Collares, guerreros y Olokun: las primeras entregas y quién entrega qué

Collares, guerreros y Olokun (ilustración de Ofún Oshé)

Antes, los guerreros no entraban en una casa metidos en una bolsa. Venían en una canasta, y el padrino y los mayores los paseaban por cada habitación, cantando y rezando, hasta dejarlos junto a la puerta. Todo terminaba con una frase en lucumí, «Eshu Ilé wá»: Eshu está en nuestra casa. Recibir un Orisha es abrirle la puerta de tu casa a alguien, y esa puerta no se le abre a nadie de cualquier manera.

Lo primero que uno recibe son los collares y los guerreros; más adelante pueden llegar Olokun, Oduduwa u Orisha Oko. De la mano de Orula hablo aparte, en la mano de Orula vista desde el oficiante.

Qué va primero: lo decide la casa, no un Odu

¿Van antes los collares, los guerreros o la mano de Orula? Ningún Odu de Ifá lo dice; lo decide cada casa. Hay casas que empiezan por los elekes y casas que no los dan hasta que la persona tiene su mano y sus guerreros. Eso sí: quien empieza por los collares no debe tardar en buscar su mano de Orula, porque ahí Ifá le determina el ángel de la guarda.

Y hay dos reglas que valen en cualquier casa. La primera: nadie da lo que no tiene. La segunda: lo que se recibe lo marca Ifá, y también el momento. Es en esta segunda donde más se abusa, y a ella vuelvo al final.

Los collares: un eleke tiene que nacer

Los elekes, o ilekes, son los collares de fundamento de Osha, y cada uno representa con sus colores a un Orisha. Lo habitual son cinco: Eleguá, rojo y negro; Obatalá, todo blanco; Changó, rojo y blanco; Yemayá, azul y blanco; Oshún, amarillo y blanco. Algunas casas dan cuatro, porque el de Eleguá va con los guerreros. Son collares genéricos: cuando la persona se corone, sus collares seguirán el camino de sus propios Orishas.

Los entrega el olorisha, porque es una ceremonia de Osha y así se respeta. Un babalawo puede acompañar ese día, siempre como invitado: ni dirige la ceremonia, ni reza, ni pone las manos.

Por qué el hilo es de algodón

Antes de colgárselo a nadie, un collar tiene que nacer. Varios olorishas lo lavan en omiero, cada uno a su turno, y después el collar come: recibe el sacrificio que le toca. Por eso el hilo ha de ser de algodón o de otra fibra natural, nunca de nailon: tiene que empaparse del omiero y de la sangre, que son los que le dan vida. Una persona sola en su sala, con una palangana, no está haciendo una ceremonia de elekes.

Error frecuente

Entregar collares que se lavaron en omiero pero nunca comieron. Hay quien se ahorra el sacrificio y cobra como si lo hubiera hecho. Ese collar no nació, y ponérselo a alguien es como no haber hecho nada.

Cómo se reciben

La persona llega con una ropa que no piensa volver a ponerse, y se la rompen; luego se baña con omiero y, ya de blanco, recibe una rogación de cabeza que la refresca. Después se arrodilla en la estera y recibe los collares de uno en uno, cada cual con su rezo y el canto de su Orisha.

Los collares se dan para llevarlos. Si los vas a tener guardados en el bolsillo, envueltos en un pañuelo, no los recibas. Del cuidado diario hablo en qué son los collares y cómo se cuidan.

Los guerreros: Eleguá, Ogún, Ochosi y Ozun

Eleguá, Ogún, Ochosi y Ozun forman los Ajagun, los guerreros, y su trabajo es defender la casa y a la persona. Para los cuatro rige la misma norma, los dé un babalawo o un olorisha: los guerreros no se ponen en la cabeza de nadie. Uno los recibe para que lo cuiden, no para asentarlos.

En el canal de Ofún Oshé: No basta la fe: lo que todo religioso debe tener en casa

Los entregan el babalawo y el olorisha, y no son la misma cosa. El del babalawo es un Eshu de Ifá: lleva su carga, se monta conforme al Odu del que viene y se sella para que nadie vea su interior. El del olorisha es la otá de Orisha, sin esa carga, y es también un Eleguá verdadero.

Todo Eshu y todo Eleguá lleva una otá, y todo Eshu tiene nombre: quien te lo entrega debe decirte cómo se llama y de qué Odu viene, porque no todos comen lo mismo. Si no sabes cuál tienes, no sabes cómo atenderlo. Y que a Eleguá se le llame primero no lo convierte en el primero que come.

Ogún y Ochosi, siempre juntos

Ogún y Ochosi comparten el caldero de hierro de tres patas, y el porqué está en Ogunda Osa, también llamado Ogunda Masa. Ogún era el mejor con el machete, pero cazaba mal: en cuanto veía un venado se ponía a abrir monte, y con el ruido el animal se le escapaba. A Ochosi le pasaba lo contrario: lo alcanzaba con la flecha desde lejos, pero no podía meterse en la maleza a buscarlo. Los dos acudieron a Orunmila, hicieron ebó y salieron a llevarlo al pie de una mata. Ogún se sentó a descansar apoyado en un tronco, y Ochosi, que no lo vio, le dejó caer el ebó encima. Discutieron, se pidieron disculpas y, ya calmados, vieron pasar un venado: Ochosi lo flechó, Ogún abrió camino con el machete y llegaron juntos al animal. Entendieron que separados no eran nadie y fueron a casa de Orunmila a hacer su pacto.

Mira lo que enseña este patakí: lo que a uno le faltaba lo tenía el otro. Por eso Ogún no se entrega nunca sin Ochosi, y solo se separan si la persona es hija de Ochosi o si Ogún llega a recibir su collar y su caracol.

Ozun, el que nunca se cae

De los cuatro guerreros, Ozun es el menos explicado y el peor entendido. Es el vigilante de las cabezas, mensajero de Obatalá, de Olofin y de Orunmila. Vigila la cabeza, pero no es Orí. Ozun no lleva collar ni mano de caracol, no habla por el Diloggún, no baja a nadie y no se asienta.

Dónde nace

Lo cuenta Oyekun Oshe: allí Eshu le señaló a Orunmila, arriba de una loma, a Ozun, el que jamás podrá caerse. Ese Odu dice que nadie puede asentarlo y que, por mandato de Olodumare, es él quien se asienta sobre la cabeza de todos. Oyekun Iwori completa la enseñanza: a Ozun lo consagra el awó, y al hombre que Ifá señala como hijo de Ozun se le hace Ifá, no santo.

De ahí que Ozun sea deidad de Ifá y que su carga le corresponda al babalawo. Su copa va vacía al lavatorio, se lava por dentro y por fuera, y solo después recibe la carga, en un orden fijo y con un rezo para cada cosa que entra. Eso nace en Ika Iroso. Lo que lleva dentro se aprende en la estera, al lado del padrino. Meter en el omiero un Ozun ya armado, como se ve en algunos plantes, es un disparate.

Algunas cosas prácticas. Ozun vive de pie mientras su dueño viva. Se rocía con aguardiente, aunque haya quien lo niegue: eso nace en Obara Ogbe, también llamado Obara Bogbe. Al tirarle coco, el que está presente levanta del suelo el pie izquierdo.

Me preguntan

«Se me cayó el Ozun. ¿Me voy a morir?». No. Es un aviso, no una sentencia, y los avisos se atienden: se va enseguida al pie de Orunmila a ver con Ifá qué pasa. El procedimiento lo enseña Ogunda Iroso y lo hace el padrino, no el dueño; tú no lo abras, no lo arregles y no lo muevas de sitio. Para ese susto viene bien un refrán de Irete Iroso, también llamado Irete Lazo: «Ozun da vueltas, pero cae de pie».

Las otá se buscan, no se compran

Todo Orisha vive en una otá, y esa piedra no se escoge de una estantería. Hay que ir por ella al sitio que le toca a ese Orisha, ya sea monte, río, loma o mar, y allí se le pregunta. Las de Osha las busca el ahijado con su padrino o madrina de Osha, porque es oficio suyo; las de lo que viene por Ifá, con el padrino babalawo.

Con la de Eleguá, por ejemplo, el padrino va con el ahijado adonde pide el camino de ese Eleguá y le pregunta al oráculo por cada piedra que encuentra. Solo cuando dice que sí, la piedra recibe allí mismo lo suyo y va para la casa. Ese primer paso es el que muchos se saltan.

Por eso es una falta comprar las otá en una botánica: esa piedra nadie la buscó ni la preguntó, nadie sabe de dónde viene, y con ella el rito pierde su principio. Te lo digo como hermano: si quien te apadrina te manda a la botánica por las piedras, o te pide dinero para comprarlas, ahí se acaba esa relación. Busca otra casa.

Olokun, Oduduwa y Orisha Oko: quién entrega qué

Olokun

Olokun lo entregan Osha e Ifá, y las dos entregas son válidas. Si la persona tiene paso a Ifá, le conviene el de Ifá, porque mañana, ya babalawo, podrá atenderlo y también entregarlo. Si recibe el de Osha y luego hace Ifá, lo seguirá atendiendo igual; lo único que no podrá es entregarlo. Si lo suyo es Osha, cosa que pasa sobre todo con las mujeres, el de Osha es el indicado. Y para quien solo quiere adorarlo, cualquiera de las dos sirve.

Lo que no sirve es darlo porque salió en un registro. Hay Odu que tienen a Olokun en contra, y Ogbe Ogunda, también llamado Ogbe Yono, es el ejemplo clásico: en ese Odu, un hombre abusó de la confianza de Olokun, y fue Olokun quien acabó con él. Si una persona con ese Odu de verdad necesita a Olokun, primero se le hace una ceremonia particular para que Olokun la deje tranquila y la acompañe. Entregar Olokun sin conocer el Odu de la persona puede ser meterle en casa lo que la va a hundir.

Oduduwa

En mi casa, Oduduwa se recibe por Ifá. Algunas casas de Osha también lo entregan, y esa entrega se respeta: cada casa responde por lo suyo. Para nuestra tradición es parte de la creación, el que fundó la tierra, y es una deidad estricta: no se debe repartir «para la estabilidad» sin explicar lo que pide.

Hay que conocer también, antes de darlo, el ángel de la guarda de quien lo va a recibir. En Ogunda Ika, Changó y Yemayá se confabularon para quitarle la corona a Obaloran, hijo de Oduduwa, y Obaloran respondió persiguiendo a los hijos de los dos. Por eso un hijo de Changó o de Yemayá debe mirar con mucho cuidado de quién recibe Oduduwa, y no es el indicado para heredar el de un difunto.

Orisha Oko

Orisha Oko también lo entregan Osha e Ifá, y no se parecen por fuera. El de Osha lleva sus bueyes, un agregado simbólico que nació en Cuba; el de Ifá lleva la carga debajo y sus bastoncitos en una cazuela de barro. Para el olorisha cuenta de un modo especial: darle de comer a la tierra le toca a Ifá, y el olorisha accede a ella a través de Orisha Oko.

Las deidades exprés

Llenar a la gente de deidades se ha vuelto un negocio. Llega alguien con problemas, se le hace un registro y se va con Olokun, Oduduwa, Osain y todo lo que haga falta para «corregirle el destino». Pocas cosas dañan tanto, porque esa deidad puede no estar en el destino de esa persona, o hasta estar en su contra.

Hay que ser claros: lo que alguien recibe lo marca su Itá. Son contadísimos los Odu que le ordenan a un aleyo recibir una deidad en un registro, y en esos pocos casos lo normal es un Eshu o los guerreros. Okana Iroso enseña que antes de hacer o recibir algo se consulta a Orunmila o al ángel de la guarda, porque todo tiene su momento. Otura Irete va más allá: el propio awó debe preguntarle a Orunmila qué poder le toca recibir, porque hay poderes capaces de enfermarlo. Si hasta el babalawo tiene que preguntar, con más razón el aleyo.

Hay otra trampa: darle a quien solo tiene la mano de Orula deidades de Ifá, como Orun u Osain, prometiéndole que podrá trabajarlas. No podrá, porque no maneja oráculo, no da coco y no está consagrado para sacrificar. Trabajarlas le toca al babalawo; al aleyo se le dan, si su Itá lo pide, solo para adorarlas. Y por correo no se recibe ninguna deidad: el pacto con un Orisha lo sella la persona estando presente. Lo que llega en una caja por mensajería es un adorno.

Preguntas frecuentes

¿La entrega de los guerreros forma parte del Kariosha?

No. Mucha gente la cuenta entre los pasos de hacer santo, y no lo es. Es una ceremonia aparte y anterior: por Ifá lo habitual es darla junto con la mano de Orula, y por Osha se hace en una ceremonia propia. Lo que pasa en esos siete días lo cuento en los siete días del Kariosha.

¿Puede un babalawo entregar los collares?

No. Los elekes son una ceremonia de Osha y los da el olorisha. El babalawo puede acompañar ese día, pero en calidad de invitado, sin dirigir, sin rezar y sin poner las manos. Cada regla tiene su oficio, y respetarlo es parte de hacer bien las cosas.

¿Están incompletos unos guerreros entregados sin Ozun?

No. En Osha hay casas que dan Eleguá, Ogún y Ochosi sin Ozun, y no por eso esos guerreros están incompletos. En otras, quien entrega el Ozun es el olorisha, pero ese Ozun lo monta un babalawo, porque su carga es potestad del babalawo. Las dos costumbres merecen respeto. Lo que no tiene fundamento es hablar de «asentar Ozun» o tener ahijados coronados como hijos de Ozun.

Las primeras entregas son pocas, y es a propósito. Unos collares que comieron, unos guerreros con su nombre y su Odu, una otá que alguien salió a buscar y a la que se le preguntó: con eso arranca una vida religiosa. Quien se va de una casa cargado de Orishas sin que nadie se los explicara no va más protegido, sino con más obligaciones que no sabe cumplir. Recibe poco, recíbelo bien y aprende a atenderlo. El resto vendrá cuando Ifá lo diga.

Dice Ifá en Okana Iroso: El que mucho abarca, poco aprieta.

Si quieres seguir aprendiendo con orden, tienes la guía Camino a la Regla de Osha e Ifá.

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