Ogbe Ka
Ogbe Eka · Ogbe Ika
«Aquel que debe apartarse del robo; el que tuvo que hacer sacrificio para atrapar a un ladrón más fuerte que él; el que anunció que algo había en el abdomen. Se lanzó Ifá para el cazador».
Rezo de Ogbe Ka
Ogbe Ka adifayoko kanfun ashe berébere omo Olofin orugbó euré, Akuko, Eyele, yarako, asho pupua, Orúnmila lorubo.
Ogbe Ka es un Ifá de
- Calumnias.
- Bochorno.
- Falsos testimonios.
- Las quincallas.
En este odu nace
- Las marcas de las manos.
- Las propiedades de las tierras, donde primero se hizo la escritura de la propiedad.
- Los altares.
Aquí habla
- De cuidarse de la justicia, porque aquí se va preso.
- De un aro de poder que rodea al Awó para vencer a sus araye, que le dan Shangó y Oshosi, por lo que no debe coger lo que no es suyo para que ese aro no se rompa.
- De que la maldición del hijo alcanza al padre.
- De que viviendo como gente humilde es como vive bien.
- De que una mujer lo puede amarrar.
- Aquí: la mata de coco.
- Los testículos y el miembro.
- De problemas en el trabajo.
- De persona con suerte y que nació para ser adivino.
- De que tiene ashé de Olofin.
- De que le van a levantar un falso testimonio que lo llevará ante los tribunales.
- De que usted mismo tiene la culpa de lo que le está sucediendo.
- De que tiene un muerto que le trastorna las cosas; ver qué es lo que quiere.
- De cuidarse de tratos con maleantes y de la envidia, que por causa de su desenvolvimiento desean verlo pobre y destruido.
Este odu prohíbe
- No duerma en casa que no sea la suya.
- No coja lo que no es suyo.
- No recoja nada del piso, pues dirán que usted se lo robó.
- No haga ostentación de ningún tipo.
- No meterse en ninguna conversación que no sea con usted.
- No se puede tener tratos con maleantes.
Este odu recomienda
- Tenga cuidado con la justicia, porque va preso.
- Ponga un ileke en la mano chica y otro de Ogbe Ka en la mano grande.
- Ponga un cuchillo a Elegbara.
- Ponga en su Ifá ocho nueces de obi kolá en cada mano.
- Viva humilde y con la gente humilde para que viva bien.
- Dé Akuko a Elegbara, Ogún y a Oshosi.
- Reciba Ifá.
Refranes de Ogbe Ka
- Está descubierto.
- No lleva la cosa.
- El mayor que se propasa en exceso, pierde todo el respeto y prestigio.
- Si usted quiere ayudar a otra persona, hágalo completo.
- Para sentenciar un juicio hay que oír las dos partes; o si no, no se meta en el enredo.
- Cuando se fajan dos carneros, uno tiene que perder.
- Dos carneros no beben agua en la misma fuente.
- El calumniador es un hombre con un puñal en la frente.
- Cuando se le hace un traje a un vago, se le debe teñir de negro para que no se le vea la suciedad.
Hierbas del odu
- Eweriyeye (peonía)
- Salvadera
- Hierba Garro
Osobo e Iré del odu Ogbe Ka
- Si va preso, se complica dentro de la prisión.
- Este Ifá habla de relación y problemas críticos con maleantes, y puede perder la vida.
- Habla de enemigos que buscan la oportunidad para complicarlo, por envidia.
- Tenga cuidado con enfermedades en el miembro y los testículos.
- Tenga cuidado con enfermedades venéreas tales como sífilis, gonorrea, etc.
- Se pierde la libertad.
- Tenga cuidado con lo que no es suyo.
- Viva lo más humilde posible y no haga ostentación de nada.
- Tenga documentos legales probatorios de todos sus bienes y propiedades.
- Se le presentan problemas y situaciones en el trabajo.
- Cuidado con las obini: tratarán siempre de amarrarlo con eran malú que la mujer se pase por su obó, u otras formas.
- Maferefun Shangó y Elegba.
- Viviendo humildemente es como obtiene su iré.
- Persona con suerte. Maferefun Olofin.
- Aquí Shangó y Oshosi proporcionan un aro de poder alrededor de la persona que tiene este odu, para vencer a sus araye.
- No toque lo que no es suyo, para que no se busque problemas.
- Tenga cuidado con una calumnia.
- Cuide su trabajo para que no tenga problemas.
Relación de obras del odu Ogbe Ka
Akuko fifeshu, 3 garabatos, asho funfun, dundun y pupua, sobras de comidas, 3 akofá, abití, tierra de 4 caminos diferentes, 3 adá, ewefá, un güirito, bogbo ashe, opolopo owo.
Cuando hable de impotencia es que la mujer lo amarró, dándole de comer un bistec que se pasó por el culo. Para desamarrarse se machaca pizajo y huevo de chivo de Elegbara, 16 Ewereyeye, ají de la puta de su madre, se echa ginebra y se toman 3 tacitas al día.
Se coge pizajo de Owunko y tinshomo okuni (testículo), Eweriyeye (peonía), ají guaguao; todo se machaca bien en un mortero y se echa en ginebra para mamu.
Tierra de una esquina recogida a las 12 del día, tierra de otra esquina recogida a las 12 de la noche, 16 tallitos de horma en iyé y ligados con las tierras. Se pone a Ogún y después a Shangó, se pone un pollón entre esos Oshas y se dice: «Ogún, usted le quiere quitar el pollón a Shangó», y se les da a los polvos una sola gota de eyebale a Ogún y una sola gota a Shangó. Después se ponen a secar los polvos y se le soplan al araye diciendo: «Como las 12 del día no se pueden juntar con las 12 de la noche, así fulano de tal no se puede topar conmigo».
Ebomisi con flores de diez del día, maravillas y girasoles; esto se prepara sin hervir.
Se le da un Owunko a Elegbara, se cogen los testículos y se echan en ginebra con jengibre, ají picante y palo malambo para mamu.
Se le pone una tabla de atena, se pintan los meyis y se pone un eya tuto tipo pargo entre meyi y meyi con la lerí hacia arriba; se les dan dos adié dundun a Orúnmila y a los meyis. Se necesitan 16 Awoses para hacer esta ofrenda a Olofin: cada Awó encenderá una itaná y reza un meyi, y al final de los rezos se ponen las itaná en el piso de forma que queden frente a la cabeza de los meyis. Al tercer día se hace itá por Orúnmila.
Tierra de una esquina de la casa a las 12 de la noche, tierra de la otra esquina de la casa recogida a las 12 del día.
Ewe Amansa Guapo, Abre Camino, Sherekuekue, Quita Maldición, la punta de obé, Salvadera, hierba garro, bien parado, eru, obi kolá, osun naburuku, obi motiguao, oñi, efun, ori, epo; se forra en asho del ángel de la guarda. Come osadie y ayapá con Elegba; se alimenta los viernes con oti y agua bendita.
Se hacen dos ileke de banderas de Orúnmila: uno lleva un kilo prieto y el otro lleva un inkin ofo; con esto se envuelve a Orúnmila.
- Ebó: Eyele meyi funfun, pan, azúcar blanca, semillas de calabaza, maíz, semillas de Salvadera, nueve cintas de colores, abití, asho aré, atitan ilé, eco, eya, awado, opolopo owo.
- Ebó: Akuko fifeshu, tres garabatos, asho funfun y dundun, pupua, sobras de comida, tres akofá, abití, tierra de cuatro caminos distintos, tres adá, ewefá, un güiro, eku, eya, epo, opolopo owo.
Patakíes del odu Ogbe Ka
1.Las aves que se disputaron los títulos del Cielo
Ogbe Eka adivinó para varios miembros de la familia de las aves cuando aún vivían en el Cielo: adivinó para Ugun (el buitre), para Akala, para Asa (el halcón) y para Awodi. En aquel tiempo quedaron vacantes en el Cielo los títulos de Oloori y de Jogboloro, y solamente las aves de edad madura estaban calificadas para aspirar a ellos. Ugun y Asa se disputaban el título de Oloori, mientras que Akala y Awodi rivalizaban por el de Jogboloro.
Los cuatro acudieron ante Orúnmila, quien les aconsejó hacer sacrificio con una gallina, pero con una condición muy clara: el ave debían comprarla, nunca robarla.
Por la mañana, el halcón estaba posado en la copa de un árbol y vio un ave que se movía por los alrededores de su casa. No pudo resistir la tentación de ir tras su alimento preferido: voló hacia abajo, la atrapó y decidió usarla para su desayuno antes de salir a buscar la gallina del sacrificio. En ese momento lo descubrió un cazador, le apuntó y disparó. Así llegó a su fin la aspiración del halcón al título de Oloori.
El buitre, que no estaba dispuesto a robar, reunió todo el dinero que tenía y compró una gallina; por eso le fue entregado el título de Oloori. Por su parte, a Akala también lo mató el cazador cuando intentaba robarse una gallina, mientras que Awodi la compró para su sacrificio y recibió el título de Jogboloro.
Si este odu se manifiesta en la adivinación con iré, debe decírsele a la persona que es ladrona, pero que si se abstiene de robar en las semanas siguientes y sirve a su Ifá con una gallina, evitará el peligro de caer muerta o de ser asesinada durante un robo. Si viene con osobo, debe decírsele que es ladrona, que su vicio no tiene cura y que pronto morirá durante un robo, a menos que haga sacrificio.
2.Udi, el cazador que se burló del sacrificio
Ogbe Eka adivinó para Udi (Udero), un enorme pájaro carnívoro que se alimentaba de todo tipo de animales del bosque y que era cazador. En una ocasión, Udi fue ante Orúnmila por adivinación, y este le aconsejó que sirviera a Eshu con un macho cabrío para evitar el peligro de la suerte no consumada.
Udi se burló de Orúnmila: le dijo que el chivo con el que debía hacer el sacrificio era tan bueno como cualquier otro animal que él pudiera cazar en el bosque, y alardeó de que ningún animal pequeño ni de mediana estatura había sido capaz de desafiar su arte de caza. Se negó a hacer el sacrificio y, de todas formas, salió de cacería.
Temprano en la mañana, cuando Eshu se paró en Orita Ijaloko a preguntar quién había recibido la orden de sacrificar y se había negado a cumplirla, Igho, su amigo íntimo, dirigió la luz de búsqueda y reconocimiento hacia Udi. Eshu se dispuso entonces a castigarlo por no haberle procurado alimento para ese día: se introdujo en la maleza y se transfiguró en una tortuga gigante llamada Aragba, capaz de transportar a un ser humano sobre su espalda. La tortuga se viró patas arriba y comenzó a mover las patas en el aire, como si fuera incapaz de enderezarse.
Udi la vio y, creyéndola una presa fácil, se lanzó a atraparla. Aragba abrió su ano, Udi empujó el pico adentro y la tortuga lo cerró al instante, dejando el pico eficazmente atrapado sin querer soltarlo. Udi gimió y se quejó, y permaneció en ese estado de agonía todo el día. Al llegar la noche, la tortuga abrió su ano y lo soltó, y Udi se marchó a casa tambaleante, hambriento y desolado: en toda la jornada no había podido capturar animal alguno para comer.
A la mañana siguiente fue a rogarle a Orúnmila que le hiciera el sacrificio. Conforme a la tradición, la obra se había duplicado: buscó dos chivos y dos nueces de kolá, y el sacrificio se hizo para él. Después volvió a realizar cacerías exitosas.
Cuando este odu sale en la adivinación, debe decírsele a la persona que no se demore en llevar a cabo los sacrificios señalados, para que pueda evitar obstáculos.
3.Ogún atrapó a un ladrón más fuerte que él
Cuando Ogún salía del Cielo hacia la Tierra, fue Ogbe Eka —que en el Cielo se llamaba Ookale, Ookano, Ookara lule, Ookara lono— quien le aconsejó hacer sacrificio contra el peligro de atrapar en la Tierra a un ladrón más fuerte que él. Le indicó servir a su ángel de la guarda con un perro, un gallo, una tortuga o un caracol, un recipiente de jugo extraído de la palmera y ñame asado, y darle un chivo a Eshu. Además, debía celebrarle una fiesta a su ángel guardián durante 14 días antes de partir. Como era su costumbre, confiado en su fortaleza física, Ogún se negó a sacrificar y vino al mundo con las otras divinidades.
Al llegar, Orisha-Nla fue reconocido como líder de las divinidades, nombrado por Dios como su representante en la Tierra, y el consejo de las deidades terrenales se celebraba en su casa cada cinco días. Ya en la Tierra, Ogún volvió a mirarse, y otra vez le dijeron que realizara un festival de catorce días a su ángel de la guarda. De nuevo se negó, argumentando que no tenía tiempo para sacrificios. Por aquellos días, su árbol de nuez de kolá dio frutos que maduraron para la cosecha, y era el único que había fructificado en aquel momento; Ogún lo cercó y lo rodeó de dispositivos de protección.
Antes de la siguiente reunión del consejo divino, Orisha-Nla buscó en vano nueces de kolá con las cuales abrir las discusiones. No le quedó otra opción que trasladarse a escondidas, una noche, hasta el árbol de Ogún para arrancar uno de sus frutos. Al intentar quitar uno de los dispositivos que protegían el árbol se hirió en la mano, y la herida fue sangrando desde el pie del árbol hasta su casa, donde empleó un pedazo de tela para vendarla.
Cuando Ogún fue a revisar su árbol, descubrió que le habían arrancado un fruto, vio las manchas de sangre y siguió el rastro para atrapar al ladrón. Las huellas lo llevaron hasta la casa de Orisha-Nla, que tenía la mano vendada. Entonces dio la voz de alarma: había capturado al ladrón. Cuando le preguntaron quién era, proclamó que era Orisha-Nla, y como prueba señaló el rastro de sangre y la mano vendada. De este modo, exactamente como le habían advertido en el Cielo cuando se negó a hacer el sacrificio, Ogún había atrapado a un ladrón más fuerte que él mismo.
Mientras tanto, las demás divinidades entraron a deliberar con Orisha-Nla sobre cómo poner fin al desconcierto causado por Ogún. En un gesto que desmentía su declaración, todas alzaron las manos y aplaudieron diciendo que, si la única prueba era una herida en la mano, entonces no solo Orisha-Nla: todas eran igualmente culpables de robo. Y la segunda prueba tampoco pudo sostenerse, porque Eshu había logrado que un fuerte aguacero borrara las huellas dejadas por Orisha-Nla. Ogún abrió los ojos y la boca, espantado, sin saber qué decir.
Tras reflexionar, el consejo divino decidió que Ogún debía ser ejecutado por difamar el buen nombre de su líder. Cuando lo capturaban para la ejecución, intervino Orisha-Nla y pidió que la vida de Ogún fuera perdonada; su deseo fue concedido. No obstante, Orisha-Nla le ordenó acercarse, introdujo la mano en sus dos escápulas y extrajo de ellas dos largos objetos: el efecto práctico de aquella operación fue desestabilizar la fuerza física de Ogún y volverlo menos dañino. Después decretó que, a partir de aquel momento, Ogún se convertiría en el esclavo que serviría a todas las demás deidades para siempre.
Esa es la razón por la cual, hoy, Ogún sirve a todos y cada uno, tanto a los mortales como a las deidades por igual, ya sea en forma de machete, azadón, pala, arado, niveladoras, bicicleta, vehículo de motor, barcos o materiales de construcción, sin recibir apreciación ni agradecimiento alguno. Ese fue el precio que pagó por negarse a hacer sacrificio, tanto en el Cielo como en la Tierra.
En la adivinación debe aconsejársele a la persona que no confíe demasiado en su poder físico y que respete a la autoridad superior, para que evite el peligro de no recibir ninguna recompensa por su mayordomía y benevolencia.
4.Cómo las deidades obtuvieron sus coronas
Antes de que dejaran el Cielo, Dios reunió a las deidades y les entregó 16 coronas para que las repartieran entre ellas. Decidieron compartirlas por orden de ancianidad. Antes de eso, a Orúnmila le habían indicado darle un macho cabrío a Eshu, y así lo hizo.
Cuando estaban repartiendo las coronas le llegó el turno a Orúnmila, que era una divinidad mucho más joven y subordinada. Sin embargo, por aquel entonces Ogún se había marchado lejos, a la guerra, y Eshu intervino diciendo que, como estaba prohibido compartir beneficios con los ausentes que se encontraban lejos de sus hogares, la corona destinada a Ogún debía dársele a Orúnmila. Argumentó además que, siendo Orúnmila la deidad de la sabiduría, era capaz de administrar los asuntos del mundo mejor que el belicoso Ogún, y que merecía tener una corona. Finalmente la corona le fue entregada a Orúnmila, quien agradeció a Eshu con otro chivo.
Mientras tanto, Ogún regresó del frente. Al descubrir que no se había guardado corona para él, protestó ante Dios, quien le explicó lo sucedido. Ogún decidió entonces retar a Eshu y a Orúnmila por usurpar su legítimo derecho. De camino a casa se encontró con Eshu y lo golpeó en la cabeza con una porra: Eshu gritó y los fundamentos del Cielo se estremecieron. Lo golpeó por segunda vez y hubo una erupción volcánica que prendió fuego a los fundamentos del Cielo. Cuando Dios preguntó qué sucedía, le dijeron que Ogún estaba agrediendo a Eshu por haberle dado la corona a Orúnmila.
Dios ordenó al fabricante de coronas del Cielo que le proporcionara otra corona a Ogún, y Shangó se ofreció a entregársela. Así fue como Ogún se ganó el título de Amuja Joya, es decir, el que se ganó la corona con una pelea. Después de obtenerla, Ogún soltó a Eshu. Este, finalmente, fue directo a ver a Orúnmila, quien lo calmó con un tercer chivo y le expresó su pesar y remordimiento por no haber tenido el valor de ir al sitio del combate que Eshu libraba con Ogún.
Cuando este odu se manifiesta en la adivinación, debe decírsele a la persona que sirva a Eshu con un chivo y con los cráneos de dos chivos más, para que el puesto o la categoría de autoridad que está reservada para ella no se escape de sus manos. No obstante, va a experimentar considerable retraso y grandes dificultades antes de lograrlo.
5.El sacrificio de la cabeza
Ogbe Eka adivinó para la cabeza, lo primero, lo delantero. Cuando la cabeza buscaba una morada permanente, se dirigió a donde estaban tres sacerdotes celestiales llamados Omo oshin, Omo ora y Omo Ogun kpere lu urode. Ellos le dijeron que hiciera sacrificio para que pudiera multiplicarse.
Hizo sacrificio con dos gallos y con arena tomada del foso que rodeaba el pueblo (Odi en yoruba, Iya en Benin). Le entregaron uno de los gallos, el Iyerosun de este odu y una porción de la arena del foso: al llegar a la casa debía rogarse la cabeza con el gallo, mezclar la arena y el Iyerosun con la sangre del gallo y marcárselo sobre la cabeza.
Cumplió el sacrificio y se convirtió en el líder de todas las criaturas creadas por Dios.
Cuando este odu se manifiesta en la adivinación, debe decírsele a la persona que haga un sacrificio similar para que pueda convertirse en líder de su profesión o vocación.
6.Lo que había en el abdomen de la mujer embarazada
Ogbe Eka adivinó para una mujer embarazada con este canto:
Significa: hay algo en los abdómenes de la rata, del pescado y de la cabra que es capaz de acabar con sus vidas; también hay algo en el abdomen de una mujer embarazada que puede destruirla.
Le dijeron a Orúnmila que no era bueno que esto sucediera, y luego le preguntaron qué había que hacer para evitar que el embarazo matara a una mujer. Él recomendó el sacrificio con tres gallos y con las prendas de vestir de la mujer embarazada. El sacrificio se realizó de acuerdo con las instrucciones, y la mujer tuvo un parto seguro.
Así es como debe hacerse el sacrificio para una mujer cuando la adivinación augura peligro (osobo).
7.Ogbe Ayoka y el baile de máscaras
Antes de dejar el Cielo, Ogbe Ayoka consultó a los Ancianos del Cielo, quienes le aconsejaron que sirviera a su cabeza con pescado aro. Debía hacerlo sentado tras una máscara y, al día siguiente, bailar con el disfraz por los alrededores del pueblo. Tan pronto como apareció enmascarado, las mujeres del pueblo consiguieron sus maracas (shekere en yoruba, ukuse en Benin) y se pusieron a bailar alrededor de él. Después de recorrer bailando varios lugares del pueblo, entró en la maleza para quitarse el disfraz, y allí las mujeres se dispersaron.
Mientras se celebraba el baile, la gente sospechó que el enmascarado era Ogbe Ayoka y salió a buscarlo, pero no lo hallaron por ninguna parte, de modo que concluyeron que él era quien se había puesto el disfraz. Cuando después salió, todos le aplaudieron, y ya no pudo negar el hecho irrebatible de que él era el enmascarado. Le preguntaron cuándo sería la próxima sesión de baile, y respondió que se llevaría a cabo el año siguiente, esta vez en la Tierra.
Cuando llegó al mundo andaba siempre moviéndose de un lugar a otro. Un día decidió visitar al Obá del pueblo. Su padre intentó detenerlo, pues siendo un muchacho tan pequeño no sabía de qué manera debía visitarse a un Obá. Sin embargo, él insistió. Al día siguiente se vistió como para un baile de máscaras y se dirigió solo hacia el Palacio; mientras iba bailando se le unió una multitud que bailaba con él, y al llegar al patio siguió danzando como ningún otro enmascarado lo había hecho antes.
Sus canciones eran tan melodiosas y su baile tan seductor que un grupo de caudillos de Palacio, dirigido por el jefe Agese Iyowo, se apiñó afuera para observarlo con admiración. Los caciques entraron a reclamarle al Obá por no haberles avisado con antelación de aquel baile en el patio del Palacio, y el Obá, sorprendido, se preguntaba de dónde había salido el grupo, porque nada sabía de su llegada. Cuando salió a ver la multitud que rodeaba al enmascarado, también se incorporó al baile junto a sus caciques. Después pidió al cacique Agese Iyowo que acompañara a la compañía de baile hasta su casa y que hiciera arreglos para que la mascarada viniera un día a presentar una función de gala real. El enmascarado prometió bailar para el Obá el día que se le señalara, y Agese Iyowo intervino para citarlo tres días después, porque aquel día se celebraría una ceremonia importante en el Palacio.
El enmascarado se retiró y, al llegar a su puesto de cambio, hizo señas con ambas manos a sus seguidores para que regresaran a sus casas. Ya en la suya, su padre le preguntó qué había obtenido de su larga visita al Obá, y él contestó invitando a sus padres a acompañarlo al Palacio dentro de tres días.
El día señalado se retiró al sitio donde acostumbraba a vestirse de enmascarado. Los niños, sabiendo que habría baile de máscaras, se habían reunido a esperarlo provistos de tambores, gongos, trompetas y maracas para darle un acompañamiento musical apropiado a sus canciones. La procesión danzaria se puso en camino de inmediato, pasando frente a la casa de su padre; sus padres, después de preguntarse cómo y cuándo había llegado al pueblo aquella comparsa, se unieron con toda la familia a la procesión que marchaba al Palacio.
En el Palacio, el Obá y sus caciques ocupaban ya la mesa alta del patio para recibir a la mascarada. Tras la tradicional reverencia al Obá, comenzó a bailar; casi por instinto, todos los jefes se levantaron a bailar con él, y aquella fue reconocida como la sesión de danza más alegre que se hubiera realizado en el pueblo. Mientras bailaba lo rociaron de regalos, y todo el mundo se maravillaba imaginando que solo una máscara venida del Cielo podía realizar semejantes hazañas. Al final del espectáculo, el Obá le ofreció regalos y le dijo que regresara al día siguiente para identificarse físicamente, y así saber si venía o no del Cielo, pues nadie parecía saber quién era. Él repartió algunos regalos entre los niños y regresó a casa.
Al día siguiente fue al Palacio y se identificó ante el Obá como ciudadano fiel de su dominio. El Obá se alegró de verlo y rezó por él; como muestra de agradecimiento, le pidió que reuniera a los niños y presentara el baile de máscaras cada día de mercado. Él dio las gracias y prometió cumplir sus deseos.
El día de mercado presentó el baile conforme a las instrucciones del Obá. Al terminar, pidió a todas las mujeres que regresaran a sus casas y a sus seguidores varones que fueran con él. Los hombres y los muchachos lo siguieron hasta el lugar donde se cambiaba de ropa, y allí se quitó la careta para que supieran quién era. Después lo acompañaron a la casa de sus padres, donde les contó que él era el enmascarado que ellos habían acompañado al Palacio.
Su representación del baile de máscaras quedó luego institucionalizada como acontecimiento soberano, y hasta el día de hoy se presenta en todas las celebraciones importantes del pueblo de Ayoka, en tierra yoruba. Así fue como este odu obtuvo el seudónimo de Ogbe Alayoka.
Cuando este odu se manifiesta en la adivinación, debe decírsele a la persona que prepare un baile de máscaras y que sirva a su cabeza con un pez aro, porque va a prosperar mucho como líder de un grupo. Debe rogarse la cabeza anualmente. Y a la persona a la que este odu se le manifiesta en Igbodun, debe prohibírsele la carne de cerdo y de mono.
8.Orúnmila, acusado de ladrón en la tierra de Ika
«La noche cae y extendemos nuestras esteras de dormir; el día termina y rodamos en ellas; alguien que se acuesta sobre una urdimbre encorvada debe caminar hacia atrás y hacia adelante; cuando alguien muere, cavamos un hueco que es muy, pero muy profundo a los ojos de un cobarde» fue quien adivinó Ifá para Orúnmila cuando viajaba a Ika para adivinar. Le dijeron que debía sacrificar con un cuchillo recto y pequeño con su vaina, algunas semillas de kolá caídas que estuvieran aún en sus vainas, dos gallinas, dos jutías, dos pescados y dinero, para que no fuera tomado por ladrón en el lugar adonde pensaba ir. Orúnmila dijo que no haría el sacrificio hasta su regreso. Por eso dice Ifá que, si alguien va a un lugar distante, debe hacer sacrificio para que no lo tomen por ladrón.
Cuando Orúnmila se aproximaba a la entrada de la aldea de Ika, vio un árbol de kolá con frutos maduros y se antojó de coger algunos. Sacó de la vaina el cuchillo que llevaba en la mano y con él cortó una vaina de kolá. En ese preciso momento pasaba el dueño del árbol, que trató de apresarlo como ladrón; en el forcejeo, mientras Orúnmila trataba de escapar, el cuchillo que llevaba le cortó la palma de la mano, y logró huir. El dueño de la kolá fue entonces a ver al Rey de Ika y le contó que alguien estaba robándole sus kolás y que, aunque trató de atraparlo, se le había escapado. El Rey convocó a todas las personas del pueblo, incluidos los extranjeros, porque el ladrón tenía que estar en algún lugar de la aldea.
Al oír esto, Orúnmila se atemorizó y consultó a los adivinos, que le indicaron hacer el sacrificio que no había hecho antes de salir de su casa, pero esta vez doble. Orúnmila lo hizo tal como le señalaron, y al terminar le dijeron que encajara el cuchillo en la base del altar de Eshu; así lo hizo. Antes de que comenzara el día, Eshu tomó el cuchillo e hirió las manos de todas las personas del pueblo, incluidos los embriones no nacidos y los niños aún no concebidos.
Al amanecer, todo el pueblo estaba reunido. El Rey de Ika anunció que un hombre había estado robando nueces de kolá y que el dueño del árbol podría reconocerlo porque su mano había sido herida por un cuchillo. Cuando el Rey le pidió que señalara al ladrón, el dueño apuntó con su dedo a Orúnmila diciendo: «Este es el hombre». Orúnmila le preguntó cómo podía identificarlo, y él respondió que por la herida de la mano. Entonces Orúnmila pidió que todo el mundo, incluido el Rey, se mirara las manos: al abrirlas, se dieron cuenta de que todos tenían una cicatriz en la mano.
El dueño del árbol se asustó al ver aquello, y Orúnmila se echó a llorar diciendo que lo habían acusado de ladrón y que se habían dicho muchas mentiras sobre él. Mientras lloraba, Eshu le advirtió al Rey de Ika que no podía permitir que Orúnmila llorara, y el Rey se apresuró a pedirle que parara. Todo el pueblo le rogaba y le rogaba que se calmara, pero él no los escuchaba. Le preguntaron entonces qué quería recibir para olvidar lo sucedido, y Orúnmila dijo que le gustaría llevarse doscientos objetos beneficiosos de cada uno de los que ellos tuvieran, además de diez muchachos y diez muchachas. El Rey de Ika reunió todas esas cosas y se las entregó. Cuando las recibió y las llevó a su casa, Orúnmila empezó a bailar y, regocijado, cantó:
Este camino enseña que el sacrificio a tiempo libra de la calumnia y del bochorno público.
9.El hijo de Orúnmila y el cuidado de su Ifá
«Un caballo lleva su cabeza alta en la batalla» fue quien adivinó para «El adivino escoge sus casas cuidadosamente», el hijo de Orúnmila, cuando este se dedicaba a sembrar, cazar y negociar mercaderías.
Ifá dice que hay alguien que, cuando estira sus manos para hacer algo, Ifá no ve que su trabajo tendrá una conclusión satisfactoria. Ifá lucha con esta persona; por lo tanto, debe sacrificar a su Ifá y cuidar de sus ikines. Ifá estropeará todas las cosas donde esta persona ponga sus manos y le destruirá todo, aunque cuide de su Ifá. Si hace lo que se le indicó, sus asuntos tendrán un orden lógico y se enriquecerá por el éxito de sus asuntos. Todos los hijos que nazcan de él morirán. Ifá pondrá su destino en orden si es capaz de cuidar de su Ifá y sacrificarle.
Por este camino, la persona debe atender y sacrificar a su Ifá para que su destino se ordene.
10.El regreso de Orúnmila desde Ijero
«Ogbe, que nosotros vamos a casa», hijo de reyes, hijo de altares, hijo de «Él adora al Dios del Hierro bajo un árbol frondoso», fue quien adivinó Ifá para Orúnmila cuando venía de regreso a su casa desde Olomo Ofe, en el pueblo de Ijero.
Ifá dice que alguien quiere ir a un lugar lejano, y que en ese lugar el Dios del Cielo le dará muchas posesiones y reinará sobre el pueblo de allí. Tanto los esclavos como la gente del pueblo se postrarán a sus pies y bajarán la cabeza en su presencia.
Pero debe sacrificar cuatro palomas y dinero.
11.La cabra y el elefante
Cuatro morteros de pilar maíz, una cadena de 121 eslabones (cadena de ancla), tela blanca (cuatro metros), demás ingredientes, opolopo owo.
La cabra de monte fue un día a casa del Awó Ogbe Ka para que le realizara un osode: ella quería tener una gran estatura, porque no estaba conforme con la que tenía. El Awó Ogbe Ka le hizo osode, le vio este Ifá y le marcó ebó con diferentes cosas. La cabra se marchó y encargó todo lo necesario para la obra.
En ese tiempo, el elefante tenía un tamaño normal y trabajaba a sueldo en casa de la cabra, donde realizaba las distintas labores y encomiendas que ella le pedía. Un día, el elefante también fue a casa de Ogbe Ka para que lo mirara, e Ifá le mandó ebó con diferentes cosas. El elefante le dijo al Awó que él haría el ebó y le traería todo, y se marchó a su casa; al llegar, le pidió a la cabra dinero prestado para realizar la obra marcada. La cabra se lo prestó y le encargó, además, que se acordara de realizar lo que el Awó le había mandado a ella, pues la cabra era muy dejada para sus cosas y quería que el elefante hiciera todo lo concerniente a su propio ebó.
El elefante se presentó en casa del Awó Ogbe Ka llevando todo lo pedido: lo suyo y lo de la cabra. El Awó lo hizo pasar, le puso dos morteros delante y dos detrás, y allí lo encerró con una cadena; le mandó meter las patas delanteras en los morteros de adelante y las traseras en los de atrás, y luego lo cubrió con una sábana blanca. Así, poco a poco, el elefante fue adquiriendo tamaño; como la cabra no estaba presente, el ebó lo estaba haciendo el elefante solo.
Terminado todo, el elefante recogió el ebó en un fardo y se puso en camino hacia la casa de la cabra. Por el camino se encontró con Elegba, quien le preguntó qué llevaba en el fardo; él le respondió que era un ebó hecho en casa del Awó Ogbe Ka y le contó todo. Entonces Elegba le dijo: «¿No estarás loco? ¿No querías tú tener gran talla? ¿No fuiste tú quien realizó todo el ebó y los sacrificios que mandó el Awó Ogbe Ka? Pues ahora tú eres más grande que la cabra, y desde hoy le dirás a la cabra que ella tiene que hacer lo que tú digas».
El elefante llegó muy pesadamente a casa de la cabra, con un cuerpo enorme, voluminoso y pesado. La cabra, al verlo, se sorprendió y le preguntó: «¿Desde cuándo te has vuelto tan grande?», y echó a correr, dejándoselo todo al elefante.
Nota: todo Awó que posee este odu no debe mandar nunca a nadie a que realice sus cosas, ni a que vaya a tratar por él ningún asunto, porque perderá.
12.El ladrón de pescado
2 palomas blancas (para Olofin), ruedas de pan, azúcar blanca, semillas de calabaza, raíz de salvadera, 9 cintas de colores.
Okunaye vivía en una tierra donde resultaba muy difícil sobrevivir por la gran miseria que allí existía. Un día llegó a su casa y encontró a su mujer llorando y a sus hijos sin comer. Salió desesperado y, en las afueras del pueblo, vio a un pescador con una cesta de pescado; en un descuido se la robó, sin saber que el pescador llevaba aquellos pescados para hacer una ofrenda a Olofin. Él luchaba por salir de aquella tierra porque el suelo no producía, y tenía tres hijos que mantener.
Al comer y darle de comer a su familia, todos enfermaron de muerte. Fueron entonces corriendo a casa de Orúnmila, quien le hizo osode y le dijo: «Sabrás que lo que has robado para comer era de Olofin». Le indicó ebó para toda la familia, ebomisi con hojas de salvadera, ponerle pescado a Olofin —uno por cada miembro de la familia— y sarayeye con eyele funfun.
Después de hecho todo esto, Olofin le dio las gracias y le dijo que se marchara para otra tierra.
Nota: se le pone la tabla de atena y se escriben los 16 meyis; en cada meyi se pone un pescado chico (pargo) con la cabeza para arriba, o sea, hacia la cruz, y se le dan dos gallinas a la atena y a Orúnmila. Se buscan 16 Awoses y cada uno coge una vela; se van rezando los 16 meyis: cada uno reza un meyi y pone la vela en el suelo, de modo que quede de frente a la cruz y a la cabeza del eya.
Después de haber dado las dos gallinas a Orúnmila, esto lleva itá a los tres días.
13.Asheberebe, el hijo de Olofin que quería reivindicarse
Akuko, ounko, adié meyi, euré, eyele, yarako, asho pupua, opolopo owo.
Asheberebe, omo ni Olofin, era un muchacho muy travieso y muy malo. Un día fue a ver a Orúnmila para saber qué le decía. Orúnmila le hizo osode, le vio este Ifá y le marcó rogación con lo indicado en el ebó, además de darle de comer a Eshu. Asheberebe realizó todo lo indicado por Ifá, pues quería regenerarse, y luego salió al camino para llevar el ebó.
En el camino había unos malhechores que, al verlo, lo tomaron prisionero para pedir rescate por él, y lo encerraron dentro de una habitación mientras ellos bebían, comían y discutían el plan a seguir. Pasaban los días, y Asheberebe se acordó del súyere que Orúnmila había cantado mientras le hacía la rogación, y empezó a cantarlo:
Inmediatamente después de aquel canto comenzó un fuerte aguacero; empezó a tronar como nunca antes se habían oído aquellos truenos, y los relámpagos se multiplicaban. Los bandidos, al ver esto, se atemorizaron y salieron en estampida, dejando a Asheberebe en la habitación, de la cual pudo escapar y llegar sano y salvo a su casa.
Nota: aquí hablan la mata de coco, los testículos y el miembro. Se baldea la casa con apasote, ewe dundun y albahaca. Este Ifá habla de problemas en el trabajo. Cuidado con robo y estafa.
La persona es del campo y vive en el campo. No es muy creyente, pone poca atención a sus problemas y deja a un lado las cosas que se le mandan a hacer.
14.Donde no se pudo pagar la deuda
Había un campesino muy rico, con una gran hacienda que lindaba con una finca pequeña y pobre, y ambos moradores vivían frente a frente. La familia de la finca pequeña envidiaba a la familia del hacendado rico: cada vez que esta salía a pasear, los pobres los veían alegres, contentos y muy bien vestidos, y comentaban «hasta el niño viste bien». La familia rica le había entregado el niño a Orúnmila para que lo educara, y Orúnmila le enseñó un súyere para que, en caso de verse en apuros, lo llamara:
El niño, a su vez, tenía un esclavo para que lo cuidara velando todos sus pasos.
Un día el niño salió a pescar con el esclavo, y la familia pobre, al verlo tan solo, pensó en secuestrarlo para pedir por él un gran rescate (la codicia de los hombres) y, a la vez, arruinar al rico (la envidia), para lo cual contrató a unos bandoleros, ya que ellos mismos no podían realizar el secuestro. En uno de los días en que el niño salió a jugar solo, los bandidos lo raptaron, lo llevaron a un paraje distante y le exigieron al padre una gran cantidad de dinero. Los padres, atormentados (el sacrificio por los hijos), acudieron al lugar de la cita; pero quien llegó a hacer el trato con los bandidos fue la madre del niño, y sucedió que esos bandidos no hacían tratos con mujeres (el sentimentalismo).
Cuando el padre llegó al lugar de la cita, entregó el dinero exigido y los secuestradores devolvieron al niño; pero cuando ambos iban a marcharse, los bandidos cambiaron de modo de pensar y les dijeron: «Un momento: el niño puede irse, pero usted se tiene que quedar aquí, pues ahora hay que pagar un rescate por usted» (la avaricia). Los padres, sin saber qué hacer, comenzaron a lamentarse de su desgracia (la inconformidad), pues con el pago del rescate del niño habían quedado escasos de dinero. En ese momento, el niño empezó a cantar:
Orúnmila lo oyó, se hizo osode, se vio este Ifá e hizo ebó.
Akuko, adié meyi dundun, eyele meyi, malaguidí, abití, awado, inlé ona, eku, eya, epo, ileke, ota, ashagba (se pone al shilekun), opolopo owo.
Antes de partir en busca del niño, localizó al esclavo y le dijo: «Mira la situación que has creado por el abandono de tus obligaciones: el único trabajo que te encomendaron fue la custodia del niño y, por tu descuido, el niño se encuentra en un gran apuro (el descuido del deber); así que ahora tú vienes conmigo». Orúnmila y el esclavo salieron al camino guiándose por el canto del niño. Cuando llegaron al lugar, los bandidos le explicaron la situación y lo que pedían por la liberación de los padres. Orúnmila, sabiendo que ellos no podían pagar el rescate porque ya les quedaba muy poco dinero, hizo que el esclavo se comprometiera a pagar lo que faltaba: lo hizo arrodillarse delante de los bandidos y jurar que él se hacía cargo de la deuda de los padres (la negligencia se paga cara).
De esta forma, Orúnmila salvó al niño y a los padres de manos de los bandidos, y estos se fueron con el dinero obtenido. El esclavo tuvo desde entonces que trabajar para ellos, y a la familia pobre que los contrató para aquella fechoría no le dieron nada. Poco tiempo después, el esclavo murió sin haber terminado de pagar sus deudas con aquellos bandidos.
Nota: hay que tener cuidado con la custodia de un niño, para no verse en serios problemas con la justicia y con los padres del niño.
Cuidado con los tratos con maleantes y con la envidia, que por causa de su desenvolvimiento desean verlo pobre y destruido.
15.La gorra de Elegbara
Akuko, filá (gorra), ileke, abé (navaja), eran malú, maíz, eya, epo, awado, opolopo owo.
En este camino, Elegba tenía una gorra muy linda que era su Inshé Ozain y se llamaba Fila Asia Aketefún; estaba forrada con cuentas y corales. Andaba buscando a Orúnmila, y este, al verlo, le preguntó: «¿Qué te sucede, que te ves nervioso?». Elegba le contestó: «Estoy muy apurado; quiero que me mires por causa de una cosa que no he hecho y de la que me echan la culpa».
Orúnmila le hizo osode, le vio este Ifá y le dijo: «Todo es por motivo de la roña que te tienen por esa gorra tan linda que usas: tus enemigos te la quieren quitar. Dame la navaja que tienes, pues con ella, o en ella, está el delito: tú la prestaste y con ella han cometido un asesinato». Elegba le entregó la navaja a Orúnmila e hizo todas las obras que este le mandó, entre ellas el ebó señalado.
Sucedió que, cuando la justicia se topó con Elegba, le pidió la navaja; lo registraron, no le encontraron nada y lo dejaron libre.
Entonces Elegba le dio a Orúnmila su secreto, que era su filá (gorra), para que él la usara, y le dijo: «De vez en cuando le das jio-jio a ella en su lerí, y cantas»:
Así quedó Orúnmila con la gorra que libra de las culpas ajenas.
16.El loro y la gallina
El loro se encontró con la adié y tuvieron una conversación en la que él le advirtió que se fuera de aquel lugar, porque podían cogerla para el Igbodun. La adié no hizo caso de lo que el loro le decía.
En ese mismo momento vieron a la adié y la aprehendieron, y desde entonces se cogen las adié para hacer santo.
Nota: por este camino, la persona debe tener cuidado de no ir presa y debe oír los consejos que le dan por su bien.
No puede ser testaruda ni querer hacer las cosas por capricho.
17.Cuando Elegbara salvó a Bana Petú
Adié meyi, un saquito, ileke de Elegbara, obi meyi, iyarake, demás ingredientes, opolopo owo.
Un día, Bana Petú —que era el nombre de Orúnmila en la tierra Iyesá— se miró y le salió este Ifá, donde tenía que rogarse la cabeza. Pero tenía que salir, y no se la rogó. Cerca de su casa había una finca con un sembrado de cocos y, al pasar por allí, Orúnmila tuvo que entrar porque necesitaba hacer una necesidad.
Resulta que en esa finca los ladrones robaban todos los días los cocos de las matas. Orúnmila, que iba con un saco, lo puso debajo de una mata de coco, y el saco quedó con la boca abierta; de la mata cayeron dos cocos y ambos fueron a parar dentro del saco sin que Orúnmila se diera cuenta. Al terminar, tomó su saco, se lo echó al hombro y salió de la finca brincando la cerca. Los hombres que estaban cuidando y vigilando le dieron el alto, lo registraron y le encontraron los obi dentro del saco. Entonces dijeron: «Este mismo es el ladrón», y lo llevaron delante del dueño de la finca.
Mientras esto sucedía pasaba un muchacho, que no era otro que Elegba; vio lo que le pasaba a Orúnmila y, como lo conocía, se le acercó y le preguntó qué le ocurría, y Orúnmila se lo contó. Luego, sin decir palabra, Elegba se marchó, llegó a su casa y realizó el ebó de la traición; al terminarlo se dirigió a la casa del dueño de la finca y le dijo: «Señor, ese hombre es Orúnmila, hombre honrado y bueno, conocido por todo el mundo como excelente persona», logrando así que el dueño de la finca lo soltara.
Nota: por este Ifá, si usted va a robar tiene que hacer ebó, porque lo van a descubrir y a prender. Usted es una persona a la que le gustan la aventura y el desorden, y con eso no alcanzará nada bueno en esta vida.
No ande con personas que no sean buenas. No deje que la tentación lo domine. Dele la espalda a todo lo malo.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.
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