Oyeku Iroso
Oyeku Biroso
«Amanecer, amanecer, amanecer: despierta de tu sueño, porque uno se despierta después de estar dormido».
Rezo de Oyeku Iroso
OYEKU BIROSO AWO OTI IFA OLOFIN TULO SHAWO ADU MERIN OTI OGUOIWEBO EBEYO ALA, ORI GBOGBO INTORI ARAYE KUEBE OTIBE EYELE, ABO LEBO INTORI IKU.
Súyere de Oyeku Iroso
“AGAYU ODIBAYE KORIKO, AGAYU ODIBAYE KORIKO ODIBAYE ARAIYE BALOSA, IRI BUWO AGAYU SHOLOGO”
En este odu nace
- El porqué Azojuano (San Lázaro) no se lava con agua.
- Que los hijos de Azojuano tienen que recibir Agayú y nacen con Orishaoko para que puedan vivir bien. El porqué nace con los Ibejis.
- Los pies planos y el metatarso caído.
- La llamada de todos los seres a Orúnmila.
- Las cicatrices en el rostro.
- El gran poder del hijo de Ikú y de Ifá.
- El gran poder del Paraldo.
- Nació la Guardia de Honor cuando muere un Gran Personaje.
- Pasar el Irukere por el cuerpo cuando un religioso muere para que la muerte salga de adentro, o sea, el obseso.
- Marca disputa entre hermanos.
- Fue donde el Ikin, por desobedecer a Orúnmila, Ifá lo condenó.
- Es donde Oduduwa se sentó en el trono de Olofin.
- El Awó de este Odu le hace sombra al Padrino.
- Este Odu marca camino del cementerio (Ona Orun).
- El enfermo no se levanta.
- Fue el secreto de la maldición de Lucifer al Barro. El Pacto de Ikú y Abita.
- Es donde Ikú viene a buscar a la persona.
- Es el Ifá de la viruela.
- Hay que pagar lo que se ofrece.
Descripción del odu Oyeku Iroso
Oyeku Biroso es el odu número 35 del orden señorial de Ifá. Es un signo fuerte, que exige mucho cuidado, porque en él reinan el Diablo, Ikú y Abita. Marca camino del cementerio (Ona Orun), muerte segura y que el enfermo no se levanta; y si llegara a levantarse, queda de todas formas condenado a morir en corto plazo. Es un Ifá de chismes y calumnias, de disgustos, enfermedades, escasez y locuras.
Aquí nació el porqué Azojuano (San Lázaro) no se lava con agua, el porqué sus hijos tienen que recibir a Agayú y nacer con Orishaoko para poder vivir bien, y el porqué nacen con los Ibejis, que son quienes neutralizan al Diablo. Nacieron también los pies planos y el metatarso caído, así como la llamada de todos los seres humanos a Orúnmila para poder afrontar las grandes dificultades: por eso se le pone un gon, un tamborcito y una matraca. El Osanyin de este Ifá se forra en piel de jirafa.
El signo marca disputa entre hermanos, porque ambos quieren la misma cosa; corresponde al mayor manejar la situación para evitar el rompimiento. Aquí fue donde el Ikin, por desobedecer a Orúnmila, Ifá lo condenó a que lo cogieran para ponerlo en Eshu, Osanyin, los Orishas, Egun e Ifá. Fue también donde Oduduwa se sentó en el trono de Olofin. Por este Ifá la madre se pierde muy pronto, y además este odu le hará sombra al padrino.
En la salud, la persona tiene problemas con los espermatozoides y puede padecer de espermagenosis: no puede engendrar. El signo marca anemia, debilidad general del organismo, problemas renales y cardiacos e infecciones generales; en la mujer marca pérdidas, matriz floja y problemas en los senos, y padece de inflamaciones en el vientre. Aunque la persona esté gorda, está débil y tiene problemas vasculares de cuidado. Debe tratarse el estreñimiento para evitar la acumulación de toxinas, el mal olor en el aliento por las mañanas y las intoxicaciones que producen picazón en el cuerpo. Aquí no se comen frijoles blancos, no se debe comer tarde ni acostarse acabado de ingerir alimentos, y hay que cuidarse de la viruela.
En este odu está el secreto de la maldición de Lucifer al barro y el pacto de Ikú y Abita. Es donde Ikú viene a buscar a la persona y hay quebrantamiento de cabezas. La persona está muy preocupada por su estado deplorable de salud: se encuentra anonadada, embotada, como endrogada. Además, hay quien la quiere arruinar en el trabajo.
Oyeku Biroso es andarín, y viajar le conviene a la persona. Hay que recibir a Azojuano, Agayú, Orishaoko y los Ibejis, cambiar la casa por dentro y atender la obra espiritual. Aquí hay que pagar lo que se ofrece, con o sin esfuerzos, porque al final todo se paga en la vida. Se les dan limosnas a los pobres y se les dan fiestas a los Ibejis y a los niños. Este Ifá es Maferefun Oshún, los Ibejis y los niños; se manda a hacer una fiesta que la persona siempre acostumbraba hacer.
Aquí nacieron las cicatrices en el rostro, por lo que hay que tener sumo cuidado con accidentes o problemas de riñas. Para la mujer: el esposo es algo violento y debe manejarlo para evitar grandes problemas. Oyeku Biroso no debe vivir con mujeres celosas, y menos con hijas de Oshún.
Por este odu no se le hace Ituto al Awó al morir. Aquí se desconfía del padre y hay deuda con la religión. Por este Ifá nacieron las honras fúnebres o Guardia de Honor y el pasar el Irukere por el cuerpo de los religiosos para sacar la muerte de adentro de ellos, o sea, el obsesor. Por este Ifá, la persona tiene que recibir Ikofafun o Awafakan y los Ibejis.
Cuando una persona tiene este Odu en Awafakan o Ikofafun y es hija de Santos Guerreros, el padrino le hace la siguiente ceremonia en el río: lo llevará a un río, lo entrará en él y en el centro del mismo le quitará o despojará de la mitad de la ropa que tiene puesta, recogerá cosas del lugar y se le hace un Inshé-Osanyin, que lo forrará con cuentas de Oshún, Elegba, Yemajá y Orúnmila; lleva además 7 plumas de Loro y otros ingredientes. Si la persona no es hija de Santo Guerrero, en el Ebó de entrada se hace la ceremonia. Debe recibir los Ibejis.
Dice Ifá en Oyeku Biroso
- Que Ud. le está haciendo daño a otra persona, y que no siga haciéndolo más, porque no le conviene.
- Ud. va a hacer una fiesta o rogación que acostumbra hacer todos los años.
- Ud. quiere como mudarse; saque todo lo que tiene empeñado.
- Ud. tiene muchos ojos malos detrás, que le tienen envidia a cuanto Ud. hace y pone.
- Atienda a Oshún y dele de comer.
- Todo el bien que pueda hacer, Orúnmila se lo compensará.
- Ud. tiene un dolor de cabeza por causa de un disgusto.
- Ud. está escaso de todo; el enfermo que hay en su casa se muere seguro.
- Shangó está bravo con Ud.
- Tenga cuidado con locura.
- A Ud. le duele la planta de los pies.
- En su casa hay una persona que bebe.
- Ud. vino aquí porque le dijeron que tiene brujería.
- No tenga botellas vacías en su casa y si hay, tápelas, la muerte quiere entrar en su casa.
- Tenga cuidado con una tragedia con su marido y pierda la casa.
- Ud. tiene varios hombres, cuidado que en tres días Ud. puede perder la vida.
- Hace tres días que su marido y Ud. no se entienden, según es costumbre de Uds.
- Ud. quiere ir al campo y cuando regrese se enterará de muchas pérdidas.
- Y si Ud. va a cobrar algún dinero, hágalo en buena forma, porque de lo contrario habrá una desgracia y varios tengan que correr.
- Dele de comer a Shangó cuanto antes, y tenga cuidado con la candela de abajo para arriba.
- Ud. tiene un mal en la barriga.
- Cuelgue un racimo de plátanos en la casa.
- Tenga cuidado, que allá en su casa hay uno que se puede volver loco por causa de un brujo que le han echado.
- Ruéguese la cabeza con coco.
- Hay una persona ya mayor que le va a dar una queja.
Refranes de Oyeku Biroso
- Haga bien y no mire a quién.
- Tenga siempre buena forma, hasta para cobrar si le deben.
- El que tiene duda, no tiene seguridad.
- El mal engendra el mal.
- La noche no deja reposar al día.
- La medicina que salva a uno mata a otro.
- Quítale la muerte y quítatela tú.
Eshu-Elegba del odu Oyeku Iroso
No tiene en específico.
Patakíes del odu Oyeku Biroso
1.La trampa del Diablo
Existía una tierra gobernada a la fuerza por un rey llamado Alosi, que mantenía engañado a su pueblo y por eso hacía siempre su voluntad. Alosi tenía una hija de gran belleza que ya estaba en edad de casarse, y a pedir su mano acudían todos los jóvenes de la comarca. El rey había puesto una condición: para casarse con su hija había que adivinar lo que guardaba dentro de un cofre suyo. Quien acertara se llevaba a la muchacha; quien fallara era entregado a sus dos secretarios, que eran la enfermedad (Arún) y la muerte (Ikú).
En esa tierra vivía un joven llamado Beyila que, aunque estaba enfermo, estaba decidido a casarse con ella. Antes de presentarse fue a casa de Orúnmila, quien le hizo osode y le vio este Ifá, Oyeku Iroso, marcándole ebó, pues tendría que superar una prueba muy dura para lograr su deseo. El joven hizo el ebó con mucha fe, y Orúnmila le dijo que ya podía ir a donde deseaba y que se vistiera de blanco.
De camino al palacio, Beyila se encontró con un chiquito, que era Elegba, y este le dijo: «Oye, Beyila, en ese cofre no hay nada». Cuando el rey le preguntó si quería casarse con su hija y qué había dentro del cofre, Beyila respondió que no había nada. Alosi, viéndose perdido y sin querer entregar a su hija, le impuso otra prueba: cruzar el Gran Río de ida y vuelta; si la vencía, le entregaría a su hija Alkula.
Beyila se dispuso a pasar el Gran Río, donde había dos guardias del rey y también estaba Orúnmila. Al llegar al centro se sintió sofocado, le faltaba el aire; se despojó entonces de la ropa que llevaba puesta, empezó a sentirse mejor y de pronto oyó una voz que cantaba:
Así alcanzó la orilla contraria, donde esperaban los soldados de Alosi, y emprendió enseguida el regreso. En el centro del río le ocurrió lo mismo que antes y dejó caer la ropa que le quedaba, logrando llegar a la otra orilla, donde lo aguardaban Elegba y su hermana con una muda de ropa nueva y blanca. Elegba le dijo: «Beyila, te ganaste a la bella y encantadora Alkula». Beyila se casó con ella y, cuando Alkula dio a luz y el rey supo que además eran jimaguas, desapareció de aquella tierra, y desde entonces gobernó Beyila.
2.La disputa entre hermanos
Cuando Olofin creó la Tierra, delegó en los hermanos Azojuano y Agayú, y en sus hijos, para que la dirigieran junto con él. Azojuano bajó a la Tierra llevando consigo todo lo que le correspondía por ser el mayor, tanto de parte de Olofin como de su padre. El más chiquito, que era el más violento, se quedó en la tierra de su madre Oroiña y tomó el nombre del fuego, Miyo-Miyo o Agayú.
Antes de que bajaran, la madre les dijo que no era justo que pelearan, que podían vivir juntos en una jícara. Preparó un bastón con punta y dispuso que Azojuano, por ser el mayor, ocuparía la parte de arriba, y Agayú la de abajo; al bajar, debían entregar ese bastón a Orishaoko para asegurar su poder en la Tierra, con un pollo blanco, ministras, jutía y pescado ahumado, maíz tostado y miel. Agayú no quiso aceptar y se quedó con su madre, como confidente de los secretos de Oroiña y de Inle-Oguere. Azojuano sí lo cogió todo y bajó a la Tierra.
Un día Agayú, que no le perdonaba a Azojuano que fuera el mayor, hizo un trabajo: la lluvia dejó de caer sobre la Tierra y la simiente no crecía. Azojuano, que se había hecho rey gracias al inshe de su madre y al poder de Orishaoko, escuchaba a su pueblo reclamarle: «Cómo tú, que eres el Obá, no haces que la lluvia venga a la Tierra, para poder vivir y tener hijos. Nosotros tenemos hambre». Él les prometía que en unos días llovería, pero pasaron tres años sin llover.
En esa tierra había dos hombres de Ile-Ife, Onidan y Ologbala Arauje, que le dijeron a Azojuano que solo Ifá podía hablarle la verdad de por qué no llovía. Lo miraron y le vieron Oyeku Biroso, donde se decía que había una disputa entre dos hermanos por una misma cosa y que el mayor tenía que buscar la reconciliación. Azojuano les explicó que esa era la disputa entre él y su hermano menor Agayú, y que cuando vino a la Tierra, en el saco que trajo no echó agua, aunque sí todas las riquezas de su madre. Ellos le respondieron que el agua estaba bajo el control de su hermano, y le indicaron coger un poco de todas las riquezas, ponerlas en un saco con dos codornices y buscar a Owo-Tutu, el pájaro gran amigo, que es el Gallito de Río, para que llevara el saco a donde vivía Agayú, pues a él no lo rechazaría.
Cuando Agayú oyó esto, salió a recibir a Owo-Tutu. Se abrazaron contentos y, al recibir las cosas, Agayú comió las codornices y le dijo: «Dile a mi hermano mayor Azojuano que él es el mayor, pero yo tengo dos poderes que controlan la salud de la Tierra: el agua y el fuego». Owo-Tutu regresó a casa de Azojuano y comenzó a caer un aguacero enorme. Azojuano mandó que en su tierra no se matara a Owo-Tutu y que este fuera siempre su secreto, que era el crestón de su cabeza, donde había llevado las cosas a Agayú. Desde entonces los dos hermanos se reconciliaron, y Azojuano le cantaba a Agayú para darle su comida cuando lo visitaba:
3.El gran poder del hijo de Ikú y de Ifá
En la tierra Abonire vivía el hijo de Ifá, que ejercía un gran gobierno sobre aquel lugar. Todo el mundo, al acabar de comer, se quedaba dormido sentado, y él venía y les hacía un gran secreto con 2 gallinas negras, llamando al gran poder de Ifá y a su gran ashé, con lo que daba grandes poderes a la gente de esa tierra. Cuando hacía esta ceremonia, para quitar lo malo de la tierra y otorgar el poder y la gran virtud, llamaba cantando:
Le daba las dos gallinas negras a Ifá y le pedía el poder para que vivieran bien. Invitaba a la gente de esa tierra a comer de esas gallinas y le ponía a Ifá una jícara con Onibonibo cocinado, una jícara con harina, una con caldo de ñame, una con Oshinshin, una con Eriguinia y una con frijoles de carita, más un muñequito con bastante manteca de corojo; después de que todos comían de esa comida, hacía ebó con todo eso y le daba su camino.
Venía entonces el hijo de Ikú, llamado Awó Aberi Bikú, y se comía la comida. La gente de la tierra donde este vivía solo comía Oshinshin y harina, y vivía con gran temor porque él tenía un gran poder sobre ellos, ya que Ikú era quien traía todos los días la comida y, algunas veces, traía gallina. Pero Ikú, viendo que su hijo ya no tenía el poder como Awó, andaba roñosa y molesta, y fue a quejarse ante Obatalá. Este le dijo: «Si tú tienes todo el poder del mundo, por qué le has dado poco poder a tu hijo». Abochornada, fue a donde estaba Osanyin, y este le dijo: «Yo te voy a hacer un trabajo, pero busca cuando estén dormidos y tráeme: cabeza, las patas, la raíz del caimito, vergonzosa, salvadera, maravilla blanca y semillas, y coge un pedazo de ratón, tierras de distintas partes, distintos bichos de la tierra y palos». Así lo hizo, y cuando iba para casa de Osanyin a llevarle lo pedido, cantaba:
Osanyin la oyó y dijo: «Ahí viene Ikú». Le hizo el trabajo y le mandó guardarlo en una mata de salvadera. Le explicó que, al llegar a la tierra donde estaba Awó Komo Ifá, soplara el polvo (afoshé) que le había entregado, y que a los 7 días y 7 noches fuera y arrasara con todo el que estuviera durmiendo.
Mientras tanto, Ifá le había dicho al hijo de Ifá, Awó Komo Ifá, cuando este se quedó dormido, que esas gallinas tenía que tenerlas amarradas en el lugar donde él se sentara, y que algún día le diría lo que debía hacer con ellas. Awó Komo Ifá fue viendo lo que estaba pasando, asustado y disgustado. Cogió 2 cocos y 2 gallinas y fue ante Ifá, quien le dijo: «Esas gallinas hay que dárselas al Gran Secreto, rayar bastante coco, darle sangre de gallina y rogarse la cabeza». Le indicó que cada uno cogiera una vela y la encendiera a las 7 de la noche, y añadió: «Con esa gallina que tienes amarrada y este coco que te voy a dar, estas telas y esas hierbas, tú te vas a hacer Paraldo».
En esos momentos, Ikú venía cantando:
Awó Komo Ifá la vio y empezó a encenderle velas a todo el mundo. Ikú, al ver las velas, se paró y se asustó, mientras Awó Komo Ifá cantaba:
Ikú salió corriendo y todo el mundo se despertó. Cuando Awó Komo Ifá fue a poner la gallina en la salvadera, se encontró con lo que Ikú había guardado allí; lo cogió, lo llevó ante Ifá y dijo: «Vamos al Gran Secreto de Ita a ver qué hacemos con esto». Al llegar, Orúnmila le echó ashé y dijo: «Tráeme un pescado del río para darle sangre, que este va a ser el Gran Secreto», y rompió un coco detrás de Ikú. Esta se asustó tanto cuando el coco se rompió, que fue a donde estaba su hijo y le dijo: «No tienes poder ninguno y, para demostrarte que yo sí, voy a empezar contigo».
4.La capa negra
Había un hombre dueño de una capa negra que llamaba la atención de todo el mundo. De aquella capa se habló tanto que las mujeres llegaron a enamorarse de ella. La muerte, un día, se puso a investigar dónde vivía el hombre de la capa negra, hasta dar con su casa. Al llegar saludó cortésmente: «Buenas noches, ¿su esposo se encuentra?». La mujer respondió: «No, mi esposo no está, váyase de aquí». Pero en ese momento se oyó la voz del esposo, que dijo: «Déjalo pasar, vieja, que ese es mi amigo». La muerte no se hizo esperar: atravesó la sala en dirección al cuarto donde estaba el hombre, le habló, le quitó la capa y lo mató.
De allí la muerte se fue para la plaza y, al llegar, los presentes comenzaron a huir en todas direcciones. Una representación del pueblo acudió entonces a casa de Orúnmila a contarle lo sucedido, y este les dijo: «Hay que hacer ebó con una gallina negra y un Irukere». Hecho el ebó, Orúnmila salió al encuentro de la muerte y le dijo: «Tú tienes que irte de aquí». La muerte respondió: «¿Y tú qué me das por eso?». Orúnmila le entregó la gallina y, después de dársela, cogió el Irukere y empezó a pasárselo a la muerte. Al terminar se lo entregó, y la muerte partió del pueblo y volvió la tranquilidad.
5.El pacto del curandero y el que hacía las cajas de muerto
En un pueblo existía un hombre que hacía cajas de muerto y pasaba una crisis económica muy mala, porque la gente del pueblo no se moría. Decidió entonces ir a ver al curandero del pueblo y, al encontrárselo, le dijo: «Oye, qué pasa que yo no puedo vivir y tú sí. Hace mucho ya que no tengo trabajo y tú lo tienes». El curandero le respondió: «¿Ves a ese hombre que va por ahí? Ese no amanece, así que ya puedes ir preparando la caja, porque así como tú lo ves, ya está cumplido».
6.Cuando el Diablo bajó a la Tierra
En cierta ocasión la Tierra estaba sin gobierno y Olofin no sabía qué hacer. Comenzó a mandar a los Santos, a ver si podían remediar la situación, pero todos peleaban por la supremacía; al darse cuenta de esto, Olofin mandó al Diablo. Este bajó a la Tierra y lo primero que hizo fue reunirlos a todos, diciéndoles que se unieran y no pelearan entre sí, de modo que el Diablo se hizo cargo de la situación y, por consiguiente, de la Tierra.
En una ocasión en que el Diablo los tenía reunidos impartiéndoles órdenes, se aparecieron los Ibejis y le dijeron: «Mentiroso, tramposo, no estás haciendo lo que te dijeron que hicieras». El Diablo, que tenía la personalidad de un hombre joven de unos 23 años, comenzó a cambiar de expresión: las orejas se le pusieron puntiagudas, los ojos rojo vivo, las uñas le crecieron en demasía, le salieron cuernos en la frente y también cola. Los Santos enseguida lo reconocieron y todos gritaron desesperadamente: «Desaparécete, Satanás». Y este desapareció y no se supo más de él, ni dónde vive ni dónde está. Por lo tanto, puede estar en cualquier lugar de la Tierra, porque al Cielo no volvió.
7.Las honras fúnebres
Obatalá venía montado en su caballo, viajando de un pueblo a otro, cuando el animal se rindió por la fatiga. Obatalá se bajó con intenciones de matarlo y sacó su machete para ejecutar la acción, pero se apiadó del animal y prosiguió su camino. Cuando había dado unos pasos, viró, le cortó el rabo de un machetazo y emprendió su marcha. Mientras eso pasaba, los soldados de un rey que vivía en esa zona observaban la escena y seguían a Obatalá, que iba echándose fresco con el rabo del animal y así ahuyentaba a la muerte.
Cuando había recorrido una gran distancia, se desplomó. Al llegar los soldados junto a Obatalá, ya este estaba muerto. Entonces lo cargaron, lo llevaron para el palacio del rey y empezaron a rendirle honores.
8.Cuando Oshún salvó a Orúnmila
Siendo Orúnmila gobernador de un pueblo en la tierra de Oyeku Biroso, la gente se reunió por envidia para hacerle daño y botarlo de aquel lugar, y él tuvo que salir huyendo para el monte. Allí, en el monte, Orúnmila se hizo ebó y le dio de comer a la Tierra. El pueblo, tras la pérdida de Orúnmila, empezó a ver desgracias y no había progreso de ninguna especie; todos se dieron cuenta de la falta que les hacía y decidieron mandarlo a buscar. Pero él no hizo caso, porque pensó que era una trampa para atraparlo.
Entonces Oshún decidió ir a buscarlo, y fue. Cuando vio a Orúnmila, le explicó la situación que existía en el pueblo, y él le dijo que estaba bien, pero que tenía que volver a buscarlo acompañada de los niños. Así fue como Orúnmila entró en el pueblo y volvió a gobernar en la tierra Oyeku Biroso, para felicidad de todos. Maferefun Oshún y los niños.
9.El Awó Olúo-Osanyin
En un pueblo pobre del mundo vivía un Awó que era Olúo-Osanyin. Era boticario, conocía todos los secretos de las hierbas del monte y de ellas sacaba las medicinas que tenía en su botica. Era muy humanitario y no hacía más que hacerle favores a todo el mundo; todo el que llegaba le decía «dame un poquito de esto o un poquito de lo otro, que no tengo dinero», y él siempre se lo daba. Igualmente, todo el mundo les deseaba siempre lo mejor a él y a su familia.
Un día, de noche, venía Ikú a buscarlo. La botica estaba cerrada y solo había un pobre en la puerta, esperando a que el Awó le preparara una medicina para salvar a su hijo enfermo. Ikú le preguntó si allí vivía un boticario y el pobre le dijo que sí. Entonces Ikú se quitó la máscara y le dijo: «Yo vengo a llevarme al Awó». El pobre hombre, confundido, respondió: «No puede ser, este Awó es muy bueno. Si usted se lo quiere llevar, llévenos a nosotros también, pues nos quedamos sin protección. Fíjese que ahora está levantado, preparando una medicina para mi hijo». Entonces Ikú se compadeció y dijo: «Al Awó, por ser bueno, le perdono la vida». Pero, en cambio, se llevó al desgraciado.
10.Cuando le negaron a Orúnmila los cocos
Orúnmila se hizo osode y se vio este Ifá, Oyeku Biroso, y el Ángel de la Guarda le pidió que se rogara la cabeza con coco. Pero no tenía dinero, así que fue a la plaza y pidió los cocos fiados. No se los dieron, y recibió una mala contesta; lo mismo le sucedió con las demás cosas que necesitaba para hacerse la rogación.
Al salir de la plaza se encontró con un viejo conocido suyo, que lo mandó a pasar dentro de su casa. En la conversación, Orúnmila le dio las quejas de lo que le había pasado en la plaza, y el viejo le dio los cocos y los demás artículos que necesitaba para hacerse la rogación y cumplir con el Ángel de la Guarda. Orúnmila se rogó la cabeza en la misma casa del viejo y, cuando estaba terminando, tocó a la puerta la muerte, que venía a buscar al viejo. Orúnmila, que la vio, le salió al encuentro, diciéndole al viejo que abriera la puerta y la dejara entrar, que él la recibiría.
La muerte, al entrar, creyó que el viejo estaba solo, pero al ver a Orúnmila le dijo que venía a buscar al viejo porque ya se le habían cumplido sus días. Orúnmila la convenció de que no se lo llevara, porque el viejo era bueno, y de que, en cambio, se llevara a los vendedores de cocos de la plaza, que eran malos. El viejo se salvó y la muerte se llevó a los que no quisieron servir a Orúnmila.
11.La desobediencia del Ikin
Adin se llamaba el Ikin maduro, que quería escapar a la muerte y se fue a mirar a casa de Oyeku Olosú Awó y de Yete Kolosú Awó. Ellos le vieron este Ifá y le marcaron ebó, pero Adin les dijo que no sabían nada y no lo hizo. Después de la consulta se fue a su casa, en lo alto de una palmera, a reírse de los Awoses. Eshu, que lo vio, le dijo: «Tú te crees muy seguro, pero vas a ver lo que es bueno», y fue a casa de los Awoses a contarles lo que Adin estaba haciendo.
Orúnmila llamó a Osanyin y a todos los Orishas, y fueron a casa de Adin. Allí lo cortaron y cada uno cogió lo que necesitaba para su secreto; lo demás lo cogió el hombre, para sacar manteca de corojo. Así, por desobediencia, perdió Adin (Ikin).
12.Se hizo adivinación para Eiyele y Adaaba
En el cielo, Eiyele, el pichón de la paloma, y Adaaba, la paloma o el palomo, decidieron venir al mundo y estuvieron en Oyegbosun por adivinación, para saber lo que habría que hacer para tener hijos en la tierra.
Estos fueron los Awoses que hicieron adivinación para Eiyele y Adaaba, para que pudieran tener hijos en la tierra. A Eiyele le advirtieron hacer sacrificio con Osun, agbado, una cantidad de leña y una cazuela de barro. Realizado el sacrificio, el sacerdote de Ifá le dijo que esos materiales usados aparecerían como marcas de nacimiento en los cuerpos de sus hijos: cuando Eiyele tuvo hijos sobre la tierra, estos comenzaron a usar palitos para preparar sus camas en la profundidad de las cazuelas, lo que era equivalente a que aparecieran las marcas de Osun, o rojo, en las patas de sus hijos.
Por el otro lado, a Adaaba se le indicó hacer sacrificio con cascarilla (efun), una cantidad de leña, pimienta de guinea y todo tipo de frutas. Tras el sacrificio, el sacerdote le dijo que esos mismos materiales serían los rasgos sobre el cuerpo de sus hijos: cuando comenzó a tenerlos sobre la tierra, estos nacieron con un collar blanco alrededor del cuello y empezaron a utilizar palitos para confeccionar sus nidos. Cuando las dos hermanas comenzaron a tener hijos, entonaron la canción de Oyeku Birosun de esta forma:
13.Cuando Oyeku Birosun vino al mundo
Estos fueron los Awoses que hicieron adivinación para este odu antes de venir al mundo. Le profetizaron hacer sacrificio con un conejo a Las Brujas y un chivo a Eshu, para obviar y quitar el peligro de morir en manos de una mujer. Se le advirtió no hacer ningún favor a cualquier esposa y no confiar tampoco en ninguna mujer, así como fue advertido respecto de no ingerir ningún alimento. Él hizo todos los sacrificios.
Al llegar al mundo comenzó a practicar como sacerdote y tuvo muchas esposas, una de ellas muy temperamental. Un día, esa esposa pendenciera le preparó alimentos, pero a él no le gustó la comida y se disgustó tanto que prometió no comer nunca más de sus alimentos, en contradicción con lo que se le había advertido en el cielo. Después de los ruegos y atenciones que la mujer le hizo por la noche, él estuvo de acuerdo en olvidarse de todo lo ocurrido y le ordenó que le hiciera otra comida. La esposa le preparó una sopa tal como él sugirió, pero lavó en la sopa la carne, aquello que se le había advertido no comer; y al usarla al otro día para preparar una nueva sopa, él comió de la misma.
Oyeku Birosun había heredado de su padre una divinidad familiar, a la que servía de tiempo en tiempo. Cuando en la próxima ocasión llegó a la sopera de la divinidad para servirle, el odu usual de aceptación de amistad falló en manifestarse, porque él estaba en contradicción y no había cumplido con su juramento de no comer alimento preparado por su recalcitrante esposa, aunque él no lo sabía. Por eso la divinidad rechazó el sacrificio hecho por él. Mientras tanto, las cosas comenzaban a agriársele, e invitó a los Awoses para que le hicieran adivinación. Él expresó sus disculpas por haber olvidado aquel alimento y, para revocar el juramento, los Awoses le pidieron un conejo, una gallina y su propia imagen en barro; de otro modo, dondequiera que él fuera a servirle a la sopera de la divinidad, moriría.
14.Razones para una corta vida
A cualquier persona que le aparezca este odu en Igbodun, debe darles las gracias a las divinidades superiores a través de un sacrificio apropiado, pues no vivirá mucho tiempo en la tierra.
15.Para Oyeku Birosun cuando se casó con Ojuminto
Ellos hicieron adivinación para Oyeku Birosun cuando se casó con su esposa llamada Ojuminto, quien parió un hijo llamado Adagba. Le dijeron que realizara sacrificios con un chivo y una gallina a Ifá, y otro chivo a Eshu, advirtiéndole que, si no hacía el sacrificio, su hijo moriría. Su esposa lo persuadió de demorar el sacrificio hasta después del sangramiento postnatal, y la muerte llegó antes de que el sacrificio se realizara.
Cuando este odu aparece en la adivinación, el sacrificio debe hacerse sin ninguna demora, con el siguiente Ese Ifá:
16.Experiencias matrimoniales de Oyeku Birosun
Una de las características de este odu es que el hijo de Oyeku Birosun siempre tendrá problemas con el matrimonio. Por tanto, tan pronto descubra que existe otro hombre en la vida de su amante, debe entregarle la mujer al otro hombre. A Oyeku Birosun le está prohibido casarse con una mujer ya seducida.
Su primer casamiento fue muy infeliz. Después se encontró a otra mujer, de la que se enamoró inmediatamente y a la que ofreció matrimonio, descubriendo que había otro hombre, un comerciante de mejor posición, interesado en la misma mujer. Un día, ella les dijo a los dos hombres por separado que iba a hacer una ceremonia especial en el marco de tres días, invitándolos a ambos. El día señalado, el sacerdote y el comerciante se encontraron en su casa; ella los presentó, sin que supieran que ambos eran sus pretendientes, con la idea de valorar las características de cada uno para acogerlo como esposo, y les pidió que cada uno declarara sus credenciales.
El comerciante declaró que tenía suficiente dinero, que no había nada que el dinero no pudiera comprar y que podía brindarle a ella una satisfacción óptima. El sacerdote declaró que era un adivino capacitado para ver y desglosar los secretos más escondidos. Ella decidió hacerles una prueba de aptitud: le pidió al comerciante que pusiera la cantidad de dinero que pudiera, y este puso mil sacos de dinero. Al sacerdote le dijo que su padre había prometido verla ese mismo día, y quiso confirmar si lo vería. Después de la adivinación, el sacerdote le expresó que, antes de que ella fuera a dormir ese día, vería a su padre. Ella le respondió que era incapaz de ver nada, porque su padre hacía mucho tiempo que estaba muerto, y que por eso quedaba descartado para su matrimonio.
Cuando el sacerdote llegó a su casa, consultó con los Ikines para saber de la desgracia sufrida, y se le advirtió darle un chivo a Eshu, lo cual realizó inmediatamente. Entonces Eshu se transformó en un joven de apariencia elegante y fue a la casa de la mujer, encontrándola jugando Ayo con su amante el comerciante. Cuando ella vio a aquel hombre elegante e irresistible, lo invitó a jugar Ayo con ella. Él le explicó que estaba apurado por llegar al próximo pueblo, pero ella lo persuadió de quedarse y le pidió al comerciante que se fuera, porque finalmente había encontrado al hombre de su vida. El joven le dijo que no estaba preparado para el matrimonio y que, además, ella tendría que ganarse las credenciales para ser su esposa. Cuando ella le preguntó qué era lo que hacía falta, él declaró que su esposa debía tener la capacidad de coger la última fruta del árbol de manzana que estaba a la entrada del pueblo. La mujer estuvo de acuerdo en ir y subir por ella: trepó inmediatamente al árbol y, tan pronto fue a tomar la manzana, Eshu le cerró los ojos y ella cayó desde lo alto, muriendo instantáneamente. Todo el mundo comentó que el sacerdote de Ifá le había predicho que ese mismo día vería a su padre. El amante comerciante se alejó.
Eshu regresó y alertó a Oyeku Birosun de que la mujer había muerto. Este le expresó a Eshu que su honor y su dignidad no quedarían plenamente manifestados hasta que la mujer no fuera resucitada de su muerte, para que ella narrara cómo vio a su padre y entonces se casara con él. Eshu le dijo que fuera a revivirla, que él sabría qué hacer. Oyeku Birosun fue con su Iroke y se encontró al pueblo en los preparativos del funeral. Rápidamente paró el ritual y pidió la oportunidad de revivirla; ordenó que la sentaran y, mientras la señalaba con su Iroke, iba diciendo:
Rápidamente ella se despertó y hubo un regocijo general. Oyeku Birosun le preguntó si había visto a su padre, a lo que ella contestó que sí, y lo declaró su esposo. Esta fue la primera esposa de Oyeku Birosun, la cual le dio tres hijos llamados Ifatuga, Ifayemi e Ifawale.
17.Se adivinó para el hijo mayor de Orúnmila
Ajawesol, Ate-iye-irosu-se-ola, adivinó Ifá para Gberefu, el hijo mayor de Orúnmila. Le dijeron que sus Ikines (Ifá) lo enriquecerían, y que debía sacrificar una jutía, un pescado y una chiva. Él oyó y realizó el sacrificio.
18.Donde se adivinó para Olofin
Awokekere-ilé-eni-kotannije adivinó Ifá para Olofin. Se le pidió sacrificar un perro, ñame molido, vino de palma y dinero, para evitar el desagravio de Ogún. Él oyó, pero rehusó realizar el sacrificio, y Ogún lo mató.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.
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Los 16 odù de la familia de Oyeku
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