Oyeku Iwori
Oyeku Piti
«La suerte de Oyeku-Iwori siempre está en la calle; por eso tú te encontraste en la calle lo que te faltaba».
Rezo de Oyeku Iwori
OYEKU IWORI EPANDIKI EFANDIKI ESHANDIKI OKO SHAMBAKIRAN ADIFAFUN ORÚNMILA, BARABANIREGUN.
Súyere de Oyeku Iwori
«BABA OSANYIN OMOLOYU, BABA OSANYIN OMOLOYU OROFUN OSANYIN AFEMOYU, BABA OSANYIN OMOLOYU»
En este odu nace
- Que los hijos de Osun hagan Ifá directo.
- Que la cabeza adquiriera pelo, orejas y ojos.
- El secreto de Shangó, que son los muertos.
- Aquí Shangó se quitó el disfraz de sepulturero, pero se puso el disfraz del diablo.
- Fue donde hubo que pagarle deuda a Shangó, para que acabara la enfermedad y mortandad.
- Se pagan culpas ajenas.
- Habla la Lechuza y Roble.
- Fue donde Naná Burukú hizo su llegada a la Tierra acompañada por Eshu Itoki.
- Hay que tener cuidado con los niños, ya que es destructivo en ellos.
- Se manda a buscar la suerte en la calle.
- Es la generación de las palomas que nacen de dos en dos y son criadas por ellas.
- Se habla del mal agradecido.
- Indica el por qué Osun vive al lado de Orúnmila y es una deidad que sólo puede entregarla el Babalawo.
- Los pobres se hacen ricos y los ricos se hacen pobres.
Descripción del odu Oyeku Iwori
Oyeku Iwori es el odu número 33 del Orden Señorial de Ifá.
Cuando este signo se le ve a una mujer, hay que entregarle Ikofafun con urgencia; y si está en estado de gestación, se le hace ebó, porque este Ifá es destructivo en los niños. A ella no se le puede revelar el motivo del ebó, pues la impresión podría provocarle un aborto de origen nervioso: esa obra se realiza precisamente para que pueda parir sin complicaciones. Al niño al que se le vea este odu también hay que hacerle obras y ebó para que no se pierda, porque es Abikú.
Este odu explica que los grandes problemas de Oyeku-Iwori están en su cabeza: cuando se formó el mundo, la cabeza no quedó completa, porque le faltaban los ojos, las orejas y el pelo. Orúnmila le hizo ebó con dos palomas blancas y le indicó recorrer el mundo, pues su felicidad estaba en la calle; y andando por el mundo, la cabeza adquirió el pelo, las orejas y los ojos. Por eso este Ifá prescribe problemas en la vista y en los oídos, y la pérdida del cabello por problemas nerviosos. Oyeku-Iwori deberá usar la cabeza con cordura para no fracasar en la vida; su suerte la encontrará en la calle, donde obtiene lo que desea.
Aquí fue donde se estableció el secreto de Shangó, que son los muertos; de ahí corrió por el mundo el dicho de que él les tenía miedo. En este Ifá, Shangó se quitó el disfraz de sepulturero, pero se puso el disfraz del Diablo. Por este signo hubo que pagarle las deudas a Shangó para que se terminaran la enfermedad y la mortandad en la Tierra: hay que pagarle incluso las deudas contraídas por familiares difuntos, para que la familia pueda disfrutar de salud y tranquilidad.
Es un Ifá de personas mal agradecidas. Se prohíbe ver accidentes, heridos y asesinatos, y asistir a velorios, para que no lo inculpen en un hecho que usted no cometió: aquí se pagan culpas ajenas. Habla de una prenda de brujo que está enterrada al pie de un pozo. Este Ifá, aunque venga hablando osobo, a los 21 días se hace iré.
El Iyefá de este odu deberá llevar: lino de río, hojas de guacalote, hierba celestina azul, milflores. Todos los ebós de este odu van para el monte.
Ni el Awó ni la Apetebí de este odu deben usar prendas —sortijas, relojes, cadenas, pulsos, etc.— encontradas en la calle ni compradas de segunda mano; si las compran, antes de usarlas tienen que lavarlas con omiero de Orúnmila, no sea que estén preparadas y traigan atraso.
Por este odu se vive en casa grande, pero no se conoce la felicidad. La persona hace del día la noche y de la noche el día, como la Lechuza. Aquí se respetan las cosas ajenas, para que no le pongan una trampa y lo maten, y se debe aprender a usar bien la cabeza. Este odu es Kaferefun Oshún —Yalode— y es un odu de Espiritista.
Oyeku-Iwori deberá cuidarse de no faltarles el respeto a sus mayores, pues éstos pueden tener malas formas para con él. La persona debe tener asiento en la vida. Aquí se tienen problemas para tener hijos: hay que hacer ebó. Cuídese de las goteras en su casa. La sangre de su costumbre es prieta y eso no es normal: debe ir al médico. Donde usted vive hay un pozo que tuvieron que tapar porque en él se cayó una persona. Tenga cuidado con la sangre y con la presión arterial. Se prohíbe que los hijos se bañen en lagunas. Hay que tener cuidado con los huecos, no se caiga y pierda la vida. La promesa que se les haga a los Santos hay que cumplirla.
Cuando este odu se manifiesta en adivinación en el Igbodun, la persona debe ser advertida de preparar su propio Ogún sin demora alguna, y dejar de tener reuniones con personas. Debe hacer un gran esfuerzo y no participar en reuniones, encuentros amistosos, en clubes y sociedades.
Cuando este odu sale en Igbodun, la persona debe ser advertida de que cuando llueva en cualquier lugar distante de su casa o durante un viaje, no debe guarecerse en lugares que lo retengan por mucho tiempo de su paz y su prosperidad.
El más importante Ono Ifá, el cual debe realizarse cuando sale este odu en Igbodun, es repetir el sacrificio elaborado por Otitón en el cielo, para que la persona constantemente reciba la ayuda de todos y cada uno. Si sale en una adivinación ordinaria, la persona debe realizar sacrificio como si hubiera recibido ayuda de otro. Debe ser aconsejada y advertida de que el beneficio de ese sacrificio lo recibirá en el futuro.
Cuando este odu sale para una persona que desea hijos, se le dirá que su problema se resolverá si hace sacrificios. Le pondrá de nombre a su primer hijo Ekundayo, y debería hacer una fiesta con bastante Ekru y Ekó.
Relación de obras del odu Oyeku Iwori
Se cubre a Oshún con bastante Hiedra y después se dan baños, comenzándolos al tercer día; se le ponen 16 pedazos de pan y después al río.
Se refresca con omiero de siete hierbas de él.
Lino de río, hierba guacalote, hierbas de Ifá, hierba celestina azul, mil flores; se seca y se hace polvo, agua de colonia y miel de abejas. Con eso se dan 6 baños en nombre de Shangó y Oshún.
En este odu, antes de hacer ebó, se ruega la cabeza y se baña con hierba, jobo y jagüey.
Dice Ifá
- Que Ud. va a recibir una noticia mala; no puede ir a ver tragedias, ni heridos, ni muertos, ni tampoco puede ir a ver festejos, porque cualquier acontecimiento que pasara ese día, le echarán la culpa a Ud.
- No coma ni beba en ninguna parte; y si a Ud. lo calumnian, de la misma incomodidad le podrá costar la vida, o bien ir a un presidio, sin comerla ni beberla.
- No haga sociedad con nadie, porque hay pérdida segura.
- Uds. son siete hermanos y se han de sacar dinero, que se lo negaron; y si esto sucede, no lo reclame, déjelo, porque ese dinero le viene para mal.
- En su casa hay un pozo ciego, que lo taparon porque allí se ahogó uno que se cayó; tenga cuidado no lo empujen dentro de un hoyo.
- No salga a la calle por espacio de 7 días, porque lo pueden prender por robo o asesinato.
- Tenga cuidado no se le suba la sangre para la cabeza y quiera lanzarse dentro de un pozo por causa de dinero.
- Ud. no tiene hijo y desea tenerlo.
- En su casa hay una persona con deuda con Shangó; dígale que la pague, porque se le puede quemar la casa y tener grandes pérdidas.
- Donde Ud. vive caen goteras encima de la cama.
- Ud. ha de tener una hija.
- La sangre de su costumbre es prieta, que no es normal.
- Ud. ha de oír un juego donde un rico se volvió pobre.
- Ud. tiene muchos enemigos y ellos son los que le están haciendo el mal para que Ud. caiga en un hoyo.
- Oshún lo persigue.
- Ud. es el único hermano que queda.
- No se queje ni le levante la mano a nadie, y mayor que Ud. menos. Contenga su genio y sea conforme para que no peligre.
- Hay uno en su casa que está cojo, que es familia y anda con un bastón, y uno que trabaja con guataca y machete y es palero.
- El que hace de cabeza en la casa se ha de enfermar y no van a tener dinero para el médico y las medicinas; para que no se muera, deben hacer ebó.
Refranes de Oyeku Iwori
- Pagan justos por pecadores.
- La suerte del perro está en la calle.
- Más vale comer poco todos los días que mucho una sola vez.
- El barco sale de recorrido pero regresa como el acero a la vaina.
- Codicia entre hermanos beneficia al extraño.
Eshu-Elegba del odu Oyeku Iwori
El Eshu de este odu es Eshu Itoki. Este Eshu vino al mundo en Oyeku-Iwori y con Naná Burukú.
Patakíes del odu Oyeku Iwori
1.Cuando Olofin le pidió la cabeza a Orúnmila
Olofin le ordenó a Eshu que fuera a buscarle la cabeza de Orúnmila, y Eshu salió hacia la casa de éste decidido a cumplir el encargo. Ese mismo día Orúnmila se había hecho osode y se había visto este odu, Oyeku-Iwori en osobo, que hablaba de pérdida por Ikú, la muerte. Entonces hizo el ebó señalado y, al terminarlo, colocó la cabeza de fango detrás de la puerta de la calle.
Al llegar, Eshu tocó a la puerta y anunció que venía de parte de Olofin a llevarse su cabeza. Orúnmila le contestó que la cogiera. Eshu metió la mano, palpó el pelo y, convencido de que era la verdadera, se la llevó a Olofin. Cuando se la entregó, Olofin quedó asombrado y reconoció que aquélla era una cabeza de fango, y exclamó que con Orúnmila no había quien pudiera.
2.La creación de la familia
Por mandato de Ifá, Orúnmila llegó a cierto lugar en compañía de Eshu para mejorar su suerte, y al llegar se encontraron con que allí no vivía nadie: todo estaba deshabitado. Enseguida Orúnmila se hizo osode y se vio este odu, Oyeku-Iwori, y Eshu le indicó hacer ebó con un gallo, dos gallinas y dos palomas, y llevarlo al monte. Así lo hizo Orúnmila.
Pasados siete días, mandó a Eshu al pueblo más cercano a buscar dos mujeres, pues pensaba poblar aquel lugar. En el camino, Eshu se encontró con dos mujeres mellizas que, por la mala situación en que se hallaban, necesitaban encaminar su vida. Se puso a conversar con ellas y les aseguró que Orúnmila las sacaría de apuros, y ellas aceptaron el trato. Cuando llegaron ante Orúnmila, éste les explicó lo que sucedía y lo que debían hacer, y quedaron tan asombradas de cuanto les dijo que se enamoraron de él. Así, una de las mujeres se unió a Orúnmila y la otra a Eshu, y los hijos nacidos de aquellas uniones, una vez crecidos, se unían con los de su propia familia, hasta con sus mismos padres, y de esa manera se pobló aquel lugar.
3.Osun honra a Orúnmila en agradecimiento
Osun estaba estéril y solitario, y deseaba tener hijos y compañía. Fue entonces a casa de Oyeye Awó Iwori, quien le hizo osode y le vio este Ifá, y le indicó que, para que le naciera un hijo, debía darle una chiva blanca a Obatalá, una chiva a Orúnmila y otra a Oyá, y además encenderles 16 lámparas de manteca de cacao a los espíritus de Oduduwa hasta que su hijo naciera. Osun cumplió con las tres chivas y encendió las lámparas, y Oyeye Awó Iwori le advirtió que no podían apagarse hasta el nacimiento, y que para que el niño no muriera al nacer tenía que darle 16 palomas blancas a Oduduwa.
Tiempo después Osun tuvo un hijo y sacrificó las 16 palomas a Oduduwa; luego siguió teniendo hijos, que fueron poblando poco a poco la Tierra de los Orishas. Sintiéndose feliz, Osun se dijo que todo lo que Ifá le había anunciado se había cumplido y que, para honrarlo, entregaría todos sus hijos a Oyeye Awó Iwori para que los consagrara en Ifá. Así lo hizo, y además le dio una chiva negra, dos gallinas negras y 16 palomas blancas a Olofin, y mucho dinero. Cuando los hijos de Osun estuvieron consagrados en Ifá, fundaron su pueblo, al que llamaron Oshe Osun Nile, y los dirigía Orúnmila.
4.El mal agradecido
Un comerciante, hijo de Oshún, tenía el negocio en quiebra y se lamentaba de su mala suerte. Un viejo que frecuentaba su comercio lo oyó y le aconsejó limpiar su casa y su negocio con hierbas de su madre Oshún. Como estaba en mala situación, el comerciante obedeció, y al otro día el viejo le indicó fregar también la puerta de la casa y del negocio con esas mismas hierbas. Siguiendo aquellos consejos, el comerciante empezó a prosperar; en poco tiempo pagó todas sus deudas y llegó a ser inmensamente rico.
Al verse con tanta abundancia, dejó de escuchar al viejo. Un día éste llegó al comercio a hablarle y el comerciante le respondió de mala forma, diciéndole que no tenía tiempo, que estaba muy ocupado con sus negocios. Así dejó de tratar al anciano, quien, ante tanta ingratitud, no volvió al establecimiento. Desde que el viejo se marchó, los negocios empezaron a irle mal hasta llegar a la ruina. Entonces se acordó del viejo y trató de encontrarlo, pero fue inútil: aquel viejo era Orúnmila, que se había ido a otra tierra. El comerciante se culpaba por no haber escuchado sus consejos, pero ya era tarde, y hasta se enfermó.
Un día montó a caballo para buscar al viejo, sin resultado. Tomó un camino donde yacía el cadáver de un hombre asesinado, y Eshu, que quería acabar de destruirlo con su magia, le hizo creer que aquel hombre tendido era el viejo que buscaba. Se bajó del caballo y, con la vista engañada por Eshu, se convenció de que era él; lo volteó y se manchó de sangre las manos y la ropa, lamentó su mala suerte por hallarlo muerto y se marchó. Los asesinos de aquel hombre llegaron al pueblo y avisaron de que en el camino había un muerto. La justicia salió hacia allá, encontró en el camino al comerciante y lo interrogó; él, confundido, no supo qué decir e inspiró desconfianza. Lo registraron, le vieron las manchas de sangre, lo apresaron, lo juzgaron como asesino y lo condenaron a la horca.
5.El camino de las cabezas
Este camino se aplica en Oyeku-Iwori e Iwori-Irete.
Cuando se formó el mundo, la cabeza no quedó completa: le faltaban tres cosas, los ojos, el pelo y las orejas. Sintiendo esa falta, decidió ir con bastante dinero a ver a Orúnmila. Salió al camino y llegó a la tierra Shambakiran, donde vivía Awó Kolelebo, el Orúnmila de aquella tierra, quien le hizo osode y le vio este Ifá, Oyeku-Iwori. Le dijo que estaba pelada y se quedaba corta, que como no veía bien podían engañarla, que tuviera cuidado con el sitio donde iba a colocarse porque había brujería por envidia y mucho atraso, y que debía hacer ebó. Con el dinero que traía, la cabeza adquirió tres palomas, se hizo la rogación y salió a la aventura.
En el camino se encontró dos pelos: uno era mujer y se llamaba Pela, y el otro era hombre y se llamaba Pelo. La cabeza estaba dormida, y Pelo y Pela, al verla, pensaron que era una gran casa vacía y decidieron habitarla. La ocuparon y tuvieron muchos hijos, que se llamaron pelos y cubrieron toda la cabeza; de ahí fueron bajando por el cuerpo y se colocaron donde más les gustaba.
La cabeza siguió andando y se encontró dos ojos y los recogió; éstos, viendo qué casa tan adecuada, se metieron en las cuencas vacías. Iba muy contenta cuando oyó decir: «No te veo, pero colócate en este hoyito, que yo estoy en este otro». Y desde entonces un ojo no ve al otro. Al ver su progreso, la cabeza fue a casa de Orúnmila y, desde que entró, dijo: «Eború, Eboya, Ebosheshe». Orúnmila le respondió que ya no le faltaba nada, y ella lo repitió. En el camino la cabeza había encontrado también a Eti, las orejas, y las colocó igual que los ojos, y éstas se le pegaron. Entonces le dijo a Orúnmila que ya tenía la salud y las tres cosas que le hacían falta; pero Orúnmila le indicó darles gracias al Pelo y a la Pela, que son los que protegen del frío y del calor y ayudan a los ojos y a las orejas. Desde entonces los pelos, hijos de Pelo y Pela, cubren la cabeza y forman las cejas, que con las pestañas protegen los ojos, y los oídos tienen pelos en las entradas.
Y Orúnmila le dijo a la cabeza: «La suerte de Oyeku-Iwori siempre está en la calle, por eso tú te encontraste en la calle lo que te faltaba».
6.La deuda de los dos gallos colorados a Shangó
En la tierra Oyeku-Iwori vivía un hombre que le debía dos gallos colorados a Shangó y no se los pagaba. Shangó fue a aquel pueblo a cobrárselos, pero fue en vano, porque el hombre siguió sin pagar. Shangó se quedó en el pueblo disfrazado, y el tiempo pasaba sin que el hombre saldara su deuda.
Un día Shangó decidió cobrársela: se dirigió al cementerio del pueblo disfrazado de sepulturero y, valiéndose de sus condiciones y conocimientos, arengó a los muertos contra el pueblo de Oyeku-Iwori. Los muertos empezaron a hacer de las suyas, y la gente comenzó a enfermarse y a morirse. Les dieron comida a los Santos y se seguían muriendo; les dieron comida a los muertos y la situación tampoco mejoraba, y la gente andaba como loca, sin saber qué hacer.
Hubo un hombre que se dio cuenta de que algo anormal ocurría y fue a casa de Orúnmila, quien le hizo osode, le vio este Ifá y le dijo que buscara entre ellos quién tenía una deuda con Shangó, para que así acabara la mortandad. El hombre reunió a la gente del pueblo y preguntó quién le debía algo a Shangó. Uno respondió que él, pero que Shangó no le había dado lo que le pidió. Le insistieron en que de todos modos pagara lo que debía, para que cesara la mortandad; pero el hombre no pagó, y al poco tiempo cayó en cama y murió.
Cuando el que había ido a casa de Orúnmila vio que ya sólo quedaban unos pocos, propuso que ellos mismos pagaran la deuda del muerto para quitarse aquel arrastre, y la gente le pagó a Shangó para salvarse. Entonces Shangó recogió a los muertos, se quitó el disfraz de sepulturero, se puso el del diablo y desapareció.
7.Cuando Olofin mandó a buscar a Shangó
Olofin mandó a buscar a Shangó en dos ocasiones, pero Shangó no acudió. Entonces Olofin llamó a Orúnmila para que le hiciera osode; Orúnmila se lo realizó, le vio este Ifá, Oyeku-Iwori, y le marcó ebó con gallo, frijoles negros, ají picante, jutía y pescado ahumado y maíz tostado, para que resolviera su problema, indicándole ponerlo en la puerta de la persona que deseaba ver.
Olofin hizo el ebó y lo mandó a colocar delante de la casa de Shangó. Al ver aquel ebó en su puerta, Shangó se enfureció, pues comprendió que sólo Olofin podía haberle hecho aquello, y comenzó a mandar rayos sobre la Tierra.
8.La tragedia de los muertos
En una tierra vivía un hombre cuyo hijo estaba muy enfermo, y él imploró diciendo que, si su hijo se curaba, le daría un carnero a Shangó. Shangó, que andaba de camino por aquellos lugares y llevaba muchos días sin comer, oyó la súplica del padre desesperado y decidió quedarse allí, pensando que tendría su comida segura.
Desde el día de la súplica, el padre notó que su hijo mejoraba por momentos, hasta ponerse bien en pocos días; pero se olvidó de la promesa. Indignado por aquel incumplimiento, pues él sí había curado al muchacho sin recibir nada a cambio, Shangó se fue al cementerio, donde a los Eguns ni siquiera les ponían flores, y les dijo que ellos estaban allí abandonados mientras la gente del pueblo disfrutaba de todo en abundancia, y que fueran ellos también a disfrutar de todo aquello.
Así fue. Pero al mezclarse los Eguns con los vivos, la gente empezó a sentirse mal: unos se enfermaban, otros se caían solos, y todo el pueblo cayó en distintas contrariedades. Uno, desesperado, fue a mirarse a casa del Awó del pueblo, quien le vio en el osode Oyeku-Iwori: tragedia por un muerto (Eyo lese Egun). El Awó le marcó ebó y rogación de cabeza (Ko-Bori); así lo hizo y al poco tiempo mejoró su situación. Otros, al ver su cambio y enterarse de que había ido a casa del Awó, fueron también y resolvieron sus problemas.
Esto llegó a oídos del padre del muchacho, que tenía a su mujer y a sus otros hijos en mala situación y todos los caminos cerrados. Fue a verse con el Awó, quien le vio en el osode Oyeku-Iwori: tragedia por un Santo (Eyo intori Osha Shangó), y le dijo que tenía que darle un gallo a Ikú en el cementerio, en un hueco. Shangó, con anterioridad, había ido a casa del Awó y le había contado que alguien del pueblo le había ofrecido de comer si curaba a su hijo, que él había cumplido curándolo y el hombre no, y que por lo tanto lo había sentenciado.
El hombre, quizás porque esta vez había visto que los demás resolvían, buscó el gallo y fue a darlo en el patio de su casa, donde había visto el hueco, que Shangó había preparado de antemano. Al ir a dar el gallo, resbaló en la orilla del hueco y cayó, se golpeó la cabeza con una piedra y murió.
9.La adivinación para los pájaros y los animales
Oyeku Bi Iwori fue un adivino famoso en el cielo, que hacía adivinación a todos los mortales, a los pájaros, a los animales y a sus semejantes. Celebraba distintos encuentros en distintas ocasiones, empezando por los pájaros, especialmente los brujos de la noche, y las reuniones se hacían siempre en su casa. El convocador de las reuniones de los pájaros era un pájaro llamado Saaro, que desde entonces mantuvo el papel de convocar los encuentros de las aves. Después, Oyeku Bi Iwori organizaba también los encuentros de los animales del bosque, y el cerdo de arbusto (Tupu) fue elegido convocador de los mamíferos. En cada reunión de pájaros y mamíferos se usaba la adivinación para conocer las maquinaciones diabólicas de sus enemigos.
Mientras tanto, Ogún decidió cultivar la amistad de Oyeku Bi Iwori como estrategia para acaparar todos los animales, pues como cazador no gozaba de buen renombre, y contaba con la ayuda de Orúnmila para recibir regularmente los sacrificios que hacían sus posibles víctimas. Un día, Ogún confesó sus intenciones de celebrar un festival anual y especificó los animales que necesitaba cazar para los sacrificios de la celebración. Oyeku Biri le preguntó qué tenía en mente y cuáles eran los pájaros y mamíferos que requería como víctimas, y resultó que eran precisamente los dos convocadores; pero Ogún no sabía cómo encontrarlos en su medio. Oyeku Biri le dijo que eso no era problema: en la próxima reunión de los pájaros, si escuchaba dos veces «Silu silu eye oribo», debía presentarse, pues era la señal de que el convocador de las aves estaba allí; y si escuchaba «Ode yo opaa eemona eron igbofo», era la señal de que el convocador de los mamíferos se hallaba en el lugar. Cuando Ogún preguntó por la fecha exacta del próximo encuentro, le indicó que sería dentro de 17 días (Itadogún).
Pero Orúnmila no tenía intención de traicionar a sus clientes, y aconsejó al convocador de los pájaros y al de los mamíferos hacer sacrificio con un chivo a Eshu y cavar un refugio a la altura de sus rodillas en el lugar de la reunión. Así lo hicieron, y el día señalado ambos cumplieron lo acordado. Cuando Ogún escuchó la señal, se presentó en el lugar y encontró allí a Oyeku Biri solo, quien le dijo que por primera vez Saaro, el convocador, parecía no haber logrado reunir a todos, y lo invitó a sentarse y participar. Ogún ignoraba que los pájaros y los mamíferos celebraban su concilio justamente debajo de donde él se había sentado. Tan pronto se sentó, comenzó a sentir un fuego, una calentura que subía, hasta el punto de que todos los animales corrieron a ponerse a salvo. Más tarde, una rata llamada Uyengben en Benin se puso a disfrutar de aquel escenario cantando: «Eese mi bona mee ku».
Al ver a todos los animales corriendo, Ogún decidió perseguirlos, sin lograr éxito. Desde entonces comenzó a cazarlos siguiendo sus rastros, y así es como hasta hoy los cazadores usan todos los medios de cacería para los mamíferos y los pájaros.
10.La adivinación para las doscientas divinidades
Él les profetizó a las 200 divinidades antes de venir al mundo, advirtiéndoles de hacer sacrificio para poder eludir o escapar de los riesgos que todas tendrían en su tiempo en el bosque. Se les aconsejó realizarlo con un chivo a Eshu, para que cuando amenazaran las grandes lluvias —el Diluvio— pudieran continuar su viaje sin parar y sin enfermarse, resguardándose en el camino. Orúnmila fue la única divinidad que hizo el sacrificio.
Las divinidades se pusieron en marcha hacia la tierra por disposición de los dioses y, como no habían hecho los sacrificios, Eshu se apostó a esperar en el intermedio entre el cielo y la tierra. Tan pronto se situó a la vista de todas ellas en la distancia, destapó el tapón del cielo para que empezara a llover de manera torrencial. Era tan fuerte la lluvia que cada una de las divinidades empezó a guarecerse en distintos puntos del camino, con la esperanza de que dejara de llover.
Orúnmila se detuvo un momento en casa de Egungun, quien le ofreció buena hospitalidad y lo persuadía de quedarse hasta que terminara de llover; pero Orúnmila insistió en proseguir su viaje, y Egungun le dio una capa para cubrirse la cabeza de la lluvia, mientras los demás preferían seguir guarecidos. A Orúnmila le dieron un gran recibimiento sus hijos, que esperaban su llegada, y le entregaron ropas nuevas para cubrir su cuerpo. Mientras ellos se asentaban sobre la tierra, los otros seguían detenidos, sin opción alguna, en distintas partes del camino por la lluvia constante, que duró tres años.
Cuando por fin dejó de llover, Ogún consideró que no había referencia para continuar el camino y se conformó con su destartalada residencia en las afueras, y los demás tomaron decisiones parecidas. Cuando a Orúnmila le preguntaban por las demás divinidades, respondía que se encontraban guarecidas de la lluvia en distintos puntos del camino hacia la tierra. Por eso, hasta el día de hoy, los sacrificios a todas las divinidades deben darse fuera de la casa, en matojos, arbustos y lugares distantes, siendo Orúnmila la única divinidad que puede ser adorada y vista dentro de la casa.
11.Oyeku Biri y la preparación de su viaje a la Tierra
Él hizo adivinación para Otiton u Otiku. La última preparación que Otiton hizo antes de partir a la tierra fue rendirle homenaje a Olokun con un gallo, una paloma, cascarilla, nueces blancas de kolá y plumas de loro, pagando tributos al dios para obtener bendiciones divinas, y ofreciendo finalmente un conejo, 7 huevos, una gallina y telas blancas, rojas y negras para los Ancianos de la Noche, además de un chivo para Eshu.
Olokun le aseguró a Otiton que le serviría y lo apoyaría ante todas las divinidades y sus semejanzas humanas, y que nunca le faltaría nada, pero que no debía olvidarlo. Otiton le prometió eterna gratitud. Al llegar al mundo, su vida estaba virtualmente vacía; pero, gracias al sacrificio hecho en el cielo, todas las divinidades y los habitantes de la tierra comenzaron a enviarle ropas, comidas y otros utensilios para su uso. De ahí viene que no existieran almacenes en la tierra y que los alimentos se enviaran diariamente.
12.La adivinación para Olaleye
Olaleye era bueno haciendo hombres, pero no podía hacer hijos. Un día su esposa iba a abandonar el lugar donde vivían para buscar su salvación en otro, y Olaleye, ante el miedo de quedarse solo, decidió irse al bosque a quitarse la vida. Al internarse en la maleza comenzó a llorar, pidiéndole al cielo todas las cosas buenas de su vida, aunque sin manifestar el deseo de tener hijos, y le lloraba a su Ángel de la Guarda que lo devolviera al cielo para hacer peticiones nuevas y poder tenerlos. Siguió llorando hasta la ribera del río, donde pensaba ahogarse y acabar con su vida.
Al llegar al río, tal como pidió llorando en su última súplica, escuchó una voz que le decía que su destino no era tener hijos, y que regresara a casa para visitar al Awó Oyeku Biri. Después de mucho caminar se sentó a descansar y a pensar qué haría. Antes de alejarse del río oyó una voz fuerte que le anunciaba que iba a tener 18 hijos y que cada una de sus esposas tendría hijos si seguía los consejos del Awó Oyeku Biri, Babalawo Olaleye Toule shawo lode Igboti. Olaleye vivía en el pueblo de Igboti. Al llegar a una casa, narró sus experiencias al rey del pueblo, que por aquellos días tenía visitas en la corte. Después de escucharlo, el rey le preguntó dónde podía encontrarse a ese Awó, y Olaleye respondió que era un rastro difícil de seguir. El visitante le pidió que repitiera el nombre, y comentó que sonaba parecido a Oyeku Biwori; el Awó entonces tiró su ókpele para verificar la veracidad de lo contado por Olaleye, y apareció el odu Oyeku Bi Iwori.
Quedó confirmado que la historia de Olaleye no sólo era correcta, sino que incluía el llanto por sus hijos antes de convertirse en su gloria, y que el nombre de su primer hijo sería Ekundayo, «el llanto que se convirtió en alegría». El Awó le preguntó si tenía seis esposas y él respondió que sí, y le indicó hacer sacrificio con bastante Ekrú, Ekó, 18 conejos, 18 caracoles, 18 garrotes, 18 cauríes, 8 bolsas de dinero, semilla de asho eni y los materiales usados en la estera.
Olaleye esparció las semillas de Asho Eni en la maleza y se fue a su casa a prepararse para el sacrificio. Después del sacrificio, sus seis esposas comenzaron a quedar embarazadas al mes siguiente, y una tras otra fueron pariendo antes de que Oyeku Bi Iwori se fuera para Ife y regresara. Antes de que sus esposas dieran a luz, las semillas esparcidas en el bosque se convirtieron en plantaciones muy frondosas; por eso la primera estera preparada en la tierra yoruba se hizo en el pueblo de Igboti, usando el Asho Eni para fabricar esteras y venderlas. La familia de Olaleye se hizo excesivamente rica; él tuvo 18 hijos en total y no le preocupaba alimentarlos.
13.La adivinación para la paloma
Oyeku Biri adivinó Ifá para la paloma y predijo que sería muy prolija, pero que para eso tendría que hacer sacrificio: 200 cuentas de collar y dinero. Ella escuchó, realizó el sacrificio y se convirtió en paridora. El oráculo de Ifá adivinó también para el palomo y se le pidió que ofreciera sacrificio; el palomo lo realizó y tuvo muchos hijos.
14.La adivinación para el pene
Oyeku-awo-omode, Iwori-awo-agbalagba, adivinó Ifá para el pene (Oromina) cuando iba a tener una batalla en el pueblo de Ajatiri. Se le dijo que no debía penetrar si fallaba en realizar el sacrificio. Él escuchó, realizó el sacrificio y después penetró. Oromina es el nombre que le damos al pene (Okó).
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.
↑Sigue estudiando
Los 16 odù de la familia de Oyeku
Oyeku Bara (Oyeku Palaba) · Oyeku Ika (Oyeku Bika) · Oyeku Irete (Oyeku Birete) · Oyeku Iroso (Oyeku Biroso) · Oyeku Odi (Oyeku Di) · Oyeku Ofun (Oyeku Bedura) · Oyeku Ogbe (Oyeku Nilogbe) · Oyeku Ogunda (Oyeku Tekunda) · Oyeku Ojuani (Oyeku Wani) · Oyeku Okana (Oyeku Pelekan) · Oyeku Osa (Oyeku Rikusa) · Oyeku Oshe (Oyeku Pakioshe) · Oyeku Otrupon (Oyeku Batrupon) · Oyeku Otura (Oyeku Tesia) · Oyekun Meji (Babá Oyeku Meji)
