Oko, ọkọ, ọkọ́ y okó. A un oído que habla español le suenan casi iguales. Para un yoruba son cuatro cosas: el campo, el marido, el azadón y el miembro del hombre. Cambia la vocal, que se abre o se cierra, o cambia la altura de la voz, y cambia todo. Cuando tú dices Orisha Oko, nombras al dueño del campo que se siembra. Ese oko, y ningún otro.
Empiezo por ahí porque el religioso vive hablando una lengua que no aprendió en su casa. Pide permiso, saluda, nombra a sus muertos, reza y canta en lucumí, y casi siempre de oído. No hace falta hablar yoruba para oficiar, pero sí entender lo que dices en la estera. Rezar sin saber lo que se reza es como firmar un papel sin leerlo: a lo mejor dice lo correcto, pero el día que algo salga mal no sabrás dónde mirar.
Qué es el lucumí y cómo llegó hasta nosotros
En Cuba se llamó lucumí a la nación yoruba y a su idioma. Los yorubas que llegaron esclavizados trajeron sus Orishas, su Ifá y su lengua, que con las generaciones se dejó de hablar en la calle y se quedó en la estera. Por eso el lucumí de hoy no sirve para conversar: es lengua de culto, la de los rezos, los súyeres, los nombres de santo y la Moyugba.
Los viejos lucumí vivieron perseguidos. No se enseñaba a las claras, y al preguntón le respondían que oreja no pasa cabeza. Explicaban poco, pero lo que cantaban y rezaban lo guardaron completo. Por eso lo que heredaste en tus rezos vale, aunque nadie te lo haya traducido. Y si no lo entiendes, tienes un tesoro metido en una caja que no sabes abrir.
Alguien me dirá que Orunmila conoce todos los idiomas. Es cierto. Pero que él entienda cualquier lengua no te autoriza a hablarle mal la tuya.
Una lengua de tonos
El yoruba es tonal: la altura de cada sílaba forma parte de la palabra. En español, «casa» dicha aguda o grave sigue siendo casa. En yoruba, si mueves el tono, puedes decir otra cosa. Tres casos que vas a encontrar en la estera:
- Ilé e ilẹ̀. Ilé es la casa; ilẹ̀ es la tierra que pisas. Con «agó ilé» le pides permiso a la casa. El agua que echas al suelo antes de empezar se la das a ilẹ̀.
- Eyá, eyé y eyó. En boca cubana, eyá es el pescado y eyé, la sangre. Eyó, que en Cuba se usa para la tragedia, reúne en un solo sonido dos palabras yorubas distintas: la serpiente y el pleito que acaba en sentencia.
- Arayé y aroyé. Arayé es la gente de afuera que te quiere mal; aroyé es la querella. No es lo mismo un osogbo «a manos de arayé» que uno «a manos de aroyé», ni se atienden igual.
Detente en el último ejemplo. Un tono flojo en un saludo casi nunca cambia nada: el Orisha sabe quién le habla. Pero en la lectura de un Odu o en el nombre de un osogbo, una palabra confundida cambia el mensaje, y el mensaje es lo que la persona se lleva a su casa.
En Ifá se dice que en Obara Meyi nacieron la sabiduría y la lengua, y que en Oshe Tura nace el darle al Orisha el ashé de la palabra, la potestad de hablar. Lo que se dice en la estera no adorna la ceremonia: con la palabra se da ashé.
De Obara Meyi viene un patakí que todo religioso debería conocer. Olofin le encargó a Orunmila la mejor comida del mundo. Orunmila compró una lengua de vaca, la sazonó bien y todos comieron contentos, porque, le explicó, una lengua buena puede salvar a un hombre y hasta a un pueblo, y con ella se da el ashé. Después Olofin le pidió la peor comida del mundo, y Orunmila trajo otra lengua, sin sal y mal cocinada, que nadie pudo comer: con la lengua mala se puede perder el mundo. Olofin quedó convencido y le dio a Orunmila el gobierno de Ifá.
Mira lo que enseña. Las dos veces fue la misma lengua; cambió la forma de prepararla. Tus rezos son esa lengua de vaca: te llegaron heredados, y la fuerza que cargan depende de tu preparación, de que entiendas cada palabra y la pronuncies limpia.
Cómo suena en la estera
El lucumí que nos llegó es yoruba pasado por bocas cubanas. Hay sonidos que no existen en español y nuestros mayores los resolvieron a su manera. Por eso en la estera se dice Meyi y no Meji, y Eyiogbe y no Ejiogbe. Estas son las reglas que más te van a servir:
- La g es siempre dura: igi, el palo, se dice «iguí».
- El gb es un solo golpe de labios y garganta a la vez; en Cuba muchas veces se quedó en b, y gbogbo, «todos», se dice «bogbo».
- La j suena como y: Meji se dice Meyi, y ojú, los ojos, «oyú».
- La p yoruba es un golpe doble, como kp, y en Cuba se oye «ku»: pupa, rojo, se dice «pukua». De ahí que se escriba akpwon.
- La ṣ, con punto debajo, suena sh o ch: àṣẹ es «ashé». La h se aspira como una j suave, y la r es siempre suave, nunca rr.
- Cuando la y o la r van delante de una vocal nasal, la sílaba suena ñ o n: oyin, la miel, se dice «oñí»; eyin, el huevo, «eñí»; ọ̀run, el cielo, «onú».
Cuidado con la s y la ṣ. Ozun y Oshún se parecen al oído, pero son dos deidades: en yoruba el nombre de una lleva s y el de la otra ṣ, y el que las confunde puede llamar a quien no es. La última regla, además, te descifra algo que repites a diario: el «tonu» de ibae bayen tonu es ese ọ̀run, el cielo, en boca cubana.
Ahora bien, decir «bogbo», «Changó», «Meyi» u «oñí» no es equivocarse. Es la forma cubana, la que usaron nuestros mayores y la que nuestros Orishas reconocen. Conocer el origen yoruba sirve para comprender la palabra, nunca para sustituirla.
Los errores de sentido, que son los que más daño hacen
Hay fallos de comprensión, y son peores, porque el que los comete cree que dice lo que no dice.
Decir lo mismo dos veces. «Omi tutu fresco» es «agua fresca fresca», porque tutu ya quiere decir fresco. Pasa lo mismo con «obí omi tutu» al dar el coco. Se mezclan dos lenguas sin saber qué pone cada una.
Creer que «to iban Eshu» es «amén». Muchos patakíes cierran con esa fórmula y mucha gente la traduce como «así sea». No significa eso: significa «si así lo quiere Eshu», porque en sus manos está el camino del bien y del mal. Para «así sea» se dice «ashé o» o «ashé to».
Tomar «adifafún» por una alabanza. Adifafún Changó viene de «a dá Ifá fún», «se le hizo Ifá a». El rezo cuenta quién se consultó en ese camino, para que la persona sepa en qué espejo mirarse. No es un «viva Changó».
Usar «agó» como si fuera «hola». Agó es permiso. Se pide al entrar a un cuarto de santo o al pasar delante de un mayor. Al llegar a una casa se dice «agó ilé», permiso a la casa, y desde adentro se contesta «agó yá», tiene el paso. El que dice «agó» y entra sin esperar respuesta no ha pedido nada.
Rezar atropellado. Hay quien moyugba como si se le fuera la guagua, una ráfaga de sílabas que ni él mismo sabría separar, y cree que la velocidad prueba que domina el lucumí. Prueba lo contrario. Lo que se le dice a Olodumare, a los Eggun y a los Orishas tiene que salir claro. Lo que pides con la voz floja lo pides a medias.
Gramática mínima y frases que dices cada día
No necesitas conjugar verbos, sino reconocer las piezas que se repiten en los rezos. El orden es el del español: «mo dupé» es «yo agradezco». Bogbo es «todos» (bogbo Osha, bogbo Eggun), y el dueño va detrás de la cosa: Orí mi, mi cabeza; babá wa, nuestro padre.
Para negar se usa ko, y ko si es «no hay»: de ahí kosi ikú, kosi aro, kosi eyé, kosí ofó, que no haya muerte, ni enfermedad, ni sangre, ni deshonra. Para desear se usa kí, «que», y para prohibir, má, «no»; con esas dos piezas se entiende kinkamashé, «kí nǹkan má ṣe», que nada malo le toque. Unlo es «se va», como en Ikú unlo, y umbo, «viene». Y en la consulta de Ifá oirás lowo, «a manos de», e intori, «a causa de».
Con esas piezas, las frases de todos los días se abren solas:
- Moforibale: mo, yo; forí, con la cabeza; bale, toco el suelo. Es el saludo de humildad ante el Orisha y ante el mayor.
- Maferefún: alabanza y gratitud, «alabado sea», «gracias a». Va con el nombre del Orisha: Maferefún Yemayá. No quiere decir «me inclino ante»; el que se inclina es el que dice moforibale.
- Kinkamashé: es para los vivos, para que estén sanos y protegidos. Cuando en la Moyugba nombras a un mayor que vive, la añades tras su nombre.
- Ibae bayen tonu: mi saludo para ti y tu lugar entre los que están en el cielo. Acompaña el nombre de un muerto, y solo de un muerto. Nunca se le dice a un vivo.
Iború, Iboyá, Iboshishé
Este saludo tiene su historia en Ogunda Meyi. Olofin mandó prender a todos los babalawos. Ogunda Meyi, antes de ir, le dio de comer a su cabeza e hizo ebó con tres gallinas. Por el camino se cruzó con tres mujeres; cada una le dio un aviso de lo que le esperaba, y a cada una le regaló una gallina y le preguntó el nombre: Iború, Iboyá e Iboshishé. Delante de Olofin destapó el engaño, Olofin soltó a los awó presos, y Ogunda Meyi dejó dicho que desde ese día había que decir esos tres nombres.
Son, entonces, los nombres de las tres mujeres que salvaron a los awó, y nuestros mayores ven en ellos la raíz de ebó: que el sacrificio se ofrezca, se cumpla y se realice. No es «te saludo, te saludo, te saludo». Con él se saluda a Orunmila y al babalawo, y se dice completo.
Cómo estudiar el lucumí sin volverse un loro
El loro repite lo que oye y no sabe lo que dice. Salir de ahí no pide talento. Pide orden.
Empieza por lo tuyo. No por un diccionario, sino por lo que tú dices: la Moyugba de tu casa, los rezos de tu Orisha, el rezo del coco y, si eres awó, el de tu Odu. En una casa seria al awó nuevo no se le sienta a consultar hasta que dice su Moyugba y su rezo de corrido.
Primero el oído. Sonidos como el gb no se aprenden leyendo, sino oyendo a tus mayores y al akpwon y repitiendo despacio.
Después el sentido. Escribe tu rezo en la libreta tal como lo dice tu casa y, debajo, palabra por palabra, lo que tu padrino te explique. Donde nadie sepa decirte qué significa algo, deja la duda escrita como duda. No te inventes un significado para quedarte tranquilo.
El diccionario, para entender. Sirve para reconocer una raíz, no para rehacer el rezo que heredaste. Y cuando ya sabes lo que dices, dilo con calma. Nuestros mayores enseñan que las plegarias suben hasta Olofin empujadas por Otura Oshe; pero lo que se empuja tiene que salir bien dicho de tu boca.
Hay casas que han corregido sus rezos con la ortografía y la pronunciación del yoruba actual, convencidas de recuperar lo que se perdió en Cuba. Otras guardan cada sílaba intacta aunque ya nadie la sepa traducir. Nosotros conservamos el rezo tal como nos lo entregaron y estudiamos la lengua para comprenderlo. Cada casa responde por lo suyo.
Preguntas frecuentes
¿Tengo que aprender yoruba para ser un buen religioso?
No te hace falta conversar en yoruba ni pedir un café en una plaza de Oyó. Te hace falta comprender lo que pronuncias en la estera: la Moyugba, tus rezos y súyeres, las fórmulas del coco y de la consulta. Eso lleva años, y arranca con una pregunta sencilla a tu padrino sobre la primera palabra que se te escapa.
¿Está mal decir «bogbo» o «Changó» en lugar de la forma yoruba?
No. Es el lucumí como vive en Cuba, como lo dijeron los mayores que nos consagraron y como lo reconocen nuestros Orishas. Conocer la palabra yoruba de la que viene te ayuda a entender lo que dices, pero no es motivo para cambiar tus rezos. En mi casa se reza tal como se recibió, y se estudia para comprender.
¿Puedo decir «ibae» cuando saludo a un mayor vivo?
No. Ibae bayen tonu acompaña solo el nombre de un muerto: es el saludo que le desea su lugar entre los que están en el cielo. Para los vivos se dice kinkamashé, que pide que nada malo les toque. Basta saber qué significa cada fórmula para no confundirlas nunca en la Moyugba.
El lucumí es la herencia más frágil que tenemos. Los Orishas viven en sus soperas y los Odu en sus tratados, pero la lengua no tiene más casa que la boca de quien reza. Si quienes rezan hoy la repiten sin entenderla, los que vienen detrás la reciben gastada, y los siguientes ya no la reciben. Así que tienes dos deberes con ella: conservarla como te llegó y saber lo que dice. Aprende la lengua de tu casa, palabra por palabra, y dila completa.
Dice Ifá en Oyekun Ogunda: Oído que oye todas las lenguas, la cabeza trastorna.
Si quieres recorrer con orden el camino del aleyo al sacerdote, con sus palabras, sus rezos y el sentido de cada ceremonia, en la guía Camino a la Regla de Osha e Ifá lo tienes explicado de principio a fin.



