Ogunda Meji
Babá Ogunda Meji
«Orosi Babá Kerere, Babá Kerere, Babá Kerere» — súyere con el que este odu saluda a Babá, pidiendo calma y que sus hijos regresen a casa con suerte.
Rezo y súyere de Ogunda Meji
OGUNDA MEJI OGUNDA SIRO OWAYOLOKUN ASHANLA BIRINIWA ABATALA OBATAISA JEKUA OBA IGBO ODOBALENI OGUN ORIRE YOLORUN. OCHOSI OGUNDA MEJI EYENI EYE ORARUMA OKUALORUN OBARALAYUNA TIWA ELEGBARA AWALAWA OLOWU SHIWOSI ORUNMILA KAYE WARIO ORUN MAFEREFUN ODUDUWA ORUGBO.
“OROSI BABA KERERE, BABA KERERE, BABA KERERE”
En este odu nace
- La cirugía.
- La ciencia de la guerra.
- Las armas.
- La castración.
- Las acciones agresivas, tales como cortar, trozar, serrar, pinchar, y todos los oficios que tengan que ver con estas acciones.
- Los partos por cesáreas.
- Los perros salvajes, los lobos, los chacales, los coyotes, los canarios, la jicotea.
- El aguardiente (otí).
- La presión arterial alta.
- La peritonitis.
- La erección del pene.
- Las enfermedades venéreas.
- Que Shangó lo vea todo sobre la tierra y los mares.
- Oshalufón y las siete piezas de Ogún.
- La lepra, y se regó en el mundo.
- La esclavitud del hombre por la prenda de Ogún.
- El que por medio de la madre se mira y se hace Ebó para salvar un hijo, aunque no esté presente.
- Akaro Opa Okun (espíritu Egun de Olokun).
- La autopsia.
- El ókpele (el mensajero de Ifá).
- El porqué los santos viven separados de Orúnmila.
- El espionaje en la mujer.
- Que a pesar de ser hijo de cualquier santo, no tiene que ser necesariamente Awó.
- El hierro.
- Todas las estructuras metálicas.
Aquí se creó
- El ombligo.
- El pene.
- Los testículos.
- Los espermatozoides.
- Las enfermedades desde el cuello hasta la cabeza.
Este odu marca
- Impotencia en el hombre.
- Enfermedades vaginales en la mujer.
Descripción del odu Babá Ogunda Meji
Ogunda Meji ocupa el noveno lugar del Orden Señorial de Ifá y es el odu Isalayé de Ogún, el Dios del hierro y de la guerra: el signo que lo acompañó en su viaje del Cielo a la Tierra. Es un odu masculino, hijo de Oke y de Awoun, Esi. Su metal es el hierro; su día de la semana es oye-oye, el martes; sus colores son el blanco, el rojo, el azul y el negro, y su representación es un puñal, que simboliza la justicia y la ley.
Este odu advierte a la persona sobre la lucha, la disputa y la hostilidad inminente. Cuando aparece en una sesión de adivinación, se aconseja al consultado cuidarse de los traidores y de los enemigos, y confiar únicamente en alguien de verdadera confianza. Si la persona atraviesa problemas financieros y tiene conflictos con sus enemigos, este odu indica sacrificarle a Ogún y alimentar su propia cabeza para alcanzar el éxito y la prosperidad. Ifá dice además que la persona está sobrecargada de trabajo y con problemas personales que en realidad son de otra persona. Quien encarna con este odu tendrá muchos hijos.
Los hijos de Ogunda Meji son los que veneran a Ogún, y son renombrados por su poder, su coraje y su talento creativo: con sus habilidades imaginativas abren puertas y crean oportunidades de trabajo para otros.
Ogunda Meji significa «partir la diferencia»: aquí fue donde Obatalá cortó en dos mitades el pescado (ejá) para que se acabara la guerra entre Elegba y Ogún por su posesión. Es el reino del hierro, y por eso el Awó de este odu no puede portar armas de ningún tipo. Durante 12 días se saluda al sol (Olorun) por la mañana, y se compran billetes de lotería o se juega en tres calzadas distintas: por este odu le llega la suerte al Awó. Aquí es donde el Awó enseña a sus hijos o ahijados las prácticas de Ifá y después se pone a observarlos trabajar. Aquí Shangó y Ogún se hicieron compadres.
- Por este odu no se come: fruta del pan, gallo, ñame, yuca ni langosta, y no se ingieren bebidas alcohólicas.
- No se cruzan ni se brincan fosas ni huecos.
- En este odu no se puede matar eyó (majá).
- No se come langosta, porque aquí la langosta traicionó a Orúnmila.
Las hierbas del odu son el Peregún y la Mirra, y ambas tienen propiedades afrodisíacas. Ogunda Meji vence a la muerte. En el hombre marca un pene muy desarrollado que lesiona el interior de la mujer, y el uso fuerte del coito puede volverlo impotente y lastimar los ovarios de su pareja. En este odu hay que llevar el camino recto para no fracasar, pues marca vida confusa y suciedad. En la mujer marca esclavitud: puede llegar a comerciar hasta con su cuerpo, y ese será su osobo, por lo que tiene que abandonar esa profesión para no destruirse físicamente. Hay que superarse moral y materialmente para progresar y así ser considerada y respetada por los demás, ya que por este odu, cuando faltan esas cualidades, no le dan lugar a la persona dentro de la sociedad: aquí habla la desconsideración.
Hay prendas que están cifradas. La persona debe cuidarse de accidentes, de tragedias y de agresiones inesperadas, donde pueden golpearla para robarle y hasta puede perder la vida. Hay que recibir a Oduduwa. Los niños de la casa ven sombras: para que no se asusten, se le ponen frutas a Obatalá y después se llevan a la manigua, lejos del ilé. Habla de doncella que tiene que hacer obras para casarse, y de que la persona posee una gracia que debe desarrollar para su adelanto material y espiritual. Si la persona tira las barajas, tiene que ponerle a esa virtud una ofrenda de ñame salcochado cubierto con tela blanca hasta el otro día, para que no se le vaya la vista. En la familia hay profesionales.
Hay que cuidarse la boca para no tener piezas picadas; si las tiene, arrégleselas o sáqueselas, para no enfermarse del estómago y para que se le quite el mal aliento. Para controlar el dolor de cabeza se hace rogación de cabeza (Ko-Borí Eledá) con 3 pimientas de guinea. Este odu indica que, a su tiempo, hay que recibir a Azojuano (San Lázaro) y a Yewá para evitar enfermedades por contagio. Aquí se le da aya keké (perro chiquito) a Ogún, y también se refuerza a Ogún poniéndole dobles las herramientas. Kaferefun los Ibeyis, los niños.
Ogunda Meji es un odu de justicia y de dureza. Sus hijos son de corazón duro: no creen en nadie, solo piensan en ellos, son egoístas en extremo y adictos por naturaleza a las broncas, a las peleas y a las guerras; les gusta golpear y agredir con hierros o armas. Tienen que cuidarse de las traiciones y de las trampas. No creen en la familia, son revoltosos y embusteros, engañan a cualquiera por su forma de hablar y están atentos a saber cuándo y cómo dar el golpe traicionero. La justicia los persigue porque ejecutan acciones irresponsables sin analizar sus nefastas consecuencias, y son personas peligrosas por su genio. Por eso se le aconseja al Awó de este odu ser paciente y mantener su temperamento estable, para evitar el riesgo de verse rodeado de gente mal intencionada. El Awó de este signo tampoco puede practicar ni dedicarse a ningún tipo de caza como profesión.
Ogunda Meji es un odu maldecido por Ofóbile, el Obatalá que vive en la atmósfera. Aquí Obatalá maldijo a Ogún por causa de sus guerras y de las brujerías que él y Shangó estaban haciendo cuando se encontraban en la tierra Conga, que limitaba con la tierra Yoruba, y sus habitantes se quejaron de la brujería (ogú) y de las guerras que mataban a muchas personas. Shangó, habilidosamente, se retiró, pero Ogún continuó, y por eso Obatalá lo maldijo. El omó Ogún que tenga este odu de Ifá no puede andar con prenda de Congo: lo que tiene que recibir es Osanyin.
Aquí fue donde Olodumare le entregó a Obatalá el gobierno del mundo, y todos los Awoses le imploraban así: «ORISHAS IGBO LOWONI FUNI AWONA AIYE» — dice Igbo: «yo entiendo, yo extiendo mis manos, deme las riendas del mundo». Aquí fue donde Olofin, para premiar los servicios de Elegba en la Tierra, le ordenó a Ogún que le hiciera una corona y un collar negro, blanco y rojo para ponérselos a Elegba. Aquí fue donde Aroni y Osain enseñaron las virtudes de la vegetación para curar las enfermedades y para consagrar a los Oshas y Orishas. Y aquí fue donde Azojuano, en la tierra Arará y por mandato de Shangó, se sentó en una piedra y le vino la virtud de adivinar, reinando desde entonces en la tierra Arará: por eso el pilón de Azojuano es una piedra.
Habla de construir la casa: es Ifá de tener casa propia, y si la vivienda está en mal estado, se reconstruye. Habla la Ceiba: el que se mira ha hecho algo al pie de una Ceiba, y aquí se dan baños con hojas de Ceiba. Habla de que la corona no viene bien con la cabeza: con Ifá Iré, la cabeza es más grande que la corona que le pusieron; con Ifá osobo, la cabeza es menor que la corona. Habla Olúo Shiwishi, que es Rey sin corona. La persona es indecisa. Aquí Obatalá tenía a sus hijos pasando hambre, con solo saliva en la boca y mal olor saliendo de ella, y Shangó maldijo a Obatalá.
Para vencer a sus enemigos, el Awó Ogunda Meji se viste de azul y blanco. Para vencer la guerra, se le dan a comer 3 gallos al yunque de Ogún. A Ogún se le ponen, en tamaño grande, una azada, un machete y una campanilla, y con esto antes se hace Ebó. Cuando Ogunda Meji sale en Untefá o en Awafakan, se manda a cambiar la sopera de Orúnmila o la del Ángel de la Guarda, preguntándoselo a Orúnmila.
El enemigo entra en su casa para saber cómo usted vive, y le lanzan malos pensamientos. Todos los viernes por la mañana, en ayunas, échese un poco de agua con sal en la boca, láncela al aire y diga: «para el enemigo que desea saber cómo yo vivo y me lanza malos pensamientos». Limpie la casa baldeándola con berro, prodigiosa, paraíso y mucha miel, y riegue harina cruda cerca de su casa.
En este odu, para quitarse la maldición (shepé) —que es peligrosa— hay que buscar hierbas que sean bejucos, tales como zarzaparrilla, estropajo, coralillo y amansa guapo: se hace omiero y se da sangre al pie de Oyá con agua de río. Para el Awó Ogunda Meji, el fundamento de su Osanyin son el cao y la garza blanca, y aquí se le pone a Obatalá un abanico hecho con plumas de garza blanca.
En este odu nació la edad del hierro. Los Ogunda Meji tienen problemas al determinárseles el Ángel de la Guarda, o se lo han determinado más de una vez. Toda la buena fortuna del Awó de este odu está en saber utilizar la cabeza. Este Ifá prende para hacer Santo, y en este odu los Babalawos van presos. Un gran ashé de este odu de Ifá es la sal. Por este odu el Awó debe tener un canario; el hombre o la mujer tendrán un hijo que será omó Ogún, y el Awó tiene que tener Osanyin.
Predicciones del odu Babá Ogunda Meji
Cuando este odu aparece en la adivinación con ókpele o con Ikín, en consulta ordinaria o diaria, al adivinado se le aconseja lo siguiente:
- Si es una mujer soltera, debe ofrecer un chivo, panes fríos de maíz, rasuro de fríjol y maíz tostado en granos mezclados con aceite o miel a Eshu, y un carnero al Ifá de su padre; de lo contrario, se casará con dos maridos antes de asentarse con el tercero. Si ya está casada, se le dirá que o bien está en la casa del tercer esposo, o se prepara para salir hacia allá; pero debe realizar las ofrendas.
- Una mujer estéril debe realizar estas ofrendas para tener muchos hijos: primera, veinte ratas, veinte peces, una paloma, un chivo, un gallo y una gallina, utilizando los huevos que se encuentren dentro de la gallina para prepararle una medicina —es posible que esta mujer sea hija de Orishanla—; segunda, hacer sacrificio con un par de veinte cosas distintas; y tercera, hacer sacrificio con un par de cuarenta cosas distintas.
- Debe ofrecer un sacrificio con una chiva negra a su Ifá y un chivo a Eshu, para evitar la ingratitud de los beneficiarios de su generosidad.
- Ofrézcale a Eshu un chivo para evitar disputar algo con alguien.
- No haga negocios que sean a la mitad o a partes iguales en la empresa que se proponga. La persona puede verse envuelta en chismes y enredos, y puede sufrir cárcel por su actitud hiriente con las personas.
- Debe sacrificar para Eshu un chivo, abundante maíz y otros platos comestibles en el monte. Acto seguido, debe sacrificar un carnero padre a Azojuano (San Lázaro) para no sufrir por una enfermedad devastadora.
Cuando Ogunda Meji se presenta en la ceremonia de Ugbodu
- El primer sacrificio que debe realizar consiste en un puerco, un chivo, una oveja, un carnero, un toro, una tortuga macho y una hembra, y un pato macho y uno hembra; y se pone en el techo de la casa una bandera del Ángel de la Guarda.
- Nunca se deje dominar por su temperamento: debe aprender a ser paciente y ecuánime para evitar el riesgo de verse rodeado de personas malignas.
- Debe ofrecer tres chivos a Eshu, una chiva a Ifá, un chivo a su cabeza, a Ogún 2 perros, dos jicoteas y dos gallos, y a los Ancianos de la Noche un conejo, una gallina y huevos, para ocupar un cargo o posición de importancia relevante entre los hombres de su comunidad.
- Pasará tres pruebas grandes en su vida; para ello deberá rogarse la cabeza con nuez de kolá, sacrificar en una bolsa plátano maduro asado, un pote de agua, nuez de kolá y un chivo a Eshu, y mostrarse generoso con las personas. Al final recibirá grandes recompensas, títulos o cargos de relevante importancia.
- Para gobernar debe ofrendar varias plantas, un chivo a Eshu, jutía y pescado, semillas y todo tipo de granos, y sembrar viandas, plátano, maíz y tomate.
- Para no sufrir un revés debe ofrendar un chivo a Eshu, una gallina a Ifá, un pescado y jutía.
- Para lograr prosperidad y evitar un juicio o la muerte, debe sacrificar un chivo a Eshu y abrir tres huecos: uno para un conejo, y soltarlo; otro para una boa, y soltarla; y otro para un gato, pero este sí se sacrifica.
- Para vivir con tranquilidad y vencer a sus enemigos, debe sacrificarle a Ogún un perro, un gallo y una tortuga. Debido a una inminente guerra, debe ofrecerle a la Deidad de la Tierra (Otá Olé) una oveja, y a su Ángel de la Guarda un chivo blanco, con el fin de reinar pacíficamente.
- Contra un peligro inminente de muerte, debe ofrecer una chiva, un gallo y una bolsa de dinero en 201 lugares diferentes, además de un chivo a Eshu y un gallo para Ogún; con la piel de la chiva se hace un tambor.
Consejos a los hijos de este odu
- Siempre deben hacer favores, aunque les sean pagados con ingratitud.
- No permita que ningún problema lo desvíe de su conducta humanitaria, porque siempre y cuando puedan ser leales discípulos de Orúnmila, la benevolencia les traerá recompensa múltiple por parte de Olodumare (Dios).
- Nunca se dedique a ningún tipo de caza como profesión, ya sea de animales, pájaros, reptiles o peces.
- Cuídese de las enfermedades contagiosas.
- Debe recibir a Azojuano (San Lázaro) y sacrificarle un carnero, para evitar una penosa enfermedad que le duraría toda la vida.
- Cuídese, porque puede ir preso por robo o por desobediencia. Dedíquese única y exclusivamente al sacerdocio.
- Para la recuperación de la vista afectada, deberá ofrecer un chivo en la casa y otro en el monte, rasuro de fríjol, panes fríos de maíz, ñame machacado, agua y algodón en ramas en el bosque.
Los Orishas que hablan en Babá Ogunda Meji
Ogún, Olokun, Eshu, Ule, Ikú, Osanyin, los Ancianos de la Noche, Otá Olé, Arún, Azojuano (San Lázaro), Oshalufón, Orishanla, Shangó, Oyá, Orí-Inu, Olodumare, Ókpele, Ajunjun, Oro, Tenteorun y Orisha Ogboni.
Enfermedades que aquejan a los hijos de este odu
Impotencia sexual, problemas de memoria, esterilidad, locura, enfermedades contagiosas, deformidad, parálisis, problemas en el estómago y en las vísceras, problemas de próstata, y mutilación de alguno de los miembros del cuerpo por impacto o por accidentes violentos.
Plantas del odu Babá Ogunda Meji
- La mata de Ikín y sus hojas
- Flor de Agua
- Curujey
- Peregún
- Malvate
- Ceiba
- Olivo
- Abeto
- Cundeamor
- Zarzaparrilla
- Coralillo
- Atiponlá
- Palo Moruro
- Mirra
- Verdolaga
- Apasote
- Hierba Fina
- Bejuco Enredado
Este odu nos enseña cómo se prepara la jicotea que se le sacrifica a Shangó en la ceremonia de iniciación del culto de los Orishas, para que el Iyawó la ponga posteriormente sobre la batea que contiene a esta Deidad. El secreto se prepara con el carapacho de la jicotea, que se lava con seis hierbas de Shangó y se pone a comer junto con este dos gallos.
Para la carga se utilizan los siguientes ingredientes: cabeza y corazón de jicotea, cabeza y patas de dos codornices, polvo de marfil, sal de acedera, azufre, polvo de ruda, carbón mineral, occipital de carnero, obi, ero, kolá, osun naború, obi motiwao y testículos de carnero. Además, lleva los siguientes palos: ácana, álamo, palo alcanfor, Beja, cairol de costa, caña de azúcar, cedro, cordován, corojo, flamboyán, jobo, miraguano, paraíso, pino, platanillo de Cuba, plátano de freír, quimbombó, rompe saragüey, ciguaraya y tomate de mar. Si es hombre, la semilla se echa hembra, y viceversa (la semilla macho va al fondo y la hembra flota); lleva Ayúa, y además palo amargo, palo caballero, palo cachemita, palo caja y palo rompe hueso.
Todo esto se sella con esperma y cuero de carnero. Come junto con Shangó.
Ogún, dueño de la ingeniería metalúrgica
El odu de Ifá que acompañó a Ogún en su viaje a la Tierra fue Babá Ogunda Meji, por lo que este es su odu Isalayé. Ogún es considerado el Osinmale, la divinidad jefe entre las divinidades en el Cielo: la Deidad mayor y más antigua. Usa plumas rojas de cotorra (aluko) como parte de sus insignias reales y se le saluda tradicionalmente: «Ogún Yee». Él no posee la capacidad de desaparecer.
En la creencia yoruba, Ogún es la divinidad del hierro y de la guerra, y prominentemente la divinidad tutelar de los cazadores, los guerreros, los orfebres, los barberos y los carniceros, y en tiempos modernos, de los mecánicos, los chóferes y los trabajadores metalúrgicos, quienes esperan de Ogún protección contra los accidentes y ayuda en su trabajo. Cuando las Deidades bajaron a la Tierra, fue él quien se encargó, con su machete infatigable, de cortar los troncos y las malezas para abrirles el paso. Por eso se cree que Ogún tiene el machete para limpiar el camino y para abrir la puerta a la riqueza, a la salud y a la prosperidad, y se le ve como un conquistador superior. Debido a que se le asocia con limpiar el camino y quitar barreras, los yorubas creen que se debe apelar a Ogún para que ayude a suavizar el camino, de la misma forma en que lo hizo para las deidades al principio de la creación de la Tierra.
También se cree que Ogún representa la justicia absoluta, por lo que se le llama para que presencie un pacto o convenio entre dos personas o grupos de personas. Esto se hace besando un pedazo de hierro a la vez que se declara que se va a «decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad». Se cree con firmeza que cualquiera que jure en falso, o que viole un convenio del cual Ogún es testigo, no puede escapar de su juicio severo, que normalmente se manifiesta en horribles accidentes.
Entre los yorubas, los santuarios de Ogún usualmente se hallan afuera, al aire libre, al pie de algunos árboles sagrados o al lado de una pared en una herrería; las hojas de palma (mariwó) se emplean para señalar y consagrar las entradas de su santuario, y se dice que el mariwó es la ropa de Ogún. La imagen que lo representa es un árbol de algodón especialmente sembrado, bajo el cual se pone una piedra a la que se le echa aceite de palma (manteca de corojo) y sangre de animales.
Ogún y el Rey de la Muerte (Ikú) son los únicos capaces de enfrentarse a los seres humanos, y a veces se les ve muy asociados, aunque Ogún es mucho más fuerte y preciso que la Muerte. Su mirada es insostenible: tiene ojos de fuego. Cabe destacar que, en ausencia de Obatalá —nombrado presidente del Consejo Divino por Olodumare—, es Ogún quien asume la presidencia de la Asamblea, por ser la deidad más vieja y mayor, según señala el odu Babá Ejiogbe.
Cuando las personas se reúnen para rendir culto a Ogún, el sacerdote lo alaba y saluda de la manera siguiente:
La gente de Ire, los principales devotos de Ogún, ahuyentan a los forasteros de la arboleda de Umerun, que está consagrada a Ogún. Ellos dicen: «IRE LE FI IGBO GBOGBO HAN OLOJO, SUGBON A MI IGBO OGUN SINRA» — la gente de Ire se puede permitir mostrar alguna de sus arboledas sagradas a los forasteros, pero la arboleda dedicada a Ogún se mantiene en gran secreto. Estas arboledas están situadas en bosques de árboles altos y corpulentos, con muchas ramas y tupido follaje.
Ogún prohíbe el aceite de sémola de maíz (adin) y la menstruación. Entre las ofrendas que recibe con agrado están, con vino de palma: las guineas, los toros, el aceite de palma (epó), los perros, las chivas, las gallinas, las cabras, las ovejas, los reptiles, los caracoles (kowo), los carneros, el ñame asado, las jicoteas, los chivos, los gallos, las babosas, los frijoles blancos, las jutías, las ciruelas, los patos, las nueces de kolá, las salsas a base de legumbres preparadas en aceite, los bollitos de frijoles de carita, los venados, los cerdos, los caballos (potros), los pescados, los cocos y los melones rojos.
La planta que corresponde a este Orisha es el peregún, una de las plantas más importantes del omiero (el zumo extraído de las hierbas sagradas que yacen en un recipiente de barro), y una de las primeras de las dieciséis principales plantas de cada Orisha que se ponen en la cabeza del Iyawó. Sus hojas suministran una materia textil excelente para determinadas aplicaciones. El peregún simboliza la obtención del fruto después de un gran esfuerzo realizado, debido a lo difícil que resulta conseguir esta planta por su posición inaccesible. El Eshu que acompañó a Ogún cuando viajó del Cielo a la Tierra se llama Eshu Elegbara.
Relación de obras del odu Babá Ogunda Meji
Se coge un paño blanco; en un plato se pinta Ogunda Meji y se ponen granos de millo, de maíz, pedacitos de ñame, de patata, semillas de naranjas y de melón, y se pone ante Ogún, que come junto con esto un chivo chiquito, un pollo y un gallo. Después se seca la sangre del plato y, tomando su contenido, se hace polvo y se reza en el tablero. A la tela blanca se le pintan Oshe-Turá, Ogunda Meji y Otura-She, se le echa este polvo y con ella se forra el mango de un cuchillo nuevo, que se viste con un collar de Orúnmila y con uno de Ogún. Después se reza y se pone sobre Orúnmila, y cada vez que el Awó tenga que vencer a su enemigo, lo llama tres veces golpeando sobre el tablero con el cuchillo preparado.
Pluma de loro, una estera y hierba para baños durante cuatro días; se riega arena alrededor de la estera y se acuesta en ella. Esto es para vencer todas las dificultades. No debe salir a la calle en siete días.
Un pescado fresco, un anzuelo, una lengua de cualquier animal y un cordel. A la lengua se le abre una incisión donde se coloca un papelito con las generales del enemigo escritas; se enrolla, se cose y se introduce en la lengua, a la que se le engancha el anzuelo en la punta. Si la lengua es muy chiquita, entonces se enrolla el papelito y se engancha en el anzuelo. Esa lengua así preparada se pone sobre la siguiente atena de Ifá: Oshe-Turá, Irete-Kutan, Ogunda Meji, Ojuani-Tashenla, Ogbe-Ika y Otura-She, y se dice: «como el anzuelo atraviesa la lengua del pescado, así Eshu atraviese la tuya (generales del enemigo), y así tu cuerpo y tu lengua queden amarrados por Eshu».
Una vez puesto el papelito con la lengua en el anzuelo, se introduce en la boca del pescado y todo se pone delante de Eshu sobre la atena de Ifá. Se le dará coco a Eshu para preguntarle dónde se lleva todo al otro día, o si el pescado antes se asa para ponérselo tres días.
Una lámpara de aceite a Egun; el aceite tiene que ser de motor ya usado. Se le reza al Egun que sea para que lo ayude a encontrar trabajo y dinero. Esto es porque en este Ifá movieron las fuerzas del eje de la Tierra.
Se confecciona una pieza de plata o de acero inoxidable con la figura de un pene erecto y una flecha, colgada de una cadena; se lava con omiero de hierbas de Ogún y se reza en el tablero: Oshe-Turá, Ogunda Meji, Ojuani-Ogunda, Okana-Yeku, Okana-Sa y Otura-She. Después se reza:
Come gallo junto con Eshu y Ogún, y vive un tiempo sobre Eshu y un tiempo sobre Ogún. Cuando el Awó salga, lo lleva prendido en el calzoncillo sobre los riñones, y antes de tener relaciones sexuales (ofikale trupon) se lo pasa por su miembro viril desde abajo hacia arriba. Además tomará alcohol de 90 grados preparado de la siguiente forma: en un litro de este alcohol, 7 cucharadas de avena y 101 ajíes picantes. Esto se toma echando diez gotas en un vaso con agua, en ayunas. Esto da calor a la próstata y al pene.
Cabeza de tiñosa, de codorniz y de gallo; corazón de tiñosa, que debe ir entero en cada resguardo; 9 pedazos de cuaba negra, hierba celestina blanca y azul, polvo de escoba de millo vieja y tostado, pimienta de maravilla y de guinea, pelo de carnera y de carnero, de gato y de chiva, tierra de la casa recogida a las doce de la noche y a las doce del día, e Iyefá rezado con Oshe-Turá, Babá Ejiogbe, Ogunda Meji y Otura-She. Todo se entiza en hilo blanco y negro y se viste con cuentas azules oscuras. Va cargado en cuero de res.
Corazón, ojo, cresta y barba de gallo; corazón y ojo de paloma; palos: amansa guapo, cambia voz, cuaba morada, tengue y palo ramón; ero, obi, kolá, obi motiwao, Odu-Ará, azufre, pluma de codorniz, pluma y corazón de tiñosa, hierba pica pica, hierba candela, corazón de jicotea macho y de sijú, cabeza, corazón y alas de murciélago, dos plumas de loro, una flecha, pelo de tigre y 12 pimientas de guinea. Se envuelve en tela roja, amarilla, blanca y verde, y lleva una flecha por fuera. Come gallo indio y paloma, se le rocía aguardiente con polvo de palo sacú sacú y se le echa humo de tabaco.
Cuando el Awó lo haga, tiene que ponerse sobre el cuello cintas blanca, negra y roja, y a una de las cintas se le atan un pedacito de carne de res, uno de coco y uno de hierba quita maldición. Atena: Ogunda Meji y demás Odus de la atena del paraldo; se le unta manteca de corojo, miel, maíz tostado y coco, y se hace el paraldo con 3 pollitos recién nacidos (jio-jio). Terminada la ceremonia, el Awó se limpia con las cintas que tiene al cuello y, de espaldas, las lanza al río. Este paraldo lleva un pescado con el que el Awó se limpia y lo tira al río. Después sacrifica detrás de él un jio-jio y da coco; lo envuelve en tela blanca junto con el coco usado, y va para el río, o para la manigua si no hay río donde se haga el paraldo.
Sol, lima, bocado de caballo, rueda dentada, 7 manillas, careta, bote, dos remos, timón, ancla, anzuelo, salvavida, pescado, bandera, hélice, boya, sirena, llave, hoz, martillo, arado, candado, machete, pico, pala, yunque, mandarria, barreta, rastrillo, guataca, tridente y fuelle.
Se hace una obra con Oyá: una corona de la medida de la cabeza del interesado, confeccionada en cobre, con nueve piezas de guerra apuntando hacia arriba, que son: machete, cuchillo, arco y flecha, lanza, cimitarra, hacha, un majá con cuernos, una centella y una navaja. La corona se lava y se pone a comer con Oyá, en una palangana, dos gallinas jabadas. Una de las gallinas se entierra en el centro del río y la otra va al cementerio.
Se confecciona un cinto con un solo hilo, con siete tramos de collar de Ogún separados por 7 plumas de loro, la paloma del Ebó y siete cintas de distintos colores. Se reza en el tablero y se usa en la cintura.
Para quitar la maldición que la persona siempre tiene sobre sí, se cogen enredadera de coralillo, zarzaparrilla y cundeamor; se hace omiero y se pone al lado de Oyá, y se le da gallina junto con Oyá. Con ese omiero se baña 16 días.
Se le dan a Orúnmila 2 gallinas negras; después se le pone en un plato un ala al espíritu de Iború, otra ala al espíritu de Iboya y un muslo al espíritu de Iboshishé: las tres mujeres que en este Ifá le dieron a Orúnmila la respuesta del acertijo. A continuación, el Osun se pone detrás de la puerta de la casa y se le dan 5 palomas blancas, y a los 5 días se le pone una jícara con Sara-Ekó.
Se ponen a hervir capullos de algodón con un corcho. Después los capullos de algodón se ponen en una jícara y, cuando se enfríen, se le ponen a Ogún. Después la persona se baña con esa agua.
Por este Ifá se prepara un secreto de Oshosi, que vive en tinaja con la tapa rota, en el patio, nunca dentro de la casa. En el fondo interior de la tinaja se pintan Oshe-Turá, Ogunda Meji y Otura-She. Ahí se echa tierra de la casa, del monte, de cárcel, de loma y de 4 esquinas, arena de mar y de río, un frontil de venado, cabeza de gallo, de lechuza y de codorniz, 7 palos y 16 piedras de Oshosi. Come gallo y paloma.
Es un bastón de madera de abeto o de olivo, rematado con una cabeza en la empuñadura, para cargarlo. El Awó se baña con omiero de caoba, iroko, Ceiba y granadillo, y recoge las hierbas ripiadas para la carga; después se lava la cabeza. Se ruega la cabeza con guabina (Ejá-Oro), que se deja secar y se hace polvo para la carga. El resto de la carga: arena de mar y de río, polvo de cabeza de Egun ahogado en el mar, cabeza de manatí y de majá, manteca de corojo, mazamorra de las costas sacada de las rocas del mar y del río, ero, obi, kolá, osun naború y las cabezas de las palomas de la rogación.
Este Opa Okún Akaro se lava en el río y come gallo blanco; se le cuelgan 8 majases de plata y un caracol de mar que lleva arena de mar, tierra del cementerio, polvo de guabina y polvo de Egun. Vive junto con Olokun y se le canta:
Se hace Ebó con una gallina. Después se le da la sangre a su cabeza; posteriormente se asa, se reparte entre los que lleguen a su casa y se les da dinero según sus posibilidades. A quien se le haga esta obra no puede comer de esa gallina.
Chivo chiquito, 3 clavos, una cadena, soga, 3 velas, coco, 3 botellas de aguardiente, maíz tostado, jutía y pescado ahumado, manteca de corojo, 3 agujas, pita de pescar, 3 carbones, cazuela de barro, gallo, paloma, trampa y tierra de la casa. Con el corazón de la paloma, las tres agujas, ero, obi, kolá, obi motiwao y los palos cabo de hacha, rompe saragüey y baría, se monta el Inshé-Osanyin del signo.
2 gallinas blancas, 2 pescados vivos, jutía y pescado ahumado, maíz tostado. Hacer rogación de cabeza.
2 palomas, 2 pescados, 3 flechas, una vara de pescar, un anzuelo, jutía y pescado ahumado, maíz tostado, mucho dinero.
Dice Ifá
- Que usted va a tener una tragedia donde caerá preso, por causa de un favor que ha hecho o que va a hacer, que le es malo.
- Usted ha hecho tres favores que no se los han agradecido.
- Fíjese en estos días, que usted va a ver gente corriendo por la calle: cierre la puerta.
- Lo van a venir a buscar para hacer un favor: no lo haga.
- Usted tiene familia en el campo; frente a la casa hay una mata de palma.
- Usted tiene una pierna mala, y para que no se le vaya a tullir tiene que usar una reliquia o una cadena.
- No diga mentiras; dele gracias a tres mujeres y regáleles algo (Eború, Eboya, Eboshishé).
- Usted tuvo una enfermedad por la que por poco se muere.
- No salga a la calle por espacio de 7 días.
- En su casa hay una doncella que no puede parir: que haga Ebó.
- En su casa hay un disgusto por algo perdido; eso aparecerá dentro de cuatro o cinco días.
- A usted le viene un dinero por buen camino.
- Usted quiere realizar un viaje.
- A usted lo van a buscar de un punto, y allí hay una fortuna.
- Usted tiene hijos: si no hace Ebó, se le morirán.
- Ella tiene dos hombres que la pretenden y ninguno le sirve, y hay otro que nadie considera: ese será el marido, y si se opone, se desgraciará.
- Si es mujer casada la que se mira: lucha contra otra mujer por el amor de un hombre; ella es hija de Oyá y tiene que recibir a Orúnmila.
- Usted está maldecido y está metido en dos guerras, una por delante y otra por detrás; haga Ebó para ganarles la guerra a todos sus contrarios. Hombre: tiene dos mujeres. Mujer: tiene dos maridos.
- La gente está buscando guerra con usted: haga Ebó.
- Usted tiene una mujer embarazada; que tenga cuidado con la barriga, no vayan a surgir entorpecimientos.
- Dele de comer a su Eshu y salúdelo todos los días, pues usted soñó con dinero y con tragedias.
- Por enfermedad: el hombre está enfermo del estómago, de impotencia u otro problema sexual por el que no puede engendrar hijos.
- Por enfermedad: si a la mujer la mandan a buscar de un punto, que no vaya, para que se libre de un bochorno, pues puede surgir una tragedia, la pueden herir, y tendrá problemas de salud y de justicia.
- Usted no puede ingerir ningún tipo de bebida alcohólica proporcionada por personas de las que usted recela, porque le pueden echar brujería en la bebida.
- Usted no debe salir de noche para la calle, pues un enemigo lo vela para atacarlo a traición.
- Usted está soñando con cosas malas, sobre muertes y tragedias, y por eso está asustado.
- Haga Ebó para que limpie su camino y se libre de posibles adversarios que pueda encontrar en él.
- La persona es faltona y no va a oír los consejos del Awó que la mira, así como tampoco oye los consejos de sus mayores de sangre, pues solo desea hacer su voluntad.
- Dos o tres personas están luchando por una misma cosa que no se puede dividir entre ellas.
- Dos mujeres luchan por el amor de un hombre, o dos hombres luchan por el amor de una mujer.
- Varios luchan por obtener un puesto de trabajo.
- Dice Ifá que el hijo de este odu es persona avariciosa y no agradecerá nada de lo que se haga por su bien.
- Usted debe darle de comer a su cabeza.
- Donde usted trabaja o vive hay personas que desean que usted se vaya de allí, porque usted es persona en cierta forma irresponsable y violenta. Esto es por Ifá osobo.
- Entre las personas que pelean con usted hay una mujer palera que trabaja para sus contrarios.
- Piensa ir a un lugar a vivir o a trabajar: al principio todo le irá bien, pero después no le va a agradar; no le van a agradecer nada y lo van a botar con tragedias.
- Dele de comer a Ogún para que sus cosas estén bien.
- Este Ifá dice que en una ocasión Orúnmila se comió una cesta de cocos: póngale a Orúnmila una cesta de cocos y todos los días límpiese con uno de ellos, para que sus cosas marchen bien.
- Cuando el Awó se ve este Ifá: está asustado con un enfermo que está tratando, que está como loco.
- Que haga Ebó con la ropa de pintas como de culebra que tiene, y que se ponga el collar de Obatalá para que reciba la bendición de Obatalá. Obatalá lo tiene preso: que lo asiente para que pueda estar bien.
- Dice Ifá que las cosas que se fueron de su lado tienen que volver.
- Usted tiene que cuidarse de una enfermedad.
- Usted en su casa hace mucha bulla, y Obatalá está molesto con usted.
- Si es hombre: tiene que ser más noble y comprensivo con su mujer, porque ella se aburrirá y lo dejará solo; recuerde que las mujeres serán su mayor ayuda y sus amigas.
- En este Ifá habla Oshún con sus hijas: como ella fue la que salvó a Ogunda Meji de la prisión y de la muerte, debe tener cuidado con las mujeres hijas de Oshún, pues lo pueden dejar impotente.
- Usted debe reforzar a Ogún y ponerlo como una prenda: póngale los palos que coja, se le pone doble herramienta y un hacha a Ogún.
Refranes de Ogunda Meji
- El llanto se vuelve risa y lo perdido aparece.
- Disputa por una cosa.
- No eres ni carne ni pescado.
- El cuchillo corta y rasga, la sangre corre.
- Si el machete va al campo, corte o no corte hierba, él regresa a la casa.
- Si a Elegba se le para el pene, no hay vulva que se le resista.
- La rama cortada y trasplantada reproduce semejante a su tronco.
- El árbol torcido no teme nada de sus riñones.
- La mujer del cazador no grita sin razón cuando la flecha da en el blanco.
- El cuchillo que llega a la vejez se come aún el tronco del millo.
- El árbol que encuentra al hierro no tiene buen nacimiento.
- De la discusión se saca la luz.
- Saber esperar es de sabio.
- El cielo es inmenso, pero no crece la hierba.
- La vida para el Awó no será buena cuando la garza blanca ponga los huevos negros.
- Guerra pide guerra.
- A partes iguales fue concebida la vida para el hombre. ¿Eres tú quien reparte?
- La mujer del cazador no grita por gusto cuando la flecha de su marido da en el blanco.
- El impacto del hierro hace incisiones.
- Nadie lo engendra, nadie lo mata.
- Para ti, comer sal es como comer la boa y al conejo a la misma vez.
- Hay una mujer que tiene en el vientre hormigas.
- Si mi cabeza no me vende, nadie me compra.
- La paciencia y la benevolencia van dentro del cofre de las riquezas.
- Los consejos de esa anciana me llevaron a la cúspide de mis deseos.
- De nada vale saber mucho, si no tengo temple para enseñar.
El Eshu de Ogunda Meji
Al Eshu de Ogunda Meji se le hace una corona y se le pone un collar de cuentas negras, blancas y rojas. Esto fue mandado por Olofin para premiar los servicios de Elegba en la Tierra.
El Eshu que acompañó a Babá Ogunda Meji y a Ogún cuando viajaron del Cielo a la Tierra se llama Eshu Elegbara. Este Eshu es el controlador de los sacrificios (Ebó): cuando una persona realiza alguno, Eshu Elegbara es quien se encarga de hacer llegar el mensaje, para que dicha persona resuelva el problema por el cual sacrificó.
Patakíes del odu Ogunda Meji
1.Ogunda Meji parte para la Tierra
Ogunda Meji fue uno de los adivinadores más poderosos, tanto en el Cielo como en la Tierra: se le acredita haber combinado en su trabajo la fuerza de Ogún y la inteligencia de Orúnmila. Fue él quien reveló la historia del segundo intento de las divinidades por poblar la Tierra; los detalles del primero los revelaría más tarde Obara Bodi, uno de los discípulos de Orúnmila.
Ogún, la divinidad del hierro y la más antigua de las creadas por Dios, era también físicamente la más fuerte de las 200 divinidades. Con frecuencia se le llama «el descubridor del camino», porque encabezó la segunda misión de reconocimiento del Cielo a la Tierra: por sus atributos físicos, Dios lo designó para marcar la ruta de la segunda morada terrestre. Pero Ogún era egoísta y engreído, poco dado a pedir consejo, y confiaba casi exclusivamente en su habilidad manufacturera y en su fuerza. Por eso no se molestó en consultar a ningún adivinador cuando recibió la tarea: partió casi de inmediato con los 400 hombres y mujeres que Dios le dio para acompañarlo. Al llegar a la Tierra comprendió las consecuencias de no haberse preparado: sus seguidores, hambrientos, exigieron comida, y como no habían traído alimento alguno, solo pudo aconsejarles que cortaran palos del bosque y se los comieran. Los palos no los satisfacían y muchos comenzaron a morir de hambre, así que, temeroso de perderlos a todos, Ogún regresó al Cielo a reportar que la misión era imposible.
Dios invitó entonces a Olokun, la divinidad del agua, a encabezar una segunda expedición, con 200 hombres y 200 mujeres. Igual de orgulloso y confiado en sí mismo, tampoco hizo consulta ni adivinación con los ancianos del Cielo. Al llegar, no supo cómo alimentar a los suyos y solo les aconsejó beber agua cuando tuvieran hambre; como el agua no alimenta con efectividad, también empezaron a morir, y Olokun regresó al Cielo a informar su fracaso.
Dios invitó entonces a Orúnmila, con 200 hombres y 200 mujeres, a que fundara una morada en la Tierra. Orúnmila se preguntó si podría triunfar donde habían fallado divinidades mayores y más fuertes como Ogún y Olokun, pero Dios lo persuadió de intentarlo, porque era necesario despoblar el Cielo estableciendo una morada satélite en la Tierra. Su fiel sirviente Ókpele le aconsejó no declinar la tarea: con los preparativos adecuados, estaba convencido de que el éxito lo esperaba. Con ese estímulo, Orúnmila aceptó, pero rogó a Dios unos pocos días para prepararse. Acudió a los adivinadores más viejos del Cielo, que le aseguraron el éxito; y Ogunda Meji, uno de sus propios hijos, le pidió seis cauris y le aconsejó recolectar un ejemplar de cada planta y de cada animal comestible del Cielo para la misión, entregarle un macho cabrío a Eshu y pedirle que lo acompañara a la Tierra.
Hechos todos los sacrificios prescritos, fue ante Dios por la autorización final, y le rogó que permitiera venir con él a Ule (Owa en Benin), la divinidad de la vivienda. Dios le respondió que no era su divina intención enviar dos divinidades a la vez, pues preveía mandar una detrás de la otra; pero le aseguró que, si tenía éxito en la Tierra, podría enviar a su sirviente Ókpele de regreso al Cielo a buscar a Ule para que lo ayudara. Entonces partió.
Tan pronto se puso en marcha, Eshu fue a decirle a Ogún que Orúnmila se dirigía a la Tierra por la ruta que él había establecido. Ogún bloqueó de inmediato el camino con un tupido bosque, y los viajeros no supieron qué hacer. Orúnmila envió a la rata a buscar un paso a través del bosque, y antes de que regresara, Ogún se le apareció y lo regañó por atreverse a ir a la Tierra sin informárselo. Orúnmila le explicó que había enviado a Eshu a decírselo, y cuando Ogún recordó que precisamente Eshu había venido a alertarlo, abrió rápidamente el bosque para que continuara. Antes de despedirse, le dijo que la única obligación que le quedaba con él era alimentar a sus seguidores con palos, como él había hecho, y Orúnmila lo prometió. Mientras tanto, Eshu también había informado a Olokun de que Orúnmila iba camino a triunfar donde él había fallado, y Olokun hizo que un ancho río bloqueara su avance. Al llegar a la orilla, Orúnmila envió un pez a buscar una vía a través del agua; mientras esperaba, Olokun se le apareció y lo reprendió por viajar sin su autorización. Orúnmila explicó que, lejos de menospreciarlo, le había mandado aviso con Eshu, y al comprobarlo, Olokun retiró el agua, no sin advertirle que quedaba bajo la obligación divina de dar de beber agua a sus seguidores, como él lo había hecho. Orúnmila lo prometió y prosiguió sin más obstáculos.
A su llegada aconsejó a sus seguidores varones limpiar el monte y construir chozas temporales techadas con esteras (aghen). Cumplida la tarea, sacaron los frutos y semillas traídos del Cielo y los plantaron en el monte despejado. Al atardecer todos se retiraron a dormir, y Eshu —que había recibido su macho cabrío antes de la partida— se dedicó a trabajar sobre las siembras y los animales. Al amanecer descubrieron que todos los cultivos no solo habían germinado, sino que habían dado frutos listos para cosechar: ñame, plátano, maíz, vegetales, frutas; y el ganado traído del Cielo se había multiplicado de la noche a la mañana. Fue el primer milagro de Orúnmila en la Tierra, manifestación directa de los sacrificios hechos antes de partir. Cuando sus seguidores pidieron comida, primero les mandó cortar palos del monte y masticarlos, en deferencia al requerimiento de Ogún, y luego tomar agua, como le encargó Olokun. Esa operación la cumple hasta hoy toda la humanidad con la rutina de comenzar el día mascando palos o cepillándose los dientes y enjuagándose la boca con agua. Cumplidos los deseos de sus mayores, les dijo que se alimentaran de las plantas y animales que abundaban en el asentamiento: habían sentado las bases de una morada permanente en la Tierra.
Ókpele propuso entonces ir a informar a Dios que la Tierra ya era habitable para que Ule se les uniera, pero Orúnmila indicó invitar primero a Eshu. Eshu aceptó de inmediato y, antes de su llegada, Orúnmila hizo construir para él una choza a la entrada del asentamiento y le envió un macho cabrío; Eshu se sintió feliz de disponer de su comida favorita, que pensó que no existiría en la Tierra. Cuando Ókpele fue a ver si estaba bien, Eshu le pidió rogarle a Orúnmila perdón por las dificultades que le creó al incitar a Ogún y a Olokun en su contra. Orúnmila lo perdonó y le rogó quedarse en la Tierra como su vigía, comprometiéndose a alimentarlo en todo momento.
Cansado de esperar en vano el fracaso de Orúnmila, Olokun volvió a la Tierra a averiguar cómo iba la misión; Eshu le contó que Orúnmila había logrado hacerla habitable. Al reunirse con él, Olokun le pidió perdón por los obstáculos, y Orúnmila respondió que no había nada que perdonar, porque el triunfo no da placer si no se alcanza superando dificultades iniciales; más aún, lo invitó a quedarse a vivir en la Tierra. Olokun accedió, previa licencia del Padre Todopoderoso, que le fue concedida. Cuando Ogún supo que Olokun había partido a unirse a Orúnmila, decidió ir a ver las cosas por sí mismo. Ókpele lo vio salir del Cielo y alertó a Orúnmila, quien mandó entregar otro macho cabrío a Eshu para evitar un choque entre ambos: al llegar Ogún, Eshu aún comía su macho cabrío y estaba demasiado ocupado para retarlo, así que simplemente le indicó seguir hasta donde vivía Orúnmila. Tan pronto lo vio, Orúnmila se postró ante él, por ser su hermano mayor. Ogún se justificó por las dificultades del comienzo, y Orúnmila explicó que la disculpa era casi innecesaria: sin aquel problema, probablemente no habría hallado la vía para alimentar a sus seguidores. Luego lo convenció de quedarse, porque sin Ogún era imposible que se desarrollara tecnología alguna en la Tierra: él solo sabía adivinar, no inventar ni manufacturar. Halagado, Ogún accedió y regresó al Cielo por el permiso de Dios para volver con sus seguidores, cosa que finalmente hizo.
Fue entonces cuando Orúnmila envió por fin a Ókpele a buscar a Ule. Dios lo invitó de inmediato a bajar, y también Ule visitó primero a Eshu, quien lo envió a la choza de Orúnmila. Lejos de retarlo como a Olokun y a Ogún, Eshu rogó que Ule tuviera siempre mayor éxito que todos sus hermanos mayores y que sin él nadie tuviera completa satisfacción en la Tierra: procedió así porque Ule se caracterizaba por ser paciente e inofensivo. Cuando Ule se encontró con Orúnmila y le ofreció sus respetos, Orúnmila proclamó con su instrumento de autoridad (ashé): primero, que cualquier respeto que se le ofreciera a él debía hacerse siempre extensivo a Ule; segundo, que Olokun residiría siempre en el agua, por causa del río con que bloqueó su llegada, pero sería el distribuidor de riqueza y prosperidad al género humano; y tercero, que Ogún sería usado siempre para alcanzar grandes logros, pero tendría que trabajar sin descanso día y noche y no disfrutaría de tranquilidad de espíritu. Después les dijo a los tres que partieran por sus distintos caminos.
Apenas se habían alejado de la vivienda cuando, súbitamente, Ule cayó muerto: su cuerpo desapareció de la vista y en su lugar apareció sobre la Tierra una constelación de edificaciones, corredores y casas de vivienda. Así Ule se transformó en moradas respetables para todos los habitantes presentes y futuros del mundo. Orúnmila dejó de inmediato su choza de techo de estera y pasó a residir en la mejor vivienda palaciega que Ule le proveyó. Ogún, molesto, se negó a vivir en las casas de Ule y construyó su propia choza ruinosa, llamada Izegede, donde permanece hasta el día de hoy; y Olokun, sintiéndose también retado, se convirtió en agua para formar los océanos y los ríos de la Tierra. Los hombres y mujeres traídos por Orúnmila, Olokun y Ogún comenzaron pronto a casarse entre sí y a multiplicarse por los cuatro confines del mundo; sus descendientes y reencarnaciones se convirtieron en los sacerdotes e hijos de estas divinidades hasta hoy y hasta la eternidad, y quienes se apartan del rebaño, o no tienen el privilegio de descubrir su parentesco, son los hombres y mujeres que encuentran toda clase de dificultades en la Tierra. En ese punto, Ókpele regresó al Cielo, no sin decirle a Orúnmila que al cabo de un tiempo lo buscara en el camino a la granja: eventualmente se convirtió en un árbol cuyos frutos se emplean hasta el día de hoy para preparar los instrumentos de adivinación del ókpele, y él mismo le enseñó a Orúnmila cómo usar sus semillas para adivinar.
2.Los trabajos celestiales: la adivinación del tigre
En el Cielo lo llamaban Eji-Oko. Hizo adivinación para el tigre con este encantamiento: «ONOSHE MUROKO NIJO TO ONLO OKO ODE», cuando el tigre quiso comenzar a cazar. Le aconsejó realizar los siguientes sacrificios: darle un macho cabrío a Eshu y servir a Ifá con gallina, pescado y rata, para poder cazar con éxito. El sacrificio era necesario para no ir de caza sin resultado ni sufrir una frustración (llamada amubo en yoruba y osobonomasunu en Benin). El tigre se negó a sacrificar.
Al día siguiente partió al bosque. El tigre tiene dos idiosincrasias: cuando cualquier objeto pesado cae detrás de él, huye instintivamente atemorizado; y cuando salta por encima de un animal que ha matado, le está prohibido comer de esa presa. Al llegar al bosque vio un antílope, lo mató y se bebió su sangre; pero tan pronto lo soltó para tirarlo al suelo, escuchó el ruido de una rama que cayó del árbol detrás de él y, del susto, saltó por encima del antílope y tuvo que abandonarlo al instante. A continuación dio muerte a un antílope negro —llamado edu en yoruba y oguonziran en Benin—, y otra vez un pesado racimo de fruta madura cayó a su espalda: saltó por encima de la presa y la dejó atrás. Ya cansado y hambriento, sin haber comido nada desde la mañana, cuando el sol estaba por ponerse vio un ciervo y volvió a matar; pero justo cuando iba a tomarlo, un montón de frutos de palma cayó al suelo detrás de él, saltó por encima del ciervo y también lo perdió. Desesperado y frustrado, emprendió el regreso: obviamente, Eshu era el responsable de su inusual mala suerte.
En el camino divisó un conejo y lo persiguió hasta un hueco; lo agarró por la cola y comenzó a halarlo, pero el conejo clavó sus uñas tan fieramente a las paredes del hueco que el tigre solo logró arrancarle la piel del extremo inferior de la cola, y el conejo escapó a la seguridad de su cueva. Por eso el extremo inferior de la cola del conejo es blanco hasta hoy, lo que lo distingue de otros mamíferos de su talla. Este último incidente llevó al tigre a relacionar su negativa a sacrificar con la expedición malograda. Al llegar a casa narró su infructuosa aventura y, para comprobar su historia, un grupo de búsqueda entró al bosque y, en efecto, halló y trajo los tres animales que el tigre había matado; los animales fueron llevados a Ogunda Meji, y el tigre fue entonces a verlo para ejecutar los sacrificios. Cumplidos estos, volvió al bosque al día siguiente y dio muerte a un ciervo que trajo a casa sin incidentes. A partir de entonces el tigre se convirtió en un hábil cazador, y fue a expresarle su gratitud a Ogunda Meji.
3.La adivinación para la boa
Luego de crear las distintas especies de la familia de las serpientes, Dios distribuyó armas a cada una de ellas en forma de veneno, pero olvidó darle alguna a la boa, llamada oka en yoruba y aru en Benin. La boa empezó a pasar hambre, porque carecía de armas con las cuales obtener alimento, y fue a ver a Ogunda Meji para que le adivinara qué hacer para superar sus dificultades. Flecha era uno de los sacerdotes sustitutos que vivían con Ogunda Meji, y fue Flecha quien le hizo la adivinación. Su nombre completo era «OKOFI DOO, OKO REYIN YA BO OLOOKO ODAFA FUN OKA, ELEWU-OBOBO», que significa «la flecha con la que la boa mata a un animal regresa a su estómago»; y a la boa se le describió como el reptil de piel de terciopelo.
El Awó le aconsejó sacrificar tres flechas pequeñas, nueces de kolá y una gallina. Ella trajo los materiales al día siguiente, y el Awó utilizó la gallina para servir a Ifá en su nombre; con la sangre de la gallina, hojas e iyerosun preparó una poción de medicina para que se la tragara. Se le recomendó igualmente ir con las nueces de kolá y servir su cabeza con ellas al lado del camino: debía abandonar el bulto de nueces en un lugar visible y esconderse en un monte cercano a esperar a que alguien las hurtara, sosteniendo las tres flechas. Se le advirtió, además, contra el riesgo de un carácter incontrolable, lo cual explica por qué la boa sigue siendo la más paciente de las serpientes hasta el día de hoy.
La fecha coincidió con el día en que Dios iba a participar en la reunión de las divinidades, que tradicionalmente comenzaba con la partidura de nueces de kolá, y Dios había olvidado coger nueces al salir de casa. Lo acompañaba su sirviente favorito, el conejo, que cargaba su saco divino (akpominijekun o agbavboko). Cuando Dios vio el bulto en el camino, mandó al conejo a recogerlo, y se sintió aliviado al ver que contenía las nueces que había olvidado. Mientras las colocaban en el saco divino, la boa salió de su escondite y preguntó por qué Dios, habiendo olvidado darle veneno, debía además quitarle su comida; y se quejó de que pasaba hambre por no tener armas con qué luchar por su alimento. Dios se condolió de ella al instante y le explicó que no la había olvidado: ordenó al conejo sacar lo que quedara en el saco divino, y este sacó un ashé. La boa contó que Orúnmila le había preparado tres flechas, y Dios las tomó en sus manos, las bendijo y le mandó abrir la boca y tragárselas. Le dijo que, siempre que viera una víctima, las flechas subirían automáticamente hasta las ventanas de su nariz y debía dispararlas; que no corriera tras la presa, sino que esperara en su sitio a que volviera a ella; y que entonces la tragara, y las flechas regresarían a su estómago para ser utilizadas de nuevo. Antes de alejarse, Dios le presentó al conejo y le advirtió que jamás usara sus armas contra él.
Al llegar al lugar de la reunión, Dios descubrió que el saco divino había quedado olvidado donde le dio las armas a la boa. Estaba renuente a enviar al conejo por miedo a que la hambrienta boa se sintiera tentada a estrenar sus armas contra él, pero el conejo le aseguró que obraría con prudencia y recogería el saco sin provocarla. Sin embargo, al llegar, el conejo comenzó a provocar a la boa: la acusó de vaga por permanecer siempre en un mismo sitio cuando debía moverse en busca de comida, y la atormentó tanto que hasta llegó a tirarle de la cola, cosa que ella no permite. Vencida por la ira, las flechas subieron de su estómago a los huecos de su nariz y las disparó, haciendo blanco en el conejo, que aun así tomó rápidamente el saco divino y regresó apurado junto a Dios.
Cuando el conejo informó que había sido atacado por la boa, Dios le dijo que seguramente él había provocado su ira, y le ordenó que, conforme a su propia declaración, regresara a donde la boa a morir. El conejo se arrastró penosamente hasta el lugar, murió apenas llegó, y la boa se lo tragó: el incidente le confirmó que el arma recibida de Dios era ciertamente efectiva, y se puso muy contenta.
Al terminar la reunión, Dios mismo tuvo que cargar su saco de regreso. Al pasar por donde yacía la boa, esta se postró al instante para agradecerle la asistencia prestada; pero Dios la regañó por contravenir su orden de no atacar al conejo, su sirviente. La boa explicó cómo había sido provocada, y Dios le dijo que estaba dispuesto a perdonarla en esa ocasión, porque actuó bajo provocación; no obstante, proclamó que, a partir de entonces, la propia boa moriría el mismo día en que atacara y diera muerte a algún conejo. Dios designó entonces a la ardilla para anunciar la ubicación de la boa, como medio de advertir a los animales de que esta se encontraba en los alrededores. Tan pronto Dios se marchó, una bandada de ardillas rodeó a la boa y comenzó a gritarle:
Desde ese día, la ardilla se ha convertido en el más encarnizado enemigo de la boa.
4.La adivinación para Ode
Ode es la palabra yoruba para el exterior, esto es, el patio exterior de la casa. Hubo un tiempo en que se padeció hambruna en el Cielo y todo lucía opaco: la gente estaba demasiado hambrienta para dedicarse a tareas fuera de la casa, y Ode estaba muy enfermo. Se las arregló para llegar a donde Ogunda Meji para adivinación, y se le recomendó hacer sacrificio con 200 cestos de pimientos y semillas de jengibre (ighere en yoruba u oziza en Benin), 200 semillas de pimienta de Ocozol y un gallo; se le aconsejó igualmente entregar un macho cabrío a Eshu. Los 200 cestos de pimientos fueron quemados, y la gente huyó de sus casas a buscar aire fresco afuera: la vida comenzó a bullir nuevamente en el exterior, y la gente volvió a cantar y a bailar.
5.Eji-Oko seduce a la esposa de la Muerte
Fue uno de los seguidores de Ala Boun Lofo Kpiriri Kparara quien realizó adivinación para Eji-Oko cuando este, sin saberlo, sedujo a Epipayemi, la rubia esposa del Rey de la Muerte. Ala Boun Boun era, de hecho, la avispa, quien advirtió a Eji-Oko que evitara tener relación alguna con una mujer amarilla que iba a convertirse en reina de la Muerte. Se le aconsejó, además, darle un macho cabrío a Eshu, lo que él se negó a hacer, porque no tenía intención de relacionarse con mujer amarilla alguna ni con el Rey de la Muerte.
Poco después, el Rey de la Muerte envió a su esposa Epipayemi, con un saco de dinero, a comprarle un macho cabrío en el mercado de Oja-Ajigbomekon Akira. Al mismo tiempo, Eji-Oko, habiéndolo pensado mejor, decidió realizar el sacrificio y se dirigió al mercado a comprar un macho cabrío para ofrendárselo a Eshu. Epipayemi llegó primero, compró el macho cabrío y distintos condimentos, y los guardó en su casilla mientras buscaba otras cosas que necesitaba. Eji-Oko llegó entonces y descubrió que el único macho cabrío del mercado era el que estaba amarrado en la casilla de Epipayemi, y lo agarró con la determinación de comprárselo a quienquiera que fuese su dueño. Al cabo de un rato llegó ella —que era irresistiblemente bella— y le dijo que era la dueña del animal, porque su esposo, el Rey de la Muerte, la había enviado a comprarlo. A pesar de la revelación, Eji-Oko se lo quitó por la fuerza y se lo llevó a su casa; indomable, la mujer se mantuvo agarrada a la soga y luchó con él todo el camino. Al llegar, él usó el macho cabrío para ofrecer el sacrificio a Eshu y le declaró su amor a Epipayemi. Anochecía ya, y como se había hecho demasiado tarde para regresar, ella no tuvo otra opción que pasar la noche con Eji-Oko, quien le hizo el amor; ella, sin embargo, le advirtió sobre las consecuencias, segura de que él no podría resistir la ira de su esposo.
A la mañana siguiente, al no regresar su esposa, la Muerte comenzó a preguntar a quienes habían ido al mercado el día anterior, y le explicaron que la habían visto pelear por un macho cabrío con un hombre de tez oscura, de quien se pensaba que era hijo de Orúnmila. La Muerte envió entonces dos mensajeros a Eji-Oko para advertirle que, por seducir a su esposa, vendría dentro de siete días a vérselas con él. Fue en ese punto cuando Eji-Oko recordó lo que la avispa le dijo en la adivinación sobre el riesgo de seducir a la esposa del Rey de la Muerte. Sabiendo que no tenía salvación ante el castigo que le esperaba, se abandonó a su suerte: comenzó a lamentarse y dejó de comer.
Al quinto día, Osanyin, divinidad hermana de Orúnmila, decidió visitarlo y lo encontró recluido, esperando morir. Le dijo que se armara de valor y cobrara ánimo: él se ofrecía a ir a enfrentarse con la Muerte. Osanyin le pidió a Eji-Oko el vestido con el cual solía transfigurarse, su varita de adivinación (uroke) y su gorro; se puso el vestido y el gorro y llevó la varita en la mano. Al llegar a la casa de la Muerte la reconoció de inmediato, porque el lugar se limpiaba diariamente con sangre humana. Entró, se sentó en el cuarto de estar y exigió ver al Rey de la Muerte, porque había venido a hacerle una visita. Cuando la Muerte conoció la descripción del visitante, supo que Eji-Oko había enviado a Osanyin a hacerle frente e, indignada, dio instrucciones de que el visitante fuera detenido, ejecutado y cortado en pequeños pedazos. Los seguidores de la Muerte golpearon ferozmente a Osanyin, lo hicieron pedazos y esparcieron sus despojos en el cruce de los caminos.
Cuando los ejecutores regresaron a la casa, Osanyin los estaba esperando cómodamente. Apenas lo vieron, insistió en que no le hicieran perder el tiempo, porque había venido a ver al Rey de la Muerte. Sobrecogidos de temor y sorpresa, los mensajeros comunicaron a la Muerte que el visitante había vuelto a la casa antes que ellos, después de muerto y despedazado. La Muerte ordenó matarlo de nuevo y arrojar sus pedazos al río para alimentar a los peces; así lo hicieron, y al regresar a informar, otra vez encontraron a Osanyin sentado en el cuarto de estar, preguntando esta vez, indignado, por qué era tan difícil ver al Rey de la Muerte, y si la feroz Muerte tenía miedo de encontrarse con una divinidad menor. La Muerte mandó entonces picarlo en pedazos, cocinarlos bien y arrojarlos al incinerador hasta convertirlos en cenizas; pero antes de que regresaran, Osanyin ya los esperaba en el mismo lugar, rugiendo que tendría que irrumpir donde estaba la Muerte si esta seguía negándose a recibirlo.
No sabiendo qué más hacer, la Muerte envió a sus mensajeros a pedirle a Osanyin que le dijera a su hermano que le cedía a Epipayemi en paz. Osanyin vociferó que, si no querían que armara un alboroto en el Cielo, la Muerte debía mandar a uno de sus recaderos a acompañarlo a comunicar el mensaje a su hermano; la Muerte accedió de inmediato y envió a uno de sus guardaespaldas. Osanyin exigió además que le trajeran nueces de kolá; se las enviaron rápidamente, pero él reiteró que la Muerte debía venir a partirlas en persona. Eventualmente, la Muerte vino, partió las nueces y le dio un pedazo a Osanyin mientras comía otro; y Osanyin regresó a casa con los pedazos restantes, tras agradecerle a la Muerte su digna hospitalidad.
De regreso al hogar, Eji-Oko no tuvo palabras para agradecerle a Osanyin su hazaña sin paralelo. Invitó entonces a la avispa, que le hizo la adivinación, a cantar en su alabanza en medio de manjares y vinos:
que significa: «no fue a mí a quien mató la Muerte, sino a mi imagen de barro», porque Osanyin desaparecía frecuentemente cuando los ejecutores de la Muerte lo estaban matando. Y Eji-Oko retuvo a Epipayemi como esposa.
6.La segunda esposa de Eji-Oko
Él adivinó para el Gallo y para el Papagayo cuando ambos buscaban esposa para casarse. Les aconsejó darle un macho cabrío a Eshu, para que el hábito de depositar excrementos en sus dormitorios no los privara del honor de casarse con esposas respetables. Ambos alegaron que el sacrificio era innecesario, ya que para ellos era tradición hacer sus necesidades en cualquier lugar donde durmieran. Hubo también una hermosa doncella que fue a él en busca de adivinación sobre cómo conseguir un esposo respetable, y se le aconsejó hacer sacrificio para evitar la desdicha de comprometerse en dos matrimonios fracasados antes de lograr estabilidad en un tercero. Ella lo consideró innecesario, convencida de que sus atractivos y su inteligencia natural bastaban para vencer cualquier dificultad.
Poco después, la doncella se encontró con el Gallo, que era muy bien parecido; se enamoró de inmediato, lo aceptó en matrimonio y sin demora se mudó a su casa. Así se unió una pareja en la que ambos se habían negado a sacrificar, en desafío a la recomendación de un sacerdote de Ifá. A la mañana siguiente, la desposada descubrió que su esposo había ensuciado con excrementos el lecho de ambos. Disgustadísima, y ridiculizada por la gente por haberse casado con alguien que descargaba sus excretas en la cama, no pudo soportar la vergüenza y abandonó al Gallo tan rápido como se había casado con él. Tiempo más tarde se encontró con el Papagayo, otro bien parecido; se enamoró y lo aceptó en matrimonio. Cuando preparó la primera comida, el Papagayo le dijo que tenían que comer por separado, y a ella le picó la curiosidad por aquella prohibición. Cuando le preparó maíz, el Papagayo solo comió la parte suave del grano y desechó el resto, y las sobras se acumulaban por toda la habitación. En la siguiente ocasión, tras servirle la comida, ella se escondió a observar sus hábitos: vio que comía con los pies, regando los restos a su alrededor. Al encararlo, el Papagayo replicó que la vida era tan corta que él no tenía el hábito de comerse la paja de ningún alimento, y que comer con los pies era costumbre de su gente. La situación le resultó insoportable, y por segunda vez abandonó a un esposo: la predicción del sacerdote de Ifá se había consumado con rapidez.
Decidió entonces ir nuevamente por adivinación, y se le dijo que diera un macho cabrío a Eshu y un carnero al Ifá de su padre. Le dio el macho cabrío a Eshu, pero no pudo costear el carnero; y se le anunció que, para lograr asentarse, tendría que casarse con un sacerdote de Ifá. Por ese mismo tiempo, Eji-Oko soñó que iba a tener una segunda esposa; consultó a Ifá y le salió su propio odu. Invitó a sus sustitutos Uroke y Orofa a interpretarlo, y ellos le dijeron que una mujer se le acercaba, y que se trataba de una princesa; se le indicó dar un macho cabrío a Eshu y un carnero a Ifá, y realizó los sacrificios al día siguiente.
Coincidentemente, la Princesa había abandonado la casa de su padre con rumbo desconocido, para consultar a dos Awoses llamados Elemo Ugo y Osoro Ugomugo. Partió con un saco que contenía ekó, akará, ekrú-aró y adun. Justo antes de llegar al pueblo de Itoko, donde vivía Eji-Oko, sintió deseos de hacer sus necesidades: sin darse cuenta, depositó sus excretas sobre una paciente boa que estaba en el suelo, y la hoja con que se limpió cayó sobre un caracol que se encontraba cerca. Continuó su camino; los dos Awoses, entretanto, habían ido de visita a casa de Eji-Oko. Al llegar al pueblo, la Princesa escuchó a los Awoses adivinando, golpeando el cuchillo divino (aja en yoruba y aza en Benin) y entonando encantamientos. Tomó su saco para comer de los alimentos que llevaba, y cuando comenzó a hacerlo, Eshu extendió sus manos hacia ella y toda la comida se le atravesó en la garganta. Ahogándose, corrió al interior de la casa de Eji-Oko en busca de ayuda y pidió agua por señas; le dieron agua en la taza de Ifá, Eshu retiró rápidamente sus manos de su garganta y ella sintió alivio al instante. Le hicieron señas de sentarse y, agradecida, saludó a Ifá inclinando la cabeza hacia el suelo.
Le hicieron adivinación y le dijeron que era una princesa; que había tenido dos matrimonios fracasados y se preparaba para un tercero; que su padre tenía su propio Ifá, al cual a ella se le había aconsejado ofrecer un carnero que no había dado; y que había sacrificado a Eshu pero no a Ifá. Ella confirmó las revelaciones. Insistieron en que aún debía servir a Ifá con un carnero antes de poder asentarse. También le dijeron que había hecho sus necesidades en el monte a la orilla del camino, poco antes de llegar al pueblo de Itoko, y le revelaron que su ahogo se debía a que Orúnmila ya estaba molesto con ella: por depositar excremento sobre la boa que iba a ser usada para servirle a él, y por cubrir con las hojas usadas el caracol con el cual iba a tranquilizarse su vida. Ella no sabía nada de esto, pero ofreció mostrarles el sitio. Al llegar, todos vieron que la boa aún estaba bajo el excremento, y algo más lejos el caracol bajo las hojas; ambos fueron llevados a la casa para servir a Ifá.
Antes de que la comida del sacrificio estuviera cocinada ya era de noche. A la Princesa se le dio ñame machacado, y más tarde se unió a Eji-Oko para servir su cabeza con la boa. Pasó la noche con él, poco tiempo después dejó de menstruar y quedó embarazada, y dio a luz una niña que recibió el nombre de Ayo. Cuando este odu le sale a una mujer soltera en la adivinación, se le debe decir que haga sacrificio para que no se case dos veces antes de lograr asentarse en un tercer matrimonio; y si ya está casada, que está en la casa del tercer esposo, o se prepara para partir hacia allá, pero debe hacer sacrificio.
7.Eji-Oko escapa del Cielo hacia la Tierra
Cuando finalmente se decidió a partir hacia el universo, él no vino como los otros, a través del útero: huyó del Cielo hacia la Tierra con sus posesiones. Fue por adivinación con un sacerdote de Ifá llamado Olori Ire Orinkpin Nigba Kare Ofun Loorun, pues se preparaba para ir ante Dios a recoger la bandera de su Ángel Guardián. Se le dijo que hiciera sacrificio con un cerdo, un chivo, una oveja, un carnero, un toro, una tortuga macho y una tortuga hembra, una pata y un pato.
Realizado el sacrificio, Eji-Oko partió hacia el Palacio divino, y llegó cuando Dios estaba desayunando. A todo el mundo le estaba prohibido ver a Dios mientras comía, y Eji-Oko no sabía que estaba desayunando. Dios le pasó una bandera pequeña de su Ángel Guardián, pero él la ignoró y prefirió robar la bandera más grande que vio allí, que pertenecía al ángel de un Rey, y se fue. Con la bandera en su poder se embarcó rápidamente en el largo viaje hacia la Tierra. Estaba escalando ya la sexta colina que conduce a este mundo cuando Dios se dio cuenta de que había partido con la bandera equivocada y envió un mensajero a hacerlo regresar; pero antes de que el mensajero pudiera darle alcance, ya él había entrado a la Tierra. El mensajero regresó a comunicar que Eji-Oko había escapado hacia el universo, y así se le dejó, para que prosperara inmensamente en la Tierra. Antes de abandonar el Cielo, los Awoses le habían advertido que no se permitiera perder la ecuanimidad: se le aconsejó que, para prosperar, debía aprender a ser paciente y a mantener su temperamento estable, para evitar el riesgo de verse rodeado por gente mal intencionada.
8.La adivinación para Oyi
Tan pronto llegó al universo, la primera persona para quien trabajó fue una mujer llamada Oyi: «ABEMALE, ABOJU REGUN REGUN, ADIFA FAN OYI TOLO ILE IGBA». La mujer se había casado con numerosos esposos sin llegar a tener hijos. Cuando se preparaba para casarse con un sacerdote de Ifá llamado Igba, conoció a Eji-Oko, quien le hizo la adivinación y le aconsejó sacrificar 20 ratas, 20 pescados, una paloma, un macho cabrío, un gallo y una gallina; los huevos hallados en las entrañas de la gallina se utilizaron para prepararle una medicina. Ella era hija de Orisa Nla de Itakpa.
Oyi hizo el sacrificio y partió hacia un pueblo donde conoció al sacerdote de Ifá. Al mes siguiente quedó embarazada y dio a luz jimaguas: en total concibió dos parejas de jimaguas. Después de darle cuatro hijos a Igba, lo abandonó —dejando atrás a los niños— para buscar otro esposo, porque el hombre pensó que ya habían tenido suficientes hijos. Nuevamente fue por adivinación, y se le dijo que sacrificara un par de 20 cosas distintas; lo realizó y partió hacia el pueblo de Ewi-Ado, donde se casó con un hombre en Oke. Pronto quedó embarazada y dio a luz tres parejas de jimaguas en este segundo matrimonio; y cuando el hombre dijo que ya habían tenido suficientes hijos, también lo dejó para buscar otro esposo.
Una vez más fue por adivinación, y se le mandó sacrificar un par de 40 materiales distintos. Tras ejecutar el sacrificio viajó a Ijero, y se casó en una villa llamada Ikoro, distante unas tres millas de Ijero, donde tuvo cuatro parejas de jimaguas para su nuevo esposo. Ella tenía la piel clara, pero ninguno de sus hijos se le parecía. Mientras tanto, uno de los cuatro hijos que había tenido con su primer esposo persuadió a su padre de ir con él en busca de su madre. Al mismo tiempo, el esposo de Ikoro le dijo que no estaba interesado en tener más hijos, y como no cedió, ella lo dejó y se fue a Ijebu. Allí volvió a adivinarse e hizo el sacrificio, y después encontró otro esposo, para quien tuvo seis pares de jimaguas. Otra vez se produjo la disputa cuando el hombre se negó a aparearse con ella por miedo a tener más hijos; todas las otras esposas de aquel hombre lo habían abandonado por no darle hijos, y en cuanto vieron a Oyi teniéndolos, todas regresaron a su lado.
Pero Oyi se puso en marcha de nuevo, esta vez hacia Abeokuta. Cuando se acercaba, encontró a un cazador que regresaba del bosque con cinco animales distintos, y lo escuchó lamentarse entre lágrimas porque, a pesar de haber cazado cinco piezas, no tenía una esposa que le preparara la carne. Oyi aceptó de inmediato irse con él a su casa. Cuando el esposo hizo adivinación por su recién encontrada mujer, se le dijo que ella lo abandonaría si él tomaba una segunda esposa; con ese aviso, el hombre nunca contempló otra mujer, porque Oyi le dio siete pares de jimaguas, incluso en su edad avanzada. Ya muy vieja, vivió en Abeokuta hasta el fin de su vida. Cuando esto sale en la adivinación para una mujer infecunda, se le debe decir que haga sacrificio, pero que tendrá muchos hijos de varios esposos.
9.Eji-Oko se establece en la Tierra: el cazador Alamiyo
Poco después de llegar a la Tierra, decidió ir por adivinación con tres Awoses llamados Ugun Sorire Sorire Okpari, Akala Igbo Sorire y Ogbijojo-Sorun, Mede Sorire. Al llegar a la casa de estos se encontró con Alamiyo, el jefe de los cazadores de Itoko, que también venía por adivinación. Tanto al cazador como a Ogunda Meji se les aconsejó sacrificar contra el problema de la ingratitud por parte de los beneficiarios de la generosidad de ambos. A Ogunda Meji se le dijo que diera un chivo negro a su Ifá y un macho cabrío a Eshu, y lo realizó. Al cazador se le aconsejó ofrecer un macho cabrío a Eshu y servir a Ogún con perro, tortuga y gallo, y no lo hizo: era muy hábil en su profesión, lo que explica por qué no consideró necesario sacrificio alguno.
Muchos años después, el cazador tuvo un sueño que lo atemorizó y fue por adivinación; se le recordó el sacrificio pendiente, y volvió a insistir en que no necesitaba esa asistencia. Los siguientes Awoses a los que acudió se llamaban Orire Sumi Sisee y Mada Bo La Tise Orire, «won difa fun Alamiyo tiishe olori ode nile Illa Arangun», pues él también se llamaba Alamiyo y era el jefe de los cazadores del pueblo de Illa Orangun. Le advirtieron que, si no sacrificaba, su bondad y su benevolencia le acortarían la vida. Esta vez se le señaló dar tres machos cabríos a Eshu, un chivo a Orúnmila, un chivo a su cabeza, un perro, un gallo y una tortuga a Ogún, y seis huevos y un conejo a los Ancianos de la Noche. A pesar de todo, no realizó ninguno de los sacrificios.
Partió entonces de su hogar en una expedición de caza con su instrumento, un bumerang (ekpede en Benin o akatapo en yoruba), y al anochecer llegó al pueblo de Ipogun. La gente de Ipogun vivía desde hacía mucho bajo la grave amenaza de un pájaro misterioso que acostumbraba venir al pueblo dejando tras sí un rastro de cadáveres humanos. El pájaro se llama agbe en yoruba o ukhiokhio en Benin: cada vez que gritaba «¡Kpogun!» tres veces y se iba, poco después morían 20 personas en el pueblo. Había desafiado la habilidad de los cazadores más famosos de los alrededores, y en la última ocasión estos ofrecieron un macho cabrío a Eshu, quien les aseguró que el cazador que mataría al pájaro viajaría al pueblo sin acompañante. Cuando Alamiyo despertó a la mañana siguiente, fue invitado por el jefe principal, que le informó del problema. Mientras conversaban sentados afuera de la casa del jefe, el pájaro apareció una vez más: gritó una vez, y antes de que pudiera hacerlo por segunda, Alamiyo tomó puntería y le dio muerte. La noticia corrió y provocó alivio general y regocijo. Pero cuando la gente aún celebraba, Eshu anduvo por todas partes incitando a los jóvenes a reclamar a sus mayores la expulsión de Alamiyo, alegando que un cazador capaz de matar de un disparo a tan misterioso animal acabaría con todo el pueblo si alguien se atrevía a ofenderlo en el futuro. El jefe principal comprendió esos temores, se plegó al deseo de los jóvenes y expulsó a Alamiyo del pueblo de Ipogun, al que este acababa de liberar de una prolongada calamidad.
Perplejo, Alamiyo se marchó al siguiente pueblo, llamado Iyinta, donde nuevamente fue invitado a resolver el viejo problema de otro pájaro misterioso que traía muchas muertes. Este pájaro, llamado alako en yoruba y awe en Benin, visitaba el lugar periódicamente: se paraba a la entrada del pueblo, gritaba «¡Pogbon!» tres veces, y después morían treinta personas. Mientras le contaban de la calamidad, llegó el pájaro y se posó sobre el árbol de la vida (akoko o ikhinmwin) que crecía a la entrada. Alamiyo esperó a que gritara dos veces antes de apuntar; le disparó, y el ave cayó muerta al suelo. Todo el pueblo se regocijó y cantó en alabanza del cazador, pero poco después Eshu volvió a instigar a los habitantes en su contra, y fue expulsado del lugar: ya había comenzado a pagar el precio de su testarudez.
A continuación viajó al pueblo de Iyé, donde fue recibido con alivio y expectación por unos habitantes que ya conocían sus hazañas. Le aseguraron que ellos no le pagarían con la ingratitud de los lugares anteriores, y le hablaron de un ciervo (agbonrin en yoruba y erhue en Benin) que acostumbraba visitar el pueblo, pararse sobre una loma y gritar «¡Palura!», con lo que morían 40 personas y se destruían varias edificaciones. Poco después el ciervo se posicionó en la loma y, apenas abrió la boca para gritar, cayó muerto por un disparo de Alamiyo. Trató de establecerse allí, pero en plena celebración Eshu difundió el rumor de que era el propio Alamiyo quien enviaba al ciervo al pueblo, lo cual explicaría por qué fue el único cazador capaz de deshacerse de él. Y como si esa incitación no bastara, Eshu se apareció como visitante venido de Ipogun y de Iyinta, y preguntó a la gente si Alamiyo no le había disparado al ciervo sin mirarlo, con una flecha que regresaba a él; ellos confirmaron que lo mismo había sucedido allí, y él remató preguntando si un hombre así no podría destruir a toda una población desde un solo punto. Con esto, el visitante entonó un canto de guerra con el cual lo expulsaron del pueblo de Iyé: «KUODE JERE, KUODE JERE, KUODE JERE».
Tras esa expulsión decidió esconder su bumerang para ocultar su profesión. Como también era adivinador, se dedicó a la práctica del arte de Awó, que igualmente dominaba, y se introdujo calladamente en el pueblo de Ijesha. Aunque logró casarse con la hija del Owa de Ijesha, no fue reconocido, y la princesa tuvo cuatro hijos con él. Su esposa acababa de tener el cuarto cuando se declaró una guerra entre Oyó e Ijesha, y el ejército invasor de Oyó propinaba golpes devastadores a los habitantes. El Owa de Ijesha reunió a su gente y ordenó una adivinación masiva sobre cómo frenar la amenaza. En la asamblea, Eshu, transformado en un sacerdote de Ifá visitante, reveló que allí presente, aunque desconocido para ellos, se encontraba el famoso cazador de Itoko que había realizado las hazañas de Ipogun, Iyinta e Iyé; que había ocultado su profesión y su identidad desde su llegada por la ingratitud sufrida en aquellos lugares; y que aquel hombre, de nombre terminado en «iyo» y casado con una princesa, era el único que con su arma misteriosa podía detener el avance de las tropas de Oyó. Mientras todos los ojos se volvían hacia Alamiyo, el visitante agregó que el hombre arrastraba un problema que lo había seguido desde el Cielo: su terca negativa a realizar el sacrificio prescrito. Si lo llevaba a cabo, se convertiría en la persona más famosa de Ijesha; si seguía negándose, terminaría suicidándose, enterrándose vivo a sí mismo.
Ante estas revelaciones Alamiyo se puso de pie y aceptó que siempre se había negado a sacrificar, y el Awó visitante le anunció que los sacrificios se habían multiplicado: ahora tenía que dar tres machos cabríos a Eshu, un chivo a Ifá, un chivo a su cabeza, dos perros, dos tortugas y dos gallos a Ogún, y un conejo, una gallina y huevos a los Ancianos de la Noche. Alamiyo dijo entre lágrimas que había hecho mucho en favor de la humanidad y a cambio había recibido tanta ingratitud, que no se consideraba obligado a seguir siendo caritativo con nadie. En ese punto, las mujeres del pueblo, que habían perdido a muchos de sus esposos en la guerra, ofrecieron contribuir con dinero para comprar los materiales. Los sacrificios se realizaron de inmediato, y a la mañana siguiente Alamiyo sacó su bumerang del escondite, lo cepilló, cerró los ojos y disparó tres flechas en dirección al ejército invasor: cada disparo dio muerte a 200 soldados de Oyó, y las tres flechas volvieron a él. Cuando el ejército de Oyó vio sus fuerzas diezmadas por un atacante invisible, sintió pánico y huyó preso del terror, y la paz regresó de inmediato a Ilesha.
Poco después murió el Rey de Ilesha, y como solo tenía una hija, Alamiyo, esposo de la única princesa, fue coronado Owa de Ibokun Ijesha. Fue él quien dio a Ilesha el nombre de Ibokun, que significa «donde uno se cansó de hacer favores». Finalmente se alegró y cantó en alabanza de sus Awoses, y su reinado fue muy pacífico y próspero.
10.Ogunda Meji cura la infertilidad de las esposas de Olofen
El Rey de Ifé estaba preocupado porque sus tres esposas llevaban mucho tiempo embarazadas sin poder parir. Había procurado la ayuda de todos los sacerdotes de Ifá de los alrededores, sin resultado. Entre tanto, se enteró de la existencia de un sacerdote llamado Ogunda Meji, que vivía solo en una aldea llamada Ilú Ogún, en el camino hacia Ijesha. Este sacerdote se había visto forzado a retirarse a la aldea cuando lo declararon persona no grata en el pueblo de Itoko, donde vivía desde su llegada al mundo: sus triunfos como sacerdote de Ifá, aclamados por todas partes, le habían ganado la enemistad de los Awoses más viejos que vivían en Itoko antes que él. Anteriormente le había preparado al Rey de Ifé un jabón de buena suerte, que el Rey compartía con sus tres cazadores: el jabón ayudó a los cazadores a regresar del bosque con buenas piezas, pero no pudo ayudar a sus esposas a desprenderse de sus embarazos.
Los tres cazadores se llamaban Orisi Taasi, Oriisi Taasi y Atama Taasi. Un día los tres fueron de expedición al bosque. El primero le disparó a un elefante entre los árboles, y el elefante llegó hasta el pueblo para morir en el patio del Rey; al descuartizarlo, en su estómago se halló un niño humano con una corona en la cabeza y cuentas en sus extremidades. El segundo le disparó a un búfalo, que también llegó a morir al mismo punto del Palacio; al abrirlo, en sus intestinos se halló un plato de madera cerrado, con dos compartimientos y 16 semillas de Ifá a cada lado. El tercero le disparó a un ciervo, que igualmente vino a morir al mismo lugar; su estómago produjo un güiro que contenía una varita mágica (ashé). El Rey, confundido, se preguntaba qué mensaje traían aquellos extraños sucesos. Sacó su propio Ifá, lo llamó, y Ogunda Meji fue el odu que apareció. Envió entonces mensajes a todos los Awoses de su imperio para que vinieran a interpretar los acontecimientos y el odu; todos lo intentaron sin conseguirlo, y a medida que fracasaban iban siendo encadenados y puestos en prisión en la celda del Palacio, hasta que no quedó ninguno. El Rey recordó entonces al Awó que le preparó el jabón de la buena suerte, y algunas personas le informaron que el único Awó que quedaba en el imperio era Ogunda Meji, que vivía recluido en Ilú Ogún, camino a Ijesha. El Rey ordenó traerlo sin demora.
Aquello coincidió con el día en que Ogunda Meji estaba sirviendo su cabeza. Cuando los mensajeros cruzaban el río, se toparon con las tres princesas adultas de Ifé, que lavaban sus ropas en la corriente. Las jóvenes ya tenían edad de casarse, pero habían jurado hacerlo solamente con el hombre —o los hombres— que supieran sus nombres; solo se les conocía y llamaba «las princesas». Los dos mensajeros reales las saludaron y siguieron viaje. Al llegar a la aldea descubrieron que Ogunda Meji acababa de servir su cabeza y que se preparaban la sopa y el ñame machacado. Le transmitieron el mensaje real de que el Rey lo quería en Ifé inmediatamente, y cuando se pusieron de pie para regresar, su anfitrión insistió en que comieran del ñame machacado antes de partir. Se sentaron y disfrutaron la comida hasta saciarse; después Ogunda Meji les ofreció vino fresco de palma y finalmente les entregó nueces de kolá en señal de respeto.
Tras disfrutar de la hospitalidad, los mensajeros decidieron contarle por qué lo invitaba el Rey, para que no terminara encadenado como todos los otros Awoses invitados antes que él. Primero le revelaron los nombres de las tres hijas del Rey, juradas a casarse solo con quien los supiera: si deseaba nuevas esposas, podía tener a las tres jóvenes si las llamaba (1) Iboru, (2) Iboye y (3) Ibosise. Este incidente explica por qué Orúnmila no prohíbe el matrimonio con más de una esposa de la misma casa o familia. Después le dijeron que el Rey quería que interpretara el significado de los extraños hallazgos en las entrañas de los animales cazados por los tres cazadores reales el mismo día; y como ellos mismos lo desconocían, le advirtieron que se preparara para desenredar el rompecabezas que había desafiado la competencia de todos los Awoses del imperio de Ifé, ya presos y encadenados, y le pidieron guardar el secreto. Él les agradeció todo lo dicho y les rogó decirle al Rey que estaba sirviendo su cabeza, pero que iría al día siguiente.
Apenas se fueron los mensajeros, sacó sus semillas de adivinación y consultó con Ifá. Se le dijo que diera un macho cabrío a Eshu y que llevara nueces de kolá y plátanos maduros en su viaje; también, que fuera generoso con cualquiera que se cruzara en su camino, ya que la solución de los rompecabezas le sería dada en el viaje hacia Ifé. Así lo hizo, y salió muy temprano a la mañana siguiente. Al llegar al último tramo de bosque antes de Ifé se encontró con una anciana sentada a la orilla del camino, de aspecto miserable y hambriento. Ella lo llamó y le suplicó comida, porque llevaba tres días sin comer. Él le dio plátano maduro asado y agua de su bolso; después de que ella comió y bebió, le dio nueces de kolá para que las guardara, junto con el resto de su bolso. La mujer le dio las gracias y, cuando él se preparaba para dejarla, le preguntó hacia dónde se dirigía; él respondió que había sido invitado a cumplir una misión en el Palacio del Rey de Ifé.
La mujer le dijo que la victoria y el éxito lo esperaban en Ifé, y le reveló que se le invitaba para que: primero, revelara por qué las tres esposas de Olofen, embarazadas desde hacía mucho tiempo, aún no habían parido; segundo, revelara la significación del elefante, el búfalo y el ciervo a los que dispararon Orisi Taasi, Oriisi Taasi y Atama Taasi, y que vinieron a morir al patio del Palacio; tercero, revelara el mensaje de los tres objetos misteriosos hallados en sus entrañas; y cuarto, si escogía casarse con nuevas esposas, revelara los nombres de las tres hijas adultas de Olofen. Le advirtió que la primera acción a ejecutar sería eliminar a una vieja bruja que solía sentarse a la entrada del Palacio y que tenía el poder de oscurecer la memoria y los conocimientos de todos los Awoses que lo visitaban, lo cual explicaba el fracaso de los anteriores: debía ordenar su ejecución antes de entrar, porque ella era la responsable de todos los infortunios que asediaban al imperio. Su próximo paso sería ordenar la liberación de todos los Awoses prisioneros y proclamar que estaba prohibido apresar a un Awó con cadenas o prisión, porque cualquier pueblo donde se pusiera a un Awó en cadenas tendría siempre disturbios. Después entraría al Palacio, y las primeras personas en recibirlo serían las tres hijas del Rey, de rodillas, a las que respondería llamándolas por sus nombres: Iboru, Iboye e Ibosise. Ya ante Olofen, este le pediría interpretar el Odu de Ifá de la bandeja y decirle por qué sus tres esposas embarazadas no habían parido en más de tres años. Debía comenzar revelando que sus tres esposas no estaban embarazadas en absoluto: una tenía un hormiguero (odidimade en yoruba y ulefele en Benin) en su estómago; la segunda, un cúmulo de hormigas; y la tercera, ñame de agua. Luego pasaría a revelar el incidente de los animales: el Rey tenía tres cazadores a los que permitía usar, para la caza, el jabón que era para su uso exclusivo, y fue ese uso del jabón lo que hizo que el Rey del bosque llenara los úteros de sus esposas con aquellos materiales, pues él prefería animales del bosque en lugar de niños humanos; el elefante, el búfalo y el ciervo que vinieron a morir a su patio eran la última advertencia del Rey del bosque, pues ya era suficiente. Finalmente, debía interpretar los contenidos de las entrañas así: el niño humano con corona y cuentas, hallado en el estómago del elefante, era el mensaje de que se acercaba el momento en que el Rey no tendría ancianos en su imperio que lo aconsejaran, sino gente joven; el plato de Ifá hallado en el estómago del búfalo era el mensaje de Dios de que Orúnmila era la divinidad que siempre debía consultar para revelar el futuro; y el güiro con ashé hallado en el estómago del ciervo significaba que ningún Obá que reinara en su imperio sería tan famoso como Olofen. Cuando se postró para darle las gracias a la anciana, ya no la pudo ver más: se había evaporado en el aire. Siguió su viaje y poco después llegó al Palacio.
Al arribar, la secuencia de acontecimientos estuvo ligeramente invertida. Las tres jóvenes estaban afuera de los muros del Palacio, tendiendo sus ropas a secar. Tan pronto las vio, las saludó con aire familiar, llamándolas por sus nombres, por separado: «Buenos días, Iboru; buenos días, Iboye; buenos días, Ibosise». Ellas abandonaron rápidamente las ropas y lo abrazaron diciendo que al fin tenían esposo; se le ofrecieron en matrimonio de inmediato, y cuando él dijo que tenía una tarea que cumplir en el Palacio, le contestaron que eran hijas del Rey y que irían tras él para proclamarlo como esposo ante su padre. Al llegar a la entrada del Palacio de Olofen, se quedó de pie afuera y pidió al Obá que saliera: expresó que la anciana que se sentaba a la entrada debía ser golpeada inmediatamente con un garrote hasta morir, pues era la única responsable de los infortunios que asediaban al Rey y a su imperio. La mujer fue ejecutada en el acto y su cuerpo llevado lejos.
Después caminó con el Rey hasta la cámara interior, donde Olofen le mostró el Odu de Ifá aparecido en la adivinación, que era su propio signo. Le dijo entonces al Rey que había dieciséis Awoses encerrados en el Palacio por no haber podido traducir el odu, y que no había sido por falta de habilidad, sino por el maleficio de la mujer bruja ya ejecutada, que se sentaba a la entrada para oscurecer los conocimientos, la memoria y la habilidad de adivinación de cualquier Awó que le pasara por el lado: por eso aquellos Awoses olvidaban lo que tenían que decir al entrar al Palacio. Le dijo al Rey que estaba prohibido encerrar a un sacerdote de Ifá y que debía liberarlos de inmediato, y el Rey ordenó que todos fueran liberados y llevados a la cámara exterior. Después volvió a mirar el Odu de Ifá en el suelo y pidió que llamaran a los cazadores del Rey. Ante Orisi Taasi, que le había disparado al elefante, explicó al Olofen que, a menos que hiciera sacrificio, se acercaba el momento en que los ancianos de su imperio morirían uno a uno, dejándolo rodeado de jóvenes. Ante Oriisi Taasi, que el mismo día le había disparado al búfalo que traía el plato de Ifá con 32 semillas en su estómago, le dijo que era un mensaje de Orúnmila: que siempre debía consultar a Ifá a la hora de dar solución a sus problemas, pues adivinando con esas semillas hallaría siempre la salida. Y ante Atama Taasi, que le disparó al ciervo que traía el molde de ashé (oghoriboje en yoruba y ekhuae en Benin), le expresó que ningún otro Rey después de él lo igualaría en fama, influencia y autoridad. Entonces interrogó al Rey por haber dejado que el jabón de buena suerte preparado para él fuera utilizado para cazar por sus tres cazadores: el Rey del bosque había enviado los tres animales para alertarlo de que no los cargara más con medicina; no sabía acaso que aquel prefería los animales a los niños, y que por eso sus esposas habían dejado de tener hijos, y a las tres embarazadas los fetos se les habían transformado en hormiguero, cúmulo de hormigas y ñame de agua. Reveló que, tan pronto el Rey dejara de usar el jabón para cazar, sus esposas parirían niños humanos normales.
Todos ovacionaron de pie a Ogunda Meji, que fue llevado en hombros en procesión por todo el pueblo y proclamado el sacerdote de Ifá más hábil que Ifé hubiera visto en los últimos tiempos. De vuelta al Palacio, le dijo al Rey que, para que la paz regresara a Ifé, tenía que apaciguar a los Awoses que habían estado encerrados, compensando a cada uno con un chivo; el Rey accedió sin objeciones. Los Awoses, agradecidos por su salvación, ofrecieron sus chivos a Ogunda Meji, pero este rehusó aceptarlos: les dijo que sirvieran a sus Ifá con ellos, pero que después de matarlos debían decir que había sido él, Ogunda Meji, quien había matado los chivos, y no ellos. Esto se ha convertido en tradición de Ifá hasta este día, por lo cual, después de matar cualquier animal para Orúnmila, la persona que lo mata dirá «EESEMI LOOKPAA, OGUNDA JA MEJI LOONKPA» y tocará con el cuchillo al animal sacrificado.
Entre tanto, el Rey decidió darle las gracias a Ogunda Meji con una canción:
El Rey lo recompensó con abundantes regalos, además de darle en casamiento a sus tres hijas, que ya lo habían proclamado su esposo. También fue hecho Baalogun de Ifé, el título de jefatura inmediato al Rey.
11.La adivinación para Aguofenla, el cazador de trincheras
El cazador de trincheras solía cavar grandes hoyos para capturar animales: cuando un animal caía en el hoyo, no podía salir, y al día siguiente él iba y apresaba a la víctima. El negocio le era prolífico, y cada año hacía adivinación y sacrificio. El hoyo se llama ofen en yoruba y uye en Benin. Aquel año en particular, Aguofenla fue a ver a Ogunda Meji para que le adivinara y tener así un año exitoso de caza. Se le pidió que diera un macho cabrío a Eshu, pero que liberara a los dos primeros animales capturados después del sacrificio y que matara al tercero. El cazador sacrificó y cavó el hoyo para el año que se avecinaba.
La primera víctima fue la boa (oka o aru), a la cual sacó y liberó. Ya libre, la boa miró hacia atrás y prometió devolver algún día la buena acción, y Aguofenla se preguntó cómo una boa podría serle útil alguna vez. Al día siguiente cayó un conejo, al que también liberó; el conejo igualmente miró atrás y prometió devolver el favor, y él le dijo que se marchara, porque no imaginaba de qué podría servirle un conejo. Al otro día cayó en el hoyo un gato montés (ogbo o abon), y en lugar de matarlo, como se le había aconsejado, lo liberó, porque esperaba algo de mayor tamaño. Después de eso no cayó nada más en el hoyo, y el cazador comenzó a sufrir privaciones.
Al cabo de un tiempo, el conejo visitó a Aguofenla y halló su casa desnuda y repleta de penuria. Decidió ayudarlo abriendo un pasadizo desde la casa del cazador hasta la tesorería del Rey, dentro del Palacio, y a través del hueco fue capaz de llevar la tesorería del Rey hasta la casa de Aguofenla. Muy pronto este se hizo muy rico y su casa comenzó a crecer en opulencia. El gato montés, Ogbo, que había sido liberado en vez de muerto, también lo visitó, y le preguntó de qué forma había hallado su nueva prosperidad; y Aguofenla traicionó a su benefactor, revelando que el milagro lo había realizado el conejo. Ogbo corrió a informar del incidente al Rey, quien citó a Aguofenla al Palacio para que diera una explicación: el Rey había notado el robo en su tesorería y ahora estaba seguro de que Aguofenla era el delincuente. Tras entrevistarlo —y ante su negativa del cargo—, el Rey dispuso enfrentarlo con el testigo en un plazo de siete días, durante los cuales Ogbo debía presentarse a confirmar sus alegatos. Aguofenla lloró hasta llegar a su casa, sabiendo que la pena ineludible era la muerte. En el camino se encontró con la boa, que le dijo que no se preocupara: la situación le presentaba a ella la oportunidad de devolver la buena acción que antes se hizo en su favor.
Llegado el séptimo día, Ogbo, que era decantador de vino, quiso recolectar un poco en el monte antes de irse al Palacio. La boa había tomado posición enmascarando su cola en el camino por el que Ogbo tenía que pasar para llegar hasta la palma. Cuando Ogbo pisó la cola de la boa, esta le disparó sus flechas de inmediato. Ogbo le rogó que le quitara las flechas del cuerpo, y ella respondió que era demasiado tarde, pues él sabía que estaba prohibido tocar su cola. Ogbo fue de todos modos a recolectar su vino y se apuró de regreso a casa para prepararse para la sesión; se bañó, se vistió y salió hacia el Palacio. En el camino, el veneno de las flechas lo venció, y se movió tambaleante hasta morir en el punto donde la boa le había disparado.
Mientras tanto, la corte del Palacio había tomado asiento y todos los ojos esperaban la aparición de Ogbo. Después de aguardar en vano por largo tiempo, alguien vino a informar que Ogbo había caído muerto camino al Palacio. El Rey concluyó entonces que los antepasados y las divinidades habían dado su propio juicio, y que él estaba preparado para cumplir con esa decisión: señaló que Ogbo murió porque debía haber mentido. Aguofenla fue exonerado y liberado de cargos, y en ese punto cantó en alabanza de Ogunda Meji, del conejo y de la boa. En su elogio proclamó que el sacrificio se manifestaba para quienes lo realizaban, pero que nadie debía ignorar el consejo de un adivinador, como él hizo al no matar a Ogbo, la tercera víctima de su trampa. Y continuó:
12.De cómo obtuvo el sobrenombre de Ogunda Ja Meji
Había dos amigos que eran socios en el negocio de embalses de peces: uno de ellos, llamado Oni, era dueño del embalse, mientras que el otro, llamado Ooni, lo era del arte para la captura de los peces.
Ambos fueron por adivinación ante Ogunda Meji, y este les aconsejó darle un macho cabrío a Eshu; así lo hicieron. Después fueron al embalse, pero solo capturaron un gran pez. Oni, el dueño del embalse, insistió en quedarse con la presa porque el embalse le pertenecía; Ooni, el dueño del arte de pesca, argumentó que sin su instrumento no habrían podido capturarlo, e insistió también en su derecho a quedárselo. Se inició una disputa. Al mismo tiempo, Ogunda Meji fue alertado por Eshu para que fuera en dirección al embalse: encontró a los dos amigos peleando y pudo resolver el asunto declarando que ambos tenían derecho a una parte de la captura. Entonces utilizó un machete para dividir el pescado, de la cabeza a la cola, en dos mitades iguales, dando una mitad a cada uno, y ambos quedaron satisfechos. Así obtuvo su sobrenombre de Ogunda Ja Eja Meji o, abreviadamente, Ogunda Ja Meji: Ogunda, el que dividió un pescado en dos mitades iguales.
13.Sus sustitutos adivinan para el príncipe heredero de Benin
En esta etapa de su vida, Ogunda Meji decidió que ya era tiempo de retirarse de la práctica activa. Se había vuelto tan próspero y famoso que tenía varios Awoses sustitutos trabajando para él, y luego del incidente del embalse de peces decidió que en lo adelante solo adivinaría para el Rey: si algún otro venía a verlo, instruía a sus seguidores para que realizaran la adivinación. Estos subordinados eran igualmente versados en el arte y la práctica de Ifá. Entre tales sustitutos estaban los siguientes:
Es decir: el cuchillo pequeño se usa para todas las tareas menores; los testículos grandes que se estiran hasta el suelo; el joven sacerdote de Ifá es tan picante como la pimienta; paciencia y serenidad son los atributos de un experimentado sacerdote de Ifá; el sacerdote con un tumor en la cabeza es el adivinador para Alara; el sacerdote con un tumor en el cuello es el adivinador para Ajero; el perro muerto abatió su cabeza sobre el garrote utilizado para golpearlo hasta su muerte; la gallina moribunda utilizó sus dos patas para escarbar tras de sí. Estos son los Awoses sustitutos de Ogunda Meji que realizaron adivinación para Aganmurere, el heredero del trono del reino de Benin, cuyo Rey se adorna con cuentas.
Ellos aconsejaron al heredero forzoso que sirviera a Ogún con un perro, un gallo y una tortuga, a causa de una guerra inminente; se le dijo también que sirviera a la divinidad de la Tierra con una oveja, y a su Ángel Guardián con un chivo blanco, a fin de disfrutar de un reinado pacífico. Mientras tanto, los habitantes de Taakpa, una provincia del reino de Benin, se rebelaron contra el trono. Aganmurere encabezó las tropas que sometieron al pueblo de Taakpa; las fuerzas de Benin alcanzaron la victoria, y Aganmurere ascendió con posterioridad al trono de su padre para convertirse en el Orongun u Orogbua de Ado. Disfrutó de un reinado bastante pacífico, ya que durante el mismo no se libró ninguna guerra en suelo Benin, y también se le acredita la expansión del imperio Edo hasta Eko, Isidahome (o Dahomey), Iga o Ga en la antigua Costa del Oro y el Este del Congo, Itogo, etcétera. Se dice que fue él quien trajo la sal a Benin por vez primera, desde Isidahome. Años después, Aganmurere invitó a Ogunda Meji y a sus asistentes a Ado, donde les expresó su agradecimiento con primorosos regalos.
14.La ayuda al pueblo de Oyó en su guerra con Ijesha
Un día, cuando vivía en Oyó, Ogunda Meji tuvo un sueño que lo atemorizó, e invitó a tres de sus sustitutos a hacer adivinación sobre el sueño:
Ekun es el saludo tradicional en Oyó; ooki es el saludo tradicional en Ilesha; y el tercero es un saludo que refleja que una mala acción cometida el día anterior no proporciona alegría. Estos son los nombres de los sustitutos que hicieron adivinación para Ogunda Meji cuando el peligro de una muerte masiva se cernía sobre la Tierra como la espada de Damocles: el Rey de la Muerte había condenado a los hombres fuertes de la Tierra a una forma despiadada de destrucción masiva. Los tres Awoses le aconsejaron hacer sacrificio con una cabra del monte entera (edu en yoruba y oguonziran en Benin), gallo y 5k en 201 sitios; se le aconsejó igualmente dar un macho cabrío a Eshu, usar la piel de la cabra del monte para confeccionar un gran tambor, y darle un gallo a Ogún.
Con posterioridad comenzó una guerra entre Oyó e Ijesha que provocó la imposición de un toque de queda de 24 horas en Oyó: a nadie le estaba permitido salir a la calle. Sin embargo, se hizo necesario realizar una adivinación para el Alafin de Oyó, y ninguna persona se atrevía a salir. Eshu fue a ver a Ogunda Meji, en su calidad de uno de los adivinadores reales, y le dijo que fuera al Palacio a adivinar para el Rey. También él estaba demasiado atemorizado para ir, pero Eshu lo persuadió de avanzar hacia el Palacio tocando por todo el camino el tambor que acababa de hacer con la piel de la cabra del monte. Entonando los nombres de los Awoses que le hicieron la adivinación, Ogunda Meji cantó y tocó el tambor hasta el Palacio. Al llegar, las hostilidades habían cesado con la retirada del ejército invasor de Ijesha, y la paz y la tranquilidad regresaron a Oyó.
15.Ogunda Meji parte hacia el Cielo
Al igual que había venido al mundo sin pasar a través del útero, partió hacia el Cielo, a una edad avanzada, sin pasar por la tumba. Como ya se mencionó, el Rey de la Muerte había tramado un plan para eliminar despiadadamente a los Awoses fuertes de la Tierra: los invitaba al Cielo, uno tras otro, a curar al Rey de la Muerte, que estaba enfermo. Recién terminada la guerra entre Ijesha y Oyó, Ogunda Meji tuvo un sueño en el cual se veía en el Cielo sin poder regresar a la Tierra. Invitó a dos de sus más hábiles sustitutos, llamados Uroke Mi Lawo Ligonrin y Croke Milawo Le Eturuye, a realizar adivinación para interpretarlo. Ellos le dijeron que el Rey de la Muerte le estaba enviando un mensaje para que fuera al Cielo a hacerle adivinación; que la tarea sería tediosa y ardua, pero que, como ninguna tarea era imposible para Orúnmila, la sobreviviría si realizaba los preparativos adecuados. Se le aconsejó dar un macho cabrío a Eshu en la casa, y también un chivo pequeño —incluyendo akará, ekó, ewo (obobo en Benin), agua y lana de algodón— a Eshu en el bosque. Realizó el primer sacrificio en la casa y se preparó para el viaje.
Al día siguiente fue visitado por dos hombres vestidos con el uniforme de los caballeros del Cielo; no supo cómo llegaron a su hogar: sencillamente los halló esperándolo en la sala. Le dijeron que el Rey de la Muerte lo requería para que fuera a curarlo al Cielo. Les ofreció de comer y de beber, pero se negaron, porque tenían órdenes de no aceptar comida ni bebida de nadie a quien visitaran. Ogunda Meji les preguntó cómo viajaría al Cielo, y le contestaron que se suponía que él supiera qué hacer; con esto, desaparecieron. Para viajar al Cielo tenía que vestir su traje místico, con el cual podía desaparecer: tan pronto estuvo completamente listo, entró en su cuarto de misterio e instantáneamente se encontró ante la última puerta antes de llegar al Cielo.
Antes de entrar fue al bosque a realizar el segundo sacrificio. Cuando se acomodaba en el lugar, vio a una anciana con las extremidades hundidas en la tierra, de cuyos ojos fluía un líquido desagradable, como si estuviera a punto de morir. Otras personas, acostumbradas a verla, seguían de largo, pero él se detuvo a ayudarla: le zafó las manos y las piernas del herraje que las fijaba a la tierra, extrajo la lana de algodón de su sacrificio y le limpió los ojos. Viendo que la mujer estaba evidentemente hambrienta, le dio de comer el ekó y la akará, y el agua para beber; la mujer le pidió el macho cabrío que llevaba en el bolso, y él se lo dio. Continuó entonces su viaje, satisfecho de haber servido al Eshu del bosque. Antes de llegar a la casa del Rey de la Muerte se encontró con una bella joven que quiso saber si él la reconocía, y le preguntó si no había visto a una anciana en el bosque. La joven mintió al decirle que aquella mujer era su madre, porque en realidad era ella misma, transformada ahora en aquella bella persona. Le preguntó hacia dónde iba, y él contestó que iba a responder a una invitación del Rey de la Muerte; ella reveló ser la madre del Rey de la Muerte, y él se sobrecogió.
Ella le contó que el Rey de la Muerte no tenía absolutamente nada: solo deseaba destruir a todos los Awoses eficientes de la Tierra, porque estos agotaban su fuente de alimentación al salvar a los seres humanos de morir. Agregó que iba a ayudarlo, a causa del bien que él prodigaba a las personas, incluida ella misma. Le explicó que el Rey de la Muerte tenía el hábito de ponerse cada mañana la ropa de su esposa —el vestido de la Enfermedad, pues la Enfermedad era la esposa del Rey de la Muerte—, lo que lo hacía parecer a punto de morir; el vestido usualmente estaba atado a la parte posterior de su pierna. Varios doctores habían sido invitados a curarlo con anterioridad, pero todos fracasaron: ninguno había sobrevivido la prueba preliminar con que la Muerte comprobaba sus habilidades. Tenían que enterrar una lanza (okpaorere en yoruba y osogan en Benin) en el suelo de la cámara interior del Rey de la Muerte, sin saber que el suelo estaba forrado de piedras; cuando la lanza no podía enterrarse, los Awoses eran amarrados para ser ejecutados, y ya treinta habían sido amarrados de esa manera. Le aconsejó que, para poder clavar la lanza, la tirara en la boca del desagüe de la cámara interior, único lugar blando del local: reconocería el sitio por la presencia de una rana gigante en ese punto, y no debía temer golpearla, porque desaparecería en cuanto él tomara puntería; si no veía a la rana, encontraría a una vieja sentada hilando lana de algodón, con su pie cubriendo el punto blando, y tampoco debía temer golpearla, pues lo retiraría al apuntar. Finalmente le hizo estas advertencias: primera, no partir la nuez de kolá del mal que le sería presentada antes de ver al Rey de la Muerte; segunda, insistir en ver al Rey de la Muerte sin acompañantes; tercera, exigir la liberación de los 30 Awoses encadenados antes de cualquier recompensa; y cuarta, no aceptar regalo físico alguno, porque la policía celestial no le permitiría llevárselos. Entonces le entregó un pequeño güiro de su cabeza, con el cual podría golpear el suelo para tomar cualquier cosa que le fuera dada, y que debía utilizar para desaparecer y volver a su casa. Así comprendió él la manifestación del sacrificio que había hecho, pues de otro modo no habría podido obtener esa información vital. Antes de desaparecer, la joven prometió acudir siempre en su ayuda en los momentos críticos de su hazaña.
Ya sin mucho temor, se dirigió a la casa del Rey de la Muerte, donde fue recibido por los caballeros de la escuadra de la Muerte. Tan pronto se presentó, le dijeron que la tradición mandaba que enterrara una lanza en el suelo antes de tomar asiento. Fue conducido a la cámara interior, donde sonaban tambores, y comenzó a bailar al son de la música con la lanza en la mano; bailó alrededor de la habitación y, sin avisar, asustó a la vieja sentada cerca del desagüe, quien por acto reflejo retiró el pie de la boca del mismo, pudiendo él enterrar la lanza justo en ese punto, donde quedó clavada. Con esto se ganó el aplauso y la alabanza de todos los presentes. Le fue entregada entonces una nuez de kolá a manera de bienvenida, pero él recordó la advertencia e insistió en que, antes de disfrutar de cualquier entretenimiento, tenía que ver a quien lo había invitado, y demandó ver al Rey de la Muerte sin acompañantes.
Se le permitió verlo a solas. La Muerte lo reconoció como el hombre que sedujo a su esposa hacía varios años, y lo alabó por haberlo logrado; también le rogó que lo curara de su mal aparentemente incurable. Ogunda Meji rió alegremente, saludó al Rey de la Muerte y le dijo que sabía que al final tendría que pagar la deuda que tenía con él, pero que no lo haría bajo los términos que la Muerte imponía. Poniéndose serio, le dijo que solo estaba fingiendo la enfermedad al usar la ropa de su esposa, y que no había problema alguno con su salud. Entonces se arrodilló para desatar el vestido de los talones del Rey de la Muerte, le retiró el vestido de la Enfermedad, y la Muerte lució sana y robusta. Ogunda Meji amenazó con quemar el vestido, pero la Muerte se opuso, alegando que realmente pertenecía a su esposa; no obstante, lo alertó para que no revelara su secreto a persona alguna en el Cielo. Después pasó a la cámara exterior con el Rey de la Muerte, aparentemente curado por él, y nuevamente fue alabado y aplaudido por la corte celestial mientras el Rey tomaba asiento en su trono. Antes de sentarse, Ogunda Meji golpeó su cabeza, y hubo un alto estruendo que hizo temblar los cimientos del Cielo, y todos le rogaron que se ablandara. Entonces demandó la liberación inmediata de los 30 Awoses encadenados, que fueron traídos a su presencia. Conociendo lo que Ogunda Meji era capaz de hacer, la Muerte ordenó liberar a los 30 Awoses de la Tierra; pero como ellos se habían negado a sacrificar antes de abandonar la Tierra, ya no pudieron regresar al mundo otra vez.
La Muerte le dio varios regalos, sabiendo que le sería imposible llevárselos del Cielo. Completados los preparativos del regreso, Ogunda Meji se rodeó con los regalos recibidos y sacó el güiro que le diera la joven: roció su contenido sobre todos los obsequios y les dijo, incluyendo a los 30 Awoses, que se prepararan para ir a casa. Con este encantamiento todos desaparecieron y aparecieron en la sala de la casa de Ogunda Meji, en la Tierra. Todos los Awoses le expresaron su agradecimiento y le prometieron recordarlo siempre en todo lo que hicieran. Algunas narraciones cuentan que Ogunda Meji no regresó del Cielo, porque prefirió quedarse allá; el relato recibido es que regresó a la Tierra y murió de una muerte normal poco después.
Antes de abandonar finalmente la Tierra, les dijo a sus hijos que siempre debían hacer favores, aunque como pago recibieran siempre la ingratitud. Les aconsejó no permitir que este problema los disuadiera de un comportamiento humanitario, porque siempre que pudieran obrar como leales discípulos de Orúnmila, la benevolencia les traería la salvación y la prosperidad; y agregó que la ingratitud mostrada por sus beneficiarios se convertiría en múltiples recompensas de Dios Todopoderoso. Sus últimas palabras en su lecho de muerte están contenidas en el siguiente poema:
Finalmente les dijo a sus hijos que no se dedicaran a ningún tipo de caza como profesión, fuera esta de animales, pájaros y reptiles en el bosque, o de peces en el agua. Con este consejo, marchó al más allá.
16.El camino de la falsa invitación
Orúnmila llegó a un pueblo donde la gente veía por los ojos de su Rey. Pero sucedió que Orúnmila empezó a ganarse a ese pueblo con sus buenas acciones y obras, al extremo de alcanzar una fama enorme, situación que provocó un gran disgusto en el Rey. El Rey empezó a buscar la forma de eliminarlo físicamente, pero al darse cuenta de que el pueblo admiraba mucho a Orúnmila, pensó que era mejor destruirlo a través de la desmoralización. Al tiempo que el Rey tramaba esto, Orúnmila se estaba haciendo osode, y se vio este Ifá, Ogunda Meji, marcándose Ebó con un caballo, montura, muñeco hombre y mujer, 2 gallos, 2 palomas y todos los demás ingredientes.
Orúnmila se hizo el Ebó y esperó, ya que su Ifá le dijo que volverían a visitarlo. Mientras Orúnmila se hacía el Ebó, el Rey ordenaba a sus hombres que cazaran el caballo más salvaje de los llanos; la orden se cumplió rápidamente, y los soldados le trajeron el animal. El Rey mandó cazar el caballo porque Orúnmila vivía en las afueras del pueblo: entonces le hizo la invitación a Orúnmila para rendirle un homenaje por lo que había hecho por el pueblo, y Orúnmila aceptó. El Rey le envió el caballo para que viniera al Palacio, y se colocó en la azotea, cruzado de brazos, esperando el desenlace: ver a Orúnmila rodar por el suelo y así destruirlo moralmente.
En ese momento el Rey se quedó sorprendido al ver venir a Orúnmila caminando con el caballo, y dijo: «con él no puedo; tengo que pactar con este hombre, porque se ha ganado la simpatía del pueblo». Cuando Orúnmila llegó, fue muy aclamado, y ya ante el Rey, este le preguntó cómo era posible que hubiera caminado tanto. Orúnmila le respondió: «bueno, mi Ifá me prohibió subirme en cualquier cosa». Entonces el Rey le dijo: «en este pueblo los dos podemos vivir: usted con la religión y yo con la justicia». Y dijo Orúnmila: «To Iban Eshu».
17.Cuando Obatalá maldijo a Ogún
En este camino, Obatalá maldijo a Ogún por las guerras y las brujerías que él y Shangó estaban haciendo con prendas de Congos, ya que se encontraban en tierra Conga, que limitaba con la tierra Yoruba. Los yorubas fueron a quejarse a Obatalá, porque con el ogú (la brujería) estaban matando a mucha gente de su tierra. Shangó, al enterarse, habilidosamente se retiró; pero Ogún continuó sin hacer caso, por lo que fue maldecido por Obatalá y por Osanyin.
No obstante la maldición, la gente seguía muriéndose; entonces tuvo que venir Odi Bara a prender a Ogún y a todos los que estaban haciendo ogú. Después vino Osanyin y le dio de comer hojas de peonía a Obatalá, para quitarle la maldición de la boca.
Nota: El Awó de este odu de Ifá no puede andar con prendas de Congos; lo que tiene es que recibir Osanyin.
18.La disputa de la calabaza y el ñame
La calabaza y el ñame tenían una disputa para ver cuál de los dos era más útil a Orúnmila. Aprovecharon que Ogunda Meji tenía un Ifá y lo acompañaron hasta el cuarto de Ifá, donde Orúnmila, cuando iba a terminar todo, le dijo a Ogunda Meji: «la calabaza la entierras, pero el ñame llévalo contigo». Pero Ogunda Meji, como era tan fuerte, no siguió los consejos que Orúnmila le había dado y los enterró juntos.
Al poco tiempo nació allí un fenómeno, un monstruo que empezó a acabar con la gente, y todos vivían muy asustados; Ogunda Meji se trastornó, sin saber qué hacer para acabar con aquel fenómeno. En eso venía Oyá por el camino, cantando:
Entonces Orúnmila le dijo a Ogunda Meji: «coge estas dos gallinas shewere y dáselas a Oyá, que ella sabrá cómo salvarte». Ogunda Meji cogió las dos gallinas y empezó a limpiar a Oyá, que venía muy bonita, toda cubierta con armas punzantes; le dio las gallinas y cantaba:
Entonces Oyá le dio las armas con las que pudo vencer al monstruo, y desde entonces la calabaza que se siembra es la de Igbodun, y el ñame se le da al Awó para su suerte.
Nota: El Oyá del Awó debe llevar dentro las piezas, y si el Awó es Ogunda Meji, además de estas lleva en Oyá una corona con armas punzantes con las puntas hacia arriba.
19.Cuando Yemajá salvó a Oshosi y a Inle
Aquí fue donde Inle y Oshosi, hijos de Yemajá, tenían sus oficios: Inle era pescador y Oshosi cazador. Inle adoraba a Oru Ode Orun, que era el que comandaba la mitad del mundo cuando era de noche —por eso la mejor pesca se hace de noche—, y Oshosi adoraba a Wawa Todo Olo Orun, que era el que comandaba la mitad del mundo cuando era de día: por eso la mejor caza se hace de día. Yemajá se ponía a cantar un súyere para proteger a sus hijos, y este era:
Esto lo hacía Yemajá siempre, porque vivía preocupada por la suerte de sus hijos, y fue a ver a Olúo Shiwishi, que era omó Obatalá, y este les vio a los hijos de Yemajá el Odu Toyale Ogunda Meji, les hizo Ebó a través de ella y los salvó. Olúo Shiwishi, aunque siempre vivía en casa de Obatalá, era hermano de Inle y de Oshosi.
Nota: En este Ifá nació el que, por medio de una madre, la persona se mire y se le haga Ebó para salvar a un hijo, aunque no esté presente. Aquí nació Arun Awala Ini, que es el tétano, el cual siempre persigue a Inle y a Oshosi: se metía dentro de la flecha y de los anzuelos, para ver cómo podía acabar con los hijos de Yemajá.
20.Nació el símbolo de la medicina
Gallo, 8 palomas, un bastón, tela blanca, un racimo de cocos con 16 cocos verdes, 8 huevos, jutía y pescado ahumado, maíz, mucho dinero.
Orúnmila fue a recorrer los pueblos porque Oduduwa se lo había mandado, y en el cuarto pueblo se encontró con Eyola, el majá de Santa María, y le dijo que hiciera Ebó con 16 cocos de agua. Este le respondió preguntándole quién era él, y Orúnmila le contestó: «yo soy Orúnmila, y tienes que hacer esto porque te vas a baldar, no vas a poder caminar, te vas a enfermar de lepra, vas a perder tus miembros y te quedará la marca en el cuerpo». Esas marcas eran las escamas. Eyola no hizo caso a los grandes consejos de Orúnmila, que le había visto Ogunda Meji a la entrada de esa tierra.
Pasó algún tiempo, y Oduduwa salió a recorrer los pueblos en que Orúnmila había estado, para ver si la gente había cumplido lo que Orúnmila había mandado en cada una de las tierras. A su lado derecho iba el perro, y a la izquierda Okete, la jutía. Cuando ya habían caminado algunas tierras, llegaron a aquella donde Orúnmila se había visto Ogunda Meji, y en una maleza encontraron a un hombre que se quejaba y al que le faltaba el aire. Oduduwa le preguntó quién era, y este respondió: «yo soy Eyola, a quien Orúnmila le dijo que hiciera Ebó; yo le desobedecí, y ahora lo quiero hacer con lo que Orúnmila dijo, que son cocos de agua».
Oduduwa, que tenía sed, tomó el agua de los cocos y después le dijo a Eyola: «tú no podrás caminar más nunca parado: te arrastrarás, y en tu cuerpo quedará la marca de la lepra, por desobediente. Y como has pedido perdón, y yo traía sed y tú me has dado de beber, te daré la virtud de hipnotizar a los animales para que los ahogues y después, con la saliva de tu lengua, te los puedas engullir; y te arrastrarás con una ligereza bárbara. To Iban Eshu».
Cuando Oduduwa y sus ayudantes iban de camino, dijo: «se me ha quedado mi bastón, pero no vayan a recogerlo». Okete, inquieta como siempre, se fue a escondidas de Oduduwa hasta donde había quedado el bastón; pero Eyola se había enroscado en el bastón de Oduduwa, y cuando llegó Okete, Eyola hizo uso de los poderes que Oduduwa le dio y se la comió. Al poco rato, el perro le dijo a Oduduwa: «Babá, ¿dónde está Okete?», y Oduduwa, al ver que ella no estaba, se dio cuenta de lo que había pasado y le dijo: «no te preocupes, que ella no regresará más».
Nota: Nació el caduceo, símbolo de la medicina, donde el bastón de Oduduwa simboliza la curación, y la serpiente enroscada, Eyola, simboliza la salvación de los enfermos.
21.Cuando Olúo Popó no consideraba a Ogún
Olúo Popó no consideraba a Ogún. Una vez, Olúo Popó tenía que ir a un pueblo y quería, como siempre, que no le cogiera la noche; iba siempre por el mismo camino. Ogún, que lo sabía, se adelantó y podó perfectamente con su machete una vereda, haciendo ver que era otro camino nuevo y más rápido. Llegó Olúo Popó, vio el camino nuevo, creyó que por él podía llegar más rápido y se internó en el mismo. Según iba caminando, Ogún, con gran ligereza, colocó matas y enredaderas en el camino, cerrándolo nuevamente.
Cuando Olúo Popó tenía un gran trecho caminado, se encontró con el camino cerrado, y al volver atrás también se lo encontró cerrado, no pudiendo salir del medio del monte. Empezó a cortar las enredaderas con las manos, se cortó y le sangraron las llagas. En eso vio a Ogún y le dijo: «muchacho, préstame tu machete», y este le prestó lo pedido; pero como Olúo Popó no sabía manejarlo, el trabajo se le hizo dificultoso y no podía más, por lo que le suplicó a Ogún que lo ayudara.
Ogún cogió su machete y, con destreza y ligereza, abrió nuevamente el camino, y Olúo Popó pudo salir, diciéndole: «muchacho Ogún, desde hoy hay que considerarte, y siempre tendrán que contar contigo».
22.Cuando los muchachos dijeron lo que faltaba
En un pueblo, a los Babalawos viejos les salió este odu, Ogunda Meji; hicieron Ebó y lo llevaron al pie de una loma, para esperar que viniera algo grande de la naturaleza. Y lo que esperaban no llegaba, a pesar de hacer todo lo que ellos sabían.
Cuando se marchaban, se encontraron con los muchachos que estaban jugando. Uno de ellos se echó a reír de los viejos y dijo que ellos no sabían lo que los muchachos sí sabían: qué era lo que faltaba. Entonces los viejos llamaron a los muchachos, los observaron y los convencieron para que les dijeran por qué se reían y en qué consistía lo que faltaba. Los muchachos les dijeron que lo que faltaba eran las palabras: Eború, Eboya, Eboshishé. Y cuando los viejos las pronunciaron, llegó el bien que ellos esperaban, o sea, el Santo.
Nota: Dé gracias a los muchachos en este odu, que traen alegría.
23.El pleito del pescado
2 gallinas blancas, 2 palomas blancas, 2 pescados, cuchillo, todo lo que se come, jutía y pescado ahumado, maíz, mucho dinero.
Nota: Aquí nació el pleito del pescado. Erú Okó y Erú Osani es como si se dijera Ogún y Elegba.
Erú Okó y Erú Osani eran esclavos de Oshanlá, porque tenían un compromiso muy grande que no podían cumplir, y por eso estaban sirviéndole. Un día Oshanlá se miró con Orúnmila, y este le vio este Ifá, donde le dijo que, para ganar la guerra, se rogara la cabeza con un pescado. Esto tenía que hacerlo antes de siete días, pero en la tierra donde vivía Oshanlá, que era la tierra Obaniyu, no había puerto de mar. Pasados cinco días, Oshanlá recurrió, como último recurso, a sus criados Erú Okó y Erú Osani, y les ofreció la libertad a aquel que le trajera el ejá tuto que él necesitaba.
Los dos criados ansiaban la libertad y salieron pronto a buscar el ejá tuto; pero uno tenía el anzuelo y el otro tenía la pita. Acordaron unir las dos cosas, y así lo hicieron: amarraron el anzuelo de Erú Okó a la pita de Erú Osani y enseguida cogieron un ejá tuto bien grande, y no pudieron coger más que uno solo. Los dos querían ser el dueño, alegando cada uno su derecho: uno decía «si no es por mi pita, no coges el ejá tuto», y el otro decía «si no es por mi anzuelo, tampoco lo coges»; y como los dos querían ser libres, se fajaron varias veces, porque no se ponían de acuerdo.
Estando fajados llegó Eshu, tropezó con ellos y les preguntó por qué peleaban; ellos le contaron el caso, y Eshu les dijo: «yo voy a llevarlos a un lugar para que arreglen el caso, pues si no, uno de ustedes se perderá y el otro se perjudicará». Y los llevó al ilé de Orúnmila, que les hizo osode, les vio este Ifá y les hizo Ebó con lo mismo que ellos llevaban. Se le dio un gallo a Eshu, y los mandó a llevar el Ebó al pie de una loma, a un lugar que tuviera hierba. Cogió el pescado y, con un cuchillo, lo picó al medio mientras cantaba:
Le dio un pedazo a cada uno y una paloma, y les dijo que cada uno le entregara todo eso a Obatalá, que todo estaba arreglado. Así lo hicieron ellos, y Oshanlá, que recibió lo que necesitaba para ganar la guerra que tenía en aquella tierra, les echó la bendición y les dio la libertad.
24.La metamorfosis de Ogún
Chivo chiquito, siete piezas de Ogún, 3 clavos de líneas, una cadena, soga, 3 velas, 3 jícaras, aguardiente, maíz tostado, jutía y pescado ahumado, 3 agujas, pita de pescar, 3 idé, manteca de corojo, 12 cocos, gallo, paloma, mucho dinero.
Con el corazón de la paloma, las 3 agujas, ashé, ero, obi, kolá, obi motiwao, palo cabo de hacha, rompe saragüey y baría se hace el Inshé-Osanyin, con los demás ingredientes.
Yemajá Okute vivía en la tierra Sutiro Inle con Alaguedé y sus tres hijos: Eshu, Akoko e Igbo. Igbo tenía la cabellera larga y ensortijada como la lana del carnero. Eshu era brujo, Akoko trabajaba en el campo e Igbo era cazador. Yemajá Okute, al ver el mal comportamiento de sus hijos, puso a Eshu de castigo detrás de la puerta y se quedó viviendo con Akoko e Igbo. Entonces Eshu empezó a hacerles la vida imposible a Yemajá y a sus hijos, por lo que ella decidió ir a ver al Awó de aquella tierra, llamado Sire Awó. Este le hizo osode, le vio este Ifá y le dijo: «usted tiene un hijo cazador, y si él va a cazar al monte con esta luna nueva y no se hace Ebó, Osanyin lo encontrará, lo jurará en su secreto y no lo dejará regresar a la casa».
Yemajá volvió a su casa asustada y le dijo a Igbo que Ifá decía que no podía ir a cazar por esos días. Igbo no obedeció y salió a cazar en compañía de varios cazadores. Cuando se adentraron en el monte vieron una gran mata de Iroko y acordaron tomarla como punto de referencia: cada cual iría a cazar a su lugar y volverían a ese punto. Ya dentro del monte, Igbo se encontró con Osanyin, que venía cantando:
Osanyin, cuando lo vio, le dijo: «ven conmigo a donde está mi secreto», y le dio 3 codornices, y ambos comieron de ellas. Osanyin llevó a Igbo delante de su secreto y preparó lo necesario para jurarlo; buscó las hierbas apropiadas, e Igbo empezó a dormirse. Durante el tiempo que duró la cacería no se supo dónde estaba, y empezó a sufrir una transformación: se convirtió en Ode, y nunca más supo lo que pasaba en el mundo de los vivos. Cuando la cacería terminó, todos los cazadores se reunieron al pie de Iroko y, al ver que Igbo no venía, lo llamaron con el cuerno; pero fue en vano, y comenzaron a cantar:
Cantando este súyere regresaron a la tierra de Sutiro Inle, donde vivía la familia de Igbo. Cuando llegaron, Akoko y Ogún les preguntaron por Igbo, y ellos dijeron que no tenían noticias de él desde que se separaron. Akoko se puso muy inquieto, pero Ogún no se inmutó, porque sabía por qué su omó Igbo estaba pasando por aquella prueba. Akoko no tuvo paciencia y fue a casa de Sire Awó a mirarse, y volvió a salir este Ifá, donde le dio los mismos consejos que le había dado para su hermano Igbo.
Akoko fue a donde estaba su padre y forjó 7 instrumentos: pico, pala, martillo, yunque, machete, rastrillo y barreta; los lavó con ewé alacrancillo y romerillo y les dio sangre de gallo. Ahumó el gallo, lo echó junto con las piezas a su espalda y salió al monte, donde iba abriendo un trillo con su azada mientras cantaba:
Entonces se encontró con su hermano, que estaba abanpopo (con el cuerpo cubierto de plumas), porque, como eran cazadores, les quedaban pegadas al cuerpo las plumas de sus víctimas. Akoko se lo echó a la espalda, salió del monte con él y lo llevó para su casa. Yemajá Okute no quiso recibir a su hijo desobediente, que venía coronado con astas de venado y carne de res, y dijo que Igbo no merecía el cariño de su madre ni de su padre. Akoko respondió: «si ustedes no quieren ver más a Igbo, no me verán más a mí. Yo no vivo sin él, y prefiero estar separado de mis padres a estar lejos del que es mi hermano Okanani». Entonces le dio el gallo a su madre Yemajá y comenzó a cantar:
Akoko se fue con Ode, su hermano, y con las piezas que había forjado, y se transformó en Ogún. Osanyin, que no podía soportar la ausencia de Ode, su discípulo preferido, se fue acercando y se opuso a que Ogún estuviera con Ode. Pero Ogún le dijo a Osanyin: «te falta tu corona para que seas grande, porque tu corona no viene bien con tu cabeza. Vamos a hacer un pacto para que tengas corona». Y le forjó una con 16 pájaros, de los que Osanyin siempre tenía encima, y Ogún echó ekún keneun y ologbo al secreto de Osanyin, y le cantó:
Entonces hicieron el pacto por el que los tres se representan por los hierros, cada uno en su camino. Yemajá Okute, desolada por haber perdido a sus hijos, se transformó en Yemajá Alaguedé y murió al poco tiempo; su hijo Awó Sire llegó a ocupar su lugar en la tierra, transformándose en Ogún. Por esta razón es que Ogún Alaguedé no desciende en la cabeza de ningún mortal, y con eso los Santos lo ayudaron a salir adelante, y todos colaboraron para que esto fuera realidad. Desde entonces, Ogún, Oshosi y Osanyin son hermanos.
25.Ifá de indiscreción
2 chivas negras, 4 gallinas negras, 2 huevos de gallina, pluma de Lekeleke, jutía y pescado ahumado, maíz tostado, manteca de cacao y de corojo, miel, vela, cascarilla, todo lo que se come, mucho dinero.
En la tierra Eiye Inle vivían dos grandes Awoses, que eran los adivinos de todos los pájaros; estos Awoses se llamaban Abogbo (el cao) y Lekeleke (la garza blanca). En esa tierra había un Obá que tenía un hijo llamado Toló, el cual era jugador y había gastado todo el dinero que su padre le había dado, quedando empeñado con el dueño de la casa de juegos, y tuvo que reembolsarle su empeño con trabajos en el campo del acreedor, quien lo hacía sufrir mucho.
Viendo que no podía quitarse aquella deuda, fue a verse con los dos grandes Awoses, que eran sus amigos, para ver qué hacer para volver a ser libre. Ellos lo miraron, le salió este Ifá, Ogunda Meji, y le dijeron: «Ifá verdaderamente ha dicho que él te hace sufrir mucho, y esto no es justo si él te ha dado de comer. Para que la suerte y la riqueza te lleguen, tienes que darle dos chivas a tu Ifá, con 4 gallinas, y además nunca revelar nuestro secreto a nadie, ni a tus ahijados cuando los tengas».
Mas Toló no compró las chivas; retornó al campo y, trabajando la tierra, se encontró en un hueco muchas barras de oro. Se liberó del acreedor, preparó un banquete e invitó a quienes él creía que eran sus amigos, y allí corrió el aguardiente. Ya pasado de copas, Toló empezó a hablar de todos sus infortunios pasados y del secreto de sus amigos Abogbo y Lekeleke. Al oír decir lo del oro, se le tiraron encima y le robaron todo, quedando de nuevo en la ruina más completa. Volvió entonces a casa de los Awoses, sus amigos, para ver qué podían hacer por él, y estos le dijeron: «esto que tienes te pasa, primero, por ser desobediente con los consejos que tu padre el Obá (Obatalá Oshalufón) te ha dado siempre. Además, no hiciste los dos Ebó: primero no le diste las dos chivas a Ifá, y segundo, revelaste nuestro secreto. Tú sabes que tu mala suerte viene por tu lengua y no por nosotros. Eború, Eboya, Eboshishé».
Entonces Toló tuvo que pedirle perdón a Obatalá y darle de comer sus dos chivas a su Ifá, con sus cuatro gallinas, y entonces cantaba:
Nota: Aquí se monta un Inshé-Osanyin que debe llevar cao y garza blanca. En este Ifá se le pone a Obatalá un abanico hecho de plumas de garza blanca.
26.El perro y el gato vivían en plena armonía
En este camino, el perro y el gato vivían juntos como verdaderos hermanos; siempre estaban jugando, y el perro siempre estaba en disposición de jugar. Pero el gato, por temperamento propio, es más haragán que el perro: siempre le gustaba dormir la siesta. El perro lo incitaba a que jugara un poco, y el gato siempre lo complacía y lo invitaba a cazar; así se ejercitaba el perro en la caza, por ser más torpe que el gato para ella. El perro quería que el gato le enseñara la habilidad de encaramarse en lo alto de los árboles, por muy grandes que fueran, y dejarse caer sin pasarle nada; pero cada vez que el perro le pedía que le enseñara esas artes, el gato le decía que todavía no era tiempo, porque él tenía que ejercitarse un poco más en la caza.
Un día sucedió lo inevitable: el perro se peleó con el gato por una pieza que habían cazado, y hecho una fiera le cayó encima; el gato, en su defensa, le clavó las uñas. El perro, al verse clavado por las uñas del gato, no tuvo más remedio que soltarlo, oportunidad que este aprovechó para subirse a un frondoso árbol, refugiándose en sus ramas. El perro lo siguió, pero fue imposible atraparlo. Al ver su fracaso, le pidió al gato mil perdones por su brutalidad, y el gato comprendió que las promesas del perro eran falsas, y le dijo: «ya tú ves: si te hubiera enseñado el arte de subirte a este árbol, me hubieras destrozado; por eso nunca te enseñé, porque yo sabía que esto algún día iba a suceder».
Nota: Este Ifá habla del mal agradecimiento: la persona que llega es sumisa mientras se cree débil, pero una vez que se ve fuerte, le hace la guerra a quien la enseñó.
27.El nacimiento del ókpele
En uno de sus numerosos viajes por el mundo, Olúo Popó fue a parar al lago Abayú, que está al lado del pueblo Aga-Oko, en Abisinia. Allí vivía un Awó yoruba que había llegado a aquella tierra con el Obá Lamurunda, cuando la guerra con el reino de Salomón. Este Awó se llamaba Foka, y se estableció en aquella tierra, donde se casó. Al llegar Olúo Popó, que iba enfermo, lleno de llagas, y enterarse de que allí vivía un Awó yoruba llamado Foka, fue a visitarlo, y al reconocer el dialecto resultó que Olúo Popó era el padrino de Foka, al que conocía por haberlo consagrado en su niñez.
Foka se dio a la tarea de curar a su padrino, contagiándose de lepra. Cuando Foka se estaba muriendo, llamó a Olúo Popó y le dijo: «padrino, yo tengo aquí un secreto que traje de Egipto, para no tener que estar manoseando a Ifá a cada rato: es una cadena doblada al medio, con 8 piezas de ciertas semillas, y se tira sobre la estera». Y además le dijo: «cuando yo muera, fíjate en mi tumba, que allí encontrarás, días después, el secreto para hacer el ókpele».
Al día siguiente murió Foka y lo sepultaron al lado del lago Abayú, y sobre su tumba nació un extraño árbol que producía unos frutos grandes y alargados, los que al secarse se abrían diciendo: «OKPELE OGA OKO AFAFUN FOKA». Al oír eso, Olúo Popó miró y vio que en el interior de aquellos frutos estaba escrito Babá Ejiogbe, y comprendió que el secreto era que las semillas de aquellos frutos servían para el ókpele. Olúo Popó fabricó el ókpele recordando las indicaciones de su ahijado Foka, y desde entonces el ókpele es el mensajero de Ifá.
28.La maldición (shepé)
Lino de río, del remolino, gallina, una piedra, un pedazo de cuero que sea aro, 3 palomas, tres jio-jio, un huevo de gallina, tierra arada, jutía y pescado ahumado, maíz, manteca de corojo, un pescado chiquito, mucho dinero.
En la tierra Iya Kokún había un río que se llamaba Eyibi Eyó, y en el centro de ese río, envuelta en hojas de bejuco en el fondo, vivía la madre Eyó. Ella tenía su gran secreto en la piedra donde se enroscaba para hacer su vida. Siempre que quedaba embarazada, nunca lograba a sus hijos, porque le faltaba echar su sangre; la madre sufría, porque a veces tenía mucha inflamación en el vientre, no podía respirar y tenía que abrir la boca para hacerlo.
Un día vio pasar una sombra grande y se asustó: salió detrás de ella. Era Ejá-Orun, la anguila, que saltaba y brincaba, y ella, con la desesperación, saltó fuera del río. En eso venía Abita, y cuando la vio empezó a cantar:
Ella, al oír el canto, se asustó, se enganchó y se agachó, y Abita le dijo: «si tú quieres lograr lo que quieres, tienes que hacer un pacto conmigo y un juramento». Ella dijo que sí y le contó lo que le pasaba, y Abita le dijo: «cada vez que tú paras y vayas a tener un hijo, este será mi esclavo y mi gran compañero». Ella dijo que estaba conforme. Abita le indicó tres hierbas —verdolaga, apasote y hierba fina— y le dijo: «cométela», y ella se las comió; y añadió: «toma bejuco enredado para que te cures». Ella fue para su secreto e hizo lo que Abita le dijo, quien le advirtió: «cuando tú llegues, me llamas, y me tienes que llamar así»:
Ella lo llamó, y Abita, que había comido, arrojó sangre y la echó allí, y ella la comió. Y cayó embarazada, y los hijos se envolvieron en aquella sangre y los bejucos, y de ellos se alimentaban. Ella se quedó dormida y no supo que había parido, con los hijos envueltos en el bejuco. Abita la llamó y se le presentó en forma de gato negro que se la quiso comer; pero ella se paró, le abrió los ojos, le enseñó los dientes, y él le dijo: «tú no podrás vivir más en tu secreto: todas las cosas las harás en el suelo, a la orilla». Y Abita se retiró.
El majá rodaba por el camino y no pudo llegar a su secreto, y ya tarde en la noche hizo una cueva. Sus hijos, que se habían formado con la sangre que ella había botado, ya grandes, salieron del río; ella los vio salir de allí y los maldijo. Y en eso que ella los estaba maldiciendo, se apareció Abita y dijo: «estos serán mis esclavos».
Nota: Para quitarse el shepé (la maldición) de este odu, que es peligroso, hay que buscar hierbas que sean bejucos: zarzaparrilla, coralillo, estropajo y amansa guapo; se hace un omiero y se le da sangre de gallinas al pie de Oyá, con agua de río.
29.El nacimiento de Oshalufón
Con el trabajo de los viejos y de los muchachos se salvó el pueblo de Ifé. Un año antes de que sucediera este caso, Orúnmila había visitado el pueblo de Ifé y le había hecho un beneficio al pueblo, en contra de la voluntad de los gobernantes. En Ifé había tres hombres que se dedicaban a llevar y traer mandados, y a comprar y vender mercancías en un pueblo cercano; para esto tenían que atravesar una montaña que separaba a los dos pueblos.
Un día salieron los tres a hacer su trabajo en el pueblo vecino, donde estuvieron tres días. Al regreso no tomaron el mismo camino, y se pusieron a discutir, porque dos de ellos no querían seguir adelante, alegando que no sabían si habría peligro o dificultades, o si la carga que llevaban se los impediría; y a pesar de andar siempre juntos y hacer juntos sus negocios, decidieron separarse, y así lo hicieron. Uno de ellos era negro prieto y de mediana estatura; el otro, menos prieto y más alto; el tercero era colorado y de menos estatura que el segundo, pero los tres eran de cuerpo bien formado. El más colorado fue el que se decidió a seguir el camino desconocido, creyendo que no le sería perjudicial, mientras los otros volvían por el camino conocido. El colorado encontró algunos impedimentos en su marcha, aunque de poca importancia: tuvo que cortar bejucos y ramas, pero avanzaba, porque el camino no estaba borrado del todo, aunque parecía poco transitable.
Al día y medio de camino se sentó a almorzar. Estando en eso, levantó la cabeza, miró hacia delante y a la derecha, y vio con sorpresa una especie de luna grande y redonda, con rayos de plata, que iluminaba el lugar por el frente y por detrás. Al principio se intimidó, pero como era un hombre valiente, se dirigió al lugar donde había tanta luz y comprobó que lo que había visto era verdad. Entonces se arrodilló, rogó, pidió protección y dio gracias, y decidió pasar la noche allí, llevando su carga para protegerla. A la mañana siguiente quiso recoger el hallazgo, pero no pudo quitarlo de su lugar, porque estaba pegado al suelo como si fuera parte de él.
El hombre partió de regreso a Ifé con todos sus bultos, pero sin el hallazgo; ya en el monte caminaba con tanta ligereza como si no llevara nada. Al otro día llegó a Ifé, despachó toda la mercancía y fue a casa del Obá a comunicarle la noticia. El Obá llamó a su guardia y mandó una parte de ella con el hombre para comprobar la verdad de tal hallazgo. Salieron, y en día y medio llegaron al lugar, donde los guardias encontraron aquella especie de luna tal como lo había manifestado el mandadero. Trataron de llevarse el hallazgo, pero no pudieron, porque parecía que estaba sembrado. Regresaron a Ifé y le informaron al Obá que todo era cierto. Entonces el Obá mandó a custodiar el lugar para que nadie llegara allí, y mandó a buscar a los viejos sacerdotes para que le dijeran qué era aquello.
Los viejos se reunieron en casa del mayor de ellos y estuvieron tres días con sus noches deliberando, sin poder llegar a una conclusión. Al cuarto día, uno de ellos pidió permiso para ver a sus hijos y nietos, pues no sabía cómo se encontraban. El viejo salió y se encontró con un grupo de muchachos jugando; al pasar por su lado, uno de ellos dijo: «allí va uno de los viejos, para decir qué fue lo que hallaron». El viejo, al oír que lo aludían, aguantó el paso y, disimuladamente, siguió escuchando; así oyó a otro que decía: «dicen que es un santo, pero no saben quién es». Y otro dijo: «dicen que es un Orisha que tiene ofá en la cabeza: debe llamarse Oshalufón». El viejo fue a donde estaban los muchachos jugando y les preguntó cómo habían dicho, y el muchacho ratificó lo mismo: «tiene flecha en la cabeza y debe llamarse Oshalufón». Entonces el viejo sacó la cartera (owó), le dio un medio a cada uno para dulces y siguió su marcha. Llegó a su casa, vio a todos los suyos, comió algo y se recostó a descansar un rato.
Después volvió a la casa del mayor, donde todavía estaban deliberando sin acertar. Entonces el viejo dijo: «yo he encontrado el nombre del santo: se llama Oshalufón, porque tiene o lleva flecha en la cabeza». Todos se pusieron de acuerdo, fueron a casa del Obá y le dieron la noticia, y este mandó a construir un templo allí, y dispuso que quien lo había encontrado sería el que lo cuidara, y que lo hicieran sacerdote, después de averiguarse las ofrendas que había que hacerle a aquel santo. Los viejos encontraron como respuesta: la chiva blanca, la paloma blanca, la gallina blanca, orí, efun y oñigan. Entonces se le hizo fiesta al santo, que fue el salvador de la tierra de Ifé.
Nota: Aquí, en la interpretación de Ifá, se le dice a la persona, si es aleyo, que cuando vaya por un camino de campo y se encuentre una piedra que le llame la atención, la coja para prepararla y la cuide, porque cuando vaya a hacer Santo la va a tener que utilizar. Este Ifá prende para el Santo: en este Ifá los Babalawos van presos.
30.La esclavitud del hombre por la prenda de Ogún
2 gallos blancos, 3 palomas blancas, 3 flechas, 3 platos de plátano, 3 bolas de ñame, 3 pedazos de carne de res, 3 pedazos de carne de cerdo, ekó, jutía y pescado ahumado, maíz, manteca de corojo y de cacao, efun, coco, miel, velas, mucho dinero.
Nota: Las 3 palomas se le dan a Ogún, poniendo el odu de Ifá en la tierra. Los 2 gallos blancos son para Obatalá.
En la tierra Oshayabi Ogunda vivía Ogún, el cual siempre estaba trabajando y vivía en la casa de su padre Obatalá; este lo tenía apaciguado, porque Ogún no se había cansado de matar. Cuando Obatalá lo mandaba a recorrer el mundo, le había dado, junto con su machete, un secreto que se llamaba Awala Eni Iku, que Obatalá había jurado con Ikú, para que, cuando su hijo Ogún atacara, si la víctima no moría del corte del machete, muriera por la influencia del espíritu de Awala Eni Iku, que era el tétano. Cuando Ogún regresó, traía muchos Egun detrás, porque estos venían detrás de la prenda de Awala Eni Iku. Obatalá siempre le estaba dando de comer a esa prenda para fortalecerla: le daba gallo y le cantaba:
Con eso la sombra se quedaba tranquila, y así mismo Ogún no se movía de la casa de Obatalá, ocupado nada más que en trabajar en lo que este le mandaba. Y como Obatalá viajaba mucho, dejaba a Ogún amarrado con la cadena, y este se encontraba sin alimentos y se alimentaba de su propia saliva, por lo que siempre tenía mal olor en la boca. Ese secreto Obatalá lo había aprendido en la tierra Owa Eyolokun, que era la tierra del majá. Cuando Obatalá faltaba, empezaban a escasear las cosas que Ogún trabajaba y Obatalá vendía.
En eso, la gente fue a ver a Olúo Shiwosi, que era otro hijo de Obatalá y era como se conocía a Oshosi en aquella tierra, donde él era Awó. Olúo Shiwosi les vio a las gentes de la tierra Oshayabi Ogunda el Odu Toyale Ogunda Meji, y les dijo que había que liberar a Ogún para que el mundo cogiera su rumbo, las cosas mejoraran y no hubiera escasez; pero había que llamar al secreto que Obatalá le había consagrado a Ogún. Se pusieron en camino a la casa de Obatalá, donde encontraron a Ogún amarrado con la cadena que Obatalá le había puesto. Entonces Olúo Shiwosi les dijo: «pónganle el secreto al cuello». Este estaba montado con colmillos de león, de tigre, de perro, de gato, de pantera y de toda clase de animales carnívoros, en un collar que tenía cuentas de Ogún y morado. Empezaron a zafar a Ogún de la cadena, le daban las palomas blancas y lo tapaban con hierbas de Osanyin, mientras se cantaba:
Oduduwa, que hacía tiempo que no sabía lo que estaba pasando, había llegado a aquella tierra porque le llegaban noticias del egoísmo de Obatalá para con Ogún, y cuando sintió el súyere se acercó y vio a Ogún, que estaba transformado. Cuando la forma de Awala Ini Iku se le hincó a Oduduwa y le pidió perdón, este le dijo: «desde ahora no dejarás de tener el poder que Ikú y Obatalá te dieron, pero los hombres, con estas hierbas, te vencerán, y solo te llevarás al que Olofin te diga. Vivirás siempre en el machete de Ogún, pero respetarás mi palabra».
En eso llegó Obatalá por el camino, y la gente que lo vio le tiró la cadena con la que había amarrado a Ogún. Obatalá traía bajo el brazo muchos palos de jiquí para darle de comer a su secreto, y cuando se vio con la cadena se dio cuenta de todo. Ogún llegó, lo abrazó, le dio Mo-Foribale y le dijo: «Babá, yo te perdono»; pero Obatalá no lo resistía, por el mal olor que le salía de la boca. Entonces Oduduwa y Olúo Shiwosi le dijeron a Obatalá que ya no podía ser más egoísta con su hijo Ogún: que tenía que curarlo y admitirlo tal como era, para que el mundo siguiera su curso y esa tierra fuera próspera. Obatalá le dio palo jiquí a Ogún para que lo masticara y lo echara dentro del Ebó que Olúo Shiwosi le iba a hacer por el Odu Toyale de aquella tierra, que era Ogunda Meji. Y a Ogún se le fue quitando el mal olor que tenía en la boca, por sus dientes y su saliva, mientras Obatalá le cantaba:
Entonces todas las gentes de aquella tierra de Oshayabi Ogunda le dieron gallo blanco a Obatalá junto con la hierba, y Obatalá la guardó para seguridad de aquella tierra, y para recordarle a Ogún el compromiso que tenía de cumplir la palabra de Olofin, de Oduduwa y de Olúo Shiwosi. Desde aquellos tiempos, esa tierra, a pesar de tener el poder de Ogún Awala Ini Iku, vivió más próspera, y adoraron a Oduduwa y a Ifá, junto con Obatalá y Ogún, y fueron más prósperos.
Nota: Nació la esclavitud del hombre por las prendas de Ogún: aunque logren ser poderosos, al final son sus esclavos, y solo los libera Osha e Ifá. Obatalá no quería que su hijo Ogún saliera de la casa, y como salía de viaje a menudo, lo dejaba amarrado, y este se alimentaba de la saliva, y por eso tenía mal sabor. El que tiene este odu de Ifá, enseguida le quita a Ogún la sangre y las plumas. En este Ifá se cogen 16 palos de jiquí y se lavan con omiero, y se ponen a comer con Ogún; el Babalawo, de vez en cuando, los mastica para su salud, y cuando hace Ebó, lo hace y escupe las astillas dentro del Ebó. El Ogún del Awó de este odu lleva variados colmillos de animales carnívoros, insertados en un collar verde, negro y morado. El Obatalá de este Awó siempre comerá gallo. Si es hembra, debe recibir Obatalá macho.
31.Cuando Ogunda Meji adivinó lo que quería Olofin
Gallina, palo moruro, cuentas de Obatalá, cuentas de Shangó, ero, cabeza de elefante, flecha, todo lo que se come, mucho dinero.
Nota: Se hace Ebó con la gallina; después se le da de su cabeza al Ebó, y luego se cocina y se reparte con todo el que llegue a su casa, dándosele dinero según uno pueda; y el que lo hace no come.
En el monte había tres cazadores y cortadores de leña, y estos mataron un elefante; pero este, herido de muerte, fue a caer enfrente de la casa de Olofin. Olofin, al verlo, lo registró y encontró en la barriga un güiro con su tapa, y dentro tenía un niño que llevaba en la mano izquierda cuentas blancas y punzó, y en la mano derecha un palito de tocar tambor. Visto esto, Olofin mandó a buscar a todos los Babalawos para que adivinaran lo que tenía dentro el elefante, y como ninguno acertaba, los metía presos.
Entonces se decidió llamar a Shingun Shinloko. Este le preguntó a su Ifá y se vio Ogunda Meji, su signo, donde se le dijo que hiciera Ebó con gallo, jutía y pescado ahumado y maíz, y que cuando saliera a caminar, si se topaba con algún pobre por el camino, le diera limosna. Ese pobre se le presentó 4 veces, y la última le dijo que Olofin lo había mandado a buscar. Era Elegba, al cual le había dado el gallo, y le dijo: «mira: cuando llegues, le dices que lo que el elefante tiene dentro es un güiro que trae un niño, que tiene Odu en la mano derecha y en la otra mano un palito; y que suelte a todos los Babalawos que tiene presos, y que le pague una multa de una chiva y 100 pesos a cada uno».
Nota: Ifá dice que a usted lo van a mandar a buscar de un punto para que saque en claro una cosa que nadie ha podido aclarar; la cosa es de compromiso para usted.
32.El nacimiento de Akaro
Pilón, 2 gallos, gallina, jutía y pescado ahumado, hierba iroko, hierba apá, hierba arabá, hierba irá, 8 majases de metal, un caracol, un bastón, mucho dinero.
Iyé Tinshomo era un Aborisha que vivía a la orilla del río. Tenía un secreto en un pilón de madera, y siempre estaba haciendo ceremonias, tocando su pilón a la orilla del río. Un día se le apareció un ser extraño en la desembocadura del río con el mar: aquel ser solo balbuceaba, pero tenía un poder de la mente que hacía que todo el mundo sucumbiera ante su presencia. Iyé Tinshomo, como era Aborisha, no podía perecer, pero se asustó y huyó del lugar.
El río comenzó entonces a coger una terrible peste; las aguas comenzaron a matar los peces y a presentarse epidemias que sembraron la muerte en esa tierra. Entonces Iyé Tinshomo Ajalorun fue a casa de un adivino muy famoso, que era Idawiri Odo, que era como se conocía a Orúnmila en esa tierra. Él lo miró con su Ifá, le vio Ogunda Meji y le dijo que todos esos males provenían de un poder de Olokun, quien, contento con su música, le había mandado a Akaro Opa Okún, un espíritu Egun de Olokun. Le marcó Ebó para que volviera la felicidad a esa tierra, y además le dijo que tenía que consagrar la esfinge de ese Imole de Olokun y darle de comer, pues es un ser venido desde Olodumare a Olokun, y este se lo entrega a quien quiera; y Ogunda Meji es donde Olodumare entregó este secreto, para que así vivieran libres de la peste del río.
Iyé Tinshomo Ajalorun lo realizó todo al pie de la letra, y así, con las consagraciones completas, con su pilón y su Opa Okún Akaro, se hizo el dueño de la tierra Olokipo Ilé Omó Olokun, que es donde llaman a Olokun con un pilón, que es un tambor llamado Arole.
Nota: Este secreto se prepara con un pilón de 14 pulgadas, hueco, que lleva Añá y se jura como tambor. El Opa Okún Akaro es otro secreto, que se manda a tallar en un bastón de abeto u olivo, rematado por una cara horrorosa. Primero el Awó se baña con un omiero hecho de las siguientes hierbas: apá (caoba), irá (granadilla), iroko (iroko) y arabá (ceiba). Después se cogen las hierbas machacadas para cargar el bastón por la lerí. El Awó se ruega la cabeza con una guabina, que después se seca y se hace Iyefá para cargar el bastón. Lleva además en la carga: arena de mar y de río, cabeza de Egun que haya muerto ahogado en el mar, cabeza de manatí y de majá, mazamorra de las rocas del río y del mar, ero, obi, kolá y osun naború. Este Opa Okún Akaro se lava en el río y come akukó funfun. Se le cuelgan 8 majases de plata y un caracol grande que lleva arena de mar, tierra del cementerio, polvo de Egun e Iyefá de guabina (Ejá-Oro).
33.La bailarina esclava
2 gallinas amarillas, 2 gallinas negras, manteca, muñeco, soga, trampa, todo lo que se come, 5 plumas de grulla, mucho dinero.
Después del Ebó, las plumas de grulla se ponen sobre Oshún, y en este Ifá las cabezas de las gallinas amarillas viven montadas dentro de Oshún. Se prepara un Inshé-Osanyin que va montado dentro de esas cabezas, y que lleva en cada una: 3 caracoles, ero, obi, kolá, obi motiwao y osun naború; se sellan dentro de las cabezas, y estas viven dentro de Oshún. El gran secreto de Orúnmila, que empleó para sobornar o esclavizar a la bailarina de Olofin, fueron los siguientes trabajos:
Primero: rogación de cabeza con coco y demás ingredientes; de esa rogación, la parte de la Apetebí fue al pie del árbol de moruro, por la parte del naciente: junto a las raíces se hizo un corte, se metió esa rogación y se tapó con cascarilla, rezando Ogunda Meji y llamando a eledá obiní; y así, cuando la resina, junto con el efun, tapó esa masa, quedó esclavizado el pensamiento de la obiní al pensamiento de Orúnmila. Segundo: se cogen 7 pelos de mujer, se trenzan, se pasan por oñí y después por el tablero, haciendo Ebó con esos pelos trenzados; después de la operación se ensarta un idé que se mete en una caña hueca, tipo manilla, la cual vive dentro de Oshún. Con esto se asegura la sujeción de la obiní a los designios del Awó.
Al comienzo del mundo, Orúnmila vivía en Orun junto con Gbogbo Kalenko Orisha, pero siempre estaban discutiendo o disgustados, porque había grandes pendencias entre los santos. Él decidió un día bajar rumbo a Isalayé, para ver si allí era distinto del gran problema que había en Orun. Bajó cerca de Eyibonko, que quedaba en territorio de Ifé. Al llegar, se encontró con un muchacho que vio su llegada; y como él, al llegar, le dio coco a la Tierra para ver las posiciones que había, y dio 4 cocos en la derecha y 4 en la izquierda, saliéndole Ejeife, el muchacho, al verlo, le preguntó qué era eso y quién era él. A lo cual respondió: que eso era Idibajun, el oráculo del coco, y que él era Orúnmila Eleri Puin, que era adivino y emisario de Olodumare en esa tierra. Entonces el muchacho dijo: «ven a mi tierra, que no hay adivino, y yo te buscaré a todos los que necesiten tus servicios». Orúnmila aceptó, y llegaron a Ifé.
Al poco tiempo, la fama y el poder de Orúnmila llegaron a ser tan grandes que tuvo el derecho de plantar bandera de adivino, lo cual enseguida fueron a decírselo al Obá de Ifé, que se llamaba Oduduwa Akaka Nilowo. Este se sintió lleno de temores por el gran poder demostrado por Orúnmila y decidió tenderle una trampa. Para ello tenía guardada, en su habitación secreta de Egun Orun, una cazuela de Egun que cuidaba y alimentaba a Eiye Agufon (la grulla), con la que pensó probar las facultades adivinatorias de Orúnmila, con vista a ofo toku lerí.
En ese Palacio vivía una esclava para recreación de Oduduwa, una bailarina llamada Oshún Inwa Ilé Koseha Ilé Fombo, que era hermana del gran guerrero de Ifé, que se llamaba Ogún Fombo Okuta. Ella, secretamente, sin conocer a aquel adivino, sentía cierta atracción por él y decidió ir a ayudarlo, aunque desconocía el secreto que Oduduwa guardaba en su Igbo Egun Orun. Decidió ocultamente irse a ver con aquel famoso adivino, contando con la ayuda de Orishaoko, que era hermano de Eshu Laroye, y fue a ver a Orúnmila. Él la consultó y le vio este Ifá, Ogunda Meji, donde le describió la esclavitud a que Oduduwa la tenía sometida para su recreación, y le marcó la obra para liberarse de aquella servidumbre. Ella, a su vez, le confió a Orúnmila las intenciones de Oduduwa, y quedó de acuerdo con él para revelarle todo el secreto de las intenciones siniestras del Obá.
Como Orúnmila le había rogado la cabeza, el pensamiento de ella estaba fijo en la salvación de Orúnmila; y una noche en que estaba en la intimidad con Oduduwa, en medio del gran poder de este, que era Iba Oko, pudo lograr que, extasiado por el placer, le revelara el gran secreto, y así pudo al día siguiente contarle a Orúnmila todo el complot contra su poder. Cuando Oduduwa citó a Orúnmila para que adivinara lo del gran secreto, tenía a Ogún Fombo Okuta preparado con su sable para cortarle la cabeza; pero al entrar este y saludar a Oduduwa, le dijo: «tú me has llamado para que adivine el gran secreto que tienes en ese cuarto, y te diré lo que dice Ifá: que para salvar a tus hijos de Ifé de la gran mortandad que viene sobre ellos, debes coger ese secreto, que es Eiye Agufon, para que se lo des a Igbo Egun Orun, y así puedas conservar siempre tu poder, tanto material como espiritual». Y repitió estas palabras: «Eború, Eboya, Eboshishé».
Oduduwa, asombrado ante esto y no teniendo otra cosa que anteponer ante Orúnmila, le dijo: «te daré el derecho a dirigir mi tierra; pídeme de ella lo que más te guste». A lo cual Orúnmila respondió: «en tu harén guardas a una mujer esclava que te sirve de bailarina: la deseo para que sea mi mujer y me sirva fielmente». Ante esto, Oduduwa se dio cuenta de que Oshún Niwa Kosesha Ilé Fombo había indagado y revelado su secreto; pero como ya no podía virar su sentencia, volviéndose hacia Oshún le dijo: «tú seguirás siendo fiel esclava, ahora de Orúnmila, antes mía. Ashé Babá Ni Ifé Oduduwa».
34.El bochorno: cuando se forjó el hierro
Gallo, 2 gallinas blancas, 2 palomas blancas, una espada de hierro, una flecha, ashé blanco, aguardiente, jutía y pescado ahumado, maíz, manteca de corojo, bandera, oro, mucho dinero.
En este camino, los hombres se entregaban a la guerra y había distintas disputas. Para gobernar, los hombres hacían armas con materiales de cobre; y había un Rey llamado Ogunda Teteyí, que tenía un gran Palacio y también fabricaba armas de cobre. A ese Rey le vino una guerra muy grande, donde se juntaron varios Reyes contra él.
Ogunda, que así se llamaba el Rey, se acostó muy preocupado y tuvo un sueño en el que vio a Obatalá, y este le dijo dónde estaba el metal para hacer las armas con las cuales sería invencible. Ogunda Meji se levantó sobresaltado, fue al lugar indicado en el sueño y encontró allí una piedra mineral muy sólida; procedió a fundirla y a fabricar las primeras armas, y así se fue comprobando cómo su espada cortaba la espada de cobre sin que a la suya le pasara nada. A partir de ese momento empezó a construir espadas de hierro a gran escala, llegando a formar un ejército invencible.
Pero Ogunda Meji olvidó que Obatalá le había aconsejado en el sueño que no se volviera orgulloso ni déspota, y que no discutiera, pues sería su perdición. No hizo caso y discutió con uno de sus generales, y por rencor lo mandó al frente de batalla de la guerra donde más contrariedades había, a sabiendas de que este moriría. Ogunda Meji hizo vida con la mujer del general, y a los pocos días se conoció la muerte de este. Esto repercutió en la tropa y en su reputación como Rey, pues pensaron que había mandado a la muerte a dicho general con el objetivo de quedarse con su mujer, y esto llegó a ser uno de los grandes bochornos de su vida.
35.Donde Olofin prendió a todos los Babalawos
Olofin, en una ocasión, por diferencias habidas, prendió a todos los Awoses. Solamente faltaba por prender Ogunda Meji, que también fue citado; pero Ogunda Meji le dio de comer a su cabeza e hizo Ebó con tres gallinas y demás ingredientes, cocinó las gallinas y las llevó en su jaba.
Por el camino se sentó debajo de una mata y vio en la orilla del río a una mujer lavando. Entabló conversación con ella, y la mujer le dijo: «cuidado: veo pariendo una cepa de plátanos» —habló en parábola—, y le advirtió que había muchas trampas por el camino. Orúnmila (Ogunda Meji) le dio una gallina y le preguntó cómo se llamaba, para verla cuando regresara, y esta le dijo: «Iború». Siguió su camino y se encontró con otra mujer cortando leña, que al verlo le dijo: «a todas las gentes las tienen presas: ten cuidado». Ogunda Meji le dio otra gallina, le preguntó su nombre, y ella contestó: «Iboya»; se despidió de ella diciéndole que seguiría camino. Más adelante se encontró con otra mujer, que le dijo que Olofin quería casar a su hija. Ogunda Meji le regaló otra gallina y le preguntó el nombre, y la mujer contestó: «Iboshishé».
Ogunda Meji siguió camino y llegó a casa de Olofin. Este, al verlo, le dijo: «te estaba esperando para que me registraras: tengo en una habitación a una pariente en estado, y quería ver qué Ebó necesita para que pueda parir bien». Ogunda Meji, que sabía la trampa, le contestó que no necesitaba Ebó, porque la cepa de plátano no podía parir, descubriéndose así el secreto de Olofin. Además le dijo que tenía presos a todos los demás Babalawos, y que tenía que soltarlos enseguida para poder salvarse; y que él también pensaba casar a su hija.
Olofin, desconcertado, y viendo que todo era verdad, soltó a todos los Babalawos. Al salir, Ogunda Meji le dijo que eso le había pasado por desobediente y por no darle comida a su cabeza. Al darle las gracias, Olofin le dijo «gracias», pero Ogunda Meji le respondió que desde ese día había que decir: Iború, Iboya, Iboshishé.
36.El camino del monstruo
En este camino hubo un tiempo en que, todos los años, había que entregarle una doncella a un monstruo, para que no acabara con aquella tierra, que era la tierra Ogunda. Llegó el momento en que la doncella que tocaba era la hija del Rey, y este prometió la mano de su hija a la persona que lograra matar a dicho monstruo.
Al proponer esto el Rey, se alistaron varios cazadores, y entre ellos se encontraba Ogunda Meji, que era Awó de Orúnmila, el cual, antes de salir a la caza del monstruo, se miró con su Ifá, viéndose su odu, donde Orúnmila le decía que preparara tres flechas, que las marcara e hiciera Ebó con ellas. Ogunda Meji hizo todo lo que le indicó su Ifá y salió camino a la caza del monstruo. Al entrar en la zona donde este se encontraba, se tropezó con él y le dio muerte con dos de sus flechas, guardando una para su identificación.
Cuando llegó la noticia de que habían matado al monstruo, empezaron a llegar cazadores diciendo que ellos lo habían matado, y se formó una tremenda polémica; en eso llegó Ogunda Meji y le dijo al Rey que era él quien le había dado muerte con dos de sus flechas, y que había guardado una tercera con la misma marca de las que mataron al monstruo. Comprobado esto por el Rey, le dio a su hija, y Ogunda Meji se casó con la doncella hija del Rey.
Nota: Habla también de cuando Shangó estaba sin cabeza en la guerra.
37.El majá y Obatalá
Hubo una vez en que estaban muy escasos los cocos, y el majá tenía tres cocos y sabía que a Obatalá le hacían falta. Se puso en el camino por donde pasaba Babá y, al verlo venir, le dio los cocos y le pidió una gracia, ya que él no podía caminar ni tenía dientes para comer, y se le hacía imposible subsistir. Entonces Obatalá cogió unos alfileres y se los prendió en la boca al majá, puestos a manera de dientes, y le dijo: «desde hoy podrás arrastrarte y comer todo lo que alcance tu boca».
Obatalá se marchó y vio que por el camino se le había caído el iruke, y le dijo a su criado, el venado, que él no debía virar para atrás; pero el venado desobedeció, y por el camino se encontró con el majá, que lo atrapó y se lo comió.
38.El maestro
En Ogunda Meji es donde el padrino enseña o es maestro: hace que sus ahijados o hijos trabajen y sacrifiquen los animales y entreguen sus piezas, y una vez terminado el trabajo, se le presenta al padrino para que les dé las gracias y vea que todo está bien hecho; porque el día de mañana el ahijado será padrino, y tendrá que saber todo lo que se necesita para trabajar y poder enseñar.
Olofin, para premiar los servicios de Elegba en la Tierra, le mandó a Ogún que le hiciera y le pusiera una corona, y además un collar blanco, negro y rojo. Por esta razón Elegba lleva corona y collar en este odu.
39.Cuando Ogún partió la diferencia
Fue el que adivinó Ifá para Ogún. Se le avisó que tenía que sacrificar un machete, un gallo y ñame asado. Ifá dijo que el machete sería la llave para la prosperidad de Ogún, y que siempre debía andar con su machete; se le pidió que comiera el ñame asado, y él se lo comió.
Cuando Ogún tuvo sed, fue a tomar agua a un río. Después de tomar y calmar la sed, vio a dos personas que estaban luchando por un pez que habían cogido. Ogún les aconsejó que fueran pacientes, que fueran a su casa y lo dividieran, pero ellos rehusaron hacer lo que les dijo. El primer hombre dijo que él venía del Este, y el segundo dijo que venía del Oeste. Después de escuchar sus planteamientos, Ogún cogió el machete y cortó el pescado en dos partes. El primer hombre le agradeció y le pidió que le hiciera un camino desde ahí hasta su casa, prometiéndole que lo haría rico si cumplía con su deseo, y asegurándole que recibiría cosas de valor que ganarían aún más su confianza. El segundo hombre le agradeció y le hizo la misma petición, y Ogún estuvo de acuerdo en hacer lo que ambos pidieron.
A Ogún se le llama Ogunda Meji desde el día en que partió el pescado al medio: partió la diferencia.
40.Cuando Ogún desarrolló la vida
Adivinó Ifá para Olofin, cuando a Olofin Ayaloron se le propuso que enviara a su hijo Ogún al mundo. Él envió a Ogún al mundo para desarrollar el modo de vida. Se le advirtió a Ogún que sería incapaz de terminar la tarea, producto de la oposición que encontraría en el mundo, y se le dijo que tenía que sacrificar para evitar estar enfermo y tener una muerte súbita. Sacrificio: un carnero padre y un eslabón de cadena. Ogún realizó el sacrificio. Y dijeron: «el eslabón nunca se rompe».
41.Cuando Ogún sacrificó para no morir
Okelegbongbo-As Ofun-Kilo adivinó Ifá para Ogún, y le aseguró que si hacía sacrificio nunca moriría. Se le dijo que el mundo entero le pediría su ayuda para desarrollarse, pero que nadie estaría a su lado para resolver sus problemas. Sacrificio: 4 carneros, 4 chivos y 4 calabazas cubiertas. Él realizó el sacrificio, y sacrificó en cada una de las cuatro esquinas del mundo.
42.Los hijos de Orúnmila
Ikoko-Idis y Akun-Bere adivinaron para Orúnmila. Ellos dijeron que su esposa sí tendría hijos, y que él no sería capaz de conocerlos a todos. Se le aconsejó que sacrificara un guineo y 2000 cauries, y él realizó el sacrificio. Alara es el nombre del primer hijo de Orúnmila. A todo aquel a quien se le adivine este Ifá debe reportarle muchos hijos.
43.Se hizo adivinación para Orí
Nota — Orí-Bibo (la rogación de Orí): En la rogación de cabeza es muy importante el coco: cada vez que uno se haga rogación debe tener coco, y con los animales que Ifá pida, siempre debe estar presente el coco. También, cada vez que se haga rogación, la persona debe tener un gorro puesto. Se deberá masticar un poco de coco y, después de masticado, echarlo en la mano y ponerlo en la cabeza, y se deberá decir:
Después se pone el gorro. También se cogerá un poquito del coco masticado, se pone en el ombligo y se reza:
Se tomará otro pedacito de coco masticado, se pone en el dedo gordo del pie izquierdo y se reza:
44.Se consultó Ifá para Osha-Age
El Agbali (el antílope) gritó en Ifé, y las personas murieron. El búho Agbigbi grita en esta vida, y las personas mueren. Se consultó este signo para Osha-Age, y se le dijo hacer un sacrificio con: ollas rotas, unas flechas, unos pájaros y un chivo. Y se negó a hacer su sacrificio.
El antílope gritó en Ifé, y las personas morían, y Olofin no sabía cómo cazarlo en su país. Age dijo: «me deben hacer una casa redonda, me encierran y denme unas flechas, y yo reuniré a todo el país». Age lanzó la flecha y les dijo a las personas que fueran a mirar, porque le había dado en el corazón al Agbali y lo había matado; uno fue a ver y comprobó el hecho. Gritó Agbigbi, el búho, y Age tiró su flecha y dijo de nuevo que fueran a ver, porque le había atravesado la garganta al animal, y así fue comprobado. Vino entonces todo el país y dijo: «aquel que se encierra en una casa sin ventanas y lanza flechas sin ver, y atina, también podría matar a Olofin». Y lo mataron en su propia casa.
Age no hizo el sacrificio, y todo lo bueno que les hizo a los hombres no le fue reconocido; al contrario, Eshu-Elegba se hizo el cazador del país. El consultado hará el bien a aquellos que lo rodean, mas no debe despilfarrar sus ganancias, y debe hacer el sacrificio necesario: ollas rotas, un gallo, un chivo, dieciséis flechas, un arco pequeño y un cuadrado de madera.
45.La lucha de Ogún y Meji, la hija de Olofin
Olofin tenía una hija llamada Meji. Si se le proponía un marido, ella pedía que luchara primero contra ella: el que lograra tumbarla se casaría con ella; y cada vez hacía caer a sus pretendientes. El padre dijo: «¿cómo, mi muchacha va a quedarse así, sin marido? Apelaré a las personas de Aja, de Ke, de Hu, de Ayo». Y los cuatro Obases —Aja-Kosu, Ke-Kosu, Hu-Kosu y Ayo-Kosu— vinieron con sus gentes. Aja-Kosu empezó el forcejeo, y cayó él, con todos sus campesinos; y Ke-Kosu, Hu-Kosu y Ayo-Kosu sufrieron la misma suerte.
Ogún se enteró del asunto y le preguntó a Ifá Ayidegu: «¿qué es lo que debo hacer para vencer y casarme con esa mujer?». Ifá dijo: un gallo, akassa, aceite de palma (corojo), una calabaza, una paloma, una cuerda de pita ajraka y unos pedazos de tela. Ogún buscó todo esto. En la soga, Ifá enhebró unas perlas, unos pedazos de tela y unas plumas de paloma, y logró el sacrificio; tomó el gallo y puso unas hojas bajo su ala. Le dio la soga a Ogún, que se la amarró: «Ogún, lleva el gallo a tu casa y mantén la soga encima de ti».
Ogún salió y desafió a la muchacha, y Meji y Ogún entraron en combate. Pero la soga de Ogún se rompió y tocó tierra, y a Meji se le enredó un pie y cayó. ¡Entonces el gallo comenzó a aletear las alas y cantó: «GBO GBO GBO GBO, OGUNDA MEJIIIIIIII!». Guda Meji: Ogún tiene a Meji, su esposa. Y desde entonces los gallos cantan esta canción.
46.La madre de Ifá y el pescado partido en dos
Ogunda Meji fue a buscar a Osha-Na, la madre de Ifá, que no tenía trasera, y nadie quería casarse con ella porque no podía tener hijos. En ese tiempo, Ifá no veía de lejos: no sabía si estaba solo o acompañado. Consultó a Ifá en el tablero (Até) para tener una predicción del futuro más extensa, y encontró Ogunda Meji, que pidió un pescado fresco a Osha-Na en sacrificio.
Ahora bien: Na tenía una piscina con peces (Togodo) en su casa, e Ifá tenía una calabaza. Ifá tomó su calabaza, buscó un pez por todas partes y no encontró nada; se dio cuenta de que al lado del hogar de Osha-Na había una piscina llena de peces, y comenzó a achicar el agua con su calabaza para poner los peces en seco. Na, que no tenía calabaza, protestó, y él replicó: «el Babalawo que consulté me mandó un pez en sacrificio: es necesario que me calme». Na exclamó: «yo también: mi Oluwo ha demandado un pez, y no podía sacarlo porque no tengo una calabaza». Ifá contestó: «espera un poco: cuando esta piscina esté seca, compartiremos los peces». Pero solo encontraron un único pez. Y Na dijo: «es mío, porque el pez entero me pertenece». «Es mío», replicó Ifá, «porque sin mi calabaza no lo habrías visto». Discusión: cada uno halaba el pez por una punta.
En ese momento, Ogún había consultado a Ifá y había hecho su sacrificio, y recibió de Ifá un machete (Gubasa) que no dejaba nunca. Y Ogún, el cazador, pasó por la riña y oyó a Na y a Ifá. Ajustó la disputa diciendo: «Na, ten el pez por la cola, e Ifá por la cabeza, y cierren los dos sus ojos: voy a arreglar esto». Y Ogún, con su machete, partió el pez en dos. Entonces le dijo a Na: «toma la cola, para hacer el sacrificio que te procurará tener nalgas»; y le dijo a Ifá: «toma el resto, para que hagas sacrificio en honor a tu cabeza». Así se hizo: la cola del pez vino a pegarse atrás de Na y le salieron las nalgas —este sacrificio permite agacharse para dar nacimiento—, y la cabeza se sacrificó a la cabeza de Ifá, para que de ahí en adelante pudiera ver más lejos y saber más del futuro.
Por esto se dice: «GU DA EJA MEJI», Ogún ha partido el pez en dos.
47.El niño de dos colores
Ogún Badagli era el jefe del ejército de Oduduwa, y con su ejército salió contra la ciudad de Igbo (la Nigeria actual). Esta expedición tenía por meta tomar la ciudad, saquearla y darle el botín a Oduduwa. Ese día, al entrar en la ciudad, Ogún Badagli vio a una mujer que era muy bella, y cuando a ella iba a venirle la regla, el jefe del ejército la poseyó. Era la muchacha del Obá de Igbo, y quedó cautiva. Ahora debía devolverle a Oduduwa todo el botín, pero Ogún Badagli se reservó a esta mujer.
Unos mensajeros fueron a buscar a Oduduwa, y este ordenó al jefe militar que le trajera a la muchacha. Y Oduduwa, él también, la encontró muy bella; se acostó con ella y quedó maravillado. Al momento de venirle su regla, la sangre no vino, y a la décima luna dio nacimiento a un muchacho. Este niño era de dos colores, porque el jefe de guerra tenía la piel oscura y Oduduwa tenía la piel roja: el niño tenía la parte derecha negra y la izquierda roja. Y lo llamaron Olayña.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.
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