«Ustedes adoran a muchos dioses» — es una de las primeras objeciones que escucha cualquier practicante de la Regla de Osha/Ifá. La respuesta corta es que nuestra religión tiene un solo Dios supremo. La respuesta larga es mucho más interesante, y en ella se entiende de verdad cómo está ordenado el mundo espiritual yoruba.
Olodumare: el Dios supremo
En la cúspide de la religión yoruba está Olodumare (también llamado Olofin u Olorun según el aspecto del que se hable): el Dios supremo, creador y dueño de todo lo que existe. De Él procede la vida — la tradición enseña que el aliento vital que nos anima, Emí, es un regalo directo suyo — y ante Él responde, en última instancia, todo lo creado. Olodumare no tiene imagen, no se «asienta» y no recibe sacrificios directos como los orishas: está por encima de todo culto particular.
Entonces, ¿qué son los orishas?
Los orishas no son «dioses» rivales que compitan con Olodumare: son divinidades creadas por Él con funciones dentro de su creación. La tradición distingue a los Irunmole —los espíritus primordiales a los que Olodumare encargó tareas específicas desde el principio— de los orishas que fueron seres humanos ejemplares y alcanzaron la divinización. Cada uno gobierna un aspecto del mundo: Yemayá el mar y la maternidad, Changó el trueno, Oggún el hierro, Ochún el amor y el río — todos como ministros de un mismo Rey.
Por eso los estudiosos de la religión yoruba —empezando por el teólogo nigeriano E. Bolaji Idowu— describen este sistema como un «monoteísmo difuso»: un solo Dios supremo cuyo poder se expresa y administra a través de muchas divinidades. Si buscas una comparación cercana: en el catolicismo nadie confunde a Dios con los santos y los ángeles, por mucho que se les pida intercesión. La estructura es más parecida de lo que ambos lados suelen admitir — y esa semejanza, dicho sea de paso, fue una de las razones por las que el sincretismo con los santos católicos funcionó tan naturalmente en Cuba.
«Ikú Lobi Ocha»: hasta los santos nacen del orden de Dios
Otro detalle que delata el orden monoteísta de la religión: los orishas mismos están sujetos a las leyes de Olodumare. Los caminos de Ifá muestran una y otra vez a las divinidades recibiendo encargos, cometiendo errores, siendo corregidas. Y la frase «Ikú Lobi Ocha» —el muerto pare al santo— recuerda que incluso la santidad nace dentro del ciclo de vida y muerte que Olodumare estableció. De ese ciclo hablamos en profundidad en nuestro artículo sobre la vida y la muerte en la religión yoruba.
¿Y por qué no le rezamos «directamente» a Olodumare?
Es la pregunta lógica. La tradición responde con su propia sensibilidad: Olodumare está demasiado alto para ocuparse del día a día, y para eso dispuso a sus divinidades — cada una con su ashé, su campo y su forma de ser atendida. El religioso yoruba no ignora a Dios: lo reconoce en cada saludo y en cada rezo («Olodumare» aparece constantemente en nuestras invocaciones), pero trabaja con los orishas que Él puso como intermediarios. Es un sistema de delegación divina, no de competencia entre dioses.
En resumen
¿Politeísmo? No exactamente. ¿Monoteísmo como el de las religiones del Libro? Tampoco. La religión yoruba es un monoteísmo con rostro múltiple: un solo Dios supremo, muchas divinidades a su servicio, y una humanidad que aprende a través del oráculo, el ebbó y el buen carácter. Entender esto desarma la mitad de los prejuicios contra nuestra religión — y para la otra mitad ya tienes nuestro artículo sobre los mitos urbanos.
Si quieres empezar desde el principio, tu camino es la página de fundamentos básicos, donde tratamos también esta pregunta dentro del tomo de estudio.
Fuentes de estudio consultadas: E. Bolaji Idowu, «Olódùmarè: God in Yoruba Belief»; «El concepto de vida y muerte en la religión yoruba» (L. Gámez Osheniwó y Águila de Ifá, Sociedad Yoruba de México); corpus de Ifá afrocubano. Redacción propia de Ofún Oshé.
