El ebó: tipos, para qué sirve y por qué a veces falla

El ebó: tipos y para qué sirve (ilustración de Ofún Oshé)

Olofin se disgustó una vez con lo que veía en la tierra y les retiró su amparo a los hombres. Todo empezó a salir mal. Los Orishas le llevaron sacrificios y ninguno lo conmovió. Entonces Yemayá, que quería a sus dos hijos, Adi e Imu, más que a nada, le ofreció a Olofin la cabeza de los dos a cambio del perdón para todos. Olofin se conmovió, perdonó y dijo que jamás le habían ofrecido algo tan grande ni tan desinteresado. Desde ese día no hay ofrenda mayor que el adimú.

Ese patakí pertenece a Oshe Osa, y tiene dentro todo lo que sigue. Ebó significa sacrificio, y sacrificar es dar algo que te cuesta. A Olofin no lo movió la cantidad: lo movió el sentido de aquella entrega. El oficio del ebó cabe en cuatro preguntas: qué se da, para qué, de qué manera y hacia dónde va.

El ebó copia al patakí

Cuando un awó te mira en una consulta de Ifá, el Odu que sale es el que te acompaña en ese momento, y trae una historia que se parece a lo que estás viviendo. El ebó vuelve a hacer lo que hizo el protagonista de esa historia, con los mismos materiales, buscando el mismo desenlace. En un camino de Ifá, Orunmila tenía enemigos que no conocía. Se hizo un ebó que llevaba una vara con punta, salió pinchando lo que encontraba a su paso y así dio con el tigre, que se fingía dormido para saltarle encima. Quien hace hoy ese ebó repite aquel gesto para destapar lo que lo acecha. Tienes más sobre esta lógica de la imitación en el ebó y el hechizo.

De ahí salen tres reglas innegociables.

  1. Solo Orunmila marca el ebó. Lo dicen los Odu, no el gusto del babalawo. Marcar un ebó «por si acaso» es querer ocupar el puesto de Orunmila.
  2. El ebó no se inventa. Cada Odu tiene sus ebós recogidos en los tratados, y nuestros mayores los guardaron por una razón. El awó que nombra materiales por inspiración compromete a quien tiene delante; Ika Ofun advierte que quien hace lo que no sabe se queda sin crédito ni resultados.
  3. Cada ebó tiene su finalidad. Unos sirven para apartar la muerte, la enfermedad o a los enemigos; otros, para el dinero o para la estabilidad. No esperes dinero de un ebó contra la muerte, y si el Odu viene en osogbo de Ikú, eso se atiende antes que nada.
Dónde nace

El porqué del ebó, enseña Ifá, nace en Ofun Ojuani. Que el ebó ya hecho se deje a los pies de Eshu antes de salir viene de Odi Ofun. Y que el resultado tarde al menos tres días en verse nace en Osa Irete.

Los nombres del ebó: no todo lleva sangre

Mucha gente oye ebó y piensa en un animal. Hay dos grandes clases: el sacrificio con animales, que puede llevar también ofrendas, y la ofrenda sin sangre, a la que llamamos adimú. Ambas son ebó, y muchas veces con algo pequeño basta.

El adimú nace en Oshe Osa. Es toda ofrenda sin sacrificio: una fruta, un plato de comida, un tambor, una fiesta, y también el animal que se le entrega vivo a un Orisha como guardiero, que nunca se sacrifica ni se maltrata. Un adimú no se pone y se olvida: se reza, y se le pregunta al coco si lo acepta y cuántos días debe quedarse. Tienes más en el artículo sobre el adimú.

Y hay uno que conviene no olvidar: el idamewa, que son los diezmos, las limosnas y las comidas que se ofrecen, la generosidad usada como manera de hablarles a las divinidades. Ifá cuenta en Odi Ofun que Orunmila cuidaba su cabeza, a los Eggun y a los Orishas, y aun así nada le prosperaba, hasta que le marcaron alimentar a la gente, darle comida y bebida.

La boca que alimentas no habla mal de ti.

Otros se nombran por lo que llevan o por su intención:

  • Omisi: los baños lustrales, con hierbas, flores y otros ingredientes; tienes más en baños y limpiezas espirituales.
  • Ipile: el ebó de fundamento. Este no se consulta: se hace, y al oráculo solo se le pregunta qué más falta. Cuando se abren los cimientos de una casa, Eleguá recibe un animal, y al mudarse lo primero es dar de comer a los Orishas en la casa nueva.
  • Ayepinun: el cambio de cabeza. Cuando la muerte ronda a alguien a quien todavía no le toca irse, se entrega la vida de un animal en lugar de la suya. Es peligroso para quien lo hace: si la persona ya estaba cumplida, el sacerdote puede quedar en su lugar. Por eso antes se pregunta si se puede.

La rogación de cabeza también es un ebó, y tiene su propio artículo: la rogación de cabeza.

En el canal de Ofún Oshé: El secreto de Eleguá para abrir caminos

El ebó de tablero, el mayor de todos

El ebó de tablero, que también se llama ebó atepón, es el arma mayor del babalawo para defenderse, proteger a los suyos y atraer el bienestar. Ningún ebó lo supera, porque en él se juntan todas las piezas en una sola obra: el Odu impreso en el iyefá, los rezos, la petición hecha con las manos de la persona, los animales que Olodumare recibe enteros por medio de sus plumas y Eshu, encargado de llevarlo a su destino. En nuestra tradición se hace en cuatro tableros, y prepararlo es responsabilidad del awó: si algo falta, la culpa es suya.

El corazón del ebó es el paquete: la hoja de malanga que lo viste, y eso viene de Eyiogbe, el ekó, los ingredientes que pide el Odu y la tierra de las puertas de la casa. La persona lo toma junto con el derecho, porque el dinero también es parte del sacrificio, lo lleva a la frente, pide y lo deja caer sobre el tablero. En el primero se rezan los Odu mientras el paquete gira; te lo digo como hermano: no reces como si te persiguieran. En el segundo, las plumas van sobre Ogbe Iroso, para que Olodumare reciba completos a los animales. El tercero se cierra con Okana Osa, el Odu mensajero que sube los sacrificios al cielo, y después se nombra lo que se va: Ikú unlo, Arun unlo, Ofo unlo, que se vayan la muerte, la enfermedad y la pérdida. En el cuarto se reza Odi Ofun, y el paquete queda a los pies de Eshu.

Lo que se aprende en la estera

Aquí no vas a encontrar qué Odu lleva cada tablero, el orden en que se rompen, los rezos enteros ni los cantos. Nuestros mayores quisieron que eso pasara de boca a oído: el que aprende lo memoriza sentado junto a su padrino y lo repite hasta que la mano marca sin pensar. Sin ese aprendizaje no se recibe el cuchillo. Y el ebó de tablero que se reza mirando un papel está mal hecho desde el principio.

Puede pasar que, con todo bien hecho, el ebó no sea aceptado. Entonces toca averiguar: si el lugar adonde va le sirve, si allí hay que hacer algo más, y si la cabeza y el Itá de la persona lo acompañan, porque quizá apareció un problema más urgente. Si aun así no se acepta, se marca un segundo ebó y ambos se botan a la vez: Obara Ogbe enseña que un ebó puede seguir a otro. Lo que nunca se hace es insistir con preguntas hasta arrancarle un sí.

Sarayeye, ashinimá y apayerú

El sarayeye es lo que conocemos como limpieza o despojo; nace en Osa Meyi. Es un ruego para que lo malo que rodea a la persona la abandone y se quede en el sitio del sacrificio. Se limpia a la persona con el ave mientras gira sobre sí misma. A veces la paloma no se sacrifica: se suelta, porque en Ogbe Obara fue el ave que la muerte no logró atrapar.

El ashinimá tiene su historia en Eyiogbe. Sinimó, la esposa de Orunmila, golpeó en el mercado a una anciana sin saber que era la madre de la muerte. Ifá le mandó a Orunmila hacer ebó y teñir con el zumo de una planta a todas las mujeres de la casa. Llegó la muerte, las miró una por una, no reconoció a la que buscaba y se fue llorando. Cuando el awó toma el iruké o el paquete y le pide a Ikú, a Arun y a Ofo que pasen de largo, repite el canto de Orunmila de aquel día, y dentro de la palabra ashinimá sigue vivo, desgastado por los años, el nombre de Sinimó.

El apayerú nace en Obara Ogbe. Los enemigos de Orunmila lo vigilaban y él no podía salir a buscar el gallo de su ebó. Unos muchachos se acercaron al animal como si jugaran y le arrancaron plumas, Orunmila hizo el ebó con plumas y miel, el viento se las pegó en la cara y así pasó delante de sus enemigos sin que lo reconocieran. Por eso el apayerú es el ebó para ganar tiempo: no lleva sangre, y le dice a Eshu y a Olodumare que la persona cumplirá con el ebó marcado cuando tenga los medios. Sostiene de momento; la firmeza la da el ebó prescrito. Un awó de buen corazón cobra por él algo simbólico.

Cómo se sabe si el ebó llegó y adónde va

Terminada la obra, se le pregunta a Ifá si aceptó el ebó. Si la respuesta es sí, llegó. Después toca esperar: Osa Irete enseña que no se ve resultado antes de tres días, y suele tardar más, porque Eshu ordena las cosas a su modo y al principio puede parecer que todo empeora. Oshe Iwori habla de un rey al que ningún ebó le subía al cielo; el día que atendió su propia cabeza, le llegaron todos de una vez. Lo bien hecho no se pierde.

Antes que nada, todo ebó pasa por los pies de Eshu, y él lo presenta ante Olodumare. Luego sigue hasta su destino, y ese lugar cuenta tanto como cualquier material del paquete: el cruce de caminos, la orilla del camino, el pie de una ceiba o de una palma, la loma, el río, el mar o el monte. Hay ebós que traen escrito su destino, y hasta la hora; si no está escrito, se pregunta.

Por qué falla un ebó

Si un ebó no dio fruto, lo normal es que la causa esté en alguna de estas.

  • Se hizo tarde. Un ebó responde al problema de un momento; hacerlo meses después es abrir el paraguas cuando ya escampó.
  • No se cumplió el consejo. Lo que el Odu prohíbe forma parte del sacrificio. Quien rompe su tabú destruye con una mano lo que construyó con la otra.
  • Quedó a medias. Si Ifá pidió varias cosas y solo se cumplió una, el ebó se queda esperando las demás.
  • Se cambió un material. Ifá habla de un hombre al que le marcaron una chiva y puso solo la oreja de una y una moneda: no vio nada, y al reclamar le tocó el doble de todo.
  • La cabeza no acompaña. Si tomaste un camino que tu Orí no quiere, ningún ebó llega hasta que atiendas la cabeza.
  • El corazón no está limpio. Si el que pide y el que oficia desconfían uno del otro, el ebó se estorba. Y nadie se hace un ebó para dañar a otro.
  • Fue a otro sitio o no salió del Odu. El ebó que no se llevó adonde dijo el oráculo, o que alguien se sacó de la cabeza, no tiene raíz donde sostenerse.

Y una más, para los sacerdotes: el awó que resuelve lo de todos y nunca se hace lo suyo termina estorbando sus propias obras, como enseña Ogunda Bi Ode.

Error frecuente

Ir a preguntarle a Orunmila si vale otro material porque el marcado no apareció. Lo que ya está dicho no se vuelve a preguntar. Los materiales de una obra no son adornos: si falta uno, no se marca, o la obra se para hasta conseguirlo. Si bastara una pregunta para cambiarlo todo, no haría falta tenerlo escrito.

Preguntas frecuentes

Si un ebó dio buen resultado, ¿conviene repetirlo?

No. Odi Ofun y Ojuani Meyi cuentan que, cuando a Orunmila por fin le iba llegando lo que le faltaba, quiso hacer otra vez el mismo ebó, y sus babalawos lo frenaron, porque el ebó que ya cumplió no se repite. Lo que toca es agradecer: la persona a su babalawo, este a Ifá, e Ifá a Olodumare.

¿Un adimú es un ebó de verdad o solo un detalle?

Es ebó con todas las de la ley. El patakí de Oshe Osa dice que no hay ofrenda mayor que el adimú, y que nació de una entrega que Olofin consideró la más grande y desinteresada que había recibido. Lo que le da valor no es el tamaño sino el sentido, y que se haga bien: se reza y se le pregunta al coco si lo acepta.

¿Cuánto tarda en verse el resultado de un ebó?

Osa Irete enseña que no antes de tres días, y en la práctica suele tardar más, porque Eshu acomoda las cosas a su manera y al principio puede parecer que todo empeora. Si al terminar Ifá dijo que el ebó fue aceptado, llegó; lo que falta es esperar sin deshacer con la conducta lo que se hizo en la estera.

Al final, en un ebó toman la palabra muchos a la vez: el Odu que lo manda, la historia que le da sentido, el awó que reza, la persona que pide con sus propias manos, el animal que entrega la vida, Eshu que lo transporta y Olodumare que lo acoge. Basta con que uno no cumpla para que el ebó se quede a medio camino. Por eso no se hace con prisas ni se improvisa, y tampoco se repite buscando más: se cumple entero, se lleva a su sitio y luego se agradece.

Dice Ifá en Osa Meyi: Dormiré tranquilo siempre que sacrifique.

Si quieres seguir aprendiendo con fundamento, tienes la guía Camino a la Regla de Osha e Ifá y las demás secciones de este sitio.

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