El aleyo pregunta y el consagrado responde. Esa es toda la diferencia, y pesa más de lo que parece. Mientras eres aleyo, hay alguien por encima de ti que da la cara: un padrino que te mira con Ifá, una madrina que te dice qué ponerle a tus guerreros, unos mayores que responden por lo que se te hace. El día que te consagras eso empieza a cambiar. Nadie sale del cuarto sabiendo, pero un día llegará alguien, se sentará frente a ti y te pedirá consejo sobre su vida. Tus palabras entrarán en esa vida.
Por eso, antes de hablar de oráculos, de ebó o de cuartos de santo, hay que hablar del que hace todo eso. Una ceremonia bien hecha en manos de alguien mal parado sigue siendo un peligro.
La cabeza de otro
En Ifá se enseña que el sacerdote trabaja con vidas humanas, y que lo que hace en la estera puede dejar una marca que no se borra. Así es el oficio, sin exagerar nada. El babalawo que marca mal un ebó, la iyalosha que interpreta una letra a su gusto, el oriaté que corta un Itá sin entender lo que lee: ninguno se equivoca solo. Se equivocan con la cabeza de otro.
Y fíjate bien en esto: ni siquiera el sacerdote es dueño de la cabeza que tiene delante. Esa cabeza tiene su ángel de la guarda, y lo que la persona escogió antes de nacer lo presenció Orunmila. Nosotros somos mensajeros. En Okana Iroso queda claro que lo que alguien va a hacer o a recibir se le pregunta a Orunmila o a su ángel, no se decide en la sala del padrino. El sacerdote que se olvida de eso empieza a hablar como dueño, y de ahí nacen casi todos los abusos que se ven en esta religión.
Un médico recién graduado tiene su título colgado, y eso no lo hace cirujano del corazón: le da permiso para empezar. Con el sacerdote pasa lo mismo, con una diferencia seria: aquí el paciente no siempre se da cuenta a tiempo de que el que lo atiende no sabe. Y consagrarse tampoco borra lo que fuiste. La consagración trae un Itá, y ese Itá habla de tu camino tal como lo has andado. No es pasar la página. Es firmar un compromiso.
El juramento: servir, no servirse
Todo el que se consagra se compromete delante de sus Orishas, y el babalawo lo hace delante de Orunmila: ayudar a la humanidad, salvarla y no destruirla. Las palabras cambian según la casa; el fondo, no. A Orunmila no le sirven mercenarios. Le sirven cabezas claras y corazones limpios, porque son los únicos capaces de cumplir lo que prometieron.
En Ojuani Iroso hay un patakí que enseña lo que pasa cuando ese compromiso se olvida. En una tierra, unos awó se dedicaban a engañar a la gente con inventos, y tanto inventaron que el pueblo dejó de creer en Ifá y los awó decentes se quedaron sin sustento. Para recuperarse, los tramposos emborracharon a la tiñosa, mensajera de Olofin, y se la sacrificaron a Ifá. Luego nadie quiso hacerles el Itá: ni el gavilán, compañero de la tiñosa, ni el viejo Obá de Ifá al que habían dejado de lado años atrás. Acabaron delante de Olofin, que los mandó a hacerse ebó. Les salió ese mismo Odu, y Olofin les dijo que eran unos renegados y que la vergüenza los seguiría toda la vida por haber usado Ifá para engañar a sus hijos.
Mira lo que deja este patakí. La mentira de unos pocos la pagaron con hambre los honrados. El que se aparta de sus mayores para hacer lo que le da la gana termina tocándoles la puerta cuando las cosas se le complican. Y lo que Olofin no aguanta es que se use Ifá contra los que vienen a Ifá a pedir ayuda.
Servir no significa trabajar gratis. El sacerdote tiene sus derechos y es justo que los tenga; de cómo se ganan y cómo se pierden te hablo en la casa religiosa: padrino, ahijado y el dinero. Lo que el juramento prohíbe es hacer negocio con el miedo y con la necesidad ajena.
Empujar a alguien a consagrarse metiéndole miedo con la muerte: que si no haces santo este año te mueres, que si no haces Ifá se te va tu madre. Todo Odu que habla de muerte trae su ebó para apartarla, y la respuesta es ese ebó, no una consagración a la carrera. El que asusta para consagrar demuestra que no conoce el Odu. Y quien se consagra por miedo suele abandonar lo que recibió, porque nunca entendió lo que aceptaba.
Aprendiz otra vez
El día que sales del cuarto tienes un título nuevo y la misma ignorancia de la víspera. Le pasa a todo el mundo.
En Ifá esa etapa tiene nombre. El hombre que acaba de hacer Ifá todavía no es babalawo: es alawó. Su tarea es aprender, con el padrino y el ojugbona siempre pendientes. Mientras tanto no consulta solo, no decide ningún ebó sin ellos y no sacrifica cuatro patas. El cuchillo, que es lo que lo confirma como babalawo, no llega antes de un año, como manda Obara Okana, y no se le da a quien no aprendió en ese año lo que debía. Lo explico despacio en Itefá: cómo nace un babalawo. El iyawó vive lo mismo con su ropa blanca y su año de reglas; lo tienes en el iyaworaje regla por regla.
Así aprendieron nuestros mayores, y lo cuento porque hoy se olvida. El ahijado iba a casa del padrino a ayudar en lo que hiciera falta: sacaba vistas de coco, limpiaba los animales, sostenía la jutía y barría antes de irse. Mientras tanto se aprendía de corrido la Moyugba sin dejarse un muerto, el rezo de su Odu, el del Odu de su padrino y el de su ojugbona, y la madrina le enseñaba cantos, comidas y tabúes de los Orishas. Cuando los mayores se ponían a hablar de cosas serias, mandaban a los muchachos a la bodega por tabaco. Lo hacían porque los muchachos aún no se habían ganado el derecho a escuchar.
Esa forma de aprender tiene raíz en Ifá. En Oyekun Meyi son los mayores quienes autorizan a los menores a trabajar. En Ogunda Meyi el awó enseña a sus ahijados y después se queda mirando cómo lo hacen. En Obara Oshe el aprendiz aprende observando a su maestro. Nada de eso se hace a distancia.
En Iwori Ogbe, también llamado Iwori Bogbe, Orunmila defendía a un ahijado que tenía clientela y ashé sin saber nada de Ifá. Changó le respondió que esa suerte duraba un tiempo, y que en la vida la seguridad se busca en la sabiduría, no en el ashé. Guárdate esa respuesta. Con el ashé que te dio la consagración entras; para quedarte hace falta otra cosa. Esa buena racha de los primeros tiempos es un préstamo, y quien no aprovecha para estudiar se encuentra con las manos vacías el día que se termina.
Integridad no es fachada
Portarse bien cuando todos te miran lo hace cualquiera. Portarse bien cuando nadie te ve se llama integridad, y eso es lo que Ifá le pide al sacerdote.
Lo digo porque abunda la buena conducta de escaparate: ropa blanca impecable, voz bajita, bendiciones larguísimas, y luego, dentro del cuarto, se marca lo que no salió y se cobra lo que no se hizo. Ir limpio y presentable está bien, porque el sacerdote es ejemplo para los que lo siguen, pero la limpieza que cuenta es la de la conducta. Por Iroso Meyi nuestros mayores enseñan que el babalawo cuida su corona porque es rey, y un rey no se rebaja cuando nadie lo mira.
Hay una sentencia que los mayores atribuyen a Oyekun Ogbe y que yo pondría en la pared de todo cuarto de consulta. Habla de cinco desgracias: la del religioso que no estudia, la del que no madruga, la del que engaña a la humanidad, la del que no hace sus sacrificios y la del que abusa de su jerarquía. Ninguna habla de ropa ni de palabras bonitas. Todas hablan de conducta.
A tu estera puede llegar cualquiera, con dinero o sin él, buena gente o no tanto. Lo manda Eshu y juzgarlo no es asunto tuyo. Otra cosa es echarle una mano para que haga daño. Por eso los Orishas no son una alcancía: a ellos se les pide salud, trabajo y camino abierto, no una obra para ganar en el juego. Eyiogbe prohíbe jugar y ser jugador, porque lleva a la ruina, y en Ojuani Obara el awó le marcó a la mujer de un jugador un ebó para que su marido saliera del juego, no para que ganara. El sacerdote que monta un Eleguá para el casino no se equivoca de obra. Rompe su juramento.
No hay castigo: hay consecuencias
Se nos ha pegado una idea que viene de fuera, la del dios que castiga. Oirás que el Orisha castigó a fulano, que Orula le cobró a mengano. Los Orishas no andan con un látigo detrás de nadie.
Se enseña que no hay castigo divino, hay consecuencias. Orunmila te avisa que no cojas por un camino porque hay un hueco y te vas a partir una pierna. Tú pasas por ahí de todos modos y te la partes. No te castigó: te avisó. El hueco ya estaba antes de que llegaras.
Por Oyekun Ogunda se enseña que uno puede arrepentirse de lo que hizo, pero tiene que vivir con las consecuencias. Eso vale también para el sacerdote, que a veces se cree a salvo por estar consagrado. Los tabúes no desaparecen con el cuarto, y el consagrado que los rompe paga como cualquiera, o más caro, porque conocía la regla. Estar consagrado te da protección; no te pone a la altura de un Orisha.
El sacerdote también se hace sus ebó
Hay padrinos que atienden a veinte ahijados y no tienen para la renta. Ifá ya explicó por qué pasa. Orunmila atendía a tanta gente que no le quedaba tiempo para lo suyo. Trabajaba de día y de noche, año tras año, y no tenía nada. Un día mandó a buscar a tres awó para que lo registraran. Le salió Ogunda Bi Ode y le marcaron tres ebó. El primero era para su bienestar; el segundo, para la prosperidad; el último, para que le quedara tiempo de ocuparse de sí mismo. Orunmila los hizo. Entonces la misma gente a la que había ayudado le dijo que ahora le tocaba a ella, y le dio tiempo para que se ocupara de lo suyo. Orunmila le pidió a su Eledá lo que necesitaba, y el bien empezó a llegarle.
Que el sacerdote tiene que hacerse sus propios ebó nace en Ogunda Bi Ode, que muchos escriben Ogunda Biode. Allí Orunmila se queja de que le falta el bien en todo, e Ifá le marca tres ebó: bienestar, prosperidad y tiempo para sí. El mismo Odu añade que, cuando hay bienestar y prosperidad, los demás bienes no andan lejos.
Detente en el tercer ebó. Pedir bienestar y prosperidad se le ocurre a todo el mundo. Pedir tiempo propio casi nunca se le ocurre al sacerdote, que es justo quien más lo necesita: para los suyos, para sus Orishas, para el estudio. Ese Odu deja otra enseñanza, la de la llave del vecino: con ella no abres tu puerta. Lo que le sirvió a tu ahijado no arregla lo tuyo; cada asunto necesita su herramienta. Nuestros mayores lo resumen sin rodeos: al que Ifá va a salvar, tiene que salvarse primero.
Preguntas frecuentes
¿Puedo tener ahijados nada más consagrarme?
El derecho lo da la consagración, pero el saber no. Un ahijado viene a que lo guíes, le respondas y le resuelvas, y nadie enseña lo que nunca aprendió. Si todavía no moyugbas de corrido, no conoces tu propio Odu y nunca has visto hacer lo que te piden, no tienes un ahijado: tienes un problema que todavía no ha estallado. Primero se aprende al lado del padrino.
¿Es verdad que el Orisha castiga al que no cumple?
No. Lo que existe son consecuencias. Orunmila avisa dónde está el hueco; si pasas por ahí de todos modos, la pierna te la partes tú. Lo mismo ocurre con los tabúes: romperlos trae su resultado, y al sacerdote le cuesta igual o más que a cualquiera, porque él sabía lo que hacía. Arrepentirse se puede, pero las consecuencias se viven.
¿Cada cuánto debe hacerse ebó un sacerdote?
Hay mayores que aconsejan, como mínimo, dos ebó del propio Odu al año, sin esperar a estar con el agua al cuello. Es un error creer que los ebó de la consagración te arreglan la vida para siempre: te prepararon para empezar. Ogunda Bi Ode lo enseña con Orunmila, que resolvía a todos y no tenía nada hasta que se hizo sus tres ebó.
A la consagración se suele llegar empujado por algo: una enfermedad, un problema enquistado, un Itá que lo pidió. Está bien que sea así. Un día ese apuro se calma y aparece otra pregunta, más honda: qué haces con lo que te dieron. Vuelve al final de Ogunda Bi Ode. El tiempo que le faltaba a Orunmila se lo regalaron las mismas personas a las que él había servido. Así le pasa al sacerdote que sirve de verdad: no se queda solo. Y quien usa la religión para servirse a sí mismo acaba igual que los awó de Ojuani Iroso, llamando a puertas que cerró con sus propias manos. Para mí la vocación es eso: elegir a diario, también sin testigos, servir y no servirse.
Dice Ifá en Ogunda Bi Ode: El poderoso se desata y desata la cuerda de los demás.
Si quieres recorrer con orden el camino que va del aleyo al sacerdote, en la guía Camino a la Regla de Osha e Ifá tienes este tema y los que vienen detrás, explicados paso a paso.



