Awo Larifa vivía en la tierra de Abeyebí. No sabía nada de Ifá, pero Obatalá le había dado ashé con un consejo: que estudiara, para no perder algún día esa suerte. A su casa llegaban aleyos de todas partes, mandados por una hija de Changó que cantaba tan bonito que la gente le obedecía. Changó le dijo a Orunmila que aquel ahijado no sabía nada y que su suerte era prestada, y para que aprendiera guardaron a la hija de Changó siete años sin salir a la calle. Al awó se le acabaron los aleyos. Cuando fue a ver a Orunmila, este le dijo que aquello le pasaba por no haber estudiado Ifá, y Awo Larifa lloró y dijo que no se iba de allí sin aprender.
Mira lo que enseña este patakí de Iwori Ogbe: el ashé abre puertas, pero el awó que no estudia vive de prestado. Y lo que el babalawo estudia, hermano, son los Odu. De eso quiero hablarte, tanto si ya tienes tu mano de Orula como si estás empezando.
Dieciséis padres y doscientos cuarenta hijos
Ifá tiene dieciséis Odu principales, los Meyi, también llamados Olodu, los dueños del Odu. De combinarlos salen los otros doscientos cuarenta, los Omolú, los hijos: doscientos cincuenta y seis en total, los que tienes en el catálogo de Odu de Ifá de esta web. El orden de los Meyi se aprende de memoria, porque es la jerarquía que manda al registrar. En Cuba conservamos este:
- Eyiogbe
- Oyekun Meyi
- Iwori Meyi
- Odi Meyi
- Iroso Meyi
- Ojuani Meyi
- Obara Meyi
- Okana Meyi
- Ogunda Meyi
- Osa Meyi
- Ika Meyi
- Otrupon Meyi
- Otura Meyi
- Irete Meyi
- Oshe Meyi
- Ofun Meyi
Cada Meyi encabeza una familia de quince hijos. La de Ogbe empieza en Eyiogbe y sigue con Ogbe Oyekun, Ogbe Iwori y así hasta Ogbe Ofun. Fíjate en cómo se nombra el compuesto: siempre por la pata derecha. En Ogbe Oyekun, Ogbe salió en la pata derecha y Oyekun en la izquierda. Y un apunte para el que viene de la Osha: cada letra del Diloggún tiene su padrino en Ifá, pero las letras no siguen el orden de los Odu, y un tratado no sirve para leer el otro oráculo.
Palito y bolita: así se escribe un Odu
Para apuntar un Odu en la libreta bastan dos signos. Cuando la marca es sencilla se pone un palito, I; cuando es doble, una bolita, O. Con el ékuele en la mano, la cara cóncava de la cáscara corresponde al palito y la convexa a la bolita. Sobre el tablero, en el iyefá, no se dibujan bolitas: la sencilla se marca con una raya y la doble con dos.
Todo se escribe y se lee de derecha a izquierda: primero la pata derecha, después la izquierda, y se va bajando hasta completar las cuatro líneas. Eyiogbe son cuatro palitos en cada pata; Oyekun Meyi, cuatro bolitas. Al primer Odu de un registro se le pone una crucecita encima, para saber cuál rige. Esa cruz no es la cristiana: representa los cuatro rumbos.
¿Y por qué la derecha? Lo cuenta Iroso Ogbe, que muchos tratados llaman Iroso Umbo. Eshu le leyó el ékuele a Orunmila empezando por la izquierda, y Orunmila lo corrigió: así se habla con los muertos y se lee el caracol, pero en Ifá la pata que manda es la derecha, porque la derecha es Ifá y la izquierda es Eshu. Por eso el babalawo, al pedir la mano en una consulta de Ifá, mira la pata derecha.
La pata derecha como pata de Ifá nace en Iroso Ogbe; escribir las historias de Ifá para estudiarlas, en Odi Ogbe; leer un Odu cada día delante de Orunmila, en Iwori Otrupon.
Por qué no todas las tierras siguen el mismo orden
Ya sé que en otras tierras el orden de los Meyi cambia. Ifá lo explica en Ogbe Otura. La gente de Oyó fue hasta Ifé a que Ogbe Otura les enseñara las marcas de los dieciséis Olodu. Él las marcó en el tablero y ellos se lo llevaron con los signos encima, pero por el camino un viento fuerte borró varios, y del décimo en adelante no pudieron reconstruirlos. Por eso los órdenes no coinciden, en Cuba conservamos el de Oyó y el tablero nunca queda expuesto al aire: para trasladarlo se cubre con una tela blanca.
Ofun Meyi, que cierra la lista, fue el primero de los Olodu en llegar a la tierra, pero gobernó con mano dura, perdió la gracia y quedó en el último lugar. Por eso hay casas que, al pedir la mano, lo tratan como a Eyiogbe; en la mía también.
Un Odu nace, sentencia o habla
Más de uno te dirá que todo nace en un Odu. No es verdad, y quien se lo cree cae en uno de dos errores opuestos: o le busca un nacimiento a cada costumbre de la casa, que a menudo sale de la tradición y no de un Odu, o se escuda en que «eso no nace en ningún Odu» para hacer cualquier disparate. Lo cierto es que un Odu enseña de tres formas.
Nace
En Osa Iroso nace que sea Orunmila quien determine el ángel de la guarda. Los Orishas desconfiaban de Obatalá, porque con su caracol siempre encontraba hijos suyos, y el asunto quedó en manos de Orunmila, que no hace santo y por eso es imparcial. Hay historia y hay regla: eso es un nacimiento.
Sentencia
Hay Odu que dictan una regla sin contar historia. Osa Ogbe establece que el awó que tiene Olofin puede montar todos los Oshas que conozca. Vale para todos los olofistas, y no hay patakí que lo explique.
Habla
Y hay cosas que ni nacen ni se sentencian, pero de las que un Odu habla. En Ojuani Osa, Olofin le había dado a Ozun la virtud de cuidar la salud de sus hijos, y Ozun vivía en casa de Orunmila. Un día los hijos de Orunmila lo abrieron por curiosidad y lo pagaron caro; Orunmila tuvo que arrodillarse y darle de comer a Ozun para recuperarlos, y Ozun puso una condición: antes de abrirlo, primero se le da una paloma. El Odu no lo llama nacimiento ni sentencia, pero quien lo conoce sabe qué le toca hacer antes de ponerle la mano a un Ozun.
Leer «no nace en ningún Odu» como si fuera un permiso. Que algo no nazca en un Odu no quiere decir que se haga como a uno se le ocurra: puede ser una sentencia, venir hablado en un patakí o ser costumbre de la casa, que también se respeta. Y al contrario: no hace falta inventarle un nacimiento a cada cosa para defenderla.
Lo que trae un tratado y por qué el refrán es la llave
Cuando abres un buen tratado, cada Odu trae más o menos estas partes:
- El nombre, sus otros nombres y la marca con la cruz encima.
- El rezo, que se dice cuando sale, y el súyere.
- Lo que nace en el Odu, lo que señala, prohibiciones, refranes y ewe.
- Lo que dice según venga en iré o en osogbo: por ikú, por arun, por ofó, por eyó.
- Las obras, el Eshu del Odu, el «Dice Ifá» y los patakíes, cada uno con su rezo, su ebó y su relato.
Hay algo que ningún tratado serio trae: la carga de los fundamentos. Eso no se escribe, y donde alguien lo escribió se respeta el silencio.
El refrán como llave
En tierra yoruba el babalawo dice de memoria los versos de cada Odu, y el consultado levanta la mano cuando oye uno que se parece a lo suyo. En Cuba la gente ya no entendía el yoruba, y nuestros mayores cambiaron el envase sin tocar el contenido: en lugar del verso quedó el refrán, el título del patakí y el «Dice Ifá».
Detente en esto, porque aquí tropieza casi todo el que empieza: un refrán suelto, sin el patakí que lo acompaña, no te dice nada. Odi Obara cuenta que la peonía no sabe si quedarse con los ojos negros o con los ojos rojos. Leída así, la frase es bonita y poco más, hasta que conoces la historia: habla de una persona insegura ante una decisión importante, y entonces sabes por dónde llevar el consejo. Una frase tuya en la libreta para recordar un patakí es técnica de estudio; llamarla refrán del Odu, no.
Animales y plantas
Muchos patakíes son fábulas con animales y plantas, y no están de adorno. Iwori Meyi dice que cada persona lleva en la cara algo de un animal y en el carácter algo de su conducta. En Otrupon Iroso el tamarindo se volvió ácido porque, de dulce, todos se lo comían: a la persona de carácter dulce le dice que se endurezca.
Cómo se estudia y cómo se lee un tratado con criterio
Nuestros mayores dicen que ni naciendo diez veces y viviendo cien años en cada vida se terminaría de aprender Ifá. Por eso hay que empezar por orden: los dieciséis Meyi, con su marca y su rezo; luego cada Odu con sus refranes, y detrás de cada refrán, su patakí. Eso se aprende de memoria, porque en la estera no hay tiempo de hojear un libro, como el médico que se pone a buscar en el teléfono mientras le cuentas lo que te duele. Leer Ifá lo hace cualquiera que sepa leer; interpretarlo solo lo da el estudio.
Odi Ogbe enseña que el awó lo apunta todo para volver a estudiarlo más tarde. De ahí sale la libreta, y la libreta va escrita a mano, porque lo que pasa por tu mano se queda contigo; lo que copias y guardas en la computadora se queda en la máquina. Iwori Otrupon avisa de que el babalawo tiende a no estudiar, y que eso puede costarle la memoria, el ashé y hasta la vida; por eso manda leer un Odu cada día delante de Orunmila, con velas encendidas, hasta completar los doscientos cincuenta y seis. Y en Iwori Ogbe el aprendizaje se cuenta en siete años.
A quien estudia delante de Orula le pedimos dos velas, jamás una, porque a Orula se le habla en Meyi: en par, como sus Odu. Lo mismo vale para el que tiene su mano de Orula en casa: dos velas, dos cocos, los dulces en par.
Los tratados de Odu son copias de copias: libretas de mayores pasadas a máquina, juntadas y vueltas a copiar, y en cada vuelta se perdió algo y se coló algo. No por eso valen menos, pero piden criterio. Las frases sobre la salud no son un diagnóstico, sino un aviso para mandar a la persona al médico. Si un Odu habla de rayarse en Nkisi Malongo, se le pregunta a Orunmila por esa persona, y solo si Ifá lo confirma se la lleva a un tata de confianza, como herramienta. Y lo que los tratados callan, obras sin procedimiento y cargas en blanco, se respeta: lo que le da vida a una obra pasa de padrino a ahijado en el cuarto de Ifá, y no viene en ninguna página.
Preguntas frecuentes
¿Es verdad que todo nace en un Odu?
No. Un Odu enseña de tres maneras: hace nacer algo, con historia y regla, como el ángel de la guarda en Osa Iroso; sentencia una norma sin patakí, como Osa Ogbe; o habla de algo en un relato, como Ojuani Osa con Ozun. Además hay costumbres de la casa que vienen de la tradición y también se respetan. Que algo no nazca en un Odu no es un permiso.
¿Por qué el orden de los Meyi cambia de una tierra a otra?
Lo explica Ogbe Otura. La gente de Oyó llevó desde Ifé un tablero con las marcas de los dieciséis Olodu, y el viento borró varias por el camino; del décimo en adelante no pudieron reconstruirlas. Por eso los órdenes no coinciden, en Cuba conservamos el de Oyó y el tablero se traslada siempre cubierto con una tela blanca.
¿De qué Odu es un patakí si lo encuentro en dos sitios?
A veces el mismo patakí aparece en más de un Odu, según el tratado o la casa, y en el Diloggún pasa todavía más, porque una historia sirve para varias letras. Lo importante no es ganar la discusión sobre dónde está, sino entender qué te enseña en el Odu que te salió a ti. Si tienes duda, pregúntale a tu padrino qué versión se usa en tu casa.
Un Odu no es una ficha para leer de corrido. Es una manera de razonar: una marca que se anota de derecha a izquierda, un rezo, un refrán que abre un patakí, y casi siempre un animal o una planta que retrata a la persona que tienes delante. El awó que lo aprende así no inventa: cuando el Odu cae, ya sabe por dónde va a hablar Ifá. El que no estudia acaba como Awo Larifa, viviendo del ashé ajeno hasta que se le termina.
Dice Ifá en Iwori Ogbe: El que estudia Ifá sin pensar, es vago. El pensar en Ifá sin estudiarlo es peligroso.
Si quieres seguir aprendiendo con orden, en la guía Camino a la Regla de Osha e Ifá tienes el camino completo, desde los fundamentos hasta el oficio del sacerdote, y en las secciones de esta web, el catálogo de los Odu y los artículos sobre la consulta y los instrumentos de Ifá.



