Ika Rete
Ika Irete
«El pez muere por la boca».
Rezo de Ika Rete
Ika rete omo olushe irete oma ileke kiri kiri banla abaniye batitu. Eure, eyele lebo, kaferefun Shangó, Ogún ati Olofin. Kaferefun Yalode ati Olokun.
Ika rete omo oluche oma ileke kiri kiri banla abaniye batitu eure, eyele lebo, kaferefun Shangó. Ogún ati Olofin. Maferefun Yalorde ati Olokun.
Ika rete Ika eri Awó abile Ifá alomoba ori Shangó, Ifá okudo matumbao mafarawo kunsoba moni Ifá loshe eri ofinayeye Awó omonire Ifá odu layeo awobi ofoyu Awó Ifá lodun bifarun untefa Awó odara adele otun Awó otun ni adele osin Awó osin ashe wele shewele Ifá lodun komo laye oro kanshoko agba inle Ifá ona yeni Awó Ifá lodun bewa untefa lodafun Shangó kaferefun Orúnmila. Olokun ofo toshe adele kolaye.
Súyere de Ika Rete
«Shangó koya oni yonto eja eru gbogbo eru lope eja moba Shangó koya eni yonto».
«Shangó koya oni yonto eja eru gbogbo eru lofe lofe eja moba Shangó koya eni yonto».
En este odu nace
- El ataque de clancia.
- La ceremonia de atefar en que se desata a Orúnmila y se hace el recorrido por las 16 tierras.
- Rosa, la mayor de las Yemajá de la tierra ebagdo.
- Finawo, que es el hijo de Yemajá e Ika Rete, que trajo «Obe» a la tierra de Somugaga.
Descripción del odu Ika Rete
El tratado abre la descripción con la frase «Este es el Odu # del Orden Señorial de Ifá»: el número de orden viene truncado en el documento y no llega a completarse, de modo que se deja tal como aparece.
Aquí fue donde Ifá le indicó a Orúnmila que saliera a buscar ñame, lo salcochara y botara las cáscaras para la calle, para que de ese modo le llegara la suerte.
- Cuando se ve este Ifá el Awó le echa ewefa a Eshu-Elegba y bota para la calle, y al que llegue se le da de tomar el que quedó.
- Cuando se ve este Ifá hay que tocarse el pecho con el puño de la mano derecha.
- Este Ifá prende a las personas.
- Habla de infiltración pulmonar que se complica y se muere por hemotisis.
- La persona se otoku entre dos luces.
- Por intori arun no se da seguridad.
- Con una eku se limpia todos los días que marque Ifá en nombre de Oluo-Popo y de Agayú; después se suelta viva en la manigua.
- Aquí habla una Yemajá ibu maraiga, sincretizada con Santa María del Cervallón.
- Yemajá salió del mar para destruir la tierra awado.
- Ifá de cambios, de envidia, de personas que tratan con 2 caras.
- Ewe lamoye: no se puede decir secreto con que uno se salva, pues el enemigo oculto lo vence.
- La mujer se vuelve loca a consecuencia de un parto.
- Habla la caraira (el aura de cuello largo y blanco, que mientras ella no come las demás auras no se comen la carroña).
- Habla de enfermedad del corazón.
Hierbas del odu
- Lino de Oshún.
- Uva caleta.
- Acacia.
- Uva gomosa.
Dice Ifá en Ika Rete
- Ud. tiene un pesar o sentimiento que lo puede llevar a la muerte.
- Algunas veces le duele el pecho y se siente un viento o aire que le corre del pulmón al pecho y no le ha dado importancia; vaya inmediatamente al cardiólogo.
- Cuídese, no sea cosa que le dé un infarto.
- Échese el mundo en sus espaldas y viva apacible y tranquilo.
- Múdese lo más pronto posible de donde vive, o de lo contrario sus enemigos acabarán con Ud.
- Ud. puede caer en manos de la justicia.
- Está obsesado por un Egun que lo persigue, hasta inclusive vive con Ud.
- Cuídese la boca, pues en lo que Ud. está comiendo hay algo que le está haciendo daño aunque Ud. no se haya percatado de eso.
- A Ud. le vienen tres suertes.
- Ud. piensa mudarse o ir a algún lugar; no lo haga sin antes hacer ebbó.
- Ud. tiene que darle algo a Oshún o a Eshu-Elegba.
- Tres personas han de llegar a su casa con hambre y Ud. les dará de comer, porque esas personas le traerán suerte.
- Tenga cuidado con una enfermedad y páguele lo que Ud. le debe a los santos.
- Su enemigo vive frente a su casa, es una mujer colorada.
- Ud. está embarazada.
- No coma pescado hasta que no pasen siete días.
- Fíjese que a la hora de Ud. dar a luz va a ser un corre corre.
- Su padre está muerto.
- Múdese lejos de sus enemigos.
- En un trato que Ud. está pensando le van a negar un dinero.
- A Ud. lo van a convidar a una fiesta; tenga cuidado con lo que come y bebe.
- A Ud. lo quieren matar.
- Tenga cuidado, que la criatura está muerta, y para que la madre no muera tendrá que hacer rogación.
Refranes de Ika Rete
- El pez muere por la boca.
Patakíes del odu Ika Rete
1.Nace la ceremonia de desatar y limpiar a Ifá para atefar
En la tierra Ikaeri vivía Awó Ifá Lodun, a quien Olokun tenía amarrado porque no quería que le contara a la gente de aquella tierra las cosas que él hacía. En este punto el tratado se contradice: una versión afirma que a Awó Ifá Lodun no le habían hecho Ifá de pequeño y la otra dice que sí se lo habían hecho desde niño. Olokun se lo había llevado siendo un chiquitico desde la casa de su padrino, Awó Omonire, que vivía en la tierra Odu Layeo, tierra de Shangó, hasta su propia tierra, que era Ikaeri.
Aun así, Awó Ifá Lodun le adivinaba a todo el mundo por medio del ókpele, porque no sabía andar con los adele de Ifá: Olokun nunca quiso que lo aprendiera, y esa fue la razón por la que se lo llevó tan pequeño.
Un día Awó Omonire se hizo osode y se vio Ika Rete, que era el signo de su ahijado, y se dijo que hacía años que no lo veía y que el odu anunciaba que tenía dificultades con Olokun. Cogió dos gallinas y un akukó y se puso en camino hacia Ikaeri. El tratado difiere en el color de las aves: una versión las señala adie meji fun fun y la otra dice que eran negras. A mitad del camino se encontró con Shangó, le contó a dónde iba, y Shangó le dijo que iba con él, porque aunque el Awó viviera en Ikaeri había nacido en la tierra que él gobierna, Odu Layeo.
Al llegar fueron directo a ver a Olokun, que los recibió desconfiado, y cuando preguntaron por Awó Ifá Lodun les respondió que andaba por ahí, que no tenía casa fija y que andaba con su Ifá encima. Salieron a buscarlo y lo encontraron tirando el ókpele a mucha gente debajo de una mata de ewe ou, con muchos eya tuto a su lado, porque aquellas gentes eran pescadores y le pagaban con pescado. Cuando el joven Awó los reconoció se echó a llorar, les pidió la bendición y les contó el trabajo que pasaba para adivinar, aunque siempre lo hacía.
En eso Aye y Olokun tuvieron iña, Aye se fue de la casa de Olokun y este empezó a perder su riqueza. Aprovechando que los visitantes estaban en su tierra, salió a buscarlos y los encontró junto a Awó Ifá Lodun. Olokun pidió que lo consultaran con Ifá, pero con adele awerenifá. Awó Omonire le contestó que él no podía mirarlo, que para eso estaba allí su hijo, el mismo que Olokun le había pedido chiquitico para que fuera el Awó de su tierra. Olokun objetó que ese Awó no sabía andar con adele awerenifá y no podría resolverle el problema, y el padrino le respondió que sí sabía, que lo que pasaba era que lo tenía amarrado.
Entonces Shangó le dio el opón de Ifá y le dijo que sacara los adele tunde awerenifá que tenía y dijera:
A Awó Ifá Lodun le temblaron las manos porque tenía miedo, y Shangó le dijo que lo cogiera y lo adifalara para que se zafara. Le mandó a pasarlo por detrás de sí, de otun a osi, diciendo:
Y después de osi a otun, por detrás, diciendo:
Luego le fue enseñando, paso por paso, el resto de la limpieza:
Después le indicó echarlos en la igba y contarlos para saber lo que tenía:
Y en cada momento Awó Omonire respondía:
Shangó le mandó a limpiarse de nuevo, coger otra vez los adele y caminar las tierras que Ifá caminó para ser lo que es, tocándose las piernas de otun a osi:
Después contó de nuevo todos los adele y los cinco que le quedaron los restregó por el suelo, primero con owo otun y luego con owo osi, diciendo:
Y metió los cinco adele debajo de la estera, diciendo:
Entonces Awó Omonire le dijo a su omo que esperara, porque a aquella tierra le faltaba un secreto que se llama Ifayé Owo Dele. Cogió 16 dilogún, los ensartó en cuero de ounko de Elegba, los amarró y lo puso delante de la estera, y le mandó a poner uno de los adele allí. Después rezó y cantó:
Luego le dijo que moyugbara y atefara. A Olokun le salió Ika Rete, y el padrino le explicó que su gran problema era que aquella tierra necesitaba que la gente tuviera sus cosas de Ifá para que hubiera más suerte, y no solo adorar las otá que él tenía. Cogió adele de los que el mar botaba, junto con la arena, y le indicó a su ahijado que les echara añari, ekú y eya y los pusiera dentro del ebó que le iba a hacer a Olokun, dándole además las adie.
Mientras hacían el ebó, los tres se pusieron eya tuto keke en la leri, y al terminar lo echaron dentro del ebó y le dijeron a Olokun que lo llevara a onIka, es decir, al mar. Cuando Olokun regresó a su casa, Aye ya había vuelto con todas las riquezas, y desde entonces mandaba a todos sus hijos a casa de Awó Ifá Lodun para que recibieran lo que necesitaban: awofakan, ikofá y untefa ni Orúnmila. El padrino le dejó dicho que siempre tuviera sus ikinis con añari para la gente, y así aquella tierra progresó y Awó Ifá Lodun, omo Ika Rete, vivió con el apoyo de Olokun, de Shangó y de su babarinifá Awó Omonire.
Nota: a los adele se les quitan las plumas, se ponen en una igba con añari, ekú, eya y se le echa iyefá del ebbó, y se le da eyebale de adie meji y umbeboro con añari y las leri de adie. El eya keke se tiene con el ori en el leri mientras omubo; al cerrar se echa dentro del ebbó.
2.Nace el ataque de clancia
Yemajá vivía con Obatalá y quedó oboñu, y durante el tiempo del embarazo sufrió algunas alteraciones en su salud. El día que se le presentó el parto, Obatalá estaba comiendo pescado y al oír el grito que metió Yemajá se le atravesó una espina en la garganta.
Yemajá sufría mucho porque no podía parir y le comenzaron a dar violentas convulsiones, el ataque de clancia. Obatalá, tratando de ayudarla, se le destrabó la espina que tenía en la garganta, y después de mucho sufrimiento Yemajá logró parir a su hijo, quedando ella perturbada de sus facultades mentales. Obatalá le puso al niño el nombre de Inle.
A los dos días Yemajá cogió al hijo, salió corriendo de la casa dirigiéndose hacia la costa y, al llegar a un lugar pantanoso, se lanzó al mar junto con él. Allí vivía Abita, hija de Yemajá, que por ser muy fea vivía apartada del mundo; ella recogió al niño y lo crió, pero cuando este fue grande vivió maritalmente con ella.
Yemajá se quedó viviendo en el mar y cada vez que se acordaba de su pequeño hijo Inle le entraba un ataque de locura y salía furiosamente del mar a buscarlo, arrastrando con cuanto se encontraba en su camino.
Ataque de eclampsia puerperal: afección caracterizada por una serie de accesos convulsivos semejantes a los epilépticos, que ocurren en algunas embarazadas a términos o poco después del parto afectas de toxicosis dravídica.
3.La incrédula, la vendedora de hilos
Había una mujer que vendía hilos en la plaza y su negocio no andaba bien. Fue a mirarse con Orúnmila, le salió este Ifá y le ordenó hacer ebó para que su negocio prosperara, pero ella no lo hizo.
Había otro vendedor oyéndolo todo y, como también estaba mal, le pidió a Orúnmila que le hiciera a él ese mismo ebó. Orúnmila se lo hizo y su suerte mejoró.
4.Cuando Olofin no tenía paradero fijo
En la tierra mayekun enifa vivía Awó Ikawayate, que era omo Ika Rete y omo Ozain. Él siempre estaba limpiando a toda la gente de aquella tierra con ashó fun fun, opolopo ori y opolopo efun. Para hacerlo llamaba a Obatalá osha fun fun orolu, que le había enseñado ese secreto, y mientras limpiaba cantaba:
Pero la gente de esa tierra no lo consideraba, ni siquiera los demás Awoses, porque a pesar de ser omo Ozain usaba pocas ewes en su trabajo.
En aquella época Olofin no tenía paradero fijo, porque siempre andaba trasladándose de una tierra a otra para consagrar a los omofa. En todas partes le daban de comer, pero nadie se ocupaba de limpiarlo, y toda la sangre y las juju que llevaba pegadas encima le provocaban un mal olor por el que la gente no se le acercaba, sino solo por lo que les interesaba resolver, y después se alejaban de su lado por aquella suciedad. Por esa razón Olofin siempre estaba llorando y no paraba en ninguna tierra.
Un día en que iban a consagrar a un omofa en la tierra mayekun enifa, comenzaron a llamarlo:
Olofin oyó que lo llamaban y se puso en camino, pero cuando llegó era tan fuerte el mal olor que traía que todos los omofa se fueron y lo dejaron solo, por lo que salió llorando de allí.
Por el camino se encontró con Awó Ika Rete, que al reconocerlo se arrodilló ante él, le rindió moforibale y le dijo: agba kile olofin. Olofin le contestó: olofin aye agba yare Awó Ika rete. Entonces el Awó le habló claro: a usted, igual que a mí, nadie nos considera, pero a usted es porque nadie lo limpia; yo lo voy a bañar para que no tenga más ese olor desagradable. Y comenzó a llamar a Ozain:
Ozain se le presentó diciendo que traía todo lo que hacía falta para bañar a Olofin. Sacó de su apo, su bolsa de viaje, 16 ewes que tenían mucho olor y con ellas prepararon el omiero para el ebó misi. Después los dos comenzaron a bañarlo, pasándole ou porque tenía muy pegadas las juju y la eyerbale, y le cantaban:
Cuando terminaron de limpiarlo, Olorun comenzó a alumbrar, Olofin se puso muy contento, abrazó a Ozain y a Awó Ika Rete y los bendijo. El Awó recogió todo lo que le había quitado del cuerpo, lo enterró en un joro joro y se sentó a hacerle osode a Olofin, y salió Ika Rete de odu toyale.
Olofin dijo entonces que sus hijos en el mundo se estaban volviendo asieres, es decir, locos, y le pidió eyerbale de eyele fun fun meji para tocarse la leri, que lo bañara de nuevo y que colocara la leri del eya tuto sobre el ou con que lo había vuelto a bañar. Ozain le entregó eru, obi kolá, efun, obi edun, 16 itana y 16 atare, y Olofin le indicó que se pusiera esos ashé en su leri. Así lo hizo Awó Ika Rete, y cantó:
Olofin continuó diciéndole que lo dejara tres días, que al tercer día se fuera comiendo la eyele, que lo llevara todo a agba eri oke y que lo llamara, porque siempre lo acompañaría, pues él había sido quien lo bañó junto con Ozain. Y añadió que irían a la tierra mayekun enifa, porque allí sus hijos estaban asiere. El Awó le pidió que no fuera así, le untó opolopo ori y efun y lo vistió con el ashó fun fun que tenía. Se pusieron en camino tocando agogo y cantando:
Cuando llegaron fueron directo al igbodun de Ifá y vieron que todos estaban mal y cantaban:
Todos se pusieron de rodillas, asombrados de ver a Olofin tan limpio, y él les dijo que aquello solo lo habían hecho Awó Ikawayete Ika Rete y Ozain, y que de ahí en adelante en todo lo que se hiciera con él tenían que estar presentes los dos, porque eran los únicos que tenían valor para bañarlo y vestirlo. Desde entonces comenzaron a considerar a Awó Ikawayate, y por esto Olofin viste de ashó fun fun y lleva opolopo ori y efun.
5.Awó eya bomu, el Awó de los peces
Awó eya bomu, el pargo, al que la segunda versión del tratado llama Awó Ejá Boru, era el oba de los peces y al mismo tiempo la confianza de Shangó y de Yemajá. Vivía muy bien, porque lo mismo vivía en el mar que en la tierra, y todas las personas lo respetaban y le obedecían; pero eso era por la virtud que Shangó y Yemajá le habían dado. Así comenzó a tener mando entre los hombres y entre los demás peces.
Como siempre tenía mucho ire se fue poniendo soberbio, y llegó un momento en que ya no contaba con Shangó ni con Yemajá para hacer ciertas cosas. En aquella tierra vivía un Awó muy modesto, al que una versión llama abeya y la otra Adeyawo, que al oír hablar de la fama de Awó eya bomu se puso en camino para conocerlo. Cuando llegó lo encontró mandando a todos los habitantes de la tierra eya mogba, que era tierra de Shangó y que el Awó modesto ignoraba.
Al saber que aquel visitante era Awó de Orúnmila, Awó eya bomu lo retó a ver cuál de los dos sabía más Ifá. Se hizo osode a aquella tierra y se vio Ika Rete, y el Awó modesto habló Ifá delante de todos los presentes: «el pez muere por la boca». Les dijo que tenían que tratar de hablar lo menos posible y que tenían que hacerse ebó. Pero lo que Awó eya bomu deseaba era desmoralizarlo: se rió y le dijo a la gente que no tenían que hacer ese ebó. Entonces el Awó modesto salió a camino llamando a Shangó:
Por el camino se encontró con Shangó y le contó de la soberbia y la mala forma con que acababa de tratarlo. Shangó montó en cólera y fue hacia la tierra eya mogba; al llegar vio a Awó eya bomu rodeado de todos sus hijos y se le abalanzó para cogerlo, pero este, al verlo, se lanzó al mar y tras él se fueron sus hijos. En ese instante llegó Yemajá, que lo había visto todo, y al ver a Shangó tan molesto le dijo que esa era su casa y que ahí no lo podía matar.
Shangó le respondió que respetaba que viviera en la casa de Yemajá, pero que cuando saliera de ella sería para alimentar y salvar a la gente de la tierra, y para morir él. To iban Eshu-Elegba. Después repartió el jamo, los anzuelos, la pita y los demás enseres entre la gente y les dijo que con aquello lo cogerían a él y a sus hijos, pero para su propio beneficio. Y desde entonces los peces viven en el agua sin poder salir de ella, pues si lo hacen mueren.
Variante del mismo ebó en la segunda versión del tratado: 1 pescado fresco, gallo, jamo, 2 anzuelos, pita, soga, muchas telas, akete, agua de mar, jutía y pescado ahumado, maíz tostado, aguardiente, velas, cocos, miel, mucho dinero.
Ebó que el Awó modesto mandó a hacer dentro de la historia: akuko, anzuelos meji, fango del río, pita de pescar, jamo, vara, demás ingredientes.
6.El pez muere por la boca, el cazador de elefantes
Había una vez un hombre cuya fama de cazador de elefantes se había extendido por toda la selva. A tantos había logrado matar que exterminó a todos los que se encontraban a muchos soles de camino del poblado donde residía. Ese cazador era conocido por el nombre de ekege efon, que la segunda versión del tratado escribe ekogo efon, y la melancolía anidaba en su corazón desde el día en que tuvo que permanecer inactivo, fumando en su pipa a la sombra de los altos árboles y oyendo las historias que salían de las bocas sabias de los ancianos, porque no quedaba en toda aquella región un elefante al que dar muerte con sus afiladas flechas y su poderosa lanza, que arrinconadas se deterioraban en el lugar más oscuro de la casa.
Llegó el día en que decidió trasladarse a lejanas tierras en busca del placer morboso que le proporcionaba matar a tan grande y noble animal, fiel compañero del hombre en las guerras y en el trabajo. Después de mucho caminar se encontró con el rey de los elefantes, que estaba viejo y enfermo y remojaba su arrugada piel en las limpias aguas de un arroyo, y sin compasión alguna le dio alevosa muerte.
Sucedió que la madre del cazador había seguido a su hijo, y cuando lo encontró ambos se alojaron en una choza dentro de la profunda selva. Mientras tanto, la hija del rey de los elefantes, conocida por el nombre de irun lewe, conocedora de la perfidia y la crueldad de aquel cazador, juró vengar la muerte de su padre. Por la fuerza de su poder de transformación la joven elefanta se convirtió en una hermosa muchacha que, caminando días y noches por aquella inmensa selva, iba buscando noticias del paradero del despiadado cazador, hasta que al fin lo encontró sentado en la puerta de su choza pensando sin duda en la próxima cacería.
La muchacha le pidió albergue por una noche y él se lo concedió. Comenzaron a hablar y al poco rato ella le preguntó a qué se dedicaba, pues viviendo tan adentro de la selva seguro era cazador. Él, dominado por la vanidad y el orgullo, le contestó que era el cazador de elefantes más famoso del que se hubiera tenido noticia en el mundo, pues ninguno, por poderoso y fiero que fuera, se le había podido escapar. Ella comprendió que ese era el hombre a quien buscaba. Cuando él le preguntó qué hacía sola por aquellos lugares tan peligrosos, ella le contestó que había salido a camino con su padre, pero que un asesino lo mató sin darle tiempo a defenderse, y que ella pudo escapar porque el hombre no se dio cuenta de que estaba escondida entre la maleza, y que ahora estaba perdida y no sabía a dónde dirigirse.
Al día siguiente el cazador, enamorado, le propuso matrimonio, pues él también estaba solo y lo único que tenía era la compañía de su anciana madre. La joven aceptó y, aparentando estar muy feliz, comenzó a hacerle contar todo lo que de él se decía. El cazador le dijo que la llamaría ebano, por el color tan lindo de su piel.
La madre lo amonestó diciéndole que sabía que vivía solo y le hacía falta una mujer, pero que nadie jamás debe casarse sin antes conocer quién es en realidad el cónyuge con quien va a compartir su vida, y que esa mujer no tenía olor a persona, que sepa dios qué secreto tenía en su vida. Era tan intenso el deseo carnal que el cazador sentía por aquella desconocida que no oyó los consejos de su madre, y esa misma noche comenzaron a vivir en concubinato, con la promesa mutua de casarse en la primera aldea a la que llegaran.
Instalaron su habitación al lado de la alcoba de la madre, y antes de acostarse ella le preguntó cuál era ese poder tan grande que tenía, que sin ayuda ajena mataba elefantes salvajes como nadie lo había hecho antes, y que hasta al rey de los elefantes, sin que le hubiera hecho daño alguno, le había dado muerte sin que se diera cuenta de que un hombre se le encimaba. Él, embriagado de orgullo y de alcohol, le contestó que era muy sencillo: su poder consistía en la facultad de transformarse en cosas y animales distintos; cuando hería a un elefante con su poderosa lanza y este lo atacaba furioso con la trompa, se convertía en tronco de árbol, y si iba a golpear el tronco, se convertía en hojas. En eso oyó la voz de su madre que lo llamaba, y él le respondió molesto preguntándole por qué interrumpía desde la otra habitación y ordenándole que se durmiera. Y todo quedó en silencio.
Pasados algunos días, irun lewe, la que él llamaba ebano, le pidió de nuevo que continuara la historia inconclusa de su poder para matar elefantes, pues el deseo de venganza era cada vez más fuerte en el corazón y la mente de la desgraciada elefanta. El cazador continuó la narración: si descubría que el elefante era demasiado inteligente y severo, se transformaba en mosca y se posaba sobre él sin que pudiera herirlo con su furia, y lo demás ya era más fácil.
Corrió otra vez el tiempo sin que la infelicidad se interpusiera en el corazón del cazador. En una noche oscura, cuando aún la luna no había asomado plenamente en el cielo su bruñida cara y el bosque estaba sumido en impenetrable oscuridad, irun lewe huyó en silencio de la choza, como si sus pies fueran alas, se internó en lo profundo de la selva y retomó su verdadero ser de elefanta joven, hermosa y fuerte.
Al darse cuenta de la huida, el cazador corrió tras la fugitiva, triste y furioso, con su arco, sus flechas y su lanza. Cuando el sol volvió a encender el día, los hombres de la aldea más cercana que habían ido a trabajar a las tierras quedaron aterrados al ver sus cultivos deshechos por las huellas de un enorme elefante, y con la velocidad del viento fueron a buscarlo. Al saber para qué lo buscaban, el cazador se olvidó de la mujer fugitiva y, contento y orgulloso por la nueva oportunidad de lucir sus dotes de invencible cazador, pensó que la joven desaparecida regresaría a él al saber de su nueva hazaña.
Salió presuntuoso siguiendo las huellas, pero la elefanta, que lo esperaba emboscada, al verlo arremetió contra él sin darle tiempo a utilizar sus poderes. El cazador, atemorizado, se fue convirtiendo en troncos, en hojas y por último en mosca, y se puso a revolotear y a zumbar sobre la cabeza de la elefanta hasta que se posó sobre su cuello. Ella vio llegado el momento del triunfo y, dándose un fuerte golpe con la trompa en el lugar donde estaba posada la mosca, la derribó al suelo herida de muerte; poco a poco la mosca se fue convirtiendo en el cazador.
La elefanta llegó ante él y se transformó en la mujer, y él, al reconocer a su amada ebano, le dijo con débil voz que cómo era aquello posible. Ella le contestó que era la hija del rey de los elefantes al que asesinó a traición, sin darle tiempo a defenderse, y que ella lo había vengado. Y así murió el cazador.
7.Cómo Ika Rete venció a sus enemigos, «oba keletu»
Awó Ifárobi vivía en la tierra omodorun, era omo Shangó y omo Yemajá y siempre tenía las bendiciones de ellos. Todo lo que hacía le salía bien, por lo que tenía mucha fama, a tal punto que la gente decía que en toda aquella tierra no había otro Awó como él. También tenía muchos enemigos ocultos, que le hacían ikan ogu, por lo que siempre andaba con muchos malestares: a él le faltaba un secreto que en aquella tierra no se conocía, pues era de Oya, y ella se había separado de Shangó y de Yemajá y ahora andaba siempre acompañada por Oluo Popo.
Un día Awó Ifárobi se hizo osode y se vio Ika Rete, que le dijo que tenía que darle unyen al eggun de su iyare y una adie. Pero sus enemigos, los oba ogu, lo estaban esperando y le tenían preparada una leri de eggun para acabar con su vida. Cuando llegó a la puerta de inle yegua para darle la adie al eggun de su madre, sus enemigos sacaron aquella leri de eggun preparada con ogu, y él en ese instante cayó al suelo privado del conocimiento; allí lo dejaron moribundo.
Shangó y Yemajá no sabían nada de su hijo, que ya faltaba desde varios días de la tierra omodorun, y todos se pusieron a buscarlo. Oya y Oluo Popo, que nunca habían ido a esa tierra, pensaron que sería bueno conocerla y se pusieron en camino hacia ella. Oluo Popo, siempre que llegaba a una tierra, lo primero que hacía era visitar el ile yegua, pues allí vivía oba keletu, que era quien le daba la comida a yegua y además era okan nani de Oya.
Cuando llegaron al ile yegua de aquella tierra encontraron a Awó Ifárobi medio muerto en shilekun ile, con una leri de eggun a su lado. Lo cargaron y lo condujeron hacia el interior, encontraron un igui fun fun, mata de acacia o palo blanco, donde Oya lo recostó, le colocó al lado la leri de eggun, cogió la adie que el Awó llevaba dentro de su apo y comenzó a llamar a oba keletu:
Se presentó oba keletu, y Oya cogió las adie y se las dio a leri agba eggun y a la leri de Awó Ifárobi, cantando:
Entonces Awó Ifárobi se recuperó, y Oluo Popo cogió una etu y comenzó a limpiarlo cantando:
Después se comió la etu junto con oba keletu. Cuando el Awó se recuperó completamente partieron rumbo a su ile, y por el camino se encontraron con Shangó y Yemajá, que andaban buscando a su hijo. Al ver a sus padres, Awó Ifárobi se tiró al suelo, les dio moforibale, besó la tierra y les contó todo lo que le había sucedido. Shangó le dijo que iba a hacerle oparaldo: cogió eya tuto keke, le pintó Ika Rete, le puso ashó pupua, lo limpió con eso, puso igba meji con oti a su lado y con el osiadie shewerekuekue, el pollo jabao, le hizo el oparaldo cantando:
Después Oluo Popo lo bañó con omiero de ewe kankan, cogió de su ashé y del de Oya, lo ligó con el de su Ifá y le dijo que con eso sus enemigos no lo vencerían, y que con lo mismo con que lo quisieron destruir se salvaría. Sacó de su saco la leri agba eggun, la que sus enemigos habían preparado para destruirlo, y le echó eru, obi kolá, airá, raíz de igui fun fun, de aragba, de atori, atitán osi de inle yegua, es decir, tierra de la parte izquierda de la entrada del cementerio, ile de leri de aya, leri de ekú, ashó arae y ashó mesan. A esa leri agba eggun le dio unyen y le dijo que ese era el secreto que le faltaba, y que se llamaba oba keletu eggun olu aye.
Le indicó que la pusiera a vivir en el patio de su casa cubierta de ashó mesan, y que cada vez que se sintiera mal la llevara al ile yegua y, al pie de un igui fun fun, le diera adie a ese secreto desde su propia leri.
Entonces toda la gente de la tierra omodorun conoció los poderes de Oluo Popo y de Oya y dijeron que, aunque eran omo ni Shangó y omo ni Yemajá, siempre que los necesitaran adorarían a Oya y a Oluo Popo igual que lo hacía Awó Ifárobi, y que cada vez que necesitaran su ayuda los llamarían y ellos vendrían sin que Yemajá y Shangó se opusieran, porque fueron ellos quienes salvaron a su omo.
8.Cuando las hijas de Ogún no podían vivir con Orúnmila
Ogún tenía una hija que se llamaba Ogún Kueleto, la cual vendía hilos de todos los colores en la plaza, y su negocio últimamente no estaba bien, por lo que ella decidió ir a casa de Orúnmila. Él le vio Ika Rete y le dijo que le trajera todas sus herramientas de trabajo y los demás enseres del ebó. Como ella era Balogún, aunque era mujer, le llevó las mismas herramientas que usaba su padre Ogún.
Ella había oído decir que Orúnmila vivía muy bien, y cuando este comenzó a hacerle el ebó, al coger las herramientas, ella, que sabía andar con los hilos de colores, lo amarró bien, echó en una caja todo el dinero que Orúnmila tenía y se fue.
Como Orúnmila no podía moverse, empezó a pasar hambre. A los nueve días llegó Elegbara a su casa y, al verlo así, salió corriendo a buscar a Oshún. Al llegar, le dijeron a Orúnmila que el único que podía cortar esos hilos era Ogún, y fueron a buscarlo y lo emborracharon; entonces Elegbara cogió el cuchillo y cortó los hilos, y junto con los hilos cayeron las herramientas de Ogún.
Después Oshún le dio a Orúnmila una paloma pinta, un guineo y una codorniz, y este hizo sacrificio y le dio sangre de esos animales a Oshún junto con Ogún y los hilos. Todo lo echó en la cajita y lo mandó para la plaza junto con el ebó, devolviéndole a Ogún sus herramientas.
Elegbara y Oshún se encontraron en la plaza con Ogún y con Kueleto, que trató de esconderse, pero ellos le echaron maldición, shepé, y le dijeron que ninguna de sus hijas podría vivir con Orúnmila.
9.Donde nació el secreto de Finawo
En la tierra Osha Tobe vivía Awó Abebe Orun, que era hijo de Ogún y vivía con sus tres hermanos, que también eran Awoses y siempre trabajaban con él: Obe Mowa, Obe Mosi y Obe Moshé. Awó Abebe Orun era el que se encargaba de la comida de todos los Oshas cada vez que se consagraba a un hijo de Osha.
Él tenía un hijo llamado Awó Finawo, que era Ika Irete e hijo de Yemajá y de Awó Abebe Orun. Finawo siempre estaba adorando a Osha Somugaga, el Osha que su madre Yemajá le había enseñado, y a espaldas de su padre alimentaba su secreto con mucha sangre de carnero, cantando:
Allí llegaban Shangó y Yemajá y comenzaban a comer del carnero junto con Somugaga, y se ponían fuertes y contentos. Yemajá siempre tenía problemas con Awó Abebe Orun, porque ella le decía que era de la costa y no del monte adentro, que no fuera tanto al monte, que eso lo estaba perjudicando, pero él no le hacía caso.
Un día Awó Abebe Orun fue al monte a darle de comer a su padre Ogún y se le perdió el obe, el cuchillo. No lo encontraba, se le extravió el camino y no podía regresar a la tierra Osha Tobe. Todo el mundo lo extrañaba, pero como necesitaban matar para consagrar a los omo Osha, Yemajá les dijo que fueran a buscar a Awó Finawo, que era hijo suyo y de Awó Abebe Orun, y que sabía igual que su padre para matarle a todos los Oshas. Ellos se daban cuenta de que a la ceremonia le faltaba algo para que todo saliera bien.
Un día, haciéndose osode, Awó Finawo se vio este odu y se dijo que había que ir a buscar a Awó Abebe Orun, que estaba extraviado en el monte. Cogió un gallo, llevó a Obe Mosi, Obe Mowa y Obe Moshé a la entrada del monte, les dio el gallo y cantaba:
Los tres hermanos entraron al monte, encontraron a Awó Abebe Orun muy agotado, lo cargaron y lo llevaron para la tierra Osha Tobe. Cuando llegaron, él vio que ya era Awó Finawo quien mataba, y le dijo que de ahí en adelante él sería el que matara a todos los Oshas, pero que solo tendrían derecho al secreto los que fueran de la familia Somugaga; los demás solo harían ebó wonu, y él les haría el ebó de Osha Tobe, y así podría estar seguro en la tierra.
Entonces había que darle de comer a Somugaga, y Awó Abebe Orun le echó una bendición a Awó Finawo para que le matara a todos los Oshas, le puso el obe en la mano, le echó aguardiente y agua fresca y le cantaba:
Después le dio comida a Ogún y a Obe, cantando:
Con lo que todos los Oshas se ponían contentos, y les cortó la cabeza a los animales: «Oshuku shuku obi ama obe o». Entonces le dio coco a Obe junto con Ogún y rezó:
Después limpió a todo el mundo, guardó el obe y les dijo a todos los Oshas que solo tendrían derecho a él, en la tierra Osha Tobe, los hijos de Somugaga. Awó Abebe Orun se quedó con Obe Mosi, Obe Mowa y Obe Moshé, y le dijo a Awó Finawo que nunca un hijo de Ika Rete va al monte a hacer ceremonias con el cuchillo a gbogbo Osha. Así quedó tranquila aquella tierra, que era la tierra de Yemajá y de Ogún, por virtud del gran secreto de Finawo.
10.Cuando el cerdo perdió la vida por glotón
Al perro y al cerdo los encerraron juntos. Les echaban comida y el cerdo comía muy rápido y con mucha glotonería, de modo que el perro solo alcanzaba a comer los huesos que aquel dejaba.
Pasó cierto tiempo y en la letra del año salió Ika Rete, y había que darle de comer a Yemajá algo que le llamara la atención. El hacendado, que era Elegba, se dijo que Yemajá debía tener los mismos gustos que su hijo Inle, que come perro, y decidió darle a Omi Tusin, que era como se llamaba el perro en aquella tierra, y se fue con Ogún y con Orúnmila al corral.
Cuando llegaron vieron que Omi Tusin estaba tan flaco que, si le daban eso a Yemajá, ella se iba a poner brava. Entonces Orúnmila vio que Imado, que era como se llamaba el cerdo en aquella tierra, estaba tan gordo y cebado que le llamó la atención, y le dijo a Elegba que dejara a Omi Tusin y cogiera a Imado, que Yemajá lo iba a agradecer mejor.
Así cogieron al cerdo para que Ogún se lo matara a Yemajá, y de ese modo perdió la vida por glotón.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.
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Los 16 odù de la familia de Ika
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