Otura Meji
Babá Otura Meji
«ALALADE IFA WA TIWA IMALE, ALALADE IFA WA TIWA IMALE AWO» — el súyere con que este odu se anuncia sobre la estera.
Rezos y súyere de Otura Meji
BABA OTURA MEJI IFA NI IPAKO AWO NI IPAKO ADIFAFUN LALA SALA MALEKUN MALEKUN SALA OLORUN NANGARE INA TUTO FELEYO OSARA OLORUN ARERE ARERE INA TUTU KAKAFENA MOFOYU OBA NI IPAKO KEKE NI IPAKO ADIFAFUN IMALE.
«ALALADE IFA WA TIWA IMALE ALALADE IFA WA TIWA IMALE AWO».
En este odu nace
- La raza humana.
- La ceguera.
- La mendicidad.
- La igualdad.
- La paternidad.
- La artillería.
- El fusil.
- El saber, y que la inteligencia se captara a través de las neuronas cerebrales.
- Las aves canoras.
- Las legumbres.
- Los mameyes.
- El paraban.
- La mastoiditis y el parasimpático.
- El Apó (la bolsa de viaje del Awó).
- Los narcómanos.
- El ruido o bramido del mar.
- El vestirse los humanos.
- La ardilla y el plomo.
- El golpe de estado a la antigüedad.
- El Nangareo en la tierra yoruba.
- Las disputas.
- Los secretos de las raíces y las ramas de los árboles.
- Las civilizaciones primitivas.
Aquí
- Los muertos trabajaban de noche.
- Marca abandono y descuido.
- La gente andaba sin rumbo.
- Marca el paso de la humanidad por la tierra.
- El hombre dominó a todos los animales.
- El cuerpo camina sin alma.
- Orúnmila fue perseguido.
- Los blancos tuvieron Ifá antes que los negros.
- Olofin salió de paseo y la loma lo cerró.
- Fue la cena de Cristo.
- Se empezó a mirar sobre la estera.
- Se adivinó para el maní.
- Se adivinó en el Cielo para Babá Imalé.
- Se inauguró el camino para la riqueza.
- Se adivinó para el hombre blanco.
- Se adivinó para la verdad y la falsedad.
Descripción del odu Babá Otura Meji
Babá Otura Meji ocupa el lugar número 13 del Orden Señorial de Ifá. Es un odu que implica paz de mente y libertad de toda ansiedad. Sus hijos son gentiles y moderados de carácter. Es signo de éxitos en los negocios y en las relaciones, y esos negocios serán de compra y venta. Resulta importante apaciguar constantemente a Eshu-Elegba, porque la persona puede ser traicionada.
Los hijos de este odu deben aprender a emplear el tiempo para descansar, y no disipar energías en actividades que puedan conducirlos a un colapso físico o nervioso. A quien se le adivine este signo, Ifá le dice que tiene muchos enemigos capaces de convertirlo en una persona atolondrada, llevándolo a la pobreza, a quedarse sin esposa y sin relaciones familiares; se le recomienda sacrificar tan pronto como pueda a Ogún, a Yemajá y a Ifá, para que pueda vencer a sus enemigos y llegar a tener mujer e hijos.
Es un odu masculino, hijo de Añashé y de Tené. Su día de la semana es Akoke (jueves); su planeta regente, Erin (Júpiter); su metal, el estaño; y el color para vestir es el rojo. Este Ifá representa la mitad del cuerpo del enemigo, significa renacimiento e indica la idea de desunión: el cautiverio está en la Tierra, y en Ará-Onú (el Cielo) está la felicidad. La persona regida por este odu habla demasiado, y como consecuencia esa lengua le trae muchos enemigos y la mete en problemas.
Aquí nacieron las razas humanas, la ceguera, la mendicidad, las disputas, la igualdad, la fraternidad, la artillería, el fusil, el plomo, las aves canoras, las legumbres, los mameyes, el paraban, el pueblo Haussa, la mastoiditis, el parasimpático, el ruido o bramido del mar, el vestirse los humanos y la ardilla.
En este odu hablan todos los colores, preferentemente el azul y el blanco, y la persona deberá usar gorra blanca con un sol amarillo en el centro. Hablan aquí los siguientes Orishas: Eshu-Elegba, Oduduwa, Obatalá Ayalguna, Shangó, los Ibeyis, Oyá, Ogún, Olodumare, Olokun, Alá Babá Imole Egun, Ikú y Orishaoko.
- Se prohíbe comer: conejo, gallo, jicotea, tortuga, maíz tostado, ñame, cerdo, cangrejo, pulpo, jamón de cerdo y pollo.
- Se prohíbe fumar, la ingestión de bebidas alcohólicas, teñirse el pelo y, a las mujeres, cortárselo.
- En este odu no se puede ser bravucón, porque los enemigos tratan de tumbarlo. Con el reposo de la mente se vence a los enemigos.
- Por este odu no se hace nada de religión en compañía de nadie, porque se pierde, pues esos después le harán la competencia.
- Prohíbe tener monos en la casa.
- Se le prohíbe ponerse las manos en la cabeza. Se cuidará de la candela.
- No podrá guardar nada de nadie en su casa, para evitar problemas de justicia.
Es un Ifá de vida corta: la persona deberá estar haciéndose Ebó, y se debe sacrificar a la Tierra. El signo marca descuido y abandono en relación con todo lo de la persona. Aquí tuvo lugar la cena de Cristo, pues representa un Ifá de traición.
Aquí era cuando la gente andaba sin rumbo: los del Cielo bajaban y los de la Tierra subían, hasta que llegó Shangó y puso el paraban; a todos aquellos que esto los agarró arriba, allá se quedaron, y los que los sorprendió abajo, aquí se quedaron. Baja y sube, los que vienen y van y los que van y vienen: habla de la oscilación del día y la noche.
Por este odu se debe recibir a Olokun y a Oduduwa. Aquí fue donde la tribu de los Alá-Imolé no creía en los Santos: solo adoraban al Sol (Olorun), a la Tierra (Aiyé) y a Egun (sus difuntos).
En Otura Meji nacieron los secretos de las raíces y de las ramas de los árboles, y nacieron las civilizaciones primitivas: este Ifá marca «el paso de la humanidad sobre la Tierra». Aquí nació el saber, y el que la inteligencia se capte a través de las neuronas cerebrales. Fue aquí donde el hombre dominó a los demás animales, y estos tuvieron que aceptarlo como rey de la creación; por eso este odu recibe el nombre de «Padre de la vida». Marca, además, que Obatalá nunca deja a sus hijos sin comida.
Cuando este odu viene por Ikú, la persona no se libra de la muerte, y si es por desobediencia, más rápido aún muere. Aquí el cuerpo camina sin alma: solo si Shangó jura salvarla es como la persona se salva. Este signo señala la pureza de la mujer, un lugar alto en la Tierra, la cólera de los hombres, el sacrificio de vivir entre fieras, muerto por enfermedad y ganancias por viajes.
Babá Otura Meji es odu de saludos y reverencias y de sabiduría; es el que más cerca de Olofin se encuentra, pero por ser caprichoso y orgulloso perdió su cabeza y se convirtió en un monstruo que a todos les da náuseas. Los hijos de este Ifá son caprichosos, orgullosos, mañosos y violentos por su fuerza de carácter, y por eso se pierden; tienen el defecto de hablar demasiado. Su lengua y la bebida alcohólica son sus peores enemigos, y no con tanta fuerza su orgullo y el capricho. Tienen delirio de sabiduría y pretenden que todo lo que dicen es la verdad absoluta; les gusta mandar y que se haga su voluntad. Pasan trabajos en sus matrimonios, pues no les agrada nadie y creen que no hay quien se avenga a sus formas.
«Agradezca el bien que le hacen y nunca se olvide de los que le ayudaron en sus problemas».
Los hijos de este Ifá son desconfiados, no creen en nadie y lloran de soberbia o de roña. No deben usar ropas rayadas, deben cuidarse la cabeza y el estómago, y por causa de los nervios pueden perderse.
Este odu, por querer vivir en la Tierra la condición de sabio, se autodestruyó, y con ello se separó del don del sexto sentido. Cuando llegó a la Tierra fue obediente y cogió el camino del bien, por eso se le dice «Ifá Imale»; después claudicó —faltó a sus deberes y principios— y cogió el camino del mal. Por eso a los hijos de este odu se les aconseja que nunca traten de vivir el osobo de este Ifá, que es el mal.
Por este odu se le da jutía a Orúnmila. Aquí hay que tener paciencia para poder gobernar y obtener todo lo que se desea en este mundo, y asimismo librarse de los enemigos. La persona con este signo tiene que ser cabeza de casa, y si no tiene paciencia no tendrá casa, ni dinero, ni personas que la acompañen, ni a quién gobernar. Aquí es Obatalá Aré quien prueba la paciencia de las personas antes de darles fortuna.
«ABALA MALEKUN MALEKUN SALA MA ALAJI ALAJI KUBURU ALAFIA ALAFIA».
Este es el Ifá con el que Orúnmila cogió al Imalé cuando bajaba del Cielo por la cadena para robar: lo que no podía comerse ni llevárselo, lo destruía, y después volvía a subir al Cielo por la misma cadena. Aquí también Obatalá salió a pasear y la loma le cerró el paso, y Orúnmila le hizo Ebó y lo libró de esa dificultad; por eso en este odu hay que hacerse Ebó para abrirse los caminos. Aquí a Eshu-Elegba se le ponen dos cuchillas, por dos suertes que le pertenecen.
Aquí Orúnmila fue perseguido por sus enemigos. En este odu los blancos tuvieron Ifá antes que los negros, y lo botaron por perder una guerra.
Aquí se le da de comer al techo de la casa (Babawa) con una jícara de Sara-Ekó, cascarilla y hierba prodigiosa, cubierta con tela roja; a los siete días se bota.
Aquí la persona hallará una fortuna que le traerá problema de justicia y quedará como ladrón; deberá también cuidarse de robos. En este odu Shangó es como si fuera el verdadero padre, la desobediencia se paga con la muerte y hay que recibir a Orishaoko.
En Otura Meji nació el Apó, la bolsa que utilizan los Awoses para viajar, y también nació el Nangareo, que se realiza antes de hacer un Itá y cuya ceremonia se detalla más adelante.
El Ifá del Awó Otura Meji lleva en cada mano 8 piedras, que en total son 16 piedras. El Awó que tenga este odu no deberá hacerle Ifá a los hombres de raza blanca.
Predicciones y consejos del odu
Cuando este odu aparece en una adivinación de ókpele o en una bajada de Orúnmila, se le debe aconsejar a la persona que tenga mucha paciencia para poder llegar al fondo de las cosas que desea hacer.
- Por este odu se deberá hacer Ifá y sacrificar un gallo, tela blanca, distintos tipos de granos, un cojinete, dos jicoteas y un mazo de leña, para que su fortuna pueda florecer sin lugar a dudas.
- No se pueden ingerir bebidas alcohólicas. Habla de viajes: sacrificar frecuentemente un chivo a Eshu-Elegba.
- Cuando aparece este odu en el Igbodun, en ceremonia de iniciación, se debe decir que hay que sacrificar cuatro gallinas, cuatro gallos, cuatro palomas y cuatro caracoles en una cueva, para que la persona pueda multiplicarse en la tierra y dedicarse a la práctica de Ifá.
- Deberá sacrificarle un carnero a su Ifá, un chivo a Eshu-Elegba y una trampa, para que después de tener varios hijos sus hermanos y hermanas no se vuelvan para destruirlo. Aquí no se come maní.
- Cuando este odu sale en el Igbodun, se deberá preparar rápidamente el santuario de Eshu-Elegba y sacrificarle un chivo, y se le debe advertir al iniciado que no debe ingerir más bebidas alcohólicas, pues serán la causa de su impotencia.
- Se le dirá también que los problemas financieros que ha tenido son por abandonar a Shangó, y que deberá darle de comer.
- Deberá además sacrificarle a Eshu-Elegba un chivo, un gallo, una cadena y un machete, con el fin de salvar su casa de un peligro inminente de guerra.
- Por este odu siempre hay que decir la verdad: aunque esta sea lenta y débil, al final siempre triunfará.
- Para encontrar la riqueza de este odu, deberá sacrificar un gallo, un machete, la ropa puesta, un cojinete, un mazo de leña, dos jicoteas y un chivo a Eshu-Elegba, y darle de comer a Olokun.
- Para evitar que pierda su dinero en un viaje, deberá sacrificar un machete, una jicotea y una estaca.
- En una vista ordinaria se le aconsejará al consultado que debe ofrendar a sus ancestros ñame machacado, y un gallo a Eshu-Elegba.
- Este odu vaticina que los Babalawos no deben utilizar el arte de la adivinación para buscar riquezas personales, pues la muerte se interpondrá entre ellos y esa búsqueda. Describe además que la persona que bote a un Babalawo de su casa se pone en peligro.
- Cuando este odu aparece para una mujer, se le debe aconsejar no ser curiosa, porque ello le traerá la muerte; ella debe ofrendar en sacrificio una cazuela de barro, tela blanca y dos gallinas blancas, en el centro del bosque.
- Para una persona que quiere iniciar una nueva empresa relacionada con la agricultura: deberá sacrificar distintos ñames machacados, aguardiente, aceite de palma y un gallo a Egun, al pie de un árbol frondoso.
- Este odu presagia dificultades y obstáculos; para evitarlos, debe ofrendar al pie de una loma o de una roca grande un sacrificio que consiste en una jutía a Ifá, un gallo a Eshu-Elegba y dinero, y depositar los animales en el lugar.
- Presagia también robos y pérdidas, por lo que debe sacrificar una ofrenda a Egun: comida cocinada, un gallo, una soga y un machete, en el lugar de sus ancestros.
- Aconseja también que no debe servir de mensajero ni dar recados: la gracia divina que le han otorgado no puede regalarla.
- Este odu prohíbe la avaricia y la ambición; tampoco se deben hacer grandes esfuerzos físicos, por problemas de infarto masivo.
Las enfermedades de Otura Meji
Las enfermedades que aquejan a los hijos del odu Babá Otura Meji son: pérdida del sexto sentido (la intuición), se utiliza trastocado el sexo, ceguera, lepra, varicela, cefaleas, mastoiditis, problemas en el parasimpático, padecimientos por vejez, se puede reventar una arteria e infarto masivo.
Acacia, trébol, mamey, farolito, maní, ñame y aroma amarilla.
El tratado acompaña este odu con el estudio de los padecimientos que lo caracterizan:
Lepra. Enfermedad infecciosa granulomatosa crónica, producida por el Mycobacterium leprae, caracterizada por lesiones de la piel, los nervios y las vísceras, con anestesia local, ulceración y gran variedad de lesiones tróficas. Es endémica en ciertos países y, después de un curso largo, termina ordinariamente con la muerte. Existen varios tipos de lepra: tuberculosa, abba, anestésica, de los árabes, asturiana, crustácea, de los cruzados y lazarina.
Varicela. Enfermedad infecciosa febril, exantemática, a menudo epidémica y generalmente benigna, propia de la infancia. Se caracteriza por fiebre y una erupción en grupos de pápulas que se convierten en vesículas, las cuales se secan sin supurar y no dejan cicatriz. La enfermedad dura una semana aproximadamente y no tiene ninguna relación con la viruela, salvo su aspecto.
Sífilis. Enfermedad infecciosa endémica, crónica y específica, causada por el Treponema pallidum, adquirida por contagio y transmitida por herencia. Según el período de la sífilis en que se manifiestan, los síntomas generales que reclaman la invasión del organismo comienzan dentro de los tres meses de la aparición del chancro, y se caracterizan por fiebre, roséola, erupciones diversas, sifílides, cloroanemia, iritis, alopecia y dolores violentos cefálicos, articulares y osteoscopos.
Mastoiditis. Inflamación de la apófisis mastoidea.
Parasimpático. Es la parte del sistema nervioso autónomo constituida por la porción craneal —de la que el nervio vago es la parte más notable— y la porción espinal o sacra. Se desarrolló históricamente como una parte suplementaria, y por eso sus centros se sitúan no solo en la médula espinal, sino también en el encéfalo. Sus fibras eferentes provocan la dilatación de los vasos, la inhibición de la secreción del sudor y el freno de la contracción de los músculos lisos pilosos del tronco y los miembros.
Relación de obras del odu Babá Otura Meji
Bastante cascarilla, un pañuelo blanco, cabellos de la persona, un pedazo de tela blanca, dos gallinas blancas, seis caracoles (dilogunes), una pelota de fango, mucho dinero.
La pelota de fango se moldea con la figura de una cabeza humana de hombre, mujer o niño, según el caso; se le colocan los cabellos y los 6 caracoles figurando ojos, nariz, boca y orejas. Se pone sobre la tela blanca y se le dan las dos gallinas blancas llamando a Opariko; se cubre con las plumas y se tapa con la misma tela blanca, echándole las cuatro puntas por encima.
En una tablita de madera se pinta Otura Meji, se cubre con cascarilla, se hace un paquetico y se pone debajo de la cabecera de la cama del enfermo los días que marque Ifá. Los cuerpos de las gallinas se asan y se llevan al cementerio.
Una chiva, una guinea blanca, nueve codornices, nueve varas de tela de distintos colores, una escoba de palmiche, tierra de la casa, nueve espadas de madera, nueve platos de colores, nueve granos de maíz tostado, nueve cocos, nueve huevos de gallina, un pedazo de cepa de plátano vestido con tela o ropa de la persona, nueve velas y 24 palomas blancas (ocho para Oduduwa, ocho para Obatalá y ocho para el muerto).
Se limpia al enfermo con todo lo anterior rezando Otura Meji; después se hace un paquete con todo, poniéndole 19 monedas de a cinco centavos, y se amarra con alfileres. La guinea blanca se mata como si fuera Oparaldo, y al mandadero se le pagan $5.25. Los nueve platos se llenan de fufú de calabaza y de malanga guagüí. Se hace Ebó con los demás artículos delante de Obatalá.
Se le da la chiva a Oyá, para contentarla por la traición que se le ha hecho, con los nueve platos de fufú de calabaza y de malanga guagüí, y después se hace Itá con Oyá. Se le dan las codornices, poniendo a Oyá encima de un pilón para que no se sienta afectada, y se cubre con los pañuelos o las nueve varas de tela de colores los días que indique.
Por este odu se les da de comer a los doce Apóstoles, con una sábana blanca, akará bibo, harina, carnero y cascarilla.
Este Ifá lleva una piedra negra dentro de una cazuela de barro y vive delante del Ifá. Come paloma.
Se coge la cabeza de un ratón y pelo de gato. Se amarra el pelo del gato, que representa a la policía, con la cabeza del ratón, que representa al ladrón; se entiza con siete hilos de distintos colores, se reza en el tablero y se le da de comer un gallo encima de Shangó, que es la policía.
Se cubre a Shangó con hojas de caimito y canutillo morado, o con hierba cucaracha. Se hace Ebó con eso y un pollón colorado, que se le da a Shangó y al Ebó; la cabeza, para el Ebó. A los siete días las hierbas se le retiran a Shangó y se botan en la puerta o en la esquina de una cárcel.
A Eshu-Elegba se le pone una jícara con Sara-Ekó, una a Shangó y una detrás de la puerta de la calle.
Se coge una cazuela de barro, se le abren 9 agujeritos, se pinta de blanco (cascarilla) y se le echan siete piedras, 7 cabezas (se pregunta cuáles son) y una mano de Ikines, y se siembra una mata de Ceiba.
Al pie de una mata de plátano se ponen un machete y carne de res, se llama a los Eguns (guía espiritual, protecciones espirituales y familiares difuntos) y se les dan 3 palomas.
Se pone a Shangó en el medio del patio y se le dan una jicotea y un gallo. Se coge una jicotea y se le echan en la boca hierba pata de gallina y atiponlá, pero antes se le introduce un garabatito en la boca para enfurecerla y que lo muerda, y así suelte el ashé; con eso se monta un Inshé-Osanyin.
Se machaca plátano de guinea con arena de río y pimienta de guinea, y se riega en la puerta.
Se coge una pata de carnero, se corta en siete pedazos y se cocinan bien sazonados. Se le pone un pedazo a Olofin en un plato blanco, que se coloca en alto y se le encienden dos velas. Se le pone un pedazo a Oduduwa, dedicado de igual forma; un pedazo a Ogún y otro al Egun de la madre si es difunta —si es viva, ese pedazo se le pone a Oshún—; un pedazo a Orúnmila, un pedazo a Shangó, y el séptimo pedazo se le pone a Yemajá. A cada Santo, al ponerle su pedazo, se le dice: «Le pongo esta ofrenda por la vida de fulano de tal y por la criatura que trae al mundo».
Se hace un muñeco de tierra de cangrejo (Ilekán), se le ponen sus cabellos y uñas, se coloca en una cajita forrada con telas de 7 colores y se lleva al pie de una mata de Iroko o de Ceiba.
Iyefá del odu, pelo de mono, cabeza de gallo y de jicotea de Shangó, 3 pimientas de guinea, manteca de corojo, jutía y pescado ahumado. Todo va forrado en tela roja y encima con cuero de tigre.
Se monta un Inshé-Osanyin dentro de una bolsita que se cuelga detrás de la puerta de la casa: crin de tres caballos distintos, tres flechas de plata, eru, obi, kolá, obi motiwao y un caracol korokoto. Esto come un pollón.
En el suelo de cemento se pinta una atena de Egun —o en un paño negro, si es sobre la tierra—; encima se ponen 9 pedacitos de coco untados en manteca de corojo y una pimienta sobre cada uno de ellos. Se amarra una soga de un lado al otro de la pared del Igbo-Egun, sobre la atena, y colgado de la soga se sacrifica un gallo o 3 palomas. Se sopla aguardiente, se deja 7 días y se lleva a su destino.
En la casa donde se haga esta obra hay que poner en el techo una jícara con Sara-Ekó y hierba prodigiosa cubierta con tela roja, sobre una base de arena de mar, ceniza o harina cruda —esto se le pregunta a Orúnmila—; al séptimo día se bota.
Un garabato de palo moruro o cambia voz: se le quita toda la corteza y se corta invertido, para que el garabato en forma de V quede hacia arriba. En la parte inferior se le amarra un Inshé-Osanyin, que va montado en un caracol cobo al que se le corta la base para encasquillarlo, después de cargarlo con: polvo de caracol, tierra de cementerio cogida a las 12 del día y a las 12 de la noche, ceniza de una cruz de cedro y polvo de frontal de jutía. El cobo se carga con: cabeza de gallo, jicotea, tiñosa, guineo, paloma, ero, obi, kolá, obi motiwao, anun, osun naború, aira y 21 palos fuertes (se preguntan). En la parte inferior se le pone un trípode de madera o de hierro para pararlo.
Arriba, en uno de los extremos de la V, se le ponen 5 plumas de diferentes aves: tiñosa, guineo, paloma, gallo y codorniz. En el otro extremo se le pone un cascabel, que es el que avisa. Todo el palo se forra en cuentas de los Oshas que coja. La carga del cobo lleva también: polvo de tiñosa, de lechuza, de paloma y de guineo.
Dice Ifá
- Que usted es hijo de Shangó, y lo persigue.
- Usted se va a encontrar una fortuna, pero al mismo tiempo se ha de hallar en un lío de justicia.
- Tenga cuidado con la candela y no lo vayan a robar.
- No coja nada de lo que esté tapado.
- Usted tiene muchos pesos encima.
- No se ponga las manos en la cabeza por nada.
- Usted está muy pobre, y si le traen algo no lo coja para guardarlo, porque le puede traer lío de justicia y puede pasar por el verdadero ladrón.
- No haga confianza de nadie.
- No se ponga sombrero viejo ni prieto.
- Usted tiene líos con sus hermanos.
- No haga favores, que puede perder su cabeza.
- Usted tiene que hacer Ifá.
- Pregúntele a Shangó qué es lo que quiere.
- Tenga cuidado no le den una cosa y después digan que es otra.
- La gente vela a la hora que usted come.
- No tome bebida alcohólica.
- Usted duerme mucho.
- Haga Ebó y verá que todo será felicidad.
- No sea abandonado.
- Usted tiene un gran enemigo que es mayombero: es un viejo gambao.
- Su cuerpo camina sin alma.
- Usted deberá coger el camino del bien y dejar el camino del mal.
- Tiene que tener paciencia para que pueda gobernar y obtener todo lo que desea en este mundo.
- Usted tiene que ser cabeza de casa, y si no tiene paciencia no tendrá casa, ni dinero, ni personas que lo acompañen, ni a quién gobernar.
- Lo van a ir a probar, para darle una fortuna.
- Usted tiene dinero guardado en un cajón envuelto en ropa: haga Ebó.
- Usted no puede tener monos en la casa.
- Usted no puede ser bravucón, porque los enemigos tratarán de tumbarlo.
- Usted no debe hablar demasiado.
- Usted, con el reposo de la mente, vencerá a sus enemigos.
- No sea caprichoso ni orgulloso, para que no pierda su cabeza.
- Agradezca el bien que le hagan y no se olvide de quién lo ayudó.
- No use ropa de rayas.
- Usted deberá cuidarse la cabeza y el estómago, y mucho cuidado con los nervios.
Refranes del odu Otura Meji
- Si das a guardar, a pedir te quedas.
- No se debe vivir con necesidades cuando se comparte la casa de un Sacerdote de Ifá.
- La riqueza y la abundancia no podrán cegarme.
- No se debe botar a un Sacerdote de Ifá de la casa.
- Entre el Cielo y la Tierra existen cordones que no se pueden mirar fijamente.
- La niñez es diferente a la vejez.
- La bebida es la causa de mi desánimo.
- Lo que se quiere, si es verdad, nunca se abandona.
- El pico que le sirve al ave para comer, le sirve para hacer su nido.
- El Sol no puede atrapar a la Luna.
- El Mundo es una tierra extraña, el Cielo es la casa.
- Solamente se tiene la felicidad que hemos dado.
- Un árabe no adora a otro árabe.
- El que trabaja con añil, se pinta la ropa.
- Olodumare es muy grande.
- Quítele las plumas de la cola al loro y ellas nacen de nuevo.
- Es tarde, no están mirando, no creen en nosotros.
- El hombre es el rey de los animales.
- El mentir no lo exime a uno de convertirse en rico. Romper los pactos no exime a uno de llegar a edad avanzada. Pero el día del sueño, ahí no esperan los problemas.
Eshu-Elegba del odu Otura Meji
Este Eshu-Elegba es el que preside el cambio de las horas del día y de la noche.
Carga: ero, obi, kolá, tierra de las cuatro esquinas recogida a las doce del día y a las doce de la noche, tierra de la cueva de un cangrejo con ceniza, cuatro palos de Eshu-Elegba, hierbas de Eshu-Elegba (se preguntan primero), azogue, agua de mayo, seis peonías, una semilla de aceituna, semillas de maravilla, raíz de diez del día, cabeza de jicotea y cabeza de cernícalo. Al prepararlo se le da un pájaro llamado Aparecido de San Diego, y después se lava.
El día antes de entregarlo se le da un pollito pequeño a las siete de la mañana; un gallo, al doce meridiano; una paloma, a las siete de la tarde; y un pollito pequeño, a las doce de la noche. Se le pondrá la carga base de los Eshu.
Se dice que este Eshu-Elegba bajó como un lucero a la Ceiba. Juega con los signos de nacimiento de cada Babalawo, y se le echa polvo divino (Iyefá) para completar la carga secreta.
Se coge un palo de Ceiba, se barrena por el centro y se coloca dentro de una cazuela de barro. Se carga con: ero, obi, kolá, osun naború, jutía y pescado ahumados y cascarilla, y se cementa el agujero de la cazuela. Encima se le hace una cabeza con su corona y dos caracoles para los ojos.
La boca se adorna con cuentas de Eshu-Elegba y el tronco se adorna incrustándole veintiún caracoles. Se le pondrá la carga base de los Eshu.
El Nangareo
Shangó descubrió el Nangareo en Otura Meji, en la tierra Imalé, y lo dio a conocer en la religión yoruba en el odu Odi Meji. Consiste en darles cuenta a las máximas deidades del Universo. Dentro de estas deidades supremas está Egun; es por eso que ese día no se le da Obi Omi Tuto a Egun, pues ya se le está dando cuenta. El Nangareo se realiza cuando existe un Itá, dándole Obi Omi Tuto.
- Una jícara grande con Sarao-Ekó: harina de maíz cocida, azúcar, miel de abejas, aguardiente, hojas de siempreviva y manteca de cacao.
- Cesta mediana.
- Paño rojo de 1 m x 1 m.
- Arena de mar.
- Coco.
- Jícara chica para moyubar.
- Jícara chica para tomar el Sarao-Ekó.
1. Obi Omi Tuto a Olorun.
2. Rezo a Olorun:
3. Súyere para presentar ante Olorun. El Obá canta cada llamada y el coro responde «NANGAREO»:
4. Pasan todas las personas presentes, probando el Sarao-Ekó con el canto anterior.
5. Se sacará en 4 pozuelos, para brindarle Sarao-Ekó a Egun, a Eshu-Elegba, a Shangó y a Orúnmila.
6. El paño rojo se le presenta a Olorun con el siguiente súyere:
7. Después se toma la canasta y, pidiéndole alrededor del Nangareo, se canta: «BARIKA BARIKA IMALE». Las personas inclinarán sus manos hacia el Cielo (Olorun) y harán movimientos de saludo.
8. Después se canta presentando la canasta a los 4 puntos cardinales, y se tapa con la canasta la jícara con el paño rojo:
Patakíes del odu Otura Meji
1.El nacimiento del odu Babá Otura Meji
En el Cielo hubo dos amigos que convinieron irse a la Tierra al mismo tiempo: Ori Alá —quien en la Tierra se llamó Otura Meji— y Ori Atosí. Ambos fueron a verse con dos Sacerdotes de Ifá llamados Odogbo Kon Areyi y Odogbo Kon Oro Run, y a los dos se les aconsejó lo mismo: que cada uno hiciera una ofrenda con un carnero a su Ángel de la Guarda —el carnero era para agasajar a las divinidades— y que ofrendaran además un chivo a Eshu-Elegba, un machete y papilla (ogiri). Ori Alá hizo la ofrenda; Ori Atosí se negó, insistiendo en que, si Olodumare ya lo había autorizado a irse al mundo terrenal, era una pérdida de dinero y de esfuerzo sacrificar a divinidades de menor rango. Y así partieron ambos hacia la Tierra.
Después de criarse en la Tierra se hicieron amigos entrañables. Su oficio era recoger leña para venderla. Un día, Otura Meji insistió en que debían ir por adivinación para encontrar la forma de prosperar en el negocio; su amigo, llamado Alaroye en la Tierra, argumentó que era inútil gastar en consultas el dinero ganado con la venta de la madera. Fueron a ver a un Sacerdote de Ifá llamado Peremu Sheke: Otura Meji reunió todos sus ahorros, que sumaban sesenta y cinco cauries, y arrastró a su amigo para que cada uno se consultara. Entre los dos tenían un machete con el que cortaban la leña en el bosque y un gallo que los despertaba por la mañana para sus tareas. En la consulta se les dijo a ambos que hicieran una ofrenda con un machete y un gallo, más la ropa con la que habían viajado al bosque. Alaroye comentó en broma que el adivino quería privarlo de lo único que tenía, e insistió en que jamás haría semejante sacrificio de autoprivación.
Otura Meji, al llegar a casa, decidió regresar a donde el Sacerdote de Ifá para cumplir: recogió su único machete y su gallo favorito, se quedó solamente con el pantalón puesto y llevó también el dinero que tenía. Se le indicó agregar el cojinete con el que cargaba la leña del bosque al mercado. El Awó hizo la ofrenda quemando el cojinete y la ropa, y dejó el machete en el santuario de Eshu-Elegba; a través del conjuro le dijo a Eshu-Elegba que Otura Meji había ofrendado todos los instrumentos con los que ejercía una vocación opuesta a la que estaba destinado, y le rogó que lo preparara para enrumbar correctamente su destino. Después degolló el gallo en el santuario. Terminado el sacrificio, Otura Meji volvió a casa con las manos vacías, sin la más mínima idea de qué hacer después.
A la mañana siguiente Alaroye fue a buscarlo para el recorrido habitual. En el bosque, Otura Meji recogió la leña con las manos, porque ya no tenía machete. Cuando llegó el momento de cortar una soga para atar su carga, le pidió prestado el machete a su amigo, y este se negó diciéndole que, si no hubiera entregado el suyo, no tendría que pedir prestado; terminó su propia tarea y se marchó, dejándolo molesto. Otura Meji utilizó entonces sus propios dientes para cortar una soga y atar la leña. Mientras cortaba vio una enorme tortuga, y la ató al mazo de leña; fue por otra soga para amarrar otro mazo y, al traerla, vio otra tortuga y la ató también. Una quedó claramente visible en la parte de arriba del bulto y la otra iba oculta dentro del haz de leña. Llegó a su casa casi de noche y con mucha hambre.
En el Cielo, la hija de Olokun, la deidad de las aguas, atravesaba un difícil proceso de parto, y se había dicho que se necesitaba una tortuga para un sacrificio que le diera un alumbramiento feliz. Olokun mandó mensajeros al mercado de Oja Ajigbomekon —al que asistían por igual los moradores celestiales y los terrícolas— a buscar una tortuga a cualquier precio. Al mismo tiempo, la esposa de Alá, la deidad de la prosperidad, estaba enferma en el Cielo, al borde de la muerte, y a Alá también se le había dicho en la adivinación que ofrendara una tortuga, por lo que igualmente mandó a comprar una al mercado, costara lo que costara. Los mensajeros celestiales exploraron el mercado completo durante todo el día sin encontrar ninguna. Al regresar al Cielo a informar del fracaso, se pidió la asistencia divina de Olodumare, quien envió a la policía celestial a apostarse en la frontera entre el Cielo y la Tierra y a adivinar, por medio de una bola de cristal, todos los lugares donde hubiera tortugas.
Mientras tanto, Eshu-Elegba había hecho que todas las tortugas vivas se enterraran bajo la tierra, y a otras las desapareció haciéndolas invisibles. Ese fue el momento en que Otura Meji regresaba del bosque con su tortuga encima del mazo de leña. Desde su puesto, los policías celestiales lo vieron caminando con la tortuga sobre la carga, midieron la distancia a través del telescopio y al instante se le acercaron para comprársela. Empezó la subasta, y llegó al punto en que estaban dispuestos a pagarle con doscientos hombres, doscientas mujeres, doscientas bolsas de dinero, doscientas piezas de ropa, doscientos costos de cuentas, doscientos chivos, doscientos carneros, doscientos gallos, etcétera. Apareció entonces Eshu-Elegba como un cazador neutral y aconsejó a los mensajeros celestiales regresar a casa para traer los precios ofrecidos y convencer así al vendedor.
Los primeros en volver fueron los representantes de Olokun, que recibieron la primera tortuga a cambio de todo lo ofrecido. Eshu-Elegba le preguntó a Otura Meji si tenía otra tortuga que vender, y él respondió que le quedaba una dentro del mazo de leña. Cuando se marcharon los enviados de Olokun, Eshu-Elegba le aconsejó ocultar sus premios en una cabaña de los alrededores, y esperaron la llegada de los representantes de Alá. Estos llegaron con su oferta, pagaron y recogieron muy rápido la segunda tortuga, contentos de creer que le habían tomado la delantera a los enviados de Olokun. Cuando se fueron, Otura Meji llevó todas las cosas a la cabaña, e hizo que los esclavos le construyeran una morada a su nuevo señor. No obstante, Eshu-Elegba le aconsejó ir a vender su leña y comer de esos ingresos: la vendió en sesenta y cinco cauries, compró la comida que acostumbraba comer, y esa fue su última venta de leña.
Su vida se transformó al instante: pasó de la penuria a la abundancia y llegó a ser uno de los hombres más ricos de los alrededores, con una morada propia llena de esposas, sirvientes y comerciantes a su entera disposición. Un día su amigo, que hacía tiempo no lo veía por el bosque, decidió ir a buscarlo. Llegó a la puerta con su cojinete y su machete, y al observar aquel ambiente de prosperidad, lleno de sólidas edificaciones, se desconcertó: lo primero que pensó, al no ver la cabaña habitual, fue que a Otura Meji lo habían desalojado ocupantes más ricos. El portero que rondaba el lugar le dio el alto, y por atreverse a mencionar el nombre de su señor comenzó a molestarlo; pero al insistir en que aquel hombre era su amigo, lo llevaron adentro. Al ver a Otura Meji no pudo reconocerlo, e insistió en que buscaba al compañero con quien vendía leña. Otura Meji le preguntó si reconocería a ese hombre si lo viera y, al decirlo, el amigo rompió en llanto; entonces se identificó y le reveló que el día en que lo dejó abandonado en el bosque, tras negarle el machete, fue el día en que descubrió su nueva fortuna.
Otura Meji recordó que su prosperidad era el resultado del sacrificio realizado, y le preguntó a su amigo si estaba listo para hacer el suyo. Este respondió que sí, aunque a regañadientes, porque no tenía dinero. Otura Meji le dio el dinero para el sacrificio, y reunió cinco hombres, cinco mujeres, cinco chivos y cinco bolsas de dinero como acción de gracias para el Sacerdote de Ifá que había hecho la adivinación y el sacrificio en su favor, rogándole que hiciera también el sacrificio atrasado de su amigo. A Eshu-Elegba le entregó cinco chivos en agradecimiento por la ayuda prestada. Después del sacrificio llevó a su amigo a casa, le dio una vivienda donde dormir con su propio séquito, y ambos vivieron juntos y prosperaron enormemente en lo adelante, manteniéndose siempre muy apegados a Peremu Sheke, el Sacerdote de Ifá que hizo las consultas y los sacrificios en su beneficio.
2.Otura Meji inauguró el camino para que la riqueza viniera al mundo
En este camino se subraya que fue Eshu-Elegba quien hizo que se enfermaran la hija de Olokun y la esposa de Alá; fue también el causante del ocultamiento de todas las tortugas existentes en el Cielo y en la Tierra, y el que inventó los subterfugios para crear un ambiente favorable con el fin de prestarle ayuda a Otura Meji. Cuando la policía celestial regresó al Cielo e informó a Olodumare del alto costo pagado por una simple tortuga de la Tierra, Olodumare quiso saber si era posible que, debido a la pobreza imperante en la Tierra, hubieran extorsionado a sus enviados. Entonces ordenó al tesorero celestial abrir las puertas del tesoro para que cayera dinero sobre la Tierra, y una constelación de monedas salió en dirección al Mundo.
Una vez más, Eshu-Elegba fue a donde estaba Otura Meji y le avisó que el dinero venía en grandes ejércitos hacia la Tierra, pero que solo entraría en la casa del anfitrión que pudiera decorarla con lo que al dinero le gustaba comer: le aconsejó extender una manta blanca frente a su casa, llenarla de ñame machacado (ewó) y regarlo alrededor de la vivienda. Tras alertar a Otura Meji de la llegada de los visitantes celestiales, Eshu-Elegba salió al encuentro de los portadores del dinero en el camino y les advirtió que las personas del Mundo eran muy desorganizadas para darles alojamiento adecuado, y que había un solo hombre, llamado Otura Meji, capaz de ofrecerles una hospitalidad digna. Se dirigieron en tropel a su casa, sin detenerse en ningún otro lugar, y allí hallaron en efecto un ambiente propicio y familiar. De esa forma, Otura Meji pasó a ser una de las personas más ricas del mundo conocido en aquel tiempo.
Cuando Otura Meji se revela en la consulta a un hombre pobre, se le debe decir que tenga su propio Ifá y que haga la ofrenda necesaria para que su fortuna florezca sin duda.
3.Otura Meji hizo adivinación en el Cielo para Babá Imolé
LAHILA ILALA HU: esta es la expresión de invocación a Otura Meji, a quien en el Cielo se le llama ENI BABA IAABA, porque fue él quien le hizo adivinación a Babá Imolé antes de que este abandonara el Cielo para venir a la Tierra.
Este es el nombre del Sacerdote de Ifá —Otura Meji— que adivinó para el jefe de los Imolés, para permitirles heredar la propiedad de la Tierra con un mínimo de esfuerzo, a partir de una posición sedentaria. A Babá Imolé se le dijo que hiciera un sacrificio con cuatro gallinas, cuatro gallos, cuatro palomas y cuatro caracoles, y él lo realizó.
Cuando llegó al Mundo, luchó mucho tiempo antes de darse cuenta de su destino; pero cuando por fin volvió a encontrarse con Otura Meji en la Tierra, este hizo por él los mismos sacrificios en la cueva, y le dijo que su rebaño se multiplicaría, aunque la recompensa de su sacrificio la recogerían sus descendientes y seguidores. Le anunció que siempre conseguirían dinero con muy poco o ningún esfuerzo, y que aquellos que quisieran conocer la verdad sobre Olodumare vendrían siempre a él en busca del mensaje.
4.Él hizo adivinación para el maní
Cuando el maní vino al mundo, fue Otura Meji quien le hizo la adivinación. El maní estaba deseoso de tener muchos hijos en la Tierra, para que su pueblo disfrutara de una sempiterna popularidad; pero se le dijo que hiciera sacrificio para que, después de tener los hijos, sus hermanos y hermanas no pudieran volverse contra ellos para destruirlos. Se le aconsejó servir a Ifá con un carnero y a Eshu-Elegba con un chivo; se negó, y partió a recorrer el mundo sin sacrificio alguno.
Al llegar al mundo fue en realidad muy productivo, porque tuvo muchos hijos a la vez, aunque ocultó a los menores bajo la tierra. Entre tanto, Eshu-Elegba le avisó a la coneja —que también acababa de parir y buscaba con qué alimentar a sus crías— y llamó además la atención del erizo (urare) y de la liebre (ekun) sobre el valor nutritivo de los hijos del cacahuete. Siguiendo sus consejos, todos empezaron a alimentar a sus crías con maní.
Cuando el maní descubrió que lo estaban dejando sin hijos, fue a donde un Sacerdote de Ifá llamado Jemi Sudi, quien le aconsejó lo mismo: servir a Ifá con un carnero y a Eshu-Elegba con un chivo. Hechos estos sacrificios, Eshu-Elegba fue a donde estaba el campesino y le aconsejó poner trampas alrededor de su finca para atrapar a los animales intrusos que la devastaban. El campesino rodeó el lugar de trampas y cayeron varios animales; al ver que el maní había sido fuertemente fortificado, los demás abandonaron la plantación, y el maní y sus hijos prosperaron y sobrevivieron, para que sus cosechas reportaran ganancias directas a la humanidad. También sobrevivieron sus semillas, que mantienen el florecimiento de su generación hasta nuestros días. Más tarde, el cacahuete fue a agradecerle a Orúnmila por ayudarlo a salir con vida del ataque furioso de los que lo rodeaban.
5.Hizo adivinación para el hombre blanco que quería hacer un ser humano
El trabajo más importante hecho por Otura Meji en el Cielo fue la revelación de cómo el hombre blanco trató de aprender de Olodumare la forma de hacer un ser humano. El hombre blanco había desarrollado tanto el campo de la invención en la Tierra que pensó que podía coronar sus logros si conseguía que Olodumare le enseñara a hacer un ser humano. Cuando arribó al Cielo se acercó a un Sacerdote de Ifá llamado Ayegbe Kooshe Gbere Gede, quien le dijo: «No hay espejo lo suficientemente ancho para ver el largo de todo un año».
Se le aconsejó al hombre blanco ofrendar un chivo a Eshu-Elegba, pero se negó a hacerlo, porque él no creía en sacrificios fetichistas. Sin hacer la ofrenda se fue al palacio de Olodumare para que le enseñara la forma de hacer un ser humano. Como Olodumare no rechaza nunca ninguna pregunta que le hagan, le dijo que trajera barro para el trabajo, y este lo trajo. Olodumare tiene en sus talleres un espejo grande en el que se fija cuando está moldeando algún objeto: observa a través de él el reflejo del objeto, al que debe considerar perfecto antes de confirmar que está apto para existir. Olodumare moldeó la imagen de un ser humano mientras el hombre blanco lo observaba; después la dejó secar y se retiró al interior de su cámara para atender a otros que lo procuraban.
Tan pronto como Olodumare se fue, Eshu-Elegba apareció en el taller con la forma de un guardia celestial y le preguntó al hombre blanco si no podía hacer una réplica de la imagen preparada por Olodumare. El visitante contestó afirmativamente, y entonces Eshu-Elegba le dijo que se fuera a casa con la imagen, la cual hablaría después de secarse. Con ese consejo Eshu-Elegba lo había engañado: se llevó la imagen humana, pero cuando llegó a su casa, la imagen no pudo hablar después de seca. Es por eso que el hombre blanco es incapaz, hasta nuestros días, de moldear una imagen parlante: por haberse negado a hacer la ofrenda.
Cuando Otura Meji se le revela en la adivinación a alguien deseoso de hacer algo, se le debe orientar que tenga mucha paciencia para poder llegar al fondo del asunto.
6.Hizo adivinación para la verdad y la falsedad
Con el poema siguiente aconsejaba a la verdad y a la falsedad, que en el Cielo estaban peleando:
En otra versión del mismo camino, el poema se traduce así:
La verdad y la mentira discutieron entre ellas: la verdad argüía ser más poderosa que la mentira, y la mentira, por su parte, decía ser más fuerte que la verdad. Otura Meji les dijo que el poder de la mentira era transitorio y efímero, y que la verdad, aunque lenta y débil, al final siempre vence a la falsedad. Luego les cantó:
7.El origen del golpe de estado contra la antigüedad
Otra revelación de Otura Meji versa sobre la forma en que la juventud y la vejez tenían cierto tipo de autoridad. Tradicionalmente, la antigüedad de la edad era la prueba de la sabiduría y de la autoridad, y no se le permitía a una persona joven intervenir cuando los mayores conversaban. Otura Meji contó la forma en que esa tradición cambió, para permitir a las personas jóvenes disputarles la posición y la influencia a los mayores. Cuando la juventud y la vejez fueron a pedirle a Olodumare el poder y la autoridad, se consultaron con tres Sacerdotes de Ifá llamados:
Les aconsejaron a los dos que hicieran una ofrenda para regresar al Cielo. Cuando llegaron, Olodumare les dijo que volvieran pasados siete días con doscientos un ciervos cada uno. Esto ocurrió antes de que Eshu-Elegba cerrara la ruta que va desde el Cielo a la Tierra: en aquel tiempo todavía era posible ir y venir entre ambos. El anciano no tuvo dificultad para reunir sus doscientos un ciervos; el joven solo pudo reunir cincuenta.
El día señalado partieron por separado hacia el Cielo. En el viaje, el joven alcanzó al viejo en el camino y se ofreció a ayudarlo a llevar su carga de ciervos; el viejo agradeció el gesto. Entonces el joven le dijo que no podía ir a su paso tan lento, y se adelantó con paso más rápido, prometiendo esperarlo. En la puerta del Cielo el joven avanzó veloz y llegó pronto; antes de entrar, ató sus cincuenta ciervos con los doscientos uno del viejo en un solo paquete, y partió hacia el Palacio Divino de Olodumare. Al llegar entregó los doscientos cincuenta y un ciervos como si fueran su propio premio, para procurarse mayor autoridad. Con todo, Olodumare le dijo que esperara a que llegara el viejo.
Cuando el viejo llegó, le dio las gracias al joven por ayudarlo a llevar su paquete y esperarlo; pero cuando le pidió su parte, el joven negó incluso haberle aliviado la carga e insistió en que todo el paquete le pertenecía; de hecho, acusó al viejo de intentar robarle. La discusión provocó la intervención de Olodumare, quien preguntó cuánto había traído cada uno. El joven explicó que había salido de su casa con los doscientos cincuenta y un ciervos y los caracoles, y entonces Olodumare determinó que los caracoles y los ciervos pertenecían al hombre más joven, y le dio el poder y la autoridad.
El incidente demuestra la razón por la cual, hasta el día de hoy, el joven puede apoderarse del poder y tomar las riendas de manos de sus mayores en diversas comunidades humanas. Antes había que ser un adulto mayor de edad para aspirar a ocupar un alto puesto en el poder; por eso los jóvenes tienen en la actualidad participación en el gobierno, pues le arrancan el poder a sus mayores. Esta no es la situación del Cielo, en donde todavía los mayores gozan de la hegemonía.
Cuando se revela en la consulta Otura Meji, se debe aconsejar a la persona que, si va de viaje, no permita a nadie que cargue su bolso, porque corre el peligro de perderlo.
8.Otura Meji viaja a Imodina a ayudar a los Imolés
Se ha revelado que Otura Meji viajó a Imodina, y que fue él quien enseñó a los Alufas el arte que practican aún hasta nuestros días. Antes de partir hacia allá, fue por adivinación a un grupo de Sacerdotes de Ifá llamados:
Se le aconsejó ofrecerle a Eshu-Elegba un chivo, debido al evangelio que debía predicar en una tierra desconocida (ilu aimon). Después de haber viajado durante largo tiempo, comenzó a preguntarse si tenía alguna idea clara del lugar al que se dirigía y, al no hallar respuesta, decidió regresar. Lo acompañaban dieciséis Sacerdotes de Ifá más algunos sirvientes, y pese a que habían llevado comida para tres meses, se les estaban agotando las provisiones. Esa noche Orúnmila se le apareció y le dijo que los habitantes del lugar al que se dirigía ya lo estaban esperando; que para llegar debían viajar durante trescientos días y trescientas noches; que tenía mucho que hacer, no solo en el camino sino también en aquel lugar; y le aseguró que no carecerían de nada durante la travesía.
Otura Meji atravesó todos los bosques y comenzó a adentrarse en un territorio escarpado, donde decidieron descansar al pie de una inmensa roca. Mientras descansaban escucharon voces, como de aquellos que viven debajo de la tierra. Organizó de inmediato una expedición a la roca y descubrió una abertura hacia la que se dirigían huellas que entraban y otras que salían. Se sentó junto a la roca a observar, y no pasó mucho tiempo antes de ver salir a unas personas de lo que parecía una cueva, quienes se sorprendieron al verlo, ya que creían ser los únicos habitantes del mundo. Ni Otura Meji entendía el idioma de ellos, ni ellos el suyo; sin embargo, de alguna manera llegaron a comunicarse. Era evidente que Otura Meji y los suyos deseaban alimentos, y este decidió consultarlos, e inmediatamente supo que tenían problemas. Preguntó por su jefe, quien, tras presentarse, le reveló la razón que lo había llevado a la cueva junto a los suyos: él era un eunuco, y sus hombres confirmaron la historia. Otura Meji le dijo que el pap (akarau) que solía beber era la causa de su impotencia, y le ordenó no beberlo más.
Este problema se suele asociar con los hijos de Igbodun de Otura Meji; es por ello que el ono Ifá en el santuario de Eshu-Elegba se debe preparar para ellos con un chivo, con lo cual quedarán resueltos sus problemas.
Cuando Otura Meji preguntó el nombre de aquel lugar, le respondieron que era la aldea de Imodina. Se dirigió a otro hombre que se lamentaba de no tener dinero, y le dijo que sus problemas financieros se debían a que había abandonado a la deidad Shangó, que lo había seguido al mundo. Como resultado de esas revelaciones, los habitantes comenzaron a preguntarse de qué fuerza y poder había sido dotado Orúnmila, y para probar su poder, Otura Meji comenzó a enseñarles su propio arte de adivinación. Antes de alcanzar la perfección, todos debieron partir a librar una guerra, guiados por su jefe, llamado Momodú; en la cueva solo quedaría la madre del jefe. Otura Meji ignoraba que nadie se quedaría para cuidar a la anciana, por lo que él también partió a consultar. Transcurridos treinta y un días de la partida de los Imolés hacia la guerra, regresó a la cueva y halló a la madre de Momodú muerta de inanición: en la pared de la cueva había hecho treinta y una marcas, que indicaban los días que había sobrevivido al hambre antes de dejar su espíritu. Otura Meji preservó el cuerpo de la anciana en un secadero especial.
Entre tanto, Otura Meji ya había comenzado a desarrollar su hacienda, que dio una excelente cosecha. Tan pronto como Momodú y los suyos regresaron del campo de batalla, saquearon todas las haciendas, incluida la suya, por lo que hizo un sacrificio con el fin de salvarla: se le ordenó ofrecerle a Eshu-Elegba un chivo, un gallo, una cadena y un machete, y lo hizo de inmediato. Al regresar, Momodú descubrió la muerte de su madre y, al ver las marcas en la pared, se percató de que la desvalida mujer había muerto de hambre. Casi en el acto proclamó que sus seguidores debían padecer hambre durante treinta y un días para llorar la muerte de su madre, y que ese sacrificio de ayuno se convertiría en una obligación de carácter anual. Existe una fuerte creencia de que el tutelaje de Otura Meji a los Imolés explica la semejanza entre la adivinación de Ifá y la adivinación de Alfa: los símbolos son los mismos, aunque no así los nombres, y ambas se hacen con múltiplos de dieciséis.
Una vez ofrecido el sacrificio a Eshu-Elegba, este se dispuso a trabajar en vista de la comida que se le había ofrecido. Cuando los seguidores de Momodú pretendieron arrasar la hacienda una vez más, Eshu-Elegba ya había utilizado la cadena del sacrificio para colocar una trampa invisible en torno a ella. Al entrar, la trampa se accionó y atrapó a siete de ellos, que desaparecieron en el Cielo; los siete restantes cayeron a tierra. Desde ese instante comenzaron a rezar con sus manos y alzaron la vista al Cielo, para pedirle a Olodumare que enviara de vuelta a sus siete colegas desaparecidos.
9.Otura Meji va a Imeka
Tras la muerte de la madre, Momodú se mudó para Merab Imeka con el fin de establecerse allí, y muy pronto Otura Meji, que contaba con un gran séquito, lo siguió. Cuando llegó a Imeka se encontró con Momodú, quien le dijo que había estado tratando de resolverle al pueblo de Imeka tres problemas: librar las inmediaciones de la ciudad de un dinosaurio enloquecido, llamado Kenkún, que atemorizaba la vida de los habitantes de las cuevas y rocas de los alrededores; resolver el problema de la esterilidad, entonces predominante en el lugar; y rebajar la altura de la roca que pendía sobre la ciudad como un farallón.
Otura Meji poseía un contenedor llamado Adó, en el que guardaba su instrumento de poder, con el que podía hacer y deshacer. Primeramente extrajo parte del contenido y ordenó a todas las rocas de las inmediaciones de la ciudad de Imeka que se quebrantaran al instante: todas se desplomaron al mismo tiempo y los dinosaurios murieron aplastados. Así fue como se extinguió la generación de dinosaurios de Imeka y se deshicieron las rocas. Tan pronto como terminó sus hazañas —rebajar la altura de las rocas y eliminar los dinosaurios—, una niña instintivamente se arrodilló e inclinó su cabeza al suelo para darle las gracias; otras personas del pueblo la imitaron de inmediato, y a partir de ese momento la niña se convirtió en su seguidora. Otura Meji le expresó a Momodú que, antes de resolver el tercer problema, el de la infertilidad, le gustaría ver al rey del pueblo.
Le dijeron que al rey se le podía ver una sola vez al año. Entonces Otura Meji le pidió a uno de sus seguidores que sacara una piedra que él había traído durante todo el viaje desde Ifé: cuando la puso en el suelo, la piedra se multiplicó en doscientas. Los que estaban alrededor y vieron el milagro se concentraron junto a él y sus seguidores, y en breve tiempo se reunió una multitud. Les dijo que recogieran las piedras y las lanzaran en dirección al palacio, aclarando que la operación era necesaria para que el rey saliera. Mientras las lanzaban, el viento las llevó y cayeron en el techo de la residencia real; cuando el sonido se hizo insoportable, el rey decidió salir a verificar por sí mismo lo que sucedía. Al salir vio a Otura Meji y a sus seguidores, y muy rápido fue informado de los milagros que habían realizado.
El rey le confirmó que el gran problema del país era la ausencia de hijos. Otura Meji le preguntó por la remuneración que recibiría si lograba solucionarlo, y el rey le prometió que él y su pueblo cantarían en alabanza a Orúnmila de generación en generación. En ese momento, Otura Meji le pidió al rey que lanzara una de las piedras en dirección al palacio, como habían hecho los otros. Igualmente le pidió a uno de sus seguidores que golpeara a Momodú con un garrote que traía consigo; después del golpe le preguntó si el efecto era doloroso, y Momodú confirmó que ciertamente lo era. Otura Meji le preguntó entonces la razón por la cual había ido a esconder a Amina, la esposa de Audú, quien se hallaba presente; entonces Audú sacó su daga y se la enterró. Estaba mortalmente herido, pero Otura Meji sacó un ñame y coco, se los dio a Momodú, y la herida sanó de inmediato. No obstante, le dijo a Audú que fuera a la cueva donde su esposa estaba escondida, y así lo hizo: la encontró y se abrazaron. La esposa rápidamente se arrodilló y le rogó que la perdonara, pues le habían dicho que él había muerto en combate durante la guerra. El esposo le contó que un extraño lo había conducido hasta la cueva donde estaba escondida, y al enterarse ella del maravilloso trabajo hecho por el visitante, se ofreció a ir a verlo, con el fin de que la ayudara a procrear.
Ambos fueron ante Otura Meji, quien le dijo a la esposa que se alegrara, porque iba a quedar embarazada y su primer descendiente sería una niña. La mujer preguntó cómo podría agradecerle a Orúnmila si se cumplía tal predicción. Al siguiente mes Amina quedó embarazada y, después de que Otura Meji abandonó Imeka para continuar su viaje, dio a luz una niña a la que nombraron Ifatumo, nombre que significa «basta depender de Ifá»; posteriormente el nombre se modificó a Fátima. Tan pronto como Amina quedó embarazada, el resto de las mujeres de Imeka comenzaron a procrear. No obstante, Otura Meji le dijo al rey de Imeka que a las deidades les había gustado la forma en que Momodú había ocultado a la esposa de Audú, y que antes de que cualquier mujer de su reino quedara embarazada, esta debía ocultarse de la misma forma. Es por ello que, cuando un esposo desea que su esposa quede embarazada, debe ocultarla de la vista de la gente: así comenzó en Imeka la costumbre de que las mujeres lleven velos, y la de que todos los visitantes lancen piedras, como Otura Meji les ordenó a los Imolés, al pie de la roca que solía pender sobre la ciudad.
Se dice que Otura Meji vivió en la tierra de Aimo durante doce años. Aunque la mayoría de sus seguidores prefirió permanecer allí por el resto de sus vidas, las costumbres y tradiciones eran demasiado ajenas para que él tomara tal decisión. Por eso en el ifismo se dice que a Orúnmila le había simpatizado la gente de Imeka, pero como era una tierra donde la posición y la riqueza valían más que la edad, prefirió regresar a su casa de Ifé. En particular, se sintió perturbado por las premisas que servían de base a las normas y costumbres de la vida de toda esa región, que concedían un lugar cimero a la pobreza y a la destrucción adversas como muestra de rectitud. Como hombre rico que era, quería que todos fueran felices en la vida, puesto que nadie en el Cielo desea llevar una vida en medio de la escasez y la penuria en el transcurso de su destino: las deidades fueron enviadas al mundo para llevar una vida pacífica, como la del Cielo, y para eliminar la violencia y la discordia. Así, Otura Meji regresó al Cielo tan pronto como llegó a Ifé.
10.Los orangutanes
Los orangutanes querían cambiar de situación, porque estaban cansados de ser como eran, y deseaban que Orúnmila los completara, ya que querían ser personas y no animales. Cuando Orúnmila los registró les vio este odu, Otura Meji, y los mandó a hacer Ebó, advirtiéndoles que, además, tenían que callarse, para no anticipar los acontecimientos. Los orangutanes se marcharon y después celebraron una reunión para analizar las palabras de Orúnmila; pensaron que este los había engañado, pues según ellos era Olokun quien podía arreglarles el problema, sin necesidad de Ebó ni de mantenerse callados.
Estando reunidos llegó Eshu-Elegba y les dijo que al día siguiente Olodumare los iba a hacer personas. Fue tanta la alegría, que se olvidaron de rectificar lo que habían hecho con Orúnmila: se pusieron a bailar y a celebrar la noticia, cantando a toda voz: «Mañana Olodumare nos va a hacer gente». Eshu-Elegba, que los supervisaba, vio la desobediencia y se lo dijo a Olodumare.
Al siguiente día, Olodumare mandó a buscar a los orangutanes y les dijo: «Pongan todos las manos en el suelo». Y cuando lo hicieron, Olofin sentenció: «Por desobedientes y por hablarlo todo antes de que sucedan las cosas, se quedarán como lo que son: animales».
11.El cangrejo y su cabeza
2 gallos, 2 piedras, 1 látigo, la cabeza de un muñeco, tierra de la loma, demás ingredientes, mucho dinero.
Había un hombre que no tenía cabeza; sin embargo, se las arreglaba tan bien con las manos que todo se lo apropiaba. El cangrejo era bueno, noble y fatalmente confiado, amigo del hombre sin cabeza. Un día le prestó la cabeza para hacerle un favor, ya que Olofin había invitado a todos a la casa de la loma (Oké) para discutir entre todos quiénes serían capaces de dirigir la Tierra. El hombre se desenvolvió bastante bien con la cabeza prestada: observó, movió los ojos, miró a su alrededor y manejó su fina voz con tal elocuencia que Olofin no dudó de su inteligencia y lo nombró cabeza en la Tierra, o sea, guía principal.
El cangrejo, que no había asistido a la reunión, esperaba por su amigo, un tanto impaciente, a la salida de la loma. El hombre, al verlo, le preguntó con tono de voz fuerte: «¿Qué hace usted ahí?». El cangrejo le contestó: «Pues espero por usted, para que me devuelva mi cabeza». Y el hombre, con voz afirmativa, respondió: «Sepa usted que mi decisión es quedarme con la cabeza». El cangrejo le replicó que no era necesario quedársela, pues cuantas veces se la pidiera él se la prestaría, y le rogó que se la devolviera porque esa noche la necesitaba. «Usted sabe —dijo el hombre— que a mí me hace más falta que a usted, pues hoy me nombraron dirigente de toda la Tierra. Por lo tanto, quédese descabezado y no me moleste más».
El cangrejo, molesto, protestó; pero como no tenía dirección, daba tumbos, mientras el hombre hizo sonar el látigo de manatí que Olofin le había dado como atributo para el mandato de su cargo, lo amenazó y le dijo: «Si vuelves a molestarme, te desbarato». El cangrejo no podía esperar tan bajo proceder, pero como el hombre lo amenazó y amedrentó con el látigo, en su huida rodó de espaldas por la loma hacia abajo, y donde llevaba la cabeza se le colocaron dos piedrecillas, formándole los ojos. Pues si el cangrejo no tiene cabeza, es porque el hombre, con su egoísmo, se la quitó.
12.Donde los hijos de Orúnmila respetan al pulpo y al cangrejo
2 gallinas negras, 1 faja, tinta, demás ingredientes, mucho dinero.
Orúnmila se encontraba perseguido por una tribu de incrédulos. Viéndose acosado y perdido, y como llevaba consigo su Ifá alrededor de la cintura, envuelto en una faja, lo puso a la entrada de la cueva del cangrejo, evitando así que cayera en manos de los incrédulos y que estos conocieran su secreto. Siguió huyendo hasta llegar a un despeñadero bajo el cual cruzaba el mar, y no tuvo otra alternativa que tirarse. Cuando cayó al agua, el pulpo derramó su tinta, cubriendo el mar.
Los incrédulos, al acercarse y ver la tinta, pensaron que era sangre y dijeron: «Ya no hay de qué preocuparse: Orúnmila murió en su caída, miren su sangre». Orúnmila, al ver desaparecido el peligro, le dijo al pulpo: «Mientras el mundo sea mundo, yo y mis hijos no te comeremos». Inmediatamente regresó a buscar su Ifá y, al no encontrarlo donde lo había puesto, se puso a moyubar; entonces de la cueva salió el cangrejo, que con sus tenazas le fue entregando su Ifá, y Orúnmila le dijo: «Ni yo ni mis hijos te comeremos. TO IBAN ESHU». Por eso los hijos de Orúnmila respetan al pulpo y al cangrejo.
13.La odisea de Otura Meji en la tierra Arará
Otura Meji estaba casado con la hija de un militar, que se llamaba Tishé Balakú, y ella tenía el defecto de ser muy curiosa. Cuando él se dio cuenta de esto, le dijo que, por su bien, tenía que dejar de ser curiosa, pues eso era una cosa muy mala en la vida. Un año, la esposa le pidió que cultivara los campos, y él le respondió a su curiosa e ignorante mujer que buscara a quien quisiera trabajar aquellas tierras. La mujer no encontró quien aceptara sus pretensiones, y le rogó a su esposo que fuese él quien se ocupara del asunto.
Entonces, por encargo de Otura Meji, fue la muerte (Ikú) con sus hijos a trabajar aquella finca; entre ellos se encontraban Goudú (la lepra), Tadou (el dolor de cabeza), Boto (la varicela), Komo Salá (la diarrea), Ahombo (la sífilis) y las demás enfermedades que son hijas de la muerte. La mujer, intrigada al ver tanta gente, quiso saber quiénes eran los misteriosos asalariados que su esposo había contratado. Como pasaban los días y no lograba saberlo, una tarde le dijo a su esposo: «Voy a salir un momento y regresaré enseguida». Al salir de la casa se fue a los campos y se escondió detrás de unos matorrales. De pronto, Goudú dejó de remover la tierra, levantó la cabeza y olió profundamente, percibiendo la presencia de un ser humano próximo; de inmediato se lanzó sobre el matorral, agarró a la mujer y la mató, ignorando quién era ella. Le arrancó la cabeza y la dejó tendida en medio del campo.
Desde el alba, como cada mañana, Otura Meji se dirigió a su plantación para ver el trabajo realizado la noche anterior. Y viendo la cabeza de su mujer, exclamó: «¡Cuánto yo te aconsejé y te enseñé a que respetaras y no fueras curiosa, pero ya es tarde!».
14.Cuando no quisieron ayudar a Biaya (Agayú)
Hace ya mucho tiempo, en Daka, había una casa atendida por un remero que era muy corpulento, esbelto, bondadoso, atento y cordial. En una ocasión recibieron en el pueblo la visita de Elegba y Shangó, que venían de recorrido por los pueblos llamados Bantú, para aportar ayuda a los ministros del culto de su religión. El pastor que los atendió los recibió muy cordialmente y se desvivió por hacerles grata la estancia en la ciudad yoruba.
Un día, el pastor preparó una excursión a través de la bahía para cruzarla de lado a lado, y para ello contrató la ayuda del barquero, llamado Biaya. Llegado el momento, los tres corpulentos ministros de Olofin se embarcaron en la barca de Biaya, y este comenzó a remar rítmicamente y con potencia. El Sol caía a plomo y el trayecto era largo; al llegar a la mitad de la bahía, los golpes de los remos de Biaya se aflojaron visiblemente y la barca redujo su velocidad. El panorama se tornó tórrido y problemático. Entonces el pastor inclinó su cabeza humildemente, juntó sus manos y dijo en tono suplicante: «Olofin, bendice al hermano Biaya y dótalo de las fuerzas necesarias para cumplir su misión».
Entonces Biaya (Agayú) soltó el remo derecho, se enjugó la frente como para animar a los atléticos Elegba, Shangó y el pastor, exclamó un cristiano relevo a Olofin y, con los remos agarrados, dijo: «El que no reme aquí, tendrá que ir nadando».
15.Por qué se hace el Nangareo por la mañana
Había un pueblo en el que a todos sus habitantes no les gustaba trabajar: cuando se levantaban, salían y se ponían a hacer Nangareo; al mediodía hacían lo mismo, y por la noche igual. Hacía tiempo que Shangó venía observando esas escenas, y veía que las personas no trabajaban ni hacían nada por trabajar: solo hacían Nangareo y, después de terminar, se metían dentro de la casa.
Hasta que un día Shangó les dijo: «Bueno, aquí ya se acabó esto. Aquí solo se hará Nangareo por la mañana, hasta que salga el Sol, y después de terminarse el Nangareo hay que trabajar. Y el que no trabaje, no comerá».
16.Las cuatro raíces del Mundo
4 palomas blancas, 3 piedras, 1 Odu-ará, cascarilla, manteca de cacao, algodón, cocos, demás ingredientes, mucho dinero.
A Oshagriñán le fue ordenado por Olofin bajar a la Tierra como dispensador de la civilización. En ese recorrido se hizo Osode con su ókpele en cada una de las grandes paradas que hizo en las cuatro regiones del espacio. Estos cuatro países primitivos, Aiyé Ashé Olofin (países que hace Olodumare), se llamaban Ariwa Orun, Osiyani, Atiwa Orun y Atiwa Oluo, y cada uno fue fundado un día diferente de la semana. Osiyani fue el último en nacer, y con él nació el pueblo yoruba, que estaba llamado a un noble destino. Atiwa Oluo estaba en el Occidente; Atiwa Orun, en el Oriente; Ariwa Orun, en el Norte; y Osiyani, en el Sur.
En cada país situó Oshagriñán un objeto de piedra como símbolo: en Atiwa Oluo, una piedra blanca; en Ariwa Orun, una Odu-Ará; en Atiwa Orun, una piedra de río; y en Osiyani, una piedra de mar. Además, asoció cada región con un color, un elemento y un odu de Ifá: Osiyani, el blanco y Ejiogbe; Ariwa Orun, el negro y Oyeku Meji; Atiwa Oluo, el castaño —mezcla de rojo con negro y blanco— e Iwori Meji; Atiwa Orun, el rojo y Odi Meji.
Terminado esto, la tarea era organizar a la Humanidad con la llegada de los Orishas, quienes se unieron a las mujeres de la Tierra y dieron origen a los humanos. Sin embargo, la Tierra estaba escasamente poblada, y más tarde los hijos de Ifá vinieron desde el firmamento a predicar y formar el destino, y a anunciar que aparecerían seres sobrenaturales que formarían líneas de familias. Esos hijos de Ifá son los odu, símbolos personificados del destino: cada clan, cada hombre, está asociado con un odu que determina su destino. Como se sabe, estos seres aparecieron saliendo de los ríos, emergiendo de grandes comunidades en el suelo, de las montañas, desde el firmamento como lluvia o saltando desde los árboles.
17.La pérdida del comerciante
En este camino había un comerciante que se dedicaba a transportar mercancías de un lugar a otro, pero tenía una ventaja sobre los demás comerciantes: lo hacía a través de las montañas, cosa que los otros no podían hacer, pues el transporte era por carretas y, al bajar las lomas, los burros se desbocaban y las mercancías se perdían. A él no le sucedía, porque arreglaba su carro evitando que resbalara.
Pasó el tiempo y, por la cantidad de trabajo que tenía, tuvo que buscar un ayudante, y llegaron a ser buenos amigos. Un día el ayudante le preguntó cómo era que sus mulas no resbalaban por las montañas, y él le enseñó el secreto. A partir de ese momento fue su perdición, pues el ayudante le hizo la competencia, y así perdió el negocio.
18.La importancia del Nangareo
Pollón, 1 jícara con Sarao-Ekó, arena, tela roja, gallo, canastica, aguardiente, prodigiosa, todo lo que se come, demás ingredientes, mucho dinero.
Shangó acostumbraba salir de paseo por las tierras colindantes, para observar los distintos estados o situaciones que había en ellas. En uno de sus recorridos llegó a una tierra que se llamaba Ara-Malé, y observó una gran diferencia entre el recibimiento que allí le hacían y el moforibale que le rendían en otras tierras, porque en Ara-Malé sus habitantes imploraban en una ceremonia hasta el mediodía: esta consistía en rogar alrededor de una jícara de Sarao-Ekó, lo que constituía para ellos el desayuno y el almuerzo.
Shangó visitó de nuevo la tierra de Ara-Malé y vio de manifiesto la armonía y tranquilidad de ese pueblo, lo que le trajo una gran preocupación con relación al gran problema que confrontaba en Takua, tierra que estaba en guerra con las demás tierras contiguas, donde no se podía celebrar ninguna ceremonia santoral debido a los problemas de Takua. Después de pasar un tiempo, y viendo la situación de Takua, cogió un bote y regresó de nuevo a la tierra de Ara-Malé, les cayó a batazos a todas esas gentes que estaban reunidas y, al disgregarse por su acción, en su retirada se llevó la jícara de Sarao-Ekó con la cual los Ara-Malé no solo le rogaban a Olorun, sino a Egun también.
Cuando llegó a Takua mandó a buscar arena para asentar la jícara de Sarao-Ekó, y moyubó dándole coco a Olorun y a Egun. A partir de ese momento se instauró el Nangareo en la tierra yoruba.
Por eso el día de Itá hay que hacer Nangareo. Shangó pudo hacer sus grandes guerras con todas las tierras contiguas con el ashé de Obatalá y dándole cuenta al máximo ser supremo, el astro Rey Olorun (el Sol). Por eso el día de Itá no se le da coco al muerto, porque en el Nangareo se les da cuenta a Olofin y a Egun, máximos seres supremos del Universo.
19.Cuando se le da comida a Egun en la cepa de plátano
1 carnero chico, Sarao-Ekó, 3 palomas, todo lo que se come, aguardiente, esclavas, cuchillo, cepa de plátano, vela, manteca de cacao, manteca de corojo, cascarilla, carne de res podrida, demás ingredientes, mucho dinero.
Olofin tenía un gran tratado con todos los muertos muchachos: el jefe principal era Omonifa; el segundo, Oronifa; y el tercero, Egun Yoyekun. Estos vivían en la tierra Oboniyén, que es la tierra Sala Male Male Ou Sala, y Olofin les había dado grandes poderes para que se les respetara. Una vez, Olofin los mandó para la tierra de Azokun Nifa, porque allí no respetaban a nadie. Cuando fueron para aquella tierra, uno llevaba un agogó; el segundo, un machete; y el tercero, un pedazo de carne de res podrida con aguardiente, y por el camino cantaban:
Awó Mayeré, que era quien gobernaba esta tierra, anunció a todos que venía una cosa mala y que todos se iban a enfermar por falta de respeto, y marcó Otura Meji en la tierra y empezó a llorar y a cantar:
Oduduwa oyó el canto y estaba molesto porque no respetaban a Awó Mayeré, y dijo: «Estos tres grandes poderes vienen en cadena». Se empezaron a enfermar todas las comidas y a tumbarse las matas, y todo el mundo se enfermó. Los tres Eguns le rindieron moforibale a Awó Mayeré y le dijeron: «Esto lo hemos hecho para que te respeten y te consideren». Llamaron a Oduduwa y este vino; los Eguns le rindieron moforibale y le preguntaron: «¿Qué usted cree de esto?». Oduduwa les dio la bendición y les dijo: «Voy a hacer una gran comida y mandaré a buscar a Shangó». Ellos le respondieron: «No hace falta que Shangó venga; nosotros, si usted y Awó Mayeré nos autorizan, enseguida perdonamos a toda la gente y todo volverá a la normalidad».
Oduduwa llegó a una mata de plátano donde había marcado Otura Meji, puso el machete y la carne de res, y les dio un carnerito a los tres Eguns, y cada uno cantaba. Él limpiaba con las palomas a Awó Mayeré y pedía por todo el mundo en la tierra de Azokun Nifa. Entonces los Eguns cantaban:
Los Eguns se comieron las tres palomas y se fueron, desapareciendo la enfermedad y la intranquilidad.
Aquí come Shangó, en el medio del patio, solo, haciendo Nangareo. Se le dan una jicotea y un gallo, y se reza para llamar a Shangó de esta forma:
20.La entrada al Igbodun
1 gallo, 1 jicotea, mariwó, arena, tela de su cuerpo, tela de colores, tierra de la casa, de los zapatos, 2 Ikines, manteca de corojo, jutía y pescado ahumados, aguardiente, miel de abejas, maíz tostado, velas, cocos, mucho dinero.
En los primeros tiempos en la Tierra, Orúnmila era el dios de la tierra de los Ibo. Orúnmila siempre estaba comiendo chiva y gallinas, pero los Ibo también querían comer igual que él. Este, al ver la envidia que le tenían, un día se indignó tanto que se fue para la tierra de Erú, que era la tierra de Ifá.
Cuando Orúnmila encaminó sus pasos hacia la tierra de Ifá, se encontró con dos árboles bastante extraños. Iba a coger una hoja de aquel árbol, pero al aproximarse vio un saco de su fruto (Ikín) y lo cogió, siguiendo su camino. Orúnmila, que era pescador en la tierra de los Ibo, siguió caminando por la orilla del mar para continuar hacia la tierra de Erú; pero en su caminar, al dar los pasos, levantaba mucho sus piernas, como si fuera a brincar algo que le estorbara: era que, como iba por la arena de la playa, se hundía en ella. (Esta es una de las primeras ceremonias que el Alawo tiene que hacer).
Cuando llevaba un buen rato caminando, lo tomó la curiosidad y decidió abrir el saco que le colgaba. Al abrirlo se fijó en que tenía un odu pintado, que era Otura Meji, y ya frente a él estaba la tierra de Ifé.
Por este camino es que el Alawo, antes de entrar al cuarto de Igbodun, hace un recorrido teniendo que dar pasos largos, como si estuviera brincando algo. También es el porqué hay que amarrarse un pedazo de mariwó en la pierna a la hora del Tente Nanio.
21.El pacto de Orishaoko y Afefé Ikú
2 palomas rabiches, 8 caracoles, ero, menestras, todo lo que se come, cocos, velas, aguardiente, miel de abejas, cascarilla, jutía y pescado ahumados, manteca de corojo, maíz tostado, mucho dinero.
Distribución: las 2 palomas rabiches, con sus ingredientes, en un sembrado. Se abre un hueco y se les da la sangre a Orishaoko y a Ikú, haciendo un pacto entre ellos. Después se hará una investigación espiritual al cuadro espiritual de la persona.
En este camino, al principio, Orishaoko era el rey de Oké y confrontaba un problema: todo lo que sembraba un día, al otro aparecía todo comido, y esa era su mayor preocupación. Por esta razón decidió consultarse con Ifá, y le salió este odu, Otura Meji, donde Ifá le habla de la alternativa del día y la noche, diciéndole que un ser oculto le devoraba por las noches lo que sembraba por el día, y que para resolverlo tenía que hacer Ebó (el indicado arriba); que al atardecer le diera la sangre de las dos palomas rabiches, con todos los demás ingredientes, a la tierra sembrada, y se pusiera a vigilar.
Así lo hizo, y cuál no sería su sorpresa cuando vio cientos de minúsculos okotó (caracoles) de brillantes colores que salían a comer al sembrado. Y donde él había realizado el sacrificio había 8, que eran los más grandes y parecían ser los jefes de todos los demás, que habían quedado paralizados por la magia del sacrificio. Orishaoko los cogió, los metió dentro de una bolsa y los llevó a casa de Orúnmila, para ver qué le decía del hallazgo. Orúnmila hizo Osode con su ókpele y volvió a salir Otura Meji, diciéndole que todo se había cumplido. Para sorpresa de ambos, los caracoles que se encontraban dentro del saco comenzaron a cantar:
Demostrando así la palabra de Orishaoko, los sacaron maravillados del saco. Ellos hablaron, diciendo que los 8 eran la personificación de un espíritu muy poderoso de la Tierra —la tierra que trabajaba junto con Kaoro, las 19 lluvias—, y que si Orishaoko quería su siembra, tenía que hacer un pacto con el espíritu, el cual era vasallo de Kukuté (la muerte). Entonces ellos sellaron ese pacto con Orishaoko, y desde ese día limpiaron de plantas malas sus siembras. Por eso siempre en el recinto de Orishaoko van colgados 8 caracoles, en señal de la soberanía nocturna de la muerte y de Orishaoko, para la consagración de la fertilización de la simiente del sembrado.
22.El hombre que guardó un saco sin mirarlo
Había un hombre que era rico. Un día se le presentó otro hombre y le pidió por favor que le guardara un saco de dinero, y el rico se lo guardó sin ver lo que en realidad tenía: eran solo granos de maíz. A los pocos días volvió el hombre a buscar el saco que había dejado guardado, y el rico llamó a su criado para que se lo diera. El dueño del saco, al ver que le devolvían el mismo saco, empezó a protestar, diciendo que ese no era el suyo, que su saco estaba lleno de dinero, y se negaba a recogerlo.
Cuando el rico vio que iba a quedar como un ladrón, para no tener líos con la justicia, decidió llenarle el saco de dinero y dárselo.
Por este Ifá no se le puede guardar paquete a nadie, para no tener problemas con la justicia.
23.Cuando la loma se le interpuso a Obatalá
En este camino, Obatalá salió a pasear y, en medio del camino, una loma le cerró el paso. Producto de esto, Obatalá fue a casa de Orúnmila para que le hiciera Osode y ver cómo librarse de esa dificultad. Orúnmila le realizó Osode, viéndole este odu, Otura Meji, y le marcó Ebó. Obatalá hizo el Ebó, e Ifá le dijo que tenía que llevarlo al pie de la loma que le cerraba el camino. Así lo hizo y, cuando lo puso, inmediatamente la loma se abrió y Obatalá pudo continuar su camino.
Por este odu hay que hacer Ebó para que se le abran los caminos, pues los tiene cerrados.
24.Cuando bajaban los Imalé del Cielo
En este Ifá fue donde Orúnmila cogió al Malé cuando bajaba del Cielo por la cadena para robar: lo que no podía comer ni llevarse, lo destruía, y después volvía a subir al Cielo. Orúnmila se hizo Osode y le salió este odu, donde Ifá le marcó hacer Ebó con una cadena, mucho aguardiente y un plato con comida, y que lo pusiera en el patio.
Cuando el Malé bajó del Cielo y vio la comida y el aguardiente, se acercó, comió y bebió hasta emborracharse, y se quedó dormido. En eso, Orúnmila le cortó la cadena, con la que hizo Ebó. Cuando el Malé se despertó, no pudo subir al Cielo y se quedó en la Tierra.
25.Los tres hombres: el blanco, el chino y el negro, que fueron a casa de Orúnmila
1 carnero, un puerco chiquito, tres botellas vacías, un cajón con su tapa, demás ingredientes, mucho dinero.
Eran tres hombres que fueron a casa de Orúnmila, y en el Osode les salió este Ifá y les marcó Ebó (el indicado arriba) para que cogieran cargos sin que cada uno perdiera su validez. Después del Ebó, Orúnmila enterró el cerdito; el carnero lo metió dentro del cajón y lo tapó; las tres botellas las llenó de un líquido y las tapó. A los tres hombres les entregó el cajón y una botella a cada uno, y les dijo: «Tienen que pasar por tres tierras distintas y no pueden tomar el contenido de las botellas, porque se las tienen que entregar a Olofin».
De esos tres hombres, uno era blanco, uno negro y el otro chino, y salieron con el Ebó. El hombre blanco puso al negro a cargar el cajón y al chino a que lo ayudara; él iba detrás de ellos, con las tres botellas. Al poco caminar, el negro se cansó y soltó el cajón en medio del camino; el chino se negó a cargarlo solo, por lo que el blanco lo ayudó, cogiendo entonces el negro las tres botellas. Cuando faltaba una tierra para llegar a casa de Olofin, el negro abrió una de las botellas y tomó de la misma; el chino, al verlo, hizo igual. El blanco les dijo: «No debieron haber hecho eso, pues Orúnmila nos prohibió tomar de las mismas, y yo no voy a beber».
Cuando llegaron a casa de Olofin los recibió el portero, Eshu Onibode Ayalonú, que recibió el Ebó y se lo llevó a Olofin. Al poco rato llamaron de casa de Olofin a Eshu Onibode Ayalonú y le dijeron: «Esto no está completo y, por falta de cumplimiento, serán castigados». Entonces los pusieron últimos en la cola de los que iban a ver a Olofin. El blanco protestó, alegando que él no había tomado de la botella y que había cargado un buen tramo el pesado cajón, ayudando al chino. Onibode le contestó: «Tú te hiciste jefe del grupo y, aunque no tomaste de la botella, permitiste que los otros lo hicieran, por lo que el Ebó no llegó completo al Cielo».
26.La tierra de los hambrientos
Otura Meji vivía en una tierra de hambrientos, y un día se puso a pilar ñame en su casa. Lo oyó un vecino, que fue y le tocó a la puerta. Otura Meji ocultó el ñame antes de abrir, y el vecino le dijo: «Acabo de oír un ruido y por eso he venido». Otura Meji le respondió: «No es nada, solo afilaba un cuchillo con otro». El vecino le dijo: «Todavía oigo algo que suena detrás de la puerta». Él le contestó: «Tan solo probé la puerta con un mazo, pues me parecía débil». El vecino le preguntó: «¿Y ese fuego en tu cocina? ¿Para qué cosa es?». Otura Meji le contestó de nuevo: «Caliento agua para el baño». Otra vez el vecino le preguntó: «¿Por qué la piel de tus manos está tan blanca, como si Otán, el viento, las hubiera cubierto?». Y Otura Meji le respondió: «Es que me tiré al piso y rodé cuando supe de la muerte de Agadapidi».
El vecino exclamó: «SALA MALEKUN MALEKUN SALA». Otura Meji perdió la paciencia y le gritó: «¡No hay SALA MALEKUN que valga, a menos que dejes al dueño de la comida comerse su alimento!». Y sacando su machete, porque estaba furioso, le cortó la cabeza a su vecino.
27.Cuando el cangrejo fue a pedir cabeza
Había una época en que los animales andaban sin cabeza, y el cangrejo fue a casa de Olofin para pedirle cabeza para todo el mundo, para así tener algo con qué pensar. Olofin, al oír aquello, le contestó al cangrejo que ya le avisaría antes de que se repartieran las cabezas para todo el mundo. Y así fue.
El cangrejo salió de noche, avisándole a todo el mundo que iban a repartir cabezas, y en esa tarea le sorprendió el día, muy distante de la casa de Olofin. Todos los demás animales llegaron a tiempo y se llevaron las cabezas; pero como al cangrejo lo agarró lejos y estaba cansado de caminar, llegó tarde a la casa de Olofin y no alcanzó cabeza, a pesar de haber sido el primero en saberlo. Llegó último y se quedó sin cabeza, por castigo.
28.Se consultó Ifá para saber qué ocurría con la vida
1 gallo, 1 güiro con tapa, 2 muñecos, una moneda de plata, demás ingredientes, mucho dinero.
En este camino, Olodumare creó el Mundo y creó a todos los animales, y les dijo: «Aquel que encuentre la jícara de la vida será dueño de ella. En esa jícara se encuentran telas, plata, mujeres. Todo aquel que haga el bien, será para sí mismo y para los demás». Los animales se prepararon y fueron a ver a Orúnmila, quien les hizo Osode; les salió este odu, Otura Meji, y les marcó Ebó (el indicado arriba). Ifá les dijo que, si no lo hacían, jamás descubrirían el güiro de la vida. Los peces rechazaron hacer Ebó; todos los que tenían el deseo de la vida venían a consultarse con Orúnmila, a todos les salía Otura Meji y ninguno quiso hacer Ebó. Solo el hombre, que fue el último en mirarse, hizo el Ebó. Cuando terminó de hacerlo, Orúnmila le entregó dos bastones y le dijo: «Si tú ves a los peces, los animales o las serpientes peleando, sepáralos».
El hombre, en su viaje, vio peces, búfalos y leones peleando por el camino, y no los separó. Una vez pasaba por un camino y vio 2 pájaros peleando por una güira que tenían entrelazada entre las patas; tomó los dos bastones y los lanzó a los pájaros. Ellos se separaron, la güira cayó al suelo y el hombre la recogió, viendo que era la vida.
El hombre encontró la fuerza y todo lo necesario para llegar a Igbodun, haciéndose más poderoso que todas las criaturas, aun en ocasiones más que los Orishas, pues consiguió los secretos que los apaciguan y evitan los accidentes, los envenenamientos, etcétera. Y todos los animales tuvieron que aceptar al hombre como rey y quedar por debajo de él. El hombre logró dominar la Naturaleza; por eso este odu recibe el nombre de AGET PAERE de la vida.
En este odu no se puede dejar de hacer sacrificios (Ebó).
29.Se adivinó para Otú cuando iba a Ifé
ARUGBO NLA NIISE ORI FEGUNFEGUN fue quien adivinó para Otú cuando iba a Ifé a hacer su trabajo de adivinación. Le dijo que sacrificara 2 bastones y 2 carneros, y se le dijo también que no regresaría pronto. Otú realizó el sacrificio y permaneció largo tiempo en la práctica de la adivinación en Ifé.
30.Se adivinó para Orúnmila cuando iba a establecerse
ARUGBO OBA NI NSO GBODILE e IDI AGBANI NSE JEKUJEKE fueron los que adivinaron para Orúnmila cuando iba a establecerse en una ciudad. Se le dijo que sacrificara un grupo de hormigas bravas, jabón negro y 40 cauries, y que todo esto lo pusiera encima de una cuerda en la oscuridad, junto con una pieza de tela blanca y una mata de álamo. Orúnmila realizó el sacrificio.
Los Babalawos le aconsejaron a Orúnmila sembrar la mata de álamo en una arboleda y atar los cauries a ella; debía bañarse con el jabón, hojas de álamo e hileras de hormigas, y utilizar la tela blanca para cubrirse. Si este Ifá lo encarna alguien, debe hacer lo anteriormente dicho, y los Babalawos le dirán con certidumbre que el lugar donde sembró el árbol será su comercio.
31.Se adivinó para Otú para hacerse rico
OJOJOSE IDIOERE adivinó Ifá para Otú, para hacerse rico u obtener riqueza. Se le aconsejó hacer sacrificio, y él lo realizó. El Babalawo le advirtió a Otú no matar la tortuga, sino vendérsela; después de una serie de adivinaciones de suerte, él decidiría a dónde iría a vender las tortugas.
Cuando llegó a la ciudad, le ofrecieron 8 bolsas de dinero por las tortugas, y Eshu-Elegba le aconsejó no aceptar el precio: Eshu-Elegba siempre está a favor de los que realizan sacrificios. Cuando el precio se elevó a cientos de bolsas de dinero, le aconsejó aceptar la oferta, y de esta forma Otú se convirtió en rico. El Babalawo dijo: «El día que Otú compró las tortugas, será llamado Otura Meji».
32.Se adivinó a Orúnmila para que pudiera gobernar
Cuando Orúnmila fue por adivinación, se le pidió hacer sacrificio para que pudiera gobernar su ciudad. Orúnmila preguntó: «¿Cuál es el sacrificio?». Los Babalawos dijeron: 6 esteras, 6 plumas de loro, 6 chivas y 1200 cauries. Se le dijo que las personas de todas las partes del Mundo vendrían a honrarlo a la estera.
Orúnmila realizó el sacrificio, y las personas de todas las partes del Mundo vinieron a honrarlo. Desde ese día, los Babalawos consultan sobre esteras.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.
↑