Camino a la Regla de Osha/Ifá · Tomo II

Fundamentos básicos

Un pacto con la verdad, con la claridad y con el respeto que merece nuestra religión. Aquí no hay adornos innecesarios ni medias palabras: venimos a hablar con conciencia sobre el corazón de Osha e Ifá.

Politeísmo Olodumare Los Ajogun Los tabúes
Tablero de adivinación de madera tallada con arena y un collar ritual, iluminado por una vela

Prólogo

Palabras del autor

A todos mis lectores, aleyos, santeros, padrinos y madrinas.

Manos de un mayor sobre un cuaderno abierto junto a un vaso de agua y una vela encendida
Escribir con conciencia: lo que sigue nació de años de camino, no de una tarde de lecturas.

A todos mis lectores, aleyos, santeros, padrinos, madrinas, y a quienes han caminado con nosotros desde el primer tomo: Ashé para ustedes. Este segundo volumen de Camino a la Regla de Osha/Ifá no es una continuación cualquiera. Es un compromiso. Un pacto con la verdad, con la claridad y con el respeto que merece nuestra religión. En estas páginas no habrá adornos innecesarios ni medias palabras: aquí venimos a hablar con conciencia.

Soy Ofún Oshé, tu hermano de siempre, y hoy más que nunca siento la responsabilidad de seguir construyendo este puente entre el conocimiento y el corazón. Este no es un libro para repetir lo que otros han dicho, ni para edulcorar la práctica con palabras vacías. Este es un libro para quienes de verdad quieren entender.

En el primer tomo ofrecimos una vista panorámica, una guía básica para que el aleyo comenzara a orientarse en la selva espesa de conceptos y prácticas. Pero este segundo tomo es otra cosa. Aquí no hablaremos de espiritismo ni de regla conga. Ese conocimiento merece su propio espacio, su propio cuerpo, y su propia profundidad, por lo cual será desarrollado en próximos trabajos más específicos y dedicados.

Este libro se centra en el corazón de Osha e Ifá. Nos sumergiremos en temas que en el primer tomo solo rozamos, y los abordaremos ahora con más madurez, con más detalle y con más coraje. Porque la Santería no es solo fe, es también estudio, reflexión y evolución.

Te invito a leer con la mente abierta y el ego en silencio. Porque este camino —si se recorre con sinceridad— no solo transforma la vida. Te revela quién eres.

Con todo mi Ashé,
Ofún Oshé
Tu hermano de siempre.

Antes de empezar

Advertencias y dedicatoria

Lo que este material es, y lo que no es.

Un mayor de la religión explicando con las manos a un joven sentado frente a él

Advertencias

Este libro ha sido escrito con el propósito de orientar, aclarar y acompañar a todos los que desean comprender mejor la Regla de Osha e Ifá. Pero es vital que el lector entienda algo desde el principio: nada de lo que aquí se expone reemplaza el acompañamiento directo de un padrino o madrina consagrados y con experiencia.

La Santería no se aprende en soledad ni se improvisa con lecturas. Es una religión viva que exige guía personalizada, estudio constante y compromiso profundo.

Algunos temas que encontrarás en estas páginas podrían contradecir ideas populares, creencias difundidas sin fundamento o prácticas acomodadas al gusto del momento. No estoy aquí para complacer a nadie. Estoy aquí para decir la verdad como la he vivido, como me la han enseñado, y como la respalda Ifá.

Este material es una herramienta para el estudio y la reflexión. No es un manual para hacer religión sin rumbo ni un pretexto para el lucro disfrazado de fe. Rechazo rotundamente cualquier intento de usar esta sabiduría con fines egoístas, manipuladores o fraudulentos.

Si vas a usar este conocimiento, que sea con respeto, con conciencia, y con el corazón limpio.

Ashé,
Ofún Oshé

Un mayor con un libro sobre las rodillas conversando con su ahijado en un patio

Dedicatoria

Con todo mi corazón, dedico este trabajo a mis padrinos, madrinas y hermanos espirituales, cuyo amor, sabiduría y paciencia han sido faros encendidos en mi camino dentro de la Regla de Osha/Ifá. Su ejemplo ha sido más valioso que mil palabras, y sus consejos, más precisos que cualquier libro.

También dedico estas páginas a ustedes, mis lectores. A los que preguntan sin miedo. A los que buscan sin descanso. A los que no se conforman con repetir, sino que quieren comprender, vivir y honrar esta religión como merece.

Gracias por estar ahí. Gracias por confiar. Gracias por caminar este sendero junto a mí. Que este libro sea una guía, una brújula y una luz, para que no se pierdan entre las sombras de la ignorancia ni entre los cantos vacíos de los que solo repiten sin sentir.

Con respeto, fe y gratitud,
Ofún Oshé
Tu hermano de siempre.

Contenido

Índice del Tomo II

Los siete temas que recorre este volumen.

¿La Santería es Monoteísta?

Una pregunta incómoda… y necesaria.

Olodumare: El Dueño de Todo

Incluso de lo que no te contaron.

Los Ajogunes o Antidioses

Los enemigos invisibles del alma.

Sobre los Tabúes

Lo que no se dice… pero rige tu vida.

Materiales Rituales Básicos

Lo que nunca te debe faltar. (En preparación.)

Iyami Osoronga

El poder oculto de las Madres Universales. (En preparación.)

Orí

Un viaje rápido. (En preparación.)

Capítulo 1

¿La Santería es monoteísta?

Spoiler: no. Y no hay que disfrazarla para que encaje.

Dos mitades de una calabaza: una rebosante de frutas, granos y flores, la otra vacía
La calabaza de la existencia: dos mitades que solo tienen sentido cuando están juntas.

Vamos al grano, sin rodeos: la Regla de Osha/Ifá es una religión politeísta. Y no hay nada que lamentar en eso. Durante siglos, algunos han intentado revestirla de monoteísmo para hacerla «más aceptable» ante los ojos de religiones dominantes. En América, el sincretismo con el cristianismo llevó a muchos a presentar nuestros Òrìṣà como si fueran «ángeles» o «santos». En Nigeria, incluso, algunos sectores intentaron reinterpretar el culto Yoruba bajo una lente más «moderna» o «universal».

Pero detrás de esa máscara, la verdad sigue firme: los Òrìṣà son entidades independientes, conscientes, con nombres propios, atributos distintos, funciones específicas y voluntad. No son reflejos, no son símbolos, no son partes de un solo Dios disfrazado.

Politeísmo suave

Plantea que todas las deidades son manifestaciones o aspectos de un solo Dios supremo.

Politeísmo duro

Reconoce a cada deidad como una entidad en sí misma, con poder, carácter e historia propios.

Y si hablamos de la Regla de Osha/Ifá, estamos claramente ante un politeísmo duro. En nuestro sistema, Olodumare es el creador supremo, sí. Pero no interviene directamente en la vida humana ni es la suma de los Òrìṣà. Los Òrìṣà no son extensiones suyas. No son máscaras de una misma deidad. Son fuerzas reales y autónomas.

¿O acaso crees que Olodumare se reza a sí mismo en un consejo con Changó? Eso no tiene sentido ni en los patakíes ni en la estructura teológica del sistema.

La materia también tiene alma

Uno de los pilares silenciosos de nuestra práctica es el animismo. Pero no lo entendemos como algo primitivo o supersticioso. Para nosotros, no hay separación entre lo visible y lo invisible. Todo lo que existe tiene ashé, todo vibra, todo está vivo de alguna manera.

El animismo, en su sentido más profundo, es la creencia de que espíritus o fuerzas sagradas habitan no solo en los seres humanos, sino también en los animales, las plantas, las piedras y hasta en los objetos construidos por el hombre.

Por eso, cuando un santero recoge una piedra (Otá), no es cualquier piedra. Antes de tomarla, se le pregunta si su espíritu vive allí. Lo mismo ocurre con las hojas (Ewé), con los animales sagrados (Eranko), o incluso con herramientas como el cuchillo ritual (Obé), que se reconoce como una manifestación de Oggún.

No es simbólico. No es poético. Es real. Cada cosa tiene vida espiritual. Y si no sabes dialogar con ella, no sabes trabajar en la religión.

Esta visión animista también da forma a nuestra relación con los ancestros. Creemos en la continuidad del alma, y por eso realizamos ofrendas, encendemos velas, hablamos en las tumbas o ante los altares. Lo que en sus inicios fue un gesto de amor o respeto filial, terminó conformando una estructura sólida de culto ancestral: Eggun.

El disfraz del monoteísmo

Ahora bien, ¿de dónde viene esa idea de que nuestra religión es monoteísta? En gran parte, es una ilusión nacida del sincretismo. Durante la colonia, los africanos esclavizados se vieron forzados a esconder sus deidades bajo las imágenes de santos cristianos. Fue un acto de resistencia, de supervivencia. Pero con el tiempo, esa estrategia de camuflaje fue confundida con una doctrina real.

Así, Changó se volvió «Santa Bárbara», Yemayá se convirtió en «la Virgen de Regla», y Elegguá en «el Santo Niño de Atocha». Poco a poco, los Òrìṣà pasaron a ser vistos como «ángeles guardianes» o «ayudantes» del Dios cristiano.

Esto hizo que desde fuera —e incluso desde dentro— la religión afrocubana empezara a parecer monoteísta, como si todo girara en torno a un solo dios supremo acompañado de un grupo de santos auxiliares. Pero eso no es nuestra verdad. Es un barniz impuesto por necesidad histórica. No una esencia teológica.

Muchos dioses. Muchas verdades. Una religión coherente.

Decir que somos politeístas no es una provocación ni una herejía. Es simplemente una afirmación honesta. Y si miramos la estructura de nuestra religión con seriedad, lo veremos con claridad: los Òrìṣà no son solo nombres en un altar. Son fuerzas vivas, con personalidad, jerarquía, contradicciones y sabiduría.

Tienen caminos distintos, atributos específicos y relaciones entre sí: algunos son esposos, rivales, madres, guerreros, hechiceros o jueces. Tienen alegrías y celos, castigos y recompensas. Todo esto lo vemos reflejado en los Patakíes y los Odù de Ifá.

Ahí no se narra una «teología perfecta». Se narran vidas sagradas con lecciones humanas, que nos guían en el arte de vivir. Hay Òrìṣà que cometen errores y otros que los corrigen. Hay disputas, reconciliaciones, castigos, nacimientos, muertes y renacimientos.

No es casualidad. Es una forma profunda de enseñanza espiritual: no seguimos un ideal lejano, seguimos arquetipos que reflejan lo mejor y lo peor de nosotros, para poder evolucionar desde lo real, no desde lo ideal.

Òkè

La montaña.

Òrún

El Sol.

Ayé

La Tierra.

Shangó

El fuego.

Oggún

Los metales.

En nuestra tradición, incluso los elementos naturales son deidades vivas. Y así todo lo que tocamos tiene alma, energía y destino. No hablamos de símbolos vacíos, sino de presencias con las que se interactúa espiritualmente.

¿Y entonces… somos buenos o malos?

Aquí viene una verdad incómoda: nuestra religión no es buena ni mala. No se puede juzgar una práctica espiritual por las acciones de quienes la ejercen, igual que no se juzga a un cuchillo por quien lo empuña. Un arma puede proteger o matar. Todo depende de quién la use.

Lo mismo ocurre con Osha e Ifá. La ética está en el corazón del practicante, no en los collares que lleva puestos. Nuestra religión, como cualquier otra, puede ser usada con egoísmo o con compasión. Puede servir para sanar… o para manipular. Pero eso no habla de la religión en sí, sino de la calidad humana del que la practica.

Por eso, juzgar a la Regla de Osha/Ifá por las fallas de algunos de sus sacerdotes es tan absurdo como juzgar a una montaña por una piedra mal colocada.

Lo importante es entender esto: somos politeístas. Y eso no nos hace menos sabios, ni menos espirituales, ni menos dignos. Nos hace parte de una cosmovisión antigua, profunda y coherente, donde todo lo que vive tiene lugar, y cada deidad, cada historia, cada consejo… nos recuerda que el camino no es para fingir perfección, sino para aprender a vivir con sabiduría.

Ashé,
Ofún Oshé
Tu hermano de siempre.

Capítulo 2

Olodumare: el dueño de todo, incluso de lo que no te contaron

No es el Dios que te enseñaron en la catequesis.

Luz dorada que se ramifica desde un punto central hacia estrellas, plantas, agua y la Tierra
A Olodumare no se le representa con imágenes: hablar de la luz que sostiene todo lo creado es apenas una manera de nombrarlo.

Hay que comenzar por donde se debe: Olodumare es Dios. Pero no es el Dios que te enseñaron en la catequesis. Ni es parte de una Trinidad. Ni necesita ayudantes con alas. Olodumare no se parece a Yahvé. Ni a Zeus. Ni a nadie más.

En nuestra tradición, muchas veces escucharás los nombres Olodumare, Olofin y Olorun. Y algunos, por influencia cristiana o simple repetición, llegan a pensar que estos tres nombres se refieren a una especie de «Santísima Trinidad yoruba». Falso. No tenemos tres divinas personas. No existe esa estructura en nuestra religión.

Lo que sí existe es un sincretismo obligado por la historia, que adaptó nombres y formas para sobrevivir. Por eso muchas veces oirás hablar de:

Olodumare

El Dios Supremo, Creador, Innombrable.

Olofin

Más correctamente, Aaláàfin, «dueño del palacio», como su manifestación que puede interactuar con lo humano.

Olorun

El aspecto solar de su presencia: la energía que todo lo ilumina.

Pero eso no significa que sean tres dioses. Son tres formas de referirse al mismo concepto: el Ser Supremo.

El problema no es Olodumare, es la forma en que lo explicamos

El verdadero conflicto no es teológico. Es cultural. Hemos sido tan bombardeados por la imagen del Dios católico —omnipotente, omnisciente, omnibondadoso, infinitamente perfecto— que hemos querido que Olodumare encaje en ese molde. Y eso ha generado confusión. Mucha.

Hay quienes intentan «cristianizar» a Olodumare, vistiéndolo de barba blanca, con atributos que no le corresponden. Hay autores que llaman «profeta» a Orunmila y «apóstoles» a los Odù. Y así, poco a poco, se intenta colar una teología foránea en una religión que no la necesita.

Olodumare no necesita parecerse a Yahvé para ser divino. No necesita ser «perfecto» para ser poderoso. Y no necesita que lo defiendas de nada: es el origen de todo. Incluso del mal.

Olodumare y la creación: cuando el bien y el mal nacen del mismo aliento

Olodumare no solo creó el cielo y la tierra, las plantas y los animales. También creó a los Òrìṣà, y a través de ellos, delegó el cuidado del mundo. Pero aquí hay algo que suele incomodar a muchos: también creó lo que llamamos «el mal».

Sí, leíste bien. En nuestra tradición, los Ajogun, las fuerzas que causan muerte, enfermedad, desgracia o pérdida, también fueron creados por Olodumare. No son demonios. No son entes caídos. No son rebeldes malditos. Son parte del equilibrio universal.

La Regla de Osha/Ifá no necesita culpar a un diablo para justificar el mal. Tampoco se esconde en una doctrina donde todo lo malo viene «de fuera». Nuestra religión reconoce el bien y el mal como dos caras del mismo sistema. Y eso no hace a Olodumare menos divino. Lo hace más completo.

Dios no necesita ser perfecto para ser justo

En las religiones monoteístas occidentales, Dios tiene que ser «perfecto», «puro», «sin mancha», «incapaz del mal». Pero esa idea no resiste la lógica. Porque si todo lo creó Dios… ¿quién creó la enfermedad, la injusticia, el hambre o la guerra?

Ah, claro, dirán que fue Satanás. ¿Y quién creó a Satanás? Silencio incómodo.

El Dios católico necesita justificarse. El Dios yoruba no. Olodumare no tiene miedo de hacerse cargo. Crea, delega, observa, interviene cuando debe. Y no le quita el cuerpo a nada.

Por eso creó a Ikú (la Muerte), a Àrùn (la Enfermedad), a Òfò (la Pérdida), y a todos los Ajogun. Porque la existencia necesita equilibrio.

Incluso cuando Obbatalá se equivocó —emborrachándose con Emú y creando cuerpos deformes— fue Olodumare quien asumió la responsabilidad, encargándole a Odùduwà que completara la obra, y cuidando Él mismo de aquellas criaturas imperfectas.

Eso no es debilidad. Eso es autoridad verdadera. El que crea, también responde por lo que crea.

Cuando Dios no necesita disfrazarse de perfecto

Uno de los mayores errores que cometemos al hablar de Olodumare es querer vestirlo con la ropa de otros dioses. Intentar que se parezca a Yahvé, al «Dios moralmente perfecto» del cristianismo, es no entender ni a uno ni al otro.

Los teólogos occidentales nos enseñaron que Dios tiene que ser:

  • omnipotente,
  • omnisciente,
  • omnibondadoso,
  • absolutamente justo,
  • completamente sabio,
  • y sin rastro alguno de sombra.

Pero esa idea, aunque suene elegante en los libros, no funciona en la vida real. Porque si todo lo malo existe… y Dios es el creador de todo… entonces ese Dios o no es perfecto, o no es tan bueno como dicen. Y ahí empieza el enredo teológico que lleva siglos sin resolverse.

Olodumare no entra en ese juego

Olodumare no necesita negar el mal para ser divino. Lo acepta como parte de su creación, lo administra con sabiduría, y lo delega a quienes corresponda. Eso, hermano, es verdadero poder.

Olodumare no actúa como un ser lejano que todo lo sabe, todo lo ve y todo lo controla desde una nube. Actúa como un sabio que ha creado herramientas —los Òrìṣà, los Irunmole, el Òrìṣà-nlá, el propio Orunmila— y confía en esas herramientas para mantener el equilibrio del universo.

Y cuando necesita resolver algo, consulta. Sí, consulta. Porque consultar no es ignorancia. Es sabiduría en acción. Es saber que todo conocimiento fluye de vuelta a quien lo originó.

Por eso Orunmila es su testigo. Por eso el oráculo es sagrado. Y por eso la justicia en la religión Yoruba no es unilateral ni caprichosa: se construye en consejo, con palabra y con verdad.

El problema del mal: una trampa que Olodumare no necesita evitar

La gran obsesión de muchas religiones occidentales ha sido esta: «Si Dios es bueno, ¿por qué existe el mal?» Y para responder a eso, han inventado demonios, tentaciones, castigos eternos, y todo tipo de figuras que les ayuden a no culpar a su Dios de nada malo.

Pero en la religión Yoruba, no hay necesidad de disfrazar nada. Olodumare no se escapa de sus responsabilidades. Las asume. Creó a Ikú (la Muerte), a Arun (la Enfermedad), a Òfò (la Pérdida), a Egba (la Parálisis)… y también creó a los Òrìṣà que equilibran esas fuerzas.

En nuestra cosmovisión, la dualidad es natural. No hay luz sin oscuridad. No hay armonía sin caos. No hay bendición sin sacrificio. Y eso no hace a Olodumare menos sabio. Lo hace más real.

Pensamiento occidental

«Omnipotente» significa: «todo lo puede, pero solo lo bueno».

Pensamiento yoruba

«Omnipotente» significa: «tiene poder sobre lo bueno y sobre lo malo. Y sabe cómo usar ambos con justicia».

Eso es lo que hace a Olodumare digno de respeto. No porque se haga el perfecto, sino porque no tiene miedo de hacerse cargo de su creación, completa, con luces y sombras.

El mito de la perfección absoluta solo sirve para crear dioses irreales. Y de esos, ya hay muchos. Olodumare, en cambio, es poderoso porque no tiene que ocultarse tras excusas. Es dueño de todo porque creó a los que crean. Es responsable de todo porque delegó sin abandonar.

La justicia de Olodumare no es castigo, es equilibrio

En nuestra tradición, la justicia no es un rayo que cae desde el cielo, ni un castigo eterno dictado por un juez invisible. La justicia es ajustar el mundo. Poner cada cosa en su sitio. Y cuando algo se desordena… se corrige.

Por eso existe el Ebbó. Por eso se consulta el oráculo. Y por eso Ifá no es solo una herramienta de adivinación, sino una brújula ética.

Ifá no dice: «esto es bueno, esto es malo». Dice: «esto trae consecuencias… y esto también». La responsabilidad, entonces, es tuya.

Los Òrìṣà no son subordinados: son delegados

Olodumare no gobierna solo. El universo, en la visión yoruba, es una red de responsabilidades compartidas. Cada Òrìṣà tiene dominio sobre un aspecto del mundo:

Oggún

Sobre los metales, los caminos, la guerra.

Yemayá

Sobre los mares, la maternidad, el misterio profundo.

Ochún

Sobre los ríos, la dulzura, la seducción.

Obbatalá

Sobre la ética, la claridad, el equilibrio.

Ninguno de ellos es Olodumare. Pero todos actúan con su autoridad. Esto no es politeísmo suave. No es «un solo Dios con muchas caras». Esto es un sistema completo, donde cada ser divino tiene identidad, historia y función propia.

Capítulo 3

Los Ajogun: las fuerzas del mal que nos aquejan

Los enemigos invisibles del alma.

Paisaje con montaña rojiza, un río, un rayo en el cielo y olas oscuras avanzando
Los Ajogun no son castigos: son las fuerzas adversas que todo camino atraviesa.

La cosmovisión Yoruba nos enseña que el universo está dividido en dos mitades, como si fuera una güira (Agbé) partida en dos. En una mitad habita todo lo benévolo creado por Olodumare: un conjunto de 400+1 deidades que trabajan para el equilibrio, la protección y el bienestar. En la otra mitad residen las fuerzas oscuras, los enemigos naturales de la humanidad: los Ajogun, también llamados Antidioses, cuyo número se estima en 200+1.

Ese «+1» en ambos casos no es un error matemático, sino una forma simbólica de expresar que el panteón siempre está abierto a nuevas manifestaciones. Porque la vida —al igual que Ifá— es dinámica, no estática. Así como nacen nuevas enfermedades, traumas o desórdenes, también pueden surgir nuevas formas de bendición. Incluso tú, como ser humano, puedes un día convertirte en un Òrìṣà ancestral para tu linaje, si tu vida y tu legado lo ameritan.

¿Quiénes son los Ajogun?

Los Ajogun son fuerzas espirituales negativas. No son simples accidentes ni caprichos del destino. Son entidades con agencia, con propósito… y, sobre todo, con capacidad de hacer daño.

Los ocho Ajogun principales

  • Ikú – la Muerte
  • Àrùn – la Enfermedad
  • Òfò – la Pérdida
  • Ègbà – la Parálisis
  • Òràn – los Problemas
  • Èpè – la Maldición
  • Èwòn – la Prisión
  • Èse – los errores humanos que abren la puerta a todos los anteriores

Otras fuerzas negativas

  • Ìjà – peleas, discordia, cizaña, guerra
  • Iká – maldad, crueldad, perversión
  • Abatí – fracaso
  • Éyò – tragedia
  • Ogú – hechicería destructiva

Cada uno de ellos tiene una forma de actuar y una manera específica de atacarnos. Son reales, y el desconocimiento no los hace menos peligrosos.

¿Quién lucha contra ellos?

Los Òrìṣà no son simples protectores decorativos. Son guerreros espirituales puestos por Olodumare para enfrentarse a estas fuerzas oscuras. Pero eso no significa que siempre estén de tu lado. Sí, has leído bien. Cuando una persona viola tabúes (Eewó), incumple un Ebbó, o desobedece la guía de los Oráculos, incluso sus propios Òrìṣà pueden volverse en su contra. No por maldad, sino por justicia.

A veces, es el mismísimo Elegguá quien, al ver que no cumpliste lo prometido, le abre la puerta a un Ajogun para que te «visite». Y no vienen a saludarte con flores, precisamente.

Cómo se combaten los Ajogun

Los Ajogun no se vencen con supersticiones, frases bonitas o cadenas de WhatsApp. Se combaten con obediencia a los oráculos, con sacrificios bien hechos y con conocimiento.

Hay dos formas en que la enfermedad (Àrùn) puede manifestarse:

  • Àrùn como entidad espiritual: el Ajogun, la fuerza oscura que trae la enfermedad.
  • Àrùn como condición física: lo que el médico puede diagnosticar y tratar con medicamentos o hierbas.
Ambas son válidas y reales.

El error está en creer que una reemplaza a la otra. Por eso, Ifá te manda tanto a hacer Ebbó como a ir al hospital. No son caminos opuestos; son caminos complementarios. Solo cuando conoces la causa espiritual y física de tu mal puedes encontrar la cura completa.

Capítulo 4

Sobre los tabúes: no te des dolores de cabeza

Lo que no se dice… pero rige tu vida.

Hojas con rocío, un montículo de tierra con una larva y una rana sobre una rama al atardecer
Un tabú no es una superstición: es una frontera que se respeta aunque todavía no se entienda.

Hay quienes no quieren cumplir sus tabúes… y hay otros que, por exceso, tienen tantos que parece que no podrán volver a comer en su vida. Ambos extremos son peligrosos.

Para entender esto bien, hay que tener claro algo esencial: los tabúes forman parte del sacrificio personal. Y todo sacrificio es un Ebbó. Ponerle ofrenda a un Orisha es un Ebbó. Bailar para ellos, estudiar, mejorar, dejar de hacer algo que te perjudica… todo eso es Ebbó. Entonces, cuando desobedeces tus tabúes, es como si deshicieras tu propio sacrificio.

¿Por qué los tabúes son tan importantes?

Porque muchas veces, los sacrificios que hacemos son para reparar las consecuencias de no haber respetado esos tabúes. Y aunque a veces estos tabúes parecen absurdos o difíciles de cumplir, su origen no es un simple «capricho del orisha» —como a veces se oye—. Su raíz está en tu signo de nacimiento, en tu camino espiritual, en los patakíes, y en los elementos naturales con los que estás vinculado.

La lógica de los tabúes

Hay tabúes que no te explican. Solo te dicen: «eso fue lo que dijo Orula». Pero un buen Babalawo sabe mirar más allá.

Ewé Dundun

Si un signo habla de la planta Ewé Dundun, que vive en la humedad, y esa planta es exitosa en ese ambiente, el mensaje es claro: tú prosperas en ambientes húmedos —como ríos, lagunas, o incluso zonas con bruma. Ese tabú no es solo una prohibición: es una clave de vida.

Gusano Igongo

El signo que menciona al gusano Igongo, que vive en la basura pero se mantiene blanco y puro. ¿La enseñanza? No seas tan rígido con el orden, porque quizás tu prosperidad viene en medio del caos. Tu entorno no tiene que ser perfecto para que tú florezcas.

La rana que cae

El signo que habla de la rana que cae de lo alto y muere. Allí el tabú es claro: no vivas en lugares altos, ni físicamente ni simbólicamente. No desafíes tu propio equilibrio. Hay quienes no deben tener jefes por encima, y otros que no deben ponerse por encima de nadie.

Tu Odu habla a través de símbolos

Cada Odu está ligado a animales, plantas, elementos. Y las afecciones o cualidades de esos seres, se reflejan en ti. Tu camino espiritual tiene sincronías profundas con esos símbolos. Por eso, tus tabúes no son normas impuestas por otro, sino reflejos de ti mismo. Respetarlos es cuidarte. Violarlos es ignorarte.

La religión no es uniforme, porque las personas no lo son

No todos deben vivir igual, comer igual ni actuar igual. Lo que para uno es medicina, para otro puede ser veneno. Tu espiritualidad es única, y los tabúes son el mapa que te ayuda a caminar sin tropezar.

¿Y si violas un tabú?

Muchos piensan que el castigo vendrá de los Orishas. Pero no es así. Dicen los Yoruba: «el tabú se cuida solo». Es decir, no es que Orisha te castiga. Es que tú te saliste del carril que era seguro para ti. Si te advierten que un camino tiene un hueco… y tú vas igual… ¿de quién es la culpa? Asume tu responsabilidad. Los tabúes no son amenazas, son advertencias.

Aprende tu Odu poco a poco.

No quieras aprenderlo todo de una sola vez. Ifá lo dice: «quien quiere saberlo todo de golpe, no aprende nada». Ve paso a paso, de la mano de tus padrinos. Estudia, pregúntate, reflexiona. Y sobre todo: no conviertas la espiritualidad en una carga absurda… pero tampoco la tomes como un juego. Porque los tabúes no son una cárcel, sino una brújula. No te encierran. Te orientan.

Ashé,
Ofún Oshé
Tu hermano de siempre.

© 2025 Ofún Oshé · Camino a la Regla de Osha/Ifá, Tomo II

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