de oxígeno.
Nota: Este odu habla de desobediencia y de personas que se creen superiores a los demás. Oshún y Olofin las castigan, condenándolas a adorarles a ellos para toda la vida. La persona tiene complejo de grandeza, es envidiosa e hipócrita y puede morir a causa de un daño, por su manera de reír.
Nota: Disgusto que al parecer había terminado, pero no así para la persona.
Nota: Cuidado con un parásito que se puede alojar en la garganta u orificio del cuerpo.
16.El agua envenenada
Había un individuo que salió a correr fortuna. Ya había recorrido las dieciséis tierras de Ife, pasando por muchas casas de estudio, y un día se decidió a salir fuera de los territorios de Ife. Después de haber caminado mucho, cansado y sediento, se encontró con varias personas y muchachos que jugaban alrededor de un charco de agua, y les preguntó si aquella agua se podía tomar. Le contestaron afirmativamente y se puso a beberla. Al poco rato se retorcía con agudos dolores de estómago, y murió: aquella agua estaba envenenada y contaminada.
Nota: Usted no puede abandonar las cosas de Ifá, pues de seguro que, si lo hace, esta será su ruina completa y le costará la vida. No crea en lo que todo el mundo le diga: sea desconfiado y no coma ni beba nada sin antes saber de dónde proviene.
Nota: No se puede hacer todo lo que le manden.
Si es mujer: Padece del vientre a consecuencia de abortos provocados y tiene o ha tenido necesidad de raspados. Tiene que contentar a Oshún, darle de comer 2 gallinas y ponerle promesa. Si vive desahogada, puede perder la posición y quedarse en la miseria. Hay veces que le pesa mucho la cabeza y se le parten las uñas: límpiese con carne de res y dele un chivo castrado a Oshún. No se haga abortos, pues puede peligrar. Si está embarazada, tiene que hacer rogación para que no peligren usted o la criatura a la hora del parto.
17.El Príncipe al que Eshu le amarró la tripa luchando
Orúnmila no se ocupaba de los Santos y andaba de pueblo en pueblo metido a luchador. Un día le dijo a Eshu que no se dejara tumbar. A los pocos días, Eshu luchó con un Príncipe que se dejó tumbar; pero cuando el Príncipe se fue a enderezar, no pudo, y empezó a gritar por el gran dolor que tenía en la barriga. Fueron a casa de Orúnmila a examinarse, y este le dijo que tenía que hacer rogación para salvarse, porque Eshu lo había amarrado durante la lucha por una tripa. Le hicieron rogación a todos; los Santos comieron y bebieron. La persona a la que le llegue este odu tiene que pagar.
Nota: No siempre se tiene la razón; a veces hay que perder para poder ganar.
Nota: Cuando lave, no deje la ropa torcida.
18.El Loro y los polvos de la envidia
Olofin convocó a una fiesta y a un concurso en el que podían participar todos los animales de pluma, y el premio lo ganaría el más bonito. Todos los del pueblo comenzaron a prepararse, unos para participar y otros para ver: los de plumas se bañaron en el río, después se engrasaron y arreglaron el plumaje. El Loro empezó a jactarse de sus bellas plumas, y su alarde despertó la envidia de las demás aves, incluso de la cotorra, porque pensaron que si Olofin lo veía le daría el premio, pues en verdad era quien se lo merecía. Por eso fueron a visitar a un brujo mayombero que vivía en la montaña, para que les preparara un afoshé y soplárselo al Loro cuando fuera al concurso. El brujo les cobró caro por el polvo, pero ellos, obcecados por la envidia y el odio, no repararon en el alto precio con tal de que les garantizara la efectividad y guardara total silencio al respecto.
Los envidiosos se llevaron el afoshé y se escondieron en la floresta para esperar el paso del Loro, quien, muy contento, no tardó mucho en ir hacia la competencia; y ahí fue cuando le soplaron el polvo, que le cayó en la cabeza. El Loro sintió que la cabeza le daba vueltas como un trompo y un fuerte dolor; quedó atontado y mareado, perdió la memoria y tomó el camino equivocado. A poco andar se encontró con Eshu-Elegba, que le preguntó qué le pasaba y en qué podía ayudarlo. El Loro le contó a duras penas lo sucedido, y Eshu-Elegba lo guió por el verdadero camino, por un atajo que acortaba la distancia, llegando a un río. Al atravesarlo, el agua fresca que le cayó en la cabeza le quitó los polvos que le habían echado y recuperó la memoria. Llegó a la fiesta, aunque tarde, donde estaba Olofin con los demás animales.
Eshu-Elegba fue donde Olofin y le contó todo lo ocurrido. Dirigiéndose a todos los presentes, Olofin dijo: «El daño que le hicieron al Loro era para dañarle sus bellas plumas. Ya que tus lindos colores despiertan la envidia y hacen que te echen polvos, con esos mismos colores combatirás las hechicerías de tus enemigos; y como es el ave más bella, lo declaro ganador del concurso. TO IBAN ESHU».
Nota: El enemigo come en su mesa.
Nota: Locura transitoria.
Nota: Signo donde Olofin dio el ashé. Adivinos de nacimiento y buenos espiritistas.
Las obras de este camino —el secreto de la arena del río, el inshé secreto del güirito y el remedio para la locura— quedaron recogidas en la relación de obras del signo.
19.Oshe Meji, el hijo de Olofin
Oshe Meji es el hijo de Olofin que abandonan en el río. Pasó mucho tiempo andando de un lado para otro, hasta que una persona lo recogió y lo atendió.
Nota: Oshe Meji es repudiado en el seno de su familia: lo desmeritan, no lo consideran, y su mejor amigo lo puede traicionar.
20.Orúnmila protege con la calabaza a la hija de Oshún
Había una hija de Oshún que vivía en compañía de su madre y sus hermanos. Uno de sus hermanos trató de poseerla o tener vida con ella; se opuso y se lo dijo a su madre. La madre no le creyó y la botó de la casa diciéndole que era una mentirosa; además la acusó de robos, de apropiarse de sus arcas con cantidad de oro y prendas preciosas, lo cual era incierto. La muchacha tenía en su propiedad 2 monedas, y en su huida se le cayó una.
En su fuga llegó a casa de Eshu-Elegba y le pidió albergue. Eshu-Elegba le dijo que se fijara bien, que no se lo podía brindar porque su casa estaba llena de agujeros; pero la llevó hasta una loma cercana a donde vivía Orúnmila, que estaba sembrando calabazas cuando llegó la hija de Oshún. Eshu-Elegba le contó todo lo relacionado con la muchacha, y Orúnmila imploró a Olorun y a Olofin diciéndoles: «Si es verdad que me mandaste a la Tierra para hacer la caridad y proteger al indefenso, pon tu mano para ayudar a salvar a esta hija de Oshún, pobre muchacha acosada por la injusticia de los hermanos de la tierra».
La muchacha quedó parada delante de las matas de calabaza, y las flores le fueron cubriendo el rostro y las hojas todo su cuerpo. Cuando llegaron la justicia y sus perseguidores, no la encontraron. Gracias a Orúnmila se pudo salvar, por las flores y las hojas de la calabaza, pues su plegaria fue oída.
Nota: Prohibido comer calabaza.
21.El celoso
Era un hombre muy celoso, a tal extremo que la mujer se veía imposibilitada de salir a la calle y hasta de recibir visitas. Tan sujeta y abrumada estaba que un día fue a casa de Orúnmila, quien le vio este Ifá y la mandó a hacer rogación con gallo, comida atrasada, flecha, machete y demás ingredientes, y a que al día siguiente le diera de comer a su cabeza.
Después de haber hecho el Ebó, la mujer salió a botarlo en la manigua, y poco después Ogún lo vio, cogió el Ebó, se lo comió y dijo: «¡Qué cosa más buena!». La mujer, al oír esto, se fue precipitadamente para su casa, para que su marido no se diera cuenta de que ella había salido a la calle. Al día siguiente volvió a casa de Orúnmila a rogarse la cabeza (Koborí Eledá), pero allí se demoró más de la cuenta, y el marido, al llegar a su casa y verla cerrada, dijo: «Ella ha salido», y se fue a buscarla con un machete.
Cuando la mujer iba por el camino hacia su casa, con un pañuelo blanco en la cabeza, vio a lo lejos a su marido que iba a su encuentro. Pero ella estaba de suerte: mientras él la perseguía, la mujer se encontró con Ogún y, muy nerviosa, le dijo: «Mire, ahí viene mi marido a matarme». Ogún, al ver a aquel hombre que iba a su encuentro con el machete en la mano, cogió su flecha, tiró y lo mató.
22.El hombre y la mona
A un hombre lo buscaban para matarlo, y se escondió en la selva. Se encontró con una mona, que lo protegió y lo cubrió con el cuero de un mono muerto: así se salvó, haciéndose pasar por mono. Ella le llevaba el alimento y, con el roce, se enamoró de la mona, pero no pudo hacer vida marital con la misma. La mona quedó sentida y enamorada.
Nota: No albergue hombre a su lado, porque no la comprenden.
Nota: Tristeza, trastornos e impotencia. Un espíritu lo aleja de las mujeres. Si es Elemí, poner agua con azúcar prieta y Mar Pacífico.
Nota: Egun egoísta y ermitaño le habla; es espiritista.
Nota: La mujer, hacer Santo (Yoko Osha), y el hombre, Ifá, para no quedarse impotente.
23.Orúnmila fue acosado por las babosas
En este camino, Orúnmila vivía con Ada Oro Nile y fue acosado por las babosas (Igbin), espíritus malos que casi lo postraron. Entonces llamó a todos sus hijos, Akoda Oderegui Awó, los cuales le bajaron Ifá y le vieron este signo. Le dijeron que Oshún era quien lo defendía, y que su maestro Oga Ogoque no permitía que los espíritus oscuros lo hubieran acabado. Estos vivían en forma de Lechuza y de Sijú, y llevaban tierra de bibijagüera al techo de la casa de Orúnmila. Le hicieron Ebó a Orúnmila, le dieron el Carey a Oshún, le dieron de comer Eguiri a Orúnmila y le hicieron un Inshé-Osanyin que lo hizo invencible sobre los espíritus malignos y oscuros.
Nota: Al Carey de Oshún se le saca la carne y se pone a cocinar con una salsa de manteca de corojo, pimienta de comer, sal y babosa. Se marca Oshe Meji en el tablero, se reza y se echa el Iyefá en la comida, con kolá y obi motiwao.
Nota: Eguiri es quien previene a Oshe Meji de Ikú.
Nota: El muerto quiere acabar con todo.
24.Las abejas acaban con sus enemigos los zánganos
Hubo una época en que había un pueblo donde las Abejas eran explotadas por 3 Zánganos que gobernaban aquella tierra. Pero una vez fueron a vivir allí las Avispas, nada menos que frente a las Abejas. Los Zánganos, al verlas, pensaron explotarlas también: les mandaron a decir que aquellas tierras estaban gobernadas por ellos y que tenían que trabajar para ellos. Las Avispas, después de oír la conversación, contestaron que ellas se sabían gobernar y que no se dejaban explotar por nadie. Entonces los Zánganos, como las Avispas se les reviraron, les dijeron a las Abejas que las Avispas eran sus enemigas y que tenían que declararles la guerra para quitarse ese enemigo de encima.
Las Abejas les declararon la guerra a las Avispas; pero ellas, cuando pican, mueren, mientras que las Avispas pican, siguen picando y no mueren. Las Abejas veían que estaban perdiendo la guerra y, ante tal situación, fueron a casa de Orúnmila. Este les dijo que estaban peleando con quien no debían, porque el verdadero enemigo lo tenían dentro de su propia casa: que mataran a los Zánganos. Ellas así lo hicieron.
Cuando las Avispas vieron que los causantes de la guerra entre ellas eran los Zánganos, y que habían muerto, terminaron de guerrear, y cada una vivió en su casa felizmente.
25.La guerra entre los hombres y las mujeres
Hubo un tiempo en que los hombres no querían considerar a las mujeres, y eran tantos los trastornos que esto traía que Olofin mandó a que todos los Reyes se reunieran con él. Pero no fueron, porque sabían que las mujeres se quejaban de ellos. Entonces Olofin reunió a las mujeres para que lo ayudaran a terminar con esa guerra. Cuando los hombres tenían necesidad del auxilio de las mujeres por exigencia de la naturaleza, las buscaban y ellas les servían, con la idea de cobrarse las cosas que estos les hacían: los enfermaban, dejándolos impotentes o locos. Los muchachos que nacían pertenecían a las mujeres, pues eran ellas quienes los cuidaban, y cuando ya estaban crecidos se prestaban a ponerles trampas y a robarles a los hombres, así como a otras cosas que les ordenaban las mujeres.
Olofin mandó a buscar a Orúnmila para averiguar qué era lo que pasaba, pues él tenía que saberlo. Orúnmila lo preguntó todo y prometió a Olofin terminar con ese estado de cosas. Reunió a los hombres y les hizo saber que ante Olordumare tanto hombres como mujeres eran iguales, y que ninguno era superior al otro, porque cada cual era necesario en su misión en la vida. Orúnmila le informó a Olofin de la reunión sostenida con los hombres, y Olofin le planteó la necesidad de buscar a Oshún para que reuniera a las mujeres y resolviera lo mismo. Orúnmila le informó a Oshún de las pretensiones de Olofin; ella le preguntó qué había hecho él, y este se lo explicó. Entonces lo confirmó con Olofin, que le dijo que llevara ante él a hombres y mujeres.
Oshún fue a casa de Orúnmila y anduvo, además, casa por casa, visitando a todas las mujeres y citándolas. Preparó todos los caminos poniendo ámbar cerca de las casas de los hombres, para que estos fueran a quejarse a Olofin debido al color ámbar, que los hacía padecer. Al encontrarse dándole las quejas, Olofin les dijo: «Ahí viene la dueña del ámbar». Al mirar, vieron acercarse a Oshún con todas las mujeres, y estando todos reunidos, Olofin le indicó a Oshún que les hablara. Esta explicó las cosas malas que los hombres les hacían a las mujeres y viceversa, y todos reconocieron sus respectivas faltas, comprometiéndose a tratarse bien de ahí en adelante. Después, Oshún y Olofin les marcaron 5 rogaciones, que hicieron, y así terminaron las guerras entre las mujeres y los hombres.
Nota: Regalarle a la mujer una sortija o un collar color ámbar.
26.El Palacio de Cristal
Oroiña, el corazón de la Tierra, tenía una hija que se llamaba Ewa Inle Kolepo. Era desconfiada y de buen corazón. Un día salió al camino y se encontró con Eshu Alawana, que le preguntó qué hacía por allí. Ella le respondió, en mala forma, que lo que le daba la gana. Eshu le replicó que tuviera cuidado, que se le podía olvidar que ella era Omo Eño Lodafun Ona. Ella siguió su camino y se sentó a la orilla de un río a meditar en alta voz. Se le apareció Azojuano, que le dijo: «Hija, ¿por qué no vas a casa de Orúnmila, para que veas el problema de tu casa y lo resuelvas? Esta la tiene Eshu, pero solo Orúnmila lo puede resolver».
Fue a casa de Orúnmila, que era Oshe Meji en Dahomey. Este le dijo: «Tu propio padre te ha hecho hechicería (Ogú) y enviaciones». Ella le preguntó a Orúnmila: «¿Usted tiene mujer?», a lo que respondió: «Yo tengo mi mujer, que es Oshún, y lucho por ella». La niña empezó a cantar:
Orúnmila le mandó Ebó: 3 jio jio a Eshu, y la mandó al camino después de hacerle el Ebó, cuyos ingredientes le había traído Oshún. Cuando ella le preguntó el derecho, Orúnmila le dijo que ya Eshu se lo había pagado, y además le indicó: «Tienes que hacer Osha y cortarte el pelo». Ella se fijó en las condiciones en que vivía Orúnmila (Oshe Meji): estaba solo, su madre se había muerto y su padre lo había botado de sus tierras, convirtiéndose en su más poderoso enemigo y maldiciéndolo. Se marchó, y por el camino se encontró con Azojuano, quien le indicó el camino a seguir, y le dio los jio jio a Eshu, quien le dijo: «Ese es el hombre que tú pediste a la orilla del río».
Tomó una piedra, que era la indicada, la echó en la tinaja con agua, regresó a su casa y le contó todo a su mamá, que quedó sorprendida. En eso llegó su padre, que era Agayú, y le preguntó qué era lo que ella quería. «Un poco de felicidad y una casa», contestó ella. Agayú se introdujo en la tierra, pues la arcilla estaba escasa, sacó la tierra del volcán y le construyó su casa. El viento y el Sol la secaron y, como tenía arena y cristal, brillaba y resplandecía por el día; por la noche también resplandecía con la luz de la Luna, y esto hacía que se viera desde lejos. Por eso Oshe Meji la veía, motivo por el cual un día fue a visitarla, pidiéndole oraciones para misa. Ella todo se lo daba: «Todo es tuyo, hasta mi vida te la cedo con gusto». Y fue hasta donde estaba Orúnmila a decirle que eso lo tenía gracias a su ayuda.
La niña se juró en Osha, y Oshe Meji quedó asombrado de su belleza, así como de la belleza de su ropa. Al final se fueron los tres: Orúnmila, Oshún y la niña. Y Orúnmila fue feliz.
Nota: Ewa Inle Kolepo es la hija de Oroiña. El hijo de este Ifá siempre está en guerra. Es hijo de Oshún y Agayú. Debe recibir a Azojuano. Es adivino antes y después de muerto. Preside lo bueno y lo malo; es hacedor de favores y mal correspondido. Este camino es todo Iré.
Nota: No puede cortarse el pelo. Usar jabón, toalla, estropajo y otros objetos de uso personal solo para usted. No deje que el jabón se termine: bótelo antes. Nació el pelado.
27.El que sabe esperar, que pasen los vendavales
Según cuenta la leyenda yoruba, en una palma que derribó un vendaval vivían Oshún, Shangó y su hijo; pero la tormenta mató al hijo de sus amores. Shangó, herido de pena y adolorido por aquella desgracia, decidió mudarse para un almendro frondoso; y cuando Oshún estuvo algo consolada, se les presentó Eshu Baraquinqueño, que era el dueño de aquel rincón, y en una hora, con su hacha destructora, hizo bandearse el árbol.
Un poco abatido, el matrimonio se fue a un bosque de cedros, acoplándose en uno muy frondoso que allí existía. Un día Shangó salió en busca de alimentos y, cuando regresó, vio su casa destrozada por un grupo de caníbales. Fue tanto el susto de su esposa que se enfermó y abortó. Entonces Shangó, entonándose en sus cantares, mitigó el dolor de su esposa, ya que la muerte del otro hijo aumentaba sus pesares. Se fueron para un jagüey y, cuando iban a formar su casa, vieron en las raíces del mismo a una serpiente; ambos tuvieron que salir huyendo, pues el ofidio se abalanzó sobre ellos. Shangó, no dándose por vencido, tumbó un piñón florido y fabricó su cuarto nido, y de esa forma alcanzó la victoria.
Según cuenta la leyenda, en aquella larga guerra entre el monte, la ciudad y la pradera se vio que Oshe Meji, en sus luchas por la vida, siempre vencía.
Nota: Este odu se refiere a la adversidad: para afianzar su casa, tiene que mudarse varias veces. Si es hombre, la persona es Fe con Fe, y le gustan todos los vicios y las parrandas. Si es mujer, puede ser homosexual (Alakuata). Este camino es muy delicado.
Nota: Si es mujer, puede estar enferma del vientre a consecuencia de abortos provocados y tiene necesidad de raspados vaginales.
28.El jabalí y los hijos del pueblo de Igbadan
El Awó «El pilar de la casa con una cabeza puntiaguda penetra en la tierra por su parte más aguda» fue el Sacerdote de Ifá que tiró el ókpele para el pueblo de Igbadan, en el tiempo en que el Jabalí mataba a los hijos de aquella tierra para comer, noche por noche. Fueron al Sacerdote de Ifá por adivinación llevando dos o tres caracoles para el pago del derecho. El Awó mandó sacrificio (Ebó) con: ñame de agua, pólvora y fibra lanosa de la palmera.
Al terminar el Ebó prepararon la medicina de Ifá para acabar con el mal que los azotaba: perforaron un hueco en el ñame de agua, colocaron la fibra lanosa de la palmera y la pólvora en el hueco del ñame, y encima pusieron un carbón encendido. Colocaron todo fuera de la ciudad y, tan pronto como el Jabalí llegó por la noche, puso el ñame en su boca y apretó sus dientes: el carbón encendido se deslizó, se combinó con la lana y la pólvora, y explotó en la boca del Jabalí. Así murió el Jabalí.
Nota: Los enemigos trabajan de noche.
29.Erubbá y la promesa incumplida a la madre Ceiba
Erubbá, la vendedora de frutas, iba al mercado y cruzaba a diario por delante de Iroko con su canasta en la cabeza. Todos los días le dejaba una ofrenda y le pedía la gracia de tener un hijo que la acompañase en su trabajo; en pago de ese favor, le prometió un carnero. La madre Ceiba atendió su ruego y Erubbá —ashú eran iyá obi omó— dio a luz una niña. Sin embargo, olvidó sus ofrecimientos y dejó de visitar a Iroko.
La niña creció, y un día Erubbá pasó con su hija por la sombra de Iroko. Erubbá la saludó y siguió su camino de largo con su canasta de frutas a la cabeza; la niña se detuvo frente al árbol al que le debía la vida, recogió una piedrecilla y le llamó la atención una hierba, sin hacer caso de su madre, que siguió caminando más deprisa de lo que acostumbraba, como quien esquiva la explicación a la que se siente obligado un deudor que tropieza con su acreedor. Cuando, ya a cierta distancia, Erubbá se volvió para llamar a su hija, vio a Iroko bailando: Iroko bailaba, sus raíces abrían un hoyo en la tierra y la niña se metía en aquel hueco. Erubbá corrió a rescatarla, pero la niña, sepultada ya en la tierra que se cerraba de nuevo en torno suyo, solo tenía fuera la cabeza.
«Perdón, Iroko, perdón, Iroko —gemía la mujer—, te pagaré lo que te debo». Y empezó a ofrecerle:
La Ceiba, inexpugnable, continuaba bailando y le cantó a su vez:
Y se tragó a la niña.
30.La ofrenda votiva de Olurombí
Olurombí quería un hijo y presentó su petición ante el árbol de Iroko, haciendo la promesa de que, si tenía el hijo, haría una ofrenda del niño mismo al espíritu del árbol. El niño llegó puntualmente y era de sorprendente encanto; creció hasta ser una preciosa y bella persona joven. Olurombí recordó su promesa, pero se le hizo imposible sacrificar a un niño tan atractivo, hijo único además; así que trató de ganar tiempo, pensando que podría, por algún medio, evadir una ofrenda votiva tan costosa.
El día del cobro llegó sobre ella de repente. Había salido al mercado con su apuesto niño y retornaba a casa por la noche, pasando por el árbol de Iroko, cuando, sin advertencia, el niño se apartó de su lado y caminó derecho hacia el árbol. Se detuvo a su pie y comenzó a cantar sobre el juicio que había atrapado a su madre; y según cantaba, se iba hundiendo en el suelo. Olurombí ofreció todo cuanto pudo para evitar la calamidad certera de perder a su hijo, pero fue inútil: al final el niño se hundió totalmente y desapareció de la vista, dejando a Olurombí sin hijo.
Nota: Los yoruba piensan cuidadosamente antes de hacer sus promesas, ya que una vez hechas son irrevocables.
Iroko es el Orisha que vive en el follaje de la Ceiba. Es Santo varón y viejo, aunque algunos creyentes lo tienen por hembra; su mujer se llama Aboman y su hermana, Ondo. Como se sabe, la Ceiba es un árbol muy venerado entre africanos, chinos y cubanos. Según algunos, es un camino de Obatalá, y se habla con él cuando se está frente al árbol. A Iroko se le sacrifican toretes que no hayan apareado, los cuales son paseados alrededor del tronco por Santeros que llevan velas encendidas, mientras le sacrifican gallos, gallinas, patos de la Florida y guanajos blancos; todos los meses se le ofrendan pollos blancos. Se puede decir que todos los Orishas van a la Ceiba y que a todos se les adora en la Ceiba.
A Iroko se le baila con un bastón revestido de collares y una escoba adornada con cuentas rojas y blancas. Algunos dicen que para lograr un hijo hay que hacer rogación al pie de Iroko, pedírselo todos los años y, si lo concede, llevarle un carnero en pago. Pero hay que hacerlo, porque Iroko castiga implacablemente a quien se olvida de la gracia concedida, como le pasó a Erubbá. Iroko es la deidad del caminante, según recoge un conocido manual de Oriaté, y se recibe a través de Obatalá. Se cuenta que en Matanzas hubo un Santero que hizo Yemajá con Oro para Iroko, y murió.
31.El olor de la cucaracha
Orúnmila le dijo a la Cucaracha que hiciera Ebó para que no la descubrieran por su olor peculiar. Ella no lo hizo, y desde entonces, cada vez que las gentes perciben el olor de la cucaracha, se ponen al acecho para destruirla en cuanto la ven.
Nota: El que está preso, cuando lo suelten, tiene que bañarse para quitarse el olor a cárcel.
El tratado añade también el estudio de este animal. Las cucarachas (blátidas) tienen el cuerpo deprimido, la cabeza parcialmente debajo del protórax y antenas largas; son de color oscuro, malolientes, se esconden en las grietas y corren rápidamente en la oscuridad; omnívoras, estropean los alimentos, la ropa, el cuero y los libros. Constituyen una de las más antiguas y exitosas formas de vida de la clase insecto y son un grupo conflictivo para la salud pública: aunque muchos las toleran en sus viviendas por considerarlas inofensivas, son eficientes vectores de bacterias patógenas, helmintos, protozoarios y algunos hongos, con la posibilidad de transmitir la tuberculosis, el cólera, la lepra, la disentería y la tifoidea, lo que las hace muy repugnantes. La más importante plaga de estos insectos a nivel mundial es la Blattella germánica, por su habilidad para desarrollarse donde el hombre se establece y su resistencia a la mayoría de los insecticidas químicos: en laboratorio hace 6 mudas, su período ninfal promedia unos 115 días, las hembras viven más que los machos y son capaces de depositar hasta 5 ootecas a lo largo de su vida; los adultos viven más de 100 días. Los huevecillos se forman en paquetes de 16 a 40, encerrados en cápsulas en forma de semilla llamadas ootecas, que a veces la hembra lleva saliendo parcialmente del abdomen. Son muy sensibles al frío; unas 6 especies viven en las habitaciones y edificios, y otras en el exterior: la germánica mide 1,25 cm; la americana, 3,7 cm; la oriental, 2,5 cm, habita en sótanos húmedos y a lo largo de las líneas de drenaje, y es considerada la más sucia de todas. Crecen lentamente: requieren de dos a 18 meses o más para desarrollarse por completo.
La cabeza presenta dos ojos compuestos a los lados, de forma hemisférica, que abarcan un amplio campo visual, y tres ojos simples que forman un triángulo frontal. Su corazón es tubular, y la sangre solo contiene leucocitos: es incolora, es decir, carece de pigmentos portadores de oxígeno, puesto que la distribución de ese vital elemento está a cargo de las tráqueas; sin embargo, transporta las sustancias alimenticias y recibe los productos de excreción que serán eliminados. El aparato reproductor está bien definido en machos y hembras, con óvulos que se fecundan en el momento de la puesta; como está envuelta en una cutícula rígida de quitina, para crecer necesita mudar periódicamente, en una metamorfosis gradual. Pero macho y hembra tienen la misma dimensión y color, por lo que no se pueden diferenciar uno del otro.
Como en el sapo, el tratado señala aquí el espejo del signo: una sangre sin pigmentos portadores de oxígeno, el talón de Aquiles de Oshe Meji.
32.Eshu-Elegba se alimentaba en los basureros
Había un Rey que almorzaba en compañía de su esposa, la Reina. Al terminar de almorzar, su sirvienta les trajo una palangana de agua, jabón y una toalla para que se lavaran las manos. Dio la casualidad de que al Rey, enjabonándose las manos, se le cayó la sortija que era la insignia de su reinado y lo hacía soberano absoluto de todo ese territorio; y las sobras las botaban en la basura. Pasadas las horas notó la pérdida de su sortija y le preguntó a la Reina, que, como ignoraba su paradero, no pudo responder. Acto seguido movilizó a toda la servidumbre, que la buscó afanosamente sin dar con ella, pues ya estaba en el basurero.
En esos tiempos, Eshu-Elegba acudía a los basureros, pues allí encontraba su sustento. Encontró la sortija del Rey e, ignorando el poder que tenía, se la puso en el dedo y salió caminando. A partir de ese día, cada vez que se encontraba con alguien, lo saludaban y le hacían moforibale, sin que él supiera que lo confundían con Su Majestad. Eshu-Elegba, viéndose en ese estado y pasando trabajos, se dirigió a otras tierras, donde a su paso le rendían tributo y moforibale. Mientras tanto, en el Palacio, el Rey buscaba locamente la sortija sin dar con su paradero. La Reina le dijo: «Majestad, cerca de aquí hay un adivino que voy a ir a ver. Me disfrazaré de pueblerina y me haré pasar por una de ellas».
La Reina llegó a casa del sabio, y este la mandó a pasar, le hizo Osode y le vio este Ifá, diciéndole: «Usted lo que tiene que hacer es Ebó y darle un gallo a Eshu». «Pero mire, yo lo que vengo es porque mi marido…». Este no la dejó terminar y le repitió: «Usted lo que tiene que hacer es Ebó y darle un gallo a Eshu». «Mire, con su respeto, yo soy la Reina, y lo que yo quiero es…». «Dele un gallo a Eshu y haga Ebó», repitió el adivino. La Reina, viendo la posición del sabio, que no accedía a sus ruegos, se marchó. Al llegar donde estaba su marido, el Rey, le contó todo lo que el sabio le había dicho, y el Rey mandó a buscar al sabio para que le hiciera el Ebó.
Mientras se estaba haciendo el Ebó, se presentó en el Palacio un emisario que venía de la tierra Ife y, mirándole la mano, le dijo: «Cierto es que por la tierra Ife y Ewado hay un muchacho que tiene una sortija igual a la suya. Todo el pueblo le rinde moforibale; hasta yo mismo lo saludo». El Rey, admirado por tan grato relato, mandó a ensillar su caballo y a preparar su séquito para partir hacia esas tierras. Llegaron a Ewado y preguntaron si por allí había un muchacho al que todo el mundo rendía moforibale, y les dijeron: «Pasó por aquí; debe haber llegado a la tierra Ife». El Rey se dirigió a Ife y detuvo su caballo, pues había un grupo de personas debajo de un árbol cuidando con sumo cuidado a un muchacho que estaba durmiendo, y esperó a que despertase. Cuando así lo hizo, le dijo: «Mira, ¿quieres cambiarme esa sortija que tienes puesta por esta?». Y Eshu, sin ningún inconveniente, se la cambió.
El Rey se descubrió y le dijo: «Desde ahora serás el Príncipe de mi reinado». Y partieron hacia el Palacio, donde Eshu vivió feliz. Maferefun Eshu, Shangó y Oshún. El Rey es Shangó y la Reina es Oshún.
Nota: Se quitan las hierbas y el jabón de las manos del lavatorio.
33.El caracol y la cabeza de la gallina a Orúnmila
Secreto: Es hacer Ebó con los huesos de los animales que se le dan al Santo.
Siendo Olofin Rey de los Orishas, decidió ver quién sería el que podría reemplazarlo, por motivo de encontrarse viejo y enfermo. Los reunió a todos y les dijo que los mandaría de viaje: aquel que recibiera ciertos honores sería el Rey. Todos se vistieron de gala, con oro y diamantes, mientras que el adivino de esta tierra, que era Oshe Meji, venía pobre, se vestía de harapos y solo tenía por equipaje un saco. Oshe Meji se hizo Osode, se vio su signo e hizo Ebó con 2 gallinas negras, que le dio a su Ifá, guardando las cabezas en el saco.
Todos se pusieron en marcha, y en su peregrinación llegaron a Ketu. Allí se les rindió pleitesía y les dieron a comer gallos, gallinas, guineas, palomas, chivos, carneros, chivas, ekó; en fin, un gran banquete. Los Orishas cogieron para sí las mejores partes, y a Oshe Meji no le dejaron nada más que cabezas, patas y puntas de las alas. Oshe Meji se resignó, lo aceptó y metió los restos en el saco junto con los suyos. Cuando salieron de Ketu, la comitiva viajó hasta la tierra Eguado, donde eran marineros, y allí se comió pescado: todos comieron pargos, guabinas, anguilas y biajaibas, y Oshe Meji no recogió en esa tierra nada más que cabezas, aletas y colas de los peces, junto con las espinas. Todo lo guardó en su saco. Así, de cada tierra que visitaban, él recogía solo las sobras.
Cuando retornaron del viaje se presentaron delante de Olofin. Los Orishas contaron, uno a uno, la historia de las recepciones y banquetes. Oshe Meji contó lo mismo, pero sin decir que lo habían humillado dándole solo sobras. Entonces dijo Olofin, dirigiéndose a los Orishas: «¿Qué pruebas me aportáis de la veracidad de todo eso?». Solo Oshe Meji, abriendo su saco y dejando caer delante de Olofin las cabezas, patas, alas, aletas, colas y espinas de los peces y demás animales, pudo demostrarle la exactitud de sus palabras.
Olofin hizo subir a Oshe Meji al trono y, cubriéndolo de corales y marfil, declaró: «Este es el que me sucederá, y todos los demás Orishas le serán sumisos y harán lo que él ordene. Además, de hoy en adelante, entre sus comidas tendrán que incluir la cabeza, las patas y las puntas de las alas de las aves que coman, y en su secreto tendrán que colocar los huesos de la garganta —koko ni fulle— de los animales de 4 patas, para que hablen la verdad como demostración de todo eso».
34.El camino de los disfraces de Oshún
Cada vez que Oshún tenía un hijo, porque andaba en sus correrías por el mundo, iba donde Yemajá y le dejaba los hijos. Yemajá los recibía y los criaba; pero, después de dejárselos, Oshún no volvía hasta que no le traía otro, y cada vez que llegaba lo hacía disfrazada. Eshu, que lo sabía todo, le dijo a Yemajá que Oshún pasaba todos los días por su casa disfrazada, y Yemajá se paró en la puerta de la casa por indicación de Eshu.
Sucedió que, al venir Oshún disfrazada como de costumbre, Yemajá la llamó. Oshún, sorprendida, le dijo: «¡Ay! ¿Cómo me reconociste? Perdóname, mi hermana». Y Yemajá le respondió: «Desde hoy no soporto más tus correrías. Está bueno ya: cuando yo te engañe a ti, no podrás reclamar nada».
35.Oshún vendida en subasta pública
Oshún venía como esclava y la estaban vendiendo en la plaza, desnuda, en una subasta; abusaron de ella y la ultrajaron. Todos ofrecían un valor, pero llegó un Obatalá viejo, que tenía fenómenos de impotencia y no lograba la erección, y que, al ver semejante belleza, sintió que el miembro se le enervó después de mucho tiempo. Entonces ofreció lo que nadie logró proponer, pues era millonario. Sin perder tiempo, ante el temor de una recaída, hizo relaciones sexuales (ofikale trupon) con ella; pero esta tenía su menstruación, y lo enfermó a él de los testículos, y a todos sus hijos.
Nota: Poner a Obatalá en agua el 1ro de enero. No esforzar a la mujer en el acto sexual.
36.Azojuano vive con su sobrina Oshún
Naná Burukú vivía con su hija Oshún y su hermano Azojuano. Este último gastó todo su dinero en fiestas y juergas, y entonces empezó a vivir con Oshún, que era su sobrina. Naná Burukú lo maldijo a andar enfermo y con muletas. Y ella, para salvar la mancha familiar, vendió a su hija Oshún, la cual cayó en la prostitución.
Nota: Usar encima las muletas de Azojuano (San Lázaro).
37.Las Amazonas
En la tierra de las Amazonas, los hombres vivían separados de las mujeres. Orúnmila mandó a Oshún a la tierra de los hombres, y que fuera desnuda, envuelta en una yagua embarrada de miel. Los hombres, al verla, se volvieron locos y la siguieron; y al llegar a la isla de las mujeres, se enamoraron de estas y se casaron.
Nota: Nacen los ungüentos olorosos y los perfumes. Usar cinco clases de perfumes.
Las obras de este camino —la obra de suerte para el hombre con las 2 guabinas, el Ebó de las 5 rogaciones con el pomo de perfume, el pájaro cazado y el guineo, y el inshé de cabeza de jicotea forrado con cuentas de Oshún— quedaron recogidas en la relación de obras del signo.
38.El camino de la Muralla Punzó: Shangó se interpuso entre los negros y los blancos
Shangó les dijo a los negros que no hicieran tratos con los blancos, pues vendrían la guerra y el esclavismo. No hicieron caso y, bajo la insidia de Ogbe She, que incita a Oshe Meji al negocio con los blancos, por bisuterías y baratijas vendían a los hermanos que perdían en las guerras intestinas. Cuando se acabaron los negros de venta, los blancos los esclavizaron a ellos mismos.
Nota: Nace el grillete. Ifá de maldición sobre una raza.
39.La mujer utiliza al marido
La mujer utilizaba al marido, y hubo contradicciones y problemas en su vida íntima. Entonces ella mandó a Ogún y a Oshosi a que lo mataran.
40.Azojuano salvó al pueblo
Azojuano llenó el camino de animales muertos para que, cuando Ikú llegara, se fuera, al pensar que todos estaban muertos y que ella no tendría nada que hacer en esa tierra.
Nota: Hágale promesas a Azojuano. Hacer Ebó y los animales repartirlos por distintos lugares.
41.Orúnmila se enfrenta al Rey gladiador
Orúnmila andaba por el mundo sin dinero y sin nada. El Rey de esa tierra era un gran gladiador, boxeador y luchador. Eshu le dijo a Orúnmila que se enfrentara al Rey, pero Orúnmila le respondió que él no sabía luchar, y Eshu le aconsejó que se tirara al suelo cuando le dieran un golpe. Orúnmila así lo hizo, momento que aprovechó Eshu para decirle al Rey que lo había matado, y a cambio le pidió carretas de todas las cosas para salvar la maldición que venía sobre el pueblo. Así Orúnmila se hizo rico.
Nota: En Oshe Meji las cosas le salen caras: evitar los negocios con otros. Ponerle bisutería a Eshu.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.
↑