Itefá: cómo nace un babalawo y quién puede pasar a Ifá

Itefá: cómo nace un babalawo (ilustración de Ofún Oshé)

Un babalawo nace en una semana y tarda siete años en formarse. Y nunca acaba de formarse. Si llegaste hasta aquí porque en tu mano de Orula salió un signo que habla de Ifá, o porque alguien te dijo que «tienes que pasar», quiero explicarte sin prisa qué es el Itefá, quién puede hacerlo y qué viene después.

Empiezo por un patakí. Changó tenía un hijo adivino, Malekun, al que Orunmila consagró en Ifá. Poco después Changó y Ogún se ausentaron, y Malele, hermano de Malekun y hombre de dinero, se valió de esa ausencia para pedirle que lo consagrara. Malekun se negó: llevaba tres meses de Ifá y no tenía cuchillo. Malele lo resolvió con dinero: los awoses del pueblo cobraron, le dieron el cuchillo y a la semana ya le estaban haciendo Ifá. Changó se enfureció, Orunmila pasó vergüenza y Eggun, convertido en elefante, entró en la casa arrasándolo todo justo cuando en el cuarto salía Obara Okana. Desde aquel día es ley que ningún awó recibe cuchillo antes de cumplir un año de Ifá.

Mira lo que enseña. Ni el cuchillo ni Ifá se compran; se ganan con estudio, trabajo y tiempo. Con dinero solo se compra el disgusto.

Quién puede hacer Ifá

En nuestra tradición Ifá lo hacen hombres; la iyanifá no existe en nuestra casa porque en los Odu que heredamos no aparece. Pero ser hombre no es la llave. Un Odu que habla de Ifá en tu mano de Orula no te hace babalawo: dice que podrías serlo. La Osha recibe a todos sus hijos; Ifá escoge a los suyos. En Ogbe Otrupon, Orunmila consagra a unos condenados para redimirlos y les advierte que él les da el título, pero que el conocimiento tendrán que buscarlo ellos. Ifá recibe al que quiere cambiar, no al que quiere usarlo.

Quedan tres llaves más. La primera es el permiso de tu ángel de la guarda: Orunmila elige a sus hijos entre los hijos de los otros Orishas y jamás pasa por encima de esa corona. Odi Ogunda habla del que se consagró sin ese permiso. Si el ángel se niega, se averigua la razón: a veces pide que se complete el año de iyawó o que se aprenda la Osha antes. La segunda es el sí de Orunmila, que es quien decide, como enseña Ogunda Meyi. La tercera es la regla de la casa:

Corona Changó y luego haz Ifá.

Lavar Changó para pasar a Ifá es un error grave: Changó da el pase a Ifá, y lo da coronado, con el Kariosha hecho. Los hijos de Oyá y de Ogún también pasan a Ifá; el impedimento, si existe, lo marca el Odu de cada uno. Para el hijo de Oyá hay una ceremonia previa, el Cuyují de Oyá, nacida en Otura Ofun, y para el hijo de Ogún hay ceremonias propias dentro del Igbodú. Las nombro y no las explico, porque se aprenden dentro. Si existiera una prohibición general, nadie habría pensado ceremonias para ellos.

Me preguntan

«Soy hijo de Oduduwa y me dijeron que por eso hago Ifá directo, sin santo.» Hay hombres a los que Ifá manda pasar sin coronar: Okana Osa en la mano de un hijo de Oduduwa o de Obatalá manda lavar y pasar, y con Iwori Irete el hombre tiene que hacer Ifá, y a Orunmila se le pregunta si antes hace santo. Cuando Ifá lo dice, ese hombre es babalawo con todas las de la ley. El problema es el «directo» que nadie preguntó: los hijos de Oduduwa eran contadísimos, y hoy aparecen por docenas donde hay un Ifá rápido que vender. Lo deciden Orunmila y tu ángel con igbos, no tu padrino ni tú. Si Ifá no lo dijo, lo seguro es coronar tu santo y pasar después, si Ifá lo pide.

Olofin y Odu: dos deidades en un solo fundamento

Sin Odu y sin Olofin no hay Itefá. Odu es la esposa de Orunmila, y de ella nace el babalawo; su dueño es Olodumare, el dueño de Odu, como dice su nombre. Viven en un solo fundamento desde que Olofin se encerró en el cofre con Odu, y por eso tantas veces se los nombra como si fueran uno. Ogbe Okana recuerda que la primera vasija de Odu fue la calavera de un elefante, y que de esa misma frente salió el tablero de Ifá.

Olofin es el que gobierna y da la ley, y Ogunda Ika enseña que sin él no se hace Ifá. El cofre nace en Ojuani Ogunda, que lo reserva a los babalawos, y Ogunda Otura, también llamado Ogunda Tetura, precisa que Olofin tiene que estar dentro del cuarto. Y una aclaración: Olofin sí come, porque Odu vive en él. Culto reservado no es culto sin sacrificio.

Siete días para nacer

En el canal de Ofún Oshé: Ser babalawo no es lo que te dijeron: ¿estás listo para Ifá?

Ifá se hace en siete días, y la razón la da Ofun Meyi: Olodumare empleó seis días en crear el mundo y descansó el séptimo. Por eso el sacerdote se completa en seis días y el séptimo se recoge la casa y se descansa. El mismo Odu prohíbe las riñas mientras dura una consagración. Tres días dura la mano de Orula; un Ifá «de tres días» es otra cosa.

La puerta

Al Igbodú se llega en procesión y cantando. Su puerta es la única que un hombre toca en su vida. En ella se le da una paloma blanca a Igba Odu, como manda Irete Ofun, y se le da coco a Onibodún, su guardián, pidiendo permiso. Si responde Okana, Ogún come una guinea y responde por el que entra, como quedó establecido en Otura Irete.

Morir y nacer

Al Igbodú se entra para morir. Tiene dos puertas: la de entrada es la muerte, la de salida es el nacimiento. La puerta por la que entraste queda prohibida para ti el resto de tu vida. Por eso oirás que el babalawo es un muerto que volvió a nacer; Irete Ogunda lo dice a su manera: para ser santo, primero hay que morir.

Y se nace de Odu. Dentro hay dos espacios: el Folofin, el rincón de Olofin, que nace en Odi Meyi, y la Atena de Olofin que dio Obara Meyi, a la que los mayores llaman los muslos de Odu. El hombre se arrodilla entre esos muslos como el niño en el vientre y sale de allí como sale cualquiera que nace.

Después, Olofin escucha los votos. Igual que antes de nacer nos presentamos ante Olodumare para decirle lo que queremos ser, en el Igbodú se atefa con los ikines del nuevo awó hasta que aparece su Odu. Con él se presenta ante Olofin, que le responde con otro Odu de consejo y lo bendice. Olofin no lo acompaña de regreso: envía a Oduduwa, que es quien da el espíritu, y el día del Iyoyé es Oduduwa quien está al lado del nuevo awó.

Lo que se aprende en la estera

No vas a leer aquí qué llevan Olofin ni Odu, qué se pone en el Folofin, cómo se pinta la Atena, los cantos de ese momento ni la prueba del cuchillo. Nuestros mayores lo callaron a propósito y yo respeto ese silencio. Es el nacimiento de un hombre como sacerdote: se vive una vez, dentro, y luego se aprende junto a los mayores.

El Itá y el Iyoyé

En Ifá también hay Itá, precedido, como manda Otura Meyi, del Ñangareo, el saludo a Olorun. El del que hace Ifá nace en Iroso Irete. Allí el nuevo awó oye hablar de su Odu: lo que trae, lo que tiene prohibido, lo que debe cuidar. Y el Odu de su mano de Orula avanza: ahora recibe su Odu de sacerdote.

En ese Itá hablan varios babalawos y no siempre coinciden. Oyekun Meyi cuenta que un rey llamó a tres awoses, la tela roja, la blanca y la negra, para curar a su hijo. La roja avisó que los animales marcados no debían sacrificarse porque el enfermo moriría; la blanca sostuvo lo contrario; la negra no dijo nada. El rey ordenó el sacrificio y el príncipe murió. La roja quedó libre por decir la verdad, la blanca acabó enterrada junto al príncipe y la negra, presa por su silencio. Por eso, en un Itá, todos los pareceres se ponen delante de Orunmila y se cumple lo que él determine. No manda el que más grita ni el de más años: manda Orunmila.

Lo que se dice ese día se escribe, y esa libreta se estudia toda la vida. Los viejos, al ver al ahijado ocioso, le soltaban una sola frase: «Háblame de tu Odu».

El Iyoyé

El séptimo día, el Iyoyé, el awó recibe su Ifá y su título. Su historia está en Iwori Irete: Akala, hijo de Oduduwa, martirizaba a Orunmila cada noche; cuando enfermó de muerte, Orunmila le hizo Ifá, y el día del Iyoyé se cobró lo sufrido a golpes de cuje. Eso explica por qué hay quien se ensaña ese día, pero no lo autoriza: el canto del Iyoyé le ruega a Orunmila que no se enoje, porque el que tiene delante es hijo de Orisha. Ojuani Meyi prohíbe que padrino u ojugbona golpeen al ahijado. El sentido es otro: el awó hace como que deja a su Ifá para irse al campo y se le hace volver, para que entienda que su oficio es Ifá.

Error frecuente

Convertir el Iyoyé en paliza o en borrachera. Los toques de cuje son un gesto, no un castigo, y en mi casa a nadie se le pega. El ojugbona está para cuidar a su ahijado: si alguien se ensaña, le toca pararlo y sacarlo. Orunmila no busca hombres que aguanten golpes, sino cabezas claras.

Del alawó al babalawo

El que sale del Igbodú aún no es babalawo: es alawó, y su oficio es aprender bajo la mirada de su padrino o de su ojugbona. No sacrifica cuatro patas ni hace plantes de mano de Orula. Aprende sirviendo: reza la Moyugba de corrido, memoriza el rezo de su Odu, el del padrino y el del ojugbona, y conoce las caídas con medio ékuele en la mano. Lo que oye lo escribe a mano, como pide Odi Ogbe. Fíjate bien, porque lo enseña Iwori Ogbe: la consagración te da ashé, y el ashé sin saber se gasta.

El Obe Ka Panadu y el cuchillo de Obatalá

El paso de alawó a babalawo es el Obe Ka Panadu, que muchos llaman Kuanaldo: recibir el cuchillo que apaga el fuego de Odu. Llega, como mínimo, al año de hecho Ifá, por Obara Okana, pero el año no basta: hay que saber marcar y rezar de memoria los Odu del ebó de tablero, y el que no lo sabe no recibe cuchillo. Lo entrega el padrino, que le amarró las manos en la consagración y es quien se las desata; si murió, lo hace el ojugbona. Y el cuchillo no libera a nadie de su padrino, como recuerda Irete Ogunda.

Osa Meyi cuenta que Oshagriñán, camino guerrero de Obatalá, fundó con Ogún la sociedad del cuchillo, y que Orunmila, para entrar en ella, tuvo que ser jurado por Ogún, Oshagriñán y Obatalá; cuando Ogún lo retó, dejó caer su cuchillo en señal de respeto, y acabaron abrazados y comiendo juntos. Junta las piezas. Ogún es el dueño del metal, y en nuestra casa come primero por esa razón. Ogunda Irete, también llamado Ogunda Kete, cuenta que Olofin le aseguró a Ogún que el cuchillo seguía siendo suyo, aunque en ceremonia lo fueran a empuñar Orunmila y los babalawos. Osa Meyi pone la tercera pieza: ese juramento lo preside Obatalá, dueño de las cabezas, porque para quitar una vida en nombre de un Orisha hace falta la cabeza más serena. Cuchillo de Ogún, mano del awó, juramento de Obatalá: tres dueños de tres cosas distintas, que en aquel banquete se sentaron juntos.

Una advertencia seria de nuestros mayores: el babalawo que muere sin su Obe Ka Panadu se queda como alawó y pasa a la corte de Enima Orun, los muertos errantes de Orun, y sacarlo de allí cuesta muchas ceremonias. El cuchillo no es un adorno, y tampoco es la meta: los mayores cuentan siete años para formar a un babalawo, y el cuchillo llega al primero.

Los olofistas

Lo más alto que recibe un babalawo es Olofin, porque sobre él se consagran otros babalawos; al que lo tiene se le llama olofista. Para llegar ahí necesita el Obe Ka Panadu, Oduduwa y la bendición de su padrino. Te lo digo como hermano: hoy se ofrecen «paquetes» de Olofin a quien no lleva ni un año de Ifá. Quien tiene Olofin responde ante Olodumare por cada cabeza que nace delante de él, y ni siquiera así consagra solo: no existen plantes de un solo babalawo.

Preguntas frecuentes

Si en mi mano de Orula salió un Odu que habla de Ifá, ¿ya tengo que hacerme babalawo?

No. Ese Odu dice que podrías serlo, no que lo seas. Para pasar hacen falta el permiso de tu ángel de la guarda, el sí de Orunmila preguntado con igbos y, en nuestra casa, Changó coronado. Si el ángel se niega, se averigua el porqué: a veces pide cumplir el año de iyawó o aprender la Osha antes.

¿Por qué se dice que el babalawo es un muerto que volvió a nacer?

Porque el Igbodú tiene dos puertas: por una se entra, y eso equivale a morir; por la otra se sale, y eso es nacer. La puerta de entrada queda prohibida para ese hombre el resto de su vida. Dentro, se arrodilla entre los muslos de Odu y sale de allí como nace un niño.

¿Cuándo recibe el cuchillo un awó y quién se lo da?

Como mínimo un año después de hecho Ifá, según Obara Okana, y solo cuando ya sabe marcar y rezar de memoria los Odu del ebó de tablero. Se lo entrega su padrino, el mismo que le amarró las manos en la consagración; si murió, lo hace el ojugbona. Recibir el cuchillo no lo libera de su padrino.

Salir del Igbodú convencido de que ya sabes es repetir la historia del hijo de Changó: tener el instrumento sin tener el derecho. Salir sabiendo que apenas empiezas es el único camino para sentarte un día en la estera con autoridad, no por lo que recibiste, sino por lo que aprendiste después.

Dice Ifá en Obara Okana: Tuve que sacrificar para obtener honor y respeto.

Si quieres seguir aprendiendo con orden, en la guía Camino a la Regla de Osha e Ifá explico el oficio del sacerdote desde dentro, y en las fichas de los doscientos cincuenta y seis Odu puedes estudiar cada signo que he nombrado aquí.

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