Los instrumentos del babalawo: ékuele, ikines, tablero, iyefá e irofá

Los instrumentos del babalawo (ilustración de Ofún Oshé)

Un babalawo no se presenta en la estera con las manos vacías: ante sí tiene el tablero cubierto de iyefá; en la mano, el ékuele o los ikines; a un lado, los igbos y el irofá. Cada pieza viene de un Odu y tiene su manera fija de usarse. Un médico con el estetoscopio roto oye mal al enfermo, sepa lo que sepa, y un instrumento mal hecho o sin consagrar llena de ruido la comunicación con Orun.

El ékuele, la cadena de todos los días

Al ékuele también se le llama okpele u ópele. Son ocho piezas sujetas a una cadena, cuatro por pata, cada una con una cara cóncava y otra convexa; en Cuba lo habitual es la cáscara de coco seco. Cuando cae, cada pata dibuja una figura entre dieciséis posibles, y leyendo las dos sale uno de los doscientos cincuenta y seis Odu de Ifá.

Es el instrumento del día a día. Eyiogbe manda llevarlo siempre encima. Responde rápido y saca muchas preguntas en poco tiempo. Lo que decide una vida, como comprar una casa o recibir a un ahijado, se lleva a los ikines.

El ékuele es el mensajero; la palabra mayor la tienen los ikines.

Dónde nace

La cadena viene de Ogbe Otura. Orunmila resolvió un desorden que tenía molesto a Olofin, y a la hora del premio Changó le regaló unos caracoles que traía guardados y Ogún le dio su propia cadena. Orunmila ató las conchas a esa cadena y remató las puntas con el caracol y con cuentas de su collar. La marca de la pata derecha nace en Ogunda Ogbe, también llamado Ogunda Biode, y la consagración sale de Iroso Ogbe, o Iroso Umbo, donde es Eshu quien le hace a Orunmila su ékuele.

Por eso el nuestro va en cadena y nunca en hilo. La pata derecha, que es la de Ifá, lleva una señal, sea una cuenta, un caracol o una piececita de metal, y es la que se lee al pedir la mano o al buscar un sí o un no; la izquierda es de Eshu. Para el de diario valen la cáscara de coco, las semillas de ikin o de mango, la cáscara de kolá y el carapacho de tortuga; el metal, solo en casos determinados, y el plástico, nunca. Algunos Odu piden otra cosa, como Ogbe Osa, cuyo awó lo quiere de casco de venado o de cuerno de carnero, pero eso lo marca el Itá de cada uno.

Ocho cáscaras en una cadena no son un ékuele hasta que se consagran. Y cuando come, nunca se coloca sobre los ikines: está al servicio de Orunmila y no puede quedar más alto que él.

Los ikines, la palabra mayor

Son semillas de la palma de aceite africana, y llamarlos instrumento se queda corto: forman parte del propio Orunmila. Lo explica Iwori Meyi. Orunmila se había retirado al cielo, y sus hijos, desde la tierra y al pie de una palma, le rogaban que volviera. Él le dio a cada uno dieciséis semillas y les prometió que hablaría por medio de ellas. Cuando se atefa con ikines, el que habla es Orunmila.

Cada babalawo tiene dos manos de Ifá, por Ogbe Otura, e Iwori Otrupon manda que vivan separadas; la excepción es el awó de Ojuani Oshe, a quien su Odu le pide tenerlas juntas. Que las manos se unan al recibir el cuchillo no lo sostiene ningún Odu. Para atefar hacen falta dieciséis ikines, y en el Awofakan, la mano de Orula, se entregan diecinueve: los dieciséis y tres testigos.

Error frecuente

Hay quien dice que el ikin de tres ojos no sirve y que hacen falta los de cuatro. En nuestra tradición es al revés, y lo cuenta Otura Obara. Obatalá tuvo con Oshún un hijo con tanto ashé en la boca que soltaba a viva voz lo que su padre no quería escuchar, y terminó arrojándolo al río. Donde cayó brotó una palma de ikines de cuatro ojos, y Olofin la bendijo. Aquel hijo era Eshu Alaboni: los de cuatro ojos son suyos. Nosotros atefamos con los de tres; los que no valen son los de dos.

Y no se sacan por cualquier cosa. Primero se le da coco a Orunmila, con al menos tres babalawos; después toca desamarrar a Ifá y contar las semillas, rito nacido en Ika Irete. Entonces empieza el alukin, que nace en Ofun Meyi: el awó junta los ikines en una mano, intenta cogerlos todos con la otra y, según cuántos le queden, marca en el iyefá. Si se le escapa uno antes de marcar, no marca; lo recoge con otro ikin en la mano y vuelve a empezar. Cómo se cuenta y se marca exactamente se aprende junto al padrino.

Tampoco se compran. Según Eyiogbe, el babalawo los recoge rezando; en la casa se prueban, se sazonan y pasan un tiempo ante Changó antes de consagrarse. La prueba es en una vasija con omiero: el bueno se hunde, y el que flota o se queda a medio camino es un ikin ofo, dañado, que se sustituye. No se bota: va al botiquín, porque hay secretos que lo llevan. Y hasta sacarlos del agua lleva rezo; no es cosa de curiosos.

Para limpiarlos, Eyiogbe enseña a usar manteca de corojo con grasa de las gallinas que comió Orunmila; donde un texto diga «enjundia de gallina», se refiere a esa grasa. La miel se admite, aunque no es lo correcto.

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Los igbos, la mano que nadie puede torcer

Junto al tablero están también los igbos. En Ifá trabajamos con cuatro; Osha emplea algunos más, y eso le toca a Osha. Alguien me dirá que lo auténtico son cinco, o diez. En nuestra casa heredamos cuatro, y con esos trabajamos.

  • Otá. Una piedra. Es iré y es sí, y habla de lo que permanece: salud, años largos, salir vencedor.
  • Oyú malú. La semilla conocida en Cuba como ojo de buey. Es osogbo y es no, y su valor negativo es fijo: nunca cambia.
  • Gungun. Un hueso que sale de un sacrificio: el del tobillo de la pata izquierda de un chivo que se le sacrificó a Eshu. Representa a Ikú y a Eggun.
  • Ayé. Un caracol alargado que representa al mismo tiempo al hombre y a la mujer. En iré habla de dinero y de pareja; en osogbo, de enfermedad, de pérdidas y de tragedia.

Fíjate bien para qué sirven: protegen al consultado. La respuesta queda en su mano, no en la del babalawo, y nadie se la puede torcer. Cómo se usan en el registro lo explico en la consulta de Ifá paso a paso.

Lo que vino del elefante: el tablero, el irofá y el iruké

Las tres herramientas salen de un mismo patakí de Ogbe Okana. Orunmila y el elefante trabajaban juntos en el monte. A Orunmila lo ganado le alcanzó apenas para un traje blanco, que antes de volver al trabajo le confió al elefante. A la vuelta, el elefante lo llevaba puesto y juraba no haber recibido nada, y Orunmila no pudo recuperarlo. Tiempo después, un cazador a quien Orunmila había orientado mató al elefante, halló el traje dentro y le entregó a Orunmila la cabeza, la cola y los colmillos: de la cola salió el iruké, del colmillo el irofá y del hueso frontal el tablero. Mira lo que enseña: las herramientas mayores del awó nacieron de un atropello que Orunmila no pudo arreglar por la fuerza y que Ifá arregló a su tiempo.

El opón, el tablero

Al tablero le decimos opón, até o atepón. Los secretos que guarda nacen en Ogbe Okana, pero el tablero como objeto nace en Iroso Meyi, que dice lo que representa: la tierra, el amanecer, la tarde que se queda a oscuras, la sepultura, el fondo del mar y todo lo desconocido. Iroso Oshe, y también Iroso Ogbe, cuentan que antes fue de Changó y que Changó se lo pasó a Orunmila. De ahí la frase que repetimos en nuestra casa: Changó da el pase a Ifá.

Hay ocho tableros, y casi todo babalawo tiene más de uno: el de su consagración, donde vive su Ifá; el Orumale, donde descansa el atributo de Olofin; el Tetewó, de media luna, para Eggun y el Itutu; los de Changó, Osain, Oduduwa y Ogún, y el de diario, para la consulta y el ebó. Las tallas marcan dónde están la cabeza y la derecha: en el de diario, el sol va al este, la luna al oeste, la cruz al norte y la calavera al sur.

Las cargas de los tableros no las publico. Escrita en un papel, una carga no carga nada, y si cae en manos de alguien sin consagrar pone en peligro a esa persona y a quien la reciba.

El opón se reparte en cuatro cuadrantes, porque en Ofun Oshe nacen los cuatro rumbos del oráculo, y de ahí la crucecita que lleva encima el primer Odu que se marca, como cuento en cómo piensa Ifá a través del Odu. En muchos lugares de África se talla a Eshu en el tablero; nosotros no, porque el espíritu de Ifá ocupa el frente, del lado del consultado, y Eshu se sienta a un costado, junto a Ozun. Además, el tablero sale de casa siempre tapado con una tela blanca, por el viento que borró los signos en Ogbe Otura, y según Osa Ojuani solo se descubre al aire en un momento concreto del ebó.

El irofá

En Cuba el irofá es de cuerno de venado. Su origen está en Ogbe Okana, y las ceremonias con que se entrega, en Obara Irete. Irete Okana manda golpear con él el borde del tablero para llamar a Orunmila, y al terminar de marcar un Odu, o de hablarle a la persona, el awó da un golpe seco que significa que Orunmila ya habló.

También es herramienta del ebó: con él se rompe el Odu sobre el tablero y se abre, se trabaja y se cierra el paquete, que nunca se cierra con la mano desnuda, porque lo que le retiras a la persona no debe pasar por tu piel. El de madera se guarda para el tablero de Eggun y los ritos de Orun, según Oyekun Meyi. Te lo digo como hermano: no consultes ni hagas ebó sin tu irofá al alcance.

El iruké

El iruké se hace con cola negra de caballo y mango de cuero o de madera, todo natural. Viene de la cola del elefante de Ogbe Okana, y el de Orunmila nace en Ofun Ojuani, también llamado Ofun Funi. Con él se limpia y se bendice, y su pase reparte ashé. Hay otros, como el de crin de caballo de Osa Ika, que aleja a Ikú, o el de rabo de vaca de Ogbe Iwori, contra las epidemias.

El iyefá, el polvo donde se escribe Ifá

El iyefá es el polvo sobre el que se escriben los Odu en el tablero, y sin él nadie atefa. En tierra yoruba trabajan con iyerosun, el polvo que las termitas van dejando en la madera del irosun y de otros árboles, y que únicamente vale recogido con su ceremonia.

En Cuba usamos polvo de ñame, y no es un apaño nuestro: lo sostienen los Odu. Ojuani Osa recuerda que al principio el iyefá era solo de hojas de Ifá. El secreto del ñame nace en Ojuani Ofun, también llamado Ojuani Bofun: la envidia de otros llenó de plagas los sembrados de Orunmila, Ifá le mandó ofrendar ñame a Kurubolé, que es el espíritu de las termitas, y los ñames que se salvaron, hechos polvo, le dieron la victoria sobre sus enemigos. En Oyekun Meyi, la muerte y la enfermedad rondaban la casa de un hombre, y Eshu les llenó la boca de harina de ñame para que no pudieran entrar. La muerte no puede probar el ñame.

A nuestro iyefá se le añade un poco de tierra de comején, porque las termitas devoran la madera muerta y no tocan la viva. Eso mismo hace el iyefá en el ebó, cuando se borra un Odu: carga con el osogbo y respeta el iré.

Se prepara con el corazón del ñame, que según Ojuani Ofun nadie sabe dónde empieza hasta que pica en las manos, y antes de pelarlo se le hacen las ceremonias que le quitan la maldición. Un babalawo guarda al menos tres iyefá: una base para preparar los demás; uno general para ceremonias y ebó, rezado con los doscientos cincuenta y seis Odu; y el de su propio signo, solo para él.

En mi casa

Hay casas que atefan con iyerosun y ven en el polvo de ñame una simple costumbre cubana. No discuto con ellas: cada casa responde por lo suyo. En la mía el iyefá es de ñame, porque son Ojuani Ofun y Oyekun Meyi los que lo enseñan, y porque un iyerosun comprado ya hecho no te dice quién lo recogió ni cómo.

Preguntas frecuentes

¿Se pueden comprar los ikines o un ékuele ya hecho?

Los ikines no. Según Eyiogbe, el babalawo los recoge rezando, y después se prueban en omiero, se sazonan, se ponen ante Changó y se consagran. Con el ékuele, atar ocho cáscaras a una cadena no basta: sin la consagración que nace en Iroso Ogbe, lo que tienes es una cadena con cáscaras.

¿Por qué el babalawo golpea el tablero con el irofá?

Porque Irete Okana manda llamar así a Orunmila, y Ofun Iroso explica el porqué. De joven, Orunmila recibía en sueños las enseñanzas de su padre difunto; una noche su madre se le acercó mientras dormía y él, agitando los brazos, la dejó sin conocimiento de un golpe. Avergonzado, juró que en memoria de ella habría que golpearlo para que hablara.

¿Cuándo se consulta con el ékuele y cuándo con los ikines?

El ékuele es para el día a día: responde rápido, y Eyiogbe manda llevarlo siempre encima. Los ikines se reservan para las decisiones que marcan una vida, como comprar una casa o recibir a un ahijado, y antes de atefar con ellos se le da coco a Orunmila con un mínimo de tres babalawos.

Cierro con Obara Irete. Cuando iban a consagrar en Ifá al hijo de Olofin, la ceremonia se atascó porque faltaba algo. Olofin mandó apresar a los awó presentes y buscar al único ausente, un awó sin fama de estudioso que siempre andaba desarreglado. Ese hombre llegó con su irofá y su iruké, y la ceremonia pudo empezar; no quiso cobrar, y Olofin le prometió que desde entonces todo le saldría bien. Ifá no premia ahí el desaliño, sino al que llegó con lo que hacía falta. Si tus instrumentos no están bien hechos y consagrados, Orunmila te oye con ruido. Trata el ékuele como tratas tu palabra, y el irofá como tu propia vida cuando te sientas a trabajar.

Dice Ifá en Obara Irete: Mi Irofá golpea para llamar la atención a Ifá.

Si quieres seguir aprendiendo con orden, en la guía Camino a la Regla de Osha e Ifá explico el oficio del sacerdote a fondo, instrumento por instrumento y con los Odu que sostienen cada uno.

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