Tarde o temprano, algún olorisha joven le pregunta a su mayor en voz baja: si el caracol se lee nada más que hasta el doce, ¿para qué se tiran dieciséis? Para que las cuatro letras de arriba también puedan caer. Con doce caracoles, el italero nunca sabría cuándo a alguien le toca ir al pie de Orula. Metanlá, Merinlá, Marunlá y Merindiloggún no están en la estera de Osha para leerse. Están para avisar.
Yo soy babalawo y no tiro caracol; más abajo te explico la razón. Escribo desde Ifá pensando en dos lectores: el que tira caracol, para que sepa dónde pisa, y el awó, para que respete una estera que no es la suya.
Qué hay sobre la estera
El Diloggún son dieciséis caracoles a los que se les abre la parte de atrás, de modo que al caer enseñen la boca natural o la espalda. Cuántos queden boca arriba marca la letra: con uno sale Okana, con dos Eyioko, y así hasta el dieciséis. Cada Orisha que se asienta tiene su propio juego. Los caracoles que sobran se ponen aparte mientras se tira: son los adelé, los que se quedan a un lado cuidando. El de Eleguá lleva veintiún caracoles, de los que se usan dieciséis, y Ogún recibe el suyo después, en otra ceremonia. Lo general de la consulta lo tienes en qué es la consulta con el Diloggún.
Una norma que todo italero debe saber de memoria: mientras un Orisha no haya comido animal de cuatro patas, su caracol se queda mudo. La excepción es Eleguá, cuyo caracol come cuatro patas al nacer. Por lo mismo es falso que darle aves a un Orisha haga hablar su caracol. No hay pluma que valga.
Con los caracoles van los igbos, también llamados iboké: una piedrecita oscura, un caracol alargado distinto a los del juego, una bolita de cascarilla, una cabecita de muñeca que representa al consultado, una semilla de guacalote y un huesito. El consultado cierra uno en cada puño, y según la letra caída el italero pide una mano. Lo que aparece en ella dice si la letra viene por bien o por mal, o si la respuesta es sí o no. La mano no la escoge el que lee; la pide la letra.
La estera, que es mesa y cama del Orisha, no se pisa calzado, y nadie se consulta borracho. Antes de tirar se pide permiso con la Moyugba, y antes de que caiga el primer caracol el italero dice «Orisha are o» y los presentes contestan «Adashé». Así queda claro quién juzga allí: el Orisha, no el italero.
Las dieciséis letras, una por una
Solo las doce primeras tienen nombre propio; a partir de la trece se las llama por su número, y eso ya cuenta media historia. Cada letra tiene un padrino entre los Meyi de Ifá, que va entre paréntesis. Esto es lo poco que la tradición dejó por escrito; lo demás se aprende tirando, al lado de quien sabe.
- Uno, Okana (Okana Meyi). Hablan Eleguá, Ogún, Olofin e Ikú; si sale repetida, se refrescan los caracoles antes de seguir.
- Dos, Eyioko (Oyekun Meyi). Hablan los Ibeyi.
- Tres, Ogunda (Ogunda Meyi). Junto con Okana avisa de sangre y de pelea.
- Cuatro, Iroso (Iroso Meyi). Entre otras cosas, avisa de que la persona tiene que asentarse.
- Cinco, Oshe (Oshe Meyi). Letra de Oshún; habla de mudanzas y de ganarse a Oshún con ebó.
- Seis, Obara (Obara Meyi). Es nombre de Changó; advierte de engaños y de que toca recibir a Orula.
- Siete, Odi (Odi Meyi). Traición, males de estómago, lo perdido que vuelve.
- Ocho, Eyeunle (Eyiogbe). Su refrán: «un solo rey gobierna».
- Nueve, Osa (Osa Meyi). «Su mejor amigo es su peor enemigo»; avisa del fuego.
- Diez, Ofun (Ofun Meyi, el Meyi que en Ifá recibe el nombre de Orangun).
- Once, Ojuani (Ojuani Meyi). Hablan los muertos; sus procedimientos se hacen aunque salga detrás.
- Doce, Eyilá Shebora (Otrupon Meyi). La letra de Changó y la última que lee el olorisha.
- Trece, Metanlá (Irete Meyi). La de Babalú Ayé. Va a Ifá.
- Catorce, Merinlá (Ika Meyi). Va a Ifá.
- Quince, Marunlá (Iwori Meyi). Va a Ifá.
- Dieciséis, Merindiloggún (Otura Meyi). Va a Ifá.
Las letras se dividen también en mayores y menores, sin seguir el orden de los números. En la convención más extendida, las menores son la cinco, la seis, la siete, la nueve y la once; el resto son mayores. De eso depende qué mano se pide. La mayor puede hablar sola; la menor pide una segunda tirada que la acompañe. Si las dos dan la misma letra, es Meyi: esa letra pesa mucho en la persona, que tiene que ser muy cumplidora.
La convención cambia de una casa a otra. Okana es el caso más claro: casi todos la cuentan mayor, pero hay quien la trata como menor. También varía si la mayor habla sola o si siempre se tira dos veces. Pregunta cuál es la regla de tu casa y no mezcles dos en una misma estera. Lo que no tiene defensa es cambiar de regla según convenga.
¿De dónde les vienen esos padrinos? Lo cuenta un patakí. Murió el padre de los dieciséis caracoles, y los hijos heredaron su poder, pero no su sabiduría: hablaban y los Orishas no les entendían. Fueron a casa de Orunmila, que les vio Ifá, les marcó ebó y a cada uno le preparó una jícara. Luego llegaron los Meyi, los hijos de Orunmila, y cada uno reconoció como ahijado al caracol que se le parecía y le dio de su sabiduría.
Mira lo que enseña este patakí. El caracol aprendió de Ifá a hablar, pero aprender de alguien no te convierte en su voz. El ahijado no es el padrino, y en la estera del caracol el que habla es el Orisha.
Que los Meyi apadrinen las letras del caracol lo cuenta Irete Ogunda, también llamado Irete Kután, el mismo Odu en que nace la consagración del oriaté. El oriaté como lector del Itá nace en Ojuani Iroso. Por qué el caracol se detiene en el doce lo explican Odi Obara e Irete Okana, y por qué el awó no tira caracol, Ogbe Ofun.
Por qué no se combina como en Ifá
Aquí nace una de las confusiones más repetidas hoy. En Ifá, el Odu es siempre doble: el ékuele cae entero, con sus dos patas. La letra del caracol es sencilla, y la segunda tirada no arma un Odu nuevo; solo busca la letra que acompaña a la primera. Por eso se dice «Odi tonti Osa», dos letras que conversan sin que ninguna pierda su voz, y no «Odi Osa», nombre de un Odu de Ifá. Manda la primera, y la segunda le cambia el rumbo a la conversación.
Por eso es un error leer el caracol con un tratado de Ifá, y los patakíes lo delatan. El del algodón, que dejó su ropa limpia en la loma para Obatalá, en el caracol sale en Eyeunle tonti Iroso; en Ifá vive en Osa Meyi. El canto en que Changó le echa candela a Ikú se canta en Eyilá cuando se tira caracol, y en Ifá es de Osa Meyi. La letra puede llevar el nombre de un Odu y aun así no habla igual. Cómo se forma un Odu doble lo explico en cómo piensa Ifá.
Hasta dónde lee el caracol: por qué se para en Eyilá
Hay que ser claros. Hasta Eyilá, el doce, lee el olorisha; de Metanlá para arriba, la persona va al pie de Ifá. Y no es un invento de los babalawos: está contado en los Odu.
Odi Obara lo cuenta así. Orunmila llevaba meses tratando a un hombre con una llaga en la pierna que ni mejoraba ni empeoraba, pero pagaba, y de eso vivía la casa. Un día Orunmila salió a consagrar ahijados y el hombre vino a buscarlo. Lo atendió Yemayá, su mujer: le miró la pierna, le mandó unas cataplasmas y la llaga se cerró. El hombre volvió con regalos para agradecérselo. Cuando Orunmila lo supo, le reprochó a Yemayá haber matado la gallina de los huevos de oro. Pero se quedó pensando, cogió unos caracoles y se los puso en la mano: desde ese día ella también miraría, aunque nada más que hasta Eyilá.
Lo que pase de Eyilá me lo mandas a mí.
Detente en esto. El don ya era de Yemayá: sanó lo que Orunmila llevaba meses sin sanar. Orunmila no le negó ese don; le dio el instrumento y le señaló hasta dónde llegaba. En esa frase cabe la doctrina entera.
Irete Okana añade otra razón. Babalú Ayé desobedecía a los mayores, vivía desordenado y acabó recogiendo todas las enfermedades contagiosas de su tierra. El pueblo dejó de hablarle y le cerró la voz en el caracol; como él hablaba en Metanlá, desde entonces el caracol se lee hasta Eyilá Shebora, para no recordarlo. Por eso en Cuba la trece es la letra de Babalú Ayé.
Y hay una razón de prudencia. Esas letras son calientes y lo que piden se resuelve con procedimientos de Ifá; quien no sabe hacerlos y aun así las habla expone a quien tiene delante. Mandar a la persona al pie de Orula no es papeleo: es conocer el alcance de la propia mano. Tampoco es costumbre exclusiva de Cuba; en tierra yoruba, la mayor parte de los sacerdotes de Orisha también paran en el doce.
Cuando alguien llega a Ifá con una de esas letras, nadie se la está quitando a su madrina. La responsabilidad sobre esa cabeza es compartida: Ifá mira, marca lo que haga falta y la persona regresa a su casa de Osha. La única excepción es el oriaté consagrado: dentro de una consagración de Osha, y solo ahí, puede hablar en el Itá las letras de arriba, con un babalawo al lado que complete y vigile los procedimientos. En consulta, nunca.
Se oye a menudo que «doce caracoles dan el mensaje y los otros cuatro dan los detalles». No es así. Se tiran los dieciséis juntos, la letra sale de contar los que caen boca arriba, y de la trece a la dieciséis no hay detalles: la persona se remite a Ifá. Tampoco es verdad que Merindiloggún sea «la máxima bendición de los Orishas»; es una letra que el olorisha no lee. Y la frontera no está en la trece, sino en Eyilá, como manda Odi Obara.
Por qué el babalawo no tira caracol
Ahora lo mío. En Ogbe Ofun, Omolú, que son los signos de Ifá, tiene un hijo, Adelé, que es el caracol. Adelé se creyó por encima de su padre. Orunmila no le quitó el oficio de hablar por los Orishas, pero lo mandó a reinar lejos, a la orilla del río, fuera de la tierra de Ifá. Desde entonces Ifá y caracol son parientes con casas separadas, y el awó, para no faltar a esa sentencia, no tira caracol.
La puerta también se cierra por el otro lado. En Oshe Meyi, Orunmila dejó dicho que con ikines no se hace santo y mandó a Oshún a pedirle el caracol a Yemayá. Y en Osa Iroso quedó sentado que el ángel de la guarda no lo determina el caracol, sino Ifá; por eso, en el Kariosha, determinar el ángel es una de las funciones del babalawo.
La mujer sí tira caracol, y la ética del que lee
Alguien me dirá que la mujer no debe tirar caracol porque se enferma. Eso es un mito. Ningún Odu le prohíbe a la mujer leer el Diloggún ni dirigir una ceremonia de Osha. En Odi Obara, Orunmila pone los caracoles en manos de Yemayá. Y en Okana Ogbe, que muchos conocen como Okana Sode, consta que fue Oshún quien enseñó el Diloggún a los Orishas, después de recibirlo de Orunmila. En Cuba, el caracol lo sostuvieron mujeres, y la iyalosha que se prepara lo tira sin que su salud sufra por ello.
Leer el caracol es llevar en la mano la palabra de un Orisha, y eso obliga. No se lee con un libro de Ifá ni se rebautiza una letra para buscarla en otro tratado. A nadie se le asusta con una letra fuerte: se dice lo que salió y se marca lo que lo resuelve, sin añadir un ebó que la letra no pidió. Si cae una letra alta, se manda a la persona a Ifá sin soberbia. Y lo que se habla en la estera no sale de ella: mira, oye y calla, dice Okana Ogbe.
Al babalawo también le toca lo suyo. Cuando el oriaté dirige una ceremonia de Osha, vamos a colaborar, no a mandar, y lo que salió en el Itá lo explican la madrina, el padrino o el oriaté de esa casa. Te lo digo como hermano: entrar en la estera del italero a enmendarle las letras no defiende a Ifá. Le falta a la sentencia de Ogbe Ofun.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa que salga opira en una consulta?
Opira es cuando los dieciséis caracoles caen boca abajo. Hay quien la cuenta como la letra diecisiete, pero no es letra: es el Orisha diciendo que no va a hablar. Opira no se le deja a nadie en su Itá. Se hacen los procedimientos que le tocan, apoyados en Okana Oyekun, y la persona va al pie de Ifá.
Si mi padrino era santero antes de hacer Ifá, ¿puede seguir tirándome el caracol?
No. Desde que un hombre se consagra en Ifá, no vuelve a tirar Diloggún. Lo que sabía del caracol lo conserva para aconsejar a sus ahijados, pero el caracol de ellos lo tira ahora una iyalosha o un babalosha de la casa. El Kariosha es otro asunto: le compete al oriaté, aunque un babalawo que estudió Osha está preparado para llevarlo, porque ahí manda el estudio.
¿Por qué la consulta diaria se hace con el caracol de Eleguá?
Porque es el único que habla sin esperar a nada. Los demás necesitan que su Orisha haya comido cuatro patas, y por eso al Itá solo van los de los santos que ya comieron. El de Eleguá come cuatro patas al nacer y desde entonces tiene voz.
Ifá y Diloggún son parientes, cada uno en su casa, con su manera de hablar y su frontera. Respetar el doce no le resta nada al olorisha, y no tirar caracol no le resta nada al babalawo. Los dos cumplen una sentencia de Orunmila, y gana quien se sienta en la estera cuando cada uno sabe hasta dónde le llega la mano.
Dice Ifá en Odi Obara: El perro tiene cuatro patas y solo coge un camino.
Si quieres seguir aprendiendo con orden, el oráculo de Osha y el de Ifá están explicados a fondo en la guía Camino a la Regla de Osha e Ifá, y en el sitio tienes el catálogo de los doscientos cincuenta y seis Odu.



