Se oye a menudo que una mano de Orula cabe en un día, que con el padrino basta o que una madre puede recibirla por su hijo. A las tres cosas respondo que no, y te lo explico desde mi lado de la estera, el del babalawo que oficia. Para quien recibe son tres días. Para nosotros empieza antes, al pie de una palma, porque los ikines no se compran: se recogen con su rezo, como enseña Eyiogbe, se prueban, y los que sirven se sazonan y van ante Changó. Si aún no tienes claro qué es la mano de Orula, empieza por ahí.
Dónde nace la mano de Orula
Hubo una tierra donde cada cual manejaba Ifá a su antojo: los que se decían awó consagraban como querían y adivinaban con piedras, y el rey lo toleraba porque su mujer era adivina. Orunmila reunió a aquellos awó, adivinó ante ellos con sus ikines y salió Okana Meyi. Todos pidieron ikines, y él les dijo que antes tenían que tener Awofakan. La reina preguntó qué tendrían las mujeres, y la respuesta fue el Ikofafun. Orunmila lo preparó, lo dejó siete días en el techo del palacio, arrodilló a todos y empezó por ellas. Desde entonces es lo primero que se recibe, antes de Ifá.
Mira lo que enseña este patakí. La mano vino a poner orden. Nació doble, la del hombre y la de la mujer, y las mujeres fueron las primeras, igual que en cada paso del plante. Y en Otrupon Adakino, Orula decreta que sin Awofakan nadie entra al Igbodú.
En Okana Meyi nace la Awofakan y se entrega por primera vez el Ikofafun. Pero una ceremonia no se sostiene con un solo Odu: cada paso de la mano tiene el suyo.
Lo que se decide antes de plantar
Siempre se pregunta. Por Ogunda Meyi, ser hijo de un Orisha no hace a nadie babalawo: eso lo decide Orunmila, igual que decide quién recibe Awofakan y quién Ikofá. Antes de dar una mano se le consulta a Orula, y a veces contesta que esa persona no es para ti, que dejará los santos o que traerá problemas a tu casa. Nadie está obligado a recibir, ni tú a ser siempre el padrino.
Tres awó como mínimo. En Irete Okana, dos le dan coco a Orunmila y el tercero lo despierta con el irofá, y el omiero tampoco sale con menos. Quien dirige tiene que tener cuchillo. Otura Ofun cuenta que un hombre, por no pagar a sus babalawos, le dio por su cuenta a su Ifá lo que le habían marcado, y no consiguió nada: Ifá no reconoce lo que se le hace a solas. Un ikin suelto es Ifá, pero no da un Odu.
Ocho por tablero. Por Ika Osa, Orunmila no recibe más de dieciséis gallinas en una ceremonia, y cada persona lleva dos. Con nueve hace falta un segundo tablero y otros tres awó.
No hay Awofakan sin Ikofá. Sin una mujer que reciba no hay plante. Ella toca la puerta, por Otura Obara, y sin ella los rezos de la entrada pierden su sentido. Del Ikofá, que nace en Odi Meyi, hablo en la mujer en el sacerdocio.
Cuántos ikines. Se repite que en la mano «se recibe un ikin», y no es así. El hombre recibe diecinueve: los dieciséis de Ifá y tres testigos, que forman los tres signos con que Ifá habla. La mujer recibe uno, su Olorí; dos si su Odu es Meyi, y tres o cinco si lo pide un Odu concreto. Otras tradiciones dan veintiuno al hombre y dieciséis a la mujer, y en su casa está bien; en la nuestra no se mezcla.
Tampoco es mano la de uno o dos awó ni la de un solo día: a quien se la hicieron así no se le repite, se le hace, porque lo que nunca existió no se repite. Ni la que acaba sin Itá o sin ebó, porque sin Itá no hay Odu, ángel ni consejo. Ni valen las excursiones en las que decenas reciben sin que se pregunte por ninguna.
El primer día: Eggun, el omiero y la puerta
El plante abre con coco a Eggun, para que los antepasados de quienes reciben conozcan el paso y lo bendigan. Lo da un awó que sepa de Eggun, de día y sin lluvia, y las mujeres presentes se ponen de espaldas cuando se tira el coco, por Irete Iwori. Siguen el sacrificio a Eggun, su oro y la limpieza de todos con cascarilla.
Después se prepara el Osain, el omiero del plante. Las hierbas son ewefá y las recoge un osainista. Unos rezos les quitan la maldición para entrar en la casa, por Irete Ogunda, y otros les pasan el ashé de Osain, por Irete Otura. No faltan bledo blanco, peregún, atiponlá y verdolaga, que Aroni le dio al awó de Ogbe Otrupon, también llamado Ogbe Tumako. Al final van la sazón y el carbón: en ese Odu, el tizón con que Aroni atacó a aquel awó cayó en el omiero, se apagó, y Aroni terminó pactando con él.
Entonces se toca la puerta, rito que nace en Otura Obara. Dentro, los awó restriegan los ikines de rodillas, cantando, por Ojuani Obara. Las mujeres que reciben llegan por edad, se arrodillan y tocan tres veces; desde dentro les preguntan quiénes son y qué buscan, y otro babalawo las guía al responder. El hombre no toca esa puerta: lo hace una única vez en la vida, al entrar al Igbodú de Ifá, y eso se desprende de Eyiogbe.
Luego viene el lavatorio, donde Orunmila se consagra con cantos de Osain y suyos; ahí se lavan los guerreros y la copa de Ozun entra vacía. Sigue el Awán Foguedé, que nace en Eyiogbe; por eso antes se dice entero el rezo con que abre ese Odu. En la puerta del cuarto se tiende una estera, y dos awó, con el Ikofá y el Awofakan en las manos, le echan agua a la persona en los ojos a la voz de «Oyú» y en la espalda a la de «Ofo», mientras besa la estera: que nunca deje de ver y que lo malo se le quede atrás.
Después se da coco a los guerreros y a Ozun, abriendo por Eleguá, al que se saluda primero; la sangre lleva otro orden, porque el cuchillo es de Ogún. Cada persona lleva a Orunmila dos gallinas, y el coco a Orula responde con un Odu que orienta la ceremonia. Luego viene el sacrificio, y cada uno se lleva omiero para bañarse, por lo general tres días.
El día del medio y el Ñangareo
El día del medio no es día de paseo. Quien recibe reposa, porque Orula ya nació para él y lo está mirando: nada de fiesta, bebida, peleas, relaciones sexuales ni velorios. Los awó trabajan: limpian los Orishas que comieron, hacen la rogación de cabeza a cada uno, dejan listo el kasheoro y preparan el saraekó, que pasa la noche ante Obatalá con dos velas, porque sin su ashé, dice Otura Meyi, no hay Ñangareo.
El tercer día, temprano y nunca pasado el mediodía, se hace el Ñangareo, que va antes de cualquier Itá. Saluda a Olorun, el sol, la parte de Olodumare que nos toca de cerca, y le avisa de que van a salir los signos del destino de unas personas. Nace en Otura Meyi: Changó halló en la tierra Imalé a una gente que vivía en paz y rezaba cada mañana alrededor de una jícara de saraekó; se la llevó, la asentó en tierra y arena, le dio coco a Olorun y a Eggun y fue a sus guerras. Beben todos, siempre las mujeres delante, y nadie desayuna antes: el Ñangareo es el desayuno.
Dar coco a Eggun la mañana del Itá. En el Ñangareo, por Otura Meyi, ya se le dio cuenta a Olofin y a Eggun; hacerlo aparte es darle coco dos veces.
El Itá, la ojugbona y la mesa
Los que reciben se arrodillan ante Orunmila: los dos awó mayores le dan coco y el tercero lo despierta con el irofá. El Itá va de uno en uno, empezando por la mujer mayor: sale el Odu y se ven sus testigos, si viene en iré u osogbo, quién lo defiende y, si no se conocía, el ángel de la guarda. Hablan los awó, los más jóvenes primero, porque cierra el que más sabe, y todo se anota en la libreta. Desde el toyale, la persona pisa con el dedo gordo del pie izquierdo el Afi Opa, un pedazo de coco lavado en el omiero, por el que Iponri, que vive en ese dedo, la comunica con la deidad que habla. Nace en Eyiogbe. Después van el kasheoro y un apayerú, que no eximen del ebó de tablero, el primero de su vida y obligatorio.
El Odu de la mano acompaña a la persona toda la vida y en nuestra tradición no cambia; cuando el hombre hace Ifá da un paso más, que no es cambiar sino llegar a lo ya escrito. En ese Itá se determina el ángel de la guarda, facultad de Ifá que nace en Osa Iroso. Y que el Odu marque paso a Ifá no lo garantiza: por Okana Iroso, para hacer Ifá se pregunta antes y el ángel tiene que consentir.
«No me gusta el Odu que me salió en la mano. ¿Se puede cambiar?» No. En otras tradiciones el signo se renueva con los años, y allí está bien. En la nuestra es tuyo para siempre. Solo cabría discutirlo si toda la ceremonia se hizo mal, y en ese caso no es que el Odu cambie, es que nunca valió. Eso no se decide de un vistazo en otra casa.
Antes del Idé se elige la ojugbona entre los awó del plante, y no es opcional. El cargo nace en Ofun Obara, donde un awó llamado a hacerle Ifá al hijo de Olofin nombró a un ayudante, al que llamó Oyugbona, para que ocupara su lugar si él faltaba: es el segundo padrino. Ella pone el Idé, nacido en Ogbe Ofun, y el ileke, nacido en Ojuani Meyi, y luego se entregan los Orishas, de Eshu a Orunmila.
La mesa cierra el plante, con su palangana: por Ofun Meyi, la apetebí solo la lleva a la mesa en el Itá y en el Iyoyé de Ifá. Los awó se lavan allí las manos y dejan su dinero, el que dirige la reza y la apetebí bebe cuanto puede, porque según ese Odu gana dieciséis años de vida. En mi casa la mesa se hace siempre, porque si hubo Itá hay palangana, aunque otras casas no la ven obligatoria. Para mí, ahí termina de sellarse el pacto.
Queda un cierre que muchos olvidan: el Afi Opa no va a la basura. Envuelto en tela blanca se lleva al pie de una ceiba; al poniente se informa a Eggun y al naciente se entierra, avisando a la deidad que habló, a Oduduwa y a Olodumare, con una vela encendida. Lo que no se cierra queda abierto.
El Idé: un pacto con Ikú, no un amuleto
Ogbe Ofun cuenta cómo nació. Orunmila se juntó con Eleguá, Ogún y Changó para atrapar a Ikú. Pusieron quimbombó a la entrada; Ogún la aguardaba con su cadena y Eleguá con su saco, y así la llevaron presa a casa de Obatalá. Orunmila solo la soltó cuando aceptó el trato: para llevarse a un hijo suyo tendría que contar con él, y lo reconocería por el Idé. Oshe Ofun lo confirma: a quien lleva la marca de Orunmila, Ikú no se lo lleva salvo que Orunmila se lo entregue o se lo mande.
Fíjate bien: el patakí admite que la gente seguirá muriendo mientras exista el mundo. El Idé no hace inmortal a nadie; pacta que Ikú no adelante la hora de un hijo de Orula sin contar con Orula. Y obliga, porque quien se aleja de los consejos de Ifá pierde su amparo. En Okana Sode, Idé es la mujer de Orunmila que hizo su ebó y jamás se apartó de Ifá.
Por eso no es un amuleto. Hay quien, tras un registro cualquiera, le ata al consultado unas cuentas verdes y amarillas porque «salió que tiene que usar Idé». Cuando un Odu dice eso, manda recibirlo con su ceremonia. Solo vale el Idé de la mano, porque detrás hay un pacto que descansa en la sopera de Orula de quien lo recibió. Roto o perdido, se vuelve a hacer con su proceso ceremonial y vale como el primero, pero nunca para dárselo a alguien sin mano. Para la urgencia, Ogbe Ofun da una salida: un collar de Oyá con forma de Idé hasta poder recibir, que lava y prepara un olorisha. El Idé va en la muñeca izquierda porque cuida el Emí, que vive en el corazón, y ser madre o hijo de babalawo no da derecho a más hilos.
Terminado el plante, Orula se atiende en Meyi, en par: dos velas, dos cocos, dulces y frutas en par, y se le saluda con Iború, Iboyá, Iboshishé. Quien tiene mano no es sacerdote: ni da coco ni sacrifica, que para eso está su padrino. Te lo explico en qué hacer después de la mano de Orula.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos babalawos hacen falta para una mano de Orula?
Tres como mínimo, y quien dirige debe tener cuchillo. Por Irete Okana, dos le dan coco a Orunmila y el tercero lo despierta con el irofá. Si reciben más de ocho personas, por Ika Osa se abre otro tablero con tres awó más.
¿Qué pasa si se me rompe o pierdo el Idé?
Se vuelve a hacer con su proceso ceremonial y vale igual que el primero, porque el pacto quedó en la sopera de Orula de quien lo recibió. Si todavía no has recibido, Ogbe Ofun permite llevar mientras tanto un collar de Oyá con forma de Idé.
¿Puede mi madre recibir la mano por mí, o se puede hacer por correo?
No. Ogunda Meyi y Ogunda Otrupon le permiten a una madre registrarse y hacer ebó para salvar a su hijo, pero hacer ebó no es consagrarse: cada destino está en su propio Orí. Por correo tampoco, porque toda consagración es personal y el pacto se sella estando presente.
Para quien recibe son tres días que no se olvidan. Para quien oficia es un compromiso que empieza con unas semillas al pie de una palma y no termina, porque Orula le confió una cabeza más. Por eso se pregunta, se trabaja con otros awó y se cierra lo que se abrió. Ninguna mano de Orula la hace una sola mano, hermano.
Dice Ifá en Okana Meyi: Cinco yemas de dedos nunca chocan entre sí.
Para seguir aprendiendo con orden, tienes la guía Camino a la Regla de Osha e Ifá, donde cada ceremonia está explicada paso a paso desde el oficio.



