Antes de tirar el ékuele, el babalawo te toca la frente con él. Hay quien llega a la estera esperando oír la suerte de la semana, pero en un osode pasan muchas cosas antes de que la cadena toque el suelo, y todas tienen su razón. La primera está en un patakí.
Tres muchachos iban a nacer: el hijo de Ogún, el de Osain y el de Orunmila. Todo el que baja a la tierra pasa antes por la casa de Ayalá, que da forma a las cabezas, para escoger la suya, y a los tres les pidieron sacrificio antes de elegir. Dos se negaron, fiados en la fuerza de un padre y en los hechizos del otro. El hijo de Orunmila consultó: su padre le tocó la frente con el ékuele y los igbos, le hizo osode y salió Ogbe Ogunda, también llamado Ogbe Yono, que marcó ebó. El muchacho cumplió. Encontró a Ayalá preso por una deuda, la pagó con lo que llevaba para el sacrificio, y Ayalá, agradecido, le eligió una cabeza fuerte y próspera. Las cabezas hermosas que los otros escogieron a su gusto se las rompió la primera lluvia.
De Ogbe Ogunda viene la costumbre de tocarle la cabeza a la persona con el ékuele y los igbos antes de adivinarle. Por eso un osode, que es como llamamos en Ifá a la consulta, no adivina la suerte de un día: lee una cabeza y aquello que vino a buscar.
Antes de que caiga la cadena
El babalawo se sienta descalzo en la estera, que según Iwori Iroso es cama y mesa y no se pisa con zapatos, y lleva el gorro que nace en Ogbe Otura. Eshu queda a su derecha y Ozun a su izquierda. Delante tiene el agua en su jícara, los cuatro igbos, el ékuele o los ikines y la libreta.
Si viene una mujer, antes de nada se le pregunta si está menstruando. Si lo está, ese día no se sienta en la estera ni toca los instrumentos, y la consulta se deja para otro momento. Que nadie lo malinterprete: no tiene nada que ver con suciedad, porque la menstruación no es impura. Lo que se cuida es no llevar infertilidad a lo sagrado, y a quien ya dejó atrás la menopausia esa regla no la alcanza.
Después se abre la consulta, y aquí hay quien arranca directamente con la Moyugba y se salta dos pasos. Primero va el agua: Osa Ogunda cuenta que Ogún se libró de un calor que lo perseguía echando agua en la tierra y mojándose la cabeza, y Changó mandó empezar así todo saludo a los Orishas, a Eggun y a la tierra. Por eso el babalawo alza la jícara hacia Olodumare y luego vierte agua en el suelo. Después saluda a todos los Eggun, como manda Irete Osa. Solo entonces reza la Moyugba, donde le dice a Orunmila quién tiene delante: tu nombre completo, tu fecha de nacimiento y, si tienes mano de Orula, tu Odu.
La frente, la boca y lo que le cuentas en silencio
Terminada la Moyugba, te toca a ti. Con las manos juntas, ahuecadas como una copa, recibes el ékuele y los igbos. Los subes a la frente y pides la bendición de Olodumare, de los Orishas, de tu ángel de la guarda y de tus Eggun; los bajas a la boca y pides la de los vivos, desde tus padres hasta el babalawo que te atiende. Y ahí, callado, le cuentas a Orunmila lo que te pasa.
Detente en esto. Esas palabras quedan entre tú y Orunmila: el babalawo ni las escucha ni te pide que se las repitas. Luego te presenta el ékuele y los igbos en la frente, como enseña Ogbe Ogunda, pidiéndole agó, permiso, a tu cabeza antes de leerla, y después los muestra a los cuatro vientos, ya que los cuatro puntos cardinales del oráculo nacen en Ofun Oshe. Dice «Ifareo», que quiere decir que Ifá tiene juicio, y los presentes contestan «Adashé». Entonces tira, todavía sin entregarte los igbos.
Tres Odu y una mano cerrada
Lo que cae es el toyale, el Odu principal de tu consulta. Falta saber si te habla para bien o para mal, y para eso entran dos igbos: la otá, que ve el iré, el bien, y el oyú malú, que ve el osogbo, el mal. Te los dan; los bates tres veces, los separas sin mirar, uno en cada mano, y te quedas con los puños cerrados. Entonces el babalawo tira dos veces más y salen los dos testigos: Okuta Kula, la piedra de los detalles, y Tomala Benanshe, el que trae la noticia.
Ahora hay que decidir qué mano abres, y eso no lo decide el babalawo: lo deciden los testigos por su jerarquía, en el orden de los dieciséis Meyi, mirando solo la pata derecha del ékuele. El porqué está en Iroso Ogbe. Eshu quiso probarle a Orunmila que también sabía adivinar y le hizo una consulta leyendo la cadena al revés, de izquierda a derecha. Orunmila calló, y cuando Eshu se fue explicó que así se consulta a los del otro mundo, pero que en Ifá manda la pata derecha, porque la derecha es Ifá y la izquierda es Eshu, y la izquierda puede engañar.
La lógica se entiende rápido. Si la pata derecha del primer testigo es mayor, se pide la mano izquierda; si es mayor la del segundo, la derecha; si las dos son el mismo Odu, la izquierda. Un Meyi se impone a cualquier compuesto. Si el primer testigo es Eyiogbe, no se tira el segundo y se pide la izquierda. En mi casa, cuando Ofun Meyi sale de primer testigo, recibe el mismo trato que Eyiogbe; otras casas lo tratan por su lugar en la jerarquía y tiran el segundo. Cada casa responde por lo suyo.
Como la respuesta sale de tu puño cerrado, nadie puede inventarte un iré, un osogbo o un ángel de la guarda a su conveniencia. Los igbos te protegen, y quien te consulta sin ellos te quita esa protección.
Iré u osogbo: qué significa lo que salió en tu mano
Abres la mano que se pidió. Si en ella está la otá, tu consulta viene en iré: no se ve peligro y puedes estar tranquilo. Si está el oyú malú, viene en osogbo, que es una advertencia.
En iré, hay que saber cuál. Se empieza por los tres mayores: Iré Otonowá, que es el bien que baja del cielo; Iré Arikú, la vida larga; e Iré Ashegún Otá, la victoria sobre las dificultades. Si no es ninguno, el babalawo mira de qué habla el toyale y pregunta por el iré que mejor encaje. Después pregunta si es yale, firme, y si es tesi, seguro. Si cualquiera de esas dos respuestas es no, es kotoyale: no está asegurado y hay que trabajar para ganarlo.
En osogbo el trabajo es mayor, porque un osogbo puede costar una vida. Primero se pregunta por los tres grandes: Ikú, la muerte; Arun, la enfermedad; y Ofo, la pérdida. Si no es ninguno, se busca el que corresponde al toyale, como Eyo, la tragedia, u Ogú, la hechicería. Interesan también el intori, que es la causa, y el lowo, de mano de quién llega. Y no se olvida que cada osogbo es también una deidad, uno de los ajogun: a veces reparar el daño no alcanza y además hay que calmar a la fuerza que lo provoca.
Si sale Ikú, Arun u Ofo, lo primero es preguntar si viene otonowá, si está en tu destino. Esto asusta a muchos sin razón: no es una condena para mañana, sino un peligro que está en tu camino y que se vuelve riesgo si no lo atiendes. Osogbo es advertencia, no sentencia.
Pasado, presente y futuro: cómo se lee
Con eso ya están las piezas sobre la estera, pero falta lo más difícil: entender qué te dice Orunmila. Los mayores lo dejaron en una línea:
Ifá habla pasado, presente y futuro.
El toyale marca el presente, el efecto: lo que vives hoy. El primer testigo es el pasado, la causa que te trajo hasta aquí. El segundo es el futuro, la noticia: adónde va el asunto, sobre todo si no se hace nada. Causa, efecto y desenlace, como los eslabones de una cadena. Y dentro de cada Odu manda el camino: sabiendo por qué iré o por qué osogbo vino, sabes con qué patakí te habla Orunmila. Por eso el babalawo tiene que llevar los Odu memorizados.
Te pongo un ejemplo de escuela, que no es la consulta de nadie en concreto. Llega un hombre de unos cincuenta años: trabaja sin parar y el dinero no le cunde. Sale de toyale Ogbe Okana; de primer testigo, Otrupon Osa; de segundo, Osa Obara. En las patas derechas, Osa es mayor que Otrupon, así que se pide la derecha. La abre y tiene el oyú malú: osogbo. Por Ikú dice que no; por Arun, que sí. ¿Es otonowá? No: no está en su destino, se lo ha ido buscando.
Ogbe Okana habla de enfermedades escondidas que salen de golpe y de congestión en el pecho, con la imagen de una montaña que se creía firme mientras el mar le iba comiendo la base. Ese es su presente: se siente de piedra y algo le va gastando la salud sin que lo note. Otrupon Osa dice que el trabajo sin orden ni buenos métodos acaba en tragedia, y habla de mal carácter y de males del pecho: esa es la causa. Osa Obara dice que la enfermedad está encima pero el enfermo se salva, y advierte que la guerra que se da por acabada puede volver más fuerte: ese es el desenlace.
Al preguntar por Eggun sale que sí: un difunto de su familia pide atención, y en Osa Obara precisamente el que salva es un Eggun. ¿Qué se le dice? Que vino por el dinero, pero Orunmila le habla de su salud, y sin eso lo demás no se arregla. Que se revise el pecho con el médico cuanto antes, aunque se vea fuerte. Que ponga en orden el trabajo y el carácter, cumpla el ebó marcado y atienda a su Eggun. Y que, al mejorar, no vuelva a las andadas: si se cura a medias, lo que regresa es peor.
Lo que puedes esperar al final: el consejo y el ebó
Lo que se atiende antes que nada es el osogbo. Si viniste por dinero y sale enfermedad o muerte, el babalawo trabaja con lo que habló Ifá, no con lo que querías oír. De poco sirve una obra para conseguir trabajo si Ifá avisa de Ikú, y muchas veces ese mal es justo lo que tiene trancado todo lo demás.
Después se pregunta qué deidad te ayuda: Orunmila, que es quien habla; tu ángel de la guarda, que te protege; Eleguá, que abre y cierra los caminos; y luego los Orishas que señorean en tu toyale. Si alguno pide algo, se va de lo sencillo a lo complejo. A veces un sarayeye, una limpieza, es toda la solución, y Eyiogbe enseña que marcar de más se castiga.
Cuando se marca el ebó, se te explica para qué es, porque no todos van al dinero: los hay para apartar la muerte o la enfermedad, para vencer a los enemigos o para dar estabilidad. Quien hace uno contra la enfermedad no debe contar con que al otro día le llueva el dinero, y decírselo es deber del sacerdote. Y si Ifá habla de enfermedad, se va al médico: la estera acompaña al tratamiento, no lo reemplaza.
Nadie tendría que salir de un registro corriente con una consagración marcada: lo que un tratado diga sobre recibir un Orisha orienta para cuando llegue la hora, no es mercancía para ese día. Tampoco se asusta con la muerte. Oyekun Iwori advierte que, si a una embarazada le sale algo así, se le hace su ebó sin explicarle el porqué, porque el susto le puede costar la criatura. Y lo que pasa en la estera no sale de ella: Osa Oshe enseña que los secretos no se divulgan, y Oyekun Iwori, que el babalawo no anda repitiendo lo que oye ni contando lo que ve.
«¿Se puede hacer una consulta de Ifá por internet?» No. Un osode necesita tu frente, tu boca, los igbos en tus manos y la mano que abres delante del babalawo, y eso solo se hace en persona. Desde lejos, solo en una urgencia de verdad: tu padrino le consulta a Orunmila qué se puede hacer por ti, algo provisional que te sostenga hasta que llegues a la estera. Eso es una emergencia; lo demás es negocio.
Preguntas frecuentes
¿El babalawo escucha lo que le cuento a Orunmila?
No. Lo que le pides y le cuentas a Orunmila con el ékuele y los igbos en la boca es cosa tuya y de él. El babalawo no lo oye ni te pregunta qué dijiste, y lo que Ifá responda después sale de los Odu que cayeron y de la mano que abriste.
¿Qué quiere decir que un osogbo esté en mi destino?
Que ese peligro forma parte de tu camino y que el riesgo existe si no te atiendes. No es una condena para mañana. Si sale Ikú otonowá, ya se sabe la causa y la mano: está en el destino y viene del cielo. Y Ifá no se queda en anunciar el peligro: da la solución por medio del ebó.
¿Puedo hacerle a Ifá una pregunta de sí o no?
Puedes, pero Orunmila nunca responde con un sí seco ni con un no seco: su respuesta es «sí, pero» o «no, pero», y lo que va detrás del pero lo dicen los Odu que cayeron. Okana Ogbe, también llamado Okana Sode, enseña que no se pregunta lo que ya se sabe. Si el asunto es hondo, vale más un registro completo.
Toda consulta repite el patakí de Ogbe Ogunda: alguien que llega buscando su cabeza, un babalawo que se la toca antes de tirar y un consejo que, cumplido, endereza el camino. Las reglas y los igbos sirven para que el mensaje llegue completo y nadie lo tuerza, tampoco el que lo lee. Al cerrarse el registro, lo que salió en tu mano y lo que se te marcó quedan entre tú, Orunmila y tu babalawo. Ese silencio tiene su Odu: Ofun Ojuani, al que también se conoce como Ofun Funi.
Dice Ifá en Ofun Ojuani: Todo lo que oye no se puede decir.
Si quieres seguir aprendiendo cómo piensa Ifá, en esta web tienes el catálogo de los doscientos cincuenta y seis Odu y la guía Camino a la Regla de Osha e Ifá, donde explico paso a paso el oficio del sacerdote.



