Osain llegó tarde al reparto. Olofin andaba entregando los poderes del mundo, y para cuando Osain se enteró y salió a buscarlo, ya no quedaba nada. No era cosa nueva en él: vivía entretenido con sus palomas y sus tambores, y a cualquier mandado llegaba tarde. Aun así, Olofin le concedió el poder y el entendimiento de cada palo y de cada hierba, y advirtió a olorishas y babalawos de que, desde ese día, para usar uno u otra tendrían que contar con él.
El regalo no lo cambió. Siguió llegando tarde, los sacerdotes se quejaron y, cuando Olofin lo mandó a buscar, Osain tampoco se presentó. Olofin bajó entonces a la tierra con Ozun, maldijo a Osain y se marchó rezando hasta una ceiba, y al pie de ese árbol se puso a cantar. Osain oyó el canto, apareció al momento, se arrodilló ante Olofin y le juró que en adelante cumpliría a tiempo. Desde aquel día, cuando un olorisha o un awó lo llama, Osain responde.
Ese patakí es de Ofun Odi, y quien quiera entender el omiero tiene que empezar por ahí. Lo que sabemos de las plantas no nos pertenece: pertenece a Osain, y él atiende a quien lo llama como corresponde, rezándole y cantándole. Al que se mete en el monte a la brava, nadie le contesta.
Osain es la base de todo
Ojuani Otrupon enseña que la religión entera se apoya en Osain. Sin hierbas no se lava un collar, ni un Orisha, ni se hace un ebó, ni se asienta un santo. Quita a Osain y no queda nada en pie.
Ese mismo Odu cuenta cómo Osain y Orunmila quedaron unidos. Cuando los espíritus iban a bajar a la tierra, Osain era el único que venía desnudo, y ni Eggun ni los Orishas quisieron prestarle ropa. Le rogó a Orunmila que lo bajara a cuestas, y al final Orunmila abrió la boca y lo dejó meterse dentro de su cuerpo. Ya en la tierra, Osain no quería salir. Orunmila se hizo osode, le salió ese mismo Odu, hizo su ebó y, cantando, logró que Osain pasara de su cuerpo a su cazuela. Allí pactaron trabajar juntos.
Mira lo que enseña este patakí: ninguno se impone, y viven juntos porque el uno sin el otro no funciona. De ahí que en Irete Otura Orunmila reciba el ashé de Osain, y que en Iwori Obara, gracias a que Osain lo acogió, Orunmila deje el trabajo de la tierra para vivir de curar enfermos; ahí nace el cargo de Oluwo Osain. El babalawo es adivino y también médico, y lo de médico se lo debe a Osain.
Detrás de Osain está su madre, Igbo Were, el espíritu de la naturaleza del que habla Otura Obara. A él le tocó el conocimiento; a ella, el ashé que vuelve útil cada planta. Por eso Osain no toma partido: una hierba idéntica sana en unas manos y hace daño en otras. La ética no la pone la planta. La pone el sacerdote que la usa.
Osain como base de la religión y su pacto con Orunmila: Ojuani Otrupon. El entendimiento de los palos y las hierbas: Ofun Odi. El paso de su ashé a Orunmila: Irete Otura. El cargo de Oluwo Osain: Iwori Obara. El derecho que se paga al recoger: Ogbe Odi. Y el Odu que les quita a las hierbas la maldición de Obatalá: Irete Ogunda.
Quién es osainista y quién no
Osainista es el nombre que le damos a quien domina esta ciencia. Y hay que ser claros: recibir a Osain no convierte a nadie en osainista. Osainista te hacen el estudio y los años. Además de las plantas, tiene que conocer la fauna del monte y los minerales y sales con que trabaja, y saber dónde, cuándo y de qué lado de la mata se recoge cada cosa. Nuestros mayores lo comparan con Ifá: aprender Osain lleva lo mismo, o más. Tampoco todos los babalawos somos osainistas: el Odu de cada awó indica el rumbo de su sacerdocio, y a quien le sale Iroso Odi, por poner un caso, Ifá lo marca como recogedor de hierbas.
En Osha, el olorisha puede recibir a Osain, pero entregarlo no le corresponde: ese fundamento es potestad del babalawo. Distinto es «hacer Osain», que quiere decir preparar el omiero en el cuarto, y eso lo dirige el oriaté. Osainista puede serlo un hombre o una mujer. De la mujer se espera que llegue a la menopausia antes de recibir a Osain, y no porque se la tenga por impura: es la norma de no poner infertilidad en lo sagrado.
Cómo se recoge una hierba
La virtud de una planta empieza en el momento de arrancarla. Si se recoge mal, a la cazuela llegan hojas, pero Osain no llega. El osainista madruga y, como manda la tradición, no se detiene a saludar a nadie por el camino. Busca la hierba donde nace silvestre, porque Osain vive en el monte, no en el jardín. Antes de arrancar se reza y se le explica a la mata para qué se la lleva uno, y allí, en el monte, se le paga a Osain su derecho: monedas, maíz, caracoles. Ese derecho nace en Ogbe Odi. Hierba que no se rezó ni se pagó no trae la virtud que se fue a buscar, porque Osain se la niega.
«Las plantas duermen de noche», decían los viejos.
Por eso, como regla general, no se recoge pasadas las seis de la tarde, aunque de ciertas plantas hay partes que se van a buscar de noche a propósito. También pesan la fase de la luna, el día y el lado de la mata. El ejemplo de siempre es la maravilla: para los Orishas se recoge de día, más o menos hasta las cuatro de la tarde; de esa hora en adelante, para trabajar con Eggun. La misma planta, dos destinos, según el reloj.
Solo se recoge lo que hace falta, al monte nunca se le prende fuego, porque es la casa de los ancestros, y la ceiba se respeta: no cualquiera puede llevarse algo de ella.
«Si no tengo monte cerca, ¿puedo comprar las hierbas en la botánica?» Una hierba comprada no te dice cómo se recogió, para qué ni si alguien la rezó. Y hay vendedores que, si no tienen la que les pides, te despachan otra parecida. Para una consagración, lo correcto es que las recoja tu padrino o el osainista de la casa, o que al menos uno de ellos las identifique antes de ponerlas en la estera.
Qué hierbas van con cada Orisha
Cada Orisha tiene sus hierbas, pero no existe una lista única, y una hierba puede servir a varios Orishas mientras no sea eewó para ninguno. A Osain le pertenecen todas, y las principales son las que no dan fruto. Estas son algunas de las más comunes en nuestra tradición, con su nombre cubano; las tóxicas las dejo para más abajo:
- Eleguá: abrecamino, pendejera, rompezaragüey, curujey.
- Ogún: aguacate, almácigo, ponasí, albahaca morada.
- Obatalá: algodón, bledo blanco, atiponlá o tostón, almendro.
- Changó: mar pacífico, mangle colorado, jobo, álamo, quimbombó.
- Yemayá: verdolaga, cucaracha, prodigiosa, yagruma, malanga.
- Oshún: albahaca, girasol, flor de agua, abrecamino, botón de oro.
- Oyá: cordobán, yagruma, mar pacífico, caimitillo.
- Babalú Ayé: cundiamor, escoba amarga, apasote, caisimón.
- Orula: aguinaldo morado, mamey de Santo Domingo, piña de ratón.
Si tu lista no coincide con esta, no significa que alguna de las dos esté equivocada: las hierbas se aprenden en tu casa, de tu padrino, y antes de echar cualquiera al omiero se pregunta.
Qué es el omiero y cómo se «hace Osain»
El omiero es el agua sagrada de hierbas, mezclada con otras aguas y otros ingredientes. Con ella se lavan los Orishas, los collares y las herramientas, y también la cabeza de quien se inicia. El más completo es el del Kariosha, y lo dirige el oriaté. Yo soy babalawo y no lo dirijo, pero tengo la obligación de entenderlo.
Lo primero es Eggun: se le da coco. Después el oriaté pone la estera en el suelo con las hierbas encima y, delante, las cazuelas, cada una marcada con el número del Orisha que se va a lavar en ella. El olorisha más joven de consagración se arrodilla, les hace moyugba a las hierbas y se las pasa al oriaté; las rezan el oriaté, los olorishas, la oyubona y, al final, la madrina o el padrino. Luego empieza el ripiado: se quitan gajos y palitos hasta que solo queda la hoja, y la hoja se rompe con las manos dentro del agua. Mientras, canta el oriaté y responde el coro: primero a Eleguá, porque él abre, y después a Osain, más de treinta súyeres, con dos aguadores que echan el agua cuando el canto lo pide. Esos cantos se aprenden de oído, con las hierbas delante.
Después se sazonan las cazuelas en un orden fijo, y ese orden tiene su razón. Para la cazuela de Obatalá, la cascarilla se echa en un paso propio y antes del corojo, que para Obatalá es eewó. El melao entra solo en la cazuela de Yemayá: ella no toma miel de abeja, y el melao es su miel. Y lo último en entrar es el iyefá, el ashé de Orula: Ifá va al final. Luego se le da coco a Osain y, antes de lavar, el oriaté guarda omiero para los siete días que vienen y le da al iyawó un sorbo. Fíjate en eso: el iyawó bebe de ese omiero.
Del lado de Ifá hay un detalle. Irete Ogunda cuenta cómo Obatalá echó una maldición sobre las hierbas; de ahí que a ese Odu lo llamemos el exorcizador de las hierbas. Cuando al babalawo le toca poner el ashé de Orula, reza ese Odu, que les levanta la maldición, e Irete Otura, por el que el ashé de Osain pasa a Orunmila. Sin esos dos rezos, el omiero no está completo. El omiero de Ifá, el que se usa en la mano de Orula, es otra cosa: lo prepara un osainista con ewe de Ifá.
Lo que no entra en el omiero y las plantas que hacen daño
Nuestros mayores respetaban ciertas hierbas hasta el punto de no echarlas en un omiero de Osha. El cundiamor pertenece a los ritos arará de Babalú Ayé y a la atención de sus muertos, y no se echa salvo que haga verdadera falta. La escoba amarga, también de Babalú Ayé, solo entra si el ebó de entrada la pide. El peralejo, que en la religión se conoce como palo pierde rumbo, sería nefasto en un omiero. El anamú no se usa en el omiero del asiento, y el carey, la planta, no la tortuga, es de Oshún y tampoco entra en él, porque se dice que la enardece para la guerra.
Y ahora lo serio. Lo natural no es inofensivo, hermano. De la higuereta, una planta de lo más corriente en nuestra religión, sale un veneno de los más potentes que existen. Y acuérdate de lo que te dije: el iyawó bebe de ese omiero. Quien lo prepara está obligado a distinguir cuáles de las hierbas que tiene delante son venenosas; esas solo las maneja quien sabe hacerlo, con un cuidado extremo, y si en la casa no hay nadie así, se quedan fuera. Hay que conocerlas para respetarlas: la higuereta, el piñón botija, la tuatúa, la salvadera, la peonía, el paraíso, la campana, la maravilla y el seso vegetal. De algunas, unas pocas semillas pueden matar a una persona, y el paraíso y la maravilla son además abortivas.
Las reglas de mi casa son pocas y no se discuten. Ninguna de estas plantas se bebe ni se le da a beber a nadie por cuenta propia. Nunca. A una embarazada no se le da nada, ni para tomar ni para ponerse encima, que lleve una planta abortiva. Si alguien se intoxica, se avisa al médico, se le lleva a urgencias y con él va una muestra de la planta. Y cuando alguien llega enfermo a la estera, se le manda al médico.
Salir a buscar una hierba con su nombre escrito en un papel y conformarse con lo primero que te vendan bajo ese nombre. Usamos los nombres cubanos, y no siempre coinciden con los de tu país. El romerillo de nuestros omieros no tiene nada que ver con el romero de la cocina; hay un rompezaragüey legítimo y otro que la propia botánica cubana llama falso; la ceiba no es el iroko. Aprende a reconocer la planta y no solo a nombrarla. Y cuando dudes, no la eches.
Preguntas frecuentes
¿Recibir a Osain me convierte en osainista?
No. Una cosa es recibir el fundamento de Osain, que entrega el babalawo, y otra es ser osainista, que se logra con años de estudio al lado de quien sabe: las plantas, los animales del monte, los minerales, las horas, los rezos. Nuestros mayores dicen que cuesta tanto como aprender Ifá, o más.
¿Por qué no se recogen hierbas de noche?
Porque, como decían los viejos, las plantas duermen de noche. Por regla general no se recoge pasadas las seis de la tarde, salvo ciertas partes de algunas plantas que se buscan de noche adrede. La hora cambia incluso el destino de la hierba: la maravilla se recoge de día para los Orishas y, a partir de las cuatro, para trabajar con Eggun.
Si no encuentro romerillo, ¿puedo usar romero?
No. Son plantas distintas que solo se parecen en el nombre: el romerillo es una hierba silvestre y el romero, la aromática de cocina. Basta confundir dos nombres para echar a perder un omiero. Si no encuentras la hierba que toca, consulta a tu padrino antes de poner otra en su lugar.
A Osain, aprender a llegar a tiempo le costó una maldición de Olofin. Con el que quiere ser osainista pasa lo contrario: tiene prisa por llegar a un saber que pide años, y esa prisa la paga quien se lava con su omiero. Eso no se aprende en una tarde: se aprende yendo una y otra vez al monte, pidiendo permiso, pagando el derecho y regresando al año siguiente a la misma mata, de la mano de quien ya la conoce.
Dice Ifá en Ogbe Odi: El verdadero modo de no saber nada, es aprenderlo todo de un golpe.
Si quieres seguir aprendiendo con orden, la guía Camino a la Regla de Osha e Ifá explica a fondo el monte, el ebó y las consagraciones, y en la sección de Osha e Ifá tienes el resto de los artículos.



