Ogbe Fun
Ogbe Ofun · Ogbe Fohun Folohun · Ogbe Fun Funlo
«Ogún siempre resulta calentado o golpeado en la cabeza, mientras que la comida sale a encontrarse con Ogbe Kulejo dondequiera que se halle. Se lanzó Ifá para el negociante».
Rezo de Ogbe Fun
Ogbè Fun Funlo ikú puani erí bawí ikú mayeyeri waní adifafun eruba unlofé omá Obatalá ashé lebó Jekua odushe Egungun mariwo lebó abeboradie meyi, akukó meyi, eku, eya, epo, owó.
Ogbe Fun es un Ifá de
- Maferefun Obatalá.
- Del Efun.
- De Abiku.
En este odu nace
- Eruba, el miedo.
- Okunmolorun, el que crea el terror (estupor).
- La tos.
- La adoración de la sal y la arena; vino la sal al mundo para darle gusto a las comidas.
- La Pomarrosa.
- El porqué, para que el caracol hable en estera, hay que darle obí primero.
- Yewá.
- Donde se pone el Idefá.
- La coronación de la muerte.
- La jalea real.
- El rejuvenecimiento de la persona.
Este odu marca
- Asiento de Yewá.
- Robo.
- Inconformidad.
- Videncia espiritual.
Este odu señala
- Proximidad de matrimonio.
- Principio y fin.
- Yoko Osha (preguntar por Elegba).
- Que la virtud que le otorga Olofin se la entrega a otra persona.
- Que recibe la comida en su casa.
- Pérdidas por incredulidad.
Aquí habla
- La puesta del sol, el ocaso.
- De falta de cumplimiento, habladurías por la espalda de la persona.
- De que se desea la vida eterna, donde Orúnmila dice: según se cuide, así vivirá.
- De poner una cadena en la puerta de su casa (aquí bajó la cadena a la tierra).
- De que la hija del Awó tiene que casarse con Orúnmila y con Osha para felicidad.
- De que la propia persona divulga sus secretos, pues habla de ello.
- De que hay que poner el Idefá rápidamente.
- De que la mujer le echa polvo y lo dejará.
- De que es hijo legítimo de Obatalá.
- Aquí bajó la tos a la tierra.
- Aquí la voz se la lleva el viento.
- Ogbe Fun se hizo rico vendiendo sal.
- Aquí fue donde Obatalá mandó a Orúnmila a que le trajeran la muerte.
- Habla de problema de justicia, fundamentalmente con una mujer.
- La persona es utilizada y después abandonada (la cadena bajó a la tierra).
- Habla de bochorno.
- Habla de recibir una herencia; para esto debe de realizar un viaje.
- De que le puede subir la sangre a la cabeza.
- De padecimientos del corazón y de mareos.
- De que la persona puede ir presa.
- De lucha con otra persona por posesión de casa o de algo, donde usted vencerá.
- De una tragedia donde usted pudo haber muerto.
- Aquí el majá se convirtió en Obá.
- Aquí se separó el Dilogún del Adele.
- Aquí se dividieron los santos y los Orishas.
- Aquí los mayores perdieron la cabeza por falta de conocimiento y responsabilidad.
- Baba Amunimu, el que controla el nacimiento y la muerte.
- Aquí fue donde la muerte no quiso reconocer a Orúnmila.
- Le entregaron el poder del mundo a Obatalá y no tenía fuerza, y Orúnmila le entregó un bastón de acero.
Este odu prohíbe
- No hable sus cosas.
- No tenga interés con cónyuges colorados.
- No se acueste acabado de ingerir alimentos.
- No coma nada colorado.
- No deje las lozas sucias.
- No oiga cantos de sirena (chismes) para que no se pierda.
- No se puede tener a nadie albergado en su casa, porque le crea serios problemas.
- No puede comer nuez de kolá ni cocos.
- Prohibido fumar, porque el mal de este signo está en la garganta.
Este odu recomienda
- Cuídese, pues según se cuide así vivirá.
- Póngase el Idefá rápidamente; si no lo hay, se le pone un collar de Oyá hasta que pueda resolver el Idefá.
- Vístase de blanco.
- Aquí se hace ebó con sal.
- Atender a su mujer, porque la suerte de ella es la de usted. No la desprecie: si se va, será su desgracia.
- Dé comida a su cabeza y a la de su compañera.
- No ejecute parado. Y virar las botellas vacías en la mesa.
Refranes de Ogbe Fun
- El que se ahoga.
- Las palabras se las lleva el viento.
- Los jóvenes nunca oyen la muerte del paño y esto se convierte en jirones.
- Para ser respetado, primero hay que respetar.
- El respeto engendra respeto.
- La cortesía no cuesta nada; cada humano es digno de respeto.
- La bendición de Olofin no puede ser forzada.
- Con la luna o sin ella, el Obá será respetado cuando se le encuentre.
- Eso que tú quieres, otro lo rechaza.
- El hombre y la familia son como el río y el cauce.
- El río abre el cauce y este esclaviza al río.
- Lo que uno se encontró, a otro se le perdió.
- Ni sabio ni ignorante pueden decir que no encontraron un bastón en el monte.
Hierbas del odu
- Cedro
- Pomarrosa
- Manzana
- Moruro
- Platanillo de Cuba
Relación de obras del odu Ogbe Fun
Se hace una obra con un ratón en el río para alejar los procesos cancerosos.
Darle dos chivos a Elegba, aceite de palma (epó), miel de abeja, coco asado y una mezcla de kolá tostada y hojas de hierba de mármol quemada; se hace una pasta y se mezcla con sal, y eso hay que lamerlo de vez en vez, para alejar enfermedades de la garganta.
El Awó de Ogbe Fun tiene el poder de trabajar con Inshé-Osanyin con Agbon (las abejas), ya que en este odu nacieron la jalea real y el rejuvenecimiento de las personas. La obra se hace poniendo a hervir un pedazo de cera virgen en el que se marcan los odu Oshe Tura, Ogbe Fun y Otura She; cuando el humo comienza a salir se rezan estos odu y se canta el súyere:
Con esto vienen las abejas y el Awó puede cogerlas.
Se hace de Moruro, cargado en la empuñadura con: cráneo de paloma, eru, osun, obi kola, obi motiguao, aira, jutía y pescado ahumado, coco, cascarilla, aguardiente, guabina, raíz de Ceiba.
Se forra hasta la mitad con cuentas de color blancas con 8 dilogunes a cada lado y 16 pimientas de guinea. Se monta por la noche con un pescado fresco, en la cabeza con cascarilla, manteca de cacao, miel y pimienta de guinea; después de terminado se quita la rogación de la cabeza y se pone junto al bastón de Obatalá, y se le da a todo dos palomas blancas; la rogación de cabeza con las palomas, a la cima de Oke.
El bastón hay que lavarlo con 16 hierbas de Obatalá y de Orúnmila; vive colgado detrás de la puerta y sirve para salir.
Se le pone a Shangó una copa de madera con tres tipos de vino dulce y se le dan dos palomas blancas desde la cabeza del interesado sobre la copa de Shangó. Se cogen las cabezas, patas, puntas de alas y corazón, se tuestan y se hacen polvo, que se liga con la raspa de lo de la copa; cuando se seque se le agrega eru, obi kola, obi motiguao, osun Naburuku, casa de carcoma, tierra de 4 esquinas, tierra de casa deshabitada, tierra de casa en ruinas y polvo de 21 palos (preguntar cuáles son), y se hace Apayerú que se pone a Shangó; después se pregunta para dónde se lleva a enterrar. Con un poquito de cada cosa de lo del Apayerú se monta un Inshé-Osanyin forrado en tela ritual del Osha que se comprometió con la obra.
Se corta un coco seco al medio y a cada mitad se le echa obi kola, osun Naburuku, obi motiguao, polvo de oro, jutía y pescado ahumado, manteca de corojo y cacao, cascarilla, miel, dulces, grageas, caramelos e Iyefá para iré umbo.
Una jícara con agua, 4 pedazos de ñame dentro, manteca de cacao y cascarilla; se pregunta a qué Osha se le pone, los días y el camino que coge.
Un akukó funfun, Amalá, ilá, un obe, generales de los araye, todo con Oú dundun y pupua; se entierran.
Tres eñí etu, los tres precipitados, azogue, aceite de alacrán, almagre, iyé de caña brava, tres tipos de pimientas y una taza o cazuela honda. Se ponen las generales de ambos en los eñí etu en cruz y se ponen tres días al pie de Elegba; después se ponen en la taza o cazuela, que ya tendrá una pasta de almagre, aceite de alacrán, iyé de caña brava, los tres precipitados, los tres tipos de pimientas, azogue y oti, y se pone al pie de Elegba con un cabo de itaná encendida y se le ruega a Eshu por la separación de esa pareja. A la tercera noche se sacan los tres eñí etu y se rompen uno en cada esquina y uno en la puerta del matrimonio.
Un obi, oti, tres igi de rompe zaragüey, sal en grano, iyé de tarro de venado, aceite de alacrán y las generales de las parejas en dos papeles. El interesado antes se ruega la lerí y le da a Elegba un Owunko y un akukó.
Lo principal para preparar el Inshé de Osanyin de este odu es Cuyují del que se enreda en la palma real.
Albahaca, verdolaga, sígueme pollo, pega pollo, sándalo, agua de coco, menta, varias esencias, efun, Amalá, Iyefá. También se baldea el ilé con berro, vino seco, 5 yemas de huevos, sándalo, polvo de oro, agua de coco, azúcar blanca, pimienta, oñi, Amalá, Iyefá.
Iyé de lerí de eya tuto, caracol de igbin, lerí de ekuté, de igi Ayua, pierde rumbo, aroma, pellejo de etu, de Gunugun y sus jujú, Macao, bogbo jujú; se reza Baba Ejiogbe y Oragun, tierra de Erita merin y semilla de ewe Oguma (maravilla).
Un güin de Castilla o un palo fino de Moruro, 8 caracoles de igbin, 8 cascabeles, ewe dundun, Amukan (Júcaro), Aberikunló, 16 cintas funfun, dos varas de asho funfun, ori, efun, eyele meyi funfun, asho arae, Abiti, atitan ilé, eku, eya, epo, oñi, oti, kola, obi motiguao, anun. Se prepara un poco de las hierbas para Ebomisi, un poco para el ebó y un poco para las cargas de los caracoles de igbin y el del Osha, con los distintos asheses señalados. Con todo se hace ebó.
Con el asho funfun se hacen cintas y el resto es para forrar el güin o igi de Moruro. En la parte superior del güin se ata el caracol de Osha y 4 tetas de Oú; se le ponen las 16 cintas y en las puntas inferiores, alternadamente, se le pone un caracol de igbin y un cascabel. Los caracoles se ponen cargados y se canta:
Esta última parte del súyere dice: «Veo venir a Ikú y me fajo con ella».
Para confeccionar la masa para los caracoles, al romper las hierbas se canta:
Después de cargados los caracoles de igbin y el de Osha, se forran por separado en asho funfun para poder coserlos en sus respectivos lugares.
Ya confeccionado el shaguro, al interesado se le ruega la lerí con eyele meyi funfun del ebó, de forma que la eyebale caiga desde la lerí sobre el Dilogún de Osha del shaguro. Terminado esto, se recoge el shaguro y se le entrega al interesado, quien aún estará sentado, y se levanta cantándole:
Se le ordena que dé 4 vueltas sobre sí mismo hacia la derecha, golpeando en el piso con el shaguro para que suenen los cascabeles. Se lo lleva para su casa y lo pone en la cabecera de su cama, y por la noche, al acostarse, lo suena para que Ikú unlo, sacudiéndolo mucho y cantando:
El interesado se baña con omiero de ewe dundun, Aberikunló y Júcaro.
Esto, en caso de ser Iré u Osobo: se hacen tres ebó seguidos; cada uno lleva una adié, Ishu, eya y demás ingredientes. El primero se lleva para el latón de la basura, el segundo se pone en la puerta y el tercero en la orilla del río. Cada uno se hace cada 9 días.
- Ebó: Akukó, una cepa de plátano, ewe aguadi, Magbayin (Júcaro), asho ara. La cepa de plátano se envuelve con las hojas de Júcaro y el asho, se le da el akukó junto con Egun y todo se entierra.
- Ebó: Akukó, cadena, quimbombó, seis cascabeles, eyele meyi, eku, eya, awado, opolopo owo.
- Ebó: Akukó, tres clavos keké, ina, yarabo, epo, un ekuté keké, ropa limpia, oshe, demás ingredientes, opolopo owo. Este ebó se hace en el río; se baña con el ekuté y jabón en el río y se viste con ropas limpias.
- Ebó: Owunko, akukó, una muñeca, eku, eya, awado, opolopo owo.
- Ebó: Akukó, eyele meyi, efun, ori, asho pupua, asho funfun, estropajo, eku, eya, awado, opolopo owo. Este ebó es para quitarse el bochorno con una mujer chiquita.
- Ebó: Akukó, dos pedazos de eran malú, demás ingredientes, opolopo owo. Este ebó es para que pueda coger la herencia.
Patakíes del odu Ogbe Fun
1.Los dos hermanos del mono
Durante su estancia en el Cielo, Ogbe Fun realizó importantes ceremonias de adivinación. Entre ellas, adivinó para dos hermanos de la familia del mono, llamados Edun y Ariwo. Les indicó que hicieran sacrificio y que dejaran de discutir entre ellos, para que pudieran librarse de una muerte repentina. Edun cumplió con el sacrificio, pero Ariwo se negó a hacerlo; y, a pesar del aviso, ninguno de los dos abandonó sus constantes riñas y discusiones.
Un día, los dos hermanos discutían por una fruta en lo alto de un árbol. El alboroto de la pelea atrajo a un cazador, que aprovechó la ocasión y disparó: Ariwo cayó herido y murió, mientras Edun logró escapar corriendo. Se cree que Ariwo no habría muerto si no hubiera sostenido aquel altercado con su hermano.
Por eso, en la adivinación debe decírsele a la persona que sirva a Eshu con un macho cabrío y que se cuide de ser envenenado hasta morir.
2.La tos y la garganta
Sus sustitutos, Baba Kou Kou y Baba Kan Gidi Kan Gidi, adivinaron para la tos y para la garganta cuando ambas dejaban el Cielo. A la tos le aconsejaron sacrificar a Eshu nuez de kolá, coco y un pollo pequeño para poder tener morada en la Tierra, y ella lo hizo. A la garganta le indicaron sacrificar a Eshu un chivo, aceite de palma, miel y sal, para librarse en la Tierra del riesgo de albergar a un huésped parásito y problemático; pero se negó a hacerlo.
Las dos vinieron al mundo por separado. Al llegar, la tos se puso a buscar dónde vivir y le pidió alojamiento temporal a la garganta, que aceptó dárselo. Pronto la garganta se aficionó a comer justamente los materiales con que la tos había sacrificado en el Cielo, la nuez de kolá y el coco; y mientras más los comía, más se desarrollaba la tos dentro de su casa. Los tres materiales con los que la garganta se negó a sacrificar eran precisamente los antídotos que habrían impedido que la tos creciera con rapidez, pero ella rehusó usarlos.
La tos siguió desarrollándose y la garganta enfermó tanto que su voz se volvió inaudible. Entonces fue a casa de Orúnmila por adivinación, y este le dijo que ella misma era la arquitecta de su desgracia por haber rechazado el sacrificio que le señalaron en el Cielo. Aun así, le aconsejó hacerlo ahora con dos chivos, miel, aceite de palma, coco asado y nuez de kolá asada, y la garganta consiguió los materiales rápidamente. Después del sacrificio, Orúnmila tomó parte de ellos, les añadió semillas de mármol quemadas (akue en Benin) y nuez de kolá asada, lo quemó todo y mezcló el polvo con sal, aceite de palma y miel, y le entregó la mezcla a la garganta para que la lamiera de vez en cuando.
Como los materiales de aquella medicina eran los mismos que le estaban prohibidos a la tos, en cuanto la garganta empezó a lamerla, la tos corrió a esconderse en la casa del estómago. Solo a partir de aquel momento la garganta tuvo tranquilidad de espíritu.
En la adivinación debe decírsele a la persona que haga sacrificio a Eshu y que se abstenga por algún tiempo de alojar visitantes, para evitar el peligro de hospedar a alguien que le creará serios problemas, como insomnio o desvelo. También debe abstenerse de comer nuez de kolá y cocos.
3.Cómo la sal llegó al mundo
Después de hacer los sacrificios señalados, Ogbe Kulejo consultó a los Ancianos del Cielo, que le expresaron sus buenos deseos para su estancia en la Tierra. Antes de partir, le pidieron que buscara arena de mar para el sacrificio, y así lo hizo. Ellos la repartieron para él y le dijeron que la sostuviera en sus manos y la llevara al mundo, pues por aquellos tiempos no existía nada en la Tierra con que sazonar el sabor de la sopa. Le indicaron que, tan pronto llegara, dejara el paquete en un cruce de caminos, y él cumplió al pie de la letra. A la mañana siguiente, el paquete se había convertido en un montón de sal que se multiplicaba cada vez más.
Cuando la esposa del Obá fue de mañana a buscar agua al río, vio aquel montón de sustancia blanca en el cruce y pensó que el día anterior no estaba allí. Tomó una muestra, la probó y comprobó que su sabor era bueno; entonces recogió un poco en su cazuela y lo llevó a casa. Se lo mostró al Obá, que también lo probó y le dio dos cauries para que fuera a dejarlos caer en el sitio donde estaba la sal.
El Obá convocó una reunión de emergencia y preguntó si alguien había llegado al pueblo desde el día anterior, para que se identificara. Todos dijeron que no tenían visitantes extranjeros. Sin embargo, el padre de Ogbe Ofun declaró que su esposa había dado a luz la noche anterior, y llamó a todos para que vieran lo que se había descubierto aquella mañana. Cuando la esposa trajo la sal, todos la probaron y quedaron encantados con su sabor, y le atribuyeron el cambio al niño, pues era el único ser humano nuevo en aquel pueblo.
El Obá permitió que cada cual cogiera un puñado de sal y que en su lugar dejara dinero. Así fue como Ogbe Ofun trajo del Cielo la sal y, con ella, la prosperidad de sus padres.
Cuando este odu sale en adivinación, se le aconseja a la persona que sacrifique con sal y arena de mar, para que a ella llegue la prosperidad.
4.El pote de los tesoros: Ogún y Ogbe Ofun
Ogbe Ofun fue el último de los discípulos de Ejiogbe que vino al mundo. Como había oído los ecos de los problemas que sus hermanos mayores pasaban en la Tierra, decidió hacer preparativos muy cuidadosos para su viaje. Le indicaron sacrificar un cerdo a su Ángel Guardián y servir a Eshu con un chivo, y le anunciaron que la prosperidad le llegaría en la Tierra a través de su Ángel Guardián y no por medio de los seres. Él realizó los sacrificios. Al mismo tiempo, Ogún también se puso en camino hacia la Tierra y fue por adivinación ante los mismos Awoses, cuyos nombres son:
A Ogún le aconsejaron sacrificar un perro, un caracol y un gallo a su Ángel de la Guarda y darle un chivo a Eshu; pero, como por tradición confiaba más en su fuerza física, se negó a hacerlo. Al llegar al mundo, Ogún construyó su casa en la cumbre de la colina que daba al río, mientras Ogbe Fun levantó la suya en la ribera. Orúnmila se dedicó a la agricultura además de la práctica de Ifá, y Ogún se hizo fundidor de hierro. Un día, Ogún propuso regresar al Cielo para pedirle a Dios que permitiera que la prosperidad les llegara en la Tierra. Al llegar, Dios los convenció de regresar, prometiendo que se ocuparía de sus problemas, y con esa certeza ambos volvieron.
Al día siguiente, Dios dispuso toda clase de regalos y tesoros, incluidos dinero y abalorios, dentro de un gran pote de arcilla, selló la parte de arriba con pulpa de frutas (eko ogiri) y envió dos mensajeros para entregárselo a Ogún como alimento suyo. Cuando los mensajeros celestiales le dieron el encargo, Ogún abrió la tapa con su vara en forma de tijera y, al ver que contenía pulpa de frutas, empezó a dudar, porque el eko ogiri no era su alimento principal; y añadió que, como solo su hermano menor Ogbe Ofun comía de eso, le guardaría el pote a él.
En su adivinación habitual, Ifá le aconsejó a Ogbe Ofun que asara dos tubérculos de ñame para Ogún y se los entregara cuando este fuera camino de su finca. Al verlo, le dio los ñames y Ogún se puso feliz, pues ese sí era su alimento principal; en recompensa, le entregó el pote de eko, que Ogbe Ofun recibió con alegría. Al llevarlo a casa descubrió que el eko solo estaba en la parte de arriba y ocultaba los tesoros; los recogió y los guardó en un lugar seguro.
Cinco días después, Ogún volvió a clamar de hambre y sufrimiento, y sus vibraciones sacudieron la Tierra e hicieron eco en el Cielo. Dios preparó un pote mayor que el anterior con el mismo contenido; lo cubría con pulpa de frutas para que los portadores no descubrieran lo que llevaba dentro. Cuando se lo entregaron, Ogún vio que el contenido parecía igual al anterior y lo guardó para dárselo a su hermano menor. Al oír sus gritos de hambre, Ogbe Ofun le preparó ñames con una botella de aceite y vino, y se los llevó; Ogún volvió a entregarle el pote, que esta vez pesaba tanto que no podía transportarlo, y tuvo que pedirle ayuda a uno de los servidores de Ogún.
Con el tesoro hallado, Ogbe Ofun compró varios esclavos, un caballo y muebles para adornar su casa; se preparó ropas adornadas con abalorios, zapatos y gorras, y hasta un vestido con abalorios para el caballo, y siguió dedicado a la agricultura con la ayuda de sus esclavos. Al día siguiente, Ogún volvió a gritar y la vibración sacudió los fundamentos del Cielo y de la Tierra como un terremoto. Dios empezó a preguntarse qué estaría haciendo Ogún con los regalos que le enviaba; una vez más preparó un pote con tesoros cubiertos de pulpa, del cual Ogún se deshizo de la misma manera. Después de recibir los ñames asados a cambio, Ogún se quejaba de que Dios no le enviaba lo que él quería, mientras Ogbe Ofun exclamaba que estaba satisfecho con la importante comida que recibía.
Tres días después, Ogún rugió de nuevo, y esta vez Dios lo mandó a buscar para que se presentara ante él en el Cielo. La víspera del viaje, Ogún puso un pedazo de hierro macizo en su horno y lo calentó hasta la mañana siguiente, mientras Ogbe Ofun hacía sus preparativos. Al amanecer, Ogún se echó al hombro el hierro al rojo vivo y salió hacia el Cielo quemando todo lo que encontraba a la vista por el camino. Al llegar al Palacio, alzó el hierro como si fuera a quemar al Todopoderoso; Dios le ordenó quedarse a distancia y preguntó por Ogbe Ofun, y Ogún contestó que venía en camino. Ogbe Ofun se había vestido con su traje de abalorios, igual que su caballo, y partió al Cielo; al llegar al Palacio se bajó del caballo y se postró para saludar a su padre.
Dios miró a Ogbe Ofun y le preguntó a Ogún qué hacía con el alimento que le enviaba. Ogún le preguntó desafiante si acaso él se alimentaba de pulpa de frutas, y añadió que siempre se la dio a Ogbe Ofun, el único que sabía alimentarse de eso. Dios miró a Ogún con lástima y proclamó que nunca más tendría tranquilidad de espíritu por toda la eternidad, y que siempre estaría impaciente y desamparado. En cambio, proclamó que Ogbe Ofun viviría siempre en paz y prosperidad, y que la gente le serviría dondequiera que él estuviera.
Esa es la razón por la cual Ogún siempre es calentado o golpeado en la cabeza, mientras que la comida viene a encontrarse con Ogbe Ofun dondequiera que se encuentre. Así fue como este odu se ganó el apodo de Ogbe Ofun, es decir, «el que recibe el alimento en su casa». Con aquella proclamación, Dios los despachó de regreso a la Tierra. Al llegar a casa, Ogbe Ofun sacó un cerdo, una cabra y un carnero padre para celebrar un festín de gracias a su Ifá, invitó a sus Awoses y les cantó alabanzas.
En Igbodun debe decírsele a la persona que su Ángel de la Guarda lo hará rico, que siempre reciba con satisfacción cualquier regalo que vayan a hacerle y lo use para sí. Nunca debe regalar lo que le regalen los demás, por poco atractivo que pueda parecer.
5.El vendedor que robó un machete
Estos fueron los Awoses que le aconsejaron al vendedor de artículos pequeños que no robara la mercancía de los demás para venderla junto con la suya. Él replicó que, como no había robado ni sentía inclinación hacia el robo, no tenía por qué hacer sacrificio; ya le habían indicado ofrecer un macho cabrío a Eshu, pero no lo hizo. Él vendía Oja Agbaa (agbagii).
Por no sacrificar, Eshu decidió castigarlo: lo fue lisonjeando hasta que robó un machete y lo puso a la venta junto con su mini machete. Después de vender el machete robado, Eshu reveló el robo y el vendedor fue arrestado al instante. Imploró perdón, pero su súplica no fue escuchada. Entonces pidió que le dejaran hacer el sacrificio que debía; se le concedió, y ofreció el chivo a Eshu. Después de comerse su chivo, Eshu intervino desafiando a los acusadores: les dijo que no tenían razón para arrestarlo y les exigió que explicaran el motivo del arresto si él no había robado.
Se desató una discusión y, antes de que verificaran los hechos, Eshu transformó el machete robado en Oja Agbaa. Buscaron inútilmente el machete y no lo encontraron, y el vendedor fue absuelto.
Cuando este odu sale en adivinación para un negociante o comerciante, debe aconsejársele que esté satisfecho con sus mercancías y que no les robe a los demás. También debe hacérsele sacrificio a Eshu con un chivo, para evitar ser acusado de una ofensa que no podría negar.
6.El Obá Alaaye y la cabra prohibida
Obá Alaaye sufría de miserias y privaciones. Finalmente, Ogbe Ofun visitó su palacio en compañía de los siguientes Awoses:
Le aconsejaron ofrecer un festín con comida y bebida para todo el pueblo. Alaaye llamó a su esposa para razonar de dónde sacarían los medios para costear semejante fiesta, y entre los dos elaboraron una estrategia. Alaaye consiguió una linterna y recorrió finca tras finca hasta dar con una donde había dos largos graneros de ñame. Su esposa buscó dieciséis potes en los que amontonaron los ñames robados y, anticipándose al momento en que el dueño empezara a protestar, los llenó de agua.
Al día siguiente, el campesino dueño de los ñames rastreó las pisadas de los intrusos hasta el césped de atrás del palacio y gritó que las huellas del ladrón llegaban hasta la casa de Alaaye. Este reaccionó invitando a la gente a rastrillar su casa y limpiarla para eliminar todo rastro; ya no quedaban huellas, porque los ñames habían sido escondidos bajo tierra, debajo de los potes de agua. La gente solo vio varios potes llenos de agua y, cuando le preguntaron su porqué, él respondió si acaso no sabían que en su casa se producían materias tintóreas con bastante frecuencia. Después de buscar en vano, los investigadores abandonaron el palacio, y la fiesta se realizó en serio.
Alaaye tenía tres cazadores y tres sacerdotes de Ifá, que acostumbraban a adivinarle cada cinco días. En el siguiente día de adivinación, los Awoses vaticinaron que sus tres cazadores regresarían del bosque con diferentes animales ese mismo día, pero que él no debía comer de ellos: tenían que ser entregados a los Awoses. Él estuvo de acuerdo. Poco después, el primer cazador llegó con un antílope; le partieron la cabeza y la pusieron en el plato de Eshu, mientras los Awoses guardaban el cuerpo en su bolsa. El segundo cazador entró con un ciervo, que fue tratado de la misma manera. Esperaron al tercer cazador, que venía con una cabra de la maleza (Edu en yoruba y Oguonziran en Beni); pero la esposa favorita de Alaaye, que se preguntaba de dónde sacarían carne para la casa, lo detuvo cuando se acercaba y lo obligó a entregarle el animal, porque los Awoses ya se habían llevado los dos primeros y ella no quería que se llevaran también el tercero. Luego asó la carne e hizo sopa con las partes pequeñas.
Los Awoses indagaron por qué el tercer cazador no había llegado con su presa y, como no apareció, prepararon el sacrificio con las cabezas de los dos primeros animales, lo enviaron a Eshu y se marcharon a casa. A la mañana siguiente, la esposa preferida preparó ñame machacado y sopa con la carne de la cabra del monte y se la sirvió al Obá. Cuando Alaaye tomó la primera ración, se le atragantó en la garganta; la segunda y la tercera también se le atragantaron y empezó a asfixiarse. Transpirando copiosamente, mandó a buscar a los Awoses y, cuando llegaron, les reprochó no haberle dicho que moriría al día siguiente. Ellos le preguntaron qué había comido y él dijo que ñame triturado. Pidieron a la esposa que trajera el pote de sopa y, al ver la cabeza de la cabra, le preguntaron cómo la había obtenido; ella confesó que se la había quitado al tercer cazador.
Le pidieron entonces que le salvaran la vida a Alaaye. La familia de la esposa imploró perdón, y los Awoses exigieron que compensara su delito trayendo dos cabras, dos carneros padres, dos gallos, dos gallinas, dos pescados, dos jutías y dos bolsas de dinero. Entregadas las multas, trajeron la cabeza de la cabra que estaba en el pote de sopa, le abrieron la boca y encontraron un hongo dentro de la garganta, el cual el animal se estaba comiendo cuando apareció el cazador y le disparó. Como Ifá sabía que Alaaye tenía prohibido comer hongos, por eso le había ordenado entregar toda la caza de aquel día a los Awoses, a quienes los hongos no les estaban prohibidos. El Awó preparó hojas de una planta, las comprimió y le dio a Alaaye a beber su jugo, y él vomitó los bocados de ñame triturado que se le habían atascado en la garganta.
Tan pronto sanó, sentenció a la esposa ofensora a ejecución sumaria. El ejecutor real, comprendiendo que Alaaye había tomado la decisión en un estado de ira, le imploró en tres ocasiones que moderara la justicia con misericordia. Él se negó, argumentando que su esposa sabía que él era capaz de matar una vaca para comer y, aun así, quiso acabar con su vida sirviéndole carne de una cabra de monte. En ese momento, el ejecutor presentó a la esposa del Obá para la proclamación confirmatoria. Cuando estaba a punto de pronunciar la condena final, la esposa se agarró a sus pies y, arrodillada, le recordó que fue una mujer la que buscó el agua que había llenado los dieciséis potes. En cuanto ella dijo eso, él la abrazó y pronunció el perdón. Después del festín, la prosperidad regresó a Alaaye.
En la adivinación debe decírsele a la persona que sufre por causa de su pobreza, pero que debe hacer el esfuerzo de tomar dinero prestado para ofrecer un festín a los miembros de su familia. Debe abstenerse por un tiempo de comer carne de cabra, y no debe comer hongos nunca.
7.Ogbe y la mujer de Ofun
Ogbe Ofun adivinó Ifá para Ogbe, que quería seducir a la mujer de Ofun y estaba seguro del éxito. El sacrificio marcado fue una gallina, una jutía, un pescado y dinero. Ogbe oyó el aviso y realizó el sacrificio.
8.La Muerte quiso casarse con la hija de Orisha
Oliwowoji, Oliwowojiwo: ellos adivinaron Ifá para la Muerte y también para la Enfermedad. Ambas querían casarse con Lasunwontan, la hija de Orisha, y Orisha dijo que entregaría a su hija a cualquier hombre joven que pudiera presentar 201 cabezas frescas (Orí). Ikú se fue al campo, buscó a 201 personas y las asesinó de inmediato; recogió sus cabezas, las ató juntas y las cargó. Cuando iba camino de la casa de Orisha, oyó a alguien cantando esta canción:
Al oír aquello, Ikú puso las 201 cabezas en el suelo y echó a correr, temeroso de que alguien fuera lo bastante corajudo como para tratar así a él y a Arun, la enfermedad. No sabía que detrás de aquel canto estaba el propio Arun, que había ido a ver a un Babalawo para que lo ayudara, porque quería hacer su esposa a Lasunwontan. El Babalawo le mandó buscar doscientas conchas de babosas, y él las consiguió; el Babalawo ató todas las conchas unidas, se las puso alrededor del cuello y le enseñó la canción que debía cantar. Cuando Ikú soltó las 201 cabezas y huyó, Arun las recogió y se fue a casa de Orisha, quien, a cambio de las cabezas, le entregó a su hija en matrimonio. Por esta razón existe el proverbio que dice: la muerte se sacrificó por el éxito de la enfermedad.
Esta historia demuestra que cualquier instrumento que campanee alejará a la muerte y a cualquier otro espíritu malévolo. Esa es la razón por la cual el médico tradicional acostumbra a ponerles instrumentos de esta naturaleza a los abikús (nacidos para morir) o a otros niños enfermos.
9.El libro de la muerte
Amaiyegun, el Obá Ikú de la tierra Ibosun Okunile, guardaba los grandes secretos de los seres en la vida y en la muerte, escritos en un libro que había pertenecido a reyes lejanos y que se llamaba el Libro de los Muertos. En ese libro se podía aprender la manera de llamar a los espíritus de los Odun y de todos los muertos, los poderes para poner a los Egun a trabajar tanto para el bien como para el mal, y además cómo revivir a los difuntos.
Ogún y Shangó, sabiendo que todo eso estaba en el libro de Ikú, llevaban tiempo detrás de él; pero Amaiyegun dormía con el libro debajo de la almohada. Entonces se unieron a un niñito de meses que era un prodigio, pues sin tener aún los tres meses hablaba y pensaba como los hombres, y lo único que le faltaba era caminar. Era hijo de Oduduwa, y él les indicaba todo lo que tenían que hacer para conseguir el libro. Fueron a casa de Orúnmila, quien les vio este Ifá y les dijo que querían ganarle a Ikú, pero que si no hacían ebó tendrían que pactar con ella; que estaban protegidos por Oduduwa, pero que aun así tenían que hacer ebó. Ellos respondieron que, para vencer a Ikú, se bastaban ellos solos con el omo kekere de Oduduwa.
Tenían ya cercado a Amaiyegun en su casa cuando este les dijo: está bien, les enseñaré el Libro de los Muertos, pero ustedes me enseñan a quién los ha guiado tan magistralmente. Ellos le entregaron al niño, e Ikú les entregó el libro; aunque eran dos tomos, les dio uno solo. Bebieron con avidez aquella sabiduría, pero al ver que no terminaba ahí, le reclamaron a Ikú: devuélvenos al niño, que nos has engañado, pues eran dos libros y solo nos diste uno. Amaiyegun respondió: el niño no se los doy, pues él será mi representante entre los Ebora Orishas; «el que nunca ha puesto sus pies en el suelo» será el Agboran Ikú; además, ya ustedes tienen la sabiduría que querían. El segundo tomo lo tiene Orúnmila.
Así, por no hacer el ebó de Ifá, ellos se quedaron sin saber dominar a los espíritus de las altas esferas celestiales.
Nota: Aquí se explica el porqué, para obras de envergadura con Egun, hay que llamar al Awó de Orúnmila; y además el porqué, entre los Ebora Orishas que llevan Egungun en su Adé —como Oduduwa, Yewá, Azowanu, Boromu, Boroseá, Ashipuelú, etc.—, se pone Egungun Mokekeré, pues este agboran Ikú, o sea, el que nunca puso el pie en la tierra, es la imagen de Amaiyegun, el Obá de los Ikú.
10.La mujer curiosa
Había una mujer que se metía en todo lo que veía y en lo que no le importaba, y que vivía siempre pendiente de la vida ajena. Ogbe Fun dijo: tú verás cómo yo hago que se vaya. Y preparó una comparsa de esqueletos. Cuando la comparsa de los muertos pasó por la puerta de la casa, allí estaba la mujer curiosa y chismosa, sin querer perder detalle. Entonces Ogbe Fun preparó una caja, le echó dentro cabezas de muertos, pedazos de quijadas de ratones, lagartijas y juguitos, y se la entregó a la mujer diciéndole: guárdame esta cajita y no la abras hasta que la comparsa no vire otra vez.
En cuanto Ogbe Fun se fue, ella abrió enseguida la cajita, y salieron las cabezas de Egun, las quijadas de los ratones y los demás animales; y producto de esto se fue volviendo loca.
Nota: Esta persona anda con prenda judía, huesos de muertos que la perjudican.
11.La guerra de Abita y Orúnmila: nace la Pomarrosa
Abita hacía tiempo que quería medirse con Orúnmila, pues cada vez que Abita perjudicaba a alguien con sus trabajos, Orúnmila lo salvaba. Entonces Abita preparó a todos sus adeptos, los Ashumulei (hechiceros), para derrotar a Orúnmila; preparó un trabajo y lo citó a pelear. Orúnmila se hizo osode, se vio este Ifá y preparó el ebó para la lucha; llamó a su ayudante Ogún, se hizo ashinima y mandó a Ogún al monte a buscar ewe Yilobo, que era la única hierba que derrotaba a Abita. Orúnmila le dijo a Ogún: déjame pelear a mí solo; mi última arma la emplearé si Abita juega sucio en la lucha.
Llegó el día de la pelea (fue un viernes, que es día de perturbación). Empezaron por hacer proezas, pero Abita tenía un Iyeka, un polvo maléfico, y en un descuido de Orúnmila se lo sopló, y este cayó fulminado. Todos los secuaces de Abita cantaron y bailaron, pues creían que Orúnmila estaba Ikú; lo metieron en su casa y se reunieron el sábado para acordar tres cosas: primero, hacer todo lo posible por que Ela no reviviera; segundo, si Ela volvía en sí, no dejarlo levantarse; y tercero, si se levantaba, no dejarlo llegar a su tablero, para que no pudiera llamar a los Imolé del cielo.
Abita y todos los Ashumulei estaban de guardia y llamaban a todo el mundo para que vieran a Orúnmila, que estaba otokú. Pero Orúnmila no estaba muerto: el ashinima que había hecho lo había evitado, y el polvo solo lo había adormecido. El domingo, cuando menos lo esperaban, recobró el conocimiento, agarró el gajo de Pomarrosa, el ewe Yilobo que tenía al lado, y empezó a cantar:
Orúnmila es como la Pomarrosa, árbol duro que el fuego de la brujería ataca pero no puede con él; la brujería se va de la casa del Awó. Y según cantaba, golpeaba a los Ashumulei, destruyéndolos a todos. Abita, al ver esto, no tuvo más remedio que reconocer que con Orúnmila no podía y que era Apataki Imalé Alakaiyé, el más principal de los Orishas.
Gallo, dos palomas, semillas, hojas y raíz de Pomarrosa, coco, vela, jutía y pescado ahumado, maíz tostado, manteca de corojo, todo lo que se come, mucho dinero.
12.La dificultad en el matrimonio
Había una muchacha que tenía la dificultad de no encontrar relaciones, y cuando se reunían con las demás se preguntaban unas a otras cuál sería su mala suerte, pues no encontraban novios y ya se les iba pasando el tiempo para el matrimonio. Iban a fiestas y a reuniones, pero nunca hallaban pretendientes. La hija de Olofin se encontraba entre ellas y en las mismas condiciones.
Un día Olofin organizó una fiesta e invitó a todas las muchachas. Antes de ir, ellas fueron a casa de Orúnmila, quien les hizo osode y les vio este Ifá, diciéndoles que tenían dificultad para encontrar novios para casarse, y que para resolver ese problema tenían que hacer ebó. Todas fueron a la fiesta que daba Olofin después de haber hecho ebó, y Orúnmila les aseguró que todas se iban a casar.
Eran seis los jóvenes invitados, y todas encontraron a sus respectivos; pero no le sucedió así a la hija de Olofin. Viendo Olofin que las demás se habían casado y que su hija se había quedado solterona, quiso saber la causa y el porqué. Fue a casa de Orúnmila, y este le explicó por qué su hija no se había casado y las demás sí. Entonces Olofin le dio la mano de su hija, y Orúnmila se casó con ella.
13.Kubito y la trompeta de marfil
Kubito era quien tocaba la trompeta de marfil a Olofin, para despertar a todos los hijos de Olofin en Aiye. No tenía mujer y deseaba saber qué debía hacer para casarse; fue a ver a Orúnmila, quien le hizo osode y le marcó un ebó, y él lo hizo. Varios días después, Olofin llamó a Kubito y le dijo: por tu labor te voy a premiar dándote una mujer. Y le entregó una hermosa y bella doncella, de rotundos senos y cuerpo formidable, que todos los hijos de Olofin deseaban.
Cada mañana, al canto del gallo, Kubito llamaba con su trompeta al trabajo de los Orisha. Todos sus rivales amorosos pensaron cómo vengarse de él, y le robaron su trompeta, que estaba hecha de un colmillo de Ayanaku. Al día siguiente, al verse sin ella, Kubito corrió a casa de Orúnmila, quien le marcó el segundo ebó de su signo, y llevarlo al monte y enterrarlo. Al abrir el kutun para poner el ebó, se encontró su trompeta, que allí estaba: sus araye se la habían enterrado. Al primer canto del gallo, Kubito tocó la trompeta.
Los enemigos volvieron a robarle la trompeta por segunda vez. Él fue a casa de Orúnmila, quien le marcó el tercer ebó de su signo, y enterrarlo delante del secreto de Elegba; y ahí volvió a encontrar su trompeta, triunfando sobre sus enemigos. Pero ellos no cejaban en su empeño y se la robaron otra vez.
Entonces Orúnmila invocó a todos los espíritus de odó, el río, y este se salió de su cauce, trayendo en sus aguas la trompeta de Kubito, pues allí la habían echado sus enemigos. Muchos de ellos murieron en la inundación, y los que no murieron decidieron hacer las paces con Kubito, quien, gracias a Orúnmila, vivió tranquilo con su mujer.
14.Por qué los Awoses no tiran caracol
Orúnmila tenía un ahijado predilecto llamado Omolú, que era el Rey de la tierra Adifá; lo había dejado allí como rey porque aquella era la tierra de Ifá, cuando él la ganó por sentencia de Olofin al adivinar lo de la mujer en estado. Omolú (los signos de Ifá, también conocidos en África como Odun) tenía un hijo mayor llamado Adelé (el caracol), que era su heredero, y le había encargado la misión de ser el intermediario de todos los Oshas ante él, por encontrarse muy ocupado en las tareas de Ifá. Por consiguiente, todos los Oshas, con los guerreros y sus ejércitos, estaban bajo el mando de Adelé y dependían de él. Al verse con tanto poder, el orgullo lo cegó, se creyó mayor que su padre Omolú y comenzó a conspirar en su contra, preparando un ejército secreto para derrotarlo.
Resultó que, estando Orúnmila en una consagración de Ifá, le salió el odu Ogbe Fun Leni, donde Ifá le decía que un ahijado lejano a la familia lo quería esclavizar. Al terminar, preguntó cuál de sus ahijados era, y salió hablando con lerí de Omolú, con lerí araye. Orúnmila partió rápido para la tierra Adifá y, cuando llegó, la revolución estaba andando y los ejércitos de Adelé estaban preparados para arrasar el palacio de Omolú. Como Orúnmila era el padrino de Omolú y también el padrino de bogbo Osha, les habló y les dijo que, por ser Omolú el ahijado mayor, todos ellos tenían que respetarlo y quererlo; y todos aclamaron a Omolú como rey supremo de toda la tierra Adifá.
Entonces Orúnmila llamó a Adelé y le dijo: como Olofin sentenció tu cargo, tú continuarás siendo el encargado de expresar el deseo de los Oshas, pero con los Aberikolas, no con Omolú; para evitar tragedias futuras, te destierro para siempre del reino de tu padre Omolú, al cual nunca más entrarás, y ninguno de tus hermanos te volverá a llamar para nada; el que así lo haga faltará a este juramento y a esta sentencia, y desde ahora en adelante así será. Ashe Too, Ashe Bo, Ashe Bima, To Iban Eshu. Adelé tuvo que salir de la tierra Adifá hacia su nuevo reino, junto al río Oshe.
Nota: Aquí fue donde se separaron Omolú y Adelé, que aunque parientes tienen distintos nombres en el oráculo, y por esto el Oluwo no debe nunca tirar el caracol, para no faltar a la sentencia de Orúnmila y al juramento de Omolú. Aquí fue donde botaron a Azowanu de la tierra Yoruba, y se dividieron los santos en Oshas y Orishas de Deidad, o sea, en unos que hablan por el Dilogún y otros por Omolú Ifá.
15.Cuando los santos estaban separados
Dos gallinas negras a Orúnmila, gallo, dos gallinas carmelitas a Oshún, vestirse de blanco 16 días y rogación de cabeza con coco, manteca de cacao y cascarilla.
Cuando los santos estaban separados, cada uno vivía en su territorio y se conocía un rey y una reina. Era una época en que la muerte traficaba de noche y se vestía de negro, confundiéndose en la oscuridad, y se llevaba al que ella quería; los únicos territorios donde no traficaba eran los de Egun y Oshún.
Tanto les llamó la atención a los demás santos, que un día se reunieron y tomaron la decisión de ir a casa de un sabio que vivía en Ará Ifé. Al llegar allí, vieron que el sabio usaba para adivinar unas semillas negras partidas en dos, enganchadas de una cadena que ellos desconocían; el sabio usaba también un collar de semillas verdes y otro de semillas amarillas, y ellos ignoraban para qué las usaba, pero sabían que eran parecidas a las identidades de Oshún y de Ogún, y a las que la muerte usaba para agarrar a sus víctimas. Ninguno de los representantes de esos pueblos se atrevía a denunciar esas pruebas, por temor al sabio, ya que era enemigo de la muerte, y del territorio Ará Ifá Osha.
En eso llegó Obatalá, se dio a conocer y dijo: yo no creo que he llegado tarde; soy la representación de Olofin y, conforme cobro todo lo bueno, descubro todo lo malo; ustedes no se atreven a decir todo lo que sienten por temor de que el sabio sea amigo de la muerte, y en especial de Oshún y Ogún, pero esto tenía que suceder así. Obatalá miró para el cielo y dijo: tengo 16 rayos de sol en mi poder, que Olofin me entregó para que yo buscara la unificación de todos ustedes en la tierra; miren el resultado que obtuvieron en tanto tiempo, por no tener comprensión y creerse unos con más poder que los otros. Esta casa en que estamos ahora es la casa sagrada de Ifá; este es el lugar que ustedes no querían reconocer, porque el sabio que ahora están viendo no tiene nombre de rey como ustedes. Este sabio que ustedes ven es el portavoz directo de Olofin para predicar sus mandatos y poderes; este viejo sabio se llama Awó Orúnmila, y es el único que tiene el control y el descontrol de la muerte en la tierra.
Orúnmila saludó de nuevo a Obatalá y enseguida registró, y salió este odu. Inmediatamente mandó a unificar las semillas verdes con las amarillas y a poner una bandera blanca en la casa, y explicó: el verde es mi identificación; el amarillo es de Oshún, que representa la mitad del mundo, del oro, la sangre y la vida; las semillas negras con la cadena son Ogún, que es la mitad del mandato de Olofin, el dios de la muerte; es por eso que la muerte no mata a nadie en Ará Ifá Osha.
Y ustedes buscaron lo que Olofin quería: que se le reconociera por hoy, mañana y siempre. Les puso su Idefá y les dijo: las puertas estarán siempre abiertas para todos los hijos de Olofin.
16.El pacto de la muerte con Orúnmila
Dice Ifá que, cuando Orúnmila salió a buscar a la muerte, después de mucho caminar se encontró una casita. Llegó hasta ella y halló a un hombre muerto en el suelo. Orúnmila le preguntó a la familia qué les había pasado, y le dijeron que la muerte había estado allí y lo había matado. Preguntó dónde vivía la muerte, y estos le indicaron el camino; entonces cogió una caja y les dijo: déjenla aquí hasta que regrese. Y se fue. Cuando llegó a la casa de la muerte, esta se puso muy contenta, pues tenía cuatro personas sin haber salido a buscarlas.
Orúnmila le dijo que iba a pasar la noche allí con sus acompañantes, y entraron todos en la casa menos Shangó, que durmió en el gallinero. La muerte salió de la casa, y ellos aprovecharon e hicieron tres almohadones con formas de cuerpos, y después se metieron todos debajo de la cama a dormir. Cuando llegó la muerte, les dio un guadañazo a las almohadas y se acostó. Por la mañana, Orúnmila, Elegba y Ogún se levantaron primero que la muerte, y cuando esta se levantó les preguntó cómo habían pasado la noche; ellos le dijeron que bien, que lo único que habían percibido era un golpecito mientras dormían, pero que no había sido nada. Así lo hicieron durante dos noches seguidas.
A la tercera noche, Orúnmila le dijo a Ogún que subiera con la cadena al tejado que quedaba arriba de la puerta, a Elegba que consiguiera un saco, y a Shangó que regara harina con quimbombó en la puerta. Cuando la muerte llegó, resbaló y se cayó; Ogún se tiró y la amarró con la cadena, y Elegba la metió dentro del saco.
Salieron para el pueblo con la muerte prisionera y, al llegar a la casa donde estaba el hombre muerto, la familia ya lo había enterrado; y por eso, mientras el mundo sea mundo, la gente tiene que morirse. Orúnmila siguió para casa de Obatalá; cuando llegó al pueblo, la cadena iba sonando y haciendo ruido, y Obatalá preguntó: ¿qué es eso que hace tanto ruido? Le contestaron que era Orúnmila, que traía a la muerte prisionera. Entonces Obatalá le dijo a Orúnmila que hiciera lo que quisiera con ella; pero Orúnmila no la soltó y le dijo: tú nada más sabes matar gente y no respetas a mis hijos. La muerte le contestó: yo no conozco a tus hijos. A lo que Orúnmila respondió: para llevarte a un hijo mío tienes que contar conmigo, para que yo te lo ordene; además, mis hijos estarán identificados con el Idefá de Orúnmila.
En la realidad es así, pues de esta forma la muerte pactó con Orúnmila.
Manteca de cacao, cascarilla, cheche cheche, 16 velas, harina y quimbombó.
17.El banquete del Rey Iré
El Rey Iré dio un banquete con la princesa Tiyá y, para ello, invitó a todos los Iré y a los Osobo, menos a Eyó, pues pensó que podía traerle problemas en la fiesta. Esto disgustó a Eyó, que cogió una manzana, le puso una inscripción que decía «Para la más hermosa» y la arrojó en la mesa. La acogió Oba Shegun, y enseguida se entabló una reyerta entre tres diosas que estaban presentes, ya que cada una se consideraba la más hermosa y reclamaba la manzana. Entonces una diosa le prometió a cambio hacerlo un gran guerrero, otra le prometió darle la mujer más linda de la tierra, y la otra, hacerlo un gran sabio.
Oba Shegun aceptó la promesa de tener la mujer más linda de la tierra y le dio la manzana a esa diosa. Por este motivo, las otras dos empezaron a odiarlo profundamente, maldiciéndolo y haciendo profecías. La diosa cumplió su palabra: fueron al pueblo contiguo, donde vivía una mujer muy linda que era la esposa de Ayé, y la secuestraron. Eyó fue y se lo contó todo a Ayé, y este, encolerizado por la ofensa al honor de su nombre, reunió a sus soldados, nombró capitán a Eyó y le declaró una gran guerra a Oba Shegun por haberle robado a su esposa. Eyó invadió el pueblo, y Obatalá tuvo que intervenir para restaurar la paz, castigando a Eyó por haber ocasionado la guerra y devolviéndole su esposa a Ayé; así se pudo reparar el daño causado por Eyó.
Nota: Este Ifá, viéndose con Osobo Eyó, es muy peligroso para la persona que se está mirando, pero más aún para el Awó, pues le puede traer guerra dentro de su casa con su esposa, con los ahijados y los familiares. Pues estamos delante de una manzana muy linda por fuera, pero podrida por dentro.
18.El secreto de la vida eterna
Chiva, gallo, dos gallinas, ñame, dos cocos, manteca de cacao, cascarilla, hierbas, mucho dinero.
Nota: Después de terminar el ebó, se le dará el gallo a Elegba, y con la chiva (que no ha sido pisada) se le dará a la cabeza de la persona; si esta tiene santo hecho, se le pondrá a Obatalá en las piernas y se dará sangre de chiva al mismo tiempo que se le da a la cabeza de la persona. Este ebó se hace por el camino de Ikú o Arun; también se tienen que dar 8 baños de hierbas.
Había un hombre cuya obsesión era encontrar el secreto de la vida eterna, o sea, el no morir nunca, a tal extremo que se convirtió en buscador del secreto de la inmortalidad. Un día, después de mucho caminar, se sentó al pie de un árbol y se quedó dormido, y tuvo un sueño en el cual se veía dentro del mar, y una mujer le decía: tú buscas el secreto de la vida eterna; mira, cuando te vayas, coge una de las matas que están a la derecha del camino, llévate las raíces y en su lugar déjame las hojas.
Al llegar a ese punto, el hombre se despertó muy asustado; pero después de un rato reflexionó y se encaminó al mar. Al llegar a la orilla se puso a meditar sobre el sueño que había tenido y se decidió a entrar en el mar. Ya dentro, se encontró con una mujer idéntica a la del sueño, que le preguntó qué era lo que hacía dentro de su reinado; él le contestó que buscaba el secreto de la vida eterna, y que al mismo tiempo había tenido un sueño con ella, y que esa era la causa de que se encontrara en su reino.
La mujer le dijo, de igual forma que en el sueño, que cogiera las matas que estaban sembradas en el camino a la derecha, que se llevara las raíces y que dejara las hojas en el lugar de estas; pero que tuviera mucho cuidado, no se las fueran a robar; que guardara el secreto como a su vida misma y que no le dijera a nadie lo que había hecho, para que no perdiera su virtud.
Cuando el hombre salió del mar iba contento, porque había encontrado lo que quería, que era el secreto de la vida eterna. Para llegar a su casa había que recorrer un largo camino y, encontrándose muy cansado, se recostó en un árbol y se quedó dormido. Entonces vino Eyó, el majá, y se comió las raíces que el hombre guardaba en sus manos. Al despertarse, vio que el majá estaba comiéndose las raíces que la mujer le había dado, que eran el antídoto para no morirse, y quedó maldiciendo al majá y maldiciéndose a sí mismo.
19.El decreto de Okerengbengbe: la hija de Olorun
El odu guarda también este verso, que proclama la igualdad de la mujer en el sacerdocio de Ifá.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.
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